40268.fb2
El Clamor tiene tamaño tabloide, lo que no es casualidad, ya que desde que se fundó, un 18 de septiembre de 1941, durante la presidencia de Pedro Aguirre Cerda, su inspiración fue claramente popular.
«No sólo tenemos el tamaño del tabloide, sino su moral. Queremos que nos lea el pueblo, los obreros, los estudiantes, pero también los profesionales de clase media», dijo en su discurso Leónidas Rolón-Collazo. «Queremos que nos lean arriba de los carros, de los trolles, en los taxis. Queremos que, a la hora del café o la choca, cuando dos seres se encuentren, que su tema de comunión sea El Clamor… Queremos ser la voz de la ciudad… El Clamor será un eco de lo que desea el hombre común que no tiene nada de corriente…»
Para el hombre común que no tiene nada de corriente es, justamente, lo que está escrito debajo del logotipo. Arriba, Diario masivo y popular. El colofón lo encabeza Leónidas Rolón-Collazo, hijo, seguido de Omar Ortega Petersen y, en letras más chicas, Darío Tejeda.
Alfonso mira cada una de las páginas. El editorial sobre los pasajes escolares, la columna sobre el cierre de casas de masajes que aborda Ortega Petersen en Pan, pan/Vino, vino. Se fija en las fotos grandes, expresivas, que cuentan historias por sí mismas. Y en un aviso que ofrece dinero al lector que «sople el mejor notición».
En la página seis está la sección ¿Supiste? con rumores de todos los ámbitos, y en la ocho, la delgada columna Sal y Pimienta de un tal Florencio López Suárez, que versa sobre el olor del tabaco y el ritual de los habanos. La página diez se llama Chile Lindo y denuncia los problemas de infraestructura de la ciudad (perros vagos, un hospital infestado de ratas).
En la página once, que da inicio a la sección internacional, hay una suerte de vida social bautizada como En Vuelo con fotos de gente que llega y parte del aeropuerto y que informa el destino y el motivo de sus viajes. La página está auspiciada por una agencia que explica que el turismo es «un premio al esfuerzo» y «el único lujo que la clase media se puede dar el lujo de tener».
Alfonso se salta los avisos de los grandes almacenes que ofrecen rebajas y créditos sin interés y se va directo a Deportes, que ocupa muchas páginas, posee decenas de columnas (Bajo la Lupa, Off-Side, Olor a Camarín), mini-entrevistas a los jugadores y decenas de fotos dentro y fuera de la cancha.
La sección de la crónica roja abre con el retrato de un cadáver flotando en el Mapocho; la nota viene firmada por Saúl Faúndez. Alfonso se la salta y avanza hasta Hípica, donde se entera de ganadores, placés, quinelas y trifectas.
La página cultural también tiene una columna, esta vez llamada Femme que firma una tal Fatale y que trae la foto de una mujer tipo Pola Negri tomada en los años 30.
A partir de ahí comienza la parte netamente frívola. Copucha-Party se centra en vedettes (que exhiben en forma generosa sus curvas) y un tal Ele-Ka critica Pezones de oro, una cinta italiana que se exhibe en el cine York («uno no queda como misil pero tampoco pasa por ella incólume»). La sección trae un inserto centrado en el final de la telenovela Lazos profundos con el prontuario de todos los actores. El crucigrama, firmado por «Rey», se arma a partir de un retrato de Arturo Moya Grau. El horóscopo augura dolores de menstruación a las mujeres de Aries y el Dr Amor le recomienda a «Resentida en Renca» ponerle los cuernos a su marido si eso es lo que realmente desea.
Alfonso cierra el diario y se tapa la cara. Se queda así durante un largo rato.