38963.fb2 Los d?as del arco iris - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 4

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Capítulo 3

Y entonces pasa eso que el miércoles estábamos en el Mito de la Caverna cuando entraron dos hombres de pelo corto y bien afeitados y le dijeron al papi que los acompañara.

Mi papá miró la silla donde había dejado el impermeable, y uno de los hombres le dijo que lo llevara consigo. Mi papá lo tomó y no me miró.

Es decir, no sé cómo explicarlo pero me miró sin mirarme.

Y era raro, porque cuando los dos hombres se llevaron al papá, todos los muchachos de la clase estaban mirándome.

Y seguro que pensaban que yo tenía miedo. O creían que yo tendría que haber saltado sobre los hombres y atacarlos e impedir que se llevaran a mi padre.

Pero con el profesor Santos habíamos previsto esta situación.

Incluso le habíamos puesto el nombre de un silogismo. La llamábamos situación «Baroco»: si agarraban preso al papá delante de testigos quería decir que no lo podían hacer desaparecer como con otra gente, que la meten en un saco con piedras y la tiran desde un helicóptero al mar. En el curso somos treinta y cinco alumnos y todos vimos con nuestros propios ojos cómo se llevaron al papá. Él dice que esa situación es óptima, porque seguro que no lo van a matar. En este caso, está protegido por los testigos.

Según el plan «Baroco», cuando agarren preso al papá, yo tengo que hacer dos llamadas por teléfono a unos números que me sé de memoria, pero no conozco el nombre de las personas. Después tengo que llevar una vida absolutamente normal, venir a casa, jugar a fútbol, ir al cine con Patricia Bettini, no faltar a clases, y a fin de mes ir a Tesorería a buscar el cheque del sueldo.

Así que, cuando se llevaron al profesor Santos, yo me puse a hacer círculos en una hoja del cuaderno mientras sentía crecer la telaraña de un silencio a mi alrededor. Seguro que mis compañeros pensaban que yo era un cobarde y que por puro instinto tendría que haber saltado y defendido a mi viejo.

Pero es que papá me ha dicho cien veces que él no le teme a nada, salvo que me pase algo a mí.

Y aquí todos saben que un chico de diecisiete años desapareció hace meses y aún no vuelve.

Tengo que tragarme esas miradas porque no les puedo explicar a los compañeros del curso que estoy aplicando el silogismo «Baroco».

Si a mi papá lo hubieran hecho desaparecer sin testigos, entonces estaríamos enfrentando el silogismo «Bárbaro», y yo acaso me hubiera muerto de pena.

Después que se llevaron al profesor Santos vino el inspector Riquelme y nos hizo un ejercicio de comprensión de texto.

Y cuando al fin llegó el recreo, yo me fui al baño. No quería hablar con nadie. No quería que nadie me hablara.