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– Ocho dos cinco, ocho tres, ocho tres.
– ¿Sí?
– Disculpe, ¿está Guillermo?
– Momentito, ¿quién es que le habla?
– Lali.
– Ah, sí, un segundito.
– …
– Hola.
– Hola, Guillermo, discúlpame que te moleste, yo soy la chica que estaba la otra noche…
– Sí, ya sé quién sos. ¡Qué bueno que me llamaste!
– …
– ¿Cómo va todo, nena?
– Bien.
– ¿Bien?
– Bah, maso.
– ¿Estás en tu casa?
– Sí, estoy en casa.
– Ves, eso es bueno. Eso es muy bueno.
– Bah, en realidad ahora estoy en un teléfono público de un shopping, pero a la noche me voy para casa.
– Está bien, está muy bien.
– …
– …
– Te llamé porque estoy con un problema.
– ¡Si estás con un solo problema estás mejor que el otro día!
– …
– Reíte un poquito que le va a hacer bien al goleador.
– …
– Ves, eso me gusta. Dale, contame.
– La panza se me pone dura, muy dura, y después afloja. Pensé, no sé, que capaz tu mujer sabe qué puede ser.
– Nena, ¿me estás jodiendo?
– No, ¿por qué?
– Estás con contracciones. ¿Vos ya estás en fecha?
– Ni idea.
– Vos me estás jodiendo…
– ¿El médico que te dijo?
– No, yo… yo no vi a ningún médico desde que estoy así.
– No, lo peor de todo es que no me estás jodiendo…
– Bueno, quédate ahí que voy a buscarte y te llevo ya a un hospital.
– ¿A un hospital?
– ¿Y a dónde querés ir a tener un bebé, nena?
– ¿Pero entonces puede ser que ya esté por venir?
– Y yo no sé, yo soy viajante de comercio, vendo cierres relámpago y esas cosas, nena, pero por las dudas yo te llevo ya mismo al hospital. Dame la dirección del shopping ese.
– …
– Hola…
– …
– ¡¡¡Hola!!!
– Ta que lo parió. ¡Cortó!