




Poul Anderson

El pesar de Od&#237;n el Godo

		Y entonces o&#237; una voz en el mundo: &#161;Oh, llorad por la fe rota,
		Y el pesado infortunio de los Nibelungos, y el pesar de Od&#237;n el Godo!

WILLIAM MORRIS, Sigur el Volsungo



372

El viento penetr&#243; desde las tinieblas al abrirse la puerta. Los fuegos que ard&#237;an a todo lo largo de la estancia se agitaron en sus canales; las llamas saltaban y flu&#237;an de las l&#225;mparas de piedra; el humo regresaba amargo de la abertura en el techo que deber&#237;a haberlo dejado salir. El s&#250;bito brillo se reflej&#243; en lanzas, hachas, espadas y escudos, all&#237; donde las armas reposaban cerca de la entrada. Los hombres que llenaban el gran sal&#243;n se volvieron cautelosos y atentos, as&#237; como las mujeres que en ese momento les tra&#237;an cuernos de cerveza. Eran los dioses tallados en las columnas los que parec&#237;an moverse por entre sombras inquietas, el Padre Tiwaz de una sola mano, Donar del Hacha, los jinetes Gemelos ellos, y las bestias, h&#233;roes y ramas entrelazadas grabados sobre el revestimiento de madera. &#161;Buuuu, dec&#237;a el viento, un sonido tan fr&#237;o como &#233;l mismo.

Entraron Hathawulf y Solbern. Su madre Ulrica se situ&#243; entre ellos, y la mirada en su rostro no fue menos terrible que la mirada de ellos. Los tres permanecieron inm&#243;viles durante un latido o dos, mucho tiempo para aquellos que esperaban sus palabras. Luego Solbern cerr&#243; la puerta mientras Hathawulf se adelantaba y levantaba el brazo derecho. El silencio cay&#243; sobre la estancia, roto s&#243;lo por el crepitar del fuego y la respiraci&#243;n de los presentes.

Pero fue Alawin quien habl&#243; primero. Levant&#225;ndose del banco, con su cuerpo estremeci&#233;ndose de anticipaci&#243;n, grit&#243;:

&#161;Entonces nos vengaremos! rugi&#243; su voz; no ten&#237;a sino quince inviernos.

El guerrero que estaba a su lado le tir&#243; de la manga y gru&#241;&#243;:

Si&#233;ntate. Debe dec&#237;rnoslo el se&#241;or. Alawin trag&#243;, mir&#243; a su alrededor, obedeci&#243;.

Una especie de sonrisa dej&#243; ver los dientes entre la barba amarilla de Hathawulf. Llevaba en el mundo nueve a&#241;os m&#225;s que aquel medio hermano, cuatro a&#241;os m&#225;s que su hermano Solbern, pero parec&#237;a mayor a&#250;n, y no s&#243;lo por su altura, anchos hombros y paso seguro; el liderazgo hab&#237;a sido suyo durante los &#250;ltimos cinco de esos a&#241;os, despu&#233;s de la muerte de su padre Tharasmund, y eso hab&#237;a acelerado el crecimiento de su alma. Algunos murmuraban que Ulrica ten&#237;a demasiado control sobre Hathawulf, pero quien pusiese en duda su hombr&#237;a tendr&#237;a que enfrentarse a &#233;l en una lucha y era poco probable que saliese caminando de ella.

S&#237;dijo, sin esfuerzo, pero sin embargo se le oy&#243; de un extremo al otro del edificio. Sacad el vino, mozas; bebed bien hombres, haced el amor a vuestras mujeres, disponed el material de guerra; amigos que hab&#233;is venido a ofrecernos ayuda, mi m&#225;s profundo agradecimiento: ma&#241;ana al amanecer cabalgaremos para matar al asesino de mi hermana.

Ermanarico dijo Solbern. Era m&#225;s bajo y oscuro que Hathawulf, m&#225;s dado a atender su granja y dar forma a las cosas con sus manos que a perseguir y hacer la guerra; pero escupi&#243; el nombre como si hubiese sido un veneno en la boca.

Un suspiro de alivio, m&#225;s que de sorpresa, recorri&#243; el sal&#243;n, aunque algunas de las mujeres se retiraron, o se acercaron a sus maridos, hermanos, padres, j&#243;venes con los que alg&#250;n d&#237;a podr&#237;an casarse. Unos pocos terratenientes rugieron, casi con alegr&#237;a, desde lo m&#225;s profundo de la garganta. Otros se volvieron sombr&#237;os.

Entre estos &#250;ltimos se encontraba Liuderis, el que hab&#237;a retenido a Alawin. Se puso en pie sobre el banco, por lo que se encontraba por encima de todos. Era un hombre fornido, de pelo gris y lleno de cicatrices, antiguo hombre de confianza de Tharasmund. Pregunt&#243;:

&#191;Luchar&#237;as contra el rey al que diste tu palabra?

Ese juramento dej&#243; de tener sentido cuando hizo que Swanhild fuese pisoteada por los cascos de los caballos.

Pero &#233;l dice que Randwar planeaba su muerte.

&#161;&#201;l lo dice! grit&#243; Ulrica. Se adelant&#243; para situarse all&#237; donde quedaba m&#225;s iluminada: un mujer grande, las trenzas recogidas medio grises y medio todav&#237;a rojizas alrededor de un rostro cuyas l&#237;neas se hab&#237;an congelado en la seriedad de la mism&#237;sima Weard. Costosas pieles adornaban la capa de Ulrica; el vestido que llevaba era de seda del este; el &#225;mbar de las tierras del norte reluc&#237;a en su cuello: porque era hija de un rey que se hab&#237;a emparentado con la casa de Tharasmund, que descend&#237;a de los dioses.

Se detuvo con los pu&#241;os apretados, y los agit&#243; frente a Liuderis y el resto:

Bien pod&#237;a Randwar el Rojo haber buscado la destituci&#243;n de Ermanarico. Durante demasiado tiempo han tenido que sufrir los godos a ese perro. S&#237;, le llamo perro, a Ermanarico, que no es digno de vivir. No me dig&#225;is que nos hizo poderosos y que sus dominios se extienden desde el mar B&#225;ltico al mar Negro. Son sus dominios, no los nuestros, y no le sobrevivir&#225;n. Hablad, mejor, de contribuciones casi ruinosas, de esposas y doncellas deshonradas, de tierras tomadas sin derecho y de gente arrojada de sus casas, de hombres derribados o quemados en sus moradas simplemente por haberse atrevido a hablar en su contra. Recordad c&#243;mo mat&#243; a sus sobrinos y a las familias de &#233;stos cuando no consigui&#243; su tesoro. Pensad en c&#243;mo hizo colgar a Randwar, simplemente por la palabra de Sibicho Mannfrithsson Sibicho, la v&#237;bora siempre silbando a o&#237;dos del rey. Y preguntaos esto. Incluso si Randwar se hubiese convertido realmente en el enemigo de Ermanarico, traicionado antes de poder vengar un ataque contra su gente incluso si fuese as&#237;, &#191;por qu&#233; deb&#237;a morir tambi&#233;n Swanhild? S&#243;lo era su esposa. Ulrica tom&#243; aliento. Tambi&#233;n era la hija de Tharasmund y m&#237;a, la hermana de vuestro jefe Hathawulf y de su hermano Solbern. Ellos, que nacieron de Wodan, enviar&#225;n a Ermanarico al mundo subterr&#225;neo para que se convierta en su esclavo.

Hablasteis con vuestros hijos durante medio d&#237;a, mi dama dijo Liuderis. &#191;Cu&#225;nto de esto es vuestra voluntad y no la de ellos?

Hathawulf se llev&#243; la mano a la espada.

Habl&#225;is demasiado contest&#243;.

No pretend&#237;a ofender empez&#243; a decir el guerrero.

La tierra llora por la sangre de la dulce Swanhild dijo Ulrica. &#191;Nos volver&#225; a dar frutos si no la lavamos con la sangre de su asesino?

Solbern estaba m&#225;s calmado.

Vosotros, tervingos, sab&#233;is bien que los problemas se han estado fraguando durante a&#241;os entre el rey y nuestra tribu. &#191;Por qu&#233; si no vinisteis aqu&#237; cuando o&#237;steis lo que hab&#237;a pasado? &#191;No pens&#225;is todos que quiz&#225; esto se hizo para probar nuestro temple? Si nos quedamos en nuestros hogares, si Heorot acepta cualquier compensaci&#243;n que pueda ofrecer, sabr&#225; que tiene libertad para aplastamos por completo.

Liuderis asinti&#243;, cruz&#243; los brazos sobre el pecho, y contest&#243; con firmeza:

Bien, no entrar&#233;is en batalla sin mis hijos y sin m&#237;, mientras esta vieja cabeza se encuentre sobre la tierra. Pero ciertamente me pregunto si t&#250; y Hathawulf no est&#225;is siendo temerarios. Ermanarico es fuerte. &#191;No ser&#237;a mejor tomarnos nuestro tiempo, prepararnos, reunir hombres de tribus vecinas antes de atacar?

Hathawulf volvi&#243; a sonre&#237;r, con algo m&#225;s de calor que antes.

Ya hemos pensado en eso dijo con tono firme. Si nos concedemos tiempo a nosotros mismos, tambi&#233;n damos tiempo al rey. No creo que pudi&#233;semos levantar muchas lanzas contra &#233;l. No mientras los hunos merodeen por los caminos, los pueblos vasallos se muestren reacios al pago de tributos y los romanos puedan ver, en una guerra entre godos, una oportunidad de entrar y conquistarlo todo. Adem&#225;s, Ermanarico no permanecer&#225; ocioso antes de moverse para humillar a los tervingos. No, debemos atacar ahora, cuando no lo espera, cogerlo por sorpresa, superar a sus guardias, que no son muchos m&#225;s de los que estamos aqu&#237;, matar a Ermanarico con un golpe r&#225;pido y limpio, y despu&#233;s convocar una asamblea para elegir un nuevo rey justo.

Liuderis volvi&#243; a asentir.

He dicho lo que pienso, t&#250; has dicho lo que piensas. Ahora dejemos de hablar. Ma&#241;ana cabalgaremos. Se sent&#243;.

Es un riesgo dijo Ulrica. &#201;stos son mis &#250;ltimos hijos vivos, y quiz&#225; vayan a su muerte. Eso ser&#225; como desee Weard, que decide por igual el destino de hombres y dioses. Pero preferir&#237;a que mis hijos muriesen con valor antes de que se arrodillasen frente al asesino de su hermana. Eso no traer&#237;a suerte.

El joven Alawin volvi&#243; a ponerse en pie de un salto. Sac&#243; el cuchillo.

&#161;Nosotros no moriremos! grit&#243;. &#161;Ermanarico morir&#225;, y Hathawulf ser&#225; rey de los ostrogodos!

De los hombres se elev&#243; un rugido lento, como una ola que se aproximase.

Solbern el Sobrio recorri&#243; la estancia. La multitud lo dej&#243; pasar. El junco trenzado y el suelo de barro resonaron bajo sus botas.

&#191;Te he o&#237;do decir nosotros? pregunt&#243; por entre los retumbos. No, eres un muchacho. Te quedar&#225;s en casa.

Las aterciopeladas mejillas se sonrojaron.

&#161;Soy suficiente hombre para luchar por mi casa! grit&#243; Alawin.

Ulrica se envar&#243; all&#237; donde estaba. De ella salt&#243; la crueldad.

&#191;Tu casa, bastardo?

El alboroto creciente muri&#243;. Los hombres se miraron inc&#243;modos. No Presagiaba nada bueno que en una hora aciaga como aqu&#233;lla se liberase un odio antiguo como &#233;se. La madre de Alawin, Erelieva, no s&#243;lo hab&#237;a sido una amante para Tharasmund, se hab&#237;a convertido en la &#250;nica mujer que le importaba, y Ulrica se hab&#237;a regocijado casi abiertamente cuando cada hijo que par&#237;a Erelieva, excepto el primero, mor&#237;a joven. Despu&#233;s de que el jefe guerrero hubiese tomado el camino del infierno, los amigos de Erelieva se hab&#237;an apresurado a casarla con un terrateniente que viv&#237;a lejos de la casa comunal. Alawin se hab&#237;a quedado, lo adecuado para el hijo de un se&#241;or, pero Ulrica siempre lo aguijoneaba.

Los ojos se encontraron entre el humo y la luz del fuego llena de sombras.

S&#237;, mi casa grit&#243; Alawin, y Swanhild tambi&#233;n era mmmmi hermana. El tartamudeo le hizo morderse el labio inferior con verg&#252;enza.

Calma, calma. Hathawulf volvi&#243; a levantar el brazo. Tienes derecho, muchacho, y haces bien en reclamarlo. S&#237;, cabalga con nosotros cuando llegue la aurora. Su mirada desafi&#243; a Ulrica. Ella torci&#243; la boca pero no dijo nada. Todos supieron que deseaba que el joven muriese.

Hathawulf camin&#243; hacia la silla alta situada en medio del sal&#243;n. Resonaron sus palabras:

&#161;No m&#225;s peleas! Esta noche seremos felices. Pero primero, Anslaug a su esposa ven a sentarte a mi lado y juntos beberemos de la copa de Wodan.

Resonaron los pies, los pu&#241;os golpearon la madera, los cuchillos se encendieron como antorchas. Las mujeres empezaron a rugir con los hombres.

Hail!Hail!Hail!

La puerta se abri&#243;.

La noche llegaba r&#225;pido en oto&#241;o, por lo que el reci&#233;n llegado permanec&#237;a de pie en la oscuridad. El viento agitaba los bordes de su manto, levantaba hojas muertas, silbaba y enfriaba la habitaci&#243;n. Todos se volvieron para ver qui&#233;n hab&#237;a llegado, tomaron aliento, e incluso aquellos que hab&#237;an estado sentados se pusieron en pie. Era el Errante.

Era m&#225;s alto que ellos y sosten&#237;a la lanza m&#225;s como un bast&#243;n que como un arma, como si no tuviese necesidad del hierro. Un sombrero de ala ancha le cubr&#237;a el rostro, pero no el pelo gris como el de un lobo ni la barba, no el brillo de sus ojos. Pocos de ellos le hab&#237;an visto alguna vez, pocos hab&#237;an estado presentes cuando hac&#237;a sus apariciones; pero todos reconoc&#237;an al antepasado de los jefes tervingos.

Ulrica fue la primera en recuperarse.

Saludos, Errante, y bienvenido dijo. Honr&#225;is nuestro techo. Venid, ocupad la silla alta y os traeremos un cuerno de vino.

No, una copa, una copa romana, la mejor que tenemos dijo Solbern.

Hathawulf fue a la puerta, cuadr&#243; los hombros y permaneci&#243; frente al Anciano.

Sab&#233;is lo que pasa dijo. &#191;Qu&#233; ten&#233;is para nosotros?

Esto contest&#243; el Errante. Ten&#237;a la voz profunda, con un acento distinto del de los godos del sur o de cualquiera de los que conoc&#237;an. Los hombres supon&#237;an que su lengua natal era la lengua de los dioses. Esa noche sonaba pesada, como si la empujase la pena. Est&#225;is dispuestos a la venganza, Hathawulf y Solbern, y eso no puede cambiarse; es la voluntad de Weard. Pero Alawin no ir&#225; con vosotros.

El joven se hundi&#243;, poni&#233;ndose blanco. De su garganta sali&#243; un d&#233;bil gemido.

La mirada del Errante recorri&#243; el sal&#243;n para mirarlo.

Es necesario. Sigui&#243; hablando, lenta palabra tras lenta palabra. No te insulto cuando digo que s&#243;lo eres medio adulto y que morir&#225;s con valor pero sin necesidad. Todos los hombres que est&#225;n aqu&#237; fueron antes muchachos. No, en lugar de eso te digo que tu tarea ha de ser otra, m&#225;s dura y extra&#241;a que la venganza, para bien de esa gente que surgi&#243; de la madre del padre de tu padre, Jorith  &#191;hab&#237;a temblado ligeramente el tono? y yo mismo. Aguanta, Alawin. Tu hora llegar&#225; pronto.

Se se har&#225; como dese&#225;is, se&#241;or dijo Hathawulf con la garganta agarrotada. Pero &#191;qu&#233; significa eso para los que cabalgaremos ma&#241;ana?

El Errante lo mir&#243; durante un rato en que se hizo el silencio antes de contestar.

No deseas saberlo. Sean buenas o malas palabras, no deseas conocerlas.

Alawin se derrumb&#243; sobre su banco, puso la cabeza entre las manos y se estremeci&#243;.

Adi&#243;s dijo el Errante. La capa se arremolin&#243;, la lanza se agit&#243;, la puerta se cerr&#243; y se fue.



1935

No me cambi&#233; de ropa hasta que mi veh&#237;culo me llev&#243; por el espacio-tiempo. Entonces, en la base de la Patrulla camuflada como almac&#233;n, me quit&#233; la ropa del valle del Dni&#233;per, finales del siglo XX, y me puse la de Estados Unidos, mediados del siglo XX.

La forma b&#225;sica, camisas y pantalones para los hombres, vestidos para las mujeres, era la misma. Las diferencias en los detalles eran incontables. A pesar de la tela basta, el traje godo era m&#225;s c&#243;modo que una chaqueta y corbata. Lo guard&#233; en la caja de mi saltador, junto con dispositivos especiales como el peque&#241;o aparato que us&#233; para escuchar, desde el exterior, lo que suced&#237;a en el sal&#243;n del pez gordo tervingo. Como la lanza no cab&#237;a, la dej&#233; atada a un lateral de la m&#225;quina. No iba a ir a ninguno sitio m&#225;s que al entorno al que pertenec&#237;a aquel arma.

El agente de guardia de ese d&#237;a rondaba los veinte a&#241;os joven para los tiempos modernos; en la mayor parte de las &#233;pocas ya hubiese sido un hombre situado y con familia y yo lo desconcertaba un tanto. Cierto, mi situaci&#243;n como miembro de la Patrulla del Tiempo era un tecnicismo, como en su caso. Yo no participaba en la vigilancia de los senderos espaciotemporales, en el rescate de viajeros en apuros o un algo tan glamoroso como eso. No era m&#225;s que un cient&#237;fico; estudioso ser&#237;a probablemente m&#225;s adecuado. Sin embargo, yo realizaba viajes solo, algo para lo que &#233;l no estaba cualificado.

Me mir&#243; mientras sal&#237;a del hangar de la an&#243;nima oficina, supuestamente una empresa de construcci&#243;n, que era nuestra fachada en aquella ciudad y en esa &#233;poca.

Bienvenido a casa, se&#241;or Farness dijo. Eh, tuvo un viaje agitado, &#191;no?

&#191;Qu&#233; te hace pensarlo? contest&#233; autom&#225;ticamente.

Su expresi&#243;n, se&#241;or. La forma en que anda.

No corr&#237; peligro dije. No quer&#237;a hablar de ellos m&#225;s que con Laurie, y quiz&#225; ni siquiera con ella durante un tiempo, as&#237; que lo dej&#233; atr&#225;s y sal&#237; a la calle.

Aqu&#237; tambi&#233;n era oto&#241;o, uno de esos d&#237;as serenos y brillantes de los que a menudo disfrutaba Nueva York antes de volverse inhabitable; ese a&#241;o resultaba ser el anterior al de mi nacimiento. El cemento y el vidrio reluc&#237;an m&#225;s altos que el cielo, hasta el azul donde unas cuantas nubes fragmentadas corr&#237;an empujadas por una brisa que me daba su beso fr&#237;o. Los coches eran pocos y no hac&#237;an sino a&#241;adir al aire cierto aroma, superado por el olor de los carritos de casta&#241;as que empezaban a surgir del letargo. Fui por la Quinta Avenida y dej&#233; atr&#225;s tiendas llenas de encanto, algunas de las mujeres m&#225;s hermosas del mundo y gente de toda la rica diversidad de nuestro planeta.

Mi esperanza era que yendo a casa a pie pudiese quemar parte de la tensi&#243;n y la tristeza que me embargaban. La ciudad no s&#243;lo pod&#237;a estimular, tambi&#233;n pod&#237;a curar, &#191;no? All&#237; es donde Laurie y yo hab&#237;amos decidido vivir, cuando nos pod&#237;amos haber establecido en cualquier lugar del pasado o el futuro.

No, no era del todo correcto. Como la mayor&#237;a de las parejas, quer&#237;amos un nido en un lugar razonablemente familiar, donde no tuvi&#233;semos que aprenderlo todo desde el principio y mantenernos siempre en guardia. Los a&#241;os treinta eran un entorno maravilloso si eras un americano blanco, con buena salud y dinero. Las comodidades que faltaban, como el aire acondicionado, pod&#237;an instalarse sin llamar la atenci&#243;n y sino las usabas nunca cuando hab&#237;a visitas que no deb&#237;an saber que los viajeros en el tiempo exist&#237;an. Cierto, la banda de los Roosevelt estaba al mando, y la conversi&#243;n de la Rep&#250;blica en el Estado Corporativo todav&#237;a no hab&#237;a progresado mucho y todav&#237;a no afectaba a nuestras vidas privadas; la evidente desintegraci&#243;n de la sociedad no se convertir&#237;a en un proceso r&#225;pido y evidente (en mi opini&#243;n) hasta despu&#233;s de las elecciones de 1964.

En el Medio Oeste, donde ahora me llevaba mi madre, hubi&#233;semos tenido que ser prudentes hasta la incomodidad. Pero la mayor&#237;a de los neoyorquinos eran tolerantes, o al menos no eran curiosos. Una barba hasta el pecho y el pelo largo hasta los hombros, que me hab&#237;a atado en una coleta mientras estaba en la base, no atra&#237;an demasiadas miradas, no m&#225;s que unos gritos de &#161;Castor! por parte de los ni&#241;os. Para nuestro casero, vecinos y otros contempor&#225;neos, &#233;ramos un profesor retirado de filolog&#237;a germ&#225;nica y su esposa, y nuestras rarezas algo previsible. Como estaban las cosas, tampoco era una mentira.

Por tanto, el paseo deb&#237;a haberme calmado hasta cierto punto, devolvi&#233;ndome la perspectiva que deben tener los agentes de la Patrulla para evitar que las cosas que ven los vuelvan locos. Debemos comprender que lo que Pascal dijo es cierto de todos los seres humanos en todo el espacio-tiempo, nosotros incluidos El &#250;ltimo acto es tr&#225;gico, sin que importe lo agradable que fuese la comedia de los actos anteriores. Un poco de tierra sobre la cabeza y se ha acabado para siempre; comprenderlo en profundidad para vivir con calma aunque quiz&#225; sin serenidad. A esos godos m&#237;os les iba mejor que, digamos, a millones de jud&#237;os y gitanos europeos, a menos de diez a&#241;os en el futuro, o a millones de rusos en este mismo momento.

No serv&#237;a. Eran mis godos. Sus fantasmas se reun&#237;an a mi alrededor hasta que la calle, edificios, carne y sangre se convert&#237;an en irreales, en sue&#241;os mal recordados.

A ciegas, aceler&#233; el paso hacia el santuario que Laurie pudiese ofrecerme.

Ocup&#225;bamos un inmenso piso con vistas a Central Park, donde nos gustaba pasear en las noches agradables. El portero del apartamento no ten&#237;a adem&#225;s que ejercer de guardia armado. Hoy le he hecho da&#241;o por la brusquedad con la que le he devuelto el saludo, y lo he comprendido cuando ya estaba en el ascensor y era demasiado tarde. Ir hacia atr&#225;s en el tiempo para cambiar ese incidente hubiese violado la Directiva Primera de la Patrulla. No es que nada tan trivial pudiese afectar al continuo; es flexible dentro de ciertos l&#237;mites, y los efectos de las alteraciones normalmente se aten&#250;an con rapidez. En realidad, hay una interesante duda metaf&#237;sica sobre en qu&#233; medida el viajero del tiempo descubre el pasado y en qu&#233; medida lo crea. El gato de Schr&#246;dinger mira desde la historia as&#237; como desde la caja. Pero la Patrulla existe para asegurar que el tr&#225;fico temporal no aborte la serie de sucesos que producen al final a los superhumanos danelianos quienes fundaron la Patrulla cuando, en su propio remoto pasado, los hombres normales descubrieron c&#243;mo viajar cronol&#243;gicamente.

Mis pensamientos hab&#237;an huido a ese territorio conocido mientras permanec&#237;a atrapado en el ascensor. Hac&#237;a que los fantasmas fuesen m&#225;s distantes, menos vociferantes. Sin embargo, cuando entr&#233; en casa, me siguieron.

Un olor a aguarr&#225;s flotaba entre los libros que empapelaban el sal&#243;n. Laurie estaba consiguiendo cierto reconocimiento como pintora, aqu&#237;, en los a&#241;os treinta, cuando ya no era la preocupada esposa de un miembro de la facultad que hab&#237;a sido a finales de siglo. Le hab&#237;an ofrecido un trabajo en la Patrulla, pero lo rechaz&#243;: carec&#237;a de la fuerza f&#237;sica que requer&#237;a un agente de campo masculino o, especialmente, femenino en ciertas ocasiones, y los trabajos de rutina o referencia no le interesaban. Eso s&#237;, hab&#237;amos pasado vacaciones en algunos entornos ex&#243;ticos.

Me oy&#243; entrar y sali&#243; corriendo de su estudio para saludarme. Verla me alegr&#243; un poco el esp&#237;ritu. Con la bata manchada, el pelo rojo metido bajo un pa&#241;uelo, segu&#237;a siendo esbelta, &#225;gil y hermosa. Las arrugas alrededor de sus ojos verdes eran demasiado finas para ser apreciables hasta que se acerc&#243; lo suficiente para abrazarme.

Nuestros conocidos locales tend&#237;an a envidiarme una mujer que, adem&#225;s de ser encantadora, era mucho m&#225;s joven que yo. De hecho, la diferencia en fechas de nacimiento no era m&#225;s que de seis a&#241;os. Yo andaba por los cuarenta y tantos, y ya ten&#237;a el pelo gris, prematuramente, cuando la Patrulla me reclut&#243;, mientras que ella hab&#237;a conservado gran parte de su aspecto juvenil. El tratamiento antitan&#225;tico que ofrece nuestra organizaci&#243;n puede detener el proceso de envejecimiento, pero no invertir sus efectos.

Adem&#225;s, ella pasaba la mayor parte de su vida en el tiempo normal, a sesenta segundos por minuto. Pasaban d&#237;as, semanas, meses entre el momento en que yo, como agente de campo, me desped&#237;a por la ma&#241;ana y volv&#237;a a cenar un interludio durante el que pod&#237;a dedicarse a su carrera sin mi interrupci&#243;n. Mi edad acumulada se acercaba ya a los cien a&#241;os.

A veces parec&#237;an mil. Y se notaba.

&#161;Hola, Carl, querido! Peg&#243; los labios a los m&#237;os. La abrac&#233;. Si la pintura me manchaba el traje, &#191;qu&#233; importaba? Luego ella se ech&#243; atr&#225;s, me cogi&#243; ambas manos, y envi&#243; su mirada a mi interior.

Habl&#243; en voz baja:

Este viaje te ha hecho da&#241;o.

Sab&#237;a que as&#237; ser&#237;a le contest&#233; cansado.

Pero no sab&#237;as cu&#225;nto &#191;Estuviste fuera mucho tiempo?

No. En un momento te contar&#233; los detalles. Pero tuve suerte. Encontr&#233; un punto clave, hice lo que ten&#237;a que hacer y sal&#237; de all&#237;. Unas pocas horas de observaci&#243;n oculta, unos minutos de acci&#243;n y fini.

Supongo que podr&#237;as decir que es suerte. &#191;Debes volver pronto?

A esa era, s&#237;, bastante pronto. Pero quiero pasar un tiempo aqu&#237;, para descansar, meditar sobre lo que vi que iba a suceder &#191;Podr&#225;s soportarme, mir&#225;ndote, durante una semana o dos?

Cari&#241;o. Volvi&#243; a m&#237;.

De todas formas, tengo que trabajar con mis notas le dije al o&#237;do, pero por las tardes podemos salir a cenar, al teatro, divertirnos.

Oh, espero que puedas divertirte. No lo finjas por m&#237;.

M&#225;s adelante las cosas ser&#225;n m&#225;s f&#225;ciles le asegur&#233;. Simplemente estar&#233; realizando mi misi&#243;n original, grabando las canciones e historias que crear&#225;n sobre esto. Es s&#243;lo primero tengo que tener algo de realidad.

&#191;Debes?

S&#237;. No por prop&#243;sitos de estudio, no, supongo que no. Pero son mi gente. Lo son.

Me abraz&#243; con m&#225;s fuerza. Ella lo sab&#237;a.

Lo que no sab&#237;a, pens&#233; en un ataque de dolor lo que le ped&#237;a a Dios que no supiese era por qu&#233; me preocupaban tanto aquellos descendientes m&#237;os. Laurie no era celosa. Nunca hab&#237;a desaprobado el tiempo que Jorith y yo hab&#237;amos pasado juntos. Riendo, me dijo que no la privaba de nada y que a m&#237; me daba una posici&#243;n en la comunidad que estudiaba, lo que bien podr&#237;a ser &#250;nico en los anales de mi profesi&#243;n. Despu&#233;s hab&#237;a hecho todo lo posible para consolarme.

Lo que no me atrev&#237;a a decirle era que Jorith no era simplemente una amiga &#237;ntima que resultaba ser mujer. No pod&#237;a decirle que hab&#237;a amado a una que era polvo desde hac&#237;a mil seiscientos a&#241;os como la hab&#237;a amado a ella, la segu&#237;a amando, y quiz&#225; siempre lo har&#237;a.



300

El hogar de Winnithar el Mata Bisontes se encontraba en un acantilado sobre el r&#237;o V&#237;stula. Era un asentamiento: media docena de casas acumuladas alrededor de un patio, con granero, cobertizo, cocina, herrer&#237;a, f&#225;brica de cerveza y otros lugares cercanos de trabajo; porque su familia llevaba mucho tiempo viviendo all&#237; y hab&#237;an prosperado entre los tervingos. Al oeste hab&#237;a praderas y tierras de cultivo. Al este, sobre el agua, p&#225;ramos, aunque los asentamientos los ocupaban continuamente a medida que la tribu crec&#237;a.

Pod&#237;an haber talado por completo el bosque, de no haber sido porque un n&#250;mero cada vez mayor se iba. Era una &#233;poca agitada. No s&#243;lo hab&#237;a bandas guerreras; muchos sacaban sus lanzas y se peleaban all&#237; donde estaban. De lejos llegaban noticias de que los romanos a menudo se mataban entre s&#237; mientras se desmoronaba el reino que hab&#237;an creado sus antepasados. Y, sin embargo, pocos habitantes del norte hab&#237;an hecho algo m&#225;s atrevido que atacar las fronteras imperiales. Pero las tierras del sur, justo fuera de esas fronteras, c&#225;lidas, ricas, apenas defendidas por sus ocupantes, atra&#237;an a muchos godos que deseaban crearse un hogar propio.

Winnithar se qued&#243; donde estaba. Sin embargo, eso lo obligaba a pasar tanto tiempo luchando especialmente contra los v&#225;ndalos, pero en ocasiones contra tribus godas, greutungos y taifales como en el campo. A medida que sus hijos se acercaban a la madurez, empezaban a desear otro lugar.

As&#237; estaban las cosas cuando lleg&#243; Carl.

Apareci&#243; en invierno, cuando apenas nadie viajaba. Por esa raz&#243;n, los extra&#241;os eran doblemente bienvenidos, porque romp&#237;an la monoton&#237;a de sus vidas. Al principio, espi&#225;ndolo a una milla de distancia, lo tomaron por un simple vagabundo, porque viajaba solo y a pie. Sin embargo, sab&#237;a que su jefe querr&#237;a conocerlo.

Se acercaba, caminando con facilidad sobre el camino helado, usando la lanza como bast&#243;n. La capa azul era la &#250;nica nota de color en los campos cubiertos de nieve, con &#225;rboles desolados y cielos apagados. Los perros le aullaban y ladraban; no demostraba miedo, y despu&#233;s los hombres comprendieron que hubiese podido matar a aquellos que le hubiesen atacado. Hoy llamaron a las bestias y se encontraron con el extra&#241;o con todo respeto porque estaba claro que su ropa era de la mejor calidad y no estaba manchada, mientras que su persona era imponente. Era m&#225;s alto que el m&#225;s alto entre ellos, delgado pero fibroso, un hombre de barba gris tan &#225;gil como un joven. &#191;Qu&#233; contemplaban esos ojos p&#225;lidos?

Un guerrero se acerc&#243; para saludarlo.

Me llamo Carl dijo cuando le preguntaron, nada m&#225;s. Deseoso estar&#237;a de permanecer con vosotros. Las palabras godas le sal&#237;an con facilidad, pero el sonido, y en ocasiones el orden, no pertenec&#237;an a ning&#250;n dialecto que conociesen los tervingos.

Winnithar se hab&#237;a quedado en el sal&#243;n. Hubiese sido impropio de &#233;l mirar boquiabierto como un hombre com&#250;n. Cuando entr&#243; Carl, Winnithar le dijo desde su silla alta:

Bienvenido si vienes en paz y honradez. Que el Padre Tiwaz te proteja y que la Madre Frija te bendiga. Como era la antigua costumbre de la casa.

Muchas gracias contest&#243; Carl. Hab&#233;is sido muy amable diciendo eso a una persona que bien podr&#237;ais considerar un mendigo. No lo soy, y espero que este regalo os agrade. Meti&#243; la mano en la bolsa colgada al cinto y sac&#243; un anillo de brazo que le pas&#243; a Winnithar. Aquellos que se acercaron para mirar no pudieron sino jadear, porque el anillo era pesado, de oro puro y estaba h&#225;bilmente engarzado con gemas.

El anfitri&#243;n apenas pudo conservar la calma.

Es un regalo que podr&#237;a haber hecho un rey. Comparte mi asiento, Carl. Se trataba del sitio de honor. Qu&#233;date todo el tiempo que quieras. Bati&#243; palmas. &#161;Eh! grit&#243;, traed hidromiel para nuestro invitado, &#161;y para m&#237; para poder beber a su salud! A los zagales, mozas y ni&#241;os que se arremolinaban en el sal&#243;n: Volved al trabajo. Despu&#233;s de la cena oiremos todo lo que tenga que decirnos. Sin duda ahora est&#225; cansado.

Obedecieron rezongando.

&#191;Por qu&#233; lo dec&#237;s? le pregunt&#243; Carl.

La villa m&#225;s cercana donde puedes haber pasado la noche se encuentra a una buena distancia de aqu&#237; contest&#243; Winnithar.

No estuve all&#237; dijo Carl.

&#191;Qu&#233;?

Acabar&#237;ais descubri&#233;ndolo. No quiero que cre&#225;is que os miento.

Pero Winnithar lo mir&#243;, se tir&#243; del bigote y dijo lentamente: No eres de por aqu&#237;; debes de haber viajado desde lejos. Pero tu ropa est&#225; limpia, aunque no llevas otras prendas para cambiarte, ni comida o cualquier otra cosa que requiera un viajero. &#191;Qui&#233;n eres, de d&#243;nde vienes, y c&#243;mo?

El tono de Carl era amable, pero los que lo escucharon supieron que en el fondo hab&#237;a acero.

Hay cosas de las que no puedo hablar. Te doy mi palabra, que el trueno de Donar me golpee si es falsa, de que no soy un bandido, ni un enemigo de tu gente, ni alguien que te avergonzar&#237;a bajo tu techo.

Si el honor te exige mantener ciertas cosas en secreto, nadie te forzar&#225; a revelarlas dijo Winnithar. Pero debes comprender que no puedo evitar sentir curiosidad Agradable de ver fue el alivio con el que dej&#243; de hablar y exclam&#243;: Ah, aqu&#237; viene el hidromiel. &#201;sa que te entrega el cuerno es mi esposa Salvalindis, como corresponde a un invitado de tu rango.

Carl la salud&#243; con cortes&#237;a, aunque su miraba se desviada a la doncella que estaba a su lado, que le hab&#237;a tra&#237;do a Winnithar la bebida. Ten&#237;a dulces formas y se mov&#237;a como un cervatillo; el pelo suelto reluc&#237;a dorado m&#225;s all&#225; de una cara con huesos delicados, labios que sonre&#237;an con timidez, y ojos grandes con el color del cielo de verano.

Salvalindis se dio cuenta.

Has conocido a nuestra hija mayor le dijo a Carl, Jorith.



1980

Despu&#233;s del entrenamiento b&#225;sico en la Academia de la Patrulla, volv&#237; con Laurie el mismo d&#237;a en que la dej&#233;. Necesitaba un tiempo para descansar y readaptarme; causaba impresi&#243;n trasladarse desde el periodo Oligoceno hasta una ciudad universitaria de Pensilvania Adem&#225;s, ten&#237;amos que dejar los asuntos mundanos en orden. Por mi parte, deber&#237;a terminar el a&#241;o acad&#233;mico antes de renunciar para aceptar un trabajo mejor pagado en el extranjero. Laurie se ocup&#243; de la venta de nuestra casa y del traspaso de las cosas que no quer&#237;amos conservar donde fuese y cuando fuese que estableci&#233;semos nuestra residencia.

Fue duro decirle adi&#243;s a amigos de muchos a&#241;os. Prometimos visitas de vez en cuando, pero sab&#237;amos que ser&#237;an pocas y muy espaciadas, hasta cesar por completo. Las mentiras exigidas para conservar esas amistades ser&#237;an demasiado grandes. En todo caso, dejamos la impresi&#243;n de que mi puesto vagamente descrito era una tapadera para un cargo en la CIA.

Bien, ya me hab&#237;an advertido desde el Principio que la vida de un agente de la Patrulla del Tiempo se convert&#237;a en una serie de despedidas. Todav&#237;a ten&#237;a que descubrir lo que eso implicaba de verdad.

Todav&#237;a nos encontr&#225;bamos en el proceso de desarraigo cuando recib&#237; una llamada.

&#191;Profesor Farness? Soy Manse Everard, agente No asignado. Me preguntaba si podr&#237;amos vernos para hablar, quiz&#225; este fin de semana.

Me dio un vuelco el coraz&#243;n. No asignado es todo lo alto que puedes llegar en la organizaci&#243;n; en el mill&#243;n de a&#241;os, m&#225;s o menos, que la organizaci&#243;n protege, ese personal es raro. Normalmente un miembro, aunque sea un agente de polic&#237;a, trabaja en un entorno determinado, para que pueda conocerlo por completo, y como parte de un equipo bien coordinado. Los No asignados pueden ir a cualquier lugar que elijan y hacer virtualmente todo lo que les parezca conveniente, respondiendo s&#243;lo ante su conciencia, sus iguales y los danelianos.

Eh, claro, por supuesto, se&#241;or solt&#233;. El s&#225;bado estar&#237;a bien. &#191;Quiere venir aqu&#237;? Le garantizo una buena cena.

Gracias, pero preferir&#237;a que fuese aqu&#237; en todo caso la primera vez. Tengo los archivos, el terminal de ordenador y otras cosas &#250;tiles. S&#243;lo nosotros dos, por favor. No se preocupe por los horarios de las l&#237;neas a&#233;reas. Busque un lugar, podr&#237;a ser el s&#243;tano, donde nadie pueda verlo. Le han dado un localizador, &#191;no? Vale, lea las coordenadas y vuelva a llamarme. Lo recoger&#233; con el saltador.

Descubr&#237; despu&#233;s que eso era normal en &#233;l. Enorme, de aspecto duro, manejando m&#225;s poder del que so&#241;aron C&#233;sar o Gengis, era tan agradable como un zapato viejo.

Conmigo sentado en la montura detr&#225;s de &#233;l, saltamos por el espacio, en lugar del tiempo, hasta la base actual de la Patrulla en Nueva York. Desde all&#237; fuimos caminando hasta el apartamento que ten&#237;a. Le gustaban la suciedad, el desorden y el peligro tan poco como a m&#237;. Sin embargo, cre&#237;a que necesitaba un pied&#225;terre en el siglo XX, y se hab&#237;a acostumbrado a aquel lugar antes de que la decadencia hubiese llegado tan lejos.

Nac&#237; en su estado en 1924 me explic&#243;. Entr&#233; en la Patrulla a los treinta a&#241;os. Por eso decid&#237; que yo era el que deb&#237;a entrevistarlo. Tenemos muchas cosas en com&#250;n; deber&#237;amos entendernos.

Tom&#233; un buen trago del whisky con soda que me hab&#237;a servido y dije con cautela:

Yo no estoy tan seguro, se&#241;or. En la Academia o&#237; cosas sobre usted. Parece haber llevado una vida bastante aventurera antes de incorporarse. Y despu&#233;s Yo, en cambio, he sido un tipo bastante sedentario.

En realidad, no. Everard mir&#243; las notas que sosten&#237;a en la mano. Manten&#237;a la izquierda alrededor de una gastada pipa de brezo. De vez en cuando la chupaba o tomaba un trago. Vamos a refrescar mi memoria, &#191;eh? No entr&#243; en combate durante su periodo en el Ej&#233;rcito, pero eso fue porque sirvi&#243; dos a&#241;os en lo que rid&#237;culamente llamamos tiempos de paz. Eso s&#237;, consigui&#243; la puntuaci&#243;n m&#225;s alta en las pr&#225;cticas de tiro. Siempre le ha gustado la vida al aire libre: el monta&#241;ismo, el esqu&#237;, navegar, nadar. Y en la universidad, jug&#243; al f&#250;tbol y gan&#243; la letra a pesar de esa constituci&#243;n larguirucha. En la universidad sus aficiones inclu&#237;an tiro con arco y esgrima. Ha viajado mucho, no siempre a lugares normales y seguros. S&#237;, yo dir&#237;a que es lo suficientemente aventurero para lo que queremos. Es posible que ligeramente demasiado aventurero. Eso es lo que intento descubrir.

Inc&#243;modo, mir&#233; la habitaci&#243;n. Situada en un piso alto, era un oasis de tranquilidad y orden. Las paredes estaban cubiertas de estanter&#237;as, excepto por tres cuadros excelentes y un par de lanzas de la Edad de Bronce. Por lo dem&#225;s, el &#250;nico recuerdo evidente era una alfombra de piel de oso polar que me coment&#243; ven&#237;a de la Groenlandia del siglo X.

Ha estado casado durante veintitr&#233;s a&#241;os con la misma mujer coment&#243; Everard. En estos d&#237;as, eso indica un car&#225;cter estable.

No hab&#237;a ning&#250;n toque femenino. Pero podr&#237;a tener mujer, o mujeres, en alg&#250;n otro momento del tiempo.

No tienen hijos sigui&#243; diciendo Everard. Bueno, no es asunto m&#237;o, pero sabe, &#191;no?, que si lo desean nuestros m&#233;dicos pueden reparar todas las causas de la infertilidad a este lado de la menopausia. Tambi&#233;n pueden compensar un embarazo tard&#237;o.

Gracias dije. Trompas de Falopio S&#237;, Laurie y yo hemos hablado de ello. Puede que alg&#250;n d&#237;a aprovechemos la oportunidad. Pero no creemos que fuese adecuado comenzar una nueva carrera y la paternidad todo junto esboc&#233; una sonrisa. Si simultaneidad significa algo para un patrullero.

Una actitud responsable. Me gusta asinti&#243; Everard.

&#191;Por qu&#233; esta entrevista, se&#241;or? me aventur&#233; a decir. No se me invit&#243; a alistarme simplemente por la recomendaci&#243;n de Herbert Ganz. Su gente me hizo pasar por una bater&#237;a de pruebas psicol&#243;gicas del lejano futuro antes de explicarme nada.

Hab&#237;an dicho que eran un conjunto de experimentos cient&#237;ficos. Yo hab&#237;a cooperado porque Ganz me lo hab&#237;a pedido, como favor para un amigo suyo. No era su campo; &#233;l se encontraba en lengua germana y literatura, igual que yo. Nos hab&#237;amos conocido en una reuni&#243;n profesional, nos hab&#237;amos hecho amigos y nos escrib&#237;amos a menudo. &#201;l hab&#237;a elogiado mis art&#237;culos sobre Deor y Widsitb, yo el suyo sobre la Biblia g&#243;tica.

Naturalmente, entonces no sab&#237;a que era suya. Fue publicada en Berl&#237;n en 1853. M&#225;s tarde lo reclut&#243; la Patrulla y, finalmente, vino al futuro bajo un nombre supuesto, en busca de talentos para su empresa.

Everard se recost&#243;. Me mir&#243; fijamente por encima de la pipa.

Bien dijo, las m&#225;quinas nos dijeron que usted y su esposa eran de fiar, y que a los dos les encantar&#237;a la verdad. Lo que no pod&#237;an medir era su competencia para el trabajo que se le propuso. Perd&#243;neme, no quiero insultarlo. Nadie es bueno en todo, y estas misiones ser&#225;n duras, solitarias y delicadas. Hizo una pausa. S&#237;, delicadas. Puede que los godos sean b&#225;rbaros, pero eso no quiere decir que sean est&#250;pidos, o que no puedan sufrir como usted o como yo.

Lo comprendo dije. Pero mire, todo lo que tiene que hacer es leer los informes que presentar&#233; en mi futuro personal. Si los primeros informes revelan que soy un chapucero, entonces d&#237;game que me quede en casa y que me convierta en un investigador de biblioteca. La Patrulla tambi&#233;n los necesita, &#191;no?

Everard suspir&#243;.

He preguntado, y me han dicho que sus intervenciones fueron ser&#225;n habr&#225;n sido satisfactorias. No es suficiente. No comprende, porque no lo ha experimentado, lo sobrecargada que est&#225; la Patrulla, hasta qu&#233; punto estamos dispersos por la historia. No podemos examinar cada detalle de lo que hace un agente de campo. Eso es especialmente cierto cuando &#233;l o ella no es un polic&#237;a como yo, sino un cient&#237;fico como usted, explorando un entorno poco, o completamente desconocido. Se permiti&#243; un buen trago de bebida Por eso tiene la Patrulla una rama cient&#237;fica. Para hacerse una idea ligeramente mejor de qu&#233; sucesos se supone que deben evitar alterarlos viajeros temporales.

&#191;Representar&#237;a una diferencia significativa en una situaci&#243;n tan oscura como &#233;sa?

Podr&#237;a. A su debido tiempo, los godos interpretan un papel importante, &#191;no? &#191;Qui&#233;n sabe lo que sucede al principio? Una victoria o una derrota, un rescate o una muerte, un cierto individuo que nace o no nace. &#191;Qui&#233;n sabe qu&#233; efectos podr&#237;a tener eso a medida que sus resultados se propagan por el tiempo?

Pero yo no me ocupar&#233; de acontecimientos reales m&#225;s que indirectamente arg&#252;&#237;. Mi objetivo es ayudar a recuperar varias historias y poemas perdidos, y descubrir c&#243;mo se gestaron y c&#243;mo influyeron en obras posteriores.

Everard sonri&#243; con tristeza.

S&#237;, lo s&#233;. El gran proyecto de Ganz. La Patrulla lo apoya porque es la &#250;nica cu&#241;a de entrada, la &#250;nica que hemos encontrado, para registrar la historia de ese entorno.

Se termin&#243; la copa y se puso en pie.

&#191;Le apetece otra? propuso. Y luego almorzaremos. Mientras tanto, me gustar&#237;a que me contase exactamente en qu&#233; consiste su proyecto.

Pero debe de haber hablado con Herbert con el profesor Ganz dije sorprendido. Eh, gracias, me gustar&#237;a tomar otra, s&#237;.

Claro dijo Everard, sirviendo. Recuperar literatura germ&#225;nica de la Edad Oscura. Si literatura es la palabra correcta para algo que fue originalmente oral en sociedades analfabetas. Sobre el papel s&#243;lo han sobrevivido meros fragmentos, y los estudiosos no se ponen de acuerdo en el grado de corrupci&#243;n de esas copias. Ganz trabajaba sobre la &#233;p&#237;ca de, humm los nibelungos. Lo que no entiendo del todo es d&#243;nde encaja usted. Se trata de una historia del valle del Rin. Usted quiere ir a corretear en solitario por la Europa del Este en el siglo IV.

Sus modales me ayudaron a tranquilizarme m&#225;s que el whisky.

Espero poder seguir la parte de Ermanarico le dije. No est&#225; del todo completa, pero tiene relaci&#243;n y, adem&#225;s, es interesante en s&#237; misma.

&#191;Ermanarico ? &#191;Qui&#233;n es &#233;se? Everard me pas&#243; el vaso y se sent&#243; a escuchar.

Quiz&#225; sea mejor que retroceda un poco dije. &#191;Est&#225; familiarizado con la obra nibelungovolsunga?

Bien, he visto la trilog&#237;a de Wagner, El anillo del nibelungo. Y en una ocasi&#243;n que estuve de misi&#243;n en Escandinavia, cerca del final del periodo vikingo, o&#237; una historia sobre Sigurd, que mat&#243; un drag&#243;n y despert&#243; a la valquiria y luego lo jorob&#243; todo.

Eso es una peque&#241;a parte de la historia, se&#241;or.

Bastar&#225; con Manse, Carl.

Oh, eh, gracias. Es un honor. Para no parecer servil, me apresur&#233; a hablar con mi mejor est&#237;lo acad&#233;mico:

La Saga volsunga de Islandia se puso por escrito despu&#233;s que el Cantar de los nibelungos alem&#225;n, pero contiene una versi&#243;n de la historia m&#225;s antigua, primitiva y larga. La Edda mayor y la Edda menor tambi&#233;n contienen algo de ella. &#201;sas fueron las fuentes de las que Wagner bebi&#243; principalmente.

Sigurd el volsungo fue enga&#241;ado para que se casase con Gudrun la gjuking en lugar de con Brynhild la valquiria, y eso despert&#243; los celos entre las mujeres y condujo al final a la muerte de Sigurd. En Alemania, a esas personas se las conoce como Siegfried, Kriemhild de Burgundy y Brunhild de Isenstein, y los dioses paganos no aparecen; pero eso no importa ahora. Seg&#250;n las dos historias, Gudrun, o Kriemhild, se cas&#243; despu&#233;s con un rey llamado Atli, o Etzel, que no es m&#225;s que Atila el huno.

En ese punto las dos versiones divergen. En el Cantar de los nibelungos, Kriemhild atrae a sus hermanos a la corte de Etzel y hace que lo destruyan, como venganza por el asesinato de Siegfried. Teodorico el Grande, el ostrogodo que conquist&#243; Italia, entra en el episodio con el nombre de Dictrich de Berna, aunque hist&#243;ricamente pertenece a una generaci&#243;n posterior a la de Atila. Uno de sus seguidores, Hildebrand, se siente tan horrorizado por la crueldad y la traici&#243;n de Kriemhild que la mata. Hildebrand, por su parte, tiene leyenda propia: en una balada que Herb Ganz quiere recuperar en su totalidad, as&#237; como en obras derivadas. Ya puedes apreciar que es una confusi&#243;n de anacronismos.

Atila el huno, &#191;eh? rnurmur&#243; Everard. No era un hombre muy agradable, pero actuaba en pleno siglo v, cuando los chicos duros ya cabalgaban por Europa. T&#250; vas al siglo IV.

Exacto. Deja que te cuente la historia islandesa. Atli engatus&#243; a los hermanos de Gudrun porque quer&#237;a el oro del Rin. Ella intent&#243; advert&#237;rselo, pero ellos llegaron utilizando salvoconductos. Cuando se negaron a entregar el tesoro escondido o decirle d&#243;nde estaba, Atli los hizo matar. Gudrun se veng&#243;. Descuartiz&#243; a los hijos que le hab&#237;a dado y se los sirvi&#243; como comida. Luego lo apu&#241;al&#243; mientras dorm&#237;a, incendi&#243; su casa y abandon&#243; la tierra de los hunos. Con ella se llev&#243; a Svanhild, su hija con Sigurd.

Everard frunc&#237;a el ce&#241;o, concentr&#225;ndose. No era f&#225;cil seguir a todos esos personajes.

Gudrun lleg&#243; al pa&#237;s de los godos dije. All&#237; volvi&#243; a casarse y tuvo dos hijos, Hamther y Sorli. El rey de los godos se llama Jormunrek en la Saga y las Eddas, pero no hay duda de que era Ermanarico, que fue una oscura figura real entre mediados y finales del siglo IV. Los relatos difieren sobre si se cas&#243; con Svanhild y ella fue falsamente acusada de infidelidad, o si ella se cas&#243; con alguien que el rey descubri&#243; que conspiraba contra &#233;l y a quien colg&#243;. En cualquier caso, hizo que la pobre Svarihild fuese pisoteada por caballos hasta morir.

Para entonces, los hijos de Gudrun, Hamther y Sorli, eran hombres. Ella los incit&#243; a matar a Jormunrek para vengar a Svanhild. Por el camino se encontraron a su medio hermano Erp, que se ofreci&#243; a acompa&#241;arlos. Ellos lo mataron. Los manuscritos son vagos sobre la raz&#243;n. Mi suposici&#243;n es que Erp era el hijo de su padre con una concubina y hab&#237;a problemas de sangre entre ellos.

Los otros dos continuaron hasta el cuartel general de Jormunrek y atacaron. S&#243;lo eran ellos dos, pero invulnerables al acero, as&#237; que mataron hombres a diestro y siniestro, llegaron hasta el rey y lo hirieron de gravedad. Pero antes de poder terminar el trabajo, Hamther dej&#243; escapar el secreto de que con piedras pod&#237;an herirlos. O, seg&#250;n la saga, Od&#237;n apareci&#243; de pronto, bajo el aspecto de un anciano con un solo ojo, y comunic&#243; esa informaci&#243;n. Jormunrek orden&#243; a los guerreros que le quedaban que lapidasen a los hermanos, y as&#237; murieron. Ah&#237; termina la historia.

L&#250;gubre, &#191;eh? dijo Everard. Pens&#243; durante un minuto. Pero me parece que todo ese &#250;ltimo episodio de Gudrun en la tierra de los godos, debe haberse incorporado en una fecha muy posterior. Los anacronismos son exagerados.

Claro admit&#237;. Es muy com&#250;n en el folclore. Una historia importante atrae otras menores, incluso insignificantes. Por ejemplo, no fue W C. Fields quien dijo que no puede ser del todo malo un hombre que odia a los ni&#241;os y los perros. Fue otra persona, he olvidado qui&#233;n, al presentar a Fields durante un banquete.

Everard ri&#243;.

&#161;No me digas que la Patrulla deber&#237;a controlar la historia de Hollywood! Volvi&#243; a ponerse serio. Si esa sanguinaria historia no pertenece realmente al Cantar de los nibelungos, &#191;por que quieres estudiarla? &#191;Por qu&#233; quiere Ganz que lo hagas?

Bien, lleg&#243; hasta Escandinavia, donde inspir&#243; un par de buenos poemas (eso si no eran reelaboraciones de algo anterior), y pas&#243; a formar parte de la Saga volsunga. Las conexiones, la evoluci&#243;n global, nos interesan. Adem&#225;s, a Ermanarico se le cita en otros lugares por ejemplo, en ciertos romances en ingl&#233;s antiguo. As&#237; que debe de haber aparecido en muchas leyendas y obras de bardos que se han perdido. En su &#233;poca era poderoso, aunque por lo visto no resultaba un hombre muy agradable. El ciclo perdido de Ermanarico podr&#237;a ser tan importante y brillante como cualquier otra cosa que nos haya llegado desde el oeste y el norte. Podr&#237;a haber influido en la literatura germ&#225;nica de muchas formas diferentes.

&#191;Pretendes ir directamente a la corte? No te lo recomendar&#237;a, Carl. Muchos agentes de campo mueren porque se vuelven confiados.

Oh, no. Sucedi&#243; algo terrible, de donde surgieron las historias que se desplazaron hasta tan lejos, hasta llegar incluso a las cr&#243;nicas hist&#243;ricas. Creo que puedo acotar el momento en un periodo de unos diez a&#241;os. Pero pretendo familiarizarme por completo con todo el entorno antes de aventurarme a ese episodio.

Bien. &#191;Cu&#225;l es tu plan?

Tomar&#233; una lecci&#243;n electr&#243;nica de lengua g&#243;tica. Ya puedo leerla, pero quiero hablarla con fluidez, aunque sin duda tendr&#233; un acento extra&#241;o. Tambi&#233;n me meter&#233; en la cabeza lo poco que se sabe de sus costumbres, creencias y dem&#225;s. Ser&#225; poco. Los ostrogodos, si no los visigodos, estaban en el l&#237;mite mismo del campo intelectual de los romanos. Sin duda cambiaron considerablemente antes de desplazarse al oeste.

As&#237; que empezar&#233; bien en el pasado de mi &#233;poca de destino; de forma algo arbitraria estoy pensado en el 300 d.C. Conocer&#233; a la gente. Despu&#233;s reaparecer&#233; a intervalos y descubrir&#233; lo que ha ido pasando en mi ausencia. Brevemente, seguir&#233; los acontecimientos a medida que se acercan al acontecimiento. Despu&#233;s, aparecer&#233; aqu&#237; y all&#225;, escuchando a poetas y narradores, y grabar&#233; sus palabras.

Everard frunci&#243; el ce&#241;o.

Humm, ese procedimiento Bien, podemos discutir las posibles complicaciones. Tambi&#233;n te mover&#225;s mucho geogr&#225;ficamente, &#191;no?

S&#237;. Seg&#250;n las pocas tradiciones de los godos que se pusieron por escrito en el Imperio romano, los godos tuvieron su origen en lo que es ahora el centro de Suecia. Yo no creo que un pueblo tan numeroso pudiese venir de una zona tan limitada, incluso teniendo en cuenta el incremento natural, pero puede haber dado l&#237;deres y organizaci&#243;n, de la misma forma que hicieron los escandinavos con los nacientes estados rusos en el siglo IX.

Yo dir&#237;a que gran parte de los godos comenzaron siendo moradores del litoral sur del B&#225;ltico. Estaban al este de los germanos. Aunque no es que fuesen una &#250;nica naci&#243;n. Para cuando llegaron a la Europa del oeste, se hab&#237;an dividido en ostrogodos, que ocuparon Italia, y visigodos, que ocuparon Iberia. Lo que por cierto, dio a esas regiones los mejores gobiernos que hab&#237;an tenido en mucho tiempo. Con el tiempo, los invasores fueron a su vez invadidos y se disgregaron en el conjunto de la poblaci&#243;n.

&#191;Pero antes?

Los historiadores hablan de forma vaga sobre tribus. Para el 300 d.C. estaban bien establecidas a los largo del V&#237;stula, en el centro de la actual Polonia. Antes del final de ese siglo, los ostrogodos se encontraban en Ucrania y los visigodos justo al norte del Danubio, en la frontera romana. Aparentemente, una gran migraci&#243;n a lo largo de generaciones, porque parece que hab&#237;an abandonado el norte por completo, ocupado a su vez por tribus eslavas. Ermanarico era un ostrogodo, as&#237; que voy a seguir a esa rama.

Ambicioso dijo Everard dubitativo. Y eres nuevo.

Ganar&#233; experiencia sobre la marcha, Manse. T&#250; mismo lo admitiste, a la Patrulla le falta personal. M&#225;s a&#250;n, conseguir&#233; mucha historia que t&#250; deseas.

Everard sonri&#243;.

Eso s&#237;. Se puso en pie: Vamos, term&#237;nate la copa y vayamos a comer. Tendremos que cambiarnos de ropa, pero valdr&#225; la pena. Conozco un sal&#243;n local, a finales del xix, que ofrece unos magn&#237;ficos almuerzos gratis.



300302

Lleg&#243; el invierno y luego, poco a poco, con arrebatos de viento, nieve y lluvia helada, se retir&#243;. Para aquellos que viv&#237;an en el caser&#237;o junto al r&#237;o, ese a&#241;o los rigores de la estaci&#243;n fueron menores. Carl se aloj&#243; entre ellos.

Al principio muchos sintieron temor por el misterio que lo rodeaba; pero llegaron a comprender que no tra&#237;a malas intenciones ni mala suerte. Pero el sobrecogimiento que les produc&#237;a no mengu&#243;. Es m&#225;s, fue en aumento. Desde el principio Winnithar declar&#243; que no era adecuado que un invitado de su categor&#237;a durmiese sobre un banco como si se tratase de un vulgar propietario, y le ofreci&#243; una cama. Le ofreci&#243; a Carl que eligiese a una esclava para que se la calentase, pero el extra&#241;o rechaz&#243; la oferta con amabilidad y juicio. Acept&#243; comida y bebida, y tom&#243; un ba&#241;o y sali&#243; al retrete. Sin embargo, corri&#243; el rumor de que esas actividades no le eran necesarias, excepto para demostrar que era mortal.

Carl hablaba con suavidad y con amabilidad, de forma algo digna. Pod&#237;a re&#237;r, contar un chiste o relatar una historia divertida. Sal&#237;a a pie o a caballo, en compa&#241;&#237;a, a cazar o a visitar al terrateniente m&#225;s cercano o a hacer ofrendas a los Anses y participar en el fest&#237;n posterior. Particip&#243; en pruebas de tiro y lucha, hasta que qued&#243; claro que ning&#250;n hombre pod&#237;a derrotarle. Cuando jugaba a tabas o juegos de tablero, no siempre ganaba, aunque se extendi&#243; la idea de que era para evitar que los dem&#225;s temiesen brujer&#237;a. Hablaba con cualquiera, desde Winnithar hasta el sirviente m&#225;s bajo o el m&#225;s peque&#241;o de los ni&#241;os, y escuchaba con atenci&#243;n; ciertamente, les resultaba agradable, y era igualmente amable con subalternos y animales.

Pero en lo que se refer&#237;a a su propio yo, permanec&#237;a oculto.

Eso no significa que permaneciese sentado con seriedad. No, hac&#237;a fluir las palabras y la m&#250;sica como nadie. Deseoso de o&#237;r historias, poemas y canciones, dichos, todo lo que pudiese, &#233;l lo devolv&#237;a con creces. Porque parec&#237;a conocer todo el mundo, como si lo hubiese recorrido en persona durante m&#225;s de una vida.

Habl&#243; de Roma, la poderosa e inquieta, de su se&#241;or Diocleciano, sus guerras y leyes severas. Contestaba preguntas sobre el nuevo dios, el de la Cruz, del que los godos hab&#237;an o&#237;do hablar a comerciantes y esclavos venidos tan al norte. Les habl&#243; de los grandes enemigos de Roma, de los persas, y de las maravillas que hab&#237;an creado. Sus palabras avanzaban, noche tras noche hacia el sur, hasta tierras donde siempre hac&#237;a calor y la gente ten&#237;a la piel negra, y donde moraban bestias parecidas a los linces pero del tama&#241;o de osos. Les mostr&#243; otras bestias, dibuj&#225;ndolas con carb&#243;n sobre trozos de madera, y ellos gritaron de asombro; &#161;comparados con un elefante, un toro e incluso un trol no eran nada! Cerca del final del oriente, les dijo, hab&#237;a un reino m&#225;s ancho, antiguo y maravilloso que Roma o Persia. Sus habitantes ten&#237;an la piel del tono del &#225;mbar p&#225;lido y ojos que parec&#237;an l&#237;neas. Puesto que estaba plagado de tribus salvajes al norte, hab&#237;an construido una muralla tan larga como una cordillera monta&#241;osa, y desde entonces atacaban desde ese reducto. Por eso los hunos hab&#237;an ido al oeste. Ellos, que hab&#237;an derrotado a los Aslan y atacaban a los godos, s&#243;lo eran escoria bajo la mirada rasgada de Khitai. Y toda esa inmensidad no era todo lo que hab&#237;a. Si viajabas al oeste atravesando el dominio romano conocido como Galia, llegar&#237;as al Mundo Mar del que hab&#237;as o&#237;do historias fabulosas, y si tomabas un barco pero las embarcaciones que navegaban por los r&#237;os no eran lo suficientemente grandes y navegabas durante mucho tiempo, encontrar&#237;as el hogar de los sabios y ricos mayas

Carl tambi&#233;n ten&#237;a historias de hombres, mujeres y sus hechos: Sans&#243;n el fuerte, Deirdre la hermosa y desdichada, Crockett el cazador

Jorith, hija de Winnithar, olvidaba que ten&#237;a edad de casarse. Se sentaba en el suelo entre los ni&#241;os, a los pies de Carl, y escuchaba con atenci&#243;n mientras sus ojos reflejaban la luz del fuego y se convert&#237;an en soles.

No siempre estaba disponible. A menudo dec&#237;a que deb&#237;a estar solo y se alejaba. En una ocasi&#243;n, un muchacho, temerario pero h&#225;bil en el arte de seguir el rastro, lo sigui&#243; sin ser visto, a menos que Carl se dignase a no prestarle atenci&#243;n. El muchacho regres&#243; blanco y anonadado, para contar a trompicones que el barba gris hab&#237;a ido al bosquecillo de Tiwaz. Nadie penetraba entre esos oscuros pinos m&#225;s que la v&#237;spera del solsticio de invierno, cuando se ofrec&#237;an tres sacrificios de sangre caballo, perro y esclavo para que el Controlador del Lobo ordenase a la oscuridad y al fr&#237;o que se alejasen. El padre del muchacho lo azot&#243;, y despu&#233;s nadie habl&#243; abiertamente de ello. Si los dioses permit&#237;an que sucediese, mejor era no preguntar las razones.

Carl regresaba al cabo de unos d&#237;as, con ropa limpia y regalos. Eran cosas peque&#241;as, pero no ten&#237;an precio, ya fuese un cuchillo de hoja desusadamente larga, un pa&#241;uelo de lujosa tela extranjera, un espejo que superaba el cobre pulido o un estanque en calma los tesoros llegaban y llegaban, hasta que cada uno sin importar su posici&#243;n, hombre o mujer, tuvo al menos uno. Sobre ellos se limitaba a decir:

Conozco a los fabricantes.

La primavera lleg&#243; al norte, la nieve se fundi&#243;, las yemas se transformaron en hojas y flores, el r&#237;o flu&#237;a crecido. Los p&#225;jaros llenaron el cielo de alas y gritos. Corderos, becerros y potros trotaban por los potreros. La gente sal&#237;a, parpadeando por el s&#250;bito brillo; aireaban sus casas, ropas y almas. La Reina de la Primavera llev&#243; la imagen de Frija de granja en granja para bendecir la siembra y la cosecha, "entras j&#243;venes y doncellas adornados bailaban alrededor de su carruaje. Los anhelos despertaban.

Carl segu&#237;a y&#233;ndose, pero ahora volv&#237;a la misma noche. Jorith y &#233;l pasaban m&#225;s tiempo juntos. Incluso se internaban en el bosque, por caminos en flor, sobre los prados, m&#225;s all&#225; de la vista de todos. Ella caminaba como en sue&#241;os. Salvalindis, su madre, la reprendi&#243; por indecorosa &#191;no le importaba nada su buen nombre? hasta que Winnithar hizo callar a su mujer. El jefe era un astuto calculador. Y los hermanos de Jorith se alegraban.

Finalmente Salvalindis habl&#243; aparte con su hija. Buscaron un edificio en el que las mujeres se reun&#237;an para tejer y coser cuando no ten&#237;an otra cosa que hacer. Ahora s&#237; hab&#237;a trabajo, por lo que estaban a solas en la oscuridad. Salvalindis puso a Jorith entre ella y el ancho y pesado telar, como si quisiese atraparla, y pregunt&#243; directamente:

&#191;Has estado menos ociosa con el hombre Carl de lo que has estado en casa? &#191;Te ha pose&#237;do?

La doncella enrojeci&#243;, entrecruz&#243; los dedos y baj&#243; la vista.

No dijo. Puede hacerlo, cuando quiera. C&#243;mo me gustar&#237;a que lo hiciese. Pero s&#243;lo nos hemos cogido de la mano, besado un poco, y 

&#191;Y qu&#233;?

Hemos hablado. Cantado canciones. Re&#237;do. Hemos estado serios. Oh, madre, no es distante. Conmigo es m&#225;s amable y dulce que de lo que s&#233; que podr&#237;a serlo un hombre. Me habla como hablar&#237;a a alguien que puede pensar, no como a una esposa.

Salvalindis apret&#243; los labios.

Yo nunca dej&#233; de pensar cuando me cas&#233;. Tu padre puede que vea un poderoso aliado en Carl. Pero yo lo veo como un hombre sin tierra ni familia, m&#225;s como un hechicero, pero sin ra&#237;ces, sin ra&#237;ces.

&#191;Qu&#233; podr&#237;a ganar nuestra casa uni&#233;ndose a &#233;l? Bueno, s&#237;; conocimiento; pero &#191;de qu&#233; vale cuando ataca el enemigo? &#191;Qu&#233; le dejar&#237;a a sus hijos? &#191;Qu&#233; le unir&#237;a a ti pasada la novedad? Muchacha, est&#225;s siendo una tonta.

Jorith apret&#243; los pu&#241;os, pate&#243; el suelo y grit&#243; por entre l&#225;grimas que eran m&#225;s de furia que de pesar:

&#161;Cont&#233;n la lengua, vieja! Inmediatamente se call&#243;, tan asombrada como Salvalindis.

&#191;As&#237; le hablas a tu madre? dijo. S&#237;, hechicero es si te ha encantado. Tira al r&#237;o el broche que te dio, &#191;me oyes? Se dio la vuelta y abandon&#243; la habitaci&#243;n. Sus faldas se arrastraron furiosas sobre el suelo.

Jorith llor&#243;, pero no obedeci&#243;.

Y pronto todo cambi&#243;.

Un d&#237;a, cuando la lluvia ca&#237;a como lanzas, mientras el carro de Donar corr&#237;a en el cielo y el resplandor de su hacha cegaba, un jinete lleg&#243; galopando al asentamiento. Estaba apoyado en la silla y el caballo casi se ca&#237;a del cansancio. Sin embargo, agit&#243; una flecha en alto y les grit&#243; a quienes hab&#237;an desafiado al barro para acercarse:

&#161;Guerra! &#161;Los v&#225;ndalos se acercan!

Llevado al sal&#243;n, dijo frente a Winnithar:

Mis palabras son de mi padre, Aefli de Staghorn Dale. Las recibi&#243; de un hombre de Dagalaif Nevittasson, que huy&#243; de la masacre en Elkford para llevar el aviso. Pero ya Aefli ha visto una l&#237;nea en el cielo, donde las granjas deben arder.

Entonces son dos bandas murmur&#243; Winnithar. Al menos. Puede que m&#225;s. Este a&#241;o vienen pronto, y con fuerza.

&#191;C&#243;mo pueden abandonar sus terrenos durante la siembra? pregunt&#243; uno de sus hijos.

Winnithar suspir&#243;.

Tienen m&#225;s hijos de los que necesitan para trabajar. Adem&#225;s, he o&#237;do hablar de un rey, Hildarico, que ha tra&#237;do a varios clanes bajo el suyo. As&#237; disponen de m&#225;s efectivos, que se mueven con mayor rapidez y siguiendo un plan mejor que el nuestro. S&#237;, podr&#237;a ser la forma de Hildarico de apropiarse de nuestras tierras, por el bien de su propio reino en expansi&#243;n.

&#191;Qu&#233; haremos? quiso saber un viejo guerrero, firme como el hierro.

Reunir a los hombres vecinos e ir por otros mientras tengamos tiempo, como ha hecho Aefli, si no han sido ya destruidos. En la Roca de los jinetes Gemelos como anta&#241;o, &#191;eh? Puede que juntos no nos encontremos con una banda v&#225;ndala demasiado grande para nosotros.

Carl se agit&#243; all&#237; donde estaba sentado.

Pero &#191;qu&#233; hay de vuestros hogares? pregunt&#243;. Los saqueadores podr&#237;a venir por el flanco, ocultos, y caer sobre granjas como las vuestras. No dijo nada m&#225;s: saqueo, fuego, mujeres en sus mejores a&#241;os violadas, todos los dem&#225;s muertos.

Debemos arriesgarnos. En caso contrario nos destruir&#225;n poco a poco. Winnithar guard&#243; silencio. El fuego saltaba y se agitaba. Fuera, el viento aullaba y la lluvia golpeaba los muros. Busc&#243; a Carl con la mirada. No tenemos ni casco ni malla de tu medida. Quiz&#225; puedas conseguirlas all&#237; de donde sacas las cosas.

El extranjero se sent&#243; envarado. En su rostro las arrugas se profundizaron.

Winnithar dej&#243; caer los hombros.

Bien, &#233;sta no es tu batalla, &#191;no? Suspir&#243;. No eres un tervingo.

&#161;Carl, oh, Carl! Jorith sali&#243; de entre las mujeres.

Durante un largo momento, ella y el hombre gris se miraron. Luego &#233;l se agit&#243;, se volvi&#243; hacia Winnithar y dijo:

No temas. Ayudar&#233; a mis amigos. Pero debe ser a mi modo, y debes seguir mis consejos, los entiendas o no. &#191;Est&#225;s dispuesto a hacerlo?

Nadie vitore&#243;. Un sonido como el viento recorri&#243; la tenebrosa longitud del sal&#243;n.

Winnithar hizo acopio de valor.

S&#237; dijo. Ahora enviaremos a los jinetes para llevar flechas de guerra. El resto comeremos.

Lo que sucedi&#243; en las siguientes semanas nunca se supo en realidad. Los hombres partieron, plantaron su campamento, lucharon, y despu&#233;s volvieron a casa o no volvieron. Hablaron de un lancero de manto azul que recorr&#237;a el cielo en una montura que no era un caballo. Hablaron de monstruos terribles que atacaban las filas v&#225;ndalas, y de extra&#241;as luces en la oscuridad, y del temor ciego que atenazaba al enemigo hasta que &#233;l liberaba sus armas y ellos hu&#237;an corriendo. Se dijo que, de alguna forma, siempre encontraban una banda v&#225;ndala antes de que hubiese llegado a un asentamiento godo y hac&#237;an que huyese, debido a la falta de bot&#237;n, clan tras clan se retiraba y alejaba. Hablaron de victoria.

Sus jefes apenas pod&#237;an contar nada m&#225;s. Era el Errante el que les indicaba ad&#243;nde ir, qu&#233; esperar, c&#243;mo disponerse mejor para la batalla.

Era &#233;l quien iba m&#225;s r&#225;pido que el vendaval mientras tra&#237;a avisos y ordenes, &#233;l quien obtuvo la ayuda de greutungos, taifales y amalingos, &#233;l quien asombr&#243; a los poderosos hasta que trabajaron lado a lado como hab&#237;a ordenado.

Esas historias se desvanecieron en un par de generaciones. Eran demasiado extra&#241;as. En lugar de eso, volvieron a las historias de su pueblo. Anses, Wanes, trols, magos, fantasmas, &#191;no se hab&#237;an unido una y otra vez a las disputas de los hombres? Lo que importaba es que durante una d&#233;cada, los godos en el V&#237;stula superior conocieron la paz. Sigamos con la cosecha, dijeron: o lo que quisiesen hacer con sus vidas.

Pero Carl regres&#243; a Jorith como un rescatador.

Realmente no pod&#237;a casarse con ella. No ten&#237;a parientes conocidos. Pero los hombres que pod&#237;an permit&#237;rselo siempre hab&#237;an tomado una compa&#241;era; los godos no lo consideraban una verg&#252;enza, si el hombre cuidaba bien de la mujer y los ni&#241;os. Adem&#225;s, Carl no era un simple mozo, terrateniente o rey. La mism&#237;sima Salvalindis le llev&#243; a Jorith a la habitaci&#243;n alta cubierta de flores donde &#233;l la esperaba despu&#233;s de un fest&#237;n en el que se intercambiaron espl&#233;ndidos regalos.

Winnithar hizo que cortaran madera y la trajesen de m&#225;s all&#225; del r&#237;o, y levant&#243; una buena casa para los dos. Carl quer&#237;a algunas cosas extra&#241;as en el edificio, como un dormitorio independiente. Hab&#237;a adem&#225;s otra habitaci&#243;n, siempre cerrada menos cuando &#233;l entraba solo. Nunca estaba all&#237; demasiado tiempo, y ya no fue m&#225;s al bosquecillo de Tiwaz.

Los hombres dec&#237;an que &#233;l ten&#237;a en demasiada consideraci&#243;n a Jorith. Habitualmente intercambiaban miradas, o se alejaban de los otros, como un muchacho y una muchacha esclava. Sin embargo ella administraba bien la casa y, en todo caso, &#191;qui&#233;n iba a atreverse a re&#237;rse de &#233;l?

&#201;l mismo dejaba la mayor parte de las tareas del marido a un ayudante. Tra&#237;a las cosas que la casa necesitaba, o los medios para comprarlas. Y se convirti&#243; en un gran comerciante. Aquellos a&#241;os de paz no fueron a&#241;os aburridos. No, llegaban m&#225;s vendedores ambulantes que antes, que tra&#237;an &#225;mbar, pieles, miel, sebo del norte, vino, vidrio, metales, telas, cer&#225;mica fina del sur y el oeste. Siempre dispuesto a conocer a gente nueva, Carl recib&#237;a con esplendor a las personas de paso, e iba a las ferias y a las asambleas populares.

En esas asambleas &#233;l, que no pertenec&#237;a a la tribu, s&#243;lo observaba; pero despu&#233;s de las charlas del d&#237;a, las cosas se animaban alrededor de su puesto.

Sin embargo, los hombres se hac&#237;an preguntas, y las mujeres tambi&#233;n. Llegaban noticias de que un hombre, gris pero sano, que nadie conoc&#237;a formalmente de antes, aparec&#237;a a menudo entre otras tribus godas 

Pod&#237;a ser que sus ausencias fuesen la raz&#243;n de que Jorith no se quedase inmediatamente encinta; o podr&#237;a ser que ella era joven, apenas diecis&#233;is inviernos, cuando fue a su cama. Pas&#243; un a&#241;o antes de que las se&#241;ales fuesen inconfundibles.

Aunque sus n&#225;useas iban en aumento, rebosaba de alegr&#237;a. Nuevamente el comportamiento de Carl era extra&#241;o, porque parec&#237;a preocuparse menos de] ni&#241;o que ella esperaba que de la salud de Jorith. Incluso vigilaba lo que com&#237;a, d&#225;ndole frutas de tierras lejanas sin que importase la estaci&#243;n, aunque le prohib&#237;a tomar tanta sal como ella deseaba. Jorith obedec&#237;a con alegr&#237;a, diciendo que eso demostraba que &#233;l la amaba.

Mientras tanto, la vida segu&#237;a en el vecindario, y la muerte. En los entierros y funerales nadie se atrev&#237;a a hablar con Carl; estaba demasiado cerca de lo desconocido. Por otra parte, los jefes de las casas que le hab&#237;an elegido se sorprendieron cuando rechaz&#243; el honor de ser el hombre que mantendr&#237;a relaciones con la pr&#243;xima Reina de la Primavera.

Recordando lo que hab&#237;a hecho y lo que ten&#237;a de su parte, lo dejaron en paz.

Calor; cosecha; desolaci&#243;n; renacimiento; de nuevo verano, y Jorith lleg&#243; a su lecho de parturienta.

Sufri&#243; durante mucho tiempo. Soport&#243; con valor los dolores, pero las mujeres que la asist&#237;an se pon&#237;an m&#225;s serias con el paso del tiempo. A los elfos no les hubiese gustado que un hombre estuviese presente en ese momento. Ya era bastante malo que Carl hubiese exigido una limpieza exagerada. Esperaban que supiese lo que hac&#237;a.

Carl esperaba en la sala principal de su casa. Cuando llegaron las visitas, ten&#237;a hidromiel y bebida dispuestos como deb&#237;a ser, pero habl&#243; poco. Cuando se fueron a medianoche, no durmi&#243; sino que permaneci&#243; sentado a solas hasta el amanecer. De vez en cuando una comadrona o una asistenta ven&#237;a a decirle c&#243;mo iba el parto. A la luz de la l&#225;mpara ve&#237;an la mirada de Carl centrada en la puerta que siempre manten&#237;a cerrada.

A finales del segundo d&#237;a, la comadrona lo encontr&#243; con amigos. Entre ellos se hizo el silencio. Entonces, lo que llevaba entre los brazos dej&#243; escapar un quejido y Winnithar un grito. Carl se puso en pie, con el rostro p&#225;lido.

La mujer se arrodill&#243; frente a &#233;l, abri&#243; la manta y sobre el suelo, a los pies de su padre, se encontraba un ni&#241;o hombre, todav&#237;a cubierto de sangre pero agitando los brazos y llorando. Si Carl no pon&#237;a al ni&#241;o sobre su rodillas, ella lo llevar&#237;a al bosque y lo abandonar&#237;a a los lobos. &#201;l ni se molest&#243; en ver si ten&#237;a alg&#250;n defecto. Cogi&#243; la forma lloriqueante mientras dec&#237;a:

&#191;Jorith, c&#243;mo est&#225; Jorith ?

D&#233;bil dijo la comadrona. Ve ahora con ella si as&#237; lo deseas.

Carl le devolvi&#243; a su hijo y se apresur&#243; al dormitorio. Las mujeres que all&#237; se encontraban se hicieron a un lado. Se inclin&#243; sobre Jorith. Ella estaba p&#225;lida, cubierta de sudor, vac&#237;a. Pero cuando vio a su hombre alarg&#243; la mano e intent&#243; sonre&#237;r.

Dagoberto susurr&#243;. &#201;se era el nombre, antiguo en su familia, que hab&#237;a deseado, si era ni&#241;o.

Dagoberto, s&#237; dijo Carl en voz baja. Aunque era indecoroso hacerlo frente a otros, se inclin&#243; para besarla.

Ella cerr&#243; los p&#225;rpados y se hundi&#243; sobre la paja.

Gracias sali&#243; de su garganta, apenas audible. El hijo de un dios.

No 

De pronto Jorith se estremeci&#243;. Por un momento se agarr&#243; la frente. Volvi&#243; a abrir los ojos. Ten&#237;a las pupilas dilatadas y fijas. Perdi&#243; las fuerzas. Respiraba con dificultad.

Carl se enderez&#243;, se dio la vuelta y sali&#243; corriendo de la habitaci&#243;n. Frente a la puerta cerrada, sac&#243; las llaves y entr&#243;. Cerr&#243; de un portazo tras &#233;l.

Salvalindis se acerc&#243; a su hija.

Se muere dijo con calma. &#191;Podr&#225;n salvarla sus brujer&#237;as? &#191;Deber&#237;an?

La puerta prohibida volvi&#243; a abrirse. Carl sali&#243;, con otra persona. Se olvid&#243; de cerrarla.

Los hombres miraron una cosa de metal. A algunos les recordaba lo que hab&#237;a volado sobre los campos de batalla. Se api&#241;aron m&#225;s, agarraron amuletos o dibujaron signos en el aire.

El acompa&#241;ante de Carl era una mujer, aunque vestida con pantalones de muchos colores y una t&#250;nica. Su rostro no era como ninguno que hubiesen visto: ancho y de mejillas altas como las de los hunos, pero de nariz corta, de tono cobrizo dorado, bajo un pelo negro recto. Llevaba una caja.

Los dos corrieron al dormitorio.

&#161;Fuera, fuera! rugi&#243; Carl, y expuls&#243; a las mujeres godas como hojas en una tormenta.

&#201;l las sigui&#243;, y entonces record&#243; cerrar la puerta de su montura. Al darse la vuelta vio que todos lo miraban y retroced&#237;an.

No tem&#225;is dijo con rapidez. No hay peligro. He tra&#237;do una mujer sabia para ayudar a Jorith.

Durante un rato todos permanecieron en silencio en la oscuridad.

La extra&#241;a sali&#243; y llam&#243; a Carl. Algo en ella le arranc&#243; un gemido. Se tambale&#243; hasta ella y ella lo agarr&#243; por el hombro y lo condujo a la habitaci&#243;n. De all&#237; s&#243;lo sal&#237;a silencio.

Despu&#233;s de un rato la gente oy&#243; voces, la de &#233;l llena de furia y angustia, la de ella calmada y precisa. Nadie entend&#237;a la lengua.

Volvieron. Carl parec&#237;a haber envejecido.

Est&#225; muerta le dijo a los otros. He cerrado sus ojos. Prepara el entierro y el banquete, Winnithar. Estar&#233; de vuelta para entonces.

&#201;l y la mujer sabia entraron en la habitaci&#243;n secreta. Dagoberto llor&#243; en brazos de la comadrona.



2319

Salt&#233; a Nueva York en los a&#241;os treinta del siglo XIX porque conoc&#237;a la base y a su personal. El joven de guardia insisti&#243; en las reglas, pero a &#233;l pod&#237;a dominarlo. Realiz&#243; una llamada de emergencia pidiendo un m&#233;dico de alto nivel. Result&#243; ser Kweifei Mendoza la que tuvo la oportunidad de responder, aunque nunca nos hab&#237;amos visto. No hizo m&#225;s preguntas de las necesarias antes de unirse a m&#237; en mi saltador y partir para el pa&#237;s de los godos. M&#225;s tarde, sin embargo, quiso que fu&#233;semos los dos a su hospital, en la luna del siglo XXIV. No estaba en condiciones de protestar.

Me hizo tomar un ba&#241;o caliente e irme a la cama. Una casco electr&#243;nico me ofreci&#243; muchas horas de sue&#241;o.

A su momento recib&#237; ropa limpia, algo que comer (no vi qu&#233;), e instrucciones para llegar a su oficina. Tras una enorme mesa, me indic&#243; que me sentase. Durante un par de minutos no hablamos.

Huyendo de la suya, mi mirada se mov&#237;a por todas partes. La gravedad artificial que manten&#237;a mi peso normal no hac&#237;a nada para que me sintiese en casa. No es que, a su modo, no fuese hermoso. El aire ten&#237;a un ligero olor a rosas y heno reci&#233;n cortado. La alfombra era de un violeta intenso en la que brillaban puntos como estrellas. En la paredes flu&#237;an sutiles colores. Un ventanal, si era un ventanal, mostraba la grandeza de monta&#241;as, de un paisaje de cr&#225;teres en la distancia, del negro celeste pero presidido en lo alto por una Tierra casi llena. Me perd&#237; en la visi&#243;n de ese glorioso disco azul cubierto de retazos blancos. Jorith se hab&#237;a perdido all&#237;, har&#237;a dos mil a&#241;os.

Bien, agente Farness dijo al fin Mendoza en temporal, el lenguaje de la Patrulla, &#191;c&#243;mo se siente?

Aturdido pero con la cabeza despejada murmur&#233;. No. Como un asesino.

Ciertamente deb&#237;a haber dejado a esa ni&#241;a en paz.

Forc&#233; mi atenci&#243;n en su direcci&#243;n y contest&#233;:

No era una ni&#241;a. No en su sociedad, o en la mayor parte de la historia. La relaci&#243;n me ayud&#243; mucho a conseguir la confianza de la comunidad, y por tanto en el avance de mi misi&#243;n. No es que lo considerase con sangre fr&#237;a, cr&#233;ame por favor. Est&#225;bamos enamorados.

&#191;Qu&#233; opina su mujer de este asunto? &#191;O nunca se lo ha dicho?

Mi defensa me hab&#237;a dejado demasiado cansado para que me ofendiese lo que por otra parte hubiese podido considerarse un atrevimiento.

S&#237;, lo hice. Yo le pregunt&#233; si le importar&#237;a. Ella lo consider&#243; y decidi&#243; que no. Recuerde que hab&#237;amos pasado nuestros a&#241;os de juventud en los sesenta y los setenta No, claro, apenas habr&#225; o&#237;do hablar de ello, pero fue un periodo de revoluci&#243;n en las costumbres sexuales.

Mendoza sonri&#243; con tristeza.

Las modas vienen y van.

Mi mujer y yo hemos sido mon&#243;gamos, pero m&#225;s por preferencia que por principios. Y mire, siempre la visitaba. La amo de verdad.

Y sin duda ella consider&#243; que era mejor dejarle tener su aventura de mediana edad respondi&#243; Mendoza.

Eso lo hiri&#243;.

&#161;No era una aventura! Se lo he dicho, amaba a Jorith, la chica goda, y tambi&#233;n la amaba a ella. La tristeza le cerr&#243; la garganta. &#191;No hab&#237;a absolutamente nada que pudiese hacer?

Mendoza movi&#243; la cabeza. Ten&#237;a las manos sobre la mesa. Suaviz&#243; el tono:

Ya se lo he dicho. Le contar&#233; los detalles si lo desea. Los instrumentos, su funcionamiento no importa, mostraban un aneurisma de la arteria cerebral anterior. No era lo suficientemente grave para producir s&#237;ntomas, pero el esfuerzo de un largo parto hizo que estallase. No hubiese sido adecuado revivirla despu&#233;s de sufrir un da&#241;o cerebral tan amplio.

&#191;No pod&#237;a repararlo?

Bien, hubi&#233;semos podido traer el cuerpo al futuro, volver a poner en marcha el coraz&#243;n y los pulmones, y emplear t&#233;cnicas de clonaci&#243;n neuronal para producir una persona que se pareciese a ella, pero hubiese tenido que aprenderlo casi todo desde el principio. Mi cuerpo no realiza ese tipo de operaciones, agente Farness. No es que no tengamos compasi&#243;n, es simplemente que ya tenemos suficientes obligaciones ayudando a los agentes de la Patrulla y a sus verdaderas familias. Si alguna vez empezamos a hacer excepciones no dar&#237;amos abasto. Y comprenda que tampoco hubiese recuperado a su amor. No la hubiese recuperado a ella.

Reun&#237; la fuerza de voluntad que me quedaba.

Supongamos que vamos al pasado de su embarazo dije. Podr&#237;amos traerla aqu&#237;, arreglar la arteria, borrar el viaje de su memoria, y devolverla para que viva una vida feliz.

Eso son fantas&#237;as. La Patrulla no cambia lo que ha sido. Lo preserva.

Me hund&#237; a&#250;n m&#225;s en la silla. Los contornos variables pretend&#237;an en vano consolarme.

Mendoza volvi&#243; a hablar.

Pero no sienta demasiada pena dijo. No pod&#237;a saberlo. Si la chica se hubiese casado con otro, como as&#237; habr&#237;a hecho, el final hubiese sido el mismo. Tengo la impresi&#243;n de que la hizo m&#225;s feliz que a la mayor&#237;a de las mujeres de esa &#233;poca.

Su tono gan&#243; fuerza:

Pero usted, usted se ha causado una herida que tardar&#225; en cicatrizar. Nunca lo har&#225; a menos que resista la suprema tentaci&#243;n de volver continuamente a la vida de ella, para verla, para estar con ella. Eso est&#225; prohibido, bajo penas muy duras, y no s&#243;lo por los riesgos que pudiese traer al flujo temporal. Romper&#237;a su esp&#237;ritu, incluso su mente. Y le necesitamos. Su esposa lo necesita.

S&#237; consegu&#237; decir.

Ya ser&#225; muy duro observar c&#243;mo sus descendientes sufren lo que deben sufrir. Me pregunto si no deber&#237;a dejar por completo su proyecto.

No. Por favor.

&#191;Por qu&#233; no? me pregunt&#243;.

Porque porque no puedo abandonarlos, como si Jorith hubiese muerto en vano.

Eso lo tendr&#225;n que decidir sus superiores. Como m&#237;nimo recibir&#225; una dura reprimenda, porque ha estado muy cerca del agujero negro. Nunca m&#225;s vuelva a interferir como lo ha hecho. Mendoza hizo una pausa, me mir&#243;, se frot&#243; la barbilla, y murmur&#243;: A menos que ciertas acciones resulten necesarias para restaurar el equilibrio Pero &#233;se no es mi terreno.

Su mirada me devolvi&#243; la tristeza. De pronto se inclin&#243; sobre la mesa, hizo un gesto y dijo:

Esc&#250;chame, Carl Farness. Me van a preguntar mi opini&#243;n sobre tu caso. Por eso te he tra&#237;do aqu&#237;, y porque quiero que est&#233;s aqu&#237; una semana o dos para tener una mejor idea. Pero ya, &#161;y no eres &#250;nico, amigo m&#237;o, en millones de a&#241;os de operaciones de la Patrulla!, ya he empezado a verte como un tipo decente, que puede haber cometido errores pero en su mayor&#237;a por inexperiencia.

Sucede, ha sucedido, suceder&#225;, una y otra vez. El aislamiento, a pesar de viajes a casa y relaciones con compa&#241;eros como yo. Confusi&#243;n, a pesar de los cuidadosos preparativos; choque cultural; impacto humano. Presenciaste lo que para ti eran crueldad, pobreza, maldad, ignorancia, tragedia innecesaria, peor a&#250;n, insensibilidad, brutalidad, injusticia, masacres. No pod&#237;as enfrentarte a ello sin que te hiciese da&#241;o. Ten&#237;as que asegurarte de que los godos no eran peores que t&#250;, s&#243;lo diferentes; y ten&#237;as que ver m&#225;s all&#225; de esa diferencia hasta la identidad subyacente; y luego deb&#237;as intentar ayudar, y durante el proceso encontraste de pronto una puerta abierta a algo hermoso y maravilloso

S&#237;, es inevitable que muchos viajeros temporales, incluidos los patrulleros, formen lazos. Realizan acciones y en ocasiones son &#237;ntimas. Normalmente no es una amenaza. &#191;Qu&#233; importa la precisa, oscura y remota ascendencia de una figura clave? El continuo cede pero se recupera. Si no se superan los l&#237;mites de tensi&#243;n, la pregunta de si esas peque&#241;as acciones cambian el pasado o han sido siempre parte del pasado deja de tener sentido y no se puede responder.

No te sientas culpable, Famess termin&#243; diciendo. Tambi&#233;n me gustar&#237;a empezar tu recuperaci&#243;n en ese aspecto, as&#237; como la de tu pena. Eres un agente de campo de la Patrulla del Tiempo; no ser&#225; &#233;sta la &#250;ltima vez que tengas que llorar.



302330

Carl mantuvo su palabra. Callado como una piedra, se apoy&#243; en su lanza y observ&#243; mientras su pueblo dejaba a Jorith sobre la tierra y amontonaba un t&#250;mulo. Despu&#233;s, &#233;l y su padre recordaron su memoria con un fest&#237;n al que invitaron a todos los vecinos, y que dur&#243; tres d&#237;as. Hablaba s&#243;lo cuando le hablaban, aunque en esas ocasiones era amable a su modo se&#241;orial. Aunque no intent&#243; apagar la alegr&#237;a de nadie, esa fiesta fue m&#225;s tranquila de lo habitual.

Una vez que su hubieron ido los invitados, y Carl se encontraba sentado a solas con Winnithar, le dijo al jefe guerrero:

Ma&#241;ana yo tambi&#233;n me ir&#233;. No me ver&#225;s a menudo.

&#191;Has hecho lo que hab&#237;as venido a hacer?

No, todav&#237;a no.

Winnithar no pregunt&#243; de qu&#233; se trataba. Carl suspir&#243; y a&#241;adi&#243;:

En la medida en que lo permita Weard, tengo la intenci&#243;n de cuidar de tu casa. Pero quiz&#225; no sea suficiente.

Con la aurora se despidi&#243; y se alej&#243;. La niebla era pesada y fr&#237;a, y pronto lo ocult&#243; a ojos de los hombres.

En los a&#241;os siguientes crecieron las historias. Algunos cre&#237;an haber entrevisto la alta forma en el crep&#250;sculo, entrando en la tumba como si tuviese una puerta. Otros dec&#237;an que no; &#233;l se la hab&#237;a llevado de la mano. Los recuerdos que ten&#237;an de &#233;l pronto perdieron humanidad.

Los abuelos de Dagoberto se ocuparon del beb&#233;, encontraron una mujer que le diese de mamar y lo criaron como si fuese suyo. A pesar de su extra&#241;a concepci&#243;n, no se le apart&#243; ni se dej&#243; que creciese solo. En lugar de eso, la gente consideraba que val&#237;a la pena tener su amistad, porque podr&#237;a estar destinado a grandes obras por lo que deber&#237;a aprender honor y modales adecuados, as&#237; como las habilidades de un guerrero, cazador y marido. Los hijos de dioses no eran desconocidos.

Se convert&#237;an en h&#233;roes, o en mujeres sabias y hermosas, pero sin embargo eran mortales.

Despu&#233;s de tres a&#241;os, Carl vino de visita. Mientras miraba a su hijo, murmur&#243;:

C&#243;mo se parece a su madre.

S&#237;, en el rostro admiti&#243; Winnithar, pero no le falta masculinidad; eso ya est&#225; claro, Carl.

Ya nadie m&#225;s se atrev&#237;a a hablarle al Errante por ese nombre ni tampoco por el nombre que supon&#237;an era el correcto. Cuando beb&#237;an, hac&#237;an lo que &#233;l deseaba, contando historias y versos que hab&#237;an o&#237;do hac&#237;a poco. &#201;l preguntaba de d&#243;nde ven&#237;an, y ellos pod&#237;an indicarle un bardo o dos, a los que &#233;l dec&#237;a que visitar&#237;a. Lo hac&#237;a, despu&#233;s, y los hacedores se consideraban afortunados por haber llamado su atenci&#243;n. Por su parte, contaba cosas asombrosas de lugares lejanos. Pero ahora se iba pronto, para no dejarse ver en a&#241;os.

Mientras tanto Dagoberto creci&#243; de prisa, un muchacho r&#225;pido, alegre y guapo, y querido por todos. Ten&#237;a doce a&#241;os cuando acompa&#241;&#243; a sus medio hermanos, los dos hijos mayores de Winnithar, en un viaje al sur con una tripulaci&#243;n de comerciantes. All&#237; pasaron el invierno, y regresaron en primavera llenos de maravillas. S&#237;, m&#225;s all&#225; hab&#237;a tierras que conquistar, ricas, amplias, ba&#241;adas por el r&#237;o Dni&#233;per que hac&#237;a que el V&#237;stula pareciese un arroyuelo. En los valles del norte hab&#237;a espesos bosques, pero m&#225;s al sur se abr&#237;a el campo, pastos para ganado y bandadas, esperando como una novia el arado del granjero. Quien las poseyese tambi&#233;n se sentar&#237;a en medio de un flujo de bienes de los puertos del mar Negro.

Y sin embargo, no muchos godos se hab&#237;an trasladado hasta all&#237;. Eran las tribus del oeste las que hab&#237;an realizado el viaje realmente grande, al Danubio. All&#237; se encontraban en la frontera de Roma, lo que implicaba algo de trueque. Por lo negativo, si hubiese una guerra, los romanos segu&#237;an siendo formidables especialmente si pod&#237;an dar fin a sus luchas civiles.

El Dni&#233;per flu&#237;a saliendo del Imperio. Cierto, los h&#233;rulos hab&#237;an venido del norte y se hab&#237;an establecido entre las costas del Azov: hombres salvajes que sin duda causar&#237;an problemas. Pero por ser seres tan brutales, que se negaban a llevar cotas o luchar en formaci&#243;n, eran menos terribles que los v&#225;ndalos. Igualmente cierto era que al norte y al este se encontraban los hunos, jinetes, criadores de ganado, similares a los trols en su fealdad, suciedad y sed de sangre. Se dec&#237;a que eran los m&#225;s terribles guerreros de todo el mundo. Pero m&#225;s gloria ten&#237;a derrotarlos si atacaban; y una liga goda pod&#237;a derrotarlos, porque estaban divididos en clanes y tribus, tan dispuestos a luchar entre s&#237; como a atacar granjas y ciudades.

Dagoberto estaba dispuesto a partir, y sus hermanos ansiosos. Winnithar aconsej&#243; prudencia. Mejor aprender m&#225;s antes de realizar un movimiento que no pudiese deshacerse. Adem&#225;s, llegada la hora, no deber&#237;an ir unas cuantas familias, f&#225;ciles de atacar, sino juntos, con toda su fuerza. Parec&#237;a sin embargo que pronto ser&#237;a posible.

Porque &#233;sos eran los d&#237;as en que Geberico de la tribu greutunga estaba reuniendo a los godos del este. Algunos hab&#237;an luchado y hab&#237;an sido derrotados, otros hab&#237;an sido ganados con palabras, ya fuesen amenazas o promesas. Entre estos &#250;ltimos se encontraban los tervingos, que en el decimoquinto a&#241;o de Dagoberto saludaron a Geberico como su rey.

Eso significaba que le pagaban tributo, lo que no era mucho; enviaban hombres a luchar con &#233;l cuando quer&#237;a, a menos que fuese la estaci&#243;n de la siembra o la cosecha, y obedec&#237;an las leyes que la Gran Asamblea declaraba para todo el reino. A cambio, ya no ten&#237;an que temer a los godos que se hab&#237;an unido a &#233;l, sino que ten&#237;an su ayuda contra los enemigos comunes; el comercio floreci&#243;, y ellos mismos enviaban cada a&#241;o hombres a la Gran Asamblea para hablar y votar.

Dagoberto se port&#243; bien en las guerras del rey. En las pausas, viajaba al sur como capit&#225;n de las guardias de las bandas de comerciantes ambulantes. All&#237; ve&#237;a todo lo posible y aprend&#237;a mucho.

De alguna forma, las raras visitas de su padre siempre ten&#237;an lugar cuando estaba en casa. El Errante le daba bonitos regalos y sabios consejos, pero la charla entre ellos era inc&#243;moda, porque &#191;qu&#233; pod&#237;a decir un joven a alguien como &#233;l?

Dagoberto hac&#237;a sacrificios en el altar que Winnithar hab&#237;a construido donde antes se alzaba la casa en la que hab&#237;a nacido el muchacho. Winnithar hab&#237;a quemado la casa, para que ella tuviese paredes en las que apoyarse. De forma extra&#241;a, era en ese lugar sagrado donde el Errante prohib&#237;a el derramamiento de sangre. S&#243;lo pod&#237;an ofrecerse los primeros frutos de la tierra. Creci&#243; la leyenda de que las manzanas arrojadas al fuego frente a la piedra se convert&#237;an en las Manzanas de la Vida.

Cuando Dagoberto era ya todo un hombre, Winnithar le busc&#243; una esposa. Era Waluburga, una doncella fuerte y atractiva, hija de Optaris de Staghom Dale, que era el segundo hombre m&#225;s poderoso entre los tervingos. El Errante bendijo la uni&#243;n con su presencia.

Tambi&#233;n estaba all&#237; cuando Waluburga tuvo su primer hijo, un muchacho al que llamaron Tharasmund. En el mismo a&#241;o naci&#243; el primer hijo del rey Geberico que vivi&#243; hasta hacerse un hombre, Ermanarico.

Waluburga fue f&#233;rtil y le dio a su hombre hijos sanos. Pero Dagoberto segu&#237;a inquieto; la gente dec&#237;a que ten&#237;a la sangre de su padre, y que o&#237;a continuamente la llamada del viento en el borde del mundo. Cuando volvi&#243; de su viaje al sur, trajo noticias de que un se&#241;or romano llamado Constantino hab&#237;a finalmente derrotado a sus rivales y se hab&#237;a convertido en amo de todo el Imperio.

Puede que eso enardeciese a Geberico, aunque el rey ya hab&#237;a avanzado mucho. Pas&#243; algunos a&#241;os m&#225;s reuniendo a los godos del este; luego los convoc&#243; para seguirle y acabar de una vez con la peste v&#225;ndala.

Dagoberto ya hab&#237;a decidido que se trasladar&#237;a al sur. El Errante le hab&#237;a dicho que no estar&#237;a del todo mal; era el destino de los godos, y bien pod&#237;a ir primero para reservar un buen trozo. Lo habl&#243; con terratenientes grandes y peque&#241;os, porque sab&#237;a que su abuelo ten&#237;a raz&#243;n en lo referente a la fuerza. Pero cuando lleg&#243; la flecha de guerra, su honor le obligaba a obedecer. Cabalg&#243; a la cabeza de un centenar de hombres.


Fue una lucha terrible, que termin&#243; en una batalla que engord&#243; a lobos y cuervos. All&#237; cay&#243; el rey v&#225;ndalo Visimar. All&#237; tambi&#233;n muri&#243; el hijo mayor de Winnithar, que hab&#237;a esperado irse con Dagoberto. &#201;l sobrevivi&#243;, sin ni siquiera recibir una herida seria, y gan&#243; fama por su valor. Algunos dijeron que el Errante hab&#237;a cuidado de &#233;l en el campo de batalla, matando a sus enemigos, pero eso lo neg&#243;.

Mi padre estaba all&#237;, s&#237;, para acompa&#241;arme en la noche antes de la &#250;ltima batalla nada m&#225;s. Hablamos de muchas cosas extra&#241;as. Le ped&#237; que no me rebajase luchando por m&#237;, y &#233;l dijo que no era &#233;se el deseo de Weard.

El resultado fue que los v&#225;ndalos fueron derrotados, superados y obligados a dejar sus tierras. Despu&#233;s de vagar de un lado a otro durante varios a&#241;os, m&#225;s all&#225; del Danubio, peligrosos pero destrozados, buscaron el permiso del emperador Constantino para asentarse en su territorio. Deseoso de tener buenos guerreros cuidando sus fronteras, los dej&#243; cruzar a Panonia.

Mientras tanto, Dagoberto se encontr&#243; como l&#237;der de los tervingos, por su matrimonio, su herencia, y el nombre que se hab&#237;a ganado. Pas&#243; un tiempo prepar&#225;ndolos y luego los llev&#243; al sur.

Pocos se quedaron atr&#225;s, as&#237; de reluciente era la esperanza. Entre los que se quedaron estaban Winnithar y Salvalindis. Cuando los carromatos se hubieron alejado, el Errante busc&#243; a esos dos, una &#250;ltima vez, y fue amable con ellos, en honor a lo que hab&#237;an sido y por el honor de la que dorm&#237;a junto al r&#237;o V&#237;stula.



1980

Manse Everard no fue el oficial que me pas&#243; por el fuego, y apenas acept&#243; dejarme continuar con la misi&#243;n acept&#243; a rega&#241;adientes, a petici&#243;n sobre todo de Herbert Ganz, porque no hab&#237;a nadie que pudiese reemplazarme. Everard ten&#237;a sus razones para hacerlo. Con el tiempo se hicieron evidentes, as&#237; como el hecho de que hab&#237;a estado estudiando mis informes.

Entre el siglo IV y el XX, hab&#237;an pasado unos dos a&#241;os de mi tiempo vital personal desde la muerte de Jorith. Mi pena se hab&#237;a convertido en melancol&#237;a &#161;si ella hubiese podido tener algo m&#225;s de la vida que tanto amaba y que hac&#237;a adorable! excepto de vez en cuando, cuando se levantaba con toda su fuerza y golpeaba de nuevo. Con su actitud tranquila, Laurie me hab&#237;a ayudado a aceptarlo. Nunca antes hab&#237;a comprendido la maravillosa persona que era.

Estaba en casa de permiso, en Nueva York, 1932, cuando Everard me llam&#243; y me pidi&#243; otra entrevista.

S&#243;lo unas preguntas, un par de horas de interrogatorio dijo, y despu&#233;s podemos salir. Tu esposa tambi&#233;n, por supuesto. &#191;Hab&#233;is visto a Lola Montez? Tengo entradas, Par&#237;s, 1843.

En el futuro era invierno. La nieve ca&#237;a al otro lado de la ventana de su apartamento, creando para nosotros una caverna de quietud blanca. Me dio un combinado y me pregunt&#243; qu&#233; m&#250;sica me gustaba. Nos pusimos de acuerdo en una interpretaci&#243;n de koto por un artista del Jap&#243;n medieval cuyo nombre los cronistas hab&#237;an olvidado pero que era el mejor que hubiese vivido nunca. El viaje en el tiempo tiene sus recompensas adem&#225;s de sus pesares.

Everard se enfrasc&#243; en preparar y encender su pipa.

Nunca presentaste un informe sobre tu relaci&#243;n con Jorith dijo en un tono casi casual. S&#243;lo sali&#243; en el curso de la investigaci&#243;n, despu&#233;s de que fueses a buscar a Mendoza. &#191;Por qu&#233;?

Era personal contest&#233;. No me parec&#237;a que fuese asunto de nadie m&#225;s. Oh, en la Academia nos advirtieron sobre ese tipo de cosas, pero las regulaciones realmente no lo proh&#237;ben.

Mirando su cabeza oscura e inclinada, supe extra&#241;amente que deb&#237;a haber le&#237;do todo lo que yo llegar&#237;a a escribir. Conoc&#237;a mi futuro personal como yo s&#243;lo lo conocer&#237;a cuando lo hubiese vivido. Rara vez se renuncia a la regla que impide a un agente conocer su destino; un bucle casual ser&#237;a el resultado menos desagradable que podr&#237;a surgir de ese acto.

Bien, no tengo intenci&#243;n de repetir la reprimenda que te han dado dijo Everard. De hecho, entre nosotros dos, creo que el coordinador Abdullab se pas&#243; de riguroso. Los agentes deben poder actuar a su propia discreci&#243;n, o nunca har&#237;an su trabajo, y muchos de ellos se han acercado m&#225;s a los l&#237;mites que t&#250;.

Pas&#243; un minuto avivando el tabaco antes de continuar, por entre la neblina azul:

Sin embargo, me gustar&#237;a preguntarte un par de detalles. M&#225;s para conocer tu reacci&#243;n que por una firme convicci&#243;n filos&#243;fica aunque admito sentir curiosidad. Comprende que as&#237; quiz&#225; pueda darte algunos consejos de procedimiento. Yo no soy un cient&#237;fico, pero he andado mucho por la historia, la prehistoria e incluso la posthistoria.

Eso est&#225; claro admit&#237; con gran respeto.

Bien, vale, para empezar, lo m&#225;s evidente. Al principio, interviniste en una guerra entre godos y v&#225;ndalos. &#191;C&#243;mo lo justificas?

Contest&#233; a esa pregunta en la investigaci&#243;n, se&#241;or Manse. Sab&#237;a que no pod&#237;a matar a nadie, ya que mi vida nunca corri&#243; peligro. Ayud&#233; en la organizaci&#243;n, recog&#237; informaci&#243;n e inspir&#233; temor en el enemigo: volando en antigravedad, arrojando ilusiones y proyectando rayos subs&#243;nicos. En todo caso, produciendo el p&#225;nico, salv&#233; vidas en ambos bandos. Pero mi raz&#243;n esencial era que hab&#237;a invertido mucho esfuerzo, esfuerzo de la Patrulla, estableciendo una base en la sociedad que se supon&#237;a deb&#237;a estudiar, y los v&#225;ndalos amenazaban con destruir esa base.

&#191;No tem&#237;as provocar un cambio en el futuro?

No. Oh, quiz&#225; deb&#237;a haberlo considerado con mayor cuidado, y haber buscado la opini&#243;n de expertos antes de actuar. Pero parec&#237;a un caso sacado de un libro de texto. Los v&#225;ndalos estaban montando una escaramuza a gran escala. La historia no la registra. El resultado era insignificante excepto para los individuos, varios de los cuales eran importantes para la misi&#243;n y para m&#237;. Y en cuanto a la vida de esos individuos, y la l&#237;nea de descendencia que comenc&#233; en ese punto, no son m&#225;s que peque&#241;as fluctuaciones estad&#237;sticas en el acervo gen&#233;tico. Pronto desaparecer&#225;n.

Everard frunci&#243; el ce&#241;o.

Me est&#225;s dando el argumento habitual, Carl, igual que hiciste con el comit&#233; investigador. Por ah&#237; te escapaste. Pero hoy no te molestes. Lo que quiero que sepas, no en tu cerebro sino en el fondo de tu alma, es que la realidad nunca se ajusta a los libros de texto, y en ocasiones es muy diferente.

Creo que empiezo a entenderlo. Mi humildad era real. En la vida que he estado siguiendo en el pasado. No tenemos derecho a ocupar sus vidas, &#191;no?

Everard sonri&#243;, y yo me sent&#237; con libertad para saborear un largo trago de mi copa.

Bien. Dejemos los aspectos generales y pasemos a los detalles de lo que buscas. Por ejemplo, les diste a los godos cosas que no tendr&#237;an sin ti. Los regalos f&#237;sicos no son preocupantes; se corroer&#225;n, pudrir&#225;n o se perder&#225;n con rapidez. Pero los relatos del mundo y las historias de culturas extranjeras

Ten&#237;a que ser interesante, &#191;no? &#191;Por qu&#233; si no iban a recitarme viejas historias ya conocidas?

Humm, claro. Pero mira, &#191;lo que les contaste no pasar&#237;a a su folclore, alterando eso que fuiste a investigar?

Me permit&#237; re&#237;r.

No. En ese aspecto hice que realizasen algunos c&#225;lculos psicosociales, y los emple&#233; como gu&#237;a. Resulta que las sociedades de ese tipo tienen una memoria colectiva muy selectiva. Recuerda, son analfabetos, y viven en un mundo mental en el que las maravillas son comunes. Lo que dije, por ejemplo, sobre los romanos, simplemente a&#241;ad&#237;a detalles a la informaci&#243;n que ya ten&#237;an por los viajeros; y esos detalles pronto se perder&#225;n en el ruido general de su concepto sobre Roma. Y en cuanto al material m&#225;s ex&#243;tico, bien, &#191;qu&#233; era alguien como Cuchulainn sino un h&#233;roe predestinado m&#225;s, de los que ya hab&#237;an o&#237;do multitud de historias? &#191;Qu&#233; era el Imperio Han sino un reino fabuloso m&#225;s all&#225; del horizonte como otros? Mis oyentes inmediatos se quedaban impresionados; pero luego se lo pasaban a otros, que lo mezclaban todo con las sagas ya existentes.

Everard asinti&#243;.

Humm. Fum&#243; un poco. De pronto: &#191;Y t&#250;? No eres un mont&#243;n de palabras; eres una persona concreta y enigm&#225;tica que sigue apareciendo entre ellos. Te propones hacerlo durante generaciones. &#191;Vas a montar un negocio de dios?

Aqu&#233;lla era una pregunta dif&#237;cil para la que me hab&#237;a preparado durante mucho tiempo. Dej&#233; que otro trago me recorriese la garganta y calentase mi est&#243;mago antes de contestar, lentamente:

S&#237;, eso me temo. No es que lo pretendiese o quisiese, pero parece haber sucedido.

Everard apenas se agit&#243;. Con la morosidad de un le&#243;n, habl&#243;:

&#191;Y sostienes que eso no representa ninguna diferencia hist&#243;rica?

S&#237;. Esc&#250;chame por favor. Nunca dije ser un dios, o exig&#237; prerrogativas divinas, o algo similar. Ni me propongo hacerlo. Simplemente ha pasado. En la naturaleza del caso, llegu&#233; solo, vestido como un viajero pero no como un mendigo. Llevaba una lanza porque &#233;sa era el arma normal para un hombre a pie. Al ser del siglo XX, soy m&#225;s alto que la media del siglo IV, incluso entre los n&#243;rdicos. Tengo el pelo y la barba grises. Contaba historias, describ&#237;a lugares lejanos, y, s&#237;, vol&#233; por los aires y met&#237; el miedo en el coraz&#243;n del enemigo no pod&#237;a evitarlo. Pero no, repito, no establec&#237; una nueva deidad. Simplemente encajaba en una imagen que llevaban mucho tiempo adorando, y en el curso del tiempo, en una generaci&#243;n o dos, llegaron a asumir que se trataba de m&#237;.

&#191;Cu&#225;l es su nombre?

Wodan, entre los godos. Relacionado con el Wotan de los germanos, el Woden ingl&#233;s, el Wons frisio, etc&#233;tera. La versi&#243;n escandinava tard&#237;a es la m&#225;s conocida: Od&#237;n.

Me sorprend&#237; de ver a Everard sorprendido. Bien, evidentemente los informes que hab&#237;a presentado al brazo guardi&#225;n de la Patrulla eran mucho menos detallados que las notas que reun&#237;a para Ganz.

&#191;Humm? &#191;Od&#237;n? Pero ten&#237;a un solo ojo, y era el dios jefe, lo que supongo que no eres &#191;O lo eres?

No. Qu&#233; agradable era recuperar los h&#225;bitos de profesor. Piensas en las Eddas, el Od&#237;n vikingo. Pero &#233;l pertenece a una era diferente, siglos despu&#233;s y cientos de millas al noroeste.

Para mis godos, el dios jefe, como t&#250; dices, es Tlwaz. Se remonta directamente al viejo pante&#243;n indoeuropeo, junto con los Anses, en oposici&#243;n a las deidades tel&#250;ricas abor&#237;genes como los Wanes. Los romanos identificaron a Tiwaz con Marte, porque era el dios de la guerra, pero era tambi&#233;n mucho m&#225;s.

Los romanos pensaban que Donar, que los escandinavos llamaban Thor, deb&#237;a ser J&#250;piter, porque controlaba la meteorolog&#237;a; pero para los godos, era un hijo de Tiwaz. Igual con Wodan, a quien los romanos identificaban con Mercurio.

As&#237; que la mitolog&#237;a evoluciona con el paso del tiempo, &#191;no? coment&#243; Everard.

Exacto dije. Tiwaz qued&#243; reducido a Tyr de Asgard. De &#233;l qued&#243; poco recuerdo, excepto que hab&#237;a perdido una mano atando al Lobo que destruir&#225; el mundo. Sin embargo, tyr como nombre com&#250;n es sin&#243;nimo de dios en n&#243;rdico antiguo.

Mientras, Wodan, u Od&#237;n, cobr&#243; importancia hasta convertirse en el padre del resto. Creo, aunque esto es algo que alg&#250;n d&#237;a tendremos que investigar, que se debi&#243; a que los escandinavos se volvieron muy guerreros. Un gu&#237;a de los muertos, que tambi&#233;n hab&#237;a adquirido rasgos cham&#225;nicos por la influencia finesa, era el culto natural para guerreros aristocr&#225;ticos; &#233;l los llevaba al Valhala. En eso, Od&#237;n era m&#225;s popular en Dinamarca y quiz&#225; Suecia. En Noruega y la colonia de Islandia, Thor era m&#225;s importante.

Fascinante. Everard suspir&#243;. Queda m&#225;s por saber de lo que cualquiera de nosotros vivir&#225; para aprender Bien, pero h&#225;blame m&#225;s de la figura de Wodan en la Europa oriental del siglo IV.

Todav&#237;a tiene dos ojos le expliqu&#233;, pero ya tiene el sombrero, la capa y la lanza, que realmente es un cayado. Es el Errante. Por eso los romanos pensaron que deb&#237;a ser Mercurio con un nombre diferente, de igual forma que consideraron al griego Hermes. Todo se remonta a las primeras tradiciones indoeuropeas. Se encuentran rastros en la India, Persia y los mitos celtas y eslavos pero estos &#250;ltimos son los que tienen registros m&#225;s pobres. Con el tiempo, mi servicio ser&#225;

Es igual. WodanMercurioHermes es el Errante porque es el dios del viento. Eso le lleva a convertirse en el patr&#243;n de viajeros y comerciantes. Viajando tanto, debe de haber aprendido mucho, as&#237; que tambi&#233;n se le asocia con la sabidur&#237;a, la poes&#237;a y la magia. Esos atributos se unen a la idea de los muertos cabalgando el viento nocturno se combinan para convertirlo en el que gu&#237;a a los muertos hasta el otro mundo.

Everard sopl&#243; un anillo de humo. Lo sigui&#243; con la mirada, como si encontrase alg&#250;n s&#237;mbolo en su agitaci&#243;n.

Parece que te has asociado con una imagen muy fuerte dijo en voz baja.

S&#237; admit&#237;. Te repito que no era mi intenci&#243;n. En todo caso, complica exageradamente mi misi&#243;n. Y claro que tendr&#233; cuidado. Pero es un mito que ya exist&#237;a. Hab&#237;a incontables historias sobre la aparici&#243;n de Wodan entre los hombres. Que la mayor&#237;a fuesen f&#225;bulas, mientras que unas pocas relataban acontecimientos que sucedieron realmente &#191;qu&#233; importancia tiene?

Everard chup&#243; con fuerza la pipa.

No lo s&#233;. A pesar de mi examen de este episodio, en toda su extensi&#243;n, no lo s&#233;. Quiz&#225; nada, ninguna importancia. Y sin embargo he aprendido a tener cuidado con los arquetipos. Tienen m&#225;s poder del que haya medido ninguna ciencia en la historia. Por eso te he estado preguntado sobre cosas que deber&#237;an ser evidentes para m&#237;. En el fondo, no lo son.

Realmente agit&#243; los hombros m&#225;s que encogerlos.

Biengru&#241;&#243;, no importa la metaf&#237;sica. Fijemos un par de detalles y vayamos a buscar a tu mujer y a mi cita para divertirnos.



337

Durante todo ese d&#237;a, ardi&#243; la batalla. Una y otra vez los hunos se lanzaron contra las defensas godas, como olas tormentosas que golpeasen un acantilado. Las flechas oscurec&#237;an el cielo donde se alzaban las lanzas, se agitaban los estandartes, la tierra se agitaba por el estruendo de los cascos, y los jinetes cargaban. Guerreros a pie, los godos se manten&#237;an firmes en sus formaciones. Las picas se apresuraban al frente, las espadas, hachas y picos reluc&#237;an, los arcos se tensaban y las hondas volaban, los cuernos rug&#237;an. Cuando llegaba el momento, los gritos profundos contestaban a los agudos gritos de guerra de los hunos. Despu&#233;s fueron pu&#241;aladas, jadeos, sudor, matanza y muerte. Cuando los hombres ca&#237;an, pies y cascos destrozaban los torsos y convert&#237;an la carne en una ruina roja. El hierro alborotaba en los cascos, vibraba en las mallas, golpeaba la madera de los escudos y el cuero endurecido de las corazas. Los caballos se revolcaban y gritaban, con las gargantas atravesadas o los jarretes paralizados. Los hombres heridos gru&#241;&#237;an e intentaban atacar o luchar. Rara vez alguien estaba seguro de a qui&#233;n hab&#237;a golpeado o qui&#233;n le hab&#237;a atacado. La locura te llenaba, te dominaba, oscurec&#237;a el mundo.

En una ocasi&#243;n los hunos rompieron una l&#237;nea enemiga. Rugieron de alegr&#237;a mientras dirig&#237;an las monturas para atacar desde atr&#225;s. Pero como venida de ninguna parte, una nueva tropa goda cay&#243; sobre ellos, y fueron ellos los atrapados. Pocos escaparon. Normalmente, los capitanes hunos que ve&#237;an fallar una carga hac&#237;an sonar inmediatamente la retirada. Los jinetes estaban bien entrenados; se situaban lejos del alcance de los arcos, y durante un rato la multitud tomaba aliento, apaciguaba la sed, cuidaba de los heridos, y se miraba a lo ancho del campo de batalla.

El sol se hundi&#243; en el oeste, de color rojo sangre sobre el cielo verdoso. Su luz se reflejaba en el r&#237;o y en las alas de los carro&#241;eros que daban vueltas en lo alto. Las sombras sobre la hierba argentina eran largas, trepaban por los valles convirtiendo los &#225;rboles en montones negros y sin forma. Una ligera brisa fr&#237;a recorr&#237;a la tierra manchada de sangre, agitando el pelo de los cad&#225;veres entre el trigo, silbando como si desease llamarlos.

Resonaron los tambores. Los hunos formaron escuadrones. Son&#243; una &#250;ltima trompeta y realizaron su &#250;ltimo asalto.

Aunque estaban mortalmente cansados, los godos resistieron, y cosecharon hombres por centenares. Ciertamente Dagoberto hab&#237;a montado bien su trampa. Cuando tuvo las primeras noticias del ejercito invasor que asesinaba, violaba, saqueaba y quemaba convoc&#243; a su gente para unirse bajo un estandarte com&#250;n. No s&#243;lo los tervingos, tambi&#233;n los colonos vecinos prestaron atenci&#243;n. Atrajo a los hunos hasta esa hondonada que llevaba al Dni&#233;per, donde la caballer&#237;a ten&#237;a poco espacio, antes de que sus fuerzas principales cayesen sobre las crestas a cada lado y bloqueasen la retirada.

Su peque&#241;o escudo redondo estaba hecho a&#241;icos. Ten&#237;a el casco abollado, la malla rota, la espada mellada, el cuerpo convertido en una &#250;nica contusi&#243;n. Pero aun as&#237; estaba de pie al frente del centro godo, y sobre &#233;l volaba su estandarte. Cuando lleg&#243; el ataque, se movi&#243; como un gato mont&#233;s.

El caballo era enorme. Vio al hombre que lo montaba: bajo pero ancho, cubierto con pieles apestosas bajo la escasa armadura que llevaba, la cabeza afeitada exceptuando una cola, la fina barba en trenzas, una cara de gran nariz que era odiosa por el dibujo de las cicatrices. El huno portaba una &#250;nica hacha de mano. Dagoberto se apart&#243; mientras los cascos golpeaban el suelo. Atac&#243;, y en el camino se encontr&#243; con la otra arma. Reson&#243; el acero. Las chispas saltaron en el crep&#250;sculo. Dagoberto desliz&#243; la hoja a un lado y golpe&#243; la cadera del jinete. Hubiese sido un corte mortal si la hoja hubiese estado afilada. Como estaba, sali&#243; sangre. El huno se quej&#243; y atac&#243; de nuevo. Dio de lleno al casco godo. Dagoberto se tambale&#243;. Recuper&#243; el equilibrio y su enemigo hab&#237;a desaparecido, atrapado en el remolino de la batalla.

Desde otro caballo, de pronto frente a &#233;l, salt&#243; una lanza. Dagoberto, medio atontado, la recogi&#243; entre cuello y hombro. El huno lo vio hundirse, y presion&#243; sobre el agujero abierto en las l&#237;neas godas. Desde el suelo, Dagoberto lanz&#243; su espada. Golpe&#243; al huno en el brazo y le hizo soltarla lanza. El compa&#241;ero de Dagoberto m&#225;s cercano lo golpe&#243; con una pica. El huno cay&#243;. El cuerpo sali&#243; arrastrado por el estribo.

De pronto ya no hubo lucha. Desorganizados, aterrados, los enemigos que quedaban con vida hu&#237;an. No como un grupo, sino cada uno por s&#237; mismo, salieron en estampida.

A por ellos pudo decir Dagoberto desde donde estaba. Que no quede ni uno libre vengad nuestros muertos, haced que nuestra tierra sea segura D&#233;bil, golpe&#243; el tal&#243;n del que portaba su estandarte. El hombre llev&#243; el estandarte por delante, y los godos lo siguieron, matando, matando. Ciertamente pocos fueron los hunos que regresaron a casa.

Dagoberto se agarraba el cuello. La punta hab&#237;a penetrado por la derecha. La sangre sal&#237;a a borbotones. El estruendo de la guerra se desplaz&#243;. M&#225;s cerca se o&#237;an los gritos de los tullidos, hombres y caballos, y de los cuervos que volaban bajo. &#201;sos tambi&#233;n se fueron apagando. Busc&#243; con los ojos la &#250;ltima luz del sol.

El aire se estremeci&#243; y resplandeci&#243;. El Errante hab&#237;a llegado.

Desmont&#243; de su extra&#241;a cabalgadura, se arrodill&#243; sobre el barro, puso la manos sobre la herida de su hijo.

Padre susurr&#243; Dagoberto, un gorjeo entre la sangre que le llenaba la boca.

La angustia cubri&#243; el rostro que recordaba como serio y remoto.

No puedo salvarte no podr&#237;a ellos no lo har&#237;an farfull&#243; el Errante.

&#191;Hemos ganado?

S&#237;. Os librar&#233;is de los hunos durante muchos a&#241;os. Obra tuya.

El godo sonri&#243;.

Bien. Ahora ll&#233;vame lejos, padre

Carl sostuvo a Dagoberto entre sus brazos hasta que le lleg&#243; la muerte, y mucho tiempo despu&#233;s.



1933

&#161;Oh, Laurie!

Calla, querido. Ten&#237;a que ser.

&#161;Mi hijo, mi hijo!

Ac&#233;rcate. No temas llorar.

Pero era tan joven, Laurie.

De todas formas un hombre adulto. No abandonar&#225;s a sus hijos, a tus nietos. &#191;Verdad?

No, nunca. Pero &#191;qu&#233; puedo hacer? Dime qu&#233; puedo hacer por ellos. Est&#225;n condenados, los descendientes de Jorith morir&#225;n, no puedo cambiar eso, &#191;c&#243;mo puedo ayudarlos?

M&#225;s tarde pensaremos en eso, querido. Primero, por favor, descansa, tranquil&#237;zate, duerme.



337344

Tharasmund hab&#237;a cumplido su decimotercer invierno cuando su padre Dagoberto cay&#243; en batalla. Sin embargo, despu&#233;s de enterrar a su l&#237;der en un t&#250;mulo en lo alto de una colina, los tervingos vitorearon al muchacho como su jefe guerrero. Era poco m&#225;s que un mozalbete, aunque prometedor, pero no aceptar&#237;an el mando de ninguna otra casa m&#225;s que la suya.

Adem&#225;s, despu&#233;s de la batalla del Dni&#233;per, no esperaban ning&#250;n peligro en el ma&#241;ana. Hab&#237;an derrotado a la alianza de varias tribus hunas. El resto no tendr&#237;a prisa en atacar a los godos, ni los h&#233;rulos. Cualquier guerra que se luchase ser&#237;a probablemente lejos, y no en defensa sino en nombre del rey Geberico. Tharasmund tendr&#237;a tiempo para crecer y aprender. M&#225;s a&#250;n, &#191;no dispondr&#237;a del favor y el consejo de Wodan?

Waluburga, su madre, volvi&#243; a casarse, con un hombre llamado Ansgar. Ocupaba una posici&#243;n por debajo de la de ella, pero ten&#237;a dinero y no estaba deseoso de poder. Juntos gobernaron bien sus tierras y fueron buenos l&#237;deres de su gente hasta la mayor&#237;a de edad de Tharasmund. Si siguieron haci&#233;ndolo despu&#233;s de esa fecha, antes de retirarse a vivir con tranquilidad, fue por expreso deseo del muchacho. La inquietud de sus antepasados tambi&#233;n estaba en &#233;l, y quer&#237;a libertad para viajar.

Eso estaba bien, porque en esos d&#237;as se produc&#237;an muchos cambios en el mundo. Un jefe guerrero deb&#237;a conocerlos antes de tener esperanzas de tratar con ellos.

Roma se encontraba una vez m&#225;s en paz consigo misma, aunque antes de morir Constantino hab&#237;a dividido el Imperio entre Occidente y Oriente. Para el trono oriental hab&#237;a elegido Bizancio, cambi&#225;ndole el nombre por el suyo propio. Creci&#243; con rapidez en tamano y riqueza. Despu&#233;s de una derrota, los visigodos firmaron un tratado con Roma y el tr&#225;fico por el Danubio se increment&#243;.

Constantino habla declarado que Cristo era el &#250;nico dios del estado. Los representantes de la fe llegaban hasta muy lejos. M&#225;s y m&#225;s godos del oeste se convert&#237;an. Lo que disgustaba mucho a los que permanecieron con Tiwaz y Frija. No s&#243;lo pod&#237;an enfurecerse los antiguos dioses y traer desgracias sobre los desagradecidos; aceptar al nuevo dios abr&#237;a las puertas al dominio de Constantinopla, lentamente pero sin tener que levantar m&#225;s espadas. Los cristianos argumentaban que eso contaba menos que la salvaci&#243;n; adem&#225;s, desde un punto de vista global, era mejor formar parte del Imperio que quedarse fuera. A&#241;o tras a&#241;o creci&#243; la amargura entre facciones.

Al estar tan lejos, los ostrogodos tardaron en saber de esos asuntos. Los cristianos que hab&#237;a entre ellos eran en su mayor&#237;a esclavos tra&#237;dos de zonas orientales. Hab&#237;a una iglesia en Olbia, pero era para el uso de los comerciantes romanos; de madera, peque&#241;a y pobre cuando se la comparaba con los antiguos templos de m&#225;rmol, aunque &#233;stos ahora estaban vac&#237;os. Sin embargo, al incrementarse el comercio, los habitantes del interior empezaron a encontrarse con los cristianos, algunos de ellos sacerdotes. Aqu&#237; y all&#225;, las mujeres libres recib&#237;an el bautismo, y algunos hombres.

Los tervingos no estaban dispuestos a aceptarlo. Les iba bien con sus dioses, as&#237; como a todos los godos del este. Los extensos acres produc&#237;an riquezas, as&#237; como el truque entre norte y sur, y tambi&#233;n su parte de&#161; tributo pagado por la gente que el rey hab&#237;a conquistado.

Waluburga y Ansgar construyeron una nueva residencia digna del hijo de Dagoberto. Se levant&#243; en la orilla derecha del Dni&#233;per, sobre una elevaci&#243;n que miraba los reflejos del r&#237;o, entre el viento que agitaba la hierba y los cultivos, soportes de madera en los que anidaban los p&#225;jaros para cubrir el cielo. Sobre sus aguilones se alzaban dragones tallados; sobre, las puertas se entrecruzaban cuernos de alce y toro; las columnas interiores sosten&#237;an las im&#225;genes de los dioses; excepto la de Wodan, que cerca ten&#237;a un lugar sagrado ricamente engalanado. Otros edificios aparecieron a su alrededor: hasta que el asentamiento casi pudo considerarse una villa. La vida estallaba a su alrededor, hombres, mujeres, ni&#241;os, caballos, sabuesos, carromatos, armas, sonidos de charla, risas, canciones, pisadas sobre el empedrado, martillos, sierras, ruedas, fuegos, juramentos y, de vez en cuando, el sollozo de alguien. Un cobertizo cerca de] agua guardaba una nave, cuando no estaba viajando lejos, y el muelle a menudo daba la bienvenida a naves que recorr&#237;an la corriente con sus maravillosas cargas.

A la residencia la llamaron Heorot, porque el Errante, con triste sonrisa, hab&#237;a dicho que &#233;se era el nombre de un famoso lugar al norte, Ven&#237;a cada pocos a&#241;os, unos cuantos d&#237;as cada vez, para escuchar lo que hubiese que escuchar.

Tharasmund creci&#243; mas oscuro que su padre, de pelo casta&#241;o, de huesos, rasgos y alma m&#225;s pesados. Los tervingos no opinaban que eso fuese malo. Que queme pronto sus ansias de aventuras, y que aprenda como lo hizo su padre; luego se quedar&#237;a en casa y los dirigir&#237;a con sabidur&#237;a. Cre&#237;an que iban a necesitar a un hombre firme como l&#237;der. Les llegaban historias de un rey que estaba reuniendo a los hunos como Geberico hab&#237;a hecho con los ostrogodos. Las noticias de la regi&#243;n natal al norte dec&#237;an que el hijo de Geberico, y su probable sucesor, Ermanarico, era cruel y autoritario. Adem&#225;s, lo m&#225;s seguro era que pronto la familia real se trasladase al sur fuera de los pantanos y la humedad, en direcci&#243;n a aquellas tierras soleadas donde ahora se encontraba la mayor&#237;a de la naci&#243;n. Los tervingos quer&#237;an un l&#237;der capaz de defender sus derechos.

El &#250;ltimo viaje de Tharasmund cornenz&#243; cuando ten&#237;a diecisiete inviernos, y dur&#243; tres a&#241;os. Le llev&#243; por el mar Negro hasta la mism&#237;sima Constantinopla. De all&#237; regres&#243; su nave; &#233;sa fue la &#250;nica noticia que tuvieron de &#233;l. Pero no ten&#237;an miedo; porque el Errante se hab&#237;a ofrecido para acompa&#241;ar a su nieto.

Despu&#233;s, Tharasrnund y sus hombres tuvieron historias para alegrarse las noches durante el resto de sus vidas. Despu&#233;s de su estancia en Nueva Roma maravilla sobre maravilla, acontecimiento sobre acontecimiento fueron por tierra, atravesando la provincia de Mesia y, por tanto, el Danubio. En su extremo m&#225;s alejado se asentaron durante un a&#241;o entre los visigodos. El Errante hab&#237;a insistido, diciendo que Tharasmund deb&#237;a forjar amistad con ellos.

Y ciertamente pas&#243; que el joven conoci&#243; a Ulrica, una hija del rey Atanarico. El poderoso l&#237;der todav&#237;a ofrec&#237;a sus ofrendas a los antiguos dioses; y el Errante en ocasiones tambi&#233;n hab&#237;a aparecido en su reino. Se alegraba de formar una alianza con una casa guerrera del este. Y en cuanto a los j&#243;venes, se entend&#237;an. Ulrica ya era arrogante y dura, pero acept&#243; viajar para dirigir bien su casa, tener hijos sanos y apoyar a su hombre en sus decisiones. Se lleg&#243; a un acuerdo: Tharasmund volver&#237;a a casa, se enviar&#237;an regalos y peticiones, al cabo de un a&#241;o, m&#225;s o menos, su prometida se reunir&#237;a con &#233;l.

El Errante no estuvo m&#225;s que una noche en Heorot antes de decir adi&#243;s. De &#233;l, Tharasmund y el resto no relataron m&#225;s que los hab&#237;a dirigido con sabidur&#237;a, aunque a menudo desaparec&#237;a por un tiempo. Para ellos era demasiado extra&#241;o como tema de conversaci&#243;n.

Pero en una ocasi&#243;n, a&#241;os m&#225;s tarde, cuando Erelieva yac&#237;a a su lado, Tharasmund le dijo:

Le abr&#237; mi coraz&#243;n. &#201;l lo deseaba, y me escuch&#243;, y de alguna forma fue como si el amor y el dolor se agitasen tras sus ojos.



1858

Al contrario que muchos agentes de la Patrulla que no pertenec&#237;an al rango m&#225;s bajo, Herbert Ganz no hab&#237;a abandonado su entorno natal. Cuando lo reclutaron era ya un hombre de mediana edad, y un soltero empedernido. Le gustaba ser Herr Professor en la Universidad Friedrich Wilhelm de Berl&#237;n. Por norma, regresaba de sus viajes en el tiempo a los cinco minutos de su partida, para recuperar una existencia acad&#233;mica ordenada y ligeramente pomposa. Y en ese aspecto, sus saltos rara vez eran a alg&#250;n otro destino aparte de una oficina maravillosamente equipada a siglos en el futuro, y casi encima a los primeros entornos germ&#225;nicos que constitu&#237;an su campo de investigaci&#243;n.

No son adecuados para un estudioso pac&#237;fico me hab&#237;a dicho cuando se lo pregunt&#233;. Y al contrario. Me avergonzar&#237;a delante de ellos, me ganar&#237;a su desprecio, provocar&#237;a sospechas, e incluso podr&#237;a morir. No, soy &#250;til para el estudio, la organizaci&#243;n, el an&#225;lisis y las hip&#243;tesis. D&#233;jame disfrutar de mi vida en las d&#233;cadas que me son adecuadas. Pronto terminar&#225;n. S&#237; claro, antes de que la civilizaci&#243;n occidental comience con dedicaci&#243;n su proceso de autodestrucci&#243;n tendr&#233; que tener un aspecto m&#225;s viejo, hasta que simule mi muerte &#191;Despu&#233;s qu&#233;? &#191;Qui&#233;n sabe? Preguntar&#233;. Quiz&#225; simplemente comience de nuevo en alg&#250;n otro sitio: exempli gratia, el Bonn o la Heidelberg posnapole&#243;nicos.

Se sent&#237;a obligado a ser hospitalario con los agentes de campo que lo informaban en persona. Por quinta vez en mi l&#237;nea vital hasta entonces, &#233;l y yo tomamos un pantagru&#233;lico almuerzo al que siguieron una siesta y un paseo por Unter den Linden. Regresamos a su casa en el crep&#250;sculo del est&#237;o. De los &#225;rboles emanaban fragancias, los veh&#237;culos tirados por caballos traqueteaban al pasar, los caballeros se levantaban el sombrero al cruzarse con damas conocidas, un ruise&#241;or cantaba en un jard&#237;n de rosas. Ocasionalmente pasaba un oficial prusiano de uniforme, pero era evidente que sus hombros no soportaban la carga del futuro.

La casa era espaciosa, aunque los libros y los cachivaches tend&#237;an a ocultar ese hecho. Ganz me llev&#243; hasta la biblioteca y llam&#243; a una doncella, que entr&#243; r&#225;pidamente con un vestido negro y una cofia y un delantal blancos.

Tomaremos caf&#233; y pastel indic&#243;. Y, s&#237;, pon en la bandeja una botella de co&#241;ac, con vasos. Despu&#233;s no queremos ser molestados.

Cuando se fue, &#233;l dej&#243; caer su rechoncha figura sobre el sof&#225;.

Emma es una buena chica coment&#243; mientras se limpiaba los anteojos. Los m&#233;dicos de la Patrulla podr&#237;an haberle arreglado con facilidad la vista, pero hubiese tenido problemas para explicar por qu&#233; ya no necesitaba gafas, y dec&#237;a que tampoco importaba mucho. De una pobre familia campesina  ach, cr&#237;an con rapidez, pero la naturaleza de la vida es que se desborda, &#191;no es cierto? Estoy interesado en ella. De forma exclusivamente paternal, se lo aseguro. Dentro de tres a&#241;os dejar&#225; el servicio porque se casa con un agradable joven. Yo entregar&#233; una modesta dote con regalo de bodas, y ser&#233; el padrino de su primog&#233;nito. La inquietud atraves&#243; el rostro sonrosado y feliz. Emma muere de tuberculosis a los cuarenta y uno. Se pas&#243; una mano por la cabeza calva. No se me permiti&#243; hacer nada m&#225;s que darle algunas medicinas para que le fuese m&#225;s c&#243;modo. En la Patrulla no nos atrevemos a llorar: ciertamente no por adelantado. Deber&#237;a guardarme la pena, la culpabilidad, para mis pobres amigos y colegas inconscientes, los hermanos Grimm. La vida de Emma es mejor que la que conocer&#225; la mayor&#237;a de la humanidad.

No contest&#233;. Asegurada la intimidad, me concentr&#233; m&#225;s de lo necesario en montar el aparato que hab&#237;a tra&#237;do en el equipaje. (All&#237; pasaba por un estudioso brit&#225;nico de visita. Hab&#237;a practicado el acento. Un americano hubiese sufrido demasiadas molestias con preguntas sobre los pieles rojas y la esclavitud.) Mientras Tharasmund y yo nos encontr&#225;bamos entre los visigodos, conocimos a Ulfilas. Hab&#237;a grabado el suceso, como hac&#237;a con todo lo que tuviese un inter&#233;s especial. Seguro que Ganz querr&#237;a ver al misionero jefe de Constantinopla, el Ap&#243;stol de los Godos, cuya traducci&#243;n de la Biblia era virtualmente la &#250;nica fuente de informaci&#243;n sobre su lengua que habr&#237;a sobrevivido hasta la aparici&#243;n del viaje en el tiempo.

El holograma se form&#243;. De pronto la habitaci&#243;n candelabros, estanter&#237;as, mobiliario a la moda que sab&#237;a que era estilo imperio, bustos, pinturas y grabados enmarcados, loza, papel pintado con dibujos chinos, cortinas marrones se convirti&#243; en oscuridad alrededor de un fuego de campamento. Pero yo no estaba all&#237;, en mi propio cr&#225;neo: porque era a m&#237; a quien miraba, y &#233;l era el Errante.

(Las grabadoras son diminutas, operan a nivel molecular, autodirigidas, mientras recogen todas las entradas sensoriales. La m&#237;a, una de la muchas que llevaba, estaba oculta en la lanza que hab&#237;a apoyado en un &#225;rbol. Deseoso de conocer informalmente a Ulfilas, establec&#237; la ruta de rni grupo de forma que interceptase la suya mientras ambos viaj&#225;bamos por la regi&#243;n que los romanos, antes de retirarse, hab&#237;a conocido como Dacia y que en mis d&#237;as era Rumania. Despu&#233;s de asegurarnos mutuamente de nuestras pac&#237;ficas intenciones, mis ostrogodos y sus bizantinos montaron las tiendas y compartieron la comida.)

Los &#225;rboles formaban en la oscuridad una muralla alrededor del claro. El humo iluminado por las llamas se elevaba para ocultar las estrellas. Ululaba un b&#250;ho, una y otra vez. La noche todav&#237;a era agradable, pero el roc&#237;o ya hab&#237;a empezado a enfriar la hierba. Los hombres estaban sentados con los pies cruzados cerca del fuego, excepto Ulfilas y yo. &#201;l se hab&#237;a puesto en pie en su celo, y yo no pod&#237;a permitirme ser dominado en presencia de los otros. Ellos miraban, escuchaban y furtivamente trazaban el gesto del hacha o la cruz.

A pesar de su nombre originalmente hab&#237;a sido Wulfila era bajo, recio y de nariz ancha, porque proven&#237;a de abuelos de Capadocia, que hab&#237;an huido de los ataques godos en el 264. De acuerdo con el tratado del 332, hab&#237;a ido a Constantinopla como embajador y reh&#233;n. Con el tiempo volvi&#243; con los visigodos como misionero. El credo que predicaba no era el del Concilio de Nicea, sino la austera doctrina de Arrio, que hab&#237;a sido rechazada como her&#233;tica. Sin embargo, se mov&#237;a en la vanguardia de la cristiandad, en el ma&#241;ana.

No, no deber&#237;amos limitarnos a intercambiar historias de nuestros viajes dijo. &#191;Como podr&#237;an separarse de nuestras creencias? Su tono era tranquilo y razonable, pero la mirada era aguda. No sois un hombre normal, Carl. Eso lo veo claramente en vos y en los ojos de vuestros seguidores. Que nadie se ofenda si me pregunto si sois por completo humano.

No soy un demonio malvado dije.

&#191;Realmente le sacaba tanta altura, era yo gris, cubierto por una capa, conocedor ya del destino, una figura surgida de la oscuridad y el viento? Hasta hoy, mil quinientos a&#241;os despu&#233;s de esa noche, me sent&#237;a como si fuese otra persona, el mismo Wodan, el siempre errante.

En Ulfilas ard&#237;a el fervor:

Entonces no temer&#233;is el debate.

&#191;Qu&#233; sentido tendr&#237;a, sacerdote? Sab&#233;is bien que los godos no son gente de&#161; Libro. En sus tierras har&#237;an ofrendas a Cristo, a menudo lo hacen. Pero en las de ellos, vos nunca hac&#233;is ofrendas a Tiwaz.

No, porque Dios nos ha prohibido que nos inclinemos ante ning&#250;n otro. S&#243;lo se puede adorar a Dios Padre. Al Hijo, que los hombres presten debida reverencia, s&#237;, pero la naturaleza de Cristo Y Ulfilas se lanz&#243; a un serm&#243;n.

No era una diatriba. Sab&#237;a que no era lo mejor. Habl&#243; con calma y raz&#243;n, incluso con buen humor. No vacil&#243; en emplear im&#225;genes paganas, ni intent&#243; m&#225;s que sentar las bases de las ideas antes de permitir que la conversaci&#243;n se desviase por otros derroteros. Vi que algunos de mis hombres asent&#237;an pensativos. El arrianismo encajaba mejor con sus tradiciones y temperamento que el catolicismo, del que, de todos modos, no sab&#237;an nada. Ser&#237;a la forma de cristiandad que finalmente adoptar&#237;an todos los godos; y de ah&#237; surgir&#237;an siglos de problemas.

La verdad es que no estuve especialmente bien. Pero claro, &#191;c&#243;mo podr&#237;a sinceramente haber defendido un paganismo en el que realmente no cre&#237;a y que sab&#237;a que iba a desaparecer? Igualmente, &#191;c&#243;mo podr&#237;a sinceramente haber defendido a Cristo?

Mi ojos, en 1858, buscaron a Tharasmund. Mucho quedaba en su joven rostro de los adorables rasgos de Jorith 

&#191;Y c&#243;mo va la investigaci&#243;n literaria? pregunt&#243; Ganz al terminar la escena.

Bastante bien. Hu&#237; hacia los hechos. Nuevos poemas; con versos que definitivamente parecen anteriores a los versos de Widsith y Walthere. Espec&#237;ficamente, desde la batalla junto al Dni&#233;per Eso dol&#237;a, pero saqu&#233; las notas y grabaciones, y segu&#237; hablando.



344347

El mismo a&#241;o que Tharasmund regres&#243; a Heorot y ocup&#243; la jefatura de los tervingos, muri&#243; Geberico en el sal&#243;n de sus padres, en el pico del Alto Tatra. Su hijo Ermanarico se convirti&#243; en rey de los ostrogodos.

Posteriormente, ese mismo a&#241;o, Ulrica, hija del visigodo Atanarico, vino a su prometido Tharasmund, a la cabeza de un gran y rico s&#233;quito. Su matrimonio fue una fiesta recordada durante mucho tiempo, una semana durante la que la comida, la bebida, los regalos, los juegos, la alegr&#237;a y la fanfarria no se escatimaron para cientos de invitados. Como su propio nieto se lo hab&#237;a pedido, el Errante bendijo a la pareja, y bajo la luz de las antorchas gui&#243; a la novia hasta la habitaci&#243;n donde la aguardaba el novio.

Hubo algunos, no de la tribu tervinga, que murmuraron que Tharasmund parec&#237;a demasiado arrogante, como si se creyese mejor que los hombres de su rey.


Poco despu&#233;s de la boda tuvo que apresurarse. Los h&#233;rulos hab&#237;an salido y las llamas estaban encendidas. Derrotarlos y destruir parte de su regi&#243;n se convirti&#243; en labor de invierno. Apenas hab&#237;a terminado cuando Ermanarico envi&#243; el mensaje de que quer&#237;a que todas las cabezas de tribu se reuniesen con &#233;l en la tierra materna.

Result&#243; provechoso. Se trazaron planes para conquistas y otras cosas que era preciso hacer. Ermanarico desplaz&#243; su corte al sur, donde se encontraba la mayor&#237;a de su gente. Adem&#225;s de muchos greutungos, tambi&#233;n acudieron los jefes tribales y muchos guerreros. Fue un viaje espl&#233;ndido, sobre el que los bardos tejieron palabras que el Errante pronto oy&#243; cantar.

Por tanto, Ulrica tard&#243; en dar a luz. Sin embargo, despu&#233;s de que Tharasmund se encontrase nuevamente con ella, pronto llen&#243; su vientre, y muy bien. Ella dijo a sus mujeres que claro que ser&#237;a un ni&#241;o, y que vivir&#237;a para ser tan recordado como sus antepasados.

Dio a luz una noche de invierno; algunos dijeron que sin problemas, otros dijeron que despreciando cualquier dolor. Toda Heorot se alegr&#243;. El padre envi&#243; la noticia de quedar&#237;a una fiesta para conceder el nombre.

Aqu&#233;lla era una agradable pausa en el trabajo de la estaci&#243;n, a&#241;adido al encuentro de invierno. La gente lleg&#243; en torrentes. Entre ellos se encontraban hombres que lo tomaban como una oportunidad para intercambiar unas palabras en privado con Tharasmund. Sent&#237;an rencor por el rey Ermanarico.

El sal&#243;n estaba adornado con ramas de hojas perenne, tejidos, metal pulido, vidrio romano. Aunque el d&#237;a reinaba sobre el manto de nieve, las l&#225;mparas iluminaban la larga estancia. Vestidos con sus mejores ropas, los terratenientes m&#225;s importantes de los tervingos y sus esposas rodeaban el alto asiento donde se encontraban la cuna y el beb&#233;. Gente inferior, ni&#241;os, perros, se congregaron alrededor de los muros. La dulzura del pino y del prado llenaba el aire y las cabezas.

Tharasmund dio un paso al frente. En su mano llevaba el hacha sagrada, para sostenerla sobre su hijo mientras recitaba la bendici&#243;n de Donar. A su lado Ulrica sac&#243; agua del pozo de Frija. Nadie all&#237; hab&#237;a visto algo similar, m&#225;s que para el primog&#233;nito de una casa real.

Nos hemos reunido Tharasmund se detuvo. Todos los ojos se dirigieron hacia la puerta, y la respiraci&#243;n se detuvo. &#161;Oh, ten&#237;a esperanzas! &#161;Bienvenido!

Con la lanza golpeando ligeramente el suelo, el Errante se acerc&#243;. Inclin&#243; su figura gris sobre el ni&#241;o.

&#191;Le conceder&#233;is, se&#241;or, su nombre? pregunt&#243; Tharasmund.

&#191;Cu&#225;l ha de ser?

De la gente de su madre, para unirnos m&#225;s a los godos del oeste, Hathawulf.

El Errante permaneci&#243; inm&#243;vil un momento que se hizo eterno. Finalmente levant&#243; la cabeza. El ala del sombrero le ensombrec&#237;a la cara.

Hathawulf dijo en voz baja, como para s&#237;. Oh, s&#237;, ahora lo entiendo. Un poco m&#225;s alto a&#241;adi&#243;: Weard as&#237; lo desea. Bien, que as&#237; sea. Le dar&#233; su nombre.



1934

Sal&#237; de la base de Nueva York a la fr&#237;a y temprana oscuridad de diciembre y me alej&#233; a pie. Las luces y los escaparates me arrojaban la Navidad, pero no hab&#237;a muchos compradores. En las esquinas bajo el viento, los m&#250;sicos del Ej&#233;rcito de Salvaci&#243;n tocaban o los Santa Claus hac&#237;an sonar campanas sobre sus calderos de caridad, mientras tristes vendedores ofrec&#237;an esto y aquello. Los godos no sufren la depresi&#243;n, pens&#233;. Pero los godos ten&#237;an menos que perder. Materialmente, en todo caso. Espiritualmente &#191;qui&#233;n lo sab&#237;a? Yo no, por mucha historia que hubiese visto o llegase a ver.

Laurie oy&#243; mis pasos en la entrada y abri&#243; la puerta del apartamento.

Hab&#237;amos fijado la fecha de antemano, despu&#233;s de que ella volviese de Chicago donde ten&#237;a una exposici&#243;n. Me abraz&#243; con fuerza.

Al entrar, su alegr&#237;a se apag&#243;. Nos detuvimos en medio del sal&#243;n. Me cogi&#243; ambas manos, me mir&#243; en silencio y me pregunt&#243;:

&#191;Qu&#233; te ha hecho da&#241;o en este viaje?

Nada que no debiese haber previsto contest&#233;, oyendo mi voz tan aburrida como mi alma. Eh, &#191;c&#243;mo fue la exposici&#243;n?

Bien respondi&#243; con eficacia. De hecho, se han vendido dos cuadros por una buena suma. Volvi&#243; a mostrar preocupaci&#243;n. Bueno, dicho esto, si&#233;ntate. Deja que te sirva algo de beber. Dios, pareces apaleado.

Estoy bien. No tienes que ocuparte de m&#237;.

Quiz&#225; me haga falta. &#191;Lo has pensado alguna vez? Laurie me arroj&#243; sobre mi sill&#243;n habitual. Me sent&#233; en &#233;l y mir&#233; por la ventana. Las luces lejanas produc&#237;an una agitado resplandor en el alf&#233;izar, a los pies de la noche. La radio sintonizaba un programa de villancicos. Oh pueblecito de Bel&#233;n  

Qu&#237;tate los zapatos me aconsej&#243; Laurie desde la cocina. Lo hice, y fue como realizar un verdadero gesto de vuelta a casa, como un godo solt&#225;ndose el cintur&#243;n de la espada.

Ella trajo un par de whiskis con hielo, y me roz&#243; con los labios la frente antes de sentarse en un sill&#243;n, frente al m&#237;o.

Bienvenido dijo. Siempre eres bienvenido. Levantamos los vasos y bebimos.

Ella esper&#243; tranquilamente a que estuviese listo.

Lo solt&#233; de improviso.

Ha nacido Hamther.

&#191;Qui&#233;n?

Hamther. &#201;l y su hermano Sorli murieron intentado vengar a su hermana.

Lo s&#233; murmur&#243;. Oh, Carl, querido.

Primer hijo de Tharasmund y Ulrica. El nombre es realmente Hathawulf, pero es f&#225;cil ver c&#243;mo se convirti&#243; en Hamther a medida que la historia viajaba al norte durante siglos. Y quieren llamar Solbern a su siguiente hijo. Las fechas tambi&#233;n encajan. Ser&#225;n j&#243;venes, lo habr&#225;n sido, cuando No pod&#237;a continuar.

Se inclin&#243; hacia m&#237; lo suficiente para registrar el toque de su mano en mi conciencia.

Despu&#233;s, desolada, dijo:

No tienes que seguir con esto. &#191;Verdad, Carl?

&#191;Qu&#233;? Durante un momento el asombro apag&#243; el dolor Claro que tengo que hacerlo. Es mi trabajo, es mi deber.

Tu trabajo es descubrir lo que la gente pone en versos e historias. No lo que realmente hicieron. Salta al futuro, querido. Deja que Hathawulf est&#233; muerto cuando vuelvas a regresar.

&#161;No!

Comprend&#237; que hab&#237;a gritado, tom&#233; un largo y c&#225;lido trago, y me obligu&#233; a encararme con ella y decir con voz llana:

Ya lo he pensado. Cr&#233;eme, lo he hecho. Y no puedo. No puedo abandonarlos.

Tampoco puedes ayudarlos. Todo est&#225; predestinado.

No sabemos exactamente lo que suceder&#225; lo que sucedi&#243;. O c&#243;mo podr&#237;a No, Laurie, por favor, no digas nada m&#225;s.

Ella suspir&#243;.

Bien, puedo entenderlo. Has estado con varias generaciones, mientras crec&#237;an, viv&#237;an, sufr&#237;an y mor&#237;an; pero para ti no ha sido tanto tiempo. No dijo: para ti Jorith es un recuerdo muy cercano. S&#237;, haz lo que debas, Carl, mientras debas hacerlo.

Yo no ten&#237;a palabras, porque pod&#237;a sentir su propio dolor.

Sonri&#243; con inquietud.

Pero ahora est&#225;s de permiso dijo. Deja el trabajo a un lado. Hoy he salido y he comprado un peque&#241;o &#225;rbol de Navidad. &#191;Qu&#233; te parece si lo decoramos esta noche, despu&#233;s de preparar una cena de gourmet?

		Paz en la tierra, a los hombres de buena voluntad,
		Desde el cielo y su ben&#233;volo Rey



348366

Atanarico, rey de los godos del oeste, odiaba a Cristo. Adem&#225;s de entregar ofrendas a los dioses de sus padres, tem&#237;a a la Iglesia como taimada agente del Imperio. Dejadla roer lo suficiente, dec&#237;a, y la gente se encontrar&#225; doblando las rodillas ante los amos romanos. Por tanto, enviaba hombres contra ella, frustraba a los familiares de los cristianos asesinados cuando pretend&#237;an conseguir una compensaci&#243;n y, finalmente, dict&#243; leyes para la Gran Asamblea que dejaban la posibilidad de matanzas tan pronto como un acontecimiento calentase los &#225;nimos. O eso pensaba. Por su parte, los godos bautizados, que para entonces ya no eran pocos, se reunieron y hablaron sobre dejar que el Se&#241;or Dios de las Huestes decidiese el resultado.

El obispo Ulfilas dijo que no era muy inteligente. Admit&#237;a que los m&#225;rtires se convert&#237;an en santos, pero era el conjunto de los creyentes lo que manten&#237;a la Palabra viva sobre la Tierra. Busc&#243; y consigui&#243; el permiso de Constantino para que su reba&#241;o se trasladase a Mesia. Gui&#225;ndolos al otro lado del Danubio, se asegur&#243; de que se asentaban bajo las monta&#241;as Haemus. All&#237; se convirtieron en un grupo pac&#237;fico de pastores y granjeros.

Cuando esa noticia lleg&#243; a Heorot, Ulrica ri&#243; en voz alta.

&#161;As&#237; que mi padre se ha librado de ellos!

Su j&#250;bilo era prematuro. Durante los siguientes treinta a&#241;os, Ulfilas trabaj&#243; en sus vi&#241;edos. No todos los visigodos cristianos lo hab&#237;an seguido al sur. Quedaban algunos, entre ellos algunos jefes guerreros con el poder suficiente para protegerse a s&#237; mismos y a sus s&#250;bditos. Recib&#237;an a los misioneros, cuya labor produc&#237;a frutos. Las persecuciones de Atanarico hicieron que los cristianos buscasen un l&#237;der propio. Lo encontraron en Fritigemo, tambi&#233;n de la casa real. Aunque nunca se produjo una guerra abierta entre las facciones, hubo muchos enfrentamientos. M&#225;s joven, y pronto m&#225;s rico que su rival al recibir el favor de los mercaderes del Imperio, Fritigerno hizo que muchos godos del oeste se uniesen a la Iglesia con el paso de los a&#241;os, simplemente porque parec&#237;a un acto muy prometedor.

A los ostrogodos los afect&#243; poco. El n&#250;mero de cristianos entre ellos creci&#243;, pero lentamente y sin causar problemas. Al rey Ermanarico no le preocupaba ning&#250;n dios ni el otro mundo. Estaba demasiado ocupado conquistando todo lo que pod&#237;a de este mundo.

Sus guerras rug&#237;an por toda la Europa orienta&#161;. En varias temporadas de feroz campa&#241;a derrot&#243; a los h&#233;rulos. Aquellos que no se sometieron se trasladaron para unirse a tribus occidentales del mismo nombre. Aestios y vendios fueron presas f&#225;ciles para Ermanarico. Insaciable, llev&#243; sus ej&#233;rcitos al norte, m&#225;s all&#225; de las tierra que su padre hab&#237;a controlado. Al final, toda la franja desde el r&#237;o Elba hasta el Dni&#233;per le reconoc&#237;a como se&#241;or.

En esos enfrentamientos Tharasmund se gan&#243; un nombre y obtuvo un gran bot&#237;n. Pero no le gustaban las crueldades de] rey. En ocasiones, en las asambleas, se pon&#237;a en pie no s&#243;lo para hablar por su tribu sino por otros, en nombre de sus antiguos derechos. Entonces Ermanarico deb&#237;a ceder, aunque a rega&#241;adientes. Los tervingos eran todav&#237;a demasiado peligrosos, o &#233;l no lo suficientemente poderoso, para convertirlos en enemigos. Eso era a&#250;n m&#225;s cierto porque muchos godos hubiesen temido levantar sus armas contra una casa que todav&#237;a recib&#237;a de vez en cuando a su extra&#241;o antepasado.

El Errante estaba all&#237; cuando dieron nombre al tercer hijo de Tharasmund y Ulrica, Solbern. El segundo hab&#237;a muerto en la cuna, pero Solbern, como su hermano, creci&#243; fuerte y hermoso. El cuarto hijo fue una ni&#241;a, a la que llamaron Swanhild. Para ella tambi&#233;n apareci&#243; el Errante, pero brevemente, y despu&#233;s no se le vio durante a&#241;os. Swanhild se convirti&#243; en hermosa a la rnirada, y era tan dulce y alegre como la naturaleza.

Ulrica dio a luz a tres hijos m&#225;s. Todos muy distanciados y ninguno vivi&#243; mucho. Tharasmund estaba generalmente lejos de casa, luchando, comerciando, consultando a hombres de val&#237;a, guiando a sus tervingos en los asuntos comunes. A su regreso sol&#237;a dormir con Erelieva, la amante que hab&#237;a tomado poco despu&#233;s del nacimiento de Swanhild.

No era ni una esclava ni de baja cuna, sino la hija de un acomodado terrateniente. Es m&#225;s, por la rama femenina descend&#237;a de Winnithar y Salvalindis. Tharasmund la hab&#237;a conocido mientras cabalgaba entre las tribus, como era su costumbre anual cuando estaba fuera, para escuchar lo que tuviesen en mente. Prolong&#243; su estancia en esa casa, y pasaban mucho tiempo juntos. M&#225;s tarde envi&#243; mensajeros preguntando si vendr&#237;a a &#233;l. Llevaron ricos regalos para sus padres, as&#237; como promesas de honor para ella y lazos entre familias. No era una oferta para rechazar a la ligera, y la muchacha estaba impaciente, as&#237; que finalmente parti&#243; con los hombres de Tharasmund.

Mantuvo su palabra y la trat&#243; con cari&#241;o. Cuando le dio un hijo, Alawin, dio una fiesta tan lujosa como hab&#237;a hecho con Hathawulf y Solbern. En el futuro tuvo pocos hijos, y la enfermedad se los llev&#243; pronto, pero eso no hizo disminuir su amor por ella.

Ulrica estaba amargada. No porque Tharasmund tuviese otra mujer. Eso era algo que hac&#237;an la mayor&#237;a de los hombres que pod&#237;an permit&#237;rselo, y &#233;l ya hab&#237;a tenido sus escarceos. Lo que molestaba a Ulrica era la posici&#243;n que daba a Erelieva; segunda s&#243;lo por detr&#225;s de Ulrica en la casa, y por encima de ella en su coraz&#243;n. Era demasiado orgullosa para iniciar una pelea que iba a perder, pero sus sentimientos eran evidentes. Con Tharasmund se volvi&#243; fr&#237;a, incluso cuando &#233;l buscaba su cama. Eso hizo que &#233;l se distanciase m&#225;s, y s&#243;lo se acercaba con la esperanza de m&#225;s hijos.

Durante sus largas ausencias, Ulrica hac&#237;a todo lo posible por despreciar a Erelieva y decir palabras duras contra ella. La joven enrojec&#237;a pero lo soportaba en silencio. Se hab&#237;a ganado a sus amigos. Era Ulrica la autoritaria la que estuvo cada vez m&#225;s sola. Por tanto, prestaba mucha atenci&#243;n a sus hijos; &#233;stos crecieron muy unidos a ella.

Con todo, eran j&#243;venes valientes, r&#225;pidos en aprender todo lo que correspond&#237;a a un hombre, queridos all&#237; adonde iban. Eran muy diferentes, Hathawulf el m&#225;s col&#233;rico, Solbern el m&#225;s pensativo, pero los un&#237;a el cari&#241;o. Y en cuanto a su hermana Swanhild, todos los tervingos incluidos Erelieva y Alawin la adoraban.

Durante ese tiempo, pasaban a&#241;os entre visita y visita del Errante, y eran breves. Eso hizo que la gente se sintiese todav&#237;a m&#225;s sobrecogida ante &#233;l. Cuando su caracter&#237;stica silueta aparec&#237;a sobre las colinas, los hombres hac&#237;an sonar los cuernos y desde Heorot sal&#237;an galopando los jinetes para recibirlo y escoltarlo. Permanec&#237;a m&#225;s en silencio que antes. Era como si una pena secreta hubiese depositado su peso sobre &#233;l, aunque nadie se atrev&#237;a a preguntarle. Eso resultaba m&#225;s evidente cuando Swanhild pasaba a su lado con su belleza, o se acercaba llena de orgullo y estremeci&#233;ndose si su madre le hab&#237;a permitido servir el vino al invitado, o se sentaba a su pies entre los otros j&#243;venes cuando contaba historias y daba sabios consejos. En una ocasi&#243;n &#233;l le dijo a su padre:

Es como su bisabuela.

El duro guerrero se estremeci&#243; un poco en su cota. &#191;Cu&#225;nto tiempo llevaba muerta la mujer?

En una ocasi&#243;n el Errante se mostr&#243; sorprendido. Desde su &#250;ltima aparici&#243;n, Erelieva hab&#237;a llegado a Heorot y hab&#237;a tenido a su hijo. Con timidez, ense&#241;&#243; el beb&#233; al Anciano. &#201;l permaneci&#243; sentado durante muchos latidos antes de preguntar:

&#191;C&#243;mo se llama?

Alawin, se&#241;or contest&#243;.

&#161;Alawin! El Errante se llev&#243; la mano a la frente. &#191;Alawin? Al cabo de un rato dijo casi susurrando: Pero t&#250; eres Erelieva. Erelieva, Erp, s&#237;, quiz&#225; sea as&#237; como te recuerden, querida. Nadie comprendi&#243; el significado de sus palabras.

Pasaron los a&#241;os. Durante ese periodo el rey Ermanarico creci&#243;. Y tambi&#233;n lo hicieron su crueldad y su avaricia.

Cuando tanto &#233;l como Tharasmund hab&#237;an cumplido el cuadrag&#233;simo invierno, el Errante apareci&#243; de nuevo. Los que salieron a su encuentro ten&#237;an el rostro triste y hablaban poco. Heorot estaba llena de hombres armados. Tharasmund salud&#243; al invitado con desolada alegr&#237;a.

Abuelo y se&#241;or, &#191;hab&#233;is venido en nuestra ayuda, como la vez en que expulsasteis a los v&#225;ndalos de la vieja Gotland?

El Errante permaneci&#243; quieto, como si estuviese tallado en Piedra.

Ser&#225; mejor que me lo cuentes desde el principio dijo por fin. &#191;Para que lo tengamos claro en nuestras cabezas? Pero lo est&#225;. Bien se har&#225; vuestra voluntad. Tharasmund medit&#243;. Dejadme llamar a dos m&#225;s.

Esos dos resultaron ser un extra&#241;o par. Liuderis, corpulento y fuerte, era el hombre de confianza del jefe guerrero. Serv&#237;a como administrador de las tierras de Tharasmund y como capit&#225;n de guerreros cuando Tharasrnund estaba ausente. El segundo era un joven de pelo rojo de quince a&#241;os, sin barba pero fuerte, con una furia en los ojos verdes que superaba sus a&#241;os. Tharasmund lo llam&#243; Randwar, hijo de Gutrico, no un tervingo, sino un greutungo.

Los cuatro se retiraron a un cuarto alto donde pod&#237;an hablar sin ser escuchados. Un corto d&#237;a de invierno se terminaba. Las l&#225;mparas daban luz para ver y un brasero algo de calor, aunque los hombres estaban sentados envueltos en pieles y el aliento sal&#237;a blanco por entre las tinieblas. Se trataba de una habitaci&#243;n ricamente decorada, con sillas romanas y una mesa con incrustaciones de madreperla. De las paredes colgaban tapices y las contraventanas ten&#237;an tallas.

Los sirvientes hab&#237;an tra&#237;do una jarra de vino y copas de cristal para beber. A trav&#233;s del suelo de roble llegaban los sonidos de la vida. Bien les hab&#237;a ido al hijo y al nieto del Errante.

Pero Tharasmund frunci&#243; el ce&#241;o, se agit&#243; en su silla y se pas&#243; los dedos por entre los rizos casta&#241;os y la barba bien cortada, antes de volverse hacia el visitante y decir:

Cabalgamos hacia el rey, quinientos hombres fuertes. Su &#250;ltima atrocidad es m&#225;s de lo que cualquiera puede aguantar. Tendremos justicia para los muertos, o si no el gallo rojo cantar&#225; sobre su tejado.

Quer&#237;a decir fuego un levantamiento, guerra de godos contra godos, derrocamiento y muerte.

Nadie supo si el Errante hab&#237;a mudado el gesto. Las sombras se agitaron en los surcos de su cara mientras las l&#225;mparas parpadeaban y la oscuridad merodeaba.

Dime qu&#233; ha hecho dijo.

Tharasmund hizo un gesto envarado en direcci&#243;n a Randwar.

Cu&#233;ntalo, muchacho, como nos lo contaste a nosotros.

El joven trag&#243; saliva. La furia emergi&#243; por entre la timidez que hab&#237;a sentido en su presencia. Con un pu&#241;o se golpe&#243; la rodilla, una y otra vez, mientras relataba con brusquedad:

Sabed, se&#241;or, aunque creo que ya lo sab&#233;is, que el rey Ermanarico ten&#237;a dos sobrinos, Embrica y Fritla. Eran hijos de un hermano suyo, Aiulf, que cay&#243; en la guerra contra los anglos del norte. Embrica y Fritla siempre lucharon bien. Aqu&#237; en el sur, hace dos a&#241;os, dirigieron una tropa al este contra los aliados alanos de los hunos. Trajeron a casa un gran bot&#237;n, porque hab&#237;an atacado un lugar donde los hunos guardaban tributos tra&#237;dos de muchas regiones. Ermanarico lo supo y declar&#243; que le pertenec&#237;a. Sus sobrinos dijeron que no, que el ataque hab&#237;a sido exclusivamente de ellos. &#201;l les pidi&#243; que viniesen a discutir la cuesti&#243;n. Lo hicieron, pero primero escondieron el tesoro. Aunque les hab&#237;a prometido seguridad, Ermanarico los hizo detener. Cuando no le dijeron d&#243;nde estaba el tesoro, primero los hizo torturar y luego ejecutar. Despu&#233;s envi&#243; hombres a registrar sus tierras. Fracasaron; pero causaron grandes destrozos, quemaron las casas de los hijos de Aiulf, mataron a sus familias para imponer obediencia, dijeron. Mi se&#241;or Randwar grit&#243;, &#191;estuvo eso bien?

Suele ser el comportamiento de los reyes. El tono del Errante era como si el hierro hubiese adquirido la capacidad de hablar. &#191;Cu&#225;l es tu relaci&#243;n en este asunto?

Mi mi padre tambi&#233;n era hijo de Aiulf, pero muri&#243; joven. Mi t&#237;o Embrica y su esposa me criaron. Estaba en un largo viaje de caza. Cuando regres&#233;, la casa era un mont&#243;n de cenizas. La gente me cont&#243; que los hombres de Ermanarico se hab&#237;an aprovechado de mi madre adoptiva antes de cortarle la garganta. Ella era pariente de esta casa. Aqu&#237; vine.

Volvi&#243; a desplomarse sobre la silla, luch&#243; por no llorar, y tom&#243; un trago de su copa de vino.

S&#237; dijo Tharasmund, ella, Mathaswentha, era mi prima. Ya sab&#233;is que las familias importantes a menudo se casan entre ramas tribales. Ranward es un pariente m&#225;s lejano; sin embargo, compartimos algo de una sangre que ha sido derramada. Adem&#225;s, sabe d&#243;nde est&#225; el tesoro, hundido bajo el Dni&#233;per. Est&#225; bien que Weard lo hiciese alejarse en ese momento y evitase su muerte. Ese oro le comprar&#237;a al rey demasiado poder.

Liuderis movi&#243; la cabeza.

No lo entiendo murmur&#243;. Despu&#233;s de todo lo que he o&#237;do, sigo sin entender. &#191;Por qu&#233; se comporta Ermanarico de esa forma? &#191;Est&#225; pose&#237;do? &#191;O s&#243;lo est&#225; loco?

Creo que ninguna de las dos cosas dijo Tharasmund. Creo que en alguna medida, su consejero Sibicho, ni siquiera un godo sino un v&#225;ndalo a su servicio, le ha susurrado maldades. Pero Ermanarico siempre esta dispuesto a escuchar, s&#237;. Al Errante: Durante a&#241;os ha estado incrementando los tributos que debemos pagar, y ha llevado a mujeres libres a su cama tanto si quer&#237;an como si no, y en general ha tratado con crudeza a la gente. Creo que tiene la intenci&#243;n de romper la voluntad de aquellos jefes guerreros que se le han opuesto. Si aceptamos esto &#250;ltimo, estaremos a&#250;n m&#225;s dispuestos a aceptar lo siguiente.

El Errante asinti&#243;.

S&#237;, tienes toda la raz&#243;n. Yo dir&#237;a, adem&#225;s, que Ermanarico envidia el poder del emperador de Roma, y quiere lo mismo para s&#237; sobre los ostrogodos. Adem&#225;s, oye como Fritigerno se levanta para oponerse a Atanarico entre los visigodos, y tiene la intenci&#243;n de aplastar a cualquier rival en su reino.

Cabalgamos para exigir justicia dijo Tharasmund. Debe pagar doble compensaci&#243;n por la muerte de sus sobrinos y, en la Gran Asamblea, jurar sobre la Piedra de Tiwaz para seguir desde ese momento las antiguas leyes y derechos. En caso contrario, levantar&#233; a todo el pa&#237;s contra &#233;l.

Tiene muchos de su parte le advirti&#243; el Errante: algunos por las promesas que les han hecho, algunos por avaricia y miedo, otro porque creen que hay que tener un rey fuerte para mantener las fronteras ahora que los hunos vuelven a reunirse como una serpiente lista para atacar.

&#161;S&#237;, pero ese rey no tiene por qu&#233; ser Ermanarico! grit&#243; Randwan.

En Tharasmund se encendi&#243; la esperanza.

Se&#241;or le dijo al Errante, vos que derrotasteis a los v&#225;ndalos, &#191;volver&#233;is a estar al lado de vuestro pueblo?

La respuesta fue inquieta.

Yo no puedo luchar en vuestras batallas. Weard no lo permitir&#237;a.

Tharasmund permaneci&#243; en silencio un momento. Al fin pregunt&#243;:

&#191;Vendr&#233;is al menos con nosotros? Seguro que el rey os prestar&#225; atenci&#243;n.

El Errante continu&#243; un tiempo sin hablar, hasta que por fin dijo lo siguiente:

S&#237;, ver&#233; qu&#233; puedo hacer. Pero no prometo nada. &#191;Me o&#237;s? No prometo nada.

Y as&#237; parti&#243; con los otros, como cabeza del grupo.

Ermanarico ten&#237;a residencias por todo el reino. &#201;l, sus guardias, sabios y sirvientes viajaban de una a otra. Las noticias eran que, tras los asesinatos, se hab&#237;a atrevido a acercarse a tres d&#237;as a caballo de Heorot.

&#201;sos fueron tres d&#237;as de escasas alegr&#237;as. La nieve helada cubr&#237;a la tierra como una costra. Se romp&#237;a bajo los cascos. El cielo era bajo y de un gris uniforme, el aire est&#225;tico y crudo. Las casas estaban cubiertas de paja. Los &#225;rboles se alzaban desnudos, excepto los grupos de abetos. Nadie dijo mucho o cant&#243; demasiado, ni siquiera alrededor del fuego de campamento antes de irse a dormir.

Pero cuando vieron su destino, Tharasmund hizo soplar el cuerno y llegaron a pleno galope.

El empedrado resonaba, los caballos relinchaban mientras los tervingos entraban en el patio real. Un n&#250;mero igual de guardias permanec&#237;a apostado frente al sal&#243;n, las cabezas de lanza relucientes entre pendones ca&#237;dos.

&#161;Queremos hablar con vuestro amo! rugi&#243; Tharasmund.

Era un insulto bien escogido, como si lo hombres que all&#237; se encontraban no fuesen libres sino esclavos, como perros o romanos. El capit&#225;n enrojeci&#243; antes de responder:

Algunos podr&#233;is entrar, pero el resto tendr&#225; que retirarse.

S&#237;, hacedlo le murmur&#243; Tharasmund a Liuderis.

El viejo guerrero gru&#241;&#243;:

Bien, lo haremos, ya que ponemos nerviosas a tus tropas pero no nos alejaremos mucho, ni esperaremos mucho a saber si nuestros l&#237;deres est&#225;n a salvo de traiciones.

Hemos venido a hablar se apresur&#243; a decir el Errante.

&#201;l, Tharasmund y Randwar desmontaron. Los guardias se apartaron a su paso. Hab&#237;a m&#225;s en los bancos del interior. En contra de la costumbre, iban armados. En el centro de la pared oriental, flanqueado por sus cortesanos, estaba Ermanarico.

Era un hombre grande de porte inflexible. Rizos negros y una barba rodeaban un rostro marcado y serio. Iba lujosamente vestido, con pesadas bandas doradas sobre frente y mu&#241;ecas; la luz de las llamas se reflejaba en el metal. Sus ropas eran de telas extranjeras te&#241;idas, ribeteadas de marta y armi&#241;o. En la mano sosten&#237;a una copa de vino, no de vidrio sino de cristal, y en sus dedos reluc&#237;an rub&#237;es.

Orden&#243; silencio hasta que los tres cansados y sucios viajeros llegaron hasta el trono. Los mir&#243; un buen rato antes de decir:

Bien, Tharasmund, vienes con compa&#241;eros poco usuales.

Debes saber qui&#233;nes son contest&#243; el jefe tervingo y cu&#225;l es nuestro prop&#243;sito.

Un hombre delgado y de rostro ceniciento situado a la derecha del rey, Sibicho el v&#225;ndalo, le susurr&#243; algo al o&#237;do. Ermanarico asinti&#243;.

Entonces sentaos dijo. Beberemos y comeremos.

No se neg&#243; Tharasmund. No tomaremos ni tu sal ni de tu jarra hasta que no est&#233;s en paz con nosotros.

Eres muy atrevido.

El Errante levant&#243; en alto su lanza. Se hizo el silencio, por lo que el crepitar de los grandes fuegos se oy&#243; m&#225;s fuerte.

Si sois sabio, rey, oir&#233;is a este hombre dijo. Vuestra tierra sangra. Lavad las herida y aplicad las hierbas antes de que se hinche y enferme.

Ermanarico lo mir&#243; a los ojos y contest&#243;.

No soporto los insultos, anciano. Le escuchar&#233; si controla la lengua. Dime en pocas palabras lo que quieres, Tharasmund.

Aquello fue como una bofetada en la mejilla. El tervingo tuvo que tragar tres veces antes de exponer sus exigencias.

Pens&#233; que querr&#237;as eso dijo Ermanarico. Sabed que Embriea y Fritla cayeron por sus propios actos. Le negaron a su rey lo que le pertenec&#237;a por derecho. Los ladrones y perjuros son bandidos. Sin embargo, soy compasivo. Estoy dispuesto a pagar compensaci&#243;n por sus familias y posesiones en cuanto me sea entregado el tesoro.

&#191;Qu&#233;? grit&#243; Ranward. &#191;C&#243;mo te atreves a hablar as&#237;, asesino?

Los guardias se agitaron. Tharasmund puso una mano de advertencia sobre el hombro del muchacho. A Ermanarico le dijo:

Pedimos doble compensaci&#243;n y reconocimiento del mal que has hecho. No podemos tomar menos sin perder nuestro honor. Pero en cuanto a la propiedad del tesoro, que decida la Gran Asamblea; y, decida lo que decida, que haya paz.

No regateo contest&#243; Ermanarico con voz glacial. Aceptad mi oferta e &#161;dos o rechazadla e &#161;dos, antes de que decida que lament&#233;is vuestra insolencia.

El Errante se adelant&#243;. Una vez m&#225;s levant&#243; la lanza para pedir silencio. El sombrero le ocultaba el rostro, haciendo que su aspecto fuese doblemente extra&#241;o; la capa azul ca&#237;a sobre sus hombros como un par de alas.

Escuchadme dijo. Los dioses son justos. Traer&#225;n destrucci&#243;n a los que se mofan de la ley y aplastan a los d&#233;biles. Ermanarico, escucha antes de que sea demasiado tarde. Escucha antes de que tu reino sea destruido.


Un murmullo de agitaci&#243;n recorri&#243; el sal&#243;n. Los hombres se mov&#237;an, hac&#237;an gestos, agarraban las empu&#241;aduras para confortarse. Los ojos se mov&#237;an blancos entre el humo y la oscuridad. Hab&#237;a hablado el Errante.

Sibicho tir&#243; de la manga del rey y le susurr&#243; algo m&#225;s. Ermanarico asinti&#243;. Se inclin&#243; hacia delante, con el &#237;ndice recto como un cuchillo, y habl&#243; fuerte para que su voz resonase en la madera.

Has sido recibido en casas de mi reino, anciano. Malo es que me amenaces. Y eres poco inteligente, por mucho que digan de ti los ni&#241;os, viejas e idiotas, si crees que te temo. S&#237;, dicen que eres el mism&#237;simo Wodan. &#191;Qu&#233; me importa? No confi&#243; en dioses et&#233;reos, sino en la fuerza que me pertenece.

Se puso en pie. Sac&#243; la espada reluciente.

&#191;Quieres enfrentarte a m&#237;, viejo mendigo? grit&#243;. Podemos levantar una empalizada ahora mismo. &#161;Encu&#233;ntrate conmigo all&#237;, de hombre a hombre, y romper&#233; esa lanza tuya en dos y te expulsar&#233; aullando!

El Errante no se movi&#243;; su arma se agito un poco.

Weard no lo permite pr&#225;cticamente susurr&#243;. Pero te lo advierto con toda seriedad, por cada uno de los godos, haz la paz con estos hombres que has da&#241;ado.

Har&#233; paz si ellos lo desean dijo Ermanarico, sonriendo. Ya has o&#237;do mi oferta, Tharasmund, &#191;la aceptas?

El tervingo cruz&#243; los brazos, mientras Randwar rug&#237;a como un lobo, el Errante permanec&#237;a de pie como un &#237;dolo y Sibicho miraba desde el banco.

No dijo. No puedo.

Entonces vete, idos todos vosotros, antes de que os haga azotar.

Ante eso, Randwar sac&#243; una hoja. Tharasmund y Liuderis buscaron las suyas; por todas partes reluci&#243; el hierro. El Errante dijo en voz alta:

Nos iremos, pero s&#243;lo por la suerte de los godos. Medita, rey, mientras sigas siendo rey.

Inst&#243; a sus compa&#241;eros a irse. Ermanarico empez&#243; a re&#237;r. Sus risas los persiguieron por todo el corredor.



1935

Laurie y yo nos fuimos a pasear a Central Park. A nuestro alrededor marzo se mostraba exuberante. Quedaban algunas peque&#241;as zonas de nieve, pero por lo dem&#225;s la hierba ya estaba verde. Los arbustos y &#225;rboles ten&#237;an capullos. M&#225;s all&#225; de las ramas, las torres de la ciudad reluc&#237;an reci&#233;n lavadas por el clima, y en el cielo azul algunas nubes hac&#237;an una regata. El fr&#237;o era el justo para activar la circulaci&#243;n.

Perdido en mi invierno personal, apenas. percib&#237;a nada.

Me cogi&#243; la mano.

No deber&#237;as haberlo hecho, Carl. Sent&#237; que compart&#237;a mi dolor, en la medida en que pod&#237;a.

&#191;Qu&#233; otra cosa pod&#237;a hacer? le contest&#233; desde la oscuridad. Tharasmund me pidi&#243; que fuese con ellos. Ya te lo he dicho. &#191;C&#243;mo podr&#237;a negarme y volver a dormir en paz?

&#191;Duermes bien ahora? Hizo la pregunta con rapidez. Vale, quiz&#225; estuvo bien, dentro de lo permisible, prestar cualquier consuelo que pudiese haber en tu presencia, pero hablaste, intentaste descabezar el conflicto.

Benditos los que buscan la paz, me ense&#241;aron en la escuela dominical.

Ese enfrentamiento es inevitable. &#191;No? Est&#225; en los mismos poemas e historias que fuiste a investigar.

Me encog&#237; de hombros.

Historias. Poemas. &#191;Cu&#225;nto contienen de verdad? Oh, s&#237;, la historia sabe qu&#233; pas&#243; al final con Ermanarico. Pero &#191;murieron Swanhild, Hathawulf y Solbern como dice la saga? &#191;Si algo as&#237; sucedi&#243;, si no es m&#225;s que una imagen rom&#225;ntica, siglos posterior, que un cronista se tom&#243; en serio, les sucedi&#243; necesariamente a ellos? Me aclar&#233; la garganta agarrotada. Mi trabajo en la Patrulla es descubrir cu&#225;les son los acontecimientos que realmente sucedieron para protegerlos.

Cari&#241;o, cari&#241;o suspir&#243;, te hace tanto da&#241;o. Te distorsiona el juicio. Piensa. Yo he pensado, vaya si he pensado, y claro est&#225; que no he estado all&#237; en persona, pero quiz&#225; eso me de una perspectiva que t&#250; que t&#250; has decidido no tener. Todo lo que has informado, durante este asunto, todo muestra los acontecimientos dirigi&#233;ndose a un &#250;nico final. Si t&#250;, como un dios, hubieses podido obligar al rey a reconciliarse, lo hubiese hecho, seguro. Pero no, &#233;sa no es la forma del continuo.

&#161;Pero es flexible! &#191;Qu&#233; diferencia puede representar la vida de unos cuantos b&#225;rbaros?

Est&#225;s alucinando, Carl, y lo sabes. Yo yo misma paso mucho tiempo despierta pensando en lo que podr&#237;as estropear. Vuelves a estar demasiado cerca de lo prohibido. Quiz&#225; ya hayas cruzado el l&#237;mite.

Las l&#237;neas del tiempo se ajustar&#225;n. Siempre lo hacen.

Si eso fuese cierto, no necesitar&#237;amos la Patrulla. Debes comprender los riesgos a los que te enfrentas.

Lo hac&#237;a. Me obligaba a enfrentarme a ellos. Los puntos de nexo se producen, all&#237; donde importa hacia d&#243;nde cae el dado. Y tampoco sol&#237;an ser los lugares m&#225;s evidentes.

Un ejemplo me vino a la mente, como un cad&#225;ver que sube a la superficie. Un instructor de la Academia lo hab&#237;a presentado como adecuado para cadetes fuera de mi entorno.

De la Segunda Guerra Mundial flu&#237;an enormes consecuencias. La principal era que dejaba a los sovi&#233;ticos con el control de media Europa (las armas nucleares eran indirectas; hubiesen aparecido igualmente alrededor de esa &#233;poca, porque los principios ya se conoc&#237;an). Al final, la situaci&#243;n pol&#237;ticomilitar llev&#243; a acontecimientos que afectaron al destino de la humanidad durante cientos de a&#241;os por siempre, porque esos siglos ten&#237;an sus propios nexos.

Y sin embargo, Winston Churchill ten&#237;a raz&#243;n cuando llam&#243; al conflicto de 19391945 la Guerra Innecesaria. Cierto, las debilidades de las democracias fueron importantes en su origen. Sin embargo, no hubiese habido ninguna amenaza para acobardarlas si el nazismo no hubiese tomado el control en Alemania. Y ese movimiento, originalmente peque&#241;o y del que todos se burlaban, m&#225;s tarde castigado (aunque con bastante suavidad) por las autoridades de Weimar ese movimiento no hubiese tomado el poder, no hubiese podido, en el pa&#237;s de Bach y Goethe, sino a trav&#233;s del genio &#250;nico de Adolf Hitler. Y el padre de Hitler hab&#237;a nacido corno Alois Schicklgruber, un &#161;leg&#237;timo, el resultado accidental de un l&#237;o entre un burgu&#233;s austriaco y una de sus criadas

Pero si evitabas esa relaci&#243;n, lo que pod&#237;a hacerse con facilidad sin perjudicar a nadie, abortabas toda la historia posterior. En 1935, digamos, el mundo pod&#237;a ser diferente. Quiz&#225; fuese mejor que el original (en algunos aspectos, por un tiempo) o quiz&#225; peor. Pod&#237;a imaginar, por ejemplo, que los humanos nunca se hubiesen aventurado a salir al espacio. Seguro que no lo hubiesen hecho tan pronto; y podr&#237;a haber sucedido demasiado tarde para rescatar una Tierra moribunda. No puedo imaginar que se hubiese establecido ninguna utop&#237;a pac&#237;fica.

No importaba. Si por mi intervenci&#243;n la situaci&#243;n en tiempos de Roma cambiaba de forma importante, yo todav&#237;a estar&#237;a all&#237;; pero cuando regresase a este a&#241;o, toda mi civilizaci&#243;n no habr&#237;a existido nunca. Laurie nunca hubiese sido.

No no estoy de acuerdo en que me est&#233; arriesgando dije. Mis superiores leyeron mis informes, informes sinceros. Me lo har&#237;an saber si me estuviera saliendo de los l&#237;mites.

&#191;Sinceros?, me pregunt&#233;. Bien, s&#237;, relataban lo que observaba y hac&#237;a, sin mentiras ni ocultaciones, aunque con un estilo parco, Pero la Patrulla no quer&#237;a golpes de pecho emocionales, &#191;no? Y no se esperaba que contase cada detalle trivial, &#191;no? En todo caso, ser&#237;a imposible.

Tom&#233; aliento.

Miradije. Conozco mi lugar. S&#243;lo soy un simple investigador ling&#252;&#237;stico y literario. Pero si puedo ayudar, con toda la seguridad posible, tengo que hacerlo. &#191;No?

S&#237;, Carl.

Seguimos andando. Al rato dijo:

Eh, hombre, est&#225;s de permiso, de vacaciones, &#191;lo recuerdas? Se supone que debernos relajarnos y disfrutar de la vida. He estado haciendo planes para los dos. Escucha.

Vi l&#225;grimas en sus ojos, e hice lo posible por devolverle la alegr&#237;a con la que ella las cubr&#237;a.



366372

Tbarasmund llev&#243; a sus hombres de vuelta a Beorot. Se separaron y cada uno busc&#243; su propia casa. El Errante se despidi&#243;.

No te apresures a actuar fue su consejo. T&#243;rnate tu tiempo. &#191;Qui&#233;n sabe lo que podr&#237;a suceder?

Creo que vos lo sab&#233;is dijo Tharasmund.

No soy un dios.

Me lo hab&#233;is dicho muchas veces, pero nada m&#225;s. Entonces, &#191;qu&#233; sois?

No puedo revelarlo. Pero si esta casa me debe algo por lo que h e hecho a lo largo de los a&#241;os, reclamo ahora mi deuda, y te conmino a que act&#250;es despacio y con precauci&#243;n.

Tharasmund asinti&#243;:

Lo har&#237;a en cualquier caso. Llevar&#225; tiempo y habilidad reunir a suficientes hombres en una hermandad a la que Ermanarico no pueda enfrentarse. Despu&#233;s de todo, la mayor&#237;a preferir&#237;a quedarse sentado en su casa esperando a que los problemas pasen de largo, aunque golpeen a otros. Mientras tanto, es probable que el rey no se atreva a una violaci&#243;n abierta antes de creerse preparado. Debo mantenerme por delante de &#233;l, pero s&#233; muy bien que un hombre puede recorrer m&#225;s distancia caminando que corriendo.

El Errante le cogi&#243; la mano, iba a hablar, pero parpade&#243;, se dio la vuelta y se alej&#243;. Lo &#250;ltimo que Tharasmund vio de &#233;l fue su sombrero, la capa y la lanza, alej&#225;ndose por el camino del invierno.

Randwar se estableci&#243; en Heorot, un recuerdo vivo del agravio. Pero era demasiado joven y estaba demasiado lleno de vida para esperar mucho. Pronto &#233;l, Hathawulf y Solbern se hicieron amigos, cazaban juntos, hac&#237;an deporte, participaban en juegos y todo tipo de diversiones. A su vez se acerc&#243; mucho a su hermana Swanhild.

El equinoccio trajo hielo fundido, brotes, flores y hojas, Durante la estaci&#243;n fr&#237;a Tharasniund hab&#237;a viajado mucho por entre los tervingos y m&#225;s all&#225;, para hablar en privado con hombres importantes. Durante la primavera permaneci&#243; en casa y se ocup&#243; de trabajar sus tierras; y, cada noche, &#233;l y Erelieva disfrutaban juntos.

Lleg&#243; el d&#237;a en que grit&#243; con alegr&#237;a:

Hemos plantado y recogido, limpiado y reconstruido, ayudado a parir al ganado y lo hemos enviado a los pastos. &#161;Tengamos libertad por un tiempo! Ma&#241;ana nos vamos de caza.

Esa ma&#241;ana bes&#243; a Erelieva frente a todos los hombres que iban a ir con &#233;l, antes de saltar a la silla y alejarse. Los perros ladraban, los caballos relinchaban, los cascos golpeaban y los cuernos gem&#237;an. All&#237; donde la carretera bordeaba un bosquecillo y se perd&#237;a de vista, se dio la vuelta para saludarla con la mano.

Lo volvi&#243; a ver esa tarde, pero era un cuerpo enrojecido.

Los hombres que lo trajeron a la casa, sobre una litera improvisada con una capa atada entre dos lanzas, contaron con voz apagada lo sucedido. Al entrar al bosque que comenzaba a unas millas, encontraron el rastro de un jabal&#237; salvaje y lo siguieron. Larga fue la persecuci&#243;n antes de llegar hasta la bestia. Era grande, de cerdas brillantes y dientes como las hojas de una daga. Tharasmund grit&#243; de alegr&#237;a. Pero el coraz&#243;n del jabal&#237; era tan grande corno su cuerpo. No permaneci&#243; quieto mientras algunos cazadores descend&#237;an y otros lo incitaban a cargar. Atac&#243; inmediatamente. El caballo de Tharasmund grit&#243;, derribado y con el vientre abierto. El jefe cay&#243; con fuerza. El jabal&#237; lo vio y salt&#243; sobre &#233;l. Los colmillos rasgaron el cuerpo entre monstruosos gru&#241;idos. La sangre saltaba por todas partes.

Aunque los hombres se apresuraron a matar a la bestia, murmuraron algo de que bien podr&#237;a haber sido un demonio, o estar pose&#237;do &#191;un enviado de Ermanarico o su intrigante consejero Sibicho? Fuese como fuese, las heridas de Tharasrnund eran demasiado profundas para resta&#241;ar. Apenas tuvo tiempo de levantar la mano para agarrar las de sus hijos.

Las mujeres lloraron en el sal&#243;n y las casas menores excepto Ulrica, que permaneci&#243; p&#233;trea, y Erelieva, que fue a llorar sola.

Mientras la primera lavaba y preparaba el cad&#225;ver, como era su derecho de esposa, los amigos de la segunda se la llevaron a otra parte. No mucho despu&#233;s la casaron con un terrateniente, un viudo cuyos hijos necesitaban una madrastra y que viv&#237;a bien lejos de Heorot. Aunque s&#243;lo ten&#237;a diez a&#241;os, su hijo Alawin hizo lo que deb&#237;a hacer un hombre y se qued&#243;. Hathawulf, Solbern y Swanhild le defendieron de la mayor parte del desprecio de su madre, gan&#225;ndose as&#237; el amor eterno de Alawin.

Mientras tanto, la noticia de la muerte de su padre se extendi&#243; por todas partes. La gente llen&#243; el sal&#243;n, donde Ulrica se honr&#243; y honr&#243; a su hombre. El cuerpo fue tra&#237;do desde una casa de hielo, donde hab&#237;a descansado ricamente vestido. Liuderis guiaba a los guerreros que lo depositaron en una tumba de troncos a la que llevaron espada, lanza, yelmo, cota, tesoros de oro, plata, &#225;mbar y vidrio y monedas romanas. Hathawulf, hijo de la casa, mat&#243; el caballo y el perro que seguir&#237;an a Tharasmund por el camino hacia el otro mundo. Un fuego rug&#237;a en el santuario de Wodan mientras los hombres acumulaban tierra sobre la tumba hasta que la depresi&#243;n qued&#243; cubierta y form&#243; una elevaci&#243;n. Despu&#233;s cabalgaron alrededor una y otra vez, golpeando los escudos con las hojas y aullando como el lobo.

Sigui&#243; una celebraci&#243;n que dur&#243; tres d&#237;as. El &#250;ltimo d&#237;a apareci&#243; el Errante.

Hathawulf le ofreci&#243; la silla alta. Ulrica le sirvi&#243; vino. En el silencio que hab&#237;a ca&#237;do sobre toda la reluciente oscuridad, bebi&#243; en honor de] fantasma, la Madre Frija y el bienestar de la casa. Despu&#233;s dijo poco. Al cabo de un rato le indic&#243; a Ulrica que se acercase y hablaron en susurros. Los dos abandonaron el sal&#243;n y buscaron la casa de las mujeres.

La noche ca&#237;a, de un gris azulado a trav&#233;s de las ventanas abiertas, oscura en la habitaci&#243;n. El fr&#237;o tra&#237;a el aroma de las hojas y la tierra, el trino de los ruise&#241;ores, pero a Ulrica le parec&#237;an distantes, no de&#161; todo reales. La mujer miro durante un rato la tela a medio terminar en el telar.

&#191;Qu&#233; tejer&#225; Weard a continuaci&#243;n? pregunt&#243; en voz baja.

Una mortaja dijo el Errante, a menos que desv&#237;es la lanzadera por un nuevo camino.

Ella se volvi&#243; para mirarlo y contest&#243;, casi en torno de burla:

&#191;Yo? S&#243;lo soy una mujer. Es mi hijo Hathawulf el que ahora dirige a los tervingos.

Tu hijo. Es joven, y ha visto menos mundo que su padre a su edad. T&#250;, Ulrica, hija de Atanarico, esposa de Tharasmund, tienes conocimiento y fuerza, as&#237; como la paciencia que deben adquirir las mujeres. Si lo decides, puedes dar a Hathawulf sabios consejos. Y est&#225; acostumbrado a escucharte.

&#191;Y si me caso de nuevo? Su orgullo levantar&#225; un muro entre nosotros.

De alguna forma tengo la sensaci&#243;n de que no lo har&#225;s.

Ulrica mir&#243; el crep&#250;sculo.

No, no es mi deseo. Ya he tenido suficiente. Se volvi&#243; hacia el rostro ensombrecido. Me ped&#237;s que permanezca aqu&#237; y conserve el poder que pueda tener sobre &#233;l y su hermano. Bien, &#191;qu&#233; debo decirles, Errante?

Habla con sabidur&#237;a. Te ser&#225; duro tragarte tu orgullo y no buscar vengarte de Ermanarico. M&#225;s duro a&#250;n ser&#225; para Hathawulf. Pero seguro que comprendes, Ulrica, que sin el liderazgo de Tharasmund, la enemistad s&#243;lo puede terminar de una forma. Haz que tus hijos comprendan que a menos que lleguen a un acuerdo con el rey, esta familia est&#225; condenada.

Ulrica guard&#243; silencio mucho tiempo. Al final dijo:

Ten&#233;is raz&#243;n y lo har&#233;. Una vez m&#225;s sus ojos buscaron los de Carl entre la oscuridad. Pero ser&#225; por necesidad, no por deseo. Porque si alguna vez tenemos la oportunidad de hacer da&#241;o a Ermanarico, ser&#233; la primera en exigirlo. Y nunca nos inclinaremos ante ese trol, ni sufriremos con mansedumbre nuevas desgracias de su mano. Sus palabras le golpearon como un halc&#243;n. Lo sab&#233;is bien. Vuestra sangre est&#225; en mis hijos.

He dicho lo que deb&#237;a decir. Suspir&#243; el Errante. Ahora haz lo que puedas.

Volvieron a la fiesta. Por la ma&#241;ana se fue.

Ulrica sigui&#243; bien el consejo, aunque con amargura. No era f&#225;cil la tarea, hacer que Hathawulf y Solbern lo aceptasen. Ellos gritaron palabras referidas al honor y al buen nombre. Ella les dijo que el valor no era lo mismo que la estupidez. J&#243;venes, sin preparar, sin las habilidades del liderazgo, simplemente no ten&#237;an ninguna esperanza de convencer a suficientes godos para que se rebelasen. Liuderis, al que ella hab&#237;a llamado, la apoy&#243; a disgusto. Ulrica les dijo a sus hijos que no ten&#237;an derecho a causar la destrucci&#243;n de la casa de su padre.

Mejor ser&#237;a que negociasen, que llevaran el caso ante la Gran Asamblea y aceptaran la decisi&#243;n si el rey tambi&#233;n lo hac&#237;a. Los que hab&#237;an sufrido el da&#241;o no eran familiares muy cercanos; sus herederos podr&#237;an mejor aprovechar la compensaci&#243;n que les hab&#237;an ofrecido que la venganza de otros; muchos jefes y terratenientes se alegrar&#237;an de que los hijos de Tharasmund hubiesen evitado la divisi&#243;n del reino, y en los a&#241;os posteriores los tratar&#237;an con respeto.

Pero recuerda lo que tem&#237;a padre dijo Hathawulf. Si cedemos ante Ermanarico, har&#225; m&#225;s presi&#243;n.

Ulrica apret&#243; los labios.

No he dicho que deb&#225;is permitir tal cosacontest&#243;. No, si lo intenta, &#161;entonces por el Lobo de Tiwaz, sabr&#225; lo que es pelear! Pero mi esperanza es que sea demasiado sagaz. Se contendr&#225;.

Hasta tener el poder para destruirnos.

Oh, eso llevar&#225; tiempo, y mientras tanto, claro est&#225;, nosotros buscaremos con calma nuestra propia fuerza. Recordad, sois j&#243;venes. Si no sucede nada m&#225;s, le sobrevivir&#233;is. Pero podr&#237;a ser que no necesitaseis esperar tanto tiempo. A medida que envejezca.

De esa forma, d&#237;a a d&#237;a, semana a semana, Ulrica calm&#243; a sus hijos hasta que se sometieron a sus deseos.

Randwar los llam&#243; cuervos traicioneros. Casi hubo golpes. Swanhild se arroj&#243; entre 61 y sus hermanos.

&#161;Sois amigos! grit&#243;.

No pod&#237;an hacer m&#225;s que recorrer el camino hacia una especie de calma.

M&#225;s tarde Swanhild consol&#243; a Randwar. Ella y &#233;l paseaban juntos por un camino en el que crec&#237;an moras, los &#225;rboles buscaban y atrapaban la luz del sol y los p&#225;jaros cantaban. Ella ten&#237;a el pelo largo y dorado, sus ojos eran grandes y azules como el cielo engarzados sobre un rostro delicado y se mov&#237;a como un cervatillo.

&#191;Siempre tienes que estar triste? pregunt&#243;. Este d&#237;a es demasiado hermoso para eso.

Pero ellos, los que me criaron dijo Randwar con voz entrecortada, yacen sin ser vengados.

Estoy segura de que saben que te encargar&#225;s de eso en cuanto puedas, y ser&#225;n pacientes. Tienen hasta el fin del mundo, &#191;no? Vas a ganarte un nombre que har&#225; que ellos tambi&#233;n sean recordados; espera y ver&#225;s &#161;Mira, mira! &#161;Mariposas! &#161;La puesta de sol est&#225; viva!

Aunque Randwar ya nunca m&#225;s revel&#243; a Hathawulf y Solbern lo que le pasaba por el coraz&#243;n, volvi&#243; a llevarse bien con ellos. Despu&#233;s de todo, eran los hermanos de Swanhild.

Hombres que sab&#237;an hablar diplom&#225;ticamente recorrieron el camino entre Heorot y el rey. Ermanarico los sorprendi&#243; aceptando m&#225;s que antes. Era como si sintiese, despu&#233;s de que su oponente Tharasmund hubiese desaparecido, que pod&#237;a permitirse algo m&#225;s de generosidad. No estaba dispuesto a pagar doble compensaci&#243;n, porque ser&#237;a admitir que hab&#237;a hecho algo mal. Sin embargo, dijo, si aquellos que sab&#237;an d&#243;nde estaba escondido el tesoro lo llevaban a la siguiente Gran Asamblea, &#233;l dejar&#237;a que los representantes decidiesen qui&#233;n era su due&#241;o.

&#201;se fue el acuerdo. Pero mientras se realizaba el regateo, Hathawulf, guiado por Ulrica, hizo que otros hombres hiciesen una ronda, y el mismo habl&#243; con muchos propietarios, As&#237; fue hasta la reuni&#243;n posterior al equinoccio de oto&#241;o.

En ella el rey defendi&#243; su derecho al tesoro. Era una costumbre antigua, dijo, que cualquier cosa de valor que un hombre fiel pudiese ganar mientras luchaba al servicio de su se&#241;or fuese para ese se&#241;or, que repartir&#237;a el bot&#237;n entre aquellos que se lo mereciesen o cuyo favor necesitase. En caso contrario, la guerra se convertir&#237;a en una lucha de cada soldado para s&#237; mismo; la fuerza del grupo se reducir&#237;a, ya que la avaricia pod&#237;a m&#225;s que la gloria; las tropas se dedicar&#237;an a luchar por el bot&#237;n. Embrica y Fritla lo sab&#237;an bien, pero prefirieron no obedecer la ley.

Despu&#233;s, tomaron la palabra representantes que Ulrica hab&#237;a escogido, para asombro del rey. No hab&#237;a esperado que fuesen tantos.

En formas diferentes, defendieron la misma idea. S&#237;, los hunos y sus vasallos alanos eran enemigos de los godos. Pero ese a&#241;o Ermanarico no hab&#237;a luchado contra ellos. El ataque fue un acto que Embrica y Fritla hab&#237;an realizado por s&#237; solos, como si de una empresa comercial se tratara. Hab&#237;an ganado con justicia el tesoro y era suyo.

La discusi&#243;n fue larga y acalorada, tanto en la sala del consejo como en las casetas levantadas fuera, en el campo. Aquello era m&#225;s que una cuesti&#243;n de ley; se trataba de decidir qu&#233; voluntad deb&#237;a prevalecer. Las palabras de Ulrica, en boca de sus hijos y sus mensajeros, hab&#237;an convencido a muchos hombres de que, aunque Tharasmvlnd se hubiese ido s&#237;, porque Tharasinund se hab&#237;a ido, ser&#237;a mejor reprender al rey.

No todos estaban de acuerdo o no se atrev&#237;an a decir que lo estaban. Por tanto, al final los godos votaron por dividir el tesoro en tres partes iguales, una para Ermanarico, y una para cada hijo de Embrica y Fritla. Como los hombres del rey hab&#237;an matado a esos hijos, los dos tercios ser&#237;an para Randwar el adoptado. De la noche a la ma&#241;ana, se hizo rico.

Ermanarico se fue l&#237;vido y mudo de la reuni&#243;n. Pas&#243; mucho tiempo antes de que alguien reuniese el coraje para hablar con &#233;l. Sibicho fue el primero. Se lo llev&#243; a un lado y hablaron durante horas. Lo que dijeron nadie lo oy&#243;; pero despu&#233;s Ermanarico se manifest&#243; de mejor humor.

Cuando llegaron las noticias a Heorot, Randwar murmur&#243; que si la comadreja se sent&#237;a feliz eso era malo para los p&#225;jaros. Pero el resto del a&#241;o transcurri&#243; en paz.

Al verano siguiente, que tambi&#233;n hab&#237;a sido tranquilo, sucedi&#243; algo extra&#241;o. El Errante apareci&#243; en el camino del oeste, corno hac&#237;a siempre. Liuderis gui&#243; a los hombres para recibirlo y escoltarlo.

&#191;C&#243;mo est&#225; Tharasmund y su pueblo? dijo el reci&#233;n llegado.

&#191;Qu&#233;? contest&#243; Liuderis asombrado. Tharasmund est&#225; muerto, se&#241;or. &#191;Lo hab&#233;is olvidado? Vos mismo estuvisteis en su funeral.

El Gris se detuvo apoy&#225;ndose en su lanza como un hombre aturdido. De pronto, para los otros, el d&#237;a parec&#237;a menos c&#225;lido y soleado.

Cierto dijo al fin, casi demasiado bajo. Me he confundido. Agit&#243; los hombros, mir&#243; a los jinetes y dijo con voz m&#225;s alta. He tenido muchas cosas en la cabeza. Disculpadme, pero me parece que en esta ocasi&#243;n no podr&#233; estar con vosotros. Dadles mis saludos. Os ver&#233; m&#225;s tarde. Se dio la vuelta y se alej&#243; por el mismo camino por el que hab&#237;a venido.

Los hombres lo miraron fijamente, asombrados, e hicieron gestos para alejar los malos augurios. Un poco despu&#233;s, un vaquero vino a la casa y cont&#243; que el Errante se hab&#237;a encontrado con &#233;l en un prado y le hab&#237;a interrogado durante mucho tiempo sobre la muerte de Tharasmund. Nadie sab&#237;a lo que aquello pod&#237;a indicar, pero una sirviente cristiana dijo que el hecho demostraba que los antiguos dioses ten&#237;an cada vez menos fuerza y se desvanec&#237;an.

En cualquier caso, los hijos de Tharasmund recibieron al Errante con deferencia cuando regres&#243; en oto&#241;o. No se atrevieron a preguntar cual hab&#237;a sido el problema en la ocasi&#243;n anterior. Por su parte, se manifestaba m&#225;s abierto que antes y, en lugar de un d&#237;a o dos, se qued&#243; un par de semanas. La gente coment&#243; la atenci&#243;n que prestaba a los j&#243;venes hermanos, Swanhild y Alawin.

Claro est&#225;, era con Hathawulf y Solbern con los que hablaba en serio. Los anim&#243; a que uno de ellos o los dos fuesen al oeste al a&#241;o siguiente, como su padre hab&#237;a hecho en su juventud.

Os servir&#225; bien conocer los pa&#237;ses romanos y cultivar la amistad de los visigodos dijo. Yo mismo puedo acompa&#241;aros para guiaros, daros consejo y hacer de int&#233;rprete.

Me temo que no podemos contest&#243; Hathawulf. Todav&#237;a no. Los hunos son cada vez m&#225;s fuertes y atrevidos. Han empezado a atacar otra vez nuestras granjas. Por poco que nos guste, debemos admitir que el rey Ermanarico tiene raz&#243;n cuando anuncia guerra para la llegada del verano; y Solbern y yo no nos quedaremos atr&#225;s.

No dijo su hermano, y no s&#243;lo por el honor. Hasta ahora el rey ha contenido su ruano, pero no es ning&#250;n secreto que no nos tiene aprecio. Si nos ganamos fama de cobardes y reticentes, y luego se produce una amenaza, &#191;quien se atrever&#237;a o querr&#237;a luchar de nuestro lado?

El Errante pareci&#243; m&#225;s triste por eso que por lo que aparentemente esperaba. Al fin dijo:

Bien, Alawin cumplir&#225; doce a&#241;os demasiado joven para ir con vosotros, pero lo suficientemente mayor para venir conmigo. Dejadle.

Eso lo consintieron, y Alawin enloqueci&#243; de alegr&#237;a. Vi&#233;ndole dar volteretas por el suelo, el Errante agit&#243; la cabeza y murmur&#243;:

C&#243;mo se parece a Jorith. Pero claro, desciende de ella por ambas partes. Con brusquedad, le dijo a Hathawulf: &#191;C&#243;mo os llev&#225;is, &#233;l, Solbern y t&#250;?

Muy bien dijo el jefe guerrero, tomado por sorpresa. Es un buen chico.

&#191;Nunca os pele&#225;is con &#233;l?

Oh, no m&#225;s de lo que de vez en cuando obliga su imprudencia. Hathawulf se acarici&#243; su joven barba sedosa. S&#237;, nuestra madre no le aprecia. Siempre ha sido muy rencorosa. Pero a pesar de lo que digan algunos tontos, no domina a sus hijos. Si su consejo nos parece sabio, lo seguirnos. Si no, pues no.

Aferraos al amor que sent&#237;s entre vosotros pareci&#243; pedir el Errante, m&#225;s que aconsejar u ordenar. Algo muy raro en este mundo.

Cumpliendo su promesa, volvi&#243; en primavera. Hathawulf le hab&#237;a preparado vestimenta adecuada a Alawin, caballos, un s&#233;quito y oro y pieles para comerciar. El Errante mostr&#243; los preciosos regalos que llevaba, que les ayudar&#237;an a ganar una buena posesi&#243;n durante el viaje. Recogi&#233;ndose las mangas, abraz&#243; a los dos hermanos y a la hermana.

Durante mucho tiempo miraron c&#243;mo se alejaba la caravana. Alawin parec&#237;a tan peque&#241;o y su pelo agitado tan brillante, en comparaci&#243;n con la silueta gris y azul que cabalgaba a su lado. No manifestaron lo que pensaban. c&#243;mo una visi&#243;n tan lejana recordaba que Wodan era el dios que guiaba las almas de los muertos.

Pero al cabo de un a&#241;o todos volvieron con buena salud. Los miembros de Alawin se hab&#237;an alargado, su voz era m&#225;s profunda y estaba lleno de lo que hab&#237;a visto, o&#237;do y hecho.

Hathawulf y Solbern ten&#237;an noticias menos agradables. La guerra contra los hunos del verano anterior no hab&#237;a ido muy bien. Unos jinetes siempre terribles por su destreza y estribos, los hunos hab&#237;an aprendido a moverse bajo el estricto control de un l&#237;der astuto. No hab&#237;an derrotado a los godos en ninguna de la batallas que libraros, pero hab&#237;an ocasionado grandes p&#233;rdidas, y no pod&#237;a decirse que hubiesen sido derrotados. Reducidas por los ataques sorpresa, el hambre y la falta de bot&#237;n, las tropas de Ermanarico al final tuvieron que retirarse por los interminables prados. No lo intentar&#237;a de nuevo este a&#241;o; no pod&#237;a.

Por tanto, era un alivio escuchar a Alawin noche tras noche mientras la gente se reun&#237;a para beber. Las fabulosas regiones de Roma despertaban los sue&#241;os. Sin embargo, parte de lo que cont&#243; hizo que Hathawulf y Solbern fruncieran el ce&#241;o, caus&#243; perplejidad en Randwar y Swanhild y despert&#243; las miradas furiosas de Ulrica. &#191;Por qu&#233; el Errante hab&#237;a viajado como lo hab&#237;a hecho?

No hab&#237;a llevado primero al grupo a Constantinopla por mar, como hiciera con Tharasmund. En lugar de eso, hab&#237;an viajado por tierra hasta territorio visigodo, donde se quedaron durante meses. Hab&#237;an presentado sus respetos al pagano Atanarico, pero permanecieron mas tiempo en la corte de] cristiano Fritigerno. Cierto, no s&#243;lo este &#250;ltimo era mas joven sino que ten&#237;a mayor n&#250;mero de hombres bajo su mando, aunque Atanarico segu&#237;a hostigando a los cristianos que viv&#237;an en las zonas que &#233;l controlaba.

Cuando al final el Errante consigui&#243; permiso para pasar al Imperio y cruz&#243; el Danubio para entrar en Mesia, una vez m&#225;s pas&#243; el tiempo entre los godos cristianos, en el asentamiento de Ulfilas, y anim&#243; a Alawin a hacer amigos tambi&#233;n all&#237;. M&#225;s tarde el grupo visit&#243; Constantinopla, pero no durante mucho tiempo. El Errante pas&#243; gran parte de ese periodo explicando al joven las costumbres romanas. A finales del oto&#241;o volvieron al norte y pasaron el invierno en la corte de Fritigerno. El v&#237;sigodo pretend&#237;a que se bautizara, y Alawin lo hubiese hecho despu&#233;s de ver las iglesias y otros edificios majestuosos en el viaje. Al final se neg&#243;, pero con amabilidad, explicando que no pod&#237;a enfrentarse a sus hermanos. Fritigerno lo acept&#243; bien, y se limit&#243; a decir:

Que pronto llegue el d&#237;a en que las cosas cambien para ti.

Llegada la primavera, habi&#233;ndose secado el lodo en los caminos, el Errante llev&#243; a casa al joven y a los hombres. No se qued&#243; all&#237;.

Ese verano Hathawulf se cas&#243; con Anslaug, hija del jefe Taifal. Ermanarico hab&#237;a intentado evitar esa uni&#243;n.

Poco despu&#233;s, Randwar busc&#243; a Hathawulf y le pregunt&#243; si pod&#237;an hablar a solas. Ensillaron un par de caballos y cabalgaron hasta los pastos. Era un d&#237;a de viento y floraci&#243;n a lo largo de millas de hierba leonada. Las nubes se apresuraban blancas por la inmensidad; sus sombras corr&#237;an por el mundo. El ganado pastaba en grupos dispersos. Los p&#225;jaros saltaban del suelo y en lo alto se agitaba un halc&#243;n. La frialdad del aire estaba veteada de tierra cocida por el sol y aroma de flores.

Creo saber lo que quieres dijo Hathawulf con sagacidad.

Randwar se pas&#243; una mano por el pelo rojo.

S&#237;. A Swanhild como esposa.

Humm. Parece gustarle tenerte cerca.

&#161;Nos tendremos mutuamente! grit&#243; Randwar. Recuper&#243; la compostura. Te ir&#237;a bien a ti. Soy rico; y anchos campos en barbecho me esperan, en la tierra de los greutungos.

Hathawulf frunci&#243; el ce&#241;o.

Eso est&#225; muy lejos, Aqu&#237; podemos defendernos juntos.

All&#237; me recibir&#225;n con alegr&#237;a muchos terratenientes. No perder&#225;s un compa&#241;ero, ganar&#225;s un aliado.

Aun as&#237; Hathawulf se resisti&#243;, hasta que Randwar dijo:

Suceder&#225; de todas formas. Nuestros corazones lo han decidido. Mejor que sigas los deseos de Weard.

Siempre has sido imprudente dijo el jefe guerrero, no sin amabilidad, aunque la inquietud se distingu&#237;a en su tono. Tu creencia de que los meros sentimientos entre un hombre y una mujer son suficientes para construir un buen matrimonio no dice mucho de tu juicio. Dejado a tu propia voluntad, &#191;qu&#233; cosas poco sabias podr&#237;as hacer?

Randwar abri&#243; la boca. Antes de que tuviera tiempo de enfadarse, Hathawulf le puso una mano en el hombro y sigui&#243; hablando, mientras sonre&#237;a con algo de tristeza:

No pretend&#237;a insultarte. S&#243;lo quiero que lo pienses dos veces. No est&#225; en tu naturaleza, lo s&#233;, pero te pido que lo intentes. Por Swanhild.

Randwar demostr&#243; que pod&#237;a contener su lengua.

Cuando regresaron, Swanhild corri&#243; al patio. Agarr&#243; la rodilla de su hermano. Solt&#243; en torrente su impaciencia:

Oh, Hathawulf, est&#225; bien, &#191;no? Dijiste que s&#237;, s&#233; que lo hiciste. Nunca me has hecho tan feliz.

El resultado fue una gran fiesta de bodas que agit&#243; y estremeci&#243; Heorot aquel oto&#241;o. Para Swanhild s&#243;lo hab&#237;a una sombra, que el Errante se encontrase en otro lugar. Ella hab&#237;a dado por hecho que &#233;l la bendecir&#237;a a ella y a su hombre. &#191;No era &#233;l el Guardi&#225;n de su familia?

Mientras tanto, Randwar envi&#243; hombres al este a sus posesiones. Levantaron una nueva casa donde hab&#237;a estado la de Embrica y la acondicionaron bien. La joven pareja viaj&#243; hasta all&#237; en espl&#233;ndida compa&#241;&#237;a. Swanhild atraves&#243; el umbral con aquellas ramas de hoja perenne que tra&#237;an la bendici&#243;n de Frija; Randwar dio una fiesta para los vecinos, y all&#237; se establecieron.

Pero pronto, a pesar de lo mucho que amaba a su esposa, part&#237;a a menudo durante d&#237;as. Recorr&#237;a el pa&#237;s de los greutungos para conocer a sus habitantes. Cuando un hombre le parec&#237;a del temperamento adecuado, Randwar se lo llevaba aparte y hablaban de otras cosas adem&#225;s del ganado, el comercio y los hunos.

En un d&#237;a oscuro antes del solsticio, cuando unos pocos copos de nieve ca&#237;an sobre la tierra congelada, los perros ladraron fuera del sal&#243;n. Randwar cogi&#243; una lanza de la puerta y sali&#243; a ver qu&#233; suced&#237;a. Dos fuertes granjeros lo siguieron, igualmente armados. Pero cuando reconoci&#243; la alta silueta que caminaba por su patio, Randwar clav&#243; el arma y grit&#243;:

Hail! &#161;Bienvenido!

Al o&#237;r que no hab&#237;a peligro, Swanhild sali&#243; corriendo. Sus ojos y pelo, bajo un pa&#241;uelo de esposa, y el vestido blanco que acariciaba su agilidad eran lo &#250;nico brillante alrededor. Habl&#243; con alegr&#237;a:

&#161;Oh, Errante, querido Errante, bienvenido!

&#201;l se acerc&#243; hasta que ella pudo ver bajo el sombrero y se llev&#243; la mano a los labios.

Pero est&#225;is lleno de congoja dijo alterada. &#191;No es as&#237;? &#191;Qu&#233; pasa?

Lo siento contest&#243; con palabras pesadas como piedras. Algunas cosas deben permanecer en secreto. Me mantuve apartado de vuestra boda porque no pod&#237;a llevar la tristeza. Ahora Bien, Randwar, he recorrido un camino agitado. D&#233;jame tornar algo caliente y recordar viejos tiempos.

Algo de su viejo inter&#233;s se manifest&#243; esa noche cuando un hombre cant&#243; un poema sobre la &#250;ltima campa&#241;a en tierra de los hunos. A cambio &#233;l cont&#243; nuevas historias, aunque con menos &#225;nimo que anta&#241;o, como si tuviese que obligarse a hacerlo. Swanhild suspiraba de felicidad.

No puedo esperar a que mis hijos puedan o&#237;ros dijo, aunque todav&#237;a no esperaba a ninguno. Se asust&#243; un poco al ver que &#233;l se estremec&#237;a.

Al d&#237;a siguiente se alej&#243; con Randwar. Pasaron horas a solas. M&#225;s tarde el greutungo le dijo a su mujer:

Me advirti&#243; una y otra vez de&#161; odio que Ermanarico siente por nosotros. Aqu&#237; estamos, en medio de la regi&#243;n tribal del rey sin fuerza firme mientras nuestra fortuna siga atray&#233;ndolo con su brillo. Quer&#237;a que retir&#225;semos las empalizadas y nos traslad&#225;semos pronto, muy lejos, hasta el oeste de la tierra de los godos. Claro est&#225;, no puedo. Ya he estado sondeando a los hombres sobre la posibilidad de unirnos contra el rey para resistir su autoritarismo y, si es necesario, luchar. El Errante dijo que no pod&#237;a esperar mantenerlo en secreto y que era una locura.

&#191;Qu&#233; contestaste a eso? pregunt&#243; ella un tanto asustada.

Dije que los godos libres tienen el derecho a abrir sus mentes unos a otros. Y dije que mis padres adoptivos nunca hab&#237;an sido vengados. Si los dioses no hacen justicia, deben hacerla los hombres.

Deber&#237;as escucharlo. Sabe m&#225;s de lo que llegaremos a saber nosotros.

Bien, no voy a ser imprudente. Esperar&#233; mi oportunidad. Puede que no se necesite m&#225;s. Los hombres a menudo mueren antes de su tiempo; si lo hacen hombres buenos como Tharasmund, &#191;por qu&#233; no los malvados como Ermanarico? No, querida, nunca huiremos de &#233;stas nuestras tierras, que pertenecen a nuestros hijos por nacer. Por tanto, debemos prepararnos para defenderlas, &#191;no? Randwar se abraz&#243; a Swanhild. Vamos ri&#243;, empecemos por encargarnos de esos hijos.

El Errante no pod&#237;a cambiar su decisi&#243;n y, al cabo de unos d&#237;as, dijo adi&#243;s.

Creo vacil&#243;. No puedo &#161;Oh, ni&#241;a, te pareces tanto a Jorith! La abraz&#243;, la bes&#243;, la solt&#243; y se alej&#243;. Con asombro, la gente lo oy&#243; llorar.

Pero entre los tervingos se present&#243; f&#233;rreo. Mucho tiempo pas&#243; all&#237; en los meses siguientes, tanto en Heorot como entre los terratenientes, hombres libres o campesinos, trabajadores y marineros.

Incluso viniendo de &#233;l, lo que les conminaba a hacer era algo que no pod&#237;an aceptar con rapidez. Quer&#237;a que tuviesen lazos m&#225;s estrechos con el oeste. No s&#243;lo iban a ganar por el incremento del comercio. Si les atacaba alg&#250;n enemigo digamos, por ejemplo, los hunos entonces tendr&#237;an un lugar al que ir. Al verano siguiente, deb&#237;an enviar hombres y bienes a Fritigerno, que los proteger&#237;a; y que conservasen barcos, carruajes, herramientas y comida a la espera; y que muchos de ellos aprendiesen sobre las tierras intermedias y c&#243;mo atravesarlas con seguridad.

Los ostrogodos estaban sorprendidos y murmuraban entre s&#237;. Dudaban de un crecimiento r&#225;pido del comercio con tales distancias, y por tanto no ten&#237;an demasiados deseos de arriesgar trabajo y dinero. Y en cuanto a abandonar sus hogares, eso era impensable. &#191;Dec&#237;a la verdad el Errante? Y de todas formas, &#191;qui&#233;n era? En ocasiones lo trataban como un dios, y parec&#237;a llevar all&#237; mucho tiempo; pero &#233;l mismo no se defin&#237;a como tal. Pod&#237;a ser un trol, un hechicero, o dec&#237;an los cristianos un demonio enviado para tentar a los hombres. O simplemente la edad podr&#237;a estar volvi&#233;ndolo tonto.

El Errante sigui&#243; con su plan. Algunos de los que lo escucharon encontraron sus palabras dignas de mayor consideraci&#243;n; y a algunos j&#243;venes los enardeci&#243;. Entre estos &#250;ltimos se encontraba Alawin de Heorot aunque Hathawulf se volvi&#243; pensativo y Solbern se apart&#243;.

El Errante recorri&#243; de un lado a otro la tierra, hablando, planeando, ordenando. Para el equinoccio de oto&#241;o ya ten&#237;a una base de lo que quer&#237;a. Oro, bienes y hombres para cuidarlos se encontraban ya en el trono de Fritigerno al oeste; Alawin ir&#237;a all&#237; al a&#241;o siguiente, para conseguir mas comercio, sin que importase su juventud; en Heorot y otras muchas casas los ocupantes partir&#237;an inmediatamente en caso necesario.

Os hab&#233;is agotado por nosotros le dijo Hathawulf al final de su &#250;ltimo d&#237;a en el sal&#243;n. Si sois uno de los Anses, entonces no son infatigables.

No susurr&#243; el Errante. Ellos tambi&#233;n perecer&#225;n en la destrucci&#243;n del mundo.

Pero seguro que eso queda muy lejos en el tiempo.

Un mundo tras otro han ca&#237;do en ruinas desde siempre, hijo milo, y lo seguir&#225;n haciendo en los a&#241;os y miles de a&#241;os por venir. He hecho por ti lo que he podido.

Anslaug, la mujer de Hathawulf, entr&#243; para despedirse. De su pecho mamaba su primer nacido. La mirada del Errante se dirigi&#243; al peque&#241;o.

Aqu&#237; est&#225; el ma&#241;ana susurr&#243;.

Nadie comprendi&#243; lo quer&#237;a decir. Pronto se alejaba, &#233;l y su lanza bast&#243;n, por un camino en el que las &#250;ltimas hojas ca&#237;das volaban empujadas por un viento fr&#237;o.

Y poco despu&#233;s de eso lleg&#243; la terrible noticia a Heorot.

Ermanarico el rey hab&#237;a dicho que ten&#237;a la intenci&#243;n de hacer una incursi&#243;n en tierras de los hunos. No ser&#237;a una guerra formal, como las que hab&#237;an fracasado hasta entonces. Por tanto no pidi&#243; tropas, sino s&#243;lo su guardia, varios cientos de guerreros que conoc&#237;a bien y sab&#237;a fieles. Con un golpe r&#225;pido y &#225;gil podr&#237;an matar gran parte de su ganado. Con suerte, podr&#237;an pillar por sorpresa dos o tres de sus campamentos. Los godos asintieron cuando la noticia lleg&#243; a sus casas. Con cuervos m&#225;s gordos en el este y la sucia escoria de la estepa reducida quiz&#225; podr&#237;an retirarse al lugar donde hab&#237;an nacido.

Pero cuando hubo reunido a sus tropas, Ermanarico no parti&#243; inmediatamente. De pronto, all&#237; estaba, en el sal&#243;n de Randwar, mientras que los hogares de los amigos de Randwar ard&#237;an en llamas de horizonte a horizonte.

La lucha fue breve, tal era la fuerza que el rey hab&#237;a hecho caer sin avisar sobre un joven. Empujado, con las manos atadas a la espalda, Randwar sali&#243; a su patio. La sangre le corr&#237;a por el cr&#225;neo. Hab&#237;a matado a tres de los que hab&#237;an venido por &#233;l, pero las &#243;rdenes eran capturarlo con vida, y ellos le dieron con palos y mangos hasta que cay&#243;.

Era una tarde triste, en la que el viento gem&#237;a. El humo se mezclaba con el sonido de la destrucci&#243;n. La puesta de sol se consum&#237;a. Unos pocos defensores muertos yac&#237;an sobre las piedras. Swanhild se encontraba entumecida en manos de dos guerreros, cerca de Ermanarico que no hab&#237;a desmontado. Era como si ella no entendiese lo sucedido, como si nada fuese real excepto el ni&#241;o que llevaba en el vientre.

Los hombres del rey llevaron a Randwar a su presencia. Mir&#243; al prisionero.

Bien dijo, &#191;qu&#233; tienes que decir en tu defensa?

Randwar habl&#243; con dificultad, aunque manten&#237;a la cabeza erguida.

Que no ataqu&#233; por sorpresa a alguien que no me hab&#237;a hecho nada.

Bien, veamos. Los dedos de Ermanarico peinaron una barba que se estaba volviendo blanca. Bien, veamos. &#191;Est&#225; bien conspirar contra tu se&#241;or? &#191;Est&#225; bien moverse con sigilo para atacar?

Yo no he hecho nada de eso no har&#237;a sino preservar el honor y la libertad de los godos La garganta seca de Randwar no pod&#237;a sacar m&#225;s.

&#161;Traidor! grit&#243; Ermanarico, y lanz&#243; una larga invectiva. Randwar permaneci&#243; ca&#237;do, como si no oyese nada.

Cuando Ermanarico se dio cuenta, se detuvo.

Basta dijo. Colgadlo del cuello y abandonadlo a los cuervos, como a un ladr&#243;n.

Swanhild gimi&#243; y se resisti&#243;. Randwar le dirigi&#243; una mirada empa&#241;ada antes de enfrentarse al rey y decir:

Si me cuelgas, tengo a Wodan por antepasado. &#201;l me vengar&#225;

Ermanarico lanz&#243; una patada y golpe&#243; a Randwar en la boca.

&#161;Colgadlo!

De un cobertizo sal&#237;a una viga en voladizo. Los hombres ya hab&#237;an pasado una cuerda por ella.

Pusieron el lazo alrededor del cuello de Randwar, lo colgaron en lo alto y ataron la cuerda con rapidez. Se resisti&#243; mucho en el aire antes de colgar libre al viento.

&#161;S&#237;, el Errante te matar&#225;, Ermanarico! rugi&#243; Swanhilcl. &#161;Te maldigo como viuda, asesino, y lanzo a Wodan contra ti! &#161;Errante, llevadlo a la caverna m&#225;s oscura del infierno!

Los greutungos se estremecieron, hicieron gestos y sacaron talismanes. El propio Ermanarico mostr&#243; inquietud. Sibicho, subido a un caballo a su lado, dijo:

&#191;Llama a sus antepasados brujos? &#161;No permit&#225;is que viva! &#161;Que la tierra se purifique de la sangre que lleva!

S&#237; dijo Ermanarico recuperando la voluntad. Dict&#243; sus &#243;rdenes.

El miedo m&#225;s que otra cosa hizo correr a los hombres. Los que sosten&#237;an a Swanhild la abofetearon hasta que se tambale&#243; y la patearon en medio de&#161; patio. Ella yac&#237;a aturdida sobre las piedras. Los jinetes se reunieron a su alrededor, forzando a los caballos, que relinchaban y se resist&#237;an.

Cuando se retiraron, no quedaba m&#225;s que una masa roja y trozos blancos.

Cay&#243; la noche. Ermanarico festej&#243; con sus tropas la victoria en el sal&#243;n de Randwar. Por la ma&#241;ana encontraron el tesoro y se lo llevaron. La cuerda gem&#237;a all&#237; donde Randwar colgaba sobre lo que hab&#237;a sido Swarihild.

&#201;sas fueron las noticias que los hombres llevaron a Heorot. Se hab&#237;an apresurado a enterrar a los muertos. La mayor&#237;a no se atrevi&#243; a hacer m&#225;s, pero unos cuantos greutungos sent&#237;an deseos de venganza, como todos los tervingos.

La furia y la pena dominaron a los hermanos de Swanhild. Ulrica se portaba con mayor frialdad, encerrada en s&#237; misma. Pero cuando preguntaron qu&#233; pod&#237;an hacer, incluso aunque otras tribus hab&#237;an llegado desde lejos ella se los llev&#243; a un lado y hablaron hasta que cay&#243; la impaciente noche.

Los tres entraron en el sal&#243;n. Dijeron lo que hab&#237;an decidido. Mejor atacar inmediatamente. Cierto, el rey lo esperar&#237;a, y mantendr&#237;a la guardia cerca durante un tiempo. Sin embargo, por lo que hab&#237;an dicho los testigos que la hab&#237;an visto pasar, no era mucho mayor que la que ahora ocupaba el sal&#243;n. Un ataque sorpresa de hombres valientes podr&#237;a derrotarla. Esperar dar&#237;a a Ermanarico tiempo y sin duda, contaba con el tiempo necesario para aplastar a todos los godos del este que eran libres.

Los hombres rugieron su disposici&#243;n. El joven Alawin se uni&#243; a ellos. Pero de pronto la puerta se abri&#243;, y all&#237; estaba el Errante. Severamente orden&#243; al &#250;ltimo hijo de Tharasmund que esperase all&#237;, antes de volver a la noche y al viento.

Firmes, Hathawulf, Solbern y sus hombres cabalgaron al amanecer.



1935

Fui a casa para estar con Laurie. Pero, al d&#237;a siguiente, cuando regres&#233; despu&#233;s de un largo paseo, no me estaba esperando. En su lugar, Manse Everard se levant&#243; de mi sill&#243;n. Su pipa hab&#237;a vuelto acre y neblinoso el aire.

&#191;Eh? fue cuanto pude decir.

Se acerc&#243;. Sent&#237; sus pisadas. Tan alto como yo y con m&#225;s peso, parec&#237;a elevarse por encima de m&#237;. Su expresi&#243;n era neutra. La ventana que ten&#237;a a la espalda lo enmarcaba contra el cielo.

Laurie est&#225; bien dijo maquinalmente. Le ped&#237; que saliese. Esto ya ser&#225; problem&#225;tico sin que ella est&#233; presente para sentirse herida y afectada.

Me cogi&#243; por el hombro.

Si&#233;ntate, Carl. Ha sido duro, eso est&#225; claro. Pretend&#237;as tomarte unas vacaciones, &#191;no?

Me arroj&#233; sobre el asiento y mir&#233; la alfombra.

Tengo que hacerlo murmur&#243;. Oh, atar&#233; los cabos sueltos, pero primero Dios, ha sido terrible

No.

&#191;Qu&#233;? Levant&#233; la vista. Me miraba desde arriba, con los pies separados, los pu&#241;os en la cintura, haci&#233;ndome sombra. Ya te lo he dicho, no puedo seguir.

Puedes y lo har&#225;s gru&#241;&#243;. Volver&#225;s conmigo a la base. Inmediatamente. Has tenido una noche de sue&#241;o. Bien, eso es todo lo que tendr&#225;s hasta que esto acabe, Ni tampoco tranquilizantes. Tendr&#225;s que sentirlo todo intensamente mientras sucede. Tendr&#225;s que estar completamente alerta. Adem&#225;s, no hay nada como el dolor para ense&#241;ar de forma permanente una lecci&#243;n. Y quiz&#225; m&#225;s importante: si no dejas que el dolor salga, de la forma en que la naturaleza lo pretend&#237;a, nunca te librar&#225;s de &#233;l. Ser&#225;s un hombre perseguido. La Patrulla merece algo mejor. Y tambi&#233;n Laurie. E incluso t&#250; mismo.

&#191;De qu&#233; hablas? pregunt&#233; mientras el horror se levantaba a mi alrededor.

Tienes que terminar lo que empezaste. Cuanto antes, mejor, por ti sobre todo. &#191;Qu&#233; vacaciones podr&#237;as tener si supieses lo que te espera? Te destruir&#237;a. No, haz el trabajo inmediatamente, que quede atr&#225;s en tu l&#237;nea de mundo; luego podr&#225;s descansar y empezar a recuperarte.

Agit&#233; la cabeza, no como negativa sino confundido.

&#191;Lo he hecho mal? &#191;C&#243;mo? Present&#233; mis informes regularmente, Si me estaba desviando de nuevo, &#191;por qu&#233; no me llam&#243; ning&#250;n oficial para que me explicase?

Eso es lo que hago, Carl. Algo de amabilidad ti&#241;&#243; la voz de Everard. Se sent&#243; frente a m&#237; y ocup&#243; las manos con la pipa.

Los bucles causales a menudo son cosas muy sutiles dijo. A pesar del tono suave, la frase capt&#243; toda mi atenci&#243;n. Asinti&#243;. Si. Aqu&#237; tenemos uno. El viajero en el tiempo se convierte en la causa de los mismos sucesos que va a investigar o tratar de alguna otra forma.

Pero no, Manse, &#191;c&#243;mo? protest&#233;. No he olvidado los principios, no los olvid&#233; en el campo o en cualquier otro sitio. Cierto, me convert&#237; en parte del pasado, pero una parte que encajaba con lo que ya estaba all&#237;. Ya lo discutimos en la investigaci&#243;n y correg&#237; los errores que estaba cometiendo.

El encendedor de Everard produjo un sorprendente ruido en la habitaci&#243;n.

He dicho que pueden ser muy sutiles repiti&#243;. Examin&#233; con mayor profundidad el caso por una corazonada, una sensaci&#243;n inc&#243;moda de que algo no iba bien. Representaba mucho m&#225;s que leer tus informes, que, por cierto, son satisfactorios. Simplemente son insuficientes. No por tu culpa. Incluso con mucha experiencia a las espaldas, probablemente no hubieses apreciado las consecuencias por estar tan &#237;ntimamente implicado en los acontecimientos. Yo tuve que sumergirme en ese entorno, y recorrerlo de un extremo a otro, antes de que la situaci&#243;n se me presentase con claridad.

Chup&#243; con fuerza la pipa.

Los detalles t&#233;cnicos no importan sigui&#243; diciendo. B&#225;sicamente, tu Errante cobr&#243; m&#225;s fuerza de lo que hab&#237;as previsto. Resulta que de los poemas, historias y tradiciones que fluyen de esos siglos transmutando, cruz&#225;ndose, influyendo en otras gentes, en gran parte te tienen a ti como fuente, no al Wedan m&#237;tico, sino a la persona f&#237;sicamente presente, t&#250;.

Hab&#237;a previsto aquello y present&#233; mi defensa.

Un riesgo calculado desde el principio dije. No es raro. Si se produce una retroalimentaci&#243;n como &#233;sa tampoco es un desastre. Lo que mi equipo busca no son m&#225;s que palabras, orales y literarias. Su inspiraci&#243;n original no importa. Ni tampoco afecta a la historia subsecuente s&#237; o no durante un tiempo all&#237; hab&#237;a un hombre que algunos individuos tomaron por uno de sus dioses siempre que el hombre no se aprovechase de su posici&#243;n vacil&#233;. &#191;Cierto?

&#201;l cort&#243; mis vanas esperanzas.

No necesariamente. Ciertamente no en este caso. Un bucle causal incipiente es siempre peligroso, ya lo sabes. Puede producir una resonancia y los cambios hist&#243;ricos que produzca multiplicarse de forma catastr&#243;fica. La &#250;nica forma de hacer que sea seguro es cerrarlo. Cuando la serpiente Ouroboros se muerde su propia cola no puede morder nada m&#225;s.

Pero Manse, dej&#233; a Hathawulf y Solbern camino de su muerte Cierto, confieso que intent&#233; evitarlo, suponiendo que no importaba para la humanidad como un todo. Fracas&#233;. Incluso en algo tan min&#250;sculo el continuo era demasiado r&#237;gido.

&#191;C&#243;mo sabes que fracasaste? Tu presencia a lo largo de las generaciones, el venerable Wodan, hizo m&#225;s que poner tus genes en su familia. Dio coraz&#243;n a sus miembros, los inspir&#243; para ser grandes. Ahora al final la batalla contra Ermanarico parece f&#225;cil. Dada su convicci&#243;n de que Wodan est&#225; de su lado, los rebeldes bien podr&#237;an ganar.

&#191;Qu&#233;? Pretendes decir &#161;Oh, Manse!

No deben ganar dijo.

La agon&#237;a se hizo m&#225;s intensa.

&#191;Por qu&#233; no? &#191;A qui&#233;n le importar&#225; dentro de unas d&#233;cadas, y menos a&#250;n un milenio y medio despu&#233;s?

A ti y a tus colegas declar&#243; implacable pero compasivo. Pretend&#237;as investigar las ra&#237;ces de una historia espec&#237;fica sobre Hamther y Sorli, &#191;recuerdas? Sin mencionar a los poetas de las Eddas y los escritores de sagas que te preceden, y Dios sabe cu&#225;ntos narradores antes que ellos, afectados de una forma peque&#241;a que podr&#237;a dar un resultado final muy grande. Pero especialmente Ermanarico es una figura hist&#243;rica, importante en su &#233;poca. La fecha y forma de su muerte forman parte de la historia. Lo que vino inmediatamente despu&#233;s agit&#243; al mundo.


No, no se trata de una ligera conmoci&#243;n en la corriente del tiempo. Esto es un v&#243;rtice en formaci&#243;n. Tenemos que detenerlo. Y la &#250;nica forma es completando el bucle causal, cerrando el anillo.

Mis labios formaron el in&#250;til e innecesario &#191;C&#243;mo?, que la garganta y lengua no pudieron articular.

Everard dict&#243; mi sentencia:

Lo siento m&#225;s de lo que imaginas, Carl. Pero la Saga volsunga cuenta que Hamther y Sorli casi ganaron, pero que, por razones desconocidas, Od&#237;n apareci&#243; y los traicion&#243;. Y &#233;l eras t&#250;, No pod&#237;a ser nadie m&#225;s que t&#250;.



372

La noche hab&#237;a ca&#237;do tarde. La luna, aunque casi llena, segu&#237;a oculta. Las estrellas arrojaban su brillo sobre colinas y bosques, donde yac&#237;an las sombras. El roc&#237;o empezaba a relucir sobre las piedras. El aire estaba fr&#237;o y quieto excepto por el retumbar de los cascos al galope. Brillaban yelmos y lanzas, elev&#225;ndose y ocult&#225;ndose como olas bajo una tormenta.

En el mayor de sus salones, el rey Ermanarico beb&#237;a con sus hijos y la mayor&#237;a de sus guerreros. Los fuegos ard&#237;an, silbaban y chasqueaban en sus fosos. La luz de las l&#225;mparas brillaba entre el horno. Cornamentas, pilotes, tapices y tallas parec&#237;an moverse frente a las paredes y columnas, como hac&#237;a la oscuridad.

En los brazos y alrededor de los cuellos reluc&#237;a el oro; los vasos entrechocaban y las voces sonaban fuertes. Los esclavos iban de un lado para otro sirviendo. Por encima, las tinieblas flu&#237;an sobre las vigas y llenaban el techo.

Ermanarico estaba feliz. Sibicho le daba la lata:

Se&#241;or, no deber&#237;amos entretenernos. Os lo concedo, un ataque directo contra el jefe guerrero de los tervingos ser&#237;a peligroso, pero podemos empezar inmediatamente a minar sus apoyos en su tribu.

Ma&#241;ana, ma&#241;ana dijo el rey con impaciencia. &#191;No te cansas nunca de los complots y los trucos? Esta noche pertenece a la apetitosa doncella esclava que compr&#233;

Fuera resonaron los cuernos. Un hombre apareci&#243; tambale&#225;ndose por la entrada del edificio. Ten&#237;a la cara cubierta de sangre.

Enemigos ataque Un rugido apag&#243; su grito.

&#191;A esta hora? gimi&#243; Sibicho. &#191;Y por sorpresa? Deben de haber matado a los caballos para llegar hasta aqu&#237; s&#237;, y deben de haber matado por el camino a todo el que pudiese ir m&#225;s r&#225;pido

Los hombres saltaron de los bancos y fueron en busca de las cotas y las armas. Como estaban apiladas en la habitaci&#243;n de entrada, &#233;sta se lleno inmediatamente de cuerpos. Se lanzaron juramentos y se levantaron pu&#241;os. Los guardias que hab&#237;an permanecido armados se apresuraron a formar una defensa frente al rey y su familia. Ermanarico siempre manten&#237;a a un grupo bien armado.

En el patio, los guerreros reales dieron la vida para que sus compa&#241;eros del interior se preparasen. Los reci&#233;n llegados cayeron sobre ellos en sobrecogedor n&#250;mero. Las hachas tronaban, las espadas chocaban, los cuchillos y las lanzas se hund&#237;an. Con la presi&#243;n, los hombres heridos no se derrumbaban inmediatamente; los que lo hac&#237;an no volv&#237;an a levantarse.

A la cabeza del asalto, un joven grit&#243;:

&#161;Wodan est&#225; con nosotros! &#161;Wodan, Wodanl. &#161;Ahl. Su espada volaba asesina.

Los defensores equipados apresuradamente se dispusieron a defender la puerta principal. El enorme joven fue el primero en atacarlos. A derecha e izquierda, los que lo segu&#237;an embistieron, golpearon, clavaron, patalearon, empujaron, rompieron la l&#237;nea y pasaron por encima de los restos.

A medida que la vanguardia entraba en la sala principal, los soldados sin armar retroced&#237;an. Los atacantes se detuvieron, jadeando, cuando su l&#237;der grit&#243;:

&#161;Esperad a los dem&#225;s!

En el interior se apag&#243; el sonido de la batalla, que prosegu&#237;a en el exterior.

Ermanarico se sent&#243; en la silla alta y mir&#243; por encima de los cascos de sus guardias.

Hathawulf Taharsmundsson, &#191;qu&#233; nueva traici&#243;n planeas? lanz&#243; al otro lado del sal&#243;n.

El tervingo levant&#243; en alto la espada chorreante.

Hemos venido a limpiar la tierra de tu presencia grit&#243;.

Ten cuidado. Los dioses odian a los traidores.

S&#237; contest&#243; Solbern a la altura de su hermano, esta noche Wodan te llevar&#225;, a ti que rompes los juramentos, y maldita es la casa a la que De llevar&#225;.

Entraron m&#225;s invasores; Liuderis los dispuso en formaci&#243;n.

&#161;Adelante! rugi&#243; Hathawulf.

Ermanarico hab&#237;a estado dando sus propias &#243;rdenes. Sus hombres carec&#237;an en su mayor&#237;a de cascos, cotas, escudos y armas largas. Pero cada uno llevaba al menos un cuchillo. Tampoco los tervingos vest&#237;an demasiado hierro. Eran en su mayor&#237;a terratenientes, que pod&#237;an permitirse poco m&#225;s que una chapa de metal y una cota de cuero endurecido, y que iban a la batalla s&#243;lo cuando el rey lo requer&#237;a. Lo que Ermanarico hab&#237;a reunido eran guerreros de profesi&#243;n; cualquiera de ellos pod&#237;a tener una granja, un barco o algo similar, pero ante todo y primero era un guerrero. Hab&#237;an sido entrenados para atacar junto con sus compa&#241;eros.

Los soldados del rey cogieron los caballetes y las tablas que hab&#237;an sostenido y los usaron para defenderse. Los que ten&#237;an hachas y se hab&#237;an retirado del exterior cortaron garrotes para sus compa&#241;eros de los revestimientos y pilares. Adem&#225;s, un cuchillo, una cornamenta cogida de la pared, el extremo de un cuerno para beber, una copa romana rota o una tea eran armas mortales. A medida que el combate era cada vez m&#225;s cercano carne contra carne, amigo en el paso de un amigo, empujando, tropezando, llenos de sangre y sudor las espadas y las hachas resultaban cada vez menos &#250;tiles. Las lanzas y los palos eran in&#250;tiles, a no ser para los guardias que, desde su posici&#243;n sobre los bancos junto a la silla alta, pod&#237;an atacar desde arriba.

De esa forma la lucha se convirti&#243; en desordenada, ciega, tan furibunda como el Lobo desatado.

Pero aun as&#237;, Hathawulf, Solbern y sus mejores hombres se abrieron paso, empujando, atacando, talando, cortando, clavando entre gritos y rugidos, golpes y choques, hacia delante, como vientos vivos hasta que llegaron a su destino.

All&#237; estaban escudo contra escudo, acero contra acero, ellos y las tropas del rey. Ermanarico no se encontraba al frente, pero con descaro se alzaba sobre el asiento, a la vista de todos, agitando una lanza. A menudo miraba a Hathawulf o Solbern, y cada uno expresaba su odio.

Fue el viejo Liuderis el que rompi&#243; la defensa. La sangre le manaba de caderas y brazos, pero el hacha golpeaba de lado a lado; lleg&#243; hasta el banco y golpe&#243; el cr&#225;neo de Sibicho. Agonizando, pudo decir:

Una serpiente menos.

Hathawulf y Solbern pasaron sobre su cuerpo. Un hijo de Ermanarico se arroj&#243; frente a su padre. Solbern derrib&#243; al muchacho. Hathawulf dio otro golpe. La lanza de Ermanarico se rompi&#243;. Hathawulf atac&#243; de nuevo. El rey se retir&#243; contra la pared. El brazo derecho le colgaba medio cortado. Solbern atac&#243; por debajo, a la pierna izquierda, y le cort&#243; los tendones. Ermanarico se derrumb&#243;. Los dos hermanos se acercaron a matar. Sus seguidores luchaban para mantener a raya al resto de la guardia.

Alguien apareci&#243;.

La lucha se detuvo como la onda producida cuando una piedra cae al agua. Los hombres estaban boquiabiertos. Por entre las tinieblas inciertas, a&#250;n mayor por la cantidad de hombres presentes, apenas pod&#237;an ver lo que flotaba sobre el trono.

Sobre el esqueleto de un caballo cuyos huesos eran de metal, iba sentado un hombre alto de barba gris. La capa y el sombrero lo ocultaban. En la mano derecha llevaba una lanza. Su punta, por encima de todas las dem&#225;s armas y destacada contra la noche bajo el techo, se encendi&#243; &#191;un cometa, un mensajero de infortunios?

Hathawulf y Solbern bajaron sus armas.

Antepasado dijo el mayor al silencio. &#191;Hab&#233;is venido en nuestra ayuda?

La respuesta fue profunda, como no pod&#237;a producirla ninguna garganta humana, fuerte y despiadada.

Hermanos, vuestro destino est&#225; decidido. Recibidlo bien y vuestros nombres vivir&#225;n para siempre.

Ermanarico, todav&#237;a no te ha llegado la hora. Env&#237;a a tus hombres por detr&#225;s y ataca a los tervingos por la espalda.

Id, todos los que est&#225;is aqu&#237;, a donde Weard quiera enviaros.

Se esfum&#243;.

Hathawulf y Solbern estaban at&#243;nitos.

Mutilado, sangrando, Ermanarico a&#250;n pudo gritar:

&#161;Obedeced! Aguantad los que est&#225;is contra el enemigo. El resto coged la puerta de atr&#225;s, dad la vuelta. &#161;Obedeced las palabras de Wodanl.

Sus guardaespaldas fueron los primeros en comprender. Rugieron de alegr&#237;a y cayeron sobre los enemigo. &#201;stos retrocedieron, horrorizados, hacia la renovada confusi&#243;n. Solbern permaneci&#243; en su lugar, ca&#237;do bajo el trono, sobre un charco de sangre.


Los hombres del rey salieron en torrente por la peque&#241;a salida. Corrieron apresurados a la parte delantera. La mayor&#237;a de los tervingos hab&#237;an entrado. Los greutungos eran mayor&#237;a en el patio. A falta de mejor arma, arrancaron las piedras del suelo y las lanzaron. La luna que sal&#237;a daba luz suficiente.

Aullando, los guerreros retomaron la sala de entrada. Se equiparon y cayeron sobre los invasores por ambos lados.

Terrible fue la batalla. Sabiendo que iban a morir pasase lo que pasase, los tervingos lucharon hasta caer. Hathawulf por s&#237; solo acumul&#243; una muralla de muertos frente a &#233;l. Cuando cay&#243;, pocos quedaban para alegrarse.

El mismo rey no hubiese estado entre ellos si uno de sus s&#250;bditos no se hubiese apresurado a curar sus heridas. De esa guisa, lo sacaron, apenas consciente, del sal&#243;n donde ya no quedaban sino los muertos.



1935

&#161;Laurie, Laurie!



372

La ma&#241;ana trajo la lluvia. Conducida por el viento ululante, lo ocultaba todo excepto el asentamiento que se acurrucaba debajo, corno si el resto del mundo hubiese desaparecido. El rugido del tejado resonaba por toda Heorot.

La oscuridad del interior parec&#237;a mayor por el vac&#237;o. Ard&#237;an los fuegos, las l&#225;mparas alumbraban bien alto para nadie entre las sombras. El aire era pesado.

Hab&#237;a tres personas de pie cerca del centro. De lo que hablaban les imped&#237;a sentarse. De sus labios sal&#237;a el aliento en h&#225;litos blancos.

&#191;Muertos? murmur&#243; Alawin aturdido. &#191;Todos ellos?

El Errante asinti&#243;.

S&#237; le volvi&#243; a decir, aunque habr&#225; tanta pena entre greutungos como entre tervingos. Ermanarico vive, pero mutilado y lisiado, y con dos hijos menos.

Ulrica le dirigi&#243; una mirada afilada.

Si eso sucedi&#243; la pasada noche dijo, no hab&#233;is venido en ning&#250;n caballo terrestre para cont&#225;rnoslo.

Sabes qui&#233;n soy contest&#243; &#233;l.

&#191;Lo s&#233;? Levant&#243; hacia &#233;l unos dedos doblados como espolones. La voz se hizo m&#225;s aguda. Si sois en verdad Wodan, se trata de un dios maldito, que no estaba dispuesto o no pod&#237;a ayudar a mis dos hijos en un momento de necesidad.

Calma, calma le rog&#243; Alawin, mientras miraba avergonzado al Errante.

Este &#250;ltimo dijo con suavidad:

Lloro contigo. Pero la voluntad de Weard no debe ser alterada. Y a medida que la historia de lo sucedido llegue al oeste, descubrir&#233;is que yo estaba all&#237;, e incluso que salv&#233; a Ermanarico. Sabed que frente al tiempo los propios dioses est&#225;n indefensos. Hice lo que estaba destinado a hacer. Recordad que al enfrentarse al final que estaba decidido para ellos, Hathawulf y Solbern redimieron el honor de su casa, y ganaron para ellos mismos un nombre que vivir&#225; mientras lo haga su raza.

Pero Ermanarico permanece sobre la tierra solt&#243; Ulrica. Alawin, el deber de la venganza ha pasado a ti.

&#161;No! dijo el Errante. Su tarea es mayor que eso. Es salvar la sangre de la familia, la vida del clan. Por eso he venido.

Se volvi&#243; hacia el joven, que lo miraba con los ojos abiertos de par en par.

Alawin dijo, conozco el futuro y es una pesada carga. Pero en ocasiones puedo usar ese conocimiento para evitar el mal. Esc&#250;chame bien, porque es la &#250;ltima vez que me oir&#225;s.

&#161;Errante, no! grit&#243; Alawin. El aliento surgi&#243; de entre los labios de Ulrica.

El Gris levant&#243; la mano que no sosten&#237;a la lanza.

El invierno pronto estar&#225; sobre vosotros dijo, pero seguir&#225;n la primavera y el verano. El &#225;rbol de tu familia carece de hojas, pero sus ra&#237;ces son fuertes, y volver&#225; a ser verde si no lo tala un hacha.

Date prisa. Aunque est&#225; herido, Ermanarico buscar&#225; dar final, de una vez, a tu molesta estirpe. No puedes reunir un ej&#233;rcito tan grande corno el suyo.

Si te quedas aqu&#237;, morir&#225;s.

Pi&#233;nsalo. Lo tienes todo listo para viajar al oeste, y entre los visigodos te espera una bienvenida. Ser&#225; m&#225;s c&#225;lida por la derrota que Atanarico sufri&#243; este a&#241;o a manos de los hunos en el r&#237;o Dni&#233;ster; necesitan nuevas almas llenas de esperanza. En unos d&#237;as, podr&#237;as estar a la cabeza de la caravana. Los hombres de Ermanarico, cuando lleguen aqu&#237;, no encontrar&#225;n m&#225;s que las cenizas del sal&#243;n comunal, que t&#250; incendiaste para evitar que lo tomasen y como pira en honor de tus hermanos.

No estar&#225;s huyendo. No, te ir&#225;s para forjar un ma&#241;ana mejor. Alawin, ahora eres el &#250;nico con la sangre de tu padre. Defi&#233;ndela bien.

La furia torci&#243; el rostro de Ulrica.

S&#237;, siempre hab&#233;is hablado con suaves palabras dijo estremeci&#233;ndose. No escuches esas insidias, Alawin. Resiste. Venga a mis hijos a los hijos de Tharasmund.

El joven trag&#243; saliva.

Realmente me har&#225;s ir mientras el asesino de Swanhild, Randwar, Hathawulf, Solbern &#191;mientras viva? dijo entrecortadamente.

No debes quedarte insisti&#243; el Errante con seriedad. Si lo haces, entregar&#225;s la &#250;ltima vida que le queda a tu padre al rey, junto con los hijos de Hathawulf, su esposa y tu propia madre. No hay deshonor en la retirada cuando te superan en n&#250;mero.

S&#237; podr&#237;a reunir una hueste visigoda

No tendr&#225;s poder para hacerlo. Aguanta. Dentro de tres a&#241;os oir&#225;s noticias sobre Ermanarico que te alegrar&#225;n. La justicia de los dioses caer&#225; sobre &#233;l. Eso te lo prometo.

&#191;Qu&#233; vale esa promesa? rugi&#243; Ulrica.

Alawin llen&#243; sus pulmones, enderez&#243; los hombros, permaneci&#243; en silencio un momento y luego dijo:

Madrastra, calma. Soy el hombre de la casa. Seguiremos el consejo del Errante.

El muchacho que hab&#237;a en &#233;l se manifest&#243; por un momento:

Oh, pero se&#241;or, antepasado &#191;realmente no volveremos a veros? &#161;No nos abandon&#233;is!

Debo hacerlo contest&#243; el Gris. Es necesario para ti. De pronto a&#241;adi&#243;: S&#237;, es mejor que me vaya inmediatamente. Adi&#243;s. Buen viaje.

Camin&#243; por entre las sombras, sali&#243; por la puerta y se perdi&#243; entre la lluvia y el viento.



43

Aqu&#237; y all&#225;, entre las &#233;pocas, la Patrulla del Tiempo tiene lugares para que descansen sus miembros. Uno de ellos es Hawai antes de la llegada de los polinesios. Aunque el centro existe desde hace miles de a&#241;os, Laurie y yo nos considerarnos afortunados al poder conseguir una caba&#241;a durante un mes. De hecho, sospech&#225;bamos que Manse Everard hab&#237;a tirado de un par de hilos en nuestro nombre.

No lo mencion&#243; cuando nos visit&#243; al final de nuestra estancia. Simplemente fue amable, nos marchamos de picnic y a hacer surf, y despu&#233;s comimos la cena de Laurie con el apetito que se merec&#237;a. Hasta m&#225;s tarde no habl&#243; de lo que quedaba tras nosotros y por delante en nuestras l&#237;neas del mundo. Nos sentamos en el porche delantero del edificio. La penumbra se hac&#237;a fr&#237;a y azul en el jard&#237;n y sobre el bosque florido que se encontraba m&#225;s all&#225;. Al este, la tierra descend&#237;a hacia donde el mar reluc&#237;a plateado; al oeste, la estrella del ocaso se estremec&#237;a sobre el Mauna Kea. Un riachuelo cantaba. All&#237; se encontraba la paz que sana.

&#191;Te sientes preparado para volver? pregunt&#243; Everard.

S&#237; dije. Y ser&#225; mucho m&#225;s f&#225;cil. El trabajo duro est&#225; hecho, la informaci&#243;n b&#225;sica ha sido reunida y asimilada. S&#243;lo tengo que grabar las canciones e historias a medida que son compuestas y evolucionan.

&#161;S&#243;lo! exclam&#243; Laurie. Su burla era amable y se convirti&#243; en un consuelo cuando puso la mano sobre la m&#237;a. Bien, al menos te has librado de tu pena.

Everard habl&#243; en voz baja:

&#191;Est&#225;s seguro de eso, Carl?

Pod&#237;a conservar la calma al responder:

S&#237;. Oh, siempre habr&#225; recuerdos dolorosos, pero &#191;no es &#233;se el destino com&#250;n del hombre? Hay muchos m&#225;s agradables, y volver&#233; a poder usarlos.

Comprendes, claro, que no debes obsesionarte como lo estuviste. &#201;se es un riesgo que se lleva a muchos de los nuestros &#191;La voz le fall&#243; ligeramente? Se recuper&#243;. Cuando es as&#237;, la v&#237;ctima debe superarlo y recuperarse.

Lo s&#233; dije, y re&#237; un poco. &#191;No sabes que lo s&#233;?

Everard chup&#243; la pipa.

No exactamente. Como el resto de tu carrera no parece presentar mayores problemas que los normales en un agente de campo, no pod&#237;a justificar emplear m&#225;s l&#237;nea vital y recursos de la Patrulla en nuevas investigaciones. Esto no es un asunto oficial. Estoy aqu&#237; como amigo, al que simplemente le gustar&#237;a saber c&#243;mo os va. No me cuentes nada que no quieras decirme.

Eres un dulce viejo oso, s&#237; le dijo Laurie.

No me sent&#237;a del todo c&#243;modo, pero tom&#233; un sorbo de mi combinado de ron.

Claro, te dar&#233; toda la informaci&#243;n empec&#233; decir. Me asegur&#233; de que a Alawin le fuese bien.

Everard se agit&#243;.

&#191;C&#243;mo? quiso saber.

No te preocupes, Manse. Lo hice con cautela, y casi siempre de manera indirecta. Us&#233; diferentes identidades en ocasiones diferentes. Las pocas veces que me vio no me reconoci&#243;. Me pas&#233; los dedos por la barbilla bien afeitada, al estilo romano, como mi corte de pelo. Cuando es necesario, un patrullero dispone de una avanzada tecnolog&#237;a del disfraz. Oh, s&#237;, he dejado descansar al Errante.

&#161;Bien! Everard volvi&#243; a relajarse. &#191;Qu&#233; fue del muchacho?

&#191;Te refieres a Alawin? Bien, dirigi&#243; un grupo razonablemente grande, incluidas su madre y toda la casa de ella, y lo gui&#243; al oeste para unirse a Fritigerno. Los guiar&#237;a, tres siglos despu&#233;s. Pero habl&#225;bamos en nuestro ingl&#233;s natal. El lenguaje temporal posee todos los tiempo apropiados. All&#237; disfrut&#243; de favores, especialmente despu&#233;s de recibir el bautismo. Eso, por s&#237; solo, ya era raz&#243;n para dejar al Errante, como comprender&#225;s. &#191;C&#243;mo iba un cristiano a permanecer cerca de un dios pagano?

Humm. Me pregunto qu&#233; pens&#243; despu&#233;s de esas experiencias.

Tengo la impresi&#243;n de que mantuvo la boca cerrada. Naturalmente, si sus descendientes (se cas&#243; bien) conservaron alguna tradici&#243;n sobre al asunto, supondr&#237;an que alguna presencia sobrenatural recorr&#237;a el antiguo pa&#237;s.

&#191;El antiguo pa&#237;s? Oh, s&#237;. Alawin nunca regres&#243; a Uerania, &#191;no? No, imposible. &#191;Quieres que te haga un bosquejo de la historia?

Por favor. La estudi&#233; un poco, en relaci&#243;n con tu caso, pero no conozco el desenlace. Adem&#225;s, eso fue hace mucho tiempo en mi l&#237;nea de mundo.

Y desde entonces deben de haberte pasado muchas cosas, pens&#233;. En voz alta dije:

Bien, en el 374, el pueblo de Fritigerno cruz&#243; el Danubio, con permiso, y se estableci&#243; en Tracia. Pronto Atanarico hizo lo mismo, aunque en Transilvania. La presi&#243;n huna se hab&#237;a hecho demasiado intensa.

 Los oficiales romanos explotaron a los godos y abusaron de ellos (en otras palabras, fueron su gobierno) durante varios a&#241;os. Al final los godos decidieron que estaban hartos y se rebelaron. Los hunos les hab&#237;an dado la idea y la t&#233;cnica de la caballer&#237;a, que ellos convirtieron en pesada; en la batalla de Andrian&#243;polis, en el 378, derrotaron a los romanos. Por cierto, all&#237; Alawin se distingui&#243;, lo que lo puso en el camino de la importancia que alcanz&#243;. Un nuevo emperador, Teodosio, estableci&#243; la paz con los godos en el 38 1, y la mayor&#237;a de sus guerreros entraron al servicio de Roma como foederati: aliados, dir&#237;amos nosotros.

Despu&#233;s vinieron conflictos renovados, batallas, emigraciones la V&#246;lkerwanderung estaba en marcha. Resumir&#233; el caso de mi Alawin diciendo que, despu&#233;s de una vida turbulenta pero b&#225;sicamente feliz, muri&#243;, a una edad avanzada, en el reino que para entonces los visigodos se hab&#237;an ganado en el sur de la Galia. Sus descendientes tuvieron un papel importante en la fundaci&#243;n de la naci&#243;n espa&#241;ola. As&#237; que ya lo ves: puedo dejar ir a esa familia y seguir con mi trabajo.

La mano de Laurie se cerr&#243; alrededor de la m&#237;a.

El crep&#250;sculo se estaba convirtiendo en noche, Una astilla en la pipa de Everard produjo su propio parpadeo rojo. &#201;l mismo no era m&#225;s que una masa oscura, como la monta&#241;a que se elevaba sobre el horizonte occidental.

S&#237; medit&#243;, ahora recuerdo, m&#225;s o menos. Pero has estado hablando de los visigodos. Los ostrogodos, el pueblo original de Alawin &#191;no ocuparon Italia?

Con el tiempo dije. Primero tendr&#237;an que pasar cosas terribles. Hice una pausa. Lo que estaba a punto de decir abrir&#237;a heridas que todav&#237;a no hab&#237;an sanado. El Errante dijo la verdad. Swanhild tuvo su venganza.



374

Ermanarico estaba sentado a solas bajo las estrellas. El viento soplaba. En la lejan&#237;a oy&#243; el aullido de un lobo.

Despu&#233;s de que los mensajeros hubiesen tra&#237;do sus noticias, pronto no pudo soportar m&#225;s el terror y el charloteo posterior. A su orden, dos guerreros le hab&#237;an ayudado a subir los escalones hasta el tejado de su casa. Lo sentaron sobre un banco, cerca del parapeto y le pusieron la capa de piel sobre los hombros ca&#237;dos.

&#161;Idos! ladr&#243;, y ellos se fueron, aterrorizados.

Hab&#237;a visto la puesta de sol disolverse en el oeste mientras las nubes tormentosas se acumulaban azules al este. Esas nubes ocupaban ahora una cuarta parte del cielo. Los rayos corr&#237;an por entre ellas. Antes del amanecer, la tormenta estar&#237;a all&#237;. Y sin embargo, s&#243;lo hab&#237;a llegado el primer viento, fr&#237;o como el invierno en medio del verano. En otras partes las estrellas todav&#237;a reluc&#237;an en multitud.

Eran peque&#241;as, extra&#241;as y no ten&#237;an piedad. Los ojos de Ermanarico intentaron evitar mirar el Carro de Wodan, que giraba alrededor del ojo de Tiwaz que siempre vigilaba desde el norte. Pero siempre regresaban a la se&#241;al del Errante.

No os obedec&#237;, dioses murmur&#243;. Confi&#233; en mi propia fuerza. Sois m&#225;s astutos y crueles de lo que pensaba.

All&#237; estaba sentado, &#233;l, el poderoso, el tullido de pie y mano, incapaz de hacer nada m&#225;s que escuchar c&#243;mo el enemigo hab&#237;a cruzado el r&#237;o y destrozado el ej&#233;rcito que esperaba detenerlo. Deber&#237;a estar pensando en qu&#233; intentar a continuaci&#243;n, dando &#243;rdenes, animando a su pueblo. No estaban acabados si ten&#237;an el l&#237;der adecuado. Pero la cabeza de&#161; rey estaba hueca.

Hueca, vac&#237;a. Hombres muertos llenaban ese sal&#243;n de huesos, los hombres que hab&#237;an ca&#237;do con Hathawulf y Solbern, la flor de los godos del este, Si hubiesen estado vivos en aquellos &#250;ltimos d&#237;as, juntos hubiesen podido rechazar a los hunos, con Ermanarico al frente. Pero Ermanarico tambi&#233;n hab&#237;a muerto, en la misma matanza. No quedaba m&#225;s que un tullido, cuyos dolores permanentes le produc&#237;an agujeros en la mente.

Nada pod&#237;a hacer por su reino m&#225;s que dejarlo ir, con la esperanza de que su hijo mayor fuese m&#225;s digno, saliese victorioso. Ermanarico ense&#241;&#243; los dientes a las estrellas. Demasiado bien sab&#237;a que esa esperanza era una mentira. Frente a los ostrogodos hab&#237;a derrota, rapi&#241;a, carnicer&#237;a, sometimiento. Si alguna vez volv&#237;an a ser libres, ser&#237;a mucho despu&#233;s de que &#233;l hubiese vuelto a la tierra.

&#191;&#201;l qu&#233; agradable ser&#237;a eso o s&#243;lo su carne? &#191;Qu&#233; te esperaba m&#225;s all&#225; de la oscuridad?

Sac&#243; el cuchillo. La luz de las estrellas y los rayos se reflej&#243; en el metal. Durante un momento le tembl&#243; en la mano. El viento soplaba.

&#161;Est&#225; hecho! grit&#243;. Se apart&#243; la barba y coloc&#243; la punta bajo la mand&#237;bula. Los ojos volvieron a levantarse, como por voluntad propia, hacia el Carro. Algo blanco brillaba all&#237;: &#191;un fragmento de nube o Swanhild cabalgando tras el Errante? Ermanarico hizo acopio de todo el coraje que le quedaba. Clav&#243; el cuchillo y lo movi&#243; de un lado a otro.

La sangre man&#243; de la garganta abierta. Se derrumb&#243; y cay&#243; sobre el terrado. Lo &#250;ltimo que oy&#243; fue el trueno. Sonaba como los cascos de los caballos que tra&#237;an al oeste la medianoche de los hunos.





