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– Hola… ¿Paula?
– Sí, ¿quién es?
– Lali…
– Ah, no te conocí la voz estoy medio dormida.
– …
– Estás llorando.
– No, estuve, pero ahora no.
– ¿Hablaste con tu viejo?
– No, no sé si voy a hablar. ¿Viste lo denso que estuvo hoy?
– Sí, la verdad…
– Nada le venía bien.
– ¿Siempre es así?
– No, siempre no. Pero con este viaje está atacado.
– Tiene miedo, pobre.
– Sí, si vamos en avión porque vamos en avión; si vamos en micro porque vamos en micro.
– Nena, de lo que tiene miedo tu viejo es de que curtas. ¡Pobre!
– ¡Qué boluda!
– Es un chiste. Pero no me digas que no es gracioso…
– A mí no me causa ninguna gracia.
– Reíte un poco. Te pasaste todo el día llorando.
– Tengo mis motivos.
– Sí, ya sé.
– …
– ¿Y si hablas con tu vieja?
– Cero. Mi vieja no existe.
– Bueno, con alguien tenés que hablar.
– Pensé llamarlo a Iván.
– No, córtala, picase. Por ese lado ya fuiste y te fue como el culo.
– …
– Ay, no llores…
– Bueno, no hables con nadie. Déjalo para después del viaje, ¿okey?
– Mi viejo se muere.
– Por eso, mejor que se muera después del viaje.
– Vas a terminar haciéndome reír…
– Prométeme que no vas a llamar a Iván.
– …
– Prometeme, dale.
– Okey, chau.
– Chau.