38085.fb2 El whisky de los poetas - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 19

El whisky de los poetas - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 19

Los nudos gordianos

Se ha escrito mucho en estos días en Europa y en America sobre la crisis de los misiles del mes de octubre de 1962. Ha pasado ya un cuarto de siglo y sabemos algunas cosas más, no muchas. El mundo nunca estuvo más cerca de la guerra nuclear, en una paradójica situación creada por un pequeño tercer país, Cuba, y las grandes potencias, en última instancia, demostraron que podían comunicarse y llegar a un acuerdo negociado. En el caso de los soviéticos, el asunto se actualiza doblemente debido a la relación indudable entre la apertura de Gorbachov y la que intentaba realizar a comienzos de los sesenta, también con timidez y con dificultades internas que no alcanzamos a medir desde Occidente, con tropiezos y contradicciones flagrantes, Nikita Kruschev.

Yo había comenzado a trabajar como secretario de la embajada chilena en París y recuerdo las tensiones, los rumores, la atmósfera electrizada de la capital francesa en esos años de apogeo del régimen del general De Gaulle. Los círculos latinoamericanos seguían los sucesos de Cuba con un fervor, una pasión, un entusiasmo que no han vuelto a repetirse, que son, probablemente, irrepetibles. El joven Vargas Llosa enviaba despachos al diario Le Monde desde La Habana y el todavía joven Juan Goytisolo empuñaba un fusil, vestido, me imagino, de uniforme de color verde olivo, en una trinchera isleña. "¡Nikita, Nikita", cantaba en las calles, a propósito de los misiles, el pueblo habanero, "lo que se da no se quita!"

El hecho de retirar los misiles de Cuba sin mayor consulta al régimen cubano por parte de Moscú escandalizó a la izquierda latinoamericana, a las izquierdas, para ser más preciso. En esos años, el izquierdismo en los medios intelectuales era una fe abrumadora, sin contrapesos, y como estaba acompañado, aunque parezca contradictorio, de una fuerte dosis de antisovietismo, había muchas izquierdas, muchos matices, sutilezas no tan fáciles de explicar. En el hotel "Habana Libre", por ejemplo, en un reducido espacio, podían convivir de mala gana, a regañadientes, trotskistas y stalinistas, socialdemócratas y revolucionarios, maoístas y partidarios de la línea moscovita ortodoxa. Era una Babel relativamente tranquila, y donde se daba, desde luego, la proliferación de las lenguas y de las jergas.

En esos días se comentó en medios chilenos que una delegación del P.C. criollo le había manifestado a Kruschev su sorpresa por la falta de consulta a Fidel Castro acerca de la decisión de retirar los misiles. Nikita habría hecho de inmediato el siguiente comentario: "¿Y si Fidel hubiera contestado que no?" No tenía sentido hacer la consulta con la condición o la seguridad de que el consultado estuviera de acuerdo. Y el Fidel Castro de aquellos años, casi por definición, era inseguro, imprevisible.

Años después, me tocó ser testigo de una conversación entre Alain Peyrefitte, que había sido ministro de información del general De Gaulle, y Pablo Neruda, entonces embajador en París del Chile de Salvador Allende. Peyrefitte contó que De Gaulle sentía simpatía personal por John F. Kennedy, pero consideraba que no era un verdadero hombre de Estado. El estadista, según De Gaulle, era, como creían los antiguos, la persona que sabe cortar los nudos gordianos a tiempo. Kennedy, al asumir la presidencia de los Estados Unidos, se había encontrado con el nudo gordiano de Cuba y de la invasión ya preparada a Bahía Cochinos y no había sabido cortarlo. Su vacilación, su indefinición, le había costado, quizás, a más largo plazo, la vida.

El mundo se salvó por un pelo y la Revolución Cubana empezó a cambiar y a congelarse, a ingresar al orden, para bien y para mal. Ahora, en vísperas de lo que parece otra negociación mundial global, conviene recordar, reflexionar y estrenar, a lo mejor, esperanzas razonables.