38963.fb2 Los d?as del arco iris - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 10

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Capítulo 9

Ahora es lunes. El cielo está cargado de nubes grises y negras, pero no llueve. Santiago le pesa en el cuello a la gente y todos caminan rápido y con la cabeza gacha. Casi no pude dormir anoche y ahora mientras camino a clase voy bostezando diez veces por minuto. A primera hora tenemos historia y a la segunda filosofía.

De modo que podré dormir derrumbado sobre el pupitre. Cuando llego a la puerta del colegio vuelvo a acordarme de papá y me pregunto si tendrá tabaco negro y si lo dejarán fumar. Veo un pucho tirado sobre la baldosa y lo muelo con la suela del zapato.

A la hora de filosofía entramos a clases sin formarnos en el pasillo. Un par de compañeros me golpean en el hombro y me enrollo la bufanda azul en el cuello. Hace un frío de lobos. Para evitar conversar con mi compañero de banco, saco mi estuche y comienzo a afilar un lápiz con el sacapuntas metálico.

Entonces entra el profesor de filosofía.

No es el señor Santos. Se trata de un hombre joven de cejas tupidas y nariz respingada que lleva anteojos redondos como los de John Lennon y un blazer azul lustroso. Es muy delgado y casi para demostrar que tiene sin embargo fuerza deja caer con un golpe el libro de clases sobre el pupitre. Luego lo abre, carraspea y comienza a pasar lista.

Al decir cada nombre y oír la palabra «Presente», levanta la vista y hace un gesto asintiendo como si conociera a los alumnos de antes. Cuando llama «Santos» también me pongo de pie, pero no hace el gesto de asentimiento sino que mantiene la vista fija sobre el libro de clases. Luego vuelve a mirar al 32, Tironi, al 33, Vásquez, al 34, Wacquez, y al 35, Zabaleta.

Toma un pedazo de tiza desde el depósito en el pizarrón, lo tira al aire y lo recoge en la mano sin mirarlo. Ese gesto lo hace aparecer aún más joven. Luego dice:

– Me llamo Javier Valdivieso. Como el champagne Valdivieso. He visto las anotaciones del profesor Santos y sé que ya pasaron los presocráticos y Platón. De modo que hoy comenzaremos con Aristóteles. La ética de Aristóteles. Anoten: «Ninguna de las virtudes éticas se produce en nosotros por naturaleza ya que ninguna cosa natural se modifica por costumbre. Por ejemplo, la piedra que por naturaleza cae hacia abajo si la soltamos. Y no se podría acostumbrar a la piedra a moverse hacia arriba: aun tirándola diez mil veces a lo alto, las diez mil veces terminaría cayendo hacia abajo.

»En cambio, las virtudes no se producen ni por naturaleza, ni contra naturaleza, sino porque el hombre tiene aptitud natural para recibirlas y perfeccionarlas mediante la costumbre. Así, practicando la justicia nos hacemos justos, y nuestra actuación en los peligros y la costumbre de sentir coraje o tener miedo es lo que nos hace a unos cobardes y a otros valientes.»

»El miércoles haremos una prueba sobre Platón y el Mito de la Caverna -dice.