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Llamé al primer número y no contestó nadie. Éste era el teléfono en que siempre debía contestar alguien. Si no había nadie es que la persona que debía contestar había caído presa.
Entonces marqué el segundo número.
Contestaron y, según el silogismo «Baroco», no pregunté con quién hablaba ni dije mi nombre. Sólo conté que habían tomado preso al profesor Santos. El hombre al otro lado de la línea dijo que él se haría cargo.
Preguntó si había testigos.
Claro que había testigos. En el curso somos treinta y cinco y yo soy el 31 en la lista. Por la «S». La «S» de Santos. «Estamos bien, entonces», dijo el hombre, y repitió que él se iba a ocupar.
Yo sé perfectamente lo que es ocuparse de alguien en este caso. El hombre va a ir donde los curas y uno de los curas hablará con el cardenal y el cardenal hablará con el ministro del Interior y el ministro del Interior le va a decir al cardenal «no se preocupe que yo me preocuparé». Según el plan «Baroco» yo no tengo que hacer nada porque, si me voy a meter a la policía, me pueden agarrar a mí y ahí sí mi viejo se vuelve loco.
Entonces el miércoles me voy a la casa y veo los dos platos para el almuerzo puestos en la mañana sobre la mesa con el mantel de cuadros azules y blancos. Al lado del vaso de papá hay una botella chica de vino tinto llena hasta la mitad, y junto a mi servicio está el jugo de manzanas.
Me siento a la mesa y no tengo ganas de ir a la cocina a calentar las papas rellenas que quedaron de anoche. Me quedo ahí media hora sin saber qué hacer, y sin pensar en nada. Cada vez que quiero empezar a pensar tomo el tenedor y golpeo el plato vacío.
Finalmente voy al dormitorio y me tiendo en la cama a leer la revista deportiva Don Balón. Le va mal a mi equipo favorito, la Universidad de Chile. Es que, cuando tiene un jugador bueno, lo venden para afuera, para España o Italia, y el equipo se desarticula.
Hace frío y no está enchufada la estufa eléctrica. Papá dice que gasta demasiada energía y que el sueldo no le alcanza para mantenerla encendida todo el invierno. Me cubro con la frazada.