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Ernesto y Charo subieron la escalera de embarque besándose.
No había vuelta que darle, lo había visto con mis propios ojos. Y los ojos de una no mienten. A lo sumo una puede cerrarlos, pero para eso era demasiado tarde. Se me habían caído todas las tostadas del lado de la manteca, y tenía que aceptarlo. Pero aunque Ernesto y Charo se hubieran besado, como lo hicieron, en la escalera de embarque, yo no terminaba de armar el resto de la historia. Porque alternativas había muchas y muy distintas. Me pasé todo ese día evaluándolas, buscando datos que las confirmaran o errores que las descalificaran. Para mitad de la tarde el embrollo que tenía en mi cabeza era tal, que las distintas alternativas se me mezclaban y ya no sabía cuáles había descartado y cuáles seguían en carrera. Entonces se me ocurrió hacer un cuadro sinóptico. En la escuela, cuando había que estudiar algo muy complicado, yo me armaba un cuadrito sinóptico, con muchas flechas, muchas llaves, todo bien chiquitito, bien ordenado, cosa que si no me ayudaba para clarificarme el pensamiento, por lo menos me servía de machete. Yo nunca fui muy buena en el colegio. No me interesaba, me la pasaba pensando en otras cosas. Al principio me hacía problema. Tenía miedo de que me dijeran burra. Hasta que una tarde, yo estaría en quinto grado, me la pasé tratando de acordarme los nombres de los distintos tipos de triángulos: equilátero, isósceles y escaleno. El isósceles no me salía nunca. Yo me sentía una tarada, lo repetía y lo repetía y cuando cerraba el cuaderno se me borraba. Como si tuviera una tara. Mamá me vio mal y me dijo: "Nena, no te preocupes, que en la vida si hay algo que no te va a servir absolutamente para nada, es saber lo que es un triángulo isósceles". Y tenía razón, a uno le enseñan tanta estupidez. A ver si el isósceles me iba a arreglar el problema con Tuya a mí. De esos triángulos nadie te enseña, tenés que aprender sólita. Y cómo cuesta. Casi siempre te bochan. Aunque una piense que salió victoriosa. Porque el día menos pensado, en vez de eliminar un lado del triángulo, te das cuenta de que se agregó otro. Y el triángulo se trasformó en cuadrado. Como me pasó a mí. Como le pasó a Alicia.
Y de esa geometría, nadie sabe un cuerno.
El cuadro sinóptico decía más o menos lo siguiente:
Título: Probables situaciones entre Ernesto y Charo
En un principio había escrito "probables relaciones entre Ernesto y Charo", pero la palabra "relaciones" me irritaba. Descarté también vinculaciones, vínculos, conexiones, lazos, ligamen, por diversos motivos varios.
Alternativa 1:
Todo lo que me dijo Ernesto hasta ahora es cierto, pero:
– casualmente se encontró con Charo en el aeropuerto
– casualmente ella también viajaba a alguna parte (no a Río)
– casualmente subieron juntos la escalera
– casualmente Ernesto o ella o ambos sintieron deseos de besarse, y lo hicieron.
Descarté esta alternativa por un motivo muy simple: yo no creo en las casualidades. Y uno tiene que ser fiel a uno mismo. "Casualmente" podes ir por la calle y que de un balcón se caiga una maceta y te parta la cabeza. Pero pensar que dos personas pueden besarse "casualmente" mientras se embarcan para un vuelo, es, como mínimo, infantil.
Alternativa 2:
La historia de Tuya es más o menos como la conocía y:
– Ernesto, de tanto ver a Charo por este tema, se terminó interesando en ella
– a Ernesto le salió un viaje a Brasil por trabajo y decidió llevarla
– se trata de un asunto como tantos otros que Ernesto ha tenido en estos años de matrimonio, del que no hay que preocuparse mayormente
"¿Te parece?", me dije a mí misma no bien terminé de escribirlo. Es bueno esto de escribir lo que uno piensa porque cuando después lo lees es como si hablaras con otra persona y podes discutir y criticarte a gusto. Yo le decía mirando el papel a esa otra que era yo, pero que no era yo: "¿A quién se le puede haber ocurrido semejante idiotez?". Si Ernesto y esta mujer, que de una u otra manera estaban relacionados con la desaparición de Tuya, se cagaban en todo y viajaban juntos besándose en público, es porque lo de ellos no era "un asunto como tantos otros".
Antes de armar la "alternativa 3" tuve que hacer un poco de trabajo de campo. Sabía pocas cosas acerca de Charo. Creo que apenas tres: que era la sobrina de Alicia, que tenía un asunto de algún tipo con mi marido y que trabajaba de fotógrafa para una revista de actualidad. Fui al quiosco y le pedí prestado al quiosquero todas las revistas de esa semana, revisé los staff de cada una y compré la que decía "fotógrafa, Charo Soria". Volví a casa. Marqué el teléfono de la editorial. No pasaba nada. Corté y me di cuenta de que el teléfono no tenía tono. Estaba desenchufado. Lo enchufé y llamé. "Ediciones Pampa", me dijeron. "Sí, quería hablar con la señorita Charo Soria, la fotógrafa." "No, ella no está." "¿Cuándo la encuentro?" El hombre del otro lado se alejó del tubo, pero escuché que gritaba "Che, ¿cuándo vuelve Charo?". Alguien le devolvió el grito, pero no entendí. "No sabemos, señora, está de viaje", dijo el del teléfono. "Ah, está de viaje. Debe ser ese famoso viaje a Río que iba a hacer." "Sí, ese mismo, el que se le suspendió la otra vez." "El que se le suspendió la otra vez", pensé pero no pude decirlo porque se me trababa un poco la lengua. Me había bajado la presión y había tomado un poco de whisky. Era el whisky, seguramente. Tragué saliva, moví la lengua a un lado y al otro y, con esfuerzo, seguí: "Y decime, ¿le puedo hacer llegar un sobre ahí?, yo hablo de la inmobiliaria, ella nos dejó un departamento en alquiler y tenemos un interesado, me gustaría que vea la propuesta en cuanto llegue". "Sí, no hay problema." "Decime, querido, ¿cómo es su nombre completo así lo pongo bien en el sobre?" "Amparo Soria, pero igual ponga Charo porque ella usa su sobrenombre para todo." "No, para ciertas cosas, el sobrenombre no sirve. Gracias y chau." "Chau, señora." Colgué y fui directo a la caja de herramientas a revisar los pasajes que había encontrado en la mesa de luz de Alicia, junto al revólver y las fotos de Ernesto. Esas fotos de Ernesto desnudo. Todo cerraba. Los pasajes a Río decían "A. Soria". "A" que podía ser de Alicia, pero que era de Amparo. Revisé todas las cartas. Ningún nombre. Todas firmadas por Tuya. Que podía haber sido Alicia, una qué sabe. Pero también otra. Porque ahí sólo decía "tuya". Las fotos sí hablaban por sí mismas. Y entonces sí que me sentí una burra. Porque de eso me tendría que haber dado cuenta antes. Más que fotos, contactos. Esas fotos chiquitas que revelan los fotógrafos profesionales para después elegir. Fotógrafos profesionales como Charo.
Recién entonces armé la alternativa 3.
Alternativa 3:
– Alicia no era Tuya.
– Tuya es su sobrina Charo (nótese la diferencia en el tiempo verbal del verbo ser: era, para Alicia; es, para Charo).
– Alicia había tenido una relación anterior con Ernesto (pistas utilizadas para esta afirmación: su llamado de la noche del accidente, su actitud en Palermo de la que fui testigo, el revólver sobre las fotos de Ernesto desnudo).
– Alicia fue engañada en su buena fe por su propia sobrina y no pudo soportar la tremenda ofensa que le infligieron la mencionada y su amante (de ambas), o sea mi marido. El del cuadrado.
Sentí una profunda pena por Alicia. Lo que le hicieron a esa mujer no tiene nombre. Sobre todo su sobrina. Una está preparada para que un hombre la cague, eso es un clásico. Y si nunca te cagaron vivís toda la vida con la espada de Damocles sobre la cabeza porque sabes que un día, más tarde o más temprano, te van a cagar. Pero la propia sangre es otra cosa. Eso sí que te puede voltear. Creo que si Alicia y yo hubiéramos conversado un poco antes de que pasara lo que pasó, le podría haber enseñado muchas cosas. Me parece que, en el fondo, debe haber sido muy ingenua. Yo ya estoy de vuelta de tantas. Las dos contra Charo hubiera sido una lucha más pareja. Entre las dos no juntamos ese par de tetas, pero seguro que algo se nos iba a ocurrir. Y después veíamos qué hacíamos con Ernesto. Creo que hasta nos habríamos hecho buenas amigas. No digo amigas íntimas, pero sí buenas amigas.
Alicia ya no estaba, pero yo sí, y a pesar de las desigualdades, no me iba a rendir así como así.
De la "alternativa 3" saqué tres flechas que empezaban con un signo de interrogación.
?Ernesto y Charo mantienen a la fecha una relación extramatrimonial más.
Con las siguientes acotaciones al margen inclinadas y con letra más chica para que entraran: esperar, tranquilizarse, ya pasará. Aunque en una segunda lectura taché esta opción y puse una marca que al pie de página decía "ver alternativa 2".
?Ernesto y Charo mantienen una relación que va creciendo (Ej.: viaje a Brasil).
Acotaciones al margen: plan de acción, intervención directa, declaración de guerra (a ella).
?Ernesto y Charo no regresan luego de este viaje.
Sin acotaciones al margen.
Salí, busqué un teléfono público que funcionara y marqué el número de la policía. Era sólo esperar que alguien atendiera, decir lo que tenía que decir y después cortar. "Comisaría 31", me dijeron del otro lado.