37766.fb2 Desde Mi Cielo - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 9

Desde Mi Cielo - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 9

8

Durante tres meses, el señor Harvey soñó con edificios. Vio una parte de Yugoslavia donde las viviendas con techo de paja construidas sobre pilotes dejaban pasar torrentes de agua que corrían por debajo. Encima de él había un cielo azul. A lo largo de los fiordos y en el oculto valle de Noruega vio iglesias de madera cuyas vigas habían sido talladas por constructores de barcos vikingos: dragones y héroes locales hechos de madera. Pero el que más a menudo aparecía en sus sueños era una catedral de Vologda: la iglesia de la Transfiguración. Y fue ese sueño, su favorito, el que tuvo la noche de mi asesinato y las noches que siguieron hasta que regresaron los demás. Los sueños «en movimiento», los de las mujeres y las niñas.

Yo podía retroceder en el tiempo hasta ver al señor Harvey en los brazos de su madre, mirando por encima de una mesa cubierta de cristales de colores. Su padre los clasificaba en montones por forma y tamaño, anchura y peso. Con sus ojos de joyero examinaba con detenimiento cada muestra en busca de grietas y desperfectos. Y George Harvey volvía su atención a la única joya que colgaba del cuello de su madre, una gran pieza ovalada de ámbar engastada en plata dentro de la cual había una mosca entera en perfecto estado.

«Constructor» era todo lo que decía el señor Harvey de pequeño. Luego dejó de responder a la pregunta de en qué trabajaba su padre. ¿Cómo iba a decir que trabajaba en el desierto y construía cabañas con cristales rotos y madera vieja? Le explicaba a George Harvey lo que distinguía a un buen edificio, y cómo asegurarte de que construías cosas que iban a durar.

De modo que eran los viejos cuadernos de bocetos de su padre lo que miraba el señor Harvey cuando regresaban los sueños en movimiento. Se sumergía en las imágenes de otros lugares y otros mundos, esforzándose por querer lo que no quería. Y luego empezaba a soñar con su madre la última vez que la había visto, corriendo a través de un campo a un lado de la carretera. Iba vestida toda de blanco, con unos pantalones ceñidos blancos y una camiseta blanca de cuello de barco. Su padre y ella habían discutido por última vez en el coche caldeado a las afueras de Truth or Consequences, Nuevo México, y luego él la había obligado a bajarse del coche. George Harvey se había quedado totalmente inmóvil en el asiento trasero, con los ojos como platos y más petrificado que asustado, observándolo todo como lo hacía entonces, a cámara lenta. Ella había corrido sin parar hasta que su cuerpo blanco, delgado y frágil había desaparecido mientras su hijo aferraba el collar de ámbar que ella se había arrancado del cuello para dárselo. Su padre se había quedado mirando la carretera. «Ya se ha ido, hijo -había dicho-. No volverá.»