122533.fb2 El tiempo considerado como una helice de piedras semipreciosas - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 7

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Lo hizo. Luego dijo:

—Oh. —Y a continuación: —Es medianoche ¿sabes?

—¿Y?

—Edna acaba de pasarme la Palabra.

—¿Cuál es?

—Agata.

Asentí.

Terminó de abrocharse el cuello.

—¿En qué estás pensando?

—Vacas.

—¿Vacas?—preguntó Halcón—. ¿Por qué vacas?

—¿Has estado alguna vez en un tambo?

Negó en silencio.

—Para extraer el máximo de leche se debe mantener a las vacas en un estado de, por asi decir,vida latente. Se las alimenta por via intravenosa desde un gran tanque que bombea nutrientes por medio de tubos que se ramifican en conductos cada vez más pequeños hasta que llega a todos esos semlcadáveres de alto rendimiento.

—Lo he visto en peliculas.

—Gente.

—…y las vacas?

—Tú me has pasado la Palabra. Y ahora empieza a propagarse, a ramificarse, yo se la digo a otros, y ellos se la dicen a otros, hasta que mañana a medianoche…

—Voy a buscar…

—¡Halcón!

Se volvió.

—¿Qué?

—Tú dices que no crees que voy a ser victima de las maquinaciones de las fuerzas misteriosas que saben más que nosotros… Bueno, esa es tu opinion. Pero tan pronto como consiga deshacerme de este fardo voy a ahuecar el ala en la forma más espectacular que has visto en tu vida.

Dos arruguitas verticales surcaron la frente de Halcón.

—¿Estás seguro de que esto no lo he visto antes?

—A decir verdad me parece que si.—Ahora yo sonreí.

—Oh —dijo Halcón. E hizo un ruido que tenia toda la estructura de una carcajada pero no era mas que aire—. Iré en busca del Halcón.

Desapareció entre los árboles.

* * *

Levanté la cabeza y contemplé las pinceladas de luz de luna en el follaje.

La bajé para mirar mi maletin.

Arriba, por entre las rocas, esquivando los pastos altos venia el Halcón. Vestía traje de etiqueta gris; polera de seda gris. Por encima de la cara escabrosa, el cráneo estaba totalmente afeitado.

—¿El señor Cadwaliter-Erickson? —me tendió la mano.

Yo se la estreché: huesecitos puntiagudos envueltos en piel fofa.

—¿Cómo debo llamarlo a usted señor…?

—Arty.

—Arty el Halcon.

Yo traté de hacer ver que su elegancia gris me dejaba indiferente.

Me sonrió.

—Arty el Halcón. Eso es. Elegí ese nombre cuando era más joven que nuestro común amigo. Alex dice que usted tiene… bueno, algunas cosas que no son precisamente suyas. Que no le pertenecen.

Asentí.

—Muéstremelas.

—Le dijeron que…

Aventó con un gesto el final de mi frase.

—Vamos, déjeme ver.

Extendió la mano, sonriendo con tanta afabilidad como un cajero de banco. Pasé el pulgar por el cierre de presión. La tapa hizo tsk.

—Dígame —le dire, mirando su cabeza todavía Inclinada pare ver lo que yo tenía— ¿qué hace uno con los Servicios Especiales? Parece que me siguen los pasos.

La cabeza se levantó. La sorpresa se transformó lentamente en una mueca escabrosa.

—¡Qué me dice, señor Cadwaliter-Erickson!—Me miró abiertamente de arriba abajo.—Mantenga sus ingresos a un nivel parejo. Manténgalos a un nivel parejo, eso es algo que puede hacer.

—Si usted me compra éstas por un valor cercano al que tienen, me va a ser un poquito difícil.

—Me lo imagino. Siempre queda el recurso de darle menos…