123307.fb2 HARRY POTTER Y EL PRINCIPE MESTIZO - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 9

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Rufus Scrimgeour, previamente Cabeza de la Oficina Auror en el Departamento de Cooperación Judicial, ha sucedido a Cornelius Fudge como Ministro de Magia. El nombramiento ha sido recibido con gran entusiasmo en la Comunidad Mágica, sin embargo los rumores de una pelea entre el nuevo Ministro y Albus Dumbledore, recientemente reintroducido en la Corte Principal de Wizengamot, aparecieron durante las horas en que Scrimgeour tomó el cargo.

Los representantes de Scrimgeour admitieron que habían tenido una reunión con Dumbledore sobre la toma de posesión del alto mandato, pero se negó a comentar los temas en discusión. Albus Dumbledore es el conocido (continuación página 3, columna 2)

A la izquierda de este periódico yacía otro, que había sido doblado, por lo que el artículo, con el título del Ministerio garantizando la seguridad a los estudiantes, estaba visible.

El recientemente desigando Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, habló hoy sobre las nuevas y difíciles medidas que se han tomado en este Ministerio para garantizar la seguridad de los estudiantes que regresarán al Colegio Hogwarts Easy PDF Copyright © 1998,2005 Visage Software

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’Por razones obvias, el Ministerio no entrará en detalles acerca de estos nuevos y rigurosos planes de seguridad,’ dijo el Ministro, sin embargo una persona con acceso a información confidencial confirmó que las medidas incluyen encantamientos y hechizos de defensa, un complejo conjunto de contrahechizos, a una pequeña fuerza de Aurores dedicados solamente a la protección del Colegio Hogwarts. Se reasegura con las durezas del Ministro la seguridad de los estudiantes. Dijo la Señora Augusta Longbottom, ‘Mi nieto, Neville – un gran amigo de Harry Potter, incidentalmente, luchó contra los Mortífagos a su lado en el Ministerio en Junio y-Pero el resto de este artículo estaba tapado por un gran jaula para pájaros que yacía arriba de éste. Dentro, había una magnífica lechuza como una bola de nieve. Sus ojos color ámbar contemplaban la habitación imperiosamente, su cabeza giraba ocasionalmente a su dueño que estaba roncando. Una u otra vez sacudía su pico impacientemente, pero Harry estaba demasiado dormido como para escucharla.

Un gran baúl permanecía en la mitad de la habitación. Su tapa estaba abierta; se veía expectante; todavía estaba casi vacía ya que tenía restos de ropa interior, dulces, botellas de tinta vacías, y plumas quebradas que cubría la parte inferior. Cerca, en el piso, yacía un folleto color púrpura con las palabras:

----ENTREGADO EN NOMBRE DE----

El Ministerio de Magia

PROTEGIENDO SU HOGAR Y FAMILIA DE LAS FUERZAS OSCURAS

La Comunidad Mágica estaba en ese entonces bajo la amenaza de una organización que se autodenominaba Mortífagos. Observando los siguientes normas de seguridad tan simples, te ayudará a protegerte a ti, tu familia y tu hogar de ser atacados.

1. Se le aconseja no dejar el hogar solo.

2. Se debe tomar especial recaudo en las horas de oscuridad. Si es posible, arregle sus cosas antes de que caiga la noche.

3. Revise los planes de seguridad en toda su casa, asegurándose de que todos los miembros de la familia estén conscientes de las medidas de emergenia cono los Encantamientos Escudo y Desilocionador, y, en el caso de los miembros menores de edad en la familia, la Aparición.

4. Acordar cuestiones de seguridad con amigos muy allegados y familia para detectar Mortífagos haciéndose pasar por otro usando la Poción Multijugos (ver página 2).

5. Si sientes que un miembro de la familia, colega, amigo o vecino actúa de manera inusual, contáctate con la Escuadra de la Ley de Cooperación Mágica en el instante. Ellos pueden llegar a estar bajo el Encantamiento Imperius (ver página 4).

6. Si la Marca Tenebrosa apareciese en cualquier lugar u otro edificio, NO ENTRES, y contacta a la Oficina de Aurores inmediatamente.

7. Visiones inconfirmadas sugieren que los Mortífagos podrían estar usando el Inferi (ver página 10). Cualquiera que vea el Inferius, o lo encuentre, lo deberá reportar al Ministerio inmediatamente.

Harry gruñó mientras dormía y su cara descendió de la ventana al menos una pulgada, haciendo que sus anteojos se vean más aumentados, pero no se levantó. Un reloj con alarma, al que Harry arregló tantas veces años atrás, hacía un fuerte tic-tac, mostrando de un minuto a once. Al lado de éste, sostenido por la mano relajada de Harry, había un trozo de pergamino escrito con letra un tanto inclinada y pequeña. Harry había leído esta carta muy a menudo desde su llegada hacía tres días que la misma se había hecho un poco estrecha, y ahora permanecía un tanto estirada.

Querido Harry,

Si te es conveniente, llamaré al número cuatro de Privet Drive es Viernes que viene a las siete p.m. para acompañarte Easy PDF Copyright © 1998,2005 Visage Software

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Envíame una respuesta de regreso con esta lechuza. Deseando verte el Viernes, atentamente,

Albus Dumbledore.

A pesar de haberlo presentido, Harry había estado hechando algunos vistazos a este texto unos pocos minutos desde las siete en punto esa misma tarde, cuando había tomado esa posición al lado de la ventana de su habitación, donde tenía una visión de cada lado de Privet Drive. Sabía que era inútil releer las palabras de Dumbledore; Harry habçia enviado de vuelta un ‘sí’ con esa lechuza, a modo de respuesta, y todo lo que podía hacer ahora era esperar: cabía la posibilidad de que Dumbledore viniera o no.

Pero Harry no había empacado. Era muy bueno para ser real de que iba a ser rescatado de los Dursleys después de una mera quincena de su presencia. No pudo evitar el sentir que algo estaba mal – su respuesta a Dumbledore podría haber sido desviada; Posiblemente se le haya impedido a Dumbledore el poder recogerlo; la carta pudo no haber llegado a Dumbledore después de todo, por un truco, broma o trampa. Harry no era capaz de empacar y luego decepcionarse y tener que desempacar nuevamente. El único gesto que hizo ante la posibilidad de un viaje, fue encerrar a su nevada lechuza Hedwig en su jaula.

El brazo del segundo del reloj con alarma llegó al número doce y, en ese preciso momento, la lámpara de la calle que se veía por la ventana se apagó.

Harry se sobresaltó como su la repentina oscuridad fuese fuese una alarma. Precipitadamente acomodando sus gafas y despegando su mejilla del vidrio, presionó su nariz contra el cristal y miró hacia el pavimento. Una figura alto con una larga capa a lunares caminaba sobre el césped del jardín.

Harry saltó como si hubiese recibido una corriente eléctrica, se tiró de la silla y comenzó a tomar cada cosa que encontraba en el piso y las tiraba al baúl. Mientras metía a presión su ropa, dos libros de encantamientos y un paquete con comida chatarra, el timbre sonó. Bajo las escaleras, en la sala de estar su Tío Vernon gritó, ‘¿Quién diablos llama a estas horas de la noche?’

Harry se quedó helado con un telescopio de metal en una mano y un par de zapatillas en las otras. Había olvidado completamente de avisar a los Dursleys que Dumbledore llegaría. Sintiendo una mezcla de pánico con ganas de reir, cargó el baúl y destrabó la puerta de su habitación al tiempo en que escucho una voz intensa que decía, ‘Buenas noches. Usted debe ser el Señor Dursley. ¿Me atrevería a decir que Harry te avisó que vendría por él?’

Harry bajó las escaleras en cuanto pudo, deteniéndose varias escaleras abajo, que por experiencia había aprendido a permanecer fuera del alcance de las manos de su tío mientras fuese posible. Allí, en la puerta, permanecía un hombre alto y delgado con una larga cabellera plateada y barba. Unas gafas de medialuna estaban apoyadas en su nariz aguileña, y vestía una larga capa negra de viaje y un sombrero. Vernon Dursley, cuyos bigotes eran tan espesos como los de Dumbledore, pero negros, y quien tenía una bata, miraba fíjamente al visitante como si no le creyese a sus diminutos ojos.

’A juzgar por tu mirada atónita de incredulidad, Harry no te advirtió que vendría,’ dijo Dumbledore amablemente. ‘Sin embargo, déjame decir que me has hecho entrar muy hostilmente a tu casa. Es imprudente dejar abrirle la puerta a alguien en estos días tan complicados.’

Él permaneció con elegancia ante el umbral y cerró la puerta principal tras él.

’Ha pasado mucho tiempo desde mi última visita,’ dijo Dumbledore, observando bajo su nariz aguileña al Tío Vernon.

‘Debo decirle que sus agapantos están floreciendo.’

Vernon Dursley no dijo nada. Harry no dudó en responderle, y en seguida – el pulso de las venas de la sien de su tío estaba llegando a un punto peligroso – algo pareció quitarle temporalmente a Dumbledore su respiración. Pudo haber sido su descarada y poca apariencia de mago, pero también, pudo haber sido que el Tío Vernon pudo sentir que había allí un hombre que era difícil de intimidar.

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’Ah, buenas noches Harry,’ dijo Dumbledore, mirándolo a través de sus ganas de medialuna con una expresión de suma satisfacción. ‘Excelente, excelente.’

Estas palabras parecieron provocar al Tío Vernon. Estaba claro mientras él estaba preocupado, cualquier hombre que pudiese mirar a Harry y diga ‘excelente’ era un hombre a quien no podría mirar nunca cara a cara.

’No quiero ser rudo -‘ comezó, en un tono que sonaba un tanto grosero en cada sílaba.

’todavía, lamentablemente, la grosería accidental alarmadamente ocurre muy seguido,’ terminó la oración Dumbledore de manera grave. ‘Mejor no decir nada, mi buen hombre. Ah, y esa debe ser Petunia.’

La puerta de la cocina se había abierto, y allí yacía la tía de Harry, con unos guantes de goma y un abrigo hogareño sobre su ropa de dormir, claramente todos podían ver su usual ropa de antes de dormir. En su cara, tan parecida a la de un caballo, no se vio expresión alguna, pero quedó como boquiabierta.

’Albus Dumbledore,’ dijo Dumbledore, cuando el Tío Vernon había fracasado al intentar una introducción. ‘Hemos sido correspondidos, por supuesto.’ Harry pensó que esta peculiar forma de dirigirse era para recordarle a Tía Petunia que una vez había recibido una carta Vociferadora, pero la Tía Petunia no captó el mensaje. ‘¿Y este debe ser tu hijo Dudley?’

Dudley se había acercado en ese momento a la sala de estar. Su larga y rubio cabello cayendo por sobre el despojado collar de su pijama se veía raramente depersonificado, su boca abierta en modo de asomtro. Dumbledore esperó un momento o dos, aparentemente para ver quien de los Dursleys diría algo con una sonrisa en su mirada.

’¿Podría decir que me invitas a sentarme?’

Dudley se quitó del paso cuando Dumbledore pasó cerca de él. Harry, todavía cargando el telescopio y las zapatillas, bajó las últimas escaleras y siguió a Dumbledore, quien se había instalado el mismo en el sillón cerca del fuego y hablaba a su entorno con una expresión de agradable interés. Se veía extraordinariamente fuera de lugar.

’No nos – no nos iremos, señor?’ preguntó Harry ansiosamente.

’Sí, efectivamente, pero hay algunos problemas de los que debemos hablar primero,’ dijo Dumbledore. ‘Y prefiero no hacerlo al aire libre. Estaremos bajo la hospitalidad de tu tía y tío un pequeño momento.’

’¿Sí?’