39244.fb2 No robar?s las botas de los muertos - читать онлайн бесплатно полную версию книги . Страница 28

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“-Con que el señor notario quiere pruebas. Con que sí, ¿eh?… Con que el general Flores no tiene negros forzados en sus filas… Que no, ¿eh?… Pues aquí le tengo un pequeño tesoro -dijo el cónsul Guillenea, mientras extraía de un bolsillo un papel doblado en cuatro y regastado por reflexiones y manoseos. Enseguida se colocó bajo la luz de la lámpara más cercana, desplegó la pequeña hoja y comenzó a leer con una impecable voz de actor de teatro:

‘-Deploro como el que más la terrible necesidad de los castigos corporales que prescriben nuestras leyes militares y he tenido que reprimir mis sentimientos para habituarme a presenciarlos. Pero échese una mirada por el personal actual de nuestros cuerpos de línea. Estos son compuestos de reclutados de la cárcel y de una gran cantidad de esclavos africanos, indolentes y acostumbrados al rigor, que sólo con él se consigue que se vistan, que se aseen y que observen los deberes del soldado. Hombres incorregibles, que si a fuera darse cumplimiento a lo que prescriben las ordenanzas militares, sería necesario fusilar con frecuencia. ¿Se quiere abolir los castigos corporales? Es muy justo y muy a la altura de la libertad y de la civilización de la República. Pero antes refórmese el personal del ejército, púrguese a este de la hez y de los criminales’.

Cuando finalizó la lectura, el cónsul recorrió el auditorio con sus ojos de carbonilla y al tiempo que sacudía la hoja ante sus rostros, los ilustró aun más:

– Quiero que sepan, señores, que esta nota pertenece al coronel León de Palleja, un militar español al servicio del general Venancio Flores, y la escribió para rectificar la denuncia pública de que uno de sus soldados negros había sido castigado con mil quinientos azotes; no fue así, como habían afirmado vilmente por ahí… sino con quinientos palos.”