39188.fb2 Muerte Por Fusilamiento - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 7

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SEIS

Avelino Angulo esperaba encontrarse ante un hombre fuerte y sanguíneo. Pero el Subsecretario era todo lo contrario. Asténico, casi flaco, caminaba sobre la alfombra de su despacho como si temiera dañarla. Era curioso que los periódicos no hubieran publicado jamás su fotografía.

– ¿Recibió mi aviso? -preguntó, casi con ansiedad. Era una voz de persona poco importante. Y su sonrisa no era afectada en absoluto. Era una sonrisa cordial, cuando le rogó sentarse-. ¿Ayer, tal vez?

– Ayer, Excelencia. Al anochecer…

– No, no, nada de Excelencia -murmuró, como si el título le pesara o estorbara, como si le obligara a actitudes distintas a las habituales. Señaló la puerta contigua-. Al señor Presidente, sí. A mí, llámeme simplemente Subsecretario. Tampoco "señor Subsecretario". Los nombres largos hacen enojosas las conversaciones, las extienden… ¿Conoce las condiciones de su cargo?

– Muy someramente. Hasta ayer no supe que mi solicitud había sido aceptada. Creo que han sido muchos los que han…

– Es cierto, han concurrido muchos. Pero es claro que usted está ya admitido. No voy a ocultarle… ¿Usted fuma?

– No, muchas gracias.

– No le voy a ocultar que su amistad con el comandante Torres ha influido mucho. Usted mismo lo imaginará… Yo aprecio mucho a Torres. ¿Qué hace ahora, por cierto?

– Oh, Torres. Siempre está tan ocupado…

– Cierto, tan ocupado… ¿Continúa con su afición a la fotografía?

Aquélla era la primera noticia que Angulo tenía sobre…

– Sí, creo que sí.

– Es un fotógrafo estupendo. ¡Estupendo! Recuerdo que, una vez… Pero no le voy a aburrir. Lo que cuenta es que usted ha sido designado. El puesto es difícil ¿se lo han dicho?

– Sí.

– ¿Quién?

La pregunta le cogió desprevenido.

– El mismo Torres.

– Pero Torres no se hace cargo, no tiene idea de… El cargo es sumamente delicado. Verá: de la Presidencia nos remiten diariamente las distintas ponencias de las personas o entidades que han solicitado audiencia. Como no ignora, toda visita va precedida de una exposición de motivos, de un escrito razonado… ¿Cómo lo llamaría? De una justificación.

– Sí, lo sabía.

– Es la manera que tenemos -bromeó el Subsecretario-, de que no nos atrapen desprevenidos.

Angulo sonrió cortésmente. Estaba intranquilo.

– Aun así, a veces, es difícil… -El Subsecretario se sumió, durante algunos segundos, en una breve meditación. Parecía considerar antiguas y espinosas entrevistas-. Pues bien: su tarea es sintetizar y estudiar esos motivos y darme cuenta, brevísimamente, de ello. Como usted puede imaginar, mi tiempo no me permite un estudio exhaustivo de…

– Me hago cargo

– El estudio -sonrió el Subsecretario, como si se hallara satisfecho de alguna picardía imaginada y a punto de poner en práctica-, lo hará usted. No se preocupe con exceso: le asesorarán cuanto sea preciso. Más tarde le presentaré al personal de mi Secretaría: gente competente. Puede descansar en ellos. ¿No le asustará la responsabilidad de…?

– No, no. Espero que todo vaya bien…

– Irá admirablemente. A la perfección. No se preocupe demasiado. Pronto irá tomando usted el ritmo de las cosas… Tengo las mejores referencias de usted.

El Subsecretario sonrió.

– No me lo censure -dijo-, pero, en estos momentos, dos policías están conversando con su mujer.

Angulo se sintió inquieto. No dijo nada. Pensó que su papel era no decir absolutamente nada.

– Prefiero que lo sepa por mí mismo -continuó el Subsecretario-. Es una formalidad imprescindible, en estos tiempos. Por otra parte, no es ningún secreto que la policía de nuestro país obra con cierta independencia… Nos cuida a todos. No podemos ni debemos tratar de impedir que realice gestiones que considera imprescindibles.

El Subsecretario suspiró y se recostó en su asiento. Puso un gesto de no saber qué más añadir, de buscar por las paredes algún tema que le permitiera prolongar la conversación. Pero pronto continuó, con voz confidencial.

– Estos momentos que estamos viviendo son difíciles. Delicados. Los estudiantes… ¿Ha leído la prensa de hoy?

– Muy superficialmente.

– Los estudiantes están nuevamente en huelga. Eso no puede desdeñarse. A los estudiantes se les podrá o no hacer caso, pero nunca deben ser desdeñados, nunca puede olvidarse uno de que existen… Jamás, por otra parte, ha sido fácil contentar a la Universidad. Ahora se trata de la subvención que el Gobierno les ha suprimido, antes fue lo del precio del café, la cuestión de los refugiados cubanos… Siempre habrá problemas, pero es posible que nunca, como ahora, los problemas hayan tenido tal magnitud. Claro que jamás descuidamos el orden. Era preciso reforzar la policía, y el B. A. S. se ha reforzado. Aunque suele suceder, en ocasiones, que a uno se le va la mano reforzando algo y luego se encuentra ante un resultado que no era, exactamente, el que apetecía. No digo que eso suceda en nuestro país, desde luego, pero lo hemos visto en algunos vecinos… Es preciso, siempre, obrar con un tacto tal que… Pero usted mismo se irá haciendo cargo de las cosas, irá identificándose con ojos y oídos bien abiertos. Eso, aquí y en estos momentos, es una necesidad. Los oídos, sobre todo. Los ojos apenas sirven ya para nada. Uno no ve más que lo que los demás quieren que vea.

Se interrumpió, y señaló la puerta contigua, que permanecía cerrada.

– Es el despacho del Presidente -explicó, con naturalidad-. Tiene usted acceso libre a él. ¿Lo sabía?

– No lo había pensado.

– Pues bien, tiene acceso. Pero procure no molestarle demasiado. Últimamente, Su Excelencia está fatigado. El exceso de trabajo trastorna a cualquiera.

El Subsecretario se levantó, con cierta brusquedad.

– Eso es todo -dijo, inopinadamente-. ¿Tiene usted que hacerme alguna pregunta?

– Quisiera saber -dijo Angulo, levantándose a su vez-, cuando he de empezar a trabajar.

– Mañana -dijo el Subsecretario, tan rápidamente como si tuviera preparada la respuesta desde hacía mucho tiempo-. Mañana, a las nueve en punto.

Y le tendió la mano, sonriendo con afabilidad.