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Capítulo 17

Los chicos del movimiento Pro FESES, que quieren unir a los estudiantes secundarios de todo Santiago, piensan que el hecho de que papá esté desaparecido es un excelente pretexto para tomarse el colegio y me citan a una reunión en la biblioteca.

Yo sigo las instrucciones del viejo y les digo que no me meto en política. Según Patricia Bettini esto no es meterse en política porque se trata del papá de uno, del profesor de uno.

«Pero no el tuyo», le digo envolviéndome en la bufanda.

Aunque en seguida me arrepiento porque a su papá hace algunos años lo agarraron y le quebraron la clavícula.

Los principios del movimiento secundario me los sé de memoria: desestabilizar a la dictadura provocando desórdenes para crear la sensación de que el país es ingobernable, y unir a todos los que están contra Pinochet tengan o no partidos políticos, aunque sólo quieran líos, just for the fun of it.

Aquí a todos nos ha dado por decir algunas frases en inglés. Las aprendemos en las canciones, o con nuestro maestro Rafael Paredes, que el próximo mes parte a Portugal porque lo han contratado para hacer una película. Mi viejo piensa que es un momento muy oportuno para que se vaya a Portugal, a Grecia o a cualquier parte, porque sabe con certeza que la policía anda detrás de él y de toda su familia.

Mi viejo y el profe de inglés son íntimos. Sólo que tienen una disputa interminable. No se ponen de acuerdo sobre quién es el más grande hombre de la historia. Mi papi vota por Aristóteles -en quien nace y termina todo, asegura- y Paredes por Shakespeare. En el fundillo de mi corazón yo estoy más cerca de mi profesor Paredes, pero cómo voy a enfrentarme con el papi.

Claro que los dos son puntudos.

Mi viejo se nota menos. Es más reposado. Paredes proyecta su presencia como cantante de ópera.

Si el profe de inglés pasara a la clandestinidad, no tardarían en agarrarlo, pues mide casi dos metros y tiene un vozarrón que retumba en los viejos muros del colegio cuando entra a la sala. En las mañanas hace clases, y en las noches actúa en un grupo de teatro. Siempre le dan papeles de rey, de comendador, o de ministro, porque es así como impresionante. Cuando llega al aula arroja el libraco de clases sobre la mesa y lanza frases de Shakespeare que debemos memorizar e interpretar en una hoja que llevamos al día siguiente.

La última fue: «Stars, hide your fires! Let not light see my black and deep desires.» Tenemos que estrujarnos el cerebro para ver qué quiso decir Shakespeare con eso. Lo que pasa es que Macbeth está tentado de ser rey y el camino más directo es asesinar al rey mismo. A la Pinochet, digamos. Pero le cuesta su poco decidirse. Aunque su vieja le echa carbón. La vieja es todavía más mala que Macbeth.

El profesor Paredes llama a William Shakespeare «tío Bill».

En el fondo ésta va a ser la última frase que entrará en la prueba de inglés después del estreno de La cueva de Salamanca, y promete que las corregirá con «piedad» si actuamos bien.

Tras la prueba se despide hasta octubre siempre y cuando lo dejen volver a Chile porque la película que va a hacer en Europa es puntuda.

Una película «puntuda» es una que no les va a gustar a los milicos.

El clima sigue malo. La llovizna se nos impregna en los pómulos y los gases de los automóviles nos hacen toser. En la esquina nos parapetamos bajo el techo del paradero de buses a fumar un cigarrillo con pocas ganas de volver en seguida a casa.

Al lado nuestro hay un chico de pelo largo e impermeable azul que nos llama la atención cuando mira en dirección contraria a la que vienen los buses. De pronto saca del bolsón un montón de hojas y nos pasa una a cada uno del grupo. Después se sube a la primera micro que arranca y desde la pisadera nos guiña un ojo.

La hoja celeste se titula «Acción» y contiene instrucciones para que nos tomemos el liceo en protesta por los profesores que han despedido. Yo creo que a todos nos da vergüenza tirar el papel a la acera y terminamos metiéndolo en la mochila.