39188.fb2 Muerte Por Fusilamiento - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 45

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CUARENTA Y CUATRO

El Consejo había terminado. Fue preciso que alguien abriera una ventana, porque el ambiente, a medida que pasaban las horas, se fue haciendo irrespirable. Cuando Leonardo apoyó las húmedas manos sobre la mesa, levantando los codos para indicar que todo había terminado, examinó fugazmente los rostros de los Ministros. Era obvio que estaban cansados. Y es difícil que un semblante cansado exprese lo que la persona piensa. Expresa, simplemente, cansancio. Lo que no resultaba extraño: la reunión se había prolongado durante cerca de cinco horas. El Ministro de Agricultura propuso una dilación del gran acuerdo, pero Leonardo le atajó: "No, no; el asunto no admite dilaciones". ¿Tal vez ellos, los miembros del Gabinete, se sentían a disgusto? Era muy posible. Pero el acuerdo estaba tomado. Cuando él, Leonardo, franqueara la puerta, la decisión sería firme. No dormiría aquella noche. Iniciaría la preparación del texto que habría de ser presentado a la Asamblea. Y precipitaría la convocatoria de las Cámaras. Se anticiparía a todo. La opinión extranjera no le preocupaba. Celebraría una reunión, a primera hora de la mañana, con las cuatro o cinco legaciones que realmente hubieran podido tener fuerza. Dijo, levantándose: "Eso es todo". Y presintió que hasta su misma voz había ya cambiado. Era la voz de un hombre fuerte y joven, la voz de quien está ya asentado en una situación inamovible. La fortaleza sería su mejor baza. Y había sido preciso emplearla sin regateos, aquella noche. Él estaba más cansado que nadie, pero los nervios le sostenían. Se dijo que había sido una noche confusa, una sesión confusa, y que más tarde lamentaría no poder revivirla minuto a minuto, para su propia satisfacción, para tener siempre presentes aquellas horas gloriosas. No ignoraba que le esperaban tres o cuatro días de peligro. Su poder no estaba, ni mucho menos, consolidado. Su elección como Presidente de la República sería, cien horas más tarde, absolutamente firme. Sabía que durante aquel tiempo habría de luchar contra todo, que imponerse a todo, que no tener un sólo segundo de desfallecimiento. Guando dijo: "Eso es todo", el rumor de los sillones que retrocedían, separándose de la gran mesa de caoba, le pareció como una extraña música de triunfo.