122533.fb2 El tiempo considerado como una helice de piedras semipreciosas - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 10

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Halcón se dio vuelta para mirar a la docena de personas reunidas en el vestibulo. El agua formaba charcos sobre la alfombra alrededor de las perneras de su pantalón empapado y brillante. Las llamas convertian las gotas que le resbalaban por el pelo y las mejillas en cobre y sangre centelleantes.

Se golpeó con los puños los muslos mojados, inspiró profundamente, y en medio del rugido y las campanas y los murmullos, Cantó.

Dos personas volvieron a meterse en dos ascensores. Por una de las partes emergió media docena más. Los ascensores regresaron medio minuto después con una docena cada uno. Comprendí que el mensaje se estaba difundiendo en todo el edificio: habia un Cantor Cantando en el vestíbulo.

El vestíbulo se llenó. Las llamas rugian, los bomberos se revolvían inquietos en sus puestos, y Halcón junto al estanque en llamas, los pies separados sobre la alfombra azul, Cantaba, y Cantó acerca de un bar próximo a Times Square lleno de ladrones farloperos, camorristas, borrachos, mujeres demasiado viejas para mercar con lo que todavia ofertaban y otros trueques un poco rufianescos por lo demás donde, en las primeras horas de la noche se había armado una trifulca, y un viejo había salido de la riña malherido.

Arty me tironeó de la manga.

—¿Qué…?

—Sígueme —siseó.

La puerta del ascensor se cerró a nuestras espaldas.

Caminamos lentamente entre los oyentes embelesados, deteniéndonos pare observar, deteniéndonos para escuchar. A decir verdad, yo no estaba en condiciones de hacerle justicia a Halcón. Buena parte de ese deambular lo dediqué a preguntarme qué clase de protección tendría Arty.

Parado detrás de una pareja en salida de baño que guiñaba los ojos por el calor, decidí que todo era muy simple. Arty quería sencillamente escabullirse en medio de un gentío, asi que habia inducido a Halcón a que fabricara uno.

Para llegar a la puerta teníamos que atravesar prácticamente todo un cordón policial del Servicio Regular, que no creo tuviera nada que ver con lo que pudiese estar pasando en la terraza-jardín; se habian reunido alli con el solo objeto de ver el incendio y se habian quedado para escuchar el Canto. Cuando Arty palmeó a uno en el hombro, “Disculpe”, para poder pasar, el policia lo miró, lo dejó de mirar y luego tuvo una brusca reacción de sorpresa al estilo Mack Sennet. Pero otro polizonte captó toda la escena, y tocó al primero en el brazo y con un frenético y disimulado movimiento de cabeza lo disuadió. Luego los dos, deliberadamente, se pusieron de espaldas para escuchar al Cantor. Mientras se calmaba el terremoto de mi pecho, decidí que el aparato de seguridad del Halcón, los agentes y contraagentes, las maniobras y maquinaciones que se estaban desplegando en el vestíbulo en llamas, debía ser tan sutil e intrincado que intentar comprenderlo era condenarse a la paranoia total.

Arty abrió la puerta de calle.

De la última bocanada de aire climatizado salí a plena noche.

Bajamos a buen paso por la rampa.

—¿Eh, Arty?

—Tú tomas ese camino. —Señaló calle abajo— Yo voy por éste.

—Eh… ¿qué camino es ése?—Señalé en mi direccion.

—La estación Doce Torres del sub-sub-subterráneo. Mira, te saqué de allí. Créeme, por el momento estás a salvo. Ahora toma un tren a algún lugar interesante. Adiós. Vete ahora.

Entonces Arty se metió los puños en los bolsillos y marchó de prisa calle arriba.

Empecé a bajar, pegado al muro, temiendo que alguien desde un auto, al pasar, me acertase con un dardo o con un rayo de la muerte desde la espesura.

Llegué al sub.

Y todavía no había pasado nada.

* * *

AGATA fue reemplazada por MALAQUITA:

TURMALINA:

BERILO (en ese mes cumplí los veintiséis):

PORFIRITA:

ZAFIRO (durante ese mes saque los diez mil que no había pellizcado y los invertí en El Glaciar, un palacio del helado perfectamente legal en Tritón —el primero y único palacio del helado de Tritón— que prendió como la yesca, todos los inversores recibieron dividendos del ochocientos por ciento, fuera de broma. Dos semanas después había perdido la mitad de las ganancias en una serie de ilegalidades disparatadas, y me sentia muy deprimido, pero El Glaciar seguía rindiendo a manos llenas. Llegó la nueva Palabra):

CINABRIO:

TURQUESA:

OJO DE GATO: Héctor Calhoun Eisenhower se detuvo por fin y dedicó esos tres meses a aprender cómo convertirse en un miembro respetable de la clase media alta del bajo fondo. Este episodio da para una novela larga. Altas finanzas; grandes asesorias legales; selección de personal: ¡Ufff! Pero las complejIdades de la vida siempre me intrigaron Salí a flote. La regla básica es siempre la misma: observar con atención, imitar con eficiencia.

GRANATE:

TOPACIO (Murmuré esa palabra en la terraza de la Estación de Energía Trans-Satélite, y eso indujo a mis agentes a cometer dos asesinatos. Y ¿quieres que te diga una cosa? No se me movió un pelo):

AGUAMARINA:

Nos acercábamos al final de Aguamarina. Yo había regresado a Tritón exclusivamente por asuntos de El Glaciar. Era una mañana clara y hermosa: los negocios andaban sobre ruedas. Decidí tomarme la tarde libre e ir a hacer turismo a los Torrentes.

—…doscientos treinta metros de altura —anunció el guía, y todo el mundo a mi alrededor se apoyó en la barandilla y contempló allá arriba, a través del corredor de plástico, los acantilados de metano cubiertos de escarcha que se cernían sobre nosotros desde el frío resplandor verde de Neptuno.

—Avanzando unos pocos metros por la pasarela, damas y caballeros, captarán una primera imagen del Pozo de Este Mundo, donde, hace más de un millon de años, una fuerza misteriosa que la ciencia aun no ha podido explicar hizo que veinticinco miilas cuadradas de metano congelado se licuefactaran por espacio de sólo unas pocas horas durante las cuales un remolino dos veces más profundo que el Gran Cañón de la Tierra quedó inmovilizado por los siglos de los siglos cuando la temperatura descendió una vez más a…

La gente avanzaba por el corredor cuando la vi, sonriente. Ese día mi pelo era negro e hirsuto, y mi tez, castaño oscura.

Sospecho que me senti demasiado seguro de mi Y no me tomé el trabajo de alejarme. Hasta contemplé la posibilidad de un avance. De pronto ella lo echó todo a perder volviéndose bruscamente a mi y dlciendome con cara de piedra:

—¡Caramba, nada menos que Hamlet Caliban Enobarbus!

Los antiguos reflejos reacomodaron mis facciones para conciliar el gesto de confusión con la sonrisa de indulgencia. Perdon, pero me parece que usted se equivoca… No, no lo dije.

—Maud —le dije—, ¿has venido hasta aquí pare decirme que me ha llegado la hora?

La cubrían varios matices de azul, con un gran broche azul en el hombro, evidentemente de cristal. Sin embargo, noté al mirar a los otros turistas que ella pasaba más inadvertida que yo en medio de toda esa finura.

—No —dijo—. En realidad estoy de vacaciones. Lo mismo que tú.

—¿Fuera de broma? —Nos habíamos quedado atrás.—Me estás tomando el pelo.

—Los Servicios Especiales de la Tierra, aunque cooperarnos con los Servicios Especiales de otros mundos, no tienen jurisdicción oficial en Tritón. Y puesto que has venido aquí con dinero y que la mayoría de tus ingresos declarados provienen de El Glaciar, si bien los Servicios Regulares de Tritón podrían tener interés en echarte el guante, los Servicios Especiales todavía no te siguen el rastro. —Sonrió.—Aún no he ido al Glaciar. Sería realmente divertido poder contar que me llevó allí uno de los dueños. ¿Te parece que podriamos ir a tomar algo?

La arremolinada corona del Pozo de Este Mundo se alejó en su opalescente magnificencia. Los turistas contemplaban y el guía seguía hablando de indices de refracción, ángulos de declive.

—Me parece que no confías en mí —dijo Maud.

Mi mirada decía que estaba en lo cierto.

—¿Has tenido alguna vez algo que ver con drogas? —preguntó de pronto.

Fruncí el ceño.