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Era un hombre detrás de un escritorio, con un aparatito en el oído cuyo cable bajaba junto a su cara hasta su camisa, donde tenía oculta la batería. La oficina era oscura y confortable. Iba vestido con un gastado traje marrón, una camisa blanca arrugada y una pajarita raída en los extremos. Se llamaba Heathercliff.
Yo había leído el anuncio en el periódico, vi que el sitio no estaba a mucha distancia de mi hotel.
Se necesita joven ambicioso con visión de futuro. NO ES NECESARIA EXPERIENCIA. EMPIECE EN LA OFICINA DE REPARTOS Y VAYA ASCENDIENDO PUESTOS.
Aguardé en el vestíbulo con cinco o seis jóvenes más, todos ellos tratando de parecer ambiciosos. Habíamos rellenado nuestras solicitudes de empleo y ahora esperábamos. Yo fui el último en ser llamado.
– Señor Chinaski, ¿qué fue lo que le hizo abandonar el trabajo en el ferrocarril?
– Bueno, no veo ningún futuro en el ferrocarril.
– Tienen buenos sindicatos, atención médica, retiro.
– A mi edad, el retiro debe ser considerado como algo superfluo.
– ¿Por qué vino a Nueva Orleans?
– Tenía demasiados amigos en Los Angeles, amigos que, me di cuenta, me estaban apartando de mi carrera. Quise ir a un lugar donde pudiera concentrarme en triunfar sin ser continuamente molestado.
– ¿Cómo sabremos que se va a quedar con nosotros el tiempo suficiente?
– Es posible que no me quede.
– ¿Por qué?
– Su anuncio decía que había futuro para un hombre ambicioso. Si no es verdad que haya aquí futuro, entonces me iré.
– ¿Por qué no se ha afeitado? ¿Ha perdido alguna apuesta?
– Todavía no.
– ¿Todavía no?
– No; aposté con mi casero a que podía conseguir trabajo en un solo día incluso con esta barba.
– Está bien, ya le haremos saber.
– No tengo teléfono.
– Está bien, Sr. Chinaski.
Me fui y volví a mi habitación. Bajé al mugriento recibidor y me di un baño caliente. Luego me vestí y salí a la calle a comprar una botella de vino. Regresé a la habitación y me senté junto a la ventana, bebiendo y observando a la gente del bar, contemplando a la gente andar por ahí. Bebí con tranquilidad y empecé a pensar de nuevo en agenciarme una pistola y hacerlo de una vez rápidamente -sin todo el rollo de la cavilación y la palabrería. Una cuestión de cojones. Me pregunté si tendría suficientes cojones. Acabé la botella y me fui a la cama a dormir. Hacia las 4 de la tarde, me despertaron unos golpes en la puerta. Era un recadero de la Western Union. Abrí el telegrama.
SR. H. CHINASKI. PRESÉNTESE A TRABAJAR MAÑANA A LAS 8. RMTE. COMPAÑÍA HEA-THERCLIFF.