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'¡Espera!'
Su chillido hizo sobresaltar al zorro, ahora agachado casi desinflado en el pastizal. Saltó de ese lugar elevado hasta la orilla. Hubo un destello de luz verde, un aullido, y el zorro cayó muerto en las malezas.
La segunda figura dio una vuelta alrededor del animal con su dedo.
'Solo un zorro,' dijo una voz femenina con desprecio desde debajo de su capucha. 'Pensé que podría ser un Auror -
¡Cissy, espera!'
Pero su presa, que se había pausado y visto el relámpago de la luz, se estaba levantando de la orilla a la que el zorro había caído.
'Cissy - Narcissa - escúchame-'
La segunda mujer tomó a la primera y agarró su brazo, pero la otra se la arrebató.
'¡Vuelve, Bella!'
'¡Debes escucharme!'
'Ya he escuchado. Ya tomé mi decisión. ¡Déjame sola!'
La mujer llamada Narcissa alcanzó la cima de la orilla, donde una línea de viejas vías separaban el río de una calle estrecha y adoquinada. La otra mujer, Bella, la siguió. Lado a lado, permanecieron mirando a lo largo de la calle por las hileras e hileras de casas dilapidadas hechas de ladrillo, sus ventanas grises y poco visibles en la oscuridad.
'¿Vive aquí?' preguntó Bella con voz despreciable. '¿Aquí? ¿En esta colina de estiércol Muggle? Debemos ser los primeros de nuestra clase que la pisamos-'
Pero Narcissa no estaba oyéndola; se había interesado en un hueco que se encontraba en las oxidadas vías e iba hacia la calle.
'Cissi, ¡espera!'
Bella la siguió, su capa arrastrándose, y vio a Narcissa precipitándose hacia un callejón entre las casas dentro de una idéntica segunda calle. Algunos de los alumbrados de la calle estaban rotos; las dos mujeres caminaban de entre manchas de luces y profunda oscuridad. La alcanzó con su presa tan pronto como ella pudo tomar otra esquina, esta vez consiguiendo tomar su brazo y oscilándola para que pudieran verse cara a cara.
'Cissy, no debes hacer esto, no puedes confiar en él -'
'El Señor Oscuro confía en él, ¿o no?'
’El Señor Oscuro está ... creo ... equivocado,’ jadeó Bella, y sus ojos brillaron momentáneamente bajo su capucha mientras miraba alrededor para verificar que estuviesen efectivamente solas. ‘De todos modos, nos dijeron que no hablemos del plan a nadie. Es una traición del Señor Oscuro –‘
’¡Vayamos, Bella!’ gruñó Narcissa, y retiró su varita de debajo de su capa, sosteniéndola amenazadoramente en la cara de la otra. Bella simplemente se río.
’Cissy, ¿tu propia hermana? No lo harías-‘
’¡No hay más que no haría!’ respiró hondo Narcissa, un signo de histeria en su voz, y mientras bajaba su varita como si fuese una navaja, hubo otro destello de luz. Bella soltó el brazo de su hermana como si se quemara.
’¡Narcissa!’
Pero Narcissa se adelantó a prisa. Frotando su mano, la otra la siguió, tomando distancia ahora, mientras se movían Easy PDF Copyright © 1998,2005 Visage Software
This document was created with FREE version of Easy PDF.Please visit http://www.visagesoft.com for more details intensamente en laberinto desierto de casas de ladrillo. Por fín, Narcissa se apresuró en una calle llamada ‘Spinner's End’, en la cual la chimenea de molino altísima pareció cernirse como un dedo gigantesco. Sus pasos resonaron sobre los adoquines, mientras pasaba cerca de ventanas alojadas y rotas, hasta que alcanzó la última casa, donde una luz tintillante brillaba tenuemente a través de las cortinas en el cuarto de abajo.
Llamó a la puerta antes que Bella, maldiciendo bajo su aliento, se había puesto al corriente. Juntas aguantaron la espera, jadeando ligeramente, aspirando el olor del río sucio que les fue llevado sobre la brisa de la noche. Después de unos segundos, oyeron el movimiento detrás de la puerta y se abrió una grieta. Una sombra de un hombre podía ser vista mirándolas, un hombre con el pelo largo negro separado en cortinas alrededor de una cara cetrina y ojos morados.
Narcissa se quitó su capucha. Era tan pálida que pareció brillar en la oscuridad; el pelo largo rubio cayó derramado en su espalda, lo miró como a un ahogado.
‘¡Narcissa!’ dijo al hombre, abriendo la puerta un poco más, de modo que la luz cayó sobre ella y sobre su hermana también. ‘¡Qué sorpresa tan agradable!’
‘Severus,’ dijo ella en un susurro filtrado. ‘¿Puedo hablarle? Es urgente.’
‘Pero desde luego.’
Él se apartó para permitirle que pasara a la casa. Su hermana todavía encapuchada siguió sin la invitación.
‘Snape,’ dijo ella de manera cortante al pasarlo.
‘Bellatrix,’ contestó él, en su boca delgada se dibujó una risa ligeramente burlona, y cerró la puerta con un chasquido detrás de ellas.
Estaban avanzando directamente a una sala diminuta, que tenía el aspecto de una celda oscura, acolchada. Las paredes estaban completamente cubiertas de libros, la mayor parte de ellos cubiertos con un viejo cuero negro o marrón; un sofá gastado, un viejo sillón, y una mesa desvencijada estaban de pie agrupado juntos al fondo de la luz débil arrojada por una lámpara de vela colgada del techo. El lugar tenía un aire de abandono, como si no fuera por lo general habitado.
Snape le señaló el sofá a Narcissa. Ella dejó su capa, se corrió a un lado, y se sentó, contemplando sus manos blancas y temblorosas en su regazo. Bellatrix bajó su capucha más despacio. Oscura al igual que su hermana, con párpados pesados y una mandíbula fuerte, no percibió la mirada fija de Snape y se movió para estar de pie detrás de Narcissa.
‘¿Pues de modo, qué puedo hacer por ustedes?’ preguntó Snape, sentándose en el sillón frente a las dos hermanas.
‘¿Nosotros... estamos solos, verdad?’ preguntó Narcissa silenciosamente.
'Sí, desde luego. Bien, Colagusano esta aquí, pero no contamos bichos, verdad?’
Él señaló con su varita en la pared de libros detrás de él y con un golpe, una puerta escondida se abrió, revelando una escalera estrecha sobre la cual un pequeño hombre estaba de pie congelado.
‘Como usted ha visto claramente, Colagusano, tenemos invitados,’ dijo Snape perezosamente.
El hombre se arrastró, jorobado, hacia con pocos pasos y se movió en el cuarto. Tenía ojos pequeños, acuosos, una naríz puntiaguda, y con una desagradable sonrisa de afección. Su mano izquierda sobaba su derecha, que miró como si fuera encerrado en un guante brillante de plata.
‘¡Narcissa!’ dijo él, con una voz chirriante. ‘¡Y Bellatrix!’ Cuanto gusto –‘
‘Colagusano nos conseguirá bebidas, si lo desean,’ dijo Snape. ‘Y luego volverá a su dormitorio.’
Colagusano se estremeció como si Snape hubiera lanzado algo en él.
‘¡No soy tu criado!’ chilló, evitando el ojo de Snape.
‘¿Realmente? Tenía la impresión de que el Señor Oscuro lo colocó aquí para asistirme.’
‘¡Asistir, sí - pero no hacerle bebidas y - y limpiar su casa!’
‘No tenía ni idea, Colagusano, que usted ansiaba asignaciones más peligrosas,’ dijo Snape suavemente. ‘Esto puede ser fácilmente arreglado: hablaré al Señor Oscuro –‘
‘¡Puedo hablarle yo mismo si quiero!’