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Mi gratitud a Sandra Dijkstra, mi agente, por tener la enorme energía de remar a mi lado por aguas turbulentas durante cinco años hasta llegar a la orilla. Madame Mao te lo dedico a ti.
A Anton Mueller, mi editor, por tener el talento, la paciencia y la habilidad de descubrirme como escritora y orientarme para que diera lo mejor de mí misma.
A Michele Dremmer, de nuevo, por tu cariño.