38963.fb2 Los d?as del arco iris - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 25

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Capítulo 24

El elenco de espontáneos que aporta Magdalena en su rol de productora de la campaña televisiva del «No» incluye las siguientes especies que Adrián Bettini -no habituado aún a los trajines de la excentricidad que ha inaugurado el angelorum Alarcón- observa con pavor.

Un barbudo estudiante universitario se presenta ante él y le pide que le haga una pregunta.

– ¿Cuál pregunta?

– Pregúnteme qué le diría yo a un dictador.

– Bien -dice Bettini-. Señor, ¿qué le diría usted a un dictador?

El muchacho mira a derecha, mira a izquierda, mira al frente y saca entonces una enorme lengua sobre la.que tiene dibujada el arcoíris y encima del arcoíris la sílaba «No». Espera ansioso la reacción del publicista.

– Está bien -dice Bettini, queriendo decir otra cosa.

Queriendo decir en verdad que ha entrado en un tobogán de delirios, como si Chile entero hubiera consumido una droga irreductible a cualquier terapia.

– Si me permite una sugerencia -agrega el joven barbudo-, le recomiendo que cuando yo saque la lengua con el «No» usted ponga como sonido el rugido de un león.

– Está bien -dice Bettini, tratando de entender por qué todo está mal.

Y entonces Magdalena hace entrar al segundo candidato a aparecer en la franja televisiva del «No».

Se trata de un bombero.

Con chaqueta de bombero.

Con casco de bombero.

Saluda a Bettini con un golpecito en su frente y solemnemente le espeta:

– Los bomberos de Chile estamos con el «No».

Incapaz de pensar algo más sofisticado, le pregunta en qué sentido un bombero puede ayudar a la publicidad del «No». El hombre saca desde su espalda un vaso de agua, lo levanta como brindando y su boca promulga la imitación de la sirena de un carro bomba: «No, no, no, no, no, no, no, noooooooooooooo.»

Cuando termina, sonríe y bebe un sorbo del agua que tiene en la mano.

Bettini no ha tomado una gota de alcohol durante todo el día, pero sospecha que está ebrio. Camina hacia la pared del fondo, donde descubre al novio de su hija Patricia, el instigador Nico Santos, tratando de memorizar las líneas de un libro.

– ¿Tú también eres voluntario para aparecer en la TV del «No»?

– No, don Adrián. Yo estoy preparando mi prueba de Shakespeare con el profesor Paredes.

– ¿Y qué lees?

– Macbeth.

– ¿Sabes alguna parte?

– Sé.

– A ver.

El joven, en vez de pararse a declamar, se tiende sobre una colchoneta azul y, apoyando su mentón en la mano izquierda, deja que fluya el parlamento de Macbeth:

– «Se derramó mucha sangre en los tiempos antiguos antes que la ley humana dulcificase los Estados.

»Entonces se cometían crímenes demasiado terribles para ser contados.

»Hubo un tiempo en que los hombres morían con el cerebro machacado, y eso era el fin.

»Pero ahora los muertos se alzan con veinte heridas mortales en el cráneo y nos expulsan de nuestros tronos.

»Esto es más extraño que el crimen en sí mismo.»Confío en que ahora el profesor Paredes me ponga un, siete -dice Nico Santos disimulando con un cantito su bostezo-. ¿Qué se quedó pensando, don Adrián?

Bettini se frota los ojos y aprieta fuerte con dos dedos el tabique de su nariz.

– En la realidad. ¿Dónde está la realidad, Nico? ¿En Shakespeare o en esos locos allá en el set?

El joven Santos se levanta mirando hacia el fondo del estudio, desde donde surge un grupo de muchachas con mallas de bailarina cargando un arcoíris de cartón piedra.