37467.fb2 Brezo Blanco - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 44

Brezo Blanco - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 44

Capitulo 43

Desde su posición, Josleen se alegró al verlos marchar. Se le escaparon unas lágrimas, viendo que Kyle había cedido. Sin embargo, algo dolía en el pecho. Algo profundo, como una daga clavada entre las costillas. Kyle dejaba libres a los hombres y seguramente la dejaría a ella antes o después. Deseaba volver a abrazar a su hermano, a Sheena y a sus parientes, pero dejar a Kyle se le hacía insoportable. Tratando de contener el llanto, tomó a Malcom de la mano.

– Volvamos abajo.

– ¿Por qué? No ha terminado. Ahora viene lo mejor. Mi padre se enfrentará al McDurney.

– Ese McDurney es mi hermano, cariño -se mordió los labios-. Y yo no quiero que salga herido, como no quiero que hieran a tu padre. No puedo permitirlo. Nadie debe morir, Malcom. He de marcharme. Conseguiré que mi hermano deje vuestras tierras.

El muchachito tiró y se soltó. Frunció el ceño, en aquel gesto idéntico al de Kyle.

– Papá no te dejará marchar. Me lo prometió cuando estaba llorando junto a tu cama.

Josleen parpadeó. Las lágrimas rodaron ya sin control. ¿Kyle había llorado por ella?

– ¿Te lo prometió?

– Lo hizo, de veras.

– ¿Y lloraba? -preguntó, confusa.

– Supongo que pensaba que te ibas a morir. Cuando estabas dormida, después de la caída. ¿Sabes?, nunca había visto llorar a papá. Él es un guerrero y los guerreros no lloran ¿no es cierto? Yo procuro no hacerlo.

Un vahído la hizo apoyarse en la pared. Si le quedaba alguna duda del amor de Kyle, ahora desaparecía. La felicidad estalló dentro de ella con tanta fuerza que las piernas le temblaron.

Escuchó el retumbar de muchas voces a la vez y se asomó para ver qué sucedía. Se quedó sin aliento. Kyle estaba a punto de salir de las murallas. Solo. Montado en su caballo. El pánico se apoderó de ella.

– Malcom -tomó al niño por los hombros con tanta fuerza que él hizo una mueca de dolor-. Malcom, cariño, escúchame. ¿Conoces alguna salida secreta? ¿Sabes cómo puedo salir de aquí?

El niño la miró con atención.

– ¿Para qué quieres saberlo?

– ¿Conoces o no el modo de salir sin ser visto?

– Es posible.

– Enséñame.

– No puedo, Josleen. Mi padre me mataría. Y mis tíos.

– Malcom, tesoro -le abrazó-. Tu papá está en peligro. Ahora mismo está saliendo de Stone Tower.

– ¿Va a rendirse?

– No creo. Seguramente quiere hablar con mi hermano, pero él está furioso. ¿Lo comprendes? Pueden hacerse daño.

– ¿Tu hermano tratará de matar a mi papá? -se asustó.

No pudo responderle a eso, pero le dijo:

– Tenemos que ayudarle.

Los ojos del niño se abrieron como platos.

– ¿Nosotros? ¿Te refieres a ti y a mí?

– Exactamente. Quieres ser un buen guerrero el día de mañana, ¿no es verdad? -Malcom asintió- Para ser un gran hombre hay que tomar a veces decisiones difíciles. Ahora es una de ellas. Puedes desobedecer a tu papá y mostrarme esa salida secreta para que yo impida su muerte, o puedes no decir nada y cargar con ello sobre tus espaldas. Debes decidirte y debes hacerlo ahora.

– Mi padre vencerá al McDurney.

– Pero da la casualidad de que yo quiero también a ese condenado McDurney, Malcom.

– Y a mí. ¿Me quieres, Josleen? -preguntó, esperanzado- ¿Te importaría ser mi mamá?

Josleen apretó su cuerpecito contra el pecho y estalló en llanto. Dios, no entendía por qué la vida era tan injusta a veces. Pensó que todos los hombres eran idiotas. Orgullosos e idiotas. Nada la satisfaría más que convertirse en la esposa de Kyle y en la madre del pequeño, pero el destino estaba a punto de arrebatarle a los dos. Debía sacrificar su felicidad a cambio de saber que ellos vivirían. Wain no cesaría hasta regresarla a su lado y para eso era capaz de matar a Kyle y a medio clan McFersson o morir en el intento. Debía ir a su encuentro y convencerle para que cesara toda belicosidad. No se sentía con valor para asumir la pérdida de Wain. Ni para ver el rostro lloroso de su madre si el que perdía la vida era Warren. Los hados habían decidido ya por ella.

– Me encantaría ser tu madre, Malcom -le dijo-, pero ahora debo evitar una guerra -escuchó el chirrido de la enorme puerta al abrirse y el vello se le puso de punta-. ¡Por Dios, muéstrame esa salida, Malcom!

– Está justo aquí debajo -accedió el chico. Y echó a correr.

Josleen se remangó el ruedo del vestido y le siguió. Su cuerpo protestó al moverse deprisa, pero se mordió los labios y rezó para llegar a tiempo de frenar aquella locura.