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Peter James


Las Huellas Del Hombre Muerto


Dead Man's Footsteps (2008)

Roy Grace 4


Para Dave Gaylor



Parte de esta historia se desarrolla durante los d&#237;as en torno a los terribles sucesos del 11-S. Con el m&#225;ximo respeto a las v&#237;ctimas y a todas las personas que perdieron a un ser querido.



1

Si al despertarse aquella ma&#241;ana Ronnie Wilson hubiera sabido que al cabo de s&#243;lo un par de horas estar&#237;a muerto, habr&#237;a planeado el d&#237;a de una forma algo distinta.

Para empezar, quiz&#225; no se habr&#237;a molestado en afeitarse. O no habr&#237;a malgastado tantos de esos preciados minutos engomin&#225;ndose el pelo y luego arregl&#225;ndoselo hasta quedar satisfecho. Tampoco habr&#237;a empleado tanto tiempo en sacar brillo a los zapatos o en ajustarse el nudo de la cara corbata de seda hasta que estuvo perfecta. Y seguro que no habr&#237;a pagado la cantidad exorbitante de dieciocho d&#243;lares -que en realidad no pod&#237;a permitirse- para que le plancharan el traje en una hora.

Decir que era felizmente ajeno al destino que le esperaba ser&#237;a una exageraci&#243;n: todas las formas de alegr&#237;a hab&#237;an desaparecido de su paleta de emociones hac&#237;a tanto tiempo que ya ni sab&#237;a qu&#233; era ser feliz. Ya ni siquiera sent&#237;a felicidad durante esos fugaces segundos finales del orgasmo, en las raras ocasiones en que &#233;l y Lorraine hac&#237;an el amor. Era como si sus huevos estuvieran tan adormecidas como el resto de su cuerpo.

De hecho, &#250;ltimamente -y para incomodidad de Lorraine- cuando la gente le preguntaba c&#243;mo estaba, le hab&#237;a dado por contestar encogi&#233;ndose brevemente de hombros y decir: Mi vida es una mierda.

La habitaci&#243;n del hotel tambi&#233;n era una mierda. Era tan peque&#241;a que si te ca&#237;as ni siquiera tocabas el suelo. Era la habitaci&#243;n m&#225;s barata del W, pero al menos la direcci&#243;n le ayudaba a guardar las apariencias. Una persona que se hospedara en un W en Manhattan era alguien, aunque durmiera en el cuarto de la limpieza.

Ronnie sab&#237;a que deb&#237;a adoptar una actitud y un humor m&#225;s positivos. La gente reaccionaba a las vibraciones que transmit&#237;an los dem&#225;s, en particular cuando ped&#237;an dinero. Nadie iba a prestar dinero a un perdedor, ni siquiera a un viejo amigo; al menos no la cantidad que &#233;l necesitaba en estos momentos. Y, sin duda, no este viejo amigo en particular.

Mir&#243; por la ventana para ver qu&#233; tiempo hac&#237;a, estirando el cuello hacia el escarpado precipicio gris del edificio que hab&#237;a al otro lado de la calle 39 hasta que consigui&#243; ver la franja estrecha de cielo. Comprobar que hac&#237;a una ma&#241;ana espl&#233;ndida no sirvi&#243; para subirle la moral. S&#243;lo sent&#237;a como si todas las nubes hubieran abandonado ese vac&#237;o azul y ahora estuvieran en su coraz&#243;n.

Su reloj Bulgari de imitaci&#243;n le dijo que eran las 7.43. Lo hab&#237;a comprado en Internet por 40 libras, pero bueno, &#191;qui&#233;n pod&#237;a distinguir que no era aut&#233;ntico? Hab&#237;a aprendido hac&#237;a mucho tiempo que los relojes caros transmit&#237;an un mensaje importante a la gente que intentabas impresionar: si un detalle como el tiempo te preocupaba lo suficiente como para comprarte uno de los mejores relojes del mundo, seguramente te preocupar&#237;as igual por el dinero que iban a confiarte. Las apariencias no lo eran todo, pero importaban mucho.

Bueno, las 7.43. Hora de ponerse en marcha.

Cogi&#243; su malet&#237;n Louis Vuitton -tambi&#233;n de imitaci&#243;n-, lo coloc&#243; encima del trolley y se march&#243; de la habitaci&#243;n arrastrando el equipaje. Sali&#243; del ascensor en la planta baja y pas&#243; por delante del mostrador de recepci&#243;n intentando pasar desapercibido. Sus tarjetas estaban tan fundidas que seguramente no ten&#237;a cr&#233;dito suficiente para pagar la factura del hotel, pero ya se preocupar&#237;a de aquello m&#225;s tarde. Estaban a punto de embargarle el BMW -el ostentoso descapotable azul con el que a Lorraine le gustaba pasearse, para impresionar a sus amigas- y el banco iba a ejecutar la hipoteca sobre su casa. La reuni&#243;n de hoy, pens&#243; sombr&#237;amente, era su &#250;ltima oportunidad. Iba a reclamar una promesa. Una promesa hecha diez a&#241;os atr&#225;s.

S&#243;lo esperaba que no hubiera ca&#237;do en el olvido.

Sentado en el metro, con las maletas entre las piernas, Ronnie se percat&#243; de que algo se hab&#237;a torcido en su vida, pero no sab&#237;a exactamente qu&#233;. Muchos de sus compa&#241;eros de colegio hab&#237;an cosechado grandes &#233;xitos en sus campos, pero &#233;l hab&#237;a ido de traspi&#233;s en traspi&#233;s, desesper&#225;ndose cada vez m&#225;s. Asesores financieros, promotores inmobiliarios, contables, abogados ten&#237;an sus enormes casas fardonas, sus esposas trofeo, sus hijos perfectos. &#191;Y qu&#233; ten&#237;a &#233;l?

A la neur&#243;tica de Lorraine, que se gastaba el dinero que su marido no ten&#237;a en infinidad de tratamientos de belleza que no necesitaba en absoluto, en ropa de dise&#241;o que no pod&#237;an permitirse de ning&#250;n modo y en almuerzos rid&#237;culamente caros a base de hojas de lechuga y agua mineral con sus amigas anor&#233;xicas, much&#237;simo m&#225;s ricas que ellos, en el restaurante chic que se hubiera puesto de moda aquella semana. Y a pesar de desembolsar una fortuna en tratamientos de fertilidad, segu&#237;a siendo incapaz de darle el hijo que tanto deseaba. En realidad, el &#250;nico gasto que &#233;l hab&#237;a aprobado fue que se pusiera m&#225;s tetas.

Pero por supuesto, Ronnie era demasiado orgulloso para reconocer el l&#237;o en el que se hab&#237;a metido. Y como era optimista hasta la m&#233;dula, siempre cre&#237;a que la soluci&#243;n estaba a la vuelta de la esquina. Igual que un camale&#243;n, se confund&#237;a perfectamente en su entorno. Como vendedor de coches usados, luego de antig&#252;edades y agente inmobiliario, sol&#237;a vestir de punta en blanco y ten&#237;a el don de la palabra, que era, por desgracia, mejor que su visi&#243;n para las finanzas. Despu&#233;s de que el negocio de la agencia inmobiliaria se fuera a pique, se pas&#243; r&#225;pidamente a la promoci&#243;n inmobiliaria, donde estaba convincente en vaqueros y americana. Luego, cuando los bancos ejecutaron la hipoteca sobre su urbanizaci&#243;n de veinte casas, que se qued&#243; encallada por problemas de planificaci&#243;n, se reinvent&#243; una vez m&#225;s a s&#237; mismo como asesor financiero para gente rica. Ese negocio tambi&#233;n se hundi&#243;.

Ahora estaba aqu&#237; con la esperanza de convencer a su viejo amigo Donald Hatcook de que conoc&#237;a el secreto para ganar dinero con la pr&#243;xima gallina de los huevos de oro: el biodi&#233;sel. Se rumoreaba que Donald se hab&#237;a embolsado m&#225;s de mil millones de d&#243;lares con los derivados -fuera lo que fuese eso- y s&#243;lo hab&#237;a perdido unos m&#237;seros doscientos mil al invertir en la agencia inmobiliaria de Ronnie diez a&#241;os atr&#225;s. Tras afirmar que aceptaba la responsabilidad de su amigo por el fracaso de la empresa, hab&#237;a asegurado a Ronnie que alg&#250;n d&#237;a volver&#237;a a respaldarlo.

Sin duda, Bill Gates y todos los dem&#225;s emprendedores del planeta estaban buscando el modo de entrar en el nuevo mercado de los biocombustibles respetuosos con el medio ambiente -y dispon&#237;an del dinero para invertir y convertirlo en una realidad-, pero Ronnie cre&#237;a haber encontrado un nicho de mercado. Lo &#250;nico que ten&#237;a que hacer esta ma&#241;ana era convencer a Donald. Este era astuto, lo ver&#237;a. Se apuntar&#237;a. Como dec&#237;an en Nueva York, deber&#237;a ser pan comido.

De hecho, a medida que el metro avanzaba hacia el centro, mientras ensayaba mentalmente el discurso que hab&#237;a preparado para Donald, la confianza de Ronnie iba en aumento. Se sent&#237;a meti&#233;ndose en la piel del personaje de Michael Douglas en Wall Street: Gordon Gecko. Y ten&#237;a su mismo aspecto, igual que la docena de profesionales de Wall Street vestidos impecablemente que hab&#237;a sentados a su alrededor en ese vag&#243;n que no dejaba de dar bandazos a un lado y a otro. Si cualquiera de ellos ten&#237;a s&#243;lo la mitad de sus problemas, los ocultaban bien. Qu&#233; seguros parec&#237;an todos de s&#237; mismos, maldita sea. Si se hubieran molestado en mirarle habr&#237;an visto a un tipo alto, delgado, guapo y con el pelo engominado hacia atr&#225;s que parec&#237;a igual de seguro que ellos.

Dec&#237;an que si no hab&#237;as triunfado a los cuarenta no ibas a triunfar nunca. Dentro de s&#243;lo tres semanas, Ronnie cumplir&#237;a cuarenta y tres a&#241;os.

Estaba llegando a su parada, Chambers Street. Quer&#237;a ir caminando las &#250;ltimas manzanas.

Sali&#243; a la espl&#233;ndida ma&#241;ana de Manhattan y se orient&#243; con el mapa que le hab&#237;a dado anoche el conserje del hotel. Luego consult&#243; su reloj: las 8.10. Por su experiencia previa circulando por los bloques de oficinas de Nueva York, calcul&#243; que deb&#237;a darse quince minutos de margen como m&#237;nimo para llegar al despacho de Donald una vez entrara en el edificio donde trabajaba el hombre. Y desde aqu&#237; ten&#237;a cinco minutos largos a pie, le hab&#237;a dicho el conserje, suponiendo que no se perdiera.

Despu&#233;s de pasar por delante de un cartel que le informaba de que estaba en Wall Street, dej&#243; atr&#225;s un Jamha Juice a la derecha y una tienda que ofrec&#237;a Sastrer&#237;a y arreglos expertos y entr&#243; en el Downtown Deli, que estaba abarrotado.

El lugar ol&#237;a a caf&#233; cargado y huevos fritos. Se sent&#243; en un taburete de piel roja en la barra y pidi&#243; un zumo de naranja reci&#233;n exprimido, un latte y huevos revueltos con bacon y tostadas de trigo. Mientras esperaba la comida, hoje&#243; una vez m&#225;s el plan de negocios y, luego, mirando de nuevo el reloj, calcul&#243; mentalmente la diferencia horaria entre Nueva York y Brighton.

En Inglaterra eran cinco horas m&#225;s. Lorraine estar&#237;a almorzando. Le hizo una llamada r&#225;pida al m&#243;vil y le dijo que la quer&#237;a. Ella le dese&#243; suerte con la reuni&#243;n. Las mujeres eran f&#225;ciles de contentar, bastaba s&#243;lo con unos pocos arrumacos de vez en cuando, alg&#250;n que otro verso po&#233;tico y una o dos joyas que parecieran caras, pero no con demasiada frecuencia.

Veinte minutos despu&#233;s, mientras pagaba la cuenta, oy&#243; un estruendo enorme a lo lejos. Un tipo sentado en el taburete a su lado dijo:

Dios santo, &#191;qu&#233; ha sido eso?

Ronnie recogi&#243; el cambio y dej&#243; una propina aceptable, luego sali&#243; a la calle para proseguir con su camino hacia el despacho de Donald Hatcook, que, seg&#250;n la informaci&#243;n que le hab&#237;a enviado por correo electr&#243;nico, se encontraba en la planta 87 de la Torre Sur del World Trade Center.

Eran las 8.47 de la ma&#241;ana del martes 11 de septiembre de 2001.



2

Octubre de 2007


Abby Dawson hab&#237;a elegido este piso porque le parec&#237;a seguro. Al menos, tan seguro como le parecer&#237;a cualquier otro lugar en estos momentos.

Aparte de la escalera de incendios de atr&#225;s, que s&#243;lo pod&#237;a abrirse desde dentro, y una salida de incendios en el s&#243;tano, el edificio s&#243;lo ten&#237;a una entrada. Estaba ocho pisos m&#225;s abajo y las ventanas le ofrec&#237;an una panor&#225;mica despejada de toda la calle.

Dentro, hab&#237;a convertido el piso en una fortaleza: bisagras reforzadas, blindajes de acero, tres cerraduras en la puerta y en la escalera de incendios situada al fondo del min&#250;sculo lavadero y una cadena de seguridad doble. Cualquier ladr&#243;n que intentara introducirse aqu&#237; se ir&#237;a a casa con las manos vac&#237;as. Salvo que condujera un tanque, nadie iba a entrar a menos que ella le invitara.

Pero como refuerzo, por si acaso, ten&#237;a un spray de pimienta Mace muy a mano, una navaja y un bate de b&#233;isbol.

Era ir&#243;nico, pens&#243;, que la primera vez en su vida que pod&#237;a permitirse una casa lo bastante grande y lujosa como para recibir a invitados, tuviera que vivir sola, en secreto.

&#161;Y hab&#237;a tantas cosas de las que disfrutar all&#237; dentro! El entarimado de roble, los enormes sof&#225;s color crema con sus cojines blancos y marr&#243;n chocolate, los cuadros modernos y perspicaces en las paredes, el sistema home cinema, la cocina de alta tecnolog&#237;a, las camas inmensas y deliciosamente c&#243;modas, la calefacci&#243;n debajo del suelo en el ba&#241;o y el elegante servicio de invitados que todav&#237;a no hab&#237;a utilizado -al menos no para lo que estaba pensado.

Era como vivir en una de esas casas de dise&#241;o que sol&#237;a codiciar cuando hojeaba las p&#225;ginas de las revistas de moda. Cuando hac&#237;a buen tiempo, el sol entraba a raudales por la tarde y los d&#237;as ventosos, como hoy, abr&#237;a una ventana y pod&#237;a saborear la sal en el aire y escuchar los chillidos de las gaviotas. A tan s&#243;lo unos doscientos metros del final de la calle, y del cruce con la concurrida Marine Parade de Kemp Town, estaba la playa. Pod&#237;a caminar por ella kil&#243;metros y kil&#243;metros hacia el este o el oeste.

Tambi&#233;n le gustaba el barrio. Hab&#237;a tiendecitas cerca, que eran mucho m&#225;s seguras que un supermercado grande porque siempre pod&#237;a mirar primero qui&#233;n hab&#237;a dentro. Bastaba con que s&#243;lo una persona la reconociera.

S&#243;lo una.

El &#250;nico punto negativo era el ascensor. Extremadamente claustrof&#243;bica en el mejor de los casos, y m&#225;s propensa que nunca &#250;ltimamente a los ataques de p&#225;nico, a Abby nunca le hab&#237;a gustado montarse sola en un ascensor a menos que no tuviera m&#225;s remedio. Y la c&#225;psula inestable del tama&#241;o de un ata&#250;d vertical para dos personas que sub&#237;a hasta su piso, y que se hab&#237;a quedado parado un par de veces en el &#250;ltimo mes -por suerte con otra persona dentro-, era una de las peores que hab&#237;a utilizado en su vida.

As&#237; que normalmente sub&#237;a y bajaba a pie, hasta hac&#237;a dos semanas, cuando los obreros que reformaban el piso de abajo hab&#237;an convertido la escalera en una carrera de obst&#225;culos. Era un buen ejercicio, y si llevaba bolsas de la compra pesadas era f&#225;cil: las met&#237;a en el ascensor solas y ella sub&#237;a por las escaleras. En las raras ocasiones en que se encontraba con alguno de sus vecinos, cog&#237;a el ascensor hombro con hombro con &#233;l. Pero la mayor&#237;a eran tan mayores que no sal&#237;an demasiado. Algunos parec&#237;an tan viejos como la propia finca.

Los pocos inquilinos j&#243;venes, como Hassan, el sonriente banquero iran&#237; que viv&#237;a dos pisos m&#225;s abajo y que a veces organizaba fiestas que duraban toda la noche -y cuyas invitaciones siempre rechazaba educadamente- parec&#237;an estar fuera casi siempre, en alg&#250;n otro lugar. Y los fines de semana, a menos que Hassan se hubiera quedado en casa, el ala oeste del edificio estaba tan silenciosa que parec&#237;a habitada s&#243;lo por fantasmas.

En cierto modo, ella tambi&#233;n era un fantasma, lo sab&#237;a. &#218;nicamente abandonaba la seguridad de su guarida de noche, con el pelo que en su d&#237;a fue rubio y largo ahora muy corto y te&#241;ido de negro, gafas de sol y el cuello de la chaqueta subido. Era una extra&#241;a en esta ciudad donde hab&#237;a nacido y crecido, donde hab&#237;a trabajado en bares, ejercido de secretaria temporal, tenido novios y, antes de que le entrara el gusanillo de viajar, incluso fantaseado con formar una familia.

Ahora hab&#237;a regresado. A escondidas. Una desconocida en su propia vida. Desesperada por que nadie la reconociera. Volviendo la cara las pocas veces que se cruzaba con alg&#250;n conocido o ve&#237;a a un viejo amigo en un bar y ten&#237;a que marcharse de inmediato. Maldita sea, &#161;qu&#233; sola se sent&#237;a!

Y ten&#237;a miedo.

Ni siquiera su propia madre sab&#237;a que hab&#237;a vuelto a Inglaterra.

Hab&#237;a cumplido 27 a&#241;os hac&#237;a tres d&#237;as y la fiesta de cumplea&#241;os hab&#237;a sido fant&#225;stica, pens&#243; con iron&#237;a. Tirada all&#237; sola con una botella de Mo&#233;t & Chandon, una pel&#237;cula er&#243;tica en Sky y un vibrador con las pilas agotadas.

Sol&#237;a estar orgullosa de su belleza natural. Rebosante de confianza, pod&#237;a ir a cualquier bar, discoteca o fiesta y escoger a quien quisiera. Era buena conversadora, buena seductora, buena haci&#233;ndose la vulnerable, algo que hab&#237;a aprendido hac&#237;a tiempo que era lo que les gustaba a los hombres. Pero ahora era vulnerable de verdad, y no era nada divertido.

No era divertido ser una fugitiva.

Aunque no fuera para siempre.

En las estanter&#237;as, las mesas y el suelo del piso se amontonaban libros, CD y DVD comprados en Amazon y . Durante los dos &#250;ltimos meses que llevaba huyendo hab&#237;a le&#237;do m&#225;s libros y visto m&#225;s pel&#237;culas y televisi&#243;n que nunca. Ocupaba gran parte del resto del tiempo en un curso de espa&#241;ol por Internet.

Hab&#237;a vuelto porque cre&#237;a que aqu&#237; estar&#237;a a salvo. Dave estuvo de acuerdo en que &#233;ste era el &#250;nico lugar donde &#233;l no se atrever&#237;a a asomar la cara. El &#250;nico lugar del mundo. Pero no pod&#237;a estar segura al cien por cien.

Ten&#237;a otra raz&#243;n para regresar a Brighton, una parte importante de sus planes. La salud de su madre empeoraba poco a poco y ten&#237;a que encontrarle una residencia privada bien dirigida donde pudiera disfrutar de cierta calidad de vida los a&#241;os que le quedaban. Abby no quer&#237;a que acabara en una de esas horribles salas geri&#225;tricas de la Seguridad Social. Ya hab&#237;a localizado una casa preciosa en el campo, cerca de all&#237;. Era cara, pero ahora pod&#237;a permitirse mantener all&#237; a su madre durante a&#241;os. Lo &#250;nico que ten&#237;a que hacer era pasar inadvertida un poquito m&#225;s.

De repente, su m&#243;vil pit&#243; y recibi&#243; un mensaje. Mir&#243; la pantalla y sonri&#243; cuando vio de qui&#233;n era. Lo &#250;nico que la ayudaba a aguantar eran estos mensajes que recib&#237;a cada pocos d&#237;as.

La ausencia debilita los amores peque&#241;os y fortalece los grandes, igual que el viento apaga la vela y aviva la hoguera.

Se qued&#243; pensando unos momentos. Uno de los beneficios de disponer de tanto tiempo libre era que pod&#237;a navegar por Internet durante horas sin sentirse culpable. Le encantaba recopilar citas y envi&#243; una de las que hab&#237;a guardado.

El amor no es mirarse a los ojos. El amor es mirar juntos en la misma direcci&#243;n.

Por primera vez en su vida hab&#237;a conocido a un hombre que miraba en la misma direcci&#243;n que ella. Ahora mismo s&#243;lo era un nombre en un mapa, im&#225;genes descargadas de la red, un lugar que visitaba en sue&#241;os. Pero pronto los dos ir&#237;an all&#237; de verdad. S&#243;lo deb&#237;a tener un poco m&#225;s de paciencia. Los dos deb&#237;an tenerla.

Cerr&#243; la revista The Latest, donde hab&#237;a estado mirando casas de ensue&#241;o, apag&#243; el cigarrillo, apur&#243; la copa de Sauvignon e inici&#243; sus comprobaciones antes de salir de casa.

Primero se acerc&#243; a la ventana y mir&#243; a trav&#233;s de las persianas a la amplia hilera de casas estilo Regencia. El resplandor s&#243;dico de las farolas inundaba de naranja todas las sombras. Estaba lo bastante oscuro y el viento huracanado oto&#241;al mandaba r&#225;fagas de lluvia contra las ventanas con la fuerza de un perdig&#243;n. De ni&#241;a, le asustaba la oscuridad. Ahora, ir&#243;nicamente, hac&#237;a que se sintiera segura.

Conoc&#237;a todos los coches que aparcaban regularmente en ambas aceras, con sus pegatinas de estacionamiento para residentes. Examin&#243; cada uno con la mirada. Antes era incapaz de distinguir una marca de otra, pero ahora las conoc&#237;a todas. El Golf GTI negro, mugriento y lleno de cagadas de p&#225;jaro; el monovolumen Ford Galaxy de la pareja que viv&#237;a con sus gemelos llorones en un piso al otro lado de la calle y que parec&#237;a pasarse la vida cargando bolsas de la compra y cochecitos plegables escaleras arriba y abajo; el Toyota Yaris peque&#241;o y extra&#241;o; un Porsche Boxter antiguo que pertenec&#237;a a un joven que hab&#237;a decidido que era m&#233;dico -seguramente trabajaba en el Royal Sussex County Hospital, que estaba cerca-; la furgoneta Renault blanca oxidada con los neum&#225;ticos desinflados y un cartel de SE vende escrito con tinta roja en un trozo de cart&#243;n marr&#243;n pegado a la ventanilla del copiloto. Hab&#237;a unos doce coches m&#225;s a cuyos propietarios conoc&#237;a de vista. Nada nuevo all&#237; abajo, nada de qu&#233; preocuparse. Y no vio a nadie merodeando entre las sombras.

Apareci&#243; una pareja corriendo, los brazos en torno a un paraguas que amenazaba con doblarse hacia fuera en cualquier momento.

Cerrar el pestillo de las ventanas del dormitorio, del cuarto de invitados, del ba&#241;o, del sal&#243;n comedor. Activar temporizadores en luces, televisi&#243;n y radio de cada habitaci&#243;n. Pegar con Blu-Tack el hilo de coser, a la altura de la rodilla, de punta a punta del recibidor, justo delante de la puerta de entrada.

&#191;Paranoica? Moi? &#161;Como lo oyes!

Descolg&#243; el impermeable largo y el paraguas del perchero del vest&#237;bulo estrecho, se acerc&#243; al umbral y observ&#243; por la mirilla. La recibi&#243; el resplandor amarillo p&#225;lido y fr&#237;o del vest&#237;bulo vac&#237;o.

Descorri&#243; las cadenas de seguridad, abri&#243; la puerta con cautela, sali&#243; y percibi&#243; al instante el olor a madera cortada. Cerr&#243; la puerta y gir&#243; las llaves en cada una de las tres cerraduras.

Luego, se qued&#243; escuchando. Abajo, en alg&#250;n lugar, en alguno de los otros pisos, sonaba un tel&#233;fono que nadie contest&#243;.

Abby se estremeci&#243; mientras se pon&#237;a el impermeable ribeteado de borreguillo; todav&#237;a no se hab&#237;a acostumbrado a la humedad y el fr&#237;o despu&#233;s de vivir a&#241;os en un clima c&#225;lido. Todav&#237;a no se hab&#237;a acostumbrado a pasar un viernes por la noche sola.

El plan de hoy era ver una pel&#237;cula, Expiaci&#243;n, en los multicines de la Marina, luego comer algo -quiz&#225; pasta- y, si reun&#237;a el valor suficiente, ir a un bar a tomar un par de copas de vino. Al menos as&#237; pod&#237;a sentir el consuelo de mezclarse con otros seres humanos.

Iba vestida discreta, con unos vaqueros de dise&#241;o, botines y un jersey de cuello alto negro debajo del impermeable. Quer&#237;a estar guapa, pero sin llamar la atenci&#243;n si acababa yendo a un bar. Abri&#243; la puerta cortafuegos que daba a la escalera y vio para su desgracia que los obreros la hab&#237;an dejado bloqueada para todo el fin de semana con placas de yeso y un mont&#243;n de tablas de madera.

Los maldijo, sopes&#243; si intentar pasar por en medio o no y luego, tras pensarlo mejor, puls&#243; el bot&#243;n del ascensor y se qued&#243; mirando la puerta met&#225;lica llena de rayones. Unos segundos despu&#233;s, oy&#243; el ruido, las sacudidas y botes mientras el aparato sub&#237;a obedientemente y llegaba a su piso con un sonido discordante. Entonces la puerta exterior se abri&#243; con un golpe parecido a una pala allanando gravilla.

Entr&#243; y la puerta se cerr&#243; de nuevo con el mismo sonido, junto con las puertas dobles del ascensor, y qued&#243; aprisionada. Oli&#243; el perfume de otra persona y el l&#237;quido limpiador de lim&#243;n. El ascensor subi&#243; unos cent&#237;metros con una sacudida, tan violenta que Abby casi se cay&#243;.

Y ahora, cuando ya era demasiado tarde para cambiar de idea y salir, y mientras las paredes met&#225;licas se cerraban sobre ella y un espejo peque&#241;o, casi opaco, reflejaba un atisbo de p&#225;nico en su rostro pr&#225;cticamente invisible, el ascensor descendi&#243; con brusquedad.

Abby estaba a punto de descubrir que acababa de cometer un grave error.



3

Octubre de 2007


El comisario Roy Grace, sentado a la mesa de su despacho, colg&#243; el tel&#233;fono y se recost&#243; en la silla con los brazos cruzados, inclin&#225;ndola hasta que toc&#243; la pared. Mierda. Las cinco menos cuarto de la tarde de un viernes y su fin de semana acababa de echarse a perder literalmente. De irse por el desag&#252;e, en todo caso.

Adem&#225;s, anoche hab&#237;a tenido una racha p&#233;sima en su partida de p&#243;quer semanal con los chicos y hab&#237;a perdido casi trescientas libras. Nada como un viajecito al campo hasta un desag&#252;e un viernes por la tarde lluvioso e inh&#243;spito para ponerte de un humor de perros, pens&#243;. Le lleg&#243; la r&#225;faga helada de viento que se colaba por las ventanas mal instaladas de su peque&#241;o despacho y se qued&#243; escuchando el repiqueteo de la lluvia. No era d&#237;a para salir.

Maldijo al operador de la sala de control que acababa de llamar para comunicarle la noticia. Sab&#237;a que era cargarse al mensajero, pero lo hab&#237;a planeado todo para pasar la noche de ma&#241;ana en Londres con Cleo, para tener un detalle con ella. Ahora tendr&#237;a que cancelarlo por un caso que sab&#237;a instintivamente que no iba a gustarle, y todo porque era el investigador jefe de guardia en sustituci&#243;n de un compa&#241;ero que se hab&#237;a puesto enfermo.

Los asesinatos eran lo que hac&#237;a interesante este trabajo. En Sussex se produc&#237;an entre quince y veinte al a&#241;o, muchos de ellos en el municipio de Brighton y Hove y alrededores; eran m&#225;s que suficientes para que cada investigador jefe se encargara de uno y tuviera ocasi&#243;n de demostrar sus habilidades. Sab&#237;a que era un poco cruel pensar de esa manera, pero era un hecho que dirigir con &#233;xito una investigaci&#243;n de asesinato brutal y destacada era una buena oportunidad para hacer carrera. Recib&#237;as la atenci&#243;n de la prensa y los ciudadanos, de tus compa&#241;eros y, lo m&#225;s importante, de tus jefes. Conseguir una detenci&#243;n y una condena proporcionaba una satisfacci&#243;n inmensa. Era algo m&#225;s que un trabajo hecho, porque permit&#237;a a la familia de la v&#237;ctima cerrar un cap&#237;tulo, pasar p&#225;gina. Para Grace, &#233;ste era el factor m&#225;s importante.

Le gustaba trabajar en asesinatos en los que hab&#237;a un rastro caliente, vivo, donde pod&#237;a meterse en la acci&#243;n con un subid&#243;n de adrenalina, pensar con rapidez, impulsar a su equipo a trabajar veinticuatro horas al d&#237;a siete d&#237;as a la semana y tener muchas probabilidades de atrapar al culpable.

Pero por el informe del operador, el hallazgo en el desag&#252;e indicaba cualquier cosa menos un asesinato reciente: eran restos &#243;seos. Tal vez ni siquiera fuera un asesinato, podr&#237;a tratarse de un suicidio, quiz&#225;s aun de una muerte natural. Incluso exist&#237;a la remota posibilidad de que fuera un maniqu&#237; de escaparate, algo que ya hab&#237;a sucedido antes. Estos restos pod&#237;an llevar d&#233;cadas all&#237;, conque un par de d&#237;as m&#225;s no habr&#237;an supuesto una gran diferencia, maldita sea.

Sinti&#233;ndose culpable por aquel destello repentino de rabia, mir&#243; las veintitantas cajas azules que, en pilas de dos y tres, abarrotaban casi todas las zonas del suelo enmoquetado de su despacho que no estaban ocupadas ya por la peque&#241;a mesa de reuniones y las cuatro sillas.

Cada caja conten&#237;a expedientes clave de un asesinato sin resolver: eran casos abiertos. El resto de archivos atestaban los armarios situados en otras partes de la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal, o estaban cerrados bajo llave, cogiendo polvo, en un garaje h&#250;medo de la polic&#237;a en el &#225;rea donde tuvo lugar el asesinato, o archivados en un s&#243;tano olvidado, junto con todas las pruebas, etiquetadas y guardadas en bolsas.

Y ten&#237;a la sensaci&#243;n, nacida de casi veinte a&#241;os de experiencia investigando asesinatos, de que lo que le esperaba ahora en el desag&#252;e ten&#237;a muchas probabilidades de acabar siendo otra caja azul en el suelo.

Estaba tan saturado de papeleo en estos momentos que apenas hab&#237;a un cent&#237;metro cuadrado de su mesa que no estuviera enterrado bajo montones de documentos. Ten&#237;a que repasar las cronolog&#237;as, pruebas, declaraciones y todo lo que necesitaba la fiscal&#237;a para dos juicios por asesinato que iban a celebrarse el a&#241;o pr&#243;ximo. Uno estaba relacionado con un delincuente asqueroso de Internet llamado Carl Venner, el otro con un psic&#243;pata llamado Norman Jecks.

Mientras revisaba un documento preparado por Emily Gaylor, una joven de la Unidad de Juicios de Brighton, descolg&#243; el tel&#233;fono y marc&#243; una extensi&#243;n. Estar a punto de arruinarle el fin de semana a otra persona s&#243;lo le proporcion&#243; un m&#237;nimo de satisfacci&#243;n.

Contestaron casi de inmediato.

Sargento Branson.

&#191;Qu&#233; est&#225;s haciendo?

Iba a irme a casa, viejo, gracias por preguntar -dijo Glenn Branson.

Respuesta equivocada.

No, respuesta correcta -insisti&#243; el sargento-. Ari tiene clase de doma y me toca cuidar de los ni&#241;os.

&#191;Doma? &#191;Y eso qu&#233; es?

Algo que hace con su caballo y que cuesta treinta libras la hora.

Pues tendr&#225; que llevarse a los ni&#241;os con ella. Te veo en el aparcamiento dentro de cinco minutos. Tenemos que echar un vistazo a un cad&#225;ver.

Preferir&#237;a irme a casa, en serio.

Y yo. E imagino que el cad&#225;ver tambi&#233;n preferir&#237;a estar en casa -contest&#243; Grace-. En casa viendo la tele con una buena taza de t&#233; en lugar de descomponi&#233;ndose en un desag&#252;e.



4

Octubre de 2007


Al cabo de tan s&#243;lo unos segundos, el ascensor se detuvo con una sacudida y se balance&#243; de un lado a otro, golpeando las paredes con un ruido que reson&#243; como si dos bidones de aceite chocaran entre s&#237;. Luego, se meci&#243; hacia delante y tir&#243; a Abby contra la puerta.

Casi al instante, volvi&#243; a bajar bruscamente en ca&#237;da libre. Abby solt&#243; un quejido. Por una mil&#233;sima de segundo, el suelo enmoquetado se alej&#243; de ella, como si fuera ingr&#225;vida. Entonces hubo un estr&#233;pito, el suelo pareci&#243; subir y le golpe&#243; en los pies con tanta fuerza que se qued&#243; sin respiraci&#243;n y not&#243; como si las piernas le subieran hasta el cuello.

El ascensor se torci&#243;, la lanz&#243; como un t&#237;tere roto contra el espejo de la pared de atr&#225;s y volvi&#243; a sacudirse antes de quedarse casi parado, columpi&#225;ndose ligeramente, el suelo inclinado en un &#225;ngulo extra&#241;o.

Dios m&#237;o -susurr&#243; Abby.

Las luces del techo parpadearon, se apagaron, volvieron a encenderse. Percibi&#243; un hedor acre a instalaci&#243;n el&#233;ctrica quemada y vio pasar una columna fina de humo, despacio, delante de ella.

Aguant&#243; la respiraci&#243;n, atrapando otro grito en su garganta. Era como si aquella maldita cosa estuviera suspendida de un hilo muy fino y desgastado.

De repente, oy&#243; como si algo se desgarrara encima de ella. Metal rasg&#225;ndose. Sus ojos miraron hacia arriba absolutamente aterrorizados. No entend&#237;a mucho de ascensores, pero parec&#237;a como si algo estuviera rompi&#233;ndose. Poni&#233;ndose en lo peor, se imagin&#243; que la argolla que sujetaba el cable al tejado se part&#237;a.

El ascensor cay&#243; unos cent&#237;metros.

Abby chill&#243;.

Luego descendi&#243; unos cent&#237;metros m&#225;s, el suelo estaba cada vez m&#225;s inclinado.

Dio un bandazo hacia la izquierda con un estr&#233;pito met&#225;lico, despu&#233;s se hundi&#243; un poco m&#225;s. Oy&#243; un crujido brusco sobre su cabeza, como si algo se soltara.

El ascensor cay&#243; unos cent&#237;metros m&#225;s.

Cuando Abby se movi&#243; para intentar recuperar el equilibrio, se cay&#243; y se golpe&#243; el hombro contra una pared, luego la cabeza contra las puertas. Se qued&#243; quieta un momento, con el polvo de la moqueta entr&#225;ndole en la nariz, sin atreverse a moverse, mirando al techo. Hab&#237;a un cristal opaco en el centro con franjas iluminadas a cada lado. Ten&#237;a que salir de esta cosa, lo sab&#237;a, ten&#237;a que salir deprisa. En las pel&#237;culas, los ascensores ten&#237;an una trampilla en el techo. &#191;Por qu&#233; &#233;ste no?

No llegaba al panel de botones. Intent&#243; ponerse de rodillas y alcanzarlo, pero el ascensor comenz&#243; a balancearse con tanta fuerza, golpeando otra vez los lados del hueco como si realmente pendiera de un hilo, que se detuvo, temerosa de que un movimiento m&#225;s pudiera soltarlo.

Se qued&#243; quieta unos momentos, hiperventilando, presa del terror m&#225;s absoluto, escuchando cualquier sonido que indicara que alguien acud&#237;a en su ayuda. No oy&#243; nada. Si Hassan, su vecino de dos pisos m&#225;s abajo, estaba fuera, y si el resto de residentes tambi&#233;n lo estaban, o en sus pisos con los televisores a todo volumen, nadie sabr&#237;a lo que estaba ocurriendo.

La alarma. Debo tocar la alarma.

Respir&#243; hondo varias veces. Ten&#237;a la cabeza tensa, como si el cuero cabelludo le estuviera peque&#241;o. Las paredes se cerraban sobre ella de repente y luego se expand&#237;an, alej&#225;ndose antes de volver a contraerse, como si fueran pulmones. Se acercaban, luego se alejaban otra vez, pulmones que respiraban, que lat&#237;an. Ten&#237;a un ataque de p&#225;nico.

Hola -dijo en voz baja, en un susurro ronco, repitiendo las palabras que le hab&#237;a ense&#241;ado su terapeuta para cuando sintiera que iba a tener un ataque de p&#225;nico-. Me llamo Abby Dawson. Estoy bien. S&#243;lo es una reacci&#243;n qu&#237;mica chunga. Estoy bien, estoy en mi cuerpo, no estoy muerta, se me pasar&#225;.

Se arrastr&#243; unos cent&#237;metros hacia el bot&#243;n de alarma. El suelo se meci&#243;, gir&#243;, como si estuviera sobre una tabla que se manten&#237;a en equilibrio sobre la punta de un palo puntiagudo y fuera a caer en cualquier momento. Esper&#243; a que se estabilizara y volvi&#243; a avanzar un poco. Luego un poco m&#225;s. Otra voluta de humo azul, acre, pas&#243; a su lado, en silencio, como un genio. Alarg&#243; el brazo, estir&#225;ndose tanto como pudo, y clav&#243; con fuerza el dedo tembloroso en el bot&#243;n met&#225;lico gris donde hab&#237;a impresa en rojo la palabra Alarma.

No sucedi&#243; nada.



5

Octubre de 2007


La luz del d&#237;a empezaba a apagarse cuando, sumido en sus pensamientos, Roy Grace gir&#243; el Hyundai gris camuflado de la polic&#237;a en Trafalgar Street. La calle tal vez llevara con orgullo el nombre de una gran victoria naval, pero esta parte era cutre y estaba flanqueada de tiendas y edificios mugrientos y dejados de la mano de Dios y, durante casi todo el d&#237;a y la noche, de traficantes de drogas. Menos mal que esta tarde el tiempo espantoso los manten&#237;a a todos en casa, menos a los m&#225;s desesperados. Glenn Branson, vestido elegantemente con un traje marr&#243;n de raya diplom&#225;tica y una corbata de seda inmaculada, estaba sentado a su lado en silencio, taciturno.

A diferencia de lo que era habitual en un coche de polic&#237;a, el Hyundai casi nuevo todav&#237;a no apestaba a caja de comida del McDonald's y a gomina usada, sino que a&#250;n ol&#237;a a coche nuevo. Grace gir&#243; a la derecha y avanz&#243; junto a la valla de publicidad de una empresa de construcci&#243;n. Detr&#225;s, una gran zona venida a menos del centro de Brighton estaba inmersa en plena operaci&#243;n de maquillaje: dos viejos almacenes ferroviarios abandonados se transformar&#237;an en otra urbanizaci&#243;n chic m&#225;s de la ciudad.

El elegante proyecto del arquitecto ocupaba gran parte de la valla: Urbanizaci&#243;n Nueva Inglaterra. Casas y oficinas para un estilo de vida ambicioso, y era igual que todas las urbanizaciones modernas de todos los pueblos y ciudades por las que pasaba, pens&#243; Grace. Todo cristal y vigas de acero vistas, patios salpicados con peque&#241;os arbustos y &#225;rboles podados y ni un atracador a la vista. Un d&#237;a toda Inglaterra ser&#237;a id&#233;ntica y la gente no sabr&#237;a en qu&#233; ciudad o pueblo se encontraba.

Pero &#191;acaso importa en realidad? -se pregunt&#243; de repente-. &#191;Ya me he convertido en un viejo pesado de treinta y nueve a&#241;os? &#191;Realmente quiero que la ciudad que tanto amo quede detenida en el tiempo, con todas sus imperfecciones?

En este momento, sin embargo, ten&#237;a algo m&#225;s importante en la cabeza que las pol&#237;ticas del Departamento de Urbanismo de Brighton y Hove. M&#225;s importante tambi&#233;n que los restos humanos que iban a observar. Algo que le deprim&#237;a mucho.

Cassian Pewe.

El lunes, tras una larga convalecencia de un accidente de coche y varios comienzos en falso, Cassian Pewe por fin empezar&#237;a a trabajar en la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal, en el mismo puesto que Grace. Y con una gran ventaja: el comisario Cassian Pewe era el ni&#241;o mimado de la subdirectora Alison Vosper, mientras que &#233;l era poco menos que su bestia negra.

A pesar de obtener lo que &#233;l consideraba unos &#233;xitos rotundos en los &#250;ltimos meses, Roy Grace sab&#237;a que s&#243;lo hac&#237;a falta una peque&#241;a metedura de pata para que lo trasladaran del cuerpo de polic&#237;a de Sussex a qui&#233;n sabe d&#243;nde. Y &#233;l no quer&#237;a que lo alejaran de Brighton y Hove por nada del mundo. O, a&#250;n m&#225;s importante, de su querida Cleo.

En su opini&#243;n, Cassian Pewe era uno de esos hombres arrogantes que eran incre&#237;blemente guapos y, a la vez, plenamente conscientes de ello. Ten&#237;a el pelo dorado, ojos azules angelicales, un bronceado permanente y una voz tan invasiva como la fresa de un dentista. El hombre se acicalaba y pavoneaba, rezumando un aire de autoridad natural, actuando siempre como si estuviera al mando, incluso cuando no lo estaba.

Roy hab&#237;a tenido un desencuentro con &#233;l justo por eso cuando un par de a&#241;os atr&#225;s la polic&#237;a de Londres, la Met, envi&#243; refuerzos para ayudar a la polic&#237;a de Brighton durante el congreso del Partido Laborista. Con su arrogancia de idiota total, Pewe, que entonces era inspector, detuvo a dos informadores que Roy se hab&#237;a ido ganando cuidadosamente a lo largo de muchos a&#241;os y despu&#233;s se neg&#243; en rotundo a retirar los cargos. Y para enfado de Roy, cuando &#233;ste denunci&#243; el caso a sus superiores Alison Vosper se puso del lado de Pewe.

Grace no sab&#237;a qu&#233; demonios le ve&#237;a a aquel hombre, a menos, como sospechaba secretamente a veces, que tuvieran un l&#237;o, por muy improbable que pudiera ser eso. Las prisas de la subdirectora por reclutar a Pewe de la Met y ascenderlo, repartiendo las obligaciones de Grace cuando en realidad era muy capaz de gestionarlo todo &#233;l solo, ol&#237;a a plan oculto.

Normalmente Glenn Branson era un hablador insufrible, pero hoy no hab&#237;a dicho ni una palabra desde que hab&#237;an salido de la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal en Sussex House. Quiz&#225; s&#237; estuviera cabreado por haberle separado de una noche de viernes en familia. Tal vez se debiera a que Roy no le hab&#237;a propuesto conducir. Entonces, de repente, el sargento rompi&#243; su silencio.

&#191;Has visto En el calor de la noche? -le pregunt&#243;.

Creo que no -contest&#243; Grace-. No. &#191;Por qu&#233;?

Va de un poli racista en el sur de Estados Unidos.

&#191;Y?

Branson se encogi&#243; de hombros.

&#191;Estoy siendo racista?

Podr&#237;as haberle fastidiado a otro el fin de semana. &#191;Por qu&#233; a m&#237;?

Porque mi objetivo siempre son los hombres negros.

Es lo que cree Ari.

No hablar&#225;s en serio.

Un par de meses atr&#225;s, Roy hab&#237;a acogido a Glenn cuando su mujer lo hab&#237;a echado de casa. Tras unos d&#237;as viviendo pegados el uno al otro, estuvieron a punto de asistir al final de una hermosa amistad. Ahora Glenn hab&#237;a vuelto con su mujer.

Hablo en serio.

Creo que Ari tiene un problema.

La secuencia inicial del puente es famosa. Es uno de los travellings m&#225;s largos de la historia del cine -dijo Glenn.

Genial. La ver&#233; alg&#250;n d&#237;a. Escucha, amiguito, Ari tiene que ser realista.

Glenn le ofreci&#243; un chicle. Grace lo acept&#243; y mastic&#243;, reanimado por el subid&#243;n instant&#225;neo de la menta.

&#191;De verdad ten&#237;as que arrastrarme hasta aqu&#237; esta noche? -pregunt&#243; entonces Glenn-. Podr&#237;as haber avisado a otro.

Pasaron por una esquina y Grace vio a un hombre andrajoso vestido con un ch&#225;ndal hablando con un chico que llevaba una sudadera con capucha. Su mirada experimentada le dijo que parec&#237;an sospechosos: un camello suministrando material.

Cre&#237;a que las cosas estaban mejor entre Ari y t&#250;.

Yo tambi&#233;n. Le compr&#233; el puto caballo que ella quer&#237;a, pero ahora resulta que no era el caballo adecuado.

Por fin, a trav&#233;s de los limpiaparabrisas ruidosos, Grace vio varias excavadoras, un coche de polic&#237;a, cintas azules y blancas de la escena del crimen en la entrada de un solar en construcci&#243;n y un agente empapad&#237;simo con cara de pocos amigos que llevaba una chaqueta reflectante amarilla y sosten&#237;a una tablilla sujetapapeles envuelta en una bolsa de pl&#225;stico. La imagen satisfizo a Grace: al menos los polic&#237;as uniformados de hoy le hab&#237;an cogido el tranquillo a lo que hab&#237;a que hacer para preservar la escena de un crimen.

Se acerc&#243; a la acera, aparc&#243; justo delante de un coche patrulla y se volvi&#243; hacia Glenn.

Las juntas de ascenso a inspector est&#225;n al caer, &#191;no?

S&#237;. -El sargento se encogi&#243; de hombros.

Una investigaci&#243;n as&#237; podr&#237;a ser perfecta para tener un tema del que hablar largo y tendido durante tu entrevista. Tienes que pensar en el factor inter&#233;s.

Eso cu&#233;ntaselo a Ari.

Grace pas&#243; el brazo por el hombro de su amigo. Quer&#237;a a este tipo, uno de los investigadores m&#225;s brillantes que hab&#237;a conocido. Glenn pose&#237;a todas las cualidades para llegar lejos en el cuerpo, pero tendr&#237;a que pagar un precio. Y eso era algo que muchos polic&#237;as no pod&#237;an aceptar. El horario demencial tambi&#233;n destru&#237;a muchos matrimonios. Quienes mejor sobreviv&#237;an, principalmente, eran los que estaban casados con otro agente, o con una enfermera o alguien que ejerciera una profesi&#243;n en que fuera habitual tener un horario antisocial.

Te he elegido hoy porque eres el mejor hombre que podr&#237;a tener a mi lado. Pero no voy a obligarte. Puedes venir conmigo o irte a casa. T&#250; decides.

Claro, viejo, si me voy a casa ma&#241;ana, &#191;qu&#233;? Vuelvo a ponerme el uniforme y a detener a gays por conducta indecente en Duke's Mound. &#191;Verdad que tengo raz&#243;n?

M&#225;s o menos.

Grace se baj&#243; del coche. Branson lo sigui&#243;.

Agachados bajo la lluvia y el viento huracanado, se pusieron los trajes blancos y las botas de agua. Luego, como una pareja de espermatozoides, se dirigieron hacia el agente que custodiaba la escena y firmaron en el registro.

Necesitar&#225;n linternas -dijo el polic&#237;a.

Grace encendi&#243; la suya, luego la apag&#243;. Branson hizo lo mismo. Un segundo agente, que tambi&#233;n llevaba una chaqueta amarilla brillante, les guio bajo la luz mortecina. Caminaron en el barro pegajoso y surcado de huellas de neum&#225;tico profundas y cruzaron el solar extenso.

Pasaron por delante de una gr&#250;a alta, una excavadora silenciosa y pilas de material de construcci&#243;n protegidas debajo de unos pl&#225;sticos que se agitaban con el viento. El muro Victoriano de ladrillo rojo desmoronado, que revest&#237;a los cimientos del aparcamiento de la estaci&#243;n de Brighton, se levantaba abruptamente delante de ellos. M&#225;s all&#225; de la oscuridad, pod&#237;an ver el resplandor naranja de las luces de la ciudad a su alrededor. Una placa suelta de la valla repiqueteaba y, en alg&#250;n lugar, dos trozos de metal chocaban entre s&#237;.

Grace examin&#243; el terreno. Estaban colocando los cimientos. Excavadoras pesadas habr&#237;an estado trabajando en la zona durante meses. Tendr&#237;an que buscar las pruebas dentro del desag&#252;e; las que hubiera fuera habr&#237;an desaparecido mucho tiempo atr&#225;s.

El agente se detuvo y se&#241;al&#243; un cauce excavado seis metros por debajo de ellos. Grace contempl&#243; lo que parec&#237;a una serpiente prehist&#243;rica parcialmente enterrada con un agujero irregular en la espalda. El mosaico de ladrillos, tan viejos que casi hab&#237;an perdido el color, formaban parte de un t&#250;nel semisumergido que se elevaba sobre la superficie del barro en algunos puntos: el desag&#252;e de la vieja l&#237;nea del ferrocarril de Brighton a Kemp Town.

Nadie sab&#237;a que estaba ah&#237; abajo -dijo el agente-. La excavadora lo parti&#243; hoy a primera hora.

Roy Grace retrocedi&#243; un momento, intentando superar su miedo a las alturas, incluso a esa distancia relativamente peque&#241;a. Entonces, respir&#243; hondo, baj&#243; como pudo la pendiente empinada y resbaladiza y exhal&#243; aliviado cuando lleg&#243; abajo sin caerse e intacto. De repente, el cuerpo de la serpiente parec&#237;a mucho mayor y m&#225;s expuesto que desde arriba. La forma redondeada se curvaba delante de &#233;l, hasta casi dos metros de altura, calcul&#243;. El agujero del centro parec&#237;a oscuro como una cueva.

Avanz&#243; hacia &#233;l, consciente de que Branson y el agente estaban justo detr&#225;s y sabiendo que necesitaba dar ejemplo.

Encendi&#243; la linterna mientras entraba en el desag&#252;e y las sombras brincaron con furia delante de &#233;l. Agach&#243; la cabeza, frunciendo la nariz por el fuerte olor f&#233;tido a humedad. Aqu&#237; dentro era m&#225;s penetrante de lo que parec&#237;a desde fuera; era como estar en un t&#250;nel antiguo del metro, sin and&#233;n.

El tercer hombre -dijo Glenn Branson de repente-. Esa pel&#237;cula s&#237; que la has visto. La tienes en casa.

&#191;La de Orson Welles y Joseph Cotten? -dijo Grace.

S&#237;, &#161;buena memoria! Las alcantarillas siempre me la recuerdan.

Grace dirigi&#243; el potente haz de luz hacia la derecha. Oscuridad, charcos relucientes de agua, ladrillos antiguos. Luego enfoc&#243; hacia la izquierda y peg&#243; un bote.

&#161;Mierda! -grit&#243; Glenn Branson, y su voz reson&#243; alrededor.

Aunque Grace ya se lo esperaba, lo que vio, varios cientos de metros m&#225;s adelante en el t&#250;nel, le asust&#243; igualmente: un esqueleto, reclinado contra la pared, enterrado parcialmente en el cieno. Parec&#237;a como si s&#243;lo estuviera repantigado, esper&#225;ndole. Largos mechones de pelo segu&#237;an pegados en varias zonas del cuero cabelludo, pero aparte de eso, b&#225;sicamente eran huesos pelados, ro&#237;dos o putrefactos, con algunos pedazos min&#250;sculos de carne disecada.

Avanz&#243; hacia &#233;l por el barro, con cuidado de no resbalar en el mantillo. Dos puntitos rojos aparecieron un instante y se esfumaron; una rata. Dirigi&#243; el haz de luz otra vez hacia el cr&#225;neo y su rictus idiota le dio escalofr&#237;os.

Y tambi&#233;n le estremeci&#243; algo m&#225;s.

El pelo. A pesar de que hab&#237;a perdido su lustre hac&#237;a tiempo, ten&#237;a el mismo largo y el mismo tono dorado que el cabello de su esposa Sandy, desaparecida muchos a&#241;os atr&#225;s.

Intentando apartar aquel pensamiento de su mente, se gir&#243; hacia el agente y le pregunt&#243;:

&#191;Ya han registrado todo el t&#250;nel?

No, se&#241;or, he pensado que deb&#237;amos esperar a los del SOCO.

Bien.

Grace sinti&#243; alivio, se alegraba de que el joven hubiera tenido el sentido com&#250;n de no arriesgarse a contaminar o destruir ninguna prueba que todav&#237;a pudiera quedar aqu&#237; abajo. Luego se percat&#243; de que le temblaba la mano. Volvi&#243; a enfocar la luz hacia el cr&#225;neo.

Hacia los mechones de pelo.

El d&#237;a que &#233;l cumpli&#243; los treinta, hac&#237;a poco m&#225;s de nueve a&#241;os, Sandy, la mujer a la que adoraba, desapareci&#243; de la faz de la tierra. La hab&#237;a estado buscando desde entonces. Pregunt&#225;ndose todos los d&#237;as, y todas las noches, qu&#233; le habr&#237;a sucedido. &#191;La hab&#237;an secuestrado y encerrado en alg&#250;n lugar? &#191;Se hab&#237;a fugado con un amor secreto? &#191;La hab&#237;an asesinado? &#191;Segu&#237;a viva o estaba muerta? Incluso hab&#237;a recurrido a m&#233;diums, clarividentes y a casi todos los tipos de parapsic&#243;logos que pudo encontrar.

Recientemente hab&#237;a ido a M&#250;nich, donde cab&#237;a la posibilidad de que la hubieran visto. No era descabellado, ya que unos parientes suyos por parte de madre viv&#237;an cerca de all&#237;. Pero ninguno hab&#237;a tenido noticias de ella, y todas sus pesquisas, como siempre, hab&#237;an resultado infructuosas. Cada vez que aparec&#237;a una mujer muerta sin identificar que encajaba remotamente en la franja de edad de Sandy, se preguntaba si quiz&#225;s esta vez era ella.

Y el esqueleto que ten&#237;a ahora delante de &#233;l, en este desag&#252;e enterrado de la ciudad en la que hab&#237;a nacido y crecido, donde se hab&#237;a enamorado, parec&#237;a provocarle, como dici&#233;ndole: &#161;Ya tardabas!.



6

Octubre de 2007


Abby, tumbada en el suelo duro enmoquetado, mir&#243; el cartel peque&#241;o junto al panel de botones en la pared gris. En letras rojas may&#250;sculas sobre fondo blanco dec&#237;a:


En caso de averia

yamar al 013 228 7828

o marcar el 112

La mala ortograf&#237;a no le transmiti&#243; demasiada confianza precisamente. Debajo del panel de botones hab&#237;a una puertecita de cristal estrecha con una grieta. Despacio, cent&#237;metro a cent&#237;metro, se arrastr&#243; por el suelo. S&#243;lo estaba a un paso, pero como el ascensor se balanceaba con violencia con cada movimiento, era como si se encontrara en la otra punta del mundo.

Por fin la alcanz&#243;, la abri&#243; y descolg&#243; el auricular, que pend&#237;a de un cable enrollado.

No hab&#237;a l&#237;nea.

Dio unos golpecitos en la horquilla y el ascensor volvi&#243; a agitarse con fuerza, pero no hubo ning&#250;n sonido. Marc&#243; los n&#250;meros, por si acaso. Nada tampoco.

Genial -pens&#243;-. Estupendo. Entonces sac&#243; con cuidado el m&#243;vil de su bolso y marc&#243; el 112.

El tel&#233;fono le respondi&#243; con un pitido agudo. En la pantalla apareci&#243; el mensaje: Sin cobertura de red.

Dios m&#237;o, no, no me hagas esto.

Respirando deprisa, apag&#243; el tel&#233;fono. Luego, unos segundos despu&#233;s, volvi&#243; a encenderlo, observ&#243;, esperando a que apareciera s&#243;lo una rayita. Pero no pas&#243; nada.

Volvi&#243; a marcar el 112 y escuch&#243; el mismo pitido agudo y recibi&#243; el mismo mensaje. Volvi&#243; a intentarlo, luego otra vez, pulsando las teclas cada vez m&#225;s fuerte.

Vamos, vamos. Por favor, por favor.

Volvi&#243; a mirar la pantalla. A veces la cobertura iba y ven&#237;a. Quiz&#225; si esperaba

Entonces grit&#243;, primero t&#237;midamente.

&#191;Hola? &#161;Socorro!

Su voz son&#243; d&#233;bil, encapsulada.

Se llen&#243; los pulmones de aire y grit&#243; a voz en cuello:

&#191;Hola? &#161;Socorro! &#161;Ayuda! &#161;Me he quedado encerrada EN EL ASCENSOR!

Esper&#243;. Silencio.

Un silencio tan alto que pod&#237;a o&#237;rlo. El zumbido de una de las luces del panel de arriba. Los latidos de su coraz&#243;n. El sonido de la sangre fluyendo por sus venas. El silbido acelerado de su propia respiraci&#243;n.

Ve&#237;a las paredes cerr&#225;ndose sobre ella.

Cogi&#243; aire, luego lo solt&#243;. Volvi&#243; a mirar la pantalla del m&#243;vil. Le temblaba tanto la mano que le resultaba casi imposible leerla.

Los n&#250;meros estaban borrosos. Respir&#243; hondo una vez y luego otra. Marc&#243; de nuevo el 112. Nada. Colg&#243; el tel&#233;fono y golpe&#243; con fuerza la pared.

Hubo un estruendo y el ascensor se balance&#243; de forma alarmante, peg&#243; en una pared del hueco y descendi&#243; unos cent&#237;metros m&#225;s.

&#161;Socorro! -chill&#243; Abby.

Incluso ese grito provoc&#243; que el ascensor se meciera y chocara otra vez contra uno de los lados. Se qued&#243; quieta. El ascensor dej&#243; de moverse.

Entonces, adem&#225;s de terror, sinti&#243; un fogonazo de ira hist&#233;rica por encontrarse en aquel aprieto. Avanz&#243; unos pasos y empez&#243; a golpear las puertas met&#225;licas y a chillar al mismo tiempo; grit&#243; hasta que le dolieron los o&#237;dos por el estr&#233;pito y se le sec&#243; tanto la garganta que no pudo continuar y comenz&#243; a toser, como si hubiera tragado polvo.

&#161;Quiero salir!

Entonces, de repente, not&#243; que el ascensor se mov&#237;a, como

si alguien hubiera empujado el techo hacia abajo. Mir&#243; deprisa arriba y aguant&#243; la respiraci&#243;n, a la escucha. Pero lo &#250;nico que oy&#243; fue silencio.



7

11 de septiembre de 2001


Lorraine Wilson estaba en topless sobre una tumbona en el jard&#237;n, aprovechando los &#250;ltimos d&#237;as de verano, intentando prolongar el bronceado. Oculta tras unas gafas de sol grandes y ovaladas, mir&#243; el reloj, el Rolex de oro que Ronnie le hab&#237;a regalado por su cumplea&#241;os, en junio, y que insist&#237;a en que era aut&#233;ntico. Pero ella no se lo cre&#237;a. Le conoc&#237;a demasiado bien. No se habr&#237;a gastado diez mil libras cuando pod&#237;a comprar algo que parec&#237;a igual por cincuenta. Y menos en este momento, con los problemas econ&#243;micos que ten&#237;a.

No es que compartiera sus preocupaciones con ella, pero Lorraine lo sab&#237;a por lo estricto que se hab&#237;a vuelto &#250;ltimamente con todo, comprobando las facturas del supermercado, quej&#225;ndose por el dinero que gastaba en ropa, peluquer&#237;a e incluso en los almuerzos con sus amigas. Algunas zonas de la casa estaban tan viejas que daba verg&#252;enza, pero Ronnie se hab&#237;a negado a llamar a los decoradores y le hab&#237;a dicho que tendr&#237;an que ahorrar.

Lo quer&#237;a much&#237;simo, pero hab&#237;a una parte de &#233;l a la que no pod&#237;a acceder, como si tuviera un compartimento interno secreto donde se encerraba y se enfrentaba a su demonio particular, &#233;l solo. Ten&#237;a una ligera idea de cu&#225;l era ese demonio: su determinaci&#243;n por demostrar al mundo, y en particular a todo aquel que lo conoc&#237;a, que era un hombre de &#233;xito.

Por eso hab&#237;a comprado esta casa al lado de Shirley Drive que en realidad no pod&#237;an permitirse. No era grande, pero estaba en uno de los barrios residenciales m&#225;s caros de Brighton y Hove, una zona tranquila y escarpada de viviendas con jardines grandes en calles flanqueadas de &#225;rboles. Y como la casa era moderna, con dos niveles, ten&#237;a un aspecto distinto a la mayor&#237;a de las residencias eduardianas convencionales de imitaci&#243;n Tudor que eran el pilar de aquel lugar; la gente no se daba cuenta de que en verdad la casa era peque&#241;a. Los tablones de teca y la peque&#241;a piscina exterior le a&#241;ad&#237;an un toque de glamour al estilo Beverly Hills.

Eran las 13.50. Qu&#233; bonito que acabara de llamarla. Las zonas horarias siempre la confund&#237;an; le resultaba extra&#241;o que &#233;l estuviera desayunando y ella almorzando reques&#243;n y frambuesas. Le alegraba que regresara esta noche. Siempre le echaba de menos cuando estaba fuera, y como sab&#237;a que era un mujeriego, siempre se preguntaba qu&#233; hac&#237;a cuando estaba solo. Pero esta vez era un viaje corto; &#250;nicamente tres d&#237;as, no estaba tan mal.

Esta parte del jard&#237;n era totalmente privada, oculta a los vecinos por un enrejado alto entretejido con hiedra adulta y un enorme rododendro descontrolado que parec&#237;a ambicionar ser &#225;rbol. Contempl&#243; el limpiapiscinas electr&#243;nico mientras el aparato cruzaba el agua azul arriba y abajo, formando ondas. Alfie, su gato atigrado, parec&#237;a haber encontrado algo interesante detr&#225;s del rododendro y caminaba despacio por delante, miraba, luego se daba la vuelta, volv&#237;a a pasar despacio y miraba un poco m&#225;s.

Nunca sab&#237;as qu&#233; pensaban los gatos, pens&#243; de repente. En realidad, Alfie era un poco como Ronnie.

Dej&#243; el plato en el suelo y cogi&#243; el Daily Mail. Ten&#237;a una hora y media antes de salir para la peluquer&#237;a. Iba a darse reflejos y luego a hacerse la manicura. Siempre quer&#237;a estar guapa para &#233;l.

Deleit&#225;ndose con los c&#225;lidos rayos del sol, pas&#243; las p&#225;ginas. Dentro de unos minutos, se levantar&#237;a y planchar&#237;a sus camisas. Quiz&#225; Ronnie comprara relojes falsos, pero siempre compraba camisas buenas y siempre en Jermyn Street, en Londres. Le obsesionaba que estuvieran perfectamente planchadas. Ahora que la mujer de la limpieza se hab&#237;a marchado, como parte del recorte de gastos, ten&#237;a que encargarse ella de todas las tareas dom&#233;sticas.

Sonriendo, record&#243; sus primeros tiempos con Ronnie, cuando realmente le gustaba lavarle y plancharle la ropa. Hac&#237;a diez a&#241;os, cuando se conocieron, ella trabajaba de demostradora de productos en el duty free del aeropuerto de Gatwick y Ronnie estaba recomponiendo los pedazos rotos de su vida despu&#233;s de que su hermosa pero est&#250;pida mujer lo abandonara y se fuera a Los Angeles a vivir con alguien que hab&#237;a conocido una noche de fiesta con sus amigas en Londres, un director de cine que iba a convertirla en una estrella.

Record&#243; sus primeras vacaciones juntos, en un peque&#241;o piso alquilado a las afueras de Marbella con vistas a Puerto Ban&#250;s. Ronnie beb&#237;a cerveza en el balc&#243;n, mirando con envidia los yates, y le prometi&#243; que alg&#250;n d&#237;a ellos tendr&#237;an el m&#225;s grande del puerto. Sab&#237;a c&#243;mo galantear a una mujer, s&#237; se&#241;or. Era un maestro.

Nada le hab&#237;a gustado m&#225;s que lavarle la ropa. Sentir en sus manos sus camisetas, ba&#241;adores, ropa interior, calcetines y pa&#241;uelos. Aspirar sus olores masculinos. Era sumamente satisfactorio planchar aquellas camisas preciosas y luego v&#233;rselas llevar, como si vistiera una parte de ella.

Ahora hacer estas tareas era una lata y vio que le molestaba la mezquindad de Ronnie.

Retom&#243; el art&#237;culo sobre la terapia hormonal sustitutiva que hab&#237;a comenzado a leer: el debate actual sobre si reducir los s&#237;ntomas de la menopausia y preservar la belleza juvenil compensaba los riesgos adicionales de padecer c&#225;ncer de mama y otras sorpresas desagradables. Una avispa zumb&#243; alrededor de su cabeza y la apart&#243; con la mano, luego se qued&#243; mirando su propio torso. Le quedaban dos a&#241;os para cumplir los cuarenta y todo comenzaba ya a mirar hacia abajo, excepto sus car&#237;simos pechos.

Lorraine no era una belleza perfecta y atractiva, pero siempre hab&#237;a sido, en palabras de Ronnie, mon&#237;sima. Deb&#237;a su cabello rubio a su abuela noruega. No hac&#237;a muchos a&#241;os, como millones de rubias m&#225;s de todo el planeta, hab&#237;a copiado el cl&#225;sico peinado de la princesa Diana de Gales, y en un par de ocasiones incluso le hab&#237;an preguntado si era ella.

Ahora tendr&#233; que hacer algo con el resto de mi cuerpo, pens&#243; con tristeza.

Recostada en la silla, su abdomen parec&#237;a la bolsa de un canguro. Era como la tripa de las mujeres que hab&#237;an tenido varios hijos y que hab&#237;an perdido tono muscular o cuya piel hab&#237;a estado permanentemente tensada. Y ten&#237;a celulitis en la parte superior de los muslos.

Su cuerpo sufr&#237;a todo ese desastre a pesar -y para disgusto de Ronnie por el gasto que supon&#237;a- de ejercitarse tres veces a la semana con un entrenador personal.

La avispa regres&#243;, zumbando alrededor de su cabeza.

Joder -dijo, apart&#225;ndola con la mano otra vez-. Vete.

Entonces son&#243; el tel&#233;fono. Se agach&#243; y cogi&#243; el inal&#225;mbrico. Era su hermana, Mo, y su voz habitualmente alegre parec&#237;a extra&#241;amente turbada.

&#191;Tienes la tele puesta?

No, estoy fuera en el jard&#237;n -contest&#243; Lorraine.

Ronnie est&#225; en Nueva York, &#191;verdad?

S&#237; Acabo de hablar con &#233;l. &#191;Por qu&#233;?

Ha pasado algo horrible. Est&#225; en todos los canales. Un avi&#243;n se ha estrellado contra una de las Torres Gemelas.



8

Octubre de 2007


La lluvia arreci&#243;, repiqueteando insistentemente en el techo de acero de la furgoneta del departamento de apoyo cient&#237;fico del SOCO (agentes especializados en la escena del crimen), con tanta fuerza como si cayera granizo. Las ventanillas eran opacas para que entrara la luz pero para impedir las miradas de los curiosos. Sin embargo, fuera ya estaba oscureciendo, s&#243;lo quedaba la desolaci&#243;n del anochecer lluvioso, manchado con el color del &#243;xido de diez mil farolas.

A pesar de las grandes dimensiones externas de la Ford Transit larga, los asientos estaban abarrotados. Tras finalizar una llamada de m&#243;vil, Roy Grace presidi&#243; la reuni&#243;n, con el libro de estrategias policiales que hab&#237;a sacado de su bolsa abierto delante de &#233;l.

Aparte de Glenn Branson, apretujados alrededor de la mesa estaban el jefe de la escena del crimen, un asesor de registros de la polic&#237;a, un agente experimentado del SOCO, uno de los dos polic&#237;as uniformados que vigilaban la escena y Joan Major, la arque&#243;loga forense de la polic&#237;a de Sussex. Recurr&#237;an regularmente a ella para que los ayudara en la identificaci&#243;n de esqueletos y tambi&#233;n para que determinara si los huesos que se hallaban de vez en cuando en los solares de las obras, o que alg&#250;n ni&#241;o encontraba en el bosque, o que desenterraba alg&#250;n jardinero, pertenec&#237;an a un ser humano o a un animal.

Dentro de la furgoneta hac&#237;a fr&#237;o y humedad y el aire apestaba a vapores sint&#233;ticos. Hab&#237;a paquetes de rollos de cinta de pl&#225;stico de la escena del crimen en una secci&#243;n de la estanter&#237;a met&#225;lica hecha a medida, las bolsas para cad&#225;veres estaban en otra y adem&#225;s contaban con material de acampada y s&#225;banas impermeables, cuerdas, cables, martillos, sierras, hachas y botellas de pl&#225;stico con sustancias qu&#237;micas. Hab&#237;a algo macabro en estos veh&#237;culos, pensaba siempre Grace. Eran como caravanas, pero nunca iban a ning&#250;n camping, s&#243;lo a escenarios de muertes.

Eran las 18.30.

Nadiuska no est&#225; disponible -inform&#243; al equipo reci&#233;n reunido, mientras se guardaba el m&#243;vil.

&#191;Significa eso que tenemos a Frazer? -respondi&#243; Glenn, abatido.

S&#237;.

Grace vio que todo el mundo pon&#237;a cara larga. Nadiuska De Sancha era la pat&#243;loga del Ministerio del Interior con quien todo el Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex prefer&#237;a trabajar. Era r&#225;pida, interesante y divertida, y guapa, como bonificaci&#243;n a&#241;adida. Por el contrario, Frazer Theobald era adusto y lento, aunque su trabajo era meticuloso.

Pero el problema que tenemos de verdad en estos momentos es que Frazer est&#225; terminando una autopsia en Esher. No podr&#225; llegar antes de las nueve.

Glenn y &#233;l se miraron. Los dos sab&#237;an qu&#233; significaba aquello: trasnochar.

Grace revis&#243; la primera p&#225;gina del libro de estrategias: Informe antes de la escena. Viernes 19 de octubre. 18.30 h. In situ. Urbanizaci&#243;n Nueva Inglaterra.

&#191;Puedo sugerir algo? -pregunt&#243; Joan Major.

La arque&#243;loga forense era una mujer agradable de cuarenta y pocos a&#241;os, pelo casta&#241;o largo y recto y gafas modernas que hoy vest&#237;a un jersey negro de cuello alto, pantalones marrones y botas robustas.

Grace hizo un gesto con la mano.

Sugiero que hagamos una breve evaluaci&#243;n ahora, pero tal vez no sea necesario comenzar el trabajo esta noche, sobre todo porque ya ha oscurecido. Estas cosas siempre son mucho m&#225;s f&#225;ciles de d&#237;a. Parece que el esqueleto lleva ah&#237; abajo un tiempo, as&#237; que un d&#237;a m&#225;s no supondr&#225; una gran diferencia.

Bien pensado -dijo Grace-. Pero lo que s&#237; debemos tener en cuenta es la obra que se est&#225; construyendo aqu&#237;. -Mir&#243; directamente al asesor de registros de la polic&#237;a, un hombre alto con barba, tez curtida, que se llamaba Ned Morgan-. Tendr&#225;s que hacer de enlace con el encargado, Ned. Tendr&#225;s que parar el trabajo alrededor del desag&#252;e.

He hablado con &#233;l al llegar. Est&#225; preocupado porque tienen penalizaci&#243;n de tiempo -explic&#243; Morgan-. Casi le ha dado un jamacuco cuando le he dicho que podr&#237;amos estar aqu&#237; una semana.

El solar es grande -dijo Grace-. No tenemos que cerrarlo todo. Tienes que decidir en tu plan de registro d&#243;nde hay que parar la obra. -Entonces se volvi&#243; hacia la arque&#243;loga forense-. Pero tienes raz&#243;n, Joan, ma&#241;ana ser&#225; mejor, a la luz del d&#237;a.

Llam&#243; por tel&#233;fono a Steve Curry, el inspector de distrito responsable de coordinar a los agentes de esta zona de la ciudad, y le advirti&#243; de que necesitar&#237;an un vigilante para la escena del crimen hasta pr&#243;ximo aviso, algo que no emocion&#243; al inspector. Este tipo de vigilantes eran un gasto importante de recursos.

Grace se volvi&#243; hacia el jefe de la escena del crimen, Joe Tindall, que hab&#237;a ascendido al cargo a principios de a&#241;o. &#201;ste le ofreci&#243; una sonrisa de autosuficiencia.

A m&#237; me da lo mismo, Roy -dijo con su acento de los Midlands-. Ahora que soy jefe llego a casa a una hora decente. Los d&#237;as en que t&#250; y tus colegas investigadores jefe me fastidiabais los fines de semana quedan lejos ya. Ahora soy yo quien estropea a otros el fin de semana.

En el fondo, Grace lo envidiaba. En realidad los restos podr&#237;an esperar f&#225;cilmente hasta el lunes, pero ahora que se hab&#237;an descubierto y se hab&#237;a denunciado el caso a la polic&#237;a, ya no ten&#237;an esa opci&#243;n.

Diez minutos despu&#233;s, ataviados con la ropa protectora, penetraron en el desag&#252;e. Grace iba en primer lugar, seguido de Joan Mayor y Ned Morgan. El asesor de registros de la polic&#237;a hab&#237;a avisado a los miembros del otro equipo para que se quedaran en el veh&#237;culo, pues quer&#237;a contaminar lo m&#237;nimo la escena del crimen.

Los tres se detuvieron a poca distancia del esqueleto, ilumin&#225;ndolo con sus linternas. Joan Major movi&#243; la suya arriba y abajo, luego avanz&#243; hasta que estuvo lo bastante cerca como para tocarlo.

Roy Grace, que notaba un nudo en la garganta, volvi&#243; a mirar la cara. Sab&#237;a que las probabilidades de que fuera Sandy eran muy reducidas, pero aun as&#237; Los dientes estaban intactos; buenos dientes. Sandy ten&#237;a una buena dentadura; era una de las muchas cosas que le hab&#237;an atra&#237;do de ella: dientes bonitos, blancos, regulares y una sonrisa que hac&#237;a que se derritiera cada vez.

La voz le sali&#243; agarrotada, como si fuera otra persona la que hablara.

&#191;Es un hombre o una mujer, Joan?

La arque&#243;loga estaba mirando el cr&#225;neo.

La inclinaci&#243;n de la frente es bastante vertical, los hombres tienden a tener la frente mucho m&#225;s inclinada -respondi&#243;, y su voz reson&#243; de manera inquietante. Luego, sujetando la linterna con la mano izquierda y se&#241;alando la parte trasera del cr&#225;neo con el &#237;ndice de la mano derecha enguantada, prosigui&#243;-: la cresta nucal es muy redondeada. -Le dio unos golpecitos-. Si te tocas la parte de atr&#225;s del cr&#225;neo, Roy, ver&#225;s que es mucho m&#225;s pronunciado, en los hombres normalmente lo es. -Entonces mir&#243; la cavidad del o&#237;do izquierdo-. De nuevo, el proceso mastoideo indicar&#237;a que se trata de una mujer, en los hombres es m&#225;s pronunciado. -A continuaci&#243;n, pas&#243; el dedo por delante de los ojos-. F&#237;jate en las protuberancias de la frente. Cabr&#237;a esperar que fueran m&#225;s prominentes si se tratara de un hombre.

Entonces, &#191;est&#225;s razonablemente segura de que es una mujer? -pregunt&#243; Grace.

S&#237;. Cuando examinemos la pelvis podr&#233; asegur&#225;rtelo al cien por cien, pero estoy bastante segura. Tambi&#233;n tomar&#233; algunas medidas. Por lo general, el esqueleto masculino es m&#225;s robusto, las proporciones son distintas. -Dud&#243; un momento-. Hay algo de inter&#233;s inmediato Me gustar&#237;a saber qu&#233; piensa Frazer.

&#191;Qu&#233; es? Joan se&#241;al&#243; la base del cr&#225;neo.

El hueso hioides est&#225; roto.

&#191;Hioides?

La arque&#243;loga forense volvi&#243; a se&#241;alar, un hueso suspendido de una franja min&#250;scula de piel disecada.

&#191;Ves este hueso con forma de U? Es el que sujeta la lengua. Podr&#237;a indicar la causa de la muerte. El hioides suele romperse durante un estrangulamiento.

Grace absorbi&#243; la informaci&#243;n. Se qued&#243; mirando el hueso unos momentos, luego observ&#243; de nuevo esos dientes perfectos, intentando recordar todo lo que hab&#237;a aprendido en el &#250;ltimo examen de restos &#243;seos al que hab&#237;a asistido, un par de a&#241;os atr&#225;s como m&#237;nimo.

&#191;Qu&#233; me dices de su edad?

Podr&#233; dec&#237;rtelo mejor ma&#241;ana -contest&#243;-. En una evaluaci&#243;n r&#225;pida, parece que estaba en la flor de la vida. De 25 a 40 a&#241;os.

Sandy ten&#237;a veintiocho cuando desapareci&#243;, pens&#243; Grace mientras segu&#237;a mirando el cr&#225;neo. Los dientes. Por el rabillo del ojo, vio que Ned Morgan enfocaba su linterna en una direcci&#243;n del desag&#252;e y luego en la otra.

Tendr&#237;amos que llamar a un ingeniero del ayuntamiento, Roy -dijo el asesor de registros de la polic&#237;a-. A un experto en el alcantarillado de la ciudad. Hay que averiguar qu&#233; otros desag&#252;es conectan con &#233;ste. Puede que el agua haya arrastrado por ellos algunas de sus prendas o pertenencias.

&#191;Crees que este desag&#252;e se inunda? -le pregunt&#243; Grace.

Morgan enfoc&#243; la linterna hacia arriba y abajo pensativamente.

Bueno, est&#225; lloviendo con fuerza y lleva todo el d&#237;a igual. Ahora no hay mucha agua, pero es bastante probable. Seguramente construyeron este desag&#252;e para impedir que el agua inundara la v&#237;a del tren, o sea que s&#237;. Pero -Dud&#243;.

Joan intervino.

Parece que el esqueleto lleva aqu&#237; algunos a&#241;os. Si el desag&#252;e se inundara, seguramente se habr&#237;a movido arriba y abajo y se habr&#237;a partido. Est&#225; intacto. Adem&#225;s, la presencia de piel disecada indicar&#237;a que lleva un tiempo aqu&#237; seco. Pero no podemos descartar que se inunde de vez en cuando.

Grace contempl&#243; el cr&#225;neo, todo tipo de emociones recorr&#237;an su cuerpo. De repente no quiso esperar a ma&#241;ana; quer&#237;a que el equipo comenzara a trabajar ahora, enseguida.

Con much&#237;sima reticencia, le dijo al vigilante de la escena del crimen que sellara la entrada y protegiera todo el solar.



9

Octubre de 2007


Abby no pod&#237;a creerlo: necesitaba orinar. Mir&#243; su reloj. Hab&#237;an pasado una hora y diez minutos desde que hab&#237;a entrado en este maldito ascensor. &#191;Por qu&#233;? &#191;Por qu&#233;? &#191;Por qu&#233; hab&#237;a sido tan rematadamente est&#250;pida?

Por los putos obreros del piso de abajo, por eso.

Dios santo. Se tardaban treinta segundos en bajar por las escaleras y era un buen ejercicio. &#191;Por qu&#233;? &#191;Por qu&#233;? &#191;Por qu&#233;?

Y ahora esta urgencia aguda y punzante en la vejiga. Hab&#237;a ido al ba&#241;o minutos antes de salir del piso, pero era como si desde entonces se hubiera bebido cinco litros de caf&#233; y cinco m&#225;s de agua.

Ni de co&#241;a, no me voy a mear, no voy a permitir que los bomberos me encuentren en un charco de orina. No voy a tolerar esa indignidad, gracias.

Se apret&#243; la tripa, juntando las piernas, temblando, esperando a que pasara el momento, luego volvi&#243; a mirar al techo del ascensor, al panel de luces opaco. Escuchando. Esperando o&#237;r de nuevo ese paso que estaba segura de haber o&#237;do.

O hab&#237;a sido su imaginaci&#243;n

En las pel&#237;culas, la gente separaba las puertas de los ascensores o sub&#237;a por las trampillas del techo. Pero en las pel&#237;culas los ascensores no se mov&#237;an como &#233;ste.

Se le pasaron las ganas de orinar; volver&#237;an, pero de momento estaba bien. Intent&#243; ponerse de pie, pero el ascensor volvi&#243; a balancearse con fuerza, choc&#243; contra una de las paredes del hueco y luego una vez m&#225;s, con ese estr&#233;pito profundo que resonaba por todas partes. Aguant&#243; la respiraci&#243;n, esperando a que dejara de moverse, rezando para que el cable resistiera. Entonces se arrodill&#243;, cogi&#243; el tel&#233;fono m&#243;vil del suelo y marc&#243; otra vez. El mismo pitido agudo, el mismo mensaje de Sin cobertura de red.

Puso las manos en las puertas, intent&#243; meter los dedos en la ranura del centro, pero no se movieron. Abri&#243; el bolso y hurg&#243; en su interior para buscar algo que pudiera introducir en la min&#250;scula rendija. No ten&#237;a nada salvo una lima de u&#241;as met&#225;lica. La desliz&#243; entre las puertas, pero despu&#233;s de introducirla unos cuatro cent&#237;metros, choc&#243; con algo s&#243;lido y no penetr&#243; m&#225;s. Intent&#243; moverla hacia la derecha, luego con fuerza hacia la izquierda. La lima se dobl&#243;.

Puls&#243; todos los botones del panel sucesivamente, luego, frustrada, golpe&#243; la pared del ascensor con la palma de la mano.

Genial.

&#191;Cu&#225;nto tiempo le quedaba?

Escuch&#243; otro crujido que no auguraba nada bueno. Imagin&#243; el cable de alambres retorcidos desenroll&#225;ndose, cada vez m&#225;s fino. Y los tornillos fijados al techo cediendo, uno a uno. Record&#243; una conversaci&#243;n en una fiesta algunos a&#241;os atr&#225;s sobre qu&#233; hacer si el cable de un ascensor se romp&#237;a y &#233;ste se precipitaba al vac&#237;o. Varias personas dijeron que hab&#237;a que saltar justo antes de que llegara abajo. &#191;Pero c&#243;mo se sab&#237;a cu&#225;ndo llegabas abajo? Y si el ascensor se desplomaba a unos 160 kil&#243;metros por hora, la persona caer&#237;a a la misma velocidad. Otra gente sugiri&#243; tumbarse, luego alg&#250;n genio dijo que, para empezar, la mejor opci&#243;n de sobrevivir era no estar en el ascensor.

Ahora estaba de acuerdo con ese genio.

Oh, Dios m&#237;o, qu&#233; ir&#243;nico era. Record&#243; todo lo que hab&#237;a pasado antes de llegar a Brighton. Los riesgos que hab&#237;a asumido, las precauciones que hab&#237;a tomado para no dejar ning&#250;n rastro.

Y ahora ten&#237;a que ocurrirle esto.

De repente, pens&#243; en c&#243;mo dar&#237;an la noticia. Mujer sin IDENTIFICAR MUERE EN EXTRA&#209;O ACCIDENTE DE ASCENSOR.

No. Ni de co&#241;a.

Mir&#243; el panel de cristal del techo, se estir&#243; y lo toc&#243; con el dedo. No se movi&#243;. Presion&#243; m&#225;s.

Nada.

Ten&#237;a que moverse. Se estir&#243; tanto como pudo, consigui&#243; alcanzarlo con las yemas de los dedos de ambas manos y presion&#243; con todas sus fuerzas. Pero sus esfuerzos no consiguieron m&#225;s que provocar que el ascensor volviera a balancearse. La caja choc&#243; una vez m&#225;s contra el hueco y con el mismo estr&#233;pito apagado.

Y entonces oy&#243; un chirrido encima de ella. Un chirrido largo, muy claro, como si alguien estuviera all&#237; arriba y hubiera acudido a rescatarla.

Escuch&#243; de nuevo, intentando no hacer caso al rugido sibilante de su respiraci&#243;n y al latido martilleante de su coraz&#243;n. Escuch&#243; durante lo que debieron ser dos minutos enteros, los o&#237;dos taponados como cuando a veces iba en avi&#243;n, aunque en esas ocasiones era por la altura y ahora era por el miedo.

Lo &#250;nico que oy&#243; fue el chirrido continuo del cable y, de vez en cuando, el chasquido desgarrador del metal parti&#233;ndose.



10

11 de septiembre de 2001


Agarrando el tel&#233;fono inal&#225;mbrico y con un remolino terrible de penumbra en lo m&#225;s profundo de su ser, Lorraine salt&#243; de la tumbona. Corri&#243; por el entablado, casi tropez&#243; con Alfie y cruz&#243; las puertas del patio. Sus pies se hundieron en el pelo blando de la alfombra blanca y las tetas y la pulsera dorada del tobillo le botaron al correr.

Est&#225; all&#237; -dijo a su hermana que estaba al tel&#233;fono, un susurro tembloroso en la voz-. Ronnie est&#225; all&#237; ahora.

Cogi&#243; el mando y puls&#243; el bot&#243;n. Apareci&#243; la BBC Uno. A trav&#233;s de la imagen de una c&#225;mara al hombro, reconoci&#243; al instante las Torres Gemelas altas y plateadas del World Trade Center. La secci&#243;n superior de una de ellas escup&#237;a un humo negro y denso que casi la tapaba por completo. Arriba, la antena blanca y negra se alzaba hasta el cielo despejado azul cobalto.

Oh, Dios m&#237;o. Oh, Dios m&#237;o. Ronnie est&#225; ah&#237;. &#191;En qu&#233; torre ten&#237;a la reuni&#243;n? &#191;En qu&#233; planta?

Apenas o&#237;a la voz agitada de un locutor estadounidense que dec&#237;a: No es una avioneta, es un avi&#243;n grande. &#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Oh, Dios m&#237;o!.

Ahora te llamo, Mo -dijo Lorraine-. Ahora mismo te llamo.

Puls&#243; fren&#233;ticamente el n&#250;mero de m&#243;vil de Ronnie. Segundos despu&#233;s son&#243; el tono de comunicando. Volvi&#243; a intentarlo. Luego otra vez. Y otra.

Oh, Dios m&#237;o, Ronnie, por favor, que no te haya pasado nada. Por favor, cari&#241;o, que no te haya pasado nada, por favor.

Escuch&#243; el quejido de las sirenas en la televisi&#243;n. Vio gente mirando arriba. Hab&#237;a un mont&#243;n de gente por todas partes, hombres y mujeres con ropa elegante y ropa de trabajo, todos quietos, inm&#243;viles en un retablo extra&#241;o, algunos tap&#225;ndose la cara con la mano, otros con c&#225;maras. Luego las Torres Gemelas otra vez. Una de ellas escupiendo humo negro, ensuciando el azul hermoso del cielo.

Un escalofr&#237;o recorri&#243; su cuerpo. Se qued&#243; quieta.

Las sirenas sonaban m&#225;s alto.

Casi nadie se mov&#237;a. S&#243;lo algunas personas corr&#237;an ahora hacia el edificio. Vio un coche de bomberos con una escalera larga, oy&#243; las sirenas ululando, gimiendo, atravesando el aire.

Volvi&#243; a marcar el n&#250;mero de Ronnie. Comunicaba. Otra vez: comunicaba. Siempre comunicaba.

Volvi&#243; a llamar a su hermana.

No consigo hablar con &#233;l -dijo llorando.

Estar&#225; bien, Lori. Ronnie es un superviviente, no le habr&#225; pasado nada.

&#191;C&#243;mo? &#191;C&#243;mo ha sucedido algo as&#237;? -pregunt&#243; Lorraine-. &#191;C&#243;mo ha podido hacer un avi&#243;n algo as&#237;? Quiero decir

Seguro que est&#225; bien. Es horrible, incre&#237;ble. Es como una de esas Ya sabes esas pel&#237;culas esas pel&#237;culas de desastres.

Voy a colgar. Puede que est&#233; intentando hablar conmigo. Volver&#233; a llamarle.

&#191;Me llamar&#225;s cuando consigas hablar con &#233;l?

S&#237;.

&#191;Me lo prometes?

S&#237;.

No le ha pasado nada, cielo, te lo aseguro.

Lorraine volvi&#243; a colgar, paralizada por las im&#225;genes que ve&#237;a en el televisor. Se qued&#243; mir&#225;ndolas mientras marcaba el tel&#233;fono de Ronnie otra vez. Pero s&#243;lo consigui&#243; pulsar la mitad del n&#250;mero.



11

Octubre de 2007


&#191;Soy el amor de tu vida? -le pregunt&#243; ella-. &#191;Lo soy, Grace? &#191;Lo soy?

S&#237;.

Sonrieron.

No me mientes, &#191;verdad, Grace?

Hab&#237;an comido y bebido mucho en La Coupole en St. Germain, luego hab&#237;an paseado por el Sena esa tarde gloriosa de junio antes de regresar al hotel.

Parec&#237;a que siempre hac&#237;a buen tiempo cuando estaban juntos. Igual que ahora: Sandy estaba delante de &#233;l, en su bonito dormitorio, bloqueando la luz del sol que entraba a raudales por las ventanas con postigos. Sus mechones rubios ca&#237;an a cada lado de su rostro pecoso, roz&#225;ndole las mejillas. Luego sacudi&#243; el cabello delante de &#233;l, como quitando el polvo a su cara.

&#161;Eh! Tengo que leer este informe de la fiscal&#237;a Yo

Qu&#233; aburrido eres, Grace. &#161;Siempre tienes que leer! &#161;Estamos en Par&#237;s! &#161;De fin de semana rom&#225;ntico! -Le dio un beso en la frente-. &#161;Trabajo, trabajo, trabajo! -Le dio otro-. &#161;Eres tan, tan, tan aburrido!

Sandy bail&#243; hacia atr&#225;s, alej&#225;ndose de sus brazos extendidos, provoc&#225;ndole. Llevaba un vestido de tirantes brev&#237;simo y los pechos casi le sal&#237;an por arriba. Vislumbr&#243; sus piernas largas y bronceadas mientras se sub&#237;a el dobladillo por los muslos y, de repente, se puso muy caliente.

Ella avanz&#243; hacia &#233;l, acerc&#225;ndose, y le cogi&#243; la polla.

&#191;Es toda para m&#237;, Grace? &#161;Me encanta! &#161;Esto s&#237; que es estar duro!

De repente, el brillo del sol hizo que resultara dif&#237;cil verle la cara. Entonces, todos sus rasgos desaparecieron por completo y Roy se descubri&#243; mirando un &#243;valo negro sin expresi&#243;n, enmarcado por una cabellera rubia ondulada, como un eclipse de sol. Sinti&#243; una punzada de p&#225;nico, incapaz por una mil&#233;sima de segundo de recordar siquiera la cara de Sandy.

Entonces la vio con claridad.

Grace sonri&#243;.

Te quiero m&#225;s que a nada en

Entonces fue como si el sol se ocultara detr&#225;s de una nube. La temperatura baj&#243; en picado. Se qued&#243; totalmente p&#225;lida, como si estuviera enferma, muri&#233;ndose.

Grace pas&#243; los brazos alrededor de su cuello y la estrech&#243; con fuerza.

&#161;Sandy! &#161;Sandy, cari&#241;o! -dijo con insistencia.

Ol&#237;a raro. Ten&#237;a la piel dura y, de repente, vio que no era la piel suave de Sandy. Ol&#237;a a rancio, a descomposici&#243;n, a tierra y a naranjas amargas.

Entonces la luz se apag&#243; del todo, como si alguien hubiera desenchufado la l&#225;mpara.

Roy oy&#243; el eco de su voz en el aire fr&#237;o y vac&#237;o.

&#161;Sandy! -grit&#243;, pero el sonido qued&#243; atrapado en su garganta.

Entonces volvi&#243; a encenderse la luz. La luz severa de la sala de autopsias. Mir&#243; sus ojos otra vez. Y chill&#243;.

Estaba mirando los ojos de un cr&#225;neo. Sujetando un esqueleto entre sus brazos, un cr&#225;neo de dientes perfectos que le sonre&#237;a.

&#161;Sandy! -grit&#243;-. &#161;Sandy!

En ese instante la luz cambi&#243;: un resplandor amarillo suave. Un muelle cruji&#243; y oy&#243; una voz.

&#191;Roy?

Era la voz de Cleo.

&#191;Roy? &#191;Est&#225;s despierto?

Grace estaba mirando al techo, confuso, parpadeando, sudando a mares.

&#191;Roy?

Estaba temblando.

Yo Yo

Estabas gritando muy fuerte.

Lo siento. Lo siento.

Cleo se incorpor&#243; con su larga cabellera rubia alborotada en torno a su rostro, que estaba p&#225;lido del sue&#241;o y el susto. Apoyada sobre un brazo, lo mir&#243; con una expresi&#243;n extra&#241;a, como si Grace le hubiera hecho da&#241;o. Sab&#237;a lo que iba a decirle antes incluso de que volviera a hablar.

Sandy. -Hab&#237;a reproche en su voz-. Otra vez.

Grace la mir&#243;. El mismo tono de pelo que Sandy, el mismo azul de ojos; quiz&#225;s un toque m&#225;s de gris que Sandy, un toque m&#225;s de acero. Hab&#237;a le&#237;do una vez que los hombres afligidos o divorciados se enamoraban a menudo de alguien que se parec&#237;a a su mujer. Hasta ahora no se le hab&#237;a ocurrido pensar en ello. Pero no se parec&#237;an en nada. Sandy era guapa, pero m&#225;s dulce, no ten&#237;a una belleza cl&#225;sica como la de Cleo.

Grace mir&#243; el techo blanco y las paredes blancas del dormitorio de Cleo. Mir&#243; el tocador de madera lacado en negro que estaba muy deteriorado. A ella no le gustaba ir a casa de Roy, porque notaba demasiado la presencia de Sandy, y prefer&#237;a que se vieran aqu&#237;, en su casa.

Lo siento -dijo &#233;l-. S&#243;lo era un mal sue&#241;o. Una pesadilla.

Cleo le acarici&#243; la mejilla con ternura.

Tal vez deber&#237;as volver a ver a ese loquero que ten&#237;as antes.

Grace s&#243;lo asinti&#243; y al final se sumi&#243; en un sue&#241;o agitado, inquieto; le daba miedo volver a so&#241;ar.



12

Octubre de 2007


Los espasmos empeoraban por segundos, se volv&#237;an m&#225;s y m&#225;s dolorosos y llegaban a intervalos cada vez m&#225;s frecuentes. Ahora cada pocos minutos. Quiz&#225; fuera una sensaci&#243;n parecida a dar a luz.

Su reloj marcaba las 3.08 de la madrugada. Abby llevaba casi nueve horas en el ascensor. Tal vez estar&#237;a aqu&#237; encerrada hasta el lunes, si el aparato no se soltaba y se precipitaba al suelo.

De puta madre, joder. &#191;Qu&#233; tal el fin de semana? Yo lo he pasado en un ascensor. Estuvo guay. Ten&#237;a un espejo y un panel de botones y un techo de cristal sucio con bombillas y un ray&#243;n en la pared que parec&#237;a como si alguien hubiera comenzado a grabar una esv&#225;stica pero luego hubiera cambiado de opini&#243;n. Y un cartel de alg&#250;n capullo que no sab&#237;a escribir y que evidentemente tampoco sab&#237;a mantener el puto aparato en buen funcionamiento.

En caso de averia

yamar al 013 228 7828

o marcar el 112

Estaba temblando de rabia y ten&#237;a la garganta seca, dolorida de tanto gritar, y casi se hab&#237;a quedado sin voz. Tras un descanso, se puso en pie una vez m&#225;s. Ya no le importaba provocar que el aparato se balanceara y desplazara, ten&#237;a que salir de all&#237; y no quedarse esperando a que el cable se rompiera o los grilletes cedieran, o lo que fuera a provocarle la muerte al precipitarse al vac&#237;o.

Lo estoy intentando, cabrones -dijo con la voz ronca, mirando el cartel, sintiendo que las paredes se cerraban sobre ella de nuevo. Se acercaba otro ataque de p&#225;nico.

El tel&#233;fono del ascensor segu&#237;a sin dar se&#241;ales de vida. Sujetaba el m&#243;vil junto a su cara, respirando hondo, intentando calmarse, deseando con todas sus fuerzas que apareciera una se&#241;al, maldiciendo a la compa&#241;&#237;a telef&#243;nica, maldici&#233;ndolo todo. Notaba el cuero cabelludo tan tenso alrededor del cr&#225;neo que se le nublaba la vista y ahora las malditas ganas de mear hab&#237;an vuelto. Era como si un tren cruzara a toda velocidad sus entra&#241;as.

Junt&#243; las piernas y cogi&#243; aire. Le temblaban los muslos, uno contra otro. Sinti&#243; un dolor atroz en la barriga, como si le hubieran clavado el filo caliente de un cuchillo y lo estuvieran retorciendo. Doblada en posici&#243;n fetal contra la pared, gimote&#243;, tragando aire, le temblaba todo el cuerpo. No iba a poder aguantar mucho m&#225;s, lo sab&#237;a.

Pero persever&#243;, abraz&#225;ndose -todo era cuesti&#243;n de voluntad-, luchando contra su propio cuerpo, resuelta a no sucumbir ante nada que su cerebro no quisiera hacer. Pens&#243; en su madre, que ten&#237;a incontinencia por culpa de la esclerosis m&#250;ltiple desde los cincuenta y tantos.

Yo no tengo incontinencia, joder. S&#243;lo sacadme de aqu&#237;, sacadme de aqu&#237;, sacadme de aqu&#237; -lo dijo siseando en voz baja como un mantra hasta que la urgencia lleg&#243; a su punto m&#225;ximo y, luego, despacio, jodidamente despacio, comenz&#243; a remitir.

Al final, por fin pas&#243; y volvi&#243; a tumbarse en el suelo, exhausta, pregunt&#225;ndose cu&#225;nto tiempo pod&#237;a alguien aguantarse el pis antes de que le explotara la vejiga.

A veces la gente sobreviv&#237;a en el desierto bebi&#233;ndose su propia orina. Quiz&#225; pod&#237;a orinar en una de sus botas, pens&#243; a lo loco, utilizarla de contenedor. &#191;Provisi&#243;n de bebida de emergencia? &#191;Cu&#225;nto tiempo se pod&#237;a aguantar sin agua? Le pareci&#243; recordar haber le&#237;do en alguna parte que una persona pod&#237;a resistir semanas sin comer, pero s&#243;lo unos pocos d&#237;as sin agua.

Equilibr&#225;ndose en el suelo inestable, se quit&#243; la bota derecha, luego salt&#243; tanto como pudo y golpe&#243; el panel del techo con el tac&#243;n cuadrado. No sirvi&#243; de nada. El ascensor s&#243;lo se balance&#243; con fuerza, volvi&#243; a golpear y rebotar en el hueco y Abby se cay&#243; hacia un lado. Aguant&#243; la respiraci&#243;n. Esta vez algo iba a romperse, sin duda. El &#250;ltimo hilo de cable desgastado que se interpon&#237;a entre ella y el olvido

Hab&#237;a momentos en que realmente quer&#237;a que se rompiera y caer los pisos que quedaran. Ser&#237;a una soluci&#243;n a todo. Poco elegante, s&#237;, pero una soluci&#243;n al fin y al cabo. Qu&#233; ir&#243;nico ser&#237;a, &#191;verdad?

Como respondiendo a su pregunta, las luces se apagaron.



13

11 de septiembre de 2001


Una vez se quem&#243; una casa en la calle donde se crio Ronnie Wilson, en Coidean, Brighton. Recordaba el olor, el ruido, el caos, los coches de bomberos, estar fuera en bat&#237;n y pantuflas de noche, observando. Recordaba sentir fascinaci&#243;n y miedo al mismo tiempo. Pero principalmente recordaba el olor: una peste terrible a destrucci&#243;n y desesperaci&#243;n.

Ahora hab&#237;a el mismo olor en el aire. No era el aroma dulce y agradable del humo de la madera o el tufillo acogedor a ceniza del carb&#243;n, sino un hedor intenso y &#225;spero a pintura quemada, papel calcinado, goma chamuscada y gases acres de vinilo y pl&#225;sticos derretidos. Era una peste asfixiante que hac&#237;a que le picaran los ojos, que quisiera taparse la nariz, darse la vuelta, huir de all&#237;, volver sobre sus pasos hacia el deli que acababa de dejar.

Pero se qued&#243; inm&#243;vil.

Como el resto de la gente.

Era un momento de silencio surrealista en la ma&#241;ana de Manhattan, como si alguien hubiera pulsado el bot&#243;n de pausa sobre todas las personas que hab&#237;a en la calle. S&#243;lo los coches segu&#237;an movi&#233;ndose y entonces un sem&#225;foro rojo los detuvo tambi&#233;n a ellos.

La gente contemplaba algo. Ronnie tard&#243; unos momentos en ver qu&#233;. Al principio mir&#243; a nivel de calle, m&#225;s all&#225; de una boca de incendios y de unas mesas de caballetes delante de una tienda con montones de revistas y gu&#237;as tur&#237;sticas, m&#225;s all&#225; del toldo de un local donde un cartel anunciaba Mantequilla y huevos. Mir&#243; m&#225;s all&#225; de una mano roja iluminada que indicaba No cruzar y de la torre de se&#241;alizaci&#243;n que sujetaba un sem&#225;foro suspendido sobre el cruce de Warren Street y de la caravana de veh&#237;culos y sus luces traseras encendidas.

Entonces se dio cuenta de que todo el mundo miraba hacia arriba.

Siguiendo la direcci&#243;n de la mirada de la gente, al principio lo &#250;nico que vio, alz&#225;ndose por encima de los rascacielos a unas manzanas de donde se encontraba &#233;l, fue una densa columna de humo negro, tan compacta que parec&#237;a salir de la chimenea de una refiner&#237;a petroqu&#237;mica.

Estaba ardiendo un edificio, comprendi&#243;. Luego, a pesar del shock y el horror, se le cay&#243; el alma a los pies cuando se percat&#243; de qu&#233; edificio era: el World Trade Center.

Mierda, mierda, mierda.

Paralizado y confuso como todo el mundo, se qued&#243; clavado en su sitio, todav&#237;a incapaz de creer lo que ve&#237;an sus ojos o comprender lo que estaba contemplando.

El sem&#225;foro cambi&#243; a verde y, cuando los coches y las furgonetas y un cami&#243;n comenzaron a avanzar, se pregunt&#243; si tal vez los conductores no se hubieran dado cuenta, si tal vez no pudieran ver m&#225;s arriba de los parabrisas.

Entonces la columna de humo se hizo menos espesa por unos momentos. A trav&#233;s de ella, alz&#225;ndose alta y orgullosa delante del azul magn&#237;fico del cielo, estaba la antena de radio blanca y negra. Era la Torre Norte, la identific&#243; por una visita anterior. Sinti&#243; alivio. El despacho de Donald Hatcook estaba en la Torre Sur. Bien. Perfecto. Todav&#237;a podr&#237;an celebrar su reuni&#243;n.

Escuch&#243; el gemido de una sirena. Luego un nino-nino-nino, cada vez m&#225;s fuerte, ensordecedoramente fuerte, que resonaba por todas partes en el silencio. Se dio la vuelta y vio un coche patrulla azul y blanco de la polic&#237;a de Nueva York con tres ocupantes dentro. El tipo que iba detr&#225;s estaba inclinado hacia delante, estirando el cuello hacia arriba. El coche pas&#243; a toda velocidad en direcci&#243;n prohibida y las sirenas del techo lanzaron destellos rojos sobre las puertas de tres taxis amarillos en fila. Entonces, frenando bruscamente, con un chirrido de los neum&#225;ticos, asomando el morro, serpente&#243; entre una camioneta de reparto de una panader&#237;a, un Porsche parado y otro taxi amarillo y cruz&#243; la intersecci&#243;n.

&#161;Dios m&#237;o! &#161;Madre m&#237;a! &#161;Dios m&#237;o! -dec&#237;a una mujer cerca de &#233;l, por detr&#225;s-. &#161;Dios m&#237;o, ha chocado contra la torre! &#161;Oh, Dios!

La sirena se perdi&#243; en la distancia, audible s&#243;lo en otro silencio prolongado. Chambers Street se hab&#237;a sumido en la quietud. De repente, la calle estaba vac&#237;a. Ronnie vio a un hombre que cruzaba. Llevaba una gorra de b&#233;isbol, un anorak fino, botas de obrero y una bolsa de pl&#225;stico que bien pod&#237;a contener su almuerzo. Pod&#237;a o&#237;r sus pasos. El hombre miraba con cautela la calle, como si le preocupara que lo atropellara un segundo coche de polic&#237;a.

Pero no apareci&#243; ninguno. S&#243;lo hab&#237;a silencio, como si el que acababa de pasar bastara y pudiera encargarse de la situaci&#243;n porque se trataba de un accidente menor.

&#191;Lo ha visto? -dijo la mujer de detr&#225;s.

Ronnie se gir&#243;.

&#191;Qu&#233; ha pasado?

Ten&#237;a el pelo largo y casta&#241;o y los ojos saltones. Dos bolsas de la compra descansaban en la acera, una a cada lado de ella, los envases de cart&#243;n y las latas de comida desparramados en el suelo.

Le temblaba la voz.

&#161;Un avi&#243;n! Dios m&#237;o, &#161;ha sido un puto avi&#243;n! Ha chocado contra la puta torre. No puedo creer lo que he visto. Era un avi&#243;n. &#161;Ha chocado contra la puta torre!

&#191;Un avi&#243;n?

Ha chocado contra la torre. Ha chocado contra la puta torre.

Era obvio que estaba en estado de shock.

Ahora escuch&#243; otra sirena. Distinta a la del coche patrulla, un pitido grave. Un coche de bomberos.

&#161;Genial! -pens&#243; Ronnie-. &#161;Es la puta hostia, joder! Justo la ma&#241;ana que tengo la reuni&#243;n con Donald, a un capullo de mierda se le ocurre estrellar un avi&#243;n contra el puto World Trade Center!

Mir&#243; el reloj. &#161;Mierda! &#161;Eran casi las 8:55! Hab&#237;a salido del deli justo a menos cuarto, con tiempo de sobra. &#191;De verdad llevaba aqu&#237; diez minutos? La secretaria estirada de Donald Hatcook le hab&#237;a dicho que ten&#237;a que ser puntual, que Donald s&#243;lo dispon&#237;a de una hora antes de salir hacia el aeropuerto para coger un avi&#243;n a alguna parte; Wichita, cre&#237;a que hab&#237;a dicho. O tal vez fuera Washington. S&#243;lo una hora. &#161;Una ventana de s&#243;lo una hora para soltarle el discurso y salvar su negocio!

Escuch&#243; otra sirena. Mierda. Iba a armarse un buen caos, seguro. Quiz&#225; los malditos servicios de emergencia acordonaran toda la zona. Ten&#237;a que llegar antes que ellos. Ten&#237;a que llegar a esa reuni&#243;n.

Ten&#237;a que llegar.

&#161;No iba a permitir por nada del mundo que un capullo de mierda que hab&#237;a estrellado un avi&#243;n le jodiera la reuni&#243;n!

Arrastrando el equipaje, Ronnie ech&#243; a correr.



14

Octubre de 2007


Hab&#237;a un olor desagradable en el desag&#252;e que no hab&#237;a percibido ayer. Un animal putrefacto, seguramente un roedor. Roy lo advirti&#243; cuando lleg&#243;, poco antes de las nueve de la ma&#241;ana, y ahora, una hora despu&#233;s, arrug&#243; la nariz cuando volvi&#243; a entrar en el desag&#252;e, con dos bolsas de pl&#225;stico llenas de bebidas calientes que un agente de apoyo a la comunidad muy servicial hab&#237;a comprado en una tienda Costa cercana.

La lluvia ca&#237;a implacablemente, transformando cada vez m&#225;s el terreno en un lodazal, pero el nivel del agua todav&#237;a no hab&#237;a subido, se percat&#243; Grace. Se pregunt&#243; cu&#225;nta lluvia har&#237;a falta. Por lo que recordaba del cad&#225;ver de un joven que hab&#237;an hallado en la red de alcantarillado de Brighton algunos a&#241;os atr&#225;s, sab&#237;a que todos los desag&#252;es acababan en una cloaca principal que desembocaba en el mar en Portobello cerca de Peacehaven. Si este desag&#252;e se hab&#237;a inundado, era probable que la corriente hubiera arrastrado gran parte de las pruebas, en particular la ropa de la v&#237;ctima, hac&#237;a mucho tiempo.

Haciendo caso omiso a un par de comentarios sarc&#225;sticos sobre su nuevo papel como chico del caf&#233;, con los nervios destrozados por una noche agitada y pensamientos de preocupaci&#243;n acerca del esqueleto, Roy comenz&#243; a distribuir los t&#233;s y caf&#233;s entre el equipo, como a modo de disculpa -o expiaci&#243;n- por fastidiarles el fin de semana.

El desag&#252;e era un hervidero. Ned Morgan, el asesor de registros de la polic&#237;a, varios agentes entrenados en inspecciones y miembros del SOCO, todos con sus trajes blancos, se hab&#237;an dispersado por el t&#250;nel. Estaban registrando el mantillo cent&#237;metro a cent&#237;metro en busca de zapatos, ropa, joyas, cualquier hebra o retazo, por peque&#241;o que fuera, que la v&#237;ctima pudiera llevar encima cuando la dejaron all&#237; abajo. El cuero y las fibras sint&#233;ticas tendr&#237;an las probabilidades m&#225;s altas de haber sobrevivido a este entorno h&#250;medo.

A cuatro patas en el l&#250;gubre desag&#252;e de ladrillo, en el resplandor claroscuro y las sombras que proyectaban las luces instaladas a intervalos, el equipo ofrec&#237;a una imagen inquietante.

Joan Major, la arque&#243;loga forense, que tambi&#233;n iba ataviada de los pies a la cabeza en un traje blanco, trabajaba en silencio muy concentrada. Si este caso llegaba alguna vez a juicio tendr&#237;a que presentar al tribunal una maqueta precisa en tres dimensiones del esqueleto en el lugar donde lo hab&#237;an encontrado. Justo acababa de entrar y salir corriendo, luchando contra la ausencia de se&#241;al del GPS que utilizaba para establecer y registrar las coordenadas de los restos &#243;seos, y ahora estaba haciendo un boceto de la posici&#243;n exacta del esqueleto en relaci&#243;n al desag&#252;e y el cieno. Cada pocos instantes saltaba el flash de la c&#225;mara del fot&#243;grafo del SOCO.

Gracias, Roy -dijo Joan casi ausente. Cogi&#243; el latte grande que le entreg&#243; y lo dej&#243; sobre la caja de madera con su material que hab&#237;a colocado encima de una estructura apoyada en un tr&#237;pode para que no se mojara.

Grace hab&#237;a decidido que le bastar&#237;a con un equipo reducido durante el fin de semana y que reclutar&#237;a m&#225;s personal el lunes por la ma&#241;ana. Para alivio inmenso de Glenn Branson, le hab&#237;a dado el fin de semana libre. Trabajaban a ritmo lento; no hab&#237;a la urgencia que habr&#237;an empleado si la muerte hubiera sido m&#225;s reciente: d&#237;as, semanas, meses o incluso un par de a&#241;os. El lunes por la ma&#241;ana habr&#237;a tiempo suficiente para dar la primera rueda de prensa.

Tal vez &#233;l y Cleo a&#250;n pudieran aprovechar la reserva para cenar en Londres esta noche y salvar parte del fin de semana rom&#225;ntico que Grace hab&#237;a planeado, si -lo cual a&#250;n estaba por ver- Joan terminaba el mapa y el proceso de recuperaci&#243;n y el pat&#243;logo del Ministerio del Interior era capaz de realizar la autopsia deprisa. Hab&#237;a esperanza con Frazer Theobald, lo sab&#237;a. De hecho, &#191;d&#243;nde diablos estaba? Tendr&#237;a que haber llegado hac&#237;a una hora.

Como esperando el momento justo, todo de blanco igual que el resto de la gente que estaba en el desag&#252;e, el doctor Frazer Theobald hizo su entrada con cautela, sigilosamente, como un rat&#243;n olisqueando un queso. Era un hombre bajo y fornido, medir&#237;a menos de metro sesenta, ten&#237;a el pelo hirsuto y desgre&#241;ado y luc&#237;a un bigote grueso a lo Adolf Hitler debajo de su nariz aguile&#241;a. Glenn Branson hab&#237;a dicho una vez que lo &#250;nico que le faltaba para ser el doble de Groucho Marx era un cigarro grueso.

Disculp&#225;ndose porque le hab&#237;a costado arrancar el coche de su mujer y hab&#237;a tenido que llevar a su hija a clase de clarinete, el pat&#243;logo rode&#243; deprisa el esqueleto, sin acercarse demasiado y lanz&#225;ndole una mirada recelosa, como si lo desafiara a que se declarara amigo o enemigo suyo.

S&#237; -dijo a nadie en particular-. Ah, bien. -Entonces se volvi&#243; hacia Roy y se&#241;al&#243; el esqueleto-. &#191;&#201;ste es el cad&#225;ver?

Grace siempre hab&#237;a pensado que Theobald era un poco peculiar, pero nunca se lo hab&#237;a parecido tanto como en este momento.

S&#237; -contest&#243;, algo anonadado por la pregunta.

Est&#225;s moreno, Roy -observ&#243; el pat&#243;logo. Luego se acerc&#243; un paso m&#225;s al esqueleto, tanto que podr&#237;a parecer que le formulaba a &#233;l la pregunta-. &#191;Has estado fuera?

En Nueva Orleans -respondi&#243; Grace, sacando la tapa de su latte y deseando estar todav&#237;a all&#237;-. Asist&#237; a un simposio de la Asociaci&#243;n Internacional de Investigadores de Homicidios.

&#191;C&#243;mo va la reconstrucci&#243;n de la ciudad? -pregunt&#243; Theobald.

Despacio.

&#191;A&#250;n se ven muchos da&#241;os causados por las inundaciones?

Muchos.

&#191;Hab&#237;a mucha gente tocando el clarinete?

&#191;El clarinete? S&#237;. Fui a algunos conciertos. Vi a Ellis Marsalis.

Theobald le ofreci&#243; una sonrisa extra&#241;a de placer.

&#161;Al padre! -dijo con aprobaci&#243;n-. Vaya, &#161;tuviste suerte de escucharle! -Luego se volvi&#243; hacia el esqueleto-. Bueno, &#191;qu&#233; tenemos aqu&#237;?

Grace le puso al d&#237;a. Luego, Theobald y Joan Major entablaron un debate acerca de si deb&#237;an retirar el cuerpo intacto, un proceso largo y laborioso, o trasladarlo en segmentos. Decidieron que, como lo hab&#237;an hallado intacto, ser&#237;a mejor conservarlo as&#237;.

Durante unos momentos, Grace contempl&#243; el diluvio que ca&#237;a sin parar a trav&#233;s de la secci&#243;n rota del desag&#252;e, a poca distancia de donde se encontraba. Bajo el haz de luz, las gotas parec&#237;an motas de polvo alargadas. Nueva Orleans, pens&#243;, soplando el humo de su caf&#233; y dando un sorbo t&#237;mido, intentando evitar quemarse la lengua con el l&#237;quido caliente. Cleo le hab&#237;a acompa&#241;ado y se tomaron una semana de vacaciones justo despu&#233;s de la conferencia. Se quedaron all&#237; y disfrutaron de la ciudad y el uno del otro.

Parec&#237;a que todo era mucho m&#225;s f&#225;cil entre ellos entonces, lejos de Brighton. De Sandy. Se relajaron, disfrutaron del calor, hicieron un recorrido por las zonas devastadas por las inundaciones que a&#250;n no estaban rehabilitadas. Comieron gumbo, jambalaya, pasteles de cangrejo y ostras Rockefeller, bebieron margaritas, mojitos y vinos de California y Oreg&#243;n y escucharon jazz en el Snug Harbor y otros clubes todas las noches. Y Grace se enamor&#243; a&#250;n m&#225;s de ella.

Se sinti&#243; orgulloso de lo bien que se desenvolvi&#243; Cleo en la conferencia. Al ser una mujer hermosa que ejerc&#237;a una profesi&#243;n sin ning&#250;n glamour fue el blanco de la curiosidad, de bastantes bromas y algunas frases realmente vergonzosas para ligar procedentes de quinientos de los mejores inspectores del mundo, los m&#225;s duros y, en su mayor&#237;a, masculinos, que llevaban puesto el chip de la fiesta. Siempre respond&#237;a bien, y consigui&#243; que a todo el mundo se le salieran los ojos de las &#243;rbitas vistiendo su metro ochenta de estatura y piernas largas con su habitual estilo exc&#233;ntrico y sexy.

Anoche me preguntaste su edad, Roy -dijo la arque&#243;loga forense, interrumpiendo sus pensamientos.

&#191;S&#237;? -Pas&#243; a estar plenamente concentrado al instante, mientras miraba el cr&#225;neo.

La presencia de las muelas del juicio nos dice que tiene m&#225;s de dieciocho a&#241;os -dijo Joan se&#241;alando la mand&#237;bula-. Hay pruebas de algunos trabajos dentales, empastes blancos, que eran m&#225;s comunes durante las &#250;ltimas dos d&#233;cadas, y m&#225;s caros. Es posible que fuera a un dentista privado, lo que podr&#237;a reducir la b&#250;squeda. Y lleva una funda en un incisivo superior-. -Se&#241;al&#243; un diente arriba a la izquierda.

Grace se puso nervioso. Sandy se hab&#237;a partido un dienta delantero izquierdo en una de sus primeras citas, al morder un fragmento de hueso en un steak tartar, y se hab&#237;a puesto una funda.

&#191;Qu&#233; m&#225;s? -pregunt&#243;.

Yo dir&#237;a que el estado general y el color de los dientes in -dican que su edad coincide con la franja que calcul&#233; ayer: entre los veinticinco y los cuarenta a&#241;os.

Mir&#243; a Frazer Theobald, que asinti&#243; con cara de p&#243;quer, como si simpatizara con sus conclusiones pero no estuviera necesariamente de acuerdo de un modo incondicional. Entonces se&#241;al&#243; el brazo.

El hueso largo crece en tres partes: dos ep&#237;fisis y el cuerpo. El proceso por el que se unen se denomina fusi&#243;n epifisiaria y normalmente se completa alrededor de los treinta y cinco a&#241;os. Aqu&#237; no est&#225; del todo completada. -Se&#241;al&#243; la zona del hombro-. Lo mismo sirve para la clav&#237;cula. Puede verse la l&#237;nea de la fusi&#243;n en la parte media. Se une hacia los treinta. Podr&#233; darte un c&#225;lculo m&#225;s preciso en la sala de autopsias.

As&#237; que tendr&#237;a unos treinta, &#191;est&#225;s bastante segura? -dijo Grace.

S&#237;. Y mi intuici&#243;n me dice que no son muchos m&#225;s. Incluso podr&#237;a ser m&#225;s joven.

Roy se qued&#243; callado. Sandy era dos a&#241;os menor que &#233;l. Hab&#237;a desaparecido el d&#237;a que Grace cumpli&#243; los treinta, cuando ella s&#243;lo ten&#237;a veintiocho. El mismo pelo, la funda en el diente.

&#191;Est&#225;s bien, Roy? -le pregunt&#243; de repente Joan Major.

Al principio, absorto en sus pensamientos, s&#243;lo oy&#243; su voz como un eco distante e incorp&#243;reo.

&#191;Roy? &#191;Est&#225;s bien?

Grace volvi&#243; a prestarle toda su atenci&#243;n.

S&#237;, s&#237;. Estoy bien, gracias.

Se dir&#237;a que has visto un fantasma.



15

11 de septiembre de 2001


Ronnie corri&#243; por West Broadway, cruz&#243; Murray Street, Park Place y luego Barclay Street. Las Torres Gemelas estaban justo delante de &#233;l, en el otro extremo de Vesey Street, los dos monolitos plateados alz&#225;ndose hacia el cielo. Los olores del incendio eran mucho m&#225;s intensos aqu&#237;, y tiras de papel quemado flotaban en el aire mientras ca&#237;an escombros que se estrellaban contra el suelo.

A trav&#233;s del denso humo negro vio algo carmes&#237;, como si la torre sangrara. Luego fogonazos de color naranja brillante. Llamas. Dios santo -pens&#243;, sintiendo un miedo oscuro y terrible en la tripa-. Esto no puede estar pasando.

La gente sal&#237;a por la entrada a trompicones, mirando hacia arriba aturdida, hombres con trajes y corbatas elegantes sin chaqueta, algunos pegados a sus m&#243;viles. Durante un segundo observ&#243; a una joven morena y atractiva con un traje chaqueta que se tambaleaba porque hab&#237;a perdido un zapato. De repente, la chica se llev&#243; las manos a la cabeza, con cara de dolor, como si le hubiera ca&#237;do un objeto encima, y Ronnie vio una gota de sangre desliz&#225;ndose por su mejilla.

Dud&#243;. No parec&#237;a seguro seguir adelante. Pero necesitaba esa reuni&#243;n, la necesitaba desesperadamente. Tendr&#233; que arriesgarme -pens&#243;-. Correr como un poseso. Tosi&#243;, le picaba la garganta por el humo, y se baj&#243; de la acera. Era m&#225;s alta de lo que hab&#237;a imaginado y cuando las ruedas de la maleta aterrizaron con un golpe, el mango se retorci&#243; en su mano y el trolley cay&#243;.

&#161;Mierda! No me hagas esto.

Luego, justo mientras se agachaba y cog&#237;a el mango de la maleta, oy&#243; el silbido de un avi&#243;n.

Volvi&#243; a mirar arriba. Y no pudo creer lo que ve&#237;an sus ojos. Una mil&#233;sima de segundo despu&#233;s, antes de que tuviera tiempo de asimilar de forma inteligible lo que estaba viendo, se produjo una explosi&#243;n. Un estallido met&#225;lico fort&#237;simo, como si chocaran dos cubos de basura c&#243;smicos. Un ruido que pareci&#243; resonar en su cerebro y sigui&#243; resonando, retumbando descontrolado dentro de su cr&#225;neo hasta que quiso meterse los dedos en los o&#237;dos para acallarlo, ahogarlo. Entonces lleg&#243; la onda expansiva, que sacudi&#243; todos los &#225;tomos de su cuerpo.

Una bola enorme de llamas naranjas, que lanzaron chispas plateadas y humo negro, envolvi&#243; la parte superior de la Torre Sur. Por un momento fugaz se qued&#243; sin habla, contemplando la belleza de la imagen: el contraste de colores -el naranja, el negro- resaltaba marcadamente en el azul intenso del cielo.

Era como si un mill&#243;n, un bill&#243;n de plumas, flotara en el aire alrededor de las llamas, descendiendo sin prisa hacia el suelo. Todo en c&#225;mara lenta.

Entonces le golpe&#243; la realidad.

Pedazos de madera, cristal, sillas, mesas, tel&#233;fonos, archivadores rebotaban en la calle delante de &#233;l y quedaban hechos a&#241;icos. Un coche patrulla fren&#243;, justo un poco m&#225;s adelante de donde estaba &#233;l, y las puertas se abrieron antes de detenerse siquiera. A s&#243;lo unos cien metros m&#225;s o menos a su derecha, en Vesey Street, lo que al principio parec&#237;a un ovni de fuego se precipit&#243; al suelo con un gran estruendo, form&#243; un cr&#225;ter profundo y luego rebot&#243; y despidi&#243; trozos de la carcasa y las entra&#241;as, expulsando llamas. Cuando por fin se qued&#243; quieto, sigui&#243; ardiendo con fiereza.

Absolutamente horrorizado y petrificado, Ronnie se percat&#243; de que era el motor del avi&#243;n.

De que era la Torre Sur.

El despacho de Donald Hatcook estaba all&#237;. En la planta 87. Intent&#243; contar los pisos.

Dos aviones.

El despacho de Donald. Por sus c&#225;lculos r&#225;pidos, el despacho de Donald se encontraba justo donde se hab&#237;a producido el impacto.

&#191;Qu&#233; diablos est&#225; pasando? Dios m&#237;o, &#191;qu&#233; diablos ocurre?

Contempl&#243; el motor en llamas. Notaba el calor. Vio a los polic&#237;as alej&#225;ndose de su coche.

El cerebro de Ronnie le dec&#237;a que no iba a celebrarse ninguna reuni&#243;n, pero intent&#243; no hacerle caso. Su cerebro se equivocaba, sus ojos se equivocaban; conseguir&#237;a sacar adelante esa reuni&#243;n, como fuera. Ten&#237;a que seguir avanzando. Avanzando. Puedes celebrar la reuni&#243;n. Todav&#237;a puedes celebrar la reuni&#243;n. &#161;&#161;Necesitas esa puta reuni&#243;n!!

Y otra parte de su cerebro le dec&#237;a que si bien un avi&#243;n chocando contra las Torres Gemelas era un accidente, dos era algo distinto. Dos no auguraban nada bueno.

Propulsado por una desesperaci&#243;n absoluta, agarr&#243; el asa de la maleta y camin&#243; con determinaci&#243;n.

Segundos despu&#233;s oy&#243; un ruido apagado, como si cayera un saco de patatas. Not&#243; una bofetada h&#250;meda en la cara. Entonces vio algo blanco y destrozado que rodaba por el suelo hacia &#233;l y se deten&#237;a a unos cent&#237;metros de sus pies: era un brazo humano. Algo mojado se deslizaba por su mejilla. Deprisa, se llev&#243; la mano a la cara y sus dedos tocaron algo l&#237;quido. Los mir&#243; y vio que estaban manchados de sangre.

Se le revolvi&#243; el est&#243;mago como cemento h&#250;medo en una hormigonera. Se dio la vuelta y vomit&#243; el desayuno all&#237; mismo, casi ajeno a otro ruido que se o&#237;a a unos pasos de all&#237;. Las sirenas gem&#237;an, eran sirenas que sal&#237;an de las profundidades del infierno. Sirenas en cada rinc&#243;n, por todas partes. Luego otro ruido, otra salpicadura en la cara y las manos.

Mir&#243; hacia arriba. Llamas y humo y figuras del tama&#241;o de hormigas y vidrios y un hombre, en mangas de camisa y pantalones, dando vueltas en el aire en ca&#237;da libre. Perdi&#243; un zapato, que gir&#243; y gir&#243;. Se centr&#243; en &#233;l, rodando una y otra vez, una y otra vez. Personas del tama&#241;o de soldados de juguete y escombros, indistinguibles los unos de los otros al principio, ca&#237;an del cielo.

Ronnie se qued&#243; quieto mirando. Le vino a la mente una colecci&#243;n de sellos de correos que hab&#237;a cambiado un d&#237;a que conmemoraba la representaci&#243;n de la muerte y el infierno del pintor holand&#233;s El Bosco. Es lo que era esto: el infierno.

Ahora, el aire asfixiante y f&#233;tido estaba lleno de ruidos: gritos, sirenas, lloros, el batir de las palas de un helic&#243;ptero en el cielo. Polic&#237;as y bomberos corr&#237;an hacia los edificios. Un coche de bomberos con las palabras Escalera 12 se detuvo delante de &#233;l obstruy&#233;ndole la vista. Lo rode&#243; por la parte de atr&#225;s mientras los bomberos, protegidos con cascos, sal&#237;an corriendo.

Hubo otro ruido sordo. Ronnie vio a un hombre rollizo con traje que aterrizaba sobre su espalda y explotaba.

Volvi&#243; a vomitar, balance&#225;ndose atolondradamente, luego cay&#243; sobre una rodilla, tap&#225;ndose la cara con las manos, y se qued&#243; all&#237; unos momentos, temblando. Cerr&#243; los ojos, como si as&#237; fuera a desaparecer todo aquello. Entonces se dio la vuelta de repente, presa del p&#225;nico, por si alguien le hab&#237;a robado el trolley y el malet&#237;n. Pero ah&#237; estaban, justo detr&#225;s de &#233;l: su elegante malet&#237;n Louis Vuitton de imitaci&#243;n. Nadie iba a preocuparse en estos momentos por qui&#233;n diablos lo hab&#237;a fabricado, o de si era aut&#233;ntico o falso.

Al cabo de unos minutos, Ronnie se recuper&#243; y se levant&#243;. Escupi&#243; varias veces intentando quitarse el sabor a v&#243;mito de la boca. Entonces sinti&#243; que un destello de ira se transformaba en unos segundos en una c&#243;lera violenta. &#191;Por qu&#233; hoy? &#191;Por qu&#233; no otro d&#237;a, joder? &#191;Por qu&#233; ha tenido que pasar todo esto hoy?

Vio un r&#237;o de gente que sal&#237;a de la Torre Norte, algunas personas cubiertas de polvo blanco, otras sangrando, caminando despacio, como en trance. Entonces oy&#243; un nino-nino-nino distante de otro coche de bomberos. Luego otro, y otro m&#225;s. Alguien delante de &#233;l sujetaba una c&#225;mara de v&#237;deo.

Las noticias -pens&#243;-. La televisi&#243;n. La est&#250;pida de Lorraine estar&#237;a alarmada si ve&#237;a aquello. Se alarmaba por todo. Si hab&#237;a un choque en cadena en una autopista le llamaba al instante para asegurarse de que estaba bien, incluso cuando tendr&#237;a que saber, s&#243;lo si hubiera pensado un poco, que era imposible que estuviera a ciento cincuenta kil&#243;metros del accidente.

Sac&#243; el m&#243;vil del bolsillo y marc&#243; su n&#250;mero. Recibi&#243; un pitido agudo, luego apareci&#243; un mensaje en la pantalla: Red OCUPADA.

Volvi&#243; a intentarlo, dos veces m&#225;s, luego se guard&#243; el tel&#233;fono en el bolsillo.

Un poco m&#225;s tarde comprender&#237;a, al reflexionar sobre ello, la suerte que hab&#237;a tenido de que esa llamada no se cursara.



16

Octubre de 2007


&#161;Tendr&#237;as que iluminarte, joder! En la oscuridad total, negra como el carb&#243;n, Abby se acerc&#243; el reloj a la cara hasta que not&#243; el acero fr&#237;o y el cristal en su nariz; aun as&#237;, no vio un pijo.

&#161;Pagu&#233; por un reloj con luz, maldita sea!

Acurrucada en el suelo duro, ten&#237;a la sensaci&#243;n de haber dormido, pero no sab&#237;a cu&#225;nto rato. &#191;Era de d&#237;a o de noche?

Notaba los m&#250;sculos como agarrotados y ten&#237;a el brazo dormido. Lo agit&#243; en el aire, intentando que volviera a circular la sangre. Era como un peso plomo. Se arrastr&#243; unos cent&#237;metros y volvi&#243; a agitarlo, luego se estremeci&#243; de dolor al chocar contra un lado del ascensor con un ruido apagado.

&#161;Hola! -dijo con voz ronca.

Volvi&#243; a dar golpes, luego otra vez y otra.

Not&#243; que el ascensor se balanceaba con sus esfuerzos.

Dio otro golpe. Otro. Otro.

Le volvieron a entrar ganas de mear. Ya hab&#237;a llenado una bota. El hedor a orina estancada era cada vez m&#225;s intenso. Ten&#237;a la boca seca. Cerr&#243; los ojos, luego volvi&#243; a abrirlos, se acerc&#243; el reloj hasta que not&#243; el fr&#237;o en la nariz. Pero segu&#237;a sin poder ver la hora.

Retorci&#233;ndose por un p&#225;nico repentino, se pregunt&#243; si se habr&#237;a quedado ciega.

&#191;Qu&#233; hora era, joder? La &#250;ltima vez que hab&#237;a mirado, antes de que se apagaran las luces, eran las 3.08 de la madrugada. En alg&#250;n momento despu&#233;s, hab&#237;a meado en la bota. O al menos hizo lo que pudo a oscuras.

Se hab&#237;a sentido mejor y hab&#237;a podido pensar con claridad, pero ahora las ganas de mear volv&#237;an a embotar sus pensamientos. Intent&#243; alejar de su mente aquella urgencia. Hac&#237;a algunos a&#241;os hab&#237;a visto un documental en televisi&#243;n sobre personas que hab&#237;an sobrevivido a desastres. Una mujer joven de su misma edad hab&#237;a sido una de las pocas supervivientes de un accidente de un avi&#243;n que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia y se incendi&#243;. La mujer cre&#237;a haber sobrevivido porque mantuvo la calma cuando el resto de la gente se dej&#243; llevar por el p&#225;nico, pens&#243; con l&#243;gica e imagin&#243; a pesar del humo y la oscuridad d&#243;nde se encontraba la salida.

Todos los dem&#225;s supervivientes repitieron la misma idea: mantener la calma, pensar con claridad. Era lo que hab&#237;a que hacer.

Pero del dicho al hecho

Los aviones ten&#237;an salidas de emergencia, y azafatas con expresi&#243;n de mujeres perfectas que se&#241;alaban las salidas y sosten&#237;an los chalecos salvavidas naranjas y tiraban de las m&#225;scaras de ox&#237;geno, como si en todos los vuelos se dirigieran a una convenci&#243;n de sordomudos con retraso mental. Ahora que Inglaterra se hab&#237;a convertido en un maldito estado paternalista, &#191;por qu&#233; no se hab&#237;a aprobado una ley que garantizara una azafata en todos los ascensores? &#191;Por qu&#233; no hab&#237;a una rubia est&#250;pida que te entregara una tarjeta plastificada donde estuvieran se&#241;alizadas las puertas? &#191;Que te diera una chaleco salvavidas naranja por si el ascensor se inundaba cuando estabas dentro? &#191;Que te colocara una m&#225;scara de ox&#237;geno en la cara?

De repente, escuch&#243; dos pitidos agudos.

&#161;Su tel&#233;fono!

Hurg&#243; en el bolso. Estaba iluminado. &#161;Su m&#243;vil funcionaba! &#161;Hab&#237;a se&#241;al! Y, por supuesto, el tel&#233;fono ten&#237;a reloj, &#161;lo hab&#237;a olvidado por completo por culpa del p&#225;nico!

Lo sac&#243; y se qued&#243; mir&#225;ndolo. En la pantalla ley&#243; las palabras: Mensaje recibido.

Lo abri&#243;, apenas era capaz de contener la emoci&#243;n.

El remitente no se identificaba, pero las palabras eran claras: S&#233; d&#243;nde est&#225;s.



17

Octubre de 2007


Roy Grace tembl&#243; de fr&#237;o. Aunque llevaba vaqueros gruesos, jersey de lana y botas forradas debajo del traje de papel, la humedad que hab&#237;a dentro del desag&#252;e y la lluvia que ca&#237;a fuera estaban calando sus huesos.

Los miembros del SOCO y los agentes encargados del registro, que ten&#237;an la desagradable tarea de inspeccionar cada cent&#237;metro del desag&#252;e, a gatas la mayor&#237;a, hab&#237;an encontrado algunos esqueletos de roedores, pero nada de inter&#233;s. O la mujer muerta estaba desnuda cuando la depositaron aqu&#237; o su ropa hab&#237;a sido arrastrada por el agua, se hab&#237;a podrido o incluso alg&#250;n animal se la hab&#237;a llevado a su refugio. Trabajando minuciosamente despacio con paletas, Joan Major y Frazer Theobald estaban retirando el cieno alrededor de la pelvis y met&#237;an en bolsas de celof&#225;n y etiquetaban por separado cada capa de suciedad. A este ritmo les quedar&#237;an dos o tres horas, calcul&#243; Grace.

Y todo el tiempo se sent&#237;a atra&#237;do por el cr&#225;neo sonriente, por la sensaci&#243;n de que el esp&#237;ritu de Sandy estaba aqu&#237; con &#233;l. &#191;Podr&#237;as ser t&#250; realmente?, se pregunt&#243;, mir&#225;ndolo con intensidad. Todos los m&#233;diums a quienes hab&#237;a consultado durante los &#250;ltimos nueve a&#241;os le hab&#237;an dicho que su mujer no estaba en el mundo de los esp&#237;ritus, lo que significaba que segu&#237;a viva, si les cre&#237;a. Pero ninguno hab&#237;a podido decirle d&#243;nde estaba.

Un escalofr&#237;o recorri&#243; su cuerpo. Esta vez no fue por el fr&#237;o, sino por otra cosa. Hab&#237;a decidido tiempo atr&#225;s pasar p&#225;gina y seguir adelante con su vida. Pero cada vez que lo intentaba ocurr&#237;a algo que sembraba la duda en &#233;l, y ahora hab&#237;a vuelto a suceder.

Las interferencias de su radio le sacaron de su enso&#241;aci&#243;n. Se lo llev&#243; al o&#237;do y dijo con sequedad:

Roy Grace.

Buenos d&#237;as, Roy. Tu carrera se va por el desag&#252;e, &#191;verdad? -Entonces oy&#243; la risita gutural de Norman Potting.

Muy gracioso, Norman. &#191;D&#243;nde est&#225;s?

Con el vigilante de la escena. &#191;Quieres que me emperifolle y baje?

No, ya salgo yo. Esp&#233;rame en la furgoneta del SOCO.

Grace agradeci&#243; la excusa de poder salir un rato. Estrictamente, no le necesitaban all&#237; abajo y podr&#237;a estar en su despacho perfectamente, pero le gustaba que su equipo lo viera liderando la operaci&#243;n desde primera l&#237;nea. Si sus hombres iban a pasar el s&#225;bado en un desag&#252;e fr&#237;o, h&#250;medo y horrible, al menos ver&#237;an que su d&#237;a no era mucho mejor.

Fue un alivio cerrar la puerta a los elementos y sentarse en la tapicer&#237;a blanda frente a la mesa de trabajo de la furgoneta, aunque eso significara estar confinado en un espacio reducido con Norman Potting, una experiencia que nunca le hab&#237;a encantado. Percib&#237;a el humo de pipa rancio que desprend&#237;a la ropa del hombre mezclado con un aliento fuerte a ajo de la noche anterior.

El sargento Norman Potting ten&#237;a la cara estrecha, bastante gruesa, llena de venas rotas, los labios prominentes y el pelo ralo, un poco de punta ahora por culpa de la acci&#243;n de los elementos. Ten&#237;a cincuenta y tres a&#241;os, aunque las personas que le detestaban hab&#237;an hecho correr el rumor de que se hab&#237;a quitado varios a&#241;os para poder seguir m&#225;s tiempo en el cuerpo porque le aterraba jubilarse.

Grace nunca hab&#237;a visto a Potting sin corbata y esta ma&#241;ana no fue ninguna excepci&#243;n. El hombre llevaba un anorak con piezas de lana, largo y mojado, sobre una chaqueta de tweed, una camisa de Viyella y una corbata verde de punto gastada, pantalones de franela gris y zapatos de cuero. Respirando con dificultad, pas&#243; detr&#225;s de la mesa, se sent&#243; en el banco delante de Grace y, con expresi&#243;n triunfal, sac&#243; una carpeta de pl&#225;stico grande que chorreaba.

&#191;Por qu&#233; la gente siempre elige lugares tan horribles para que la maten o para aparecer muerta? -pregunt&#243;, inclin&#225;ndose hacia delante y exhalando directamente en la cara de Roy.

Intentando no hacer ninguna mueca cuando le envolvi&#243; un horno de olores calientes y rancios, Roy decidi&#243; que seguramente era una sensaci&#243;n parecida al aliento de un drag&#243;n en la cara.

Tal vez deber&#237;as trazar algunas directrices -contest&#243; irritado-. Un c&#243;digo de cincuenta puntos para que las v&#237;ctimas de asesinato lo cumplan.

La sutileza nunca hab&#237;a sido el punto fuerte de Norman Potting y tard&#243; un momento en percatarse de que el comisario estaba siendo sarc&#225;stico. Entonces esboz&#243; una sonrisa ancha y le mostr&#243; los dientes torcidos y manchados, como l&#225;pidas en un terreno hundido.

Levant&#243; un dedo.

Estoy bastante lento esta ma&#241;ana, Roy. Menuda noche tuve ayer. &#161;Li parec&#237;a un maldito tigre!

Hac&#237;a poco, Potting se hab&#237;a agenciado una novia tailandesa y regalaba constantemente a cualquiera que estuviera cerca los detalles de su reci&#233;n descubierta destreza en la cama con ella.

Cambiando de tema r&#225;pidamente, Grace se&#241;al&#243; la carpeta de pl&#225;stico.

&#191;Tienes los planos?

&#161;Cuatro veces anoche, Roy! Y es una guarra, me hace de todo. &#161;Guaaaau! &#161;Me hace muy feliz!

Genial.

Por un breve momento, Grace se alegr&#243; mucho por &#233;l. Potting nunca hab&#237;a tenido demasiada suerte en el amor. Era un veterano con tres matrimonios a sus espaldas y varios hijos a los que apenas ve&#237;a, reconoci&#243; una vez con arrepentimiento. La menor era una ni&#241;a con s&#237;ndrome de Down de quien hab&#237;a intentado obtener la custodia, pero no se la hab&#237;an otorgado. No era malo ni est&#250;pido, Roy lo sab&#237;a -era un polic&#237;a muy competente-, pero carec&#237;a de las habilidades sociales esenciales para ascender en el cuerpo si as&#237; lo hubiera deseado. Aun as&#237;, Norman Potting era una bestia de carga s&#243;lida y de confianza que a veces mostraba una iniciativa sorprendente y, en su opini&#243;n, esos aspectos eran mucho m&#225;s importantes en cualquier investigaci&#243;n relevante.

Deber&#237;as plante&#225;rtelo, Roy.

&#191;El qu&#233;?

Echarte una novia tailandesa. Hay cientos de ellas que suspiran por un marido ingl&#233;s. Te dar&#233; la p&#225;gina web. Son maravillosas, t&#237;o, hazme caso. Cocinan, limpian, te planchan toda la ropa, te dan el mejor sexo de tu vida Tienen unos cuerpecitos preciosos

&#191;Los planos? -dijo Grace, haciendo caso omiso al &#250;ltimo comentario.

Ah, s&#237;.

Potting sac&#243; varias fotocopias grandes de mapas de calles y dibujos de redes el&#233;ctricas de la carpeta y las extendi&#243; sobre la mesa. Algunos se remontaban al siglo XIX.

El viento meci&#243; la furgoneta. Fuera, a lo lejos, son&#243; la sirena de un veh&#237;culo de emergencias y luego se perdi&#243;. La lluvia repiqueteaba en el techo sin parar.

A Roy nunca le hab&#237;a parecido f&#225;cil interpretar planos, as&#237; que dej&#243; que Potting le explicara las complejidades del alcantarillado de Brighton y Hove, utilizando los papeles e informaci&#243;n que le hab&#237;a proporcionado aquella ma&#241;ana un ingeniero municipal. El sargento pas&#243; un dedo con una u&#241;a mugrienta por cada uno de los documentos, primero hacia abajo, luego hacia arriba, mostrando c&#243;mo corr&#237;a el agua, siempre colina abajo, hasta que al final llegaba al mar.

Roy se esforz&#243; por seguirle, pero media hora despu&#233;s no sab&#237;a m&#225;s que antes de empezar. Le parec&#237;a que todo se resum&#237;a en que el peso del cuerpo de la muerta la hab&#237;a clavado en el cieno, mientras que el agua habr&#237;a arrastrado por el desag&#252;e todo lo dem&#225;s, por la trampilla hasta el mar.

Potting estuvo de acuerdo con &#233;l.

El tel&#233;fono de Grace volvi&#243; a sonar. Se disculp&#243;, contest&#243; y se le cay&#243; el alma a los pies de inmediato cuando escuch&#243; la voz taladrante del comisario Cassian Pewe, el canalla de la Met a quien su jefa hab&#237;a reclutado para quitarle el puesto.

Hola, Roy -dijo Pewe. Incluso en la distancia telef&#243;nica, Grace tuvo la impresi&#243;n de que la cara petulante de ni&#241;o guapo de Pewe estaba pegada claustrof&#243;bicamente a la suya-. Alison Vosper me ha sugerido que te llamara, para ver si necesitabas que te echara una mano.

Bueno, eres muy amable, Cassian -contest&#243; Grace- Pero en realidad no, el cad&#225;ver est&#225; intacto Tengo sus dos manos aqu&#237;.

Hubo un silencio. Pewe emiti&#243; un sonido parecido a cuando un hombre orina en una valla electrificada, una especie de carcajada forzada.

Vaya, muy gracioso, Roy -dijo con condescendencia. Luego, despu&#233;s de un silencio extra&#241;o, a&#241;adi&#243;-: &#191;Tienes todos los miembros del SOCO y agentes de registros que necesitas?

Grace not&#243; que se tensaba. De alg&#250;n modo logr&#243; contenerse y no decirle al hombre que se buscara otra cosa que hacer este s&#225;bado.

Gracias -contest&#243;.

Bien. Alison se alegrar&#225;. Se lo dir&#233;.

Bueno, ya se lo dir&#233; yo -dijo Grace-. Si necesito tu ayuda se la pedir&#233; a ella, pero de momento nos las apa&#241;amos perfectamente. Adem&#225;s, cre&#237;a que no empezabas a trabajar hasta el lunes.

S&#237;, por supuesto, Roy, correcto. Alison pensaba que ayudarte durante el fin de semana podr&#237;a ser una buena forma de aclimatarme.

Aprecio su preocupaci&#243;n -logr&#243; decir Grace antes de colgar. Le herv&#237;a la sangre.

&#191;El comisario Pewe? -le pregunt&#243; Potting con las cejas levantadas.

&#191;Le conoces?

S&#237;, le conozco. Conozco a los de su cala&#241;a. Dale suficiente cuerda a un capullo presuntuoso y se ahorcar&#225;. Nunca falla.

&#191;Tienes alguna cuerda por ah&#237;? -le pregunt&#243; Grace.



18

11 de septiembre de 2001


Ronnie Wilson hab&#237;a perdido totalmente la noci&#243;n del tiempo. Estaba inm&#243;vil, paralizado, sujetando el asa de su maleta como si fuera una muleta y contemplando c&#243;mo se desarrollaba ante sus ojos algo que no pod&#237;a comprender.

Del cielo ca&#237;an cosas sobre la plaza y las calles de los alrededores. Llov&#237;an del cielo un aguacero interminable de escombros, separadores de despachos, mesas, sillas, cristales, cuadros, marcos de fotos, sof&#225;s, pantallas de ordenador, teclados, archivadores, papeleras, retretes, lavabos, confeti blanco de hojas DIN-A4. Y cuerpos. Ca&#237;an cuerpos. Hombres y mujeres que estaban vivos en el aire y luego explotaban y se desintegraban al aterrizar contra el suelo. Quer&#237;a darse la vuelta, gritar, correr, pero era como si un dedo enorme de plomo le presionara la cabeza hacia abajo, oblig&#225;ndole a quedarse quieto, a observar en silencio y petrificado.

Ten&#237;a la sensaci&#243;n de estar contemplando el fin del mundo.

Parec&#237;a como si todos los bomberos y polic&#237;as de Nueva York corrieran hacia las Torres Gemelas. Un torrente infinito entraba en los edificios abri&#233;ndose paso a empujones entre la marea de hombres y mujeres desconcertados que se alejaba a media marcha, tambale&#225;ndose como si salieran de otro planeta, cubiertos de polvo, despeinados, algunos con los brazos o las caras manchados de sangre, la expresi&#243;n contra&#237;da por el shock. Muchos de ellos llevaban el m&#243;vil pegado a la oreja.

Entonces hubo el terremoto. Al principio s&#243;lo fue una ligera vibraci&#243;n bajo sus pies, luego se volvi&#243; m&#225;s rotunda y tuvo que agarrarse con fuerza al asa de la maleta para no caer.

De repente, los zombies que sal&#237;an de la Torre Sur parecieron despertar y acelerar el paso.

Echaron a correr.

Ronnie mir&#243; hacia arriba y vio por qu&#233;, pero por un momento pens&#243; que ten&#237;a que ser un error. &#161;Era imposible! Era una ilusi&#243;n &#243;ptica. Ten&#237;a que serlo.

El edificio estaba derrumb&#225;ndose como un castillo de naipes, salvo que

De repente, un coche de polic&#237;a qued&#243; aplastado a poca distancia delante de &#233;l.

Luego tambi&#233;n un coche de bomberos qued&#243; sepultado.

Una nube de polvo avanz&#243; hacia &#233;l como una tormenta de arena del desierto. Oy&#243; un trueno. Un trueno que se aproximaba, resonaba, lo envolv&#237;a todo.

Un torrente de gente desapareci&#243; debajo de los escombros.

La nube gris oscuro se elev&#243; en el aire como un enjambre de insectos furiosos.

El trueno le anestesi&#243; los o&#237;dos.

No era posible.

La puta torre estaba desplom&#225;ndose.

La gente corr&#237;a para salvar la vida. Una mujer perdi&#243; un zapato, sigui&#243; caminando renqueando sobre un pie, luego se quit&#243; el otro. Se oy&#243; un ruido atroz en el aire que ahog&#243; las sirenas, como si un monstruo gigante estuviera partiendo el mundo por la mitad con sus zarpas.

La gente pasaba corriendo por delante de &#233;l. Una persona, luego otra, y otra, el p&#225;nico grabado en sus rostros. Algunas llevaban m&#225;scaras blancas, otras estaban empapadas por el agua de los sistemas de aspersi&#243;n, otras chorreaban sangre o estaban cubiertas de cristales. Eran actores secundarios en un extra&#241;o carnaval matinal.

De repente, un BMW salt&#243; por los aires a cientos de metros de donde se encontraba Ronnie y aterriz&#243; del rev&#233;s sin el cap&#243;. Entonces vio que la nube negra se levantaba y avanzaba directa hacia &#233;l como un tsunami.

Agarrando el asa del trolley, se dio la vuelta y sigui&#243; a la gente. Sin saber ad&#243;nde iba, simplemente corri&#243;, poniendo un pie delante del otro, arrastrando la maleta, sin estar seguro de si el malet&#237;n a&#250;n estaba encima, aunque tampoco le importaba.

Corr&#237;a para seguir por delante de la nube negra, de la torre que se desmoronaba y del ruido que o&#237;a rugiendo, retumbando en sus o&#237;dos, en su coraz&#243;n, en su alma.

Corr&#237;a para salvar su vida.



19

Octubre de 2007


Ahora el ascensor parec&#237;a vivo, como una criatura sobrenatural. Cuando Abby respiraba, el aparato suspiraba, cruj&#237;a, gem&#237;a. Cuando ella se mov&#237;a, se balanceaba, retorc&#237;a, mec&#237;a. Ten&#237;a la boca y la garganta secas; notaba la lengua y el interior de la boca como si fuera un papel secante que absorb&#237;a al instante cada gota min&#250;scula de saliva que produc&#237;a.

Una corriente fr&#237;a y persistente le soplaba en la cara. Hurg&#243; en la oscuridad buscando el cursor de su tel&#233;fono m&#243;vil, luego lo puls&#243; para activar la luz de la pantalla. Lo hac&#237;a cada pocos minutos, para comprobar si hab&#237;a se&#241;al y para aportar un rayo peque&#241;o pero desesperadamente bienvenido a su celda inestable y bamboleante.

No hab&#237;a se&#241;al.

La hora en la pantalla marcaba las 13.32.

Intent&#243; llamar al 112 una vez m&#225;s, pero la se&#241;al d&#233;bil hab&#237;a desaparecido.

Con un escalofr&#237;o, volvi&#243; a leer el mensaje que hab&#237;a recibido: S&#233; d&#243;nde est&#225;s.

A pesar de que el remitente hab&#237;a ocultado su n&#250;mero, sab&#237;a qui&#233;n era; s&#243;lo hab&#237;a podido enviarlo una persona. &#191;Pero c&#243;mo hab&#237;a conseguido su tel&#233;fono? Aquello era lo que la preocupaba de verdad. &#191;C&#243;mo diablos sabes mi n&#250;mero?

Era un m&#243;vil de tarjeta que hab&#237;a pagado en efectivo. Hab&#237;a visto suficientes series policiacas en televisi&#243;n como para saber qu&#233; era lo que hac&#237;an los criminales para impedir que rastrearan sus llamadas; eran los tel&#233;fonos que utilizaban los traficantes de droga. Lo hab&#237;a comprado para estar en contacto con su madre, que ahora viv&#237;a en el cercano Eastbourne, para saber si se encontraba bien mientras fing&#237;a ante ella que segu&#237;a en el extranjero y estaba perfectamente. Casi igual de importante era que el tel&#233;fono le permit&#237;a estar en contacto con Dave y, de vez en cuando, mandarle fotos. Resultaba dif&#237;cil estar separada tanto tiempo de alguien a quien amabas.

De repente le asalt&#243; un pensamiento: &#191;habr&#237;a ido a visitar a su madre? Pero aunque lo hubiera hecho no habr&#237;a conseguido su n&#250;mero. Siempre ten&#237;a cuidado y lo ocultaba. Adem&#225;s, cuando la llam&#243; ayer, su madre no coment&#243; nada y parec&#237;a estar bien.

&#191;La habr&#237;a seguido, habr&#237;a visto d&#243;nde hab&#237;a comprado el m&#243;vil y habr&#237;a conseguido as&#237; el n&#250;mero? No. Imposible. Lo adquiri&#243; en una tienda peque&#241;a en un callej&#243;n junto a Preston Circus, donde pudo asegurarse doblemente de que nadie la observaba. Al menos lo mejor que pudo.

&#191;Estaba ahora en el edificio? &#191;Y si era el responsable de que estuviera atrapada aqu&#237; dentro y estaba utilizando el tiempo para entrar en su piso? &#191;Y si estaba ahora en el piso, registr&#225;ndolo?

&#191;Y si encontraba?

Era improbable.

Volvi&#243; a mirar la pantalla.

Las palabras la asustaron m&#225;s y m&#225;s. El miedo se arremolinaba en su interior. Se levant&#243; presa del p&#225;nico, volvi&#243; a pulsar el cursor cuando la luz se apag&#243; e introdujo los dedos en la ranura entre las puertas por millon&#233;sima vez, intentando abrirlas con todas sus fuerzas, llorando de frustraci&#243;n.

No se movieron.

Por favor, por favor, abr&#237;os. Dios m&#237;o, abr&#237;os, por favor.

El ascensor volvi&#243; a balancearse en&#233;rgicamente. Le vino a la mente la imagen fugaz de unos submarinistas en una jaula contra tiburones con un gran tibur&#243;n blanco golpeando los barrotes. As&#237; era &#233;l: un gran tibur&#243;n blanco, un depredador fr&#237;o e insensible. Deb&#237;a de estar loca cuando acept&#243; hacer esto, decidi&#243;.

Si en alg&#250;n momento de su vida le hab&#237;a faltado la determinaci&#243;n para triunfar y habr&#237;a regalado de buena gana todo lo que ten&#237;a para dar marcha atr&#225;s en el tiempo, era ahora.



20

Octubre de 2007


&#161;Las moscardas y moscas azules -o moscas de culo azul, como las llaman en Australia- pueden oler un cad&#225;ver a veinte kil&#243;metros de distancia, as&#237; que tienen bastantes cosas en com&#250;n con los periodistas de sucesos, le gustaba decir siempre a Grace a los miembros de su equipo. Las moscas se alimentan de las prote&#237;nas fluidas de las excreciones que emanan de los cuerpos en descomposici&#243;n; en eso tampoco se diferenciaban demasiado de los periodistas de sucesos, le encantaba a&#241;adir.

Y no era ninguna sorpresa que en estos precisos momentos ya hubiera uno delante de la puerta de la furgoneta del SOCO, el reportero de sucesos m&#225;s persistente del Argus -y el mejor informado, hab&#237;a que decir-, Kevin Spinella. Demasiado bien informado, a veces.

Grace le dijo al vigilante de la escena del crimen que le hab&#237;a llamado por radio para informarle de la presencia del periodista que hablar&#237;a personalmente con Spinella, as&#237; que sali&#243; a la lluvia, aliviado por alejarse del aliento f&#233;tido de Norman Potting. Mientras se acercaba al reportero, observ&#243; a dos fot&#243;grafos merodeando por el solar.

Spinella no llevaba paraguas, ten&#237;a las manos en los bolsillos y vest&#237;a una gabardina empapada de detective privado con trabillas y cintur&#243;n y con el cuello subido. Era un hombre menudo de rostro delgado, veintipocos a&#241;os y ojos atentos, y masticaba afanosamente un chicle. Ten&#237;a el pelo negro y fino, peinado y engominado hacia delante, apelmazado por la lluvia.

Grace vio que debajo del abrigo el reportero llevaba un traje oscuro y una camisa que le quedaba una talla grande, como si todav&#237;a no hubiera crecido lo suficiente para llenarla. El cuello le ca&#237;a descuidado, a pesar de llevar apretado el nudo grande y torpe de la corbata de poli&#233;ster carmes&#237;. Sus ostentosos zapatos negros estaban cubiertos de barro endurecido.

Llegas un poco tarde, viejo amigo -dijo Grace a modo de saludo.

&#191;Tarde? -El periodista frunci&#243; el ce&#241;o.

Las moscardas te han ganado por a&#241;os.

Spinella le ofreci&#243; la sonrisa m&#225;s m&#237;nima, como si no estuviera seguro de hasta qu&#233; punto Grace le estaba tomando el pelo.

Me preguntaba si podr&#237;a hacerle unas preguntas, comisario.

Celebrar&#233; una rueda de prensa el lunes.

&#191;Puede avanzarme algo mientras tanto?

Yo cre&#237;a que quiz&#225; podr&#237;as decirme algo t&#250;. Normalmente pareces mejor informado que yo.

De nuevo, el periodista pareci&#243; no estar seguro de su actitud. Con una sonrisa t&#237;mida de reconocimiento dijo:

He o&#237;do que han encontrado un esqueleto, una mujer, en un desag&#252;e justo all&#237;, en la obra. &#191;Es correcto?

El modo informal en que formul&#243; la pregunta, como si fueran restos sin ninguna importancia, enfureci&#243; a Grace. Pero no deb&#237;a perder los nervios, no ganaba nada enfad&#225;ndose con Spinella; vista su experiencia con la prensa, siempre era mejor ser mesuradamente amable.

Los restos son humanos -contest&#243;-. Pero de momento no hemos podido determinar el sexo de forma concluyente.

He o&#237;do que no hay duda de que es una mujer.

Grace sonri&#243;.

&#191;Ves? Ya te he dicho que estabas mejor informado que yo.

Entonces mmm &#191;Lo es?

&#191;En qui&#233;n quieres confiar, en tus fuentes o en m&#237;?

El periodista se qued&#243; mirando a Grace unos instantes, como si intentara leerle el pensamiento. Se form&#243; una gota encima de su nariz, pero no intent&#243; secarla.

&#191;Puedo preguntarle algo m&#225;s?

Si es r&#225;pido

He o&#237;do que el lunes empieza a trabajar un nuevo compa&#241;ero en Sussex House, un polic&#237;a de la Met, &#191;es el comisario Pewe?

Grace not&#243; que se tensaba. Un comentario petulante m&#225;s e iba a quitarle esa gota de la nariz de un pu&#241;etazo.

Has o&#237;do bien.

Tengo entendido que la Met es el primer cuerpo de polic&#237;a del Reino Unido que va a reducir la burocracia.

&#191;Ah, s&#237;?

La sonrisa maliciosa del reportero era casi insoportable, como si conociera todo tipo de secretos que no quer&#237;a revelar. Por un momento absurdo, Grace incluso pens&#243; que tal vez Alison Vosper le hubiera filtrado informaci&#243;n confidencial.

Est&#225;n contratando a funcionarios civiles para registrar las detenciones y que sus agentes puedan volver directamente a patrullar, en lugar de pasarse horas rellenando formularios -dijo Spinella-. &#191;Cree que el departamento de investigaci&#243;n criminal de Sussex aprender&#225; algo del comisario Pewe?

Conteniendo el enfado, Grace fue cuidadoso con su respuesta.

Estoy seguro de que el comisario Pewe ser&#225; un miembro valioso del equipo del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex -contest&#243;.

Puedo citar sus palabras, &#191;verdad? -La sonrisa era cada vez peor.

&#191;Qu&#233; es lo que sabes, mierdecilla?

La radio de Roy se activ&#243;. Se la acerc&#243; al o&#237;do.

&#191;Roy Grace?

Era uno de los miembros del SOCO que estaban en el t&#250;nel, Tony Monnington.

Roy, he pensado que querr&#237;as saber que, al parecer, hemos encontrado nuestra primera posible prueba.

Grace se disculp&#243; educadamente con el periodista y regres&#243; al desag&#252;e mientras llamaba a Norman Potting para decirle que tardar&#237;a unos minutos en regresar. Era extra&#241;o c&#243;mo las cosas que pasaban en la vida te hac&#237;an cambiar constantemente, pens&#243;. Hac&#237;a un rato se mor&#237;a por salir del desag&#252;e. Ahora, cuando las alternativas eran estar bajo la lluvia y hablar con Spinella o volver a encerrarse en la furgoneta del SOCO con Norman Potting, de repente parec&#237;a que el desag&#252;e hab&#237;a sumado muchos puntos a su favor.



21

Octubre de 2007


Fue la compa&#241;era de habitaci&#243;n de Abby, Sue, quien cambi&#243; su vida sin querer. Se conocieron trabajando en un bar a orillas del r&#237;o Yarra en Melbourne y se hicieron amigas al instante. Ten&#237;an la misma edad y, como Abby, Sue se hab&#237;a marchado de Inglaterra a Australia en busca de aventuras.

Una noche, hac&#237;a casi un a&#241;o, Sue le dijo a Abby que un par de chicos guapos, un poco mayores que ellas pero encantadores, hab&#237;an estado en el bar charlando con ella. Dijeron que el domingo iban a una barbacoa con un grupo de gente divertida y que la invitaban si estaba libre, que se llevara a una amiga si quer&#237;a.

Como no ten&#237;an ning&#250;n plan mejor, fueron. La barbacoa era en la casa elegante de un soltero, un &#225;tico de lujo en uno de los distritos m&#225;s modernos de Melbourne con unas vistas espl&#233;ndidas de la bah&#237;a. Pero durante esas primeras horas embriagadoras, Abby apenas asimil&#243; lo que la rodeaba, porque se enamor&#243; instant&#225;nea y locamente de su anfitri&#243;n, Dave Nelson.

Hab&#237;a unas veinte personas m&#225;s en la fiesta. Los hombres, que ten&#237;an de diez a sesenta y pico a&#241;os m&#225;s que ella, parec&#237;an extras de una pel&#237;cula de g&#225;nsteres y las mujeres, bastante enjoyadas, parec&#237;an todas reci&#233;n salidas de un sal&#243;n de belleza. Pero en ellas tampoco se fij&#243; demasiado. De hecho, apenas intercambi&#243; una palabra con nadie m&#225;s desde el momento en que cruz&#243; la puerta.

Dave era un diamante en bruto alto y delgado de unos cuarenta y cinco a&#241;os con un buen bronceado, pelo corto engominado y rostro hastiado que seguramente hab&#237;a sido guap&#237;simo de joven, pero que ahora parec&#237;a bastante curtido, aunque c&#243;modo consigo mismo. Y as&#237; se sinti&#243; ella con Dave al instante: c&#243;moda.

Se mov&#237;a por el apartamento con una elegancia f&#225;cil, animal, y estuvo toda la tarde sacando generosamente botellas grandes de Krug. Dijo que estaba cansado porque se hab&#237;a pasado tres d&#237;as enteros seguidos jugando al p&#243;quer en un torneo internacional, el Aussie Millions, en el casino Crown Plaza. Hab&#237;a pagado una cuota de entrada de mil d&#243;lares y hab&#237;a sobrevivido cuatro rondas, en las que acumul&#243; m&#225;s de cien mil d&#243;lares antes de caer eliminado. Un tr&#237;o de ases, le hab&#237;a dicho a Abby compungido. &#191;C&#243;mo iba a saber que el tipo ten&#237;a dos ases en la mano? Si &#233;l ten&#237;a tres reyes, dos ocultos, &#161;por el amor de Dios!

Abby nunca hab&#237;a jugado al p&#243;quer. Pero esa noche, despu&#233;s de que el resto de los invitados se marchara, Dave la hizo sentar y le ense&#241;&#243;. Le hab&#237;a gustado recibir su atenci&#243;n, el modo como la miraba todo el tiempo; le dec&#237;a lo bonita que era, luego lo guapa que era, luego lo bien que se sent&#237;a s&#243;lo estando all&#237; con ella. Sus ojos apenas se apartaron del rostro de Abby durante todas las horas que pasaron juntos, como si no importara nada m&#225;s. Ten&#237;a unos ojos bonitos, marrones con un toque de verde, vigilantes pero te&#241;idos de tristeza, como si hubiera sufrido una p&#233;rdida que le dol&#237;a en lo m&#225;s profundo de su ser. Hizo que quisiera protegerle, mimarle.

Le encantaban las historias que le contaba sobre sus viajes y sobre c&#243;mo hab&#237;a amasado su fortuna comerciando con sellos raros y jugando al p&#243;quer, principalmente por Internet. Manejaba un sistema de apuestas que parec&#237;a muy obvio, cuando se lo explic&#243;, y muy inteligente.

Las partidas de p&#243;quer por Internet se celebraban en todo el mundo, veinticuatro horas al d&#237;a siete d&#237;as a la semana. Utilizaba las zonas horarias y se registraba en las partidas que se jugaban en lugares donde era de madrugada y la gente estaba cansada y, a menudo, un poco bebida. Observaba un rato y luego se sentaba a participar. Eran ganancias f&#225;ciles para un hombre que estaba bien despierto, sobrio y alerta.

Abby siempre se hab&#237;a sentido atra&#237;da por hombres mayores y le fascin&#243; este tipo que parec&#237;a tan duro pero que era un apasionado de los sellos min&#250;sculos, delicados y hermosos, y se entusiasmaba al hablarle de sus v&#237;nculos con la historia. Para una chica de origen brit&#225;nico y sobria como ella, Dave era una persona totalmente distinta a cualquiera que hubiera conocido. Y aunque transmit&#237;a vulnerabilidad, al mismo tiempo hab&#237;a algo intensamente fuerte y masculino en &#233;l que hac&#237;a que se sintiera segura a su lado.

Por primera vez en su vida, infringiendo su propia norma con total despreocupaci&#243;n, se acost&#243; con Dave esa misma noche. Y se traslad&#243; a vivir con &#233;l tan s&#243;lo un par de semanas despu&#233;s. La llevaba de tiendas, anim&#225;ndola a comprar ropa cara, y a menudo llegaba a casa con joyas o un reloj nuevo o un ramo de flores demencialmente generoso si hab&#237;a tenido un buen d&#237;a en el p&#243;quer.

Sue hizo todo lo posible para disuadir a Abby de aquella relaci&#243;n, aduciendo que era mucho mayor que ella, que ten&#237;a un pasado algo incierto y reputaci&#243;n de donju&#225;n -o, para expresarlo m&#225;s cruelmente, que era un follador en serie.

Pero Abby no hizo caso de nada de aquello, y rompi&#243; su amistad con Sue y posteriormente con los otros amigos que hab&#237;a hecho desde su llegada a Melbourne. Le gustaba quedar con el c&#237;rculo de gente mayor y -en su opini&#243;n- mucho m&#225;s glamurosa e interesante. Siempre le hab&#237;a atra&#237;do el dinero y estas personas lo gastaban a mansalva.

De ni&#241;a, cuando llegaban las vacaciones escolares, a veces iba a trabajar con su padre, que ten&#237;a un peque&#241;o negocio de alicatado de suelos y ba&#241;os. Le encantaba ayudarle, pero sent&#237;a una atracci&#243;n mayor por las casas de la gente rica, algunas realmente incre&#237;bles. Su madre trabajaba en la biblioteca p&#250;blica de Hove y la peque&#241;a casa pareada donde viv&#237;an en Hollingbury con su jard&#237;n impecable, que sus padres cuidaban amorosamente, constitu&#237;a el m&#225;ximo de sus aspiraciones.

Al crecer, Abby fue sinti&#233;ndose cada vez m&#225;s coartada, y limitada, por la modesta educaci&#243;n que hab&#237;a recibido. De adolescente, ley&#243; con avidez las novelas de Danielle Steel, Jackie Collins y Barbara Taylor Bradford y de todas las dem&#225;s escritoras que relataban las vidas de la gente rica y glamurosa, adem&#225;s de devorar las revistas OK! y Helio! todas las semanas de cabo a rabo. Secretamente, albergaba el sue&#241;o de poseer una riqueza inmensa y las casas y yates espl&#233;ndidos en pa&#237;ses c&#225;lidos que podr&#237;a permitirse. Anhelaba viajar y sab&#237;a, en el fondo, que alg&#250;n d&#237;a llegar&#237;a su oportunidad. Cuando tuviera treinta a&#241;os, se prometi&#243;, ser&#237;a rica.

Cuando un amigo de Dave fue detenido acusado de cometer tres asesinatos se qued&#243; horrorizada, pero no pudo evitar sentir un escalofr&#237;o de emoci&#243;n. Luego otro hombre de su c&#237;rculo de amistades muri&#243; de un disparo en su coche, delante de sus hijos gemelos, mientras ve&#237;a un entrenamiento de f&#250;tbol infantil. Comenz&#243; a percatarse de que ahora formaba parte de una cultura muy distinta de aquella en la que se hab&#237;a criado y que antes comprend&#237;a. Pero a pesar de la impresi&#243;n que le caus&#243; la muerte del hombre, el entierro le pareci&#243; emocionante. Estar all&#237; formando parte de toda aquella gente, ser aceptada por ellos, era lo m&#225;s excitante que le hab&#237;a pasado en la vida.

Al mismo tiempo, comenz&#243; a preguntarse en qu&#233; m&#225;s andaba metido Dave en realidad. A veces le ve&#237;a adulando a unos tipos, seg&#250;n &#233;l eran los jugadores m&#225;s importantes para intentar hacer alguna clase de negocio con ellos. Una ma&#241;ana le escuch&#243; hablando por tel&#233;fono dici&#233;ndole a alguien que comerciar con sellos era una forma estupenda de blanquear dinero, de moverlo por el mundo, como si intentara venderle la idea.

Aquello no le gust&#243; tanto. Era como si durante todo aquel tiempo no le hubiera importado vivir al margen de la ley, saliendo de bares y de fiesta con esa gente. Pero, en realidad, que Dave hiciera negocios con ellos -que casi les suplicara que le dejaran hacer negocios con ellos- lo rebajaba a sus ojos. Y, sin embargo, en el fondo de su coraz&#243;n, ten&#237;a la sensaci&#243;n de que tal vez pudiera ayudarle, si lograba atravesar el mur&#243; que parec&#237;a haber construido a su alrededor. Porque, despu&#233;s de varios meses con &#233;l, se dio cuenta de que no sab&#237;a m&#225;s sobre su pasado que el d&#237;a que lo hab&#237;a conocido, aparte de que se hab&#237;a casado dos veces y que los dos divorcios hab&#237;an sido muy dolorosos.

Entonces, un d&#237;a de repente, Dave solt&#243; la bomba.



22

Septiembre de 2007


La camioneta Holden azul met&#225;lico se dirig&#237;a hacia el oeste, alej&#225;ndose de Melbourne. MJ, un joven alto de veintiocho a&#241;os con el pelo negro azabache y cuerpo de surfista que llevaba una camiseta amarilla y bermudas, conduc&#237;a con una mano en el volante y el brazo libre rodeando los hombros de Lisa.

El coche se asentaba sobre los amortiguadores, sobre las llantas anchas calzadas con unos neum&#225;ticos que se agarraban bien en las curvas de la carretera sinuosa. Este veh&#237;culo era el orgullo y la alegr&#237;a de MJ, quien escuchaba con satisfacci&#243;n el ronroneo del motor V8 de 5,7 litros por los tubos de escape mientras conduc&#237;an por el campo grande y abierto. A su derecha se extend&#237;an kil&#243;metros de llanuras de vegetaci&#243;n quemada. A su izquierda, a media distancia detr&#225;s de una alambrada de p&#250;as ra&#237;da, se elevaban las monta&#241;as marrones onduladas, resecas y &#225;ridas, cortes&#237;a de seis a&#241;os de sequ&#237;a casi ininterrumpida. Hab&#237;a algunas hileras delgadas de &#225;rboles desperdigadas al azar, como pelos de barba olvidados por la maquinilla de afeitar.

Era s&#225;bado por la ma&#241;ana y durante dos d&#237;as enteros MJ pod&#237;a olvidarse de sus estudios intensivos. Dentro de un mes ten&#237;a que hacer los duros ex&#225;menes de corredor de Bolsa, que ten&#237;a que aprobar para asegurarse un empleo fijo en su empresa actual, Macquarie Bank. Este a&#241;o, a pesar de la sequ&#237;a, la primavera hab&#237;a tardado mucho en llegar y este fin de semana promet&#237;a ser el primero con un tiempo verdaderamente estupendo despu&#233;s de los deprimentes meses de invierno. Estaba decidido a sacarle el m&#225;ximo partido.

Conduc&#237;a con tranquilidad. Como le quedaban s&#243;lo seis puntos en el carn&#233;, procuraba no sobrepasar los l&#237;mites de velocidad. Adem&#225;s, no ten&#237;a ninguna prisa. Estaba contento, muy contento, s&#243;lo con estar all&#237; con la chica a la que quer&#237;a, disfrutando del viaje, del paisaje, de aquella sensaci&#243;n de s&#225;bado por la ma&#241;ana cuando se tiene todo el fin de semana por delante.

Estaba d&#225;ndole vueltas a algo que hab&#237;a le&#237;do un d&#237;a: La felicidad no es conseguir lo que quieres. Es desear lo que tienes.

Dijo la frase en voz alta a Lisa y ella coment&#243; que eran unas palabras muy bonitas y que estaba de acuerdo totalmente. Le dio un beso.

Dices cosas tan bonitas, MJ. -&#201;l se ruboriz&#243;.

Lisa puls&#243; un bot&#243;n y la m&#250;sica de los Whitlams reson&#243; a todo volumen en el equipo de sonido car&#237;simo que hab&#237;a instalado. El material de c&#225;mping y las latas de cerveza VB comenzaron a retumbar atr&#225;s en la cabina debajo de la lona reforzada con listones, y su coraz&#243;n tambi&#233;n retumbaba. Era agradable estar aqu&#237;, sentirse tan vivo, sentir en la cara el aire c&#225;lido que entraba por la ventanilla abierta, oler el perfume de Lisa, sentir sus rizos rubios en su mu&#241;eca.

&#191;D&#243;nde estamos? -pregunt&#243; ella, aunque no le importaba demasiado. Tambi&#233;n estaba disfrutando del viaje. Disfrutaba descansando de su rutina semanal visitando a m&#233;dicos como comercial de medicamentos para la hemofilia del gigante farmac&#233;utico Wyeth. Disfrutaba llevando s&#243;lo una camiseta ancha blanca y unos pantalones cortos rosa, en lugar de los trajes chaqueta que deb&#237;a llevar durante la semana. Pero principalmente disfrutaba del tiempo valioso que estaba pasando con MJ.

Casi hemos llegado -dijo &#233;l.

Pasaron por delante de una se&#241;al hexagonal amarilla con una bicicleta negra y se detuvieron en un cruce en forma de T, junto al tronco esquel&#233;tico de un pino radiata coronado por un macizo grueso de agujas, como un tup&#233; horroroso. Justo delante de ellos se levantaba una colina pelada y empinada, con arbustos aislados que parec&#237;an pegados con velcro.

Lisa, que era inglesa, s&#243;lo llevaba dos a&#241;os en Australia. Se hab&#237;a marchado de Perth a Melbourne hac&#237;a unos meses y el terreno era totalmente nuevo para ella.

&#191;Cu&#225;ndo estuviste aqu&#237; por &#250;ltima vez? -le pregunt&#243;.

Hace a&#241;os, diez quiz&#225;. Ven&#237;amos aqu&#237; de c&#225;mping con mis padres, cuando era peque&#241;o -respondi&#243;-. Era nuestro lugar preferido. Te va a encantar. &#161;Yujuuu!

Con un estallido repentino de euforia, pis&#243; el acelerador. El coche sali&#243; propulsado hacia delante y tom&#243; una curva a la izquierda en la autopista con un chirrido de neum&#225;ticos y un rugido atronador de los tubos de escape.

Al cabo de unos minutos, pasaron por delante de un cartel en un poste que pon&#237;a R&#237;o Barwon. Entonces MJ redujo y comenz&#243; a mirar a la derecha cuando dejaron atr&#225;s otro cartel que dec&#237;a Stonehaven y Fuerte Pollocks.

Un rato despu&#233;s, fren&#243; bruscamente y gir&#243; a la derecha en un camino de arena.

&#161;Estoy seguro de que es aqu&#237;! -dijo.

Avanzaron dando botes durante quinientos metros m&#225;s o menos. Campo abierto a su derecha, arbustos a su izquierda y un terrapl&#233;n que acababa en un r&#237;o que no pod&#237;an ver. Pasaron por delante de un puente de vigas de acero montado sobre viejos contrafuertes de ladrillo a su izquierda, luego unos arbustos densos les taparon la vista. De repente, el camino descend&#237;a abruptamente, luego volv&#237;a a subir al final. Al cabo de unos minutos se ensanchaba unos metros y terminaba, y se convert&#237;a en hierba detr&#225;s de la cual hab&#237;a una densa maleza.

MJ detuvo el coche y puso el freno de mano. Una nube de polvo se arremolin&#243; sobre ellos.

Bienvenida al para&#237;so -dijo.

Se besaron.

Luego, unos momentos despu&#233;s, bajaron a un silencio c&#225;lido y total. El motor chisporrote&#243;. El aroma a hierba seca flot&#243; en el aire. Un ave del para&#237;so emiti&#243; un sonido como si alguien silbara &#161;Yuuju!, luego call&#243;. Abajo, serpenteando a lo lejos, estaba el agua brillante y, m&#225;s all&#225;, bajo el sol implacable del mediod&#237;a, hab&#237;a colinas marrones peladas con alguna acacia y alg&#250;n eucalipto. El silencio era tan intenso que por un momento se sintieron como si fueran las &#250;nicas personas del planeta.

Dios m&#237;o -dijo Lisa-, esto es precioso.

Una mosca zumb&#243; delante de su cara y ella la apart&#243; con la mano. Lleg&#243; otra y tambi&#233;n la apart&#243;.

Las viejas moscas de siempre -dijo MJ-. &#161;Es justo aqu&#237;!

&#161;Es obvio que se acuerdan de ti! -dijo Lisa cuando una tercera mosca se pos&#243; sobre su frente.

MJ le dio un pu&#241;etazo juguet&#243;n, antes de agitar la mano deprisa varias veces delante de su cara, brindando un saludo a la australiana para apartar a las moscas que segu&#237;an molest&#225;ndole. Luego, rode&#225;ndola con el brazo, MJ guio a Lisa hasta una abertura en la maleza.

Aqu&#237; era donde bot&#225;bamos la canoa -explic&#243;.

Lisa vio una ladera empinada y arenosa llena de helechos que formaba una grada natural hasta el r&#237;o, m&#225;s de unos treinta metros hacia abajo. El agua, de unos veinte metros de ancho, estaba quieta como un espejo. Sobre la superficie se hab&#237;an posado algunos caballitos del diablo que se alimentaban de larvas de mosquito o pon&#237;an huevos, y hab&#237;a m&#225;s rondando por encima. Los reflejos de la maleza en la otra orilla aparec&#237;an bien enfocados.

&#161;Guau! -exclam&#243; Lisa-. &#161;Guaaaaau! Esto es incre&#237;ble.

Entonces se fij&#243; en los palos blancos plantados a lo largo de la grada. Cada uno ten&#237;a unas marcas precisas en negro.

Cuando era peque&#241;o -dijo MJ-, el nivel del agua llegaba hasta aqu&#237; arriba. -Se&#241;al&#243; el marcador m&#225;s alto.

Lisa cont&#243; ocho palos descubiertos que llegaban hasta el agua.

&#191;Tanto ha bajado?

El maravilloso calentamiento global -contest&#243; &#233;l.

Entonces Lisa vio la cuerda atadas la rama larga de un &#225;rbol grueso como la pata de un elefante.

&#161;Salt&#225;bamos desde all&#237;! -dijo MJ-. Era una ca&#237;da corta.

Ahora habr&#237;a unos cinco metros buenos.

Se quit&#243; la camiseta.

&#191;Vienes?

&#161;Primero montemos la tienda!

&#161;Joder, Lisa, tenemos todo el d&#237;a para montar la tienda! &#161;Tengo calor! -Sigui&#243; desvisti&#233;ndose-.Y las moscas odian el agua.

Dime c&#243;mo est&#225; &#161;Me lo pensar&#233;!

&#161;Eres una blandengue!

Lisa se rio. MJ se qued&#243; desnudo, luego desapareci&#243; unos momentos en la maleza. Un instante despu&#233;s, lo vio trepando por la rama larga. Alcanz&#243; la cuerda, que parec&#237;a peligrosamente desgastada, se dio la vuelta y se agarr&#243; a ella.

&#161;Ten cuidado, MJ! -grit&#243; Lisa, alarmada de repente.

Sujet&#225;ndose con un brazo, se golpe&#243; el pecho con el otro y dio un par de gritos a lo Tarz&#225;n. Entonces se columpi&#243; sobre el r&#237;o, sus pies descalzos tocaron la superficie del agua. Se balance&#243; adelante y atr&#225;s varias veces, luego solt&#243; la cuerda y se lanz&#243; con un chapuz&#243;n ruidoso.

Lisa observ&#243; preocupada. Unos momentos despu&#233;s, MJ sali&#243; a la superficie y sacudi&#243; la cabeza para apartarse el pelo mojado de la cara.

&#161;Est&#225; buen&#237;sima! &#161;M&#233;tete, cobardica!

Se puso a nadar, hizo un par de brazadas de crol poderosas y, luego, de repente, levant&#243; la cabeza con cara de p&#225;nico.

&#161;Joder! -mascull&#243;-. &#161;Mierda! &#161;Auchh! &#161;Me he dado un golpe en un dedo del pie!

Lisa se rio.

MJ se sumergi&#243;. Unos momentos despu&#233;s, asom&#243; la cabeza fuera del agua y su rostro reflejaba p&#225;nico.

&#161;Mierda, Lisa! -dijo-. &#161;Aqu&#237; abajo hay un coche! &#161;Hay un puto coche en el r&#237;o!



23

11 de septiembre de 2001


Lorraine miraba incr&#233;dula y petrificada. Hab&#237;a olvidado el cigarrillo apagado que sosten&#237;a entre los dedos. Una joven reportera, que hablaba con urgencia a la c&#225;mara, parec&#237;a ignorar totalmente que la Torre Sur, tan s&#243;lo a unos cientos de metros detr&#225;s de ella, estaba derrumb&#225;ndose.

Estaba cayendo directamente del cielo, desapareciendo sobre s&#237; misma, con pulcritud, con una pulcritud casi insoportable, como si por un breve instante Lorraine presenciara el truco de magia m&#225;s incre&#237;ble jam&#225;s representado. La periodista segu&#237;a hablando. Detr&#225;s de ella, los coches y la gente desaparec&#237;an debajo de los escombros y del remolino de polvo. Otras personas corr&#237;an para salvar su vida, corr&#237;an por la calle hacia la c&#225;mara.

Dios m&#237;o, &#191;es que no se da cuenta?

Todav&#237;a ignorante, la reportera continu&#243; leyendo el teleprompter o recitando lo que le dec&#237;an por el pinganillo.

&#161;&#161;Mira detr&#225;s de ti!!, quiso gritarle a la mujer.

Entonces, la reportera por fin se dio la vuelta. Y perdi&#243; por completo el hilo. Dio un paso a un lado, asustada y tambale&#225;ndose, luego otro. La gente pasaba corriendo junto a ella, empuj&#225;ndola, casi tir&#225;ndola al suelo. Ahora la nube de polvo, que crec&#237;a desenfrenadamente, era tan alta como el propio cielo, tan ancha como la ciudad, y avanzaba hacia ella como una avalancha. Mirando en estado de shock, perpleja, dijo unas palabras m&#225;s, pero no las acompa&#241;&#243; ning&#250;n sonido, como si el cable se hubiera desconectado. Entonces la imagen se convirti&#243; en un remolino gris de figuras imprecisas y caos cuando la c&#225;mara fue engullida.

Lorraine, que todav&#237;a llevaba s&#243;lo la parte de abajo del bikini, oy&#243; varios gritos. La imagen en la pantalla cambi&#243; a un plano movido de un bloque de acero y cristal y escombros que se estrellaban contra un coche de bomberos rojo y blanco. Atraves&#243; la escalera y luego aplast&#243; toda la parte del medio, como si fuera un cami&#243;n de juguete de pl&#225;stico que un ni&#241;o acabara de pisar.

&#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Oh, Dios m&#237;o! &#161;Oh, Dios m&#237;o! -chillaba una voz de mujer, una y otra vez.

Se o&#237;an lloros. Hubo un segundo de oscuridad, luego otro plano: un joven que cojeaba y sujetaba una toalla empapada en sangre sobre la cara de una mujer. La ayudaba a caminar, intentando que avanzara m&#225;s deprisa, por delante de la nube que se les echaba encima.

Entonces apareci&#243; un plat&#243; del telediario. Lorraine observ&#243; al locutor, un hombre de unos cuarenta a&#241;os con chaqueta y corbata. Las im&#225;genes que Lorraine hab&#237;a visto estaban en los monitores que hab&#237;a detr&#225;s de &#233;l. Parec&#237;a taciturno.

Nos informan de que la Torre Sur del World Trade Center se ha derrumbado. Dentro de unos minutos tambi&#233;n les ofreceremos las &#250;ltimas noticias sobre la situaci&#243;n en el Pent&#225;gono.

Lorraine intent&#243; encender el cigarrillo, pero le temblaba demasiado la mano y se le cay&#243; el mechero al suelo. Esper&#243;, incapaz de apartar los ojos de la pantalla ni siquiera un segundo por si se perd&#237;a una imagen fugaz de Ronnie. En la televisi&#243;n sal&#237;a ahora una mujer nerviosa gritando de manera ininteligible. Vio a una joven atractiva con un micr&#243;fono delante de una pantalla de humo negro y denso moteado de llamas naranjas, a trav&#233;s de las cuales pod&#237;a distinguir la silueta baja del Pent&#225;gono.

Marc&#243; el n&#250;mero de m&#243;vil de Ronnie y una vez m&#225;s oy&#243; el pitido de comunicando.

Volvi&#243; a intentarlo, otra vez y otra. El coraz&#243;n se le revolv&#237;a en el pecho y estaba temblando, desesperada por escuchar su voz, por saber que estaba bien. Y todo el tiempo, en su cabeza, ten&#237;a presente que la reuni&#243;n de Ronnie era en la Torre Sur. La Torre Sur se hab&#237;a desmoronado.

Quer&#237;a m&#225;s im&#225;genes de Manhattan, no del puto Pent&#225;gono, Ronnie estaba en Manhattan, no en el puto Pent&#225;gono. Cambi&#243; de canal y puso Sky News. Vio otro plano movido, esta vez de tres bomberos con cascos cubiertos de polvo que se llevaban a un hombre de pelo gris y aspecto estropeado, sus brazaletes amarillos brincaban mientras avanzaban a toda prisa.

Entonces vio un coche ardiendo. Y una ambulancia tambi&#233;n en llamas. Unas figuras aparecieron en la penumbra detr&#225;s de ellos. &#191;Ronnie? Se inclin&#243; hacia delante, pegada a la enorme pantalla. &#191;Ronnie? Las figuras emergieron de entre el humo como caras en una fotograf&#237;a revel&#225;ndose. No vio a Ronnie.

Luego volvi&#243; a marcar su n&#250;mero. &#161;Por un momento fugaz pareci&#243; como si fuera a sonar! Entonces la se&#241;al de comunicando la llen&#243; de frustraci&#243;n una vez m&#225;s.

Sky News pas&#243; a Washington. Lorraine cogi&#243; el mando y puls&#243; otro bot&#243;n. Ahora parec&#237;a que todas las cadenas mostraban las mismas im&#225;genes, el mismo material informativo. Vio una repetici&#243;n del choque del primer avi&#243;n, luego del segundo. Volvieron a reproducirlas. Y una vez m&#225;s.

Son&#243; el tel&#233;fono. Puls&#243; la tecla para contestar con un estallido repentino de alegr&#237;a, casi demasiado emocionada para hablar. -&#191;Diga?

Era el t&#233;cnico de la lavadora, que llamaba para confirmar la cita de ma&#241;ana.



24

Octubre de 2006


El objetivo se llamaba Ricky. Abby se lo hab&#237;a encontrado alguna vez en alguna fiesta y siempre parec&#237;a ir derechito hacia ella para tratar de lig&#225;rsela. Y hab&#237;a que reconocer que lo encontraba atractivo y que disfrutaba del flirteo.

Era un tipo guapo de unos cuarenta a&#241;os, un poco misterioso y muy seguro de s&#237; mismo, con el aire relajado de un surfista mayor. Igual que Dave, sab&#237;a c&#243;mo hablar con las mujeres, preguntando m&#225;s de lo que respond&#237;a. Tambi&#233;n comerciaba con sellos, a gran escala.

No todos los sellos eran suyos. Su valor ascend&#237;a a cuatro millones de libras, para ser exactos. Hab&#237;a cierta pol&#233;mica sobre qui&#233;n era el propietario. Dave le cont&#243; que &#233;l y Ricky hab&#237;an hecho un trato para dividirse los beneficios al cincuenta por ciento, pero que Ricky hab&#237;a incumplido su promesa y ahora quer&#237;a el noventa por ciento. Cuando Abby le pregunt&#243; a Dave por qu&#233; no hab&#237;a acudido a la polic&#237;a, &#233;l sonri&#243;. La polic&#237;a, al parecer, era zona prohibida para ambos.

En cualquier caso, ten&#237;a un plan mucho mejor.



25

Octubre de 2007


Incluso con la ayuda de la luz directa del hal&#243;geno, Roy Grace segu&#237;a esforz&#225;ndose para ver el objeto min&#250;sculo que Frazer Theobald sujetaba con las pinzas de acero inoxidable. Lo &#250;nico que pod&#237;a distinguir era algo azul y borroso.

Entrecerr&#243; los ojos, reacio a reconocerse a s&#237; mismo que estaba llegando a una edad en que necesitaba gafas. S&#243;lo cuando el pat&#243;logo puso un papelito cuadrado detr&#225;s de las pinzas y le pas&#243; una lupa, Roy lo vio con m&#225;s claridad. Era un tipo de fibra, m&#225;s fina que un cabello humano, como un hilo delgad&#237;simo de telara&#241;a. Parec&#237;a trasl&#250;cido un momento y luego azul claro, y los extremos se mov&#237;an por el temblor m&#237;nimo de la mano de Theobald y la brisa helada que soplaba en el desag&#252;e.

Quien mat&#243; a esta mujer hizo todo lo posible para no dejar pruebas -dijo el pat&#243;logo-. Dir&#237;a que la dej&#243; aqu&#237; abajo con la esperanza de que en alg&#250;n momento el agua la arrastrara por el alcantarillado y luego la echara al mar por el desag&#252;e, pensando que la distancia que hay de la alcantarilla al mar ser&#237;a suficiente para deshacerse de un cad&#225;ver.

Grace volvi&#243; a mirar el esqueleto, incapaz de quitarse de la cabeza la posibilidad de que se tratara de Sandy.

Tal vez el asesino no previera que el desag&#252;e no se inundar&#237;a -prosigui&#243; Theobald-. No pens&#243; que se quedar&#237;a encallada en el cieno y, como el nivel fre&#225;tico estaba bajo, no ha circulado corriente suficiente por el alcantarillado para liberarla. O tal vez el desag&#252;e cayera en desuso.

Grace asinti&#243;, mirando el hilo tembloroso otra vez.

Es una fibra de alfombra, creo. Podr&#237;a equivocarme, pero creo que el an&#225;lisis del laboratorio demostrar&#225; que es una fibra de alfombra. Es demasiado dura para ser de un jersey o una. falda o una funda de coj&#237;n. Es una fibra de alfombra.

Joan Major asinti&#243; con la cabeza.

&#191;D&#243;nde la has encontrado? -pregunt&#243; Grace.

El pat&#243;logo forense se&#241;al&#243; el brazo derecho del esqueleto, que estaba parcialmente enterrado en el cieno. Los dedos estaban a la vista. Se&#241;al&#243; la punta del dedo coraz&#243;n.

&#191;Ves eso? Es una u&#241;a postiza, de uno de esos salones de u&#241;as.

Grace not&#243; que un escalofr&#237;o recorr&#237;a su cuerpo. Sandy se mord&#237;a las u&#241;as. Cuando ve&#237;an la televisi&#243;n se las mordisqueaba y hac&#237;a un ruidito como un h&#225;mster. Le pon&#237;a hist&#233;rico. Y a veces tambi&#233;n lo hac&#237;a en la cama. A menudo, cuando intentaba dormirse, se ro&#237;a las u&#241;as, como si la inquietara algo que no pudiera o no quisiera compartir con &#233;l. Luego, de repente, se las miraba y se enfadaba consigo misma y le dec&#237;a que ten&#237;a que avisarla cuando se las mordiera y ayudarla a dejarlo. E iba a un sal&#243;n de belleza a ponerse unas u&#241;as postizas caras sobre las mordidas.

Un componente de pl&#225;stico, pegado encima, que impidi&#243; por alguna raz&#243;n que el agua no se llevara las u&#241;as cuando la piel de debajo se pudri&#243; -dijo Frazer Theobald-. La fibra estaba debajo de &#233;sta. Es posible que el agresor la arrastrara por una alfombra y ella clavara las u&#241;as. Es la explicaci&#243;n m&#225;s probable. Hemos tenido suerte de que el agua no la arrastrara.

Suerte, s&#237; -dijo Grace con aire distra&#237;do. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Arrastrada por una alfombra. Una fibra de alfombra azul. Azul claro. Azul cielo.

En casa hab&#237;a una alfombra azul claro. En el dormitorio. El dormitorio que &#233;l y Sandy compartieron hasta la noche que desapareci&#243;.

De la faz de la tierra.



26

11 de septiembre de 2001


Ronnie llevaba corriendo quiz&#225;s un minuto cuando el d&#237;a se transform&#243; en noche, como si hubiera habido un eclipse de sol total instant&#225;neo. De repente, estaba tambale&#225;ndose en un vac&#237;o asfixiante, apestoso, con un sonido ensordecedor, un trueno que se elevaba desde el suelo.

Era como si alguien hubiera vaciado billones de toneladas de harina negra y gris maloliente y amarga en el cielo, justo encima de &#233;l. Le picaban los ojos, le entr&#243; en la boca. Trag&#243; un poco y la sac&#243; tosiendo e inmediatamente trag&#243; m&#225;s. Formas grises fantasmag&#243;ricas pasaban a su lado. Se dio un golpe en el dedo con algo y se hizo da&#241;o -una boca de incendios, se percat&#243; al tropezarse- y se cay&#243; hacia delante, con fuerza, al suelo. Un suelo que se mov&#237;a. Vibraba, temblaba, como si un monstruo gigantesco se hubiera despertado y estuviera liber&#225;ndose de las entra&#241;as de la Tierra.

Tengo que salir de aqu&#237;. Alejarme de aqu&#237;.

Alguien choc&#243; con su pierna y se cay&#243; encima de &#233;l. Oy&#243; la voz de una mujer, que maldijo y se disculp&#243;, y luego le lleg&#243; una r&#225;faga fugaz de un perfume delicado. Se deshizo de ella, intent&#243; levantarse y de inmediato alguien le golpe&#243; en la espalda y lo tir&#243; otra vez al suelo.

Hiperventilando, presa del p&#225;nico, se puso de pie con dificultad y vio que la mujer se levantaba; parec&#237;a un mu&#241;eco de nieve gris con un par de zapatos de sal&#243;n en la mano. Entonces un hombre obeso con el pelo alborotado choc&#243; con &#233;l, solt&#243; un taco, le apart&#243; de un golpe y sigui&#243; corriendo tropez&#225;ndose para que se lo tragara la niebla.

Entonces, volvi&#243; a caer al suelo. Tengo que levantarme. Levanta. &#161;Levanta!

En su mente se arremolinaban recuerdos de haber le&#237;do sobre gente que mor&#237;a aplastada en avalanchas desencadenadas por el p&#225;nico. Se esforz&#243; por ponerse de pie otra vez, se dio la vuelta y vio m&#225;s figuras blanquecinas emergiendo de la penumbra. Una lo empuj&#243; hacia un lado. Busc&#243; el trolley y el malet&#237;n entre las piernas, los zapatos y los pies descalzos que se acercaban a &#233;l, los vio, se agach&#243;, los cogi&#243; y entonces recibi&#243; otro golpe en la espalda.

&#161;Gilipollas! -grit&#243;.

Un tac&#243;n de aguja pas&#243; por encima de su cabeza como una sombra puntiaguda.

Luego, de repente, lleg&#243; el silencio.

El estruendo par&#243;. El ruido atronador call&#243;. El suelo dej&#243; de vibrar. Las sirenas tambi&#233;n enmudecieron.

Por un instante sinti&#243; euforia. &#161;Estaba bien! &#161;Estaba vivo!

Ahora la gente pasaba m&#225;s despacio, m&#225;s ordenadamente. Algunas personas iban cojas. Algunas se agarraban las unas a las otras. Algunas ten&#237;an fragmentos de vidrio en el pelo, como cristales de hielo. La sangre aportaba el &#250;nico toque de color a un mundo gris y negro.

Esto no est&#225; pasando -dijo una voz masculina cerca de &#233;l-. Esto no est&#225; pasando.

Ronnie vio la Torre Norte y luego, a la derecha, una colina de restos retorcidos, asim&#233;tricos, escombros, marcos de ventanas, coches rotos, veh&#237;culos en llamas, cuerpos destrozados inm&#243;viles en el suelo manchado. Entonces vio cielo donde tendr&#237;a que estar la Torre Sur.

Donde estuvo la Torre Sur.

Hab&#237;a desaparecido.

Estaba all&#237; hac&#237;a unos minutos y ahora ya no. Parpade&#243;, para comprobar que no fuera una especie de truco, una ilusi&#243;n &#243;ptica, y m&#225;s polvo seco le entr&#243; en los ojos, que le lloraron.

Temblaba, todo &#233;l temblaba. Pero principalmente temblaba por dentro.

Algo llam&#243; su atenci&#243;n, algo que ca&#237;a, agit&#225;ndose, se levant&#243; un momento, atrapado en una corriente ascendente, y luego continu&#243; su descenso. Un trozo de tela. Parec&#237;a uno de esos tejidos de fieltro que vienen con los port&#225;tiles nuevos para evitar que la pantalla se raye cuando la cierras.

Lo observ&#243; mientras bajaba hasta el suelo como una mariposa muerta. Aterriz&#243; a unos metros escasos delante de &#233;l y, por un instante, entre todo lo que se arremolinaba en su mente, se pregunt&#243; si val&#237;a la pena cogerlo, porque hab&#237;a perdido hac&#237;a tiempo el que ven&#237;a con su port&#225;til.

Pasaron m&#225;s personas, caminando con dificultad. Una hilera infinita, todas en blanco y negro y gris, como una pel&#237;cula de guerra antigua o un documental que mostraba la marcha de unos refugiados. Le pareci&#243; o&#237;r un tel&#233;fono. &#191;Era el suyo? Presa del p&#225;nico, comprob&#243; su bolsillo. Su m&#243;vil segu&#237;a ah&#237;, &#161;menos mal! Lo sac&#243;, pero no sonaba y tampoco ten&#237;a ninguna llamada perdida. Intent&#243; llamar otra vez a Lorraine, pero no hab&#237;a cobertura, s&#243;lo un pitido hueco, que qued&#243; ahogado al cabo de unos segundos por el ruido de las aspas de un helic&#243;ptero que volaba justo encima de &#233;l.

No sab&#237;a qu&#233; hacer. Ten&#237;a la cabeza hecha un l&#237;o. Hab&#237;a gente herida y &#233;l estaba bien. Tal vez tuviera que ayudar. Quiz&#225;s encontrara a Donald. Deb&#237;an de haber evacuado el edificio. Habr&#237;an sacado a todo el mundo antes de que se desplomara, seguro. Donald estaba all&#237; en alg&#250;n lugar, quiz&#225; deambulando, busc&#225;ndolo. Si pudieran encontrarse, podr&#237;an ir a un caf&#233; o a un hotel y celebrar su reuni&#243;n

Un coche de bomberos pas&#243; disparado a su lado, casi lo atropello, y luego desapareci&#243; con una r&#225;faga de luces rojas, sirenas y bocinazos.

&#161;Cabrones! -grit&#243;-. Un poco m&#225;s y me mat&#225;is, capullos

Un grupo de mujeres negras te&#241;idas de gris, una con una cartera, otra frot&#225;ndose la nuca de su cabeza con rastas, avanzaba hacia &#233;l.

&#191;Disculpen? -dijo Ronnie, coloc&#225;ndose delante de ellas.

Siga caminando -contest&#243; una.

S&#237; -dijo la otra-. &#161;No vaya hacia all&#237;!

Pasaron m&#225;s veh&#237;culos de emergencia a toda velocidad. El suelo cruji&#243;. Ronnie vio que ten&#237;a un manto de nieve de papel bajo los pies. La sociedad electr&#243;nica -pens&#243; con cinismo-. Despu&#233;s hablan de la sociedad electr&#243;nica. Toda la calle estaba cubierta de papeles grises. El cielo estaba cargado de hojas que ca&#237;an zigzagueando, en blanco, escritas, hechas trizas, de todas las formas y tama&#241;os imaginables, como si alguien hubiera vaciado el contenido de millones de archivadores y papeleras desde una nube.

Se qued&#243; quieto un momento, intentando pensar con claridad. Pero el &#250;nico pensamiento que ten&#237;a en la cabeza era: &#191;Por qu&#233; hoy? &#191;Por qu&#233; hoy, joder? &#191;Por qu&#233; esta mierda ha tenido que pasar hoy?.

Nueva York estaba sufriendo una especie de ataque terrorista, eso saltaba a la vista. Una voz d&#233;bil dentro de su cabeza le dec&#237;a que deb&#237;a tener miedo, pero no lo ten&#237;a, s&#243;lo estaba cabreado.

Camin&#243; hacia delante, pisando el papel, dejando atr&#225;s a una persona perpleja tras otra que ven&#237;an de direcciones distintas. Luego, mientras se acercaba al caos de la plaza, lo pararon dos agentes de la polic&#237;a de Nueva York. El primero era bajito y rubio con el pelo muy corto; ten&#237;a la mano derecha sobre la culata de su Glock mientras que con la izquierda sujetaba una radio pegada al o&#237;do. Dio un informe a gritos y luego escuch&#243;. El otro polic&#237;a, mucho m&#225;s alto, ten&#237;a hombros de jugador de f&#250;tbol americano, la cara picada de viruela y una expresi&#243;n que en parte era de disculpa y en parte dec&#237;a no me jodas que ya estamos todos bastante jodidos.

Lo siento, se&#241;or -dijo el polic&#237;a alto-. No puede pasar, necesitamos este espacio.

Tengo una reuni&#243;n de negocios -dijo Ronnie-. Yo Yo -Se&#241;al&#243;-. Tengo que ver a

Creo que tendr&#225; que cambiar el d&#237;a. No creo que hoy se celebre ninguna reuni&#243;n.

Pero es que esta noche tengo un vuelo a Reino Unido. En serio, necesito

Se&#241;or Creo que comprobar&#225; que su reuni&#243;n y su vuelo han sido cancelados.

Luego, el suelo comenz&#243; a retumbar. Se oy&#243; un crujido terrible. Los dos polic&#237;as se giraron al mismo tiempo y miraron arriba, directamente a la pared plateada de la Torre Norte. Se mov&#237;a.



27

Octubre de 2007


El ascensor se mov&#237;a. Abby not&#243; que el suelo le presionaba los pies. Estaba elev&#225;ndose, con sacudidas, como si alguien lo subiera a pulso. Entonces se detuvo con brusquedad. Oy&#243; un ruido sordo, seguido del sonido de un l&#237;quido verti&#233;ndose.

Mierda.

La bota hab&#237;a ca&#237;do. La bota letrina.

De repente, el ascensor se balance&#243;, como si lo hubieran empujado con fuerza, y choc&#243; contra un lado del hueco. Ella perdi&#243; pie, sali&#243; disparada hacia la pared y cay&#243; al suelo mojado. Dios m&#237;o.

Se oy&#243; un golpe fort&#237;simo en el techo. Algo lo aporre&#243; con la fuerza de un mazo. El sonido reson&#243; y le dolieron los o&#237;dos. Hubo otro estr&#233;pito. Luego otro. Mientras intentaba ponerse de pie, el ascensor dio un bandazo violento y golpe&#243; con tanta fuerza el hueco que not&#243; la onda expansiva en las paredes de acero. Entonces la caja se lade&#243; y la lanz&#243; por el peque&#241;o espacio hasta que se empotr&#243; en la pared opuesta.

Luego hubo otro estruendo en el techo.

Dios m&#237;o, no.

&#191;Estaba ah&#237; arriba Ricky, intentando entrar a golpes para llegar hasta ella?

El ascensor volvi&#243; a elevarse unos cent&#237;metros, luego se balance&#243; con fuerza otra vez. Abby gimote&#243; aterrada. Sac&#243; el m&#243;vil y puls&#243; el cursor. La luz se encendi&#243; y vio una peque&#241;a hendidura en el techo.

Luego hubo otro golpe y la hendidura se hizo mayor. Motas de polvo se filtraron alocadamente.

Luego otro golpe. Y otro. Y otro. M&#225;s polvo.

Despu&#233;s silencio. Un largo silencio. M&#225;s tarde se oy&#243; un sonido distinto: un ruido sordo. Era su coraz&#243;n palpitando. Bum-bum Bum-bum Bum-bum. El rugido de su sangre circulando por las venas atronaba en sus o&#237;dos, como un oc&#233;ano embravecido dentro de ella.

La luz del m&#243;vil se apag&#243;. Puls&#243; el cursor y volvi&#243; a encenderse. Estaba pensando, pensando desesperadamente. &#191;Qu&#233; pod&#237;a utilizar como arma contra &#233;l cuando entrara? Ten&#237;a un bote de espray de pimienta en el bolso, pero con eso s&#243;lo lograr&#237;a aturdirle un momento, tal vez un par de minutos si le apuntaba a los ojos. Necesitaba algo con que noquearle.

Lo &#250;nico que ten&#237;a era la bota. La cogi&#243;, consciente de que la piel suave estaba mojada, y toc&#243; el tac&#243;n cubano. Su dureza le inspir&#243; confianza. Pod&#237;a esconderla detr&#225;s de su cuerpo, esperar a que asomara la cara y entonces lanzarla hacia arriba. Sorprenderle.

Un mont&#243;n de preguntas daba vueltas en su cabeza. &#191;Ten&#237;a la certeza de que Ricky se encontraba all&#237; dentro? &#191;La hab&#237;a esperado en la escalera y luego parado el ascensor de alguna forma cuando vio que lo cog&#237;a?

El silencio continu&#243;. S&#243;lo o&#237;a ese latido r&#225;pido de su coraz&#243;n, como un guante de boxeo golpeando un saco de arena.

Entonces, a pesar del miedo, sinti&#243; un fogonazo de ira.

&#161;Tan cerca, tan cerca, maldita sea! &#161;Mis sue&#241;os est&#225;n tan tentadoramente cerca! Tienes que salir de aqu&#237; dentro. &#161;Tienes que salir de aqu&#237; como sea!

De repente, el ascensor comenz&#243; a elevarse despacio otra vez y entonces se par&#243; con otra sacudida repentina.

El chirrido del metal contra el metal.

Luego la punta angulosa de una palanca penetr&#243; rechinando en la ranura de las puertas.



28

Septiembre de 2007


El gemido chirriante del cabrestante. El ruido del motor diesel de la gr&#250;a T &K del servicio de remolque 24 horas.

Lisa apart&#243; con la mano una maldita nube de moscas.

&#161;Fuera, joder! -les grit&#243;-. Largaos, &#191;vale?

El ruido se transform&#243; en un rugido cuando el cable de acero se tens&#243; y el tipo de la cabina aceler&#243; para dar m&#225;s potencia al cabrestante.

Lisa estaba intrigada por saber qu&#233; pasar&#237;a a continuaci&#243;n, por descubrir para empezar qu&#233; hac&#237;a el coche all&#237; abajo.

Nadie conduce tres kil&#243;metros por un camino de tierra y luego cae a un r&#237;o por accidente -dijo MJ. Luego a&#241;adi&#243;-: Ni siquiera una mujer.

El comentario le vali&#243; una patada en la espinilla de Lisa.

Uno de los polic&#237;as locales de Geelong que hab&#237;a aparecido, el m&#225;s bajito y tranquilo de los dos, les dijo que seguramente el coche se hab&#237;a utilizado en un delito y luego lo hab&#237;an despe&#241;ado. Quien lo hubiera dejado all&#237; no hab&#237;a contado con que la sequ&#237;a provocar&#237;a que el nivel del agua bajara tanto.

Una mosca se pos&#243; en la mejilla de Lisa. Se dio un bofet&#243;n en la cara, pero el insecto era demasiado r&#225;pido. El tiempo era distinto para las moscas, le hab&#237;a dijo un d&#237;a MJ. Un segundo para un humano era como diez para una mosca, lo que significaba que la mosca lo ve&#237;a todo como a c&#225;mara lenta. Dispon&#237;a de todo el tiempo del mundo para escapar de una mano.

MJ lo sab&#237;a todo sobre moscas. No era sorprendente, pens&#243;, si viv&#237;as en Melbourne y te gustaba ir al monte. Te convert&#237;as en un experto m&#225;s deprisa de lo que jam&#225;s habr&#237;as cre&#237;do posible. Se reproduc&#237;an en el esti&#233;rcol, le hab&#237;a contado la &#250;ltima vez que hab&#237;an ido de camping, lo que implicaba que nunca m&#225;s volver&#237;a a comer nada sobre lo que se hubiera posado una mosca.

Lisa mir&#243; el coche patrulla blanco con su franja a cuadros azules y blancos y la furgoneta blanca de la polic&#237;a pintada igual, ambos con sus luces azules y rojas en el techo. De pie abajo entre los arbustos a orillas del r&#237;o, hab&#237;a dos buzos de la polic&#237;a con trajes de neopreno y aletas y m&#225;scaras en la cabeza, observando c&#243;mo el cabo de acero tenso sal&#237;a sin pausa del agua.

Pero las moscas tambi&#233;n ten&#237;an su funci&#243;n: ayudaban a quitar de en medio cosas muertas: p&#225;jaros, conejos, canguros y tambi&#233;n seres humanos. Eran unos de los peque&#241;os ayudantes de la Madre Naturaleza, s&#243;lo que resultaba que ten&#237;an unos modales horribles en la mesa, como vomitar en la comida antes de ingerirla. En general no eran buenos invitados a cenar, decidi&#243; Lisa.

Le ca&#237;an gotas de sudor por la cara debido al calor. MJ la rodeaba con un brazo y en la otra mano sosten&#237;a una botella de agua que compart&#237;an. Lisa hab&#237;a pasado su brazo alrededor de la cintura de &#233;l, los dedos metidos en la cinturilla, notando el sudor en su camiseta h&#250;meda. A las moscas les gustaba beber el sudor humano, &#233;se era otro dato valioso que le hab&#237;a proporcionado MJ. No conten&#237;a muchas prote&#237;nas, pero s&#237; los minerales que necesitaban. El sudor humano era el equivalente para las moscas de Perder, o Badoit, o cualquier otra marca de agua embotellada.

El r&#237;o se convirti&#243; en una masa repentina de remolinos justo delante de donde hab&#237;a entrado el cable. Era como si el agua estuviera hirviendo. Las burbujas explotaban en la superficie y se transformaban en espuma. El polic&#237;a m&#225;s alto y nervioso no paraba de gritar instrucciones que a Lisa le parec&#237;an innecesarias, ya que todo el mundo parec&#237;a saber qu&#233; deb&#237;a hacer. Ten&#237;a el pelo muy corto y la nariz aguile&#241;a y Lisa supuso que tendr&#237;a unos cuarenta y pocos a&#241;os. Tanto &#233;l como su compa&#241;ero m&#225;s joven vest&#237;an de uniforme: camisa abierta con charreteras y un escudo tejido de la polic&#237;a de Victoria en una manga, pantalones azul marino y zapatos resistentes. Las moscas tambi&#233;n se divert&#237;an con ellos.

Lisa observ&#243; la parte trasera de un turismo verde oscuro rompiendo la superficie y el agua cayendo a borbotones de &#233;l.

El ruido anulaba el rugido del cabrestante y el bramido del motor de la gr&#250;a. Ley&#243; la matr&#237;cula, OPH 010, y la leyenda que hab&#237;a escrita debajo: Victoria  El lugar donde estar.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevaba ah&#237; abajo?

No era experta en coches, pero algo s&#237; sab&#237;a; lo suficiente como para reconocer que se trataba de un Ford Falcon antiguo, de m&#225;s de cinco a&#241;os o quiz&#225;s incluso diez. Pronto apareci&#243; el parabrisas trasero, luego el techo. La pintura brillaba con el agua, pero todo el cromo se hab&#237;a oxidado. Los neum&#225;ticos estaban casi desinflados y se agitaron sobre el terreno &#225;rido y arenoso cuando el coche fue arrastrado por detr&#225;s por la pendiente pronunciada. El agua sal&#237;a del interior vac&#237;o a trav&#233;s de las ranuras de las puertas y los arcos de las ruedas.

Era una imagen estremecedora, pens&#243; Lisa.

Al cabo de varios minutos, el Falcon por fin estuvo en terreno llano, inm&#243;vil sobre las llantas, los neum&#225;ticos como panzas negras. Ahora el cable estaba flojo y el conductor de la gr&#250;a se hab&#237;a arrodillado debajo de la puerta trasera para desengancharlo. El chirrido del cabrestante hab&#237;a parado y el motor de la gr&#250;a call&#243;. S&#243;lo se o&#237;a el agua que ca&#237;a del veh&#237;culo.

Los dos polic&#237;as rodearon el coche, observando con cautela por las ventanillas. El alto y nervioso ten&#237;a la mano sobre la culata de la pistola, como si esperara que alguien saltara de dentro en cualquier momento y le desafiara. El m&#225;s bajito apart&#243; algunas moscas m&#225;s con la mano. El ave del para&#237;so volvi&#243; a cantar en el silencio renovado.

Entonces el polic&#237;a m&#225;s alto puls&#243; el bot&#243;n de apertura del maletero. No pas&#243; nada. Volvi&#243; a intentarlo, tirando de la puerta al mismo tiempo. Se levant&#243; unos cent&#237;metros con un chirrido agudo de protesta de las bisagras oxidadas. Entonces lo abri&#243; del todo.

Y retrocedi&#243; un paso, impactado al oler lo que hab&#237;a dentro antes incluso de verla.

&#161;Oh, Dios m&#237;o! -dijo, se dio la vuelta y le entraron arcadas.



29

Octubre de 2007


El gris era el color por defecto de la muerte, pens&#243; Roy Grace. Huesos grises, cenizas grises cuando te incineraban, l&#225;pidas grises, radiograf&#237;as dentales grises, las paredes grises del dep&#243;sito de cad&#225;veres. Te pudrieras en un ata&#250;d o en un desag&#252;e, todo lo que al final quedaba de ti ser&#237;a gris.

Los huesos grises sobre una mesa de autopsias de acero gris analizados por instrumentos de acero grises. Incluso la luz era gris aqu&#237; dentro, una luz et&#233;rea extra&#241;amente difusa que se filtraba por las ventanas grandes y opacas. Los fantasmas tambi&#233;n eran grises; damas grises, hombres grises. Hab&#237;a muchos en la sala de autopsias del dep&#243;sito de cad&#225;veres municipal de Brighton y Hove. Los fantasmas de miles de personas desafortunadas cuyos restos hab&#237;an acabado aqu&#237;, en estas instalaciones sombr&#237;as con sus paredes grises y rugosas, para descansar detr&#225;s de las puertas de acero gris de los congeladores antes de iniciar su pen&#250;ltimo viaje a la funeraria, luego al entierro o la incineraci&#243;n.

Se estremeci&#243;, no pudo evitarlo. A pesar de que &#250;ltimamente le importaba menos venir aqu&#237;, porque la mujer a quien amaba era la encargada, este lugar todav&#237;a le pon&#237;a los pelos de punta.

Le pon&#237;a los pelos de punta ver el esqueleto, con sus u&#241;as postizas y mechones de pelo dorado todav&#237;a pegados al cr&#225;neo.

Y le pon&#237;a los pelos de punta ver a todas esas figuras con batas verdes presentes en la sala: Frazer Theobald, Joan Major y Barry Heath, la &#250;ltima incorporaci&#243;n al equipo de la oficina del forense de la zona. Era un hombre bajito, bien vestido y con cara de p&#243;quer que se hab&#237;a retirado hac&#237;a poco del cuerpo de polic&#237;a. Su s&#243;rdido trabajo no consist&#237;a s&#243;lo en acudir a las escenas de los cr&#237;menes, sino tambi&#233;n a las escenas de muertes repentinas, como en el caso de las v&#237;ctimas de accidentes de tr&#225;fico y suicidios, y luego asistir a las autopsias. Tambi&#233;n estaba el fot&#243;grafo del SOCO para registrar cada paso del proceso. Y Darren, el ayudante de Cleo, un chico de veinte a&#241;os perspicaz, guapo y de car&#225;cter agradable, con el pelo negro de punta muy moderno, que hab&#237;a comenzado su vida laboral trabajando de aprendiz de carnicero. Y tambi&#233;n Christopher Ghent, el odont&#243;logo forense alto y aplicado que estaba ocupado sacando moldes de arcilla de los dientes del esqueleto.

Y finalmente Cleo. No estaba de guardia, pero hab&#237;a decidido que como a &#233;l le tocaba trabajar, ella tambi&#233;n lo har&#237;a.

A veces a Roy le costaba creer que de verdad estuviera saliendo con aquella diosa.

La observ&#243; ahora, alta y de piernas largas y casi incre&#237;blemente hermosa con su bata verde, botas de agua blancas y la melena rubia recogida. Se mov&#237;a por la sala, su sala, su territorio, con gracia y soltura, sensible pero al mismo tiempo impermeable a todos sus horrores.

Pero no dej&#243; de preguntarse si, por efecto de alguna iron&#237;a terrible, estar&#237;a contemplando a la mujer que amaba amortajando los restos de la mujer que hab&#237;a amado.

La sala apestaba a desinfectante. Estaba amueblada con dos mesas de autopsias de acero con ruedas, una fijada a la otra, en las que ahora descansaban los restos de la mujer. Hab&#237;a un torno hidr&#225;ulico azul junto a una hilera de neveras con puertas del suelo al techo. Las paredes estaban alicatadas en gris y un desag&#252;e recorr&#237;a todo el per&#237;metro de la sala. En una pared hab&#237;a una fila de fregaderos con una manguera amarilla enrollada; en la otra una superficie de trabajo ancha, una tabla de cortar met&#225;lica y una vitrina de cristal llena de instrumentos, algunos paquetes de pilas Duracell y recuerdos truculentos que nadie m&#225;s quer&#237;a y que hab&#237;an extra&#237;do de las v&#237;ctimas -principalmente marcapasos.

Junto a la vitrina hab&#237;a un gr&#225;fico de pared en el que figuraba el nombre del fallecido, con columnas para el peso del cerebro, los pulmones, el coraz&#243;n, el h&#237;gado, los ri&#241;ones y el bazo. De momento, lo &#250;nico que aparec&#237;a escrito en &#233;l era: An&#243;n. Mujer.

La sala era bastante grande, pero esa tarde parec&#237;a abarrotada, como siempre que un pat&#243;logo del Ministerio del Interior practicaba una autopsia.

Hay tres empastes -dijo Christopher Ghent a nadie en particular-. Una incrustaci&#243;n de oro. Un puente, superior derecho, del sexto al quinto. Un par de empastes de composite. Una amalgama.

Grace escuchaba, intentando recordar qu&#233; tipo de arreglos odontol&#243;gicos se hab&#237;a hecho Sandy, pero la explicaci&#243;n era demasiado t&#233;cnica para &#233;l.

De un malet&#237;n grande, Joan Major estaba sacando una serie de modelos de escayola. Estaban ah&#237;, en pedestales cuadrados de pl&#225;stico negro, como fragmentos arqueol&#243;gicos rotos recuperados de una excavaci&#243;n importante. Los hab&#237;a visto antes, pero siempre le hab&#237;a costado comprender las diferencias sutiles que ilustraban.

Cuando Christopher Ghent acab&#243; de recitar su an&#225;lisis odontol&#243;gico, Joan comenz&#243; a explicar de qu&#233; manera cada modelo mostraba la comparaci&#243;n de las distintas etapas del desarrollo &#243;seo. Concluy&#243; declarando que los restos pertenec&#237;an a una mujer de unos treinta a&#241;os de edad, tres a&#241;os arriba, tres abajo.

As&#237; que todav&#237;a encajaba con la franja de edad que ten&#237;a Sandy cuando desapareci&#243;.

Grace sab&#237;a que deb&#237;a apartar aquella idea de su cabeza, que no era profesional dejarse influir por su vida personal. Pero &#191;c&#243;mo pod&#237;a evitarlo?



30

11 de septiembre de 2001


El suelo temblaba. Docenas de llaves ciegas, colgadas en filas de unos ganchos en la pared de la tienda, tintineaban. Varias latas de pintura cayeron de una estanter&#237;a. La tapa de una salt&#243; al chocar contra el suelo y la pintura de magnolia se derram&#243;. Una caja de cart&#243;n se volc&#243; y los tornillos de lat&#243;n se retorcieron como gusanos por el lin&#243;leo.

Estaba oscuro en la ferreter&#237;a estrecha y profunda situada a unos cientos de metros del World Trade Center en la que Ronnie se hab&#237;a refugiado siguiendo al polic&#237;a alto. Unos minutos antes se hab&#237;a ido la corriente, s&#243;lo hab&#237;a encendida una luz de emergencia conectada a una bater&#237;a. Un tornado de polvo rugiente pas&#243; por delante del escaparate, m&#225;s negro por unos momentos que la noche.

Una mujer descalza que llevaba un traje caro, y que no parec&#237;a haber estado en una ferreter&#237;a en su vida, lloraba. Una figura delgada con un mono marr&#243;n y pelo gris atado en una coleta estaba detr&#225;s del mostrador que ocupaba todo el largo de la tienda, presidiendo la penumbra en un silencio l&#250;gubre e impotente.

Ronnie todav&#237;a sujetaba con fuerza el asa de su trolley. Milagrosamente, el malet&#237;n todav&#237;a descansaba encima.

Fuera, un coche patrulla pas&#243; girando boca abajo, como una peonza, y se detuvo. Ten&#237;a las puertas abiertas y la luz de dentro estaba encendida. Dentro no hab&#237;a nadie y el micr&#243;fono de la radio pend&#237;a del cable enrollado.

Una grieta apareci&#243; de repente en la pared a su izquierda y un grupo de estanter&#237;as, cargada de cajas de pinceles de distintos tama&#241;os, cay&#243; al suelo. La mujer que lloraba grit&#243;.

Ronnie retrocedi&#243; un paso peg&#225;ndose al mostrador, pensando. Una vez estaba en un restaurante en Los &#193;ngeles y hubo un terremoto peque&#241;o. Su compa&#241;ero le dijo que los marcos de las puertas eran las estructuras m&#225;s resistentes. Si el edificio se desmoronaba, la mejor opci&#243;n para sobrevivir era ponerse debajo de uno.

Se dirigi&#243; hacia la puerta.

Yo no saldr&#237;a ahora, amigo -dijo el polic&#237;a.

Entonces una avalancha de cascotes, cristales y escombros se desplom&#243; justo delante del escaparate y sepult&#243; el coche patrulla. La alarma antirrobo de la tienda se dispar&#243;, un aullido penetrante y quejumbroso. El tipo de la coleta desapareci&#243; un momento y el sonido call&#243;, igual que el tintineo de las llaves.

El suelo ya no temblaba.

Hubo un silencio muy largo. Fuera, la tormenta de polvo comenz&#243; a despejarse bastante deprisa, como si despuntara el alba.

Ronnie abri&#243; la puerta.

Yo no saldr&#237;a ah&#237; fuera, &#191;sabe qu&#233; quiero decir? -repiti&#243; el polic&#237;a.

Ronnie lo mir&#243;, dudando. Entonces empuj&#243; la puerta y sali&#243;, arrastrando el trolley tras &#233;l.

Sali&#243; a un silencio total. El silencio de un alud al amanecer. Hab&#237;a nieve gris por todas partes.

Silencio gris.

Entonces empez&#243; a o&#237;r los sonidos: alarmas de incendio, alarmas antirrobo, alarmas de coches, gritos de personas, sirenas de veh&#237;culos de emergencias, helic&#243;pteros.

Figuras grises pasaban tropez&#225;ndose en silencio a su lado, una fila interminable de mujeres y hombres con rostros inexpresivos y hundidos. Algunos caminaban, otros corr&#237;an; muchos pulsaban fren&#233;ticamente las teclas de sus tel&#233;fonos. Los sigui&#243;, tambale&#225;ndose a ciegas a trav&#233;s de la niebla gris que hac&#237;a que le picaran los ojos y le obstru&#237;a la boca y la nariz.

Simplemente los sigui&#243;, arrastrando la maleta. Los sigui&#243;, manteniendo el ritmo. Las vigas de un puente se elevaban a ambos lados. El puente de Brooklyn, pens&#243;, seg&#250;n sus escasos conocimientos de Nueva York. Corriendo, tambale&#225;ndose, cruzando el r&#237;o. Cruzando un puente interminable a trav&#233;s de un infierno gris interminable, revuelto, asfixiante.

Ronnie perdi&#243; la noci&#243;n del tiempo y de ad&#243;nde se dirig&#237;a.

Simplemente sigui&#243; a los fantasmas grises. De repente, por un instante fugaz, percibi&#243; el olor a sal, y luego otra vez los olores a quemado, a carburante, pintura, goma. En cualquier momento pod&#237;a chocar otro avi&#243;n.

Comenzaba a asimilar la realidad de lo que hab&#237;a sucedido. Esperaba que Donald Hatcook estuviera bien. Pero &#191;y si no era as&#237;? El plan de negocio que hab&#237;a ideado era formidable. Pod&#237;an ganar millones en los pr&#243;ximos cinco a&#241;os. &#161;Millones, joder! Pero si Donald hab&#237;a muerto, &#191;qu&#233;?

Vio siluetas a lo lejos, altas e irregulares. Brooklyn. No hab&#237;a estado en Brooklyn en su vida, s&#243;lo lo hab&#237;a visto desde el otro lado del r&#237;o. Se acercaba m&#225;s a cada paso que daba. El aire tambi&#233;n era mejor, bocanadas m&#225;s prolongadas de aire salado del mar. La bruma se dilu&#237;a.

Y de repente, se encontr&#243; bajando por una pendiente hacia el otro extremo del puente. Se detuvo y se dio la vuelta. Algo b&#237;blico le vino a la mente, un recuerdo sobre la mujer de Lot d&#225;ndose la vuelta, convirti&#233;ndose en una estatua de sal. Es lo que le parec&#237;a la fila interminable de personas que pasaban delante de &#233;l: estatuas de sal.

Se agarr&#243; a una barandilla met&#225;lica con una mano y volvi&#243; a mirar. Abajo, la luz del sol moteaba el agua. Un mill&#243;n de puntitos brillantes blancos bailaban sobre las ondas. Luego, m&#225;s all&#225;, todo Manhattan parec&#237;a estar en llamas. Una cortina de columnas de humo gris, marr&#243;n, blanco y negro se elevaba hacia el cielo azul intenso y envolv&#237;a los rascacielos.

Ronnie temblaba sin control y necesitaba desesperadamente ordenar sus pensamientos. Hurg&#243; en los bolsillos, sac&#243; el paquete de Marlboro y encendi&#243; uno. Dio cuatro caladas profundas y r&#225;pidas, pero no le supieron bien por todo lo que ten&#237;a en la garganta, as&#237; que tir&#243; el cigarrillo al agua. Estaba mareado, todav&#237;a notaba el cuello m&#225;s reseco.

Se reincorpor&#243; a la procesi&#243;n de fantasmas, sigui&#233;ndoles hasta una calle donde parecieron dispersarse en distintas direcciones. Volvi&#243; a detenerse cuando le vino un pensamiento a la cabeza y, mientras lo asimilaba, de repente quiso paz y tranquilidad. Se desvi&#243; y camin&#243; por una calle lateral que estaba desierta. Pas&#243; por delante de una hilera de edificios de oficinas, las ruedas del trolley segu&#237;an trotando detr&#225;s de &#233;l.

Totalmente absorto, anduvo mucho rato por calles pr&#225;cticamente desiertas antes de encontrarse frente a la rampa de entrada a una autopista. A poca distancia delante de &#233;l, hab&#237;a una valla publicitaria alta que se elevaba hasta el cielo, con la palabra Kentile estampada en rojo. Entonces oy&#243; el rugido de un motor y al momento siguiente, una camioneta roja de cuatro puertas se detuvo a su lado.

Se baj&#243; la ventanilla y un hombre con una camisa a cuadros y una gorra de los Yankees de Nueva York le mir&#243;.

&#191;Quieres subir, amigo?

Ronnie se par&#243;, sobresaltado y confuso por la pregunta, y sudando como un cerdo. &#191;Subir? &#191;Quer&#237;a subir? &#191;Para ir ad&#243;nde?

No estaba seguro. &#191;Quer&#237;a?

Vio figuras dentro. Fantasmas api&#241;ados.

Hay sitio para uno m&#225;s.

&#191;Ad&#243;nde vas? -pregunt&#243; sin convicci&#243;n, como si tuviera todo tipo de opciones.

El hombre ten&#237;a la voz nasal, como si los graves de sus cuerdas vocales estuvieran al m&#225;ximo.

Hay m&#225;s aviones. Habr&#225; m&#225;s aviones en cualquier momento. Tenemos que salir de aqu&#237;. Diez aviones m&#225;s, quiz&#225; m&#225;s. Mierda, t&#237;o, esto no ha hecho m&#225;s que empezar, joder.

Yo Eh Tengo que reunirme -Ronnie se call&#243;. Mir&#243; la puerta abierta, los asientos azules, el mono del hombre. Era un tipo mayor con una nuez prominente y cuello de tortuga. Ten&#237;a la cara arrugada y amable.

Entra. Te llevar&#233;.

Ronnie dio la vuelta y subi&#243; delante, junto al hombre. Ten&#237;a puestas las noticias a todo volumen. Una mujer dec&#237;a que la zona de Wall Street de Manhattan y Battery Park estaba intransitable.

Mientras Ronnie buscaba a tientas el cintur&#243;n, el conductor le pas&#243; una botella de agua. De repente se percat&#243; de la sed que ten&#237;a y la apur&#243; agradecido.

Yo limpio ventanas, &#191;sabes? En el Center, &#191;sabes?

Ya -dijo Ronnie distra&#237;do.

Todas mis putas herramientas de limpieza est&#225;n en la Torre Sur, &#191;me entiendes?

Ronnie no lo sab&#237;a, no exactamente, porque s&#243;lo le escuchaba a medias.

Ya -contest&#243;.

Supongo que tendr&#233; que volver despu&#233;s.

Despu&#233;s -repiti&#243; Ronnie, con indiferencia.

&#191;Est&#225;s bien?

&#191;Yo?

La camioneta avanz&#243;. El interior ol&#237;a a perro y caf&#233;.

Tenemos que salir de aqu&#237;. Han alcanzado el Pent&#225;gono. Hay unos diez aviones ah&#237; arriba, joder, viniendo hacia nosotros. Esto es tremendo. &#161;Tremeeendo!

Ronnie gir&#243; la cabeza. Mir&#243; a las tres figuras api&#241;adas detr&#225;s de &#233;l. Ninguna lo mir&#243;.

Los &#225;-ra-bes -dijo el conductor-. Los &#225;-ra-bes han hecho esto.

En el portavasos, Ronnie vio un vaso de pl&#225;stico de Starbucks con una servilleta de papel manchada de caf&#233; alrededor. Al lado hab&#237;a una botella de agua.

Esto, esto s&#243;lo es el principio -continu&#243; el conductor-. Suerte que tenemos un presidente fuerte. Suerte que tenemos a George Bush.

Ronnie no dijo nada.

&#191;Est&#225;s bien? &#191;No est&#225;s herido ni nada?

Se dirig&#237;an a la autopista. S&#243;lo un pu&#241;ado de veh&#237;culos iba en direcci&#243;n contraria, por un tramo elevado. Delante de ellos hab&#237;a una se&#241;al verde dividida en dos. En la parte de la izquierda dec&#237;a Salida 24 Prospect Expwy Este. En la parte de la derecha dec&#237;a Verrazano Br 278 Oeste, Staten Is.

Ronnie no contest&#243; porque no le oy&#243;. Volv&#237;a a estar sumido en sus pensamientos.

Puliendo la idea. Era una locura, un mero producto de su estado convulso, pero no pod&#237;a quit&#225;rsela de la cabeza. Y cuanto m&#225;s pensaba en ello, m&#225;s empezaba a preguntarse si podr&#237;a sostenerse. Era un plan alternativo a Donald Hatcook.

Un plan todav&#237;a mejor quiz&#225;.

Apag&#243; el m&#243;vil.



31

Octubre de 2007


Aterrorizada, Abby observ&#243; la punta de la palanca de hierro. Se mov&#237;a bruscamente, a ciegas, a derecha e izquierda, separando las puertas, s&#243;lo unos cinco cent&#237;metros cada vez antes de que volvieran a cerrarse de golpe y aprisionaran la punta.

Hubo otro golpe enorme en el techo y esta vez s&#237; pareci&#243; como si alguien hubiera saltado encima. El ascensor se balance&#243;, golpe&#243; contra el lateral del hueco, la desequilibr&#243; y al intentar evitar chocar contra la pared el bote de spray de pimienta le cay&#243; de la mano con un ruido sordo.

Con un fuerte chirrido met&#225;lico, las puertas empezaron a abrirse.

La invadi&#243; un terror fr&#237;o.

Ahora no se abr&#237;an cinco cent&#237;metros, sino m&#225;s, mucho m&#225;s.

Abby se agach&#243; y busc&#243; desesperadamente el spray en el suelo. La luz lo ilumin&#243; todo. Vio el bote y lo cogi&#243;, presa del p&#225;nico. Entonces, sin perder un segundo para mirar, se lanz&#243; hacia delante, apretando el disparador, apuntando directamente al espacio cada vez m&#225;s ancho entre las puertas.

Directamente a los brazos fuertes que la agarraron y la sacaron del ascensor y la dejaron en el descansillo.

Ella grit&#243;, retorci&#233;ndose con desesperaci&#243;n, intentando soltarse. Cuando volvi&#243; a apretar el disparador, no sali&#243; nada.

Cabr&#243;n-grit&#243;-. &#161;Cabr&#243;n!

No pasa nada, guapa. Ya est&#225;, amiga.

No reconoci&#243; la voz. No era la de &#233;l.

&#161;Su&#233;ltame! -chill&#243;, golpe&#225;ndole con los pies descalzos.

El hombre la agarraba con mucha fuerza.

&#191;Amiga? &#191;Se&#241;orita? C&#225;lmese. Est&#225; a salvo. No pasa nada. &#161;Est&#225; a salvo!

Una cara debajo de un casco amarillo le sonri&#243;. Un casco de bombero. Un mono verde con franjas fosforescentes. Oy&#243; las interferencias de una radio.

M&#225;s arriba hab&#237;a dos bomberos con casco, otro esperaba unos pelda&#241;os m&#225;s abajo.

El hombre que la sujetaba volvi&#243; a sonre&#237;r para tranquilizarla.

Est&#225; bien, querida. Est&#225; a salvo -dijo.

Abby estaba temblando. &#191;Eran reales? &#191;Se trataba de una trampa?

Parec&#237;an bomberos de verdad, pero sigui&#243; agarrando con fuerza el spray de pimienta. Ricky era capaz de todo.

Entonces vio la cara hosca del viejo conserje polaco, que sub&#237;a las escaleras asfixiado con su sudadera mugrienta y pantalones marrones.

A m&#237; no pagar para trabajar fines de semana -refunfu&#241;&#243;-. Culpa administradores. &#161;Yo meses diciendo ascensor mal! &#161;Meses! -Mir&#243; a Abby y frunci&#243; el ce&#241;o. Se&#241;al&#243; hacia arriba con un dedo con una u&#241;a negra-. Piso 82, &#191;verdad?

S&#237; -contest&#243; ella.

Administradores -dijo con su acento gutural, resollando-. No sirven. Yo digo, todos los d&#237;as yo digo.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevaba encerrada ah&#237; dentro, guapa? -le pregunt&#243; su salvador.

Era atractivo, ten&#237;a unos treinta a&#241;os, aire de adolescente de grupo de pop y las cejas negras casi demasiado perfectas para ser naturales. Abby lo mir&#243; con cautela, como si fuera demasiado guapo para ser bombero, como si todo fuera parte del enga&#241;o elaborado de Ricky. Entonces se percat&#243; de que temblaba casi demasiado para poder hablar.

&#191;Tiene agua?

Momentos despu&#233;s le pusieron una botella de agua en la mano. Bebi&#243; a tragos ansiosos, derram&#243; un poco y le cay&#243; por la barbilla desliz&#225;ndose hasta el cuello. Se la termin&#243; antes de hablar.

Gracias.

Alarg&#243; la botella vac&#237;a y una mano oculta la cogi&#243;.

Desde anoche -dijo-. Llevo en este maldito trasto desde creo Desde anoche. &#191;Hoy es s&#225;bado?

S&#237;. Son las cinco y veinte de la tarde del s&#225;bado.

Desde ayer. Justo pasadas las seis y media de ayer. -Mir&#243; furiosa al conserje-. &#191;No comprueba que funcione la puta alarma? &#191;O el puto tel&#233;fono del aparato?

Administradores. -Se encogi&#243; de hombros, como si se les pudieran achacar todos los problemas del universo.

Ser&#225; mejor que la llevemos al hospital para que le hagan un reconocimiento -dijo el bombero guapo.

Aquello la aterroriz&#243;.

No No Estoy muy bien, gracias. Yo Yo s&#243;lo

Llamaremos a una ambulancia.

No -dijo Abby con contundencia-. No. No necesito ir a ning&#250;n hospital.

Mir&#243; las botas ca&#237;das, que segu&#237;an en el ascensor, y la mancha h&#250;meda en el suelo. No ol&#237;a nada, pero sab&#237;a que ah&#237; dentro ten&#237;a que apestar.

La radio volvi&#243; a emitir interferencias y Abby oy&#243; una llamada. El bombero respondi&#243;.

Estamos aqu&#237;. La persona atrapada est&#225; a salvo. No requerimos asistencia m&#233;dica. Repito. No requerimos asistencia m&#233;dica.

Yo Pensaba que iba a caerse, &#191;sabe? En cualquier momento. Pensaba que iba a caerse Y que yo iba a

No, no hay peligro. Se ha roto una polea, pero no se habr&#237;a ca&#237;do. -Su voz se apag&#243; y por un momento pareci&#243; pensativo, dirigiendo r&#225;pidamente su mirada al techo del ascensor-. &#191;Vive aqu&#237;?

Abby asinti&#243;.

Deber&#237;a comprobar los gastos de la comunidad -dijo, y dej&#243; de agarrarla tan fuerte-. Asegurarse de que el mantenimiento del ascensor consta en ellos.

El conserje hizo un comentario, algo m&#225;s sobre los administradores, pero apenas lo oy&#243;. El alivio que sent&#237;a por ser liberada fue breve. Era genial haber salido del maldito ascensor, pero eso no significaba en absoluto que estuviera fuera de peligro.

Se agach&#243; para intentar alcanzar sus botas sin volver a entrar en el ascensor, pero no llegaba. El bombero se inclin&#243; y las rescat&#243; con el dorso del hacha. Estaba claro que no era tan est&#250;pido como para entrar.

&#191;Qui&#233;n les ha avisado? -pregunt&#243; Abby.

Una mujer del -Hizo una pausa para leer una nota en su libreta-. Del piso 47. Intent&#243; llamar al ascensor varias veces esta tarde, luego inform&#243; de que hab&#237;a o&#237;do a alguien pidiendo socorro.

Mientras anotaba mentalmente darle las gracias alg&#250;n d&#237;a, Abby mir&#243; con cautela las escaleras, cubiertas con fundas para protegerlas del polvo que levantaban los obreros y plagadas de placas de yeso y materiales de construcci&#243;n.

Deber&#237;a comer algo en cuanto pueda -le recomend&#243; el bombero-. Algo ligero solamente, una sopa o algo as&#237;. Subir&#233; a su piso con usted, para asegurarme de que est&#225; bien.

Abby le dio las gracias, luego mir&#243; su spray Mace y se pregunt&#243; por qu&#233; no hab&#237;a funcionado. Se dio cuenta de que no hab&#237;a quitado el seguro. Se lo guard&#243; en el bolso y, con las botas en la mano, comenz&#243; a subir las escaleras, sorteando con cuidado el caos de los obreros. Pensando.

&#191;Hab&#237;a saboteado Ricky el ascensor? &#191;Y el tel&#233;fono y la alarma? &#191;Era demasiado rocambolesco pensar que lo hab&#237;a hecho &#233;l?

Cuando lleg&#243; a la puerta descubri&#243; aliviada que todas las cerraduras estaban como las hab&#237;a dejado. Aun as&#237;, despu&#233;s de darle las gracias otra vez al bombero, entr&#243; con cautela, comprobando que el hilo del recibidor estuviera intacto antes de cerrar la puerta con llave y pasar las cadenas de seguridad. Luego, s&#243;lo para asegurarse, comprob&#243; todas las habitaciones del piso.

Todo estaba bien. No hab&#237;a entrado nadie.

Fue a la cocina a prepararse un t&#233; y cogi&#243; un Kit-Kat de la nevera. Acababa de meterse un trozo en la boca cuando son&#243; el timbre, seguido de inmediato por un golpe seco en la puerta.

Masticando, y con los nervios de punta por si era Ricky, se acerc&#243; deprisa y con cautela a la puerta y mir&#243; por la mirilla. Vio a un hombre menudo de rostro delgado y unos veintipocos a&#241;os, moreno, con el pelo peinado hacia delante y vestido de traje.

&#191;Qui&#233;n diablos era? &#191;Un vendedor? &#191;Un testigo de Jehov&#225; -pero normalmente no iban en pareja-? O tal vez tuviera algo que ver con el cuerpo de bomberos. Ahora mismo, muerta de cansancio, temblorosa y hambrienta, s&#243;lo quer&#237;a prepararse una taza de t&#233;, comer algo, apurar varias copas de vino tinto y sobar.

Saber que el hombre habr&#237;a tenido que pasar por delante del conserje y de los bomberos para llegar hasta aqu&#237; apacigu&#243; un poco sus miedos. Tras comprobar que las dos cadenas de seguridad estaban bien puestas, gir&#243; la llave y abri&#243; la puerta los pocos cent&#237;metros que cedi&#243;.

&#191;Katherine Jennings? -le pregunt&#243; con voz aguda e invasiva. Not&#243; su aliento c&#225;lido en la cara, ol&#237;a a chicle de menta.

Katherine Jennings era el nombre con el que hab&#237;a alquilado el piso.

&#191;S&#237;? -contest&#243; Abby.

Kevin Spinella, del peri&#243;dico Argus. Me preguntaba si podr&#237;a dedicarme unos momentos de su tiempo.

Lo siento -dijo ella, e intent&#243; cerrar la puerta de inmediato. Pero el hombre la atasc&#243; con el pie.

S&#243;lo quiero unas palabras r&#225;pidas para citarlas.

Lo siento -respondi&#243;-. No tengo nada que decir.

&#191;No est&#225; agradecida al cuerpo de bomberos por rescatarla?

No, yo no he dicho

Mierda. Ahora el hombre escrib&#237;a algo en su libreta.

Mire, se&#241;orita &#191;Se&#241;ora Jennings?

Abby no mordi&#243; el anzuelo.

El periodista prosigui&#243;.

Tengo entendido que acaba de pasar por una experiencia terrible &#191;Le parece bien que le env&#237;e a un fot&#243;grafo?

No, no me parece bien -dijo-. Estoy muy cansada.

&#191;Ma&#241;ana por la ma&#241;ana tal vez? &#191;A qu&#233; hora le ir&#237;a bien?

No, gracias. Y quite el pie, por favor.

&#191;Crey&#243; que su vida corr&#237;a peligro?

Estoy muy cansada -contest&#243;-. Gracias.

Bien, entiendo, ha sido muy duro. Le dir&#233; qu&#233; haremos. Me pasar&#233; ma&#241;ana con un fot&#243;grafo. &#191;Sobre las diez de la ma&#241;ana le parece bien? &#191;No ser&#225; demasiado pronto para un domingo?

Lo siento, no quiero publicidad.

Bien, bueno, la ver&#233; por la ma&#241;ana entonces. -Quit&#243; el pie.

No, gracias -dijo Abby con firmeza, luego cerr&#243; la puerta y gir&#243; la llave con cuidado. Mierda, era lo &#250;ltimo que necesitaba, maldita sea, su foto en el peri&#243;dico.

Temblando, y con una vor&#225;gine de pensamientos arremolin&#225;ndose en su mente, sac&#243; los cigarrillos de su bolso y encendi&#243; uno. Entonces, entr&#243; en la cocina.

Un hombre que estaba sentado en la parte trasera de una vieja furgoneta blanca, aparcada en la calle de abajo, tambi&#233;n se encendi&#243; un cigarrillo. Luego abri&#243; una lata de cerveza Foster's, procurando no salpicar el caro equipo electr&#243;nico que ten&#237;a al lado, y bebi&#243; un sorbo. Gracias a la lente insertada en el min&#250;sculo agujero que hab&#237;a perforado en el techo de la furgoneta, normalmente gozaba de una vista perfecta de su piso, aunque en estos momentos quedaba parcialmente tapado por un coche de bomberos que bloqueaba la calle. Aun as&#237;, pens&#243;, aliviaba la monoton&#237;a de su larga vigilia.

Y vio con satisfacci&#243;n, por la sombra que se mov&#237;a detr&#225;s de la ventana, que ella estaba en casa.

Hogar dulce hogar, pens&#243; para s&#237;, y sonri&#243; con iron&#237;a. Casi le pareci&#243; gracioso.



32

11 de septiembre de 2001


Lorraine, que todav&#237;a llevaba solamente la parte de abajo del bikini y la pulsera de oro en el tobillo, estaba sentada en un taburete en la cocina, mirando el peque&#241;o televisor montado sobre la encimera, esperando a que hirviera el agua. Delante de ella, en el cenicero, hab&#237;a media docena de colillas. Acababa de encenderse otro cigarrillo y estaba dando una calada honda cuando se acerc&#243; el tel&#233;fono a la oreja para hablar con Sue Klinger, su mejor amiga.

Sue y su marido, Stephen, viv&#237;an en una casa que Lorraine siempre hab&#237;a codiciado, una mansi&#243;n impresionante en Tongdean Avenue considerada por muchos como una de las residencias m&#225;s elegantes de Brighton y Hove, con vistas a toda la ciudad que se extend&#237;an hasta el mar. Los Klinger tambi&#233;n ten&#237;an un chalet en Portugal y cuatro hijos preciosos. A diferencia de Ronnie, Stephen era un rey Midas. Ronnie le hab&#237;a prometido a Lorraine que si Sue y Stephen vend&#237;an la casa alguna vez, encontrar&#237;a la forma de reunir el dinero para comprarla. S&#237;, seguro. Ni en sue&#241;os, cari&#241;o.

Repitieron las im&#225;genes de los dos aviones chocando contra las torres otra vez, y luego una vez m&#225;s, y otra y otra. Era como si quien produjera o dirigiera el programa tampoco pudiera creer lo que hab&#237;a pasado y tuviera que repetirlas para asegurarse de que era real. O tal vez alguien en estado de shock pensara que si reproduc&#237;a las im&#225;genes las veces suficientes, al final los aviones errar&#237;an el blanco y seguir&#237;an volando tranquilamente, y s&#243;lo ser&#237;a un martes por la ma&#241;ana normal en Manhattan, como si no hubiera ocurrido nada. Lorraine observ&#243; la repentina bola de fuego naranja, las densas nubes negras, y cada vez se sent&#237;a m&#225;s y m&#225;s mareada.

Ahora volvieron a mostrar las torres derrumb&#225;ndose. Primero la sur, luego la norte.

El agua comenz&#243; a hervir, pero Lorraine no se movi&#243;, no quer&#237;a apartar los ojos de la pantalla por si se le escapaba una imagen de Ronnie. Alfie se restreg&#243; contra su pierna, pero ella no le hizo caso. Sue estaba dici&#233;ndole algo, pero no la oy&#243; porque miraba el televisor con intensidad, estudiando cada cara.

&#191;Lorraine? &#191;Hola? &#191;Sigues ah&#237;?

S&#237;.

Ronnie es un superviviente. Estar&#225; bien.

El hervidor de agua se apag&#243; con un clic. Un superviviente. Su hermana tambi&#233;n hab&#237;a utilizado esa palabra.

Un superviviente.

Mierda, Ronnie, ser&#225; mejor que sea as&#237;.

Un pitido le dijo que ten&#237;a una llamada en espera. Apenas capaz de contenerse, grit&#243; emocionada:

&#161;Sue, podr&#237;a ser &#233;l! &#161;Ahora te llamo!

Oh, Dios m&#237;o, Ronnie, por favor, tienes que estar al tel&#233;fono. Por favor. &#161;Por favor, que seas t&#250;!

Pero era su hermana.

Lori, acabo de o&#237;r que han cancelado todos los vuelos de Estados Unidos. -Mo era azafata de vuelos transoce&#225;nicos de British Airways.

&#191;Qu&#233;? &#191;Qu&#233; significa eso?

Que no dejan despegar ni aterrizar ning&#250;n vuelo. Yo ten&#237;a que volar a Washington ma&#241;ana. Se ha cancelado todo.

Lorraine sinti&#243; una nueva oleada de p&#225;nico.

&#191;Hasta cu&#225;ndo?

No lo s&#233; Hasta pr&#243;ximo aviso.

&#191;Significa que Ronnie podr&#237;a no volver ma&#241;ana?

Me temo que s&#237;. Sabr&#233; m&#225;s cosas dentro de un rato, pero han mandado regresar a todos los aviones que est&#225;n volando hacia Estados Unidos, lo que significa que no aterrizar&#225;n donde deb&#237;an. Ser&#225; un caos.

Genial -dijo Lorraine desanimada-. Es genial, joder. &#191;Cu&#225;ndo crees que podr&#237;a volver?

No lo s&#233; Te lo dir&#233; en cuanto sepa algo.

Lorraine oy&#243; que un ni&#241;o gritaba y que Mo dec&#237;a:

Un minuto, tesoro. Mam&#225; est&#225; hablando por tel&#233;fono.

Lorraine apag&#243; el cigarrillo. Entonces se baj&#243; del taburete de un salto y, mirando todav&#237;a el televisor, sac&#243; una bolsita de t&#233; y una taza y verti&#243; el agua. A&#250;n sin apartar la vista de la pantalla, retrocedi&#243; unos pasos, se dio un golpe en la cadera con la esquina de la mesa de la cocina y se hizo da&#241;o.

&#161;Mierda! &#161;Joder!

Baj&#243; la mirada un momento. Vio la marca roja nueva entre los moratones irregulares, algunos negros y recientes, otros amarillos y casi invisibles. Ronnie era listo, siempre le pegaba en el cuerpo, nunca en la cara. Siempre le hac&#237;a morados que ella pod&#237;a ocultar f&#225;cilmente.

Siempre se echaba a llorar y le suplicaba que lo perdonara despu&#233;s de uno de sus ataques de furia, cada vez m&#225;s frecuentes, provocados por el alcohol.

Y ella siempre lo perdonaba.

Lo perdonaba por lo inepta que se sent&#237;a ella. Sab&#237;a cu&#225;nto quer&#237;a lo &#250;nico que Lorraine no hab&#237;a sido capaz de darle, de momento: el ni&#241;o que tanto deseaba.

Y porque le aterraba perderle.

Y porque le quer&#237;a.



33

Octubre de 2007


No hab&#237;a sido el mejor fin de semana de su vida, pens&#243; para s&#237; mismo Roy Grace a las ocho de la ma&#241;ana del lunes, mientras se sentaba en la sala de espera min&#250;scula y abarrotada del dentista, hojeando las p&#225;ginas de la revista Sussex Life. De hecho, no ten&#237;a en absoluto la sensaci&#243;n de que la semana anterior hubiera terminado.

La autopsia del doctor Frazer Theobald se hab&#237;a hecho interminable y acab&#243; por fin sobre las nueve de la noche del s&#225;bado. Y el domingo Cleo, que durante la autopsia estaba normal, parec&#237;a molesta con &#233;l, algo at&#237;pico en su car&#225;cter.

Los dos sab&#237;an que no era culpa de nadie que sus planes para el fin de semana se hubieran estropeado, pero por alguna raz&#243;n Grace sent&#237;a que Cleo le responsabilizaba a &#233;l, igual que Sandy sol&#237;a culparle cuando llegaba a casa tarde o ten&#237;a que cancelar alg&#250;n plan en el &#250;ltimo minuto porque surg&#237;a una emergencia. Como si fuera culpa suya que un tipo que hac&#237;a footing hubiera descubierto un cad&#225;ver en un desag&#252;e el viernes por la tarde a &#250;ltima hora en lugar de en un momento m&#225;s oportuno.

Cleo sab&#237;a lo que hab&#237;a. Conoc&#237;a el mundo de la polic&#237;a y sus horarios err&#225;ticos mejor que la mayor&#237;a, pues los suyos no eran muy distintos. Pod&#237;a recibir una llamada de trabajo a cualquier hora del d&#237;a o de la noche, y era algo que suced&#237;a a menudo. &#191;Qu&#233; le hab&#237;a picado, pues?

Incluso se enfad&#243; con &#233;l cuando se march&#243; a casa un par de horas a cortar el c&#233;sped, que estaba muy crecido.

No habr&#237;as podido cortar el c&#233;sped si hubi&#233;ramos ido a Londres -le hab&#237;a dicho-. &#191;Por qu&#233; tienes que ir ahora?

Su casa era el verdadero problema, Grace lo sab&#237;a. Su casa -y la casa de Sandy- todav&#237;a ten&#237;a un efecto enfurecedor sobre ella. Aunque &#250;ltimamente hab&#237;a sacado muchas de las pertenencias de Sandy Cleo iba muy pocas veces y siempre parec&#237;a inc&#243;moda cuando lo hac&#237;a. S&#243;lo hab&#237;an hecho el amor all&#237; una vez y no hab&#237;a sido una buena experiencia para ninguno de los dos.

Desde entonces, siempre dorm&#237;an en casa de Cleo. Cada vez pasaban m&#225;s noches juntos y ahora &#233;l ten&#237;a all&#237; sus b&#225;rtulos para afeitarse y asearse, adem&#225;s de un traje oscuro, una camisa blanca limpia, una corbata sencilla y un par de zapatos oscuros, su uniforme de trabajo.

Era una buena pregunta y &#233;l no le contest&#243; la verdad porque habr&#237;a empeorado las cosas. La verdad era que aquel esqueleto le hab&#237;a afectado. Quer&#237;a estar solo unas horas, para reflexionar.

Para pensar en c&#243;mo se sentir&#237;a si se trataba de Sandy.

Su relaci&#243;n con Cleo hab&#237;a ido lejos, mucho m&#225;s lejos que cualquier otra que hubiera tenido desde la desaparici&#243;n de su mujer, pero era consciente de que, a pesar de todos sus esfuerzos por pasar p&#225;gina, Sandy segu&#237;a siendo una brecha que los separaba. Hac&#237;a unas semanas, en una cena en la que los dos bebieron demasiado, Cleo dej&#243; caer su preocupaci&#243;n por que su reloj biol&#243;gico se quedara sin pila. Grace sab&#237;a que ella empezaba a querer un compromiso y ten&#237;a la sensaci&#243;n de que cre&#237;a que, con Sandy por medio, nunca iba a conseguirlo de &#233;l.

No era cierto. Roy la adoraba. La amaba y hab&#237;a empezado a plantearse seriamente compartir su vida con ella.

Por eso le hab&#237;a dolido much&#237;simo que ayer por la tarde, cuando apareci&#243; en casa de Cleo con dos botellas de su Rioja preferido, abriera la puerta con su llave y le recibiera un cachorro negro min&#250;sculo que corri&#243; hacia &#233;l, le abraz&#243; con sus patas y se me&#243; en sus deportivas.

&#161;Humphrey, te presento a Roy! -dijo-. &#161;Roy te presento a Humphrey!

&#191;Qui&#233;n? &#191;De qui&#233;n es? -pregunt&#243; &#233;l, perplejo.

M&#237;o. Lo he comprado esta tarde. Es un cachorro de salvamento de cinco meses, un cruce de labrador y border collie.

Roy not&#243; un calor inc&#243;modo en el pie derecho al filtrarse la orina. Y un arrebato de confusi&#243;n se apoder&#243; de &#233;l mientras se arrodillaba y notaba la lengua rugosa del perro lami&#233;ndole la mano. Estaba estupefacto.

Nunca &#161;No me hab&#237;as dicho que ibas a comprarte un perro!

Ya, bueno, t&#250; tampoco me cuentas muchas cosas, Roy -dijo Cleo con total tranquilidad.

Una mujer mayor entr&#243; en la sala de espera y lo mir&#243; con recelo, como diciendo: Yo tengo la primera hora, hijo. Luego se sent&#243;.

Roy ten&#237;a una agenda apretada. A las nueve de la ma&#241;ana iba a ver a Alison Vosper y hablar seriamente con ella sobre Cassian Pewe. A las 9.45, m&#225;s tarde de lo normal, se celebrar&#237;a la primera reuni&#243;n informativa de la Operaci&#243;n Dingo, el nombre que el ordenador de Sussex House hab&#237;a otorgado al azar a la investigaci&#243;n sobre la muerte de la Mujer desconocida, como llamaban ahora al esqueleto del desag&#252;e. Luego, a las diez y media, deb&#237;a acudir a las oraciones matinales, el nombre jocoso que hab&#237;an puesto a las reuniones semanales del equipo de direcci&#243;n reinstauradas recientemente.

Al mediod&#237;a estaba programada la primera rueda de prensa sobre el hallazgo del esqueleto. No hab&#237;a mucho de lo que informar a estas alturas, pero esperaba que revelar la edad de la mujer muerta, sus caracter&#237;sticas f&#237;sicas y la &#233;poca aproximada en la que hab&#237;a muerto pudiera refrescar la memoria a alguien sobre una persona desaparecida por aquellos tiempos. Suponiendo, naturalmente, que no se tratara de Sandy.

&#161;Roy! &#161;Me alegro de verte!

Steve Cowling apareci&#243; en la puerta con su bata blanca, luciendo sus dientes blancos perfectos. Era un hombre alto de unos cuarenta y cinco a&#241;os, con un porte recto y militar, cuyo pelo inmaculado estaba m&#225;s encanecido cada vez que Roy lo ve&#237;a. Irradiaba encanto y confianza a partes iguales, combinados siempre con cierto entusiasmo juvenil, como si los dientes fueran realmente la cosa m&#225;s emocionante del mundo.

&#161;Pasa, viejo amigo!

Grace hizo un gesto de disculpa hacia la mujer mayor, que parec&#237;a claramente ofendida, y sigui&#243; al dentista hasta su c&#225;mara de tortura iluminada y espaciosa.

Si bien, igual que &#233;l, Steve Cowling era un poco mayor en cada visita, el odont&#243;logo ten&#237;a una sucesi&#243;n infinita de ayudantes cada vez m&#225;s j&#243;venes y atractivas. La &#250;ltima, una morena de piernas largas de veintipocos a&#241;os que sosten&#237;a un sobre acolchado en la mano, le sonri&#243;, luego sac&#243; un fajo de negativos y se los entreg&#243; a Cowling con una sonrisa coqueta.

El dentista cogi&#243; el molde de alginato que Roy le hab&#237;a dado veinte minutos antes.

Bien, Roy. Esto es muy interesante. Lo primero que tengo que decirte es que no se trata de Sandy.

&#191;No? -pregunt&#243;, un poco cansinamente.

No tengo ninguna duda. -Cowling se&#241;al&#243; los negativos-. &#201;stos son los de Sandy, no hay comparaci&#243;n. Pero el molde nos proporciona mucha informaci&#243;n que puede resultar &#250;til. -Le ofreci&#243; una gran sonrisa.

Bien.

Esta mujer llevaba implantes, que ser&#237;an bastante caros cuando se los pusieron. De titanio, fabricados por una empresa suiza, Straumann. Se trata b&#225;sicamente de un cilindro hueco que se coloca sobre la ra&#237;z, que luego crece dentro y se convierte en una fijaci&#243;n permanente.

Grace sinti&#243; un c&#250;mulo de emociones contradictorias mientras escuchaba. Intentaba concentrarse, pero de repente le costaba mucho.

Lo que resulta interesante, viejo amigo, es que podemos establecer una fecha aproximada para los implantes, lo que sirve para calcular cu&#225;nto tiempo hace que muri&#243; la mujer. Empezaron a quedarse anticuados har&#225; unos quince a&#241;os. Llevaba otros arreglos dentales caros, algunas reconstrucciones y puentes. Si era de por aqu&#237;, dir&#237;a que s&#243;lo hay cinco o seis dentistas que pudieron hacer este trabajo. Un buen lugar para comenzar ser&#237;a Chris Gebbie, que tiene consultas en Lewes y Eastbourne. Escribir&#233; tambi&#233;n a los dem&#225;s. Tambi&#233;n significa que deb&#237;a de tener una posici&#243;n bastante acomodada.

Grace escuchaba, pero ten&#237;a la cabeza en otra parte. Si este esqueleto hubiera sido el de Sandy, por muy nefasta que fuera la noticia, habr&#237;a obtenido cierta sensaci&#243;n de final. Pero ahora la agon&#237;a de la incertidumbre continuaba.

No sab&#237;a si sent&#237;a decepci&#243;n o alivio.



34

Septiembre de 2007


El hedor que sal&#237;a del maletero del coche provoc&#243; arcadas a todos los que estaban en la orilla. Era como si un desag&#252;e atascado se hubiera descongestionado de repente y meses, quiz&#225;s a&#241;os, de gases atrapados en la descomposici&#243;n fueran liberados, todos a la vez.

Lisa retrocedi&#243; horrorizada, tap&#225;ndose la nariz con los dedos, y cerr&#243; los ojos un momento. De alg&#250;n modo, el sol abrasador del mediod&#237;a y las moscas implacables lo empeoraban todo. Cuando volvi&#243; a abrirlos y respir&#243; s&#243;lo por la boca, el olor segu&#237;a siendo igual de malo. Luchaba con todas sus fuerzas por no vomitar.

La situaci&#243;n no parec&#237;a m&#225;s f&#225;cil para MJ, pero los dos estaban mejor que el polic&#237;a nervioso, que se hab&#237;a apartado del coche y ahora estaba de rodillas, vomitando. Aguantando la respiraci&#243;n, haciendo caso omiso a la mano de MJ que tiraba de ella, Lisa avanz&#243; unos pasos hacia la parte trasera del coche y mir&#243; dentro.

Y dese&#243; no haberlo hecho. De repente, la tierra bajo sus pies se volvi&#243; inestable y agarr&#243; con fuerza la mano de MJ.

Vio lo que al principio le pareci&#243; un maniqu&#237; derretido en un incendio, antes de darse cuenta de que se trataba del cuerpo de una mujer. Ocupaba casi toda la profundidad del maletero, parcialmente sumergida en agua negra viscosa y reluciente que ca&#237;a sin parar. La melena rubia, que le llegaba por los hombros, estaba desparramada como maleza enmara&#241;ada. Sus pechos ten&#237;an un color y una textura jabonosos y ten&#237;a la mayor parte de la piel cubierta de grandes manchas negras.

&#191;La han quemado? -pregunt&#243; MJ, que sent&#237;a curiosidad por todo, al polic&#237;a m&#225;s bajito.

No No son quemaduras, amigo. Es piel que se ha desprendido.

Lisa mir&#243; el rostro del cad&#225;ver, pero estaba hinchado y carec&#237;a de forma, como la cabeza medio derretida de un mu&#241;eco de nieve. Ten&#237;a el vello p&#250;bico intacto: un tri&#225;ngulo marr&#243;n poblado tan lozano que parec&#237;a irreal, como si alguien se lo hubiera pegado a modo de broma grotesca. Se sinti&#243; casi culpable por mirarlo. Culpable por estar ah&#237;, observando aquel cuerpo, como si la muerte fuera algo privado y ella se estuviera entrometiendo.

Pero no pod&#237;a apartar la vista. Las mismas preguntas se repet&#237;an una y otra vez en su mente. &#191;Qu&#233; te ha pasado, pobre-cita? &#191;Qui&#233;n te ha hecho esto?

Al final, el polic&#237;a nervioso recobr&#243; la compostura y los apart&#243; bruscamente, diciendo que aqu&#233;lla era la escena de un crimen y que deb&#237;an acordonarla.

Retrocedieron varios pasos, incapaces de apartar la vista, como si estuvieran viendo un episodio de CSI a tiempo real. Estaban horrorizados, absortos y petrificados, pero sent&#237;an curiosidad a medida que crec&#237;a el circo. MJ sac&#243; una botella de agua y gorras de b&#233;isbol del coche y Lisa bebi&#243; agradecida, luego se cubri&#243; la cabeza para protegerse del sol abrasador.

Primero lleg&#243; una furgoneta blanca a la escena del crimen. Se bajaron dos hombres vestidos con pantalones deportivos y camisetas y comenzaron a ponerse los trajes protectores blancos. Luego apareci&#243; una furgoneta azul m&#225;s peque&#241;a de la que sali&#243; el fot&#243;grafo de la escena del crimen. Poco despu&#233;s, lleg&#243; un Volkswagen Golf azul del que se baj&#243; una mujer joven. Tendr&#237;a unos veintitantos a&#241;os, llevaba vaqueros y una blusa blanca y ten&#237;a el pelo rubio rizado. Se qued&#243; unos momentos observando la escena. Sujetaba una libreta en una mano y una grabadora peque&#241;a. Luego, se acerc&#243; a MJ y a Lisa.

&#191;Sois los que hab&#233;is encontrado el coche? -Su voz era agradable pero en&#233;rgica.

Lisa se&#241;al&#243; a MJ.

Ha sido &#233;l.

Soy Angela Parks -dijo la mujer-. Trabajo en Age. &#191;Podr&#237;ais decirme lo que ha pasado?

Ahora lleg&#243; un Holden dorado y polvoriento. Mientras MJ contaba su historia, Lisa vio bajarse a dos hombres con camisa blanca y corbata. Uno era bajo y fornido, de rostro serio y juvenil, mientras que el otro parec&#237;a un mat&#243;n: alto, corpulento, aunque con un ligero sobrepeso, calvo y con un bigote fino pelirrojo. Ten&#237;a cara de pocos amigos, seguramente porque le hab&#237;an llamado en fin de semana, pens&#243; Lisa, aunque pronto descubri&#243; que no era por eso.

&#161;Maldito idiota! -le grit&#243; al polic&#237;a nervioso, a modo de saludo, qued&#225;ndose a cierta distancia del cord&#243;n policial-. &#161;Vaya cagada! &#191;Es que no tienes ninguna formaci&#243;n b&#225;sica, joder? &#191;Qu&#233; has hecho con mi escena del crimen? No s&#243;lo la has contaminado, &#161;la has profanado! &#191;Qui&#233;n co&#241;o te ha dicho que sacaras el coche del agua?

Por un momento, al polic&#237;a parecieron faltarle las palabras.

S&#237;, bueno lo siento, se&#241;or. Supongo que la hemos fastidiado un poco.

&#161;Est&#225;s plantado justo en medio!

El polic&#237;a bajo y fornido se acerc&#243; a Lisa y MJ y salud&#243; con la cabeza a la periodista.

&#191;C&#243;mo est&#225;s, Angela?

Bien. Me alegro de verle, sargento Burg -dijo ella.

Luego su compa&#241;ero, el mat&#243;n, se acerc&#243; con zancadas grandes y poderosas, como si la orilla del r&#237;o y todo lo que hab&#237;a alrededor le pertenecieran. Salud&#243; deprisa con la cabeza a la periodista y luego se dirigi&#243; a Lisa y a MJ.

Soy el sargento jefe George Fletcher -dijo. Su actitud era profesional y sorprendentemente delicada-. &#191;Sois la pareja que ha encontrado el coche?

MJ asinti&#243;.

S&#237;.

Voy a necesitar una declaraci&#243;n de ambos. &#191;Os importar&#237;a ir a la comisar&#237;a de Geelong?

MJ mir&#243; a Lisa, luego al polic&#237;a.

&#191;Ahora, quiere decir?

En alg&#250;n momento de hoy.

Claro. Pero creo que no podremos contarle demasiado.

Gracias, pero eso ya lo juzgar&#233; yo. Mi sargento tomar&#225; nota de vuestros nombres, direcciones y tel&#233;fonos de contacto antes de que os march&#233;is.

La periodista acerc&#243; la grabadora al inspector.

Sargento jefe Fletcher, &#191;cree que existe una relaci&#243;n entre las bandas de Melbourne y esta mujer muerta?

Usted lleva aqu&#237; m&#225;s tiempo que yo, se&#241;orita Parks. En este momento no tengo ning&#250;n comentario para usted. Primero averig&#252;emos qui&#233;n es.

Era -le corrigi&#243; la periodista.

Bueno, si quiere ser tan pedante, esperaremos a que llegue el forense de la polic&#237;a y certifique que realmente est&#225; muerta.

El hombre esboz&#243; una sonrisa desafiante, pero nadie se la devolvi&#243;.



35

11 de septiembre de 2001


Nadie hab&#237;a abierto la boca a&#250;n, salvo el conductor, que hablaba sin parar. Era como el televisor de un bar con el volumen irritantemente alto que no se pod&#237;a apagar ni cambiar de canal. Ronnie trataba de escuchar las noticias que sal&#237;an de la radio de la camioneta, intentando poner en orden sus pensamientos, y el conductor le imped&#237;a hacer ninguna de las dos cosas.

Y lo que era a&#250;n peor, el fuerte acento de Brooklyn dificultaba a Ronnie descifrar lo que estaba diciendo. Pero como el hombre era amable y le hab&#237;a subido al coche, no pod&#237;a decirle que se callara. As&#237; que se qued&#243; ah&#237; sentado, escuchando a medias, asintiendo y contestando de vez en cuando S&#237; o No, mierda o No hablar&#225; en serio, dependiendo de qu&#233; respuesta considerara m&#225;s apropiada.

El hombre hab&#237;a puesto por los suelos a la mayor&#237;a de las minor&#237;as &#233;tnicas de esta Gran Naci&#243;n y ahora estaba hablando de las escaleras que ten&#237;a en la Torre Sur. Parec&#237;a muy molesto por ellas. Tambi&#233;n estaba muy molesto con Hacienda y comenz&#243; a criticar el sistema tributario estadounidense.

Entonces se sumergi&#243; en unos momentos de silencio compasivo y dej&#243; que hablara la radio. Todos los fantasmas sentados detr&#225;s de Ronnie en la camioneta permanecieron callados. Tal vez estuvieran escuchando la radio, tal vez estuvieran en un estado de shock demasiado profundo para asimilar nada.

Era una letan&#237;a. Una lista de todo lo que hab&#237;a ocurrido y que ya sab&#237;a. Dentro de poco iba a comparecer George Bush; mientras tanto, el alcalde Giuliani se dirig&#237;a al centro. Estados Unidos estaba siendo atacado, facilitar&#237;an m&#225;s informaci&#243;n a medida que les llegara.

En su cabeza, el plan de Ronnie iba tomando forma sin cesar.

Avanzaban por una calle ancha y silenciosa. A su derecha hab&#237;a un arc&#233;n de hierba gastada con &#225;rboles y farolas. Despu&#233;s del c&#233;sped hab&#237;a un camino, o un carril bici, y luego una barandilla y, m&#225;s all&#225;, otra calle que discurr&#237;a en paralelo, con coches y furgonetas aparcadas y bloques de pisos de ladrillo rojo que no eran demasiado altos, muy distintos a los monolitos de Manhattan. Al cabo de unos ochocientos metros daban paso a unas viviendas grandes y angulosas que podr&#237;an ser estudios o apartamentos. Parec&#237;a una zona pr&#243;spera, agradable y tranquila.

Pasaron por delante de una se&#241;al que dec&#237;a Ocean Parkway.

Vio a una pareja de ancianos caminando despacio por la acera y se pregunt&#243; si sabr&#237;an el drama que ten&#237;a lugar justo al otro lado del r&#237;o. Parec&#237;a que no. Si lo hubieran o&#237;do, seguro que estar&#237;an pegados al televisor. Aparte de ellos, no se ve&#237;a un alma. Era cierto que a esta hora del d&#237;a, entre semana, muchas personas estaban en sus despachos. Pero las madres estar&#237;an empujando los cochecitos de sus hijos, habr&#237;a gente paseando al perro, los j&#243;venes estar&#237;an holgazaneando. Y no hab&#237;a nadie. El tr&#225;fico tambi&#233;n parec&#237;a fluido, demasiado fluido.

&#191;D&#243;nde estamos? -le pregunt&#243; al conductor.

En Brooklyn.

Ah, vale -dijo Ronnie-. Todav&#237;a estamos en Brooklyn.

Vio un cartel en un edificio que dec&#237;a Yeshiva Center. Le parec&#237;a que llevaban siglos conduciendo. No sab&#237;a que Brooklyn fuera tan grande; lo bastante grande como para perderse en &#233;l, desaparecer.

Unas palabras acudieron a su mente. Era una frase de una obra de Marlowe, El jud&#237;o de Malta, que hab&#237;a visto recientemente con Lorraine y los Klinger en el Theatre Royal de Brighton:

Pero eso fue en otro pa&#237;s.

Y, adem&#225;s, la muchacha est&#225; muerta.

Y la calle segu&#237;a estando muerta m&#225;s adelante. Cruzaron una intersecci&#243;n, donde el elegante ladrillo rojo daba paso a edificios de hormig&#243;n prefundido m&#225;s modernos. Luego, de repente, aparecieron debajo del paso elevado de acero verde oscuro del metro elevado.

Rusia. Toda esta zona de mierda de aqu&#237; es Rusia.

&#191;Rusia? -pregunt&#243; Ronnie, que no sab&#237;a a qu&#233; se refer&#237;a.

El conductor se&#241;al&#243; una hilera de fachadas estridentes. Un sal&#243;n de u&#241;as, la Escuela de m&#250;sica, arte y deporte Shostakovich. Hab&#237;a letras rusas por todas partes. Vio el cartel de una farmacia en cir&#237;lico. A menos que supieras ruso, no sab&#237;as de qu&#233; eran la mitad de todas estas tiendas. Y &#233;l no hablaba ni una palabra.

Rusia. Ronnie lo comprendi&#243;.

Little Odessa -dijo el conductor-. Una colonia enorme, joder. Cuando yo era peque&#241;o no lo era. La perestroika, la glasnost, &#191;sabes? Les dejaron viajar y &#161;vinieron todos aqu&#237;! El mundo est&#225; cambiando &#191;Sabes qu&#233; quiero decir?

Ronnie tuvo la tentaci&#243;n de cerrarle la boca al hombre y decirle que en su d&#237;a el mundo tambi&#233;n hab&#237;a cambiado para los nativos americanos, pero no quer&#237;a que lo echara de la camioneta.

S&#237; -dijo simplemente.

Giraron a la derecha en una calle residencial sin salida. Al final hab&#237;a una hilera de bolardos negros con un paseo mar&#237;timo entarimado detr&#225;s y, m&#225;s all&#225;, la playa. Y luego el oc&#233;ano.

Brighton Beach. Un buen sitio. Aqu&#237; estaremos a salvo de los aviones -dijo el conductor, indicando a Ronnie que aqu&#237; terminaba el viaje.

El hombre se gir&#243; hacia los fantasmas de detr&#225;s.

Coney Island, Brighton Beach. Tengo que volver a por mis escaleras, mis arneses, todas mis cosas. Es un material caro, ya sab&#233;is.

Ronnie se desabroch&#243; el cintur&#243;n, dio las gracias al hombre efusivamente y estrech&#243; su mano grande y callosa.

Cu&#237;date, colega.

Igualmente.

Seguro.

Ronnie abri&#243; la puerta y salt&#243; al asfalto. El aire ol&#237;a a sal marina, y muy ligeramente a fuego y carburante. Era un olor lo bastante suave como para sentirse seguro en este lugar, pero no tanto como para sentirse libre de lo que acababa de vivir.

Sin mirar atr&#225;s a los fantasmas, sigui&#243; caminando hasta el paseo entarimado, casi a saltos, y sac&#243; su m&#243;vil del bolsillo para comprobar que estuviera apagado.

Entonces se detuvo y mir&#243; la inmensidad llana del oc&#233;ano azul verdoso y ondulado que se extend&#237;a m&#225;s all&#225; de la arena y la mancha neblinosa de tierra a kil&#243;metros de distancia. Respir&#243; hondo. Luego otra vez. Su plan a&#250;n era muy vago y ten&#237;a que trabajarlo.

Pero estaba emocionado.

Euf&#243;rico.

La ma&#241;ana del 11 de septiembre no hubo mucha gente en Nueva York que saltara de j&#250;bilo. Pero Ronnie s&#237; lo hizo.



36

Octubre de 2007


Abby se sent&#243; con una taza de t&#233; entre las manos temblorosas, mirando la calle de abajo a trav&#233;s de una rendija entre las persianas. Le dol&#237;an los ojos despu&#233;s de tres noches seguidas de insomnio. El miedo se arremolinaba en su interior.

S&#233; d&#243;nde est&#225;s.

Su maleta estaba junto a la puerta, llena y con la cremallera cerrada. Mir&#243; la hora: las 8.55. Dentro de cinco minutos realizar&#237;a la llamada que llevaba planeando hacer todo el d&#237;a de ayer, en cuanto abrieran las tiendas. Era ir&#243;nico, pens&#243;, que durante la mayor parte de su vida hubiera detestado los lunes por la ma&#241;ana. Pero se hab&#237;a pasado todo el d&#237;a de ayer deseando que llegara.

Nunca en su vida hab&#237;a tenido tanto miedo.

A menos que estuviera totalmente equivocada, y presa de un p&#225;nico innecesario, &#233;l estaba ah&#237; fuera en alg&#250;n lugar, esperando y observando. La carta de Abby estaba marcada. El la esperaba, la observaba, y estaba muy enfadado.

&#191;Le hab&#237;a hecho algo al ascensor? &#191;Y a la alarma? &#191;Habr&#237;a sabido c&#243;mo hacerlo? Se repet&#237;a las preguntas a s&#237; misma una y otra vez.

Hab&#237;a trabajado de mec&#225;nico, s&#237;. Sab&#237;a arreglar aparatos mec&#225;nicos y el&#233;ctricos. Pero &#191;por qu&#233; querr&#237;a estropear el ascensor?

Intent&#243; comprenderlo. Si realmente sab&#237;a d&#243;nde estaba Abby, &#191;por qu&#233; no la hab&#237;a acechado? &#191;Qu&#233; ganaba con dejarla atrapada en el ascensor? Si quer&#237;a tiempo para intentar colarse en su piso, &#191;por qu&#233; no hab&#237;a esperado a que saliera de casa simplemente?

&#191;Acaso, debido a su estado de p&#225;nico, estaba sumando dos m&#225;s dos y le daba cinco?

Quiz&#225; s&#237; o quiz&#225; no, no lo sab&#237;a. As&#237; que la mayor parte del d&#237;a de ayer, en lugar de salir, comprar los peri&#243;dicos del domingo y holgazanear delante del televisor, como habr&#237;a hecho normalmente, se qued&#243; sentada, en el mismo lugar donde estaba ahora, observando la calle de abajo, pasando el tiempo escuchando una lecci&#243;n de espa&#241;ol tras otra, con los auriculares puestos, pronunciando y repitiendo palabras y frases en voz alta.

Hab&#237;a hecho un domingo de perros, con un viento del suroeste procedente del Canal de la Mancha que mandaba r&#225;fagas de lluvia hacia la acera, los charcos, los coches aparcados, los peatones.

Y eran los coches y los peatones lo que estaba observando, como un halc&#243;n, a trav&#233;s de la lluvia que segu&#237;a cayendo a c&#225;ntaros. A primera hora, cuando se levant&#243;, estudi&#243; todos los coches y furgonetas aparcados. S&#243;lo hab&#237;an cambiado un par desde la noche anterior. En este barrio no hab&#237;a mucho sitio para aparcar, as&#237; que cuando la gente encontraba un lugar, sol&#237;a dejar el coche all&#237; hasta que realmente necesitara ir a otra parte. De lo contrario, en cuanto sal&#237;an, otro veh&#237;culo ocupaba su lugar y cuando volv&#237;an quiz&#225; tuvieran que aparcar a varias calles de distancia.

Ayer hab&#237;a recibido dos visitas: un fot&#243;grafo del Argus, a quien le dijo por el interfono que se marchara, y el conserje, Tomasz, que fue a disculparse, preocupado tal vez por conservar su empleo y con la esperanza de que no se quejara de &#233;l si se mostraba amable. Le explic&#243; que los obreros deb&#237;an de haber sobrecargado el ascensor y da&#241;ado el sistema de poleas. Pero no fue capaz de explicarle, de manera convincente, por qu&#233; hab&#237;a fallado la alarma, que tendr&#237;a que haber sonado en su piso. Le asegur&#243; que la empresa de ascensores estaba trabajando en ello, pero que tardar&#237;an varios d&#237;as en arreglar los da&#241;os que los bomberos hab&#237;an causado.

Abby se deshizo de &#233;l tan deprisa como pudo para velar la calle otra vez.

Llam&#243; a su madre, pero ella no le coment&#243; que hubiera recibido una llamada de nadie. Abby continu&#243; con la mentira de que segu&#237;a en Australia y lo estaba pasando genial.

A veces los mensajes de texto se extraviaban y acababan en el n&#250;mero equivocado por error. &#191;Era posible que &#233;sa fuera la: explicaci&#243;n?

S&#233; d&#243;nde est&#225;s.

Era posible.

Que hubiera saltado encima del ascensor parado. &#191;Estaba sacando conclusiones precipitadas debido a su estado paranoico? Era reconfortante pensar eso, pero la autocomplacencia era un lujo que no pod&#237;a permitirse. Se hab&#237;a embarcado en todo esto sabiendo los riesgos que entra&#241;aba, sabiendo que s&#243;lo lograr&#237;a salirse con la suya si recurr&#237;a a su ingenio, veinticuatro horas al d&#237;a, siete d&#237;as a la semana, durante el tiempo que hiciera falta.

Lo &#250;nico que le arranc&#243; una sonrisa ayer fue otro de sus mensajes encantadores. &#201;ste dec&#237;a: No quieres a una mujer porque sea hermosa. Es hermosa porque la quieres.

Ella respondi&#243;: La belleza llama la atenci&#243;n; la personalidad te conquista el coraz&#243;n.

No vio nada extra&#241;o en la calle en todo el domingo. Ning&#250;n desconocido que la vigilara. Ni a Ricky. S&#243;lo la lluvia. S&#243;lo gente. La vida que segu&#237;a adelante.

La vida normal.

Algo de lo que estaba excluida -por un poco m&#225;s de tiempo solamente, se prometi&#243; a s&#237; misma-. Pero aquella situaci&#243;n pronto cambiar&#237;a.



37

Octubre de 2007


La lluvia repiqueteaba en el techo y la furgoneta se mec&#237;a con las fuertes r&#225;fagas de viento. Aunque se hab&#237;a abrigado bien, ten&#237;a fr&#237;o aqu&#237; dentro y s&#243;lo se atrev&#237;a a arrancar el motor de vez en cuando porque no quer&#237;a llamar la atenci&#243;n. Al menos ten&#237;a un colch&#243;n c&#243;modo, libros, un Starbucks cerca y m&#250;sica en el iPod. Hab&#237;a un ba&#241;o p&#250;blico en el paseo mar&#237;timo, convenientemente oculto a todas las c&#225;maras de seguridad de la ciudad, donde pod&#237;a asearse bien. Un servicio p&#250;blico muy a mano.

Una vez ley&#243; una frase en un libro que le hab&#237;an regalado: El sexo es lo m&#225;s divertido que puede hacerse sin re&#237;r.

El libro se equivocaba, pens&#243;. A veces la venganza tambi&#233;n pod&#237;a ser divertida. Tanto como el sexo.

La furgoneta todav&#237;a luc&#237;a el cartel de Se vende escrito en rojo sobre un trozo de cart&#243;n marr&#243;n pegado en la ventanilla del copiloto, aunque en realidad la hab&#237;a comprado, por trescientas cincuenta libras, hac&#237;a m&#225;s de dos semanas. Sab&#237;a que Abby era perspicaz y la hab&#237;a visto comprobar los coches todos los d&#237;as. No ten&#237;a sentido quitar el cartel y alertarla del cambio. As&#237; que si el propietario anterior se cabreaba porque lo llamaba gente interes&#225;ndose por la furgoneta, mala suerte. No la hab&#237;a comprado porque necesitara transporte, sino por las vistas. Desde aqu&#237; pod&#237;a ver todas las ventanas de su piso.

Era el aparcamiento perfecto. El veh&#237;culo ten&#237;a las pegatinas del impuesto de circulaci&#243;n en orden, de la ITV y del aparcamiento para residentes. Todas caducaban dentro de tres meses.

Y entonces, &#233;l ya habr&#237;a desaparecido.



38

Octubre de 2007


Siempre le pasaba lo mismo, maldita sea. Toda la confianza que sent&#237;a Roy Grace antes de dirigirse a este lugar impresionante lo abandonaba cuando llegaba.

Mailing House, la central de la polic&#237;a de Sussex, tan s&#243;lo estaba a quince minutos en coche de su despacho, pero en cuanto a ambiente, pertenec&#237;a a un planeta distinto. Le daba la impresi&#243;n de estar en un universo totalmente diferente, pens&#243; mientras cruzaba la barrera levantada de la verja de seguridad.

Se hallaba en un complejo de edificios a las afueras de Lewes, la capital del condado de East Sussex, y albergaba la administraci&#243;n y direcci&#243;n de los cinco mil agentes y empleados que integraban el cuerpo de polic&#237;a de Sussex.

Dos edificios ocupaban un lugar destacado. Uno era una estructura futurista de cristal y ladrillo de tres pisos que acog&#237;a el centro de control y la oficina de registros e investigaci&#243;n criminal, as&#237; como la mayor parte del equipo inform&#225;tico del cuerpo. El otro, una mansi&#243;n imponente de ladrillo rojo estilo reina Ana que en su d&#237;a hab&#237;a sido una casa solariega privada y ahora formaba parte de la lista de edificios de inter&#233;s arquitect&#243;nico de Gran Breta&#241;a, era el que hab&#237;a dado nombre a la central.

La mansi&#243;n se erig&#237;a con orgullo a pesar de estar junto a una extensi&#243;n destartalada de aparcamientos, viviendas prefabricadas de una planta, estructuras bajas y modernas y un edificio oscuro sin ventanas, con una chimenea alta que a Grace siempre le recordaba a una f&#225;brica textil de Yorkshire. Dentro se encontraban los despachos del director, el director adjunto y los subdirectores, uno de los cuales era Alison Vosper, adem&#225;s de sus equipos de apoyo y varios agentes m&#225;s que trabajaban &#161;temporal o permanentemente fuera de estas oficinas.

Grace encontr&#243; una plaza de aparcamiento para su Alfa Romeo y se dirigi&#243; al despacho de Alison Vosper, situado en la planta baja de la mansi&#243;n, en la parte delantera. La ventana de guillotina grande daba a un sendero de gravilla y a un c&#233;sped circular.

Deb&#237;a de ser agradable trabajar en una sala como aqu&#233;lla, pens&#243;, en este oasis de calma, lejos de los espacios abarrotados y sin personalidad de Sussex House. A veces cre&#237;a que quiz&#225; podr&#237;a gustarle tener esa responsabilidad y la sensaci&#243;n de poder que la acompa&#241;aba, pero luego siempre se preguntaba si sabr&#237;a llevar bien el politiqueo, en especial la maldita correcci&#243;n pol&#237;tica insidiosa que obligaba a los jefes a doblegarse ante muchas m&#225;s cosas que los rangos.

La subdirectora pod&#237;a ser tu mejor amiga un d&#237;a y tu peor enemiga al siguiente. Ahora, delante de su mesa, a Grace le pareci&#243; que hac&#237;a mucho tiempo que s&#243;lo era lo &#250;ltimo, acostumbrado al hecho de que rara vez invitaba a las visitas a sentarse para acortar las reuniones e ir al grano.

Hoy esperaba con todas sus fuerzas que no le invitara a sentarse. Quer&#237;a transmitirle su enfado de pie, con la ventaja de la altura.

Vosper no le decepcion&#243;.

&#191;S&#237;, Roy? -le dijo mientras le lanzaba una mirada fr&#237;a y severa.

Y Grace not&#243; que temblaba, como si estuviera en el colegio y le hubieran llamado al despacho del director.

La subdirectora Alison Vosper, de cuarenta y pocos a&#241;os, rubia, pelo corto y escaso, con un peinado conservador y rostro duro pero atractivo, no estaba nada contenta esta ma&#241;ana. Llevaba un traje chaqueta azul oscuro y camisa blanca reci&#233;n planchada y estaba sentada detr&#225;s de su cara mesa de palisandro bien ordenada con cara de enfado.

Grace siempre se hab&#237;a preguntado c&#243;mo sus superiores pod&#237;an tener sus despachos -y sus mesas- tan ordenados. Durante toda su carrera, los espacios donde hab&#237;a trabajado hab&#237;an sido vertederos: dep&#243;sitos de expedientes desparramados, cartas por contestar, bol&#237;grafos perdidos, facturas de viajes y bandejas de salida que hab&#237;an perdido hac&#237;a tiempo la lucha por seguir el ritmo a las bandejas de entrada. Llegar a la cima, hab&#237;a decidido en su d&#237;a, requer&#237;a cierta habilidad para gestionar el papeleo y &#233;l carec&#237;a de ese gen.

Se rumoreaba que Alison Vosper hab&#237;a sido operada de c&#225;ncer de mama hac&#237;a tres a&#241;os. Pero Grace sab&#237;a que no pasar&#237;a de eso, de ser un simple rumor, porque la subdirectora hab&#237;a construido una muralla a su alrededor. Sin embargo, debajo de su caparaz&#243;n de polic&#237;a dura hab&#237;a cierta vulnerabilidad con la que Grace conectaba. Hab&#237;a que reconocer que no era nada fea y que a veces esos ojos marrones irascibles brillaban con humor y casi le parec&#237;a que coqueteaba con &#233;l. No era el caso esta ma&#241;ana.

Gracias por recibirme, se&#241;ora.

Tengo cinco minutos literalmente.

De acuerdo.

Mierda. Su confianza ya empezaba a desmoronarse.

Quer&#237;a hablarle sobre Cassian Pewe.

&#191;El comisario Cassian Pewe? -dijo ella, como si quisiera recordarle sutilmente el rango que ostentaba el hombre.

Grace asinti&#243;.

Vosper abri&#243; los brazos de manera efusiva.

&#191;S&#237;?

La subdirectora ten&#237;a las mu&#241;ecas finas y las u&#241;as perfectamente arregladas. Por alguna raz&#243;n, sus manos parec&#237;an un poco m&#225;s viejas y m&#225;s maduras que el resto de ella. Y como si quisiera demostrar que aunque la polic&#237;a ya no era un mundo exclusivamente masculino todav&#237;a hab&#237;a un dominio considerable de los hombres, llevaba un reloj de pulsera grande y llamativo.

La cuesti&#243;n es -Grace dud&#243;, las palabras que planeaba decir se agolpaban dentro de su cabeza.

&#191;S&#237;?-Vosper parec&#237;a impaciente.

Bueno Es un tipo listo.

Es un tipo muy listo.

Por supuesto. -Roy se esforzaba por sostenerle la mirada-. La cuesti&#243;n es Me llam&#243; el s&#225;bado por la Operaci&#243;n Dingo. Dijo que usted le hab&#237;a sugerido que me llamara Que tal vez necesitaba que me echaran una mano.

Correcto. -Bebi&#243; delicadamente un sorbo de agua de un vaso de cristal que ten&#237;a sobre la mesa.

No estoy seguro de que sea la mejor forma de utilizar nuestros recursos -dijo luchando contra su mirada penetrante.

Creo que soy yo quien debe juzgar eso -respondi&#243; Vosper.

Bueno, por supuesto, pero

&#191;Pero?

Se trata de un caso lento. Ese esqueleto lleva all&#237; de diez a quince a&#241;os.

&#191;Y ya lo has identificado?

No, pero tengo buenas pistas. Ma&#241;ana espero tener novedades con los historiales dentales.

Vosper enrosc&#243; la tapa de la botella y la dej&#243; en el suelo. Luego puso los codos sobre la mesa brillante de palisandro y entrelaz&#243; los dedos. Grace oli&#243; su perfume. Era distinto de la &#250;ltima vez que estuvo aqu&#237;, hac&#237;a s&#243;lo unas semanas; con m&#225;s almizcle, m&#225;s sexy. En sus fantas&#237;as m&#225;s salvajes se hab&#237;a preguntado c&#243;mo ser&#237;a hacer el amor con esta mujer. Imaginaba que llevar&#237;a el control, todo el tiempo, y que tendr&#237;a la misma facilidad para excitar a un hombre que para conseguir que su pene temblara de terror.

Roy, &#191;sabes que la Polic&#237;a Metropolitana ha sido uno de los primeros cuerpos del Reino Unido en empezar a eliminar la burocracia en las detenciones? &#191;Que ha contratado a civiles para fichar a los delincuentes para que los agentes de polic&#237;a no tengan que dedicar de dos a cuatro horas a rellenar papeles por cada persona que detienen?

S&#237;, ya lo hab&#237;a o&#237;do.

Es el cuerpo de polic&#237;a m&#225;s importante e innovador del Reino Unido. &#191;No crees que podemos aprender algo de Cassian?

Grace se fij&#243; en que utilizaba el nombre de pila del comisario.

Estoy seguro de que s&#237; No lo dudo.

&#191;Has pensado en tu historial de evoluci&#243;n personal, Roy?

&#191;Mi historial?

S&#237;. &#191;C&#243;mo eval&#250;as tu rendimiento?

Grace se encogi&#243; de hombros.

Sin &#225;nimo de echarme flores, creo que he rendido bien. Hemos obtenido una cadena perpetua para Suresh Hossain, hemos resuelto con &#233;xito casos graves, tenemos a dos criminales importantes a la espera de juicio y hemos realizado avances reales en varios casos abiertos.

Vosper se qued&#243; mir&#225;ndolo unos instantes en silencio, luego pregunt&#243;:

&#191;Qu&#233; entiendes t&#250; por &#233;xito?

Grace eligi&#243; con cuidado sus palabras, consciente de lo que podr&#237;a suceder a continuaci&#243;n.

Atrapar a delincuentes, asegurar los cargos contra ellos para la fiscal&#237;a y obtener condenas.

&#191;Atrapar delincuentes independientemente del coste o el peligro que entra&#241;e para los ciudadanos o para tus hombres?

Hay que valorar todos los riesgos por adelantado, cuando es factible. En el calor del momento no siempre lo es, usted lo sabe. Habr&#225; vivido situaciones en las que hay que tomar decisiones r&#225;pidas.

Vosper asinti&#243; con la cabeza y se qued&#243; callada unos momentos.

Bueno, me parece genial, Roy. Estoy segura de que pensar as&#237; te ayuda a dormir por las noches.

Entonces, se qued&#243; callada otra vez, sacudiendo la cabeza de un modo que a Roy no le gust&#243; en absoluto.

Grace oy&#243; que un tel&#233;fono sonaba en la distancia, en otro despacho, sin que nadie lo cogiera. Entonces el m&#243;vil de Alison Vosper pit&#243; y recibi&#243; un mensaje. La subdirectora lo cogi&#243;, lo mir&#243; y volvi&#243; a dejarlo sobre la mesa.

Yo lo veo de forma distinta, Roy. Y la autoridad independiente de quejas de la polic&#237;a tambi&#233;n. &#191;De acuerdo?

Grace se encogi&#243; de hombros.

&#191;C&#243;mo lo ves? -Ya conoc&#237;a algunas de las respuestas.

Analicemos las tres operaciones importantes que has dirigido durante los &#250;ltimos meses. La Operaci&#243;n Salsa. Durante una persecuci&#243;n de la que te encargaste personalmente, un anciano fue secuestrado y result&#243; herido. Dos sospechosos murieron en un accidente de coche, y t&#250; ibas justo detr&#225;s en el coche que los persegu&#237;a. En la Operaci&#243;n Ruise&#241;or, uno de tus agentes recibi&#243; un disparo y otro result&#243; gravemente herido en una persecuci&#243;n, que tambi&#233;n termin&#243; en un accidente y que provoc&#243; lesiones graves a un polic&#237;a que no estaba de servicio.

Ese polic&#237;a era Cassian Pewe, y ello supuso que su incorporaci&#243;n al cuerpo se retrasara varios meses.

Vosper sigui&#243;.

Provocaste un accidente de helic&#243;ptero y que un edificio quedara reducido a cenizas, y hubo que identificar tres cuerpos. Y en la Operaci&#243;n Camale&#243;n permitiste que tu sospechoso fuera perseguido por una v&#237;a de tren, donde result&#243; mutilado. &#191;Est&#225;s orgulloso de todo esto? &#191;No crees que tus m&#233;todos podr&#237;an mejorar?

En realidad, pens&#243; Roy Grace, s&#237; estaba orgulloso. Sumamente orgulloso de todo menos de las lesiones que hab&#237;an sufrido sus hombres, por las que siempre iba a culparse. Tal vez Vosper no conociera verdaderamente los antecedentes, o prefiriera ignorarlos.

Grace fue cauteloso en su respuesta.

Cuando se analiza una operaci&#243;n a posteriori, siempre se ven cosas que se podr&#237;a haber mejorado.

Exacto -dijo ella-. Y el comisario Pewe est&#225; aqu&#237; para eso. Para aportar su experiencia con el mejor cuerpo de polic&#237;a del Reino Unido.

Le habr&#237;a gustado responder: En realidad, se equivoca. El t&#237;o es un capullo integral. Pero aquella sensaci&#243;n de que Alison Vosper ten&#237;a otros planes para ese hombre se hab&#237;a reforzado. Tal vez s&#237; estuviera tir&#225;ndoselo; era improbable, estaba claro, pero hab&#237;a algo entre ellos: Pewe la ten&#237;a embobada. Fuera lo que fuese, era evidente que en estos momentos &#233;l no era el preferido de la profesora.

As&#237; que, en una de esas raras ocasiones en su carrera, decidi&#243; ajustarse a la pol&#237;tica.

Perfecto -dijo-. Gracias por aclar&#225;rmelo. Ha sido de gran ayuda.

Bien -dijo Vosper.

Grace se march&#243; del despacho absorto en sus pensamientos. Durante los &#250;ltimos cinco a&#241;os Sussex House hab&#237;a trabajado con cuatro investigadores jefe. El sistema funcionaba bien, no necesitaban m&#225;s. Ahora hab&#237;a cinco, en un momento en que andaban escasos de personal en rangos inferiores y se exced&#237;an del presupuesto. Vosper y sus compa&#241;eros no tardar&#237;an demasiado tiempo en reducir el n&#250;mero otra vez a cuatro. Y no hab&#237;a premio por adivinar a qui&#233;n despedir&#237;an; o mejor, a qui&#233;n trasladar&#237;an al quinto pino.

Necesitaba un plan. Algo que provocara que Cassian Pewe se cavara su propia tumba.

Y no ten&#237;a ninguno.



39

Octubre de 2007


Habr&#237;a matado por un latte del Starbucks, o cualquier otro caf&#233; reci&#233;n molido, pero no se atrev&#237;a a dejar su puesto de observaci&#243;n. El edificio de Abby s&#243;lo ten&#237;a una salida, usara el ascensor o la escalera de incendios, y era la puerta que estaba vigilando. No iba a arriesgarse. Llevaba encerrada demasiado tiempo, mucho m&#225;s de lo normal, y ten&#237;a la sensaci&#243;n de que estaba tramando algo.

Encontrarla ya hab&#237;a sido bastante dif&#237;cil, y caro. S&#243;lo hab&#237;a tenido un punto de suerte a su favor: un viejo amigo en el lugar adecuado.

Bueno, en realidad en el lugar equivocado, porque Donny Winters estaba en la c&#225;rcel por usurpaci&#243;n de identidad y fraude, pero se trataba de la prisi&#243;n Ford Open, que ten&#237;a un horario de visitas razonable y se encontraba a menos de una hora en coche de all&#237;. Hab&#237;a sido arriesgado ir a verle y le hab&#237;a salido caro, por los sobornos que Donny dijo que deb&#237;a pagar.

Su presentimiento fue cierto, por supuesto: todas las mujeres llamaban a sus madres. Y la madre de Abby estaba enferma. Ella crey&#243; que estar&#237;a a salvo por llamar desde un m&#243;vil de tarjeta con el n&#250;mero oculto. Zorra est&#250;pida.

Zorra est&#250;pida y codiciosa.

Sonri&#243; al mirar el Intercept GSM 3060 que descansaba en una caja de madera delante de &#233;l. Si te hallabas en el &#225;rea de alcance del m&#243;vil que realizaba la llamada o del m&#243;vil que la recib&#237;a, pod&#237;as escuchar la conversaci&#243;n y, lo que resultaba muy &#250;til, ver el n&#250;mero de la persona que telefoneaba, aunque estuviera oculto, y del receptor, independientemente de si era una l&#237;nea de m&#243;vil o de fijo. Pero ella no lo sab&#237;a, por supuesto.

Hab&#237;a acampado en un coche de alquiler cerca del piso de su madre en Eastbourne y esperado a que Abby la llamara. No tuvo que esperar demasiado. Despu&#233;s, Donny s&#243;lo necesit&#243; hacer una llamada a un tipo corrupto que trabajaba en un equipo de instalaci&#243;n de repetidores de telefon&#237;a m&#243;vil. En dos d&#237;as logr&#243; establecer la ubicaci&#243;n de la antena que hab&#237;a recogido las se&#241;ales del tel&#233;fono de Abby.

Averigu&#243; que los repetidores de telefon&#237;a m&#243;vil en ciudades densamente pobladas rara vez estaban separados por m&#225;s de unos cientos de metros de distancia y a menudo incluso menos. Y Donny le hab&#237;a explicado que, adem&#225;s de recibir y transmitir llamadas, las antenas actuaban de radiofaros. Incluso en espera, un m&#243;vil est&#225; en contacto con el repetidor m&#225;s cercano, transmitiendo constantemente una se&#241;al y recibiendo otra.

La pauta de se&#241;ales del tel&#233;fono de Abby mostraba que apenas sal&#237;a del &#225;mbito de un radiofaro en concreto, una macroc&#233;lula de Vodafone colocada en el cruce de Eastern Road y Boundary Road en Kemp Town.

Se encontraba a poca distancia de Marine Parade, que se extend&#237;a del Palace Pier hasta el club n&#225;utico, adornada en un lado por algunas de las fachadas de la Regencia m&#225;s elegantes de la ciudad y por el otro por un paseo mar&#237;timo con una barandilla y vistas de toda la playa y del Canal de la Mancha. Justo detr&#225;s de Marine Parade hab&#237;a un laberinto de calles, la mayor&#237;a residenciales, casi todas con una mezcla de pisos, hoteles baratos y hostales.

Record&#243; lo mucho que le gustaba a Abby mirar el oc&#233;ano desde el piso de &#233;l y se imagin&#243; que ahora vivir&#237;a cerca del mar. Y casi sin ning&#250;n g&#233;nero de dudas, tendr&#237;a vistas en &#233;l, lo que facilit&#243; mucho el trabajo de identificar el grupo de calles en que deb&#237;a de residir. Lo &#250;nico que ten&#237;a que hacer era patrullar por all&#237;, disfrazado, con la esperanza de que apareciera, algo que ocurri&#243; tres d&#237;as despu&#233;s. La vio entrar en un kiosco de Eastern Road y luego la sigui&#243; hasta la puerta de su casa.

Tuvo la tentaci&#243;n de agarrarla all&#237; mismo, pero era demasiado arriesgado; hab&#237;a gente alrededor. Lo &#250;nico que Abby ten&#237;a que hacer era gritar y el juego habr&#237;a terminado. &#201;se era el problema. &#201;se era el poder que ten&#237;a sobre &#233;l, y ella lo sab&#237;a.

Ahora la lluvia todav&#237;a ca&#237;a con m&#225;s intensidad, repiqueteando ruidosamente, resonando a su alrededor. Ser&#237;a agradable tener servicio de habitaciones en un d&#237;a como &#233;ste, pens&#243;. Pero, bueno, &#161;no se pod&#237;a tener todo! En todo caso, no sin tener un poco de paciencia.

De ni&#241;o sol&#237;a ir a pescar con su padre. Como a &#233;l, siempre le hab&#237;an gustado los cacharros, as&#237; que compr&#243; uno de los primeros se&#241;uelos electr&#243;nicos que hubo. Con el primer golpe de un pez, al tirar del se&#241;uelo, se activaba un pitido corto y agudo en el peque&#241;o transmisor situado en el suelo junto a sus sillas plegables.

Se parec&#237;a al pitido que oy&#243; ahora en su sistema de intercepci&#243;n, mientras pasaba los p&#225;ginas del Daily Mail: un pitido claro, penetrante, agudo, seguido de otro.

La zorra estaba llamando a alguien.



40

Octubre de 2007


Gracias por llamar a Global Express -dijo la voz pregrabada-. Por favor, pulse cualquier tecla para continuar. Gracias. Para comprobar el estado de su entrega, por favor, pulse 1. Para solicitar la recogida de un paquete, pulse 2. Si es usted un cliente con cuenta y quiere solicitar la recogida de un paquete, pulse 3. Si es usted un cliente nuevo y quiere solicitar la recogida de un paquete, pulse 4. Para cualquier otra consulta, pulse 5.

Abby puls&#243; el 4.

Para entregas dentro del Reino Unido, por favor, pulse 1. Para entregas al extranjero, pulse 2.

Puls&#243; el 1.

Hubo un silencio breve. Detestaba estos sistemas autom&#225;ticos. Entonces oy&#243; un par de clics seguidos de una voz de hombre joven.

Global Express, le atiende Jonathan. &#191;En qu&#233; puedo ayudarle?

Por la voz, Jonathan parec&#237;a m&#225;s apto para trabajar ayudando a jovencitos a probarse pantalones en una sastrer&#237;a.

Hola, Jonathan -dijo Abby-. Tengo un env&#237;o.

Ning&#250;n problema. &#191;Tama&#241;o carta? &#191;Tama&#241;o paquete? &#191;Mayor?

Un sobre tama&#241;o DIN-A4 de un par de cent&#237;metros de grosor -contest&#243;.

Ning&#250;n problema -le asegur&#243; Jonathan-. &#191;Y ad&#243;nde quiere mandarlo?

A una direcci&#243;n a las afueras de Brighton -dijo.

Ning&#250;n problema. &#191;Ad&#243;nde ir&#237;amos a recogerlo?

A Brighton -dijo Abby-. Bueno, a Kemp Town, en realidad.

Ning&#250;n problema.

&#191;Cu&#225;ndo pueden pasar a recogerlo? -pregunt&#243;.

En su zona un momento Lo recoger&#237;amos de cuatro a siete.

&#191;No puede ser antes?

Ning&#250;n problema, pero hay un recargo.

Abby pens&#243; deprisa. Si continuaba el mal tiempo, a las cinco ya habr&#237;a oscurecido bastante. &#191;Ser&#237;a una ventaja o un inconveniente?

&#191;Enviar&#225;n una moto o una furgoneta? -pregunt&#243;.

Si es de noche ser&#225; una furgoneta -contest&#243; Jonathan.

Su mente estaba corrigiendo el plan.

&#191;Es posible pedirles que no pasen antes de las cinco y media?

&#191;Que no pasen antes de las cinco y media? D&#233;jeme ver.

Hubo unos momentos de silencio. Abby se esforzaba mucho en pensar con claridad. Hab&#237;a muchas variables. Se oy&#243; un clic y Jonathan volvi&#243; con ella.

Ning&#250;n problema.



41

Septiembre de 2007


Oh, s&#237;, qu&#233; maravilloso ser&#237;a no estar aqu&#237; un lunes por la ma&#241;ana, pens&#243; el sargento jefe George Fletcher. Ya era suficientemente malo tener una resaca atroz un lunes por la ma&#241;ana. Pero estar aqu&#237;, en el Departamento de Patolog&#237;a Forense del Instituto de Medicina Forense de Victoria, la agravaba sobremanera. Y odiaba toda esa gilipollez de la jerga moderna. Era el dep&#243;sito de cad&#225;veres, por el amor de Dios, el lugar donde los cad&#225;veres mor&#237;an todav&#237;a m&#225;s. Era el &#250;ltimo sitio antes del cementerio donde tu nombre aparecer&#237;a escrito en el registro de entrada.

Y en estos momentos estaba agredi&#233;ndole un sonido chirriante, quejumbroso, que sacud&#237;a todos los &#225;tomos de su cuerpo en la sala abarrotada, observando c&#243;mo el cuerpo de la mujer sin identificar pasaba despacio por el arco en forma de donut del esc&#225;ner.

Nadie la hab&#237;a tocado desde que la sacaron ayer del maletero del coche, cuando la hab&#237;an metido en una bolsa y tra&#237;do aqu&#237;, donde hab&#237;a pasado la noche en una nevera. El olor era desagradable, un hedor empalagoso a desag&#252;e y una peste penetrante y agria que le record&#243; a las plantas acu&#225;ticas. No s&#243;lo ten&#237;a que luchar contra el ruido machac&#243;n en su cerebro, sino contra las arcadas que notaba en el est&#243;mago. La piel de la mujer ten&#237;a un aspecto jabonoso e hinchado, con grandes zonas de vetas negras. Su pelo, que seguramente hab&#237;a sido rubio y que segu&#237;a siendo claro, estaba apelmazado y ten&#237;a insectos, trozos de papel y lo que parec&#237;a un pedazo de fieltro. Resultaba dif&#237;cil distinguir los rasgos de su cara, puesto que las partes que no estaban descompuestas estaban mordisqueadas. El pat&#243;logo calcul&#243; que tendr&#237;a unos treinta y cinco a&#241;os aproximadamente.

George llevaba una bata verde encima de la camisa blanca, la corbata y los pantalones del traje y botas de goma blancas, como su compa&#241;ero, el sargento Troy Burg, que estaba a su lado. Delgado, de pelo &#225;spero y actitud irritable, Barry Manx, el t&#233;cnico forense jefe, manejaba la m&#225;quina, y el pat&#243;logo recorr&#237;a con la mirada el cuerpo de la mujer arriba y abajo, ley&#233;ndolo como si fueran las p&#225;ginas de un libro.

Era un proceso rutinario escanear todos los cuerpos que entraban aqu&#237; para practicarles la autopsia. Principalmente se buscaban se&#241;ales de enfermedades infecciosas, antes de abrirlos.

A la mujer sin identificar le faltaba carne en varios lugares. Sus labios hab&#237;an desaparecido parcialmente, igual que una oreja, y se ve&#237;an los huesos de los dedos de la mano izquierda. Aunque hab&#237;a estado encerrada en el maletero de un coche, gran cantidad de flora y fauna acu&#225;tica hab&#237;a logrado entrar en &#233;l y se hab&#237;a dado un buen fest&#237;n con sus restos.

George se hab&#237;a dado un buen fest&#237;n ayer con su mujer, Janet, con la cena que hab&#237;a preparado &#233;l. Unos meses atr&#225;s se hab&#237;a apuntado a un curso de cocina en un centro de formaci&#243;n profesional de Geelong. Anoche hab&#237;a preparado langostas zapatilla fritas seguidas de entrecot de ternera marinado con ajo y, para terminar, panacota de kiwi. Y acompa&#241;ado con

Gru&#241;&#243;, en silencio, al recordarlo.

Demasiado zinfandel de Margaret River.

Y ahora todo volv&#237;a para fastidiarle.

Le ir&#237;a bien un poco de agua y un caf&#233; solo bien fuerte, pens&#243; mientras segu&#237;a a Burg por un pasillo brillante, inmaculado y sin ventanas.

La sala de autopsias no era su lugar preferido en ning&#250;n momento de ning&#250;n d&#237;a y menos con resaca. Era un sitio grande y tenebroso que parec&#237;a un cruce entre un quir&#243;fano y una f&#225;brica. El techo era de aluminio con conductos de aire enormes y luces empotradas, mientras que un bosque de cables sal&#237;a de las paredes con focos y tomas de corriente que pod&#237;an dirigirse hacia cualquier parte del cuerpo que estuviera inspeccion&#225;ndose. El suelo era azul oscuro, como si se intentara dar un poco de alegr&#237;a al lugar, y en cada lado hab&#237;a superficies de trabajo, carritos con instrumentos quir&#250;rgicos, cubos de basura rojos con bolsas amarillas y mangueras.

Aqu&#237; se procesaban cinco mil cad&#225;veres al a&#241;o.

Se meti&#243; dos c&#225;psulas de paracetamol en la boca y se las trag&#243; con dificultad con su propia saliva. Un fot&#243;grafo forense estaba sacando fotos del cad&#225;ver y un polic&#237;a retirado que George conoc&#237;a desde hac&#237;a a&#241;os, y que ahora era el agente del forense asignado a este caso, estaba en el otro extremo de la sala, junto a una mesa, hojeando el breve dossier que se hab&#237;a elaborado y que inclu&#237;a fotograf&#237;as tomadas ayer en el r&#237;o.

El pat&#243;logo trabajaba deprisa, deteni&#233;ndose cada pocos minutos para dictar a su grabadora. A medida que transcurr&#237;a la ma&#241;ana, George, cuya presencia aqu&#237;, junto con la de Troy, era casi innecesaria, pas&#243; la mayor parte del tiempo en un rinc&#243;n tranquilo de la sala, trabajando a trav&#233;s del m&#243;vil, reuniendo a su equipo de investigaci&#243;n y asignando tareas a cada uno de sus hombres. Tambi&#233;n aprovech&#243; para preparar la primera rueda de prensa, que estaba retrasando al m&#225;ximo con la esperanza de obtener alguna informaci&#243;n positiva del pat&#243;logo que pudiera divulgar.

Sus dos prioridades en estos momentos eran la identidad de la mujer y la causa de su muerte. Normalmente, la broma de mal gusto que hizo Troy sobre que quiz&#225;s hab&#237;a intentado reproducir uno de los trucos de Harry Houdini o David Blaine le habr&#237;a arrancado una sonrisa, pero hoy no.

El pat&#243;logo se&#241;al&#243; a George que el hueso hioides estaba roto, lo que era una se&#241;al de estrangulamiento. Pero los ojos estaban tan deteriorados que no pod&#237;an aportar las pruebas que habr&#237;an obtenido de la hemorragia petequial, y los pulmones estaban demasiado descompuestos para proporcionar alguna pista sobre si ya estaba muerta cuando el coche cay&#243; al r&#237;o.

La piel de la mujer no estaba en buen estado. La inmersi&#243;n prolongada en el agua provocaba que se degradaran no s&#243;lo todos los tejidos blandos y el pelo, sino, lo que era m&#225;s importante, el ADN nuclear -monocelular- que pod&#237;a obtenerse de ellos. Si la degradaci&#243;n era severa tendr&#237;an que confiar en el ADN de los huesos de la mujer, que proporcionaba un resultado mucho menos seguro.

Cuando no hablaba por tel&#233;fono, George se apoyaba en la pared sin hacer ruido, deseando con todas sus fuerzas sentarse y cerrar los ojos unos minutos. Empezaba a pesarle la edad. El mantenimiento de la ley y el orden era un juego de j&#243;venes, hab&#237;a pensado en m&#225;s de una ocasi&#243;n &#250;ltimamente. A&#250;n le quedaban tres a&#241;os para recoger la pensi&#243;n y, aunque todav&#237;a disfrutaba de su trabajo, la mayor parte del tiempo deseaba no tener que dejar el m&#243;vil encendido d&#237;a y noche y preocuparse por si lo mandaban a un hallazgo macabro en pleno descanso dominical.

&#161;George!

Troy le estaba llamando.

Se acerc&#243; a la mesa sobre la que descansaba la mujer. El pat&#243;logo sosten&#237;a algo con los f&#243;rceps. Parec&#237;a una medusa porosa, trasl&#250;cida y sin tent&#225;culos.

Implantes mamarios -dijo el pat&#243;logo-. Se hab&#237;a operado las tetas.

&#191;Una reconstrucci&#243;n por c&#225;ncer de mama? -pregunt&#243; George. Una amiga de Janet hab&#237;a sufrido una mastectom&#237;a recientemente y conoc&#237;a un poco el tema.

No, s&#243;lo unas tetas m&#225;s grandes -contest&#243; el pat&#243;logo-. Lo cual es una buena noticia para nosotros. -George frunci&#243; el ce&#241;o-. Todos los implantes mamarios de silicona llevan inscrita la identificaci&#243;n del fabricante -explic&#243;-. Y cada uno de ellos tiene un n&#250;mero de serie que se guarda en el registro del hospital junto al nombre de la receptora. -Acerc&#243; un poco m&#225;s el implante a George, hasta que &#233;ste pudo ver una fila min&#250;scula de n&#250;meros grabados-. Esto nos llevar&#225; al fabricante. Averiguar la identidad de la mujer deber&#237;a ser coser y cantar.

George retom&#243; sus llamadas. Hizo una r&#225;pida a Janet para decirle que la quer&#237;a. La hab&#237;a llamado siempre, al menos una vez al d&#237;a, desde el trabajo, desde casi su primera cita. Y lo dec&#237;a en serio. La segu&#237;a queriendo igual despu&#233;s de todos aquellos a&#241;os. Estaba de mejor humor gracias al descubrimiento del pat&#243;logo. El paracetamol comenzaba a hacerle efecto. Incluso empezaba a pensar en el almuerzo.

Entonces, de repente, el pat&#243;logo lo llam&#243;:

George, &#161;esto podr&#237;a ser importante!

Corri&#243; hacia la mesa.

Las paredes del &#250;tero son gruesas -dijo el pat&#243;logo-.

Con un cuerpo que lleva sumergido tanto tiempo, el &#250;tero es una de las partes que se degrada m&#225;s lentamente. &#161;Y acabamos de tener mucha suerte!

&#191;S&#237;? -dijo George.

El pat&#243;logo asinti&#243; con la cabeza.

&#161;Ahora s&#237; podremos obtener el ADN! -Se&#241;al&#243; la tabla de disecci&#243;n que descansaba, en sus patas de acero, sobre los restos de la mujer muerta.

Encima hab&#237;a un revoltijo de fluidos corporales. En el medio hab&#237;a un &#243;rgano interno color crema, como una salchicha en forma de U que hab&#237;a sido abierto. George no supo identificarlo. Pero fue el objeto que estaba en el centro lo que llam&#243; su atenci&#243;n al instante. Por un momento pens&#243; que era una gamba no digerida en el intestino de la mujer. Pero luego, al examinarlo con m&#225;s detenimiento, se dio cuenta de lo que era.

Y perdi&#243; el apetito.



42

Octubre de 2007


La primera se&#241;al, y la m&#225;s bien recibida, de que se hab&#237;a producido un cambio de r&#233;gimen en Sussex House era que ahora los jefes del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal ten&#237;an plaza de aparcamiento propia, y en la mejor ubicaci&#243;n, justo delante del edificio. Lo que significaba que Roy Grace ya no ten&#237;a que dar vueltas con el coche para encontrar sitio donde aparcar en la calle, o dejarlo furtivamente en el aparcamiento del supermercado ASDA de enfrente, como la mayor&#237;a de sus compa&#241;eros, y luego regresar bajo la maldita lluvia, o tomar el atajo embarrado a trav&#233;s de los arbustos y despu&#233;s, desafiando a la muerte, saltar desde un muro de ladrillo.

Situado en una colina que antes hab&#237;a sido campo abierto, a una distancia prudente de Brighton y Hove, el edificio con reminiscencias artd&#233;co hab&#237;a sido construido originariamente como hospital para enfermedades infecciosas. Hab&#237;a pasado por distintos usos antes de albergar el Departamento de Investigaci&#243;n Criminal y en alg&#250;n momento de su historia el crecimiento descontrolado de la ciudad hab&#237;a llegado hasta all&#237;. Ahora se asentaba incongruentemente en un pol&#237;gono industrial, justo delante del ASDA, que funcionaba como cantina no oficial, pero pr&#225;ctica, y aparcamiento extra del edificio.

Desde la salida reciente del afable pero laxo inspector jefe Gary Weston, que hab&#237;a sido ascendido a subdirector en los Midlands, Jack Skerritt, un tipo duro, serio y fumador de pipa, estaba haciendo notar su presencia en la central. Skerritt, ex director de la polic&#237;a local de Brighton y Hove, de 52 a&#241;os, combinaba la severidad de la vieja escuela con ideas modernas y era uno de los polic&#237;as m&#225;s queridos y respetados del cuerpo.

Recuperar estas reuniones semanales era, de momento, su innovaci&#243;n m&#225;s importante.

Otro cambio perceptible al instante, medit&#243; Grace mientras entraba por la puerta y saludaba alegremente a los dos guardias de seguridad, era que Skerritt hab&#237;a impuesto un sello de modernidad en la escalera de entrada. Hab&#237;an mandado a un museo la exposici&#243;n de porras antiguas. Ahora, las paredes color crema estaban reci&#233;n pintadas y hab&#237;a un tabl&#243;n de fieltro azul ancho y nuevo con las fotograf&#237;as de todos los jefes que dirig&#237;an la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal.

El lugar m&#225;s destacado lo ocupaba la foto del propio Jack Skerritt. Era un hombre delgado de mand&#237;bula cuadrada, atractivo, con un aire ligeramente anticuado de gal&#225;n de Hollywood. Ten&#237;a una expresi&#243;n severa, el pelo casta&#241;o y repeinado, y llevaba un traje oscuro y una corbata a cuadros de colores apagados. Irradiaba una presencia imponente que parec&#237;a decir: No me jodas y ser&#233; justo contigo. Y, de hecho, &#233;sa era la esencia del hombre.

Grace lo respetaba y admiraba. Era el tipo de polic&#237;a que le gustar&#237;a ser. A tres a&#241;os de jubilarse, Skerritt pasaba de la correcci&#243;n pol&#237;tica y tampoco le preocupaban las directrices de sus superiores. Consideraba que su papel era transformar las calles, los hogares y los negocios de Sussex en lugares seguros para ciudadanos respetuosos con la ley, y c&#243;mo lo hiciera era cosa suya. Durante sus dos &#250;ltimos a&#241;os como director de la polic&#237;a local de Brighton y Hove, antes de asumir su cargo aqu&#237;, hab&#237;a tenido un impacto importante en los niveles de delincuencia de la ciudad.

En lo alto de las escaleras hab&#237;a un descansillo ancho y enmoquetado, con una planta de pl&#225;stico que ten&#237;a pinta de recibir hormonas del crecimiento y una maceta con una palmera que parec&#237;a m&#225;s adecuada para un hospicio.

Grace acerc&#243; su tarjeta al lector de la puerta de seguridad y entr&#243; en el ambiente enrarecido del centro de mando. Esta primera secci&#243;n era una zona abierta y grande, con una alfombra naranja en el centro y mesas a cada lado para el personal de apoyo.

Los jefes de departamento ten&#237;an despacho propio. Una de las puertas estaba abierta y Grace y su amigo Brian Cook, el director del &#225;rea de apoyo cient&#237;fico, que estaba de pie terminando una llamada, se saludaron con la cabeza. Luego pas&#243; deprisa por delante del despacho grande y acristalado de Jack Skerritt porque quer&#237;a hablar un momento con Eleanor Hodgson, su asistente de apoyo a la gesti&#243;n, como se llamaba ahora a las secretarias en este mundo de locos de la correcci&#243;n pol&#237;tica.

Los p&#243;steres ocupaban todas las paredes. Uno grande, rojo y naranja, destacaba sobre el resto:

Delata a los delincuentes

Los traficantes de drogas destrozan vidas

Di a la polic&#237;a qui&#233;nes son

Pas&#243; deprisa por delante de su despacho y de otro p&#243;ster que dec&#237;a Comisario Gaynor Allen, &#225;rea de operaciones e inteligencia y se dirigi&#243; a donde estaba sentada Eleanor.

Era una zona abarrotada de mesas llenas de bandejas de entrada rojas y negras desbordadas y teclados, tel&#233;fonos, carpetas, blocs de notas y post-it. Alg&#250;n bromista hab&#237;a pegado una L de conductor novato en la parte trasera de una pantalla plana de ordenador.

La de Eleanor era la &#250;nica mesa ordenada. Era una mujer de mediana edad, remilgada, silenciosamente eficaz aunque nerviosa, de pelo negro y pulcro y rostro insulso, un poco anticuado, que se encargaba de gran parte de la vida de Roy Grace. Mientras se acercaba a ella vio que parec&#237;a exaltada, como si el comisario fuera a gritarle por alguna cagada, aunque no le hab&#237;a alzado la voz ni una sola vez en los dieciocho meses que llevaba trabajando para &#233;l. La mujer era as&#237;, simplemente.

Grace le pidi&#243; que llamara al Thistle Hotel para comprobar el tama&#241;o de las mesas para la cena de diciembre del club de rugby y repas&#243; r&#225;pidamente algunos e-mails urgentes que ella le sugiri&#243;; luego, tras mirar la hora y ver que pasaban dos minutos de las diez y media, entr&#243; en los dominios amplios e imponentes de Skerritt. Igual que su propio despacho -le hab&#237;an trasladado hac&#237;a poco de una zona del edificio a otra-, daba a la carretera del ASDA. Pero ah&#237; acababan las similitudes. Mientras que &#233;l s&#243;lo ten&#237;a espacio para un escritorio y una mesa redonda peque&#241;a, la amplia sala de Skerritt alojaba, adem&#225;s de su escritorio grande, una mesa de reuniones rectangular.

Aqu&#237; tambi&#233;n se hab&#237;an producido cambios. Hab&#237;an desaparecido las fotograf&#237;as enmarcadas de caballos de carreras y galgos que dominaban las paredes en los tiempos de Gary Weston y que demostraban sus prioridades en la vida. Los hab&#237;a sustituido una sola fotograf&#237;a enmarcada de dos chicos adolescentes y varias de labradores y cachorros. Los criaba la mujer de Skerritt, pero tambi&#233;n eran la pasi&#243;n del jefe de polic&#237;a durante aquellos raros momentos que no pasaba en el trabajo.

Skerritt ol&#237;a levemente a humo de tabaco de pipa, igual que Norman Potting. A Grace el olor de Potting le parec&#237;a nocivo, pero el de Skerritt le gustaba. Le sentaba bien, realzaba su imagen de hombre duro.

Consternado, vio a Cassian Pewe sentado a la mesa, junto con el resto de investigadores jefe y otros polic&#237;as de rango superior del equipo de mando. Imaginaba que el tabaco nunca hab&#237;a pasado por los labios de Cassian Pewe.

El nuevo comisario lo salud&#243; con una sonrisa de reptil y un meloso:

Hola, Roy, me alegro de verte. -Extendi&#243; su mano h&#250;meda. Roy la estrech&#243; tan brevemente como pudo, luego ocup&#243; el &#250;nico sitio libre, disculp&#225;ndose por llegar tarde ante Skerritt, que era un mani&#225;tico de la puntualidad.

Muchas gracias por venir, Roy -dijo el inspector jefe.

Ten&#237;a una voz fuerte, neutra, que siempre sonaba sarc&#225;stica, como si hubiera pasado tanto tiempo de su vida interrogando a sospechosos mentirosos que se le hubiera pegado para siempre. Roy no sab&#237;a decir si ahora estaba siendo sarc&#225;stico o no.

Bien -prosigui&#243; Skerritt-. El tema de hoy.

Se sent&#243; muy erguido, con una postura elegante y segura de s&#237; misma. Transmit&#237;a un aire de indestructibilidad f&#237;sica, como si le hubieran tallado de un bloque de granito. Ley&#243; un programa impreso que ten&#237;a delante. Alguien le pas&#243; una copia a Roy y &#233;l la revis&#243;. Lo mismo de siempre.



El acta de la reuni&#243;n anterior.

El informe anual sobre accidentes de tr&#225;fico.

Los retos para 2010; un d&#233;ficit de 8-10 millones de libras.

Unir fuerzas; puesta al d&#237;a sobre la fusi&#243;n de los cuerpos policiales de Sussex y Surrey

Skerritt repas&#243; a buen ritmo todos los puntos con el grupo reunido. Cuando llegaron a Actualizaci&#243;n de operaciones, Roy los puso al corriente sobre la Operaci&#243;n Dingo. No dispon&#237;a de demasiadas novedades a estas alturas, pero les dijo que ten&#237;a la esperanza de conocer pronto la identidad de la mujer gracias a los historiales dentales.

Cuando Skerritt lleg&#243; al punto Otros asuntos, se volvi&#243; de repente hacia Grace.

Roy, voy a realizar algunos cambios en el equipo.

Por un momento, a Grace se le cay&#243; el alma a los pies. &#191;Por fin empezaba a dar resultados la conspiraci&#243;n Vosper-Pewe?

Voy a asignarte el Departamento de Delitos Graves -dijo Skerritt.

Grace apenas pod&#237;a creer lo que acababa de o&#237;r y, de hecho, se pregunt&#243; si hab&#237;a escuchado o entendido mal.

&#191;Delitos graves?

S&#237;, Roy, lo he estado pensando. -Se se&#241;al&#243; la cabeza-. Soy un cerebrito, ya sabes. Mantendr&#225;s las funciones de investigador jefe, pero quiero que dirijas el Departamento de Delitos Graves. Ser&#225;s mi n&#250;mero dos, y dirigir&#225;s el Departamento de Investigaci&#243;n Criminal cuando yo no est&#233;.

&#161;Estaba ascendi&#233;ndole!

Por el rabillo del ojo vio a Cassian Pewe, y parec&#237;a como si acabara de morder un lim&#243;n.

Grace sab&#237;a que aunque seguir&#237;a ostentando el mismo cargo, sustituir a Jack en su ausencia y dirigir la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de vez en cuando era un gran paso.

Gracias, Jack. Yo Estoy encantado. -Luego dud&#243;-. &#191;Alison Vosper est&#225; de acuerdo?

Yo me encargo de Alison -contest&#243; Skerritt quit&#225;ndole importancia al asunto. Entonces se volvi&#243; hacia Pewe-. Cassian, bienvenido a nuestro equipo. Roy va a estar ocupad&#237;simo con el trabajo extra, as&#237; que me gustar&#237;a que comenzaras encarg&#225;ndote de los casos sin resolver, lo que significa que tendr&#225;s que informar a Roy.

A Grace le cost&#243; trabajo reprimir una sonrisa. El rostro de Cassian Pewe era un poema. O mejor, uno de esos mapas del tiempo de televisi&#243;n con s&#237;mbolos de lluvia y nubarrones y ni un solo rayo de sol a la vista. Incluso su bronceado eterno pareci&#243; desaparecer de repente.

La reuni&#243;n termin&#243; a la hora prevista, las 11.30 en punto. Cuando Grace se marchaba, Cassian Pewe lo detuvo en la puerta.

Roy -dijo-. Alison cree que podr&#237;a ser buena idea que hoy fuera contigo a la rueda de prensa y la reuni&#243;n informativa de la tarde. Para ir ganando confianza, por as&#237; decirlo. Para ir viendo c&#243;mo hac&#233;is las cosas por aqu&#237;. &#191;Te sigue pareciendo bien, en vista de lo que Jack me acaba de ordenar que haga?

No -pens&#243; Grace-. No me parece nada bien. Pero se call&#243;.

Bueno -dijo-. Creo que tal vez emplear&#237;as mejor tu tiempo familiariz&#225;ndote con mis investigaciones. Te ense&#241;ar&#233; los expedientes de los casos sin resolver y podr&#225;s empezar.

Y luego dedic&#243; unos momentos a pensar en lo agradable que ser&#237;a clavarle alfileres calientes a Pewe en los test&#237;culos.

Pero por la cara que puso Cassian, parec&#237;a que Jack Skerritt ya se hab&#237;a encargado de hacerlo.



43

Octubre de 2007


Grace no alarg&#243; la rueda de prensa informativa. Hab&#237;a comenzado la temporada de congresos de los partidos pol&#237;ticos y muchos periodistas, aunque no les interesara directamente la pol&#237;tica, estaban en Blackpool con los tories, que en estos momentos, al parecer, proporcionaban titulares m&#225;s suculentos que un esqueleto en una alcantarilla, al menos para los peri&#243;dicos nacionales.

Pero la Mujer desconocida era una buena historia local, en particular porque los restos &#243;seos hab&#237;an sido hallados debajo de uno de los mayores proyectos inmobiliarios jam&#225;s emprendido en la ciudad y ol&#237;a a historia del pasado e historia en construcci&#243;n. Estaban estableci&#233;ndose analog&#237;as con los Asesinatos del ba&#250;l de Brighton, dos sucesos acontecidos en 1934 donde se hallaron cuerpos descuartizados dentro de ba&#250;les, lo que provoc&#243; que la ciudad se ganara el sobrenombre ingrato de Capital inglesa del crimen.

Hab&#237;an aparecido un equipo de la divisi&#243;n local de la BBC y tambi&#233;n uno de la Southern Counties Radio, adem&#225;s de un joven con una c&#225;mara de v&#237;deo de un canal de televisi&#243;n por internet nuevo de Brighton, Absolute Television, un par de corresponsales de peri&#243;dicos de Londres que Grace conoc&#237;a, un reportero del Sussex Express y, por supuesto, Kevin Spinella, del Argus.

Aunque Spinella le sacaba de quicio, Grace empezaba a respetar al joven periodista, a rega&#241;adientes, eso s&#237;. Ve&#237;a que trabajaba duro, como &#233;l, y tras coincidir en un caso anterior y cumplir su promesa de no desvelar una informaci&#243;n importante, demostr&#243; ser un periodista con el que la polic&#237;a pod&#237;a tratar. Algunos agentes cre&#237;an que toda la prensa estaba llena de alima&#241;as, pero Grace no pensaba as&#237;. Casi todos los delitos graves se basaban en aportaciones de testigos, en ciudadanos que hablaban, en estimular la memoria de la gente. Si sab&#237;as manejar bien a la prensa, pod&#237;as conseguir que trabajara bastante para ti.

Como esta ma&#241;ana ten&#237;a poca informaci&#243;n, Grace se concentr&#243; en transmitir algunos mensajes clave: la edad y la descripci&#243;n que pod&#237;an proporcionar de la mujer y un c&#225;lculo de los a&#241;os que pod&#237;a llevar en ese desag&#252;e, con la esperanza de que un miembro de la familia o un amigo pudiera dar detalles de una persona desaparecida en esa &#233;poca.

Grace hab&#237;a a&#241;adido que no conoc&#237;an la causa de la muerte, pero que el estrangulamiento era una posibilidad y que el autor del asesinato seguramente conoc&#237;a bien Brighton y Hove.

Cuando sali&#243; de la sala de prensa, poco antes de las 12.30, oy&#243; que lo llamaban.

Para su fastidio, Kevin Spinella se hab&#237;a acostumbrado a abordarle despu&#233;s de las ruedas de prensa, arrincon&#225;ndole en el pasillo, alejados de los otros periodistas para que no pudieran escucharles.

Comisario Grace, &#191;podr&#237;amos hablar un momento?

Por un instante, Roy se pregunt&#243; si quiz&#225; Spinella se hab&#237;a enterado de su ascenso. Tendr&#237;a que ser imposible que lo hubiera averiguado tan deprisa, pero ya llevaba un tiempo sospechando que contaba con un informador dentro de la polic&#237;a de Sussex. Siempre parec&#237;a conocer cualquier incidente antes que nadie. Roy estaba resuelto a llegar al fondo de la cuesti&#243;n en alg&#250;n momento, pero no era nada f&#225;cil. Cuando empezabas a escarbar, te arriesgabas a que muchos de tus compa&#241;eros se distanciaran de ti.

El joven reportero, vestido como siempre con traje, camisa y corbata, estaba m&#225;s elegante y arreglado que el s&#225;bado por la ma&#241;ana en el solar, empapado por culpa de la lluvia.

No tiene nada que ver con este caso -dijo Spinella, masticando chicle-. S&#243;lo es algo que he cre&#237;do que deb&#237;a mencionarle. El s&#225;bado por la tarde recib&#237; una llamada de un contacto que tengo en los bomberos, iban a un piso de Kemp Town a rescatar a alguien que se hab&#237;a quedado atrapado en un ascensor.

Amigo, &#161;qu&#233; vida tan emocionante tienes! -dijo Grace para burlarse de &#233;l.

S&#237;, de locos -contest&#243; Spinella con seriedad, sin captar la iron&#237;a o haciendo caso omiso a prop&#243;sito-. La cuesti&#243;n es que esta mujer -Dud&#243; y se dio unos golpecitos en la nariz-. Usted tiene olfato de poli, &#191;verdad?

Grace se encogi&#243; de hombros. Siempre ten&#237;a cuidado con lo que le contaba a Spinella.

Eso dice la gente sobre los polic&#237;as.

Spinella volvi&#243; a tocarse la nariz.

S&#237;, bueno, yo tambi&#233;n lo tengo. Olfato para una buena historia. &#191;Sabe a qu&#233; me refiero?

S&#237;. -Grace mir&#243; su reloj-. Tengo prisa

S&#237;, de acuerdo, no le entretendr&#233;. S&#243;lo quer&#237;a alertarle, eso es todo. La mujer a la que liberaron, veintitantos a&#241;os, muy guapa Me dio la sensaci&#243;n de que algo no iba bien.

&#191;En qu&#233; sentido?

Estaba muy angustiada.

No me sorprende si se hab&#237;a quedado atrapada en un ascensor.

Spinella neg&#243; con la cabeza.

No en ese sentido.

Grace se qued&#243; mir&#225;ndolo unos momentos. Sab&#237;a que los reporteros de los peri&#243;dicos locales publicaban un gran abanico de historias en portada. Muertes repentinas, accidentes de tr&#225;fico, v&#237;ctimas de atracos, de robos en sus casas, familiares de personas desaparecidas. Los periodistas como Spinella ve&#237;an a gente angustiada todo el d&#237;a. Incluso a pesar de ser tan joven y tener poca experiencia, seguramente hab&#237;a aprendido a reconocer distintos tipos de angustia.

De acuerdo, &#191;en qu&#233; sentido?

Estaba asustada por algo. Se neg&#243; a abrir la puerta al d&#237;a siguiente cuando el peri&#243;dico mand&#243; a un fot&#243;grafo. Si no me equivoco, dir&#237;a que se escond&#237;a de alguien.

Grace asinti&#243;. Algunos pensamientos cruzaron por su mente.

&#191;De qu&#233; nacionalidad?

Inglesa. Blanca, si me est&#225; permitido decirlo. -Sonri&#243;.

Haciendo caso omiso al comentario, Grace decidi&#243; que aquello descartaba que se tratara de una esclava sexual; la mayor&#237;a eran de Europa del Este y &#193;frica. Hab&#237;a todo tipo de posibilidades distintas. Un mill&#243;n de cosas pod&#237;an angustiar a una persona, pero estar angustiado no era raz&#243;n suficiente para que la polic&#237;a hiciera una visita a alguien.

&#191;Nombre y direcci&#243;n? -pregunt&#243; y anot&#243; diligentemente en su libreta Katherine Jennings y el n&#250;mero del piso y la direcci&#243;n. Le pedir&#237;a a alguien que introdujera el nombre en la base de datos de la polic&#237;a para ver si aparec&#237;a alguna nota. Aparte de eso, lo &#250;nico que pod&#237;a hacer era esperar a que el nombre volviera a salir.

Luego, mientras Roy acercaba su tarjeta al lector de seguridad para acceder al centro de investigaciones, Spinella lo volvi&#243; a llamar.

Ah, comisario.

Grace se dio la vuelta, irritado ahora.

&#191;S&#237;?

&#161;Felicidades por el ascenso!



44

11 de septiembre de 2001


De pie bajo el sol en el entarimado vac&#237;o, Ronnie volvi&#243; a comprobar una vez m&#225;s que su m&#243;vil estuviera apagado; apagado del todo. Mir&#243; adelante, m&#225;s all&#225; de los bancos y la barandilla del paseo, de la arena dorada de la playa desierta, m&#225;s all&#225; del oc&#233;ano ondulante, hacia la columna distante de humo negro y gris y naranja que te&#241;&#237;a el cielo sin cesar pint&#225;ndolo del color del &#243;xido.

Apenas asimilaba nada. Acababa de darse cuenta de que se hab&#237;a olvidado el pasaporte en la caja fuerte de la habitaci&#243;n del hotel. Pero quiz&#225; aquello lo ayudara. Estaba pensando, pensando, pensando. Las ideas se agolpaban confusas en su cabeza. Ten&#237;a que despejarse. Tal vez un poco de ejercicio le har&#237;a bien, o un trago fuerte.

A su izquierda, el entarimado se extend&#237;a hasta donde alcanzaba la vista. A lo lejos, a su derecha, ve&#237;a las siluetas de las atracciones de Coney Island. M&#225;s cerca, hab&#237;a un bloque de pisos destartalado, cubierto de andamios, de unos seis pisos de altura. Un tipo negro con una chaqueta de cuero estaba enzarzado en una discusi&#243;n con un hombre de facciones orientales que llevaba una cazadora. No dejaban de girar la cabeza, como si comprobaran que nadie los observaba, y no dejaban de mirarle a &#233;l.

Quiz&#225;s estuvieran cerrando un negocio de drogas y pensaran que era poli. Quiz&#225;s hablaran de f&#250;tbol, o b&#233;isbol, o del puto tiempo. Quiz&#225; fueran las &#250;nicas personas del puto planeta que no supieran que algo hab&#237;a pasado en las Torres Gemelas esta ma&#241;ana.

A Ronnie le importaban una mierda. Mientras no le atracaran, pod&#237;an quedarse all&#237; charlando todo el d&#237;a. Pod&#237;an quedarse all&#237; hasta que el mundo se acabara, algo que ocurrir&#237;a bastante pronto, a juzgar por los acontecimientos de hoy.

Mierda. Joder. Menudo d&#237;a. Menuda mierda de d&#237;a para estar aqu&#237;. Y ni siquiera ten&#237;a el n&#250;mero de m&#243;vil de Donald Hatcook.

Y. Y. Y. Intent&#243; apartar ese pensamiento de su mente, pero sigui&#243; llamando a su puerta hasta que tuvo que abrirla y dejarlo entrar.

Donald Hatcook pod&#237;a estar muerto.

Un n&#250;mero espantoso de personas pod&#237;an estar muertas, joder.

A su derecha, flanqueando el entarimado, hab&#237;a una hilera de tiendas, todas con carteles en ruso. Comenz&#243; a caminar hacia all&#237;, arrastrando el trolley, y se detuvo cuando lleg&#243; a un cartel grande enmarcado en metal verde y arqueado por arriba que rodeaba uno de esos mapas que indican Usted est&#225; aqu&#237;. El encabezamiento dec&#237;a: Pasarela Riegelmann. Brighton Beach. Brighton calle 2.

Pese a todas las cosas que pasaban por su mente, par&#243; y sonri&#243;. Una segunda casa. &#161;M&#225;s o menos! Habr&#237;a sido divertido que alguien le sacara una fotograf&#237;a junto al mapa; a Lorraine le har&#237;a gracia. Otro d&#237;a, en otras circunstancias.

Se sent&#243; en el banco al lado del cartel y se recost&#243; en el asiento. Se desat&#243; la corbata, la enroll&#243; y se la guard&#243; en el bolsillo. Luego se desabroch&#243; el bot&#243;n superior de la camisa. Agradeci&#243; el aire en el cuello, lo necesitaba. Estaba temblando. El coraz&#243;n le palpitaba deprisa, con fuerza. Mir&#243; el reloj. Era casi mediod&#237;a. Empez&#243; a sacudirse el polvo del pelo y la ropa y sinti&#243; que necesitaba una copa. Normalmente nunca beb&#237;a durante el d&#237;a, bueno, no hasta la comida en cualquier caso; la mayor&#237;a de los d&#237;as. Pero un whisky fuerte pasar&#237;a bien. O un brandy. O incluso, pens&#243;, viendo todos esos carteles en ruso, un vodka.

Se levant&#243;, cogi&#243; el asa del trolley y sigui&#243; tirando de &#233;l mientras escuchaba el bum-bum-bum constante de las ruedecitas sobre los tablones. Vio un r&#243;tulo en un local m&#225;s adelante, el primero de la calle. En letras azules, rojas y blancas figuraban las palabras: Mosc&#250; y Bar. M&#225;s all&#225; hab&#237;a un toldo verde en el que hab&#237;a escrito un nombre con letras amarillas: Tatiana.

Entr&#243; en el bar Mosc&#250;. Estaba casi vac&#237;o y era l&#250;gubre. Hab&#237;a una barra larga de madera a su derecha, con taburetes redondos de piel rojos sobre pies de cromo y, a la izquierda, bancos de piel rojos y mesas met&#225;licas. Un par de hombres que parec&#237;an matones salidos de una pel&#237;cula de James Bond estaban sentados en los taburetes de la barra. Llevaban la cabeza rapada, camisetas negras de manga corta y estaban pegados en silencio a una pantalla grande de televisi&#243;n colgada en la pared, hipnotizados.

Delante de ellos, en la barra, ten&#237;an unos vasos de chupito junto a una botella de vodka en un cubo lleno de hielo. Los dos estaban fumando y al lado del cubo de hielo hab&#237;a un cenicero repleto de colillas. Los otros clientes, dos j&#243;venes cachas que llevaban chaquetas de piel caras y luc&#237;an anillos grandes, estaban sentados en un banco. Los dos beb&#237;an caf&#233; y uno fumaba.

Huele bien, pens&#243; Ronnie. Caf&#233; y cigarrillos. Cigarrillos rusos, fuertes. Por todo el bar hab&#237;a carteles en cir&#237;lico, estandartes y banderas de clubes de f&#250;tbol, la mayor&#237;a ingleses. Reconoci&#243; el Newcastle, el Manchester United y el Chelsea.

En el televisor estaba la imagen del infierno en la Tierra. Nadie en el bar hablaba. Ronnie tambi&#233;n se puso a mirar, era imposible no hacerlo. Dos aviones, uno tras otro, impactando en las Torres Gemelas. Luego las dos torres cayendo. No importaba cu&#225;ntas veces lo viera, cada vez era distinto. Peor.

&#191;S&#237;, se&#241;or?

El ingl&#233;s del barman era chapucero. Era un renacuajo de pelo negro muy corto peinado hacia delante y llevaba un delantal muy sucio encima de una camisa vaquera que necesitaba un planchado.

&#191;Tiene vodka Kalashnikov?

El hombre parec&#237;a perplejo.

&#191;Krashakov?

Olv&#237;delo -dijo Ronnie-. Cualquier vodka, solo, y un espresso. &#191;Tiene espresso?

Caf&#233; ruso.

Bien.

El renacuajo asinti&#243;.

Un caf&#233; ruso. Un vodka. -Caminaba encorvado como si le doliera la espalda.

En la pantalla apareci&#243; un hombre herido. Era un tipo negro calvo, cubierto de polvo gris, con una mascarilla transparente sobre la cara, sujeta a una bolsa hinchada. Un hombre que llevaba un casco rojo con una visera, una mascarilla roja y una camiseta negra le instaba a avanzar a trav&#233;s de la nieve gris.

&#161;Vaya mierda! -dijo el renacuajo en su ingl&#233;s chapucero-. Manhattan. Incre&#237;ble. &#191;Sab&#237;a? &#191;Sabe lo que ha pasado?

Estaba all&#237; -dijo Ronnie.

&#191;S&#237;? &#191;Estabas?

P&#243;ngame una copa. Necesito una copa -espet&#243;.

Le pondr&#233; copa. No se preocupe. &#191;Estaba ah&#237;?

&#191;Qu&#233; parte no ha entendido? -dijo Ronnie.

El barman se dio la vuelta malhumorado y sac&#243; una botella de vodka. Uno de los matones de James Bond se volvi&#243; hacia Ronnie y levant&#243; su vaso. Estaba borracho y hablaba arrastrando las palabras.

&#191;Sabes qu&#233;? Hace treinta a&#241;os te habr&#237;a llamado cama-rada. Ahora te llamo colega. &#191;Entiendes qu&#233; quiero decir?

Ronnie levant&#243; su vaso segundos despu&#233;s de que el barman lo dejara sobre la barra.

No, no exactamente.

&#191;Eres gay o algo? -le pregunt&#243;.

No, no soy gay.

El hombre dej&#243; su vaso y abri&#243; los brazos.

Yo no tengo ning&#250;n problema con los gays. Eso no. No.

Bien -dijo Ronnie-. Yo tampoco.

El hombre le ofreci&#243; una sonrisa. Ten&#237;a unos dientes horribles, pens&#243; Ronnie. Era como si tuviera la boca llena de escombros. El hombre levant&#243; el vaso y Ronnie brind&#243; con &#233;l.

Salud.

Ahora en la pantalla apareci&#243; George Bush. Llevaba un traje oscuro y una corbata naranja y estaba sentado al fondo del aula de una escuela, delante de una peque&#241;a pizarra, y en la pared de detr&#225;s hab&#237;a dibujos colgados. Uno representaba a un oso con una bufanda de rayas que iba en bici. Un hombre vestido de traje se inclin&#243; sobre George Bush y le susurr&#243; algo al o&#237;do. Luego la imagen pas&#243; a los restos de un avi&#243;n en el suelo.

T&#250; molas-le dijo el hombre a Ronnie-. Me caes bien.

Molas. -Se sirvi&#243; m&#225;s vodka en el vaso y alarg&#243; la botella hacia el de Ronnie. Entrecerr&#243; los ojos, vio que todav&#237;a estaba llena y volvi&#243; a dejarla en el hielo-. Deber&#237;as beber. -Apur&#243; su vaso-. Hoy necesitamos beber. -Se gir&#243; hacia la pantalla-. Esto no es real. No es posible.

Ronnie bebi&#243; un sorbo. El vodka le quem&#243; la garganta. Luego, unos momentos despu&#233;s, inclin&#243; el vaso hacia atr&#225;s y lo apur&#243;. El efecto fue casi instant&#225;neo y le quem&#243; por dentro. Se sirvi&#243; otro para &#233;l y para su nuevo mejor amigo.

Se quedaron callados, simplemente mirando la pantalla.

Despu&#233;s de varios vodkas m&#225;s, Ronnie comenz&#243; a notarse bastante borracho. En alg&#250;n momento se baj&#243; del taburete tambale&#225;ndose, se dej&#243; caer en uno de los bancos vac&#237;os y se qued&#243; dormido.

Cuando despert&#243;, ten&#237;a un dolor de cabeza atroz y una sed galopante. Entonces, sinti&#243; un p&#225;nico repentino.

Mis cosas. Mierda, mierda, mierda.

Entonces, aliviado, las vio, justo en el mismo lugar donde las hab&#237;a dejado, junto a su taburete vac&#237;o de la barra.

Eran las dos de la tarde.

En el bar hab&#237;a las mismas personas, en la pantalla se repet&#237;an las mismas im&#225;genes. Se arrastr&#243; de nuevo hasta el taburete y salud&#243; a su amigo con la cabeza.

&#191;Qu&#233; hay del padre? -dijo el mat&#243;n de James Bond.

S&#237;, &#191;por qu&#233; no le mencionan? -dijo el otro mat&#243;n.

&#191;El padre? -pregunt&#243; el barman.

Lo &#250;nico que o&#237;mos es hijo de Bin Laden. &#191;Qu&#233; hay del padre?

Ahora el alcalde Giuliani apareci&#243; en pantalla, hablando muy serio. Parec&#237;a tranquilo, solidario. Parec&#237;a un hombre que ten&#237;a las cosas bajo control.

El nuevo mejor amigo de Ronnie se volvi&#243; hacia &#233;l.

&#191;Sabes qui&#233;n es Sam Colt?

Ronnie, que intentaba escuchar a Giuliani, neg&#243; con la cabeza.

No.

El t&#237;o que invent&#243; el rev&#243;lver, &#191;s&#237;?

Ah, vale, s&#237;.

&#191;Sabes qu&#233; dijo?

No.

Sam Cok dijo: &#161;He conseguido que todos los hombres sean iguales!. -El ruso sonri&#243;, mostrando sus repugnantes dientes otra vez-. &#191;Vale? &#191;Entiendes?

Ronnie asinti&#243; y pidi&#243; un agua mineral y un caf&#233;. Se dio cuenta de que no hab&#237;a comido nada desde el desayuno, pero no ten&#237;a apetito.

Giuliani fue sustituido por fantasmas grises que se tropezaban y se parec&#237;an a los fantasmas grises que hab&#237;a visto antes. Le vino a la mente un poema de su &#233;poca del colegio. De uno de sus escritores preferidos, Rudyard Kipling. S&#237;, Kipling era el rey. Entend&#237;a el poder, el control, c&#243;mo se constru&#237;an los imperios.

Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden

Si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso y tratar a estos dos impostores de la misma manera

En la pantalla vio a un bombero llorando. Ten&#237;a el casco cubierto de nieve gris y estaba sentado, con la visera subida, sosteni&#233;ndose la cara entre las manos.

Ronnie se inclin&#243; hacia delante y dio unos golpecitos al barman en el hombro. &#201;ste apart&#243; la vista del televisor.

&#191;S&#237;?

&#191;Alquilan habitaciones? Necesito una habitaci&#243;n.

Su nuevo mejor amigo se volvi&#243; hacia &#233;l.

No hay vuelos, &#191;no?

No.

&#191;Y de d&#243;nde eres?

Ronnie dud&#243;.

De Canad&#225;. Toronto.

Toronto -repiti&#243; el ruso-. Canad&#225;. Vale. Bien. -Se qued&#243; callado un momento, luego dijo-: &#191;Una habitaci&#243;n barata?

Ronnie se percat&#243; de que no pod&#237;a utilizar ninguna tarjeta, aunque a&#250;n le quedara cr&#233;dito. Llevaba poco menos de cuatrocientos d&#243;lares en la cartera, que tendr&#237;an que alcanzarle hasta que pudiera cambiar parte del dinero que ten&#237;a en la maleta si encontraba un comprador que le pagara el precio correcto y no hiciera preguntas.

S&#237;, una habitaci&#243;n barata -contest&#243;-. Cuanto m&#225;s barata, mejor.

Est&#225;s en el lugar perfecto. Buscas una HPI. Eso es.

&#191;Una HPI?

Una habitaci&#243;n privada individual. Es lo que buscas. Pagas en efectivo y no hacen preguntas. Mi primo tiene una casa con habitaciones de &#233;sas. A diez minutos caminando. &#191;Quieres la direcci&#243;n?

Parece un buen plan -contest&#243; Ronnie.

El ruso volvi&#243; a mostrarle los dientes.

&#191;Un plan? &#191;Tienes un plan? &#191;Un buen plan?

&#161;Carpe diem!

&#191;Eh?

Es una expresi&#243;n.

&#191;Carpe diem? -El ruso la pronunci&#243; despacio, con torpeza.

Ronnie sonri&#243; y le invit&#243; a otra copa.



45

Octubre de 2007


La MIR Uno era la mayor de las dos salas espaciosas del centro de investigaciones de Sussex House y albergaba los equipos de investigaci&#243;n que trabajaban en casos de delitos graves. Roy Grace entr&#243; minutos antes de las 18.30 con una taza de caf&#233;.

Era una sala en forma de L, abierta y con un toque moderno, y estaba dividida en tres zonas de trabajo principales. Cada una contaba con una mesa de madera clara, larga y curvada con sitio para ocho personas y enormes pizarras blancas, la mayor&#237;a de las cuales estaban ahora limpias, aparte de una titulada Operaci&#243;n Dingo y otra en la que hab&#237;a varios retratos de la Mujer desconocida hallada en el desag&#252;e y algunas fotograf&#237;as del exterior de la urbanizaci&#243;n Nueva Inglaterra. En una de ellas, un c&#237;rculo rojo dibujado con rotulador indicaba la posici&#243;n del cuerpo en el desag&#252;e.

Una investigaci&#243;n importante podr&#237;a haber utilizado todo el espacio, pero dada la urgencia relativa de este caso -y por lo tanto, la necesidad de asignar personal y recursos proporcionales-, el equipo de Grace s&#243;lo ocupaba una de las zonas de trabajo. Ahora las otras estaban vac&#237;as, pero la situaci&#243;n pod&#237;a cambiar en cualquier momento.

A diferencia de las &#225;reas de trabajo del resto del edificio, apenas hab&#237;a rastro de art&#237;culos personales sobre las mesas o en las paredes: ni fotograf&#237;as de la familia, ni calendarios de partidos de f&#250;tbol, ni tiras c&#243;micas. Casi todos los objetos de esta sala, a excepci&#243;n de los muebles y el equipo inform&#225;tico, estaban relacionados con los casos que se investigaban. Tampoco se hac&#237;an bromas. S&#243;lo destacaba el silencio de la concentraci&#243;n intensa, el timbrazo apagado de los tel&#233;fonos, el clac-clac-clac del papel saliendo de las impresoras.

Sentado en el &#225;rea de trabajo estaba el equipo de polic&#237;as que Grace hab&#237;a seleccionado para la Operaci&#243;n Dingo. Hab&#237;a trabajado con ellos durante los meses anteriores porque cre&#237;a fervientemente en conservar a la misma gente siempre que fuera posible. La &#250;nica elecci&#243;n que le creaba dudas era Norman Potting, porque ofend&#237;a a la gente constantemente, pero era un inspector muy capaz.

Actuando como investigadora jefe adjunta estaba la inspectora Lizzie Mantle. A Grace le ca&#237;a muy bien y, de hecho, hab&#237;a estado prendado secretamente de ella tiempo atr&#225;s. A sus treinta y largos a&#241;os, era una mujer atractiva, de cabello rubio y cuidado por los hombros que irradiaba feminidad tras su personalidad sorprendentemente dura. Tend&#237;a a preferir los trajes pantal&#243;n y hoy, encima de una camisa blanca de hombre, llevaba uno de raya diplom&#225;tica gris que no habr&#237;a desentonado en la Bolsa.

La belleza era algo que Lizzie compart&#237;a con otra inspectora de Sussex House, Kim Murphy, y las malas lenguas dec&#237;an que si alguien quer&#237;a progresar en este cuerpo, ser una t&#237;a buena era el mejor activo. Era absolutamente falso, por supuesto, Grace lo sab&#237;a. Ambas mujeres hab&#237;an conseguido su rango, a una edad relativamente temprana, porque lo merec&#237;an de verdad.

El ascenso de Roy sin duda plantear&#237;a nuevas exigencias para su agenda, as&#237; que tendr&#237;a que confiar mucho en el apoyo de Lizzie para dirigir esta investigaci&#243;n.

Adem&#225;s de ella, hab&#237;a seleccionado a los sargentos Glenn Branson, Norman Potting y Bella Moy. De treinta y cinco a&#241;os y rostro alegre debajo de una melena casta&#241;a te&#241;ida con henna, Bella estaba sentada con una caja abierta de Maltesers a unos cent&#237;metros de su teclado, como siempre. Roy cruz&#243; la sala, observ&#225;ndola mientras tecleaba muy concentrada. De vez en cuando, su mano derecha abandonaba de repente el teclado, como si cobrara vida propia, cog&#237;a una pastilla de chocolate, se la met&#237;a en la boca y regresaba al teclado. Era una mujer delgada, pero com&#237;a m&#225;s chocolate que nadie que Grace hubiera conocido.

A su lado estaba sentado el agente Nick Nicholl, desgarbado y de pelo alborotado, que ten&#237;a veintisiete a&#241;os y era alto como un pino. Era un detective entusiasta y como en su d&#237;a hab&#237;a sido un delantero centro habilidoso, Grace lo hab&#237;a animado a practicar el rugby y ahora era un buen jugador del equipo de la polic&#237;a de Sussex; aunque no tan bueno en estos momentos como Grace esperaba, porque acababa de ser padre y parec&#237;a sufrir una falta de sue&#241;o constante.

Delante de &#233;l, leyendo un fajo grueso de listados de ordenador, estaba la joven y batalladora agente Emma-Jane Boutwood. Unos meses atr&#225;s hab&#237;a resultado gravemente herida en un caso cuando, durante una persecuci&#243;n, una furgoneta robada la hab&#237;a aplastado contra una pared. Le correspond&#237;a estar de baja, pero le hab&#237;a suplicado a Grace que la dejara volver y encargarse de tareas sencillas.

El equipo lo completaba un analista, una indexadora, una mecan&#243;grafa y el supervisor de sistemas.

Glenn Branson, vestido con traje negro, camisa azul intenso y corbata color escarlata, alz&#243; la vista cuando Grace entro.

Eh, viejo -dijo, pero m&#225;s cansinamente que de costumbre-. &#191;Hay alguna posibilidad de que podamos charlar luego con tranquilidad?

Grace asinti&#243; con la cabeza a su amigo.

Claro.

El saludo de Branson provoc&#243; que tambi&#233;n se levantaran otras cabezas.

Bueno, &#161;aqu&#237; viene Dios! -dijo Norman Potting, haciendo una reverencia con un sombrero inexistente-. &#191;Me permite ser el primero en trasladarle mis felicitaciones por su ascenso a la c&#250;pula de oro? -dijo.

Gracias, Norman, pero la c&#250;pula no tiene nada de especial.

Bueno, en eso te equivocas, Roy -replic&#243; Potting-. Muchos metales se oxidan, &#191;sabes?, pero el oro no. Se corroe. -Sonri&#243; con orgullo como si acabara de formular la Teor&#237;a de Todo, completa, final e indiscutible.

Bella, que no soportaba a Potting, arremeti&#243; contra &#233;l, con sus dedos encima de los Maltesers como las garras de un ave de presa.

Es s&#243;lo sem&#225;ntica, Norman. Oxidar, corroer, &#191;qu&#233; diferencia hay?

Mucha, en realidad -dijo Potting.

Tal vez deber&#237;as haber sido metal&#250;rgico en lugar de polic&#237;a -dijo ella, y se meti&#243; otro Malteser en la boca.

Grace se sent&#243; en el &#250;nico asiento vac&#237;o, al fondo del &#225;rea de trabajo entre Potting y Bella, y al instante arrug&#243; la nariz al percibir el hedor a tabaco de pipa que desprend&#237;a el hombre.

Bella se volvi&#243; hacia Grace.

Felicidades, Roy. Te lo mereces mucho.

El comisario estuvo un rato aceptando y agradeciendo las felicitaciones del resto del equipo y luego dej&#243; el libro de estrategias policiales y el programa de la reuni&#243;n delante de &#233;l.

Bien. &#201;sta es la segunda reuni&#243;n informativa de la Operaci&#243;n Dingo, la investigaci&#243;n sobre el presunto asesinato de una mujer sin identificar. Hoy se cumplen tres d&#237;as del hallazgo de los restos.

Durante algunos minutos resumi&#243; el informe de la arque&#243;loga forense, y despu&#233;s ley&#243; los puntos clave de la extensa evaluaci&#243;n de Theobald: posible muerte por estrangulamiento, evidenciada por el hioides roto de la mujer. Estaban realiz&#225;ndose an&#225;lisis forenses para buscar toxinas en las muestras de pelo recuperadas. No hab&#237;a rastro de lesiones en el esqueleto, como roturas o cortes, que indicaran heridas de arma blanca.

Grace hizo una pausa para beber agua y observ&#243; que Norman Potting ten&#237;a una expresi&#243;n muy petulante.

De acuerdo. Recursos. Visto el tiempo que calculamos que ha transcurrido desde el suceso, de momento no me planteo ampliar el equipo de investigaci&#243;n.

Sigui&#243; con los otros encabezamientos. Ciclos de las reuniones: anunci&#243; que, como era habitual, celebrar&#237;an dos todos los d&#237;as, a las 8.30 de la ma&#241;ana y a las 18.30 de la tarde. Inform&#243; que el equipo inform&#225;tico de Holmes hab&#237;a empezado a trabajar el viernes por la noche. Ley&#243; la lista titulada Estrategias de investigaci&#243;n, que inclu&#237;a el apartado Comunicaci&#243;n/Medios, donde se enfatizaba la necesidad de que la prensa cubriera el suceso, y dijo que estaban intentando que el caso apareciera en televisi&#243;n en la siguiente edici&#243;n de Alerta criminal, aunque estaban en negociaciones porque el programa consideraba que el asunto carec&#237;a del inter&#233;s period&#237;stico suficiente. Luego, cedi&#243; el turno a su equipo y le pidi&#243; a Emma-Jane Boutwood que fuera la primera en intervenir.

La joven agente sac&#243; una lista de todas las personas desaparecidas en el condado de Sussex durante el mismo periodo en que hab&#237;a muerto la v&#237;ctima, pero no hab&#237;a sacado ninguna conclusi&#243;n. Grace le pidi&#243; que ampliara la b&#250;squeda y revisara los expedientes de las personas desaparecidas a nivel nacional durante esa &#233;poca.

Nick Nicholl inform&#243; que se hab&#237;an enviado muestras de ADN del pelo de la mujer al laboratorio de Huntington, junto con una muestra del hueso del muslo para que extrajeran el ADN.

Bella Moy inform&#243; que se hab&#237;a reunido con el ingeniero jefe de la ciudad.

Me ha mostrado los diagramas del alcantarillado y ahora estoy trazando un mapa de los posibles lugares de entrada del cuerpo en la red de desag&#252;es. Lo tendr&#233; ma&#241;ana.

Bien -dijo Grace.

Hay algo que podr&#237;a ser bastante importante -a&#241;adi&#243; Bella-. La salida del alcantarillado se encuentra mar adentro para garantizar que las corrientes se lleven todas las aguas residuales lejos de la costa en lugar de hacia la playa. -Grace asinti&#243;, adivinaba qu&#233; observaci&#243;n har&#237;a-. As&#237; que es posible que el asesino fuera consciente de ello. Podr&#237;a ser ingeniero, por ejemplo.

Grace le dio las gracias y se volvi&#243; hacia Norman Potting; sent&#237;a curiosidad por saber por qu&#233; el sargento parec&#237;a tan satisfecho.

Potting sac&#243; un fajo de radiograf&#237;as de un sobre beis y lo levant&#243; con aire triunfante.

&#161;Tengo un resultado positivo para el historial dental!

Se hizo un silencio absoluto. Todas las orejas de la sala estaban pendientes de &#233;l.

Me lo ha proporcionado uno de los dentistas de la lista que me diste, Roy. La mujer se hizo muchos arreglos dentales. Se llama, o se llamaba mejor dicho, Joanna Wilson.

Buen trabajo -dijo Grace-. &#191;Soltera o casada?

Bueno, tengo buenas y malas noticias -dijo Potting, y se sumi&#243; en un silencio petulante, sonriendo como un imb&#233;cil.

Somos todo o&#237;dos -le inst&#243; Grace a continuar.

Ten&#237;a marido, s&#237;. Una relaci&#243;n tormentosa, por lo que he podido averiguar hasta ahora. El dentista, el doctor Gebbie, conoce un poco la historia. Ma&#241;ana sabr&#233; m&#225;s. Era actriz. Todav&#237;a no tengo los detalles, pero se separaron y ella se march&#243;. Al parecer, se fue a Los Angeles para hacerse famosa O eso es lo que el marido dijo a todo el mundo.

Parece que deber&#237;amos tener una charla con el marido -dijo Grace.

Hay un peque&#241;o problema con eso -contest&#243; Norman Potting. Luego asinti&#243; pensativamente unos momentos, frunciendo la boca, como si llevara el peso del mundo sobre los hombros-. Muri&#243; en las Torres Gemelas, el 11-S.



46

Octubre de 2007


A las 18.45 Abby comenz&#243; a preocuparse por si la empresa de mensajer&#237;a se hab&#237;a olvidado de ella. Estaba preparada y a la espera desde las 17.30, con la maleta junto a la puerta, el abrigo colgado encima y el sobre acolchado cerrado y con la direcci&#243;n escrita.

Fuera ya estaba totalmente oscuro y, como segu&#237;a diluviando, no ve&#237;a demasiado. Vigilaba la aparici&#243;n en la calle de una furgoneta de Global Express. Por en&#233;sima vez sac&#243; el spray de pimienta del bolsillo trasero de sus vaqueros y lo examin&#243;.

El peque&#241;o cilindro rojo con las hendiduras para los dedos, la cadena y el enganche para el cintur&#243;n pesaba mucho, y eso le inspiraba confianza. Abr&#237;a repetidamente la tapa de seguridad y practicaba apuntando con el pitorro. El tipo que se lo hab&#237;a vendido en Los Angeles, antes de regresar a Inglaterra, le dijo que conten&#237;a diez toques de un segundo y que podr&#237;a cegar a una persona durante diez segundos. Lo hab&#237;a colado en Inglaterra escondi&#233;ndolo en el neceser de maquillaje dentro de su maleta.

Volvi&#243; a guard&#225;rselo en el bolsillo, se levant&#243; y sac&#243; el m&#243;vil de su bolso. Estaba a punto de marcar el n&#250;mero de Global Express cuando por fin son&#243; el timbre.

Corri&#243; por el pasillo hasta la puerta. En el peque&#241;o monitor en blanco y negro vio un casco de moto. Se le cay&#243; el alma a los pies. Ese teleoperador imb&#233;cil, Jonathan, le hab&#237;a dicho que vendr&#237;a una furgoneta. Ella contaba con que vendr&#237;a una furgoneta.

Mierda.

Puls&#243; el bot&#243;n del interfono

Sube, octavo piso -dijo-. Me temo que el ascensor no funciona.

Los pensamientos volv&#237;an a agolparse en su cabeza, intentaba replantearse la situaci&#243;n a toda prisa. Cogi&#243; el sobre acolchado. Tendr&#237;a que volver al plan original, decidi&#243; mientras lo estudiaba detenidamente durante los dos largos minutos que pasaron antes de o&#237;r los golpes bruscos en la puerta.

Alerta como siempre, se acerc&#243; a la mirilla y vio a un motociclista, vestido con un mono de piel, con casco negro y la visera oscura bajada, sujetando una especie de carpeta.

Abby gir&#243; la llave, descorri&#243; las cadenas de seguridad y abri&#243; la puerta.

Cre&#237;a Cre&#237;a que vendr&#237;a una furgoneta -dijo.

El hombre dej&#243; caer la carpeta, que aterriz&#243; en el suelo con un ruido met&#225;lico, y le dio un fuerte pu&#241;etazo en el est&#243;mago. La cogi&#243; totalmente desprevenida y la dobl&#243; en dos con un dolor punzante. Abby se tambale&#243; de lado contra la pared.

Me alegro de verte, Abby -dijo el hombre-. No me mata tu cambio de imagen.

Luego, le dio otro pu&#241;etazo.



47

Octubre de 2007


Poco antes de las siete de la tarde, Cassian Pewe conduc&#237;a su Opel Astra verde oscuro a trav&#233;s del embate del viento y la oscuridad de ne&#243;n de la carretera de la costa que bordeaba los acantilados. Pas&#243; por dos minirrotondas y entr&#243; en Peacehaven, luego continu&#243; un kil&#243;metro y medio m&#225;s por interminables calles de tiendas, la mitad de ellas agencias inmobiliarias, al parecer, el resto locales de comida r&#225;pida con decoraci&#243;n estridente. Le record&#243; las afueras de las ciudades peque&#241;as de Estados Unidos que hab&#237;a visto en el cine.

Como no conoc&#237;a esta zona situada a unos kil&#243;metros al este de Brighton, se dejaba guiar por la voz femenina de su GPS. Ahora, despu&#233;s de dejar atr&#225;s Peacehaven, segu&#237;a a una autocaravana que avanzaba lentamente por la colina llena de curvas que llevaba a Newhaven. La mujer del navegador le indic&#243; que siguiera recto durante ochocientos metros m&#225;s. Entonces su m&#243;vil son&#243; en el dispositivo de manos libres.

Mir&#243; la pantalla, vio que era Lucy, su novia, y alarg&#243; la mano para contestar.

Hola, cari&#241;o -la salud&#243; con voz melosa-. &#191;C&#243;mo est&#225; mi &#225;ngel precioso?

&#191;Tienes puesto el manos libres? -pregunt&#243; ella-. Suenas como un robot.

Lo siento, cielo. Estoy conduciendo.

No me has llamado -dijo ella. Sonaba dolida y un poco enfadada-. Ibas a llamarme esta ma&#241;ana, para lo de esta noche.

A Lucy, que viv&#237;a y trabajaba en Londres de secretaria personal del gerente de un fondo de cobertura, no le hab&#237;a impresionado el reciente traslado a Brighton de Cassian. Muy probablemente, pensaba &#233;ste, porque no la hab&#237;a invitado a mudarse con &#233;l. Siempre manten&#237;a las distancias con las mujeres con quienes sal&#237;a, rara vez las llamaba cuando dec&#237;a que lo har&#237;a y a menudo cancelaba las citas en el &#250;ltimo momento. La experiencia le hab&#237;a ense&#241;ado que &#233;sa era la mejor forma de tenerlas donde &#233;l quer&#237;a.

&#193;ngel m&#237;o, he estado muuuuy ocupado -volvi&#243; a utilizar su voz melosa-. No he tenido un momento libre. Llevo todo el d&#237;a de reuni&#243;n en reuni&#243;n.

Gire a la izquierda a ciento cincuenta metros, le indic&#243; la voz de mujer del GPS.

&#191;Qui&#233;n es &#233;sa? -pregunt&#243; Lucy con desconfianza-. &#191;Qui&#233;n est&#225; en el coche contigo?

Es el navegador, cielo.

Bueno, &#191;vamos a quedar esta noche o no?

Creo que esta noche no ser&#225; posible, &#225;ngel. Me han asignado un caso urgente. Podr&#237;a ser el comienzo de una investigaci&#243;n de asesinato importante, con algunas consecuencias desagradables dentro de la polic&#237;a local de aqu&#237;. Cre&#237;an que yo era el hombre adecuado para ello, dada mi experiencia en la Met.

&#191;Y despu&#233;s?

Bueno Si cogieras el tren, quiz&#225; podr&#237;amos cenar aqu&#237; a &#250;ltima hora. &#191;Qu&#233; te parece?

&#161;Ni pensarlo, Cassian! Tengo que estar en el despacho a las siete menos cuarto de la ma&#241;ana.

S&#237;, bueno, s&#243;lo era una idea -contest&#243; &#233;l.

Estaba cruzando el puente de Newhaven. Delante de &#233;l apareci&#243; un aluvi&#243;n de se&#241;ales: una para el ferry del Canal, otra para Lewes. Luego, aliviado, vio un cartel que se&#241;alaba Seaford, su destino.

Gire la segunda a la izquierda, dict&#243; el navegador.

Pewe frunci&#243; el ce&#241;o. Estaba seguro de que la se&#241;al de Seaford indicaba seguir recto.

&#191;Qui&#233;n era &#233;sa? -pregunt&#243; Lucy.

El GPS otra vez -contest&#243; &#233;l-. &#191;No vas a preguntarme c&#243;mo me ha ido el primer d&#237;a en el departamento de investigaci&#243;n criminal de Sussex?

&#191;Qu&#233; tal te ha ido? -pregunt&#243; ella de mala gana.

En realidad, &#161;me han concedido una especie de ascenso! -contest&#243;.

&#191;Ya? Cre&#237;a que dejar la Met ya era un ascenso. Pasar de inspector jefe a comisario.

Ahora es mejor. Me han puesto a cargo de todos los casos sin resolver, y eso incluye todos los casos no resueltos de personas desaparecidas.

Lucy no dijo nada.

Cassian gir&#243; a la izquierda.

El mapa de la carretera desapareci&#243; de la pantalla del GPS. Entonces, la voz le orden&#243;:

Realice un cambio de sentido.

Mierda -dijo Cassian.

&#191;Qu&#233; pasa?-pregunt&#243; Lucy.

Mi navegador no sabe d&#243;nde estoy.

Estoy de acuerdo con ella -dijo Lucy.

Tendr&#233; que llamarte luego, &#225;ngel m&#237;o.

&#191;Qui&#233;n habla, t&#250; o tu navegador?

Oh, &#161;muy graciosa!

Te sugiero que la invites a una bonita cena rom&#225;ntica. -Lucy colg&#243;.

Diez minutos despu&#233;s, el navegador se hab&#237;a orientado otra vez y lo llev&#243; a la direcci&#243;n que estaba buscando en Seaford, una ciudad costera tranquila y residencial a unos kil&#243;metros de Newhaven. Escudri&#241;ando la oscuridad para ver los n&#250;meros de las puertas, se detuvo delante de una casa pareada peque&#241;a, de paredes rugosas sin nada destacable. En la entrada hab&#237;a aparcado un Nissan Micra.

Encendi&#243; la luz interior, comprob&#243; el nudo de la corbata, se arregl&#243; el pelo, baj&#243; del coche y lo cerr&#243;. Una r&#225;faga de viento le alborot&#243; el pelo al instante mientras corr&#237;a por el sendero del jard&#237;n bien cuidado que llevaba a la puerta. Encontr&#243; el timbre y lo puls&#243;, maldiciendo que no hubiera porche. Se oy&#243; una sola campanada bastante f&#250;nebre.

Al cabo de unos momentos la puerta se abri&#243; unos cent&#237;metros y una mujer -de unos sesenta y pocos a&#241;os, calcul&#243;- lo mir&#243; con recelo desde detr&#225;s de unas gafas bastante austeras. Veinte a&#241;os atr&#225;s, con un peinado mejor y sin las arrugas gruesas producto de la preocupaci&#243;n que surcaban su rostro, pudo ser bastante atractiva, pens&#243;. Ahora, con el pelo entrecano, un jersey ancho naranja que la envolv&#237;a toda, pantalones marrones de poli&#233;ster y playeras, mir&#243; a Pewe como una de esas se&#241;oras aguerridas, brit&#225;nicas hasta la m&#233;dula, que atienden los puestos de los mercados ben&#233;ficos de la parroquia.

&#191;La se&#241;ora Margot Balkwill? -pregunt&#243; Pewe.

&#191;S&#237;? -dijo la mujer sin convicci&#243;n y algo recelosa.

&#201;l le ense&#241;&#243; su placa.

Soy el comisario Pewe del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal. Siento molestarla, pero me preguntaba si podr&#237;a hablar un momento con usted y su marido sobre su hija Sandy.

La mujer abri&#243; la boca peque&#241;a y redonda y revel&#243; unos buenos dientes amarillentos por la edad.

&#191;Sandy? -repiti&#243;, asombrada.

&#191;Est&#225; su marido?

Margot Balkwill pens&#243; en la pregunta unos momentos, como una maestra a quien un alumno ha cogido por sorpresa.

Bueno, s&#237;, s&#237; est&#225;. -Dud&#243; un instante, luego le indic&#243; que pasara.

Pewe pis&#243; un felpudo que dec&#237;a BIENVENIDOS y accedi&#243; a un recibidor peque&#241;o y sin muebles que ol&#237;a ligeramente a asado y m&#225;s intensamente a gato. Oy&#243; las voces de un culebr&#243;n televisivo.

La mujer cerr&#243; la puerta y luego grit&#243;, con cierta timidez:

&#161;Derek! Tenemos visita. Un polic&#237;a. Un inspector.

Arregl&#225;ndose el pelo otra vez, Pewe la sigui&#243; a un sal&#243;n peque&#241;o y limp&#237;simo. Hab&#237;a un sof&#225; y dos sillones de velvet&#243;n marr&#243;n con una mesita de caf&#233; de cristal delante, alrededor de un televisor antiguo de pantalla cuadrada en el que dos actores que le resultaban vagamente familiares discut&#237;an en un pub. Encima del aparato hab&#237;a una fotograf&#237;a enmarcada de una chica rubia y atractiva de unos diecisiete a&#241;os, que sin lugar a dudas era Sandy, por las fotos que Pewe hab&#237;a examinado esta tarde en los expedientes.

Al fondo de la peque&#241;a sala, junto a una vitrina victoriana horrible llena de platos azules y blancos con motivos chinos, un hombre estaba sentado a una mesa peque&#241;a cubierta de p&#225;ginas de peri&#243;dico cuidadosamente dobladas, montando la maqueta de un avi&#243;n. Tablas de madera de balsa, ruedas y trozos del tren de aterrizaje, una torreta y otros objetos peque&#241;os que Pewe no pudo identificar de inmediato descansaban a cada lado del avi&#243;n, que estaba inclinado hacia arriba sobre una peque&#241;a base, como si ascendiera despu&#233;s de despegar. La habitaci&#243;n ol&#237;a a pegamento y pintura.

Los ojos de lince de Pewe exploraron r&#225;pidamente el resto de la sala: una chimenea el&#233;ctrica encendida, un equipo de m&#250;sica que parec&#237;a funcionar con vinilos en lugar de CD y fotograf&#237;as por todas partes de Sandy a distintas edades, desde sus primeros a&#241;os hasta los veinte. Una, ocupando un lugar de honor sobre la repisa de la chimenea, era una fotograf&#237;a de la boda de Roy Grace y Sandy. Ella llevaba un vestido blanco largo y un ramo en la mano. Grace, m&#225;s joven y con el pelo m&#225;s largo que ahora, vest&#237;a un traje gris oscuro y una corbata plateada.

El se&#241;or Balkwill era un hombre corpulento de hombros anchos que parec&#237;a haber tenido un f&#237;sico poderoso en su d&#237;a, antes de ajarse. Ten&#237;a el pelo ralo y gris peinado hacia atr&#225;s a cada lado de la calva y una papada fofa que desaparec&#237;a en los pliegues de un jersey de cuello alto multicolor parecido al de su mujer, como si los hubiera tejido ella. El hombre se levant&#243; con los hombros redondos y ca&#237;dos, como vencido por la vida, y se acerc&#243; sin prisa hacia el principio de la mesa. Debajo del su&#233;ter, que le llegaba casi hasta las rodillas, llevaba unos pantalones grises anchos y sandalias negras.

Un gato atigrado gordo, que parec&#237;a tan viejo como ellos, sali&#243; de debajo de la mesa, mir&#243; a Pewe, arque&#243; la espalda y se march&#243; de la sala.

Derek Balkwill -dijo en voz baja, casi con timidez. Ten&#237;a una voz que parec&#237;a mucho m&#225;s d&#233;bil que su cuerpo. Extendi&#243; su mano grande y le dio un apret&#243;n fuerte a Pewe que le sorprendi&#243; y doli&#243;.

Soy el comisario Pewe -contest&#243; con una mueca-. Me preguntaba si podr&#237;a hablar un momento con usted y su mujer sobre Sandy.

El hombre se qued&#243; paralizado. El poco color que ten&#237;a desapareci&#243; de su rostro ya p&#225;lido de por s&#237; y Pewe vio que las manos le temblaban ligeramente. Durante un instante horrible, se pregunt&#243; si el hombre estaba sufriendo un ataque al coraz&#243;n.

Voy a apagar el horno -dijo Margot Balkwill-. &#191;Le apetece una taza de t&#233;?

Ser&#237;a perfecto -dijo Pewe-. Con lim&#243;n, si tiene.

&#191;Trabaja usted con Roy? -le pregunt&#243; la mujer.

S&#237;, as&#237; es. -Pewe sigui&#243; mirando a su marido, preocupado.

&#191;C&#243;mo est&#225;?

Bien. Ocupado en una investigaci&#243;n de asesinato.

Siempre est&#225; ocupado -dijo Derek Balkwill, que parec&#237;a un poco m&#225;s tranquilo-. Trabaja mucho.

Margot Balkwill sali&#243; de la sala.

Derek se&#241;al&#243; el avi&#243;n.

Es un Lancaster.

&#191;De la Segunda Guerra Mundial? -respondi&#243; Pewe, intentando parecer informado.

Tengo m&#225;s arriba.

&#191;S&#237;?

Esboz&#243; una sonrisa t&#237;mida.

Tengo un Mustang P45, un Spit, un Hurricane, un Mosquito y un Wellington.

Se hizo un silencio inc&#243;modo. En la pantalla del televisor dos mujeres hablaban ahora de un traje de boda. Entonces Derek se&#241;al&#243; el Lancaster.

Mi padre los pilotaba. Realiz&#243; setenta y cinco misiones. &#191;Conoce el escuadr&#243;n Dambusters? &#191;Ha visto la pel&#237;cula?

Pewe asinti&#243;.

Fue uno de ellos. Uno de los que volvi&#243;. Uno de los pocos.

Era piloto.

Artillero de cola. Ametralladora Charlie, le llamaban.

Un tipo valiente -dijo Pewe educadamente.

En realidad no. S&#243;lo cumpl&#237;a con su deber. Despu&#233;s de la guerra se volvi&#243; un hombre amargado. -Luego, tras unos instantes, a&#241;adi&#243;-: La guerra jode a la gente, &#191;lo sab&#237;a?

Me lo imagino.

Derek Balkwill neg&#243; con la cabeza.

Nadie puede imagin&#225;rselo. &#191;Hace mucho que es polic&#237;a?

En enero har&#225; diecinueve a&#241;os.

Igual que Roy.



Cuando su mujer regres&#243; con una bandeja con t&#233; y galletas, Derek Balkwill jug&#243; con el mando a distancia y silenci&#243; el televisor sin apagar la imagen. Los tres se acomodaron, Pewe en un sill&#243;n y los Balkwill en el sof&#225;.

El comisario cogi&#243; su taza, sujetando el asa min&#250;scula con sus dedos de u&#241;as perfectas, sopl&#243; el t&#233;, bebi&#243; un sorbo y volvi&#243; a dejarlo sobre la mesa.

Me acaban de trasladar de la Met, en Londres, al Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex -explic&#243;-. Me han asignado la revisi&#243;n de los casos sin resolver. No s&#233; c&#243;mo decirlo con delicadeza, pero he estado repasando los expedientes de las personas desaparecidas y creo que la desaparici&#243;n de su hija no ha sido investigada adecuadamente.

Se reclin&#243; y abri&#243; los brazos.

Con eso quiero decir, sin poner a Roy en entredicho, por supuesto -vacil&#243;, hasta que recobr&#243; la seguridad para continuar al ver que ambos asent&#237;an con la cabeza-. Como observador totalmente imparcial que soy, me parece que Roy Grace est&#225; demasiado involucrado emocionalmente para llevar a cabo una revisi&#243;n imparcial de la investigaci&#243;n original sobre la desaparici&#243;n de su esposa. -Hizo una pausa y bebi&#243; otro sorbo de t&#233;-. Me preguntaba si ustedes ten&#237;an alg&#250;n punto de vista al respecto.

&#191;Sabe Roy que est&#225; aqu&#237;? -pregunt&#243; Derek Balkwill.

Llevo a cabo una investigaci&#243;n independiente -dijo Pewe para evitar contestar.

La madre de Sandy frunci&#243; el ce&#241;o, pero no dijo nada.

No veo qu&#233; tendr&#237;a de malo -respondi&#243; al final su marido.



48

11 de septiembre de 2001


Ronnie estaba borracho. Caminaba con paso algo inseguro, arrastrando el trolley por la acera, que se mec&#237;a como la cubierta de un barco. Ten&#237;a la boca seca y notaba la cabeza como si estuviera atrapada en un torno que la apretaba sin cesar. Tendr&#237;a que haber almorzado algo, lo sab&#237;a. Comprar&#237;a comida m&#225;s tarde, despu&#233;s de registrarse y guardar el equipaje.

En la mano izquierda llevaba un recibo arrugado del bar, detr&#225;s del cual su nuevo mejor amigo -cuyo nombre ya hab&#237;a olvidado- hab&#237;a escrito una direcci&#243;n y dibujado un mapa. Eran las cinco de la tarde. Un helic&#243;ptero volaba bajo en el cielo. Percib&#237;a un olor desagradable a quemado en el aire. &#191;Hab&#237;a un incendio en alguna parte?

Entonces se percat&#243; de que se trataba del mismo olor de antes, cuando estaba en Manhattan. Denso y empalagoso, se filtraba en los edificios bajos de ladrillo rojo que lo flanqueaban, en su ropa y en los poros de su piel. Lo respiraba, le llenaba los pulmones.

Al llegar al final de la calle, mir&#243; el mapa entrecerrando los ojos. Parec&#237;a decirle que girara a la derecha en el siguiente cruce. Pas&#243; por delante de varias tiendas con carteles en cir&#237;lico y de un banco, con un cajero autom&#225;tico exterior. Se detuvo, tentado por un momento de retirar todo el dinero que le permitieran sus tarjetas, pero comprendi&#243; que no ser&#237;a una decisi&#243;n inteligente; el cajero registrar&#237;a la hora de la transacci&#243;n. Sigui&#243; andando. Pas&#243; por delante de m&#225;s escaparates. Al otro extremo de la calle hab&#237;a colgada una pancarta, serigrafiada con las palabras Mantengamos limpia Brighton Beach.

Comenz&#243; a caer en la cuenta de lo desierta que estaba la calle. Hab&#237;a coches aparcados a cada lado, pero ahora no se ve&#237;a gente. Las tiendas tambi&#233;n estaban pr&#225;cticamente vac&#237;as. Era como si todo el barrio estuviera en una fiesta a la que no le hab&#237;an invitado.

Pero sab&#237;a que todo el mundo estaba en casa, pegado al televisor. Esperando a que caiga la espada de Damocles, hab&#237;a dicho alguien en el bar.

Pas&#243; por delante de una tienda poco iluminada con un cartel fuera, La ciudad del buz&#243;n. A la derecha hab&#237;a filas y filas de cajas met&#225;licas. Al fondo de la tienda estaba sentado un joven de pelo negro y largo encorvado sobre un ordenador consultando Internet. En el mostrador, un anciano de pelo entrecano vestido con ropa barata realizaba alg&#250;n tipo de transacci&#243;n.

Ronnie se dio cuenta de que empezaba a estar m&#225;s sobrio, a pensar con m&#225;s claridad. A pensar que este lugar podr&#237;a ser &#250;til para sus planes. Sigui&#243; caminando, contando las calles a su izquierda. Entonces, siguiendo las indicaciones, gir&#243; a la izquierda y accedi&#243; a una calle residencial venida a menos. Aqu&#237; las casas parec&#237;an construidas con piezas de Lego rotas. Ten&#237;an dos y tres plantas, eran pareadas, pero las dos mitades no eran iguales. Unos escalones conduc&#237;an a las puertas de entrada y hab&#237;a toldos y puertas donde deber&#237;a haber garajes; tambi&#233;n tejas espa&#241;olas, enladrillado irregular, fachadas de yeso gastado y ventanas desiguales que parec&#237;an compradas en lotes surtidos.

En el primer cruce, el mapa le indicaba que girara a la izquierda en una calle estrecha llamada Brighton Path 2. Dej&#243; atr&#225;s dos Chevy Suburbans blancos aparcados delante de un garaje doble con las dos puertas llenas de grafitis y una hilera de viviendas de una planta. Luego gir&#243; a la derecha en una calle a&#250;n m&#225;s destartalada de casas pareadas y lleg&#243; al n&#250;mero 29. Las dos mitades de la casa eran de color hormig&#243;n prefundido. Delante, en un poste de tel&#233;grafos hab&#237;a un p&#243;ster rasgado, pero apenas le prest&#243; atenci&#243;n. Mir&#243; los pelda&#241;os sucios y vio, en letras rojas sobre un peque&#241;o tabl&#243;n blanco clavado en el dintel de la puerta, las siglas HPI.

Subi&#243; los escalones, cargando el equipaje, y llam&#243; al timbre. Unos momentos despu&#233;s, una figura desdibujada apareci&#243; tras el cristal esmerilado y la puerta se abri&#243;. Una chica plana como una tabla, que llevaba una bata mugrienta y chanclas, lo mir&#243;. Era rubia y ten&#237;a el pelo sucio y desgre&#241;ado como filamentos de algas y la cara ancha de mu&#241;eca con unos ojos negros grandes y redondos. No dijo nada.

Busco una habitaci&#243;n -dijo Ronnie-. Me han dicho que ten&#237;as una habitaci&#243;n.

Ronnie vio un tel&#233;fono p&#250;blico en la pared a su lado y percibi&#243; un olor intenso a humedad y moqueta vieja. En alg&#250;n lugar del edificio oy&#243; las noticias en televisi&#243;n. Los acontecimientos de hoy.

La chica dijo algo que no comprendi&#243;. Le pareci&#243; ruso, pero no estaba seguro.

&#191;Hablas ingl&#233;s?

Ella levant&#243; la mano, para indicarle que esperara, luego desapareci&#243; hacia el fondo de la casa. Al cabo de un rato, apareci&#243; un hombre de unos cincuenta a&#241;os corpulento y con la cabeza rapada. Llevaba una camisa blanca sin cuello, pantalones negros anchos y sucios con tirantes y unas deportivas, y mir&#243; a Ronnie como si fuera un capullo que bloqueaba el paso al lavabo.

&#191;Habitaci&#243;n? -dijo con un acento gutural.

Boris -dijo Ronnie, que de repente record&#243; el nombre de su nuevo mejor amigo-. Me ha dicho que viniera aqu&#237;.

&#191;Cu&#225;nto tiempo?

Ronnie se encogi&#243; de hombros.

Unos d&#237;as.

El hombre lo mir&#243; evalu&#225;ndolo. Tal vez para comprobar que no se tratara de una especie de terrorista.

Treinta d&#243;lares por d&#237;a. &#191;De acuerdo?

Bien. Un d&#237;a deprimente, el de hoy.

Un d&#237;a malo. Muy malo. Mundo est&#225; loco. De 12 a 12. &#191;De acuerdo? Comprendido. Paga cada d&#237;a por adelantado. Si te quedas despu&#233;s de mediod&#237;a, pagas otro d&#237;a.

Comprendido.

&#191;Efectivo?

S&#237;, perfecto.

La casa era mayor de lo que parec&#237;a desde fuera. Ronnie sigui&#243; al hombre a trav&#233;s de un recibidor y un pasillo, entre paredes de color nicotina con un par de grabados baratos enmarcados de paisajes inh&#243;spitos. El hombre se detuvo, desapareci&#243; un instante en una habitaci&#243;n y luego sali&#243; con una llave en un llavero de madera. Abri&#243; la puerta de enfrente.

Ronnie le sigui&#243; a un cuarto peque&#241;o que ol&#237;a a humo de cigarrillo rancio. Ten&#237;a una ventana peque&#241;a que daba a la pared de la siguiente casa. Hab&#237;a una cama de matrimonio peque&#241;a con una manta de chenilla rosa encima con varias manchas y dos quemaduras de cigarrillo. En una esquina hab&#237;a un lavamanos, junto a una peque&#241;a ducha con una cortina de pl&#225;stico amarilla resquebrajada. Completaban el mobiliario un sill&#243;n maltrecho, una c&#243;moda, un par de mesas de madera baratas, un televisor viejo con un mando a distancia que parec&#237;a m&#225;s viejo todav&#237;a y una moqueta de color verde guisante.

Perfecto -dijo Ronnie. Y en estos momentos, para &#233;l, lo era.

El hombre cruz&#243; los brazos y lo mir&#243; con expectaci&#243;n. Ronnie sac&#243; la cartera y pag&#243; tres d&#237;as por adelantado. Recibi&#243; la llave y luego el casero se march&#243; y cerr&#243; la puerta.

Ronnie revis&#243; la habitaci&#243;n. Hab&#237;a una pastilla de jab&#243;n medio usada en la ducha con lo que sospechosamente parec&#237;a un pelo casta&#241;o de vello p&#250;bico. La imagen del televisor era borrosa. Encendi&#243; todas las luces, corri&#243; la cortina y se sent&#243; en la cama, que se hundi&#243; y cruji&#243; con un sonido met&#225;lico. Entonces logr&#243; esbozar una sonrisa. Podr&#237;a soportar esto unos d&#237;as. No le preocupaba.

Dios santo, &#161;era el primer d&#237;a del resto de su vida!

Inclin&#225;ndose hacia delante, cogi&#243; el malet&#237;n de encima del trolley y sac&#243; todas las carpetas que conten&#237;an la propuesta y datos acreditativos que durante semanas hab&#237;a preparado para Donald Hatcook. Finalmente, cogi&#243; del fondo el portafolios de pl&#225;stico transparente, cerrado con un broche met&#225;lico, y sac&#243; la carpeta roja que no se hab&#237;a arriesgado a dejar en la habitaci&#243;n del W, ni siquiera en la caja fuerte. Y la abri&#243;.

Sus ojos se iluminaron.

Hola, preciosos m&#237;os -dijo.



49

Octubre de 2007


&#191;Qu&#233; tiene de malo que me guste la Guinness? -pregunt&#243; Glenn Branson.

&#191;Acaso he dicho que tuviera algo de malo?

Roy Grace dej&#243; sobre la mesa la pinta de Glenn y su Glenfiddich largo con hielo, junto con dos bolsas de patatas con sabor a bacon, y se sent&#243; delante de su amigo. Eran las ocho de la tarde del lunes y el Black Lion estaba pr&#225;cticamente vac&#237;o. Aun as&#237;, hab&#237;an elegido sentarse en el rinc&#243;n del fondo, lo suficientemente lejos de la barra para que nadie los escuchara. El hilo musical tambi&#233;n contribu&#237;a a tapar sus voces y proporcionarles intimidad.

Lo digo por c&#243;mo me miras cada vez que pido una Guinness -dijo Branson-. Como si fuera un error o algo as&#237;.

Eras un hombre seguro de s&#237; mismo y tu mujer te est&#225; convirtiendo en un paranoico, pens&#243; Grace, pero no dijo nada, sino que cit&#243;:

Para el que tiene miedo, todo son ruidos.

Branson frunci&#243; el ce&#241;o.

&#191;Qui&#233;n lo dijo?

S&#243;focles.

&#191;En qu&#233; pel&#237;cula?

&#161;Dios m&#237;o, mira que llegas a ser ignorante a veces! &#191;No sabes nada que no sea de cine?

Gracias, Einstein. T&#250; s&#237; que sabes d&#243;nde darle a un hombre cuando est&#225; deprimido.

Grace levant&#243; su vaso.

An&#237;mate.

Branson levant&#243; el suyo, sin entusiasmo, y brind&#243; con el de Grace.

Los dos bebieron un sorbo.

S&#243;focles era un dramaturgo -dijo luego Grace.

&#191;Est&#225; muerto?

Muri&#243; en el 406 a. C.

Antes de que naciera yo, viejo. Supongo que t&#250; ir&#237;as a su entierro.

Muy agudo.

Recuerdo que cuando viv&#237; contigo me fij&#233; en que ten&#237;as un mont&#243;n de libros de filosof&#237;a tirados por ah&#237;.

Grace bebi&#243; otro trago de whisky y le sonri&#243;.

&#191;Te supone un problema que alguien intente culturizarse?

&#191;Para intentar estar a la altura de su chica, quieres decir?

Grace se puso rojo. Branson ten&#237;a bastante raz&#243;n, por supuesto. Cleo estaba haciendo un curso de filosof&#237;a en la universidad a distancia y &#233;l se esforzaba mucho en su tiempo libre para comprender la materia.

He puesto el dedo en la llaga, &#191;verdad? -Branson esboz&#243; una sonrisa l&#225;nguida.

Grace no dijo nada.

Estaba sonando Rhinestone Cowboy. Los dos la escucharon un rato. Grace cant&#243; la letra en silencio y movi&#243; la cabeza al ritmo de la m&#250;sica.

&#161;Joder, t&#237;o! No me digas que te gusta Glen Campbell.

Pues la verdad es que s&#237;.

&#161;Cuanto m&#225;s te conozco, m&#225;s triste veo que eres!

Es un m&#250;sico de verdad. Mejor que esa mierda de rap que te gusta a ti.

Branson se dio unos golpecitos en el pecho.

Es mi m&#250;sica, t&#237;o. Es mi gente que me habla.

&#191;A Ari le gusta?

De repente, Branson pareci&#243; deprimido. Mir&#243; dentro de su cerveza.

Antes s&#237;. Ahora ya no s&#233; qu&#233; le gusta.

Grace bebi&#243; un sorbo. El whisky le sentaba bien, le proporcionaba una sensaci&#243;n c&#225;lida y agradable.

Bueno, cu&#233;ntame. &#191;Quer&#237;as hablar de ella? -Abri&#243; su bolsa de patatas y meti&#243; los dedos dentro, sac&#243; varias patatas de una tacada y se las llev&#243; a la boca. Mastic&#243; mientras hablaba-.

Tienes una pinta horrible, ya lo sabes. Tu aspecto estos dos &#250;ltimos meses es terrible, desde que volviste con ella. Cre&#237;a que todo iba mejor, que le hab&#237;as comprado el caballo y estaba bien. &#191;No? -Comi&#243; otro pu&#241;ado de patatas con avidez.

Branson bebi&#243; un poco m&#225;s de Guinness.

El pub desprend&#237;a un olor pr&#237;stino a limpiador de moqueta y cera abrillantadora. Grace echaba de menos el olor a tabaco, el aire viciado del humo de los puros y las pipas. Para &#233;l, los pubs ya no ten&#237;an ambiente desde que hab&#237;a entrado en vigor la prohibici&#243;n de fumar. Y ahora le habr&#237;a venido bien un cigarrillo.

Cleo no le hab&#237;a invitado a pasarse por su casa m&#225;s tarde porque ten&#237;a que escribir un trabajo para su curso. Tendr&#237;a que cenar algo aqu&#237; o improvisar con lo que tuviera en casa.

La cocina nunca hab&#237;a sido su punto fuerte y comenzaba a depender de ella, se percat&#243;. Durante estos dos &#250;ltimos meses, Cleo hab&#237;a cocinado para &#233;l casi todas las noches, principalmente comida sana, pescado y verduras salteadas o al vapor. A ella le horrorizaba la dieta a base de comida basura que la mayor&#237;a de los polic&#237;as inger&#237;an casi siempre.

Rhinestone Cowboy termin&#243; y se quedaron sentados en silencio un rato.

Glenn lo rompi&#243;.

&#191;Sabes que no hemos hecho el amor?

&#191;Desde que has vuelto con ella?

No.

&#191;Ni una vez?

Ni una vez. Es como si intentara castigarme.

&#191;Por qu&#233;?

Branson apur&#243; la pinta, parpade&#243; mirando el vaso vac&#237;o y se levant&#243;.

&#191;Otro?

Uno normal -dijo Roy, consciente de que ten&#237;a que conducir.

&#191;Lo de siempre? &#191;Un Glenfiddich con hielo con un poquit&#237;n de agua?

Vaya, no has perdido memoria.

&#161;Que te den, viejo!

Grace se qued&#243; pensativo unos momentos, su mente absorta en el trabajo. Le daba vueltas a la reuni&#243;n informativa de las 18.30 que acababan de celebrar. Joanna Wilson, Ronnie Wilson. Conoc&#237;a a Ronnie de tiempo atr&#225;s. Era uno de los delincuentes cl&#225;sicos de Brighton. As&#237; que Ronnie hab&#237;a muerto el 11-S Ese tipo de sucesos eran muy azarosos. &#191;Hab&#237;a matado Ronnie a su mujer? Su equipo estaba trabajando en el caso. Ma&#241;ana comenzar&#237;an a investigar la vida del hombre y la de su esposa.

Branson regres&#243; y volvi&#243; a sentarse.

&#191;Qu&#233; quieres decir con que Ari intenta castigarte, Glenn?

Cuando Ari y yo nos conocimos foll&#225;bamos todo el d&#237;a, &#191;sabes? Nos despert&#225;bamos y foll&#225;bamos. Sal&#237;amos por ah&#237;, a comer un helado quiz&#225;s, y nos li&#225;bamos. Luego por la noche volv&#237;amos a follar. Como si no vivi&#233;ramos en el mundo real. -Bebi&#243; m&#225;s cerveza, casi la mitad del vaso, de un trago-. Ya s&#233; que eso no puede durar siempre, vale.

Era el mundo real -dijo Roy-. Pero el mundo real no es siempre igual. Mi madre dec&#237;a que la vida es como los cap&#237;tulos de un libro. Pasan cosas distintas en momentos distintos. La vida cambia constantemente. &#191;Sabes cu&#225;l es uno de los secretos de un matrimonio feliz?

&#191;Cu&#225;l?

No seas polic&#237;a.

Tiene gracia. Es ir&#243;nico, &#191;verdad? Ella quer&#237;a que yo fuera polic&#237;a. -Glenn mene&#243; la cabeza con incredulidad-. Lo que no entiendo es por qu&#233; est&#225; enfadada siempre conmigo. &#191;Sabes qu&#233; me ha dicho esta ma&#241;ana?

&#191;Qu&#233;?

Dice que la despierto a prop&#243;sito, &#191;vale? Cuando me levanto por la noche para ir al ba&#241;o, ya sabes, a mear, dice que apunto directamente al agua para hacer ruido, y que si la quisiera de verdad mear&#237;a contra un lado de la taza.

Grace verti&#243; el contenido del vaso nuevo en el anterior.

&#191;En serio?

En serio, t&#237;o. No hago nada bien. Me dice que necesita su espacio y que mande a la mierda mi carrera de polic&#237;a. Que va a salir por las noches, que no est&#225; preparada para atarse a los ni&#241;os y que son responsabilidad m&#237;a. Que si tengo que trabajar hasta tarde, busque yo una canguro.

Grace bebi&#243; un sorbo de whisky y se pregunt&#243; si era posible que Ari tuviera una aventura. Pero no quer&#237;a sugerirlo y disgustar m&#225;s a&#250;n a su amigo.

No puedes vivir as&#237; -le dijo.

Branson cogi&#243; su bolsa de patatas y le dio vueltas y vueltas con las manos.

Quiero a mis hijos -dijo-. No puedo pasar por una mierda de divorcio y verlos, &#191;qu&#233;? &#191;Unas horas al mes?

&#191;Cu&#225;nto tiempo llev&#225;is as&#237;?

Desde que se le meti&#243; ese rollo en la cabeza de la autosuperaci&#243;n. Los lunes por la tarde va a clases de literatura inglesa. Los jueves, de arquitectura. Y m&#225;s mierdas de ese tipo el resto de d&#237;as. Ya no la conozco No s&#233; c&#243;mo llegar a ella. -Se quedaron sentados en silencio un rato antes de que Branson esbozara una sonrisa alegre y dijera-: En cualquier caso, soy yo quien tiene que solucionar su mierda, &#191;no?

No -contest&#243; Roy, aunque sab&#237;a que si Ari volv&#237;a a echar a Glenn, tendr&#237;a que cargar una vez m&#225;s con aquel inquilino infernal. Glenn hab&#237;a vivido con &#233;l hac&#237;a un par de meses y la casa habr&#237;a estado m&#225;s ordenada con un elefante puesto hasta las cejas de setas m&#225;gicas-. Estamos juntos en esto.

Por primera vez aquella noche, Glenn sonri&#243;. Luego por fin abri&#243; su bolsa de patatas y mir&#243; dentro con cierta decepci&#243;n, como si esperara que contuviera otra cosa.

Bueno, &#191;qu&#233; pasa con Cassian Pewe? Perdona, el comisario Cassian Pewe. -Grace se encogi&#243; de hombros-. &#191;Intenta robarte el puesto?

Grace sonri&#243;.

Creo que &#233;sa era su estrategia. Pero ya le hemos puesto en su sitio.



50

Octubre de 2007


Cassian Pewe bebi&#243; otro sorbo indeciso de t&#233; e hizo una mueca cuando el l&#237;quido caliente toc&#243; sus dientes. Anoche hab&#237;a dormido con gel blanqueador y hoy estaban sensibles a las temperaturas extremas.

Lo que s&#237; quiero es aclarar una cosa -dijo a los padres de Sandy mientras dejaba la taza en el platito-. El comisario Grace es un polic&#237;a muy respetado. Mis intenciones no van m&#225;s all&#225; de averiguar la verdad sobre la desaparici&#243;n de su hija.

Necesitamos saber -dijo Derek Balkwill.

Bien -apunt&#243; &#233;l-. Me tranquiliza mucho saber que estamos en sinton&#237;a. -Les sonri&#243;-. Sin querer poner a nadie en entredicho, sin embargo -prosigui&#243;-, hay varios polic&#237;as de alto rango en el Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex que creen que nunca se ha llevado a cabo una investigaci&#243;n adecuada. Es una de las razones principales por las que me han reclutado. -Hizo una pausa, estaba satisfecho con la receptividad de los padres y un poco envalentonado-. Hoy he estado estudiando el caso todo el d&#237;a y hay muchas preguntas sin respuesta. Yo en su lugar creo que no estar&#237;a muy satisfecho con el trabajo de la polic&#237;a hasta la fecha.

Los dos volvieron a asentir.

La verdad es que no entiendo por qu&#233; permitieron a Roy revisar &#233;l mismo la investigaci&#243;n, cuando estaba tan involucrado personalmente.

Tenemos entendido que unos d&#237;as despu&#233;s de que desapareciera nuestra hija asignaron el caso a un equipo independiente -dijo Margot Balkwill.

&#191;Y qui&#233;n les informaba de sus hallazgos? -pregunt&#243; Cassian Pewe.

Puees Roy.

Pewe abri&#243; los brazos.

&#191;Lo ven? &#201;se es el problema. Normalmente, cuando una mujer casada desaparece, su marido se convierte al instante en el sospechoso principal hasta que se le descarta. Por lo que he le&#237;do y o&#237;do, me parece que su yerno nunca fue considerado sospechoso formalmente.

&#191;Est&#225; diciendo que ahora usted le considera sospechoso? -pregunt&#243; Derek.

El hombre levant&#243; su taza y Pewe volvi&#243; a fijarse en el temblor. Se pregunt&#243; si el hombre estaba nervioso o eran los primeros s&#237;ntomas de Parkinson.

No me atrever&#237;a a decir eso, en estos momentos. -Pewe sonri&#243; con suficiencia-. Pero desde luego voy a tomar medidas radicales para disipar las sospechas, que es algo que todav&#237;a no se ha hecho, sin duda.

Margot Balkwill asent&#237;a con la cabeza.

Estar&#237;a bien.

Su marido tambi&#233;n asinti&#243;.

&#191;Puedo preguntarles algo personal? &#191;Alguno de los dos ha sospechado alguna vez, por un momento, que Roy Grace estuviera escondi&#233;ndoles algo?

Hubo un largo silencio. Margot junt&#243; las cejas, frunci&#243; la boca y, luego, cerr&#243; y abri&#243; los pu&#241;os varias veces. Ten&#237;a las manos gruesas, observ&#243; Pewe, eran las manos de un jardinero. Su marido estaba quieto, con los hombros encorvados, como si un peso enorme e invisible lo aplastara lentamente.

Creo que deber&#237;a comprender -dijo Margot Balkwill-, que no sentimos ninguna animadversi&#243;n contra Roy. -Hablaba como una maestra que transmit&#237;a un informe a un padre.

Ninguna -dijo Derek enf&#225;ticamente.

Pero -a&#241;adi&#243; ella-, una peque&#241;a parte de nosotros no puede evitar pregunt&#225;rselo Es la naturaleza humana. Hasta qu&#233; punto conocemos a las personas. &#191;Verdad, agente?

Claro, por supuesto -coincidi&#243; Pewe con suavidad.

Durante el silencio que se hizo a continuaci&#243;n, Margot Balkwill cogi&#243; su cucharilla y removi&#243; el t&#233;. Pewe se fij&#243; que aunque no tomaba az&#250;car, era la tercera vez que lo remov&#237;a.

&#191;Alguna vez notaron algo extra&#241;o en el modo como trataba Roy a su hija? -pregunt&#243;-. &#191;Algo que les molestara? Me refiero a si dir&#237;an que era un matrimonio feliz.

Bueno, no creo que sea f&#225;cil para nadie estar casado con un polic&#237;a; en particular con uno tan ambicioso como Roy. -Mir&#243; a su marido, que se encogi&#243; de hombros sin decir nada-. Ten&#237;a que soportar estar mucho tiempo sola. Y llevarse una decepci&#243;n en el &#250;ltimo minuto cuando llamaban a Roy para algo.

&#191;Ella ten&#237;a su propia carrera?

Trabaj&#243; unos a&#241;os en una agencia de viajes de Brighton. Pero estaban intentando tener un hijo y no llegaba. El m&#233;dico le dijo que deber&#237;a dedicarse a algo menos estresante, as&#237; que lo dej&#243; y consigui&#243; un empleo a tiempo parcial de recepcionista en un centro m&#233;dico. No trabajaba cuando -Su voz se apag&#243;.

&#191;Desapareci&#243;? -sugiri&#243; Pewe.

Ella asinti&#243;, con los ojos llenos de l&#225;grimas.

Fue muy duro para nosotros -dijo Derek-. En especial para Margot. Ella y Sandy estaban muy unidas.

Por supuesto. -Pewe sac&#243; su libreta e hizo algunas anotaciones-. &#191;Cu&#225;nto tiempo llevaban intentando tener un hijo?

Varios a&#241;os -respondi&#243; Margot, con la voz rota.

Imagino que ser&#225; duro para un matrimonio -dijo Pewe.

Todo es duro en un matrimonio -dijo Derek.

Hubo un largo silencio.

Margot bebi&#243; un sorbo de t&#233;, luego pregunt&#243;:

&#191;Insin&#250;a que hay algo que no nos han dicho detr&#225;s de esto?

No, no me gustar&#237;a especular en estos momentos. S&#243;lo tengo que decir que la metodolog&#237;a que sustenta la investigaci&#243;n sobre la desaparici&#243;n de su hija es deficiente. Es mi opini&#243;n como polic&#237;a con diecinueve a&#241;os de experiencia en el mejor cuerpo policial del Reino Unido. Eso es todo.

Nosotros no sospechamos de Roy, se lo digo para que no saque conclusiones precipitadas -dijo Margot Balkwill.

Estoy seguro. Tal vez debiera dejar algo claro desde el principio: mi investigaci&#243;n no es una caza de brujas. Simplemente pretendo cerrarla. Permitirles a usted y a su marido pasar p&#225;gina.

Eso depender&#225;, &#191;verdad?, de si nuestra hija est&#225; viva o muerta.

Por supuesto -dijo Cassian Pewe. Bebi&#243; un poco m&#225;s de t&#233;, luego se limpi&#243; los dientes con la lengua. Sac&#243; del bolsillo una tarjeta suya y la dej&#243; sobre la mesa-. Si se les ocurre algo, a cualquier hora, que pudiera resultarme &#250;til, ll&#225;menme.

Gracias -dijo Margot Balkwill-. Es usted un buen hombre. Lo noto.

Pewe sonri&#243;.



51

Octubre de 2007


Abby parpade&#243;, mientras un ruido extra&#241;o y quejumbroso la despertaba de un sue&#241;o confuso. Le dol&#237;a el est&#243;mago. Ten&#237;a la cara entumecida. Estaba congelada de fr&#237;o. Temblaba. Miraba una pared de azulejos color crema. Por un momento pens&#243; que estaba en un avi&#243;n, &#191;o era el camarote de un barco?

Entonces se dio cuenta, poco a poco, de que algo no iba bien. No pod&#237;a moverse. Oli&#243; a pl&#225;stico, lechada, cemento para azulejos, desinfectante.

Ahora comenzaba a recordar. Y mientras una oscuridad envolvente estallaba en su interior, se acord&#243; de todo.

El miedo recorri&#243; su cuerpo. Intent&#243; levantar el brazo derecho para tocarse la cara y vio que no pod&#237;a moverse.

Ni abrir la boca.

Ten&#237;a la cabeza tan echada para atr&#225;s que notaba el cuello tenso y algo duro se le clavaba en la espalda. Era la cisterna, comprendi&#243;. Estaba sentada en el retrete. Le resultaba dif&#237;cil ver algo m&#225;s all&#225; de lo que ten&#237;a justo delante y tuvo que forzar los ojos para mirar abajo. Cuando lo consigui&#243;, vio que estaba desnuda, atada con cinta americana gris alrededor de la cintura, los pechos, las mu&#241;ecas, los tobillos, la boca y tambi&#233;n la frente, supuso, porque era lo que notaba.

Estaba en el cuarto de ba&#241;o de invitados de su casa, mirando la cabina de la ducha, con un paquete de jab&#243;n caro en el plato que no hab&#237;a abierto nunca, un lavamanos y algunos toalleros y las paredes hermosamente alicatadas en color crema con azulejos romanos y una moldura. A la derecha hab&#237;a una puerta que llevaba al min&#250;sculo lavadero, en el que se apretujaban una lavadora y una secadora, y al fondo hab&#237;a otra puerta que daba a la salida de incendios y a las escaleras. La puerta principal que daba al vest&#237;bulo, a su izquierda, estaba entreabierta.

Empez&#243; a temblar y estuvo a punto de vomitar de miedo. No sab&#237;a cu&#225;nto tiempo llevaba encerrada aqu&#237; dentro, en esta habitaci&#243;n peque&#241;a y sin ventanas. Intent&#243; cambiar de posici&#243;n, pero las ataduras estaban demasiado fuertes.

&#191;Se hab&#237;a ido? &#191;Lo hab&#237;a cogido todo y la hab&#237;a dejado aqu&#237; as&#237;?

Le dol&#237;a el est&#243;mago. La cinta estaba tan apretada que comenzaba a perder la sensibilidad en algunas zonas y notaba un hormigueo en la mano derecha. El asiento del inodoro se le clavaba en el trasero y los muslos.

Intentaba recordar qu&#233; hab&#237;a detr&#225;s del retrete, para identificar a qu&#233; estaba pegada la cinta americana. Pero no lo visualizaba.

La luz estaba encendida, por eso funcionaba el extractor de aire, comprendi&#243;, y o&#237;a ese ruido constante y l&#250;gubre.

Su miedo se transform&#243; en desesperaci&#243;n. Se hab&#237;a marchado. Despu&#233;s de todo lo que hab&#237;a pasado, ahora esto. &#191;C&#243;mo hab&#237;a dejado que ocurriera? &#191;C&#243;mo hab&#237;a sido tan est&#250;pida? &#191;C&#243;mo? &#191;C&#243;mo? &#191;C&#243;mo?

Su desesperaci&#243;n se transform&#243; en ira.

Y otra vez en miedo cuando vio moverse una sombra.



52

11 de septiembre de 2001


Sentada en el borde del sof&#225; esquinero del sal&#243;n, Lorraine desenrosc&#243; la tapa de una botella de vodka en miniatura y verti&#243; el contenido sobre los cubitos de hielo y la rodaja de lima del vaso. Su hermana hab&#237;a pasado antes a verla con una bolsa de pl&#225;stico llena de frasquitos. Parec&#237;a que Mo siempre ten&#237;a una provisi&#243;n interminable y Lorraine supon&#237;a que los birlaba del bar del vuelo en el que trabajara.

Eran las nueve de la noche. Casi hab&#237;a oscurecido ya y todav&#237;a ten&#237;a puestas las noticias. Lorraine llevaba vi&#233;ndolas todo el d&#237;a, hecha un mar de l&#225;grimas. Las im&#225;genes repetidas del horror, las declaraciones repetidas de los pol&#237;ticos. Ahora sal&#237;a un grupo de gente en un estudio en Pakist&#225;n: un m&#233;dico, un asesor inform&#225;tico, un abogado, una documentalista vocinglera, un empresario. Lorraine no pod&#237;a creer lo que estaba oyendo. Dec&#237;an que lo que hab&#237;a ocurrido hoy en Estados Unidos era bueno.

Se inclin&#243; hacia delante y apag&#243; el cigarrillo en un cenicero que rebosaba de colillas. Mo estaba en la cocina, preparando una ensalada y calentando algo de pasta. Lorraine miraba a aquellas personas, las escuchaba, perpleja. Eran personas inteligentes. Uno de ellos se re&#237;a, hab&#237;a alegr&#237;a en su rostro.

Ya era hora de que Estados Unidos se diera cuenta de que tiene que dejar de machacar al resto del mundo. No queremos sus valores. Hoy han aprendido una lecci&#243;n. &#161;Hoy les tocaba a ellos recibir una paliza!

La documentalista asinti&#243; y ampli&#243; sus argumentos convincentemente.

Lorraine mir&#243; el tel&#233;fono, a su lado. Ronnie no hab&#237;a llamado. Hab&#237;an muerto miles de personas, &#191;y esta gente estaba contenta? Hombres y mujeres hab&#237;an saltado de los rascacielos. &#191;Una paliza?

Cogi&#243; el tel&#233;fono inal&#225;mbrico y se lo apret&#243; contra las mejillas empapadas. Ronnie, cari&#241;o, llama, llama. Llama, por favor. Por favor, llama.

Mo siempre hab&#237;a sido protectora con Lorraine. Aunque s&#243;lo era tres a&#241;os mayor, la trataba como si las separara toda una generaci&#243;n.

En realidad eran muy distintas. No s&#243;lo por el color del pelo -Mo lo ten&#237;a casi negro azabache- y su aspecto f&#237;sico, sino por la actitud que mostraban ante la vida y la suerte les hab&#237;a tocado. Mo ten&#237;a una figura bien proporcionada, curvil&#237;nea y voluptuosa por naturaleza, era dulce, todo le iba como la seda. Lorraine hab&#237;a sufrido cinco a&#241;os de un tratamiento de fertilidad in vitro humillante, agobiantemente caro y, a la larga, infructuoso. En cambio Mo se quedaba embarazada s&#243;lo pensando en la polla de su marido.

Hab&#237;a tenido tres hijos, uno tras otro, que estaban convirti&#233;ndose en buenas personas. Era feliz con su marido delineante, tranquilo y sencillo, y su casa peque&#241;a y agradable. A veces Lorraine deseaba poder ser como ella. Estar contenta en lugar de anhelar -ansiar- un estilo de vida mejor que el que ten&#237;a.

&#161;Lori! -grit&#243; Mo con excitaci&#243;n desde la cocina.

Su hermana entr&#243; corriendo en la habitaci&#243;n y, por un momento, las esperanzas de Lorraine renacieron. &#191;Hab&#237;a vislumbrado a Ronnie en las noticias?

Pero cuando Mo apareci&#243;, hab&#237;a horror en su rostro.

&#161;Deprisa! &#161;Alguien te est&#225; robando el coche!

Lorraine salt&#243; del sof&#225;, meti&#243; los pies en las zapatillas, corri&#243; hacia la puerta y la abri&#243;. Aparcado justo despu&#233;s del sendero corto de la entrada, hab&#237;a un cami&#243;n de plataforma con luces naranjas que parpadeaban en el techo. Dos hombres, de aspecto duro, estaban subiendo su BMW descapotable por unas rampas met&#225;licas al cami&#243;n.

&#161;Eh! -grit&#243;, corriendo hacia ellos, l&#237;vida-. &#191;Qu&#233; co&#241;o creen que est&#225;n haciendo?

Los hombres siguieron subiendo el coche, que avanzaba sin cesar, balance&#225;ndose en la rampa. Mientras Lorraine se acercaba, el m&#225;s alto se meti&#243; una mano sucia en el bolsillo delantero y sac&#243; un fajo de papeles.

&#191;Es usted la se&#241;ora Wilson?

&#191;S&#237;? -contest&#243; preocupada, su confianza debilitada de repente.

&#191;Su marido es el se&#241;or Wilson?

S&#237;. -Lorraine comenzaba a recuperar su rebeld&#237;a.

El hombre le mostr&#243; los documentos. Luego, en un tono m&#225;s relajado, casi de disculpa, dijo:

Financiera Inter-Alliance. Me temo que vamos a embargar este veh&#237;culo.

&#191;Qu&#233; quiere decir?

No se ha realizado ning&#250;n pago en seis meses. El se&#241;or Wilson ha incumplido el contrato.

Tiene que ser un error.

Me temo que no. Su marido ha hecho caso omiso a las tres cartas de advertencia que se le han enviado. Bajo los t&#233;rminos del plan de financiaci&#243;n, la empresa est&#225; autorizada legalmente a embargar el veh&#237;culo.

Lorraine rompi&#243; a llorar mientras las ruedas traseras del BMW azul alcanzaban la parte superior de la rampa y se posaban en el cami&#243;n de plataforma.

Por favor Ya ha visto las noticias de hoy. Mi marido est&#225; ah&#237;. Est&#225; en en Nueva York. Estoy intentando contactar con &#233;l. Seguro que podremos solucionarlo.

Tendr&#225; que hablar con la empresa ma&#241;ana a primera hora, se&#241;ora. -Hab&#237;a cierta compasi&#243;n en la voz del hombre, pero se mantuvo firme.

Mire Yo Por favor, deje el coche aqu&#237; esta noche.

Le dar&#233; un n&#250;mero de tel&#233;fono para que pueda llamar ma&#241;ana -dijo.

Pero Pero No tendr&#233; coche. &#191;C&#243;mo me las voy a arreglar? Yo Tengo cosas dentro del coche. GD, bonos de aparcamiento, mis gafas de sol.

El hombre hizo un gesto.

Adelante. C&#243;jalos.

Gracias -dijo Lorraine-. Un mill&#243;n de gracias.



53

Octubre de 2007


Temblando de terror, Abby observ&#243; la sombra sigilosa, escuch&#243; el chirrido de una deportiva sobre el parquet brillante del recibidor, seguido por el crujido de un papel.

Entonces apareci&#243; Ricky.

Se qued&#243; en la puerta y se apoy&#243; con indiferencia en el marco, con una cazadora de cuero de motociclista con la cremallera desabrochada y una camiseta blanca sucia debajo. Llevaba una barba de varios d&#237;as y ten&#237;a el pelo grasiento, como si el casco se lo hubiera aplastado. Estaba distinto de la &#250;ltima vez que lo hab&#237;a visto. Ya no ten&#237;a el aspecto de un surfista relajado, sino de un hombre obsesionado. Hab&#237;a envejecido en tan s&#243;lo un par de meses. Hab&#237;a perdido peso y estaba demacrado, con ojeras y bolsas en los ojos. Ol&#237;a muy mal.

Dios m&#237;o, &#191;c&#243;mo hab&#237;a podido gustarle?

Estaba sonriendo, como si le leyera el pensamiento, pero no era una sonrisa que ella conociera. No era una sonrisa t&#237;pica de Ricky. Era m&#225;s bien una m&#225;scara que se hab&#237;a puesto. Logr&#243; vislumbrar su reloj. Eran las 22.50. &#191;Hab&#237;a estado inconsciente casi cuatro horas?

Entonces vio el sobre acolchado. Ricky lo levant&#243;, asinti&#243; y lo puso boca abajo. El contenido, el Times y el Guardian del viernes, cay&#243; al suelo.

Qu&#233; bien volver a verte, Abby -dijo. No hab&#237;a alegr&#237;a en su voz.

Ella intent&#243; hablar, pedirle que la desatara, pero su garganta s&#243;lo logr&#243; articular un sonido apagado.

&#161;Me alegro de que sientas lo mismo! S&#243;lo estoy un poco confuso por que quieras mandarle a alguien unos peri&#243;dicos viejos en un sobre acolchado -Ley&#243; la direcci&#243;n-: Laura Jackson. Stable Cottages, 6. Rodmell &#191;Es una vieja amiga tuya? Pero &#191;por qu&#233; querr&#237;as enviarle unos peri&#243;dicos viejos? No tiene demasiado sentido para m&#237;. A menos, claro est&#225;, que se me haya escapado algo. &#191;Se me escapa algo? &#191;Tal vez la prensa no llega a Rodmell?

Abby lo mir&#243;.

Ricky rompi&#243; el sobre en dos y de dentro sali&#243; una especie de lanilla. Luego, procurando coger s&#243;lo unos trocitos cada vez, rasg&#243; el resto del sobre. Cuando acab&#243;, mene&#243; la cabeza con desaprobaci&#243;n y dej&#243; que el &#250;ltimo pedazo cayera al suelo.

He le&#237;do los dos peri&#243;dicos y no he encontrado ninguna pista. Pero bueno, eso ahora ya no importa, &#191;verdad?

La mir&#243; fijamente a los ojos, sin apartar la vista, todav&#237;a sonriendo. Divirti&#233;ndose.

Abby pensaba deprisa. Sab&#237;a qu&#233; quer&#237;a Ricky. Y tambi&#233;n sab&#237;a que, para conseguirlo, tendr&#237;a que dejarla hablar. Petrificada, se devan&#243; los sesos, pensando, pensando. Pero no se le ocurr&#237;a nada.

Ricky desapareci&#243; unos momentos. Regres&#243; con la maleta azul grande de Abby y la dej&#243; en el suelo, a plena vista desde la puerta. Se arrodill&#243;, abri&#243; la cremallera y levant&#243; la tapa.

Qu&#233; bien hecha est&#225; -dijo, mirando el contenido-. Todo muy cuidado y ordenado. -Su voz se volvi&#243; amarga-. Pero supongo que tienes mucha pr&#225;ctica en eso de hacer maletas y salir corriendo.

De nuevo, sus ojos grises se clavaron en los de ella. Y Abby vio algo que no hab&#237;a visto nunca, algo nuevo. Hab&#237;a oscuridad en ellos: una oscuridad verdadera, como si su alma estuviera muerta.

Ricky comenz&#243; a deshacer la maleta, art&#237;culo por art&#237;culo. Primero sac&#243; un jersey de punto que estaba doblado encima de sus neceseres de aseo y maquillaje. Lo desdobl&#243; sin prisas, lo revis&#243; con cuidado, lo volvi&#243; del rev&#233;s y luego, cuando qued&#243; satisfecho, se lo puso alrededor de los hombros.

Abby ten&#237;a muchas ganas de hacer pis, pero estaba decidida a no humillarse delante de &#233;l ni a darle la satisfacci&#243;n de ver su miedo. As&#237; que se aguant&#243; y le observ&#243;.

Estaba tom&#225;ndose su tiempo, su lentitud era incre&#237;ble, ag&#243;nica, casi como si percibiera la necesidad que ten&#237;a Abby.

Gracias al reloj de Ricky, vio que hab&#237;an pasado casi veinte minutos cuando termin&#243; de deshacer la maleta tras sacar el &#250;ltimo art&#237;culo, su secador de viaje, que desliz&#243; por el suelo del pasillo y se estrell&#243; contra el z&#243;calo.

Abby intentaba moverse todo el rato. Nada ced&#237;a, nada. Las mu&#241;ecas y los tobillos le dol&#237;an horrores. Notaba el trasero entumecido y ten&#237;a que apretar las rodillas para combatir las ganas de hacer pis.

Sin decir palabra, Ricky empuj&#243; la maleta a un lado y se march&#243; por el pasillo. Abby se mor&#237;a de sed, pero &#233;se era el menor de sus problemas. Ten&#237;a que soltarse. Pero &#191;c&#243;mo?

Hizo pis. Al menos a&#250;n era capaz de hacer eso, no se lo hab&#237;a tapado con cinta. Entonces se sinti&#243; mejor. Estaba exhausta, la cabeza le estallaba, pero ahora pod&#237;a pensar con un poco m&#225;s de claridad.

Si pudiera conseguir que le quitara la cinta, al menos podr&#237;a hablar con &#233;l, intentar razonar con &#233;l.

Quiz&#225;s incluso llegar a un trato.

Ricky era un hombre de negocios.

Pero eso depender&#237;a de lo duro que se mostrara.

Ahora estaba volviendo. Tra&#237;a un vaso de whisky con hielo en la mano y fumaba un cigarrillo. El olor dulce e intenso la tentaba. Lo habr&#237;a dado pr&#225;cticamente todo por una calada. Y una copa, de lo que fuera.

Hizo repiquetear los cubitos de hielo y movi&#243; las ventanas de la nariz. Avanz&#243; y alarg&#243; la mano detr&#225;s de ella. Abby oy&#243; un ruido met&#225;lico, luego comprendi&#243; que hab&#237;a tirado de la cadena y not&#243; las gotitas de agua fr&#237;a salpic&#225;ndole el trasero.

Cerda -dijo-. Tienes que tirar de la cadena cuando vas al ba&#241;o. A ti te gusta tirar a los otros por el retrete. -Tir&#243; la ceniza al suelo-. Qu&#233; pisito m&#225;s bonito tienes. Desde la calle no lo parece. -Hizo una pausa y reflexion&#243;-. Pero, por otro lado, supongo que mi furgoneta no parece gran cosa desde aqu&#237; arriba.

La palabra la golpe&#243; como un pu&#241;etazo. Furgoneta. &#191;Esa furgoneta blanca y vieja? &#191;La que no se hab&#237;a movido? &#191;Tan est&#250;pida hab&#237;a sido que no hab&#237;a pensado en esa posibilidad?

Intent&#243; suplicarle con los ojos, pero lo &#250;nico que hizo Ricky fue girar la cabeza burlonamente, bebi&#243; m&#225;s whisky, se fum&#243; el cigarrillo hasta el filtro, lo tir&#243; al suelo y lo pis&#243;.

Muy bien, Abby, t&#250; y yo vamos a tener una peque&#241;a charla. Muy sencillo todo. Yo te hago preguntas, t&#250; mueves los ojos a la derecha para contestar s&#237; y a la izquierda para responder que no. &#191;Hay alguna parte que no hayas entendido?

Abby intent&#243; decir que no con la cabeza, pero no pudo. S&#243;lo pod&#237;a moverla un poquito a derecha e izquierda.

No, Abby, no me has escuchado bien. He dicho que movieras los ojos, no la cabeza. &#191;Quieres ense&#241;arme que lo has captado?

Tras unos momentos de duda, Abby movi&#243; los ojos a la derecha.

&#161;Buena chica! -dijo Ricky, como si felicitara a un cachorro-. &#161;Muy buena chica!

Dej&#243; el vaso, sac&#243; otro cigarrillo y lo sujet&#243; entre los labios. Luego volvi&#243; a coger el vaso, agitando los cubitos de hielo.

Buen whisky -dijo-. De malta. Caro. Pero supongo que para ti el dinero no es ning&#250;n problema, &#191;verdad?

Se arrodill&#243;, para quedar a la altura de sus ojos, y se inclin&#243; hacia delante, hasta que s&#243;lo les separaron unos cent&#237;metros.

&#191;Eh? &#191;El dinero? &#191;No supone ning&#250;n problema para ti?

Abby mir&#243; fijamente al frente, temblando de fr&#237;o.

Luego, Ricky dio una calada a su cigarrillo y le ech&#243; el humo a la cara. Le picaron los ojos.

&#191;El dinero? -repiti&#243;-. No supone ning&#250;n problema para ti, &#191;verdad?

Entonces se levant&#243;.

La cuesti&#243;n, Abby, es que no hay mucha gente que sepa que est&#225;s aqu&#237;. No hay mucha, no, lo que significa que nadie va a echarte de menos. Nadie va a venir a buscarte. -Bebi&#243; un poco de whisky-. Bonita ducha. No has escatimado en gastos. Imagino que te gustar&#237;a disfrutarla. En fin, soy un hombre justo.

Hizo tintinear los cubitos de hielo con fuerza, mirando el vaso, y por un momento Abby crey&#243; que realmente iba a ofrecerle un trato.

&#201;sta es mi oferta: o te hago da&#241;o hasta que me lo devuelvas todo o simplemente me lo devuelves todo. -Volvi&#243; a sonre&#237;r-. Me parece que la decisi&#243;n es obvia.

Dio una calada lenta, relajada, a su cigarrillo, como si disfrutara vi&#233;ndola observ&#225;ndolo, sabiendo que seguramente Abby se mor&#237;a por fumarse uno. Ricky lade&#243; la cabeza y permiti&#243; que un remolino de humo azul escapara de su boca y subiera flotando hacia arriba.

Tengo una idea -dijo-. Dejar&#233; que lo consultes con la almohada.

Entonces cerr&#243; la puerta.



54

Octubre de 2007


Roy Grace estaba sentado en su mesa de trabajo en la MIR Uno, soportando a la madre, el padre, el hermano, la hermana, el t&#237;o, el nieto, el primo carnal y el sobrino segundo de todas las resacas. Ten&#237;a la boca como el fondo de la jaula de un loro y era como si una motosierra desafilara sus dientes en una p&#250;a de acero dentro de su cabeza.

Su &#250;nico consuelo era que Glenn Branson, sentado en diagonal delante de &#233;l, parec&#237;a estar igual. &#191;Qu&#233; diablos les hab&#237;a pasado anoche?

Hab&#237;an ido al Black Lion a tomar algo r&#225;pido, porque Glenn quer&#237;a hablarle de su matrimonio. Se hab&#237;an marchado tambale&#225;ndose alrededor de medianoche, despu&#233;s de beber &#191;cu&#225;ntos whiskies, cervezas, botellas de Rioja? Grace no quer&#237;a ni pensarlo. Apenas recordaba haber vuelto a casa en taxi ni que Glenn lo acompa&#241;ara porque su mujer le hab&#237;a dicho que no quer&#237;a que volviera a casa en ese estado.

Despu&#233;s, bebieron m&#225;s whisky y Glenn comenz&#243; a mirar sus CD y a criticar su m&#250;sica, como hac&#237;a siempre.

Glenn segu&#237;a all&#237; esta ma&#241;ana, en la habitaci&#243;n de invitados, quej&#225;ndose de un dolor de cabeza atroz y dici&#233;ndole a Grace que pensaba muy seriamente acabar con todo.

Son las 8.30 del martes 23 de octubre -Grace ley&#243; sus notas para la reuni&#243;n.

Su libro de estrategias policiales, y sus notas, mecanografiadas hac&#237;a media hora por su ayudante de apoyo a la gesti&#243;n, descansaban delante de &#233;l, junto con una taza de caf&#233;. Estaba al m&#225;ximo de paracetamoles, que no le hac&#237;an efecto, y masticaba chicle de menta para enmascarar su aliento, que estaba seguro de que deb&#237;a de apestar a alcohol. Hab&#237;a dejado el coche en el pub anoche y decidi&#243; que ir caminando a recogerlo, m&#225;s tarde, le sentar&#237;a bien.

Empezaba a preocuparle seriamente su falta de autocontrol sobre la bebida. No le ayudaba que Cleo bebiera como una cosaca, y se preguntaba si le ayudaba a sobrellevar los horrores de su trabajo. A Sandy le gustaba tomar una copa de vino o dos de vez en cuando los fines de semana, o una cerveza una tarde calurosa, pero eso era todo. Cleo, por otra parte, beb&#237;a vino todas las noches y pocas veces s&#243;lo una copa, salvo cuando estaba de guardia. A menudo se terminaban una botella, despu&#233;s de beber un whisky o dos, y a veces tambi&#233;n hac&#237;an buenos progresos con otra m&#225;s.

En su &#250;ltima revisi&#243;n m&#233;dica, el doctor le pregunt&#243; cu&#225;ntas medidas de alcohol beb&#237;a a la semana. Grace minti&#243; y contest&#243; que diecisiete, pues ten&#237;a la impresi&#243;n de que unas veinte eran una cantidad segura para un hombre. El m&#233;dico frunci&#243; el ce&#241;o y le advirti&#243; que redujera a menos de quince. Despu&#233;s, tras una comprobaci&#243;n r&#225;pida en un programa de c&#225;lculo que hab&#237;a encontrado en Internet, Grace descubri&#243; que su ingesta semanal media se situaba alrededor de las cuarenta y dos medidas. Gracias a anoche, la de esta semana seguramente se duplicar&#237;a. Se prometi&#243; en silencio que nunca volver&#237;a a probar el alcohol.

Bella Moy, sentada frente a &#233;l, ya estaba meti&#233;ndose Maltesers en la boca tan temprano. Aunque normalmente no ofrec&#237;a nunca, empuj&#243; la caja hacia Grace.

&#161;Creo que necesitas un subid&#243;n de az&#250;car, Roy! -dijo.

&#191;Tanto se nota?

&#191;Una buena fiesta?

Grace lanz&#243; una mirada a Glenn.

Ojal&#225;.

Se sac&#243; el chicle de la boca y comi&#243; un Malteser, seguido de otros tres, que mastic&#243; con avidez. No le hicieron sentir peor. Entonces bebi&#243; un sorbo de caf&#233; y volvi&#243; a meterse el chicle en la boca.

Bebe Coca-Cola -dijo Bella-. Revitaliza, pero que no sea Light. Es buena para la resaca. Y desayunar fritos tambi&#233;n.

Habla la voz de la experiencia -la interrumpi&#243; Norman Potting.

En realidad yo nunca tengo resaca -le dijo con desd&#233;n.

Nuestra virgen virtuosa -refunfu&#241;&#243; Potting.

Ya basta, Norman -dijo Grace, sonriendo a Bella antes de que &#233;sta mordiera el anzuelo.

Entonces retom&#243; la tarea que ten&#237;a entre manos y ley&#243; en voz alta la informaci&#243;n que Norman Potting hab&#237;a proporcionado en la reuni&#243;n de la tarde anterior: que el marido de Joanna Wilson, Ronnie, hab&#237;a muerto en las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Cuando termin&#243;, se volvi&#243; hacia Potting.

Buen trabajo, Norman.

El sargento emiti&#243; un gru&#241;ido evasivo, pero parec&#237;a satisfecho consigo mismo.

&#191;Qu&#233; informaci&#243;n tenemos sobre Joanna Wilson? &#191;Alg&#250;n familiar con el que podamos hablar? -pregunt&#243; Grace.

Estoy trabajando en ello -dijo Potting-. Sus padres est&#225;n muertos, eso s&#237; lo he podido averiguar. No ten&#237;a hermanos. Estoy intentando saber si ten&#237;a m&#225;s parientes.

Lanzando una mirada a Lizzie Mantle, su investigadora jefe adjunta, Grace dijo:

De acuerdo, a falta de familiares inmediatos tenemos que centrar nuestras pesquisas en los conocidos y amigos de los Wilson. Norman y Glenn pueden concentrarse en eso. Bella, quiero que te pongas en contacto con el FBI a trav&#233;s de la embajada de Estados Unidos en Londres, a ver si puedes encontrar alg&#250;n documento que registre la entrada de Joanna Wilson en Estados Unidos durante los a&#241;os noventa. Si pensaba trabajar all&#237;, necesitar&#237;a un visado. Pide al FBI que compruebe todos los registros y bases de datos inform&#225;ticas para ver si encuentran alg&#250;n documento que certifique que vivi&#243; all&#237; durante ese periodo.

&#191;Conocemos a alguien en la embajada? -pregunt&#243; ella.

S&#237;. Conozco a Brad Garrett en la oficina del agregado jur&#237;dico. Te proporcionar&#225; toda la ayuda que necesites. Si tienes alg&#250;n problema, tambi&#233;n tengo dos amigos en la oficina del fiscal del distrito de Nueva York. De hecho, lo m&#225;s inteligente ser&#237;a recurrir directamente a ellos. Nos saltaremos la burocracia. Ya pasaremos por todos los canales adecuados cuando necesitemos pruebas formales. -Luego se qued&#243; pensando un momento-. Deja que hable yo con Brad. Le llamar&#233; y le consultar&#233; el tema.

Entonces se volvi&#243; hacia el sargento Nicholl.

Nick, quiero que realices una b&#250;squeda a nivel nacional sobre Ronnie Wilson. Mira a ver si encuentras algo en el extranjero.

El joven agente asinti&#243;. Parec&#237;a tan exhausto y p&#225;lido como siempre. No cab&#237;a duda que hab&#237;a pasado otra noche en vela sufriendo las alegr&#237;as de la paternidad, pens&#243; Grace.

Se dirigi&#243; a Lizzie Mantle.

&#191;Quieres a&#241;adir algo?

Estoy pensando en este personaje, Ronnie Wilson -dijo-. Seg&#250;n la balanza de probabilidades, a estas alturas tendr&#237;a que ser el primero de la lista de sospechosos.

Grace se sac&#243; el chicle de la boca y lo tir&#243; en una papelera que ten&#237;a al lado.

Estoy de acuerdo -asinti&#243;-. Pero necesitamos saber m&#225;s sobre &#233;l y su mujer, comprender su vida en com&#250;n, a ver si podemos encontrar un m&#243;vil. &#191;Ten&#237;a una amante? &#191;Lo ten&#237;a ella? Veamos qu&#233; podemos eliminar.

En cuanto se elimina lo imposible, lo que queda, por muy improbable que sea, tiene que ser la verdad -intercedi&#243; Norman Potting.

Hubo un breve momento de silencio. Potting parec&#237;a tremendamente satisfecho consigo mismo.

Entonces Bella Moy lo mir&#243; y dijo mordazmente:

Sherlock Holmes. Muy bien, Norman. Los dos sois m&#225;s o menos de la misma generaci&#243;n.

Grace le lanz&#243; una mirada de advertencia, pero ella se encogi&#243; de hombros y comi&#243; otro Malteser. Roy se volvi&#243; hacia Emma-Jane Boutwood.

E-J, tambi&#233;n quiero que te encargues de establecer el &#225;rbol geneal&#243;gico de los Wilson.

Yo tengo una informaci&#243;n -dijo Norman Potting-. Anoche hice los deberes y consult&#233; la base de datos de la polic&#237;a. Ronnie Wilson ten&#237;a antecedentes.

&#191;Previos? -dijo Grace.

S&#237;. Era un habitual para la polic&#237;a de Sussex. La primera vez que lo ficharon fue en 1987. Trabajaba para un concesionario deshonesto de coches de segunda mano que trucaba veh&#237;culos y volv&#237;a a juntar las piezas de los que quedaban inservibles.

&#191;Qu&#233; pas&#243;? -pregunt&#243; Grace.

Doce meses, pendiente de un hilo. Luego volvi&#243; a las andadas.

Bella Moy le interrumpi&#243;.

Disculpa &#191;Has dicho pendiente de un hilo?

S&#237;, nena. -Potting imit&#243; estar colgado de una cuerda por el cuello-. Sustituci&#243;n de la pena de prisi&#243;n.

&#191;Hay alguna posibilidad de que hables en un idioma que comprendamos todos? -replic&#243; Bella.

Potting parpade&#243;.

Cre&#237;a que todos entend&#237;amos el argot cockney. Es lo que hablan los delincuentes.

En las pel&#237;culas de los a&#241;os cincuenta -dijo ella-. Tu generaci&#243;n de delincuentes.

Bella -la amonest&#243; Grace con delicadeza.

Ella se encogi&#243; de hombros y no dijo nada.

Norman Potting continu&#243;.

En 1991, Terry Biglow cumpli&#243; cuatro a&#241;os. Era un truh&#225;n, estafaba a viejecitas. -Hizo una pausa y mir&#243; a Bella-. Truh&#225;n. &#191;Alg&#250;n problema? No tiene nada que ver con cosas guarras.

Ya s&#233; lo que es un truh&#225;n -dijo ella.

Bien -continu&#243;-. Ronnie Wilson trabaj&#243; para &#233;l. Lo acusaron de c&#243;mplice, pero un abogado inteligente lo libr&#243; gracias a un tecnicismo. He hablado con Dave Gaylor, que fue el fiscal encargado del caso.

&#191;Trabaj&#243; con Terry Biglow? -dijo Grace.

Todos los presentes conoc&#237;an el apellido Biglow. Eran una de las familias de delincuentes de mayor tradici&#243;n de la ciudad. Con tres generaciones dedicadas al tr&#225;fico de drogas, las antig&#252;edades robadas, la prostituci&#243;n y la intimidaci&#243;n de testigos, entre otros, eran un sin&#243;nimo id&#233;ntico de todas las formas de delitos graves.

Grace mir&#243; a la inspectora Mantle.

Al parecer podr&#237;as tener raz&#243;n, Lizzie. Hay motivos suficientes para anunciar como m&#237;nimo que tenemos un sospechoso.

Aquello gustar&#237;a a Alison Vosper, pens&#243;. Siempre le gustaba esa frase: Tenemos un sospechoso. A su vez, le hac&#237;a quedar bien con su superior, el inspector jefe. Y si su superior estaba contento, ella estaba contenta.

Y si estaba contenta, sol&#237;a dejar en paz a Grace.



55

11 de septiembre de 2001


Despu&#233;s de darse una ducha que se llev&#243; el polvo gris de su pelo y le ayud&#243; a atenuar un poco la borrachera, Ronnie se tumb&#243; como nuevo sobre la colcha de chenilla rosa con las dos quemaduras de cigarrillos. Su habitaci&#243;n de treinta d&#243;lares la noche no alcanzaba para una cabecera, as&#237; que se apoy&#243; en la pared desnuda y se puso a ver las noticias en la pantalla borrosa del viejo televisor mientras se fumaba un pitillo.

Vio los dos aviones chocando contra las Torres Gemelas una y otra vez. El Pent&#225;gono en llamas. El rostro solemne del alcalde Giuliani alabando a la polic&#237;a de Nueva York y a los bomberos. El rostro solemne del presidente Bush declarando su guerra contra el terrorismo. Los rostros solemnes de todos los fantasmas grises.

Las bombillas d&#233;biles de bajo voltaje a&#241;ad&#237;an melancol&#237;a a la habitaci&#243;n. Hab&#237;a corrido las deslucidas cortinas sobre la vista del callej&#243;n que daba a la pared de la siguiente casa. En estos momentos, el mundo que hab&#237;a m&#225;s all&#225; de su peque&#241;o cuarto parec&#237;a solemne y triste.

Sin embargo, a pesar del dolor de cabeza atroz que ten&#237;a por culpa del vodka, no estaba triste. Estaba impactado por todo lo que hab&#237;a visto hoy, s&#237;, por todo lo que hab&#237;a ocurrido con sus planes. Pero aqu&#237;, en esta habitaci&#243;n, se sent&#237;a seguro. Sumergido en sus pensamientos, comprend&#237;a que se le hab&#237;a brindado la oportunidad de su vida.

Tambi&#233;n se percat&#243; de que hab&#237;a olvidado m&#225;s cosas en la habitaci&#243;n del W. Los billetes de avi&#243;n, adem&#225;s del pasaporte, y algunos calzoncillos. Pero no estaba preocupado, sino contento.

Mir&#243; su tel&#233;fono m&#243;vil para comprobar por mil&#233;sima vez que estuviera apagado. Le suscitaba paranoia pensar que, por alguna raz&#243;n, se hubiera vuelto a encender por voluntad propia y que la voz de Lorraine apareciera de repente al otro lado, gritando de alegr&#237;a o, lo que era m&#225;s probable, insult&#225;ndole por no haberla llamado.

Vio que algo cruzaba deprisa la moqueta: era una cucaracha marr&#243;n oscuro, de un cent&#237;metro y medio de largo. Sab&#237;a que las cucarachas eran de las pocas criaturas que pod&#237;an sobrevivir a una guerra nuclear. Hab&#237;an evolucionado hasta alcanzar la perfecci&#243;n; la supervivencia del mejor preparado.

S&#237;, bueno, &#233;l tambi&#233;n estaba bastante preparado. Y ahora que su plan comenzaba a tomar forma, sab&#237;a exactamente cu&#225;l iba a ser su primer paso.

Fue hasta la papelera y sac&#243; la bolsa de pl&#225;stico que la proteg&#237;a. Luego cogi&#243; la carpeta roja de su malet&#237;n y la meti&#243; dentro, ya que imaginaba que era improbable que lo atracaran por el contenido de una bolsa de pl&#225;stico. Era muy consciente del riesgo que hab&#237;a corrido arrastrando el trolley y el malet&#237;n hasta aqu&#237;. Se qued&#243; quieto y escuch&#243;. La noticia que m&#225;s le interesaba aparec&#237;a ahora en la televisi&#243;n. Otra vez la informaci&#243;n de que todos los vuelos civiles con origen y destino Estados Unidos hab&#237;an sido cancelados indefinidamente.

Perfecto.

Se puso la chaqueta y sali&#243; de la habitaci&#243;n.

Eran las 18.45. Comenzaba a anochecer, pero todav&#237;a hab&#237;a mucha luz mientras caminaba balanceando la bolsa de pl&#225;stico, volviendo sobre sus pasos hacia la concurrida calle principal donde estaba el paso elevado del metro.

Todav&#237;a no hab&#237;a comido nada desde el desayuno, pero no ten&#237;a hambre. Antes deb&#237;a encargarse de algo.

Aliviado, vio que La ciudad del buz&#243;n a&#250;n estaba abierta. Cruz&#243; la calle y entr&#243;. A su derecha, estaban las cajas de seguridad met&#225;licas que ocupaban toda la pared. Al fondo, el mismo hombre de pelo largo que hab&#237;a visto antes estaba ocupado navegando por Internet. Detr&#225;s hab&#237;a dos cabinas telef&#243;nicas vac&#237;as. A la izquierda de Ronnie, tres personas hac&#237;an cola en el mostrador. El primero, un hombre que llevaba un sombrero blanco y un peto, mostr&#243; una libreta de ahorros de aspecto extra&#241;o y recibi&#243; un fajo de billetes. Detr&#225;s de &#233;l, hab&#237;a una anciana de rostro adusto que llevaba una falda vaquera y, en tercer lugar, esperaba una chica nerviosa, de melena pelirroja, que no dejaba de mirar a su alrededor con ojos perplejos y vidriosos, retorci&#233;ndose las manos cada pocos momentos.

Ronnie se uni&#243; a la cola tras ella. Cinco minutos despu&#233;s, e] hombre de pelo entrecano que atend&#237;a el mostrador le dio una llave fina como una cuchilla de afeitar y un papel a cambio de cincuenta d&#243;lares.

La 31 -dijo en un ingl&#233;s gutural, y sacudi&#243; un dedo-. Una semana. Usted volver. Si no, abro caja y me lo quedo. &#191;Entendido?

Ronnie asinti&#243; con la cabeza y mir&#243; el papel. La fecha y la hora exacta figuraban impresos en &#233;l, adem&#225;s de la fecha de vencimiento.

Drogas no.

Entendido.

El hombre le lanz&#243; una mirada larga y triste y suaviz&#243; el tono de repente.

&#191;Est&#225; bien?

S&#237;, estoy bien.

El hombre asinti&#243;.

Una locura. Una locura de d&#237;a. &#191;Por qu&#233; hacen esto? Es una locura, &#191;verdad?

Una locura.

Ronnie se alej&#243;, encontr&#243; su caja de seguridad y la abri&#243;. Era m&#225;s profunda de lo que hab&#237;a imaginado. Introdujo el paquete, luego mir&#243; a su alrededor para asegurarse de que nadie lo observaba, cerr&#243; la puertecita y gir&#243; la llave. De repente pens&#243; en algo y volvi&#243; al mostrador. Despu&#233;s de pagar treinta minutos de conexi&#243;n a Internet, se sent&#243; en un ordenador y entr&#243; en Hotmail.

Cinco minutos despu&#233;s, ya estaba todo organizado. Ten&#237;a un nombre nuevo y una direcci&#243;n de correo electr&#243;nico nueva. Era el principio de su nueva vida.

Y entonces se percat&#243; de que estaba hambriento. Sali&#243; de la tienda y empez&#243; a buscar un sitio donde comer una hamburguesa, patatas fritas y pepinillo. Por alg&#250;n motivo, de repente sinti&#243; que matar&#237;a por un pepinillo. Y por cebolla frita. Y ketchup. Todo. Y una Coca-Cola.

El champ&#225;n ya vendr&#237;a despu&#233;s.



56

Octubre de 2007


Adelante -dijo Alison Vosper, contestando a la persona que hab&#237;a llamado a su puerta.

Cassian Pewe hab&#237;a elegido cuidadosamente su vestuario para esta reuni&#243;n. Su traje azul m&#225;s elegante, su mejor camisa blanca y su corbata preferida, azul claro con dibujos geom&#233;tricos blancos. Y se hab&#237;a echado tanta Eternity de Calvin Klein que parec&#237;a haberse marinado en ella.

Siempre se notaba cuando conectabas con alguien y Pewe sab&#237;a que hab&#237;a conectado con la subdirectora desde que se conocieron. Fue en enero, en una conferencia de la polic&#237;a metropolitana sobre contraterrorismo y amenazas isl&#225;micas en las ciudades brit&#225;nicas. Hab&#237;a percibido m&#225;s que un estremecimiento de sexualidad entre ellos. Estaba bastante seguro de que la raz&#243;n por la que hab&#237;a insistido tan proactivamente y con tanto entusiasmo en que lo trasladaran al Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex -y defendido su ascenso a comisario- era porque ten&#237;a en mente actividades extracurriculares.

Era bastante comprensible, naturalmente. Sab&#237;a lo atractivo que le consideraban las mujeres. Y durante toda su carrera hasta la fecha siempre se hab&#237;a centrado en las mujeres que ten&#237;an poder dentro del cuerpo de polic&#237;a. No todas eran d&#243;ciles; de hecho, algunas eran tan duras como sus hom&#243;logos masculinos, incluso m&#225;s. Pero un porcentaje razonable eran mujeres normales, inteligentes y fuertes, pero vulnerables emocionalmente. S&#243;lo hab&#237;a que tocar las teclas adecuadas.

Por eso le sorprendi&#243; la frialdad con que le recibi&#243; la subdirectora cuando entr&#243; en su despacho.

Toma asiento -le dijo sin levantar la vista de todos los peri&#243;dicos que hab&#237;a desplegados sobre su mesa como una mano de p&#243;quer-. O quiz&#225; deber&#237;a decir No te quedes de pie, Pewe.

Vaya, muy agudo -la adul&#243; &#233;l.

Pero ninguna sonrisa rompi&#243; su expresi&#243;n g&#233;lida. Sentada detr&#225;s de su enorme mesa de palisandro, sigui&#243; leyendo el art&#237;culo del Guardian, manteni&#233;ndolo a raya con sus manos de u&#241;as elegantes.

Cassian se sent&#243; despacio en el sill&#243;n de piel negra. Aunque hab&#237;an pasado cuatro meses desde que el taxi en el que viajaba fuera aplastado por una furgoneta robada, lo que hab&#237;a provocado que se rompiera la pierna izquierda por cuatro sitios, todav&#237;a le dol&#237;a estar de pie durante largos periodos de tiempo. Pero no compart&#237;a esa informaci&#243;n con nadie porque no quer&#237;a que lo tacharan de semiinv&#225;lido y poner en peligro sus posibilidades futuras en el cuerpo.

Alison Vosper sigui&#243; leyendo. Pewe mir&#243; las fotograf&#237;as enmarcadas de su marido, un polic&#237;a corpulento con la cabeza rapada varios a&#241;os mayor que ella, y de sus dos hijos, dos ni&#241;os con el uniforme del colegio y unas gafas bastante rid&#237;culas.

En las paredes hab&#237;a colgados varios certificados enmarcados con su nombre, adem&#225;s de un par de grabados antiguos de Brighton, uno de un hip&#243;dromo, el otro del puente colgante desaparecido tiempo atr&#225;s.

Son&#243; el tel&#233;fono. Vosper se inclin&#243; hacia delante y mir&#243; la pantalla, luego descolg&#243; y ladr&#243;:

Estoy reunida, ahora te llamo. -Colg&#243; y sigui&#243; leyendo-. Bueno, &#191;c&#243;mo va todo? -pregunt&#243; de repente, sin dejar de leer.

Por ahora, genial.

Vosper alz&#243; la mirada y &#233;l intent&#243; aguantar y mantener el contacto visual, pero casi de inmediato ella baj&#243; la vista a algo que hab&#237;a en otra parte de la mesa. Alarg&#243; la mano, lo cogi&#243; y luego revolvi&#243; algunas p&#225;ginas de papeles escritos a ordenador, una especie de informe, como si buscara algo.

Tengo entendido que te han asignado los casos sin resolver.

S&#237;.

Vosper llevaba una chaqueta negra corta y ajustada encima de una blusa blanca de cuello mao, cerrada con un broche plateado con un &#243;palo. Sus pechos, con los que hab&#237;a fantaseado, quedaban casi aplastados. Entonces, lo mir&#243; y sonri&#243;. Una sonrisa larga, casi insinuante.

Pewe se derriti&#243; al instante, pero volvi&#243; a perder el contacto visual cuando ella baj&#243; la mirada y empez&#243; otra vez a revolver los papeles.

Desprend&#237;a un olor intensamente agradable, pens&#243;. No era guapa, pero se sent&#237;a muy atra&#237;do por ella. Ten&#237;a la piel blanca y sedosa e incluso le intrigaba la peque&#241;a verruga justo encima del escote de su blusa, esa &#250;nica imperfecci&#243;n min&#250;scula. Llevaba una fragancia c&#237;trica que le encend&#237;a por dentro. Ten&#237;a un aspecto puro, y fuerte, e irradiaba autoridad. Quer&#237;a pasar al otro lado de la mesa, arrancarle la ropa y retozar con ella sobre la moqueta.

Tuvo una erecci&#243;n al pensarlo.

Y ella segu&#237;a mirando a la mesa, &#161;revolviendo los malditos papeles!

Me alegro de volver a verte -dijo Pewe con delicadeza, para motivarla.

El comisario dej&#243; escapar un suspiro de expectaci&#243;n. &#191;Sent&#237;a ella lo mismo por &#233;l y se mostraba esquiva? Tal vez le sugiriera quedar luego los dos en alg&#250;n sitio y tomar una copa. En alg&#250;n lugar &#237;ntimo y acogedor.

Pod&#237;a invitarla a su casa frente al puerto deportivo. Molaba bastante, con sus vistas a los yates.

Ahora se hab&#237;a puesto a leer el Guardian otra vez.

&#191;Buscas algo? -le pregunt&#243; Cassian-. &#191;Mencionan a la polic&#237;a de Sussex?

No -respondi&#243; ella quit&#225;ndole importancia-. S&#243;lo intento ponerme al d&#237;a con las noticias de hoy. -Entonces, sin levantar la vista, dijo-: Supongo que realizar&#225;s un informe sobre cu&#225;ntos casos sin resolver son destacables.

Bueno, s&#237;, por supuesto -contest&#243;.

&#191;Asesinatos, muertes sospechosas? &#191;Personas desaparecidas hace tiempo? &#191;Otros cr&#237;menes que hayan pasado inadvertidos?

Todo eso.

Vosper pas&#243; al Telegraph y examin&#243; la portada.

Cassian la mir&#243; con incertidumbre. Hab&#237;a una barrera invisible entre ellos y se sinti&#243; totalmente abatido.

Mira, yo Me preguntaba si pod&#237;a hablar contigo extraoficialmente.

Adelante. -Mientras &#233;l hablaba, Vosper pas&#243; deprisa varias p&#225;ginas.

Bueno, ya s&#233; que se supone que debo informar a Roy Grace, pero hay algo de &#233;l que me preocupa.

Ahora logr&#243; captar toda su atenci&#243;n.

Contin&#250;a.

Ya sabes que su mujer desapareci&#243;, por supuesto -dijo.

Todo el cuerpo lleva viviendo con ello los &#250;ltimos nueve a&#241;os -contest&#243; ella.

Bueno, ayer me entrevist&#233; con sus padres. Est&#225;n muy preocupados. Tienen la sensaci&#243;n de que nadie de la polic&#237;a de Sussex ha llevado a cabo una investigaci&#243;n imparcial.

&#191;Puedes explicarte?

S&#237;. Bueno, la cuesti&#243;n es &#233;sta: durante todo este tiempo, el &#250;nico agente de la polic&#237;a de Sussex que ha asumido la responsabilidad de revisar la investigaci&#243;n sobre su desaparici&#243;n ha sido el propio Roy. Para m&#237;, no es normal. Quiero decir que en la Met no habr&#237;a pasado.

&#191;Qu&#233; est&#225;s diciendo exactamente?

Bueno -prosigui&#243; Pewe de manera afectada-, sus padres se sienten muy inc&#243;modos con esto. Leyendo entre l&#237;neas, creo que sospechan que Roy oculta algo.

Vosper se qued&#243; mir&#225;ndolo unos momentos.

&#191;Y t&#250; qu&#233; crees?

Me gustar&#237;a obtener tu permiso para darle prioridad a este caso y seguir indagando. Utilizar mi discreci&#243;n para tomar las medidas investigadoras que considere necesarias.

Concedido -dijo ella. Luego volvi&#243; a mirar sus peri&#243;dicos y lo despidi&#243; con un solo movimiento de la mano. La mano en la que llevaba el solitario y la alianza.

Cuando se levant&#243;, ya no estaba empalmado, pero sinti&#243; una clase distinta de excitaci&#243;n.



57

Octubre de 2007


Le parec&#237;a como si la luz y el extractor de aire llevaran horas y horas encendidos. En el cuarto min&#250;sculo y sin ventanas, Abby hab&#237;a perdido la noci&#243;n del tiempo. No sab&#237;a si todav&#237;a era de madrugada o de d&#237;a. Ten&#237;a la boca y la garganta secas, se mor&#237;a de hambre y casi todas las partes de su cuerpo estaban entumecidas o doloridas por culpa de las ataduras.

Temblaba de fr&#237;o por la constante corriente de aire helado. Necesitaba sonarse desesperadamente la nariz porque la ten&#237;a taponada y cada vez le costaba m&#225;s trabajo respirar. No pod&#237;a coger aire por la boca y, respirando m&#225;s y m&#225;s deprisa, empez&#243; a notar que le entraba otro ataque de p&#225;nico.

Intent&#243; tranquilizarse, ralentizar la respiraci&#243;n. Comenzaba a sentir que no estaba totalmente dentro de su cuerpo, que estaba muerta y flotando en el aire. Como si la persona desnuda atada con cinta fuera otra, como si ya no fuera ella.

Estaba muerta.

El coraz&#243;n le lat&#237;a deprisa. Le palpitaba con fuerza. Intent&#243; decirse algo y oy&#243; un zumbido apagado dentro de su boca. Sigo viva. Me noto el coraz&#243;n.

Dentro del cr&#225;neo notaba como si una cinta se tensara alrededor de su cerebro. Estaba sudando y era incapaz de enfocar con claridad. Entonces comenz&#243; a temblar descontroladamente. Un sudor fr&#237;o producto del miedo apareci&#243; en su piel cuando un pensamiento la golpe&#243; como un mazo.

&#191;Y si se hab&#237;a marchado y la hab&#237;a abandonado aqu&#237;?

A su suerte, hasta que muriera

Cuando le conoci&#243;, pens&#243; que, igual que Dave, su violencia s&#243;lo era fanfarroner&#237;a, fantochadas, un modo de no ser menos que sus amigos g&#225;nsteres. Entonces, una noche que estaba con &#233;l, atrap&#243; una ara&#241;a en la ba&#241;era, le quem&#243; las patas con un encendedor y luego la abandon&#243;, viva dentro de un tarro de cristal, para que muriera de sed o hambre.

Comprender que era muy capaz de hacerle lo mismo a ella la empuj&#243; a luchar contra las ataduras con una urgencia nueva y repentina. El p&#225;nico era cada vez m&#225;s intenso.

Conc&#233;ntrate. Piensa. Recuerda que s&#243;lo es un ataque de p&#225;nico. No te est&#225;s muriendo. No est&#225;s fuera de tu cuerpo. Pronuncia las palabras.

Inspir&#243;, espir&#243;, inspir&#243;, espir&#243;. Hola -pens&#243; en las palabras-. Me llamo Abby Dawson. Estoy bien. S&#243;lo es una reacci&#243;n qu&#237;mica chunga. Estoy bien, estoy en mi cuerpo, no estoy muerta, se me pasar&#225;.

Intent&#243; centrarse en cada una de las ataduras, empezando por la que ten&#237;a alrededor de la frente. El cuello le dol&#237;a cada vez m&#225;s porque ten&#237;a la cabeza demasiado echada para atr&#225;s. Pero por mucho que lo intentara, no pod&#237;a moverla ni un cent&#237;metro en ninguna direcci&#243;n.

Luego prob&#243; con las manos, que estaban atadas a sus muslos. Ten&#237;a los dedos abiertos y envueltos tambi&#233;n en cinta, lo que hac&#237;a imposible coger nada. Trat&#243; de mover las piernas, pero las ten&#237;a unidas tan fuerte que parec&#237;a como si estuvieran enyesadas. Nada ced&#237;a. Nada se aflojaba.

&#191;D&#243;nde hab&#237;a aprendido a atar as&#237;? &#191;Simplemente se las hab&#237;a arreglado sobre la marcha, sonriendo mientras trabajaba?

Oh, s&#237;, seguro que hab&#237;a sonre&#237;do.

Y no pod&#237;a culparle.

De repente, se hall&#243; deseando con todas sus fuerzas no haber accedido a todo aquello. No era lo bastante fuerte, comprendi&#243;, ni lo bastante lista. &#191;C&#243;mo diablos hab&#237;a pensado que pod&#237;a salir bien? &#191;C&#243;mo hab&#237;a podido ser tan est&#250;pida?

Un ruido met&#225;lico interrumpi&#243; sus pensamientos, luego oy&#243; el chirrido de la suela de goma de una zapatilla y luego una sombra cruz&#243; la puerta. Ricky estaba mir&#225;ndola, con una bolsa de pl&#225;stico grande del ASDA en una mano y una taza de caf&#233; en la otra. Ol&#237;a el aroma. Dios santo, qu&#233; bueno.

Espero que hayas dormido bien, Abby. Te quiero fresca para hoy. &#191;Has descansado?

Abby emiti&#243; un quejido.

S&#237;, siento lo de la cinta. Pero las paredes de este sitio no son muy gruesas. No puedo correr riesgos, estoy seguro de que lo comprendes. Vaya &#191;Tal vez la cama estaba un poco dura? Aun as&#237;, es muy buena para la espalda, esa postura. Bien recta. &#191;Alguna vez te han contado la importancia de adoptar una buena postura?

Ella no dijo nada.

&#191;No? Vaya. Supongo que la palabra buena no figura en tu vocabulario. -Dej&#243; la bolsa de pl&#225;stico en el suelo. Se oy&#243; un ruido fuerte, seguido de un golpeteo de objetos met&#225;licos dentro-. He tra&#237;do algunas cosas. En realidad no he torturado nunca a nadie. He visto c&#243;mo se hace en las pel&#237;culas, claro. He le&#237;do sobre el tema. -Se le tens&#243; la garganta-. S&#243;lo quiero que entiendas, Abby, que no quiero hacerte da&#241;o. Lo &#250;nico que tienes que hacer es decirme d&#243;nde est&#225;. Ya sabes, lo que me quitaste. Toda mi pasta, vaya.

Abby no dijo nada. Estaba temblando.

Ricky cogi&#243; la bolsa y la sacudi&#243;, con un repiqueteo fuerte y met&#225;lico.

Tengo todo tipo de cosas aqu&#237; dentro, pero la mayor&#237;a son bastante primitivas. Tengo un taladro que podr&#237;a perforarte las r&#243;tulas. Tengo un paquete de alfileres y un martillo peque&#241;o. Podr&#237;a clav&#225;rtelos dentro de las u&#241;as. Tengo unos alicates para los dientes. O podr&#237;amos ser un poco m&#225;s culturales.

Se meti&#243; la mano en el bolsillo y sac&#243; un iPod negro. Entonces lo sostuvo delante de los ojos de Abby.

M&#250;sica -dijo-. Escucha un poco.

Le puso los auriculares, comprob&#243; la pantalla y presion&#243; el s&#237;mbolo de encendido. Entonces subi&#243; el volumen.

Abby escuch&#243; una canci&#243;n que reconoci&#243;, pero a la que no pudo poner t&#237;tulo de inmediato.

Fool for love -la ayud&#243; Ricky-. Loco de amor. En realidad, podr&#237;a referirse a m&#237;, &#191;no crees?

Abby lo mir&#243;, el terror la volv&#237;a casi incoherente, no estaba segura de qu&#233; reacci&#243;n esperaba Ricky. E intentaba no dejarle ver lo asustada que estaba.

Me gusta este disco -dijo-. &#191;Y a ti? Recuerda, ojos a la derecha es un s&#237;, a la izquierda, un no.

Movi&#243; los ojos hacia la derecha.

Bien, &#161;ahora nos entendemos! Bueno, &#191;est&#225; aqu&#237; o en otra parte? A ver si puedo simplificar la pregunta. &#191;Est&#225; aqu&#237;, en este piso?

Movi&#243; los ojos hacia la izquierda.

De acuerdo. En otra parte. &#191;En Brighton?

Movi&#243; los ojos hacia la derecha.

&#191;En una caja de seguridad?

De nuevo, movi&#243; los ojos hacia la derecha.

Ricky meti&#243; la mano izquierda en el bolsillo de sus vaqueros y sac&#243; una llave peque&#241;a y fina.

&#191;Es &#233;sta la llave?

Dijo que s&#237; con los ojos.

&#201;l sonri&#243;.

Bien. Ahora lo &#250;nico que debemos establecer es el banco y la direcci&#243;n. &#191;Es el NatWest?

Ojos a la izquierda.

&#191;El Lloyds TSB?

Ojos a la izquierda.

&#191;El HSBC?

Sus ojos se movieron hacia la izquierda. Y tambi&#233;n dijo que no a Barclays.

De acuerdo, creo que ya lo entiendo -dijo, y se alej&#243; de la puerta. Poco despu&#233;s, regres&#243; con un tomo de las P&#225;ginas Amarillas, abierto por el &#237;ndice de las empresas de servicios de seguridad. Las repas&#243; con el dedo, deteni&#233;ndose y obteniendo una negaci&#243;n con cada nombre. Entonces lleg&#243; a Southern Deposit Security.

Abby movi&#243; los ojos hacia la derecha.

Ricky estudi&#243; el nombre y la direcci&#243;n, como si los memorizara, y luego cerr&#243; el directorio.

De acuerdo, bien. Lo &#250;nico que necesitamos ahora es establecer algunos detalles m&#225;s. &#191;La cuenta est&#225; a nombre de Abby Dawson?

Ojos a la izquierda.

&#191;Katherine Jennings?

Movi&#243; los ojos a la derecha.

&#201;l sonri&#243;, ahora parec&#237;a mucho m&#225;s contento.

Entonces Abby lo mir&#243; fijamente, intentando hacer una se&#241;al. Pero no estaba interesado.

Sayonara, baby! -dijo con alegr&#237;a-. Es de una de mis pel&#237;culas preferidas. &#191;Te acuerdas? -Ricky la mir&#243; con intensidad.

Movi&#243; los ojos hacia la derecha. Se acordaba. Conoc&#237;a la pel&#237;cula, la frase. La dec&#237;a Arnie Schwarzenegger en Terminator. Sab&#237;a lo que significaba.

&#161;Hasta la vista!



58

Octubre de 2007


Despu&#233;s de la reuni&#243;n informativa, Roy Grace se retir&#243; al refugio tranquilo de su despacho y dedic&#243; unos momentos a mirar por la ventana, al otro lado de la carretera, al aparcamiento del ASDA y al edificio horrendo del supermercado, que obstaculizaba una vista espl&#233;ndida de todo el municipio de Brighton y Hove que tanto amaba. Al menos pod&#237;a ver algo de cielo y, por primera vez en varios d&#237;as, hab&#237;a trozos azules con rayos de sol que se filtraban a trav&#233;s de las nubes.

Sosteniendo con las dos manos la taza de caf&#233; que Eleanor acababa de traerle, baj&#243; la mirada a las bandejas de pl&#225;stico que conten&#237;an sus preciadas colecciones: tres docenas de mecheros antiguos que todav&#237;a no hab&#237;a colocado en ninguna vitrina y una magn&#237;fica selecci&#243;n de gorras de cuerpos policiales internacionales.

Junto a la trucha disecada, que utilizaba para ense&#241;ar a los polic&#237;as j&#243;venes una analog&#237;a entre la paciencia y la pesca, estaba una nueva adquisici&#243;n, un regalo de cumplea&#241;os de Cleo. Era una carpa disecada, dentro de una caja transparente, en cuya base hab&#237;a grabada la leyenda Carpe Diem-un juego de palabras horrible.

Su malet&#237;n descansaba abierto sobre la mesa, junto a su m&#243;vil, su dict&#225;fono y un fajo de transcripciones de juicios que estaba ayudando a preparar. Esa ma&#241;ana deb&#237;a repasar una, porque el fiscal no dejaba de insistir.

Y adem&#225;s, gracias a su ascenso, ahora ten&#237;a montones de expedientes nuevos que se acumulaban minuto a minuto y que Eleanor iba entrando y colocando en todas las superficies disponibles. Conten&#237;an los res&#250;menes de todos los casos de delitos graves que el departamento de investigaci&#243;n criminal estaba examinando actualmente y que ahora &#233;l ten&#237;a que revisar. Hizo una lista de todo lo que deb&#237;a indagar para la Operaci&#243;n Dingo y luego repas&#243; la transcripci&#243;n, lo que le llev&#243; una hora. Cuando acab&#243;, sac&#243; su libreta y, abri&#233;ndola por el final, ley&#243; su anotaci&#243;n m&#225;s reciente. Ten&#237;a una letra tan mala que tard&#243; un momento en descifrarla y recordar.

Katherine Jennings, piso 82, Arundel Mansions,

Lower Arundel Terrace, 29.

Mir&#243; las palabras sin comprender, por un instante. Esper&#243; a que las sinapsis de su cerebro funcionaran y le proporcionaran alg&#250;n recuerdo de por qu&#233; hab&#237;a escrito aquella direcci&#243;n. Entonces se acord&#243; de que Kevin Spinella le hab&#237;a abordado despu&#233;s de la rueda de prensa de ayer. Le hab&#237;a dicho algo sobre que hab&#237;an sacado a aquella mujer de un ascensor y que parec&#237;a asustada por algo.

La mayor&#237;a de la gente atrapada en un ascensor se habr&#237;a asustado. A &#233;l, que era un poco claustrof&#243;bico y le daban miedo las alturas, seguramente tambi&#233;n le habr&#237;a pasado. Se habr&#237;a muerto de miedo. Aun as&#237;, nunca se sab&#237;a. Decidi&#243; cumplir con su deber e informar a la polic&#237;a del distrito de East Brighton. Marc&#243; el n&#250;mero interno del agente m&#225;s eficaz que conoc&#237;a en aquella comisar&#237;a, el inspector Stephen Curry, le dio el nombre y la direcci&#243;n de la mujer y le puso en antecedentes.

No lo conviertas en una prioridad, Steve. Pero quiz&#225;s alguno de tus polic&#237;as podr&#237;a pasarse en alg&#250;n momento de su ronda, asegurarse de que todo est&#225; bien.

Por supuesto -dijo Stephen Curry, que parec&#237;a estresado-. Yo me ocupo.

Todo tuyo -dijo Grace.

Despu&#233;s de colgar, mir&#243; el trabajo que se acumulaba en su mesa y decidi&#243; que ya ir&#237;a m&#225;s tarde a recoger el coche, hacia la hora de comer. As&#237; tomar&#237;a un poco el aire. Disfrutar&#237;a un poco del sol inesperado e intentar&#237;a despejarse. Luego se acercar&#237;a hasta el centro para ver si encontraba a uno o dos de los viejos conocidos de Ronnie. Sab&#237;a bien por d&#243;nde empezar a buscar.



59

12 de septiembre de 2001


Ronnie pas&#243; la noche en vela tumbado entre las s&#225;banas de nailon sucias, intentando arregl&#225;rselas con una almohada de espuma que parec&#237;a rellena de rocas y un colch&#243;n con unos muelles que se le clavaban como sacacorchos. Pod&#237;a elegir entre seguir con la ventana cerrada y soportar el aire acondicionado -que hac&#237;a un ruido como si dos esqueletos se pelearan dentro de un cobertizo de metal-, o abrirla y no poder dormir por culpa del quejido incesante de las sirenas distantes y las aspas de los helic&#243;pteros.

Pocos minutos antes de las seis de la ma&#241;ana estaba con los ojos bien abiertos, rasc&#225;ndose una de las min&#250;sculas picaduras rojas que ten&#237;a en la pierna. Pronto descubri&#243; m&#225;s que le picaban con furia en el pecho y el vientre.

Busc&#243; el mando a distancia a tientas en la mesita de noche y encendi&#243; el televisor. La urgencia del mundo exterior llen&#243; de repente la habitaci&#243;n. En la pantalla hab&#237;a im&#225;genes de Nueva York. Sal&#237;an personas angustiadas, hombres y mujeres que sosten&#237;an tablas, letreros, carteles, algunas con fotograf&#237;as, algunas s&#243;lo con nombres, las letras rojas o negras o azules, preguntando: &#191;Le hab&#233;is visto?

Apareci&#243; el presentador de las noticias y ofreci&#243; un c&#225;lculo del n&#250;mero de muertos. Los tel&#233;fonos de emergencia recorr&#237;an la parte inferior de la pantalla, adem&#225;s de otros titulares de &#250;ltima hora.

Todo tipo de cosas malas.

Dentro de su cabeza tambi&#233;n se arremolinaban cosas malas, junto con todo lo que se hab&#237;a mezclado en su interior durante la noche. Pensamientos, ideas, listas. Lorraine, Donald Hatcook, llamas, gritos, cuerpos cayendo.

Su plan.

&#191;Estaba bien Donald? Si hab&#237;a sobrevivido, &#191;exist&#237;a alguna garant&#237;a de que accediera a respaldar su empresa de biodi&#233;sel? Ronnie siempre hab&#237;a sido un jugador y consideraba que las probabilidades de que lo apoyara no eran tan buenas como las de que su nuevo plan funcionara. Ahora, para &#233;l, Donald Hatcook, vivo o muerto, era historia.

Lorraine estar&#237;a pas&#225;ndolo fatal. Pero al mismo tiempo entender&#237;a que sin sufrimiento no hay recompensa.

Un d&#237;a la muy est&#250;pida lo comprender&#237;a. Un d&#237;a, pronto, &#161;cuando la cubriera de billetes de cincuenta libras y le comprara todo lo que siempre hab&#237;a deseado y m&#225;s!

&#161;Ser&#237;an ricos!

S&#243;lo ten&#237;a que sufrir un poco ahora.

Y tener mucho, mucho cuidado.

Mir&#243; su reloj para comprobar la hora otra vez: las 6.02. Su cerebro cansado y lento por el jet-lag tard&#243; unos momentos en determinar si en Reino Unido eran cinco horas m&#225;s o cinco horas menos. M&#225;s, decidi&#243; al fin, por lo que en Brighton ser&#237;an pasadas las once de la ma&#241;ana. Intent&#243; pensar en qu&#233; estar&#237;a haciendo Lorraine. Le habr&#237;a llamado al m&#243;vil, al hotel, al despacho de Donald Hatcook. Tal vez estar&#237;a en casa de su hermana o, m&#225;s probablemente, su hermana habr&#237;a ido a su casa.

Ahora hablaba un polic&#237;a directamente a c&#225;mara. Dec&#237;a que se necesitaban voluntarios para ayudar en los escombros. Necesitaban gente en la zona siniestrada para ayudar con las excavaciones y para repartir agua. Parec&#237;a exhausto, como si hubiera estado toda la noche despierto. Parec&#237;a un hombre al l&#237;mite de sus fuerzas por culpa del cansancio y la emoci&#243;n y la carga del trabajo, simplemente.

Voluntarios. Ronnie pens&#243; unos momentos en aquello. Voluntarios.

Salt&#243; de la cama y se meti&#243; en la raqu&#237;tica ducha, sinti&#233;ndose extra&#241;amente liberado, pero nervioso. Hab&#237;a mil y una maneras de fastidiarlo todo. Pero tambi&#233;n hab&#237;a maneras de actuar con inteligencia. Con mucha inteligencia. Voluntarios. &#161;S&#237;, aquella idea ten&#237;a algo! &#161;Ten&#237;a fuerza!

Mientras se secaba, se centr&#243; en las noticias, en un canal de Nueva York, porque quer&#237;a ver qu&#233; predec&#237;an hoy para la ciudad. &#191;Aquello inesperado de lo que hablaba la gente? Eso significaba m&#225;s ataques. &#191;O la situaci&#243;n iba a normalizarse hoy? &#191;En algunas zonas de Manhattan al menos?

Necesitaba saberlo porque ten&#237;a que realizar unas transacciones. Su nueva vida requer&#237;a financiaci&#243;n. Hab&#237;a que especular para acumular. Lo que necesitaba iba a ser caro e, independientemente de d&#243;nde lo consiguiera, tendr&#237;a que pagar en met&#225;lico.

La noticia que le interesaba apareci&#243; en el informativo: las zonas de Nueva York que estar&#237;an cerradas y las zonas que estaban abiertas. &#191;Qu&#233; pasaba con los transportes? Parec&#237;a que hab&#237;a muchas l&#237;neas abiertas, que la mayor&#237;a estaban operativas. La locutora estaba diciendo, solemnemente, que ayer el mundo hab&#237;a cambiado.

Ten&#237;a raz&#243;n, pens&#243; &#233;l, pero para muchos hoy ser&#237;a un d&#237;a normal. Ronnie se sinti&#243; aliviado. Despu&#233;s de la borrachera de ayer en el bar, de la cena y de pagar por adelantado la habitaci&#243;n, sus recursos hab&#237;an menguado hasta los trescientos veinte d&#243;lares.

La realidad de aquello comenzaba a calar. Trescientos veinte d&#243;lares que deb&#237;an durarle hasta que pudiera realizar una transacci&#243;n. Pod&#237;a empe&#241;ar el port&#225;til, pero era demasiado arriesgado. Por experiencia propia, cuando la polic&#237;a se incaut&#243; del ordenador del concesionario algunos a&#241;os atr&#225;s, sab&#237;a que era pr&#225;cticamente imposible limpiar por completo la memoria de un ordenador. Su port&#225;til siempre apuntar&#237;a a &#233;l.

En la pantalla, ahora volv&#237;an a hablar de los voluntarios que se necesitaban para los escombros. Voluntarios, pens&#243;. La idea estaba arraigando, y le emocionaba.

Ahora, gracias a las noticias de la ma&#241;ana, ten&#237;a solucionada otra parte de su plan.



60

Octubre de 2007


En un principio, Sussex House hab&#237;a sido adquirido para albergar la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex. Pero hac&#237;a poco, a pesar de que el edificio se ca&#237;a a trozos, hab&#237;an hecho un hueco en las instalaciones para acoger a un distrito de la polic&#237;a local, East Brighton. Los agentes de su equipo especial, encargados de solucionar conflictos en la comunidad, ocupaban un espacio min&#250;sculo detr&#225;s de las puertas dobles que daban a la recepci&#243;n.

Para el inspector Stephen Curry, una de las desventajas de esta ubicaci&#243;n era que todas las ma&#241;anas ten&#237;a que estar en dos lugares a la vez. Deb&#237;a estar aqu&#237; para la reuni&#243;n diaria con el inspector al frente del equipo de patrullas, que acababa pasadas las nueve, y luego ten&#237;a que atravesar Brighton como un loco en hora punta para llegar a la comisar&#237;a de John Street y asistir a la reuni&#243;n de evaluaci&#243;n presidida por el comisario de la divisi&#243;n de delitos y operaciones de Brighton y Hove.

Curry era un hombre de treinta y nueve a&#241;os, de constituci&#243;n fuerte y facciones atractivas y duras y entusiasmo juvenil. Hoy ten&#237;a m&#225;s prisa de lo normal y miraba ansioso su reloj. Eran las 10.45. Acababa de regresar de John Street a su despacho en Sussex House para encargarse de un par de asuntos urgentes, y estaba a punto de salir otra vez por la puerta cuando Roy Grace le llam&#243;.

Anot&#243; con cuidado en su libreta el nombre Katherine Jennings y la direcci&#243;n y le dijo a Grace que ordenar&#237;a a alguien de su equipo especial que se pasara por el piso. Como el asunto no parec&#237;a urgente, decidi&#243; que pod&#237;a esperar hasta m&#225;s tarde. Entonces se puso de pie de un salto, descolg&#243; su gorra de la puerta y sali&#243; corriendo.



61

12 de septiembre de 2001


Una vez m&#225;s, Lorraine estaba sentada a la mesa de la cocina envuelta en su albornoz blanco, un cigarrillo entre los labios y una taza de t&#233; delante de ella. Le dol&#237;a mucho la cabeza y ten&#237;a cara de sue&#241;o; no estaba del todo en s&#237; misma porque hab&#237;a pasado la noche en vela. Notaba el coraz&#243;n como si fuera un plomo en el pecho y sent&#237;a n&#225;useas en la boca del est&#243;mago.

Dio unos golpecitos al cigarrillo encima del cenicero y medio cent&#237;metro de ceniza se uni&#243; a las cuatro colillas recientes que ya descansaban all&#237; esta ma&#241;ana. A su lado ten&#237;a el Daily Mirror y en la televisi&#243;n estaban puestas las noticias, pero por primera vez desde ayer por la tarde, ten&#237;a la cabeza en otra parte.

Delante de ella estaba el correo que hab&#237;a llegado aquella ma&#241;ana, as&#237; como el de ayer y el del lunes. Tambi&#233;n m&#225;s cartas abiertas que hab&#237;a encontrado en el escritorio de Ronnie en el peque&#241;o cuarto de invitados del piso de arriba que utilizaba como despacho.

La carta que miraba ahora era de una agencia de cobro de deudas llamada EndCol Financial Recovery. Mencionaba un acuerdo que al parecer Ronnie hab&#237;a firmado para pagar a plazos el televisor de pantalla grande del sal&#243;n. La siguiente era de otra agencia de cobro de deudas. Informaba a Ronnie que iban a cortarles el tel&#233;fono si en siete d&#237;as no se abonaban las m&#225;s de seiscientas libras de una factura pendiente.

Luego estaba la carta de Hacienda, en la que se exig&#237;a el pago en tres semanas de casi once mil quinientas libras o se cursar&#237;a una orden de embargo.

Lorraine mene&#243; la cabeza con incredulidad. La mitad de las cartas exig&#237;an el pago de facturas pendientes. Y una, del director de su banco, le dec&#237;a que le hab&#237;an denegado la ampliaci&#243;n del pr&#233;stamo solicitado.

La peor carta de todas era de la sociedad de cr&#233;dito hipotecario. La hab&#237;a encontrado en el escritorio e informaba a Ronnie de que iban a ejecutar la hipoteca e iniciar los tr&#225;mites judiciales para embargarles la casa.

Lorraine apag&#243; el cigarrillo, hundi&#243; el rostro entre sus manos y se ech&#243; a llorar. Todo el rato pensaba: &#191;Por qu&#233; no me lo contaste, Ronnie, cari&#241;o? &#191;Por qu&#233; no me contaste el l&#237;o en el que andabas -and&#225;bamos- metidos? Podr&#237;a haberte ayudado, haber buscado trabajo. Tal vez no hubiera ganado mucho, pero habr&#237;a ayudado. Habr&#237;a sido mejor que nada.

Sacudi&#243; el paquete de tabaco, sac&#243; otro cigarrillo y se qued&#243; mirando atontada la televisi&#243;n. A la gente de Nueva York que caminaba con sus carteles, con las fotograf&#237;as de sus seres queridos desaparecidos. Eso es lo que ella necesitaba hacer, lo sab&#237;a. Ten&#237;a que plantarse all&#237; y encontrarle. Tal vez estuviera herido y lo hubieran ingresado en alg&#250;n hospital-Estaba vivo, lo sent&#237;a en los huesos. Era un superviviente. Se ocupar&#237;a de todas esas deudas. Si Ronnie hubiera estado aqu&#237; anoche nunca habr&#237;a dejado que se llevaran el BMW. Habr&#237;a llegado a un acuerdo, o encontrado algo de dinero, o les habr&#237;a retorcido el pescuezo.

Marc&#243; su n&#250;mero por mil&#233;sima vez y le sali&#243; directamente el buz&#243;n de voz. Una tos &#225;spera y profunda le humedeci&#243; los ojos. Ahora las im&#225;genes mostraban los escombros humeantes, las paredes consumidas, toda aquella escena apocal&#237;ptica de lo que hab&#237;a sido, hasta ayer por la ma&#241;ana, el World Trade Center. Intent&#243; adivinar por las im&#225;genes que aparecieron a continuaci&#243;n en la pantalla -primero un plano corto de un bombero con una mascarilla, tropezando con un mont&#237;culo de cascotes humeantes y movedizos, luego un plano mucho m&#225;s amplio que mostraba un bloque de unos treinta metros de altura y un coche de polic&#237;a aplastado- donde estaba la Torre Sur, lo que quedaba de ella, cu&#225;ndo hab&#237;a salido Ronnie y c&#243;mo.

Son&#243; el timbre de la puerta. Se qued&#243; inm&#243;vil. Entonces hubo unos golpes bruscos.

Mierda. Mierda. Mierda.

Subi&#243; sigilosamente al piso de arriba y entr&#243; en el dormitorio de la parte delantera, el que utilizaba Ronnie, y mir&#243; abajo. Hab&#237;a una furgoneta azul enfrente de la casa, bloqueando el camino de entrada, y dos hombres fornidos en la puerta. Uno ten&#237;a la cabeza rapada y llevaba una parca y vaqueros; el otro, de pelo corto y con un arete grande de oro en la oreja, sosten&#237;a un documento en la mano.

Lorraine se qued&#243; quieta, casi aguantando la respiraci&#243;n. Hubo m&#225;s golpes en la puerta. El timbre volvi&#243; a sonar, dos veces. Luego, al final, oy&#243; alejarse la furgoneta.



62

Octubre de 2007


&#161;Gilipollas!

Cassian Pewe llevaba un par de d&#237;as en Sussex House, pero Tony Case, el jefe de la unidad de apoyo, hab&#237;a tardado unos tres minutos en calarle.

Case, que tambi&#233;n hab&#237;a sido polic&#237;a, era el responsable de la administraci&#243;n de este edificio y los otros tres que albergaban todas las salas de operaciones de Sussex -en Littlehampton, Horsham y Eastbourne-. Entre sus tareas figuraba evaluar los riesgos de las redadas, presupuestar las actividades forenses y el material nuevo y los requisitos generales, as&#237; como garantizar que las personas que trabajaban aqu&#237; tuvieran todo lo que necesitaban.

Como los ganchos para cuadros.

Mira -dijo Pewe, como si se dirigiera a un lacayo-, quiero ese gancho siete cent&#237;metros a la derecha y quince cent&#237;metros m&#225;s arriba, &#191;de acuerdo? Y quiero &#233;ste otro exactamente veinte cent&#237;metros m&#225;s arriba, &#191;entendido? Me parece que no lo est&#225;s escribiendo.

&#191;Tal vez quiere que le d&#233; una caja de ganchos, un martillo y una regla, y as&#237; podr&#225; clavarlos usted mismo? -sugiri&#243; Case. Era lo que hac&#237;an todos los agentes, incluido el comisario jefe.

Pewe, que se hab&#237;a quitado la chaqueta del traje y la hab&#237;a colgado en la silla, llevaba unos tirantes rojos encima de la camisa blanca. Ahora se paseaba por la habitaci&#243;n tirando de ellos.

Yo no hago bricolaje -dijo-. No tengo tiempo. Tendr&#225;s alguien aqu&#237; que se encargue de estas cosas.

S&#237; -dijo Tony Case-. Yo.

Pewe miraba por la ventana al deprimente bloque de detenci&#243;n. Empezaba a parar de llover.

No es una gran vista -se quej&#243;.

Al comisario Grace le gustaba bastante.

Pewe se puso de un color raro, como si se hubiera tragado algo que le daba alergia.

&#191;Este era su despacho?

S&#237;.

La vista es horrorosa.

Si llama a la subdirectora Vosper quiz&#225;s ordene que derriben el bloque de detenci&#243;n.

No tiene gracia -dijo Pewe.

Gracia -dijo Tony Case-. No pretendo ser gracioso. Estoy trabajando. Aqu&#237; no hacemos bromas, s&#243;lo trabajo policial serio. Ir&#233; a buscarle un martillo Si no lo ha birlado nadie.

&#191;Y qu&#233; hay de mis ayudantes? He solicitado dos agentes. &#191;D&#243;nde se sentar&#225;n?

Nadie me ha dicho nada de dos ayudantes.

Necesito un lugar para ellos. Tendr&#225;n que sentarse en alg&#250;n sitio cerca de m&#237;.

Podr&#237;a traerle una mesa m&#225;s peque&#241;a -dijo Tony Case-. Y ponerlos a los dos aqu&#237; dentro. -Se march&#243; del despacho.

Pewe no sab&#237;a si el hombre se burlaba de &#233;l o hablaba en serio, pero el tel&#233;fono interrumpi&#243; sus pensamientos.

Comisario Pewe -contest&#243; d&#225;ndose importancia.

Era un operador.

Se&#241;or, tengo a un agente de la Interpol al tel&#233;fono. Llama en nombre de la polic&#237;a de Victoria, Australia. Ha preguntado espec&#237;ficamente por alguien que trabaje en casos sin resolver.

De acuerdo, p&#225;samelo. -Se sent&#243;, tom&#225;ndose su tiempo, y puso las piernas sobre la mesa, en un espacio entre fajos de documentos. Luego se acerc&#243; el auricular a la oreja.

Comisario Cassian Pewe al habla -dijo.

Ah, buenos d&#237;as, Cashon, soy el sargento James Franks de la oficina de la Interpol en Londres.

Franks ten&#237;a el acento cortado t&#237;pico de alumno de colegio privado. A Pewe no le gustaba que los miembros administrativos de la Interpol tendieran a creerse superiores y carecieran de la menor consideraci&#243;n con los dem&#225;s polic&#237;as.

D&#233;jeme su n&#250;mero y ya le llamar&#233; -dijo Pewe.

Tranquilo, no hace falta.

Es por seguridad. Es la pol&#237;tica que seguimos aqu&#237; en Sussex -dijo Pewe d&#225;ndose importancia y obteniendo una gran satisfacci&#243;n al ejercer su peque&#241;a cuota de poder.

Franks le devolvi&#243; el cumplido haci&#233;ndole escuchar un bucle infinito del Nessun dorma durante cuatro minutos largos antes de volverse a poner al tel&#233;fono. Habr&#237;a estado a&#250;n m&#225;s contento si hubiera sabido que era un aria que Pewe, un purista de la m&#250;sica cl&#225;sica y la &#243;pera, detestaba particularmente.

De acuerdo, Cashon, la polic&#237;a a las afueras de Melbourne, en Australia, se ha puesto en contacto con nuestra oficina. Tengo entendido que han recuperado el cad&#225;ver de una mujer embarazada sin identificar del maletero de un coche Llevaba en un r&#237;o unos dos a&#241;os y medio. Han obtenido muestras de ADN de ella y del feto, pero no han podido encontrar ning&#250;n resultado positivo en las bases de datos de Australia. Pero la cuesti&#243;n es &#233;sta -Franks hizo una pausa y Pewe oy&#243; un sorbo, como si bebiera caf&#233;, antes de proseguir-. La mujer ten&#237;a implantes de silicona en los pechos. Tengo entendido que todos ellos llevan impresa la identificaci&#243;n del fabricante y que cada uno tiene un n&#250;mero de serie que se guarda en el registro del hospital junto al nombre de la receptora. Este par de implantes en particular fue suministrado a un hospital llamado Nuffield en Woodingdean, en el municipio de Brighton y Hove, en 1997.

Pewe baj&#243; los pies de la mesa y busc&#243; desesperadamente una libreta, antes de utilizar el dorso de un sobre para garabatear los detalles. Luego le pidi&#243; a Franks que le enviara por fax la informaci&#243;n sobre los implantes y los an&#225;lisis de ADN tanto de la madre como del feto y le prometi&#243; que iniciar&#237;a las pesquisas de inmediato. Luego se&#241;al&#243; con bastante determinaci&#243;n que su nombre era Cassian, no Cashon, y colg&#243;.

Necesitaba imperiosamente un agente que lo ayudara. Ten&#237;a cosas mucho m&#225;s importantes entre manos que un cad&#225;ver flotando en un r&#237;o de Australia. Una de ellas, en concreto, era much&#237;simo m&#225;s importante.



63

Octubre de 2007


Abby estaba ri&#233;ndose. Su padre se re&#237;a tambi&#233;n.

Bobita, lo has hecho a prop&#243;sito, &#191;verdad?

&#161;Que no, pap&#225;!

Los dos retrocedieron para contemplar la pared del ba&#241;o parcialmente alicatada. Azulejos blancos con una moldura azul marino y unos cuantos azulejos azul marino esparcidos aqu&#237; y all&#237; para decorar, uno de los cuales ella hab&#237;a colocado al rev&#233;s de forma que la parte gris y basta quedaba visible y parec&#237;a un cuadrado de cemento.

Se supone que tienes que ayudarme, jovencita, &#161;no retrasarme! -la reprendi&#243; su padre.

Ella solt&#243; una risita.

No lo he hecho a prop&#243;sito, papi, en serio.

A modo de respuesta, &#233;l le dio unos golpecitos en la frente con la paleta y le dej&#243; una monta&#241;ita de lechada.

&#161;Eh! -grit&#243; ella-. &#161;No soy una pared del ba&#241;o, no puedes alicatarme!

Oh, s&#237;. S&#237; que puedo.

El rostro de su padre se oscureci&#243; y la sonrisa se esfum&#243;. De repente, ya no era &#233;l. Era Ricky.

Ten&#237;a un taladro en la mano. Sonriendo, apret&#243; el interruptor de gatillo. El taladro gimi&#243;.

&#191;Primero la rodilla derecha o la izquierda, Abby?

Temblaba. Su cuerpo segu&#237;a r&#237;gido por las ataduras, ten&#237;a el est&#243;mago revuelto, se encog&#237;a hacia atr&#225;s, gritaba en silencio.

Ve&#237;a el taladro dando vueltas. Riz&#225;ndose hacia su rodilla a unos cent&#237;metros de ella. Estaba gritando. Se le hincharon las mejillas, pero no emit&#237;a ning&#250;n sonido. S&#243;lo un quejido infinito, atrapado.

Atrapado en su garganta y su boca.

Ricky se inclin&#243; hacia delante con el taladro.

Y mientras Abby volv&#237;a a gritar, la luz cambi&#243; de repente. Respir&#243; el olor intenso y seco de la lechada fresca, vio los azulejos color crema de la pared. Estaba hiperventilando. No hab&#237;a rastro de Ricky. Vio la bolsa de pl&#225;stico donde &#233;l la hab&#237;a dejado, intacta, justo detr&#225;s de la puerta. Se notaba la piel resbaladiza por el sudor. Oy&#243; el zumbido continuo del extractor de aire, sinti&#243; la corriente fr&#237;a que emit&#237;a el aparato. Ten&#237;a la boca pegada por dentro; estaba muerta de sed, terriblemente muerta de sed. S&#243;lo una gota, un vasito, por favor.

Volvi&#243; a mirar los azulejos.

Dios m&#237;o, qu&#233; ir&#243;nico era estar encerrada aqu&#237; dentro, mirando estos azulejos, tan cerca. &#161;Tan cerca, maldita sea! Su mente no paraba de dar vueltas. Ten&#237;a que contactar con Ricky como fuera. Ten&#237;a que conseguir que le quitara la cinta de la cara. Y si cuando regresara se mostraba racional, sab&#237;a exactamente lo que tendr&#237;a que hacer.

Pero Ricky no era racional.

Y al pensar en ello se le helaron todas las c&#233;lulas del cuerpo.



64

12 de septiembre de 2001


Con la mente bien despierta y alerta a pesar de tener los ojos cansados, Ronnie sali&#243; por la puerta de la pensi&#243;n poco despu&#233;s de las siete y media de la ma&#241;ana. Not&#243; el olor de inmediato. El cielo estaba azul, met&#225;lico, neblinoso, y el aire de la ma&#241;ana deber&#237;a oler a frescor y roc&#237;o. Pero su olfato percibi&#243; un hedor acre y &#225;spero.

Al principio crey&#243; que sal&#237;a de los cubos de basura, pero no desapareci&#243; mientras bajaba los escalones y caminaba por la calle. Eran unas notas de algo h&#250;medo y quemado, algo qu&#237;mico, agrio y empalagoso. Tambi&#233;n le dol&#237;an los ojos, como si hubiera trocitos min&#250;sculos de papel de lija en la bruma.

En la calle principal hab&#237;a una ambiente extra&#241;o. Era mi&#233;rcoles por la ma&#241;ana, d&#237;a laborable, pero apenas circulaban coches. La gente caminaba despacio, ojerosa y demacrada, como si no hubiera dormido bien. Toda la ciudad parec&#237;a sumida en un estado de shock profundo. Los acontecimientos abrumadores de ayer ya hab&#237;an penetrado en la psique de todo el mundo y esta ma&#241;ana hab&#237;an tra&#237;do una realidad nueva y oscura.

Encontr&#243; una cafeter&#237;a que exhib&#237;a, entre todos los carteles en ruso de la ventana, las palabras Desayunos todo el d&#237;a escritas en letras rojas sobre pl&#225;stico iluminado. Dentro vio un pu&#241;ado de personas, incluidos dos polic&#237;as, que com&#237;an en silencio y miraban las noticias en la televisi&#243;n montada arriba en la pared.

Se sent&#243; en un reservado hacia el fondo. Mientras miraba el men&#250; en ruso sin comprender nada, antes de darse cuenta de que hab&#237;a una versi&#243;n en ingl&#233;s detr&#225;s, una camarera sin vitalidad le sirvi&#243; caf&#233; y un vaso de agua helada. Pidi&#243; un zumo de naranja natural y tortitas con bacon y luego se puso a mirar la televisi&#243;n mientras esperaba a que le trajeran el desayuno. Resultaba dif&#237;cil creer que s&#243;lo hubieran pasado veinticuatro horas desde el desayuno de ayer. Parec&#237;an veinticuatro a&#241;os.

Despu&#233;s de salir de la cafeter&#237;a, recorri&#243; la corta distancia hasta La ciudad del buz&#243;n. El mismo joven estaba sentado delante de uno de los ordenadores conectados a Internet, pulsando teclas, y en otro terminal una joven morena y delgada de veintipocos a&#241;os, que parec&#237;a al borde de las l&#225;grimas, miraba una p&#225;gina web. Un hombre calvo vestido con un mono que parec&#237;a nervioso y ten&#237;a tembleque sacaba cosas de una bolsa de viaje y las introduc&#237;a en una caja de seguridad, mirando con disimulo detr&#225;s de &#233;l cada pocos momentos. Ronnie se pregunt&#243; qu&#233; llevar&#237;a en esa bolsa, pero se guard&#243; bien de mirar.

Ahora &#233;l formaba parte del mundo de los vagabundos, los despose&#237;dos, los pobres y los fugitivos. Su mundo pivotaba alrededor de lugares como La Ciudad del buz&#243;n, donde pod&#237;an guardar o esconder sus raqu&#237;ticos tesoros y recoger el correo. La gente no ven&#237;a aqu&#237; a hacer amigos, sino a permanecer en el anonimato. Y eso era exactamente lo que &#233;l necesitaba.

Mir&#243; su reloj. Eran las ocho y media. Faltaba media hora m&#225;s o menos para que las personas con las que quer&#237;a hablar llegaran a sus despachos, suponiendo que hoy fueran a trabajar. Pag&#243; una hora de Internet y se sent&#243; delante de un ordenador.

A las nueve y media Ronnie entr&#243; en una de las cabinas telef&#243;nicas de la pared del fondo, meti&#243; una moneda de un cuarto de d&#243;lar y marc&#243; el primero de los n&#250;meros de la lista que acababa de configurar gracias a la b&#250;squeda en Internet. Mientras esperaba, mir&#243; las perforaciones en el revestimiento insonorizador de la cabina. Le record&#243; al tel&#233;fono de una c&#225;rcel.

La voz que escuch&#243; al otro lado lo sac&#243; de su enso&#241;aci&#243;n:

Abe Miller Asociados, Abe Miller al habla.

El hombre no fue descort&#233;s, pero Ronnie no percibi&#243; ning&#250;n inter&#233;s ni ansias por llegar a un trato. Era como si Abe Miller imaginara que el mundo pod&#237;a acabar cualquier d&#237;a de estos, as&#237; que, &#191;qu&#233; significaba ganar unos pavos? De hecho, &#191;qu&#233; sentido ten&#237;a todo? Eso le transmiti&#243; la voz de Abe Miller.

Un Eduardo, de una libra, sin montar, nuevo -dijo Ronnie despu&#233;s de presentarse-. La goma est&#225; perfecta, sin charnela.

De acuerdo, &#191;qu&#233; pides?

Tengo cuatro. Quiero cuatro mil por cada uno.

Vaya, es algo excesivo.

No para el estado en el que est&#225;n. En el cat&#225;logo valen m&#225;s del doble.

La cuesti&#243;n es que no s&#233; c&#243;mo afectar&#225; al mercado todo esto que est&#225; pasando. Las acciones est&#225;n por los suelos Ya me entiende.

S&#237;, bueno, esto es mejor que las acciones. Menos vol&#225;til.

No estoy seguro de querer comprar nada ahora mismo. Supongo que preferir&#237;a esperar unos d&#237;as, ver por d&#243;nde van los tiros. Si est&#225;n en tan buen estado como dice, ahora podr&#237;a darle dos. M&#225;s no. Dos.

&#191;Dos mil pavos cada uno?

No puedo darle m&#225;s, ahora no. Si quiere esperar una semana a ver qu&#233; pasa, tal vez pueda mejorar un poco mi oferta. O tal vez no.

Ronnie comprend&#237;a la reticencia del hombre. Sab&#237;a que seguramente hab&#237;a escogido la peor ma&#241;ana desde el d&#237;a despu&#233;s del Crack de 1929 para intentar hacer negocios en cualquier parte del mundo, y peor a&#250;n en Nueva York, pero no ten&#237;a elecci&#243;n. No pod&#237;a permitirse el lujo de esperar. Le parec&#237;a que aqu&#233;lla era la historia de su vida: comprar cuando el mercado estaba alto, vender cuando estaba bajo. &#191;Por qu&#233; el mundo le jod&#237;a siempre?

Volver&#233; a llamarle-dijo Ronnie.

Claro, ning&#250;n problema. &#191;C&#243;mo ha dicho que se llamaba?

El cerebro de Ronnie pens&#243; a toda velocidad.

Nelson -dijo.

El hombre se anim&#243; un poco.

&#191;Tiene algo que ver con Mike Nelson? &#191;De Birmingham? Es usted ingl&#233;s, &#191;verdad?

&#191;Mike Nelson? -Ronnie maldijo en silencio. No era bueno que hubiera otra persona en este negocio con un nombre similar. La gente se acordar&#237;a, y en estos momentos lo que necesitaba era que la gente le olvidara-. No -contest&#243;-. Nada que ver.

Dio las gracias a Abe Miller y colg&#243;. Luego, pensando en el nombre, decidi&#243; que tal vez estuviera bien conservarlo. Si hab&#237;a otro comerciante con un nombre similar, la gente quiz&#225; creyera que estaban relacionados y le tratara con m&#225;s respeto desde el principio. Este negocio depend&#237;a much&#237;simo de la reputaci&#243;n.

Lo intent&#243; con seis compradores m&#225;s. Ninguno de ellos estuvo dispuesto a mejorar la primera oferta que hab&#237;a recibido y dos le dijeron que en estos momentos no iban a comprar nada. A Ronnie le entr&#243; el p&#225;nico. Se pregunt&#243; si el mercado bajar&#237;a a&#250;n m&#225;s y si lo m&#225;s inteligente ser&#237;a aceptar la oferta que ten&#237;a de Abe Miller mientras todav&#237;a estuviera sobre la mesa. En caso de que, veinticinco minutos despu&#233;s en este mundo nuevo e incierto, todav&#237;a estuviera sobre la mesa.

Ocho mil d&#243;lares. Val&#237;an veinte, como m&#237;nimo. Ten&#237;a algunos m&#225;s, incluidas dos planchas 11 de Penny Blacks nuevos, sin montar, con goma detr&#225;s. En un mercado normal, esperar&#237;a sacar veinticinco mil d&#243;lares por plancha, pero sab&#237;a Dios cu&#225;nto val&#237;an ahora. Ni siquiera ten&#237;a sentido intentar venderlos. Ahora eran lo &#250;nico que ten&#237;a en el mundo. Iban a tener que alcanzarle durante mucho tiempo.

Much&#237;simo tiempo, seguramente.



65

Octubre de 2007


Cuando Roy Grace comenz&#243; su carrera, trabajaba de polic&#237;a de barrio en el centro de Brighton y luego estuvo una breve temporada en la unidad de antivicio del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal. Conoc&#237;a la mayor&#237;a de las caras y los nombres de los traficantes de la calle, y de algunos de los consumidores principales, y hab&#237;a arrestado a la mayor&#237;a en alg&#250;n momento u otro.

Normalmente s&#243;lo atrapaban a delincuentes de medio pelo, objetivos f&#225;ciles. A menudo la polic&#237;a pasaba de ellos, s&#243;lo los vigilaba, incluso entablaba amistad con algunos con la esperanza de que los condujera a un pez mayor, los intermediarios, los proveedores y, muy de vez en cuando, a un env&#237;o importante. Pero cada vez que la polic&#237;a obten&#237;a un resultado y sacaba de la calle a un pu&#241;ado de malhechores, siempre hab&#237;a otros esperando entre bastidores.

En estos momentos, sin embargo, mientras estacionaba el Alfa Romeo en el aparcamiento de Church Street y apagaba el motor, ahogando la canci&#243;n que sonaba de Mar&#237;a Glenn, los bajos fondos de la droga de Brighton tambi&#233;n pod&#237;an encajar en sus prop&#243;sitos inmediatos.

Con un impermeable ligero sobre el traje, se abri&#243; camino entre la multitud que comenzaba a salir de sus despachos a la hora de comer. Pas&#243; por delante de caf&#233;s y bares de s&#225;ndwiches y del Corn Exchange y gir&#243; en Marlborough Place, donde se detuvo y fingi&#243; llamar por tel&#233;fono. La zona situada justo al norte de aqu&#237;, y al otro lado de London Road hacia el este, hab&#237;a sido el territorio de los traficantes en el centro de Brighton desde hac&#237;a mucho tiempo.

Tard&#243; menos de cinco minutos en ver a dos hombres apurados pobremente vestidos. Caminaban m&#225;s deprisa que los dem&#225;s, eran blancos f&#225;ciles. Comenz&#243; a seguirles pero se mantuvo a cierta distancia. Uno era alto y delgado, con los hombros redondeados, y llevaba una cazadora encima de unos pantalones grises y deportivas. El m&#225;s bajo y corpulento, que vest&#237;a una sudadera encima de unos pantalones de ch&#225;ndal y zapatos negros, andaba con un aire extra&#241;o de chuler&#237;a, con los brazos separados del cuerpo, y miraba preocupado hacia atr&#225;s cada pocos momentos como para comprobar que nadie le segu&#237;a.

El m&#225;s alto llevaba una bolsa de pl&#225;stico, casi seguro que con una lata de cerveza dentro. Beber en la calle era ilegal en la ciudad, as&#237; que la mayor&#237;a de la gente envolv&#237;a una lata abierta en una bolsa de pl&#225;stico. Caminaban muy r&#225;pido, bien porque ten&#237;an prisa por conseguir dinero, en cuyo caso estaban a punto de cometer un delito -tal vez un tir&#243;n de bolso o un robo en una tienda-, o porque iban a encontrarse con un camello para comprar su dosis diaria, supuso Grace. O pod&#237;an ser camellos que iban a reunirse con un cliente.

Dos autobuses rojos y amarillos pasaron a toda velocidad, seguidos de un taxi Streamline y luego una hilera de coches particulares. En alg&#250;n lugar, una sirena gimi&#243; y los hombres giraron la cabeza. El corpulento parec&#237;a mirar constantemente hacia atr&#225;s a su derecha, as&#237; que Grace se mantuvo a la izquierda, pegado a los escaparates, ocult&#225;ndose tanto como pod&#237;a detr&#225;s de la gente.

Los dos hombres giraron a la izquierda en Trafalgar Square y Grace se convenci&#243; de su presentimiento. En efecto, al cabo de un par de cientos de metros, doblaron a la izquierda y entraron en su destino.

Pelham Square era una plaza peque&#241;a y elegante de casas adosadas de la Regencia, con un parque vallado en el centro. Los bancos situados cerca de la entrada de Trafalgar Square siempre hab&#237;an sido un lugar popular entre los oficinistas para almorzar los d&#237;as que hac&#237;a buen tiempo. Ahora, con la prohibici&#243;n de fumar en el trabajo a&#250;n parec&#237;a m&#225;s popular. Pocas personas de las que com&#237;an un s&#225;ndwich o fumaban el cigarrillo de despu&#233;s de comer miraban -o prestaban atenci&#243;n incluso- al batiburrillo de gente reunida en otro banco al final del parque.

Grace se apoy&#243; en una farola y les observ&#243; unos momentos.

Niall Foster era una de las tres personas sentadas en el banco, bebiendo cerveza como los dem&#225;s de una lata oculta en su bolsa de pl&#225;stico. Era un hombre de cuarenta y pocos a&#241;os y rostro hura&#241;o y mezquino debajo de un peinado extra&#241;o que parec&#237;a la tonsura mal cortada de un monje. Llevaba una camiseta, a pesar de la brisa helada, encima de un mono y botas de obrero.

Grace lo conoc&#237;a muy bien. Era un ladr&#243;n y un traficante de poca monta; seguro que era el que suministraba al grupo triste de personas que lo rodeaban. Junto a &#233;l en el banco hab&#237;a una mujer mugrienta e intranquila de pelo casta&#241;o enmara&#241;ado. A su lado estaba sentado un hombre de unos treinta a&#241;os que no dejaba de ponerse la cabeza entre las piernas.

Los dos hombres a los que hab&#237;a seguido se acercaron a Foster. Era un movimiento de manual. Habr&#237;a dicho a cada uno de sus consumidores que se reuniera aqu&#237; con &#233;l, en este parque, a esta hora exacta. Si luego se pon&#237;a nervioso por si alguien lo vigilaba, abortar&#237;a, se marchar&#237;a del parque, escoger&#237;a otro lugar y llamar&#237;a a cada uno de sus clientes para que fueran all&#237;. A veces pod&#237;a haber varios movimientos de este tipo antes de que los traficantes se sintieran c&#243;modos, y a menudo ten&#237;an un ayudante joven que se encargaba de la distribuci&#243;n. Pero Foster era un agarrado, seguramente no querr&#237;a pagar a nadie. Y, adem&#225;s, conoc&#237;a el sistema. Era muy consciente de que &#233;l no era nadie y si surg&#237;an problemas simplemente se tragar&#237;a las bolsitas de droga que llevara encima y las retirar&#237;a de retrete m&#225;s tarde.

Niall Foster mir&#243; en su direcci&#243;n y cuando Grace subi&#243; a la acera, pues no quer&#237;a que lo viera, casi choc&#243; con el hombre al que andaba buscando.

Hab&#237;an pasado unos a&#241;os, pero aun as&#237; Grace se qued&#243; sorprendido al ver lo mucho que hab&#237;a envejecido el viejo delincuente. Terry Biglow pertenec&#237;a a una de las familias de criminales de Brighton. La historia de los Biglow se remontaba a bandas de navajeros que en los a&#241;os cuarenta y cincuenta hab&#237;an librado luchas territoriales por controlar el negocio de las extorsiones a comerciantes a cambio de protecci&#243;n, y en su d&#237;a hubo mucha gente en Brighton y Hove que se asustaba s&#243;lo con o&#237;r su nombre. Pero ahora la mayor&#237;a de los miembros mayores de la familia hab&#237;an muerto, mientras que los m&#225;s j&#243;venes cumpl&#237;an largas condenas en la c&#225;rcel o se hab&#237;an fugado a Espa&#241;a. Los que segu&#237;an en la ciudad, como Terry, eran delincuentes de baja estofa.

Terry Biglow hab&#237;a comenzado como timador, luego hab&#237;a pasado a comerciar con objetos robados y a trabajar de camello ocasional. Sol&#237;a ser pulcro y humilde, llevar el pelo lacio y brillante peinado hacia arriba en un tup&#233; y calzar zapatos baratos pero elegantes. Ahora deb&#237;a de tener entre sesenta y cinco y setenta a&#241;os, pens&#243; Grace, pero podr&#237;a echarle diez a&#241;os m&#225;s perfectamente.

El viejo p&#237;caro todav&#237;a llevaba el pelo perfectamente peinado, pero lo ten&#237;a grasiento y desali&#241;ado y un poco encanecido. Su cara de rata estaba amarillenta y tan delgada que se le ve&#237;a demacrado, mientras que sus dientes peque&#241;os y puntiagudos eran del color del &#243;xido. Vest&#237;a un traje gris gastado con los pantalones sujetos con un cintur&#243;n barato y subidos hasta el pecho. Tambi&#233;n parec&#237;a haber encogido varios cent&#237;metros y ol&#237;a a viejo. El &#250;nico rastro que quedaba del Terry Biglow original eran el gran reloj dorado y el enorme anillo con una esmeralda.

Se&#241;or Grace, sargento Grace, &#161;me alegro de verle! &#161;Menuda sorpresa!

En realidad no es tanta sorpresa, estuvo a punto de decirle Roy Grace. Pero le gust&#243; lo bien que estaba saliendo su visita al centro.

Ahora soy comisario -le corrigi&#243; Grace.

&#161;S&#237;, por supuesto! Lo hab&#237;a olvidado. -La voz de Biglow era d&#233;bil y aflautada-. Le ascendieron. Lo o&#237;, s&#237;. Se lo merece, se&#241;or Grace. Lo siento, sargento comisario. Ahora estoy limpio. Encontr&#233; a Dios en la c&#225;rcel.

Tambi&#233;n &#233;l cumpl&#237;a condena, &#191;no? -replic&#243; Grace.

Ya no hago esas cosas, se&#241;or -dijo Biglow, muy serio, sin captar la broma de Grace, u obvi&#225;ndola.

As&#237; que s&#243;lo es una coincidencia que est&#233;s aqu&#237; delante del parque mientras Niall Foster suministra dentro, &#191;verdad, Terry?

Pura coincidencia -dijo Biglow, sus ojos m&#225;s furtivos que nunca-. S&#237;, es una coincidencia, se&#241;or. Yo y mi amigo S&#243;lo &#237;bamos a almorzar, s&#243;lo pas&#225;bamos por aqu&#237;.

Biglow se volvi&#243; hacia su compa&#241;ero, que iba igual de mal vestido que &#233;l. Grace conoc&#237;a al hombre, Jimmy Bardolph, un esbirro de los Biglow en otros tiempos. Pero nada m&#225;s, imagin&#243;. El hombre apestaba a alcohol, ten&#237;a la cara cubierta de costras y el pelo despeinado. No parec&#237;a haberse lavado desde que le limpiaron los restos de la placenta.

Jimmy, &#233;ste es mi amigo, el comisario Grace. Es un buen hombre, siempre ha sido justo conmigo. Si hay un poli en quien puedas confiar, Jimmy, es el se&#241;or Grace.

El hombre extendi&#243; una mano venosa y sucia que emergi&#243; de la manga excesivamente larga de su impermeable.

Encantado de conocerle, agente. Tal vez podr&#237;a ayudarme.

Haciendo caso omiso, Grace se volvi&#243; hacia Biglow.

Necesito hablar contigo sobre un viejo amigo tuyo Ronnie Wilson.

&#161;Ronnie! -exclam&#243; Biglow.

Por el rabillo del ojo, Grace vio que Foster ya le hab&#237;a visto y ahora cruzaba el parque a toda prisa. El traficante cruz&#243; la entrada, lanz&#243; a Grace una mirada de cautela y parti&#243; calle abajo, medio caminando, medio corriendo, acerc&#225;ndose el m&#243;vil a la oreja mientras se alejaba.

&#161;Ronnie! -repiti&#243; Biglow. Sonri&#243; a Grace con nostalgia y mene&#243; la cabeza-. El viejo Ronnie. Est&#225; muerto, &#191;lo sab&#237;as, verdad? Que Dios le tenga en su gloria.

El aire fresco no ten&#237;a un buen efecto para el dolor de cabeza de Grace, as&#237; que decidi&#243; seguir la recomendaci&#243;n de Bella sobre la comida caliente y grasienta.

&#191;Hab&#233;is almorzado? -pregunt&#243;.

No, justo &#237;bamos a comer ahora -respondi&#243; Terry Biglow sonriendo de repente, como si le satisficiera la coartada que acababa de present&#225;rsele-. S&#237;, ver&#225;s, es lo que Jimmy y yo Por eso estamos aqu&#237;. &#205;bamos al caf&#233;, como hace una ma&#241;ana tan bonita

Bien. Pues en ese caso, vosotros primero. Yo invito.

Los sigui&#243; calle abajo, Jimmy avanzando a saltitos, como un juguete mec&#225;nico al que hab&#237;a que dar cuerda, y entraron en una cafeter&#237;a cutre.



66

Octubre de 2007


Abby oy&#243; que una puerta se cerraba. La puerta del piso. Por un instante, recobr&#243; la esperanza. &#191;Por alg&#250;n milagro pod&#237;a ser el conserje?

Entonces oy&#243; el chirrido de los zapatos. Primero vio su sombra.

Ricky entr&#243; en el ba&#241;o como una exhalaci&#243;n y Abby not&#243; el crujido de su mano en la cara. Se estremeci&#243; dentro de sus ataduras.

&#161;Zorra de mierda!

Le dio otro bofet&#243;n, a&#250;n m&#225;s fuerte. Casi no le reconoci&#243;. Iba disfrazado, con una gorra de b&#233;isbol azul bien calada y gafas de sol y llevaba barba y bigote poblados. Sali&#243; del cuarto y Abby observ&#243;, con los ojos doloridos, que cog&#237;a la bolsa del vest&#237;bulo y vaciaba el contenido en el suelo.

Cay&#243; un taladro, unas tenazas grandes, un martillo, una bolsa de agujas hipod&#233;rmicas y un c&#250;ter.

&#191;Por d&#243;nde quieres que empiece, zorra?

Un gemido de terror se apoder&#243; de su garganta. Not&#243; que se le aflojaban las tripas. Intent&#243; hacer se&#241;as con los ojos. Suplicarle.

Ricky puso la cara justo delante de la suya.

&#191;Me has o&#237;do?

Abby intent&#243; recordar hacia d&#243;nde le hab&#237;a dicho que moviera los ojos para decir no. Izquierda. Los movi&#243; hacia la izquierda.

Ricky se arrodill&#243;, cogi&#243; el c&#250;ter y acerc&#243; mucho el filo a su ojo derecho. Entonces le dio la vuelta y lo puso plano encima de su ojo. Abby not&#243; el metal fr&#237;o en su frente. Comenz&#243; a hiperventilar de terror.

&#191;Te saco un ojo? &#191;Me lo llevo? &#191;Funcionar&#237;a? Entonces a&#250;n lo ver&#237;as todo m&#225;s negro.

Ella hizo una se&#241;a hacia la izquierda. No, no, no.

Podr&#237;a intentarlo, &#191;verdad? Podr&#237;a llev&#225;rmelo y ver qu&#233; pasa.

No, no, no.

Muy lista. Biom&#233;trica, reconocimiento ocular. Crees que ha sido muy inteligente, &#191;verdad? Guardarlo todo en una caja de seguridad que requiere un reconocimiento ocular para acceder a ella. Bueno, &#191;qu&#233; te parece si te arranco el ojo y me lo llevo, a ver si lo reconoce? Si no, volver&#233; a por el otro.

De nuevo, Abby hizo una se&#241;a desesperada. No, no, no.

Naturalmente, si no funciona estamos los dos jodidos, porque t&#250; estar&#225;s ciega y yo no tendr&#233; una posici&#243;n econ&#243;mica mejor. Y lo sabes, &#191;verdad?

De repente, apart&#243; el c&#250;ter. Luego, con un movimiento brusco, le quit&#243; la cinta de la boca.

Abby grit&#243; de agon&#237;a. Era como si le hubiera arrancado la mitad de la piel de la cara. Trag&#243; aire a trav&#233;s de la garganta seca. Le ard&#237;a la cara.

Habla, zorra.

La voz le sali&#243; como un graznido.

Por favor, &#191;puedes darme agua? Por favor, Ricky.

Oh, &#161;estupendo! -dijo-. &#161;Muy gracioso! Me robas todo lo que tengo, me obligas a perseguirte por medio mundo y &#191;qu&#233; es lo primero que me dices? -Imit&#243; su voz-: Oh, por favor, Ricky, &#191;me das un vaso de agua? -Mene&#243; la cabeza con incredulidad-. &#191;C&#243;mo la quieres? &#191;Natural o con gas? &#191;Del grifo o de botella? &#191;Qu&#233; tal el agua del retrete en la que no dejas de mearte? &#191;Te parece bien? &#191;La quieres con hielo y lim&#243;n?

Lo que sea -dijo ella con voz ronca.

Ahora ir&#233; a buscarla -dijo-. Lo que tendr&#237;as que haber hecho era rellenar el men&#250; del desayuno del servicio de habitaciones y colgarlo en la puerta anoche, as&#237; esta ma&#241;ana tendr&#237;as todo lo que quieres. Pero supongo que estabas un poco liada, timando a tu antiguo amor Ricky. -Sonri&#243;-. Liada. Tiene bastante gracia, &#191;verdad?

Abby no dijo nada, intentaba con todas sus fuerzas pensar con claridad, para asegurarse de decir lo correcto cuando hablara y no enfurecerle a&#250;n m&#225;s. Era bueno que por fin la dejara hablar, pens&#243;. Y sab&#237;a lo desesperado que estaba por recuperar lo que le hab&#237;a arrebatado.

Ricky no era est&#250;pido.

La necesitaba. En su mente, &#233;sa era la &#250;nica forma de conseguirlo. Le gustara o no, iba a tener que llegar a un acuerdo con ella.

Entonces, Ricky le acerc&#243; un m&#243;vil a la oreja y puls&#243; un n&#250;mero. Comenz&#243; a reproducirse una grabaci&#243;n. Dur&#243; s&#243;lo unos segundos, pero fueron suficientes.

Eran ella y su madre. Una conversaci&#243;n telef&#243;nica que hab&#237;an mantenido el s&#225;bado, la recordaba perfectamente. O&#237;a su propia voz hablando.

Escucha, mam&#225;, ya no falta mucho. He llamado a Cuckmere House. Dentro de unas semanas queda libre una habitaci&#243;n preciosa con vistas al r&#237;o y la he reservado. La he buscado en Internet y de verdad que es muy bonita. Y yo ir&#233; a verla, por supuesto, y te ayudar&#233; con el traslado.

Entonces Abby oy&#243; a su madre contestando. Mary Dawson, su cerebro despierto pese a la enfermedad que lo atrofiaba, replic&#243;:

&#191;Y de d&#243;nde vas a sacar el dinero, Abs? He o&#237;do que estos sitios cuestan una fortuna. Doscientas libras al d&#237;a, algunos. Incluso m&#225;s.

No te preocupes por el dinero, mam&#225;, yo me encargo. Yo

La grabaci&#243;n se detuvo bruscamente.

Eso es lo que me gusta de ti, Abby -dijo Ricky, acercando su cara brillante a la de ella-. Eres todo coraz&#243;n.



67

Octubre de 2007


El interior del caf&#233; era una atm&#243;sfera viciada de grasa frita. Mientras se sentaba delante de los dos hombres, Grace imagin&#243; que el mero hecho de respirar aqu&#237; dentro deb&#237;a de subir el colesterol de cualquiera a niveles de infarto. Pero se lanz&#243; y pidi&#243; huevos, bacon, salchichas y patatas fritas, pan frito y una Coca-Cola, contento de que ni Glenn Branson ni Cleo estuvieran cerca para censurar su dieta.

Terry Biglow pidi&#243; huevos y patatas fritas, mientras que su amigo distra&#237;do, Jimmy, s&#243;lo quiso una taza de t&#233; y sigui&#243; lanzando miradas implorantes a Grace, como si el comisario fuera el &#250;nico hombre del planeta que pudiera salvarlo de algo que no ten&#237;a muy claro qu&#233; era. Lo m&#225;s probable, pens&#243; Roy, al verle sacar furtivamente una botella de Bells del bolsillo de su abrigo y beber un sorbo largo y de fijarse en los tatuajes carcelarios de sus nudillos. Un punto por cada a&#241;o cumplido. Cont&#243; siete.

Ahora estoy en el buen camino, se&#241;or Grace -dijo de repente Terry Biglow.

&#201;l tambi&#233;n ten&#237;a tatuajes carcelarios, y la cola de una serpiente en el dorso de la mano con el cuerpo desapareciendo manga arriba.

Ya me lo has dicho. Bien hecho.

Mi hermano est&#225; muy enfermo, tiene c&#225;ncer de p&#225;ncreas. &#191;Se acuerda de mi t&#237;o Eddie, se&#241;or Grace? Lo siento, &#191;era inspector Grace?

Grace se acordaba bien, mejor de lo que le gustar&#237;a. Nunca hab&#237;a olvidado la declaraci&#243;n de una de las v&#237;ctimas de Eddie Biglow. Le hab&#237;an rajado la cara con un cristal roto, en ambos lados desde el nacimiento del pelo hasta la barbilla, porque se quej&#243; cuando Biglow le empuj&#243; en la barra de un pub.

S&#237; -contest&#243;-. Me acuerdo.

De hecho -prosigui&#243; Biglow-, yo tambi&#233;n tengo c&#225;ncer.

Lo siento -dijo Grace.

En la tripa, &#191;sabe?

&#191;Est&#225;s muy mal? -pregunt&#243; Grace.

Biglow se encogi&#243; de hombros, como si fuera algo menor. Pero hab&#237;a miedo en sus ojos.

Jimmy asinti&#243; con sabidur&#237;a y bebi&#243; otro trago.

No s&#233; qui&#233;n cuidar&#225; de m&#237; cuando se marche -le llorique&#243; a Grace-. Necesito que me protejan.

Grace hizo un gesto r&#225;pido de indiferencia con las cejas, luego cogi&#243; la Coca-Cola que le serv&#237;a la camarera y bebi&#243; un trago de inmediato.

T&#250; y Ronnie Wilson erais amigos, &#191;verdad, Terry?

S&#237;, en su d&#237;a lo fuimos, s&#237;.

&#191;Antes de que fueras a la c&#225;rcel?

S&#237;, antes. Cargu&#233; con la culpa por &#233;l, &#191;sabe? -Removi&#243; el az&#250;car en el t&#233; con a&#241;oranza-. Es lo que hice.

&#191;Conoc&#237;as a su mujer?

A las dos.

&#191;A las dos? -dijo Grace, sorprendido.

S&#237;. Joanna y luego Lorraine.

&#191;Cu&#225;ndo volvi&#243; a casarse?

Se rasc&#243; la nuca.

Vaya Fue unos a&#241;os despu&#233;s de que Joanna le dejara. Era guapa, s&#237;, &#161;Joanna estaba buen&#237;sima! Pero a m&#237; no me ca&#237;a muy bien. Era una cazafortunas, s&#237;. Se peg&#243; a Ronnie porque era un fard&#243;n, pero no se dio cuenta de que no ten&#237;a mucha pasta. -Se dio unos golpecitos en la nariz-. A Ronnie no se le daban bien los negocios. Siempre fanfarroneaba, siempre ten&#237;a grandes planes. Pero no ten&#237;a &#191;C&#243;mo se llama? Olfato, no era un rey Midas. As&#237; que cuando Joanna le cal&#243;, se larg&#243;.

&#191;Ad&#243;nde?

A Los Angeles. Su madre muri&#243; y hered&#243; una parte de la casa. Ronnie se despert&#243; una ma&#241;ana y vio que se hab&#237;a marchado. S&#243;lo le dej&#243; una nota: Me voy a intentar triunfar en el cine como actriz.

Lleg&#243; la comida. Terry ba&#241;&#243; las patatas en vinagre y luego verti&#243; la mitad del contenido del salero encima. Grace se puso un poco de salsa en el plato y luego cogi&#243; el bote de ketchup con forma de tomate.

&#191;Con qui&#233;n mantuvo el contacto despu&#233;s de irse a Los &#193;ngeles?

Biglow se encogi&#243; de hombros y pinch&#243; una patata con el tenedor.

Con nadie, creo. No ca&#237;a bien a nadie de aqu&#237;. A ninguno de nosotros. Mi parienta no la soportaba, y ella no tuvo ning&#250;n inter&#233;s en hacerse amiga nuestra.

&#191;Era de aqu&#237;?

No, de Londres. Creo que la conoci&#243; en una especie de local de striptease en Londres.

Otra patata frita hall&#243; el mismo destino.

&#191;Qu&#233; hay de su segunda esposa?

&#191;Lorraine? Era simp&#225;tica. Tambi&#233;n era muy guapa. Tard&#243; un poco en casarse con ella. Tuvo que esperar dos a&#241;os, creo, para conseguir el divorcio de Joanna, por abandono del hogar.

Es muy complicado conseguir que alguien que est&#225; descomponi&#233;ndose en un desag&#252;e firme los papeles del divorcio, pens&#243; Grace.

&#191;D&#243;nde puedo encontrar a Lorraine?

Biglow lo mir&#243; de un modo extra&#241;o.

Necesito que cuiden de m&#237;, se&#241;or Grace, de verdad -volvi&#243; a lloriquear Jimmy.

Biglow se volvi&#243; hacia su amigo y se se&#241;al&#243; la cara.

&#191;Ves c&#243;mo se mueven mis labios? Significa que todav&#237;a sigo hablando, as&#237; que para ya, &#191;vale? -Y luego se dirigi&#243; a Grace-. Lorraine. S&#237;, bueno, si quiere encontrarla, tendr&#225; que pillarse un barco y un traje de buceo para alta mar. Se mat&#243;. Una noche se tir&#243; al agua desde el ferry de Newhaven a Dieppe.

De repente, Grace perdi&#243; el inter&#233;s por la comida.

Sigue cont&#225;ndome.

Estaba deprimida, en un estado terrible despu&#233;s de que Ronnie muriera. La dej&#243; en un buen l&#237;o, econ&#243;micamente hablando. La sociedad hipotecaria se qued&#243; con la casa y las financieras se quedaron con casi todo lo dem&#225;s, excepto algunos sellos.

&#191;Sellos?

S&#237;, eran la especialidad de Ronnie. Siempre estaba comerciando con ellos. Una vez me dijo que los prefer&#237;a al dinero, que eran m&#225;s f&#225;ciles de llevar.

Grace medit&#243; un momento.

Creo haber le&#237;do que las familias de las v&#237;ctimas del 11-S recibieron compensaciones econ&#243;micas importantes. &#191;Ella no?

Nunca mencion&#243; nada. Se convirti&#243; en una especie de re-clusa, ya sabe, guardaba las distancias. Se encerr&#243; en su caparaz&#243;n. Cuando se lo llevaron todo se traslad&#243; a un pisito alquilado en Montpelier Road.

&#191;Cu&#225;ndo muri&#243;?

Terry se qued&#243; pensando un momento.

S&#237;. Fue en noviembre El 11-S fue en 2001, as&#237; que ser&#237;a en noviembre de 2002. Se acercaban las Navidades. &#191;Sabe a qu&#233; me refiero? Es una &#233;poca dif&#237;cil, la Navidad, para algunas personas. Se tir&#243; al agua desde el ferry.

&#191;Encontraron el cad&#225;ver?

No lo s&#233;.

Grace realiz&#243; algunas anotaciones mientras Biglow com&#237;a. Volvi&#243; a probar el almuerzo, pero su concentraci&#243;n estaba en otra parte. Una esposa se marcha a Estados Unidos y acaba en un desag&#252;e en Brighton. La segunda se tira de uno de los ferrys que cruzan el Canal. Ahora muchas preguntas se arremolinaban en su cabeza.

&#191;Ten&#237;an hijos?

La &#250;ltima vez que vi a Ronnie me dijo que lo estaban intentando, pero ten&#237;an problemas de fertilidad.

Grace pens&#243; un poco m&#225;s.

Aparte de ti, &#191;qui&#233;nes eran los amigos &#237;ntimos de Ronnie Wilson?

No era tan amigo m&#237;o. &#201;ramos amigos, pero no &#237;ntimos. Estaba el viejo Donald Hatcook Al parecer, el 11-S Ronnie estaba con &#233;l en su despacho, en una de las torres del World Trade Center. Donald s&#237; hab&#237;a triunfado, pobre capullo. -Se qued&#243; pensando un momento-. Y Chad Skeggs. Pero &#233;l emigr&#243;, s&#237;, se fue a Australia.

&#191;Chad Skeggs?

S&#237;.

Grace recordaba el nombre; el tipo se hab&#237;a metido en l&#237;os hac&#237;a unos a&#241;os, pero no recordaba por qu&#233;.

Ya ves, todos se han ido. As&#237; que quedan los Klinger, supongo. S&#237;, Steve y Sue Klinger, &#191;los conoces? Viven en Tongdean.

Grace asinti&#243; con la cabeza. Los Klinger ten&#237;an una casa ostentosa en Tongdean Avenue. Stephen era, como dice el eufemismo, una persona que hab&#237;a suscitado el inter&#233;s de la polic&#237;a desde que Grace trabajaba en el cuerpo. Era una opini&#243;n muy extendida que Klinger, que hab&#237;a iniciado su carrera en la compraventa de coches, no hab&#237;a amasado su fortuna legalmente y que sus discotecas, bares, cafeter&#237;as, pisos de alquiler para estudiantes y casas de pr&#233;stamos eran empresas para blanquear el dinero que generaba su verdadero negocio: las drogas. Pero al menos hasta la fecha, si era un narcotraficante, era muy eficiente y se hab&#237;a asegurado de que nunca pudieran relacionarle con nada.

Ronnie y &#233;l comenzaron trabajando juntos -prosigui&#243; Biglow-. Entonces se metieron en l&#237;os por unos coches trucados. No recuerdo qu&#233; pas&#243; exactamente. El negocio desapareci&#243; de la noche a la ma&#241;ana El garaje se quem&#243; con todos los documentos dentro, muy oportunamente. Nunca se presentaron cargos.

Grace a&#241;adi&#243; los nombres de Steve y Sue Klinger a la lista de personas que su equipo deb&#237;a interrogar. Luego cort&#243; una esquina de la tostada frita y la moj&#243; en el huevo.

Terry -dijo-, &#191;qu&#233; opini&#243;n ten&#237;as de Ronnie?

&#191;Qu&#233; quiere decir, se&#241;or Grace?

&#191;Qu&#233; tipo de persona era?

Un puto psic&#243;pata -intervino Jimmy de repente.

&#161;Cierra el pico! -le atac&#243; Biglow-. Ronnie no era ning&#250;n psic&#243;pata. Pero ten&#237;a genio, eso s&#237;.

Era un puto psic&#243;pata -insisti&#243; Jimmy.

Biglow sonri&#243; a Grace.

A veces se le iba un poco la cabeza, ya sabe, era su peor enemigo. Estaba enfadado con el mundo porque no triunfaba, como algunos de sus amigos &#191;Sabe qu&#233; quiero decir?

&#191;C&#243;mo t&#250;?, se pregunt&#243; Grace para sus adentros.

Creo que s&#237;.

&#191;Sabes qu&#233; dijo un d&#237;a mi padre sobre &#233;l? Dijo que era la clase de t&#237;o que pod&#237;a pasar contigo en un torniquete &#161;y salir delante tuyo sin pagar! -Biglow se rio-. S&#237;, &#233;se era nuestro Ronnie. &#161;Que Dios le tenga en su gloria!



68

12 de septiembre de 2001


Ronnie se sent&#237;a mucho mejor ahora que volv&#237;a a llevar dinero en el bolsillo. En el bolsillo izquierdo de la chaqueta del traje, para ser precisos. Contante y sonante, le gustaba llamarlo. Y mantuvo la mano izquierda all&#237;, sujetando con fuerza el fajo doblado de billetes nuevos de cien d&#243;lares, sin soltarlo ni un segundo, durante todo el trayecto en metro desde el centro de Manhattan hasta la estaci&#243;n de Brighton Beach, donde se baj&#243;.

Todav&#237;a sin sacar la mano del bolsillo, recorri&#243; la poca distancia que le separaba de La ciudad del buz&#243;n y guard&#243; cinco mil seiscientos de esos d&#243;lares en la caja de seguridad. Luego sali&#243; de nuevo a la calle hasta que encontr&#243; una tienda de ropa donde se compr&#243; un par de camisetas blancas, un recambio de calcetines y calzoncillos, unos vaqueros y una cazadora fina. Un poco m&#225;s adelante, entr&#243; en una tienda de recuerdos y se compr&#243; una gorra de b&#233;isbol negra estampada con las palabras Brighton Beach. Luego se meti&#243; en una tienda de deportes y se compr&#243; unas zapatillas.

Par&#243; en un puesto callejero y se llev&#243; un s&#225;ndwich caliente de carne con un pepinillo del tama&#241;o de un mel&#243;n peque&#241;o y una Coca-Cola para almorzar, luego regres&#243; a su pensi&#243;n. Puls&#243; el bot&#243;n del televisor, se puso la ropa nueva y guard&#243; la antigua en una de las bolsas de pl&#225;stico de las compras.

Se comi&#243; el s&#225;ndwich mientras ve&#237;a la tele. No hubo demasiadas noticias que no hubiera visto ya en los informativos, s&#243;lo recapitulaciones, im&#225;genes de George Bush declarando la guerra al terrorismo y comentarios de otros l&#237;deres mundiales. Luego emitieron im&#225;genes de gente feliz en Pakist&#225;n, saltando por la calle, riendo, mostrando orgullosa carteles crueles contra Estados Unidos.

Ronnie se sent&#237;a bastante contento consigo mismo. El cansancio hab&#237;a desaparecido y estaba de subid&#243;n. Hab&#237;a hecho algo valiente: hab&#237;a ido a la zona de guerra y hab&#237;a regresado. &#161;Estaba en racha!

Termin&#243; de comer, luego cogi&#243; la bolsa con la ropa vieja y se dirigi&#243; hacia la puerta. A poca distancia calle abajo, tir&#243; la bolsa en un cubo de basura apestoso que ya casi rebosaba de alimentos en estado de putrefacci&#243;n. Luego, con paso r&#225;pido, puso rumbo al bar Mosc&#250;.

Estaba igual de vac&#237;o que ayer, pero le alegr&#243; ver que su nuevo mejor amigo, Boris, estaba sentado en el mismo taburete, cigarrillo en mano, el m&#243;vil pegado a la oreja y una botella medio vac&#237;a de vodka delante de &#233;l. Lo &#250;nico distinto era la camiseta, que hoy era rosa y llevaba escrita una leyenda con letras doradas: GEnesis World Tour.

Hab&#237;a el mismo camarero renacuajo, limpi&#225;ndose las gafas con un trapo. Salud&#243; a Ronnie con la cabeza.

T&#250; aqu&#237; -dijo en su ingl&#233;s roto-. Cre&#237; que igual t&#250; ir a ayudar. -Se&#241;al&#243; la pantalla del televisor-. Necesitar voluntarios. Necesitar gente para ayudar desenterrar cad&#225;veres. Cre&#237; quiz&#225; t&#250; ir.

Quiz&#225; -dijo Ronnie-. Quiz&#225; lo haga.

Se sent&#243; en un taburete de la barra, junto a su amigo, y esper&#243; a que terminara de hablar por tel&#233;fono; parec&#237;a una llamada de negocios, luego le dio una palmadita en la espalda.

Eh, Boris, &#191;c&#243;mo te va?

Ronnie recibi&#243; un mamporro a cambio que pareci&#243; desplazarle varios empastes.

&#161;Amigo! &#191;C&#243;mo te va? &#191;Encontraste sitio anoche? &#191;Estar bien?

Estaba bien. -Ronnie se agach&#243; y se rasc&#243; una picadura que le molestaba bastante en el tobillo-. Incre&#237;ble. Gracias.

Bien. Para mi amigo de Canad&#225;, nada es problema.

Sin pedirle nada, el barman sac&#243; un vaso de chupito y Boris se lo llen&#243; de inmediato.

Sosteni&#233;ndolo con delicadeza entre el dedo y el pulgar, Ronnie lo levant&#243; hasta la altura de sus labios.

&#161;Carpe diem! -dijo.

El vodka pas&#243; bien. Ten&#237;a un sabor a lim&#243;n que le pareci&#243; adictivo al instante. El segundo a&#250;n le sent&#243; mejor.

El ruso movi&#243; la mano delante de la cara de Ronnie para reprenderle, luego levant&#243; su vaso y lo mir&#243; fijamente, dibujando una sonrisa con los escombros de su boca.

&#191;Recuerdas ayer, qu&#233; te dije, amigo?

&#191;Qu&#233; me dijiste?

Cuando brindas en Rusia, bebes vaso entero. Todo para dentro. &#161;As&#237;! -Boris apur&#243; el vaso.

Dos horas despu&#233;s, tras intercambiar m&#225;s y m&#225;s historias graciosas sobre su vida, Ronnie se tambaleaba, apenas capaz de permanecer sentado en el taburete.

Parec&#237;a que Boris estaba metido en diversas actividades dudosas, que inclu&#237;an importar perfumes y colonias falsos de marcas de dise&#241;o, arreglar permisos de trabajo para inmigrantes rusos y ser una especie de intermediario para putas rusas que quer&#237;an trabajar en Estados Unidos. No hac&#237;a de chulo, le asegur&#243; a Ronnie. No, no, &#233;l no era ning&#250;n chulo, en absoluto.

Amigo, s&#233; que tienes problemas -dijo de repente, rodeando a Ronnie con el brazo-. &#161;Yo te ayudo! &#161;No hay nada que no pueda hacer por ti!

Ronnie vio horrorizado que Boris volv&#237;a a llenar los vasos otra vez m&#225;s. La pantalla del televisor se enfocaba y desenfocaba. &#191;Pod&#237;a confiar en este tipo? Iba a tener que confiar en alguien y, en estos momentos, su cerebro confundido no pensaba que Boris fuera un tipo que hiciera juicios morales.

En realidad, necesito otro favor -dijo.

El ruso no apart&#243; los ojos de la pantalla del televisor, en la que aparec&#237;a Rudolf Giuliani hablando.

Por mi amigo canadiense, cualquier favor. &#191;Qu&#233; puedo hacer por ti?

Ronnie se quit&#243; la gorra de b&#233;isbol y se acerc&#243; m&#225;s al hombre, bajando la voz hasta un susurro.

&#191;Conoces a alguien que pueda hacer un pasaporte nuevo, y un visado?

El ruso le lanz&#243; una mirada adusta.

&#191;T&#250; que te crees que es esto? &#191;Una embajada? Esto es un bar, t&#237;o. &#191;De acuerdo?

Ronnie se qued&#243; helado con la vehemencia del hombre, pero entonces el ruso le ofreci&#243; una gran sonrisa.

Pasaporte y visado. Claro. No te preocupes, lo que quieras, yo te lo arreglo. Quieres un pasaporte, un visado, ning&#250;n problema. Tengo un amigo que puede arreglarlo. Puede conseguirte lo que sea. Siempre que tengas dinero.

&#191;Cu&#225;nto?

Depende de lo dif&#237;cil que sea el visado. Te dar&#233; su nombre. Yo no quiero saber nada, &#191;vale?

Eres muy amable.

Entonces el ruso levant&#243; su vaso.

&#161;Carpe diem!

&#161;Carpe diem! -respondi&#243; Ronnie.

El resto de la tarde se volvi&#243; totalmente borrosa.



69

Octubre de 2007


Abby miraba atontada por el parabrisas del Ford Focus gris alquilado. No cre&#237;a posible que la pesadilla pudiera ir a peor, pero as&#237; fue.

Hab&#237;a una franja amplia de cielo azul despejado encima de ellos mientras conduc&#237;an por la carretera de circunvalaci&#243;n A27 de Brighton, con Patcham a su derecha y el campo abierto y ondulado de tierra caliza a su izquierda. Libertad, pens&#243;, todav&#237;a prisionera, aunque le hab&#237;a quitado las ataduras y ahora llevaba vaqueros, un jersey, un forro polar y deportivas. La hierba estaba verde y exuberante por los recientes aguaceros y si no fuera por el zumbido de la calefacci&#243;n del coche que emit&#237;a un aire c&#225;lido y agradable, fuera podr&#237;a ser verano con ese cielo. Pero dentro de su coraz&#243;n, habitaba el invierno m&#225;s oscuro.

Para conseguir esa grabaci&#243;n, comprendi&#243;, deb&#237;a de haber pinchado el tel&#233;fono de su madre.

Sentado a su lado, Ricky conduc&#237;a en silencio y enfadado, procurando no sobrepasar el l&#237;mite de velocidad para no arriesgarse a que lo parara la polic&#237;a. Su ira hab&#237;a ido fermentando durante dos largos meses. La carretera de acceso a la autopista apareci&#243; delante de ellos y Ricky puso el intermitente. Ya hab&#237;a estado aqu&#237; esta ma&#241;ana, as&#237; que conoc&#237;a el camino. Ella escuch&#243; el tic-tic-tic constante y observ&#243; la luz que parpadeaba en el salpicadero.

Ahora que hab&#237;a bebido agua y comido un pedazo de pan y un pl&#225;tano se sent&#237;a mucho m&#225;s humana y pod&#237;a pensar con m&#225;s claridad, a pesar de que estaba muerta de miedo por su madre y por s&#237; misma. &#191;C&#243;mo hab&#237;a encontrado Ricky a su madre? Seguramente de la misma manera que la hab&#237;a encontrado a ella, fuera cual fuese. Estaba devan&#225;ndose los sesos, intentaba pensar si hab&#237;a dejado alguna pista en Melbourne. &#191;C&#243;mo diablos hab&#237;a podido conseguir su direcci&#243;n? No era tan dif&#237;cil, supuso. Sab&#237;a su apellido y seguramente hab&#237;a mencionado en alg&#250;n momento que ahora su madre viuda viv&#237;a en Eastbourne. &#191;Cu&#225;ntos Dawson hab&#237;a en el list&#237;n telef&#243;nico de Eastbourne? Seguramente no tantos. No para un hombre decidido, sin duda.

Ricky no le respond&#237;a ninguna pregunta.

Su madre era una mujer indefensa. Casi incapacitada por una esclerosis m&#250;ltiple, todav&#237;a pod&#237;a moverse, pero no ser&#237;a por mucho tiempo m&#225;s. Y aunque defend&#237;a su independencia con u&#241;as y dientes, carec&#237;a de fuerza f&#237;sica. Un ni&#241;o podr&#237;a con ella, lo que la hac&#237;a extremadamente vulnerable a cualquier intruso, sin embargo se negaba en rotundo a llevar un dispositivo de alarma. Abby sab&#237;a que una vecina pasaba a verla de vez en cuando y ten&#237;a una amiga con la que iba al bingo los s&#225;bados por la tarde. Aparte de eso, estaba sola.

Ricky conoc&#237;a ahora su direcci&#243;n y, sabiendo lo s&#225;dico que era, eso era lo que m&#225;s la asustaba. Ten&#237;a la sensaci&#243;n de que no se contentar&#237;a recuper&#225;ndolo todo; querr&#237;a hacerle da&#241;o a ella y tambi&#233;n a su madre. Por las conversaciones que hab&#237;an mantenido en Australia cuando se hab&#237;a sincerado con &#233;l, para intentar ganarse su confianza, Ricky sabr&#237;a lo mucho que quer&#237;a a su madre y lo culpable que se sent&#237;a por haberla abandonado al trasladarse a la otra punta del mundo, justo cuando m&#225;s necesitaba a su hija. Disfrutar&#237;a haci&#233;ndole da&#241;o a su madre para llegar a ella.

Ahora se acercaban a una peque&#241;a rotonda. Ricky tom&#243; la segunda salida a la derecha y comenz&#243; a bajar la colina. A su derecha hab&#237;a una vista que se extend&#237;a varios kil&#243;metros a trav&#233;s de campos y urbanizaciones de viviendas subvencionadas. A su izquierda, estaba el pol&#237;gono industrial de Hollingbury, un grupo de hipermercados de la periferia, f&#225;bricas y almacenes de los a&#241;os cincuenta reconvertidos en oficinas y &#225;reas industriales modernas. Uno de los edificios, oculto en parte a su vista por un supermercado ASDA, era la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex, pero Abby no lo sab&#237;a. Y aunque lo hubiera sabido, no pod&#237;a arriesgarse a entrar. Independientemente de lo que Ricky hubiera hecho para recuperar su dinero, ella era una ladrona. Le hab&#237;a robado mucho dinero y que &#233;l fuera un delincuente no significaba que su conducta quedara impune.

Adem&#225;s, si se delataban el uno al otro, lo perder&#237;an todo. En estos momentos se encontraban en una especie de punto muerto. Pero, asimismo, Abby sab&#237;a que si le devolv&#237;a lo que quer&#237;a, Ricky no tendr&#237;a ninguna buena raz&#243;n para mantenerla con vida. Y muchas para eliminarla.

Vio un edificio enorme con un cartel que dec&#237;a British Book-Shoops, luego las instalaciones del Argus, un cartel de Matalan y luego pasaron por un concesionario Renault. Ricky solt&#243; un taco al ver que casi se pasaba la salida, fren&#243; bruscamente y gir&#243; el volante. Las ruedas chirriaron. Conduc&#237;a demasiado deprisa por una pendiente pronunciada, as&#237; que tuvo que detener el coche de golpe a unos cent&#237;metros de un Volvo enorme conducido por una mujer diminuta que se hab&#237;a detenido justo a la salida de un aparcamiento delante de una hilera de tiendas.

Imb&#233;cil de mierda -la insult&#243;, y la mujer le respondi&#243; d&#225;ndose unos golpecitos en la sien. Por un momento, Abby pens&#243;, esper&#243;, que bajar&#237;a del coche y se iniciar&#237;a una bronca.

Pero el Volvo se alej&#243; con un rugido y ellos siguieron bajando por la pendiente y dejaron atr&#225;s el aparcamiento y la parte trasera de un almac&#233;n. Luego cruzaron la verja con enormes puertas de acero y grandes carteles de aviso de c&#225;maras de seguridad en cada columna y accedieron a un patio donde hab&#237;a estacionados diversos camiones y furgones blindados. Todos estaban pintados de negro con letras doradas que mostraban un emblema entrelazado con una cadena y el nombre Southern Deposit Security.

Luego, se dirigieron a un edificio moderno de una sola planta con ventanas min&#250;sculas rectangulares que le confer&#237;an aspecto de fortaleza. Y eso es lo que era.

Ricky aparc&#243; en una plaza se&#241;alizada con la palabra Visitantes y apag&#243; el motor. Entonces se volvi&#243; hacia Abby.

Intenta pasarte de lista y tu madre est&#225; muerta. &#191;Entendido?

S&#237; -dijo ella atenazada por el miedo.

Durante todo aquel tiempo no dej&#243; de pensar ni un segundo intentando planear c&#243;mo jugar, visualizar los pr&#243;ximos minutos. Esforz&#225;ndose al m&#225;ximo por pensar con claridad, por recordarse sus puntos fuertes.

Mientras Abby tuviera lo que &#233;l quer&#237;a, Ricky iba a tener que negociar. Por muy gallito que se pusiera, &#233;sa era la verdad del asunto. Era lo que la hab&#237;a mantenido viva e intacta hasta este momento, no cab&#237;a la menor duda. Con suerte, ser&#237;a lo que mantendr&#237;a con vida a su madre. Eso esperaba.

Ten&#237;a un plan, pero no lo hab&#237;a pensado con detenimiento y mientras bajaba del coche todo comenzaba a perder coherencia. De repente empez&#243; a temblar como un flan, se convirti&#243; en un manojo de nervios hist&#233;rico y tuvo que agarrarse al techo del coche un instante, casi con la certeza de que iba a vomitar.

Al cabo de unos minutos, cuando se sinti&#243; un poco mejor, Ricky la cogi&#243; del brazo y caminaron hacia la entrada, como una pareja que iba a realizar un dep&#243;sito, o a retirar dinero, o simplemente a revisar la plata de la familia. Pero mientras le lanzaba una mirada glacial de reojo, sinti&#243; repulsi&#243;n y se pregunt&#243; c&#243;mo se hab&#237;a rebajado a hacer todo lo que hab&#237;a hecho con &#233;l.

Abby puls&#243; el timbre del portero electr&#243;nico bajo la mirada imperiosa de dos c&#225;maras de circuito cerrado y dio su nombre. Unos momentos despu&#233;s, la puerta se abri&#243; con un clic y atravesaron dos puertas de seguridad para acceder a un vest&#237;bulo austero que daba la impresi&#243;n de estar tallado en granito.

Dos guardias de seguridad uniformados y serios estaban justo al otro lado y dos m&#225;s atend&#237;an el mostrador detr&#225;s de un cristal protector. Se acerc&#243; a uno de ellos y habl&#243; a trav&#233;s de los agujeros, pregunt&#225;ndose, de repente, si deb&#237;a intentar mostrarle angustia, pero luego se lo pens&#243; mejor.

Katherine Jennings -dijo con voz temblorosa-. Quiero acceder a mi caja de seguridad.

El hombre le pas&#243; un registro por debajo del cristal.

Rellene esto, por favor. &#191;Van a entrar los dos?

S&#237;.

Necesito que lo rellenen los dos, por favor.

Abby escribi&#243; su nombre, la fecha y la hora, luego le dio el registro a Ricky, que hizo lo propio. Cuando acab&#243;, lo devolvi&#243; empuj&#225;ndolo por debajo del cristal y el guardia tecle&#243; la informaci&#243;n en un ordenador. Al cabo de unos momentos desliz&#243; por el mostrador unas identificaciones plastificadas con sus nombres y con ganchos para colg&#225;rselas en la solapa.

&#191;Saben qu&#233; deben hacer? -le pregunt&#243; a Abby.

Ella asinti&#243; y se dirigi&#243; a la puerta de seguridad que hab&#237;a a la derecha del mostrador. Entonces acerc&#243; el ojo derecho al esc&#225;ner de retina biom&#233;trico y puls&#243; el bot&#243;n verde.

Al cabo de unos momentos la cerradura hizo clic. Empuj&#243; la puerta pesada, la sujet&#243; para Ricky y ambos entraron. Delante de ellos hab&#237;a una escalera de cemento. Baj&#243;, oyendo los pasos de Ricky pegado a ella. Al final hab&#237;a una puerta de acero enorme con un segundo esc&#225;ner biom&#233;trico. Acerc&#243; el ojo derecho y volvi&#243; a pulsar el bot&#243;n verde. Se oy&#243; un clic agudo y empuj&#243; la puerta para abrirla.

Entraron en una c&#225;mara larga, estrecha y helada. Medir&#237;a unos treinta metros de largo y unos seis de ancho y hab&#237;a hileras de cajas de seguridad de acero a cada lado y en la pared del fondo, cada una con un n&#250;mero.

Las de la derecha ten&#237;an quince cent&#237;metros de profundidad; las de la izquierda, sesenta, y las del fondo med&#237;an un metro ochenta de altura. Volvi&#243; a preguntarse, igual que la &#250;ltima vez que estuvo aqu&#237;, qu&#233; habr&#237;a exactamente en esas &#250;ltimas y, de hecho, qu&#233; tesoros, obtenidos por m&#233;todos legales o no, habr&#237;a detr&#225;s de cualquiera de aquellas puertas cerradas.

Con la llave en la mano, Ricky escudri&#241;&#243; con avaricia los n&#250;meros de las cajas.

&#191;Cuatro dos seis? -pregunt&#243;.

Ella se&#241;al&#243; al fondo a la izquierda y le observ&#243; mientras pr&#225;cticamente corr&#237;a los &#250;ltimos metros.

Entonces Ricky introdujo la llave plana y fina en la ranura vertical y la gir&#243; con indecisi&#243;n. Not&#243; que la leva de la cerradura bien engrasada se mov&#237;a con suavidad. Dio una vuelta completa a la llave, escuchando c&#243;mo giraba a su vez cada uno de los dientes. Le gustaban las cerraduras, siempre le hab&#237;an gustado, pero la puerta no se abri&#243;. Conten&#237;a un mecanismo m&#225;s complejo de lo que hab&#237;a imaginado, comprendi&#243; mientras daba otra vuelta completa a la llave y notaba c&#243;mo se mov&#237;an m&#225;s dientes. Volvi&#243; a tirar.

Ahora la pesada puerta met&#225;lica se abri&#243; y Ricky mir&#243; dentro. Absolutamente estupefacto, vio que estaba vac&#237;a.

Se dio la vuelta, insultando a Abby a voz en grito. Y descubri&#243; que insultaba a una sala vac&#237;a.



70

Octubre de 2007


Abby sali&#243; corriendo. En Melbourne hac&#237;a footing casi todas las ma&#241;anas y, a pesar de que en el &#250;ltimo par de meses no hab&#237;a realizado demasiado ejercicio, conservaba una forma f&#237;sica razonable.

Corri&#243; como alma que lleva el diablo sin mirar atr&#225;s, atravesando el asfalto del aparcamiento del Southern Deposit Security, por delante de los camiones y furgones, cruz&#243; la verja y subi&#243; la colina. Luego, justo antes de girar a la derecha a trav&#233;s de los arbustos que flanqueaban el aparcamiento junto a la hilera de tiendas, gir&#243; la cabeza y ech&#243; un vistazo atr&#225;s.

Ricky todav&#237;a no hab&#237;a aparecido.

Pas&#243; entre los arbustos y casi la atropell&#243; un monovolumen conducido por una mujer de aspecto tenso cuando cruzaba a toda velocidad los carriles del aparcamiento en direcci&#243;n a la entrada principal de una tienda de muebles MFI. Al llegar se detuvo y mir&#243; atr&#225;s.

Segu&#237;a sin verle.

Entr&#243; en el local, apenas consciente del olor n&#237;tido e intenso a muebles nuevos, y lo atraves&#243; corriendo, esquivando clientes mientras pasaba por delante de las exposiciones de mobiliario para oficinas, salas de estar y dormitorios. Entonces, al llegar casi al fondo de la tienda, se encontr&#243; en la secci&#243;n de ba&#241;o. Estaba rodeada de duchas. A su derecha vio una cabina muy elegante.

Revis&#243; el pasillo. Ni rastro de Ricky.

El coraz&#243;n le retumbaba como si anduviera suelto dentro de su pecho. Todav&#237;a ten&#237;a la identificaci&#243;n plastificada del Southern Deposit Security en la mano. Ricky no hab&#237;a dejado que se llevara el bolso del piso, pero se las hab&#237;a arreglado para esconderse el m&#243;vil en la delantera, junto con algo de dinero y su tarjeta de cr&#233;dito, adem&#225;s de una llave del piso de su madre. Hab&#237;a apagado el tel&#233;fono por si acaso, por si hab&#237;a una posibilidad entre mil millones de que sonara. Ahora lo sac&#243; y lo encendi&#243;. En cuanto se activ&#243;, llam&#243; a su madre.

No respondi&#243;. Durante meses le hab&#237;a suplicado que solicitara el servicio de contestador, pero todav&#237;a no hab&#237;a hecho nada al respecto. Despu&#233;s de dejarlo sonar una infinidad de veces, el tono se convirti&#243; en un gemido continuo.

En una de las duchas hab&#237;a un banco de listones de madera, levantado contra la pared. Entr&#243;, baj&#243; el banco y se sent&#243; con el m&#243;vil pegado a la oreja, escuchando la llamada sin respuesta. Pensando. Pensando.

Estaba presa de un p&#225;nico total.

Hab&#237;a agotado todas sus maniobras dilatorias. No hab&#237;a pensado bien en todo aquello. En estos instantes no era capaz de pensar nada con detenimiento. Lo &#250;nico que pod&#237;a hacer era poner el piloto autom&#225;tico, ocuparse de cada minuto a su debido tiempo.

Ricky hab&#237;a amenazado con hacer da&#241;o a su madre, una anciana enferma. El poder de negociaci&#243;n de Abby consist&#237;a en que todav&#237;a ten&#237;a en su poder el tesoro que Ricky deseaba tan desesperadamente. Deb&#237;a seguir record&#225;ndose que era ella quien ten&#237;a la sart&#233;n por el mango.

Ricky pod&#237;a ponerse tan gallito como quisiera.

Ella ten&#237;a todo lo que &#233;l quer&#237;a.

Salvo

Enterr&#243; la cara entre sus manos. No estaba tratando con una persona normal. Ricky se parec&#237;a m&#225;s a una m&#225;quina.

Cuando oy&#243; la voz casi se muri&#243; del susto.

&#191;Est&#225; usted bien? &#191;Puedo ayudarla, se&#241;ora?

Un dependiente joven vestido con traje y corbata, con una placa en la solapa que anunciaba que se llamaba Jasort, estaba en la entrada de la cabina de ducha. Ella lo mir&#243;.

Yo Yo

Ten&#237;a un rostro amable y, de repente, Abby sinti&#243; que estaba al borde de las l&#225;grimas. Pensando deprisa, mientras un plan a medio elaborar tomaba forma de manera difusa, dijo con La voz tan d&#233;bil como pudo:

No me encuentro muy bien. &#191;Ser&#237;a posible que alguien me llamara un taxi?

S&#237;, por supuesto. -El joven mir&#243; a su alrededor preocupado-. &#191;Preferir&#237;a una ambulancia?

Abby dijo que no con la cabeza.

No, un taxi, gracias. Estar&#233; bien cuando llegue a casa. S&#243;lo necesito tumbarme.

Tenemos un &#225;rea de descanso para el personal -le dijo el joven con voz amable-. &#191;Quiere esperar all&#237;?

S&#237;, gracias. Muchas gracias.

Mirando con cautela a su alrededor por si ve&#237;a a Ricky, sigui&#243; al dependiente a trav&#233;s de una puerta lateral a una cantina min&#250;scula, donde hab&#237;a una hilera de sillas contra la pared con una mesa baja delante, algunos utensilios para preparar t&#233; y caf&#233;, una nevera peque&#241;a y una lata de galletas.

&#191;Quiere tomar algo? -le pregunt&#243;-. &#191;Agua?

Agua -dijo Abby, asintiendo con la cabeza.

Llamar&#233; a un taxi y le traer&#233; el agua.

&#191;Tienen una entrada lateral donde pudiera esperar? Yo No estoy segura de si podr&#237;a cruzar toda la tienda.

El joven se&#241;al&#243; una puerta que Abby no hab&#237;a visto con un cartel iluminado encima que dec&#237;a Salida de emergencia.

Es la entrada del personal -contest&#243;-. Le dir&#233; que pare ah&#237;.

Muy amable.


Diez minutos despu&#233;s, Jason volvi&#243; para decirle que el taxi estaba fuera. Abby apur&#243; el vaso de agua y luego, interpretando el papel de mujer enferma, sali&#243; despacio por la puerta y se subi&#243; a la parte trasera de un taxi Streamline turquesa y blanco, tras darle las gracias otra vez al joven dependiente por su amabilidad.

El conductor, un anciano de pelo blanco, cerr&#243; la puerta cuando ella entr&#243;.

Abby le dio la direcci&#243;n del piso de su madre en Eastbourne antes de hundirse en el asiento, de manera que pudiera ver fuera pero que no la vieran, y se cubri&#243; la cabeza con la chaqueta.

&#191;Quiere que suba la calefacci&#243;n? -pregunt&#243; el conductor?

Estoy bien, gracias -contest&#243;.

Busc&#243; detenidamente a Ricky o el Ford alquilado mientras atravesaban el aparcamiento. No hab&#237;a rastro de &#233;l. Luego, en lo alto de la pendiente, mientras se acercaban al cruce con la carretera principal, vio el coche. La puerta del conductor estaba abierta y Ricky estaba al lado mirando a su alrededor. Su rostro, debajo de la gorra de b&#233;isbol, era una m&#225;scara de furia.

Abby se hundi&#243; m&#225;s, por debajo del nivel de la ventanilla, y se tap&#243; totalmente con la chaqueta. Luego esper&#243; hasta que not&#243; que el taxi se alejaba, al girar a la derecha en lo alto de la colina, para incorporarse lo suficiente y observar por el parabrisas trasero. Ricky miraba en direcci&#243;n contraria a ella, escudri&#241;ando el aparcamiento.

Por favor, conduzca tan deprisa como pueda -dijo-. Le dar&#233; una buena propina.

Har&#233; lo que pueda -dijo el taxista.

Escuch&#243; la m&#250;sica cl&#225;sica que sonaba en la radio. Reconoci&#243; la melod&#237;a: era el Coro de los esclavos hebreos de Verdi. Ir&#243;nicamente, se trataba de una de las piezas preferidas de su madre. Una coincidencia curiosa. &#191;O era una se&#241;al?

Abby cre&#237;a en los presagios, siempre hab&#237;a cre&#237;do en ellos. Nunca hab&#237;a aceptado las convicciones religiosas de sus padres, pero siempre hab&#237;a sido supersticiosa. Qu&#233; extra&#241;o era que justo en este momento sonara esta composici&#243;n.

Bonita m&#250;sica -dijo.

Puedo bajarla.

No, por favor, s&#250;bala.

El taxista obedeci&#243;.

Abby volvi&#243; a marcar el n&#250;mero de su madre. Cuando comenz&#243; a sonar, oy&#243; el pitido insistente de una llamada entrante. Y de dos personas, s&#243;lo pod&#237;a tratarse de una. En la pantalla apareci&#243; N&#250;mero privado.

Dud&#243;. Intent&#243; pensar con claridad. &#191;Pod&#237;a ser su madre? Era improbable, pero

Pero

Sigui&#243; dudando. Entonces acept&#243; la llamada.

Muy bien, zorra, &#161;muy gracioso! &#191;D&#243;nde est&#225;s?

Colg&#243;. Estaba temblando. Volvi&#243; a notar las n&#225;useas en la boca del est&#243;mago.

El tel&#233;fono volvi&#243; a sonar. N&#250;mero privado, igual. Rechaz&#243; la llamada.

Y otra vez.

Luego, se percat&#243; de que pod&#237;a jugar a aquello de una manera m&#225;s inteligente y esper&#243; a que volviera a sonar.

Pero el tel&#233;fono permaneci&#243; en silencio.



71

13 de septiembre de 2001


Nada en su vida hab&#237;a preparado a Ronnie para la devastaci&#243;n que se extend&#237;a delante de &#233;l mientras caminaba desde la estaci&#243;n de metro hasta los alrededores del World Trade Center. Pensaba que ten&#237;a cierta idea de lo que pod&#237;a esperarle por todo lo que hab&#237;a visto el martes con sus propios ojos y en televisi&#243;n posteriormente, pero lo que se encontr&#243; ahora le horroriz&#243;.

Era mediod&#237;a pasado. La resaca de su sesi&#243;n de alcohol de ayer con Boris no ayudaba y el olor a aire polvoriento le mareaba mucho. Era la misma peste f&#233;tida con la que se hab&#237;a despertado en Brooklyn los dos &#250;ltimos d&#237;as, pero mucho m&#225;s fuerte aqu&#237;. Una hilera de veh&#237;culos militares y de emergencia avanzaba lentamente por la calle. A lo lejos gimi&#243; una sirena y hab&#237;a una cacofon&#237;a constante de rugidos y vibraciones de los helic&#243;pteros, que parec&#237;a que volaban s&#243;lo unos cent&#237;metros por encima de los rascacielos que lo flanqueaban.

Al menos el tiempo que hab&#237;a invertido en su nuevo mejor amigo no hab&#237;a sido en vano. En realidad, comenzaba a verle como su Chico Para Todo. El falsificador que Boris le hab&#237;a recomendado viv&#237;a s&#243;lo a diez minutos a pie de su nuevo hogar. Ronnie pens&#243; que entrar&#237;a en un local deprimente en un barrio marginal y encontrar&#237;a a un viejo arrugado con un ocular y dedos manchados de tinta. Pero en su lugar, en un despacho elegante y desabrido en un edificio sin ascensor, se reuni&#243; con un ruso atractivo, de no m&#225;s de treinta a&#241;os, muy agradable y vestido con un traje muy caro, que bien podr&#237;a haber sido un banquero o un abogado.

Por cinco mil d&#243;lares, el cincuenta por ciento por adelantado, que Ronnie le entreg&#243;, iba a proporcionarle el pasaporte y el visado que quer&#237;a. Lo que le dejaba con unos tres mil d&#243;lares; suficiente para arregl&#225;rselas por un tiempo, si iba con cuidado. Era de esperar que el mercado de los sellos se recuperara pronto, aunque hoy las bolsas de todo el mundo segu&#237;an cayendo en picado, seg&#250;n las noticias de la ma&#241;ana.

Pero todo aquello era pura bagatela comparado con las riquezas que le aguardaban si su plan ten&#237;a &#233;xito.

Un poco m&#225;s adelante un punto de control bloqueaba la calle, la barrera levantada para que pasara el convoy de veh&#237;culos. Lo operaban dos soldados j&#243;venes que estaban mirando en direcci&#243;n a Ronnie. Llevaban casco y el uniforme de combate, lleno de polvo, y sosten&#237;an su metralleta en una postura agresiva, como si planearan encontrar pronto algo a lo que disparar en esta nueva guerra contra el terrorismo.

Una multitud de personas que parec&#237;an turistas, entre los que hab&#237;a un grupo de adolescentes japoneses, estaba de pie observando y tomando fotograf&#237;as de casi todo: los escaparates cubiertos de polvo, los papeles y copos de ceniza amontonados hasta la altura del tobillo en algunos lugares de la calle. Parec&#237;a que todav&#237;a hab&#237;a m&#225;s polvo gris que el martes, pero los fantasmas eran menos grises. Hoy parec&#237;an m&#225;s personas. Personas en estado de shock.

Una mujer de unos treinta y muchos a&#241;os de pelo casta&#241;o enmara&#241;ado y apelmazado, que llevaba un vestido ancho y chanclas y las mejillas llenas de l&#225;grimas, entraba y sal&#237;a de la muchedumbre, mostrando la fotograf&#237;a de un hombre atractivo y alto con camisa y corbata, sin decir nada, s&#243;lo mirando a cada persona con quien se cruzaba, implor&#225;ndoles en silencio una se&#241;al que indicara que lo hab&#237;an reconocido. S&#237;, recuerdo a ese tipo, lo vi, estaba bien, caminaba hacia

Justo antes de llegar a la posici&#243;n de los soldados, vio a su izquierda una valla publicitaria con decenas de fotograf&#237;as pegadas. La mayor&#237;a eran primeros planos de caras, algunas sobre un fondo de barras y estrellas. Estaban envueltas en celof&#225;n transparente para protegerlas de la lluvia y todas llevaban un nombre y mensajes escritos a mano. El m&#225;s com&#250;n era: &#191;Has Visto A Esta Persona?

Lo siento, se&#241;or, no puede pasar. -La voz era educada pero firme.

He venido a trabajar en los escombros -dijo Ronnie, fingiendo acento estadounidense-. He o&#237;do que hacen falta voluntarios. -Mir&#243; a los soldados con curiosidad, echando un vistazo con cautela a las armas. Luego, con voz entrecortada, dijo-: Ten&#237;a familia En la Torre Sur, el martes.

T&#250; y casi todo Nueva York, amigo -dijo el mayor de los soldados. Sonri&#243; a Ronnie, una especie de sonrisa de impotencia que dec&#237;a: Estamos todos juntos en esta mierda.

Una pala excavadora, seguida de un bulldozer, cruz&#243; la barrera con gran estruendo.

El otro soldado se&#241;al&#243; calle abajo con el dedo.

Gira a la izquierda, la primera a la izquierda, y ver&#225;s un grupo de tiendas de campa&#241;a. All&#237; te equipar&#225;n y te dir&#225;n lo que debes hacer. Suerte.

S&#237; -dijo Ronnie-. Lo mismo digo.

Se agach&#243; para pasar por debajo de la barrera y, al cabo de unos pasos m&#225;s, toda la panor&#225;mica de la zona devastada comenz&#243; a abrirse ante &#233;l. Le record&#243; a las fotograf&#237;as que hab&#237;a visto de Hiroshima tras la bomba at&#243;mica.

Gir&#243; a la izquierda, no sab&#237;a muy bien d&#243;nde se encontraba, y sigui&#243; caminando por la calle. Luego, delante de &#233;l, el Hudson apareci&#243; de repente y justo al lado del r&#237;o vio todo un campamento provisional de puestos y tiendas de campa&#241;a junto a una zona enorme de escombros.

Pas&#243; por delante de un coche deportivo volcado boca abajo. Una chaqueta de bombero hecha trizas descansaba en el suelo cerca de &#233;l, las franjas amarillas sobre el uniforme gris, vac&#237;o, cubierto de polvo. Una manga estaba arrancada y yac&#237;a a cierta distancia. Un bombero con una camiseta azul polvorienta, sentado sobre un peque&#241;o mont&#237;culo de escombros, se sujetaba la cabeza con una mano, una botella de agua en la otra. Parec&#237;a que ya no pod&#237;a soportarlo m&#225;s.

En un respiro moment&#225;neo de los helic&#243;pteros, Ronnie escuch&#243; sonidos nuevos: el rugido de la maquinaria de elevaci&#243;n, los quejidos de las fresas c&#243;nicas de &#225;ngulo, las perforadoras, los bulldozers, y el trino, aullido y chillido interminables de los tel&#233;fonos m&#243;viles. Vio una hilera de personas, muchas con uniforme y casco, que entraba en un grupo de tiendas de campa&#241;a. Otras hac&#237;an cola en los puestos hechos con mesas de caballetes. Aqu&#237; tambi&#233;n hab&#237;a olores nuevos, a pollo asado y hamburguesas.

Aturdido, se encontr&#243; de repente haciendo cola, despu&#233;s de pasar por un puesto donde alguien le hab&#237;a dado un botell&#237;n de agua. En el siguiente puesto recibi&#243; una mascarilla. Luego entr&#243; en una tienda de campa&#241;a, donde un tipo sonriente de pelo largo con aspecto de hippy trasnochado le entreg&#243; un casco azul, una linterna y unas pilas de recambio.

Tras guardarse la gorra de b&#233;isbol en el bolsillo, Ronnie se puso la mascarilla y luego el casco. Pas&#243; por otro puesto, donde rechaz&#243; los calcetines, la ropa interior y las botas de trabajo que le ofrecieron y sali&#243; por la entrada trasera. Luego, sigui&#243; a la fila de gente por delante de la estructura ennegrecida de un edificio. Un agente del departamento de polic&#237;a de Nueva York que llevaba un casco y un chaleco antipu&#241;aladas azul mugriento pas&#243; montado en un tractor verde, arrastrando lo que parec&#237;an bolsas de pl&#225;stico para cad&#225;veres.

M&#225;s all&#225; de un &#225;rbol frondoso quemado, Ronnie vio un p&#225;jaro sobrevolando una estructura. Era la pared enorme de un edificio que se elevaba torcida en un &#225;ngulo inestable, como la torre inclinada de Pisa. No quedaba ni un cristal en las ventanas, que por lo dem&#225;s estaban intactas, y los cuarenta o cincuenta pisos de oficinas que deb&#237;an verse a su lado hab&#237;an desaparecido, se hab&#237;an derrumbado.

Ronnie camin&#243; tambale&#225;ndose sobre los techos de los coches patrulla aplastados y luego por el vientre de un coche de bomberos medio enterrado. De vez en cuando sonaba un tel&#233;fono m&#243;vil en alg&#250;n lugar debajo de los cascotes. Equipos peque&#241;os de personas cavaban fren&#233;ticamente y gritaban. Hab&#237;a adiestradores de perros repartidos aqu&#237; y all&#237;, con pastores alemanes, labradores, rottweilers y otras razas que no reconoci&#243; tirando de sus correas, olisqueando.

Sigui&#243; avanzando, dejando atr&#225;s una silla giratoria cubierta de polvo, con una chaqueta de mujer igual de polvorienta colgada del respaldo. Del asiento pend&#237;a el cable del auricular de un tel&#233;fono.

Vio algo que brillaba. Mir&#243; con m&#225;s detenimiento y vio que era una alianza. Cerca hab&#237;a un reloj de mu&#241;eca aplastado. Cadenas de personas iban sacando escombros, pas&#225;ndolos a quien ten&#237;an detr&#225;s. Se hizo a un lado, observando, asimilando todo aquello, intentando comprender la pauta de lo que estaba ocurriendo. Al final, se dio cuenta de que no hab&#237;a ninguna: s&#243;lo hab&#237;a personas con uniforme por los lados, sosteniendo bolsas de basura negras enormes a los que la gente llevaba las cosas que encontraba.

Delante de &#233;l vio lo que al principio le pareci&#243; una figura de cera rota. Luego se dio cuenta, con repugnancia, que se trataba de una mano humana seccionada. Not&#243; que el desayuno le sub&#237;a por la garganta. Se dio la vuelta, bebi&#243; un trago de agua y not&#243; que el polvo seco se disolv&#237;a en su boca.

Se fij&#243; en un cartel pintado en letras rojas sobre una valla publicitaria al borde de la zona devastada. Dec&#237;a: Dios bendiga A Los Bomberos Y Polic&#237;as De Nueva York.

Volvi&#243; a ver todo tipo de personas con cara de agotamiento tropez&#225;ndose por el per&#237;metro del lugar y mostrando fotograf&#237;as. Hombres, mujeres, ni&#241;os, algunos muy peque&#241;os, se mezclaban con todos los miembros uniformados de los distintos servicios de rescate, que llevaban cascos, mascarillas, m&#225;scaras de ox&#237;geno.

Pas&#243; por delante de una cruz quemada mientras se concentraba en mantener el equilibrio sobre una masa que se mov&#237;a bajo sus pies. Vio una gr&#250;a doblada que parec&#237;a un Tiranosaurus Rex muerto. Y dos hombres con batas verdes de cirujano. Pas&#243; por delante de un polic&#237;a que llevaba un casco azul con una l&#225;mpara de minero y lo que parec&#237;an herramientas de escalada colgadas del cintur&#243;n. Vio que penetraba en los escombros con una esmeriladora angular motorizada.

Una bandera estadounidense sobresal&#237;a inclinada de los cascotes, como si alguien acabara de conquistar el lugar.

Reinaba un caos total y absoluto.

Era perfecto, pens&#243; Ronnie.

Gir&#243; la cabeza. La larga fila de personas se extend&#237;a, infinita, detr&#225;s de &#233;l. Sali&#243; de ella, dej&#243; que continuara su camino y sigui&#243; alej&#225;ndose. Luego, disimuladamente, y un poco arrepentido, dej&#243; caer el m&#243;vil entre los escombros y lo hundi&#243;. Lo pisote&#243; y avanz&#243; unos pasos. Sac&#243; la cartera de la chaqueta y la revis&#243;, retir&#243; los billetes y se los guard&#243; en el bolsillo trasero de los vaqueros.

Dej&#243; dentro sus cinco tarjetas de cr&#233;dito, su tarjeta de socio del RAC, su tarjeta de socio del Club del motor de Brighton y Hove y, despu&#233;s de pensarlo unos momentos, tambi&#233;n su carn&#233; de conducir.

Sin estar seguro de si aqu&#237; pod&#237;a fumar o no, se puso discretamente un cigarrillo entre los labios, sac&#243; el encendedor y protegi&#243; la llama con las manos. Pero en lugar de prender el pitillo, comenz&#243; a quemar las esquinas de la cartera. Luego tambi&#233;n la dej&#243; caer entre los escombros y la pisote&#243;, con fuerza.

Entonces se encendi&#243; el cigarrillo y fum&#243; agradecido. Cuando se lo acab&#243;, se agach&#243; y cogi&#243; la cartera. Luego volvi&#243; sobre sus pasos y recogi&#243; el m&#243;vil. Los llev&#243; hasta uno de los dep&#243;sitos provisionales para los objetos recuperados.

He encontrado esto -dijo.

&#201;chalo en la bolsa. Se revisar&#225; todo -le dijo una mujer polic&#237;a.

Puede que ayuden a identificar a alguien -explic&#243;, para asegurarse.

Para eso estamos aqu&#237; -le tranquiliz&#243; ella-. Tenemos muchos desaparecidos desde el martes. Muchos.

Ronnie asinti&#243;.

S&#237;. -Luego, para asegurarse otra vez, se&#241;al&#243; la bolsa-. &#191;Alguien va a registrarlo todo?

Por supuesto. Va a registrarse todo, cielo. Cada art&#237;culo, cada zapato, cada hebilla de cintur&#243;n. Cualquier cosa que encuentres nos la traes. Todos tenemos familiares ah&#237; En alguna parte -contest&#243; la polic&#237;a, se&#241;alando ampliamente la devastaci&#243;n que se extend&#237;a ante ellos-. Todas las personas de esta ciudad tienen a un ser querido aqu&#237;.

Ronnie asinti&#243; con la cabeza y se alej&#243;. Hab&#237;a sido mucho m&#225;s f&#225;cil de lo que pensaba.



72

Octubre de 2007


Aqu&#237; -dijo Abby-. Justo despu&#233;s de la farola de la izquierda. -Volvi&#243; a mirar hacia atr&#225;s por el parabrisas trasero. Ni rastro del coche de Ricky o de &#233;l. Pero era posible que hubiera tomado un camino m&#225;s r&#225;pido, pens&#243;-. &#191;Podr&#237;a seguir, girar a la izquierda y dar la vuelta al edificio, por favor?

El taxista obedeci&#243;. Era una zona residencial tranquila, cerca del Eastbourne College. Abby escudri&#241;&#243; con detenimiento las calles y coches aparcados. Aliviada, vio que no hab&#237;a rastro del coche de alquiler de Ricky ni de &#233;l.

El conductor la llev&#243; de nuevo a la calle ancha de casas pareadas de ladrillo rojo, al final de la cual estaba el bloque de pisos bajos de los a&#241;os sesenta, totalmente at&#237;pico en esta zona, donde viv&#237;a su madre. Hab&#237;a sido construido con materiales baratos y cuatro d&#233;cadas de r&#225;fagas de vientos salados del Canal lo hab&#237;an transformado en una monstruosidad.

El taxista aparc&#243; en doble fila junto a un Volvo familiar. El tax&#237;metro marcaba treinta y cuatro libras. Le dio al conductor dos billetes de veinte.

Necesito su ayuda -dijo-. Voy a darle esto ahora para que sepa que no voy a irme sin pagar. No me devuelva el cambio, quiero que deje en marcha el tax&#237;metro.

El hombre asinti&#243;, lanz&#225;ndole una mirada de preocupaci&#243;n. Ella volvi&#243; a mirar atr&#225;s, pero segu&#237;a sin estar segura.

Voy a entrar en el edificio. Si no salgo dentro de cinco minutos, &#191;de acuerdo?, cinco minutos exactos, quiero que marque el 091 y le diga a la polic&#237;a que venga. Diga que me est&#225;n atacando.

&#191;Quiere que entre con usted?

No, estoy bien, gracias.

&#191;Tiene problemas con su novio? &#191;Su marido?

S&#237;. -Abri&#243; la puerta, se baj&#243; y volvi&#243; a examinar la calle-. Voy a darle mi n&#250;mero de m&#243;vil. Si ve un Ford Focus gris, de cuatro puertas, limpio, con un tipo dentro con una gorra de b&#233;isbol, ll&#225;meme enseguida.

El hombre tard&#243; unos momentos ag&#243;nicos en encontrar su bol&#237;grafo. Luego, con la mayor lentitud con que hab&#237;a visto escribir a alguien, comenz&#243; a anotar los n&#250;meros.

En cuanto termin&#243;, Abby corri&#243; hacia la puerta de entrada del edificio, la abri&#243; y entr&#243; en el sombr&#237;o vest&#237;bulo comunitario. Era extra&#241;o volver a estar aqu&#237;; nada parec&#237;a haber cambiado. El lin&#243;leo del suelo, que ten&#237;a pinta de estar all&#237; desde que se construy&#243; el edificio, luc&#237;a inmaculado, como siempre, y la correspondencia y quiz&#225; tambi&#233;n los mismos folletos de pizzas, comida china, tailandesa e india abarrotaban varios de los mismos casilleros met&#225;licos. Percibi&#243; una peste intensa a abrillantador y verduras hervidas.

Mir&#243; el buz&#243;n de su madre para ver si lo hab&#237;an vaciado y vio consternada varios sobres atascados, como si no quedara m&#225;s espacio dentro. Uno de ellos, que casi estaba colgando, era un recordatorio para renovar la licencia de televisi&#243;n por sat&#233;lite.

El correo era uno de los momentos estelares del d&#237;a para su madre. Era una fan&#225;tica de los concursos, estaba suscrita a varias revistas que los conten&#237;an, y siempre se le hab&#237;an dado muy bien. Diversos regalos de la infancia de Abby e incluso vacaciones hab&#237;an salido de concursos que hab&#237;a ganado y ahora la mitad de las cosas que pose&#237;a su madre eran premios.

&#191;Por qu&#233; no hab&#237;a recogido el correo, entonces?

Con el coraz&#243;n en la boca, Abby recorri&#243; deprisa el pasillo hasta la puerta del piso de su madre al final del edificio. O&#237;a el sonido de un televisor en otro apartamento arriba en alg&#250;n lugar. Llam&#243; a la puerta, luego abri&#243; con su llave sin esperar respuesta.

&#161;Hola, mam&#225;!

Oy&#243; unas voces. El parte meteorol&#243;gico.

Alz&#243; la voz.

&#161;Mam&#225;!

Dios m&#237;o, qu&#233; extra&#241;o era. Hac&#237;a m&#225;s de dos a&#241;os que no estaba aqu&#237;. Era muy consciente de la impresi&#243;n que se llevar&#237;a su madre, pero ahora no pod&#237;a preocuparse por eso.

&#191;Abby? -La voz de su madre parec&#237;a totalmente asombrada.

Corri&#243; adentro, atravesando el peque&#241;o vest&#237;bulo hasta e sal&#243;n, sin apenas notar el olor a cerrado y humedad. Su madre estaba en el sof&#225;, flaca como un palillo, el pelo lacio y m&#225;s gris de lo que recordaba. Llevaba una bata de flores y unas zapatillas con pompones. Sobre las rodillas ten&#237;a una bandeja con rosas dibujadas que Abby recordaba de su infancia. Encima hab&#237;a una lata de arroz con leche.

En el suelo enmoquetado hab&#237;a esparcidas hojas con concursos arrancadas de peri&#243;dicos y revistas, y en el televisor Sony de pantalla ancha, que Abby record&#243; que su madre hab&#237;a ganado, estaban puestas las noticias del tiempo del mediod&#237;a. El aparato descansaba encima de un mueble-bar met&#225;lico, otro premio.

La bandeja cay&#243; al suelo cuando su madre se sobresalt&#243;, parec&#237;a que hubiera visto un fantasma.

Abby cruz&#243; la habitaci&#243;n corriendo y ech&#243; los brazos al cuello de su madre.

Te quiero, madre -dijo-. Te quiero much&#237;simo.

Mary Dawson siempre hab&#237;a sido una mujer menuda, pero ahora a&#250;n lo parec&#237;a m&#225;s de lo que recordaba, como si hubiera encogido durante estos dos &#250;ltimos a&#241;os. Aunque segu&#237;a teniendo un rostro hermoso, con unos ojos azul claro preciosos, estaba m&#225;s arrugada que la &#250;ltima vez que la hab&#237;a visto. La abraz&#243; con fuerza, las l&#225;grimas rodaron por su cara y mojaron el pelo de su madre, que ol&#237;a a sucio, pero ol&#237;a a su madre.

Despu&#233;s de que su padre falleciera de c&#225;ncer de pr&#243;stata, una muerte horrible pero r&#225;pida gracias a Dios, Abby alberg&#243; la esperanza de que su madre encontrara a alguien. Pero cuando le diagnosticaran la enfermedad, esa esperanza se desvaneci&#243;.

&#191;Qu&#233; sucede, Abby? -le pregunt&#243; su madre, y a&#241;adi&#243;, con un brillo repentino en los ojos-: &#191;Vamos a salir en Sorpresa, sorpresa? &#191;Por eso est&#225;s aqu&#237;?

Abby se rio. Luego, estrech&#225;ndola con fuerza, se dio cuenta de que hac&#237;a much&#237;simo tiempo que no se re&#237;a.

Creo que ya no lo emiten.

Abby, en ese programa no dan premios, cari&#241;o.

Volvi&#243; a re&#237;rse.

&#161;Te he echado de menos, mam&#225;!

Yo tambi&#233;n te he echado de menos, cari&#241;o, todo el rato. &#191;Por qu&#233; no me dijiste que volv&#237;as de Australia? &#191;Cu&#225;ndo has llegado? &#161;Si hubiera sabido que ven&#237;as, me habr&#237;a arreglado!

De repente, recordando la hora, Abby mir&#243; su reloj. Hab&#237;an pasado tres minutos. Dio un salto.

&#161;Enseguida vuelvo!

Sali&#243; corriendo, mirando la calle con cautela arriba y abajo. Luego se acerc&#243; al taxi y abri&#243; la puerta del copiloto.

Tardar&#233; unos minutos m&#225;s, pero las instrucciones son las mismas. Ll&#225;meme si le ve.

Si aparece, se&#241;orita, &#161;le dar&#233; una paliza de muerte!

&#161;Usted ll&#225;meme y punto!

Abby regres&#243; con su madre.

Mam&#225;, ahora no puedo explic&#225;rtelo. Quiero llamar a un cerrajero y cambiar la cerradura de la puerta y ponerte una cadena de seguridad y una mirilla. Quiero intentar hacerlo hoy.

&#191;Qu&#233; pasa, Abby? &#191;Qu&#233; es todo esto?

Abby se dirigi&#243; al tel&#233;fono, descolg&#243; el auricular y le dio la vuelta. No sab&#237;a qu&#233; aspecto ten&#237;a un micr&#243;fono oculto, pero no vio nada debajo. Luego examin&#243; el aparato y tampoco vio nada extra&#241;o. Pero &#191;qu&#233; sab&#237;a ella?

&#191;Tienes otro tel&#233;fono? -pregunt&#243;.

Est&#225;s metida en un l&#237;o, &#191;verdad? &#191;Qu&#233; pasa? Soy tu madre, &#161;cu&#233;ntamelo!

Abby se arrodill&#243; y recogi&#243; la bandeja, luego fue a la cocina a buscar un trapo para limpiar el arroz con leche derramado.

Voy a comprarte un tel&#233;fono nuevo, un m&#243;vil. Por favor, no utilices &#233;ste nunca m&#225;s.

Mientras comenzaba a arreglar el desastre de la alfombra, se dio cuenta de que era la vieja alfombra que ten&#237;an en el sal&#243;n de su casa en Hollingbury. Era de un rojo intenso, con un borde ancho de rosas entretejidas en verde, ocre y marr&#243;n y estaba tan ra&#237;da que en algunos puntos ten&#237;a trozos totalmente pelados. Pero era reconfortante verla, la devolvi&#243; a su infancia.

&#191;Qu&#233; ocurre, Abby?

Nada.

Su madre neg&#243; con la cabeza.

Puede que est&#233; enferma, pero no soy est&#250;pida. Est&#225;s asustada. Si no puedes cont&#225;rselo a tu madre, &#191;a qui&#233;n se lo contar&#225;s?

Por favor, haz lo que te digo. &#191;Tienes las P&#225;ginas Amarillas?

En el caj&#243;n del centro de la mitad inferior -contest&#243; su madre, se&#241;alando una c&#243;moda de nogal.

Te lo explicar&#233; todo m&#225;s tarde, pero ahora no tengo tiempo, &#191;de acuerdo?

Fue a buscar el list&#237;n. Estaba unos a&#241;os desfasado, pero seguramente no importar&#237;a, decidi&#243; mientras lo abr&#237;a y pasaba las p&#225;ginas hasta que encontr&#243; el apartado de Cerrajeros.

Realiz&#243; la llamada y luego le dijo a su madre que aquella tarde se pasar&#237;a alguien de la cerrajer&#237;a Eastbourne.

&#191;Est&#225;s en un l&#237;o, Abby?

Ella neg&#243; con la cabeza, no quer&#237;a alarmarla demasiado.

Creo que alguien me est&#225; acosando Alguien que quer&#237;a que saliera con &#233;l y que est&#225; intentando llegar a m&#237; a trav&#233;s de ti, eso es todo.

Su madre le lanz&#243; una mirada larga, como para demostrar que no se cre&#237;a del todo la historia.

&#191;Todav&#237;a est&#225;s con ese hombre, Dave?

Abby devolvi&#243; el trapo al fregadero de la cocina, luego regres&#243; y le dio un beso a su madre.

S&#237;.

No me pareci&#243; un buen chico cuando habl&#233; con &#233;l por tel&#233;fono.

Ha sido amable conmigo.

Tu padre era un buen hombre. No era ambicioso, pero era buena persona. Era un hombre sabio.

Ya lo s&#233;.

&#191;Recuerdas lo que dec&#237;a? Se re&#237;a de m&#237; porque jugaba a esos concursos y me dec&#237;a que la vida no se trataba de conseguir lo que uno quer&#237;a, sino de querer lo que uno tiene. -Mir&#243; a su hija-. &#191;T&#250; quieres lo que tienes?

Abby se sonroj&#243;. Luego le dio otro beso a su madre en las dos mejillas.

Estoy a punto. Volver&#233; con un tel&#233;fono nuevo dentro de una hora. &#191;Esperas a alguien hoy?

Su madre lo pens&#243; un momento.

No.

Tu amiga, la vecina de arriba que pasa a verte a veces

&#191;Doris?

&#191;Crees que podr&#237;a venir y quedarse contigo hasta que yo vuelva?

Puede que est&#233; enferma, pero no soy una inv&#225;lida -dijo su madre.

Es por si viene &#233;l.

De nuevo, su madre le lanz&#243; una mirada larga.

&#191;No crees que deber&#237;as contarme toda la historia?

Despu&#233;s, te lo prometo. &#191;En qu&#233; apartamento vive?

En el n&#250;mero 4, en el primer piso.

Abby sali&#243; deprisa y subi&#243; las escaleras corriendo. Lleg&#243; al pasillo del primer piso, encontr&#243; el apartamento y llam&#243; al timbre.

Al cabo de unos momentos, oy&#243; el ruido met&#225;lico y torpe de una cadena de seguridad y dese&#243; que su madre tambi&#233;n tuviera una. Entonces una mujer de pelo blanco abri&#243; la puerta unos cent&#237;metros. Ten&#237;a unas facciones distinguidas que quedaban parcialmente ocultas por unas gafas de sol del tama&#241;o y forma de unas m&#225;scaras de buceo. Llevaba un elegante vestido de punto de dos piezas.

Hola -dijo con acento muy pijo.

Soy Abby Dawson, la hija de Mary.

&#161;La hija de Mary! Habla much&#237;simo de ti. Pensaba que segu&#237;as en Australia. -Abri&#243; m&#225;s la puerta y la mir&#243; m&#225;s atentamente, acercando la cara hasta casi unos cent&#237;metros de la de Abby-. Disc&#250;lpame. Tengo degeneraci&#243;n macular S&#243;lo veo bien por el rabillo del ojo.

Lo siento -dijo Abby-. Pobrecita. -Abby sinti&#243; que deb&#237;a ser m&#225;s comprensiva, pero estaba inquieta por seguir adelante-. Mire, me preguntaba si podr&#237;a hacerme un favor. Tengo que salir una hora y Es una historia larga, pero tengo un ex novio que me est&#225; haciendo la vida imposible y me preocupa que pueda aparecer y hacer da&#241;o a mi madre. &#191;Podr&#237;a usted quedarse con ella hasta que vuelva?

Por supuesto. &#191;Prefieres que suba ella aqu&#237;?

Bueno, s&#237;, pero est&#225; esperando al cerrajero.

De acuerdo, no te preocupes. Bajo dentro de un par de minutos. Ir&#233; a por mi bast&#243;n. -Luego, su voz ensombrecida por una amenaza alegre, a&#241;adi&#243;-: Si ese chico aparece, &#161;lo lamentar&#225;!

Abby baj&#243; corriendo y entr&#243; en el piso de su madre. Le explic&#243; lo que estaba pasando y luego le dijo:

No abras la puerta a nadie hasta que vuelva.

Entonces sali&#243; a la calle y subi&#243; al taxi.

Necesito encontrar una tienda de m&#243;viles -le dijo al conductor. Luego revis&#243; su bolsillo. Ten&#237;a ochenta d&#243;lares m&#225;s en met&#225;lico. Deber&#237;a bastar.

Aparcado prudentemente a la derecha detr&#225;s de una auto-caravana en la calle que cruzaba, Ricky esper&#243; a que se alejaran, luego encendi&#243; el motor y los sigui&#243;, a mucha distancia. Sent&#237;a curiosidad por ver ad&#243;nde se dirig&#237;a Abby.

Al mismo tiempo, manteniendo la mano firme en el Intercept GSM 3060 que hab&#237;a colocado en el asiento del copiloto junto a &#233;l, reprodujo la llamada a la cerrajer&#237;a Eastbourne y memoriz&#243; el n&#250;mero. Se alegr&#243; de llevar el aparato con &#233;l, no hab&#237;a querido arriesgarse a dejar un equipo tan valioso en la furgoneta.

Llam&#243; al cerrajero y cancel&#243; educadamente la cita, explicando que la se&#241;ora, su madre, hab&#237;a olvidado que ten&#237;a hora en el hospital esta tarde. Llamar&#237;a despu&#233;s y concertar&#237;a otra cita para ma&#241;ana.

Luego, llam&#243; a la madre de Abby, se present&#243; como el jefe de la cerrajer&#237;a Eastbourne y se deshizo en disculpas por el retraso. Sus empleados estaban atendiendo una emergencia. Alguien ir&#237;a en cuanto fuera posible, pero tal vez no pudiera ser hasta media tarde, como muy pronto. Si no, pasar&#237;an ma&#241;ana a primera hora. Esperaba que no fuera un inconveniente. Ella le dijo que no se preocupara.

El taxista era est&#250;pido y conduc&#237;a muy despacio, lo que le facilit&#243; seguirles a una distancia segura. Los colores turquesa fuerte y blanco y el cartel del techo le facilitaban las cosas a Ricky. Al cabo de diez minutos, comenz&#243; a conducir todav&#237;a m&#225;s despacio por una concurrida calle comercial y las luces de los frenos se encendieron varias veces antes de detenerse por fin delante de una tienda de m&#243;viles. Ricky ocup&#243; bruscamente una plaza de aparcamiento y observ&#243; a Abby entrar corriendo en la tienda.

Luego apag&#243; el motor, sac&#243; una barrita de Mars de su bolsillo -de repente ten&#237;a un hambre voraz- y se dispuso c&#243;modamente a esperar.



73

Octubre de 2007


Algo preocupaba al inspector Stephen Curry cuando volvi&#243; a su despacho despu&#233;s de la reuni&#243;n con la polic&#237;a municipal, que se hab&#237;a alargado mucho m&#225;s de lo esperado.

&#201;sta tambi&#233;n se hab&#237;a convertido en un almuerzo durante el que, entre s&#225;ndwich y s&#225;ndwich, trataron una gran variedad de temas, desde dos campamentos ilegales que causaban problemas en Hollingbury y Woodingdean a la elaboraci&#243;n de un informe de inteligencia sobre las &#250;ltimas bandas de adolescentes y una plaga de palizas asociadas con ellos. Estos incidentes violentos estaban convirti&#233;ndose en un problema cada vez m&#225;s grave, ya que los j&#243;venes grababan las agresiones en v&#237;deo y luego las colgaban como trofeos en redes sociales como Bebo y MySpace. Algunos de los peores ataques se hab&#237;an producido en colegios, hab&#237;an aparecido en el Argus y hab&#237;an tenido un gran impacto en los ni&#241;os y preocupado a los padres.

Eran casi las 14.30 y ten&#237;a una tonelada de trabajo que hacer. Hoy deb&#237;a salir m&#225;s temprano de lo normal, era su aniversario de boda y le hab&#237;a dado a Tracy su palabra (su palabra garantizada) de que no llegar&#237;a tarde a casa.

Se sent&#243; a su mesa y repas&#243; en el ordenador los registros de todos los incidentes que hab&#237;an tenido lugar en su zona durante las &#250;ltimas horas, pero ahora mismo no hab&#237;a nada que requiriera su atenci&#243;n. Todas las llamadas de emergencia hab&#237;an sido respondidas sin retrasos y no hab&#237;a ning&#250;n incidente cr&#237;tico importante que pudiera minar los recursos. S&#243;lo constaba la colecci&#243;n habitual de delitos menores.

Entonces, recordando la llamada de Roy Grace, abri&#243; su libreta y ley&#243; el nombre Katherine Jennings y la direcci&#243;n que hab&#237;a anotado. Acababa de ver entrar a uno de los sargentos del primer turno del equipo de la polic&#237;a municipal, John Morley, as&#237; que descolg&#243; el tel&#233;fono y le pidi&#243; que enviara a alguien a ver a la mujer.

Morley sujet&#243; el auricular con el hombro, cogi&#243; un bol&#237;grafo y con la mano izquierda marc&#243; la p&#225;gina del expediente de un delito que estaba repasando relativo a un preso detenido en el turno de noche. Luego dio la vuelta a un trozo peque&#241;o de papel que hab&#237;a sobre su mesa y en el que antes hab&#237;a escrito la matr&#237;cula de un veh&#237;culo, y apunt&#243; el nombre y la direcci&#243;n de la mujer.

El sargento era joven e inteligente y el peinado moderno y el chaleco antipu&#241;aladas le daban un aspecto m&#225;s duro de lo que era en realidad. Pero, como todos sus compa&#241;eros, estaba estresado porque trabajaba demasiado debido a la falta de personal.

Podr&#237;a haber numerosas razones por las que se mostrara angustiada con ese capullo de Spinella. A m&#237; tambi&#233;n me angustia.

&#161;D&#237;melo a m&#237;! -coincidi&#243; con &#233;l Curry.

Al cabo de unos minutos, Morley se dispon&#237;a a pasar los detalles a su libreta cuando el tel&#233;fono volvi&#243; a sonar. Era una operadora del centro de recursos que le pidi&#243; que se hiciera cargo de una emergencia de grado uno: una ni&#241;a de ocho a&#241;os que hab&#237;a desaparecido. Se hab&#237;a esfumado del colegio esta tarde y no estaba con su familia.

Al cabo de unos momentos, se arm&#243; un l&#237;o padre. Morley avis&#243; primero por radio al inspector de guardia y luego grit&#243; las instrucciones a su equipo de agentes y polic&#237;as de barrio que patrullaban por la ciudad. Mientras se encargaba de todo aquello, corri&#243; al fondo de la sala abarrotada, en la que hab&#237;a media docena de escritorios met&#225;licos comunitarios, cajas de suministros y una hilera de colgadores y ganchos para chaquetas, sombreros y cascos, y cogi&#243; su gorra.

Luego se llev&#243; a un par de agentes que hab&#237;an llegado al turno de tarde antes de la hora y se dirigi&#243; hacia la puerta medio corriendo, hablando todav&#237;a por tel&#233;fono.

Al pasar los tres hombres por delante de la mesa de Morley, la corriente de aire levant&#243; el trozo de papel con el nombre y la direcci&#243;n de Katherine Jennings, lo elev&#243; de la superficie llana y lo tir&#243; al suelo.

Diez minutos despu&#233;s, una ayudante de personal entr&#243; en la sala y dej&#243; encima de la mesa del sargento Morley varias copias de la &#250;ltima directriz sobre formaci&#243;n multicultural en el seno de la polic&#237;a para que las distribuyera. Al marcharse, vio el trozo de papel en el suelo. Se agach&#243;, lo recogi&#243; y lo tir&#243;, diligentemente, a la papelera.



74

Octubre de 2007


El aire fresco y las fritangas grasientas hab&#237;an surtido efecto con la resaca, decidi&#243; Roy Grace. Se sent&#237;a casi humano otra vez mientras regresaba por Church Street y entraba en el aparcamiento de varias plantas.

Meti&#243; el ticket en la m&#225;quina, hizo una mueca de dolor al ver la cantidad que aparec&#237;a en la pantalla, como cada vez que aparcaba aqu&#237;, y subi&#243; la escalera hasta su nivel pensando en Terry Biglow.

Tal vez estuviera abland&#225;ndose, porque vio que sent&#237;a l&#225;stima por aquel hombre, aunque no por su repugnante compa&#241;ero. En su d&#237;a, Biglow hab&#237;a tenido cierto estilo y seguramente era el &#250;ltimo de una generaci&#243;n de delincuentes de la vieja escuela que, por lo menos, respetaban a la polic&#237;a.

Parec&#237;a que el pobre capullo no iba a durar mucho. &#191;Qu&#233; pensaba un hombre como &#233;l cuando se acercaba el final de su vida? &#191;Le importaba haberla desaprovechado completamente, no haber aportado nada al mundo? &#191;Haber contribuido a destrozar innumerables vidas y acabar con nada, absolutamente nada? Ni siquiera salud.

Abri&#243; el coche, luego se sent&#243; dentro y revis&#243; las notas que hab&#237;a tomado sobre el encuentro. Cuando iba por la mitad, llam&#243; a Glenn Branson y le comunic&#243; la noticia de que Ronnie hab&#237;a tenido otra mujer llamada Lorraine. Luego le dijo que avisara a Bella Moy y fueran a interrogar al matrimonio que Terry Biglow hab&#237;a dicho que eran los mejores amigos de Ronnie Wilson, los Klinger. Actualmente, Stephen Klinger dirig&#237;a un gran emporio de antig&#252;edades en Brighton y deb&#237;a ser f&#225;cil encontrarle.

Cuando colg&#243;, son&#243; el tel&#233;fono. Era Cleo.

&#191;Qu&#233; tal la resaca, comisario Grace? -le pregunt&#243;.

Era extra&#241;o, pens&#243;. Sandy siempre le hab&#237;a llamado Grace a secas y ahora, de vez en cuando, Cleo tambi&#233;n lo hac&#237;a. Al mismo tiempo, sin embargo, le parec&#237;a cautivador.

&#191;Resaca? &#191;C&#243;mo lo sabes?

Porque me llamaste desde el pub sobre las once y media y me prometiste amor eterno con voz de borracho.

&#191;Ah, s&#237;?

Vaya, sufres p&#233;rdida de memoria. Debi&#243; de ser una sesi&#243;n muy bestia.

Lo fue. Cinco horas escuchando las penas matrimoniales de Glenn Branson. Suficiente para empujar a un hombre a la bebida.

Empieza a parecer que su matrimonio est&#225; acabado.

S&#237;, parece que va en esa direcci&#243;n.

Yo Mm Necesito un favor -dijo Cleo, cambiando de tono. De repente era todo dulzura y suavidad.

&#191;Qu&#233; clase de favor?

Una hora de tu tiempo, entre las cinco y las seis.

&#191;Qu&#233; quieres que haga?

Bueno, he tenido que ir a la escena de un suicidio especialmente desagradable, un tipo que se ha metido una escopeta del doce en la boca en el cobertizo de su jard&#237;n, y la juez de instrucci&#243;n no est&#225; contenta con las circunstancias. Quiere a un pat&#243;logo del Ministerio del Interior, as&#237; que nuestro buen amigo Theobald va a practicarle la autopsia esta tarde, lo que significa que no puedo llevar a Humphrey a su adiestramiento.

&#191;Adiestramiento?

S&#237;, as&#237; que he pensado que ser&#237;a una buena oportunidad para que t&#250; y Humphrey os hicierais amigos.

Cleo, estoy en medio de una

Tu investigaci&#243;n de asesinato -le interrumpi&#243;-. Lleva muerta diez a&#241;os; una hora no supondr&#225; una gran diferencia. S&#243;lo una hora, no te pido m&#225;s. Es el primer d&#237;a de un curso nuevo y quiero que Humphrey asista desde el principio. Y como s&#233; que vas a hacerlo, porque eres un hombre encantador, &#161;te ofrecer&#233; una recompensa muy dulce!

&#191;Una recompensa?

De acuerdo. El adiestramiento es de cinco a seis El trato es &#233;ste. T&#250; llevas a Humphrey y a cambio yo te cocinar&#233; gambas tigre y vieiras salteadas a la tailandesa.

Grace sucumbi&#243; al instante. Las gambas y vieiras salteadas de Cleo eran uno de los mejores platos de su incre&#237;ble repertorio. Estaban de muerte.

Antes de que tuviera tiempo de decir nada, Cleo a&#241;adi&#243;:

Tambi&#233;n tengo una botella bastante especial de sauvignon blanco Cloudy Bay que he metido en la nevera para darte un capricho. -Hizo una pausa y luego, con una voz de lo m&#225;s seductora, dijo-: Y

&#191;Y?

Hubo un largo silencio. S&#243;lo el ruidito de las interferencias del tel&#233;fono.

&#191;Qu&#233; significa ese y? -pregunt&#243; Grace.

Eso se lo dejo a tu imaginaci&#243;n -dijo m&#225;s seductoramente a&#250;n.

&#191;Tienes algo en particular en mente?

S&#237;, muchas cosas Tenemos que recuperar toda la noche de ayer y tambi&#233;n la de hoy. &#191;Crees que podr&#225;s dar la talla, con la resaca y eso?

Creo que s&#237;.

Bien. Pues trata bien a Humphrey y yo te tratar&#233; bien a ti. &#191;Hecho?

&#191;Llevo unas galletas?

&#191;Para Humphrey?

No, para ti.

Vete a la mierda, Grace.

&#201;l sonri&#243;.

Ah, y una cosa m&#225;s No te excites demasiado. A Humphrey le gusta morder cosas duras.



75

Octubre de 2007


A Ricky le habr&#237;a ido bien otro Mars -se mor&#237;a de hambre-, pero no quer&#237;a arriesgarse a salir del coche para buscar uno, por si se le escapaba. Dios santo, hac&#237;a m&#225;s de media hora que hab&#237;a entrado en la tienda de m&#243;viles &#191;Qu&#233; hac&#237;a esa zorra all&#237; dentro? Seguro que era incapaz de decidir qu&#233; color comprar.

&#161;El taxi le costar&#237;a una fortuna! &#191;Y qu&#233; dinero utilizar&#237;a para pagarlo?

El suyo, por supuesto.

&#191;Lo hac&#237;a a prop&#243;sito para enfadarle, porque sab&#237;a que estar&#237;a observ&#225;ndola en alguna parte?

Pagar&#237;a por todo esto. De mil maneras. Y a&#250;n m&#225;s.

Le pedir&#237;a perd&#243;n a gritos. Una vez y otra y otra. Antes de que acabara con ella.

Una sombra se pos&#243; en la ventanilla. Entonces vio a un guardia de tr&#225;fico mirando dentro. Ricky baj&#243; la ventanilla.

Vengo a recoger a mi madre -dijo-. Est&#225; discapacitada No tardar&#225; demasiado.

El guardia, un joven desgarbado de rostro hura&#241;o y que llevaba la gorra con aire desenfadado, no se qued&#243; impresionado.

Lleva aqu&#237; media hora.

Me est&#225; volviendo loco -dijo Ricky-. Sufre demencia senil, primeras fases. -Dio unos golpecitos en su reloj-. Tengo que llevarla al hospital. Deme un par de minutos m&#225;s.

Cinco minutos -dijo el guardia, y se march&#243; con aire arrogante. Luego se detuvo junto a un coche que hab&#237;a delante y comenz&#243; a teclear una multa en su m&#225;quina.

Ricky observ&#243; el altercado que tuvo con la propietaria unos momentos despu&#233;s, una mujer airada, y sigui&#243; contemplando c&#243;mo se alejaba. Entonces vio, horrorizado, que hab&#237;an pasado veinte minutos m&#225;s.

Dios m&#237;o, &#191;cu&#225;nto tiempo necesitas para comprar un puto tel&#233;fono?

Transcurrieron cinco minutos m&#225;s. Y otros cinco. De repente, el taxi arranc&#243; y el tr&#225;fico lo engull&#243;.

Ricky reaccion&#243; tard&#237;amente. &#191;Se le hab&#237;a escapado? &#191;Hab&#237;a ordenado el guardia al taxi que circulara?

Arranc&#243; el coche y lo sigui&#243;. Varios veh&#237;culos por delante, el taxi se dirigi&#243; hacia el mar, luego gir&#243; a la derecha. Guardando las distancias varios veh&#237;culos por detr&#225;s, sigui&#243; al conductor est&#250;pido, imb&#233;cil, idiota, viejo, indeciso a un ritmo tan lento que ten&#237;a todas las probabilidades de ser adelantado por una tortuga. Avanzaron por el paseo mar&#237;timo, luego subieron una colina sinuosa que llevaba a un parque nacional abierto y ancho y a tierras de labranza y al precioso acantilado de Beachy Head, lugar preferido por los suicidas.

Ten&#237;a detr&#225;s un autob&#250;s de dos pisos, presion&#225;ndole para que acelerara.

&#161;Vamos, capullo! -grit&#243; por el parabrisas al taxi-. &#161;P&#237;sale!

Todav&#237;a a la misma velocidad, pas&#243; por delante del pub Beachy Head, siguiendo la carretera serpenteante hacia Birling Gap, luego continuaron subiendo y cruzaron el pueblo de East Dean. La agon&#237;a prosigui&#243; a trav&#233;s de m&#225;s campos abiertos, zigzagueando por Seven Sisters hasta llegar a Seaford. Luego pasaron por el puerto del ferry de Newhaven y subieron la colina hasta Peacehaven. Un joven de pelo largo y una chica estaban en una esquina a lo lejos con la mano levantada y, asombrado, Ricky vio que de repente el taxi encend&#237;a la luz de Ocupado y paraba.

&#201;l tambi&#233;n se detuvo y una hilera de tr&#225;fico que se hab&#237;a formado detr&#225;s lo adelant&#243; a toda velocidad.

Observ&#243; a la pareja subirse.

El taxi estaba vac&#237;o.

Hab&#237;a estado siguiendo a un taxi vac&#237;o.

Mierda, mierda, mierda. Zorra de mierda, ahora s&#237; que la has cagado.



76

Octubre de 2007


Una pelirroja buenorra vestida con ropa provocativa violeta, de piernas largu&#237;simas y pechos enormes que sobresal&#237;an de su sujetador, gui&#241;&#243; un ojo a Roy Grace.

&#201;l cogi&#243; la tarjeta y, cuando la movi&#243;, le gui&#241;&#243; el otro ojo. Sonri&#243; y la abri&#243;. Una voz cursi, que era una imitaci&#243;n mala de una vocalista femenina que no pudo identificar de inmediato, comenz&#243; a cantar Cumplea&#241;os feliz.

&#161;Qu&#233; maravilla! -dijo-. &#191;Para qui&#233;n has dicho que era?

Gracias a su altura y largas piernas, la agente Esther Mitchell era, indiscutiblemente, la polic&#237;a m&#225;s guapa de todo Sus-sex House. Tambi&#233;n era una de las m&#225;s alegres.

Para el inspector Willis -dijo jovialmente-. Cumple cuarenta a&#241;os.

Grace sonri&#243;. Baz Willis, una babosa obesa que, en opini&#243;n de todo el mundo, nunca tendr&#237;a que haber sido ascendido a inspector, era un sob&#243;n reconocido. Por lo tanto, la tarjeta era sumamente adecuada. Encontr&#243; un espacio entre la decena de firmas m&#225;s o menos que ya hab&#237;a, garabate&#243; su nombre y se la devolvi&#243;.

Va a dar una fiesta. Barra libre en el Black Lion esta noche.

Grace hizo una mueca. El Black Lion en Patcham, el bar habitual de Sussex House, era uno de los pubs que menos le gustaban y pens&#243; que dos noches seguidas all&#237; era m&#225;s de lo que su cuerpo pod&#237;a aguantar; adem&#225;s, ten&#237;a una oferta much&#237;simo mejor.

Gracias, me pasar&#233; si puedo -dijo.

Alguien ha organizado un minib&#250;s, si quieres apuntarte

No, gracias -contest&#243; y ech&#243; un vistazo a su reloj. Ten&#237;a que salir dentro de cinco minutos para llevar al maldito enano de Humphrey a su clase de adiestramiento. Entonces Roy sonri&#243; a Esther. Desprend&#237;a energ&#237;a positiva y se las hab&#237;a arreglado para ser popular en el poco tiempo que llevaba aqu&#237; -y no s&#243;lo por su f&#237;sico.

Ah, el comisario Pewe me ha pedido que le consulte los convenios de viajes a Australia.

&#191;Qu&#233;?

Lo siento Me han asignado a sus casos sin resolver, y al agente Robinson tambi&#233;n.

&#191;Has dicho Australia?

S&#237;, quer&#237;a que le preguntara con qu&#233; compa&#241;&#237;as a&#233;reas tiene acuerdos de clase business la polic&#237;a de Sussex.

&#191;Acuerdos de clase business? -pregunt&#243; Grace-. &#191;D&#243;nde se cree que est&#225;, en un bufete de abogados?

Ella sonri&#243;, parec&#237;a violenta.

Yo mmm Supuse que usted lo sab&#237;a.

Ahora tengo prisa -dijo &#233;l-. En cuanto pueda me pasar&#233; por su despacho.

Se lo dir&#233;.

Gracias, Esther.

La agente lo mir&#243; mientras sal&#237;a del despacho. Era una mirada que dec&#237;a: A m&#237; tampoco me cae bien.


Cinco minutos despu&#233;s, Grace entr&#243; en su antiguo despacho con sus vistas horribles al bloque de detenci&#243;n. Cassian Pewe estaba sentado, en mangas de camisa, haciendo una llamada personal, no cab&#237;a la menor duda. A Grace le import&#243; un pito respetar su intimidad. Cogi&#243; una de las cuatro sillas de la min&#250;scula mesa de reuniones redonda, la plant&#243; directamente delante del escritorio de Pewe y se sent&#243;.

Ahora te llamo, &#225;ngel m&#237;o -dijo Pewe, mirando con cautela la cara ce&#241;uda de Grace. Colg&#243; y sonri&#243;-. &#161;Roy! &#161;Me alegro de verte!

Grace fue al grano.

&#191;Qu&#233; es eso de Australia?

Ah, ahora iba a ir a dec&#237;rtelo. Hoy voy a investigar algo para la polic&#237;a de Victoria, en Melbourne, bueno, en la zona de Melbourne, que he sabido que tiene relaci&#243;n con tu Operaci&#243;n Dingo. Qu&#233; coincidencia, el nombre, Dingo Es un perro salvaje australiano, &#191;verdad?

&#191;Qu&#233; relaci&#243;n? &#191;Y qu&#233; es eso de pedir a una agente de polic&#237;a que vaya por ah&#237; preguntando qu&#233; pol&#237;tica de viajes tenemos? Para eso est&#225;n los ayudantes de apoyo a la gesti&#243;n.

Creo que alguien tendr&#225; que ir a Australia, Roy Pensaba que podr&#237;a ir yo mismo

No s&#233; c&#243;mo funciona la Met, pero para que lo sepas de aqu&#237; en adelante, Cassian, en Sussex invertimos nuestro dinero en mantener el orden, no en convertir a los agentes de polic&#237;a en peces gordos que viven del dinero de los contribuyentes. Volamos en turista, &#191;de acuerdo?

Por supuesto, Roy -dijo Pewe, y le ofreci&#243; una sonrisa empalagosa-. Es que es un viaje largo si al llegar te espera un d&#237;a de trabajo por delante.

S&#237;, bueno, es duro. Nosotros no dirigimos una agencia de viajes.

Si de m&#237; depende, comisario Pewe, la &#250;nica forma que tienes t&#250; de ir a Australia &#161;ser&#225; cavando un agujero con una pala!, pens&#243; Grace.

&#191;Quieres contarme qu&#233; relaci&#243;n tiene con mi caso?

Tengo una informaci&#243;n sobre Lorraine Wilson, la segunda esposa de Ronnie Wilson, que creo que te parecer&#225; interesante. Est&#225; relacionada con Ronnie Wilson. Podr&#237;a conducirte a &#233;l.

S&#237;, bueno, es evidente que no est&#225;s al d&#237;a sobre Ronnie Wilson. Muri&#243; en las Torres Gemelas el 11-S.

En realidad -dijo Cassian Pewe-, tengo pruebas que podr&#237;an sugerir lo contrario.



77

Octubre de 2007


Ricky sigui&#243; al taxi por la calle principal de Peacehaven. Tuvo la tentaci&#243;n de agarrar al conductor por el pescuezo la pr&#243;xima vez que parara y acribillarle a preguntas sobre Abby.

Pero &#191;qu&#233; sabr&#237;a el hombre? La zorra listilla seguramente le habr&#237;a dado una buena propina para que se quedara ah&#237; sentado y se marchara al cabo de una hora, es lo &#250;nico que sabr&#237;a, y lo &#250;ltimo que necesitaba Ricky en este momento era que todos los polic&#237;as de Brighton estuvieran atentos a su cara para detenerlo por agresi&#243;n. En estos momentos ten&#237;a algo mucho m&#225;s importante en lo que pensar. Varias cosas, en realidad.

La primera era que Abby sab&#237;a que hab&#237;a grabado su conversaci&#243;n con su madre, pero desconocer&#237;a c&#243;mo lo hab&#237;a hecho. Seguramente sospechar&#237;a que hab&#237;a conseguido pinchar el tel&#233;fono de su madre de alg&#250;n modo.

&#161;Ahora ca&#237;a!

Por eso hab&#237;a ido a una tienda de tel&#233;fonos, &#161;para comprar  &#161;su madre uno nuevo!

Ya se hab&#237;a percatado hac&#237;a un tiempo de lo minuciosa que era Abby. &#191;Qu&#233; habr&#237;a hecho con su tel&#233;fono? Marc&#243; el n&#250;mero.

Al cabo de dos tonos, descolgaron. Oy&#243; una voz indecisa de hombre joven.

&#191;Diga?

&#191;Qui&#233;n co&#241;o eres? -pregunt&#243; Ricky.

La llamada termin&#243;. Volvi&#243; a marcar. La llamada termin&#243; otra vez en cuanto empez&#243; a sonar. Como sospechaba, la muy zorra se hab&#237;a deshecho de su tel&#233;fono. Lo que significaba que ahora ten&#237;a uno nuevo.

Est&#225;s poniendo a prueba mi paciencia de verdad. &#191;D&#243;nde est&#225;s?

Un radar le sac&#243; una foto, pero le import&#243; un pimiento. &#191;Ad&#243;nde hab&#237;a ido durante esa hora? &#191;En qu&#233; hab&#237;a empleado ese tiempo?

Unos kil&#243;metros m&#225;s adelante, el taxi gir&#243;, pero casi ni se dio cuenta. Ahora conduc&#237;a por Marine Parade, por delante de las elegantes fachadas de estilo Regencia que hab&#237;a en Sussex Square. Dentro de un minuto se aproximar&#237;a a la calle de Abby. Se arrim&#243; a un lado, detuvo el coche y apag&#243; el motor; necesitaba pensar bien todo esto.

&#191;D&#243;nde hab&#237;a ocultado el tesoro? No necesitaba demasiado espacio, s&#243;lo el sitio suficiente para esconder un sobre tama&#241;o DIN-A4. El paquete que hab&#237;a intentado enviar por mensajero era un se&#241;uelo. &#191;Por qu&#233;? &#191;Para que &#233;l siguiera al mensajero? &#191;Y as&#237; poder recuperarlo y desaparecer? Hab&#237;a cometido un gran error al enviarle ese mensaje, comprendi&#243;. Su intenci&#243;n hab&#237;a sido obligarla a salir, pero no hab&#237;a contado con que tuviera tantas artima&#241;as.

Pero el hecho de que hubiera intentado enviar el paquete se&#241;uelo le dec&#237;a algo, si un&#237;a eso con la caja de seguridad vac&#237;a. &#191;Esperaba que siguiera el se&#241;uelo y la dejara libre para correr con el paquete y guardarlo en la caja de seguridad de Southern Deposit Security? &#191;Por qu&#233; estaba vac&#237;a entonces? La &#250;nica raz&#243;n posible, seguro, era que todav&#237;a no hab&#237;a podido llevar el paquete al lugar. O que lo hab&#237;a recogido hac&#237;a poco.

A menos que tuviera otra caja de seguridad en alguna parte, muy probablemente en alg&#250;n lugar del piso.

Se hab&#237;a pasado toda la noche registrando sus pertenencias, incluida toda la ropa que hab&#237;a sacado. Tambi&#233;n le hab&#237;a requisado el pasaporte, lo que al menos impedir&#237;a que la zorra saliera del pa&#237;s a toda prisa.

Si existiera otra caja de seguridad en alguna parte, habr&#237;a encontrado la llave o un recibo, &#191;no? Hab&#237;a registrado cada cent&#237;metro del piso, retirado todos los muebles, levantado cada tabla del suelo. Incluso hab&#237;a sacado las tapas de los televisores, rajado las tapicer&#237;as, desenroscado las rejillas de ventilaci&#243;n, desmontado las luces. De sus d&#237;as de traficante de drogas, sab&#237;a que la polic&#237;a pod&#237;a dejar patas arriba un lugar y conoc&#237;a todos los escondites que utilizar&#237;a un camello listo.

Otra opci&#243;n posible era que se lo hubiera dejado a alg&#250;n amigo. Pero el nombre que figuraba en el paquete que hab&#237;a dado a la empresa de mensajer&#237;a era falso, lo hab&#237;a comprobado. Sospechaba que Abby hab&#237;a evitado ponerse en contacto con nadie. Si ni siquiera le hab&#237;a contado a su madre que hab&#237;a vuelto, dudaba que quisiera que se corriera la voz entre sus amigos.

No, cada vez estaba m&#225;s convencido de que a&#250;n lo ten&#237;a todo en el piso.

Pese a todas sus estratagemas inteligentes, todo el mundo tiene un tal&#243;n de Aquiles, como Ricky sab&#237;a muy bien. Una cadena s&#243;lo tiene la fuerza de su eslab&#243;n m&#225;s d&#233;bil. Un ej&#233;rcito s&#243;lo puede marchar tan deprisa como su soldado m&#225;s lento.

La madre de Abby era su eslab&#243;n m&#225;s d&#233;bil y su soldado m&#225;s lento.

Ahora sab&#237;a qu&#233; deb&#237;a hacer exactamente.

La furgoneta Renault delante del piso de Abby, que llevaba un tiempo sin circular, se resist&#237;a a arrancar. Luego, justo cuando la bater&#237;a comenzaba a ahogarse y empezaba a pensar que su plan no funcionar&#237;a, se encendi&#243; y cobr&#243; vida con un chisporroteo aceitoso y humeante.

La sac&#243; de la plaza de aparcamiento y meti&#243; el Ford de alquiler en su lugar. Ahora, cuando Abby volviera, ver&#237;a el coche y pensar&#237;a que estaba ah&#237;. Sonri&#243;. En el futuro m&#225;s inmediato, no entrar&#237;a en su piso. El coche de alquiler no llevaba pegatina de residente, as&#237; que seguramente caer&#237;a una multa en alg&#250;n momento, y tal vez lo inmovilizaran, pero &#191;qu&#233; importaba?

Sac&#243; el Intercept GSM 3060 del Ford y lo meti&#243; en la furgoneta. Luego condujo hacia Eastbourne y s&#243;lo se detuvo a comprar una hamburguesa y una Coca-Cola para llevar. Ahora estaba m&#225;s contento. Ten&#237;a plena confianza en que estaba cerca de recuperar el control de la situaci&#243;n.



78

Octubre de 2007


A las 18.30 comenz&#243; la cuarta reuni&#243;n informativa de la Operaci&#243;n Dingo. Pero mientras Roy Grace empezaba a leer el resumen a su equipo, vacil&#243;, al ver que Glenn Branson lo miraba de un modo un poco raro y mov&#237;a las ventanas de la nariz, como si intentara enviarle una se&#241;al.

&#191;Alg&#250;n problema? -le pregunt&#243; Grace.

Entonces vio que varias de las personas congregadas en el &#225;rea de trabajo tambi&#233;n parec&#237;an mirarlo de un modo extra&#241;o.

Hueles como a fruta, jefe -dijo Glenn-. Si no te molesta que saque un tema personal no llevas tu colonia habitual, ya me entiendes. &#191;Te has metido o sentado en algo?

Horrorizado, Grace se percat&#243; por d&#243;nde iba el sargento.

Oh, s&#237;, disculpad. Yo Acabo de volver de una clase de adiestramiento para perros. El peque&#241;o cabroncete me vomit&#243; encima en el coche. Cre&#237;a que me hab&#237;a limpiado bien.

Bella Moy meti&#243; la mano en su bolso y le dio a Grace un frasco de perfume en spray.

Esto lo tapar&#225;-le dijo.

Vacilante, se roci&#243; los pantalones, la camisa y la chaqueta.

Ahora hueles a burdel -coment&#243; Norman Potting.

Vaya, muchas gracias -dijo Bella, mir&#225;ndolo indignada.

Pero qu&#233; sabr&#233; yo, naturalmente -farfull&#243; Potting, en un intento pobre por salvar la situaci&#243;n. Luego a&#241;adi&#243;-: Hace poco le&#237; que los coreanos comen perros.

Ya basta, Norman -dijo Roy Grace, serio, y sigui&#243; adelante con la agenda-. De acuerdo, Bella, primero, &#191;puedes informarnos de lo que has averiguado hasta la fecha sobre la estancia en Estados Unidos de Joanna Wilson? Mi hombre no ha conseguido nada.

He hablado con el agente de la fiscal&#237;a del distrito de Nueva York que me sugeriste, Roy. Me ha mandado un e-mail hace una hora donde me cuenta que antes del 11-S todas las cuestiones de inmigraci&#243;n las llevaba la Agencia de Inmigraci&#243;n y Naturalizaci&#243;n. Ahora ya no. Se ha fusionado con el Departamento de Aduanas y ahora se llama Departamento de Seguridad Aduanera e Inmigraci&#243;n. Dice que a menos que entrara con un visado para una estancia prolongada, no constar&#225; ning&#250;n registro. Ha revisado los archivos correspondientes a los a&#241;os noventa y no aparece que entrara en el pa&#237;s con ning&#250;n visado, pero dice que no hay forma de averiguar si fue o no fue a Estados Unidos.

De acuerdo, gracias. Emma-Jane, &#191;qu&#233; progresos has hecho con el &#225;rbol geneal&#243;gico? &#191;Has localizado a alg&#250;n pariente de Joanna Wilson?

Bueno, no parece que tenga demasiados. He encontrado a un hermanastro gay que es todo un personaje. Se hace llamar Mitzi Dufors, rondar&#225; los sesenta a&#241;os, lleva minishorts de cuero con tachuelas y va todo cubierto de piercings. Hace una especie de espect&#225;culo drag queen en un club gay de Brighton. No se deshizo en elogios hacia su difunta hermanastra.

No te puedes fiar de los hombres de mediana edad que llevan minishorts de cuero -intercedi&#243; Norman Potting.

&#161;Norman! -dijo Grace, disparando un tiro de advertencia.

No es que t&#250; seas un gur&#250; de la moda precisamente -replic&#243; Bella.

&#161;Vale, ya basta, los dos! -dijo Grace.

Potting se encogi&#243; de hombros como un ni&#241;o caprichoso.

&#191;Algo m&#225;s que haya dicho su hermanastro?

Dice que Joanna hered&#243; una casita de su madre en Brentwood un a&#241;o antes de irse a Estados Unidos, m&#225;s o menos. Imagin&#243; que hab&#237;a utilizado el dinero de la venta para financiar su carrera de actriz all&#237;.

Deber&#237;amos intentar averiguar de cu&#225;nto dinero hablamos y qu&#233; hizo con &#233;l. Buen trabajo, E-J.

Grace hizo algunas anotaciones y pas&#243; a Branson.

Glenn, &#191;hab&#233;is hablado t&#250; y Bella con los Klinger?

Branson sonri&#243;.

Creo que hemos pillado a Stephen Klinger en un buen momento, despu&#233;s de comer estaba borracho como una cuba y muy hablador. Nos dijo que Joanna no ca&#237;a muy bien a nadie Parece que era una verdadera zorra. Embauc&#243; de lo lindo a Ronnie y a nadie le import&#243; demasiado que lo dejara, o eso pareci&#243; entonces, y se marchara a Estados Unidos. Ha confirmado que Ronnie volvi&#243; a casarse, con Lorraine, despu&#233;s de esperar diligentemente a que se cumpliera el periodo legal por abandono. Cuando Ronnie muri&#243;, Lorraine se qued&#243; desconsolada. Las cosas empeoraron para ella, si era posible, porque la dej&#243; bien jodida econ&#243;micamente hablando. -Grace anot&#243; el dato-. Le embargaron el coche, luego la casa. Parece que Wilson era un pusil&#225;nime. No ten&#237;a nada, ning&#250;n activo. Su viuda acab&#243; desahuciada de su elegante casa en Hove y se traslad&#243; a un piso de alquiler. Un a&#241;o despu&#233;s, en noviembre de 2002, dej&#243; una nota de suicidio y se tir&#243; del ferry de Newhaven a Dieppe. -Hizo una pausa-. Tambi&#233;n hemos ido a ver a la se&#241;ora Klinger, pero m&#225;s o menos ha confirmado lo que nos ha dicho su marido.

&#191;Alg&#250;n pariente ha podido corroborar su estado de &#225;nimo? -pregunt&#243; Grace.

S&#237;, tiene una hermana que es azafata de British Airways. Acabo de contactar con ella, pero estaba trabajando y no pod&#237;a hablar. Hemos quedado ma&#241;ana. Pero tambi&#233;n confirma lo que ha dicho Klinger. Ah, s&#237; Tambi&#233;n dice que llev&#243; a Lorraine a Nueva York en cuanto hubo vuelos otra vez. Estuvieron una semana dando vueltas por la ciudad con una fotograf&#237;a grande de Ronnie. Ellas y miles de personas m&#225;s.

Entonces est&#225; convencida de que Ronnie muri&#243; el 11-S.

Completamente -dijo Glenn-. Estaba en una reuni&#243;n en la Torre Sur con un tipo llamado Donald Hatcook. Todos los del piso de Hatcook fallecieron, instant&#225;neamente casi seguro. -Entonces consult&#243; sus notas-. Me preguntaste por ese t&#237;o, Chad Skeggs.

S&#237;, &#191;qu&#233; has descubierto?

El Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Brighton lo busca para interrogarlo en relaci&#243;n a una acusaci&#243;n de abusos deshonestos a una joven en 1990. La historia de la chica es que salieron de una discoteca y se fueron juntos y que luego &#233;l Je dio una soberana paliza. Podr&#237;a estar relacionado con una pr&#225;ctica sadomasoquista. Es posible que al principio ella accediera y que luego &#233;l no parara. Fue una agresi&#243;n muy fea, acompa&#241;ada de una acusaci&#243;n de violaci&#243;n, pero en ese momento se decidi&#243; que no era de inter&#233;s p&#250;blico viajar a Australia y extraditarlo. No creo que volvamos a verlo por Inglaterra, a menos que sea muy est&#250;pido.

Grace se volvi&#243; hacia el agente Nicholl.

Nick, &#191;qu&#233; informaciones tienes t&#250;?

Bueno -dijo-, la verdad es que es bastante interesante. Despu&#233;s de realizar una b&#250;squeda a nivel nacional sobre Wilson, que no me report&#243; nada que no supi&#233;ramos ya, decid&#237; que era probable que un hombre de negocios como &#233;l, con su elegante casa en Hove 4, tuviera contratado un seguro de vida. Investigu&#233; un poco y descubr&#237; que Ronnie Wilson ten&#237;a un seguro de vida de poco m&#225;s de un mill&#243;n y medio de libras con Norwich Union.

Supongo que su viuda no sab&#237;a nada de esto, &#191;verdad? -dijo Grace.

Creo que s&#237; -dijo Nick Nicholl-. Se lo pagaron entero en marzo de 2002.

&#191;Cuando viv&#237;a en un piso alquilado, tan afligida? -pregunt&#243; Grace.

Hay m&#225;s -dijo el agente-. En julio de 2002, diez meses despu&#233;s de que muriera su marido, Lorraine Wilson recibi&#243; un pago de dos millones y medio de d&#243;lares del fondo de compensaci&#243;n a los familiares de las v&#237;ctimas del 11-S.

Tres meses antes de que se tirara del ferry -dijo Lizzie Mantle.

De que presuntamente se tirara del ferry de Newhaven a Dieppe -dijo Nick Nicholl-. Oficialmente todav&#237;a figura como desaparecida en el registro de la polic&#237;a de Sussex. He revisado el expediente y los investigadores de entonces no estaban del todo convencidos de que se suicidara. Pero el rastro se perdi&#243;.

Dos millones cuatrocientos mil d&#243;lares Con el tipo de cambio de entonces, eso ser&#237;an casi un mill&#243;n setecientas cincuenta mil libras -dijo Norman Potting.

&#191;As&#237; que muri&#243; en la miseria, con m&#225;s de tres millones en el banco? -dijo Bella.

Con esa guita podr&#237;as comprarte un mont&#243;n de Maltesers -le dijo Norman Potting.

Salvo que el dinero no estaba en el banco -dijo Nick Nicholl y levant&#243; dos carpetas-. He logrado obtenerlas un poco m&#225;s deprisa de lo normal, gracias a Steve.

Hizo un gesto de agradecimiento con la mano al agente Mackie, de treinta a&#241;os, sentado m&#225;s adelante en la mesa y vestido con vaqueros y una camisa blanca con el cuello desabotonado.

Mackie hablaba con una autoridad tranquila y desprend&#237;a un aire de orden y eficacia, algo que gustaba a Grace.

Mi hermano trabaja en HSBC, ha agilizado los tr&#225;mites de mi petici&#243;n.

Entonces, Nick Nicholl sac&#243; un fajo de documentos de una de las carpetas.

Todo esto son extractos de las cuentas conjuntas de Ronnie y Lorraine Wilson a partir del a&#241;o 2000. Muestran un descubierto cada vez mayor, con ingresos de peque&#241;as cantidades muy de vez en cuando. -Volvi&#243; a guardarlos en la carpeta y levant&#243; la segunda-. Esto es mucho m&#225;s interesante. Es una cuenta corriente abierta s&#243;lo a nombre de Lorraine Wilson en diciembre de 2001.

Para el dinero del seguro de vida, supongo -dijo Lizzie Mantle.

Nick Nicholl asinti&#243; y Grace qued&#243; impresionado. Normalmente el joven carec&#237;a de confianza en s&#237; mismo, pero ahora parec&#237;a muy seguro.

S&#237;, le ingresaron el dinero en  2002.

&#191;Tan deprisa se lo pagaron? -pregunt&#243; Lizzie Mantle-. Cre&#237;a que si no se hallaba el cuerpo, hab&#237;a que esperar siete a&#241;os para poder declarar oficialmente muerto al desaparecido.

Mientras hablaba, evit&#243; deliberadamente mirar a Roy Grace a los ojos, sabiendo que se trataba de un tema delicado para &#233;l a nivel personal.

Hubo un acuerdo internacional, gracias a una iniciativa del alcalde Giuliani -dijo Steve Mackie-, para no aplicar este periodo de espera a las familias de las v&#237;ctimas del 11-S y acelerar los pagos. Nick Nicholl despleg&#243; varios extractos bancarios delante de &#233;l. La cantidad total del pago por valor de un mill&#243;n y medio de libras hab&#237;a sido retirada en sumas de distinto montante, en met&#225;lico, durante los tres meses siguientes.

&#191;Qu&#233; hizo con el dinero? -quiso saber Grace.

Nick Nicholl levant&#243; las manos.

Su hermana se qued&#243; total y absolutamente patidifusa cuando se lo dije. No pod&#237;a cre&#233;rselo. Me dijo que Lorraine viv&#237;a de lo que le daban ella y los amigos.

&#191;Y qu&#233; hay del pago correspondiente a la compensaci&#243;n del 11-S? -pregunt&#243; Grace.

Se ingres&#243; en su cuenta en julio de 2002. -Nicholl levant&#243; el extracto pertinente-. Y ocurri&#243; lo mismo. El dinero fue retirado en distintas cantidades, en met&#225;lico, entre la fecha del ingreso y unas semanas antes de que dejara la nota de suicidio.

Todos los presentes ten&#237;an el ce&#241;o fruncido. Glenn Branson se dio unos golpecitos en los dientes con un bol&#237;grafo. Lizzie Mantle, ocupada por un momento escribiendo una nota, levant&#243; la vista.

&#191;Y no tenemos ni idea de en qu&#233; se utiliz&#243; todo este dinero? -pregunt&#243;-. &#191;Le dijo a alguien del banco para qu&#233; era? Supongo que algunas preguntas le har&#237;an al retirar toda esa cantidad en met&#225;lico.

El banco tiene la pol&#237;tica de comprobar si los clientes est&#225;n bajo alg&#250;n tipo de coacci&#243;n cuando retiran grandes cantidades de dinero en met&#225;lico -dijo el agente Mackie-. Cuando le preguntaron, dijo que ellos no la hab&#237;an apoyado cuando su marido muri&#243; y que no iba a dejarles el dinero en ese banco ni de co&#241;a.

Una mujer batalladora -coment&#243; Lizzie Mantle.

&#191;No os parece que est&#225; surgiendo una especie de patr&#243;n? -pregunt&#243; Norman Potting-. La primera mujer de Wilson hereda, dice a sus amigos que se va a Estados Unidos y aparece en un desag&#252;e. Luego su segunda mujer hereda y termina en el Canal.

Asintiendo, Grace decidi&#243; que hab&#237;a llegado el momento de a&#241;adir su &#250;ltima informaci&#243;n, cortes&#237;a de Cassian Pewe.

Tal vez esto arroje algo de luz a todo este asunto -dijo-. El mes pasado, la polic&#237;a de Geelong, cerca de Melbourne, Australia, encontr&#243; el cad&#225;ver de una mujer en el maletero de un coche en un r&#237;o. Los informes forenses calculan que llevaba muerta un m&#225;ximo de dos a&#241;os. La mujer se hab&#237;a realizado implantes mamarios que se correspond&#237;an con un lote entregado al hospital Nuffield, aqu&#237; en Woodingdean, en junio de 1997. La receptora de los que coinciden con el n&#250;mero de serie fue Lorraine Wilson.

Hizo una pausa para que el dato calara.

Entonces &#191;qu&#233;? &#191;Fue nadando desde el Canal de la Mancha a Australia y luego subi&#243; por un r&#237;o? -dijo Glenn Branson-. &#191;Con m&#225;s de tres millones en billetes dentro del traje de ba&#241;o?

Y eso no es todo -sigui&#243; Roy Grace-. Estaba embarazada de cuatro meses. La polic&#237;a australiana no encontr&#243; ning&#250;n resultado de ADN positivo en sus registros para poder identificar a la madre ni una correspondencia familiar para el padre y se preguntaron si tal vez habr&#237;a algo en la base de datos de ADN de Reino Unido. Estamos a la espera. Si hay alguna coincidencia, lo sabremos ma&#241;ana, espero.

Houston, parece que tenemos un problema -dijo Norman Potting.

O una pista, quiz&#225; -le corrigi&#243; Grace-. La autopsia de Melbourne indica que la causa probable de la muerte fue por estrangulamiento. Llegaron a esta conclusi&#243;n porque Lorraine Wilson ten&#237;a roto el hueso hioides, el hueso en forma de U en la base del cuello.

La misma causa probable de la muerte de Joanna Wilson -dijo Nick Nicholl.

Recuerdas bien -dijo Grace-. Hoy est&#225;s en plena forma, Nick. &#161;Me alegro de que las noches sin dormir no te hayan quitado agudeza mental!

Nicholl se ruboriz&#243;, parec&#237;a satisfecho de s&#237; mismo.

Ronnie Wilson no se las ha apa&#241;ado mal para estar muerto -dijo Norman Potting-. Consigui&#243; estrangular a su mujer.

No tenemos suficientes pruebas para suponer eso, Norman -dijo Grace, aunque por dentro se preguntaba lo mismo. Mir&#243; su agenda-. De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer. Si se gast&#243; m&#225;s de tres millones de libras en met&#225;lico en pocos meses, alguien lo sabr&#225;. Glenn y Bella, quiero que lo convirt&#225;is en vuestra prioridad. Empezad otra vez con los Klinger. Averiguad todo lo que pod&#225;is sobre los c&#237;rculos que frecuentaban los Wilson. &#191;En qu&#233; se gastaban el dinero? &#191;Apostaban? &#191;Se compraron una casa en el extranjero? &#191;O un barco? Tres millones doscientas cincuenta mil libras es mucho dinero Y m&#225;s a&#250;n hace cinco a&#241;os.

Branson y Bella asintieron.

Steve, &#191;puedes utilizar tu contacto en el banco para averiguar qu&#233; pas&#243; con la herencia de Joanna Wilson? Me hago cargo de que han pasado diez a&#241;os y que es posible que no haya registros. Haz lo que puedas.

Grace hizo una pausa para revisar sus notas, luego prosigui&#243;.

Ma&#241;ana me voy a Nueva York a ver qu&#233; puedo averiguar. Tengo pensado volver al d&#237;a siguiente, el jueves por la noche, y estar aqu&#237; el viernes por la ma&#241;ana. Quiero que vosotros, Norman y Nick, vay&#225;is a Australia.

Potting pareci&#243; m&#225;s contento que unas pascuas con la noticia, pero Nicholl parec&#237;a preocupado.

Ten&#233;is reservado un vuelo para ma&#241;ana por la tarde. Perder&#233;is un d&#237;a y llegar&#233;is a primera hora de la ma&#241;ana del viernes, hora de Melbourne. Podr&#237;as dedicar todo el d&#237;a a la investigaci&#243;n y, con la diferencia horaria, podr&#237;ais informarnos aqu&#237; durante la reuni&#243;n del viernes por la ma&#241;ana. Pareces inquieto por algo, Nick. &#191;No puedes alejarte de tus deberes paternales?

El agente asinti&#243;.

&#191;Te parece bien ir?

Volvi&#243; a asentir, esta vez m&#225;s en&#233;rgicamente.

&#191;Alguno de los dos ha estado en Australia?

Yo no, pero tengo un primo que vive en Perth -dijo Nick Nicholl.

Eso est&#225; casi tan lejos de Melbourne como Brighton -dijo Bella.

&#191;Entonces no me dar&#225; tiempo a visitarle?

No te vas de vacaciones. Vas a trabajar -le reprendi&#243; Grace.

Nick Nicholl asinti&#243;.

A seguir los pasos de una muerta -dijo Norman Potting.

Y tal vez tambi&#233;n los de un muerto, present&#237;a Grace.



79

Octubre de 2007


Roy Grace fue directamente de la reuni&#243;n informativa a su despacho y llam&#243; a Cleo para decirle que llegar&#237;a m&#225;s tarde de lo planeado porque ten&#237;a que terminar unas cosas aqu&#237;, luego ir a casa y preparar una bolsa de viaje.

Hab&#237;a estado en Nueva York en varias ocasiones anteriormente. Hab&#237;a ido un par de veces con Sandy -una para comprar regalos de Navidad y otra por su quinto aniversario de bodas-, pero el resto de las veces hab&#237;a ido por trabajo y siempre disfrutaba visitando la ciudad. Ten&#237;a ganas especialmente de ver a los dos amigos polic&#237;as que ten&#237;a all&#237;, Dennis Baker y Pat Lynch.

Los hab&#237;a conocido hac&#237;a poco m&#225;s de seis a&#241;os cuando, siendo &#233;l inspector, hab&#237;a ido a Nueva York por una investigaci&#243;n de asesinato. Fue dos meses antes del 11-S. Dennis y Pat eran entonces agentes de la polic&#237;a de Nueva York. Trabajaban en la comisar&#237;a de Brooklyn y fueron de los primeros en llegar al escenario del 11-S. Dudaba que hubiera dos hombres m&#225;s capacitados que ellos en todo Nueva York para ayudarle a averiguar la verdad sobre si Ronnie Wilson hab&#237;a fallecido o no ese espantoso d&#237;a.

Cleo no puso problemas, fue todo dulzura y suavidad, ven cuando puedas, le dijo. Y ten&#237;a un premio muy, muy, muy sexy aguard&#225;ndole, le asegur&#243;. Como sab&#237;a por experiencias pasadas lo buenos que eran sus premios sexys, decidi&#243; que merec&#237;a la pena la factura del tinte que le costar&#237;a la sesi&#243;n de adiestramiento canino y v&#243;mitos del peque&#241;o Humphrey.

Centr&#243; su atenci&#243;n primero en sus e-mails. Contest&#243; un par que eran urgentes y decidi&#243; dejar el resto para el viaje en avi&#243;n de ma&#241;ana por la ma&#241;ana.

Luego, justo cuando comenzaba con el papeleo, llamaron a la puerta y, sin esperar respuesta, Cassian Pewe entr&#243; con cara de disgusto. Se plant&#243; delante de la mesa de Grace; llevaba la chaqueta del traje colgada del hombro, el bot&#243;n superior de la camisa desabrochado y la corbata cara aflojada.

Roy, disculpa, perdona que entre as&#237;, pero estoy bastante dolido.

Grace levant&#243; un dedo, termin&#243; de leer un memor&#225;ndum y luego le mir&#243;.

&#191;Dolido? Lo siento. &#191;Por qu&#233;?

Acabo de o&#237;r que vas a mandar al sargento Potting y al agente Nicholl a Melbourne ma&#241;ana. &#191;Es cierto?

S&#237;, absolutamente cierto.

Pewe se dio unos golpecitos con el dedo en el pecho.

&#191;Y yo qu&#233;? Lo he empezado yo. Tendr&#237;a que ser uno de los que va, &#191;no te parece?

Lo siento &#191;Qu&#233; quiere decir que lo has empezado t&#250;? Cre&#237;a que lo &#250;nico que hab&#237;as hecho era atender una llamada de la Interpol.

Roy -dijo con un tono de s&#250;plica que suger&#237;a que Grace era su mejor amigo de toda la vida-, ha sido gracias a mi iniciativa por lo que todo ha avanzado tan deprisa.

Grace asinti&#243;, irritado por la actitud del hombre y la interrupci&#243;n.

S&#237;, y te lo agradezco. Pero debes entender que aqu&#237; en Sussex trabajamos en equipo, Cassian. T&#250; est&#225;s al frente de los casos sin resolver Yo llevo una investigaci&#243;n candente. La informaci&#243;n que me has proporcionado puede sernos de gran ayuda y he tomado nota de tu rapidez.

Ahora l&#225;rgate de aqu&#237; y d&#233;jame seguir trabajando, quiso decirle, pero se call&#243;.

Te lo agradezco. S&#243;lo creo que deber&#237;a ser uno de los miembros del equipo que va a Australia.

Eres m&#225;s &#250;til aqu&#237; -dijo Grace-. Es mi decisi&#243;n.

Pewe lo mir&#243; y, en un ataque de despecho repentino, espet&#243;:

Creo que puedes acabar lament&#225;ndolo, Roy.

Luego sali&#243; furioso del despacho de Grace.



80

Octubre de 2007


El martes por la tarde, a las ocho, Ricky estaba sentado a oscuras en su furgoneta, ocupando de nuevo la misma posici&#243;n estrat&#233;gica en la calle perpendicular al piso de la madre de Abby donde hab&#237;a esperado anteriormente. Desde aqu&#237; pod&#237;a vigilar tanto la entrada delantera como la calle que tendr&#237;a que utilizar si intentaba escabullirse por la salida de incendios de detr&#225;s.

El fr&#237;o comenzaba a calar con fuerza en sus huesos. S&#243;lo quer&#237;a recuperarlo todo, perder de vista a Abby y largarse de este pa&#237;s de mala muerte, g&#233;lido y h&#250;medo e instalarse en un lugar soleado.

Apenas hab&#237;a visto un alma en las tres &#250;ltimas horas. Eastbourne ten&#237;a fama de ser una ciudad de jubilados donde la edad media era muerto o casi muerto. Hoy parec&#237;a que todo el mundo estaba muerto. La luz de las farolas invad&#237;a las aceras vac&#237;as. Qu&#233; desperdicio, joder -pens&#243;-. Alguien deber&#237;a hablarle a esta gente de la huella de carbono.

Abby estaba dentro, calentita junto a su madre. Present&#237;a que esta noche iba a quedarse con ella, pero no se atrev&#237;a a dejar su puesto e ir a buscar un pub para tomar una copa, o tres, hasta estar segura.

Un par de horas antes hab&#237;a captado la se&#241;al del m&#243;vil nuevo de Abby cuando llam&#243; al m&#243;vil nuevo de su madre para probar el tono y el volumen y para que su tel&#233;fono quedara grabado. Ahora, gracias a esa llamada, hab&#237;a podido registrar los n&#250;meros de ambas.

Cuando probaron el aparato, Ricky oy&#243; un televisor de fondo. Parec&#237;a que pon&#237;an un culebr&#243;n, una escena de un hombre y una mujer discutiendo en un coche. As&#237; que la zorra y su madre estaban c&#243;modamente instaladas delante de la tele, en un piso calentito, cargando dos m&#243;viles nuevos que hab&#237;an comprado con el dinero de &#233;l.

El Intercept pit&#243; afanosamente. Abby estaba llamando a residencias de ancianos para encontrar alg&#250;n lugar donde llevar a su madre durante cuatro semanas, hasta que quedara disponible una habitaci&#243;n en el sitio que hab&#237;a elegido.

Estaba interrog&#225;ndoles sobre los cuidados, los m&#233;dicos, los horarios de las comidas, los ingredientes de los platos, el ejercicio, sobre si hab&#237;a piscina, sauna, si estaban cerca de una carretera principal o en un lugar tranquilo, con jardines sin barreras arquitect&#243;nicas, &#191;hab&#237;a ba&#241;os privados? Su lista era interminable. Minuciosa. Como hab&#237;a aprendido, muy a su pesar, era una zorra minuciosa.

&#191;Y de qui&#233;n era el dinero que iba a pagar todo aquello?

Escuch&#243; a Abby mientras concertaba citas para ir a ver tres sitios por la ma&#241;ana. Supuso que no se llevar&#237;a a su madre. Que no habr&#237;a olvidado que ten&#237;a que pasar el cerrajero.

Cuando acabara con ella, no ser&#237;a una residencia lo que iba a necesitar. Ser&#237;a un velatorio.



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Octubre de 2007


A las 8.20 de la ma&#241;ana siguiente, el inspector Stephen Curry, acompa&#241;ado por el sargento Ian Brown, entr&#243; en la peque&#241;a sala de reuniones del bloque de detenci&#243;n situado detr&#225;s de Sussex House. En la mano llevaba las notas informativas del d&#237;a, que consist&#237;an en un resumen completo de todos los delitos prioritarios que hab&#237;an tenido lugar en el distrito durante las &#250;ltimas veinticuatro horas.

A ellos se uni&#243; el sargento Morley y el segundo sargento del primer turno, una agente bajita y fornida llamada Mary Gregson que llevaba el pelo muy corto y salvaje y mostraba un entusiasmo a&#250;n m&#225;s salvaje por su trabajo.

Se pusieron manos a la obra de inmediato. Curry comenz&#243; repasando todos los incidentes m&#225;s graves: un episodio racista horrible, en el que un estudiante musulm&#225;n hab&#237;a recibido una paliza delante de un local de comida para llevar que abr&#237;a toda la noche en Park Road, Coidean, mientras regresaba a la universidad; un accidente de tr&#225;fico mortal entre un motociclista y un peat&#243;n en Lewes Road; un atraco con violencia en Broadway en Whitehawk; y un joven que hab&#237;a recibido una paliza en Preston Park en un incidente hom&#243;fobo.

Los revis&#243; todos exhaustivamente, analizando las &#225;reas que supon&#237;an una amenaza, asegur&#225;ndose, en su jerga, de no cometer ninguna cagada que el comisario pudiera echarle en cara en la reuni&#243;n de las 9.30.

Despu&#233;s pasaron a las denuncias actuales de personas desaparecidas en el distrito y acordaron las l&#237;neas de investigaci&#243;n. Mary aport&#243; los detalles sobre una fianza que ten&#237;an que cargar hoy y record&#243; a Curry que ten&#237;a una reuni&#243;n a las once con un abogado de la fiscal&#237;a para hablar sobre un sospechoso al que hab&#237;an detenido acusado de realizar una serie de tirones de bolsos ocurridos durante los turnos anteriores.

Entonces, de repente, el inspector record&#243; algo m&#225;s.

John Ayer te habl&#233; de una mujer en Kemp Town a la que hab&#237;a que visitar. No lo he visto en la lista &#191;C&#243;mo se llamaba? Katherine Jennings. &#191;Alg&#250;n seguimiento?

De repente, Morley se ruboriz&#243;.

Vaya, Dios m&#237;o, lo siento, jefe. No he hecho nada. Entr&#243; el incidente de Gemma Buxton y Lo siento Le di prioridad m&#225;xima. Lo pondr&#233; en la planificaci&#243;n y enviar&#233; a alguien esta misma ma&#241;ana.

Bien -dijo Curry, luego volvi&#243; a consultar la hora. Mierda. Eran casi las 9.05. Se levant&#243; de un salto-. Nos vemos luego.

P&#225;salo bien con el director -dijo Mary con una sonrisa picara.

S&#237;, tal vez hoy seas el preferido del profe -dijo Morley.

&#191;Con alguien tan desmemoriado como t&#250; en el equipo? -replic&#243;-. No lo creo.



82

Octubre de 2007


Ricky durmi&#243; de manera irregular, dando cabezadas despu&#233;s de premiarse con varias pintas de cerveza en un pub abarrotado del paseo mar&#237;timo y despert&#225;ndose sobresaltado cada vez que ve&#237;a unas luces u o&#237;a un veh&#237;culo, o pasos, o una puerta que se cerraba. Se sent&#243; en el asiento del copiloto para no parecer un conductor borracho si aparec&#237;a alg&#250;n polic&#237;a pregunt&#243;n y s&#243;lo sali&#243; de la furgoneta un par de veces para orinar en un callej&#243;n.

A las seis de la ma&#241;ana, todav&#237;a de noche, condujo en busca de una cafeter&#237;a para desayunar y regres&#243; a su puesto de observaci&#243;n al cabo de una hora.

&#191;C&#243;mo demonios se hab&#237;a metido en esta situaci&#243;n?, se preguntaba una y otra vez. &#191;C&#243;mo se hab&#237;a dejado enga&#241;ar por esa zorra? S&#237;, hab&#237;a jugado con mucha inteligencia, acerc&#225;ndose a &#233;l, jugando a la perfecci&#243;n a la putita caliente. Dej&#225;ndole que le hiciera todo lo que quiso y fingiendo disfrutar. Tal vez hubiera disfrutado de verdad, pero todo el tiempo hab&#237;a estado sonsac&#225;ndole informaci&#243;n sutilmente. Las mujeres eran listas, sab&#237;an c&#243;mo manipular a los hombres.

Hab&#237;a cometido el maldito error de cont&#225;rselo, porque quiso presumir. Crey&#243; que la impresionar&#237;a.

Pero en lugar de eso, una noche que llevaba una turca de tres pares de narices, ella lo desplum&#243; y se larg&#243;. Necesitaba recuperarlo todo desesperadamente. Sus finanzas estaban en n&#250;meros rojos, estaba hasta el cuello de deudas y el negocio no funcionaba. &#201;sta era su &#250;nica oportunidad. Le hab&#237;a ca&#237;do del cielo y ella se la hab&#237;a arrebatado y hab&#237;a huido.

Pero ten&#237;a una cosa a su favor: el mundo al que se hab&#237;a fugado era m&#225;s peque&#241;o de lo que ella pensaba. Cualquier persona a la que recurriera, con lo que pose&#237;a, har&#237;a preguntas. Muchas preguntas. Sospechaba que Abby ya hab&#237;a comenzado a averiguarlo, raz&#243;n por la cual a&#250;n no se hab&#237;a marchado de aqu&#237;. Y ahora sus problemas se hab&#237;an acentuado con la llegada de &#233;l a Brighton.

A las 9.30 un taxi local de Eastbourne par&#243; delante de la puerta del bloque de pisos. El conductor se baj&#243; y llam&#243; al timbre. Un par de minutos despu&#233;s, Abby apareci&#243;. Sola.

Bien.

Perfecto.

Se dirig&#237;a a la primera de las tres citas que hab&#237;a concertado para esta ma&#241;ana en las residencias. Y dejaba a mam&#225; sola, con las instrucciones estrictas, sin duda, de no abrir la puerta a nadie excepto al cerrajero.

Observ&#243; mientras sub&#237;a y el taxi arrancaba. No se movi&#243;. Sab&#237;a lo impredecibles que eran las mujeres y que pod&#237;a volver perfectamente dentro de cinco minutos a buscar algo que hab&#237;a olvidado. Dispon&#237;a de mucho tiempo. Abby estar&#237;a fuera una hora y media como m&#237;nimo, y probablemente tres o m&#225;s. S&#243;lo deb&#237;a tener un poquito m&#225;s de paciencia para asegurarse de que no hubiera moros en la costa.

Luego, no todo ir&#237;a r&#225;pido.



83

Octubre de 2007


Glenn Branson llam&#243; al timbre y retrocedi&#243; un par de pasos para que la c&#225;mara de seguridad pudiera echarle un buen vistazo. La verja de hierro forjado se movi&#243; bruscamente un par de veces y luego comenz&#243; a abrirse despacio. El sargento volvi&#243; a entrar en el coche, cruz&#243; dos pilares de ladrillo imponentes y sigui&#243; hasta el camino de entrada circular, los neum&#225;ticos crujiendo sobre la gravilla. Se detuvo detr&#225;s de un Mercedes deportivo y un Clase S plateados, aparcados uno junto al otro.

Est&#225; bien este sitio, &#191;no te parece? -coment&#243;-. Mercedes a juego para &#233;l y para ella y todo eso.

Bella Moy asinti&#243;, empezaba a recuperar el color. La manera de conducir de Glenn la aterrorizaba. Le ca&#237;a bien y no quer&#237;a ofenderle, pero si hubiera podido coger el autob&#250;s para volver al despacho, o caminar descalza sobre carb&#243;n caliente, lo habr&#237;a hecho.

La casa palaciega era en parte de estilo georgiano de imitaci&#243;n y en parte templo griego, con un p&#243;rtico de columnas que ocupaba toda la fachada. Ari se morir&#237;a por un lugar as&#237;, pens&#243; Glenn. Era curioso, porque cuando se casaron no parec&#237;a en absoluto que le interesara el dinero. Todo eso cambi&#243; m&#225;s o menos cuando Sammy, que ahora ten&#237;a ocho a&#241;os, empez&#243; a ir al colegio. Sin duda la culpa la ten&#237;a conversar con otras madres, ver sus coches elegantes, ir a sus casas ostentosas.

Pero residencias como &#233;sta tambi&#233;n le fascinaban a &#233;l. A Glenn le parec&#237;a que las casas ten&#237;an aura. Hab&#237;a muchas otras en esta zona, y en otras partes de la ciudad, igual de grandes y chic, pero daban la impresi&#243;n de estar habitadas por gente normal y decente. S&#243;lo de vez en cuando se ve&#237;a un lugar como aqu&#233;l, que por alg&#250;n motivo parec&#237;a demasiado ostentoso y emit&#237;a se&#241;ales, queriendo o sin querer, de que no hab&#237;a sido adquirido con dinero honrado.

&#191;Te gustar&#237;a vivir aqu&#237;, Bella? -pregunt&#243;.

Podr&#237;a acostumbrarme. -La mujer sonri&#243;, luego pareci&#243; un poco nost&#225;lgica.

&#201;l la mir&#243; de reojo. Era una mujer mona, de rostro alegre debajo de la cabellera casta&#241;a y no llevaba anillo en el dedo anular. Siempre vest&#237;a con poca gracia, como si no le interesara sacarse el mejor partido, y &#233;l se mor&#237;a por hacerle un cambio de imagen. Hoy llevaba una blusa blanca debajo de un sencillo jersey de pico azul marino, pantalones de lana negros, zapatos negros y robustos y un abrigo corto verde de lana gruesa.

Nunca hablaba de su vida privada y Glenn se preguntaba a menudo qui&#233;n la esperaba cuando llegaba a casa. &#191;Un hombre, una mujer, compa&#241;eros de piso? Uno de sus colegas hab&#237;a dicho en una ocasi&#243;n que Bella cuidaba de su madre anciana, pero ella nunca hab&#237;a mencionado nada al respecto.

No recuerdo d&#243;nde vives -le dijo mientras bajaban del coche. Una r&#225;faga de viento levant&#243; los faldones de su abrigo beige.

En Hangleton -contest&#243; ella.

Eso.

Encajaba, en cierto modo. Hangleton era un barrio residencial, pl&#225;cido y agradable, situado al este de la ciudad, dividido por una autopista y un campo de golf. Ten&#237;a muchas casitas y bungalows y jardines bien cuidados. Era exactamente la clase de zona tranquila y segura en la que podr&#237;a vivir una mujer con su madre anciana. De repente, vio en su mente la imagen de una Bella triste en casa, cuidando de una se&#241;ora enferma y fr&#225;gil, masticando Maltesers como sustitutivo de cualquier otro tipo de vida. Como una mascota encerrada y compungida.

Volvi&#243; a llamar al timbre y los recibi&#243; una criada filipina que los condujo por un invernadero de c&#237;tricos de techo alto, con vistas a terrazas de c&#233;spedes, una piscina infinita y una cancha de tenis.

Les se&#241;al&#243; unos sillones dispuestos en torno a una mesita de caf&#233; de m&#225;rmol y les ofreci&#243; bebidas. Entonces entraron Stephen y Sue Klinger.

Stephen era un hombre alto, delgado y de aspecto bastante fr&#237;o y unos cuarenta y muchos a&#241;os. Ten&#237;a el pelo ondulado y canoso peinado severamente hacia atr&#225;s y las mejillas cubiertas de venas violetas. Llevaba un traje de raya diplom&#225;tica y mocasines caros y mir&#243; su reloj justo despu&#233;s de estrechar la mano a Branson.

Me temo que debo irme dentro de diez minutos -dijo con voz dura y anodina, muy distinta a la del Stephen Klinger al que hab&#237;an interrogado ayer en su despacho despu&#233;s de un almuerzo muy pesado, evidentemente.

Ning&#250;n problema, se&#241;or, s&#243;lo tenemos algunas preguntas r&#225;pidas m&#225;s para usted y algunas para la se&#241;ora Klinger. Les agradecemos que nos hayan hecho un hueco para vernos otra vez.

Volvi&#243; a lanzar una mirada de admiraci&#243;n a Sue Klinger y ella sonri&#243; con picard&#237;a, como si se diera cuenta. Era una mujer muy guapa: cuarenta y pocos a&#241;os, un forma estupenda, vestida con un ch&#225;ndal de dise&#241;o marr&#243;n de algod&#243;n cepillado y deportivas que parec&#237;an reci&#233;n salidas de la caja. Y ten&#237;a una mirada muy seductora, con la que coincidi&#243; dos veces muy seguidas y luego hizo todo lo posible por evitar, abriendo su libreta, decidiendo centrarse en los ojos de Stephen Klinger, que ser&#237;an m&#225;s f&#225;ciles de interpretar.

La criada entr&#243; con caf&#233; y agua.

&#191;Puedo recapitular, se&#241;or? &#191;Cu&#225;nto tiempo hac&#237;a que eran amigos usted y Ronnie Wilson? -pregunt&#243; Branson.

Los ojos de Klinger se movieron hacia la izquierda, un poquito.

Vamos &#205;bamos Desde los dieciocho o diecinueve a&#241;os -contest&#243;-. Unos veintisiete No, treinta a&#241;os, Aproximadamente.

Para verificarlo otra vez, Glenn dijo:

Ayer nos dijo que su relaci&#243;n con su primera mujer, Joanna, fue dif&#237;cil, pero que con Lorraine le fue mejor.

De nuevo, los ojos de Klinger se movieron un poquito a la izquierda antes de hablar.

Se trataba de un experimento neuroling&#252;&#237;stico que Glenn conoc&#237;a gracias a Roy Grace y que a veces le resultaba de gran ayuda cuando evaluaba si alguien dec&#237;a la verdad en un interrogatorio. El cerebro humano estaba dividido en dos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Uno almacenaba la memoria a largo plazo, mientras que en el otro ten&#237;an lugar los procesos creativos. Cuando se formulaba una pregunta, la gente siempre mov&#237;a los ojos hacia el hemisferio que estaba utilizando. En algunas personas, la memoria se almacenaba en el hemisferio derecho y en otras, en el izquierdo; el hemisferio creativo ser&#237;a el opuesto.

As&#237; que ahora sab&#237;a que cuando los ojos de Stephen Klinger se movieran hacia la izquierda en respuesta a una pregunta, se mover&#237;an al lado de la memoria, lo que significaba que probablemente estar&#237;a diciendo la verdad. Por lo tanto, si sus ojos se mov&#237;an hacia la derecha, significaba que probablemente estar&#237;a mintiendo. No era una t&#233;cnica infalible, pero pod&#237;a ser un buen indicador.

Inclin&#225;ndose hacia delante, mientras la criada le serv&#237;a una taza con su platito y una jarrita de leche de porcelana, Branson dijo:

En su opini&#243;n, se&#241;or, &#191;cree que Ronnie Wilson habr&#237;a sido capaz de matar a sus esposas?

La mirada de sorpresa de Klinger fue aut&#233;ntica. Igual que la reacci&#243;n tard&#237;a de su mujer. Mientras contestaba, los ojos de Stephen permanecieron fijos.

No, Ronnie no. Ten&#237;a temperamento, pero -Se encogi&#243; de hombros, negando con la cabeza.

Ten&#237;a buen coraz&#243;n -a&#241;adi&#243; Sue-. Le gustaba cuidar de sus amigos. No lo creo No, rotundamente, no lo creo.

Tenemos una informaci&#243;n que nos gustar&#237;a compartir con ustedes, en confianza, por el momento, aunque emitiremos un comunicado de prensa dentro de unos d&#237;as.

Branson mir&#243; a Bella, como ofreci&#233;ndole la oportunidad de hablar, pero ella le hizo un gesto para indicarle que estaba encantada de dejarle continuar.

Glenn se sirvi&#243; un poco de leche en el caf&#233; y dijo:

Parece que Joanna Wilson nunca lleg&#243; a Estados Unidos. El viernes encontramos su cad&#225;ver en un desag&#252;e en el centro de Brighton. Llevaba all&#237; bastante tiempo y parece que la estrangularon.

Ahora los dos parec&#237;an verdaderamente estupefactos.

&#161;Mierda! -dijo Sue.

&#191;Es la que sali&#243; en el Argus el lunes? -pregunt&#243; Stephen.

Bella asinti&#243;.

&#191;Est&#225;n diciendo que que Ronnie tuvo algo que ver? -pregunt&#243;.

Si me permite continuar un momento, se&#241;or -insisti&#243; Branson-, ayer supimos que tambi&#233;n se ha hallado el cuerpo de Lorraine Wilson.

Sue Klinger se qued&#243; blanca.

&#191;En el Canal?

No, en un r&#237;o a las afueras de Melbourne, en Australia.

Los dos Klinger se quedaron mir&#225;ndolo en silencio, anonadados. En alg&#250;n lugar de la casa, un tel&#233;fono empez&#243; a sonar. Nadie se movi&#243; para contestar. Glenn bebi&#243; caf&#233;.

&#191;En Melbourne? -dijo al final Sue Klinger-. &#191;En Australia?

&#191;C&#243;mo diablos fue a parar del Canal de la Mancha a Australia? -pregunt&#243; Stephen, totalmente desconcertado.

El tel&#233;fono dej&#243; de sonar.

La autopsia ha demostrado que s&#243;lo llevaba dos a&#241;os muerta, se&#241;or. As&#237; que parece ser que no se suicid&#243; lanz&#225;ndose al Canal en 2002.

&#191;Entonces lo que hizo fue tirarse a un r&#237;o en Australia? -dijo Stephen.

Creo que no -contest&#243; Glenn-. Ten&#237;a el cuello roto y la encontraron dentro del maletero de un coche. -No revel&#243; el resto de la informaci&#243;n que ten&#237;a.

Los Klinger estaban sentados muy quietos, asimilando la impresi&#243;n que les hab&#237;a causado lo que acababan de escuchar. Al final, Stephen rompi&#243; el silencio.

&#191;Qui&#233;n lo hizo? &#191;Por qu&#233;? &#191;Est&#225;n diciendo que a Joanna y Lorraine las mat&#243; la misma persona?

Por ahora no lo sabemos. Pero existen ciertas similitudes en la forma como fueron asesinadas las dos.

&#191;Qui&#233;n? &#191;Qui&#233;n matar&#237;a a Joanna y luego a Lorraine? -pregunt&#243; Sue. Comenz&#243; a dar vueltas y vueltas a una pulsera de oro que llevaba en la mu&#241;eca, nerviosa.

&#191;Estaban ustedes al corriente de que Joanna Wilson hered&#243; una casa de su madre, que vendi&#243; poco antes de morir?

pregunt&#243; Glenn-. Se embols&#243; una cantidad de ciento setenta y cinco mil libras aproximadamente. Ahora estamos intentando averiguar qu&#233; pas&#243; con ese dinero.

Seguramente sirvi&#243; para pagar las deudas de Ronnie en cuanto se lo ingresaron en la cuenta -dijo Stephen-. El muy cabr&#243;n me ca&#237;a bien, pero no era muy inteligente con el dinero, ya me entiende. Siempre andaba en tejemanejes, pero nunca consegu&#237;a que nada le saliera del todo bien. Quer&#237;a ser un pez gordo y sus capacidades no daban para tanto.

Eres un poco duro, Steve -coment&#243; Sue, que gir&#243; la cabeza para mirar a su marido-. Ronnie ten&#237;a buenas ideas. -Mir&#243; a los dos polic&#237;as y se dio unos golpecitos en la cabeza-. Ten&#237;a imaginaci&#243;n. Una vez invent&#243; un instrumento para extraer el aire de las botellas de vino abiertas. Estaba en tr&#225;mites para patentarlo cuando ese &#191;c&#243;mo se llama? Sali&#243; el Vacu-Vin y arras&#243; en el mercado.

S&#237;, pero el Vacu-Vin era de pl&#225;stico -dijo Stephen-. Ronnie hizo el suyo de lat&#243;n, el muy est&#250;pido. Cualquiera podr&#237;a haberle dicho que los metales reaccionan con el vino.

T&#250; mismo dijiste entonces que era una idea inteligente, &#191;no?

S&#237;, pero no habr&#237;a invertido en ning&#250;n negocio que dirigiera Ronnie. Lo hice dos veces y las dos veces se fue a pique. -Se encogi&#243; de hombros-. Para que un negocio funcione hace falta m&#225;s que una buena idea. -Mir&#243; su reloj y pareci&#243; un poco nervioso.

Se&#241;or y se&#241;ora Klinger -dijo Bella-, &#191;sab&#237;an ustedes que Lorraine hab&#237;a recibido una cantidad de dinero importante unos meses antes de que, al parecer, decidiera acabar con su vida?

Sue neg&#243; en&#233;rgicamente con la cabeza.

Imposible. Yo habr&#237;a sido la primera en saberlo. Ronnie la dej&#243; en un l&#237;o terrible, a la pobre. Tuvo que volver a trabajar en Gatwick. No le conced&#237;an ning&#250;n cr&#233;dito por todos los juicios que hab&#237;a contra Ronnie, ni siquiera pudo reunir dinero suficiente para comprarse un coche. Una vez incluso le dej&#233; algunos cientos de libras para que pudiera apa&#241;&#225;rselas.

Bueno, tal vez esto les pille por sorpresa a ambos -dijo Glenn-, pero Ronnie Wilson hab&#237;a contratado un seguro de vida con Norwich Union que pag&#243; algo m&#225;s de un mill&#243;n y medio de libras a Lorraine Wilson en marzo de 2002.

Su sorpresa era palpable. Luego Branson la acentu&#243;.

Adem&#225;s, en julio de 2002, la se&#241;ora Wilson recibi&#243; un pago de casi dos millones y medio de d&#243;lares del fondo de compensaci&#243;n del 11-S. Alrededor de un mill&#243;n setecientas cincuenta mil libras al cambio en aquel entonces.

Hubo un silencio largo.

No me lo creo. No me lo creo, lo siento -Sue neg&#243; con la cabeza-. S&#233; que cuando desapareci&#243; los polic&#237;as que vinieron a hablar con nosotros no parec&#237;an del todo convencidos de que se hubiera suicidado saltando del barco. No nos dijeron por qu&#233;. Tal vez supieran algo que nosotros no sab&#237;amos. Pero Stephen y yo, y todos sus amigos, est&#225;bamos convencidos de que hab&#237;a muerto y nadie ha vuelto a saber nada de ella.

Si lo que dicen es verdad, eso -Stephen Klinger call&#243; a media frase.

Lo retir&#243; todo en met&#225;lico, en distintas cantidades, entre el momento en que recibi&#243; el dinero y su desaparici&#243;n en noviembre de 2002 -dijo Bella.

&#191;En met&#225;lico? -repiti&#243; Stephen Klinger.

&#191;Saben ustedes si los Wilson, o Ronnie m&#225;s probablemente, estaban siendo chantajeados por alguien? -pregunt&#243; Glenn.

Lorraine y yo est&#225;bamos muy unidas -dijo Sue-. Creo que me lo habr&#237;a dicho, ya sabe, que habr&#237;a confiado en m&#237;.

&#161;Como confi&#243; en usted para contarle lo de los tres millones doscientas cincuenta mil libras!, pens&#243; Glenn.

De repente, Stephen Klinger levant&#243; un dedo.

Hay una cosa Es posible que Ronnie le hubiera ense&#241;ado. Le gustaba comerciar con sellos.

&#191;Sellos? -dijo Glenn-. &#191;Sellos de correos, quiere decir?

Stephen asinti&#243;.

De los caros. Siempre los cambiaba por dinero. Cre&#237;a que de esta forma a Hacienda le costar&#237;a m&#225;s trabajo controlarle.

M&#225;s de tres millones de libras ser&#237;an much&#237;simos sellos -dijo Bella.

Stephen neg&#243; con la cabeza.

No necesariamente. Recuerdo que un d&#237;a en un pub Ronnie abri&#243; su cartera y me ense&#241;&#243; un sello, protegido con papel de seda, por el que hab&#237;a pagado cincuenta mil libras. Cre&#237;a que ten&#237;a un comprador dispuesto a pagarle sesenta mil por &#233;l. Pero conociendo su mala suerte, seguramente acab&#243; sacando cuarenta mil.

&#191;Tiene idea de d&#243;nde comerciaba el se&#241;or Wilson con sus sellos?

Hay algunos comerciantes locales con los me dijo que trabajaba para cosas peque&#241;as. S&#233; que a veces iba a un lugar llamado Hawkes en Queen's Road. Y a uno o dos sitios en Londres, y tambi&#233;n en Nueva York. Ah, s&#237;, y sol&#237;a hablar de un comerciante importante que trabaja desde casa No recuerdo su nombre, s&#243;lo que estaba en la esquina de Dyke Road. Alguien de Hawkes podr&#225; decirle c&#243;mo se llama.

Glenn apunt&#243; la informaci&#243;n.

Lo que s&#237; me coment&#243; es que se trataba de un mundo muy peque&#241;o en las altas esferas del negocio. Si un comerciante consegu&#237;a una gran venta, el resto se enteraban. As&#237; que si Lorraine se gast&#243; todo ese dinero en sellos, alguien se acordar&#225;.

Y si los vendi&#243;, supongo que tambi&#233;n habr&#225; alguien que se acuerde -dijo Bella.



84

Octubre de 2007


Era el primer d&#237;a de patrulla de Duncan Troutt como polic&#237;a hecho y derecho. Se sent&#237;a bastante orgulloso, con confianza y, en realidad, un poco nervioso por si la fastidiaba.

Con su metro setenta y cinco de estatura y menos de 65 kilos de peso, ten&#237;a una complexi&#243;n delgada, pero sab&#237;a cuidar de s&#237; mismo. Fan de las artes marciales desde hac&#237;a a&#241;os, hab&#237;a obtenido un mont&#243;n de certificados en kickboxing, taekwondo y kung-fu.

Su novia, Sonia, le hab&#237;a regalado un p&#243;ster enmarcado que dec&#237;a: Aunque ande por valles tenebrosos, no temer&#233; mal alguno, porque soy el hijo de puta m&#225;s mezquino del valle.

Ahora mismo, a las diez de la ma&#241;ana, el hijo de puta m&#225;s mezquino del valle se encontraba en el cruce de Marine Parade con Arundel Road, en el extremo este de Brighton y Hove. No era exactamente un valle, ni siquiera una peque&#241;a hondonada, en realidad. En estos momentos, las calles estaban tranquilas. Dentro de una hora m&#225;s o menos, comenzar&#237;an a aparecer los drogadictos. Una estad&#237;stica que a la oficina de turismo de la ciudad no le gustaba anunciar era que Brighton ten&#237;a el mayor n&#250;mero de consumidores de drogas inyectables -y de muertes por sobredosis- per c&#225;pita del Reino Unido. Hab&#237;an advertido a Troutt que una cantidad desproporcionadamente alta de yonquis parec&#237;a habitar en su turno.

La radio cruji&#243; y oy&#243; su se&#241;al de llamada. Contest&#243; con emoci&#243;n y oy&#243; la voz del sargento Morley

&#191;Todo bien, Duncan?

S&#237;, jefe. De momento todo bien, jefe.

La zona que deb&#237;a patrullar Troutt abarcaba del paseo mar&#237;timo de Kemp Town hasta la urbanizaci&#243;n de viviendas subvencionadas de Whitehawk, donde resid&#237;an, hist&#243;ricamente, algunas de las familias m&#225;s peligrosas y violentas de la ciudad, adem&#225;s de mucha gente honrada. El laberinto de calles dispuestas en terrazas que hab&#237;a en medio conten&#237;a el mundo marginal de pensiones y hoteles baratos, una comunidad residencial urbana pr&#243;spera, incluida una de las mayores comunidades gays del Reino Unido, y decenas de restaurantes, pubs y tiendas independientes m&#225;s peque&#241;as. Tambi&#233;n era el hogar de varias escuelas, adem&#225;s del hospital de la ciudad.

Necesito que pases a ver a una persona que nos preocupa. Nos han informado de una mujer que presenta un estado de angustia. -Entonces le explic&#243; resumidamente las circunstancias.

Troutt sac&#243; su libreta nueva y anot&#243; el nombre, Katherine Jennings, y su direcci&#243;n.

Es una orden del inspector y creo que viene de alguien de la c&#250;pula, ya me entiendes.

Por supuesto, jefe. Estoy muy cerca Ahora mismo voy.

Con una urgencia nueva en su zancada, camin&#243; por la borrascosa Marine Parade y gir&#243; a la izquierda alej&#225;ndose del paseo mar&#237;timo.

La direcci&#243;n correspond&#237;a a un bloque de pisos de ocho plantas y hab&#237;a un cami&#243;n de una constructora aparcado en doble fila en la calle, as&#237; como una furgoneta de una empresa de ascensores. Pas&#243; por delante de un Ford Focus que ten&#237;a una multa de aparcamiento en el parabrisas, cruz&#243; y subi&#243; hasta la puerta, donde se apart&#243; a un lado para dejar pasar a dos hombres que entraban una placa de yeso grande. Luego mir&#243; el panel de timbres. En el n&#250;mero veintinueve no figuraba ning&#250;n nombre. El agente llam&#243;. No obtuvo respuesta.

Al final del panel estaba el timbre de la conserjer&#237;a, pero como la puerta estaba sujeta con una cu&#241;a para que no se cerrara decidi&#243; entrar. Hab&#237;a un cartel de No funciona pegado en la puerta del ascensor, as&#237; que fue por las escaleras y subi&#243; con cuidado pisando los pl&#225;sticos, un poco molesto porque los zapatos que hab&#237;a limpiado cuidadosamente anoche estaban llen&#225;ndose de polvo. Oy&#243; martillazos y golpes y el sonido de un taladro justo encima de &#233;l y en el quinto piso tuvo que superar una pista de obst&#225;culos hecha con materiales de construcci&#243;n.

Sigui&#243; subiendo y lleg&#243; a la octava planta. La puerta del piso de Katherine Jennings quedaba justo delante de &#233;l. Al ver las tres cerraduras, junto con la mirilla, le entr&#243; curiosidad. Dos no era nada extra&#241;o, como hab&#237;a aprendido al visitar casas que hab&#237;an sufrido varios robos en las zonas m&#225;s conflictivas de Brighton, pero tres era excesivo. Las mir&#243; con m&#225;s detenimiento y observ&#243; que todas parec&#237;an s&#243;lidas.

A usted le preocupa algo, se&#241;ora, pens&#243; para s&#237; mientras llamaba al timbre.

No hubo respuesta. Lo intent&#243; un par de veces m&#225;s, esperando pacientemente, luego decidi&#243; ir a hablar con el conserje.

Cuando lleg&#243; al peque&#241;o vest&#237;bulo de abajo, vio que estaban entrando dos hombres. Uno ten&#237;a unos treinta a&#241;os, porte agradable, y llevaba un mono con las palabras Mantenimiento Stanwell grabadas en el bolsillo del pecho y un cintur&#243;n de herramientas. El otro era un hombre de aspecto d&#237;scolo de unos sesenta a&#241;os, con un peto sobre una sudadera mugrienta. Sujetaba un m&#243;vil antiguo y ten&#237;a una u&#241;a negra.

El trabajador ofreci&#243; a Troutt una sonrisa de desconcierto.

Vaya, &#161;qu&#233; r&#225;pido han venido!

El hombre mayor levant&#243; el tel&#233;fono.

Acabo de llamar hace, &#191;qu&#233;?, &#161;menos de un minuto! -Su acento gutural hizo que la frase sonara como una queja.

&#191;A m&#237;?

&#161;Por el ascensor!

Lo siento -dijo Troutt-. &#191;Qui&#233;n es usted?

El conserje.

Me temo que he venido por otro asunto -dijo Troutt-. Pero estar&#233; encantado de intentar ayudarle si me cuenta el problema.

Es muy sencillo -dijo el t&#233;cnico joven-. Alguien ha manipulado el mecanismo del ascensor. Lo han estropeado. Saboteado. Y la alarma y el tel&#233;fono del ascensor Los cables est&#225;n cortados.

Ahora Troutt le prest&#243; toda su atenci&#243;n. El agente sac&#243; su libreta.

&#191;Podr&#237;a darme m&#225;s detalles?

Puedo ense&#241;&#225;rselo, maldita sea. &#191;C&#243;mo anda de conocimientos t&#233;cnicos?

Troutt se encogi&#243; de hombros.

P&#243;ngame a prueba.

Tengo que llevarle a la sala de m&#225;quinas para ense&#241;&#225;rselo.

De acuerdo. Pero primero tengo que hablar con este caballero un momento.

El t&#233;cnico asinti&#243;.

Voy a mover la furgoneta. Los guardias de aqu&#237; son como la Gestapo.

Mientras se alejaba, Troutt se dirigi&#243; al conserje.

Tiene una inquilina en el piso 82, Katherine Jennings.

Es nueva. S&#243;lo lleva unas semanas. Contrato corto.

&#191;Puede contarme algo sobre ella?

No hablo mucho con ella, menos domingo, cuando se qued&#243; encerrada en ascensor. Tiene mucho dinero, lo s&#233; por alquiler.

&#191;Qui&#233;n cree que destroz&#243; el ascensor? &#191;Unos gamberros? &#191;O tiene algo que ver con ella?

El conserje se encogi&#243; de hombros.

Creo que &#233;se no quiere reconocer que hay problema mec&#225;nico. &#191;Quiz&#225; protege a &#233;l o empresa?

Troutt asinti&#243;, pero no entr&#243; en ese juego. Se formar&#237;a su propia opini&#243;n al respecto despu&#233;s de visitar la sala de m&#225;quinas con el t&#233;cnico.

Entonces, &#191;no sabe c&#243;mo se gana la vida?

El conserje neg&#243; con la cabeza.

&#191;Est&#225; casada? &#191;Tiene hijos?

Vive sola.

&#191;Tiene idea de sus movimientos?

Yo estoy otro lado de edificio, no veo a inquilinos de esta ala si no tienen problemas. &#191;Tiene problemas con polic&#237;a?

No, no es nada de eso. -Sonri&#243; al hombre para tranquilizarlo-. Deber&#237;a presentarme, soy el agente Troutt. Soy uno de los polic&#237;as de barrio. -Sac&#243; una tarjeta.

El conserje la cogi&#243; y la mir&#243; con recelo, como si fuera de un vendedor de ventanas dobles.

Espero que venga por aqu&#237; viernes y s&#225;bados noche, tarde. Viernes pasado noche unos cabrones incendiaron cubo de basura -refunfu&#241;&#243;.

S&#237;, bueno, justamente de eso trata esta iniciativa -dijo el joven agente con seriedad. -Creer&#233; cuando veo.



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Octubre de 2007


Eh, viejo, &#191;ya has despegado?

Grace, en calcetines en la terminal sur del aeropuerto de Gatwick, vio aparecer sus zapatos en la cinta al otro lado del esc&#225;ner. Con el m&#243;vil pegado a la oreja, contest&#243;:

De momento, s&#243;lo mis malditos zapatos. Me cabrea, todo esto -explic&#243;-. Cada vez que vuelas tienes que quitarte m&#225;s ropa, joder. &#161;S&#243;lo porque un lun&#225;tico intent&#243; prender fuego a sus cordones har&#225; como cinco a&#241;os! Y tengo que facturar la bolsa, porque es demasiado grande seg&#250;n la nueva normativa, lo que significa que voy a tener que esperar a que salga. &#161;Vaya p&#233;rdida de tiempo!

O sea que has tenido mala noche, &#191;no?

Grace sonri&#243; al recordar la noche tan dulce que hab&#237;a pasado con Cleo.

En realidad, no. Ha sido mucho mejor que la noche anterior. No he tenido que aguantar la mierda de un tipejo triste cont&#225;ndome sus penas.

&#191;Y el perro no volvi&#243; a vomitarte encima? -contest&#243; el sargento, haciendo caso omiso a la indirecta.

Grace, que se hab&#237;a puesto traje porque quer&#237;a tener un aspecto formal cuando llegara a Nueva York, se esforz&#243; por atarse el zapato derecho mientras sujetaba el tel&#233;fono pegado a la oreja. Dej&#243; de intentarlo de pie y se sent&#243;.

No, s&#243;lo dej&#243; una caca en el suelo.

&#191;Est&#225;s bien, t&#237;o? Tu voz suena apagada.

Estoy bien, intento ponerme los zapatos. &#191;Llamas por algo importante o s&#243;lo es una charla para socializar?

&#191;Qu&#233; sabes sobre sellos? -pregunt&#243; Branson.

&#191;De primera o segunda clase?

Muy gracioso.

S&#233; un poquito sobre los British Colonials -dijo Grace- Mi padre los coleccionaba, sobres de primer d&#237;a. Sol&#237;a comprarme cuando era peque&#241;o. No val&#237;an nada. Mi madre me pidi&#243; que llevara toda la colecci&#243;n a una tienda filat&#233;lica cuando muri&#243;, no me dieron ni dos duros por ellos. Si est&#225;s pensando en tener un hobby, prueba a coleccionar mariposas O &#191;qu&#233; me dices de observar trenes?

&#161;S&#237;, s&#237;! &#191;Has terminado?

Grace gru&#241;&#243;.

Escucha, Bella y yo acabamos de estar con los Klinger, &#191;vale? Ese dinero, todas esas transacciones que hizo Lorraine Wilson, los tres millones y pico de libras, &#191;sabes? Creo que es posible que comprara sellos.

&#191;En serio?

De repente, Grace dej&#243; de atarse el zapato y se concentr&#243;. Pensaba en la conversaci&#243;n que hab&#237;a mantenido con Terry Biglow el martes.

S&#237;. Stephen Klinger me ha dicho que es un mundillo peque&#241;o, el comercio de sellos caros. Que todo el mundo se conoce y eso.

&#191;Te ha dado una lista de comerciantes de la ciudad?

Algunos nombres, s&#237;.

Escucha, Glenn: cuando das con un grupo muy reducido, la gente intenta cerrar filas, para protegerse tanto a s&#237; misma como a cualquier persona sobre la que den informaci&#243;n. As&#237; que ve y destr&#243;zales, &#191;entendido?

Aj&#225;.

Di que se trata de una investigaci&#243;n de asesinato, y que si retienen cualquier informaci&#243;n podr&#237;amos acabar acus&#225;ndoles de encubrimiento. D&#233;jaselo bien claro.

S&#237;, jefe. Que tengas un vuelo agradable. Saluda a la Gran Manzana de mi parte. Divi&#233;rtete.

Te mandar&#233; una postal.

No olvides el sello.



86

Octubre de 2007


Bella llam&#243; por radio a uno de los miembros de la Operaci&#243;n Dingo al centro de investigaciones y le pidi&#243; que recopilara una lista completa de todas las tiendas de sellos del &#225;rea de Brighton y Hove. Luego, con Glenn al volante otra vez, se dirigieron a Queens Road a ver al comerciante que hab&#237;a mencionado Stephen Klinger.

Justo pasada la estaci&#243;n, Hawkes parec&#237;a uno de esos lugares que llevaban toda la vida all&#237;. Ten&#237;a ese tipo de escaparates que no cambiaban nunca, sino al que iba a&#241;adi&#233;ndose algo de vez en cuando. Estaba lleno de cajas con colecciones de monedas, medallas, sobres de primer d&#237;a en sobres de pl&#225;stico y postales antiguas.

Corrieron dentro, para protegerse de la llovizna que arreciaba, y vieron a dos mujeres de unos treinta a&#241;os que podr&#237;an ser hermanas, las dos de pelo claro y guapas, muy lejos de la imagen que Branson ten&#237;a en mente de un comerciante de sellos. Hab&#237;a imaginado que la filatelia era un territorio de hombres bastante raritos.

Las mujeres estaban sumidas en una conversaci&#243;n y no prestaron atenci&#243;n a los polic&#237;as, como si estuvieran acostumbradas a los curiosos que les hac&#237;an perder el tiempo. Glenn y Bella recorrieron la tienda, esperando educadamente a que terminaran. Dentro, el local a&#250;n estaba m&#225;s abarrotado. Gran parte del suelo estaba ocupado por mesas de caballetes en las que hab&#237;a cajas de cart&#243;n llenas de postales antiguas picantes y viejas escenas de Brighton.

Las mujeres dejaron de hablar de repente y se volvieron para mirarles. Branson sac&#243; su placa.

Soy el sargento Branson del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex y ella es mi compa&#241;era, la sargento Moy. Nos gustar&#237;a hablar un momento con el propietario. &#191;Es una de ustedes?

S&#237; -dijo la que parec&#237;a mayor, con voz agradable, pero ligeramente reservada-. Soy Jacqueline Hawkes. &#191;De qu&#233; se trata?

&#191;Le dicen algo los nombres de Ronnie y Lorraine Wilson?

Pareci&#243; sorprendida y lanz&#243; una mirada a la otra mujer.

&#191;Ronnie Wilson? Mam&#225; sol&#237;a comerciar con &#233;l hace unos a&#241;os. Le recuerdo bien. Entraba y sal&#237;a a menudo, para regatear. Muri&#243;, &#191;verdad? En el 11-S, creo recordar.

S&#237; -dijo Bella, que no quer&#237;a revelar m&#225;s informaci&#243;n.

&#191;Era un comerciante importante? &#191;De alto nivel? -pregunt&#243; Branson-. Ya sabe, de sellos muy raros.

Ella neg&#243; con la cabeza.

Con nosotros no. Nosotros no comerciamos demasiado en el mercado de sellos caros, no disponemos de ese tipo de material. En realidad, s&#243;lo somos una tienda normal.

&#191;Hasta qu&#233; valores comercian?

Cosas peque&#241;as, en su mayor&#237;a. No manejamos sellos con un valor superior a unos cientos de libras. A menos que venga alguien con una ganga evidente, entonces tal vez subamos un poco.

&#191;Alguna vez vino Lorraine Wilson? -pregunt&#243;.

Jacqueline se qued&#243; pensando un momento, luego asinti&#243;.

S&#237;, s&#237; que vino, no recuerdo exactamente cu&#225;ndo. No mucho despu&#233;s de que &#233;l muriera, creo que ser&#237;a. Ten&#237;a algunos sellos de su marido que quer&#237;a vender. Se los compramos, no fue una gran cantidad, s&#243;lo unos cientos de libras; hablo de memoria.

&#191;Alguna vez le habl&#243; de comerciar con cantidades mucho mayores? &#191;Gastar una suma importante de dinero?

&#191;De qu&#233; suma importante de dinero estamos hablando?

Cientos de miles.

Ella neg&#243; con la cabeza.

Nunca.

Si alguien viniera a verla para que le comprara algo, varios cientos de miles de libras en sellos, digamos, &#191;qu&#233; har&#237;a usted?

Le dirigir&#237;a a una casa de subastas de Londres o a un comerciante especializado &#161;y esperar&#237;a que fuera lo bastante decente como para darme una peque&#241;a comisi&#243;n!

&#191;A qui&#233;n le enviar&#237;a en esta zona?

Ella se encogi&#243; de hombros.

S&#243;lo hay una persona en Brighton que comercie a ese nivel. Se llama Hugo Hegarty. Ya debe de tener sus a&#241;itos, pero s&#233; que todav&#237;a comercia.

&#191;Tiene su direcci&#243;n?

S&#237;. Se la buscar&#233;.


Dyke Road, que describ&#237;a una curva perfecta hasta Dyke Road Avenue, se extend&#237;a como una espina dorsal desde cerca del centro de la ciudad hasta donde empezaban los Downs, y serv&#237;a de frontera entre Brighton y Hove. Aparte de un par de secciones en las que estaba flanqueada de tiendas, oficinas y restaurantes, la mayor parte de la calle era residencial, con casas que se volv&#237;an progresivamente m&#225;s chic a medida que se alejaban del centro de la ciudad.

Para alivio de Bella, el tr&#225;fico era denso, lo que oblig&#243; a Glenn a conducir a paso de tortuga. Leyendo los n&#250;meros de las casas, dijo:

Ya estamos, a la izquierda.

Hab&#237;a un camino de entrada que parec&#237;a un s&#237;mbolo de estatus casi obligatorio en este barrio. Pero, a diferencia de la residencia de los Klinger, no hab&#237;a verja el&#233;ctrica, s&#243;lo una de madera que no parec&#237;a haberse cerrado en a&#241;os. La entrada estaba atestada de coches, as&#237; que Branson aparc&#243; fuera, subiendo dos ruedas a la acera, consciente de que obstru&#237;a el carril bici pero incapaz de hacer mucho m&#225;s.

Entraron en la finca, rozando un BMW descapotable antiguo, un Saab m&#225;s viejo incluso, un Aston Martin DB7 gris y mugriento y dos Volkswagen Golf. Se pregunt&#243; si Hegarty tambi&#233;n comerciaba con coches adem&#225;s de sellos.

Se resguardaron en el porche y llamaron al timbre. Cuando se abri&#243; la imponente puerta de roble, Glenn Branson reaccion&#243; con retraso. El hombre que les atendi&#243; era clavado a uno de sus actores preferidos de todos los tiempos, Richard Harris.

Se qued&#243; tan pasmado que por un momento no le salieron las palabras mientras buscaba su placa.

El hombre ten&#237;a uno de esos rostros curtidos a los que Glenn le costaba poner edad. Pod&#237;a estar entre los sesenta y cinco y los setenta y muchos. Su pelo, m&#225;s cerca del blanco que del gris, era largo y lo llevaba bastante despeinado, y vest&#237;a un jersey de criquet encima de una camisa de sport y pantalones de ch&#225;ndal.

Somos el sargento Branson y la sargento Moy del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex -dijo Glenn-. Nos gustar&#237;a hablar con el se&#241;or Hegarty &#191;Es usted?

Depende de a qu&#233; se&#241;or Hegarty est&#233;n buscando -dijo el hombre con una sonrisa claramente evasiva-. &#191;A uno de mis hijos o a m&#237;?

Al se&#241;or Hugo Hegarty -dijo Bella.

Soy yo. -Mir&#243; su reloj-. Dentro de veinte minutos tengo que ir a jugar al tenis.

S&#243;lo ser&#225;n unos minutos, se&#241;or -dijo ella-. Queremos hablar con usted sobre alguien con quien creemos que comerciaba hace unos a&#241;os, Ronnie Wilson.

Hegarty entrecerr&#243; los ojos y de repente pareci&#243; muy preocupado.

Ronnie. &#161;Dios bendito! &#191;Saben que muri&#243;?

Hugo Hegarty dud&#243; antes de retroceder unos pasos y decir, en un tono un poco m&#225;s afable:

&#191;Quieren pasar? Hace un d&#237;a horrible.

Entraron en un pasillo largo, de paredes de roble y con &#243;leos espl&#233;ndidos colgados. Luego siguieron a Hegarty hasta un estudio con paneles parecidos y un sof&#225; capiton&#233; de piel color carmes&#237; y un sill&#243;n reclinable a juego. Las ventanas de cristales emplomados ten&#237;an vistas a una piscina, un c&#233;sped amplio ribeteado con arbustos oto&#241;ales y parterres pelados, y el tejado de la casa del vecino aparec&#237;a detr&#225;s de la valla de tablones de madera. Justo en el piso de arriba se o&#237;a el rugido de un aspirador.

Era una habitaci&#243;n ordenada. Hab&#237;a estanter&#237;as cargadas con lo que parec&#237;an trofeos de golf y muchas fotograf&#237;as encima del escritorio. Una era de una mujer guapa de pelo plateado, seguramente la mujer de Hegarty, y otras de dos chicos y dos chicas adolescentes y un beb&#233;. Junto al cartapacio de la mesa descansaba una lupa enorme.

Hegarty les se&#241;al&#243; el sof&#225; y se sent&#243; en la punta del sill&#243;n.

Pobre Ronnie. Un asunto horrible, lo que pas&#243;. Qu&#233; mala suerte estar all&#237; ese d&#237;a. -Solt&#243; una risa nerviosa-. Bueno, &#191;en qu&#233; puedo ayudarles?

Branson se fij&#243; que en las estanter&#237;as hab&#237;a una hilera de cat&#225;logos de sellos Stanley Gibbons gruesos y pesados y una docena o m&#225;s de otros cat&#225;logos.

Es por una investigaci&#243;n que estamos llevando a cabo que tiene ciertas conexiones con el se&#241;or Wilson -contest&#243;-. Nos han dicho que usted comercia con sellos valiosos. &#191;Es correcto, se&#241;or?

Hegarty asinti&#243;, luego arrug&#243; la cara como quit&#225;ndole importancia al tema.

Quiz&#225; ya no lo sean tanto. El mercado est&#225; muy dif&#237;cil. Ahora me dedico m&#225;s a los inmuebles, los valores y las acciones que a los sellos. Pero todav&#237;a manejo algunos, me gusta estar al d&#237;a.

Ten&#237;a un tic en el ojo y a Branson le gust&#243;. Richard Harris tambi&#233;n, formaba parte de la gran magia que desprend&#237;a el actor.

&#191;Dir&#237;a usted que sus negocios con el se&#241;or Wilson fueron importantes?

Hegarty se encogi&#243; de hombros.

Bastante, pero intermitentes a lo largo de los a&#241;os. No era nada f&#225;cil negociar con Ronnie, usted ya me entiende.

&#191;En qu&#233; sentido?

Bueno, ya sabe, la procedencia de alg&#250;n material era dudosa, hablando en plata. Siempre he procurado proteger mi reputaci&#243;n, usted ya me entiende.

Branson tom&#243; nota.

&#191;Quiere decir que le daba la sensaci&#243;n de que algunos de sus tratos no eran honrados?

Algunas de las cosas que me ofrec&#237;a no las habr&#237;a comprado ni regaladas. A veces me preguntaba de d&#243;nde sacaba los sellos que me tra&#237;a y si realmente hab&#237;a pagado lo que dec&#237;a por ellos. -Se encogi&#243; de hombros-. Pero conoc&#237;a bastante bien el negocio y a veces tambi&#233;n le vend&#237; buen material. Siempre pagaba en met&#225;lico y en el acto. Pero -Su voz se apag&#243; y sacudi&#243; la cabeza con desaprobaci&#243;n-. Para serle sincero, debo decir que no era mi cliente preferido. Yo intento cuidar a la gente con la que hago negocios. Siempre digo lo mismo: puedes comerciar con alguien un mill&#243;n de veces, pero s&#243;lo puedes joderle una vez.

Glenn sonri&#243;, pero no dijo nada m&#225;s.

Bella intent&#243; que la conversaci&#243;n avanzara.

Se&#241;or Hegarty, &#191;alguna vez la se&#241;ora Wilson, la se&#241;ora Lorraine Wilson, contact&#243; con usted despu&#233;s de que Ronnie muriera?

Hegarty dud&#243; un segundo, y sus ojos se movieron con cautela de un polic&#237;a al otro, como si de repente el riesgo de hablar fuera mayor.

S&#237; -contest&#243; con decisi&#243;n.

&#191;Puede contarnos por qu&#233; se puso en contacto con usted?

Bueno, supongo que ahora ya no importa, tambi&#233;n muri&#243; hace tiempo. Pero me hizo prometer que no dir&#237;a nada, &#191;sabe?

Recordando las instrucciones que le hab&#237;a dado Grace, Branson le explic&#243; la situaci&#243;n al hombre con la m&#225;xima discreci&#243;n.

Estamos investigando un asesinato, se&#241;or Hegarty. Necesitamos tener toda la informaci&#243;n que pueda facilitarnos.

Hegarty pareci&#243; horrorizado.

&#191;Un asesinato? No ten&#237;a ni idea. Vaya por Dios. &#191;Qui&#233;n? &#191;Qui&#233;n es la v&#237;ctima?

Me temo que de momento no puedo revel&#225;rselo.

No, claro, por supuesto -dijo Hegarty. Se hab&#237;a quedado blanco-. A ver, d&#233;jenme queme organice.-Se qued&#243; un momento pensando-. La cuesti&#243;n es que vino a verme, supongo que ser&#237;a hacia febrero o marzo de 2002, o tal vez abril, puedo consultarlo en mis archivos. Me dijo que su marido hab&#237;a dejado much&#237;simas deudas al morir y que le hab&#237;an quitado todo el dinero que ten&#237;a y embargado la casa. Me pareci&#243; un poco cruel, francamente, perseguir de esa forma a una viuda. -Los mir&#243; como buscando apoyo, pero no obtuvo ninguna reacci&#243;n-. Me dijo que acababa de descubrir que cobrar&#237;a un dinero del seguro de vida y le asustaba que sus acreedores tambi&#233;n se quedaran con &#233;l. Al parecer, figuraba como cofirmante en varias garant&#237;as personales. As&#237; que quer&#237;a convertirlo en sellos, porque pens&#243; que ser&#237;an m&#225;s f&#225;ciles de esconder, y ten&#237;a raz&#243;n. Creo que lo sab&#237;a por su marido.

&#191;De cu&#225;nto dinero estamos hablando? -pregunt&#243; Bella.

Bueno, la primera partida fue de un mill&#243;n y medio de libras, m&#225;s o menos. Y luego recibi&#243; la misma cantidad, o un poco m&#225;s incluso, unos meses despu&#233;s, del fondo de compensaci&#243;n del 11-S, seg&#250;n me explic&#243;.

Branson se alegr&#243; de que las cantidades coincidieran con su informaci&#243;n. Suger&#237;a que Hegarty dec&#237;a la verdad.

&#191;Y le pidi&#243; que lo convirtiera todo en sellos? -le pregunt&#243;.

Suena m&#225;s f&#225;cil de lo que fue -dijo-. Ese tipo de gasto llama la atenci&#243;n, &#191;saben? As&#237; que le serv&#237; de pantalla para realizar las compras. Repart&#237; el dinero por el mundo de los sellos, dije que estaba comprando para un coleccionista an&#243;nimo. No es inusual. De unos a&#241;os para ac&#225; los chinos se han vuelto locos por los sellos de calidad; lo &#250;nico malo es que algunos comerciantes les cuelan basura. -Levant&#243; un dedo aleccionador-. Incluso algunos de los comerciantes m&#225;s respetados.

&#191;Podr&#237;a proporcionarnos una lista de todos los sellos que le vendi&#243; a la se&#241;ora Wilson? -pregunt&#243; Bella.

Empezar&#237;a despu&#233;s del partido de tenis. Podr&#237;a tenerlo esta tarde sobre la hora del t&#233;. &#191;Les parece bien?

Perfecto -dijo Branson.

Y lo que nos ser&#237;a sumamente &#250;til -a&#241;adi&#243; Bella- es que pudiera darnos una lista de todas las personas que dispusieran del dinero para comprarlos m&#225;s adelante, cuando la se&#241;ora Wilson necesitara dinero en efectivo.

Puedo darles los nombres de los comerciantes -dijo-. Y de algunos coleccionistas privados como yo. No somos tantos como antes. Me temo que bastantes de mis viejos amigos de este mundo ya han muerto.

&#191;Conoce alg&#250;n comerciante o coleccionista en Australia? -pregunt&#243; Bella.

&#191;En Australia? -Frunci&#243; el ce&#241;o-. S&#237;, espere un momento. Por supuesto, hab&#237;a alguien a quien Ronnie conoc&#237;a de Brighton que emigr&#243; all&#237;, har&#225; algunos a&#241;os, a mediados de los noventa. Se llamaba Skeggs, Chad Skeggs. Siempre ha comerciado a lo grande. Dirige un servicio de venta por correo desde Melbourne. Me manda un cat&#225;logo de vez en cuando.

&#191;Alguna vez le ha comprado algo? -pregunt&#243; Glenn.

Hegarty neg&#243; con la cabeza.

No, no es de fiar. Una vez me tim&#243;. Le compr&#233; unos sellos australianos anteriores a 1913, creo recordar, pero no estaban ni mucho menos en el estado que me dijo por tel&#233;fono. Cuando me quej&#233;, me dijo que lo demandara. -Hegarty levant&#243; las manos, desesperado-. No merec&#237;a la pena por lo que hab&#237;a pagado y &#233;l lo sab&#237;a. Unas dos mil libras, las costas legales habr&#237;an ascendido a m&#225;s. Me asombra que el tipo siga en el negocio.

&#191;Se le ocurre alguien m&#225;s en Australia? -pregunt&#243; Bella.

Les dir&#233; qu&#233; voy a hacer, les dar&#233; una lista completa esta tarde. &#191;Quieren volver sobre las cuatro?

Estupendo, gracias, se&#241;or -dijo Branson.

Mientras se levantaban, Hegarty se inclin&#243; hacia delante para hablarles con complicidad, como para que s&#243;lo le escucharan ellos.

Supongo que no podr&#225;n ayudarme -dijo-. Har&#225; un par de d&#237;as me pill&#243; uno de sus radares, en Old Shoreham Road. No podr&#237;an hablar con alguien, &#191;verdad?

Branson lo mir&#243;, estupefacto.

Me temo que no, se&#241;or.

Ah, bueno, no se preocupe. Era por preguntar, nada m&#225;s.

Les ofreci&#243; una sonrisa arrepentida.



87

Octubre de 2007


Abby iba en el asiento trasero del taxi, releyendo un mensaje nuevo que acababa de recibir. Le levant&#243; el &#225;nimo y la hizo sonre&#237;r. Recuerda Trabaja como si no necesitaras el dinero. Ama como si nunca te hubieran hecho da&#241;o. Baila como si nadie te mirara.

El conductor tambi&#233;n le levant&#243; el &#225;nimo. Antes era boxeador, le cont&#243;. Nunca lleg&#243; a profesional, pero ahora entrenaba un poco para fomentar el deporte entre los j&#243;venes. Ten&#237;a la cara aplastada t&#237;pica de los boxeadores, pens&#243; ella, como si se hubiera dado un golpe contra una pared de hormig&#243;n en alg&#250;n momento de su vida, en plena cara, a ciento sesenta kil&#243;metros por hora. Mientras volv&#237;an de la tercera residencia que hab&#237;a visitado aquella ma&#241;ana, el taxista le cont&#243; que su anciana madre ten&#237;a problemas de salud, pero que no pod&#237;a permitirse uno de estos centros.

A Abby no se le ocurri&#243; ninguna cita para responder el mensaje, as&#237; que simplemente escribi&#243;: &#161;Pronto! Estoy impaciente. Te echo muuuucho de menos. Besos!.

Pasaban unos minutos de la una de la tarde cuando se detuvieron delante del bloque de pisos de su madre. Abby mir&#243; a su alrededor para comprobar si ve&#237;a a Ricky, pero parec&#237;a que no hab&#237;a moros en la costa. Le pidi&#243; al conductor que esperara y no parara el tax&#237;metro. Los dos primeros lugares que hab&#237;a visto esta ma&#241;ana eran horribles, pero el tercero estaba bien y, lo que era m&#225;s importante, parec&#237;a seguro. Lo mejor de todo era que dispon&#237;a de plazas libres. Abby decidi&#243; que iba a llevar a su madre all&#237; ahora mismo.

Lo &#250;nico que ten&#237;a que hacer era meter algunas cosas en una bolsa. Sab&#237;a que su madre era muy lenta, pero ya se encargar&#237;a ella y la har&#237;a salir deprisa. A su madre tal vez no le gustara, pero tendr&#237;a que aguantarse unas semanas. Al menos all&#237; estar&#237;a segura. Abby no pod&#237;a confiar indefinidamente en los servicios de su nueva cuidadora, la temible Doris, cuyo apellido ni siquiera conoc&#237;a.

Con su madre a salvo, podr&#237;a poner en acci&#243;n el plan que hab&#237;a estado ideando durante las &#250;ltimas horas. La primera parte consist&#237;a en alejarse de all&#237; tanto como fuera posible. La segunda era encontrar a una persona de quien pudiera fiarse. Pero tendr&#237;a que confiar en ella a ciegas.

&#191;En cu&#225;ntos desconocidos pod&#237;a confiar para que le guardaran todo lo que ten&#237;a en el mundo y no se largaran como hab&#237;a hecho ella?

El taxista parec&#237;a buena gente. Ten&#237;a la sensaci&#243;n de que podr&#237;a confiar en &#233;l si era necesario. Pero &#191;podr&#237;a mantener a raya a Ricky &#233;l solo, o necesitar&#237;a a un par de personas? Esto significaba que estar&#237;a depositando su confianza en alguien a quien conoc&#237;a desde hac&#237;a treinta minutos y en otras personas a las que no hab&#237;a visto nunca. Era un riesgo demasiado grande despu&#233;s de todo lo que hab&#237;a pasado para llegar hasta aqu&#237;.

En estos momentos, sin embargo, no contaba con muchas m&#225;s opciones. Hab&#237;a pagado por adelantado tres meses del alquiler del piso y s&#243;lo hab&#237;a transcurrido uno, y se hab&#237;a comido gran parte de sus reservas de efectivo. Y el mes por adelantado de la habitaci&#243;n de su madre en la residencia Bexhill Lawns que hab&#237;a desembolsado esta ma&#241;ana no ayudaba. Le quedaba cr&#233;dito suficiente en la tarjeta para arregl&#225;rselas durante un par de meses, si se alojaba en un hotel barato. Despu&#233;s, tendr&#237;a que echar mano a sus recursos. Y para hacerlo, deb&#237;a eludir a Ricky.

Agradeci&#243; a Dios la suerte de no haberlos transferido todav&#237;a a su reci&#233;n adquirida caja de seguridad.

Deber&#237;a haberse dado cuenta, por todo lo que sab&#237;a de Ricky, de que era un genio de la electr&#243;nica. Una noche se jact&#243; de tener trabajando para &#233;l a la mitad de los recepcionistas de los mejores hoteles de Melbourne y Sydney. Le pasaban las llaves de pl&#225;stico de las habitaciones de los clientes al t&#233;rmino de su estancia. Esas llaves conten&#237;an los detalles de sus tarjetas de cr&#233;dito y las direcciones de sus casas. Le cont&#243; que ten&#237;a una persona que le compraba la informaci&#243;n de buena gana y la estafa o, mejor dicho, el servicio de datos, como le gustaba denominarlo a &#233;l, le reportaba mucho m&#225;s dinero que su negocio legal.

Abri&#243; la puerta y recorri&#243; el pasillo hasta el piso de su madre. La hab&#237;a llamado dos veces para comprobar que estuviera bien. La primera, en torno a las diez y media, su madre le dijo que el cerrajero hab&#237;a telefoneado para decir que llegar&#237;a a las once. Y la segunda vez, hac&#237;a media hora, le dijo que el hombre ya estaba all&#237;.

Abby se qued&#243; abatida al descubrir que todav&#237;a pod&#237;a abrir la puerta con su llave. Y lo m&#225;s preocupante era que no hab&#237;a rastro alguno de que hubiera pasado por all&#237; ning&#250;n cerrajero. Llam&#243; a su madre angustiada, luego cruz&#243; el pasillo y entr&#243; en el sal&#243;n.

Asombrada, vio que hab&#237;an quitado la alfombra. La alfombra roja que recordaba de su infancia, de donde ayer limpi&#243; el arroz con leche, hab&#237;a desaparecido; lo &#250;nico que quedaba eran unos parches de fieltro gastado sobre las tablas rugosas y desnudas del suelo.

Por un momento, todo su mundo se tambale&#243; mientras intentaba establecer una conexi&#243;n entre el cambio de la cerradura y la necesitad de quitar una alfombra. Algo iba mal.

&#161;Mam&#225;! &#161;&#161;&#161;Mam&#225;!!! -grit&#243;, por si su madre estaba en la cocina, o en el ba&#241;o, o en el dormitorio.

&#191;D&#243;nde estaba Doris? &#191;Acaso no hab&#237;a prometido que se quedar&#237;a toda la ma&#241;ana aqu&#237; con ella?

Pas&#243; corriendo por todas las habitaciones, cada vez m&#225;s aterrada. Luego sali&#243; del piso como una exhalaci&#243;n, subi&#243; las escaleras de dos en dos y llam&#243; al timbre del apartamento de Doris. Despu&#233;s golpe&#243; la puerta con el pu&#241;o.

Al cabo de lo que pareci&#243; una eternidad, oy&#243; el repiqueteo familiar de la cadena de seguridad y, como antes, la puerta se abri&#243; unos cent&#237;metros. Doris, con sus enormes gafas negras, mir&#243; con cautela, luego le ofreci&#243; una sonrisa acogedora y abri&#243; m&#225;s la puerta.

&#161;Hola, querida!

Abby se sinti&#243; aliviada al instante por la alegr&#237;a del saludo y por un momento tuvo la seguridad de que Doris iba a decirle que su madre hab&#237;a subido aqu&#237;, a su piso.

Hola, s&#243;lo me preguntaba si sab&#237;a qu&#233; est&#225; pasando abajo.

&#191;Con el cerrajero?

As&#237; que el hombre hab&#237;a ido.

S&#237;.

Bueno, est&#225; haciendo el trabajo, querida. Parece un joven encantador. &#191;Ocurre algo?

&#191;Ha comprobado su identificaci&#243;n, como le dije?

S&#237;, querida, ten&#237;a una tarjeta de la empresa. Me he llevado la lupa para estar segura de poder leerla. Cerrajer&#237;a Eastbourne, &#191;verdad?

En ese momento, el tel&#233;fono de Abby comenz&#243; a sonar. Mir&#243; la pantalla y vio que era el n&#250;mero nuevo de su madre. Volvi&#243; a mirar a Doris.

De acuerdo, gracias.

Doris levant&#243; un dedo.

Se me quema algo en el horno, querida. Vuelve a subir si me necesitas.

Abby contest&#243; la llamada mientras Doris cerraba la puerta.

Oy&#243; la voz de su madre, pero sonaba temblorosa y extra&#241;a y entrecortada, como si leyera un guion.

Abby -le dijo-. Ricky quiere hablar contigo. Voy a pas&#225;rtelo. Por favor, haz exactamente lo que te diga.

Entonces la llamada muri&#243;.

Abby volvi&#243; a telefonear fren&#233;ticamente. Le salt&#243; el buz&#243;n de voz. Luego, casi al instante, recibi&#243; otra llamada. En la pantalla apareci&#243;: N&#250;mero privado.

Era Ricky.



88

Octubre de 2007


&#191;D&#243;nde est&#225; mi madre? -grit&#243; Abby al tel&#233;fono antes de que &#233;l tuviera ocasi&#243;n de hablar-. &#191;D&#243;nde est&#225;, cabr&#243;n?

&#191;D&#211;NDE EST&#193;?

Detr&#225;s de ella se abri&#243; una puerta y un anciano mir&#243; fuera, luego volvi&#243; a cerrarla con fuerza.

Consternada a posteriori por haber sido tan est&#250;pida como para dejar a su madre con aquella anciana, Abby corri&#243; hacia la intimidad relativa del hueco de la escalera.

Quiero hablar con ella ahora. &#191;D&#243;nde est&#225;?

Tu madre est&#225; bien, Abby -contest&#243; &#233;l-. Est&#225; muy c&#243;moda enrolladita en la alfombrita, por si te preguntabas d&#243;nde hab&#237;a ido a parar.

Con el tel&#233;fono pegado a la oreja, baj&#243; las escaleras, entr&#243; en el piso de su madre y cerr&#243; la puerta. Sigui&#243; caminando hasta el sal&#243;n, mirando el suelo desnudo que se vislumbraba a trav&#233;s del fieltro. Las l&#225;grimas rodaban por su cara. Estaba temblando, comenzaba a sentirse desconectada, los primeros s&#237;ntomas de que iba a tener un ataque de p&#225;nico.

Voy a llamar a la polic&#237;a, Ricky -le dijo-. Ya no me importa nada. &#191;De acuerdo? Voy a llamar a la polic&#237;a ahora mismo.

Creo que no, Abby -dijo con tranquilidad-. Creo que eres demasiado lista para hacer eso. &#191;Qu&#233; vas a decirles? &#191;Le rob&#233; a este hombre todo lo que ten&#237;a y ahora me ha encontrado y se ha llevado a mi madre de reh&#233;n? Tienes que ser capaz de explicar las cosas, Abby. Hoy en d&#237;a, en el mundo occidental, con todas las regulaciones de blanqueo de dinero, hay que ser capaz de aportar una explicaci&#243;n para todas las posesiones y cantidades de dinero importantes. &#191;C&#243;mo podr&#225;s explicar lo que tienes, con tu sueldo de camarera en un bar de Melbourne?

Ya no me importa, Ricky. &#191;De acuerdo? -Volvi&#243; a gritar al tel&#233;fono.

Hubo un silencio breve.

Oh, creo que s&#237; te importa -dijo &#233;l entonces-. No me hiciste lo que me hiciste por un impulso repentino. Lo planeasteis a conciencia, t&#250; y Dave, &#191;verdad? &#191;Hubo alguna postura que no te dijera para follar conmigo, o acaso s&#243;lo fui yo el que acab&#243; jodido?

Esto no tiene nada que ver con mi madre. Tr&#225;ela de vuelta. Tr&#225;ela aqu&#237; y hablaremos.

No, tr&#225;eme t&#250; todo lo que me quitaste y entonces hablaremos.

El ataque de p&#225;nico estaba empeorando. Engull&#237;a grandes bocanadas de aire. Le ard&#237;a la cabeza. Se sent&#237;a como medio flotando fuera de su ser, como si su cuerpo fuera a derrumbarse sobre ella. Se tambale&#243;, se dio un golpe con el sof&#225;, se agarr&#243; desesperadamente a uno de los brazos, luego se balance&#243; y se sent&#243; atolondrada.

Voy a colgar -dijo con la voz entrecortada-, y voy a llamar a la polic&#237;a.

Pero justo cuando pronunciaba las palabras not&#243; que parte de su convicci&#243;n anterior desaparec&#237;a de su voz y que &#233;l tambi&#233;n lo notaba.

&#191;S&#237;? Y luego &#191;qu&#233;?

No me importa. &#161;No me importa una mierda! -Y lo repiti&#243; varias veces, como una ni&#241;a con un berrinche, cada vez m&#225;s fuerte-: &#161;No me importa una mierda!

Pues deber&#237;a. Porque van a encontrarse con una enferma cr&#243;nica que se ha suicidado y a su hija ladrona contando un cuento chino sobre el hombre a quien rob&#243;. Y el hombre que la meti&#243; en todo esto no se encuentra precisamente en situaci&#243;n de subirse a un estrado para respaldar su historia. As&#237; que piensa en c&#243;mo vas a salir de &#233;sta, zorra listilla. Ahora dejar&#233; que te tranquilices y le preparar&#233; una buena taza de t&#233; a tu mami. Luego volver&#233; a llamarte.

No Espera -grit&#243;.

Pero Ricky colg&#243;.

Luego, de repente, se acord&#243; de que el taxi estaba esperando fuera, con el tax&#237;metro en marcha.



89

Octubre de 2007


Mientras esperaba a que la cinta del equipaje se pusiera en marcha, Roy Grace mand&#243; un mensaje breve a Cleo para decirle que hab&#237;a llegado. Calculaba que en el Reino Unido ser&#237;an las seis y cuarto. Faltaban quince minutos para que comenzara la reuni&#243;n informativa de la tarde de la Operaci&#243;n Dingo.

Llam&#243; a la inspectora Lizzie Mantle para que le pusiera al d&#237;a, pero le salt&#243; el contestador tanto de su n&#250;mero fijo como del m&#243;vil. Luego llam&#243; a Glenn Branson, que contest&#243; al segundo tono.

&#191;Ya te has puesto los zapatos?

S&#237;, llamo para cont&#225;rtelo. Quiz&#225; te gustar&#237;a saberlo.

&#191;D&#243;nde est&#225;s? Ya has llegado, &#191;no? &#191;Al JFK?

A Newark. Estoy esperando a que salga la bolsa.

Qu&#233; suerte tienen algunos, que se escapan a Nueva York y nos dejan al resto aqu&#237;, al pie del ca&#241;&#243;n.

Te habr&#237;a mandado a Australia, pero pens&#233; que no habr&#237;a sido muy inteligente en tu situaci&#243;n actual.

En estos momentos, cuanto m&#225;s lejos est&#233; de Ari, m&#225;s feliz ser&#225; ella.

Ah&#243;rrame los detalles, pens&#243; Grace. Y aunque har&#237;a lo que fuera por ayudar a este hombre al que quer&#237;a tanto, siempre le pon&#237;a nervioso darle consejos a &#233;l -a cualquier persona, en realidad- sobre cuestiones que pod&#237;an afectar a sus vidas. &#191;Qu&#233; demonios sab&#237;a &#233;l? &#191;Y qu&#233; clase de ejemplo hab&#237;a sido su propio matrimonio? Pero no le dijo nada de eso ahora.

Y bien, cu&#233;ntame, &#191;alguna novedad? -pregunt&#243;.

Pues lo cierto es que hemos trabajado mucho durante estas siete horas que t&#250; has pasado ah&#237; arriba repantingado, bebiendo champ&#225;n y viendo pel&#237;culas.

He viajado en clase ganado, combatiendo los calambres, la listeria y la trombosis venosa profunda. Y mis auriculares no funcionaban. Aparte de eso, no andas muy desencaminado.

Es duro estar arriba, Roy. &#191;No es eso lo que dicen?

S&#237;, s&#237;. Oye, esto est&#225; costando una fortuna. &#161;S&#233; breve! &#161;Corta el rollo!

As&#237; que Branson le inform&#243; sobre sus visitas a la tienda filat&#233;lica Hawkes y a Hugo Hegarty.

Grace escuch&#243; con atenci&#243;n.

&#161;O sea que s&#237; son sellos! &#161;Convirti&#243; toda la pasta en sellos!

As&#237; es. Manos libres para saltarse todas las regulaciones sobre blanqueo de dinero. En el aeropuerto tienen perros rastreadores entrenados para oler billetes, y tres millones y cuarto de d&#243;lares ocupan mucho espacio. Pero ese cantidad en sellos s&#243;lo ocupar&#237;a un par de sobres tama&#241;o DIN-A4.

&#191;Tenemos idea de qu&#233; hizo con ellos?

No. De momento no. En cualquier caso, luego hemos ido a ver a la hermana de Lorraine Wilson.

&#191;Qu&#233; ten&#237;a que decir?

Bastante, en realidad.

Se oy&#243; un pitido y la cinta del equipaje comenz&#243; a moverse. Dos hombres gord&#237;simos empujaron a Grace y luego una se&#241;ora mayor le dio un golpe con el carro en las piernas. &#201;l retrocedi&#243; y se alej&#243; de la multitud, dio la vuelta a la cinta y se coloc&#243; donde hubiera sitio pero pudiera ver su bolsa. Sab&#237;a por la breve temporada que hab&#237;a trabajado en el aeropuerto de Gatwick har&#237;a algunos a&#241;os que los robos de maletas de la cinta transportadora eran habituales.

Oigo mucho ruido-dijo Branson.

Yo te oigo bien. Cu&#233;ntame.

Lo primero es que la hermana fue a Nueva York con Lorraine Wilson la semana despu&#233;s del 11-S, en cuanto pudieron conseguir un vuelo. Fueron al hotel en el que se hosped&#243; Ronnie, el W.

&#191;El W? -pregunt&#243; Grace-. &#191;El W qu&#233;?

Se llama as&#237;.

&#191;S&#243;lo W?

Viejo, &#191;est&#225;s en la parra o qu&#233;? Tienes que contratarme como estilista a tiempo completo. El W es una cadena. Est&#225;n considerados unos hoteles s&#250;per modernos.

S&#237;, bueno, mi sueldo no me da para hospedarme en hoteles s&#250;per modernos.

No me puedo creer que no hayas o&#237;do hablar de ellos.

Bueno, ah&#237; lo tienes, uno de los muchos misterios sin resolver de la vida. &#191;Quieres contarme algo m&#225;s sobre el hotel, aparte de que no he o&#237;do hablar de &#233;l?

S&#237;, bastante m&#225;s. Algunas de sus pertenencias todav&#237;a segu&#237;an en la habitaci&#243;n y la direcci&#243;n no estaba muy contenta, porque la tarjeta de cr&#233;dito que les hab&#237;a dado no ten&#237;a fondos.

&#191;No se mostraron indulgentes porque hab&#237;a muerto?

Imagino que entonces no lo sab&#237;an. S&#243;lo hab&#237;a reservado dos noches y dej&#243; la cuenta abierta. En cualquier caso, la cuesti&#243;n es que su pasaporte y el billete de regreso a Reino Unido todav&#237;a estaban en la caja fuerte.

Aliviado, Grace vio aparecer su bolsa de repente.

Espera un segundo. -Corri&#243; a recogerla, luego dijo-: De acuerdo, sigue.

Luego fueron al Muelle 92, donde la polic&#237;a de Nueva York hab&#237;a instalado una especie de centro de duelo. La gente llevaba cosas como cepillos, para que pudieran extraer el ADN de las posibles v&#237;ctimas y as&#237; ayudar a identificar los cuerpos, o los restos que encontraran. Tambi&#233;n ten&#237;an expuestos art&#237;culos personales que ya se hab&#237;an recuperado. Lorraine fue all&#237; con su hermana, pero en ese momento la polic&#237;a no hab&#237;a encontrado nada perteneciente a su marido que pudiera identificarle.

Grace se alej&#243; de la multitud con su bolsa hasta un lugar m&#225;s tranquilo. Luego tuvo que esperar a que acabara un anuncio por megafon&#237;a antes de preguntar:

&#191;Qu&#233; hay del dinero que recibi&#243; Lorraine?

Ya llegar&#233; a eso Y tengo que salir corriendo a la reuni&#243;n dentro de un minuto.

Dile a la inspectora Mantle que me llame despu&#233;s.

Se lo dir&#233;. Pero primero tienes que escuchar algo. &#161;Hemos hecho un gran avance! Bueno, a lo que vamos: Lorraine le sac&#243; mil quinientos d&#243;lares al agente del Muelle 92. Repart&#237;an la pasta a cualquiera que hubiera perdido a alguien y estuviera pasando dificultades econ&#243;micas.

Bastante justo en aquel momento. El tipo la hab&#237;a dejado en apuros econ&#243;micos, &#191;verdad?

S&#237;. Luego, un par de semanas despu&#233;s de que volvieran al Reino Unido, su hermana dice que Lorraine recibi&#243; una llamada relacionada con una cartera quemada con el permiso de conducir de Ronnie Wilson y un tel&#233;fono m&#243;vil que se comprob&#243; que era suyo y que hab&#237;an sido entregados por el equipo de rescate que trabajaba en los escombros de la Zona Cero. Se mandaron fotograf&#237;as de ambos y se le envi&#243; a Lorraine el contenido de la cartera para que pudiera identificarlo formalmente.

&#191;Y pudo hacerlo?

S&#237;. Ahora bien, el dinero que recibi&#243; (los grandes pagos, el seguro de vida, luego la compensaci&#243;n), ah&#237; est&#225; el tema. Su hermana se qued&#243; estupefacta cuando se lo contamos. M&#225;s que estupefacta, se qued&#243; estupefacta que te cagas.

&#191;Fing&#237;a?

Para m&#237; no, y para Bella tampoco. Se debat&#237;a entre la estupefacci&#243;n y la ira. Quiero decir que hubo un momento en que perdi&#243; los estribos, dijo que se hab&#237;a quedado sin ahorros para ayudar a Lorraine, y eso fue mucho despu&#233;s de que recibiera la primera parte de la guita, seg&#250;n los registros bancarios.

&#191;No hubo honradez entre hermanas, entonces?

Parece que s&#243;lo por parte de una. Pero ahora viene lo mejor, te va a encantar.

Hubo otro anuncio por megafon&#237;a. Grace le grit&#243; a Branson que esperara a que terminara.

El laboratorio nos ha enviado esta tarde un resultado positivo para el ADN del feto de Lorraine Wilson. &#161;Creo que tenemos al padre!

&#191;Qui&#233;n es? -pregunt&#243; Grace, emocionado.

Bueno, si estamos en lo cierto, se trata ni m&#225;s ni menos que de Ronnie Wilson.

Grace se qued&#243; callado un momento, notando el subid&#243;n de adrenalina. Encantado de que su presentimiento fuera verdad.

&#191;Hasta qu&#233; punto es positivo el resultado?

Bueno, &#233;ste en particular nos indica que tenemos la mitad del ADN del padre. Podr&#237;a haber otras correspondencias, pero teniendo en cuenta qui&#233;n es la madre, dir&#237;a que las probabilidades de que fuera otra persona son demasiado remotas para que merezca la pena plante&#225;rselas.

&#191;De d&#243;nde hab&#233;is sacado el ADN de Ronnie?

De un cepillo que su viuda llev&#243; a la polic&#237;a cuando fue a Nueva York. El perfil se envi&#243; a la polic&#237;a brit&#225;nica, de forma rutinaria, y se introdujo en la base de datos nacional.

Lo que significa -dijo Grace- que o bien nuestro amigo el se&#241;or Wilson dej&#243; esperma congelado que su mujer, que no estaba tan muerta como parec&#237;a, se implant&#243; o

Yo prefiero la segunda opci&#243;n -dijo Branson.

Desde aqu&#237; tambi&#233;n es mi preferida -contest&#243; Grace.

Y est&#225;s mucho m&#225;s cerca que yo, viejo. Con o sin los zapatos puestos.



90

Octubre de 2007


Abby oy&#243; un tel&#233;fono que sonaba en alguna parte, cerca y con insistencia. Luego se percat&#243;, sobresaltada, de que era el suyo. Se incorpor&#243;, confusa, intentando ubicarse. El tel&#233;fono sigui&#243; sonando.

Notaba un aire helado en la cara, pero estaba sudando profusamente. Estaba a oscuras, s&#243;lo hab&#237;a sombras a su alrededor en una neblina naranja fantasmag&#243;rica. Al moverse, un muelle cruji&#243; debajo de ella. Estaba en el piso de su madre, sentada en un sof&#225;, comprendi&#243;. Dios santo, &#191;cu&#225;nto rato hab&#237;a dormido?

Mir&#243; a su alrededor, temerosa de que Ricky hubiera vuelto y estuviera aqu&#237;. Vio el resplandor de la pantalla del tel&#233;fono y alarg&#243; el brazo para cogerlo. El miedo que se arremolinaba en su est&#243;mago se acentu&#243; cuando vio las palabras N&#250;mero privado. La hora en la pantalla dec&#237;a que eran las 18.30.

Se acerc&#243; el tel&#233;fono a la oreja.

&#191;Diga?

Has podido pensarlo bien, &#191;verdad? -dijo Ricky.

El p&#225;nico se apoder&#243; de su cerebro. &#191;D&#243;nde diablos estaba? Ten&#237;a que salir de aqu&#237; deprisa. En este lugar era una presa f&#225;cil. &#191;Sab&#237;a Ricky d&#243;nde estaba? &#191;Estaba ah&#237; fuera en alguna parte?

Esper&#243; un momento antes de contestar, intentando organizar sus pensamientos. Decidi&#243; no encender la luz, no quer&#237;a mostrarle que estaba aqu&#237;, por si se encontraba fuera en la calle, observando. Entraba luz suficiente por los visillos, de las farolas que hab&#237;a delante de la ventana, para distinguir todo lo que necesitaba ver aqu&#237; dentro.

&#191;C&#243;mo est&#225; mi madre? -pregunt&#243;, y oy&#243; el temblor en su voz.

Est&#225; bien.

Tiene las defensas bajas. Si dejas que coja fr&#237;o, podr&#237;a darle una neumon&#237;a

Como ya te he dicho -contest&#243; Ricky, interrumpi&#233;ndola-, est&#225; muy c&#243;moda enrolladita en la alfombrita.

A Abby no le gust&#243; la forma como pronunci&#243; las palabras.

Quiero hablar con ella.

Claro que quieres. Y yo quiero lo que me robaste. As&#237; que es muy sencillo: t&#250; me lo traes, o me dices d&#243;nde est&#225;, y tu madre podr&#225; irse a casa contigo.

&#191;C&#243;mo s&#233; que puedo confiar en ti?

&#161;Qu&#233; gracia que digas t&#250; eso! -contest&#243; con desd&#233;n-. Creo que no sabes qu&#233; significa esa palabra.

Mira, lo que pas&#243;, pas&#243; -dijo ella-. Te devolver&#233; lo que me queda.

El tono de la voz de Ricky cambi&#243; de manera alarmante.

&#191;Qu&#233; quiere decir lo que me queda? Lo quiero todo. Todo: &#233;se es el trato.

No puedes tenerlo todo. S&#243;lo puedo darte lo que tengo.

Por eso no estaba en la caja de seguridad, &#191;verdad? &#191;Te lo has gastado?

No todo -se arriesg&#243; a contestar.

Zorra insensible. Dejar&#237;as que matara a tu madre, &#191;verdad? &#161;Dejar&#237;as que la matara antes que devolv&#233;rmelo! As&#237; de importante es el dinero para ti.

S&#237; -dijo Abby-. Tienes toda la raz&#243;n, Ricky. Dejar&#237;a que la mataras. Y le colg&#243;.



91

Octubre de 2007


Abby cruz&#243; la habitaci&#243;n oscura corriendo, tropez&#243; con un puf de piel y entr&#243; a tientas en el ba&#241;o. Encontr&#243; el lavamanos y vomit&#243;; ten&#237;a el est&#243;mago revuelto y los nervios destrozados.

Limpi&#243; el v&#243;mito, se enjuag&#243; la boca y encendi&#243; la luz, respirando hondo. Por favor, no dejes que tenga otro ataque de p&#225;nico. Se qued&#243; agarrada al lavamanos, con los ojos llorosos, aterrada por si Ricky echaba la puerta abajo en cualquier momento.

Ten&#237;a que irse de aqu&#237; y tuvo que recordarse por qu&#233; estaba haciendo todo aquello. Calidad de vida para su madre, &#233;sa era la raz&#243;n de todo. Sin dinero, los &#250;ltimos a&#241;os de su madre ser&#237;an un infierno. Deb&#237;a tener eso en mente.

Y pensar en lo que la aguardaba despu&#233;s: Dave esperando el mensaje que le dijera que ya estaban listos.

Estaba a tan s&#243;lo una transacci&#243;n de darle a su madre un futuro digno. A un viaje de avi&#243;n de la vida que siempre se hab&#237;a prometido.

Ricky era asqueroso. Un s&#225;dico. Un mat&#243;n. No le cre&#237;a.

Sab&#237;a que ten&#237;a que hacerle frente, demostrarle su fuerza; era el &#250;nico idioma que entend&#237;a un mat&#243;n. Y no era est&#250;pido. Quer&#237;a recuperarlo todo. No le serv&#237;a de nada hacer da&#241;o a una anciana enferma.

Dios m&#237;o, por favor.

Abby regres&#243; al sal&#243;n, a esperar que volviera a llamar y dispuesta a cortar la llamada cuando lo hiciera. Luego, con el coraz&#243;n en la boca, aterrada por si estaba cometiendo un error, sali&#243; a hurtadillas al pasillo a&#250;n m&#225;s oscuro y subi&#243; por la escalera de incendios hasta el primer piso. Unos minutos despu&#233;s, desde el tel&#233;fono del piso de Doris, marc&#243; un n&#250;mero distinto. Respondi&#243; la llamada una voz de hombre con buena dicci&#243;n.

&#191;Podr&#237;a hablar con Hugo Hegarty? -pregunt&#243; Abby.

Por supuesto, al habla.

Disculpe que llame tan tarde, se&#241;or Hegarty -dijo-. Tengo una colecci&#243;n de sellos que quiero vender.

&#191;S&#237;? -Pronunci&#243; la palabra de forma que sonara muy pensativa-. &#191;Qu&#233; puede decirme de ellos?

Abby enumer&#243; cada sello, describi&#233;ndolo detalladamente. Los conoc&#237;a tan bien que eran como una fotograf&#237;a grabada en su memoria. El hombre la interrumpi&#243; un par de veces para pedirle informaci&#243;n espec&#237;fica.

Cuando termin&#243;, Hugo Hegarty se qued&#243; callado de un modo extra&#241;o.



92

Octubre de 2007


Sentado en su furgoneta aparcada en el c&#225;mping alejado que hab&#237;a encontrado por Internet, Ricky estaba absorto en sus pensamientos. La lluvia que repiqueteaba sobre el tejado era una buena tapadera. Nadie iba a merodear a oscuras por un campo embarrado, metiendo las narices en asuntos que no eran de su incumbencia.

Era el lugar perfecto, situado en los Downs a unos kil&#243;metros de Eastbourne, en las afueras de un pueblo de postal llamado Alfriston. Un c&#225;mping en un campo grande y boscoso a ochocientos metros de un sendero desierto, detr&#225;s de un club de tenis azotado por la lluvia.

No era la &#233;poca del a&#241;o ni hac&#237;a el tiempo adecuado para jugar al tenis o acampar, lo que significaba que no hab&#237;a ojos curiosos. El propietario tampoco parec&#237;a un cotilla. Subi&#243; con dos ni&#241;os peque&#241;os que se peleaban en el coche, cogi&#243; las quince libras por tres noches por adelantado y le ense&#241;&#243; a Ricky d&#243;nde estaban los ba&#241;os y las duchas. Le dio un n&#250;mero de m&#243;vil y le dijo que tal vez volviera ma&#241;ana en alg&#250;n momento si aparec&#237;a alguien m&#225;s.

S&#243;lo hab&#237;a otro veh&#237;culo en el c&#225;mping, una autocaravana grande con matr&#237;cula holandesa, y Ricky aparc&#243; bien lejos de ella.

Ten&#237;a suficiente comida, agua y leche -que hab&#237;a comprado en una gasolinera- para alimentarse durante un tiempo. Abri&#243; una lata de cerveza y se bebi&#243; la mitad del tir&#243;n, quer&#237;a alcohol para tranquilizarse. Luego encendi&#243; un cigarrillo y dio tres caladas largas bien seguidas. Baj&#243; un poquito la ventanilla e intent&#243; tirar la ceniza, pero el viento la devolvi&#243; adentro hacia su cara. Cerr&#243; la ventanilla y, mientras lo hac&#237;a, arrug&#243; la nariz. Un olor desagradable se hab&#237;a colado desde fuera.

Dio otra calada al cigarrillo y otro trago de cerveza. Estaba trastornado por la conversaci&#243;n que acababa de mantener con Abby. Por c&#243;mo le hab&#237;a colgado el tel&#233;fono. Por el modo en que segu&#237;a sin entender a aquella zorra.

Le asustaba que hablara en serio. Las palabras se repet&#237;an una y otra vez en su cabeza.

Te devolver&#233; lo que me queda.

&#191;Cu&#225;nto hab&#237;a gastado? &#191;Dilapidado? Deb&#237;a de ser un farol. Era imposible que hubiera conseguido m&#225;s de unos miles de libras durante el tiempo que llevaba huyendo. Era un farol.

Tendr&#237;a que arriesgarse m&#225;s. Desafiarla para que mostrara sus cartas. Tal vez ella creyera que era una mujer dura, pero Ricky lo dudaba.

Se acab&#243; el cigarrillo y tir&#243; la colilla fuera. Luego, mientras cerraba la ventanilla, volvi&#243; a arrugar la nariz. El olor se volv&#237;a m&#225;s fuerte, m&#225;s intenso. Ven&#237;a de dentro de la furgoneta, claramente. El hedor agrio y n&#237;tido de la orina.

&#161;Mierda, joder, no!

La vieja se hab&#237;a meado encima.

Encendi&#243; la luz interior de inmediato, sali&#243; como pudo del asiento y pas&#243; a la parte trasera de la furgoneta. La mujer estaba rid&#237;cula, con la cabeza asomando por la parte superior de la alfombra enrollada como una cris&#225;lida horrible.

Le arranc&#243; la cinta de la boca con tanta delicadeza como pudo, pues no quer&#237;a hacerle m&#225;s da&#241;o de lo necesario; ya estaba muy angustiada y ten&#237;a miedo de que se le muriera all&#237; mismo.

&#191;Te has meado?

Dos ojos peque&#241;os y asustados lo miraron.

Estoy enferma -dijo la mujer, con voz d&#233;bil-. Tengo incontinencia. Lo siento.

Un p&#225;nico repentino se apoder&#243; de &#233;l.

&#191;Significa eso que tambi&#233;n vas a hacer lo otro?

Ella dud&#243;, luego asinti&#243;, disculp&#225;ndose.

Genial -dijo &#233;l-. Esto es genial, joder.



93

Octubre de 2007


Mientras Glenn Branson volv&#237;a a su mesa despu&#233;s de la reuni&#243;n de las 18.30 sobre la Operaci&#243;n Dingo, su m&#243;vil son&#243;. La identificaci&#243;n de llamadas mostraba un n&#250;mero de Brighton que no conoc&#237;a.

Sargento Branson -contest&#243;. Reconoci&#243; de inmediato la voz elegante al otro lado.

Oh, sargento, disculpe que le telefonee un poco tarde.

No se preocupe, se&#241;or Hegarty. &#191;En qu&#233; puedo ayudarle? -Glenn sigui&#243; caminando.

&#191;Le llamo en mal momento?

En absoluto.

Bueno, acaba de pasarme algo incre&#237;ble -dijo Hugo Hegarty-. &#191;Recuerda que cuando usted y su encantadora compa&#241;era volvieron esta tarde les di una lista? &#191;Una lista con una descripci&#243;n de todos los sellos que compr&#233; para Lorraine Wilson en 2002?

S&#237;.

Bueno, mire Tal vez se trate s&#243;lo de una coincidencia extra&#241;a, pero llevo demasiado tiempo en &#233;ste negocio para creer que lo sea.

Glenn lleg&#243; a la puerta de la MIR Uno y entr&#243;.

Siga.

Acabo de recibir una llamada de una mujer, parec&#237;a joven y bastante nerviosa. Me ha preguntado si podr&#237;a vender para ella una colecci&#243;n de sellos de alta calidad que tiene. Le he pedido que me diera los detalles y lo que me ha descrito es exacto, y quiero decir exacto exacto, a lo que compr&#233; para Lorraine Wilson. Menos algunos, que tal vez se vendieran por el camino.

Con el tel&#233;fono a&#250;n pegado a la oreja, Branson se acerc&#243; a su &#225;rea de trabajo y se sent&#243;, asimilando la importancia que ten&#237;a aquella informaci&#243;n.

&#191;Est&#225; absolutamente convencido de que no se trata de una simple coincidencia, se&#241;or? -le pregunt&#243;.

Bueno, la mayor&#237;a son planchas raras de sellos nuevos, deseables para todas las colecciones, adem&#225;s de algunos sellos individuales. Dudo que fuera capaz de recordar si los matasellos eran los mismos que hace cinco a&#241;os. Pero para darle alg&#250;n dato m&#225;s, existen dos planchas 77 de Penny Reds. Creo que el &#250;ltimo precio de venta alcanz&#243; las ciento sesenta mil libras. Hab&#237;a varias planchas 11 de Penny Blacks, valen entre doce y trece mil libras cada una, es muy f&#225;cil negociar con ellos. Luego hab&#237;a una buena cantidad de Tuppenny Blues, adem&#225;s de un mont&#243;n de otros sellos raros m&#225;s. Podr&#237;a ser una coincidencia si s&#243;lo tuviera uno o dos, pero &#191;los mismos ejemplares y las mismas cantidades?

S&#237; que suena un poco raro, se&#241;or.

Para serle sincero -dijo Hegarty-, si hoy no hubiera revisado los archivos para recopilar esa lista para ustedes, dudo que hubiera recordado que coincid&#237;an con tanta exactitud.

Parece que hemos tenido un golpe de suerte. Agradezco que nos lo haya contado. &#191;Le pregunt&#243; d&#243;nde los hab&#237;a obtenido?

Hegarty baj&#243; la voz, como si le pusiera nervioso que lo escucharan.

Me ha dicho que los hab&#237;a heredado de una t&#237;a en Australia y que alguien que hab&#237;a conocido en una fiesta en Melbourne le hab&#237;a dicho que yo era uno de los comerciantes con quienes deb&#237;a hablar.

&#191;Con usted en lugar de con alguien de Australia, se&#241;or?

Ha dicho que le dijeron que conseguir&#237;a un precio mejor en Reino Unido o en Estados Unidos. Como iba a volver aqu&#237; para cuidar a su madre anciana, pens&#243; que lo intentar&#237;a primero conmigo. Va a venir ma&#241;ana por la ma&#241;ana a las diez para ense&#241;&#225;rmelos. He pensado que podr&#237;a hacerle algunas preguntas discretas.

Branson consult&#243; sus notas.

&#191;Est&#225; interesado en comprarlos?

Mientras Hegarty contestaba, casi not&#243; la contracci&#243;n en los ojos del hombre.

Bueno, ha dicho que le urg&#237;a vender, y normalmente es el mejor momento para comprar. No hay muchos comerciantes que dispongan del dinero suficiente para comprar esta partida de una tacada, ser&#237;a m&#225;s habitual dividirla en lotes para subastarlos. Pero querr&#237;a asegurarme de que est&#225;n todos certificados. No soportar&#237;a desembolsar esa cantidad de dinero y recibir una visita de ustedes unas horas despu&#233;s. Por eso les he llamado.

Naturalmente. Hugo Hegarty no era un ciudadano consciente de sus deberes, sino que intentaba cubrirse las espaldas, pens&#243; Glenn Branson. De todos modos, as&#237; era la naturaleza humana, no pod&#237;a culparle.

Aproximadamente, &#191;qu&#233; valor dir&#237;a que tienen, se&#241;or?

&#191;Como comprador o como vendedor? -Ahora todav&#237;a parec&#237;a m&#225;s astuto.

Como ambos.

Bueno, el valor total seg&#250;n cat&#225;logo a los precios actuales estar&#237;amos hablando de unos cuatro o cuatro millones y medio. As&#237; que, como vendedor, es lo que querr&#237;a conseguir.

&#191;De libras?

Oh, s&#237;, de libras.

Branson estaba estupefacto. Los tres millones y cuarto de libras originales que Lorraine Wilson hab&#237;a recibido se hab&#237;an incrementado en un treinta por ciento, y eso despu&#233;s de que, seguramente, varios de los sellos hubieran sido vendidos.

&#191;Y como comprador, se&#241;or?

De repente, Hegarty pareci&#243; reticente.

El precio que estar&#237;a dispuesto a pagar depender&#237;a de su procedencia. Necesitar&#237;a m&#225;s informaci&#243;n.

El cerebro de Branson iba a mil por hora.

&#191;Va a ir a verle ma&#241;ana a las diez? &#191;Seguro?

S&#237;.

&#191;C&#243;mo se llama?

Katherine Jennings.

&#191;Le ha dejado una direcci&#243;n o un tel&#233;fono?

No.

El sargento anot&#243; el nombre, le dio las gracias y colg&#243;.

Luego se acerc&#243; el teclado, puls&#243; las teclas para abrir el registro de incidentes e introdujo el nombre de Katherine Jennings. Al cabo de unos segundos, apareci&#243; un resultado.



94

Octubre de 2007


Roy Grace estaba sentado en la parte de atr&#225;s del Ford Crown Victoria gris de la polic&#237;a. Mientras se dirig&#237;an hacia el t&#250;nel Lincoln, se pregunt&#243; si un viajero con la experiencia suficiente pod&#237;a identificar cualquier ciudad del mundo s&#243;lo por el ruido del tr&#225;fico.

En Londres, el rugido constante de los motores de los coches de gasolina, la vibraci&#243;n de los di&#233;sel y el quejido de los autobuses Volvo de nueva generaci&#243;n que dominaban Nueva York eran completamente distintos; principalmente el tac-tac-tac constante de los neum&#225;ticos sobre el asfalto estriado o agrietado y lleno de baches y los pitidos de las bocinas.

Ahora, un cami&#243;n enorme que ten&#237;an detr&#225;s tocaba el claxon.

El inspector Dennis Baker, que era quien conduc&#237;a, levant&#243; una mano al retrovisor y ense&#241;&#243; el dedo coraz&#243;n.

&#161;Que te jodan, capullo!

Grace sonri&#243;. Dennis no hab&#237;a cambiado.

A ver, por el amor de Dios, &#191;qu&#233; quieres que haga, capullo? &#191;Pasar por encima del gilipollas que tengo delante? &#161;Dios m&#237;o!

Acostumbrado desde hac&#237;a tiempo a la forma de conducir de su compa&#241;ero, el inspector Pat Lynch, sentado a su lado en el asiento del copiloto, se gir&#243; hacia Roy sin hacer ning&#250;n comentario al respecto.

Me alegro de volver a verte, t&#237;o. Cu&#225;nto tiempo. &#161;Demasiado!

Roy tambi&#233;n se alegraba. Estos tipos le hab&#237;an ca&#237;do bien desde el momento en que los conoci&#243;, hac&#237;a algo m&#225;s de seis a&#241;os. Le hab&#237;an mandado a Nueva York para interrogar a un banquero estadounidense gay cuyo compa&#241;ero hab&#237;a sido hallado estrangulado en un piso de Kemp Town. Nunca se presentaron cargos contra el banquero, y &#233;ste muri&#243; de sobredosis un par de a&#241;os despu&#233;s. Roy hab&#237;a trabajado con Dennis y Pat alg&#250;n tiempo en aquel caso y hab&#237;an mantenido el contacto.

Pat llevaba unos pantalones y una chaqueta vaquera encima de una camisa beis con una camiseta debajo. Con su cara marcada por la viruela y un peinado juvenil gre&#241;udo, ten&#237;a el f&#237;sico tosco de un tipo duro de pel&#237;cula, pero su car&#225;cter era sorprendentemente dulce y generoso. Hab&#237;a empezado trabajando de estibador en los muelles y su poderosa corpulencia le hab&#237;a sido muy &#250;til para ese empleo.

Dennis llevaba un anorak grueso negro con la leyenda Brigada de Casos Abiertos y el escudo de la polic&#237;a de Nueva York grabados encima de una camisa azul y vaqueros. M&#225;s bajo e ir&#243;nico que Pat y de mirada intensa, le gustaban much&#237;simo las artes marciales. A&#241;os atr&#225;s, hab&#237;a alcanzado el s&#233;ptimo dan en los estilos de Ruy Te e Isshin Ryu del k&#225;rate de Okinawa y era una especie de leyenda en la polic&#237;a de Nueva York por sus aptitudes en las peleas callejeras.

Los dos hombres se encontraban en la comisar&#237;a de Brooklyn de Williamsburg East a las 8.46 de la ma&#241;ana del 11-S, cuando impact&#243; el primer avi&#243;n. Como estaban literalmente a kil&#243;metro y medio del lugar, al otro lado del puente de Brooklyn, se dirigieron hacia all&#237; de inmediato, con su jefe, y llegaron justo cuando choc&#243; el segundo avi&#243;n, que alcanz&#243; la Torre Sur. Durante las semanas siguientes formaron parte del equipo que rebusc&#243; entre los escombros de la Zona Cero, en lo que describieron como la panza de la bestia. Luego Dennis fue trasladado a la tienda de campa&#241;a de la escena del crimen y Pat al centro de duelo del Muelle 92.

A lo largo de los a&#241;os posteriores, los dos hombres, que hab&#237;an gozado de una salud de hierro, desarrollaron asma, adem&#225;s de problemas mentales relacionados con el trauma vivido, y fueron trasladados del mundo duro y agitado de la polic&#237;a de Nueva York a las aguas m&#225;s tranquilas de la unidad de investigaciones especiales de la fiscal&#237;a del distrito.

Pat puso al d&#237;a a Grace sobre su empleo actual, que consist&#237;a principalmente en transportar e interrogar a mafiosos.

Ahora conoc&#237;an los bajos fondos de Estados Unidos como nadie. Pat le explic&#243; que la mafia ya no ten&#237;a el poder&#237;o de antes. &#191;Qui&#233;n no intentaba llegar a un trato, pregunt&#243; Pat, cuando te enfrentabas a una condena entre veinte a&#241;os y cadena perpetua?

Esperaba que durante las pr&#243;ximas veinticuatro horas pudieran encontrar a alguien que hubiera conocido a Ronnie Wilson, alguien que le hubiera echado una mano. Si hab&#237;a alguien que pudiera ayudar a Grace a buscar a una persona que, cada vez estaba m&#225;s seguro, hab&#237;a desaparecido deliberadamente durante el 11-S y d&#237;as posteriores, eran estos dos hombres.

Est&#225;s m&#225;s joven que nunca -dijo Pat, cambiando de tema de repente-. Debes de estar enamorado.

Esa mujer tuya no apareci&#243; nunca, &#191;verdad? -pregunt&#243; Dennis.

No -fue su respuesta breve. Prefer&#237;a no hablar de Sandy.

Tiene envidia -dijo Pat-. &#161;A &#233;l le cost&#243; una fortuna librarse de la suya!

Grace se ri&#243; y en ese momento su tel&#233;fono pit&#243; y recibi&#243; un mensaje. Mir&#243; la pantalla: Me alegro d k hayas llegado bien. T echo d menos. Humphrey tb. No puede vomitarl a nadie. Besos.

Sonri&#243;, de repente ech&#243; de menos a Cleo. Entonces record&#243; algo.

Si tenemos cinco minutos, &#191;podr&#237;amos entrar en una de esas tiendas grandes de Toys R Us? Le comprar&#233; a mi ahijada el regalo de Navidad. Le gusta algo que se llama Bratz.

La m&#225;s grande est&#225; en Times Square, podemos pasarnos ahora, luego ir al W, que es por donde hab&#237;amos pensado comenzar -dijo Pat.

Gracias. -Grace mir&#243; por la ventanilla. Estaban subiendo una pendiente y pasando por delante de un andamio de aspecto precario. El vapor sal&#237;a de un conducto de ventilaci&#243;n del metro.

Era una tarde fr&#237;a de oto&#241;o y el cielo estaba azul y despejado. Algunas personas llevaban abrigo o chaquetas gruesas y a medida que se adentraban en el centro de Manhattan todo el mundo parec&#237;a tener prisa. La mitad de los hombres que caminaban apresuradamente vest&#237;an traje con camisa sin corbata y frunc&#237;an el ce&#241;o. La mayor&#237;a de ellos llevaban un m&#243;vil pegado a la oreja y en la otra mano un caf&#233; de Starbucks con una banda protectora alrededor, como si fuera un t&#243;tem obligatorio.

Bueno, Pat y yo te hemos preparado un buen programa -dijo Dennis.

S&#237; -confirm&#243; Pat-. Aunque ahora trabajamos para el fiscal del distrito estaremos encantados de llevarte por ah&#237; como favor a un amigo y compa&#241;ero polic&#237;a.

Os lo agradezco mucho. Habl&#233; con mi contacto del FBI en Londres -explic&#243; Grace-, sabe que estoy aqu&#237; y lo que estoy haciendo. Si mis presentimientos se cumplen, tal vez tengamos que recurrir formalmente a la polic&#237;a de Nueva York.

Dennis toc&#243; el claxon a un Explorer negro que ten&#237;an delante y que hab&#237;a puesto los intermitentes y casi parado a un lado, buscando algo.

&#161;Gilipollas! &#161;Vamos, capullo!

Te hemos reservado habitaci&#243;n en el Marriott Financial Center, est&#225; justo al lado de la Zona Cero, en Battery Park City. Imaginamos que ser&#237;a un buen campo base, porque desde all&#237; podemos desplazarnos bastante f&#225;cilmente a la mayor&#237;a de los lugares que quieras visitar.

Tambi&#233;n podr&#225;s entrar en ambiente -dijo Dennis-. Qued&#243; bastante da&#241;ado. Ahora es todo nuevo. Podr&#225;s ver las obras que se llevan a cabo en la Zona Cero.

&#191;Sabes que todav&#237;a encuentran restos humanos? -dijo Pat-. Despu&#233;s de seis a&#241;os. Los encontraron el mes pasado en el tejado del edificio del Deutsche Bank. La gente no se da cuenta, no tiene ni puta idea de la magnitud de lo que ocurri&#243; cuando chocaron esos aviones.

Justo enfrente de la oficina del forense han habilitado una zona con ocho camiones refrigerados dentro -dijo Dennis-. Llevan all&#237; &#191;qu&#233;? Unos seis a&#241;os ya. Tienen veinte mil restos humanos all&#237; dentro. &#191;Puedes creerlo? Veinte mil. -Sacudi&#243; la cabeza con incredulidad.

Mi primo muri&#243; -sigui&#243; Pat-. Lo sab&#237;as, &#191;verdad? Trabajaba en Cantor Fitzgerald. -Levant&#243; la mu&#241;eca para mostrar una pulsera de plata-. &#191;La ves? Lleva sus iniciales: TJH. Tenemos todos una, la llevamos en recuerdo suyo.

Todo el mundo en Nueva York perdi&#243; a alguien ese d&#237;a -dijo Dennis, y vir&#243; bruscamente para esquivar a una mujer que cruz&#243; la calle con imprudencia-. Mierda, se&#241;ora, &#191;acaso quiere saber qu&#233; se siente cuando la golpea el guardabarros de un Crown Victoria? H&#225;game caso, no le gustar&#225; demasiado.

En cualquier caso -dijo Pat-, hemos hecho todo lo posible antes de que llegaras. Hemos comprobado el hotel donde se qued&#243; tu Ronnie Wilson. Todav&#237;a sigue el mismo director, lo cual es perfecto. Te hemos concertado una cita con &#233;l. Est&#225; encantado de hablar contigo, pero no hay ning&#250;n cambio respecto a lo que ya sabemos. Algunas de las pertenencias de Wilson segu&#237;an en su habitaci&#243;n (el pasaporte, los billetes, algo de ropa interior). Ahora est&#225; todo en uno de los almacenes de las v&#237;ctimas del 11-S.

El m&#243;vil de Grace son&#243; de repente. Se disculp&#243; y contest&#243;.

Roy Grace.

Eh, viejo, &#191;d&#243;nde est&#225;s? &#191;Tom&#225;ndote un helado en lo alto del Empire State?

Muy gracioso. En realidad estoy en un atasco.

De acuerdo, bueno, tengo otra novedad para ti. Aqu&#237; nos estamos partiendo el culo trabajando mientras t&#250; te diviertes. &#191;Te suena el nombre de Katherine Jennings?

Grace se qued&#243; pensando un momento, se sent&#237;a un poco cansado, su cerebro estaba menos r&#225;pido de lo habitual despu&#233;s del vuelo. Entonces se acord&#243;: era el nombre de la mujer de Kemp Town que le hab&#237;a dado el reportero del Argus Kevin Spinella. El nombre que hab&#237;a pasado a Steve Curry.

&#191;Qu&#233; pasa con ella?

Est&#225; intentando vender una colecci&#243;n de sellos que vale unos cuatro millones de libras. El comerciante al que ha recurrido es Hugo Hegarty y &#233;l los ha reconocido. Todav&#237;a no los ha visto, s&#243;lo ha hablado con ella por tel&#233;fono, pero est&#225; convencido, salvo por algunos que faltan, que son los mismos sellos que compr&#243; para Lorraine Wilson en 2002.

&#191;Le pregunt&#243; a la mujer de d&#243;nde los hab&#237;a sacado?

Branson repiti&#243; lo que Hegarty le hab&#237;a contado, luego a&#241;adi&#243;:

Aparece un incidente relacionado con Katherine Jennings.

El m&#237;o -dijo Grace.

Se qued&#243; callado un momento, recordando su conversaci&#243;n con Spinella el lunes. El periodista hab&#237;a dicho que Katherine Jennings parec&#237;a angustiada. &#191;Angustiaba tener en tu poder cuatro millones de libras en sellos? Grace imagin&#243; que &#233;l se sentir&#237;a bastante relajado con toda esa pasta, siempre que la tuviera guardada en un lugar seguro.

Entonces, &#191;qu&#233; le angustiaba a ella? Aqu&#237; hab&#237;a algo que ol&#237;a muy mal.

Creo que deber&#237;amos ponerle vigilancia, Glenn. Contamos con la ventaja de saber d&#243;nde vive.

Puede que ya se haya largado de all&#237; -contest&#243; Branson-. Pero ha concertado una cita ma&#241;ana por la ma&#241;ana en casa de Hegarty y va a llevarle los sellos.

Perfecto -dijo Grace-. Habla con Lizzie. Cu&#233;ntale nuestra conversaci&#243;n y dile que sugiero reunir a un equipo de vigilancia para seguirla desde casa de Hegarty. -Mir&#243; su reloj-. Tenemos mucho tiempo para organizarlo.

Glenn Branson tambi&#233;n mir&#243; la hora. No ser&#237;a tan f&#225;cil como realizar una llamada de dos minutos a Lizzie Mantle: iba a tener que escribir un informe detallando las razones por las que ped&#237;a una unidad de vigilancia y su valor potencial para la Operaci&#243;n Dingo. E iba a tener que preparar la reuni&#243;n informativa. No llegar&#237;a a casa hasta dentro de unas horas, lo que significar&#237;a otra bronca de Ari.

Nada nuevo.

Cuando Roy Grace colg&#243;, se inclin&#243; hacia delante.

Chicos -dijo-, &#191;ten&#233;is a alguien que pueda elaborar una lista de comerciantes de sellos aqu&#237;?

&#191;Tienes un hobby nuevo? -brome&#243; Dennis.

S&#243;lo quiero sellar una investigaci&#243;n de asesinato -contest&#243; Grace.

&#161;Joder, t&#237;o! -dijo Pat, gir&#225;ndose para mirarle-. Tus chistes no han mejorado, &#191;eh?

Grace sonri&#243; burlonamente.

Es triste, &#191;verdad?



95

Octubre de 2007


La azafata de vuelo estaba repasando las instrucciones de seguridad. Norman Potting se inclin&#243; hacia Nick Nicholl, sentado junto a &#233;l en la parte trasera del 747, y dijo:

Es todo una chorrada, este rollo de la seguridad.

El joven agente, a quien le aterraba volar pero no hab&#237;a querido reconoc&#233;rselo a su jefe, se aferraba a cada palabra que sal&#237;a de los altavoces. Alejando la cara para evitar la bocanada de mal aliento de Potting, mir&#243; hacia arriba para localizar exactamente de d&#243;nde caer&#237;a la m&#225;scara de ox&#237;geno.

De la posici&#243;n de impacto &#191;Sabes qu&#233; es lo que no te cuentan? -prosigui&#243; Potting, sin inmutarse por la ausencia de reacci&#243;n de Nicholl.

El agente neg&#243; con la cabeza mientras observaba y memorizaba el modo correcto de atar las cintas del chaleco salvavidas.

Podr&#237;a salvarte en algunas situaciones, lo reconozco. Pero lo que no te cuentan -dijo Potting- es que la posici&#243;n de impacto contribuye a mantener intacta la mand&#237;bula. Facilita mucho la identificaci&#243;n de todas las v&#237;ctimas gracias a los historiales dentales.

Muchas gracias -murmur&#243; Nicholl, observando a la azafata, que ahora se&#241;alaba d&#243;nde se encontraba el silbato.

En cuanto al chaleco salvavidas, tiene gracia, s&#237; -sigui&#243; Potting-. &#191;Sabes cu&#225;ntas compa&#241;&#237;as a&#233;reas civiles en toda la historia de la aviaci&#243;n han logrado realizar un amerizaje de emergencia con &#233;xito?

Nick Nicholl estaba pensando en su mujer, Julie, y en su ni&#241;o peque&#241;o, Liam. Quiz&#225; no volviera a verlos nunca m&#225;s.

&#191;Cu&#225;ntas? -pregunt&#243; tragando saliva.

Potting junt&#243; la punta del pulgar con la del dedo &#237;ndice, formando un c&#237;rculo.

Cero. Ninguna. Niente. Ni una sola.

Siempre hay una primera vez, pens&#243; Nicholl, aferr&#225;ndose con todas sus fuerzas a aquel pensamiento; aferr&#225;ndose a &#233;l como si fuera una balsa salvavidas.

Potting se puso a leer una revista masculina que hab&#237;a comprado en el aeropuerto. Nicholl estudi&#243; la ficha plastificada con las instrucciones de seguridad, para comprobar la ubicaci&#243;n de las salidas m&#225;s cercanas, y se alegr&#243; de ver que s&#243;lo estaban dos filas detr&#225;s de ellos. Tambi&#233;n se alegr&#243; de ver que estaba cerca de la parte trasera del avi&#243;n; recordaba haber le&#237;do una noticia en el peri&#243;dico sobre un desastre a&#233;reo en el que la secci&#243;n de cola se parti&#243; y todos los pasajeros de esa zona sobrevivieron.

&#161;Guaaaaau! -dijo Potting.

Nicholl mir&#243; abajo. Su compa&#241;ero ten&#237;a la revista abierta por un desnudo desplegable. Una rubia de pechos enormes estaba tumbada con los brazos y las piernas abiertas sobre una cama con dosel, las mu&#241;ecas y tobillos atados con tiras de terciopelo negro a los postes. Se hab&#237;a hecho la depilaci&#243;n brasile&#241;a en el vello p&#250;bico y los labios rosas de su vulva estaban bien expuestos, como si fueran los capullos de una flor colocados entre sus piernas.

Una azafata pas&#243; a su lado, comprobando que los pasajeros se hubieran abrochado los cinturones. Se detuvo para mirar a Nicholl y Norman Potting y tuvo la inteligencia de seguir caminando.

Nick not&#243; que le ard&#237;a la cara de verg&#252;enza.

Norman -susurr&#243;-, creo que deber&#237;as guardar eso.

&#161;Espero que veamos a algunas como &#233;sta en Melbourne! -dijo Potting-. Podr&#237;amos hacer algo de deporte, t&#250; y yo. Me gusta esa Bondi Beach.

Bondi Beach est&#225; en Sydney, no en Melbourne. Y creo que has incomodado a la azafata con eso.

Potting pas&#243; los dedos por las curvas de la chica.

&#161;Qu&#233; buena est&#225;, la t&#237;a!

La azafata estaba volviendo. Les lanz&#243; a ambos una mirada r&#225;pida, bastante g&#233;lida, y sigui&#243; avanzando deprisa.

Cre&#237;a que eras un hombre felizmente casado, Norman -dijo Nicholl.

El d&#237;a que deje de mirar, chaval, ese d&#237;a quiero que me lleven a un campo y me peguen un tiro -dijo. Sonri&#243; y, para alivio de Nicholl, pas&#243; la p&#225;gina. Pero s&#243;lo fue un alivio fugaz.

La p&#225;gina siguiente era mucho peor.



96

Octubre de 2007


Abby iba en un tren en direcci&#243;n a Brighton, con un nudo tenso en la garganta. Estaba temblando, intentaba evitar echarse a llorar y se esforzaba para mantener la compostura.

&#191;D&#243;nde estaba su madre? &#191;Ad&#243;nde la hab&#237;a llevado ese cabr&#243;n?

El reloj marcaba las ocho y media de la tarde. Hab&#237;an pasado casi dos horas desde que le hab&#237;a colgado el tel&#233;fono a Ricky. Volvi&#243; a marcar el n&#250;mero de su madre. Una vez m&#225;s, salt&#243; el contestador.

No estaba segura de qu&#233; medicaci&#243;n tomaba exactamente -hab&#237;a antidepresivos, adem&#225;s de pastillas para los espasmos musculares, para el estre&#241;imiento, el reflujo-, pero dudaba que a Ricky le importara. Sin todo aquello, el estado de su madre se deteriorar&#237;a r&#225;pidamente y empezar&#237;a a tener cambios de humor, desde euforia un segundo a una angustia profunda al siguiente.

Abby se maldijo por haber cometido la estupidez de dejar a su madre tan expuesta. Tendr&#237;a que hab&#233;rsela llevado con ella, maldita sea.

Ll&#225;mame, Ricky. Por favor, ll&#225;mame.

Se arrepent&#237;a much&#237;simo de haberle colgado, se daba cuenta de que no lo hab&#237;a pensado debidamente. Ricky sab&#237;a que ella ser&#237;a la primera en caer presa del p&#225;nico, no &#233;l. Pero tendr&#237;a que llamarla, tendr&#237;a que establecer alg&#250;n tipo de contacto. Una anciana fr&#225;gil y enferma no era el premio que quer&#237;a obtener.

Cogi&#243; un taxi en la estaci&#243;n y se baj&#243; en una tienda cerca de su piso, donde compr&#243; una linterna peque&#241;a. Caminando por las sombras, gir&#243; en su calle y vio, bajo el resplandor de una farola, el Ford Focus alquilado de Ricky. Ten&#237;a un cepo. En el parabrisas y en la ventanilla del lado del conductor hab&#237;a unas pegatinas grandes de la polic&#237;a, que advert&#237;an al propietario que no intentara moverlo.

Anduvo con cautela hacia el coche. Mirando a su alrededor para asegurarse de que no la observaban, sac&#243; la multa de debajo del limpiaparabrisas y, utilizando la linterna, ley&#243; la hora en que se hab&#237;a emitido: las 10.03 de la ma&#241;ana. As&#237; que el coche llevaba aqu&#237; todo el d&#237;a, lo que significaba que no lo hab&#237;a utilizado para trasladar a su madre.

Pero imaginaba que planeaba volver. Quiz&#225; ya estuviera all&#237;. No sab&#237;a por qu&#233;, pero lo dudaba. Estaba segura de que ten&#237;a un sitio en la ciudad, aunque s&#243;lo se tratara de un garaje.

Las ventanas de su piso estaban todas oscuras. Cruz&#243; la calle hacia la entrada y toc&#243; el timbre de Hassan, con la esperanza de que estuviera en casa. Tuvo suerte. Oy&#243; un crujido y despu&#233;s su voz.

Hola, soy Katherine Jennings del piso 82. Lamento molestarte, pero he olvidado la llave de abajo. &#191;Podr&#237;as abrirme?

&#161;Claro!

Al cabo de unos momentos oy&#243; un zumbido brusco y empuj&#243; la puerta para abrirla. Al entrar, vio un fajo de correo comercial apretujado en su buz&#243;n. Mejor no tocarlo, decidi&#243;, no quer&#237;a dejar ning&#250;n indicio de que hab&#237;a estado aqu&#237;.

El ascensor ten&#237;a un cartel grande pegado en las puertas que pon&#237;a No funciona. Comenz&#243; a subir las escaleras mal iluminadas, deteni&#233;ndose en cada planta a escuchar cualquier movimiento, deseando llevar encima el spray Mace. En el tercer piso empez&#243; a percibir el olor a madera reci&#233;n serrada que provocaban los trabajos de los obreros en el apartamento de arriba. Subi&#243; una planta m&#225;s, luego not&#243; que comenzaba a faltarle el valor y tuvo la tentaci&#243;n, por un momento, de llamar a la puerta de Hassan y pedirle que la acompa&#241;ara.

Al final, consigui&#243; llegar arriba. Se detuvo a ver si o&#237;a alg&#250;n ruido. En esa planta hab&#237;a dos pisos m&#225;s, pero nunca se hab&#237;a encontrado a nadie entrando o saliendo durante la breve temporada que llevaba aqu&#237;. No oy&#243; nada. Silencio total. Se acerc&#243; a la manguera de incendios que hab&#237;a fijada en la pared y comenz&#243; a desenrollarla. Despu&#233;s de cinco vueltas, vio el juego de llaves de repuesto en el lugar donde lo hab&#237;a escondido. Volvi&#243; a enrollar la manguera, abri&#243; la puerta de incendios y cruz&#243; el descansillo.

Entonces se qued&#243; inm&#243;vil, muy asustada. &#191;Y si estaba dentro?

Claro que no. Estaba con su madre en la guarida donde la hubiera encerrado. No obstante, introdujo cada llave haciendo el menor ruido posible, las gir&#243; en su cerradura y abri&#243; la puerta sigilosamente; no quer&#237;a anunciar su presencia.

Las sombras la asaltaron cuando entr&#243;. Dej&#243; la puerta entornada y no encendi&#243; las luces. Entonces cerr&#243; la puerta de golpe, para obligarle a salir si estaba aqu&#237; y se hab&#237;a quedado dormido, y volvi&#243; a abrirla de inmediato. La cerr&#243; de golpe y volvi&#243; a abrirla una segunda vez. Silencio total.

Enfoc&#243; la luz de la linterna hacia el pasillo. La bolsa de pl&#225;stico con las herramientas que Ricky hab&#237;a tra&#237;do para amenazarla -seguramente robada de los obreros de abajo- segu&#237;a en el suelo delante del ba&#241;o de invitados.

Manteniendo todas las luces apagadas por si estaba fuera en alg&#250;n lugar, observando, recorri&#243; todo el piso, habitaci&#243;n por habitaci&#243;n. Encontr&#243; el spray Mace encima de la mesita de caf&#233; del sal&#243;n y se lo guard&#243; en el bolsillo. Luego volvi&#243; corriendo a la puerta de entrada y pas&#243; las cadenas de seguridad.

Hambrienta y sedienta, se tom&#243; una Coca-Cola de un trago y un yogur de melocot&#243;n de la nevera, luego entr&#243; en el ba&#241;o de invitados, cerr&#243; la puerta y encendi&#243; la luz. En esta habitaci&#243;n no hab&#237;a ninguna ventana que diera a la calle, as&#237; que era un lugar seguro.

Pas&#243; por delante del inodoro y la enorme mampara de la ducha, abri&#243; la puerta del lavadero min&#250;sculo, abarrotado con la lavadora y la secadora. Arriba en el estante a la izquierda estaban sus propias herramientas. Baj&#243; un martillo y un cincel y los llev&#243; de nuevo al ba&#241;o.

Luego lanz&#243; una &#250;ltima mirada breve y orgullosa a su espl&#233;ndido trabajo, coloc&#243; la punta del cincel sobre la lechada entre dos azulejos hacia el centro de la pared y golpe&#243; con fuerza. Luego otra vez.

Al cabo de unos minutos, hab&#237;a arrancado suficientes azulejos y pudo alcanzar la pared falsa que hab&#237;a detr&#225;s. Sinti&#243; un profundo alivio cuando sus dedos tocaron el envoltorio de burbujas impermeable con el que hab&#237;a protegido cuidadosamente el sobre acolchado tama&#241;o DIN-A4 antes de meterlo all&#237; dentro el d&#237;a que se mud&#243; a este piso.

El casero no iba a quedarse demasiado impactado por los desperfectos en la pared del ba&#241;o. Si hubiera tenido tiempo, gracias a las habilidades que hab&#237;a aprendido de su padre, habr&#237;a podido arreglarlo tan bien que ni siquiera hubiera advertido las juntas. Pero en estos momentos, unos azulejos rotos eran el menor de sus problemas.

Se cambi&#243; de ropa interior, hizo la maleta por segunda vez aquella semana con todo lo que pens&#243; que podr&#237;a necesitar, luego accedi&#243; a Internet y busc&#243; hoteles baratos en Brighton y Hove.

Cuando tom&#243; una decisi&#243;n, llam&#243; para pedir otro taxi.



97

Octubre de 2007


La anciana empezaba a ser un problema mayor de lo que hab&#237;a imaginado. Ricky estaba en la min&#250;scula cocina del edificio de madera que funcionaba como vestuario del club de tenis y ba&#241;os y duchas del c&#225;mping.

La mujer llevaba ya quince minutos en el retrete.

Ricky sali&#243; por la puerta a la lluvia que ca&#237;a a c&#225;ntaros. Comenzaba a pensar que matarla tal vez fuera la mejor opci&#243;n y, ansioso, mir&#243; a trav&#233;s del campo hacia la autocaravana holandesa. Detr&#225;s de las cortinas corridas, las luces estaban encendidas. S&#243;lo esperaba con todas sus fuerzas que nadie decidiera salir y utilizar estas instalaciones mientras ella se encontrara dentro, aunque ten&#237;a la seguridad de que sus amenazas la ten&#237;an lo bastante asustada como para no decir nada a nadie o cometer alguna estupidez.

Transcurrieron cinco minutos m&#225;s. Volvi&#243; a mirar su reloj: eran las nueve y media. Hab&#237;an pasado tres horas desde que Abby le hab&#237;a colgado el tel&#233;fono. Tres horas durante las que ella habr&#237;a pensado en lo ocurrido. &#191;Estar&#237;a entrando en raz&#243;n?

Ahora ser&#237;a un buen momento, decidi&#243;.

Abri&#243; la tapa del m&#243;vil y envi&#243; a Abby la fotograf&#237;a que hab&#237;a tomado hac&#237;a un rato, de la cabeza de su madre asomando por la alfombra enrollada.

A&#241;adi&#243; las palabras: C&#243;moda y enrolladita en la alfombrita.



98

Octubre de 2007


Roy estaba sentado con Pat y Dennis a una mesa de madera en el restaurante del enorme local abierto de la Chelsea Brewing Company, que era propiedad del primo de Pat. A su derecha hab&#237;a una barra larga de madera y detr&#225;s de &#233;l hab&#237;a hileras de cubas relucientes de cobre tan altas como casas y kil&#243;metros de tuber&#237;as de acero inoxidable y aluminio. Con sus hect&#225;reas de suelos de madera y limpieza inmaculada, parec&#237;a m&#225;s un museo que una empresa con un gran volumen de trabajo.

Visitar este lugar se hab&#237;a convertido en una parada ritual y obligatoria para tomar algo cada vez que Roy iba a Nueva York. Era evidente que Pat estaba orgulloso del &#233;xito de su primo y disfrutaba haciendo sudar tinta a un ingl&#233;s con la cerveza americana.

Delante de cada uno de los tres polic&#237;as hab&#237;a seis variedades distintas en vasos de muestra. Los vasos estaban colocados sobre un c&#237;rculo azul en el salvamanteles dise&#241;ado especialmente con los nombres de las cervezas. El primo de Pat, que tambi&#233;n se llamaba Patrick, un hombre corpulento e intenso de cuarenta y tantos a&#241;os que llevaba gafas, estaba explic&#225;ndole a Roy los diferentes procesos de elaboraci&#243;n de cada una.

Roy s&#243;lo le escuchaba a medias. Estaba cansado; era tarde seg&#250;n la hora del Reino Unido. El d&#237;a de hoy no hab&#237;a aportado nada, s&#243;lo un resultado negativo tras otro, aparte de la compra exitosa de una mu&#241;eca Bratz de aspecto precoz para su ahijada. En su opini&#243;n, la mu&#241;eca parec&#237;a una Barbie que trabajaba en la industria del sexo. Pero, como reflexion&#243; luego, &#191;qu&#233; sab&#237;a &#233;l sobre los gustos de las ni&#241;as de nueve a&#241;os?

El director del W a&#241;adi&#243; poco a lo que Grace ya sab&#237;a, aparte de que Ronnie hab&#237;a visto una pel&#237;cula porno de pago a las once de la noche, por si la informaci&#243;n serv&#237;a de algo.

Y ninguno de los siete comerciantes de sellos que hab&#237;a visitado aquella tarde hab&#237;a reconocido ni el nombre de Wilson ni su fotograf&#237;a.

Mientras el primo de Pat segu&#237;a parloteando sobre la ciencia que hab&#237;a detr&#225;s de la cerveza que m&#225;s le gust&#243; a Roy, la Checker Cab Blonde Ale, &#233;l miraba la noche por la ventana. Ve&#237;a las jarcias de yates en el puerto deportivo y detr&#225;s, m&#225;s all&#225; de la oscuridad del Hudson, las luces de Nueva Jersey. Esta ciudad era inmensa. Tantas personas yendo y viniendo Vivir aqu&#237;, como en cualquier ciudad grande, significaba ver miles de caras todos los d&#237;as. &#191;Qu&#233; probabilidades hab&#237;a de encontrar a alguien que recordara una cara de seis a&#241;os atr&#225;s?

Pero deb&#237;a intentarlo. Llamar a las puertas, el viejo m&#233;todo de la polic&#237;a. Las probabilidades de que Ronnie siguiera aqu&#237; eran escasas. Lo m&#225;s probable era que estuviera en Australia, sin duda las &#250;ltimas pruebas se&#241;alaban en esa direcci&#243;n. Mientras Patrick pasaba a explicar c&#243;mo se consegu&#237;an los sabores sutiles a caramelo de la Sunset Red Ale, intent&#243; hacer un c&#225;lculo mental r&#225;pido de los husos horarios.

Eran las siete de la tarde. En Melbourne eran diez horas m&#225;s que en el Reino Unido, as&#237; que &#191;cu&#225;ntas iba por delante de Nueva York, donde eran cinco horas m&#225;s, no, menos, que en el Reino Unido? Dios m&#237;o, los c&#225;lculos le daban dolor de cabeza.

Y durante todo el rato no dej&#243; de asentir educadamente a las palabras de Patrick.

Eran quince horas m&#225;s, resolvi&#243;. Media ma&#241;ana. Con suerte, adelant&#225;ndose a la visita de Norman y Nick, la polic&#237;a de Melbourne comenzar&#237;a a comprobar si Ronnie Wilson hab&#237;a entrado en Australia en alg&#250;n momento despu&#233;s de septiembre de 2001.

Hab&#237;a algo m&#225;s, record&#243; de repente, mientras sacaba a escondidas su libreta y pasaba un par de p&#225;ginas hasta llegar a las notas que hab&#237;a tomado durante la reuni&#243;n con Terry Biglow: la lista de conocidos y amigos de Ronnie Wilson. Chad Skeggs, hab&#237;a escrito. Emigrado a Australia. Como consecuencia de lo que le hab&#237;a contado Branson, y la posibilidad de que Ronnie Wilson estuviera en Australia, iba a convertir en asunto prioritario que Potting y Nicholl encontraran a Chad Skeggs.

Patrick termin&#243; por fin y fue a buscarle a Roy su jarra de Checker Cab. Los tres detectives levantaron sus vasos.

Gracias por vuestro tiempo, chicos, os lo agradezco -dijo Grace-. Yo invito.

Est&#225;s en el local de mi primo -dijo Pat-. No pagar&#225;s ni un centavo.

Cuando est&#225;s con nosotros en Nueva York eres nuestro invitado -dijo Dennis-. Pero, joder, cuando vayamos nosotros a Inglaterra, &#161;ser&#225; mejor que rehipoteques la casa, t&#237;o!

Se rieron.

Entonces, de repente, Pat pareci&#243; triste.

Oye, &#191;alguna vez te he contado eso del 11-S sobre los perros psic&#243;logos?

Grace dijo que no con la cabeza.

Llevaron perros a la zona, a los escombros, ya sabes, a la panza de la bestia, para que los trabajadores los acariciaran.

Dennis asinti&#243;, respaldando su historia.

Por eso los llamaron perros psic&#243;logos.

Era una especie de terapia -dijo Pat-. Encontr&#225;bamos cosas tan horribles Imaginaron que acariciar a los perros nos transmitir&#237;a sensaciones positivas, el contacto con un ser vivo, alegre.

&#191;Sabes? Creo que funcion&#243; -dijo Dennis-. Todo lo que ocurri&#243; el 11-S, &#191;sabes?, sac&#243; lo mejor de las personas de esta ciudad.

Y tambi&#233;n hizo salir a muchos estafadores -le record&#243; Pat-. En el Muelle 92 d&#225;bamos dinero en efectivo, entre mil quinientos y dos mil quinientos pavos, dependiendo de las necesidades de cada persona, para ayudar a quienes estuvieran pasando por dificultades econ&#243;micas inmediatas. -Se encogi&#243; de hombros-. Los estafadores no tardaron mucho en enterarse. Vinieron varios y nos timaron, dijeron que hab&#237;an perdido a un familiar, y no era verdad.

Pero los pillamos -dijo Dennis con una sonrisa de satisfacci&#243;n-. Los pillamos despu&#233;s. Nos cost&#243; un poco, pero pillamos a todos esos cabrones.

Salieron cosas buenas de aquel d&#237;a -dijo Pat-. Devolvi&#243; algo de coraz&#243;n y alma a esta ciudad. Creo que ahora la gente es un poco m&#225;s amable.

Y algunas personas son mucho m&#225;s ricas -dijo Dennis.

Pat asinti&#243;.

Eso seguro.

Dennis se rio de repente.

Rachel, mi mujer, tiene un t&#237;o que trabaja en el Garment District. Tiene un negocio de bordado, fabrica cosas para las tiendas de recuerdos. Un par de semanas despu&#233;s del 11-S me pas&#233; a verle. Es un jud&#237;o peque&#241;ajo, &#191;vale?, un kike, como los llamamos aqu&#237;. Tiene ochenta y dos a&#241;os y sigue trabajando catorce horas al d&#237;a. Es el tipo m&#225;s bueno que puedas conocer, su familia escap&#243; del Holocausto y vino aqu&#237;; no hay nadie a quien no ayudar&#237;a. En cualquier caso, entr&#233; all&#237; y nunca hab&#237;a visto el local tan lleno. Hab&#237;a trabajadores por todas partes. Pilas de camisetas, sudaderas, gorras de b&#233;isbol, gente bordando, planchando, cosiendo a m&#225;quina, metiendo el material en bolsas. -Bebi&#243; un trago de cerveza y sacudi&#243; la cabeza con incredulidad-. Hab&#237;a tenido que contratar personal extra. No pod&#237;a hacer frente a todos los pedidos. Todo lo que estaba fabricando eran art&#237;culos conmemorativos de las Torres Gemelas. Le pregunt&#233; c&#243;mo le iba. Estaba ah&#237; sentado en mitad de todo aquel caos y me mir&#243; con una sonrisita en los labios y me dijo: El negocio va bien, nunca ha ido mejor. -Dennis asinti&#243;, luego se encogi&#243; de hombros y torci&#243; el gesto-. &#191;Sabes qu&#233;? Siempre hay alguien que gana pasta con las tragedias.



99

2 de noviembre de 2001


Lorraine estaba tumbada en la cama. Las pastillas para dormir que le hab&#237;a recetado el m&#233;dico eran tan eficaces como un espresso doble.

Ten&#237;a el televisor encendido, ese port&#225;til peque&#241;o y mierdoso de la habitaci&#243;n de invitados, el &#250;nico que no hab&#237;an embargado los jueces porque no se deb&#237;a ning&#250;n pago. Pon&#237;an una pel&#237;cula antigua. Se hab&#237;a perdido el t&#237;tulo, pero dejaba el aparato encendido siempre, como si la pantalla fuera un fondo de escritorio. Le gustaba la luz que emit&#237;a, los ruidos, la compa&#241;&#237;a.

Steve McQueen y Faye Dunaway jugaban al ajedrez en una casa elegante con una iluminaci&#243;n melanc&#243;lica. Hab&#237;a una atm&#243;sfera muy er&#243;tica y cargada entre ellos, con todo tipo de matices.

Ella y Ronnie sol&#237;an jugar a juegos. Record&#243; aquellos primeros a&#241;os, cuando estaban locos el uno por el otro y a veces hac&#237;an cosas descabelladas. Jugaban al strip-ajedrez y Ronnie siempre la desplumaba y la dejaba desnuda mientras &#233;l se quedaba totalmente vestido. Y al strip-Scrabble.

No volver&#237;an a jugar m&#225;s. Se sorbi&#243; la nariz.

Le costaba mucho concentrarse, pensar con claridad. No dejaba de pensar en Ronnie. Le echaba de menos. So&#241;aba con &#233;l las pocas veces que lograba dormir el rato suficiente para so&#241;ar. Y en sus sue&#241;os estaba vivo, sonre&#237;a, le dec&#237;a que era est&#250;pida por creer que hab&#237;a muerto.

Todav&#237;a temblaba cuando recordaba el contenido del sobre de FedEx que hab&#237;a recibido a finales de septiembre, con fotograf&#237;as de la cartera de Ronnie y de su tel&#233;fono m&#243;vil. Lo peor hab&#237;a sido la instant&#225;nea de la cartera chamuscada. &#191;Hab&#237;a muerto quemado?

De repente, la invadi&#243; una oleada de dolor. Empez&#243; a sollozar. Agarrando la almohada, llor&#243; a l&#225;grima viva.

Ronnie -murmur&#243;-. Ronnie, mi querido Ronnie. Te quer&#237;a tanto. Tanto.

Al cabo de unos minutos se tranquiliz&#243;, se recost&#243; y mir&#243; la pel&#237;cula que parpadeaba en la pantalla. Y luego, total y absolutamente aterrada, vio que la puerta del dormitorio se abr&#237;a de repente. Estaba entrando una figura, una sombra alta y negra. Un hombre, cuyo rostro casi oscurecido por completo quedaba dentro de la capucha de un impermeable, avanzaba hacia ella a grandes zancadas.

Ella retrocedi&#243; en la cama, aterrada, alarg&#243; la mano hacia la mesita de noche para coger algo que pudiera utilizar como arma. El vaso de agua se estrell&#243; contra el suelo. Intent&#243; gritar, pero s&#243;lo consigui&#243; proferir un sonido d&#233;bil antes de que una mano le tapara la boca.

Y entonces oy&#243; la voz de Ronnie. Un susurro agudo.

&#161;Soy yo! -dijo-. &#161;Soy yo! Lorraine, nena, soy yo. &#161;Estoy bien!

Apart&#243; la mano y se quit&#243; la capucha.

Ella encendi&#243; de inmediato la luz de la mesita. Lo mir&#243; totalmente incr&#233;dula. Mir&#243; a un fantasma que se hab&#237;a dejado barba y rapado la cabeza. Un fantasma que ol&#237;a a la piel de Ronnie, al pelo de Ronnie, la colonia de Ronnie. Que le sujetaba la cara con unas manos que ten&#237;an el tacto de las manos de Ronnie.

Se qued&#243; mir&#225;ndolo total y absolutamente perpleja, mientras la alegr&#237;a comenzaba a arder en su interior.

&#191;Ronnie? Eres t&#250;, &#191;verdad?

&#161;Claro que soy yo!

Sigui&#243; mir&#225;ndole. Boquiabierta. Mir&#225;ndole. Y mir&#225;ndole m&#225;s. Luego sacudi&#243; la cabeza con incredulidad, en silencio unos momentos.

Todos dijeron Dijeron que hab&#237;as muerto.

Perfecto -dijo-. Lo estoy.

Le dio un beso. Su aliento ol&#237;a a tabaco, alcohol y un poco a ajo. En estos momentos le pareci&#243; el aroma m&#225;s maravilloso del mundo.

Me mandaron fotograf&#237;as de tu cartera y tu tel&#233;fono.

Los ojos de Ronnie se iluminaron como los de un ni&#241;o.

&#161;Joder! &#161;Genial! &#161;Los encontraron! &#161;De puta madre!

Su reacci&#243;n la confundi&#243;. &#191;Estaba bromeando? Todo lo que estaba ocurriendo la confund&#237;a. Le toc&#243; la cara, las l&#225;grimas rodaban por sus mejillas.

No me lo creo -dijo, acarici&#225;ndole las mejillas, toc&#225;ndole la nariz, las orejas, palpando su frente-. Eres t&#250;. Eres t&#250; de verdad.

&#161;S&#237;, boba!

&#191;C&#243;mo? &#191;C&#243;mo? &#191;C&#243;mo sobreviviste?

Porque pens&#233; en ti y no estaba preparado para dejarte. -&#191;Por qu&#233;? &#191;Por qu&#233; no me llamaste? &#191;Estabas herido? -Es una larga historia.

Le acerc&#243; hacia ella y le bes&#243;. Le bes&#243; como si descubriera su boca por primera vez, explorando cada rinc&#243;n. Entonces apart&#243; la cara un momento, sonriendo casi sin aliento.

&#161;Eres t&#250; de verdad!

Las manos de Ronnie se hab&#237;an adentrado en su camis&#243;n y exploraban sus pechos. Cuando se los oper&#243; por primera vez le volvieron loco, pero luego pareci&#243; perder el inter&#233;s, igual que perdi&#243; el inter&#233;s por casi todo. Sin embargo, esta noche, esta aparici&#243;n, este Ronnie en su cuarto, era un hombre completamente distinto. El viejo Ronnie que recordaba de tiempos m&#225;s felices. &#191;Hab&#237;a muerto y resucitado?

Estaba desvisti&#233;ndose, desat&#225;ndose las deportivas, baj&#225;ndose los pantalones. Ten&#237;a una erecci&#243;n enorme. Se desprendi&#243; del impermeable, del jersey negro de cuello alto, se quit&#243; los calcetines. Retir&#243; las s&#225;banas y las mantas y le subi&#243; el camis&#243;n por los muslos.

Luego se arrodill&#243; y empez&#243; a humedecerla con los dedos, encontrando su lugar especial como hac&#237;a antes, con maestr&#237;a, lo trabaj&#243;, moj&#225;ndose el dedo en la boca y en ella, encendiendo un fuego devorador en su interior. Se inclin&#243; hacia delante, le desabroch&#243; el camis&#243;n y liber&#243; sus pechos y luego se los bes&#243; durante mucho rato, primero uno y luego el otro, mientras segu&#237;a acarici&#225;ndola con los dedos.

Luego su polla, m&#225;s grande y dura de lo que hab&#237;a estado en a&#241;os, dura como una roca, se introdujo en ella y empuj&#243;.

Ella grit&#243; de alegr&#237;a.

&#161;&#161;Ronnie!!

Al instante &#233;l le puso un dedo en los labios.

&#161;Ssshhh! -dijo-. No estoy aqu&#237;. S&#243;lo soy un fantasma.

Lorraine le rode&#243; la cabeza con los brazos y acerc&#243; su cara a la de ella tanto como pudo, hasta que not&#243; su barba en su piel. Le encant&#243;, lo atrajo hacia ella, lo atrajo y lo atrajo, sinti&#233;ndole m&#225;s dentro de ella y m&#225;s y luego mucho m&#225;s.

&#161;Ronnie! -jade&#243; en su o&#237;do, respirando m&#225;s y m&#225;s deprisa, llegando al climax y notando c&#243;mo &#233;l explotaba en su interior.

Luego se quedaron los dos muy quietos, engullendo bocanadas de ox&#237;geno. En el televisor, la pel&#237;cula segu&#237;a avanzando. El calentador continuaba soplando aire, con un ruido intermitente.

Nunca pens&#233; que los fantasmas se pusieran calientes -susurr&#243; Lorraine-. &#191;Puedo convocarte todas las noches?

Tenemos que hablar -dijo &#233;l.



100

Octubre de 2007


El agente Duncan Troutt se sent&#237;a menos seguro de s&#237; mismo esta ma&#241;ana, su segundo d&#237;a como polic&#237;a hecho y derecho. Y esperaba que hubiera m&#225;s acci&#243;n que ayer, porque se hab&#237;a pasado la mayor parte de su turno dando indicaciones a estudiantes extranjeros y present&#225;ndose a los propietarios de algunos negocios, en particular al jefe de un local de comida r&#225;pida india que hab&#237;a recibido una paliza hac&#237;a poco, una agresi&#243;n que hab&#237;a sido grabada con la c&#225;mara de un m&#243;vil y que hab&#237;a acabado en YouTube.

A las nueve pasadas, despu&#233;s de girar en Lower Arundel Terrace, decidi&#243; volver a visitar a Katherine Jennings con la esperanza de encontrarla en casa. Antes de salir de la comisar&#237;a esta ma&#241;ana hab&#237;a le&#237;do en el registro que un compa&#241;ero del turno de noche hab&#237;a intentado localizarla dos veces, a las siete y a las diez, sin &#233;xito. Una llamada a informaci&#243;n telef&#243;nica todav&#237;a no hab&#237;a dado con ning&#250;n n&#250;mero que se correspondiera con ese nombre en esa direcci&#243;n, figurara en el list&#237;n o no.

Mientras caminaba por la acera, observando cada una de las casas y comprobando cada uno de los coches aparcados en busca de alguna se&#241;al de robo o vandalismo, dos gaviotas chillaron encima de &#233;l. Mir&#243; arriba y luego al cielo oscuro y amenazador. Las calles todav&#237;a estaban brillantes por la lluvia ca&#237;da anoche y parec&#237;a que en cualquier momento pod&#237;a empezar a llover otra vez.

Poco antes de llegar a la entrada del n&#250;mero 29 se fij&#243; en un Ford Focus con un cepo aparcado al otro lado de la calle. El coche le sonaba de ayer. Recordaba haber visto que ten&#237;a una multa en el parabrisas. Cruz&#243;, cogi&#243; el papel, sacudi&#243; las gotas de lluvia del envoltorio de celof&#225;n mojado y ley&#243; la fecha y la hora. Hab&#237;a sido emitida a las 10.03 de ayer, lo que significaba que llevaba aqu&#237; m&#225;s de veinticuatro horas.

Pod&#237;a haber todo tipo de explicaciones inocentes. La m&#225;s probable era que se tratara de alguien que no se hab&#237;a percatado de que estas calles requer&#237;an permisos de aparcamiento para residentes. Tambi&#233;n era posible que se tratara de un coche robado abandonado. Lo m&#225;s importante para &#233;l era su ubicaci&#243;n, pr&#243;ximo al piso de la mujer que le hab&#237;an pedido que fuera a ver y que, al parecer, hab&#237;a desaparecido, aunque s&#243;lo fuera temporalmente.

Pidi&#243; por radio informaci&#243;n sobre el coche, luego cruz&#243; la calle y llam&#243; al timbre de Katherine Jennings. Como antes, no obtuvo respuesta.

Entonces, despu&#233;s de decidir que volver&#237;a a intentarlo m&#225;s tarde, sigui&#243; con su ronda, baj&#243; hasta Marine Parade y all&#237; gir&#243; a la izquierda. Al cabo de unos minutos, su radio cobr&#243; vida. El Ford Focus pertenec&#237;a a Avis, la empresa de alquiler de coches. Dio las gracias a la operadora y reflexion&#243; detenidamente sobre aquel dato nuevo. A menudo, las personas que alquilaban coches desobedec&#237;an las normas de tr&#225;fico. Tal vez quien hubiera alquilado este coche no quisiera pasar por el l&#237;o de quitarle el cepo, o no hubiera tenido tiempo.

Pero todav&#237;a pod&#237;a existir una relaci&#243;n con Katherine Jennings, por muy escasas que fueran las probabilidades. Mientras ca&#237;an las primeras gotas de lluvia llam&#243; por radio a su superior inmediato, el sargento Ian Brown de la brigada criminal del distrito de East Brighton. Le traslad&#243; su preocupaci&#243;n por el veh&#237;culo y pregunt&#243; si alguien pod&#237;a llamar a Avis y averiguar qui&#233;n lo hab&#237;a alquilado.

Seguramente no sea nada, se&#241;or -a&#241;adi&#243;, preocupado por no quedar como un idiota.

Haces muy bien en comprobarlo -le tranquiliz&#243; el sargento-. Muchas veces un buen trabajo policial se consigue a partir del detalle m&#225;s peque&#241;o. Nadie va a rega&#241;arte por ser demasiado observador. &#161;Que se te pase por alto algo importante, eso s&#237; es otra historia!

Troutt le dio las gracias y sigui&#243; su camino. Treinta minutos despu&#233;s el sargento le llam&#243; por radio.

El coche est&#225; alquilado a nombre de un australiano llamado Chad Skeggs. Vive en Melbourne, el carn&#233; de conducir es australiano.

Troutt se puso debajo de un porche para resguardar su libreta de la lluvia y anot&#243; diligentemente el nombre, deletre&#225;ndoselo al sargento.

&#191;Te dice algo ese nombre? -le pregunt&#243; Brown.

No, se&#241;or.

A m&#237; tampoco.

De todos modos, el sargento decidi&#243; introducirlo en el registro de incidentes. Por si acaso.



101

Octubre de 2007


Abby estaba sentada en silencio en el asiento trasero del taxi bajo una lluvia torrencial, mirando la pantalla de su tel&#233;fono m&#243;vil.

Llevaba el sobre envuelto con el pl&#225;stico de burbujas metido entre el jersey y la camiseta de debajo. Se hab&#237;a abrochado bien fuerte un cintur&#243;n alrededor de la cintura para impedir que el paquete cayera y evitar que alguien lo viera. Y notaba el bulto tranquilizador del spray Mace en el bolsillo delantero de sus vaqueros.

El taxista gir&#243; a la derecha en el paseo mar&#237;timo de Hove junto a la estatua de la reina Victoria y subi&#243; por el Drive, una calle ancha flanqueada a ambos lados por bloques de pisos caros. Sin embargo, ella no ve&#237;a nada por las ventanillas del veh&#237;culo. En realidad, apenas ve&#237;a nada de nada. S&#243;lo ten&#237;a una imagen delante de sus ojos doloridos; una imagen grabada a fuego en su mente.

La fotograf&#237;a en su m&#243;vil de la cabeza de su madre asomando por la alfombra enrollada. Y las palabras debajo: C&#243;moda y enrolladita en la alfombrita.

La invad&#237;a un torbellino de emociones. Oscilaba entre la furia ciega hacia Ricky y el miedo m&#225;s atroz por la vida de su madre.

Y el sentimiento de culpa por haberlo provocado.

Estaba tan cansada que le costaba trabajo pensar con claridad. Hab&#237;a pasado la noche en vela, nerviosa, escuchando el tr&#225;fico interminable en el paseo mar&#237;timo, a un tiro de piedra de la ventana de su hotel. Sirenas, camiones, autobuses, la alarma de un coche que no dejaba de saltar, los chillidos de las gaviotas a primera hora de la ma&#241;ana. Hab&#237;a visto caer lentamente cada hora. Cada media hora. Cada cuarto de hora.

Esperando a que Ricky llamara, o al menos que mandara un mensaje para decir algo m&#225;s, pero no hab&#237;a recibido nada. Le conoc&#237;a. Sab&#237;a que esta clase de juego psicol&#243;gico era t&#237;pico de &#233;l. Le gustaba hacer esperar. Recordaba la segunda vez que hab&#237;a ido a su apartamento. Era su segunda cita secreta, o eso crey&#243; &#233;l, y Abby fue tan est&#250;pida -o tan inocente- como para acceder a practicar una sesi&#243;n de bondage. El cabr&#243;n la at&#243; desnuda, en una habitaci&#243;n fr&#237;a, la llev&#243; casi al orgasmo con un vibrador, luego le dio un bofet&#243;n y la dej&#243; en el cuarto seis horas, amordazada. Luego regres&#243; y la viol&#243;.

Despu&#233;s le dijo que era lo que ella hab&#237;a querido.

Y aquel d&#237;a Abby fracas&#243; estrepitosamente porque no logr&#243; sacarle lo que ella -o, mejor dicho, Dave- quer&#237;a. Para eso hizo falta mucho m&#225;s tiempo.

En esos momentos lo que le preocupaba era no conocer los l&#237;mites de Ricky; sospechaba que no ten&#237;a. Le cre&#237;a muy capaz de matar a su madre para recuperarlo todo. Y de matarla a ella tambi&#233;n.

Y disfrutar con ello, seguramente.

Intentaba imaginar la angustia que estar&#237;a sufriendo su madre en estos momentos cuando se percat&#243;, sobresaltada, de que hab&#237;a llegado a la imponente casa de Hegarty.

Pag&#243; al taxista, mir&#243; con cautela por el parabrisas trasero del coche y luego por el delantero. Vio un cami&#243;n de British Telecom a poca distancia que parec&#237;a estar llevando a cabo alg&#250;n tipo de reparaci&#243;n y, un poco m&#225;s adelante, un coche peque&#241;o azul aparcado parcialmente sobre la acera. Pero no hab&#237;a rastro del Ford Focus de Ricky ni de &#233;l.

Volvi&#243; a comprobar el n&#250;mero de la casa, deseando haber tra&#237;do su paraguas peque&#241;o. Luego, con la cabeza agachada para protegerse de la lluvia, cruz&#243; corriendo la verja abierta, pas&#243; por delante de los coches aparcados y se resguard&#243; en el porche oscuro. Se qued&#243; un momento all&#237;, se sac&#243; el paquete de su cintura, se arregl&#243; la ropa y luego llam&#243; al timbre.

Al cabo de un par de minutos estaba en el estudio de Hegarty, sentada en un sof&#225; grande color carmes&#237;. El comerciante, vestido con una camisa de cuadros ancha, pantalones de pana de pata de elefante y zapatillas de cuero, se sent&#243; a su escritorio y empez&#243; a examinar cada sello con una lupa enorme de carey.

Siempre le emocionaba ver los sellos, porque hab&#237;a algo m&#237;stico en ellos. Eran min&#250;sculos, antiguos, delicados, y, sin embargo, su valor era incalculable. La mayor&#237;a eran negros o azules o de un color rojo ladrillo, con la imagen de la reina Victoria, pero los hab&#237;a en otros colores o con las efigies de otros soberanos.

La esposa de Hegarty, una mujer guapa de unos sesenta a&#241;os que vest&#237;a con elegancia y luc&#237;a un peinado distinguido, llev&#243; a Abby una taza de t&#233; y un plato de galletas digestivas y volvi&#243; a salir.

Hab&#237;a algo en la conducta del hombre que la incomodaba. Dave le hab&#237;a dicho que los trajera aqu&#237;, que Hugo Hegarty era el comerciante que le ofrecer&#237;a el mejor precio y le har&#237;a pocas preguntas, as&#237; que deb&#237;a confiar en sus palabras. Pero le despertaba unas malas vibraciones que no pod&#237;a acabar de concretar.

Necesitaba venderlos urgentemente. Cuanto antes ingresara el dinero, mejor ser&#237;a su posici&#243;n para negociar con Ricky. Mientras los tuviera en su poder, &#233;l tendr&#237;a algo contra ella. Si se cabreaba de verdad, pod&#237;a acudir a la polic&#237;a. En ese caso acabar&#237;an todos perdiendo, pero Abby cre&#237;a que era lo bastante rencoroso para hacerlo antes que dejarse joder.

Sin los sellos, sin embargo, Ricky no tendr&#237;a nada con lo que apoyar su historia. Y mientras tanto, ella tendr&#237;a el dinero a buen recaudo, oculto tras una barrera de fideicomisarios en un banco de Panam&#225;, un para&#237;so fiscal que no colaboraba con las autoridades.

En cualquier caso, la posesi&#243;n era una novena parte de la condena.

Esperar hab&#237;a sido un error. Tendr&#237;a que haberlos vendido en cuanto lleg&#243; a Inglaterra, o a Nueva York. Pero Dave hab&#237;a querido esperar a estar seguros de que Ricky no ten&#237;a ni idea de d&#243;nde se encontraba ella. Ahora esta estrategia hab&#237;a fracasado estrepitosamente.

De repente, el tel&#233;fono de Hegarty son&#243;.

&#191;Diga? -contest&#243; el hombre. Entonces su voz se tens&#243; de repente y pareci&#243; un poco inc&#243;moda. Lanz&#243; una mirada a Abby y dijo-: Espere un segundo, &#191;de acuerdo? Hablar&#233; desde otra habitaci&#243;n.



Glenn Branson estaba sentado a su mesa, el auricular pegado a la oreja, esperando a que Hugo Hegarty volviera a ponerse al tel&#233;fono.

Disc&#250;lpeme, sargento -dijo Hegarty despu&#233;s de un par de minutos-. La se&#241;orita estaba en mi despacho. Imagino que llamar&#225; por ella.

Podr&#237;a ser, s&#237;. Resulta que acabo de comprobar el registro de incidentes de esta ma&#241;ana (el programa donde se anota todo) y he encontrado algo que tal vez sea importante. Naturalmente, podr&#237;a no ser nada de nada. Ayer nos dio un nombre, se&#241;or. Un tal Chad Skeggs.

Pregunt&#225;ndose qu&#233; le dir&#237;a el sargento, Hegarty respondi&#243; con un vacilante S&#237;.

Bueno, pues acabamos de saber que un veh&#237;culo alquilado por alguien que responde a ese nombre, un australiano de Melbourne, ha sido visto delante del piso donde vive Katherine Jennings.

&#191;En serio? Qu&#233; interesante. &#161;Es muy interesante, s&#237;!

&#191;Cree que podr&#237;a haber alguna relaci&#243;n, se&#241;or?

Yo dir&#237;a que s&#237;, sargento, seguro, del mismo modo que relacionar&#237;a un pescado podrido con el mal olor.



102

3 de noviembre de 2001


En alg&#250;n momento a primera hora de la ma&#241;ana, mientras Lorraine yac&#237;a despierta en la cama, escuchando los ronquidos de Ronnie, la alegr&#237;a y el alivio que sent&#237;a por que estuviera vivo comenzaron a transformarse en ira.

Despu&#233;s, cuando &#233;l se despert&#243; e insisti&#243; en no descorrer las cortinas del dormitorio ni subir las persianas de la cocina, se encar&#243; a &#233;l en la mesa del desayuno. &#191;Por qu&#233; la hab&#237;a hecho sufrir tanto? Podr&#237;a haberle hecho una llamada r&#225;pida, &#191;no?, para explic&#225;rselo todo y entonces no habr&#237;a vivido en un infierno durante casi dos meses.

Entonces se ech&#243; a llorar.

No pod&#237;a arriesgarme -dijo Ronnie, acun&#225;ndole la cara en sus brazos-. Tienes que entenderlo, nena. Una sola llamada desde Nueva York en tu factura podr&#237;a haber suscitado preguntas. Y ten&#237;a que cerciorarme de que interpretabas el papel de viuda desconsolada.

S&#237;, pues s&#237; lo interpret&#233; muy bien, joder -dijo ella, sec&#225;ndose los ojos. Entonces sac&#243; un cigarrillo-. Tendr&#237;an que darme un puto Oscar.

Te merecer&#225;s uno cuando acabemos.

Lorraine lo agarr&#243; de la mu&#241;eca fuerte y velluda y la atrajo hacia su cara.

Me siento tan segura contigo, Ronnie. Por favor, no te vayas. Podr&#237;as esconderte aqu&#237;.

S&#237;, claro.

&#161;Que s&#237;!

&#201;l neg&#243; con la cabeza.

&#191;No podemos hacer algo para no perder la casa? Cu&#233;ntamelo otra vez, &#191;qu&#233; dinero vamos a recibir?

Encendi&#243; el cigarrillo y dio una calada honda.

Tengo un seguro de vida, con Norwich Union, por valor de un mill&#243;n y medio de libras. Encontrar&#225;s la p&#243;liza en una caja de seguridad en el banco. La llave est&#225; en mi escritorio. Parece que va a haber una dispensa especial para las v&#237;ctimas del 11-S. Las compa&#241;&#237;as de seguros van a pagar las p&#243;lizas, incluso en los casos en que no se haya encontrado el cad&#225;ver, en lugar de esperar los siete a&#241;os que establece la ley.

&#161;Un mill&#243;n y medio de libras! Podr&#237;a llevar la p&#243;liza al director del banco. &#161;Dejar&#237;a que me quedara con la casa!

Puedes intentarlo, pero ya s&#233; qu&#233; dir&#225;, el cabr&#243;n. Te dir&#225; que no es seguro que te paguen, o cu&#225;ndo, y que las compa&#241;&#237;as de seguros siempre se las ingenian para escaquearse.

&#191;Entonces la nuestra podr&#237;a escaquearse?

No, no pasar&#225; nada, supongo. Esta situaci&#243;n es demasiado emotiva. Luego habr&#225; un fondo de compensaci&#243;n para los familiares de las v&#237;ctimas del 11-S. Me han dicho que podr&#237;amos estar hablando de dos millones y medio de d&#243;lares.

&#191;Dos millones y medio?

&#201;l asinti&#243; emocionado.

Lorraine lo mir&#243; fijamente, haciendo un c&#225;lculo mental r&#225;pido.

&#191;Eso ser&#237;a alrededor de un mill&#243;n setecientas mil libras? Entonces, &#191;hablamos de unos tres millones setecientas cincuenta mil libras, m&#225;s o menos?

M&#225;s o menos. Y libres de impuestos. Por un a&#241;o de dolor.

Ella se qued&#243; quieta unos momentos. Cuando por fin habl&#243;, lo hizo con un deje de sobrecogimiento en la voz.

Eres incre&#237;ble.

Soy un superviviente.

Por eso te quiero. Por eso siempre he cre&#237;do en ti. Siempre, lo sabes, &#191;verdad?

Ronnie le dio un beso.

S&#237;.

&#161;Somos ricos!

Casi. Lo seremos. No seas impaciente, diablilla

Est&#225;s raro con barba.

&#191;S&#237;?

Como m&#225;s joven.

&#191;Y menos muerto que el viejo Ronnie?

Ella sonri&#243;.

Anoche estabas mucho menos muerto.

He esperado mucho tiempo para eso.

&#191;Y ahora me dices que esperemos un a&#241;o? &#191;Quiz&#225; m&#225;s?

El fondo de compensaci&#243;n pagar&#225; deprisa en caso de dificultades econ&#243;micas. T&#250; eres uno de esos casos.

Dar&#225;n prioridad a los estadounidenses antes que a los extranjeros.

&#201;l neg&#243; con la cabeza.

Yo no he o&#237;do eso.

&#161;Tres millones setecientas cincuenta mil libras! -repiti&#243; Lorraine con ojos so&#241;adores, y gir&#243; el cigarrillo en el plato para echar la ceniza.

Podr&#225;s comprarte un mont&#243;n de trapitos.

Tendr&#237;amos que invertirlo.

Tengo planes. Lo primero que tenemos que hacer es sacarlo del pa&#237;s Y sacarte a ti tambi&#233;n.

Ronnie se puso de pie de un salto, fue al pasillo y regres&#243; con una mochila. Sac&#243; un sobre marr&#243;n, que dej&#243; sobre la mesa y desliz&#243; hacia ella.

Ya no soy Ronnie Wilson. Tendr&#225;s que acostumbrarte. Ahora soy David Nelson. Y dentro de un a&#241;o t&#250; dejar&#225;s de ser Lorraine Wilson.

Dentro del sobre hab&#237;a dos pasaportes. Uno era australiano. La fotograf&#237;a era de ella, pero apenas se reconoci&#243;. Ten&#237;a el pelo casta&#241;o oscuro y corto y le hab&#237;an puesto gafas. El nombre que figuraba en &#233;l era Margaret Nelson.

Contiene un visado sellado para residir permanentemente en Australia. V&#225;lido para cinco a&#241;os.

&#191;Margaret? -dijo ella-. &#191;Por qu&#233; Margaret?

&#161;O Maggie!

Ella neg&#243; con la cabeza.

&#191;Tengo que llamarme Margaret? &#191;O Maggie?

S&#237;.

&#191;Durante cu&#225;nto tiempo?

Para siempre.

Genial -dijo Lorraine-. &#191;Ni siquiera me das la oportunidad de elegir mi propio nombre?

Tampoco te la dieron cuando naciste, &#161;tonta!

Lorraine pronunci&#243; el nombre en voz alta, con recelo:

Margaret Nelson.

Nelson es un buen apellido, tiene clase.

Lorraine sac&#243; un segundo pasaporte de la bolsa.

&#191;Y &#233;ste?

Es para cuando te marches de Inglaterra.

Dentro hab&#237;a otra fotograf&#237;a de ella, pero en &#233;sta ten&#237;a el pelo gris y parec&#237;a veinte a&#241;os mayor. El nombre dec&#237;a Anita Marsh.

Lo mir&#243; perpleja.

He encontrado el mejor modo de desaparecer. La gente recuerda a las mujeres guapas, los t&#237;os en particular. No se acuerdan de las ancianitas, son casi invisibles. Cuando llegue el momento, comprar&#225;s dos billetes por adelantado en el ferry de Newhaven a Dieppe para una traves&#237;a nocturna. Un billete a tu nombre y el otro a nombre de Anita Marsh. Y reservar&#225;s un camarote a nombre de Anita Marsh. &#191;De acuerdo?

&#191;Quieres que lo apunte?

No. Vas a tener que memorizarlo. Me pondr&#233; en contacto contigo. Lo repasaremos un mont&#243;n de veces antes de que llegue el d&#237;a. Lo que har&#225;s ser&#225; dejar una nota de suicidio Escribir&#225;s que no puedes soportar la vida sin m&#237;, que te sientes desgraciada trabajando de nuevo en Gatwick, que la vida es una mierda Y el m&#233;dico podr&#225; confirmar que estabas tomando antidepresivos, todo ese rollo.

S&#237;, bueno, no ser&#225; mentira.

Te subir&#225;s al ferry como Lorraine Wilson, tan guapa como puedas, y te asegurar&#225;s bien de que la gente te vea. Dejar&#225;s la bolsa, con una muda, en el camarote reservado a nombre de Anita Marsh. Luego ir&#225;s al bar y empezar&#225;s a fingir que est&#225;s triste, y a beber mucho, y no estar&#225;s de humor para hablar con nadie. La traves&#237;a dura cuatro horas y cuarto, as&#237; que dispondr&#225;s de mucho tiempo. Cuando est&#233;s en medio del Canal, te marchar&#225;s del bar y le dir&#225;s al camarero que sales a cubierta. Pero bajar&#225;s al camarote y te transformar&#225;s en Anita Marsh, con una peluca y vestida de mujer mayor. Luego coger&#225;s tu ropa, tu pasaporte y tu tel&#233;fono m&#243;vil y los tirar&#225;s por la borda.

Lorraine lo miraba absolutamente estupefacta.

En Dieppe coger&#225;s un tren a Par&#237;s. All&#237; romper&#225;s tu pasaporte de Anita Marsh y comprar&#225;s un billete de avi&#243;n a Melbourne a nombre de Margaret Nelson. Yo te estar&#233; esperando al otro lado cuando llegues.

Joder, has pensado en todo, &#191;verdad?

En aquel momento no supo si estaba contenta o enfadada.

S&#237;, bueno, no he tenido mucho m&#225;s que hacer, la verdad.

Prom&#233;teme una cosa Todo este dinero No tienes pensado meterlo en alg&#250;n negocio, &#191;verdad?

Qu&#233; va. He aprendido la lecci&#243;n, nena. Lo he pensado much&#237;simo. El problema es que cuando te endeudas entras en una espiral. Ahora somos libres, podemos volver a empezar. Empezar en Australia y luego tal vez irnos a otra parte, vivir en un lugar soleado. &#161;A m&#237; me suena bien! Con el tiempo, podemos meter el dinero en el banco y vivir de los intereses.

Lorraine mir&#243; a Ronnie con recelo.

&#201;l se&#241;al&#243; el sobre.

Ah&#237; dentro hay algo m&#225;s para ti.

Ella sac&#243; una bolsa de celof&#225;n. Dentro hab&#237;a varios sellos sueltos.

Para ayudarte a ir tirando -dijo-. Con los gastos. Date un par de caprichos para animarte. Encontrar&#225;s un Somerset House de una libra de 1911, cuesta unas mil quinientas libras. Tambi&#233;n hay uno de un c&#233;ntimo de 1881, por el que deber&#237;as sacar unas quinientas libras. En total valen todos unas cinco mil libras. Ll&#233;vaselos a un tipo que conozco, &#233;l te ofrecer&#225; el mejor precio. Y cuando recibas la pasta gansa, ir&#225;s a verlo a &#233;l para convertirla en sellos. Es de fiar. Nos har&#225; la mejor oferta.

&#191;Y no sabe nada?

No, Dios m&#237;o. -Ronnie arranc&#243; un trozo en blanco de la contraportada de la revista Hello! que hab&#237;a sobre la mesa de la cocina y anot&#243; el nombre de Hugo Hegarty, junto con su n&#250;mero de tel&#233;fono y direcci&#243;n-. Yo era buen cliente suyo.

Hemos recibido algunas cartas y tarjetas de p&#233;same durante las &#250;ltimas semanas.

Me gustar&#237;a verlas, leer lo que dice la gente de m&#237;.

Cosas bonitas. -Solt&#243; una risa triste-. Sue me dec&#237;a que deb&#237;a empezar a pensar en el funeral. No habr&#237;amos necesitado un ata&#250;d muy grande, &#191;verdad? Para una cartera y un m&#243;vil.

Los dos se rieron. Luego Lorraine se sec&#243; m&#225;s l&#225;grimas que hab&#237;an comenzado a deslizarse por su cara.

Al menos podemos re&#237;rnos -dijo-. Eso est&#225; bien, &#191;verdad?

Ronnie rode&#243; la mesa, se acerc&#243; a ella y la abraz&#243; con fuerza.

S&#237;. Est&#225; bien.

&#191;Por qu&#233; Australia?

Est&#225; muy lejos. All&#237; podemos ser an&#243;nimos. Adem&#225;s, tengo un colega que fue a vivir all&#237; hace unos a&#241;os. Puedo confiar en &#233;l Volver&#225; a convertir los sellos en dinero, sin hacer preguntas.

&#191;Qui&#233;n?

Chad Skeggs.

Lorraine lo mir&#243; con cara de susto, como si acabaran de pegarle un tiro.

&#191;Ricky Skeggs?

S&#237;. Saliste con &#233;l antes de m&#237;, &#191;verdad? Les dec&#237;a a todas sus chicas que lo llamaran Ricky. Como si fuera un privilegio especial. Chad para los negocios, Chad para los colegas, pero Ricky para sus chicas. Siempre fue muy particular para estas cosas.

Es el mismo nombre -dijo ella-. Los dos son diminutivos de Richard.

S&#237;, lo que t&#250; digas.

No, no me vengas con lo que yo diga, Ronnie. Y no sal&#237; con &#233;l. S&#243;lo tuvimos una cita. Intent&#243; violarme, &#191;recuerdas? Te lo cont&#233; todo.

S&#237; La violaci&#243;n era su idea de los preliminares.

Hablo en serio. Te cont&#233; la historia, &#191;no? A principios de los a&#241;os noventa, ten&#237;a un Porsche. Salimos una noche

Recuerdo ese Porsche. Un 911 Targa. Negro. Yo trabajaba para Brighton Connoisseur Cars, lo reparamos entero despu&#233;s de que quedara siniestro total, al chocar contra un &#225;rbol. Unimos la parte trasera con la parte delantera de otro. Se lo vendimos barato. &#161;Era una puta trampa mortal!

&#191;Y se lo vendiste a tu amigo?

&#201;l sab&#237;a que no era fiable y no lo hac&#237;a correr demasiado. S&#243;lo lo utilizaba para presumir, y para atraer a bombones como t&#250;.

S&#237;, bueno, despu&#233;s de tomar unas copas en el bar, pens&#233; que me llevar&#237;a a cenar algo. Pero me llev&#243; a los Downs, me dijo que a las chicas que se follaba les permit&#237;a llamarle Ricky, luego se baj&#243; la cremallera y me dijo que se la chupara. Me qued&#233; muerta.

Cabr&#243;n asqueroso.

Entonces, cuando le dije que me llevara a casa, intent&#243; sacarme del coche a rastras, me dijo que era una zorra desagradecida y que iba a ense&#241;arme lo que era un buen polvo. Le ara&#241;&#233; la cara, luego toqu&#233; la bocina y de repente aparecieron unos faros que se acercaban a nosotros. Le entr&#243; el p&#225;nico y me llev&#243; a casa

&#191;Y?

No dijo ni una palabra. Me baj&#233; del coche y eso fue todo. Le ve&#237;a por la ciudad de vez en cuando, siempre con una mujer diferente. Luego alguien me dijo que se hab&#237;a marchado a Australia. No lo bastante lejos en mi opini&#243;n.

Ronnie se qued&#243; sentado en un silencio inc&#243;modo. Lorraine apag&#243; el cigarrillo, que se hab&#237;a consumido hasta el filtro, y encendi&#243; otro. Por fin Ronnie habl&#243;.

Chad es buena gente. Seguramente esa noche lo pillaste cabreado. Tiene un ego importante, siempre lo ha tenido. Ya ver&#225;s que ahora se ha moderado, con la edad.

Lorraine se qued&#243; callada un buen rato.

No pasar&#225; nada, nena -a&#241;adi&#243; Ronnie-. Saldr&#225; bien. &#191;Cu&#225;nta gente hay a quien se le brinde la oportunidad de comenzar de nuevo?

Comenzar de nuevo relativamente -dijo ella con amargura-. La persona de la que vamos a depender por completo intent&#243; violarme una vez.

&#191;Tienes un plan mejor? -le espet&#243; Ronnie de repente-. Dime, &#191;tienes un plan mejor?

Lorraine lo mir&#243;. Parec&#237;a distinto de cuando se hab&#237;a marchado a Nueva York. Y no s&#243;lo f&#237;sicamente. No eran s&#243;lo la barba y la cabeza rapada, algo m&#225;s parec&#237;a haber cambiado. Parec&#237;a m&#225;s autoritario, m&#225;s duro.

O, debido a la larga ausencia, quiz&#225; lo viera por primera vez tal como era en realidad.

No -le contest&#243; a rega&#241;adientes, era evidente que no ten&#237;a un plan mejor.



103

Octubre de 2007


Abby, que esperaba en el sof&#225; de piel del despacho de Hugo Hegarty, sopl&#243; su t&#233; y bebi&#243; un sorbo. Luego cogi&#243; una galleta. No hab&#237;a desayunado nada y notaba la necesidad de tomar az&#250;car. Cuando Hegarty por fin regres&#243;, parec&#237;a haberse ausentado mucho rato.

Disculpe la espera -dijo con educaci&#243;n, y se sent&#243; detr&#225;s de su mesa. Luego volvi&#243; a mirar los sellos unos momentos-. Son todos de una calidad excelente -dijo-. Est&#225;n nuevos. Es una colecci&#243;n muy importante.

Abby sonri&#243;.

Gracias.

&#191;Y quiere venderlos todos?

S&#237;.

&#191;En qu&#233; precio est&#225; pensando?

El valor de cat&#225;logo es algo superior a los cuatro millones de libras -contest&#243; ella.

S&#237;, correcto, m&#225;s o menos. Pero me temo que nadie va a pagarle precios de cat&#225;logo. Cualquiera que los compre querr&#225; sacar un margen. Cuanto mejor sea su procedencia, m&#225;s bajo ser&#225; ese margen, por supuesto.

&#191;Usted est&#225; dispuesto a comprarlos? -le pregunt&#243; Abby-. &#191;A un precio reducido?

&#191;Puede explicarme m&#225;s detalladamente c&#243;mo llegaron a sus manos? Anoche dijo que estaba vaciando y ordenando la casa de su t&#237;a.

S&#237;.

En Sydney, Australia.

Ella asinti&#243;.

&#191;C&#243;mo se llamaba su t&#237;a?

Anne Jennings.

&#191;Y tiene algo para demostrarme la cadena de t&#237;tulo?

&#191;Qu&#233; necesita?

Una copia de su testamento. Tal vez pudiera pedirle a su abogado que se lo mandara por fax. No s&#233; qu&#233; hora ser&#225; ahora all&#237;. -Mir&#243; su reloj-. De noche, creo. Podr&#237;a hacerlo ma&#241;ana.

&#191;Y cu&#225;nto me pagar&#237;a por la colecci&#243;n?

&#191;Con una cadena de t&#237;tulo? Estar&#237;a dispuesto a pagarle dos y medio. Millones.

&#191;Y sin ella? &#191;A tocateja, ahora?

Hegarty dijo que no con la cabeza sonriendo ir&#243;nicamente.

Me temo que conmigo no funciona as&#237;.

Me hab&#237;an dicho que usted era el hombre al que ten&#237;a que acudir.

No, ya no. Mire, se&#241;orita, le dar&#233; un consejo: divida la colecci&#243;n. Es demasiado grande, la gente le har&#225; preguntas. Div&#237;dala ya. Hay algunos comerciantes aqu&#237; en el Reino Unido. Lleve una plancha a uno, otra a otro. Tal vez pueda verse con algunos comerciantes del extranjero, regatee con ellos. No tiene que aceptar sus precios si no le gustan. V&#233;ndalos sin hacer ruido, durante un par de a&#241;os, y as&#237; no llamar&#225; la atenci&#243;n de nadie.

Hegarty recogi&#243; los sellos con cuidado, de un modo casi reverencial, y volvi&#243; a guardarlos todos en sus hojas protectoras.

Destrozada, Abby dijo con voz d&#233;bil:

&#191;Puede recomendarme alg&#250;n comerciante aqu&#237; en el Reino Unido?

S&#237;, a ver, d&#233;jeme pensar. -Recit&#243; de un tir&#243;n varios nombres mientras met&#237;a los sellos en el sobre acolchado. Abby los apunt&#243;. Luego a&#241;adi&#243;, como si se le ocurriera de pronto-: Naturalmente, se me ocurre alguien m&#225;s.

&#191;Qui&#233;n?

He o&#237;do que Chad Skeggs est&#225; en la ciudad -dijo, mir&#225;ndola fijamente.

Y ella no pudo evitarlo. Se puso roja como un tomate. Luego, le pidi&#243; si pod&#237;a llamarle un taxi.



Hugo Hegarty acompa&#241;&#243; a Abby a la puerta. Hubo un silencio g&#233;lido entre ellos y a ella no se le ocurri&#243; nada que decir para romperlo m&#225;s que un triste:

No es lo que usted piensa.

&#201;se es el problema con Chad Skeggs -replic&#243; el hombre-. Que nunca lo es.

Cuando Abby se march&#243;, Hegarty fue directamente a su despacho y llam&#243; al sargento Branson. No ten&#237;a mucho m&#225;s que a&#241;adir a su conversaci&#243;n anterior, salvo darle el nombre de la t&#237;a de la joven, Anne Jennings.

En su opini&#243;n, todo lo que pudiera hacer, cualquier cosa, para devolv&#233;rsela a Chad Skeggs no ser&#237;a suficiente.



104

Octubre de 2007


Abby abri&#243; la puerta trasera del taxi, profundamente afligida por el encuentro con Hugo Hegarty, y lanz&#243; una mirada sombr&#237;a a la lluvia torrencial que ca&#237;a en Dyke Road Avenue.

La furgoneta de British Telecom todav&#237;a estaba all&#237; y el coche peque&#241;o azul oscuro segu&#237;a aparcado un poco m&#225;s adelante. Se subi&#243; al taxi y cerr&#243; la puerta.

&#191;Al Grand Hotel? -pregunt&#243; la taxista para confirmar el destino.

Abby asinti&#243;. Era la direcci&#243;n err&#243;nea, la que hab&#237;a dado a prop&#243;sito al llamar desde el despacho de Hegarty, porque no quer&#237;a que &#233;l supiera d&#243;nde se hospedaba. Se bajar&#237;a en alg&#250;n sitio antes de llegar.

Se recost&#243; en el asiento, pensativa. Ni una palabra de Ricky. Dave se equivocaba: vender los sellos ser&#237;a mucho m&#225;s complicado de lo que le hab&#237;a dicho, y, adem&#225;s, les llevar&#237;a mucho m&#225;s tiempo.

Su tel&#233;fono empez&#243; a sonar. La pantalla le dijo que era su madre. Contest&#243; muerta de miedo, agarrando el m&#243;vil bien pegado a la oreja, consciente de que la conductora estar&#237;a escuchando.

&#161;Mam&#225;!-dijo.

Su madre parec&#237;a desorientada y muy angustiada. Respiraba entrecortadamente.

Por favor, Abby, por favor, tengo que tomar mi medicaci&#243;n, estoy cada vez m&#225;s -Call&#243; y respir&#243; con brusquedad, luego solt&#243; un jadeo sofocado-. Los espasmos. Yo por favor No tendr&#237;as que hab&#233;rtelos llevado. Est&#225; mal -Solt&#243; otro jadeo.

Entonces la llamada se cort&#243;.

Abby volvi&#243; a llamar desesperada, pero salt&#243; directamente el contestador, como antes.

Temblando, mir&#243; la pantalla del m&#243;vil, esperando que volviera a cobrar vida en cualquier momento con una llamada de Ricky. Pero permaneci&#243; en silencio.

Cerr&#243; los ojos. &#191;Cu&#225;nto tiempo m&#225;s pod&#237;a aguantar su madre? &#191;Cu&#225;nto m&#225;s pod&#237;a hacerla sufrir?

Cabr&#243;n. Cabr&#243;n, cabr&#243;n, cabr&#243;n, cabr&#243;n, cabr&#243;n.

Ricky era listo. Demasiado listo, joder. Estaba ganando. Sab&#237;a que no podr&#237;a vender los sellos tan f&#225;cilmente y que, por lo tanto, casi seguro que segu&#237;a teni&#233;ndolos en su poder. Su plan de quit&#225;rselo de encima con una peque&#241;a suma de dinero, dici&#233;ndole que hab&#237;a transferido la mayor parte a Dave, se hab&#237;a ido al garete.

Ya no sab&#237;a qu&#233; deb&#237;a hacer.

Volvi&#243; a mirar el tel&#233;fono, deseando que sonara.

En realidad, hab&#237;a algo que s&#237; pod&#237;a hacer y ten&#237;a que hacerlo cuanto antes. Deb&#237;a poner fin al sufrimiento de su madre, aunque significara llegar a un trato con Ricky. Lo que significar&#237;a darle lo que quer&#237;a, o al menos casi todo.

Luego se le ocurri&#243; una idea. Inclin&#225;ndose hacia delante para hablar con la conductora, dijo:

&#191;Conoce usted alguna tienda de sellos en la ciudad?

El nombre que figuraba en la licencia de conducci&#243;n dec&#237;a Sally Bidwell.

Hay una en Queen's Road, justo bajando la estaci&#243;n, llamada Hawkes. Creo que hay otra en Shoreham. Y tambi&#233;n estoy segura de que hay una en los Lanes, en Prince Albert Street -respondi&#243; Sally Bidwell.

Ll&#233;veme a Queen's Road -dijo Abby-. Es la m&#225;s cercana.

&#191;Es usted coleccionista?

Me interesa el tema -dijo Abby, se meti&#243; la mano dentro del abrigo y se desabroch&#243; el cintur&#243;n.

Siempre he pensado que era m&#225;s una afici&#243;n de hombres.

S&#237; -dijo Abby con educaci&#243;n.

Extrajo el sobre acolchado, lo mantuvo abajo, fuera del campo de visi&#243;n del retrovisor, y repas&#243; el contenido, buscan algunos de los ejemplares menos valiosos. Sac&#243; un bloque d cuatro sellos con cruces de Malta que costaban unas mil libras. Tambi&#233;n hab&#237;a algunos sellos con el puente del puerto de Sydney que val&#237;an unas cuatrocientas libras la plancha. Dej&#243; &#233;stos fuera, luego meti&#243; el resto en el sobre y volvi&#243; a guard&#225;rselo debajo del jersey bien atado con el cintur&#243;n.

Al cabo de unos minutos, el taxi se detuvo delante de Hawkes. Abby pag&#243; y se baj&#243;, conservando los sellos bien secos, en su celof&#225;n, dentro del abrigo. Pas&#243; un autob&#250;s, luego advirti&#243; fugazmente que la adelantaba un coche peque&#241;o azul, con dos hombres sentados delante, un Peugeot o un Renault, pens&#243;. El pasajero hablaba por el m&#243;vil. El coche parec&#237;a muy similar al que hab&#237;a visto aparcado cerca de la casa de Hegarty. &#191;O se estaba volviendo paranoica?

No hab&#237;a ning&#250;n cliente en la tienda. Una mujer de pelo rubio y largo estaba sentada a una mesa, leyendo un ejemplar de un peri&#243;dico local. A Abby le gust&#243; bastante el ambiente ligeramente destartalado del lugar. No parec&#237;a afectado, no daba la sensaci&#243;n de ser uno de esos sitios donde seguramente formular&#237;an todo tipo de preguntas dif&#237;ciles sobre la procedencia y la cadena de t&#237;tulo.

Tengo unos sellos que me interesa vender -dijo.

&#191;Los tiene aqu&#237;?

Abby se los entreg&#243;. La mujer dej&#243; a un lado el peri&#243;dico y ech&#243; una mirada r&#225;pida a los sellos.

Qu&#233; bonitos -dijo, en tono agradable-. Hac&#237;a tiempo que no ve&#237;a &#233;stos del puerto de Sydney. D&#233;jeme que compruebe algunas cosas. &#191;Le parece bien que me los lleve adentro?

Adelante.

La mujer fue hacia una puerta abierta y se sent&#243; a un escritorio en el que hab&#237;a una lupa grande. Abby la observ&#243; colocar los sellos sobre la mesa y luego comenzar a examinar cada uno detenidamente.

Ella mir&#243; la portada del Argus. El titular dec&#237;a: Segunda mujer asesinada vinculada a v&#237;ctima del 11-s.

Entonces vio las fotograf&#237;as que hab&#237;a debajo. Y se qued&#243; helada.

La m&#225;s peque&#241;a mostraba a una mujer rubia pero de aspecto severo, de unos veintitantos a&#241;os, mirando seductoramente a la c&#225;mara como si quisiera acostarse con quien estaba detr&#225;s. El pie de foto dec&#237;a: Joanna Wilson. La fotograf&#237;a m&#225;s grande mostraba a otra mujer de unos treinta y tantos a&#241;os. Ten&#237;a el pelo rubio y ondulado y era atractiva, luc&#237;a una sonrisa amplia y agradable, aunque hab&#237;a algo un poco chabacano en ella, como si tuviera dinero pero no demasiado estilo. El nombre que figuraba debajo de la fotograf&#237;a era Lorraine Wilson.

Pero la instant&#225;nea que contemplaba Abby era la del hombre que aparec&#237;a en el centro. Totalmente absorta mir&#243; su rostro, luego su nombre, Ronald Wilson, luego su rostro de nuevo. Ley&#243; su nombre otra vez y ley&#243; el primer p&#225;rrafo:

Ha sido identificado el cad&#225;ver de la mujer de 42 a&#241;os hallado hace cinco semanas en el maletero de un coche en un r&#237;o a las afueras de Geelong, cerca de Melbourne, Australia. Se trata de Lorraine Wilson, viuda del empresario de Brighton Ronald Wilson, uno de los 67 ciudadanos brit&#225;nicos que fallecieron en el World Trade Center el 11-S.

Abby ech&#243; otra ojeada. Era como si, de repente, alguien hubiera apagado una luz en su interior. Luego sigui&#243; leyendo:

El viernes pasado, en el centro de Brighton, unos obreros que excavaban los cimientos para la urbanizaci&#243;n Nueva Inglaterra hallaron los restos &#243;seos de Joanna Wilson, de 29 a&#241;os. Era la primera mujer de Wilson, ha confirmado al Argus esta ma&#241;ana la inspectora Elizabeth Mantle, investigadora jefe del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex.

La polic&#237;a de Sussex est&#225; desconcertada por las pruebas que indican que el cuerpo de Lorraine Wilson llevaba aproximadamente dos a&#241;os en el r&#237;o Barwon. Como inform&#243; este peri&#243;dico en su momento, se cre&#237;a que la se&#241;ora Wilson se hab&#237;a suicidado en noviembre de 2002, cuando desapareci&#243; del ferry de Newhaven a Dieppe durante una traves&#237;a nocturna, aunque el juez de instrucci&#243;n consign&#243; en aquel entonces que no hab&#237;an podido esclarecerse las circunstancias de lo ocurrido.

La inspectora Mantle ha declarado que las investigaciones sobre su suicidio se reabrir&#225;n de inmediato.

Abby mir&#243; otra vez cada una de las fotograf&#237;as, pero sus ojos volvieron a posarse en el hombre del centro. De repente, el suelo pareci&#243; inclinarse. Dio un par de pasos hacia la izquierda, para evitar caerse, y se agarr&#243; al borde de la mesa. Era como si las paredes se movieran, girando a su alrededor.

&#191;Se encuentra bien? &#191;Hola? -le pregunt&#243; una voz incorp&#243;rea.

Vio a la mujer, la comerciante de sellos rubia, de pie en la puerta. Abby la vio pasar por delante de ella como si fuera la encargada del tiovivo de un parque de atracciones. Entonces volvi&#243; a aparecer.

&#191;Quiere sentarse? -dijo la voz.

El tiovivo estaba frenando. Abby temblaba y sudaba a la vez.

Estoy bien -dijo, respirando entrecortadamente y mirando de nuevo el peri&#243;dico.

Una historia interesante -dijo la mujer, se&#241;alando el diario con la cabeza. Luego volvi&#243; a mirarla, preocupada-. Estaba en el negocio de los sellos. Yo lo conoc&#237;a.

Ah.

Abby volvi&#243; a mirar la fotograf&#237;a. Apenas oy&#243; las palabras de la mujer mientras le ofrec&#237;a 2.350 libras por los sellos. Cogi&#243; el dinero, en met&#225;lico, en billetes de cincuenta libras, y se los guard&#243; apretujados en los bolsillos.



105

Octubre de 2007


Aturdida, Abby sali&#243; a la calle. Su tel&#233;fono comenz&#243; a sonar, pero ella ni se dio cuenta hasta pasados unos momentos.

&#191;S&#237;? &#191;Diga? -solt&#243;.

Era Ricky. Apenas le o&#237;a por culpa del rugido del tr&#225;fico.

Espera -dijo, y corri&#243; por la calle bajo la lluvia hasta que encontr&#243; un portal cubierto. Se meti&#243; debajo y dijo-: Lo siento, &#191;qu&#233; has dicho?

Estoy preocupado por tu madre.

Abby necesit&#243; un momento para responder. Para tragarse el sollozo que notaba en la garganta. Para ralentizar su respiraci&#243;n.

Por favor -dijo jadeando-. Dime d&#243;nde est&#225;, Ricky, o devu&#233;lvemela.

Necesita su medicaci&#243;n, Abby.

La conseguir&#233;. T&#250; dime d&#243;nde tengo que llevarla.

No es tan sencillo.

Un autob&#250;s se detuvo detr&#225;s de una hilera de tr&#225;fico justo delante de ella. El ruido del motor dificult&#243; poder hablar o escuchar. Volvi&#243; a salir a la lluvia, subi&#243; la calle corriendo y se meti&#243; debajo de la entrada de una tienda. No le gustaba la forma como Ricky hab&#237;a dicho no es tan sencillo.

De repente, le entr&#243; un p&#225;nico terrible por si su madre hab&#237;a muerto. &#191;La hab&#237;a matado el espasmo, desde que hab&#237;an hablado hac&#237;a s&#243;lo un rato?

Se ech&#243; a llorar, no pudo evitarlo. Por la impresi&#243;n que le hab&#237;a causado lo que acababa de leer y ahora esto, estaba absolutamente perdida.

&#191;Est&#225; bien? Por favor, s&#243;lo dime si est&#225; bien.

No, no est&#225; bien.

Pero est&#225; viva.

De momento.

Entonces la llamada termin&#243;.

&#161;No! -grit&#243;-. &#161;No! &#161;Por favor!

Se qued&#243; apoyada en la puerta de la tienda, sin importarle si alguien en su interior la observaba o no. Le escoc&#237;an los ojos por la lluvia y las l&#225;grimas, casi la cegaban, pero no tanto como para impedirle ver un coche peque&#241;o marr&#243;n que pas&#243; despacio delante de ella.

Dentro hab&#237;a dos hombres, el que estaba sentado en el asiento del copiloto hablaba por tel&#233;fono. Los dos ten&#237;an el pelo corto: uno iba totalmente rapado y el otro lo llevaba al uno. Tipos de aspecto militar. O policial.

La miraron igual que los dos hombres que hab&#237;a visto pasar en el coche azul antes de entrar en Hawkes. El tiempo que llevaba huyendo hab&#237;a aguzado su conciencia de todo lo que suced&#237;a a su alrededor. Hab&#237;a algo en esos coches que le daba mala espina.

Los dos con el copiloto al tel&#233;fono.

Los dos la hab&#237;an mirado al pasar por delante de ella.

&#191;Hab&#237;a llamado Hugo Hegarty a la polic&#237;a? &#191;La estaban vigilando?

Los dos coches avanzaban entre el tr&#225;fico denso hacia el sur. &#191;Hab&#237;a m&#225;s? &#191;Hacia el norte? &#191;Polic&#237;as a pie?

Mir&#243; fren&#233;ticamente en todas direcciones, luego corri&#243; hacia arriba, gir&#243; a la izquierda en un callej&#243;n y pas&#243; por delante de una hilera de cubos de basura malolientes. Al otro lado de la siguiente calle vio un callej&#243;n que sub&#237;a entre dos casas. Mir&#243; un momento hacia atr&#225;s, pero no vio que la siguiera nadie, as&#237; que se adentr&#243; en aquel espacio estrecho. La lluvia empezaba a amainar un poco. Su mente iba a mil por hora. Conoc&#237;a esta zona como la palma de su mano, porque durante un tiempo, en su vida anterior, hab&#237;a residido en un piso cerca de Seven Dials.

Corri&#243; deprisa, comprobando cada pocos pasos que a&#250;n llevaba el paquete firmemente atado a la cintura y que el dinero segu&#237;a bien guardado en sus bolsillos, luego miraba hacia atr&#225;s. Aceler&#243; la marcha en una calle de casas adosadas flanqueada de &#225;rboles. Gracias a aquel tiempo horrible, hab&#237;a poca gente por la calle que pudiera fijarse en ella. El ejercicio y el golpeteo de la lluvia en su cara la ayudaron a despejarse un poco.

La ayudaron a pensar.

Abby se dirigi&#243; colina arriba, hacia el Dials, luego gir&#243; a la derecha, recorri&#243; otra calle residencial y sali&#243; por encima de la estaci&#243;n. Retir&#225;ndose, para que nadie la viera desde la carretera, vio pasar varios coches y veh&#237;culos comerciales, luego cruz&#243; corriendo Buckingham Road y accedi&#243; a otra calle justo por encima de la estaci&#243;n. La recorri&#243; a toda prisa y, de nuevo, esperando con cuidado, cruz&#243; otra carretera principal, New England Hill, y subi&#243; otra colina a trav&#233;s de un laberinto de calles residenciales de casas adosadas y un mar de tablones de anuncios de inmobiliarias.

Le entr&#243; flato y se detuvo unos momentos, luego comenz&#243; a caminar a paso de peat&#243;n, engullendo el aire, sudando profusamente. Casi hab&#237;a dejado de llover y soplaba un viento fuerte, refrescante, que le sent&#243; bien en la cara.

Ahora ya pensaba con claridad, con m&#225;s claridad que hac&#237;a unas horas, como si la impresi&#243;n de lo que hab&#237;a visto en el Argus la hubiera reactivado. A grandes zancadas y con determinaci&#243;n, sigui&#243; caminando por calles secundarias, girando la cabeza constantemente por si vislumbraba un coche azul o marr&#243;n, o cualquier otro coche con dos personas dentro, pero no vio nada que la inquietara.

&#191;Hab&#237;a visto Ricky la noticia del Argus? &#191;Habr&#237;an publicado la noticia tambi&#233;n otros peri&#243;dicos? Seguro que la ver&#237;a. All&#237; donde estuviera, tendr&#237;a diarios, radio, televisi&#243;n.

Entr&#243; en un kiosco y hoje&#243; deprisa algunos rotativos nacionales. Ninguno se hac&#237;a eco todav&#237;a de la historia. Compr&#243; el Argus y se qued&#243; delante de la tienda, mirando durante un buen rato la cara del hombre de la portada. Sent&#237;a un torbellino de emociones.

Luego, todav&#237;a clavada en el mismo lugar de la calle, reley&#243; todo el art&#237;culo. Le sirvi&#243; para llenar las lagunas del pasado de Dave. Los silencios, las respuestas esquivas, los cambios r&#225;pidos de conversaci&#243;n cada vez que sacaba el tema a colaci&#243;n. Y los comentarios de Ricky para comprobar cu&#225;nto sab&#237;a ella sobre Dave.

&#191;Cu&#225;nto sabr&#237;a Ricky sobre Dave?

Camin&#243; unos pasos, luego se sent&#243; en un portal mojado con la cabeza entre las manos. Nunca en su vida hab&#237;a estado tan asustada. No s&#243;lo por su madre, sino por el futuro.

La vida es un juego, le gustaba decir a Dave. Le gustaba record&#225;rselo. Un juego. Todo esto hab&#237;a comenzado como un juego.

Alg&#250;n tipo de juego.

En la vida no hay v&#237;ctimas, Abby. Hay ganadores y perdedores.

Las l&#225;grimas volv&#237;an a empa&#241;ar sus ojos. La voz lastimera de su madre resonaba en sus o&#237;dos, en su coraz&#243;n. Marc&#243; su n&#250;mero de m&#243;vil, luego el de Ricky, en vano.

Ll&#225;mame. Por favor, ll&#225;mame. Har&#233; un trato.

Al cabo de unos minutos, se levant&#243; y baj&#243; una colina. Luego recorri&#243; una calle por la que se ve&#237;a la v&#237;a del tren de la l&#237;nea Londres-Brighton a trav&#233;s de las verjas que hab&#237;a detr&#225;s. Baj&#243; unas escaleras de piedra, atraves&#243; un t&#250;nel corto y subi&#243; a la taquilla de la estaci&#243;n de Preston Park.

Era una peque&#241;a estaci&#243;n de cercan&#237;as, concurrida en hora punta, desierta casi el resto del d&#237;a. Si la polic&#237;a estaba sigui&#233;ndola, si la hab&#237;an visto en el centro, cerca de la estaci&#243;n central de Brighton, tal vez fuera all&#237; donde estuvieran busc&#225;ndola. Era menos probable que anduvieran por aqu&#237;, decidi&#243;.

La vida es un juego.

Estudi&#243; el horario y busc&#243; una ruta que la llevara a Eastbourne, evitando la estaci&#243;n central de Brighton, y luego al aeropuerto de Gatwick, que ahora formaba parte del nuevo plan que estaba cristalizando en su cabeza.

Su m&#243;vil pit&#243; de repente. Lo sac&#243;, deseando desesperadamente que fuera un mensaje de Ricky, pero no lo era. Dec&#237;a: &#191;El silencio es oro? Besos.

De repente, cay&#243; en la cuenta de que no hab&#237;a respondido el &#250;ltimo mensaje de Dave. Se qued&#243; pensando unos momentos, luego contest&#243;: Problemas. Besos.

Al cabo de unos minutos, mientras se sub&#237;a al tren, su tel&#233;fono volvi&#243; a pitar y recibi&#243; la respuesta: El amor, como los r&#237;os, abre un camino nuevo cuando encuentra un obst&#225;culo.

Se acomod&#243; en su asiento, demasiado abatida como para pensar en una cita para contestarle. As&#237; que respondi&#243; con un &#250;nico Besos.

Entonces mir&#243; sombr&#237;amente por la ventana a la pared de piedra caliza que se elevaba a cada lado mientras el tren sal&#237;a de la estaci&#243;n. Un miedo g&#233;lido y oscuro la envolvi&#243;.



106

Octubre de 2007


El interior del hotel Marriott Financial Center ten&#237;a un ambiente moderno, ligeramente zen, pens&#243; Roy Grace mientras se alejaba de la recepci&#243;n y cruzaba el vest&#237;bulo con su bolsa. Y parec&#237;a muy nuevo por las l&#225;mparas de las mesas, que eran como copas de Martini opacas invertidas, y los jarrones blancos y finos de las mesas negras, de los que sal&#237;an tallos largos, tan elegantes y perfectos que parec&#237;an dise&#241;ados m&#225;s que cultivados.

Le resultaba dif&#237;cil creer que este lugar, situado justo al lado de la Zona Cero, hubiera quedado destrozado el 11-S. Parec&#237;a importante, s&#243;lido, indestructible, como si siempre hubiera estado aqu&#237; y siempre fuera a estar.

Pas&#243; por delante de un grupo de hombres de negocios vestidos de traje oscuro y corbata que hablaban muy serios. Pat Lynch le esperaba, de pie sobre una alfombra roja en el centro del suelo de m&#225;rmol color crema. Se hab&#237;a puesto ropa informal: un chaleco verde sobre una camiseta negra, vaqueros azules y zapatos negros s&#243;lidos. Roy adivin&#243; d&#243;nde llevaba el arma por el bulto.

Pat levant&#243; las manos.

&#191;Todo arreglado? Dennis est&#225; aparcado fuera. Estamos listos.

Grace lo sigui&#243; hacia la puerta giratoria. El mundo cambi&#243; de repente cuando sali&#243; al otro lado de aquella ma&#241;ana h&#250;meda de octubre. El tr&#225;fico, que ocupaba varios carriles, circulaba con lentitud. Una hormigonera daba vueltas delante de &#233;l. Un portero, cuya elegancia quedaba estropeada por un gorro de ducha encima de la gorra del uniforme, sujetaba la puerta de un taxi amarillo para que entraran tres hombres de negocios japoneses.

Mientras caminaban por la acera hacia el Crown Victoria, Dennis se&#241;al&#243; una franja ancha de cielo. Estaba limitada por unos rascacielos estrechos a un lado y la masa mucho m&#225;s densa del centro de Nueva York al otro. De un edificio verde y bajo en forma de respiradero sal&#237;a vapor o humo. Casi justo delante de ellos se erig&#237;a lo que parec&#237;a un puente provisional que cruzaba la calle.

&#191;Ves ese espacio, colega? -dijo Pat, se&#241;alando el cielo.

Grace asinti&#243;.

All&#237; es donde estaban las Torres. -Ech&#243; un vistazo a su reloj-. Media hora antes que ahora, la ma&#241;ana del 11 de septiembre, habr&#237;as contemplado el World Trade Center. No ver&#237;as cielo, habr&#237;as visto esos edificios tan hermosos.

Luego llev&#243; a Roy m&#225;s all&#225; del coche hacia una esquina y se&#241;al&#243; a su derecha la mole ennegrecida de un edificio alto del que colgaban unas tiras enormes de un material oscuro que cubr&#237;a el exterior como si fueran persianas negras gigantes.

Te habl&#233; del edificio del Deutsche Bank, &#191;verdad? Donde hace poco encontraron m&#225;s restos humanos. Es &#233;se. Perdimos a dos bomberos all&#237;, en verano, en agosto. &#191;Y sabes qu&#233;? Esos dos hombres estuvieron en la Zona Cero el 11-S. Entraron en el World Trade Center y sobrevivieron. Pero luego murieron aqu&#237;, seis a&#241;os despu&#233;s.

Qu&#233; triste -dijo Roy-. E ir&#243;nico.

Ir&#243;nico, s&#237;. Hace que te preguntes si este lugar estar&#225; gafado Ya sabes, maldito.

Subieron al Crown Victoria. Un cami&#243;n marr&#243;n de UPS intentaba aparcar marcha atr&#225;s en un espacio muy justo delante de ellos. Dennis, sentado al volante, salud&#243; alegremente a Roy con la mano.

&#161;Eh! &#191;Qu&#233; tal? -Entonces mir&#243; el cami&#243;n de UPS, que acababa de montarse en la acera por segunda vez, peligrosamente cerca de un buz&#243;n, y que ahora volv&#237;a a avanzar lentamente hacia delante-. &#161;Eh, vamos, se&#241;ora, que conduce una furgoneta, no un puto elefante!

El veh&#237;culo volvi&#243; a dar marcha atr&#225;s a&#250;n m&#225;s cerca del buz&#243;n.

&#161;Joder, se&#241;ora! -dijo Dennis-. &#161;Cuidado con el buz&#243;n! &#161;Si se lo carga ser&#225; un delito federal!

Bueno, &#191;m&#225;s comerciantes de sellos? -dijo Pat, intentando centrarse en la tarea que les aguardaba.

Tengo otros seis en mi lista.

Ya sabes, si hoy no tienes suerte, podemos ampliar la b&#250;squeda -dijo Pat-. Podemos encargarnos nosotros.

Os lo agradezco.

No es nada.

Dennis condujo por delante de la Zona Cero. Grace mir&#243; las vallas de acero, los muros de hormig&#243;n, las casetas m&#243;viles que serv&#237;an de almac&#233;n y oficinas, las gr&#250;as que se elevaban como cuellos de jirafa, las hileras de focos en postes altos. El &#225;rea era vast&#237;sima, casi incomprensiblemente. No dejaba de pensar en la descripci&#243;n de los dos hombres, que la hab&#237;an llamado la panza de la bestia. Pero ahora era una bestia extra&#241;amente tranquila. No se o&#237;a el barullo habitual en la mayor&#237;a de las obras. A pesar de todo el trabajo que estaba realiz&#225;ndose, reinaba un silencio casi reverencial.

&#191;Sabes? He estado pensando en esa mujer de Australia, &#191;s&#237;? La del r&#237;o -dijo Pat, volvi&#233;ndose otra vez para mirar a Roy.

&#191;Tienes una teor&#237;a?

Claro. Ten&#237;a calor, &#191;vale?, as&#237; que se meti&#243; en el r&#237;o y no se dio cuenta de que hab&#237;a un coche hundido con el maletero abierto. Se zambull&#243; directamente en el interior del maletero y se dio un golpe en el cuello. El impacto provoc&#243; que el coche se levantara y se hundiera un poco m&#225;s. La presi&#243;n del agua y la corriente cerraron la puerta. &#161;Pam!

&#161;Est&#225; claro!-sonri&#243; Dennis.

S&#237;, eso es-dijo Pat-.Clar&#237;simo.

Si quieres que resolvamos algunos de tus casos, m&#225;ndanos los expedientes -dijo Dennis.

Grace intent&#243; no hacer caso a sus bromas y concentrarse en la &#250;ltima informaci&#243;n que hab&#237;a recibido de Glenn Branson. Hab&#237;an hablado unos minutos antes de salir del hotel. Glenn le dijo que en Hawkes hab&#237;an pagado dos mil trescientas cincuenta libras a Katherine Jennings por unos cuantos sellos despu&#233;s de que Hegarty se negara a colaborar con ella. Luego, cuando se march&#243; de la tienda, el equipo de vigilancia la perdi&#243;.

&#191;Los hab&#237;a descubierto?, se pregunt&#243; Grace. Era improbable, porque eran bastante buenos. Aunque siempre exist&#237;a esa posibilidad. Entonces otro pensamiento cruz&#243; su mente: el coche alquilado por Chad Skeggs y que estaba aparcado delante del piso de Katherine Jennings. La mujer no hab&#237;a vuelto a su casa en todo el tiempo que el coche llevaba all&#237;. &#191;Acaso era Chad Skeggs de quien hu&#237;a?

El comerciante de sellos le hab&#237;a dicho a Glenn que Katherine Jennings parec&#237;a asustada y muy nerviosa. Ma&#241;ana por la ma&#241;ana, cuando fuera de d&#237;a en Melbourne, averiguar&#237;an si alguien que respond&#237;a al nombre de Anne Jennings hab&#237;a muerto recientemente y, en caso que as&#237; fuera, si era lo bastante rica como para poseer tres millones y pico de libras en sellos y haberlo olvidado.

Empezaba a dar la impresi&#243;n de que el instinto de Kevin Spinella sobre aquella mujer era cierto.

De repente, Dennis fren&#243; con brusquedad. Roy mir&#243; por la ventanilla, pregunt&#225;ndose d&#243;nde estaban. Un hombre de facciones orientales pas&#243; vestido con un uniforme blanco de chef y una gorra de b&#233;isbol puesta del rev&#233;s en la cabeza. Se encontraban en una calle estrecha con casas de piedra rojiza a ambos lados y una hilera de toldos de colores chillones sobre las fachadas de las tiendas. Justo delante de ellos hab&#237;a otro toldo, &#233;ste con letras blancas y negras elegantes. Dec&#237;a: Abe Miller Asociados. Filatelia y numism&#225;tica.

Dennis detuvo el coche delante de una se&#241;al de prohibido aparcar que hab&#237;a justo enfrente y peg&#243; por dentro del parabrisas un cart&#243;n grande con la palabra Polic&#237;a escrita rudimentariamente. Luego los tres entraron en el local.

El interior ten&#237;a un aire lujoso y a Grace le record&#243; a un club de caballeros antiguo. Estaba revestido con paneles de madera oscuros y relucientes, hab&#237;a dos sillones negros de piel y una alfombra gruesa y desprend&#237;a un fuerte olor a cera para muebles. S&#243;lo las vitrinas de cristal, que conten&#237;an una peque&#241;a colecci&#243;n de sellos que parec&#237;an muy antiguos, y el mostrador con la superficie de cristal, que expon&#237;a una hilera de monedas sobre terciopelo violeta, indicaban que se trataba de un negocio.

Cuando la puerta se cerr&#243; tras ellos, un hombre alto y muy obeso, de unos cincuenta a&#241;os, con una sonrisa amplia y acogedora en los labios, se materializ&#243; a trav&#233;s de una puerta oculta en los paneles. Vestido acorde con el local, llevaba un traje de buena factura, de raya diplom&#225;tica y con chaleco, y luc&#237;a una corbata de rayas. Era pr&#225;cticamente calvo, excepto por un flequillo estrecho parecido a la tonsura de un monje que le llegaba hasta la mitad de la frente y que ten&#237;a un aspecto un poco c&#243;mico. Adem&#225;s, era imposible saber d&#243;nde terminaba la papada y d&#243;nde comenzaba el cuello.

Buenos d&#237;as, caballeros -les dijo afablemente, con una voz aguda que no sorprendi&#243; a Grace-. Soy Abe Miller. &#191;En qu&#233; puedo ayudarles?

Dennis y Pad mostraron sus placas y presentaron a Roy Grace. Abe Miller sigui&#243; igual de afable, sin mostrar ning&#250;n tipo de decepci&#243;n porque no fueran clientes.

Grace, que pensaba que el hombre era demasiado grande y torpe para manejar art&#237;culos tan delicados como los sellos y las monedas raros, le ense&#241;&#243; las tres fotograf&#237;as distintas que hab&#237;a tra&#237;do de Ronnie Wilson. Emocionado, vio un atisbo de reconocimiento en el rostro de Abe Miller. El comerciante volvi&#243; a mirarlas, luego una tercera vez.

Creemos que estaba en Nueva York por la &#233;poca del 11-S -apunt&#243; Grace.

Le he visto. -Abe Miller asinti&#243; pensativamente-. D&#233;jeme pensar. -Entonces levant&#243; un dedo-. Estoy bastante seguro de recordar a este tipo, &#191;saben por qu&#233;? -Mir&#243; a los tres polic&#237;as, uno por uno.

Grace neg&#243; con la cabeza.

No.

Porque creo que fue la primera persona que entr&#243; aqu&#237; despu&#233;s del 11-S.

Se llama Ronald Wilson -dijo Grace-. Ronald o Ronnie.

El nombre no me suena. Pero dejen que vaya a comprobar algo a la trastienda. Denme dos minutos.

Desapareci&#243; por la puerta oculta y regres&#243; un minuto despu&#233;s con una tarjeta antigua con notas escritas a tinta.

Aqu&#237; est&#225; -dijo. Dej&#243; la tarjeta sobre el mostrador y la ley&#243; un momento-. Mi&#233;rcoles, 12 de septiembre de 2001. -Entonces volvi&#243; a mirar a los tres hombres-. Le compr&#233; cuatro sellos. Los cuatro eran Eduardos, de una libra, sin montar y nuevos. La goma estaba perfecta, sin charnela. -Entonces sonri&#243; con picard&#237;a-. Le pagu&#233; dos mil pavos por cada uno. &#161;Menuda ganga! -Volvi&#243; a mirar la tarjeta-. Los vend&#237; unas semanas despu&#233;s, saqu&#233; un buen beneficio. La cuesti&#243;n es que no tendr&#237;a que haberlos vendido, ese d&#237;a no. Demonios, todos cre&#237;amos que tal vez el mundo se acabar&#237;a. -Entonces volvi&#243; a mirar la tarjeta y frunci&#243; el ce&#241;o-. &#191;Ronald Wilson, han dicho?

S&#237; -contest&#243; Grace.

No. No, se&#241;or. No se llamaba as&#237;. No es el nombre que me dio. Aqu&#237; anot&#233; David Nelson. S&#237;, as&#237; se llamaba. Se&#241;or David Nelson.

&#191;Le dio una direcci&#243;n o un n&#250;mero de tel&#233;fono? -pregunt&#243; Grace.

No, se&#241;or.

En cuanto salieron a la calle, Grace llam&#243; a Glenn Branson. Le dijo que informara a Norman Potting y Nick Nicholl que ahora su prioridad m&#225;xima era averiguar si se conservaban los registros de inmigraci&#243;n de 2001 y, en caso afirmativo, que comprobaran si aparec&#237;a en ellos un tal David Nelson.

La reuni&#243;n que acababa de mantener le hab&#237;a dejado buenas sensaciones. Pero la &#250;nica sombra, como apunt&#243; Glenn, y como Grace ya hab&#237;a pensado, era si Ronnie Wilson todav&#237;a utilizaba ese nombre cuando se march&#243; a Australia, si es que hab&#237;a ido all&#237;. Tal vez entonces ya se hubiera convertido en otra persona.

Pero una hora despu&#233;s, mientras estaban a punto de entrar en el despacho azul pizarra y gris del forense, Glenn Branson le llam&#243;. Parec&#237;a emocionado.

&#161;Tenemos novedades!

Cu&#233;ntame.

Antes te he dicho que hab&#237;amos perdido a Katherine Jennings, &#191;verdad? Que hab&#237;a burlado al equipo de vigilancia. Bueno, pues ag&#225;rrate. Ha entrado en la comisar&#237;a de polic&#237;a de John Street hace una hora.

Las palabras fueron como una descarga el&#233;ctrica.

&#191;Qu&#233;? &#191;Por qu&#233;?

Dice que han secuestrado a su madre, una ancianita enferma. Un tipo amenaza con matarla.

&#191;Has hablado con ella?

Un agente del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal ha hablado con ella all&#237; Y ha descubierto que el hombre a quien acusa del secuestro es nada m&#225;s y nada menos que Chad Skeggs.

&#161;Joder!

Ya pens&#233; que te gustar&#237;a.

Y ahora &#191;qu&#233;?

He mandado a Bella con una agente de relaciones familiares, Linda Buckley, para que la traigan aqu&#237;. Bella y yo vamos a interrogarla cuando llegue.

Ll&#225;mame en cuanto hayas hablado con ella.

&#191;A qu&#233; hora tienes el vuelo?

Salgo a las seis de la tarde Las once de la noche para ti.

La voz de Branson cambi&#243; de repente.

Viejo, tal vez tenga que dormir en tu casa esta noche. Ari est&#225; que se sube por las paredes. Anoche no llegu&#233; a casa hasta las doce.

&#161;Dile que eres polic&#237;a, no una puta canguro!

D&#237;selo t&#250;. &#191;Quieres que la llame y te la paso?

La llave est&#225; donde siempre -se apresur&#243; a decir Grace.



107

Octubre de 2007


El tel&#233;fono de Abby permaneci&#243; callado. Parec&#237;a que su &#250;nico medio de contacto con el mundo hab&#237;a muerto. Ya hab&#237;an transcurrido casi tres horas desde la &#250;ltima vez que hab&#237;a tenido noticias de Ricky.

Mir&#243; sombr&#237;amente por la ventana del vag&#243;n vac&#237;o, agarrando la bolsa de pl&#225;stico en la que hab&#237;a metido todos los medicamentos que encontr&#243; en el ba&#241;o y el dormitorio de su madre. Le dijo a Doris que iba a llevarla a una residencia porque la inquietaba su capacidad de cuidar de s&#237; misma y que la llamar&#237;a para darle la nueva direcci&#243;n de su madre y el tel&#233;fono. Doris le dijo que la entristec&#237;a perder a su vecina, pero que era afortunada por tener una hija tan buena y generosa que se ocupara de ella.

Qu&#233; ir&#243;nico, pens&#243; Abby.

El cielo era cada vez m&#225;s azul. Nubes grandes se deslizaban por &#233;l como si estuvieran en una misi&#243;n urgente. Estaba quedando una tarde de oto&#241;o maravillosa y ventosa. El tipo de tarde, en otra vida, cuando era libre, en que le encantaba deambular por el paseo mar&#237;timo, en particular por el camino al pie de los acantilados de Black Rock, por delante del puerto deportivo hacia Rottingdean.

Antes a su madre tambi&#233;n le gustaba aquella caminata. A veces, iban toda la familia junta los domingos por la tarde: su madre, su padre y ella. Le encantaba cuando la marea estaba alta y las olas estallaban en las escolleras y a veces incluso sub&#237;an hasta el espig&#243;n y la espuma les salpicaba.

Y hubo un tiempo, en alg&#250;n momento de la noche de su infancia, en que recordaba haber sido feliz. &#191;Fue antes de que comenzara a acompa&#241;ar a su padre a las mansiones donde trabajaba? &#191;Antes de ver que hab&#237;a gente que era distinta, que llevaba una vida distinta?

&#191;Fue &#233;se su punto de inflexi&#243;n?

A cierta distancia a su izquierda vio las colinas suaves de los Downs mientras el tren regresaba a Brighton, al lugar donde habitaban tantos recuerdos de su vida. Donde segu&#237;an viviendo sus amigos, que no sab&#237;an que ella estaba aqu&#237; y a quienes le habr&#237;a encantado ver. M&#225;s que nunca ahora le habr&#237;a encantado tener la compa&#241;&#237;a de sus amigos, desahogarse con alguien que no estuviera involucrado en todo esto. Alguien que pudiera pensar con claridad y le dijera si estaba loca o no. Pero se tem&#237;a que ya era demasiado tarde para eso.

Los amigos eran una de las partes de la vida con las que no se pod&#237;a jugar. Pero a veces era necesario desentenderse de ellos, por muy dif&#237;cil que resultara.

Empezaron a humedec&#233;rsele los ojos. Sent&#237;a n&#225;useas en la boca del est&#243;mago. No hab&#237;a comido nada en todo el d&#237;a excepto una galleta digestiva en casa de Hugo Hegarty y se hab&#237;a bebido una Coca-Cola en el and&#233;n de la estaci&#243;n de Gatwick hac&#237;a un rato. Notaba un nudo demasiado grande para tragar nada m&#225;s.

Llama, por favor.

Estaban pasando por Hassocks. Un poco despu&#233;s, penetraron en el Clayton Tunnel. Escuch&#243; el rugido del tren rebotando en las paredes. Vio su reflejo p&#225;lido y asustado devolvi&#233;ndole la mirada en la ventana.

Cuando volvieron a salir a la luz -la vegetaci&#243;n de Mili Hill a su derecha, London Road a su izquierda-, vio consternada que ten&#237;a una llamada perdida.

Mierda.

Sin n&#250;mero.

Luego volvi&#243; a sonar. Era Ricky.

Cada vez estoy m&#225;s preocupado por tu madre, Abby. No estoy seguro de que vaya a aguantar mucho m&#225;s.

Por favor, &#161;d&#233;jame hablar con ella, Ricky!

Hubo un silencio breve

Creo que no est&#225; en condiciones de hablar -dijo entonces.

Una oleada de miedo nuevo, m&#225;s oscuro, recorri&#243; su cuerpo.

&#191;D&#243;nde est&#225;s? -le pregunt&#243;-. Ir&#233; donde est&#233;s. Me reunir&#233; contigo donde sea, te dar&#233; todo lo que quieres.

S&#237;, Abby, s&#233; que lo har&#225;s. Nos veremos ma&#241;ana.

&#191;Ma&#241;ana? -le grit&#243;-. &#161;Ni de co&#241;a! Vamos a hacerlo ahora, por favor. Tengo que llevarla al hospital.

Lo haremos cuando yo diga. Ya me has causado suficientes molestias. Ahora podr&#225;s vivir en carne propia lo que se siente.

Esto no es una molestia, Ricky. Por favor, por el amor de Dios, es una anciana enferma. No ha hecho nada malo. No te ha hecho da&#241;o. P&#225;galo conmigo, no con ella.

El tren estaba frenando, acerc&#225;ndose a Preston Park, que era donde quer&#237;a bajarse.

Por desgracia, Abby, la tengo a ella y no a ti.

Me cambiar&#233; por ella.

Muy gracioso.

Por favor, Ricky, quedemos y ya est&#225;.

Quedaremos ma&#241;ana.

&#161;No! &#161;Ahora! Por favor, hoy. Puede que mi madre no aguante hasta ma&#241;ana. -Estaba hist&#233;rica.

Ser&#237;a una pena, &#191;verdad? Que muriera sabiendo que su hija es una ladrona.

Dios santo, eres un cabr&#243;n insensible.

Vas a necesitar un coche -dijo Ricky obviando el comentario-. He enviado la llave del Ford que alquil&#233; por correo a tu piso. Llegar&#225; ma&#241;ana por la ma&#241;ana.

Le han puesto un cepo -dijo Abby.

Entonces tendr&#225;s que alquilar otro.

&#191;D&#243;nde quedaremos?

Te llamar&#233; por la ma&#241;ana. Ve a alquilar un coche esta tarde. Y lleva los sellos contigo, &#191;vale?

Por favor, &#191;podemos quedar ahora? &#191;Esta tarde?

Ricky colg&#243;. El tren par&#243; con una sacudida.

Abby se levant&#243; de su asiento y se dirigi&#243; a la salida con paso inseguro, agarrando con fuerza el bolso y la bolsa de pl&#225;stico con una mano y con la otra el pasamanos para bajar al and&#233;n. Eran las cuatro y cuarto de la tarde.

Tengo que mantener la calma -pens&#243;-. Tengo que hacerlo. Como sea. Como sea. Oh, Dios m&#237;o, &#191;c&#243;mo?

Mientras sal&#237;a de la estaci&#243;n y se acercaba a la parada de taxis, crey&#243; que iba a vomitar. Consternada, vio que no hab&#237;a ning&#250;n taxi esperando. Mir&#243; su reloj, inquieta, y marc&#243; el n&#250;mero de una de las empresas locales. Luego llam&#243; a otro n&#250;mero, un tel&#233;fono que ya hab&#237;a marcado antes. Contest&#243; la misma voz de hombre.

Filat&#233;lica South-East.

Era el &#250;nico comerciante de sellos de la ciudad que Hugo Hegarty no le hab&#237;a mencionado.

Soy Sarah Smith -dijo-. Estoy de camino, esperando un taxi. &#191;A qu&#233; hora cierran?

A las cinco y media -dijo el hombre.

Al cabo de quince minutos llenos de inquietud apareci&#243; el taxi.



108

Octubre de 2007


La sala de interrogatorio de testigos de Sussex House constaba de dos cuartos. Uno era del tama&#241;o del sal&#243;n de una casa muy peque&#241;a. El otro, que s&#243;lo pod&#237;a acoger a dos personas una al lado de la otra, s&#243;lo se utilizaba para observar.

La habitaci&#243;n mayor, en la que Glenn Branson estaba sentado con Bella Moy y una Katherine Jennings con aspecto muy afligido, conten&#237;a tres sillones cuadrados, tapizados en rojo y una mesita de caf&#233; muy normal. Branson y Abby ten&#237;an una taza de caf&#233; delante de ellos y Bella beb&#237;a un vaso de agua.

A diferencia de las salas de interrogatorios sombr&#237;as de la maltrecha comisar&#237;a central de Brighton en John Street, &#233;sta estaba bien iluminada y ten&#237;a vistas.

&#191;Accede a que grabemos esta conversaci&#243;n? -pregunt&#243; Branson, se&#241;alando con la cabeza las dos c&#225;maras instaladas en la pared que los enfocaban-. Es el procedimiento est&#225;ndar.

Lo que no a&#241;adi&#243; es que a veces se entregaba una copia de la cinta a un psic&#243;logo para que realizara un perfil del interrogado. Pod&#237;an aprenderse muchas cosas del lenguaje corporal de algunos testigos.

S&#237; -contest&#243; ella, su voz apenas un susurro.

Branson la examin&#243; detenidamente unos momentos. A pesar de parecer exhausta y tener la cara marcada por el sufrimiento, era una joven guap&#237;sima. Casi treinta a&#241;os, calcul&#243;. Pelo negro con un corte un poco severo y te&#241;ido, casi con total seguridad, porque sus cejas eran mucho m&#225;s claras. Ten&#237;a una belleza cl&#225;sica, de p&#243;mulos prominentes, frente ancha y nariz exquisita, peque&#241;a, bien cincelada y ligeramente chata. Era el tipo de nariz por la que mujeres menos afortunadas pagaban miles de libras a los cirujanos pl&#225;sticos. Lo sab&#237;a porque Ari le hab&#237;a ense&#241;ado una vez un art&#237;culo sobre rinoplastias y desde entonces buscaba se&#241;ales en las mujeres que delataran que se hab&#237;an operado la nariz.

Pero el rasgo m&#225;s asombroso de la joven eran sus ojos. Eran de color verde esmeralda, hipnotizantes, felinos. Y brillaban incluso a pesar de la expresi&#243;n destrozada de su cara.

Adem&#225;s, sab&#237;a vestir. Se ve&#237;a que era una mujer con clase con sus vaqueros de dise&#241;o, botines -aunque hab&#237;a que reconocer que los llevaba raspados y llenos de polvo- y un jersey negro de cuello alto de punto, con un cintur&#243;n debajo de una chaqueta larga forrada de borreguito que parec&#237;a cara. Unos cent&#237;metros m&#225;s y podr&#237;a haberse subido a una pasarela.

Branson estaba a punto de comenzar la entrevista cuando la joven levant&#243; la mano.

En realidad no les he dado mi verdadero nombre. Creo que deber&#237;a aclararlo. Me llamo Abby Dawson.

&#191;Por qu&#233; utiliza un nombre distinto? -pregunt&#243; Bella con delicadeza.

Mire, mi madre se est&#225; muriendo. Corre much&#237;simo peligro. &#191;Podr&#237;amos simplemente s&#243;lo? -Se tap&#243; la cara con las manos-. Quiero decir, &#191;es necesario que pasemos por todo esto? &#191;No podr&#237;amos dejarlo para m&#225;s tarde?

Me temo que necesitamos todos los hechos, Abby -dijo Bella-. &#191;Por qu&#233; utilizaba otro nombre?

Porque -Se encogi&#243; de hombros-. Vine aqu&#237;, volv&#237; a Inglaterra, para intentar escapar de mi novio. Pens&#233; que le resultar&#237;a m&#225;s dif&#237;cil encontrarme si ten&#237;a otro nombre. -Volvi&#243; a encogerse de hombros y esboz&#243; una sonrisa triste-. Me equivoqu&#233;.

De acuerdo, Abby -dijo Glenn-, &#191;querr&#237;a contarnos qu&#233; ha pasado exactamente? Todo lo que necesitamos saber sobre usted, su madre y el hombre que dice que la ha secuestrado.

Abby sac&#243; un pa&#241;uelo de su bolso de ante marr&#243;n y se sec&#243; los ojos. Glenn se pregunt&#243; qu&#233; habr&#237;a en la bolsa de pl&#225;stico que descansaba a su lado.

Hered&#233; una colecci&#243;n de sellos. No sab&#237;a nada sobre el tema, pero por casualidad estaba saliendo vi&#233;ndome con este tipo, Ricky Skeggs, en Melbourne, que estaba muy metido en el negocio de los sellos y monedas raros.

&#191;Tiene alguna relaci&#243;n con Chad Skeggs? -pregunt&#243; Branson.

Son la misma persona.

Chad y Ricky son diminutivos de Richard -explic&#243; Bella a Glenn.

No lo sab&#237;a.

Le ped&#237; a Ricky que les echara un vistazo y me dijera si ten&#237;an alg&#250;n valor -prosigui&#243; Abby-. Se los llev&#243; y me los devolvi&#243; un par de d&#237;as despu&#233;s. Me dijo que hab&#237;a algunos sellos que s&#237; val&#237;an algo, pero que la mayor&#237;a eran r&#233;plicas de sellos caros, coleccionables, pero sin ning&#250;n valor. Dijo que seguramente podr&#237;a sacar unos dos mil d&#243;lares australianos por todo el lote.

De acuerdo -dijo Glenn. Sus ojos le inquietaban, no dejaban de moverse de un lado a otro. Le parec&#237;a que estaba presenciando una actuaci&#243;n ensayada, no algo que saliera del coraz&#243;n-. &#191;Le crey&#243;?

No ten&#237;a motivos para no hacerlo -contest&#243; Abby-. Pero nunca he sido una persona muy confiada. -Volvi&#243; a encogerse de hombros-. Es mi car&#225;cter. Por eso saqu&#233; fotocopias de todos los sellos antes de d&#225;rselos. Cuando los compar&#233; con los que me hab&#237;a devuelto, parec&#237;an todos iguales, pero apreci&#233; diferencias sutiles. Me encar&#233; a &#233;l y me dijo que estaba alucinando.

Fue muy inteligente por su parte sacar copias -coment&#243; Bella.

Abby mir&#243; inquieta su reloj, luego bebi&#243; caf&#233;.

En cualquier caso, un par de d&#237;as m&#225;s tarde estaba en el piso de Ricky hojeando una de las revistas especializadas y le&#237; un art&#237;culo sobre una subasta de sellos raros en Londres. Era de una plancha 77 de Penny Reds que sal&#237;a por un precio r&#233;cord de ciento sesenta mil libras, y vi que se parec&#237;a a la plancha que ten&#237;a yo. Compar&#233; la fotograf&#237;a del peri&#243;dico con mis sellos y vi aliviada que eran muy similares, pero no absolutamente id&#233;nticos, as&#237; que no hab&#237;a vendido los m&#237;os. Pero entonces me entr&#243; el p&#225;nico por si Ricky intentaba venderlos.

&#191;Por qu&#233; pens&#243; eso? -la sonde&#243; Bella.

Hab&#237;a algo en su forma de comportarse con los sellos que me incomodaba mucho. Sab&#237;a que me estaba mintiendo, simplemente. -Se encogi&#243; de hombros-. En cualquier caso, un par de d&#237;as despu&#233;s estaba puesto hasta las cejas de coca&#237;na, esnifaba todo el d&#237;a, y entonces, temprano por la ma&#241;ana se qued&#243; profundamente dormido. Fui a su ordenador, vi que hab&#237;a dejado abierto su correo, y encontr&#233; varios e-mails a comerciantes de todo el mundo en los que se ofrec&#237;a para vender unos sellos que claramente eran los m&#237;os. Fue muy inteligente. Los hab&#237;a dividido en unidades y planchas individuales para que no pudieran ser identificados como una colecci&#243;n.

&#191;Se encar&#243; a &#233;l? -pregunt&#243; Glenn.

Ella dijo que no con la cabeza.

No, el d&#237;a que lo conoc&#237; alarde&#243; de lo f&#225;cil que era esconder los sellos, que eran una forma genial de blanquear dinero y transportarlo por todo el mundo. Que incluso si te registraban, la mayor&#237;a de los agentes de aduanas no tendr&#237;an ni la menor idea de que fueran valiosos. Dijo que el mejor lugar para esconderlos era dentro de un libro; una novela de tapas duras, algo as&#237;, que los protegiera. As&#237; que busqu&#233; en sus estanter&#237;as. Y los encontr&#233;.

Bella sonri&#243;.

Branson observ&#243; el rostro de Abby -sus ojos- asimilando su historia, pero no acababa de sentirse c&#243;modo con aquella mujer. No lo estaba contando todo. Omit&#237;a algo, pero no sab&#237;a qu&#233;. Estaba claro que era lista.

&#191;Qu&#233; sucedi&#243; despu&#233;s? -pregunt&#243;.

Me largu&#233;. Cog&#237; los sellos, me escabull&#237; a casa, hice la maleta y cog&#237; el primer vuelo a Sydney por la ma&#241;ana. Estaba asustada porque cre&#237;a que vendr&#237;a a por m&#237;. Es un s&#225;dico. Llegu&#233; a Inglaterra v&#237;a Los Angeles y luego a Nueva York.

&#191;Por qu&#233; no fue a la polic&#237;a de Melbourne y denunci&#243; lo que hab&#237;a hecho Ricky? -pregunt&#243; Glenn.

Porque me daba miedo -dijo-. Es muy inteligente, sabe mentir muy bien. Me preocupaba que le colara una historia a la polic&#237;a y recuperara los sellos. O que viniera a por m&#237; y me hiciera da&#241;o. Ya me hab&#237;a hecho da&#241;o en una ocasi&#243;n.

Glenn y Bella se intercambiaron una mirada de complicidad, recordaban el historial de Chad Skeggs con la polic&#237;a de Brighton. -Y necesitaba desesperadamente el dinero -dijo Abby-.

Mi madre est&#225; muy enferma, tiene esclerosis m&#250;ltiple. Lo necesito para pagarle una residencia.

Glenn se fij&#243; en la forma como dijo esa &#250;ltima frase. No sab&#237;a exactamente por qu&#233;, pero la pronunci&#243; de un modo extra&#241;o, como si justificara cualquier acci&#243;n. Y le pareci&#243; raro que utilizara la palabra necesitar. Si alguien te quitaba algo que te pertenec&#237;a, no era cuesti&#243;n de necesitarlo: era tuyo por derecho.

&#191;Est&#225; diciendo que tener a su madre en una residencia le costar&#225; millones? -dijo Bella.

S&#243;lo tiene sesenta y ocho a&#241;os, aunque parece mucho mayor -contest&#243; Abby-. Podr&#237;a vivir veinte a&#241;os, quiz&#225; m&#225;s. No s&#233; cu&#225;nto va a costar. -Bebi&#243; caf&#233;-. &#191;Qu&#233; relevancia tiene eso? Quiero decir Si no hacen algo deprisa, no aguantar&#225;. No lo har&#225;. -Volvi&#243; a enterrar la cara entre las manos y solloz&#243;.

Los dos inspectores se lanzaron una mirada. Entonces Glenn Branson pregunt&#243;:

&#191;Alguna vez conoci&#243; a alguien llamado David Nelson?

&#191;David Nelson? -Frunci&#243; el ce&#241;o, sec&#225;ndose los ojos, luego dijo que no con la cabeza-. El nombre me suena, creo. -Dud&#243;, luego sigui&#243;-. &#191;David Nelson? Creo que Ricky tal vez mencionara el nombre.

Branson asinti&#243;. Estaba mintiendo.

Y los sellos &#191;Est&#225;n en Inglaterra ahora? -pregunt&#243;.

S&#237;. -&#191;D&#243;nde?

En un lugar seguro, bajo llave.

Branson volvi&#243; a asentir. Ahora s&#237; dec&#237;a la verdad.



109

Octubre de 2007


Lo &#250;nico que quer&#237;a Nick Nicholl en estos momentos era dormir bien por una noche. Su problema radicaba en que eran las ocho y media de la ma&#241;ana e iba en la parte trasera de un Holden azul de la polic&#237;a, con un sol espl&#233;ndido, alej&#225;ndose de las instalaciones del aeropuerto en direcci&#243;n al centro de Melbourne. Circulaban por una autopista ancha de varios carriles que, en su opini&#243;n, tanto pod&#237;a estar en Estados Unidos como en Australia, salvo por el hecho de que el conductor, el sargento Troy Burg, iba sentado a la derecha. Algunas de las se&#241;ales parec&#237;an similares a las del Reino Unido, pero otras eran de un color distinto, muchas azules y naranjas, advirti&#243;, y los l&#237;mites de velocidad se indicaban en kil&#243;metros. Mir&#243; una caja negra delgada que hab&#237;a encima del salpicadero, un ordenador de pantalla t&#225;ctil instalado en la guantera y todas las teclas grandes y brillantes que ten&#237;a alrededor. Era como una versi&#243;n adulta de un ordenador infantil. Aunque Liam todav&#237;a no ten&#237;a la edad, Nick ya hab&#237;a empezado a mirar juguetes educativos para &#233;l.

Le echaba de menos. Echaba de menos a Julie. La perspectiva de pasar el fin de semana en Australia sin ellos, s&#243;lo con la compa&#241;&#237;a del maldito Norman Potting, le llenaba de pavor.

El sargento jefe George Fletcher, un hombre paternal y amistoso sentado en el asiento del copiloto, parec&#237;a bien informado y fue directamente al grano despu&#233;s de intercambiar las cortes&#237;as de rigor. Su compa&#241;ero taciturno, una d&#233;cada m&#225;s joven, conduc&#237;a en silencio. Los dos polic&#237;as australianos vest&#237;an una camisa blanca reci&#233;n planchada, corbatas azules estampadas y pantalones de traje oscuros.

Potting, que llevaba lo que parec&#237;a una especie de uniforme militar, hab&#237;a encendido brevemente su pipa en cuanto salieron de la terminal del aeropuerto y ahora el coche desprend&#237;a un olor repugnante a tejido mal ventilado, tabaco y humos rancios. El hombre parec&#237;a sorprendentemente fresco despu&#233;s de un viaje tan largo y el joven agente, que tambi&#233;n vest&#237;a traje y corbata, le envidi&#243; por ello.

De acuerdo -dijo Fletcher-, no hemos tenido demasiado tiempo para prepararnos, pero hemos iniciado todas las l&#237;neas de investigaci&#243;n. La primera informaci&#243;n que tenemos es sobre los registros de inmigraci&#243;n correspondientes a las personas que han entrado en Australia con el nombre de David Nelson desde el 11 de septiembre de 2001. Tenemos uno que es particularmente interesante por el perfil de tiempo que nos hab&#233;is dado. El 6 de noviembre de 2001, un tal David Nelson lleg&#243; a Sydney en un vuelo procedente de Ciudad del Cabo, Sud&#225;frica. Su fecha de nacimiento le sit&#250;a en la edad adecuada.

&#191;Proporcion&#243; alguna direcci&#243;n? -pregunt&#243; Norman Potting.

Lleg&#243; con pasaporte australiano y con un visado de residencia de cinco a&#241;os, as&#237; que no le exigimos esa informaci&#243;n. Ahora estamos comprobando el Programa de Ayuda Policial. Nos dir&#225; si tiene carn&#233; de conducir y alg&#250;n veh&#237;culo registrado a su nombre. Tambi&#233;n nos dir&#225; cualquier alias que pueda haber utilizado y su &#250;ltima direcci&#243;n conocida.

Podr&#237;a estar en cualquier lado, &#191;verdad?

S&#237;, Norman -le record&#243; Nick Nicholl-, pero sabemos que ten&#237;a un viejo amigo en Melbourne, Chad Skeggs, as&#237; que hay muchas probabilidades de que viniera aqu&#237; y siga aqu&#237;. Si te propones desaparecer y acabar en un pa&#237;s nuevo, necesitas poder contar con alguien, una persona en quien depositar tu confianza.

Potting pens&#243; en aquello.

Tienes raz&#243;n -reconoci&#243; un poco a rega&#241;adientes, como si no quisiera que su subordinado demostrara ser m&#225;s astuto que &#233;l delante de estos polic&#237;as experimentados.

Y tambi&#233;n estamos comprobando los datos de Hacienda para ver qu&#233; David Nelsons tienen NEF.

&#191;NEF? -pregunt&#243; Potting.

N&#250;mero de expediente fiscal. Es necesario para obtener un trabajo.

&#191;Un trabajo leg&#237;timo, quieres decir?

Burg esboz&#243; una sonrisa llena de iron&#237;a.

Tenemos algo m&#225;s que podr&#237;a estar relacionado -dijo George Fletcher-. La se&#241;ora Lorraine Wilson se suicid&#243; la noche del martes 19 de noviembre de 2002, &#191;correcto?

Supuestamente -dijo Potting.

Cuatro d&#237;as despu&#233;s, el 23 de noviembre, una tal se&#241;ora Margaret Nelson lleg&#243; a Sydney. Podr&#237;a no ser nada significativo -apunt&#243;-. Pero la edad que figuraba en su pasaporte coincide.

No es un nombre muy com&#250;n -dijo Nicholl.

No -dijo el sargento jefe Fletcher-. No es raro, pero no es com&#250;n, dir&#237;a yo.

Creo que deber&#237;amos revisar la agenda que hemos elaborado, a ver si os parece bien -dijo Troy Burg.

Mientras incluya cerveza y chavalas, me parecer&#225; bien  dijo Potting, y se rio-. Minas, &#191;no las llam&#225;is as&#237; vosotros?

&#191;A la cerveza o a las chicas? -Fletcher le sonri&#243;, los ojos le brillaban con alegr&#237;a

A lo lejos, Nick Nicholl vio un grupo de edificios altos e irregulares.

Chicos, ma&#241;ana est&#225;is invitados a un fest&#237;n. George va a cocinar para vosotros. Es un genio. Tendr&#237;a que haber sido chef, no polic&#237;a -dijo Burg, anim&#225;ndose por primera vez.

Yo no s&#233; ni fre&#237;r un huevo -dijo Potting-. Nunca he sabido.

Creo que querr&#233;is guardaros la mejor parte de la semana para hacerlo todo-dijo George Fletcher.

Nick Nicholl gru&#241;&#243; por dentro al pensar en ello.

Nos han dado una lista de lo que ten&#233;is que ver -dijo Fletcher-. Decidnos si quer&#233;is saltaros algo. Vamos a llevaros al r&#237;o Barwon, donde se hall&#243; el cad&#225;ver de la se&#241;ora Wilson. Luego quiz&#225; quer&#225;is ver el coche. Est&#225; en el dep&#243;sito.

&#191;A nombre de qui&#233;n estaba registrado el veh&#237;culo en el que la encontraron? -pregunt&#243; Nick Nicholl.

La matr&#237;cula del coche era falsa y los n&#250;meros de serie hab&#237;an sido borrados. Creo que no vamos a sacar mucho por ah&#237;. -Sigui&#243; adelante y dijo-: Imaginamos que querr&#237;ais ver los restos de la se&#241;ora Wilson, as&#237; que hemos preparado una reuni&#243;n con el pat&#243;logo.

Suena bien -dijo Potting-. Pero quiero empezar por Chad Skeggs.

Ahora hablaremos de eso -dijo Burg.

&#191;Os gusta el vino tinto, chicos? -dijo George Fletcher-. &#191;El syrah australiano? Es viernes, as&#237; que Troy y yo hemos pensado llevaros a almorzar a un sitio que nos gusta.

En estos momentos, Nick Nicholl se mor&#237;a por un caf&#233; solo, no por beber alcohol.

Ya lo creo -dijo Potting.

George conoce bien el syrah australiano -dijo Troy Burg.

&#191;Tambi&#233;n vamos a verte el fin de semana, Troy? -pregunt&#243; Potting.

El domingo -dijo George-. Ma&#241;ana Troy est&#225; ocupado.

El domingo os llevar&#233; al r&#237;o -dijo Troy-. Os ense&#241;ar&#233; d&#243;nde encontramos el coche.

&#191;No podr&#237;amos hacer todo eso ma&#241;ana? -pregunt&#243; Nicholl, preocupado por no perder ni un segundo de su preciado tiempo.

La mayor&#237;a de los s&#225;bados est&#225; ocupado -dijo George Fletcher-. Cu&#233;ntales qu&#233; haces los s&#225;bados, Troy.

Al cabo de unos momentos, un poco sonrojado, el sargento australiano contest&#243;.

Toco el banjo en bodas.

&#191;Es broma? -dijo Norman Potting.

Est&#225; muy demandado -dijo George Fletcher.

Es mi forma de desconectar.

&#191;Qu&#233; tocas? -dijo Norman Potting-. &#191;Duelo de banjos? &#191;Has visto esa peli, Defensa?

Aj&#225;, la he visto, s&#237;.

&#191;Cuando esos paletos atan al chico al &#225;rbol y le dan por el culo? &#191;Con la m&#250;sica de banjo de fondo?

Burg asinti&#243;.

Eso es lo que deber&#237;an tocar en las bodas, no la marcha nupcial -dijo Potting-. Cuando un hombre se casa eso es lo que le pasa al pobre capullo. Su mujer lo ata a un &#225;rbol y le da por el culo.

George Fletcher se rio cordialmente.

&#191;Sabes en qu&#233; se parecen las mujeres a la dentadura? -pregunt&#243; Potting, que estaba en racha.

Fletcher dijo que no con la cabeza.

Creo que me lo s&#233; -murmur&#243; Burg.

En que si les das pasta y las cepillas todos los d&#237;as, te duran toda la vida.

Nick Nicholl mir&#243; por la ventana abatido. Ya hab&#237;a o&#237;do el chiste en el avi&#243;n, dos veces. M&#225;s adelante vio una hilera de bloques de pisos bajos. Estaban recorriendo una calle de tiendas de una planta. Un tranv&#237;a blanco cruz&#243; delante de ellos. Un rato despu&#233;s, atravesaron el r&#237;o Yarra y pasaron por delante de un edificio geom&#233;trico en una plaza ancha que parec&#237;a un centro de arte. Ahora se adentraban en una zona del centro muy concurrida.

Troy Burg gir&#243; a la izquierda y entr&#243; en una calle estrecha y sombreada y aparc&#243; delante de una tienda que se anunciaba como licorer&#237;a. Mientras Nick Nicholl se bajaba del coche, vio que el comercio ten&#237;a una ventana en saliente y una fachada de estilo Regencia que parec&#237;a una imitaci&#243;n de las tiendas de antig&#252;edades de los Lanes de Brighton. El escaparate estaba lleno de expositores de sellos y monedas raros. Encima, en letras doradas antiguas dec&#237;a: Chad Skeggs, comerciantes internacionales y subastadores de monedas y sellos.

Entraron y pit&#243; un timbre. Detr&#225;s de un mostrador de cristal, donde hab&#237;a expuestos m&#225;s sellos y monedas, hab&#237;a un joven delgaducho y moreno de unos treinta y pocos a&#241;os con el pelo de punta rubio decolorado y un pendiente de oro grande. Vest&#237;a una camiseta con una tabla de surf y vaqueros descoloridos y los salud&#243; como si fueran viejos amigos a los que hac&#237;a tiempo que no ve&#237;a.

George Fletcher le mostr&#243; su placa.

&#191;Est&#225; el se&#241;or Skeggs?

No, colega, est&#225; en viaje de negocios.

Norman Potting le ense&#241;&#243; una fotograf&#237;a de Ronnie Wilson y observ&#243; los ojos del hombre. Nunca le hab&#237;a cogido el tranquillo a la t&#233;cnica de Roy Grace para detectar a un mentiroso, pero de todos modos cre&#237;a que se le daba bastante bien intuirlo por s&#237; mismo.

&#191;Ha visto alguna vez a este hombre? -pregunt&#243;.

No, colega. -Entonces el australiano se toc&#243; la nariz, un gesto que lo delat&#243; al instante.

Eche otro vistazo. -Potting le mostr&#243; dos fotograf&#237;as m&#225;s.

El chico a&#250;n pareci&#243; m&#225;s inc&#243;modo.

No. -Se toc&#243; la nariz otra vez.

Creo que s&#237; -dijo Potting, insistiendo.

George Fletcher intervino y le dijo al dependiente:

&#191;C&#243;mo se llama?

Skelter -contest&#243;-. Barry Skelter. -Lo pronunci&#243; como si fuera una pregunta.

De acuerdo, Barry -dijo George Fletcher. Se&#241;al&#243; a Potting y a Nicholl-. Estos caballeros son inspectores de Inglaterra que han venido a ayudar a la polic&#237;a de Victoria en una investigaci&#243;n de asesinato. &#191;Lo entiendes?

&#191;Una investigaci&#243;n de asesinato? Bien, de acuerdo.

Ocultar informaci&#243;n en una investigaci&#243;n de asesinato es un delito, Barry. Si quieres conocer el t&#233;rmino legal t&#233;cnico, se llama obstaculizaci&#243;n de la justicia. En una investigaci&#243;n de asesinato, eso supone una condena m&#237;nima de cinco a&#241;os de c&#225;rcel. Pero si el juez no estuviera satisfecho, podr&#237;an caerte de diez a catorce a&#241;os. S&#243;lo quiero asegurarme de que te queda claro. &#191;Te queda claro?

La cara de Skelter cambi&#243; de color de repente. -&#191;Puedo ver esas fotos otra vez? -solicit&#243;.

Potting volvi&#243; a mostr&#225;rselas.

En realidad, &#191;saben?, no puedo jurarlo, pero ahora que lo pienso, se parece a uno de los clientes del se&#241;or Skeggs.

&#191;El nombre de David Nelson le ayudar&#237;a a pensar con mayor claridad? -pregunt&#243; Potting.

&#191;David Nelson? Oh, s&#237;. &#161;David Nelson! Por supuesto. Quiero decir, est&#225; un poco cambiado desde que se tomaron estas fotos, ver&#225;n, por eso no le he reconocido de inmediato. &#191;Me entienden?

Le entendemos perfectamente -dijo Potting-. Ahora pasemos a ver la agenda de direcciones de sus clientes, &#191;quiere?



Despu&#233;s, cuando salieron, Norman Potting se volvi&#243; hacia George Fletcher.

Ha sido genial, George -dijo-. De diez a catorce a&#241;os. &#191;Es cierto?

Yo qu&#233; s&#233;, joder -dijo-. Me lo he inventado. Pero ha funcionado, &#191;no?

Por primera vez desde que hab&#237;a puesto los pies en Australia, Nick Nicholl sonri&#243;.



110

Octubre de 2007


El paisaje cambi&#243; deprisa. Delante de ellos, Nicholl vio el brillo tr&#233;mulo del oc&#233;ano. La calle ancha por la que bajaban ten&#237;a un aire de centro tur&#237;stico, con edificios bajos blanqueados a cada lado. Le record&#243; a algunas calles de la Costa del Sol, en Espa&#241;a, que era hasta donde se extend&#237;an los l&#237;mites de sus horizontes antes de aquel viaje.

Port Melbourne -dijo George Fletcher-. El r&#237;o Yarra desemboca aqu&#237;, en la Bah&#237;a Hobson. Muchas propiedades caras por aqu&#237;. Una comunidad joven y adinerada. Banqueros, abogados, gente de la tele, etc&#233;tera. Compran pisos bonitos con vistas a la bah&#237;a antes de casarse y luego se trasladan a una casa un poco mayor en las afueras.

Como t&#250; -dijo Troy para tomarle el pelo a su compa&#241;ero.

Como yo. Excepto que, para empezar, yo ya no podr&#237;a permitirme vivir aqu&#237;.

Aparcaron delante de otra licorer&#237;a, luego subieron hasta la entrada distinguida de un peque&#241;o bloque de pisos y George llam&#243; al timbre del conserje.

La puerta se abri&#243; con un clic y entraron en un pasillo largo, helado por culpa del aire acondicionado, y con una alfombra elegante. Al cabo de unos momentos, un hombre de unos treinta y cinco a&#241;os con la cabeza rapada, que llevaba una camiseta, pantalones cortos anchos y unas Crocs, camin&#243; hacia ellos con aire ufano.

&#191;En qu&#233; puedo ayudarles?

George mostr&#243; su placa al hombre.

Nos gustar&#237;a hablar con uno de los inquilinos, el se&#241;or Nelson, del piso 59.

&#191;Del piso 59? -dijo alegremente-. Se me han adelantado. -Levant&#243; un manojo de llaves que ten&#237;a en la mano-. Ahora mismo iba a subir. Algunos vecinos se han quejado de un olor. Creen que podr&#237;a salir de all&#237;, al menos. Hace un tiempo que no veo al se&#241;or Nelson y lleva bastantes d&#237;as sin recoger el correo.

Potting frunci&#243; el ce&#241;o. Que los vecinos denunciaran un mal olor rara vez era una buena noticia.

Entraron en el ascensor, subieron al quinto piso y salieron al pasillo, que ol&#237;a a moqueta nueva. Pero mientras lo recorr&#237;an en direcci&#243;n al piso del fondo, sus olfatos captaron algo muy distinto.

Era un olor que Norman Potting conoc&#237;a desde hac&#237;a tiempo, aunque segu&#237;a incomod&#225;ndole. Nick Nicholl estaba menos acostumbrado. Era el hedor fuerte y empalagoso de carne y &#243;rganos internos en putrefacci&#243;n.

El conserje levant&#243; las cejas mirando a los cuatro polic&#237;as y como diciendo: Esperemos que no sea nada. Entonces abri&#243; la puerta. El hedor se volvi&#243; m&#225;s fuerte al instante. Nick Nicholl, tap&#225;ndose la nariz con su pa&#241;uelo, cerraba el grupo.

Dentro hac&#237;a un calor sofocante, era evidente que el aire acondicionado no estaba encendido. Nicholl mir&#243; a su alrededor con aprensi&#243;n. En t&#233;rminos generales, era un piso bonito. Alfombras blancas sobre suelo de madera pulido y muebles modernos y elegantes. Lienzos er&#243;ticos sin enmarcar flanqueaban las paredes, algunos mostraban el sexo de las mujeres, otros eran abstractos.

El olor a carne putrefacta impregnaba el pasillo y se volv&#237;a m&#225;s denso con cada paso que daban los cinco hombres. Nick, que estaba cada vez m&#225;s inc&#243;modo por lo que fueran a descubrir, sigui&#243; a sus compa&#241;eros hasta el dormitorio principal vac&#237;o. La enorme cama estaba sin hacer. Un vaso vac&#237;o descansaba sobre la mesa, junto a un radiodespertador digital que parec&#237;a desenchufado.

Cruzaron hasta lo que parec&#237;a una habitaci&#243;n de invitados convertida en estudio. Sobre el escritorio hab&#237;a un disco duro externo, al lado de un teclado y un rat&#243;n, pero sin ordenador. En un cenicero descansaban varias colillas de cigarrillo y era evidente que llevaban un tiempo all&#237;. La ventana daba a la pared verde del edificio de enfrente. A un lado de la mesa hab&#237;a un fajo de facturas.

George Fletcher cogi&#243; una. Ten&#237;a unas letras rojas grandes.

La luz -dijo-. Ultimo recordatorio. Es de hace varias semanas. Por eso hace tanto calor. Seguramente se la han cortado.

Los propietarios se han quejado del se&#241;or Nelson -apunt&#243; el conserje-. Se ha retrasado con el alquiler.

&#191;Mucho? -le pregunt&#243; Burg.

Varios meses.

Nick Nicholl miraba a su alrededor buscando fotos de familia, pero no vio ninguna. Mir&#243; una estanter&#237;a y advirti&#243; que al lado de los vol&#250;menes de cat&#225;logos de sellos hab&#237;a varias colecciones de poemas de amor y un diccionario de citas.

Entraron en el sal&#243;n comedor grande y abierto, que daba a un balc&#243;n ancho con una barbacoa y tumbonas y vistas al puerto y a la parte de arriba de la cancha de tenis de un vecino. Nick distingui&#243; vagamente la silueta borrosa de los edificios industriales al otro lado de la orilla.

Sigui&#243; a los tres polic&#237;as hasta una cocina elegante pero estrecha y entonces tuvo que taparse la nariz porque el hedor se hizo m&#225;s intenso. Oy&#243; el zumbido de las moscas. Una taza de t&#233; o caf&#233; llena de moho descansaba en el escurridero y en una cesta met&#225;lica hab&#237;a fruta podrida, cubierta de moho gris y verde. En el suelo, en la base de una nevera combi plateada muy chic, hab&#237;a una mancha ancha y oscura.

George Fletcher abri&#243; la puerta inferior del congelador y, de repente, el olor empeor&#243;. Mirando los trozos de carne grises y putrefactos que ocupaban los estantes, dijo:

Almuerzo cancelado, chicos.

Creo que alguien ha debido de avisar al se&#241;or Nelson de que ven&#237;amos -dijo Troy Burg.

Fletcher cerr&#243; la puerta.

Se ha ido, eso seguro.

&#191;Crees que ha huido? -dijo Norman Potting.

No creo que tenga pensado volver pronto, si te refieres a eso -contest&#243; el sargento jefe.



111

Octubre de 2007


El avi&#243;n aterriz&#243; en Gatwick a las 5.45 de la ma&#241;ana, con veinticinco minutos de adelanto gracias al viento de cola, como anunci&#243; con orgullo el comandante. Roy Grace estaba hecho polvo. Siempre beb&#237;a demasiado alcohol en los vuelos nocturnos, con la esperanza de quedarse K.O. Lo consegu&#237;a, pero s&#243;lo un rato y luego, como esta ma&#241;ana, ten&#237;a resaca y una sed atroz. Para rematarlo, se sent&#237;a inc&#243;modamente lleno por un desayuno repugnante.

Si su bolsa sal&#237;a deprisa, pens&#243;, tal vez tuviera tiempo de pasar por casa, darse una ducha r&#225;pida y cambiarse de ropa antes de acudir a la reuni&#243;n informativa. No tuvo suerte. Quiz&#225;s el avi&#243;n hubiera llegado antes, pero el retraso en la cinta del equipaje pulveriz&#243; esa ventaja y ya eran las siete menos veinte cuando pas&#243; con la bolsa por la puerta de Nada que declarar y se dirigi&#243; a los autobuses que iban al parking de estacionamiento prolongado. De pie en la parada, en el aire g&#233;lido pero seco de la ma&#241;ana, marc&#243; el n&#250;mero de Glenn Branson para que le pusiera al d&#237;a.

Su amigo sonaba raro.

Roy-dijo-, &#191;vas a pasar por casa?

No, voy a ir directamente para all&#225;. &#191;Qu&#233; hay de nuevo?

El sargento lo puso al tanto. Primero le inform&#243; sobre los progresos de Norman Potting en Sydney. En el transcurso del d&#237;a hab&#237;a surgido informaci&#243;n sobre los pasaportes de David y Margaret Nelson que revelaba que ambos eran falsificaciones. Y David Nelson hab&#237;a desaparecido de su piso. Ahora Potting y Nicholl estaban visitando a todos sus vecinos, con la esperanza de obtener m&#225;s informaci&#243;n sobre su estilo de vida y c&#237;rculo de amistades.

Entonces Branson pas&#243; a Katherine Jennings. Estaba esperando una llamada de Skeggs para concretar la hora y el punto de encuentro donde realizar&#237;an la entrega de los sellos y de su madre. Branson le dijo que ten&#237;an dos unidades de vigilancia a la espera, hasta veinte personas disponibles si decid&#237;an que las necesitaban.

&#191;Tenemos unidades armadas? -pregunt&#243; Grace.

No poseemos datos de que Skeggs vaya armado -contest&#243;-. Si la situaci&#243;n cambiara, las llamar&#237;amos para que intervinieran.

&#191;Est&#225;s bien, colega? -dijo Grace cuando Branson termin&#243;-. Pareces un poco estresado. &#191;Es por Ari?

Branson dud&#243;.

De hecho estoy preocupado por ti.

&#191;Por m&#237;?

Bueno, por tu casa en realidad.

Grace sinti&#243; una punzada de alarma.

&#191;Qu&#233; quieres decir? &#191;Te quedaste anoche?

S&#237;, s&#237;, gracias. Te lo agradezco.

Grace se pregunt&#243; si su amigo habr&#237;a roto algo. Tal vez su preciada m&#225;quina de discos antigua, que Glenn siempre estaba toqueteando.

Puede que no sea nada, Roy, pero cuando me marchaba esta ma&#241;ana, he visto a Joan Major pasando en coche por tu calle, al menos jurar&#237;a que la he visto, vaya. A&#250;n no era de d&#237;a, as&#237; que podr&#237;a equivocarme.

&#191;Joan Major?

S&#237;. Conduc&#237;a un monovolumen Fiat de esos peque&#241;os tan peculiares. No se ven demasiados.

Glenn Branson ten&#237;a un poder de observaci&#243;n impresionante. Si dec&#237;a que hab&#237;a visto a la arque&#243;loga forense, era casi seguro que no se equivocaba. Grace subi&#243; al autob&#250;s, con el tel&#233;fono pegado a la oreja. Era curioso que Glenn la hubiera visto conduciendo por su calle, pero no era nada del otro mundo.

Tal vez sus hijos vayan al colegio por esta zona.

Lo dudo. Vive en Burgess Hill. Tal vez fuera a dejarte algo.

No tiene sentido.

Quiz&#225; le ha pasado algo y quer&#237;a verte.

&#191;A qu&#233; hora te has ido?

Sobre las siete menos cuarto.

A esa hora de la ma&#241;ana no pasas por casa de nadie para charlar. Si es urgente, llamas por tel&#233;fono.

S&#237;. Eso es lo que se hace.

Grace le dijo que esperaba llegar al despacho a tiempo para la reuni&#243;n, pero cuando subi&#243; a su coche decidi&#243; que, siempre que el tr&#225;fico de hora punta no fuera muy denso, primero pasar&#237;a por casa. Le inquietaba algo que no pod&#237;a acabar de precisar.



112

Octubre de 2007


A las ocho de la ma&#241;ana, cuando por fin son&#243; su tel&#233;fono, Abby ya llevaba dos horas largas levantada, vestida y preparada. No hab&#237;a podido dormir bien en toda la noche y se hab&#237;a quedado tumbada en la cama dura, con su almohada diminuta, escuchando el tr&#225;fico del paseo mar&#237;timo, el quejido ocasional de las sirenas, los gritos de los gamberros borrachos y las puertas de los coches cerr&#225;ndose.

Estaba preocupad&#237;sima por su madre. &#191;Podr&#237;a aguantar otra noche sin su medicaci&#243;n? &#191;La angustia y los espasmos podr&#237;an provocar un infarto o una apoplej&#237;a? Maldita sea, se sent&#237;a tan impotente Y sab&#237;a que ese mat&#243;n jugar&#237;a con eso. Contar&#237;a con ello.

Pero tambi&#233;n era muy consciente de que Ricky hab&#237;a visto las artima&#241;as de que ella era capaz, por el tiempo que hab&#237;an pasado juntos en Melbourne y ahora por los acontecimientos de los &#250;ltimos d&#237;as. No iba a ser f&#225;cil. No iba a confiar en ella ni un &#225;pice.

&#191;D&#243;nde le dir&#237;a que quedaran? &#191;En un aparcamiento de varias plantas? &#191;En un parque de la ciudad? &#191;En el puerto de Shoreham? Intent&#243; pensar d&#243;nde citaban a la gente en las pel&#237;culas para entregar a la v&#237;ctima de un secuestro. A veces la tiraban de coches en marcha; o la dejaban en un coche abandonado en alguna parte.

Todas y cada una de sus especulaciones toparon con obst&#225;culos. No sab&#237;a nada, no pod&#237;a predecir nada. Pero algo que hab&#237;a decidido, y que era total y absolutamente no negociable, era que querr&#237;a una prueba evidente, ver con sus propios ojos que su madre estaba viva antes de hacer nada.

&#191;Pod&#237;a confiar en la polic&#237;a? &#191;Qu&#233; ocurrir&#237;a si Ricky la ve&#237;a y le entraba el p&#225;nico?

Por el contrario, deb&#237;a plantearse hasta qu&#233; punto pod&#237;a confiar en que le devolviera a su madre. Si es que a&#250;n estaba viva. Ricky hab&#237;a demostrado ser un mierda insensible por llevarse a una anciana y hacerla pasar por aquel tormento.

En la pantalla apareci&#243; el habitual N&#250;mero privado.

Puls&#243; la tecla para contestar.



113

Octubre de 2007


Grace observaba con incredulidad mientras recorr&#237;a su calle justo pocos minutos despu&#233;s de las ocho de la ma&#241;ana. Tambi&#233;n reconoci&#243; el peculiar Fiat plateado alargado que estaba estacionado delante de su casa. Pero fue el veh&#237;culo en el camino de entrada el que m&#225;s le asombr&#243;. Era una de las furgonetas blancas del Departamento de apoyo cient&#237;fico de la polic&#237;a de Sussex.

Tambi&#233;n en la calle, detr&#225;s del coche de Joan Major, hab&#237;a un Ford Mondeo marr&#243;n. Por la matr&#237;cula supo que era uno de los coches del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal. &#191;Qu&#233; diablos estaba pasando?

Grace se detuvo, se baj&#243; del coche y entr&#243; corriendo en la casa. Estaba en silencio.

&#191;Hola? &#191;Hay alguien ah&#237;? -grit&#243;.

Ninguna respuesta.

Fue a la cocina a comprobar que el alimentador autom&#225;tico fijado a la pecera de Marlon funcionaba. Entonces, por la ventana, mir&#243; el jard&#237;n trasero.

La imagen que vieron sus ojos resultaba imposible de creer.

Joan Major y dos agentes del SOCO que conoc&#237;a trabajaban en su c&#233;sped. La arque&#243;loga forense, en el centro, sujetaba un aparato el&#233;ctrico de un metro y medio de altura con forma de remo, colgado del hombro por un asa, y con una especie de pantalla en el centro. El agente del SOCO que ten&#237;a a su derecha miraba fijamente la pantalla, mientras que el de la izquierda anotaba algo en una libreta grande.

Anonadado, Grace abri&#243; la puerta trasera y sali&#243; corriendo.

&#161;Eh! &#161;Disculpad! Joan, &#191;qu&#233; demonios est&#225;s haciendo?

Joan Major se puso roja de verg&#252;enza.

Oh, buenos d&#237;as, Roy. Mmmm Supon&#237;a que sab&#237;as que est&#225;bamos aqu&#237;.

No ten&#237;a ni idea. &#191;Quieres ponerme al corriente? &#191;Qu&#233; es eso? -Se&#241;al&#243; el aparato con la cabeza-. &#191;Qu&#233; diablos est&#225; pasando?

Un RDS -contest&#243; ella.

&#191;Un RDS?

Un Radar de Detecci&#243;n Subterr&#225;nea.

&#191;Qu&#233; haces con &#233;l?

Joan a&#250;n se puso m&#225;s roja. Entonces, como producto de una pesadilla, Grace vio por el rabillo del ojo a uno de los pocos polic&#237;as del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal que le ca&#237;an realmente mal. En general, por la experiencia que hab&#237;a vivido, la mayor&#237;a de los agentes se llevaban razonablemente bien. S&#243;lo de vez en cuando hab&#237;a topado con alguno cuya actitud le irritara de verdad, y entrando por la verja de su jard&#237;n, en este preciso momento, apareci&#243; un joven agente al que no pod&#237;a soportar. Se llamaba Alfonso Zafferone.

Era un hombre arrogante y hura&#241;o de casi treinta a&#241;os, de belleza latina y pelo brillante y despeinado, e iba pulcramente vestido con una elegante gabardina beis encima de un traje color habano. Aunque era un detective perspicaz, Zafferone ten&#237;a un problema de actitud grave y Grace hab&#237;a escrito un informe mordaz sobre &#233;l despu&#233;s de la &#250;ltima vez que trabajaron juntos.

Ahora Zafferone estaba cruzando a grandes zancadas el c&#233;sped, mascando chicle y con una clase de papel en la mano que Grace conoc&#237;a demasiado bien.

Buenos d&#237;as, se&#241;or comisario. Me alegro de volver a verle. -Zafferone le ofreci&#243; una sonrisa melosa.

&#191;Quieres decirme qu&#233; est&#225; ocurriendo aqu&#237;?

El joven agente levant&#243; el documento firmado.

Es una orden de registro -dijo Zafferone.

&#191;Para mi jard&#237;n?

Y tambi&#233;n para la casa. -Dud&#243; un momento y luego a&#241;adi&#243; a rega&#241;adientes-: Se&#241;or.

Ahora Grace estaba pr&#225;cticamente fuera de sus casillas. Aquello no estaba pasando. Era imposible. Imposible del todo.

&#191;Es una broma? &#191;Qui&#233;n co&#241;o es el responsable?

Zafferone sonri&#243;, como si tambi&#233;n estuviera al tanto de aquello y disfrutara de su momento de poder, y dijo: -El comisario Pewe.



114

Octubre de 2007


Cassian Pewe estaba sentado en su despacho en mangas de camisa, leyendo un documento normativo, cuando la puerta se abri&#243; de golpe y Roy Grace entr&#243; con la cara contra&#237;da por la ira. Cerr&#243; de un portazo, luego puso las manos en la mesa de Pewe y lo mir&#243; fijamente.

Pewe se ech&#243; para atr&#225;s y levant&#243; las manos a la defensiva.

Roy -dijo-. &#161;Buenos d&#237;as!

&#191;C&#243;mo te atreves? -le grit&#243; Grace-. &#191;C&#243;mo co&#241;o te atreves? &#191;Esperas a que me marche y haces esto? &#191;Me humillas delante de mis vecinos y de todo el puto cuerpo de polic&#237;a?

Roy, c&#225;lmate, por favor. Deja que te explique

&#191;Que me calme? No me sale de los huevos calmarme. Voy a cortarte la puta cabeza y utilizarla para colgar sombreros.

&#191;Me est&#225;s amenazando?

S&#237;, te estoy amenazando, pelota de mierda. Ve corriendo a Alison Vosper y p&#237;dele que te suene los mocos mientras te sientas en sus rodillas y le lloriqueas, o lo que sea que hac&#233;is los dos juntitos.

Pens&#233; que estando fuera Ser&#237;a menos embarazoso para ti.

Me las pagar&#225;s, Pewe. Vas a lamentarlo de verdad.

No me gusta tu tono, Roy.

Y a m&#237; no me gusta que los agentes del SOCO merodeen por mi casa con una orden de registro. Diles que paren ahora mismo.

Lo siento -dijo Pewe, envalentonado despu&#233;s de percatarse de que Grace no iba a pegarle-. Pero despu&#233;s de entrevistarme con los padres de tu difunta esposa, me preocupa que no se hayan investigado todos los aspectos de la desaparici&#243;n de tu mujer tan a fondo como debi&#243; hacerse en su d&#237;a.

Cuando termin&#243; de hablar, sonri&#243; y Grace pens&#243; que nunca en su vida hab&#237;a odiado tanto a nadie como a Cassian Pewe en estos momentos.

&#191;En serio? &#191;Y qu&#233; te dijeron sus padres que fuera tan novedoso?

Su padre ten&#237;a bastante que decir.

&#191;Te cont&#243; su padre que estuvo en la RAF durante la guerra?

Pues s&#237;, la verdad -dijo Pewe.

&#191;Te cont&#243; alguna de las historias sobre los bombardeos que vivi&#243;?

Me dio algunos detalles. Fascinante. Parece que era todo un personaje. Particip&#243; en alguna de las misiones del escuadr&#243;n Dambusters. Un hombre extraordinario.

El padre de Sandy es un hombre extraordinario -confirm&#243; Grace-. Es un fantasioso. No estuvo nunca en el escuadr&#243;n 617, el Dambusters. Y era mec&#225;nico de aviones, no artillero. Jam&#225;s particip&#243; en ninguna misi&#243;n.

Pewe se qued&#243; callado un segundo, parec&#237;a un poco inc&#243;modo. Grace se march&#243; furioso, cruz&#243; el pasillo y fue derecho al despacho del comisario jefe. Se qued&#243; delante de la mesa de Skerritt hasta que su jefe termin&#243; de hablar por tel&#233;fono y luego dijo:

Jack, tengo que hablar contigo.

Skerritt le se&#241;al&#243; una silla.

&#191;Qu&#233; tal por Nueva York?

Bien -contest&#243;-. He conseguido buenas informaciones, redactar&#233; un informe. Acabo de volver, literalmente.

Tu equipo de la Operaci&#243;n Dingo parece hacer progresos. Tengo entendido que hoy ten&#233;is prevista una operaci&#243;n importante.

S&#237;, as&#237; es.

&#191;Vas a dejar que la inspectora Mantle la dirija o volver&#225;s a asumir el mando?

Creo que hoy vamos a necesitar a todo el mundo -dijo Grace-. Dependiendo de c&#243;mo se desarrollen los acontecimientos, veremos a qui&#233;n m&#225;s involucramos.

Skerritt asinti&#243; con la cabeza.

Bueno, &#191;de qu&#233; quer&#237;as hablarme?

Del comisario Pewe -dijo.

No fue decisi&#243;n m&#237;a traerle aqu&#237; -dijo Skerritt, y mir&#243; a Grace con complicidad.

Lo s&#233;. -Era consciente de que a Skerritt el hombre le ca&#237;a casi tan mal como a &#233;l.

Bueno, &#191;qu&#233; problema hay?

Grace se lo cont&#243;.

Cuando acab&#243;, Jack Skerritt mene&#243; la cabeza con incredulidad.

No puedo creer que haya hecho eso a tus espaldas. Una cosa es llevar una investigaci&#243;n abierta, a veces puede ser algo bueno. Pero no me gusta c&#243;mo se est&#225; tratando este caso. Ni pizca. &#191;Cu&#225;nto tiempo hace que desapareci&#243; Sandy?

Van a cumplirse nueve a&#241;os y medio.

Skerritt se qued&#243; pensando un momento, luego mir&#243; su reloj.

&#191;Va a la reuni&#243;n informativa?

S&#237;.

Te dir&#233; lo que voy a hacer, hablar&#233; con &#233;l ahora. Pasa a verme en cuanto salgas de la reuni&#243;n.

Grace le dio las gracias y mientras se marchaba del despacho, Skerritt descolg&#243; el tel&#233;fono.



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Octubre de 2007


A las nueve y cuarto Abby conduc&#237;a el Honda todoterreno di&#233;sel negro que hab&#237;a alquilado anoche, siguiendo las instrucciones de Ricky al pie de la letra, subiendo una colina hacia Sussex House. Notaba como si tuviera el est&#243;mago lleno de alfileres calientes y estaba temblando.

Respirando hondo y con constancia, intent&#243; por todos los medios mantener la calma y no dejar que le entrara otro ataque de p&#225;nico. Estaba al borde de sufrir uno, lo sab&#237;a. Ten&#237;a esa sensaci&#243;n ligeramente incorp&#243;rea que siempre los preced&#237;a.

Era ir&#243;nico, pensaba, que el Southern Deposit Security estuviera a menos de un kil&#243;metro del edificio al que se dirig&#237;a ahora. Llam&#243; a Glenn Branson y, con voz temblorosa, le inform&#243; de que estaba acerc&#225;ndose a la verja. &#201;l le dijo que sal&#237;a enseguida.

Abby detuvo el coche como le hab&#237;an indicado, delante de la enorme verja de acero verde, y puso el freno de mano. En el asiento del copiloto hab&#237;a la bolsa de pl&#225;stico donde ayer meti&#243; los medicamentos de su madre. Tambi&#233;n estaba el sobre acolchado. La maleta la hab&#237;a dejado en la habitaci&#243;n del hotel.

Glenn Branson apareci&#243; y la salud&#243; alegremente con la mano. La verja comenz&#243; a abrirse y, en cuanto el hueco fue suficiente, Abby la cruz&#243;. El sargento le se&#241;al&#243; que aparcara delante de una hilera de contenedores con ruedas y luego sujet&#243; la puerta para que saliera.

&#191;Se encuentra bien? -le pregunt&#243;.

Ella asinti&#243; desolada.

Con actitud protectora, Branson le pas&#243; un brazo por el hombro.

No pasar&#225; nada -le dijo-. Creo que es usted una mujer muy fuerte. Traeremos a su madre de vuelta sana y salva. Y tambi&#233;n recuperaremos sus sellos. &#201;l cree que ha elegido un lugar inteligente, pero no. Es una estupidez.

&#191;Por qu&#233; lo dice?

Ha elegido el lugar para asustarla -contest&#243; Branson mientras la conduc&#237;a a trav&#233;s de una puerta hacia el hueco de una escalera-. &#201;sa es su prioridad, pero no deber&#237;a serlo. Ya est&#225; usted bastante asustada, as&#237; que no necesita intensificar m&#225;s las cosas. No piensa con claridad. No est&#225; actuando como actuar&#237;a yo.

&#191;Y si les ve? -pregunt&#243; Abby, recorriendo el pasillo, intentando seguir su ritmo.

No nos ver&#225;. A menos que tengamos que intervenir. Y s&#243;lo lo haremos si creemos que est&#225; usted en peligro.

La matar&#225; -dijo ella-. Es malo. Si algo se tuerce, lo har&#225; s&#243;lo para divertirse.

Somos conscientes de ello. &#191;Tiene los sellos?

Abby levant&#243; la bolsa de pl&#225;stico para ense&#241;&#225;rsela.

&#191;No ha querido correr el riesgo de dejarlos en el coche en una comisar&#237;a de polic&#237;a? -Branson sonri&#243;-. &#161;Sabia decisi&#243;n!



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Octubre de 2007


Cassian Pewe ya estaba sentado a la mesa de reuniones del despacho de Jack Skerritt cuando Grace regres&#243; de la reuni&#243;n informativa. Los dos hombres evitaron mirarse.

El comisario jefe indic&#243; a Grace que se sentara, luego dijo:

Roy, Cassian me ha dicho que es consciente de que cometi&#243; un error de juicio al dar la orden de registrar tu casa. El equipo que estaba all&#237; ha recibido instrucciones de marcharse.

Grace lanz&#243; una mirada a Pewe. El hombre miraba fijamente la mesa, como un ni&#241;o al que acaban de rega&#241;ar. No parec&#237;a arrepentirse de nada.

Me ha explicado que lo ha hecho para ayudarte -prosigui&#243; Skerritt.

&#191;Para ayudarme?

Dice que tiene la sensaci&#243;n de que corren gran cantidad de insinuaciones insanas a tus espaldas sobre la desaparici&#243;n de Sandy. Es correcto, &#191;verdad, Cassian?

Pewe asinti&#243; a rega&#241;adientes.

S&#237; mmm, se&#241;or.

Dice que ten&#237;a la sensaci&#243;n de que si pod&#237;a demostrar, al cien por cien, que t&#250; no tuviste nada que ver con su desaparici&#243;n, acabar&#237;a con esos comentarios de una vez por todas.

Nunca he o&#237;do ninguna insinuaci&#243;n -dijo Grace.

Con todo el respeto, Roy -dijo Pewe-, hay bastantes personas que creen que la investigaci&#243;n original fue un trabajo precipitado y que t&#250; contribu&#237;ste a cerrarla prematuramente. Se preguntan por qu&#233;.

&#191;Puedes darme el nombre de alguna?

No ser&#237;a justo para ellas. Lo &#250;nico que intento hacer es repasar las pruebas, utilizando las mejores t&#233;cnicas y tecnolog&#237;a modernas de que disponemos, para exonerarte completamente.

Grace tuvo que morderse la lengua; aquel hombre era de una arrogancia incre&#237;ble, pero ahora no era momento de comenzar una bronca. Ten&#237;a que irse dentro de unos minutos y ponerse en posici&#243;n para el encuentro de Abby Dawson, que estaba programado a las diez y media.

Jack, &#191;podemos hablar de esto luego? No me satisface nada lo que ha dicho, pero tengo que irme.

En realidad, pensaba que podr&#237;a ser buena idea que Cassian te acompa&#241;ara, en tu coche. Podr&#237;a proporcionar una ayuda inestimable a tu equipo en la situaci&#243;n actual. -Se dirigi&#243; a Pewe-: &#191;Es cierto, verdad, Cassian, que eres un negociador experto en secuestros?

S&#237;, as&#237; es.

Grace apenas pod&#237;a creer lo que acababa de o&#237;r. Que Dios ayudara al pobre reh&#233;n que tuviera a Pewe negociando por &#233;l, pens&#243;.

Entiendo -fue lo que dijo en realidad.

Tambi&#233;n creo que ser&#237;a bueno para &#233;l ver c&#243;mo funcionamos aqu&#237; en Sussex. Es evidente aqu&#237; y en la Met hay cosas que se hacen de forma distinta. Cassian, creo que podr&#237;a ser un buen aprendizaje para ti observar c&#243;mo dirige una operaci&#243;n importante uno de nuestros agentes m&#225;s experimentados.

Mir&#243; a Grace y el mensaje no pod&#237;a ser m&#225;s claro.

Pero Roy no estaba de humor para sonre&#237;r.



117

Octubre de 2007


Hab&#237;a transcurrido mucho tiempo desde la &#250;ltima vez que hab&#237;a estado aqu&#237;, pens&#243; Abby mientras conduc&#237;a el coche por la carretera sinuosa que sub&#237;a entre campos de hierba y vastas &#225;reas de rastrojos. Quiz&#225; fuera porque estaba m&#225;s nerviosa a cada minuto que pasaba, pero los colores del paisaje parec&#237;an poseer una intensidad casi sobrenatural. El cielo era un lienzo azul vivo, con s&#243;lo algunas nubes min&#250;sculas aqu&#237; y all&#237;. Era casi como si llevara puestas las gafas de sol.

Agarraba con fuerza el volante, notaba el viento racheado que golpeaba el coche, intentando sacarlo de su rumbo. Ten&#237;a un nudo en la garganta y los alfileres de su est&#243;mago ard&#237;an a&#250;n con m&#225;s fuerza.

Al principio, el sargento le pidi&#243; que llevara un auricular para que pudiera escuchar cualquier instrucci&#243;n que tuvieran que darle. Sin embargo, cuando le dijo que Ricky hab&#237;a intervenido algunas de sus conversaciones anteriores, Branson decidi&#243; que era demasiado arriesgado. Pero ellos s&#237; la escuchar&#237;an, cada palabra. Lo &#250;nico que ten&#237;a que hacer era pedirles ayuda y ellos actuar&#237;an, la tranquiliz&#243;.

Abby no recordaba la &#250;ltima vez que hab&#237;a rezado, pero ahora se descubri&#243; de repente musitando una oraci&#243;n, en silencio. Querido Dios, por favor, que no le pase nada a mam&#225;. Por favor, ay&#250;dame a superar esto. Por favor, querido Dios.

Hab&#237;a un coche delante de ella, avanzando despacio, un viejo Alfa Romeo granate con dos hombres dentro; el pasajero hablaba por el m&#243;vil, imagin&#243;. Lo sigui&#243; por una curva pronunciada a la izquierda, dejaron atr&#225;s un hotel a la derecha y el estuario del r&#237;o Seven Sisters abajo. Las luces de freno del Alfa que una furgoneta de reparto cruzara un puente estrecho, luego volvi&#243; a acelerar. Ahora la carretera ascend&#237;a.

Al cabo de unos minutos, vio una se&#241;al m&#225;s adelante. Las luces de freno del Alfa Romeo volvieron a encenderse, luego el intermitente derecho comenz&#243; a parpadear.

La se&#241;al dec&#237;a Centro pueblo A-259, con una flecha que se&#241;alaba en l&#237;nea recta, y Paseo Mar&#237;timo Beachy Head, con una flecha que se&#241;alaba a la derecha.

Abby sigui&#243; al Alfa Romeo hacia la derecha. Sigui&#243; conduciendo a una velocidad exasperantemente lenta y mir&#243; el reloj de su coche y el de su mu&#241;eca. El primero iba un minuto atrasado, pero sab&#237;a que el suyo era preciso, lo hab&#237;a puesto en hora antes: las 10.25 de la ma&#241;ana. Quedaban s&#243;lo cinco minutos. Estuvo tentada de adelantar, le preocupaba llegar tarde.

Entonces son&#243; su m&#243;vil. N&#250;mero privado.

Contest&#243; por el manos libres conectado al encendedor del coche que le hab&#237;a dado la polic&#237;a para que ellos pudieran escuchar cualquier conversaci&#243;n.

&#191;S&#237;? -dijo.

&#191;D&#243;nde co&#241;o est&#225;s? Llegas tarde.

Llego dentro de unos minutos, Ricky. Todav&#237;a no son las diez y media. -Y a&#241;adi&#243; nerviosa-: &#191;No?

Te lo dije, a las diez y media cae por el puto precipicio.

Ricky, por favor. Estoy llegando.

M&#225;s te vale, joder.

De repente, vio aliviada que el intermitente izquierdo del Alfa Romeo comenzaba a parpadear y que el coche se deten&#237;a en un &#225;rea de descanso. Ella aument&#243; la velocidad m&#225;s de lo que le hubiera gustado.


Dentro del Alfa Romeo, Roy Grace observ&#243; mientras el Honda negro aceleraba por la carretera serpenteante. Cassian Pewe, en el asiento del copiloto, dijo a su tel&#233;fono seguro:

El Objetivo Uno acaba de pasar. Est&#225; a tres kil&#243;metros de la zona.

La voz del comisario local -el jefe de polic&#237;a que dirig&#237;a la operaci&#243;n- contest&#243;:

El Objetivo Dos acaba de establecer contacto con ella. Proceded a Posici&#243;n Cuatro.

Procediendo a Posici&#243;n Cuatro -confirm&#243; Pewe. Mir&#243; el mapa de carreteras que ten&#237;a sobre las rodillas-. De acuerdo -le dijo a Grace-. Arranca en cuanto la pierdas de vista.

Grace puso el coche en marcha. Cuando el Honda desapareci&#243; tras una colina, aceler&#243;.

Pewe comprob&#243; que el bot&#243;n de transmisi&#243;n estuviera apagado y se volvi&#243; hacia su compa&#241;ero.

&#191;Sabes, Roy? Lo que ha dicho el jefe es verdad. S&#243;lo lo hac&#237;a para protegerte.

&#191;De qu&#233;? -dijo Grace mordazmente.

Las insinuaciones son corrosivas. No hay nada peor que la sospecha dentro de un cuerpo policial.

Menuda gilipollez.

Si es lo que crees, lo siento. No quiero pelearme por eso.

&#191;Ah, no? No s&#233; qu&#233; tramas, sinceramente. Por alguna raz&#243;n crees que asesin&#233; a mi mujer, &#191;no? &#191;De verdad crees que la habr&#237;a enterrado en el jard&#237;n de mi casa? Por eso ordenaste que lo exploraran, &#191;verdad? &#191;Por si encontrabas sus restos?

Orden&#233; que lo exploraran para demostrar que no estaba all&#237;. Para acabar con las especulaciones.

Creo que no, Cassian.



118

Octubre de 2007

Abby conduc&#237;a por el cabo. A su derecha, se abr&#237;an los pastos, con arbustos y un bosquecillo denso de &#225;rboles bajos que acababa en un acantilado de piedra caliza y un descenso vertical al Canal de la Mancha. Una de las ca&#237;das m&#225;s escarpadas, altas y seguras de todas las Islas Brit&#225;nicas. A su izquierda, se extend&#237;a una vista casi ininterrumpida de kil&#243;metros de tierras de labranza. A lo lejos, ve&#237;a la carretera cruz&#225;ndola. El asfalto era negro intenso, con l&#237;neas blancas discontinuas nuevas en el centro. Parec&#237;a como si las hubieran pintado hoy para ella.

El sargento Branson le hab&#237;a dicho antes que Ricky hab&#237;a cometido un error al escoger este lugar, pero en estos momentos no entend&#237;a por qu&#233;. A ella le parec&#237;a una elecci&#243;n inteligente. Estuviera donde estuviera, Ricky podr&#237;a ver cualquier cosa que se moviera en cualquier direcci&#243;n.

Tal vez el inspector s&#243;lo lo hubiera dicho para tranquilizarla. Y en estos momentos era lo que m&#225;s necesitaba en el mundo.

Vio un edificio a unos ochocientos metros a su izquierda, casi en el punto m&#225;s alto del cabo, con lo que parec&#237;a el cartel de un pub o un hotel en un poste. A medida que se acercaba distingui&#243; el tejado rojo y las paredes de s&#237;lex. Entonces pudo leer el cartel.

Hotel Beachy Head.

Entra en el aparcamiento del Hotel Beachy Head y espera a que me ponga en contacto contigo, eran sus instrucciones. A las 10.30.

El lugar parec&#237;a desierto. Hab&#237;a una marquesina de autob&#250;s con un cartel azul y blanco delante en el que hab&#237;a escrito con letras grandes Los samaritanos siempre a tu lado con dos n&#250;meros de tel&#233;fono debajo. Justo despu&#233;s hab&#237;a un furgoneta de helados naranja y amarilla y a poca distancia de all&#237;, un cami&#243;n de British Telecom, con dos hombres con casco y chaquetas fosforescentes trabajando en una torre de radio. Junto a la entrada trasera del hotel, hab&#237;a aparcados dos coches peque&#241;os.

Gir&#243; a la izquierda y se detuvo al fondo del aparcamiento, luego apag&#243; el motor. Al cabo de unos momentos, su m&#243;vil son&#243;.

Bien -dijo Ricky-. &#161;Bien hecho! Un camino precioso, &#191;verdad?

El viento sacud&#237;a el coche.

&#191;D&#243;nde est&#225;s? -dijo Abby, mirando a su alrededor-. &#191;D&#243;nde est&#225; mi madre?

&#191;D&#243;nde est&#225;n mis sellos?

Los tengo aqu&#237;.

Yo tengo a tu madre aqu&#237;. Est&#225; disfrutando de las vistas.

Quiero verla.

Y yo quiero ver los sellos.

No hasta que sepa que mi madre est&#225; bien.

La pondr&#233; al tel&#233;fono.

Hubo un silencio. Oy&#243; el viento. Luego la voz de su madre, tan d&#233;bil y temblorosa como la de un fantasma.

&#191;Abby?

&#161;Mam&#225;!

&#191;Eres t&#250;, Abby?

Su madre se ech&#243; a llorar.

Por favor, por favor, Abby. Por favor.

Ahora voy a buscarte, mam&#225;. Te quiero.

Por favor, dame las pastillas. Debo tomar mis pastillas. Por favor, Abby, &#191;por qu&#233; no me das las pastillas?

Escucharla le provoc&#243; un dolor casi insoportable. Entonces Ricky volvi&#243; a hablar.

Pon el motor en marcha. Voy a seguir al tel&#233;fono.

Abby arranc&#243; el coche.

Acelera, quiero o&#237;r el motor.

Ella le obedeci&#243;. El di&#233;sel ronrone&#243; con fuerza.

Ahora sal del aparcamiento y gira a la derecha. Dentro de cincuenta metros ver&#225;s un sendero a la izquierda que sube hasta el cabo. T&#243;malo.

Tom&#243; la entrada pronunciada a la izquierda y el coche dio unos bandazos sobre la superficie llena de baches. Las ruedas giraron un instante al perder tracci&#243;n sobre la gravilla y el barro, luego se subieron a la hierba. Ahora comprend&#237;a por qu&#233; Ricky hab&#237;a sido tan espec&#237;fico al ordenarle que alquilara un todoterreno. Aunque no entend&#237;a por qu&#233; le preocupaba tanto que fuera di&#233;sel. No pod&#237;a ser que en estos momentos tuviera en mente ahorrar combustible. A su derecha, vio una se&#241;al de advertencia que dec&#237;a Acantilado.

&#191;Ves un grupo de &#225;rboles y arbustos delante de ti?

Hab&#237;a un bosquecillo denso a unos cien metros delante de ella, justo en una pendiente al borde del acantilado. El viento hab&#237;a torcido los arbustos y los &#225;rboles.

S&#237;.

Para el coche. -Par&#243;-. Pon el freno de mano. Deja el motor en marcha. Sigue mirando. Estamos aqu&#237; dentro. Tengo las ruedas traseras justo en el borde del acantilado. Si haces algo que no me guste, la meto en la furgoneta y quito el freno de mano. &#191;Lo entiendes?

Abby ten&#237;a un nudo tan tenso en la garganta que le cost&#243; hablar.

S&#237;.

No te he o&#237;do.

He dicho que s&#237;.

Oy&#243; un rugido, como si el viento soplara en un tel&#233;fono. Un ruido sordo. Luego vio un movimiento en el bosquecillo. Primero apareci&#243; Ricky, con su gorra de b&#233;isbol y barba, abrigado con una chaqueta de lana gruesa. Entonces, con el coraz&#243;n en la boca, Abby vio el cuerpecillo fr&#225;gil y apabullado de su madre, todav&#237;a con la bata rosa que llevaba la &#250;ltima vez que la hab&#237;a visto.

El viento mec&#237;a la bata, le agitaba el pelo ralo gris y blanco hacia arriba como si fueran volutas de humo de tabaco. Se tambaleaba y Ricky la agarraba del brazo para que no se cayera.

Abby miraba a trav&#233;s del parabrisas, a trav&#233;s de un manto de l&#225;grimas. En estos momentos har&#237;a lo que fuera, lo que fuera, cualquier cosa, para volver a tener a su madre entre sus brazos.

Y para matar a Ricky.

Quiso pisar el acelerador y pasarle por encima ahora mismo, hacerle papilla.

Volvieron a desaparecer entre los &#225;rboles. Ricky tiraba de su madre con brusquedad, mientras ella medio caminaba, medio tropezaba hacia el bosquecillo. Los arbustos se cerraron en torno a ellos como la niebla.

Abby asi&#243; el tirador de la puerta, casi incapaz de evitar bajarse del coche y salir corriendo tras ellos. Pero esper&#243;, asustada por su amenaza y ahora mucho m&#225;s convencida de que matar&#237;a a su madre y disfrutar&#237;a haci&#233;ndolo.

Tal vez, en su mente retorcida, valorara mucho m&#225;s eso que recuperar sus sellos.

&#191;D&#243;nde estaban el sargento Branson y su equipo? Deb&#237;an de estar cerca. Le hab&#237;a asegurado que estar&#237;an cerca. Estaban bien escondidos, pens&#243;, seguro. No ve&#237;a un alma.

Lo que significaba, esperaba, que Ricky tampoco.

Pero estaban escuchando. Le habr&#237;an o&#237;do. Habr&#237;an o&#237;do su amenaza. No entrar&#237;an corriendo en el bosquecillo e intentar&#237;an agarrarle, &#191;no? No pod&#237;an arriesgarse a que dejara caer la furgoneta por el precipicio.

No por unos putos sellos, &#191;verdad?

La voz de Ricky volvi&#243; al tel&#233;fono.

&#191;Satisfecha?

&#191;Puedo llev&#225;rmela ya, por favor, Ricky? Tengo los sellos.

Haremos lo siguiente, Abby. Esc&#250;chame bien, s&#243;lo voy a decirlo una vez. &#191;De acuerdo?

S&#237;.

Deja el motor en marcha y tambi&#233;n el m&#243;vil encendido, en el coche, para que pueda o&#237;r el motor. B&#225;jate y deja la puerta bien abierta. Trae los sellos y camina veinte pasos hacia m&#237; y luego p&#225;rate. Yo ir&#233; hacia ti. Coger&#233; los sellos y luego subir&#233; a tu coche. T&#250; entrar&#225;s en la furgoneta. Tu madre est&#225; dentro y est&#225; bien. Ah&#237; es donde tienes que ir con sumo cuidado. &#191;Te das cuenta?

S&#237;.

Cuando llegues a la furgoneta, yo ya habr&#233; mirado los sellos. Si no me gusta lo que veo, conducir&#233; directamente hacia la furgoneta y la tirar&#233; por el acantilado. &#191;Te queda claro?

S&#237;. Te gustar&#225; lo que ver&#225;s.

Bien -dijo Ricky-. Entonces no tendremos problemas.

Sin querer mover demasiado la cabeza, por si la observaba con unos prism&#225;ticos, Abby mir&#243; a su alrededor tanto como pudo. Pero lo &#250;nico que vio fueron pastos pelados azotados por el viento, una estructura peque&#241;a y curvada de ladrillo con algunos bancos vac&#237;os, que ser&#237;a alg&#250;n tipo de punto de observaci&#243;n, y unos arbustos solitarios, ninguno lo bastante grande como para ocultar a una persona. &#191;D&#243;nde estaban los hombres del sargento Branson?

Al cabo de un par de minutos, volvi&#243; a o&#237;r a Ricky.

Sal del coche ahora y haz lo que te he dicho.

Abby abri&#243; la puerta, pero era una batalla perdida contra el viento.

&#161;La puerta se cerrar&#225;! -le grit&#243; al altavoz, presa del p&#225;nico.

Suj&#233;tala con algo.

&#191;Con qu&#233;?

Dios m&#237;o, mujer est&#250;pida, algo habr&#225; en el coche. Un manual, el contrato de alquiler. Quiero ver que dejas la puerta abierta. Te estoy observando.

Abby sac&#243; el sobre con los documentos del alquiler del coche del bolsillo interior, empuj&#243; la puerta para abrirla y lo sacudi&#243; en el aire, para que Ricky pudiera verlo. Entonces se baj&#243;. El viento soplaba tan fuerte que una r&#225;faga casi la tumb&#243; y le arranc&#243; la puerta de la mano, que se cerr&#243; de golpe. La abri&#243; de nuevo, dobl&#243; el sobre en dos, para hacer una cu&#241;a m&#225;s gruesa, cogi&#243; el sobre acolchado y acompa&#241;&#243; la puerta hasta que encontr&#243; el tope de la cu&#241;a.

Luego, con el viento tirando tan fuerte de las ra&#237;ces de su pelo que le hac&#237;a da&#241;o, los o&#237;dos doloridos y la ropa sacudi&#233;ndose con fuerza, dio veinte pasos inestables hacia el bosquecillo con los ojos disparados en todas las direcciones, la boca seca, muerta de miedo, pero ardiendo de rabia. Segu&#237;a sin ver a nadie. Excepto a Ricky, que ahora caminaba hacia ella.

El extendi&#243; la mano para coger el sobre con una sonrisa adusta de satisfacci&#243;n.

Ya era hora, joder -le dijo, y se lo arrebat&#243; con avaricia.

Entonces, con todas sus energ&#237;as y todo el veneno acumulado que sent&#237;a por &#233;l, Abby levant&#243; el pie derecho y le asest&#243; un golpe tan fuerte como pudo entre las piernas. Tan fuerte que le doli&#243; un horror.



119

Octubre de 2007


Ricky se qued&#243; sin aire. Mientras se doblaba en dos, sus ojos se hincharon de dolor y sorpresa. Entonces Abby le dio un bofet&#243;n tan fuerte que el hombre cay&#243; de lado. Le dio otra patada en la entrepierna, pero &#233;l le agarr&#243; el pie y se lo retorci&#243; bruscamente. Le doli&#243; mucho y provoc&#243; que se estrellara contra la hierba mojada.

Zorra de

Se qued&#243; callado al o&#237;r el rugido de un motor.

Los dos lo oyeron.

Casi sin poder cre&#233;rselo, Ricky se qued&#243; mirando la camioneta de los helados que sub&#237;a hacia ellos dando botes por el sendero. Y a poca distancia, seis agentes de polic&#237;a con chalecos antipu&#241;aladas se acercaban corriendo desde un lado del hotel.

Ricky se puso de pie con dificultad.

&#161;Puta! &#161;Has hecho un trato! -chill&#243;.

&#191;Como el que hiciste t&#250; con Dave? -le grit&#243; ella.

Ricky recogi&#243; los sellos y se dirigi&#243; hacia el Honda. Abby corri&#243; hacia el bosquecillo tan deprisa como pudo, olvidando el dolor en el pie. Detr&#225;s de ella, oy&#243; el rugido de un motor. Gir&#243; la cabeza. Era la camioneta de los helados y vio que dentro hab&#237;a dos hombres. Luego, delante, a trav&#233;s de los troncos y las ramas y las hojas, vio partes de una furgoneta blanca.

Cegado por el dolor y la ira, Ricky se subi&#243; al Honda, meti&#243; la marcha y quit&#243; el freno de mano antes incluso de cerrar la puerta. Esa zorra se va a enterar.

Aceler&#243; a fondo, para ganar velocidad, y condujo directo hacia el bosquecillo. En estos momentos, no le importaba caer &#233;l tambi&#233;n por el acantilado con tal que la madre de aquella zorra se despe&#241;ara. Con tal que Abby se pasara el resto de su puta vida lament&#225;ndolo.

Entonces una mancha de color apareci&#243; de repente delante de &#233;l.

Ricky pis&#243; el freno, bloque&#243; las ruedas y solt&#243; un taco. Gir&#243; el volante con brusquedad hacia la derecha, para intentar esquivar la camioneta de los helados, que hab&#237;a cruzado por delante del bosquecillo, eliminando la oportunidad de chocar contra el veh&#237;culo que se escond&#237;a dentro. El Honda dio la vuelta describiendo un arco ancho y la parte trasera choc&#243; con el parachoques trasero de la camioneta de los helados y lo arranc&#243;.

Luego, horrorizado, vio que dos coches peque&#241;os, que hab&#237;a supuesto que pertenec&#237;an al personal del hotel, cruzaban a toda velocidad la hierba y se dirig&#237;an hacia &#233;l. Las luces azules giraban detr&#225;s de los parabrisas, las sirenas gem&#237;an.

Volvi&#243; a pisar el acelerador, desorientado por un momento, girando y girando. Uno de los veh&#237;culos se interpuso en su camino. Ricky dio media vuelta, baj&#243; por un terrapl&#233;n pronunciado, atraves&#243; un dique, subi&#243; por el otro lado y lleg&#243; al asfalto firme de la carretera.

Luego, consternado, vio unas luces azules que bajaban a toda velocidad por la derecha.

Joder. Mierda. Mierda, joder.

Presa de un p&#225;nico terrible, gir&#243; el volante a la izquierda y pis&#243; el acelerador.

La &#250;nica puerta de la furgoneta vieja y oxidada que no estaba obstruida por ramas y arbustos era la del conductor. Preocupada, Abby la abri&#243; con cuidado, consciente de la advertencia sobre lo cerca que se encontraba del borde del acantilado.

Arrugando la nariz por el olor apestoso a heces, a tabaco y humanidad que hab&#237;a dentro, grit&#243;:

&#191;Mam&#225;? &#191;Mam&#225;?

No obtuvo respuesta. Con una punzada de terror, puso el pie en el escal&#243;n y subi&#243; al asiento delantero. Durante un momento terrible, escudri&#241;ando la oscuridad de la parte trasera, pens&#243; que su madre no estaba all&#237;. Lo &#250;nico que ve&#237;a era una especie de aparato electr&#243;nico, ropa de cama y una rueda de repuesto. La furgoneta se balance&#243; por el viento y un golpeteo reson&#243; dentro.

Luego, a pesar del ruido, escuch&#243; un d&#233;bil y t&#237;mido:

&#191;Abby? &#191;Eres t&#250;?

Fueron, sin ning&#250;n g&#233;nero de dudas, las palabras m&#225;s dulces que hab&#237;a o&#237;do en toda su vida.

&#161;Mam&#225;! -grit&#243;-. &#191;D&#243;nde est&#225;s?

Aqu&#237;. -La voz de su madre era d&#233;bil y sonaba sorprendida, como si dijera: &#191;D&#243;nde deber&#237;a estar?.

Entonces Abby estir&#243; el cuello por encima del asiento y vio a su madre, enrollada en la alfombra, asomando s&#243;lo la cabeza, tumbada en el suelo justo detr&#225;s de ella.

Pas&#243; al otro lado, la furgoneta reson&#243; cuando sus pies pisaron el suelo de metal desnudo. Se arrodill&#243; y bes&#243; la mejilla h&#250;meda de su madre.

&#191;Est&#225;s bien? &#191;Est&#225;s bien, mam&#225;? Tengo tu medicaci&#243;n. Voy a llevarte al hospital. -Toc&#243; la frente de su madre. Estaba caliente y sudada-. Ahora est&#225;s a salvo. Se ha ido. Est&#225;s bien. Hay polic&#237;a por todas partes. Te llevar&#233; al hospital.

Creo que tu padre ha estado aqu&#237; hace un minuto -susurr&#243; su madre-. Acaba de marcharse.

Abby comprendi&#243; que estaba delirando. Por la fiebre o la falta de medicamentos o ambas cosas. Y sonri&#243; a pesar de las l&#225;grimas.

Te quiero much&#237;simo, mam&#225; -dijo-. Much&#237;simo.

Estoy bien -dijo su madre-. Estoy c&#243;moda y enrolla-dita en la alfombrita.

Cassian Pewe baj&#243; un momento su tel&#233;fono y se volvi&#243; hacia Grace.

El Objetivo Dos est&#225; en el coche del Objetivo Uno, solo. Viene hacia aqu&#237;. Hay que interceptarlo si podemos, sin riesgos, pero llegan refuerzos detr&#225;s de nosotros.

Grace arranc&#243; el motor. Ninguno de los dos hombres llevaba el cintur&#243;n de seguridad, una pr&#225;ctica com&#250;n en las tareas de vigilancia para bajarse deprisa del coche si hac&#237;a falta. Tras escuchar el informe de lo que estaba ocurriendo, Grace pens&#243; que deb&#237;an pon&#233;rselo. Pero justo cuando iba a coger el suyo, Pewe dijo:

Ah&#237; est&#225;.

Entonces Grace tambi&#233;n vio el Honda negro a quinientos metros de distancia, bajando la colina sinuosa a toda velocidad. Oy&#243; el chirrido de los neum&#225;ticos.

Objetivo Dos a la vista -dijo Pewe por radio.

La prioridad es la seguridad de todo el mundo -dijo el comisario-. Si hace falta, Roy, tal vez tengas que utilizar tu veh&#237;culo en la operaci&#243;n.

Consternado, Pewe vio que Grace atravesaba el Alfa Romeo en la carretera estrecha, ocupando los dos carriles. Y se percat&#243; de que &#233;l estaba en el lado del todoterreno negro que iba hacia ellos. El lado que recibir&#237;a el impacto si el coche no frenaba.

Ricky agarr&#243; con fuerza el volante y los neum&#225;ticos volvieron a chirriar al tomar una curva larga de bajada a la izquierda. Si se sal&#237;a de la carretera no hab&#237;a a donde ir en ninguno de los dos lados, s&#243;lo un terrapl&#233;n pronunciado. Entonces cogi&#243; bruscamente una curva a la derecha.

Al salir de ella, vio un Alfa Romeo granate atravesado en la carretera delante de &#233;l. Un hombre rubio le miraba con ojos saltones por la ventanilla.

Pis&#243; el freno y el coche se detuvo patinando a tan s&#243;lo unos metros de la puerta. Puso la marcha atr&#225;s y, mientras lo hac&#237;a, oy&#243; el quejido de las sirenas. A lo lejos, vio dos Range Rovers de la polic&#237;a que bajaban a toda velocidad por la colina, las luces brillantes.

Hizo un cambio de sentido en tres movimientos, aceler&#243; a fondo y regres&#243; por donde hab&#237;a venido. Por el retrovisor, vio que el Alfa Romeo sal&#237;a tras &#233;l y los dos Range Rovers les segu&#237;an de cerca. Pero le interesaba m&#225;s lo que ten&#237;a delante. O, m&#225;s concretamente, lo que hab&#237;a delante del bosquecillo. Porque aunque la camioneta de los helados siguiera all&#237;, un toque brusco por un lado servir&#237;a.

Luego coger&#237;a la carretera abandonada, que ahora s&#243;lo era un camino de carros cubierto de hierba pero que segu&#237;a utiliz&#225;ndose. La hab&#237;a encontrado y comprobado y estaba seguro de que la polic&#237;a no habr&#237;a pensado en ella.

Saldr&#237;a de &#233;sta. Aquella zorra nunca tendr&#237;a que haberse metido con &#233;l, jam&#225;s.

Roy Grace pronto atrap&#243; al pesado Honda y se qued&#243; unos metros detr&#225;s de &#233;l. Pewe anunci&#243; por radio que estaban aproxim&#225;ndose al hotel Beachy Head.

De repente, el Honda gir&#243; bruscamente a la derecha, dej&#243; la carretera y subi&#243; por el prado que la separaba del borde del acantilado.

Grace hizo lo mismo, con una mueca de dolor cuando la suspensi&#243;n de su querido Alfa Romeo toc&#243; el suelo. Oy&#243; y sinti&#243; el chirrido del tubo de escape al raspar la tierra y algo que ca&#237;a, pero estaba tan concentrado en el Honda que apenas lo asimil&#243;.

Delante de ellos hab&#237;a un grupo de veh&#237;culos y personas. Vio el cami&#243;n de British Telecom obstruyendo la carretera, con una multitud de agentes de polic&#237;a cerca. Dos motos. Pewe subi&#243; el volumen de la radio.

Es posible que el Objetivo Dos vaya hacia la furgoneta -dijo una voz-.Est&#225; en el bosquecillo detr&#225;s de la camioneta de los helados. Interceptadle. El Objetivo Uno est&#225; dentro con su madre.

Pewe se&#241;al&#243; a trav&#233;s del parabrisas.

Ah&#237; est&#225;, Roy. Se dirige hacia all&#237;.

Grace vio el bosque oval, con la camioneta de los helados de colores brillantes aparcada a poca distancia.

El Objetivo Dos estaba acelerando.

Grace redujo una marcha y pis&#243; el acelerador. El Alfa sali&#243; disparado hacia delante, la suspensi&#243;n volvi&#243; a tocar el suelo y los dos hombres, que no llevaban puesto el cintur&#243;n, botaron en sus asientos y se golpearon la cabeza con el techo.

Lo siento -dijo Grace en tono grave mientras se pon&#237;a junto al Honda.

Fuera, en su lado, a pocos cent&#237;metros de la puerta, hab&#237;a una guardarra&#237;l de aspecto endeble que daba al acantilado. Vislumbr&#243; fugazmente al Objetivo Dos, un hombre de barba poblada que llevaba una gorra de b&#233;isbol. A su derecha, el guardarra&#237;l terminaba de repente y los arbustos marcaban una pendiente totalmente desprotegida.

Grace atraves&#243; la maleza, con la esperanza sombr&#237;a de que los arbustos no ocultaran un accidente en el acantilado y se despe&#241;aran de repente con el coche.

Levant&#243; el pie del acelerador y sigui&#243; conduciendo al lado del Honda, pensando en c&#243;mo obligarle a alejarse del borde. El bosque y la camioneta de los helados se acercaban a toda velocidad.

Como adelant&#225;ndose a sus pensamientos, el Objetivo Dos gir&#243; el volante del Honda hacia la derecha y choc&#243; con fuerza contra el lado del copiloto del Alfa Romeo. Pewe chill&#243; y el Alfa Romeo se desplaz&#243; peligrosamente hacia el borde.

El bosque estaba a&#250;n m&#225;s cerca.

El Honda les dio otro golpe. Como era un coche m&#225;s pesado, los empuj&#243; todav&#237;a m&#225;s hacia el borde. Dieron botes por algunas piedras y por el suelo irregular. Luego les golpe&#243; otra vez, todav&#237;a m&#225;s hacia el borde.

&#161;Roy! -chill&#243; Pewe, agarr&#225;ndose al cintur&#243;n desabrochado, aterrorizado.

Ten&#237;an el paso cerrado. Grace pis&#243; el acelerador y el Alfa Romeo avanz&#243; a toda prisa. Ahora el bosque no estaba a m&#225;s de doscientos metros. Se puso delante del Honda bruscamente y, luego, con la intenci&#243;n de ocultar su pr&#243;ximo movimiento, tir&#243; del freno de mano hasta arriba en lugar de pisar el pedal.

El efecto fue instant&#225;neo y espectacular y no fue el que esperaba. La parte trasera del Alfa Romeo perdi&#243; agarre y el coche comenz&#243; a deslizarse hacia un lado. Casi al instante, el Honda choc&#243; contra la parte de atr&#225;s y provoc&#243; que el Alfa Romeo diera una vuelta de campana.

La fuerza del impacto hizo que el Honda girara a la izquierda, fuera de control, y chocara contra la parte trasera de la camioneta de los helados.

Grace sinti&#243; que atravesaba el aire, ingr&#225;vido. Un aire que era una cacofon&#237;a de ruidos met&#225;licos que resonaban y tronaban.

Aterriz&#243; con un golpazo que lo dej&#243; sin aliento y le sacudi&#243; todos los huesos del cuerpo, y con una fuerza que le hizo rodar varias veces, con impotencia, como si hubiera salido disparado de una atracci&#243;n de feria. Luego, por fin, aterriz&#243; con la cara en la hierba mojada, con la boca aplastada en el barro.

Por un instante, no tuvo la seguridad de si estaba vivo o muerto. Le estallaron los o&#237;dos. Hubo un momento de silencio. El viento aullaba. Entonces oy&#243; un grito horrible, pero no ten&#237;a ni idea de d&#243;nde proven&#237;a.

Se puso en pie con dificultad y se cay&#243; de inmediato. Era como si alguien hubiera cogido el suelo y le hubiera dado la vuelta. Volvi&#243; a levantarse, balance&#225;ndose atolondrado, examinando la escena. El cap&#243; del Honda, inclinado de un modo extra&#241;o, estaba incrustado en la parte trasera destrozada de la camioneta de los helados. El conductor del Honda parec&#237;a aturdido y empujaba la puerta mientras dos polic&#237;as con chalecos antipu&#241;aladas tiraban de ella. De debajo de la furgoneta, sal&#237;a humo. Varios agentes m&#225;s corr&#237;an hacia el lugar.

Entonces volvi&#243; a o&#237;r el chillido.

&#191;D&#243;nde estaba su coche?

Y, de repente, le invadi&#243; un terror terrible y escalofriante.

&#161;No! &#161;Oh, Dios m&#237;o, no!

Volvi&#243; a o&#237;r el chillido.

Y otra vez m&#225;s.

Ven&#237;a de debajo de la cima del acantilado.

Se tambale&#243; hacia el borde y, luego, deprisa, retrocedi&#243; un paso. Hab&#237;a sufrido v&#233;rtigo toda la vida y el mero desnivel hasta el mar era m&#225;s de lo que pod&#237;a soportar mirar.

&#161;Socooooooooorrooo!

Se puso a cuatro patas y comenz&#243; a avanzar lentamente, consciente del dolor que sent&#237;a en el cuerpo. Hizo caso omiso y lleg&#243; al borde, donde se encontr&#243; mirando a la parte de abajo de su coche, que estaba atrapado en varios &#225;rboles peque&#241;os, el morro en el acantilado y la parte de atr&#225;s hacia fuera, balance&#225;ndose como un trampol&#237;n. Dos ruedas estaban girando.

La primera parte del desnivel era una pendiente corta y pronunciada llena de &#225;rboles. Acababa en un borde cubierto de hierba, unos seis metros m&#225;s abajo, y luego ca&#237;a unos cien metros, hacia las rocas y el agua. A Grace le dio mucha impresi&#243;n y retrocedi&#243; hasta donde se sent&#237;a m&#225;s seguro. Entonces volvi&#243; a o&#237;r el grito.

&#161;Socorro! &#161;Dios m&#237;o, socorro! &#161;Ayudadme, por favor!

Era Cassian Pewe, comprendi&#243;. Pero no le ve&#237;a.

Enfrent&#225;ndose a su miedo, camin&#243; despacio otra vez hacia el borde, mir&#243; abajo y grit&#243;:

&#191;Cassian? &#191;D&#243;nde est&#225;s?

Ay&#250;dame. Por favor, ay&#250;dame. Ay&#250;dame, Roy, por favor.

Grace mir&#243; hacia atr&#225;s desesperado, pero todos los dem&#225;s parec&#237;an ocupados con la furgoneta y el Honda, que parec&#237;a a punto de arder.

Volvi&#243; a mirar abajo.

&#161;Ya voy! Por el amor de Dios, ya voy.

El terror que te&#241;&#237;a la voz del hombre le impuls&#243; a actuar. Respirando hondo, se inclin&#243;, agarr&#243; una rama y la evalu&#243;, esperando que resistiera. Luego se balance&#243; por encima del borde. Al instante, sus zapatos de piel resbalaron en la hierba mojada, el brazo con el que se agarraba a la rama se le desencaj&#243; y sinti&#243; un dolor atroz. Y en ese momento se dio cuenta de que lo &#250;nico que imped&#237;a que se deslizara por aquel desnivel pronunciado hasta el borde del acantilado, y cayera en el olvido, era esta &#250;nica rama a la que se aferraba con la mano derecha.

Y ahora comenzaba a ceder. Notaba c&#243;mo se desprend&#237;a.

Estaba verdaderamente aterrado.

&#161;Ay&#250;dame, por favor! &#161;Me estoy cayendo! -volvi&#243; a gritar Pewe.

Presa del p&#225;nico, Roy encontr&#243; deprisa otra rama y, luego, agarr&#225;ndose a ella mientras el viento lo zarandeaba, como si intentara tirarle por el acantilado, baj&#243; un poco m&#225;s.

No mires abajo, se dijo.

Se golpe&#243; el dedo del pie con la ladera y encontr&#243; un peque&#241;o lugar resbaladizo donde apoyarse. Luego encontr&#243; otra rama. Ahora estaba junto al chasis sucio y parcialmente hundido de su coche. Las ruedas hab&#237;an dejado de girar y el veh&#237;culo se columpiaba como un balanc&#237;n.

Cassian, &#191;d&#243;nde demonios est&#225;s? -grit&#243;, intentando no mirar m&#225;s all&#225; del coche.

El viento se llev&#243; al instante sus palabras.

La voz de Pewe quedaba amortiguada por el terror.

Debajo. Te veo. &#161;Date prisa, por favor!

De repente, horrorizado, Roy vio que la rama a la que se agarraba ced&#237;a. Por un momento terrible, pens&#243; que iba a caer. Busc&#243; otra a toda prisa y la cogi&#243;, pero se parti&#243;. Estaba cayendo, desliz&#225;ndose al lado del coche. Desliz&#225;ndose hacia el borde de hierba y el vac&#237;o. Asi&#243; otra rama, llena de hojas afiladas, que le resbal&#243; por la palma de la mano y se la quem&#243;, pero era joven, mullida y fuerte. Aguant&#243;, pero casi se le solt&#243; el brazo. Entonces encontr&#243; otra rama con la mano izquierda y se aferr&#243; a ella desesperadamente. Aliviado, comprob&#243; que era m&#225;s robusta.

Oy&#243; gritar a Pewe otra vez.

Vio una sombra enorme encima de &#233;l. Era su coche. Colgado a seis metros sobre su cabeza, como una plataforma, meci&#233;ndose peligrosamente. Pewe estaba suspendido boca abajo de la puerta del copiloto, los pies enrollados en el cintur&#243;n de seguridad, que era lo &#250;nico que imped&#237;a que se despe&#241;ara.

Grace mir&#243; abajo y al instante dese&#243; no haberlo hecho. Estaba justo en el borde del acantilado. Mir&#243; un momento el agua que se estrellaba contra las rocas. Not&#243; la gran fuerza de la gravedad en los brazos y el viento feroz e incesante que lo azotaba. Un resbal&#243;n. S&#243;lo un resbal&#243;n.

Jadeando, aterrado, comenz&#243; a dar puntapi&#233;s en el terreno para tener donde apoyarse. De repente, la rama que sujetaba con la mano derecha se movi&#243; un poco. Dio otra patada m&#225;s fuerte a la tierra de caliza mojada y al cabo de unos momentos hab&#237;a hecho un espacio lo bastante grande como para meter el pie y auparse.

Pewe volvi&#243; a gritar.

Intentar&#237;a ayudarle enseguida, pero primero deb&#237;a intentar salvarse &#233;l. Muerto no iba a servir de ayuda a ninguno de los dos.

&#161;Roooooy!

Dio patadas con el pie izquierdo, para cavar otro agujero. Al cabo de un rato, con los dos pies bien asentados, se sinti&#243; un poco mejor, aunque no del todo seguro.

&#161;Me estoy cayendo, Rooooy! Dios m&#237;o, s&#225;came de aqu&#237;. Por favor, no me dejes caer. No me dejes morir.

Roy estir&#243; el cuello, tom&#225;ndose su tiempo para cada movimiento, hasta que vio la cara de Pewe a unos tres metros encima de &#233;l.

&#161;Mant&#233;n la calma! -grit&#243;-. Intenta no moverte.

Oy&#243; un crujido fuerte cuando una rama cedi&#243;. Mir&#243; deprisa arriba y vio que el coche se balanceaba. Descendi&#243; varios cent&#237;metros, meci&#233;ndose m&#225;s peligrosamente a&#250;n. Mierda. El puto coche iba a aplastarle.

Con cuidado, cent&#237;metro a cent&#237;metro, sac&#243; su radio, aterrado por si se le ca&#237;a, y llam&#243; para pedir ayuda. Le aseguraron que ya estaba en camino, que ya estaba organiz&#225;ndose un helic&#243;ptero de rescate.

Dios m&#237;o. Tardar&#225; una eternidad en llegar.

&#161;Por favor, no me dejes morir! -solloz&#243; Pewe.

Mir&#243; hacia arriba, examinando el cintur&#243;n con cuidado y tan bien como pudo. Parec&#237;a bien enrollado en el pie de su compa&#241;ero. El viento manten&#237;a abierta la puerta abollada. Luego mir&#243; c&#243;mo se mec&#237;a el coche. Demasiado. Las ramas comenzaban a ceder, cruj&#237;an, se romp&#237;an. Era un sonido terrible. &#191;Cu&#225;nto tiempo iban a aguantar? Cuando cedieran, el coche se deslizar&#237;a boca abajo por la pendiente, tan pronunciada como una rampa de saltos de esqu&#237;, y caer&#237;a al vac&#237;o por el acantilado.

Pewe empeoraba las cosas al doblar el cuerpo cada rato, intentando levantarse, pero era imposible que pudiera conseguirlo.

Cassian, deja de retorcerte -grit&#243; Grace, con la voz casi ronca-. Trata de quedarte quieto. Necesito ayuda para auparte. No me atrevo a hacerlo solo. No quiero arriesgarme a que el coche se desplace.

&#161;Por favor, no me dejes morir, Roy! -dijo Pewe llorando, retorci&#233;ndose como un pez en un anzuelo.

Hubo otra r&#225;faga feroz. Grace se agarr&#243; a las ramas con fuerza, el viento llenaba su chaqueta, tirando de ella como de una vela, dificult&#225;ndole todav&#237;a m&#225;s las cosas. Durante varios momentos, hasta que el viento amain&#243;, no se atrevi&#243; a mover ni un m&#250;sculo.

No vas a dejarme morir, &#191;verdad, Roy? -le suplic&#243; Pewe.

&#191;Sabes qu&#233;, Cassian? -le respondi&#243; Grace gritando-. En realidad me preocupa m&#225;s mi maldito coche.



120

Octubre de 2007


Grace bebi&#243; un sorbo de caf&#233;. Eran las ocho y media de la ma&#241;ana del lunes y acababan de comenzar la reuni&#243;n informativa n&#250;mero quince de la Operaci&#243;n Dingo. Llevaba una tirita en la frente, que cubr&#237;a el corte profundo que hab&#237;a requerido cinco puntos de sutura, ap&#243;sitos para las ampollas en las palmas de las dos manos y no ten&#237;a ning&#250;n hueso del cuerpo que no le doliera.

Dicen por ah&#237; que ahora atacar&#225;s el Everest, Roy -brome&#243; uno de los polic&#237;as presentes en la sala.

S&#237;, y el comisario Pewe ha solicitado trabajo de fun&#225;mbulo en un circo -contest&#243; Roy, incapaz de borrar la sonrisita de sus labios.

Pero en el fondo, todav&#237;a estaba conmocionado. Y en realidad no hab&#237;a muchos motivos para sonre&#237;r. Ten&#237;an a Chad Skeggs encerrado en el bloque de detenci&#243;n, de acuerdo. Abby Dawson y su madre estaban a salvo y, milagrosamente, nadie hab&#237;a resultado herido grave el viernes. Pero todo aquello era secundario. Estaban investigando el asesinato de dos mujeres y su principal sospechoso pod&#237;a estar en cualquier parte. Aunque siguiera en Australia, pod&#237;a estar utilizando una identidad completamente distinta y, como ya hab&#237;a demostrado, las identidades nuevas no parec&#237;an ser un problema para Ronnie Wilson.

S&#243;lo hab&#237;a un rayo de esperanza.

Hemos obtenido una especie de novedad en Melbourne -prosigui&#243;-. He hablado con Norman esta ma&#241;ana. Hoy han interrogado a una mujer que afirma haber sido muy amiga de Maggie Nelson, la mujer que creemos que era Lorraine Wilson.

&#191;Qu&#233; certeza hay de que Ronnie y Lorraine Wilson se convirtieran en David y Margaret Nelson, Roy? -pregunt&#243; Bella.

La polic&#237;a de Melbourne ha desenterrado una tonelada de informaci&#243;n de las oficinas de Tr&#225;fico, Hacienda e Inmigraci&#243;n. Todo parece encajar. Van a mandarme por fax un informe, seguramente esta noche.

Bella tom&#243; nota, luego cogi&#243; un Malteser de la caja que ten&#237;a delante.

Mirando su libreta, Grace continu&#243;.

Esta mujer se llama Maxine Porter y su ex marido es un ma&#241;oso. Actualmente est&#225; siendo juzgado por evasi&#243;n de impuestos y blanqueo de dinero y se enfrenta a una condena larga. La dej&#243; por una mujer m&#225;s joven hace poco m&#225;s de un a&#241;o, unos tres meses antes de que lo detuvieran, as&#237; que estaba encantada de interpretar el papel de esposa abandonada y ha hablado. Seg&#250;n ella, David Nelson apareci&#243; en escena alrededor de las Navidades de 2001. Fue Chad Skeggs quien lo present&#243; a ese agradable c&#237;rculo de amigos en concreto, del que, al parecer, formaba parte la flor y nata del hampa de Melbourne. Y parece que Nelson encontr&#243; en la filatelia su especialidad para hacer negocios con ellos.

Qu&#233; bonito, &#191;verdad? -dijo Glenn Branson-. Aqu&#237; en Inglaterra, nuestros g&#225;nsteres se apu&#241;alan y se l&#237;an a tiros, mientras que en Australia intercambian sellos.

Todo el mundo sonri&#243;.

Creo que no -dijo Grace-. En los &#250;ltimos diez a&#241;os ha habido treinta y siete tiroteos relacionados con mafias en Melbourne. Tiene una parte muy oscura, coma muchas ciudades.

Como Brighton y Hove en realidad, pens&#243;.

En cualquier caso -prosigui&#243;-, Lorraine Perd&#243;n, Maggie Nelson, quiero decir, le confi&#243; a su nueva mejor amiga que su marido ten&#237;a una aventura y que no sab&#237;a qu&#233; hacer. No era feliz en Australia, pero dijo que ella y su marido hab&#237;an quemado todas las naves en el Reino Unido y no pod&#237;an regresar. Creo que es importante fijarse en que dijo que los dos se encontraban en aquella situaci&#243;n, no s&#243;lo uno de ellos.

&#191;Cu&#225;ndo fue esto, Roy? -pregunt&#243; Emma-Jane Boutwood.

En alg&#250;n momento entre junio de 2004 y abril de 2005. Al parecer, las dos mujeres hablaban mucho. Sus respectivos maridos ten&#237;an una aventura, compart&#237;an muchas cosas.

Grace bebi&#243; m&#225;s caf&#233; y volvi&#243; a consultar sus notas.

Luego, en junio de 2005, Maggie Nelson desapareci&#243; del mapa. No acudi&#243; a un almuerzo con Maxine Porter y cuando Maxine la llam&#243;, David Nelson le dijo que su mujer le hab&#237;a abandonado. Que hab&#237;a hecho las maletas y hab&#237;a vuelto a Inglaterra.

Parece que tenemos un patr&#243;n, &#191;verdad? -dijo Lizzie Mantle-. Primero les dice a sus amigos de Inglaterra que su primera mujer, Joanna, se ha marchado a Estados Unidos. Luego les cuenta a sus amigos de Australia que su segunda mujer ha vuelto a Inglaterra. &#161;Y todos le creyeron!

Parece que Maxine no -dijo Grace.

&#191;Y por qu&#233; no fue a la polic&#237;a? -pregunt&#243; Bella-. Deb&#237;a de tener sus sospechas, &#191;no?

Porque en su mundo, la gente no va a la polic&#237;a -dijo Lizzie Mantle.

Exacto -confirm&#243; Grace a la inspectora con una sonrisa llena de iron&#237;a-. Y all&#237; el hampa todav&#237;a est&#225; m&#225;s dominada por los hombres que aqu&#237;. Ma&#241;ana volver&#225;n a interrogarla y nos dar&#225; una lista de todos los amigos y conocidos de los Nelson en Australia.

Genial -dijo Bella, y cogi&#243; otro Malteser-. Pero si se ha largado del pa&#237;s

Ya lo s&#233; -dijo Grace-. Pero tal vez averig&#252;emos cu&#225;les son sus lugares preferidos en el extranjero, o si anhelaba perderse en alg&#250;n rinc&#243;n soleado en concreto.

Tengo una opini&#243;n al respecto -dijo Glenn Branson-. Bueno, Bella y yo.

De acuerdo. Cu&#233;ntanos.

El viernes y el s&#225;bado interrogamos bastante exhaustivamente a Skeggs y ayer por la ma&#241;ana tomamos declaraci&#243;n a Abby Dawson en el piso de su madre en Eastbourne. Tambi&#233;n le devolvimos los sellos, que recuperamos del veh&#237;culo de Skeggs Antes tuve la precauci&#243;n de fotocopiarlos, para tenerlos registrados. Tambi&#233;n firm&#243; el consentimiento para presentar los sellos como prueba si fuera necesario y no venderlos.

Bien pensado -dijo la inspectora Mantle.

Gracias. Bien, la cuesti&#243;n es &#233;sta. Bella y yo tenemos la sensaci&#243;n de que Abby Dawson no nos est&#225; contando toda la verdad. Nos dice lo que quiere que oigamos. La historia sobre de d&#243;nde sac&#243; los sellos no me convence. Mantiene que los hered&#243; de una t&#237;a de Sydney llamada -Hoje&#243; sus notas y encontr&#243; la p&#225;gina-. Anne Jennings. Estamos comprob&#225;ndolo, pero no concuerda con lo que dice Skeggs.

Y sabemos que es un hombre de principios que siempre dice la verdad -dijo Grace.

Yo le confiar&#237;a mi &#250;ltimo billete de cinco libras -dijo Glenn, respondiendo al sarcasmo-. Que seguramente es lo &#250;nico que le quedar&#237;a a cualquier persona despu&#233;s de hacer negocios con &#233;l. Es un t&#237;o chungo de verdad. Pero hay una relaci&#243;n con Ronnie, &#233;sa es la cuesti&#243;n, estoy seguro. -Mir&#243; a su alrededor. Grace asinti&#243; para indicarle que continuara-. Hugo Hegarty est&#225; convencido de que &#233;stos son los sellos que compr&#243; para Lorraine Wilson.

Pero no tanto como para jurarlo en un tribunal, &#191;verdad? -terci&#243; Lizzie Mantle.

No, y podr&#237;a suponer un problema en el futuro -contest&#243; Branson-. Algunos de los que van sueltos tienen matasellos y no puede jurar que sean los mismos que presentaban los sellos que adquiri&#243; para Lorraine Wilson en 2002, porque no anot&#243; nada sobre esta caracter&#237;stica. O tal vez no quiera verse involucrado.

&#191;Por qu&#233; no? -pregunt&#243; Grace.

Todas las transacciones se realizaron en met&#225;lico. Imagino que no querr&#225; sacar la cabeza del agujero y llamar la atenci&#243;n de Hacienda ni de la polic&#237;a.

Grace asinti&#243;. Ten&#237;a sentido.

&#191;Qu&#233; fuerza tiene la reivindicaci&#243;n de Skeggs sobre que los sellos son suyos?

Skeggs no dejaba de despotricar y jurar que Abby Dawson le hab&#237;a robado los sellos, dec&#237;a que por eso se hab&#237;a llevado a su madre, que era lo &#250;nico que se le ocurri&#243; para hacerla entrar en raz&#243;n -contest&#243; Glenn Branson.

&#191;Nunca intent&#243; ped&#237;rselos educadamente?

Branson sonri&#243;.

Le pregunt&#233; si quer&#237;a presentar cargos contra ella por robo. Entonces se qued&#243; callado. Sorpresa, sorpresa. Empez&#243; a farfullar no s&#233; qu&#233; sobre unas cuestiones, pero se mostr&#243; esquivo cuando intentamos insistir en el tema. Dijo que tendr&#237;a problemas para demostrar que le pertenec&#237;an. Luego, nos espet&#243; que hab&#237;a sido Dave Nelson quien le hab&#237;a dado la idea a Abby. Pero no pudimos sacarle m&#225;s. Por eso, de momento y a pesar de nuestras reservas, hemos tenido que devolverle los sellos a Abby, hasta que tengamos pruebas de que ha habido un robo aqu&#237; o en Australia.

Muy interesante que dijera eso -coment&#243; Grace.

&#191;Sabes qu&#233; creo? -dijo Branson-. Que aqu&#237; hay una especie de tri&#225;ngulo amoroso. &#201;sa es la cuesti&#243;n.

&#191;Quieres explicarte? -pregunt&#243; Grace.

Ahora no puedo, en estos momentos. Pero es lo que creo.

Si resulta que David Nelson, es decir, Ronnie Wilson, le dio la idea para hacer todo esto, es muy significativo -dijo Grace pensando en voz alta.

Seguiremos presionando a Skeggs, pero su abogado lo mantiene muy a raya -dijo Glenn.

Grace mene&#243; la cabeza con incredulidad.

Demasiado costoso. Estoy pensando que David Nelson puede haberse marchado de Australia perfectamente, si es listo. No se arriesgar&#225; a aparecer por Inglaterra. As&#237; que apuesto a que Abby Dawson ir&#225; a encontrarse con &#233;l en alguna parte. La pondremos bajo vigilancia total. Si compra un billete de avi&#243;n o pasa por un control de pasaportes, la seguiremos.

Buena idea -dijo Glenn Branson.

La inspectora Mantle asinti&#243;.

Estoy de acuerdo.



121

Noviembre de 2007


Era uno de esos d&#237;as extra&#241;os de oto&#241;o en que Inglaterra luc&#237;a su mejor cara. Desde la ventana, Abby miraba el cielo azul y despejado y el sol de la ma&#241;ana, que estaba bajo pero le calentaba la cara.

Dos pisos m&#225;s abajo, en los jardines cuidados, un jardinero trabajaba con una especie de aspirador recogiendo hojas. Un anciano con un impermeable nuevo caminaba despacio y a sacudidas alrededor del per&#237;metro de un estanque ornamental, lleno de carpas koi, pinchando el suelo con cautela con su andador, como si anduviera por un campo de minas. Una se&#241;ora menuda de pelo blanco estaba sentada en un banco en la parte m&#225;s alta de la extensi&#243;n escalonada, envuelta en un abrigo de cuadros escoceses, examinando atentamente el Daily Telegraph.

La residencia Bexhill Lawns era m&#225;s cara que la primera que hab&#237;a previsto reservar, pero pod&#237;a acoger a su madre enseguida y, &#191;a qui&#233;n le importaba ahora lo que costara?

Adem&#225;s, era un placer verla tan contenta y tan bien aqu&#237;. Resultaba dif&#237;cil creer que dos semanas atr&#225;s hubiera entrado en esa furgoneta y hubiera visto el rostro perplejo de su madre asomando por la alfombra enrollada. Ahora parec&#237;a una persona nueva, hab&#237;a vuelto a la vida. Como si, de alg&#250;n modo, todo lo que hab&#237;a pasado la hubiera fortalecido.

Abby gir&#243; la cabeza para mirarla. Notaba el mismo nudo de siempre en la garganta cuando se desped&#237;a de su madre. Siempre le asustaba que fuera la &#250;ltima vez que la ve&#237;a.

Mary Dawson estaba sentada en el sof&#225; de dos plazas de la habitaci&#243;n grande y bien equipada, llenando una inscripci&#243;n para uno de los concursos de sus revistas. Abby se acerc&#243; a ella, puso tiernamente una mano en su hombro y la mir&#243;.

&#191;Cu&#225;l es el premio? -le pregunt&#243;, la voz entrecortada mientras transcurr&#237;an sus &#250;ltimos y preciados minutos juntas. El taxi llegar&#237;a pronto.

&#161;Quince d&#237;as en Mauricio en un hotel de lujo para dos!

Pero mam&#225;, &#161;si ni siquiera tienes pasaporte! -la reprendi&#243; Abby con buen humor.

Ya lo s&#233;, querida, pero t&#250; podr&#237;as conseguirme uno sin problemas si lo necesitara, &#191;verdad? -Lanz&#243; una mirada extra&#241;a a su hija.

&#191;Qu&#233; quieres decir?

Sabes exactamente qu&#233; quiero decir, querida -contest&#243; su madre sonriendo como una ni&#241;a picara.

Abby se sonroj&#243;. Su madre siempre hab&#237;a sido m&#225;s lista que una ardilla. Nunca hab&#237;a podido esconderle nada demasiado tiempo, desde que era peque&#241;a.

No te preocupes -a&#241;adi&#243; su madre-. No voy a ir a ninguna parte. Est&#225; la alternativa del premio en met&#225;lico.

Me encantar&#237;a sacarte el pasaporte -dijo Abby, que se sent&#243; en el sof&#225;, pas&#243; un brazo alrededor de sus hombros fr&#225;giles y le dio un beso en la mejilla-. Me encantar&#237;a que vinieras conmigo.

&#191;Ad&#243;nde?

Abby se encogi&#243; de hombros.

Cuando me instale en alguna parte.

&#191;Y aparecer yo para cortarte las alas?

Abby solt&#243; una carcajada nost&#225;lgica.

T&#250; nunca me cortar&#237;as las alas. -Tu padre y yo nunca fuimos mucho de viajar. Cuando tu difunta t&#237;a, Anne, se traslad&#243; a Sydney hace a&#241;os, no dejaba de decirnos lo maravilloso que era aquello y que deb&#237;amos mudarnos all&#237;. Pero tu padre siempre dec&#237;a que sus ra&#237;ces estaban aqu&#237;. Y las m&#237;as tambi&#233;n. Pero estoy orgullosa de ti, Abby. Mi madre sol&#237;a decir que una madre era para cien hijos, pero que cien hijos no eran para una madre. T&#250; has demostrado que se equivocaba. -Abby contuvo las l&#225;grimas-. Estoy muy orgullosa de ti. Una madre no podr&#237;a pedir mucho m&#225;s de una hija. Excepto una cosa quiz&#225;. -La mir&#243; burlonamente.

&#191;Qu&#233;?-Abby sonri&#243;, sab&#237;a lo que dir&#237;a.

Nietos.

Alg&#250;n d&#237;a, quiz&#225;. Qui&#233;n sabe. Entonces s&#237; que tendr&#225;s que sacarte el pasaporte y estar conmigo.

Su madre volvi&#243; a mirar el formulario para el concurso unos momentos.

No -dijo, y mene&#243; la cabeza con firmeza. Entonces dej&#243; el bol&#237;grafo, cogi&#243; la mano de su hija entre sus dedos huesudos y manchados y se la apret&#243; con fuerza.

A Abby le sorprendi&#243; su fuerza.

Si alguna vez decides ser madre, querida Abby, recuerda siempre una cosa. Primero tienes que dar ra&#237;ces a tus hijos. Luego, dejarlos volar.



122

Noviembre de 2007


Una hora y media despu&#233;s de dejar a su madre, Abby arrastr&#243; la maleta con casi todo lo que iba a llevarse de Brighton por el and&#233;n de la estaci&#243;n de Gatwick y subi&#243; las escaleras mec&#225;nicas hasta el vest&#237;bulo de llegadas. Entonces la guard&#243; en la consigna de equipajes.

Con su bolso y el &#250;nico sobre acolchado que el sargento Branson le hab&#237;a devuelto el s&#225;bado, que iba dentro de una bolsa de pl&#225;stico, se acerc&#243; al mostrador de billetes de Easyjet y se uni&#243; a una cola corta. Era mediod&#237;a.


En su despacho, Roy Grace le&#237;a una pila enorme de informes que Norman Potting y Nick Nicholl le hab&#237;an enviado por fax desde Australia durante las &#250;ltimas veinticuatro horas. Se sent&#237;a un poco culpable por retener a Nicholl tanto tiempo all&#237;, pero la lista de contactos que la amiga de Lorraine Wilson les hab&#237;a proporcionado era demasiado buena para pasarla por alto.

Sin embargo, a pesar de todo, a&#250;n no ten&#237;an ninguna pista positiva sobre d&#243;nde estaba Ronnie Wilson.

Mir&#243; su reloj: las 13.20. El almuerzo, que Eleanor le hab&#237;a ido a buscar al ASDA, descansaba sobre su mesa dentro de una bolsa de pl&#225;stico. Un s&#225;ndwich diet&#233;tico de langosta y r&#250;cula y una manzana. Poco a poco, d&#237;a a d&#237;a, iba cediendo a la presi&#243;n que Cleo ejerc&#237;a sobre &#233;l para que mejorara su dieta. Aunque tampoco se sent&#237;a distinto. Justo cuando meti&#243; la mano en la bolsa, son&#243; el tel&#233;fono.

Era Bill Warner, que ahora estaba al mando del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal del aeropuerto de Gatwick.

Eran amigos desde hac&#237;a suficiente tiempo como para dejarse de cumplidos, as&#237; que el inspector de Gatwick fue directamente al grano.

Roy, &#191;has puesto una alerta sobre una mujer, Abby Dawson, tambi&#233;n conocida como Katherine Jennings?

S&#237;.

Estamos seguros de que acaba de facturar en un vuelo de Easyjet a Niza que sale a las 15.45. Hemos comprobado la imagen que aparece de ella en la c&#225;mara de seguridad y coincide con las fotograf&#237;as que has hecho circular.

Eran unas fotos que hab&#237;an sacado de las c&#225;maras de seguridad de la sala de interrogatorios. Siendo estrictos, seg&#250;n los t&#233;rminos de la Ley de protecci&#243;n de datos, Grace no deber&#237;a haberlas utilizado sin el consentimiento de la mujer. Pero no le importaba.

&#161;Genial! -dijo-. &#161;Es genial, joder!

&#191;Qu&#233; quieres que hagamos?

S&#243;lo tenedla vigilada, Bill. Es vital que no sepa que la est&#225;n siguiendo. Quiero que suba a ese vuelo, pero voy a necesitar que algunos agentes vayan con ella, y refuerzos en Niza. &#191;Puedes averiguar si el vuelo est&#225; completo y si podr&#237;amos subir a dos agentes? Si est&#225; lleno, tal vez podr&#237;as convencerlos para que echen a un par de pasajeros.

D&#233;jalo en mis manos. Ya te puedo confirmar de antemano que el avi&#243;n s&#243;lo va medio lleno. Me pondr&#233; en contacto con la polic&#237;a francesa. Imagino que lo que nos interesa es con qui&#233;n podr&#237;a reunirse.

Exacto. Gracias, Bill. Mantenme informado.

Grace lanz&#243; un pu&#241;etazo al aire de alegr&#237;a, luego llam&#243; a Glenn Branson.



123

Noviembre de 2007


&#191;Y cu&#225;ndo volver&#233; a verte? Dime. &#191;Cu&#225;ndo?

&#161;Pronto!

Ella se tumb&#243; encima de &#233;l, su piel desnuda y sudada por el esfuerzo en el calor de la ma&#241;ana. Su pene exhausto estaba recostado entre el vello p&#250;bico de ella, que apoy&#243; sus pechos redondos y peque&#241;os en su pecho y pos&#243; sus ojos en los ojos de &#233;l, unos ojos marrones, llenos de risas y travesuras. Y dureza. Seguro.

Era espabilada, astuta. Era una buena pieza.

Una buena pieza muy rica.

Y le gustaba esta maldita humedad. Este calor empalagoso que a &#233;l le hac&#237;a sudar sin parar. Ella insist&#237;a en hacer el amor con las puertas de la terraza de su casa bien abiertas y en la habitaci&#243;n habr&#237;a unos cien grados. Y ahora estaba aporre&#225;ndole el pecho con sus pu&#241;os diminutos.

&#191;Cu&#225;ndo? &#191;Cu&#225;ndo?

&#201;l apart&#243; su pelo negro azabache de la cara y bes&#243; sus labios peque&#241;os y rosados. Era muy hermosa y ten&#237;a un cuerpo fant&#225;stico. Durante su mes de encierro en Pattaya Beach, mientras esperaba a que Abby le mandara la se&#241;al de que estaba en camino, hab&#237;a aprendido a apreciar a las tailandesas esbeltas.

&#161;Uau! Hab&#237;a tenido much&#237;sima suerte con &#233;sta. &#161;Algo totalmente inesperado! Porque ten&#237;a todo lo que hab&#237;a so&#241;ado siempre, pero con mucho m&#225;s. &#161;Unos veinticinco millones de d&#243;lares m&#225;s! Punto arriba punto abajo, dependiendo de la cotizaci&#243;n del baht tailand&#233;s.

La hab&#237;a conocido en una tienda de sellos de Bangkok y se hab&#237;an puesto a charlar. Resultaba que su marido ten&#237;a una cadena de discotecas, que ella hered&#243; cuando muri&#243; en un accidente de buceo; un turista con una moto de agua le cort&#243; la cabeza de cuajo. Ella intentaba vender su importante colecci&#243;n de sellos y Ronnie la hab&#237;a aconsejado, impedido que la estafaran y conseguido que triplicara lo que al principio le hab&#237;an dicho que val&#237;an.

Y se la hab&#237;a estado tirando una o dos veces al d&#237;a desde entonces.

Esto supon&#237;a un problema, aunque tampoco tanto. Ya hab&#237;a comenzado a cansarse de Abby. No sabr&#237;a decir exactamente cu&#225;ndo hab&#237;a empezado a suceder. Tal vez fuera por su manera de comportarse despu&#233;s de su misi&#243;n con Ricky, o por su aspecto. Como si, despu&#233;s de las dos primeras veces indudablemente, hubiera disfrutado de verdad.

Y &#233;l se hab&#237;a percatado de lo que Abby era capaz.

Era una mujer sin l&#237;mites. Har&#237;a cualquier cosa por ser rica y s&#243;lo estaba utiliz&#225;ndolo, seguro, como trampol&#237;n para conseguirlo.

Por suerte, &#233;l iba un paso por delante. Ya le hab&#237;an jodido dos veces antes. El agua no le hab&#237;a funcionado; algo hab&#237;a salido mal con el maldito desag&#252;e en Brighton. Y &#191;qui&#233;n diablos habr&#237;a predicho que en Melbourne la sequ&#237;a continuar&#237;a?

Afortunadamente, hab&#237;a muchos barcos en Koh Samui. Y eran baratos. Y el Mar de la China Meridional era profundo.

Diez millas mar adentro ser&#237;a imposible que ning&#250;n cad&#225;ver acabara de nuevo en la orilla. Ya ten&#237;a el barco amarrado y esperando. A Abby le encantar&#237;a. Era una pasada. Y estaba tirado. Relativamente. En fin, para acumular hab&#237;a que especular.

Bes&#243; a Phara.

Dentro de muy poco -dijo-. Te lo prometo.



124

Noviembre de 2007


Cuando se alej&#243; del mostrador de facturaci&#243;n de Easyjet, en lugar de seguir los carteles de Salidas, Abby se dirigi&#243; otra vez al vest&#237;bulo principal y entr&#243; en el ba&#241;o.

Despu&#233;s de encerrarse en un cub&#237;culo, sac&#243; el sobre acolchado de la bolsa de pl&#225;stico, lo rasg&#243; para abrirlo y vaci&#243; el contenido: una bolsa de celof&#225;n con varios sellos, algunos sueltos, otros en hojas.

La mayor&#237;a de las hojas s&#243;lo eran r&#233;plicas de las que Ricky hab&#237;a querido recuperar tan desesperadamente, pero varias de las otras y diversos sellos sueltos eran aut&#233;nticos y parec&#237;an lo bastante antiguos como para emocionar a alguien que no supiera nada de filatelia.

Tambi&#233;n extrajo el recibo de la Filat&#233;lica South-East, adonde hab&#237;a acudido dos semanas atr&#225;s. Era por valor de ciento cuarenta y dos libras. Seguramente m&#225;s de lo que necesitaba gastar, estrictamente hablando, pero el surtido era impresionante a ojos del gran p&#250;blico y no se hab&#237;a equivocado al situar al sargento Branson en esa categor&#237;a.

Rompi&#243; los sellos y el recibo, los ech&#243; por el retrete y tir&#243; de la cadena. Luego se quit&#243; los vaqueros, las botas y la chaqueta de lana. No iba a necesitarlos a donde iba. Sac&#243; de la bolsa una peluca rubia larga, cortada y peinada como sol&#237;a llevar ella el pelo y se la coloc&#243;, ajust&#225;ndosela con torpeza con la ayuda del espejo de maquillaje. Luego se puso un vestido de tirantes que se hab&#237;a comprado hac&#237;a un par de d&#237;as y la chaqueta de hilo color crema que conjuntaba tan bien, junto con un par de sandalias blancas bastante bonitas. Complet&#243; su nueva imagen con unas gafas de sol Marc Jacobs.

Apretuj&#243; la ropa que se hab&#237;a quitado en la bolsa de pl&#225;stico, luego sali&#243; del cub&#237;culo, se ajust&#243; el pelo en el espejo, tir&#243; el sobre acolchado a la basura y mir&#243; su reloj. Eran las 13.35. Iba a buen ritmo.

De repente, su m&#243;vil pit&#243; y recibi&#243; un mensaje: Me muero por verte ma&#241;ana. S&#243;lo quedan unas horas. Besos.

Sonri&#243;. S&#243;lo unas horas. &#161;S&#237;, s&#237;, s&#237;!

Camin&#243; con br&#237;o otra vez hacia la consigna de equipajes y retir&#243; la maleta que hab&#237;a guardado all&#237; dos semanas atr&#225;s. La arrastr&#243; hacia un rinc&#243;n, introdujo la llave, la abri&#243; y sac&#243; un sobre acolchado envuelto en papel de burbujas. Despu&#233;s meti&#243; la bolsa de pl&#225;stico con su ropa vieja dentro, la cerr&#243; y gir&#243; la llave.

Luego regres&#243; al vest&#237;bulo de facturaci&#243;n, encontr&#243; la secci&#243;n de British Airways y se acerc&#243; a un mostrador de clase business. Era una extravagancia, pero hab&#237;a decidido que celebrar&#237;a el comienzo de su nueva vida de acuerdo con el estilo como pensaba continuarla.

Entreg&#243; el pasaporte y el billete a la mujer del mostrador y dijo:

Sarah Smith. Estoy en el vuelo 309 a R&#237;o de Janeiro.

Gracias, se&#241;ora -dijo la mujer, y comprob&#243; los detalles sobre la terminal.

Formul&#243; a Abby las preguntas de seguridad habituales y puso la etiqueta en el equipaje. Entonces, la maleta avanz&#243; con una sacudida, cay&#243; sobre la cinta y desapareci&#243;.

&#191;El vuelo sale en hora? -pregunt&#243; Abby.

La mujer mir&#243; la pantalla.

Por ahora, parece que s&#237;. Sale a las 15.15. La puerta de embarque se abre a las 14.40. Es la 54. Encontrar&#225; los carteles hasta la sala de espera despu&#233;s de pasar el control de seguridad y el &#225;rea de duty free.

Abby le dio las gracias y volvi&#243; a mirar su reloj. Ten&#237;a el est&#243;mago hecho un manojo de nervios. Todav&#237;a deb&#237;a hacer un par de cosas m&#225;s, pero quer&#237;a esperar a que se acercara el momento de embarcar.

Accedi&#243; a la sala vip de British Airways y se sirvi&#243; una copa de vino blanco para calmarse. Se mor&#237;a por fumarse un cigarrillo, pero tendr&#237;a que esperar. Comi&#243; un par de s&#225;ndwiches rectangulares, luego se sent&#243; delante de un televisor, que ten&#237;a las noticias puestas, y repas&#243; mentalmente su lista de tareas. Estaba satisfecha por no haber olvidado nada, pero, para estar doblemente segura, comprob&#243; que la funci&#243;n de identificaci&#243;n de llamada de su m&#243;vil estuviera desactivada y no revelara su n&#250;mero cuando llamara.

Poco despu&#233;s de las 14.40 vio en la pantalla que comenzaba el embarque, pero all&#237; dentro a&#250;n no hab&#237;an anunciado el vuelo. Se traslad&#243; a una secci&#243;n m&#225;s tranquila, junto a la entrada de los servicios, donde no hab&#237;a nadie cerca que pudiera escucharla, y marc&#243; el n&#250;mero del centro de investigaciones que el sargento Branson le hab&#237;a dicho que utilizara si no pod&#237;a localizarle al m&#243;vil.

Mientras el tel&#233;fono sonaba, mantuvo aguzado el o&#237;do por si escuchaba el ding-dong que preced&#237;a a cualquier anuncio por megafon&#237;a. No quer&#237;a revelar a nadie d&#243;nde estaba.

Centro de investigaciones, agente Boutwood -contest&#243; una voz joven de mujer.

Abby disfraz&#243; su voz tan bien como pudo, adoptando su mejor acento australiano.

Tengo informaci&#243;n sobre Ronnie Wilson -dijo-. Estar&#225; en el aeropuerto de Koh Samui, esperando a una persona que llegar&#225; ma&#241;ana en el vuelo 271 de Bangkok Airways a las 11 de la ma&#241;ana, hora local. &#191;Lo tiene?

Bangkok Airways, vuelo 271, Koh Samui, ma&#241;ana a las 11 de la ma&#241;ana, hora local. &#191;Con qui&#233;n hablo, por favor?

Abby colg&#243;. Estaba pegajosa por el sudor y temblaba. Temblaba tanto que le cost&#243; teclear la respuesta al mensaje que hab&#237;a recibido antes y tuvo que borrar varias letras para corregir los errores antes de acabar. Luego la ley&#243; una vez m&#225;s antes de "mandarla. El amor verdadero no tiene un final feliz, porque el amor verdadero no termina nunca. Dejar marchar a alguien es una forma de decirle te quiero. Besos.

Y ella lo quer&#237;a de verdad. Lo quer&#237;a un mont&#243;n. Pero no un mont&#243;n que val&#237;a cuatro millones de libras.

Y no con esa mala costumbre suya de matar a las mujeres que le entregaban dinero.


En alg&#250;n momento despu&#233;s del despegue, despu&#233;s de haberse tomado un bloody mary con una miniatura extra de vodka, se recost&#243; bien en su asiento y abri&#243; el sobre acolchado envuelto en pl&#225;stico de burbujas. El asiento de al lado estaba vac&#237;o, as&#237; que no ten&#237;a que preocuparse por la mirada curiosa de nadie. Gir&#243; la cabeza para cerciorarse de que tampoco hab&#237;a ning&#250;n miembro de la tripulaci&#243;n alrededor y entonces sac&#243; con cuidado uno de los sobres de celof&#225;n.

Conten&#237;a un bloque de sellos Penny Black. Mir&#243; el perfil serio de la reina Victoria. La palabra Franqueo impresa en letras no muy uniformes. El color deste&#241;ido. Eran exquisitos, pero en realidad no eran perfectos. Como le hab&#237;a explicado Dave un d&#237;a, a veces eran sus imperfecciones lo que los hac&#237;an m&#225;s especiales.

Aquello tambi&#233;n se aplicaba a muchas otras cosas en la vida, pens&#243;, agradablemente atontada por el alcohol. Y, adem&#225;s, &#191;qui&#233;n quer&#237;a ser perfecto?

Volvi&#243; a mirarlos y se dio cuenta de que era la primera vez que los miraba realmente bien. Eran muy especiales. M&#225;gicos. Les sonri&#243; y susurr&#243;:

Adi&#243;s, preciosos. Nos vemos luego.

Y volvi&#243; a guardarlos con cuidado.



125

Noviembre de 2007


&#191;Unas buenas vacaciones? -pregunt&#243; Roy Grace.

Muy divertidas. S&#243;lo he visto la playa desde la ventanilla del avi&#243;n -contest&#243; Glenn Branson.

Se supone que es bonito, Koh Samui, eso dicen.

Hab&#237;a una humedad de la hostia y no par&#243; de llover en todo el tiempo que estuve all&#237;. Y me pic&#243; algo en la pierna, o un mosquito mutante o una ara&#241;a. Se me ha hinchado toda, &#191;quieres verlo?

No, pero gracias igualmente.

El sargento, que estaba sentado en una silla delante del escritorio de Grace y llevaba un traje y una camisa que por su aspecto y olor parec&#237;a haber dormido con ellos puestos, sacudi&#243; la cabeza con incredulidad, sonriendo.

Eres un cabr&#243;n, &#191;verdad, Grace?

Y yo no puedo creer que hayas vuelto a cargarte mi colecci&#243;n de discos, joder. Te dej&#233; quedar en mi casa una noche. No te dije que sacaras todos los CD de sus cajas y los dejaras tirados por el suelo.

Branson tuvo la decencia de parecer avergonzado.

Intentaba clasific&#225;rtelos. Tengo mierda. Lo siento.

Bebi&#243; caf&#233; y contuvo un bostezo.

Bueno, &#191;c&#243;mo est&#225; tu prisionero? &#191;A qu&#233; hora has llegado?

Branson mir&#243; su reloj.

Sobre las siete menos cuarto. -Bostez&#243;-. Imagino que en las dos &#250;ltimas semanas nos hemos pulido el presupuesto de todo el a&#241;o del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal de Sussex para viajes al extranjero.

Grace sonri&#243;.

&#191;Wilson ha dicho algo?

Branson bebi&#243; m&#225;s caf&#233;.

Bueno, la verdad es que parece buena gente, en la medida en que se puede decir algo as&#237;.

S&#237;, seguro. Es el tipo m&#225;s dulce que has conocido, &#191;verdad? S&#243;lo tiene un problemilla: prefiere matar a sus mujeres antes que trabajar honradamente. -Grace mir&#243; a su amigo con asombro fingido-. Glenn, t&#250; eres buena gente. Y si no fuera por toda la mierda que tengo en mi vida, tal vez yo tambi&#233;n lo ser&#237;a. Pero Ronnie Wilson, no, &#233;l no es buena gente. S&#243;lo se le da bien hacer que la gente lo crea.

Branson asinti&#243;.

S&#237;. No lo dec&#237;a en ese sentido exactamente.

Necesitas irte a casa, dormir, ducharte y volver m&#225;s tarde.

Eso har&#233;. Pero la verdad es que habl&#243; bastante. Estaba en plan filos&#243;fico y le apetec&#237;a hablar. Tengo la sensaci&#243;n de que est&#225; harto de huir. Lleva seis a&#241;os escondi&#233;ndose. Por eso accedi&#243; a volver con nosotros. Aunque no dejaba de hablar de una tailandesa. Quer&#237;a que le dej&#225;ramos mandarle un mensaje.

&#191;Le le&#237;ste sus derechos antes de que comenzara a hablar?

S&#237;.

Bien hecho.

Eso significaba que cualquier cosa que Ronnie Wilson hubiera dicho en el avi&#243;n pod&#237;a utilizarse en su contra en un juicio.

Est&#225; furioso con Skeggs, te lo digo yo. Quer&#237;a asegurarse de que si &#233;l se hund&#237;a, Skeggs se hund&#237;a con &#233;l.

&#191;S&#237;?

Por lo que deduzco de lo que ha contado, parece que Skeggs le ayud&#243; cuando lleg&#243; a Australia.

Como pens&#225;bamos -dijo Grace.

S&#237;. En alg&#250;n momento, Ronnie Wilson adquiri&#243; este paquete de sellos.

&#191;De su mujer?

A eso contest&#243; con evasivas.

No me sorprende.

En cualquier caso, se los dio a Skeggs para que los vendiera y &#233;ste intent&#243; joderle. Quer&#237;a el noventa por ciento de su valor o amenazaba con vender a Ronnie. Pero Skeggs ten&#237;a una debilidad. Estaba loco por la chica de Ronnie, a la que empez&#243; a follarse, dijo, despu&#233;s de que su mujer, seg&#250;n sus palabras, se largara.

En el maletero de un coche.

Exacto.

&#191;Y la chica era una tal Abby Dawson?

Est&#225;s avispado esta ma&#241;ana, comisario.

He podido dormir toda la noche. As&#237; que Ronnie Wilson la utiliz&#243; como una especie de cebo, &#191;voy por el buen camino?

Vas por la autopista.

&#191;Crees que habr&#237;a matado a Abby en cuanto hubiera recuperado los sellos?

&#191;Por sus antecedentes anteriores? Sin duda. Es un buitre.

Cre&#237;a que hab&#237;as dicho que era buena gente.

Branson sonri&#243; derrotado. Luego, de repente, cambi&#243; de tema.

&#191;Ya te has comprado un coche nuevo?

No. Putas compa&#241;&#237;as de seguros. Quieren invalidar mi p&#243;liza porque conduc&#237;a en una persecuci&#243;n. Cabrones. Estoy intentando arreglarlo, y en la central me est&#225;n ayudando por tratarse de un asunto policial. -Luego, volviendo a cambiar de tema, dijo-: Entonces, &#191;crees que Abby todav&#237;a tiene los sellos?

Por supuesto.

Hegarty est&#225; seguro al cien por cien de que el material que fotocopiaste es falso.

No tiene ninguna duda.

He estado pensando mucho en ello -dijo Grace-. Por eso le dio una patada en los huevos a Skeggs.

Branson frunci&#243; el ce&#241;o.

No te sigo.

La raz&#243;n por la que le dio una patada a Skeggs cuando le entreg&#243; los sellos fue que necesitaba tiempo. Sab&#237;a que estaba d&#225;ndole gato por liebre y que s&#243;lo tardar&#237;a unos segundos en percatarse. Fue a por &#233;l para meternos a nosotros en la pel&#237;cula. Le tendi&#243; una trampa desde el principio.

Branson lo miraba, asintiendo mientras ca&#237;a en la cuenta poco a poco.

Es una zorra inteligente.

S&#237;. Y nadie ha denunciado el robo de los sellos, &#191;verdad?

Verdad -dijo Branson pensativo-. Pero &#191;qu&#233; hay de las compa&#241;&#237;as de seguros? &#191;Las que pagaron la compensaci&#243;n y el seguro de vida? &#191;No podr&#237;an reclamar los sellos, ya que fueron comprados con su dinero?

El mismo problema La cadena de t&#237;tulo. Sin el testimonio de Hegarty, &#191;c&#243;mo van a demostrarlo?

Los dos polic&#237;as se quedaron en silencio unos momentos. Glenn bebi&#243; m&#225;s caf&#233;, luego dijo:

Steve Mackie me ha dicho que se rumorea que Pewe va a solicitar el traslado.

Grace sonri&#243;.

S&#237;. Va a volver a la Met. &#161;Le deseo suerte!

Bueno, y esa mujer, &#191;d&#243;nde crees que est&#225; ahora? -dijo Glenn despu&#233;s de otra pausa.

&#191;Sabes lo que creo? Que seguramente estar&#225; tumbada en alguna playa tropical, bebiendo un margarita y ri&#233;ndose a carcajada limpia.

Y as&#237; era.



126

Noviembre de 2007


El margarita era uno de los mejores que hab&#237;a probado. Ten&#237;a un sabor intenso y fuerte, el barman hab&#237;a a&#241;adido la cantidad justa de Cointreau y hab&#237;a salado el borde a la perfecci&#243;n. Despu&#233;s de una semana en este hotel, ya hab&#237;a aprendido c&#243;mo le gustaban.

Le encantaban las vistas desde aqu&#237;, tendida en la playa de arena blanca sobre el colch&#243;n grueso y suave de la tumbona, mirando a la bah&#237;a. Y le encantaba este momento, &#250;ltima hora de la tarde, cuando el calor no era tan implacable y no necesitaba la sombra del parasol. Dej&#243; el libro un instante, bebi&#243; otro trago y contempl&#243; el parapente amarillo que se alejaba del embarcadero de madera, surcando el agua, adentr&#225;ndose en la bah&#237;a, el paraca&#237;das naranja y rojo elev&#225;ndose en el cielo despejado.

Quiz&#225; luego se diera otro ba&#241;o. Sopes&#243; si meterse en el mar o en la piscina inmensa del hotel, donde el agua estaba un poco m&#225;s fr&#237;a y refrescante. &#161;Qu&#233; decisiones tan dif&#237;ciles!

Pensaba constantemente en su madre, y en Ronnie y Ricky. A pesar de toda la ira que le provocaba Ricky, y la sorpresa que se hab&#237;a llevado con Ronnie, no pod&#237;a evitar sentir un poco de l&#225;stima por ellos, de modos distintos.

Pero no demasiada.

&#191;Le est&#225; gustando el libro? -le pregunt&#243; de repente la mujer de la tumbona de al lado.

Abby se hab&#237;a fijado en ella antes, mientras dorm&#237;a. Sobre la mesita blanca a su lado, ten&#237;a un ejemplar de una novela que ella hab&#237;a le&#237;do hac&#237;a poco, Sin respiro, encima de Gu&#237;a del autoestopista gal&#225;ctico.

S&#237; -contest&#243;-. Me est&#225; gustando. Pero sobre todo soy fan de Douglas Adams. Creo que he le&#237;do todo lo que ha escrito.

&#161;Yo tambi&#233;n!

Era el autor de una de las citas preferidas de Abby, con la que hab&#237;a vuelto a topar recientemente: Pocas veces acabo donde quiero ir, pero casi siempre acabo donde tengo que estar.

Que era b&#225;sicamente lo que sent&#237;a en estos momentos.

Bebi&#243; otro sorbo de su copa.

Aqu&#237; preparan los mejores margaritas del mundo -dijo.

Tal vez deber&#237;a probar uno. Acabo de llegar hoy, as&#237; que todav&#237;a no estoy al tanto de lo que se cuece por aqu&#237;.

Es genial. &#161;Es el para&#237;so!

Eso parece.

Abby sonri&#243;.

Me llamo Sarah -dijo.

Encantada. Yo soy Sandy.



Agradecimientos

Parte de esta historia se desarrolla durante los d&#237;as en torno a los terribles sucesos del 11-S. Con el m&#225;ximo respeto a las v&#237;ctimas y a todas las personas que perdieron a un ser querido.

Aunque las novelas de Roy Grace son ficci&#243;n, las circunstancias que rodean a todos los departamentos de los cuerpos policiales en las que existen y se mueven mis personajes son reales. Por la ayuda que me han prestado a la hora de escribir esta novela, estoy en deuda como siempre con la polic&#237;a de Sussex, y tambi&#233;n con la polic&#237;a de Nueva York y la fiscal&#237;a del distrito de esta ciudad y con la polic&#237;a de Victoria, Australia.

Doy las gracias especialmente al jefe de polic&#237;a de Sussex, Martin Richards, por tener la amabilidad de darme su autorizaci&#243;n, y a los comisarios jefes Kevin Moore y Graham Bartlett por su generosidad al abrirme tantas puertas. Y quiero dar las gracias en particular al ex comisario jefe Dave Gaylor, cuya ayuda en muchos sentidos jam&#225;s podr&#233; compensarle.

Para citar los nombres de algunas personas m&#225;s de la polic&#237;a de Sussex que me han ayudado enormemente en la elaboraci&#243;n de este libro (y, por favor, perdonen las omisiones), quiero dar las gracias al comisario jefe Peter Coll; a Brian Cook, director de la secci&#243;n de apoyo cient&#237;fico; al jefe de apoyo Tony Case de la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal; al inspector jefe Ian Pollard; al inspector William Warner; al sargento Patrick Sweeney; al inspector Stephen Curry; al inspector Jason Tingley, del departamento de operaciones e inteligencia de la central del Departamento de Investigaci&#243;n Criminal; al inspector Andrew Kundert; al sargento Phil Taylor, jefe de la unidad de delitos tecnol&#243;gicos; al analista de delitos inform&#225;ticos Ray Packham de la unidad de delitos tecnol&#243;gicos; al agente Paul Grzegorek del equipo de apoyo log&#237;stico; a los agentes James Bowes y Dave Curtis; al inspector Phil Clarke; al sargento Mel Doyle; a los agentes Tony Omotoso, lan Upperton y Andrew King; al sargento Malcolm (Choppy) Wauchope; al agente Darren Balcombe; al sargento Sean McDonald; al agente Danny Swietlik; al agente Steve Cheesman; a Ron King, director de recursos; y a la agente Sue Heard, relaciones p&#250;blicas de la polic&#237;a.

Gracias tambi&#233;n a la arque&#243;loga forense Lucy Sibun. Y a Abigail Bradley de Cellmark Forensics; al forense de Essex, el doctor Peter Dean; al pat&#243;logo Nigel Kirkham; al doctor Andrew Davey; al doctor Andrew Yelland, miembro del Colegio de M&#233;dicos del Reino Unido; al doctor Jonathan Pash; y a Christopher Gebbie. Y debo dar las gracias muy especialmente al estupendo equipo del dep&#243;sito de cad&#225;veres de Brighton y Hove: Elsie Sweetman, Victor Sindon y Sean Didcott.

En Nueva York, estoy en deuda con el inspector Dennis Bootle del Rackets Bureau, de la oficina del fiscal del distrito; y con el inspector Patrick Lanigan, de la unidad de investigaciones especiales, tambi&#233;n de la oficina del fiscal del distrito. En Australia quiero expresar mi gratitud hacia el inspector Lucio Rovis, de la unidad de homicidios de la polic&#237;a de Victoria; al sargento George Vickers y al sargento Troy Brug, de la unidad de investigaci&#243;n criminal de Carlton; a la agente Damina Jackson; al sargento Ed Pollard, de la unidad de ayudantes del forense de la polic&#237;a de Victoria; a Andrea Petrie del peri&#243;dico The Age; &#161;y a mi ling&#252;ista australiana, Janes Vickers!

Gracias a Gordon Camping por sus valios&#237;simas clases magistrales sobre sellos; a Cloin Witham del HSBC; a Peter Bailey por sus conocimientos enciclop&#233;dicos sobre el Brighton moderno y pasado; a Peter Wingate-Saul, Oli Rigg y Phil White del cuerpo de bomberos de East Sussex; a Robert Frankis, que ha vuelto a superar mi pasi&#243;n por los coches; y a Chris Webb, por mantener con vida a mi Mac &#161;a pesar de lo mucho que abuso de &#233;l!

Much&#237;simas gracias a Anna-Lisa Lindeblad, que ha sido mi correctora extraoficial y comentadora incansable y maravillosa a lo largo de toda la colecci&#243;n de novelas de Roy Grace, y a Sue Ansell, cuya formidable vista para los detalles me ha ahorrado muchas situaciones bochornosas.

A nivel profesional, tengo un dream team total: mi maravillosa agente Carole Blake, Oli Munson, mi incre&#237;ble publicista, y Amelia Rowland de Midas PR; y no tengo espacio suficiente para agradecer como es debido a toda la gente de Macmillan. Baste con decir que me llena de alegr&#237;a que sean ellos quienes publiquen mis libros y que me toc&#243; la loter&#237;a cuando me asignaron a Stef Bierwerth como editor. Much&#237;simas gracias tambi&#233;n a todos mis editores extranjeros. &#161;Gracias! Danke! Merci! Grazie! Dank u! Tack! Obrigado!

Como siempre, Helen ha sido una roca, aliment&#225;ndome con su paciencia de santo y su sabidur&#237;a constante.

Y, por &#250;ltimo, debo despedirme de mis fieles amigos caninos Sooty y Bertie, que se han marchado al cementerio del Gran Hueso en el cielo, y dar la bienvenida a Oscar, que hace compa&#241;&#237;a a Phoebe debajo de mi mesa, esperando para despedazar las p&#225;ginas de los manuscritos que caen al suelo

Peter James

Sussex, Inglaterra

www.peterjames.com



Peter James



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