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Los cincuentenarios suman y siguen. Hay cincuentenarios de hechos
positivos y de hechos negativos, de muertes, de publicaciones, de nacimientos. Siempre sirven, en cualquier caso, para rescatar, para redescubrir,
para investigar más a fondo y para reflexionar de nuevo. Se habla del cincuentenario de la Olimpíada de Hitler en Berlín y se buscan datos inéditos sobre la figura de Jesse Owens. Otro cincuentenario es el de la guerra española. Y ahora comenzamos con las terribles, las tristes conmemoraciones de las
primeras victimas.
Los homenajes a Federico García Lorca ocupan el primer plano. Escucho en la BBC de Londres una lectura en inglés de "La casada infiel". La poesía es intraducible por definición, pero algunas imágenes llenas de luz, de intensidad, de color, traspasan la barrera del idioma. Entretanto, los diarios españoles hablan de un intelectual y político andaluz que nosotros desconocemos, Blas Infante. El Parlamento de Andalucía acaba de nombrar a Blas Infante "Padre de la Patria Andaluza".
Blas Infante era notario en el pueblo de Coria del Río, a orillas del Guadalquivir, y dedicaba sus horas libres al trabajo intelectual. Practicó un nacionalismo andaluz que trataba de evitar el "chovinismo", la patriotería; que buscaba reivindicar los valores humanos y permanentes de los andaluces desde los tiempos de la dominación árabe. Por eso buscó en el norte de África, en Marruecos, la tumba de Abul Kassen Ben abbet Al Motamid, "rey verdadero de Sevilla y de Córdoba, de Málaga y del Algarbe". Blas Infante, de acuerdo con todos los testimonios, fue un político más bien ocasional, que desdeñaba las tácticas y las maniobras electorales, que ejercía la acción política en función de ideales éticos. Pocos días después del estallido de la guerra civil, las tropas del general Queipo de Llano rodearon su casa y golpearon a su puerta. Infante acababa de ser designado presidente de honor de la Junta Regional pro Estatuto. Había ordenado izar la bandera andaluza en el Ayuntamiento de Sevilla. En la madrugada del 11 de agosto fue conducido a la carretera de Carmona y fusilado en el kilómetro cuatro. Por esos mismos días, las tropas de Queipo de Llano detenían a García Lorca y lo fusilaban cerca de Granada. ¡Qué hoja de servicios la de este general!
Don Miguel de Unamuno murió en Salamanca el día 31 de diciembre del año 36, de muerte natural y, según han relatado familiares y testigos, de cansancio y de tristeza. Con motivo de este aniversario, los investigadores salmantinos han descubierto numerosos poemas inéditos de Unamuno, relacionados todos con la escritura de uno de sus textos maestros, El Cristo de Velázquez. Unamuno desarrollaba en esa obra, escrita entre 1913 y 1920, su idea de una España diferente de Europa, marcada por otra forma de religiosidad. Mientras la fe, en Europa, se orienta hacia el presente, hacia la ética y la conducta en el trabajo, Unamuno exaltaba la fe española como una reflexión sobre la muerte y el más allá. Era, en su visión, el espíritu del Quijote, y uno de los mejores poemas encontrados, el retrato de un pastor castellano, dice: "¡He aquí un español!, un don Quijote; /un pobre pasmarote /que da gritos al aire y que se empeña /en tomar los molinos por gigantes, /o más bien los gigantes por molinos…"
Como dice un crítico en estos mismos días, rescatar es una de las mejores maneras de vivir. Pues bien, rescatemos, y vivamos, pero tratemos de que los rescates nos sirvan para no repetir las páginas más negras.