




Karim Fossum


No Mires Atr&#225;s


T&#237;tulo original:Se Degikke Tilbake!

 Edici&#243;n original de J. W. Cappelens Forlag a.s., Oslo, 1996

Traducido por: Kirsti Baggethun Kristensen y Asunci&#243;n Lorenzo Torres


A Bente Konstance.


Aunque todos los top&#243;nimos se han cambiado, el paisaje en el que se sit&#250;a esta historia ser&#225; reconocido por los que all&#237; habitan. Me veo, por lo tanto, en la obligaci&#243;n de asegurar que ninguno de los personajes de este libro tiene su origen en seres humanos reales.

Valstad, febrero de 1996

Karin FOSSUM



Ragnhild abri&#243; la puerta con cuidado y ech&#243; un vistazo hacia el exterior. La carretera estaba tranquila y el viento que hab&#237;a estado jugueteando entre las casas durante la noche se hab&#237;a calmado por fin. Se volvi&#243; y sac&#243; su cochecito de mu&#241;ecas.

Pero si ni siquiera hemos desayunado -se quej&#243; Marthe ayudando a su amiga a empujar el coche.

Tengo que irme. Vamos a hacer la compra -contest&#243; Ragnhild.

&#191;Quieres que vaya luego a tu casa?

Vale. Cuando hayamos vuelto de la compra.

Estaba ya en el camino de arena del jard&#237;n, empujando el coche cuesta arriba hacia la verja. Era muy pesado, as&#237; que le dio la vuelta y tir&#243; de &#233;l en lugar de empujarlo.

Hasta luego, Ragnhild.

La puerta se cerr&#243; con un agudo chasquido de madera y metal. Ragnhild tuvo problemas con la verja, pero no se atrevi&#243; a dejarla mal cerrada. El perro de Marthe, que la segu&#237;a atentamente con la mirada desde debajo de la mesa del jard&#237;n, podr&#237;a escaparse. Segura ya de que la verja estaba bien cerrada, empez&#243; a caminar por la carretera en direcci&#243;n a los garajes. Podr&#237;a haber cogido el atajo que hab&#237;a entre las casas, pero pens&#243; que ser&#237;a demasiado complicado con el cochecito. Un vecino que estaba cerrando la puerta de su garaje le sonri&#243; mientras se abrochaba torpemente la gabardina con una mano. Un gran Volvo negro rug&#237;a c&#225;lidamente.

Vaya, Ragnhild, qu&#233; temprano vuelves hoy. &#191;Marthe no se ha levantado a&#250;n?

Es que he dormido all&#237; esta noche -explic&#243; la ni&#241;a-. En un colch&#243;n en el suelo.

Ah, ya.

El hombre acab&#243; de cerrar el garaje y mir&#243; el reloj: eran las 8,06. Al instante, el coche sali&#243; a la carretera y desapareci&#243;.

Ragnhild iba empujando el cochecito con las dos manos. Hab&#237;a llegado al lugar donde empezaba la cuesta abajo, y era tan empinada que ten&#237;a que ir reteniendo el coche para que no saliera disparado. La mu&#241;eca, que se llamaba Elise como ella, porque en realidad se llamaba Ragnhild Elise, resbal&#243; hacia el extremo del coche. Deb&#237;a de ser muy inc&#243;modo, as&#237; que solt&#243; una mano; con ella coloc&#243; a la mu&#241;eca, la cubri&#243; con el edred&#243;n y sigui&#243; su camino. Llevaba zapatillas de deportes, una roja con cordones verdes y la otra verde con cordones rojos, como deb&#237;a ser, un ch&#225;ndal rojo con el le&#243;n Simba sobre el pecho y un anorak verde encima. Ten&#237;a el pelo incre&#237;blemente fino y no muy largo, y, sin embargo, hab&#237;a conseguido atarse una goma en lo alto de la cabeza. Colgadas de la goma bailaban frutas de pl&#225;stico de muchos colores, y en el centro se ergu&#237;a el ralo mech&#243;n como una palmera mal cuidada. Ten&#237;a seis a&#241;os y medio, pero era menuda para su edad. Hasta que no abr&#237;a la boca costaba imaginarse que pronto ir&#237;a a la escuela.

No se encontr&#243; con nadie en la cuesta, pero al acercarse al cruce oy&#243; el motor de un coche y se detuvo, se apart&#243; lo que pudo de la carretera y esper&#243; mientras la sucia furgoneta saltaba sobre un bad&#233;n. Esta fren&#243; a&#250;n m&#225;s al ver a la ni&#241;a vestida de rojo. Ragnhild quer&#237;a cruzar la carretera. Al otro lado hab&#237;a acera y su madre le hab&#237;a dicho que siempre deb&#237;a andar por la acera. Esper&#243; a que pasara el coche pero &#233;ste, en lugar de pasar, se detuvo. El conductor baj&#243; el cristal de la ventanilla.

Cruza, ya espero yo -grit&#243;.

Ragnhild vacil&#243; un instante y luego cruz&#243;. Tuvo que darse la vuelta para subir el cochecito a la acera. La furgoneta avanz&#243; un poco, luego volvi&#243; a detenerse y se baj&#243; el cristal del otro lado. Tiene unos ojos muy raros, pens&#243; la ni&#241;a, muy grandes, muy redondos, muy separados y p&#225;lidos como hielo fino. Su boca era peque&#241;a, con los labios abultados, y apuntando hacia abajo, como la boca de un pez. &#201;l la mir&#243; fijamente.

&#191;Vas a subir la cuesta con ese cochecito?

Ella asinti&#243; con la cabeza.

Vivo en Granittveien.

Te costar&#225; mucho. &#191;Qu&#233; llevas dentro?

A Elise -contest&#243; la ni&#241;a sacando la mu&#241;eca.

Muy bonita -exclam&#243; el hombre con una amplia sonrisa. Su boca era m&#225;s bonita as&#237;.

Luego se rasc&#243; la nuca. Estaba muy despeinado, mechones hirsutos le sal&#237;an de la cabeza como las hojas de una pi&#241;a; al rascarse se despein&#243; a&#250;n m&#225;s.

Puedo llevarte si quieres -dijo-. Atr&#225;s hay sitio para el coche de tu mu&#241;eca.

Ragnhild reflexion&#243; un instante mirando la cuesta arriba. Era larga y pesada. El hombre ech&#243; el freno de mano y mir&#243; la parte de atr&#225;s del coche.

Mi mam&#225; me est&#225; esperando -dijo Ragnhild.

Algo resonaba en alg&#250;n remoto lugar de su cabeza, pero no logr&#243; captarlo.

Vas a llegar antes a tu casa si te llevo en coche -argument&#243; entonces el hombre.

Eso fue decisivo. Ragnhild era una ni&#241;a pr&#225;ctica, as&#237; que acerc&#243; el cochecito a la furgoneta y el conductor baj&#243; de un salto, abri&#243; la puerta trasera y lo subi&#243; con una mano; luego subi&#243; a Ragnhild.

Tendr&#225;s que sentarte atr&#225;s e ir sujetando el cochecito; si no, va a estar todo el rato movi&#233;ndose.

El hombre se coloc&#243; de nuevo en el asiento delantero y quit&#243; el freno de mano.

&#191;Subes esta cuesta andando todos los d&#237;as? -pregunt&#243; mir&#225;ndola por el espejo retrovisor.

S&#243;lo cuando vengo de casa de Marthe. He dormido all&#237; esta noche.

Ragnhild sac&#243; de debajo del edred&#243;n de la mu&#241;eca una bolsa de aseo de flores y la abri&#243;. Comprob&#243; que las cosas estaban en su sitio, el camis&#243;n con el dibujo de Nala, el cepillo de dientes y el cepillo del pelo. La furgoneta pas&#243; por encima de otro bad&#233;n. El hombre segu&#237;a observ&#225;ndola por el espejo.

&#191;Has visto alguna vez un cepillo de dientes como &#233;ste? -pregunt&#243; Ragnhild, ense&#241;&#225;ndoselo. Ten&#237;a pies.

&#161;No! -contest&#243; el hombre con entusiasmo-. &#191;D&#243;nde lo has conseguido?

Me lo ha comprado mi pap&#225;. &#191;T&#250; no tienes uno as&#237;?

Voy a pedir uno para Navidad.

Por fin pasaron el &#250;ltimo bad&#233;n, y el hombre cambi&#243; de primera a segunda. Sonaba fatal. La ni&#241;a iba sentada en el suelo de la parte de atr&#225;s de la furgoneta, agarrada al cochecito. Una ni&#241;a muy mona, pens&#243;. Con ese ch&#225;ndal tan rojo parec&#237;a una fres&#243;n maduro. El hombre se puso a silbar sinti&#233;ndose due&#241;o de s&#237; mismo, sentado al volante de la gran furgoneta con una ni&#241;a detr&#225;s. Verdaderamente due&#241;o de s&#237; mismo.


El pueblo estaba en el fondo de un valle en el que terminaba el fiordo, al pie de una monta&#241;a, como una poza de agua estancada. Como todo el mundo sabe, s&#243;lo es sana el agua que corre. El pueblo era el pariente pobre del municipio, y las carreteras que llevaban hasta all&#237; eran indescriptiblemente malas. Muy de tarde en tarde se deten&#237;a un autob&#250;s junto a la central lechera abandonada para recoger a alguna persona y llevarla a la ciudad. Volver a casa resultaba m&#225;s dif&#237;cil.

La monta&#241;a era una colina gris, poco frecuentada por excursionistas de la zona, pero asiduamente visitada por forasteros que ven&#237;an de lejos. El inter&#233;s se deb&#237;a a minerales raros y a una flora nada despreciable. En d&#237;as tranquilos se pod&#237;a o&#237;rdesde la colina un lejano sonido de campanillas que pod&#237;a hacer pensar en fantasmas, aunque en realidad se trataba de ovejas que pastaban en lo alto. Las colinas de alrededor se ve&#237;an azuladas y et&#233;reas a trav&#233;s de la neblina, como fieltro suave con velos lanosos de niebla. Konrad Sejer sigui&#243; con el dedo la carretera nacional en el libro de carreteras. Se estaban acercando a una rotonda. El sargento Karlsen iba al volante, mirando atento los campos y siguiendo las instrucciones.

Ahora gira a la derecha en Gneisveien, luego sube por Skiferbakken, y despu&#233;s a la izquierda en Feltspaltveien. All&#237;, a la derecha, est&#225; Granittveien. Es una calle sin salida -a&#241;adi&#243; Sejer pensativo-. El n&#250;mero cinco debe de ser la tercera casa a mano izquierda.

Estaba tenso, y su voz sonaba a&#250;n m&#225;s grave que de costumbre.

Karlsen maniobraba el coche sobre los badenes del interior de la urbanizaci&#243;n. Como en tantos otros lugares, sus habitantes se hab&#237;an api&#241;ado a cierta distancia de la poblaci&#243;n local. Aparte de las instrucciones para llegar, no les hab&#237;an dicho mucho m&#225;s. Se estaban acercando a la casa, e intentaban armarse de valor pensando que quiz&#225; la ni&#241;a perdida estuviera ya en su hogar. Tal vez estuviera sentada sobre las rodillas de su madre, sorprendida y molesta por tanto alboroto. Era la una, lo que significaba que la ni&#241;a faltaba de su casa desde hac&#237;a cinco horas. Dos hubiera estado dentro de un l&#237;mite razonable, cinco eran definitivamente demasiado. El malestar iba en aumento, como un punto muerto en el pecho por el que la sangre se negaba a fluir. Los dos ten&#237;an hijos, Karlsen una hija de ocho a&#241;os y Sejer incluso un nieto de cuatro. El silencio que reinaba entre ellos estaba pre&#241;ado de im&#225;genes que tal vez se convirtieran en realidad. Esta idea se apoder&#243; de Sejer justo en el momento en que se detuvieron. El n&#250;mero 5 era una casa baja pintada de blanco y con los marcos de las ventanas azules. Una t&#237;pica casa prefabricada, sin personalidad, pero decorada como una casa de mu&#241;ecas, con postigos ornamentales y un borde de encaje en los travesa&#241;os del techo. El jard&#237;n estaba bien cuidado. Una terraza con una hermosa baranda rodeaba la vivienda. Se encontraban en lo alto de la ladera, desde donde se ve&#237;a toda la poblaci&#243;n, un peque&#241;o pueblo bastante hermoso con granjas y campos cultivados. Junto al buz&#243;n hab&#237;a un coche de servicio de la polic&#237;a que se les hab&#237;a adelantado.

Sejer entr&#243; primero, se limpi&#243; minuciosamente los zapatos en el felpudo y agach&#243; la cabeza al entrar en el sal&#243;n. Les cost&#243; un segundo captar la situaci&#243;n. La ni&#241;a segu&#237;a perdida, cund&#237;a el p&#225;nico. La madre, una mujer fuerte con un vestido de cuadros, estaba sentada en el sof&#225;. A su lado, con una mano sobre su brazo, hab&#237;a una mujer polic&#237;a. Sejer pudo oler el miedo en la habitaci&#243;n. La madre empleaba las pocas fuerzas que le quedaban en contener el llanto o tal vez un terrible grito de terror. En consecuencia, jadeaba al menor esfuerzo, como por ejemplo al levantarse y darle la mano.

Se&#241;ora Album -dijo-, han salido a buscar a su hija, &#191;no es as&#237;?

Unos vecinos. Se han llevado un perro.

Volvi&#243; a hundirse en el sof&#225;.

Nos ayudaremos mutuamente.

Sejer se sent&#243; en un sill&#243;n frente a la mujer y se inclin&#243; hacia delante sin apartar la vista de ella.

Enviaremos una patrulla con perros. Ahora h&#225;bleme de Ragnhild. C&#243;mo es, qu&#233; aspecto tiene y c&#243;mo va vestida.

La mujer no contest&#243;, se limit&#243; a mover en&#233;rgicamente la cabeza. Su boca estaba r&#237;gida e inm&#243;vil.

&#191;Ha llamado a todos los sitios imaginables?

Tampoco hay tantos -susurr&#243; la mujer-, y ya he llamado a todos.

&#191;No tienen ustedes familiares en otras partes de la comarca?

No tenemos a nadie. No somos de aqu&#237;.

&#191;Ragnhild va a la guarder&#237;a?

No, no conseguimos plaza.

&#191;Tiene hermanos?

S&#243;lo la tenemos a ella.

Sejer intenta aspirar sin que se notase.

En primer lugar -dijo-, la ropa que lleva puesta. Con todos los detalles posibles.

Un ch&#225;ndal rojo -tartamude&#243; la mujer-, con un le&#243;n sobre el pecho. Chubasquero verde con capucha. Una zapatilla verde y otra roja.

La mujer hablaba a trompicones, apenas se o&#237;a su voz.

&#191;Y Ragnhild? Descr&#237;bamela.

Un metro diez. Dieciocho kilos. Pelo muy rubio. Acaba de pasar el control m&#233;dico de los seis a&#241;os.

Se acerc&#243; a la pared sobre el televisor, donde hab&#237;a unas fotograf&#237;as colgadas. La mayor parte de ellas eran de Ragnhild, una con traje regional, y otra con un hombre vestido de uniforme de batalla del ej&#233;rcito, probablemente el marido. La mujer escogi&#243; una de la ni&#241;a y se la alcanz&#243;. El pelo de la hija era casi blanco, el de la madre negro. Pero el padre era rubio, se pod&#237;a ver un poco de pelo debajo de la gorra del uniforme.

&#191;C&#243;mo es su hija?

Confiada -solloz&#243;-. Habla con todo el mundo.

Esa confesi&#243;n hizo temblar a la madre.

Esos ni&#241;os son los que mejor se defienden en este mundo -afirm&#243; Sejer con firmeza-. Tendremos que llevarnos la foto.

Lo comprendo.

D&#237;game -dijo Sejer sent&#225;ndose de nuevo-. &#191;D&#243;nde van los ni&#241;os de este pueblo cuando van de excursi&#243;n?

Al fiordo. A la playa del Cura o a Horgen. O a lo alto de la colina. Algunos van al embalse y otros al bosque.

Sejer mir&#243; por la ventana y contempl&#243; los oscuros abetos.

&#191;Alguien vio a Ragnhild despu&#233;s de que se marchara?

El vecino de Marthe se encontr&#243; con ella junto al garaje cuando iba a trabajar. Lo s&#233; porque llam&#233; a su mujer.

&#191;Y d&#243;nde vive Marthe?

En Krystallen. A s&#243;lo unos minutos de aqu&#237;.

&#191;Llevaba con ella su cochecito de mu&#241;ecas?

S&#237;. De la marca Br&#237;o. Color rosa.

&#191;C&#243;mo se llama ese vecino que la vio junto al garaje?

Walther -contest&#243; sorprendida-. Walther Isaksen.

&#191;D&#243;nde puedo encontrarlo?

Trabaja en la empresa Dyno. En el departamento de personal.

Sejer se levant&#243; y se acerc&#243; al tel&#233;fono. Llam&#243; a Informaci&#243;n, consigui&#243; el n&#250;mero, marc&#243; y esper&#243;.

Necesito hablar con un empleado suyo cuanto antes. Su nombre es Walther Isaksen.

La se&#241;ora Album lo miraba preocupada desde el sof&#225;. Karlsen estudiaba las vistas por la ventana, las colinas azules, los campos y el capitel blanco de una iglesia a lo lejos.

Soy Konrad Sejer, de la polic&#237;a -dijo-. Estoy en Granittveien 5, puede imaginarse el motivo de mi llamada.

&#191;Sigue sin aparecer Ragnhild?

As&#237; es. Tengo entendido que usted la vio cuando ella sali&#243; de la casa.

Estaba cerrando la puerta del garaje.

&#191;Mir&#243; usted el reloj?

Eran las ocho y seis minutos, se me hab&#237;a hecho un poco tarde.

&#191;Est&#225; usted seguro de que era exactamente esa hora?

Tengo un reloj digital.

Sejer call&#243; mientras intentaba memorizar el camino que hab&#237;an recorrido.

&#191;Entonces usted la dej&#243; a las ocho y seis minutos junto al garaje y se fue en su coche directamente al trabajo?

S&#237;.

&#191;Baj&#243; por Grenseveien y sali&#243; a la nacional?

Exacto.

Supongo -dijo Sejer-, que a esa hora casi todo el mundo va hacia la ciudad y hay poco tr&#225;fico en sentido contrario.

As&#237; es. Nadie se dirige a nuestro pueblo. No tenemos puestos de trabajo.

A pesar de eso, &#191;se encontr&#243; usted con alg&#250;n coche en el camino? &#191;Alguien que se dirigiera al pueblo?

El hombre se lo pens&#243; mientras Sejer esperaba. La habitaci&#243;n estaba silenciosa como una tumba.

Pues s&#237;, ahora que lo dice. Me encontr&#233; con uno abajo, en la parte llana. Justo antes de la rotonda. Una furgoneta, creo. Llena de manchas y hecha un desastre. Iba muy despacio.

&#191;Qui&#233;n iba dentro?

Un hombre -contest&#243; vacilante-. Un hombre solo.


Me llamo Raymond -dijo sonriendo.

Ragnhild levant&#243; la vista y vio la cara sonriente en el espejo retrovisor. Tambi&#233;n vio la colina ba&#241;ada por el sol de la ma&#241;ana.

&#191;Damos una vuelta en el coche?

Mi mam&#225; me est&#225; esperando -contest&#243; con tono de ni&#241;a precoz.

&#191;Has estado alguna vez en lo alto de la colina?

Una vez. Con mi pap&#225;. Llevamos bocadillos.

Se puede subir con coche -explic&#243; &#233;l-, desde la parte de atr&#225;s, &#191;sabes? &#191;Quieres que subamos?

Quiero irme a casa -contest&#243; la ni&#241;a, esta vez un poco insegura.

El hombre cambi&#243; de marcha y par&#243;.

S&#243;lo una vueltecita -rog&#243;.

Hablaba en voz muy baja. A Ragnhild le parec&#237;a muy triste y no estaba acostumbrada a ir en contra de los deseos de los adultos. Se levant&#243;, se acerc&#243; al asiento y se inclin&#243; hacia &#233;l.

Una vuelta muy corta -dijo-. Hasta lo alto y luego volvemos a casa enseguida.

El hombre dio marcha atr&#225;s por Feltspatveien y volvi&#243; a bajar la cuesta.

&#191;C&#243;mo te llamas? -pregunt&#243;.

Ragnhild Elise.

El hombre se movi&#243; en el asiento, carraspe&#243; y dijo en tono pedante:

Ragnhild Elise, no puedes ir de compras tan temprano. S&#243;lo son las ocho y cuarto de la ma&#241;ana. La tienda est&#225; cerrada.

La ni&#241;a no contest&#243;. Sac&#243; a Elise del cochecito, se la puso sobre las rodillas y le coloc&#243; el vestido. Luego le quit&#243; el chupete. La mu&#241;eca empez&#243; a llorar, un llanto agudo y met&#225;lico de beb&#233;.

&#191;Qu&#233; es eso?

El hombre fren&#243; en seco y mir&#243; por el espejo retrovisor.

Es Elise. Llora cuando le quito el chupete.

&#161;No me gusta! &#161;P&#243;nselo otra vez!

El hombre conduc&#237;a intranquilo, y el coche iba dando tumbos hacia los lados.

Mi papa conduce mejor que t&#250; -dijo la ni&#241;a.

He tenido que aprender yo solo -exclam&#243; el hombre malhumorado-. Nadie quiso ense&#241;arme.

&#191;Por qu&#233; no?

El hombre no contest&#243;, se limit&#243; a hacer un movimiento con la cabeza. El coche ya estaba en la carretera nacional, fue en segunda hasta la rotonda y cruz&#243; la carretera con un rugido oxidado.

Estamos llegando a Horgen -dijo la ni&#241;a contenta.

El hombre segu&#237;a sin contestar. Diez minutos m&#225;s tarde gir&#243; a la izquierda y comenz&#243; a subir por la ladera. Pasaron por un par de granjas con los graneros pintados de rojo y alg&#250;n que otro tractor aparcado. El camino era cada vez m&#225;s estrecho y con m&#225;s baches. A Ragnhild se le estaban cansando los brazos de ir agarrando el cochecito. Por fin dej&#243; la mu&#241;eca en el suelo y puso un pie entre las ruedas para que hiciera de freno.

Aqu&#237; vivo yo -dijo de repente el hombre deteni&#233;ndose.

&#191;Con tu mujer?

No, con mi padre. Pero est&#225; en la cama.

&#191;No se ha levantado a&#250;n?

Siempre est&#225; en la cama.

La ni&#241;a mir&#243; por la ventanilla y vio una casa muy curiosa. Hab&#237;a sido originalmente una peque&#241;a caba&#241;a a la que alguien hab&#237;a a&#241;adido un trozo y luego otro. Ninguna de las partes ten&#237;a el mismo color. Junto a la casa hab&#237;a un garaje de hojalata. El patio delantero estaba cubierto de plantas y arbustos sin podar. Un viejo arado oxidado estaba siendo progresivamente tragado por ortigas y dientes de le&#243;n. Pero a Ragnhild no le interesaba la casa, hab&#237;a divisado otra cosa.

&#161;Conejos! -exclam&#243; impresionada.

S&#237; -dijo el hombre contento-, &#191;Quieres verlos?

Sali&#243; del coche de un salto, abri&#243; la puerta trasera y baj&#243; a la ni&#241;a. Andaba de un modo muy extra&#241;o, contone&#225;ndose. Era patizambo, ten&#237;a las piernas tan cortas que parec&#237;an anormales y los pies muy peque&#241;os: Desde su ancha nariz, de la que colgaba una grande y transparente gota, hasta el labio inferior, un poco prominente, hab&#237;a muy poca distancia. Ragnhild pens&#243; que no era muy viejo, aunque se mov&#237;a como un anciano. Resultaba muy curioso. La cara de un chico sobre el cuerpo de un viejo. Raymond fue hasta la jaula y la abri&#243;. Ragnhild estaba como petrificada.

&#191;Puedo coger uno?

S&#237;, puedes elegir.

El peque&#241;o marr&#243;n -contest&#243; fascinada.

Ese es P&#229;san. El m&#225;s majo de todos.

Abri&#243; la jaula y sac&#243; al animalito. Era un gordito wedder de color caf&#233; con leche, con las orejas ca&#237;das. Agitaba en&#233;rgicamente las patas, pero al instalarse en los brazos de Ragnhild se tranquiliz&#243;. Por un instante la ni&#241;a permaneci&#243; muda. Notaba en sus manos los latidos del coraz&#243;n del animal y le toc&#243; cuidadosamente una oreja. Era como tener un trozo de terciopelo entre los dedos. El hocico, negro y h&#250;medo, brillaba como un caramelo de regaliz. Raymond estaba a su lado mir&#225;ndola. Ten&#237;a a una chica para &#233;l solo, y nadie los hab&#237;a visto.


La foto -indic&#243; Sejer-, con la descripci&#243;n personal, se enviar&#225; a los peri&#243;dicos. Si no hay contraorden se imprimir&#225;n esta noche.

Irene Album se desplom&#243; sobre la mesa sollozando. Los dem&#225;s se miraban las manos en silencio a la vez que observaban su temblorosa espalda. La mujer polic&#237;a estaba alerta con un pa&#241;uelo preparado. Karlsen movi&#243; su silla y miro el reloj.

&#191;Ragnhild tiene miedo a los perros? -quiso saber Sejer.

&#191;Por qu&#233; lo pregunta? -solloz&#243; la mujer.

Porque a veces, buscando a ni&#241;os con patrullas de perros, nos ha ocurrido que se esconden al o&#237;r a nuestros pastores alemanes.

No tiene miedo a los perros.

Sejer repet&#237;a esas palabras en su cabeza: No tiene miedo.

&#191;Y no ha logrado usted dar con su marido?

Est&#225; en Narvik de maniobras -susurr&#243;-. En alg&#250;n lugar de la planicie.

&#191;No utilizan el tel&#233;fono m&#243;vil?

Est&#225;n fuera de cobertura.

&#191;Y qui&#233;nes son los que han salido a buscarla?

Chicos del vecindario. Los que est&#225;n en casa durante el d&#237;a. Uno de ellos tiene tel&#233;fono m&#243;vil.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevan fuera?

La mujer mir&#243; el reloj de la pared.

M&#225;s de dos horas.

Ya no le temblaba la voz, ahora sonaba como drogada, casi ap&#225;tica, como si hablara medio dormida. &#201;l se inclin&#243; hacia delante y le habl&#243; tan lentamente y con tanta claridad como pudo.

Aquello que teme m&#225;s que nada, seguramente no ha sucedido. &#191;Lo entiende? Lo normal es que los ni&#241;os desaparezcan por tonter&#237;as. Es m&#225;s, continuamente desaparecen ni&#241;os precisamente porque son ni&#241;os. No tienen sentido del tiempo ni de la responsabilidad, y son tan condenadamente curiosos que persiguen cualquier capricho que se les mete en la cabeza. As&#237; son los ni&#241;os, y por eso desaparecen. Pero lo m&#225;s normal es que vuelvan a aparecer tan de repente como se fueron. A menudo sin ninguna explicaci&#243;n de d&#243;nde han estado y qu&#233; han hecho. Pero por regla general -Sejer respir&#243;- vuelven sanos y salvos.

&#161;S&#237;! -dijo la mujer mir&#225;ndolo fijamente-. &#161;Pero ella nunca hab&#237;a desaparecido antes!

Est&#225; creciendo y haci&#233;ndose mayor -insisti&#243; Sejer-. Cada vez se atreve a m&#225;s cosas.

Dios me ampare, pens&#243; inmediatamente, tengo respuesta para todo. Se levant&#243; de nuevo y marc&#243; otro n&#250;mero. Refren&#243; un impulso de volver a mirar el reloj, no ser&#237;a m&#225;s que otra advertencia de que el tiempo pasaba, y advertencias as&#237; no les hac&#237;an ninguna falta. Habl&#243; con la polic&#237;a, les hizo un resumen de la situaci&#243;n, les pidi&#243; que hablaran con la organizaci&#243;n Ayuda Popular Noruega, les dio las se&#241;as de la madre y les facilit&#243; una r&#225;pida descripci&#243;n de la ni&#241;a: vestida de rojo, pelo casi blanco, cochecito rosa de mu&#241;ecas. Pregunt&#243; si se hab&#237;a recibido alguna informaci&#243;n. No hab&#237;an recibido nada. Volvi&#243; a sentarse.

&#191;Ha mencionado o hablado Ragnhild &#250;ltimamente de alg&#250;n desconocido?

No.

&#191;Llevaba dinero? &#191;Puede haber ido a buscar una tienda de chucher&#237;as?

No, no llevaba dinero.

Este es un pueblo peque&#241;o -prosigui&#243; Sejer-. &#191;Alguna vez, mientras paseaba, su hija se ha subido en el coche de alg&#250;n vecino?

S&#237;, alguna vez. Hay unas cien casas en esta ladera, y ella conoce a casi todos. Tambi&#233;n conoce sus coches. A veces, Marthe y ella han bajado a la iglesia con sus cochecitos de mu&#241;ecas y luego han subido en el coche de alg&#250;n vecino.

&#191;Van a la iglesia por alguna raz&#243;n especial?

Hay un ni&#241;o enterrado en el cementerio, un ni&#241;o a quien las dos conoc&#237;an. Cogen flores para llevarlas a su tumba, y luego vuelven a subir a casa. Creo que les resulta muy emocionante.

&#191;Ha buscado usted alrededor de la iglesia?

Llam&#233; a las diez para preguntar por Ragnhild. Cuando Marthe me dijo que se hab&#237;a ido a las ocho, me met&#237; en el coche. Dej&#233; la puerta de casa abierta por si ella volv&#237;a mientras yo estaba fuera. Fui hasta la iglesia y luego a la gasolinera. All&#237; sal&#237; del coche y busqu&#233; por todas partes. Me pas&#233; por el taller mec&#225;nico y por detr&#225;s de la central lechera. Luego fui al colegio de los peque&#241;os y mir&#233; en el patio, porque all&#237; tienen toboganes y esas cosas. Despu&#233;s busqu&#233; en la guarder&#237;a. Ella ten&#237;a tantas ganas de ir

Solloz&#243; de nuevo. Los dem&#225;s segu&#237;an sentados en silencio, esperando. Ten&#237;a los ojos hinchados y arrugaba desesperadamente el vestido entre los dedos. Poco a poco dej&#243; de llorar y volvi&#243; a apoderarse de ella la apat&#237;a, un escudo que la manten&#237;a a salvo de las malas perspectivas.

Son&#243; el tel&#233;fono. Un repentino pitido de mal ag&#252;ero. La mujer dio un salto en el sof&#225;, dispuesta a cogerlo, pero vio la mano de Sejer como una se&#241;al de STOP en el aire. &#201;l descolg&#243;.

Hola, &#191;est&#225; Irene? -parec&#237;a la voz de un chico.

&#191;Con qui&#233;n hablo?

Thorbj&#248;rn Haugen. Estamos buscando a Ragnhild.

Est&#225;s hablando con la polic&#237;a. &#191;Tienes alguna noticia?

Hemos pasado por todas las casas de la ladera. Por todas. En muchas no hab&#237;a nadie, pero en Feltspatveien nos encontramos con una se&#241;ora que dijo que un coche grande hab&#237;a dado marcha atr&#225;s y la vuelta en su patio; ella vive en el n&#250;mero uno. Le pareci&#243; que era una especie de furgoneta. Y dentro del coche iba una ni&#241;a con chaqueta verde y el pelo muy blanco recogido en lo alto de la cabeza. Ragnhild va peinada as&#237; muchas veces.

Contin&#250;a.

El coche dio la vuelta en medio de la cuesta y volvi&#243; a bajar. Desapareci&#243; en la curva.

&#191;Te dijo la hora?

Las ocho y cuarto.

&#191;Puedes venir aqu&#237;?

Estamos llegando, vamos por la rotonda.

Colg&#243;. Irene Album segu&#237;a de pie.

&#191;Qui&#233;n era? -susurr&#243;-. &#191;Qu&#233; han dicho?

Alguien la ha visto -contest&#243; lentamente-. Montada en un coche.


Por fin son&#243; el grito. Fue como si el sonido se abriera paso entre el tupido bosque, provocando un suave movimiento en la cabeza de Ragnhild.

Tengo hambre -dijo la ni&#241;a de repente-. Quiero irme a casa.

Raymond levant&#243; la vista. P&#229;san se paseaba por la mesa de la cocina sorbiendo la maizena que hab&#237;an esparcido. Se hab&#237;an olvidado del tiempo y del espacio. Hab&#237;an dado de comer a todos los conejos, Raymond le hab&#237;a ense&#241;ado todas sus fotograf&#237;as, recortes de revistas cuidadosamente pegados en un gran &#225;lbum. Ragnhild se re&#237;a sin parar de la cara tan rara que ten&#237;a Raymond. En ese momento repar&#243; en que deb&#237;a de ser tarde.

Te dar&#233; una rebanada de pan con algo.

Quiero irme a casa, tenemos que hacer la compra.

Primero iremos a la colina y luego te llevar&#233; a casa.

&#161;Ahora! -insisti&#243; la ni&#241;a-. Quiero irme a casa ya.

Raymond mir&#243; desesperadamente a su alrededor en busca de alg&#250;n aplazamiento.

S&#237;, s&#237;, lo s&#233;. Pero primero tengo que ir a comprar leche para pap&#225;. Abajo, donde Horgen. No tardar&#233; mucho. Mientras tanto puedes esperar aqu&#237;, as&#237; tardar&#233; menos.

Raymond se levant&#243; y la mir&#243;. Mir&#243; esa carita iluminada con la boca en forma de coraz&#243;n que le recordaba a cierto caramelo. Ten&#237;a los ojos claros y azules y las cejas oscuras, una sorpresa bajo el blanco flequillo. Luego suspir&#243; con pesar, se levant&#243; y abri&#243; la puerta de la cocina. Raghnild quer&#237;a marcharse ya, pero no sab&#237;a el camino y tendr&#237;a que esperar. Fue hasta el peque&#241;o cuarto de estar con el conejo en brazos, y se acurruc&#243; en el rinc&#243;n del sof&#225;. Marthe y ella no hab&#237;an dormido mucho durante la noche, y con el animalito caliente junto al cuello le entr&#243; r&#225;pidamente el sue&#241;o. Al poco rato se le cerraron los ojos.

Hab&#237;a pasado un buen rato cuando &#233;l por fin volvi&#243;. Permaneci&#243; mucho tiempo sentado mir&#225;ndola, extra&#241;ado de lo silenciosamente que dorm&#237;a. Ni un movimiento, ni siquiera un peque&#241;o suspiro. A Raymond le pareci&#243; que la ni&#241;a hab&#237;a crecido un poco, que se hab&#237;a hinchado como un pan en el horno. Al cabo de un rato perdi&#243; la calma, no sab&#237;a qu&#233; hacer con las manos, de manera que se las meti&#243; en los bolsillos y empez&#243; a balancearse de lado a lado en el sill&#243;n. Le dio por frotar la tela del pantal&#243;n, mientras se balanceaba cada vez m&#225;s deprisa mirando preocupado por las ventanas y hacia el pasillo que conduc&#237;a al dormitorio de su padre. Sus manos trabajaban sin cesar, mientras miraba fijamente el pelo resplandeciente como la seda de Ragnhild, casi como la piel del conejo. Luego suspir&#243; en voz baja y se calm&#243;. Se levant&#243; y zarande&#243; suavemente a la ni&#241;a.

Ya podemos irnos. Deja que coja a P&#229;san.

Durante un instante, Ragnhild se quedo completamente aturdida. Se levant&#243; despacio y mir&#243; fijamente a Raymond. Luego fue tras &#233;l hasta la cocina y se puso el anorak. Sali&#243; de la casa y vio c&#243;mo met&#237;a al peque&#241;o animal marr&#243;n en la jaula. Su cochecito de mu&#241;ecas segu&#237;a en la parte de atr&#225;s de la furgoneta. Raymond parec&#237;a triste, pero la ayud&#243; a meterse en el coche. Luego se sent&#243; delante y meti&#243; la llave para arrancar, pero no ocurri&#243; nada.

No arranca -dijo Raymond irritado-. No lo entiendo. Ha funcionado hace un momento. &#161;Mierda de coche!

&#161;Tengo que irme a casa! -dijo Ragnhild en voz muy alta, como si eso ayudara a mejorar la situaci&#243;n. Raymond segu&#237;a dando vueltas a la llave y pisando el acelerador. Hab&#237;a corriente y el motor daba vueltas, pero todo quedaba en un quejido que no lograba arrancar.

Tendremos que ir andando.

&#161;Pero est&#225; muy lejos! -llorique&#243; la ni&#241;a.

No, no tanto. Estamos en la parte de atr&#225;s de la colina, casi en lo alto. Desde aqu&#237; se puede ver tu casa. Yo te llevar&#233; el cochecito.

Raymond se puso un anorak que hab&#237;a en el asiento delantero, volvi&#243; a salir de la furgoneta de un salto y le abri&#243; la puerta. Ragnhild llevaba la mu&#241;eca y &#233;l empujaba el cochecito, que iba dando peque&#241;os tumbos por el camino lleno de baches. Enseguida Ragnhild pudo ver la colina que se ergu&#237;a ante ellos, rodeada de oscuro bosque. De repente tuvieron que acercarse a toda prisa a la cuneta, mientras un coche los pasaba a gran velocidad, dejando tras de s&#237; una espesa nube de humo. Raymond conoc&#237;a bien el camino, pero no era muy r&#225;pido. Ragnhild pod&#237;a seguirlo sin problema. Al cabo de un rato el camino se hizo m&#225;s empinado, para acabar en un lugar donde los coches pod&#237;an dar la vuelta. El sendero que iba por la derecha de la colina era blando y bueno para andar. Las ovejas lo hab&#237;an ensanchado y estaba sembrado de excrementos que parec&#237;an perdigones. Ragnhild se divert&#237;a pis&#225;ndolos, estaban secos y enteros. Pasados unos minutos vieron algo relucir entre los &#225;rboles.

La laguna de la Serpiente -dijo Raymond.

La ni&#241;a se detuvo a su lado. Mir&#243; fijamente y vio las hojas de los lirios, y un peque&#241;o bote que estaba en la orilla boca abajo.

No te acerques al agua -dijo Raymond-. Es peligroso. Nadie puede ba&#241;arse aqu&#237;. Te hundes en la arena y desapareces. Arenas movedizas -a&#241;adi&#243; d&#225;ndose importancia. Ragnhild se estremeci&#243;. Sigui&#243; la orilla de la laguna con la mirada; era una continua l&#237;nea amarilla de juncos, excepto en un solo lugar, donde algo, que con un poco de benevolencia pod&#237;a llamarse playa, interrump&#237;a la l&#237;nea como un oscuro gui&#243;n. Los dos dirigieron sus miradas a ese punto. Raymond solt&#243; el cochecito y Ragnhild se meti&#243; un dedo en la boca.


Thorbj&#248;rn jugueteaba con el tel&#233;fono m&#243;vil. Ten&#237;a unos diecis&#233;is a&#241;os, y el pelo oscuro ligeramente ondulado en una media melena, recogido con un pa&#241;uelo de colores. Las puntas que sal&#237;an del nudo en la frente como dos plumas rojas le hac&#237;an parecer un rostro p&#225;lido. Evit&#243; la mirada de la madre de Ragnhild y opt&#243; por fijar la vista en Sejer, mientras se relam&#237;a los labios sin parar.

Lo que has averiguado es muy importante -dijo Sejer-. Por favor, escribe las se&#241;as aqu&#237;. &#191;Te acuerdas del nombre?

Helga Moen, en el n&#250;mero uno. Una casa gris con perrera.

Hablaba en susurros y anot&#243; las se&#241;as con may&#250;sculas en el bloc que le hab&#237;a alcanzado Sejer.

Estuvimos primero en la colina, volvimos a bajar, fuimos a la laguna de la Serpiente y echamos un vistazo en los senderos de por all&#237;. Tambi&#233;n dimos una vuelta por el embalse, la tienda de Horgen y la playa del Cura. Y por la iglesia. Al final visitamos un par de granjas en Bjerkerud y el Centro H&#237;pico. A Ragnhild le gustaban, eh, quiero decir, le gustan mucho los animales.

El lapsus le hizo sonrojarse. Sejer le dio una ligera palmadita en el hombro.

Si&#233;ntate Thorbj&#248;rn -exclam&#243; se&#241;alando el sof&#225;, donde hab&#237;a un sitio libre al lado de la se&#241;ora Album. Ella ya se encontraba en otra fase, trabajaba en&#233;rgicamente con la vertiginosa posibilidad de que Ragnhild tal vez no volviera jam&#225;s y ella, su madre, se viera obligada a vivir el resto de su vida sin aquella ni&#241;a de grandes ojos azules. Estos pensamientos le llegaban en peque&#241;os pinchazos que ella saboreaba cuidadosamente. Estaba r&#237;gida, como si una viga de acero le atravesara la espalda. La mujer polic&#237;a, que apenas hab&#237;a abierto la boca en el tiempo que llevaban all&#237;, se incorpor&#243; lentamente. Por primera vez se atrevi&#243; a hacer una sugerencia.

Se&#241;ora Album -dijo en voz baja-. D&#233;jeme preparar un poco de caf&#233;.

La mujer asinti&#243; d&#233;bilmente con la cabeza. Se levant&#243; y sigui&#243; a la polic&#237;a hasta la cocina. Se abri&#243; el grifo y se oy&#243; el tintineo de tazas. Sejer hizo una se&#241;a imperceptible a Karlsen con la cabeza en direcci&#243;n a la entrada, donde se pusieron a murmurar en voz muy baja. Thorbj&#248;rn apenas ve&#237;a la cabeza de Sejer y la punta negra y resplandeciente del zapato de Karlsen. En la penumbra pod&#237;an mirar sus relojes sin que nadie los viera. Los miraron y se hicieron se&#241;as. La desaparici&#243;n de Ragnhild ya iba en serio, habr&#237;a que poner en marcha el gran aparato. Sejer se rasc&#243; el codo a trav&#233;s de la tela de la camisa.

No soporto la idea de encontrarla en una cuneta.

Abri&#243; la puerta con el fin de respirar un poco de aire fresco. Y all&#237; estaba la ni&#241;a. Con su chandal verde, en el primer escal&#243;n y con una manita blanca en la barandilla.

&#191;Ragnhild? -pregunt&#243; sorprendido.


Una feliz media hora m&#225;s tarde, bajando en su coche por Skiferbakken, Sejer se pas&#243; contento los dedos por el pelo. Karlsen pens&#243; que su jefe, con el pelo reci&#233;n cortado, parec&#237;a un cepillo de acero, de esos que se emplean para quitar pintura vieja. Los pronunciados rasgos de su rostro parec&#237;an m&#225;s relajados de lo habitual. Al llegar a la mitad de la cuesta pasaron por la casa gris. Vieron la perrera y una cara en el cristal de la ventana. Si Helga Moen estaba esperando una visita de la polic&#237;a, iba a llevarse una gran decepci&#243;n. Ragnhild estaba sentada sobre las rodillas de su madre con un gran bocadillo en la mano.

Ese momento en que la ni&#241;a hab&#237;a entrado tranquilamente en el cuarto de estar se hab&#237;a quedado grabado en la memoria de los dos hombres. La madre, al o&#237;r la fina voz de la peque&#241;a, sali&#243; disparada de la cocina y se lanz&#243; encima de su hija, r&#225;pida como una fiera que agarra a su presa y no la suelta por nada del mundo. Ragnhild estaba como dentro de una trampa de zorros. Los delgados brazos y piernas y el escaso pelo blanco se ve&#237;an dispersos entre los s&#243;lidos brazos de su madre. Y as&#237; se quedaron. De ninguna de ellas sal&#237;a ni un sonido, ni un sollozo.Thorbj&#248;rn segu&#237;a jugueteando con el tel&#233;fono m&#243;vil, la mujer polic&#237;a hac&#237;a ruido con las tazas y Karlsen se retorc&#237;a el bigote una y otra vez, mientras una feliz sonrisa se dibujaba en su rostro. La habitaci&#243;n se ilumin&#243;, como si el sol penetrara de repente por la ventana. Y luego lleg&#243; por fin una mezcla de risas y sollozos:

&#161;eres una ni&#241;a mal&#237;sima!

He estado pensando -dijo Sejer carraspeando-, en tomarme una semana de vacaciones. Todav&#237;a me quedan algunos d&#237;as.

Karlsen se balance&#243; al pasar por un bad&#233;n.

&#191;Para qu&#233; quieres una semana de vacaciones? &#191;Para hacer paracaidismo en Florida?

Hab&#237;a pensado bajar a la caba&#241;a.

Est&#225; en Brevik, &#191;no?

En la isla de Sand.

Se internaron en la carretera nacional y aceleraron.

Yo tendr&#233; que ir a Legolandia este a&#241;o -murmur&#243; Karlsen-. Ya no me libro. La ni&#241;a se est&#225; poniendo muy pesada.

Lo dices como si fuera un castigo -replic&#243; Sejer-. Legolandia es una maravilla. Volver&#225;s de all&#237; cargado de cajas de Lego y completamente contagiado por el virus. &#161;An&#237;mate! &#161;No te arrepentir&#225;s!

&#191;As&#237; que has estado all&#237;?

S&#237;, con Matteus. &#191;Sabes que han hecho una estatua del indio Sitting Bull exclusivamente con piezas de Lego? Un mill&#243;n cuatrocientas mil piezas de Lego de colores muy especiales. Es incre&#237;ble.

Se call&#243;, divis&#243; la iglesia a la izquierda, una peque&#241;a iglesia de madera pintada de blanco, algo separada de la carretera, entre campos amarillos y verdes, rodeados de frondosos &#225;rboles. Una hermosa iglesia, pens&#243;; en un cementerio as&#237; deber&#237;a haber enterrado a su mujer aunque hubiera estado m&#225;s lejos para ir a visitarla. Ya era demasiado tarde, claro. Hac&#237;a m&#225;s de ocho a&#241;os que hab&#237;a muerto, y estaba enterrada en el cementerio del centro de la ciudad, justo al lado de la calle principal, la m&#225;s transitada, rodeada de humos y ruido.

&#191;Crees que la ni&#241;a estaba bien?

Eso parec&#237;a. He dicho a la madre que me llame cuando pase un rato. Supongo que la peque&#241;a empezar&#225; a hablar. Seis horas -a&#241;adi&#243; meditabundo- son much&#237;simas horas. Ese t&#237;o extra&#241;o debe de tener mucho encanto.

Al menos parece que tiene carn&#233; de conducir; en ese caso no puede tener la cabeza completamente hueca.

Eso no lo sabemos, &#191;no? Si tiene carn&#233;, quiero decir.

Maldita sea, tienes raz&#243;n -tuvo que reconocer Karlsen. De repente fren&#243; y se meti&#243; en la gasolinera de lo que llamaban el centro, donde hab&#237;a una oficina de correos, banco, peluquer&#237;a y gasolina. En la tienda Kiwi hab&#237;a un cartel pegado al cristal del escaparate que dec&#237;a Venta de medicinas. El peluquero tentaba con una nueva cabina de rayos UVA.

Tengo que comprarme una tableta de chocolate. &#191;Vienes?

Entraron. Sejer compr&#243; un peri&#243;dico y una tableta de chocolate. Mir&#243; por la ventana hacia el fiordo.

Perdone -dijo la chica desde detr&#225;s del mostrador-. No le habr&#225; pasado nada a Ragnhild, &#191;verdad?

&#191;La conoces? -pregunt&#243; Sejer mientras pon&#237;a el dinero sobre el mostrador.

No en persona, pero s&#233; quienes son. Su madre vino busc&#225;ndola por aqu&#237; esta ma&#241;ana.

Ragnhild est&#225; bien. Ya est&#225; en casa.

La chica sonri&#243; aliviada y le puso el cambio en la mano.

&#191;Eres de aqu&#237;? -pregunt&#243; Sejer-. &#191;Conoces a todos los que viven aqu&#237;?

Supongo que s&#237;. No somos muchos.

Si te pregunto por un hombre un tanto especial, tal vez, que conduce una furgoneta, una furgoneta fea y sucia, &#191;te dice algo?

Suena a Raymond -dijo la chica-. Raymond L&#229;ke.

&#191;Qu&#233; sabes de &#233;l?

Trabaja en el Centro Laboral. Vive en una caba&#241;a en la parte de atr&#225;s de la colina con su padre. Raymond es mong&#243;lico. Unos treinta a&#241;os, muy buena persona. Por cierto, su padre llevaba antes esta gasolinera. Antes de jubilarse.

&#191;Raymond tiene carn&#233;?

No, pero conduce de todos modos. El coche es de su padre, Est&#225; en cama, y ya no controla mucho lo que hace Raymond. El comisario lo sabe y lo pilla de vez en cuando, pero no sirve de mucho. Es muy raro, Raymond, s&#243;lo conduce en segunda. &#191;Se hab&#237;a llevado &#233;l a Ragnhild?

S&#237;.

Entonces no habr&#237;a podido estar mejor cuidada -sonri&#243; la joven-. Raymond se detendr&#237;a en la carretera para dejar cruzar a una mariquita.

Sus sonrisas se ensancharon a&#250;n m&#225;s y salieron de la gasolinera. Karlsen dio un mordisco a la tableta de chocolate y mir&#243; a su alrededor.

Est&#225; bien este sitio -dijo masticando.

Sejer, que hab&#237;a comprado una tableta de chocolate de mazap&#225;n, contempl&#243; a su vez el paisaje.

Ese fiordo es profundo, m&#225;s de trescientos metros. La temperatura del agua no pasa nunca de diecisiete grados.

&#191;Conoces a alguien de aqu&#237;?

Yo no, pero mi hija Ingrid s&#237;. Ha hecho una especie de marcha por aqu&#237;. Suelen organizar&#237;as en oto&#241;o. Familiar&#237;zate con tu pueblo, o algo as&#237;. A ella le encantan esas cosas.

Hizo una tira con el papel de plata y se la meti&#243; en el bolsillo de la camisa.

&#191;Crees que los mong&#243;licos pueden llegar a ser buenos conductores?

Ni idea -contest&#243; Karlsen-. En realidad no les pasa nada, excepto que les sobra un cromosoma. Seg&#250;n tengo entendido, su mayor problema es que necesitan m&#225;s tiempo para aprender las cosas que el resto de las personas. Adem&#225;s, tienen el coraz&#243;n d&#233;bil. No llegan a muy mayores. Y tambi&#233;n les pasa algo en las manos.

&#191;El qu&#233;?

Creo que les falta un surco en la palma de la mano, o algo parecido.

Sejer lo mir&#243; asombrado.

Lo que est&#225; claro es que Ragnhild se ha dejado encantar.

Karlsen sac&#243; un pa&#241;uelo del bolsillo y se limpi&#243; el chocolate de las comisuras de los labios.

Me cri&#233; con un chico as&#237; cuando era peque&#241;o. Lo llam&#225;bamos Gunnar el Loco. Pens&#225;ndolo bien, cre&#237;amos que ven&#237;a de otro mundo. Ha muerto ya. No pas&#243; de los treinta y cinco a&#241;os.

Se metieron en el coche y prosiguieron su camino. Sejer estaba preparando un peque&#241;o discurso para el jefe de la secci&#243;n al volver a la comisar&#237;a. De pronto ten&#237;a mucho inter&#233;s en conseguir unos d&#237;as libres para ir a la caba&#241;a. Estar&#237;a muy bien, los pron&#243;sticos del tiempo eran prometedores, y el regreso a casa de la ni&#241;a le hab&#237;a puesto de buen humor. Miraba fijamente los campos y los prados cuando de repente se dio cuenta de que iban muy despacio. Descubri&#243; un tractor delante de ellos en la carretera, un John Deere verde con llantas amarillas que iba a paso de tortuga. No pod&#237;an adelantarlo, porque cada vez que llegaban a un tramo recto resultaba ser demasiado corto. El campesino, que llevaba gorra de jardinero y tapones en los o&#237;dos, parec&#237;a el tronco de un &#225;rbol, que creciera directamente del tractor. Karlsen redujo la velocidad suspirando.

Lleva coles de Bruselas. &#191;Por qu&#233; no sacas la mano y robas una caja? Podr&#237;amos hacerlas en la cocina de la cantina.

Ahora vamos m&#225;s o menos a la velocidad de Raymond -murmur&#243; Sejer-, pase&#225;ndonos por la vida en segunda. Pues s&#237;, no estar&#237;a mal, chico.

Apoy&#243; su cabeza cana en el reposacabezas y cerr&#243; los ojos.


Despu&#233;s del silencio del campo, la ciudad parec&#237;a un sucio caos y un hervidero de gente y coches. El grueso del tr&#225;fico segu&#237;a pasando por el centro. Los concejales del Ayuntamiento luchaban tenazmente a favor de ese t&#250;nel que estaba listo en la mesa de dibujo, mientras cada vez m&#225;s grupos se levantaban en contra con argumentos de m&#225;s o menos peso, como lo feas que resultar&#237;an las tuber&#237;as extractoras de humos en el paisaje en torno al r&#237;o, los ruidos y la contaminaci&#243;n durante las obras de construcci&#243;n, y finalmente, aunque no menos importante, el precio.

Sejer contemplaba la calle desde el despacho del jefe. Acababa de exponerle su petici&#243;n y esperaba la respuesta. Estaba claro. A Holthemann no se le ocurrir&#237;a negarle nada a Sejer, pero ten&#237;a sus principios.

&#191;Has mirado las listas de guardias? &#191;Has hablado con los dem&#225;s?

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

Soot har&#225; dos guardias con Siven. Espero que ella lo trate con mano dura.

Entonces no veo ninguna raz&#243;n para no

Son&#243; el tel&#233;fono. Dos breves pitidos, como de un p&#225;jaro hambriento. Sejer no era religioso, pero rez&#243; una oraci&#243;n, seguramente a la Providencia, pidiendo que no se tratara de algo que le robara las vacaciones delante de sus narices.

&#191;Si Konrad est&#225; en mi despacho?

Holthemann asinti&#243; con la cabeza.

Pues s&#237;, aqu&#237; est&#225;. P&#225;samela.

Tir&#243; del cable y alcanz&#243; el auricular a Sejer. Este lo cogi&#243;, pensando que tal vez se tratara de Ingrid que quer&#237;a decirle algo; no era cuesti&#243;n de anticiparse a los problemas. Pero era la se&#241;ora Album.

&#191;Ragnhild sigue bien? -pregunt&#243; r&#225;pidamente.

S&#237;, est&#225; bien. Est&#225; perfectamente. Pero al quedarnos solas me cont&#243; algo muy extra&#241;o. He pensado que deb&#237;a llamar y dec&#237;rselo. Me sonaba muy raro, y ella no suele inventarse cosas, al menos no ese tipo de cosas, de manera que le llamo por si acaso. As&#237; al menos se lo he dicho a alguien.

&#191;De qu&#233; se trata?

Ese hombre con quien estuvo, ya sabe, la acompa&#241;&#243; a casa. Por cierto, se llama Raymond, la ni&#241;a se acord&#243; del nombre m&#225;s tarde. Subieron por la parte de atr&#225;s de la colina y pasaron por la laguna de la Serpiente, donde se detuvieron un rato.

&#191;Y bien?

Ragnhild dice que hay una se&#241;ora tumbada en ese sitio.

Sejer parpade&#243; sorprendido.

&#191;Qu&#233; dice?

Que hay una mujer en el suelo junto a la laguna de la Serpiente. Inm&#243;vil y desnuda.

La voz sonaba preocupada e inc&#243;moda a la vez.

&#191;Y usted la cree?

S&#237;, la creo. &#191;Se inventar&#237;a una ni&#241;a algo as&#237;? Pero no me atrevo a subir hasta all&#237; sola, y tampoco quiero llevarme a Ragnhild.

Me ocupare de que alguien lo compruebe. No hable a nadie de esto. Ya tendr&#225; noticias nuestras.

Colg&#243;, y volvi&#243; a cerrar la caba&#241;a, que ya hab&#237;a abierto en su mente. El olor a mar y a peces reci&#233;n pescados se desvaneci&#243; r&#225;pidamente. Sonri&#243; con resignaci&#243;n a Holthemann.

Oye, hay algo que tengo que arreglar primero.


Karlsen estaba patrullando en el &#250;nico coche de servicio que ten&#237;an a su disposici&#243;n aquel d&#237;a, y que deb&#237;a prestar servicio a toda la ciudad, de manera que en lugar de a Karlsen, Sejer se llev&#243; a Skarre, un sargento joven de pelo rizado, de m&#225;s o menos la mitad de a&#241;os que &#233;l. Skarre era un tipo alegre, de buen humor y optimista, con restos de un dialecto del sur que se acentuaba conforme se le aceleraban las pulsaciones. Volvieron a aparcar junto al buz&#243;n de Granittveien y hablaron un rato con Irene Album. Ragnhild se agarraba a su vestido como una lapa. Era evidente que en su blanca cabecita hab&#237;an entrado algunas amonestaciones. La madre se&#241;alaba y explicaba, dijo que deber&#237;an seguir un sendero marcado que sub&#237;a desde el bosque frente a la casa de la izquierda y pasaba por la colina. Dos hombres &#225;giles como ellos tardar&#237;an unos veinte minutos en subir, calcul&#243;.

Los troncos de los abetos estaban se&#241;alados con flechas azules. Miraban con escepticismo los excrementos de las ovejas y pisaban de vez en cuando el brezo, pero sin aflojar nunca el paso. El sendero era cada vez m&#225;s empinado. Skarre jadeaba, Sejer andaba ligero y sin esfuerzo. Se detuvo una vez, se volvi&#243; y mir&#243; hacia abajo, a la urbanizaci&#243;n. Desde all&#237; no ve&#237;an m&#225;s que tejados de color rosa, marr&#243;n y negro a lo lejos. Continuaron y dejaron de hablar, en parte porque necesitaban la respiraci&#243;n para levantar las piernas y en parte debido a lo que tem&#237;an encontrar. El bosque era por all&#237; tan tupido que andaban en penumbras. Sejer ten&#237;a la mirada fija en el sendero, no por miedo a tropezarse con algo, sino para ir buscando. Si realmente hubiera ocurrido algo all&#237; arriba, ser&#237;a importante no perderse ni un detalle. Llevaban andando exactamente diecisiete minutos cuando el bosque se abri&#243; delante de ellos, dejando que la luz del d&#237;a penetrara en &#233;l. Ya pod&#237;an ver la laguna. Una laguna tan quieta que parec&#237;a un espejo, no mucho m&#225;s grande que un charco. Estaba entre los abetos como una c&#225;mara secreta. Por un momento dejaron que sus miradas se pasearan velozmente por el paisaje siguiendo la l&#237;nea amarilla de los juncos, y un poco m&#225;s a lo lejos divisaron algo parecido a una playa. Continuaron andando a cierta distancia del agua, porque la l&#237;nea de juncos era bastante ancha, y llevaban zapatos normales. Dif&#237;cilmente se podr&#237;a llamar playa a eso. Era m&#225;s bien una peque&#241;a zona fangosa con cuatro o cinco piedras grandes, lo justo para mantener alejados los juncos. Tal vez fuera el &#250;nico lugar por donde se pod&#237;a llegar hasta la misma orilla del agua. En el fango yac&#237;a una mujer. Estaba echada de lado y de espaldas a ellos, con el torso cubierto por un oscuro anorak como &#250;nica prenda. En un mont&#243;n a su lado hab&#237;a ropa azul y blanca. Sejer se detuvo en seco, y cogi&#243; autom&#225;ticamente el tel&#233;fono m&#243;vil que llevaba colgado del cintur&#243;n. Luego cambi&#243; de idea. Sali&#243; del sendero y se acerc&#243; con cuidado a la mujer, mientras o&#237;a c&#243;mo gorgoteaban sus zapatos.

Qu&#233;date ah&#237; -dijo en voz baja.

Skarre obedeci&#243;. Sejer lleg&#243; hasta la laguna. Puso el pie sobre una piedra dentro del agua con el fin de ver a la mujer de frente. No quer&#237;a tocar nada, a&#250;n no. La mujer ten&#237;a los ojos algo hundidos, medio abiertos y fijos en un punto dentro de la laguna. La retina hab&#237;a perdido el brillo y estaba arrugada, y las pupilas agrandadas y ya no del todo redondas. Ten&#237;a la boca abierta y sobre la nariz hab&#237;a una especie de espuma blanquecina, como si la mujer hubiera arrojado algo del est&#243;mago. Sejer se agach&#243; y sopl&#243; la espuma, pero no se mov&#237;a. El rostro de la muerta estaba a s&#243;lo unos cent&#237;metros del agua. Puso dos dedos sobre la arteria del cuello de la mujer. Hab&#237;a perdido toda su elasticidad, pero no estaba tan fr&#237;a como &#233;l se hab&#237;a imaginado.

Se ha ido -dijo.

En los l&#243;bulos de las orejas y por el cuello descubri&#243; unas tenues manchas de color morado. La piel de las piernas era &#225;spera pero sin defectos. Sejer volvi&#243; por el mismo sitio. Skarre estaba esper&#225;ndole algo desconcertado, con las manos en los bolsillos. Ten&#237;a much&#237;simo miedo a cometer alg&#250;n error.

Completamente desnuda debajo del anorak. Ninguna lesi&#243;n externa visible. Dieciocho, tal vez veinte a&#241;os.

Luego llam&#243; por tel&#233;fono para pedir una ambulancia, un m&#233;dico forense, fot&#243;grafo y personal t&#233;cnico. Les explic&#243; el camino, el que sub&#237;a por la parte de atr&#225;s de la colina y por el que se pod&#237;a ir en coche. Les pidi&#243; que se detuvieran a cierta distancia con el fin de no estropear posibles huellas de alg&#250;n veh&#237;culo. Mir&#243; a su alrededor en busca de un sitio para sentarse y eligi&#243; la piedra m&#225;s plana. Skarre se dej&#243; caer a su lado. Miraron en silencio las piernas blancas de la mujer, su media melena rubia y lisa. Estaba de lado, casi en postura fetal, con los brazos sobre el pecho y las rodillas encogidas. El anorak yac&#237;a suelto sobre el torso, y le llegaba hasta la mitad de los muslos. Estaba limpio y seco. El resto de la ropa, mojada y sucia, estaba en un mont&#243;n a su espalda: Unos vaqueros con cintur&#243;n, camisa de cuadros azules y blancos, sujetador, sudadera azul marino y zapatillas marca Reebok.

&#191;Qu&#233; es eso que tiene en la boca? -murmur&#243; Skarre!

Espuma.

&#191;Espuma? &#191;Pero c&#243;mo? &#191;De qu&#233;?

Espero averiguarlo todo poco a poco.

Skarre movi&#243; la cabeza de un lado para otro.

Da la impresi&#243;n de que se hubiera echado a dormir dando la espalda al mundo.

Pero uno no se desnuda para suicidarse, &#191;no?

Sejer no contest&#243;. Volvi&#243; a mirarla: un cuerpo blanco junto a la laguna negra, rodeada de oscuros abetos. La escena no ofrec&#237;a nada de violento, m&#225;s bien resultaba pac&#237;fica. Esperaron.


Seis hombres salieron andando del bosque. El ruido de sus voces se extingui&#243; con un par de toses d&#233;biles al percatarse de la presencia de los dos hombres sentados junto al agua. Al instante vieron a la mujer muerta. Sejer se levant&#243; y los salud&#243; con la mano.

Manteneos en la orilla -les grit&#243;.

Obedecieron. Todo el mundo conoc&#237;a el flequillo canoso de Sejer. Uno de ellos midi&#243; el terreno con mirada experimentada y pis&#243; con fuerza el suelo, que era relativamente firme donde se encontraba, murmurando algo de escasas lluvias. El fot&#243;grafo iba delante. No se qued&#243; mirando a la muerta, sino que ech&#243; un vistazo al cielo, como queriendo comprobar las condiciones de luz del lugar.

Saca fotos de ambos lados -le dijo Sejer-, y procura que se vea la vegetaci&#243;n. Me temo que luego tendr&#225;s que meterte en el agua, quiero que le saques fotos de frente sin moverla. Cuando hayas hecho la mitad del carrete, le quitaremos el anorak.

Estas lagunas no suelen tener fondo -dijo el fot&#243;grafo con escepticismo.

Sabr&#225;s nadar, &#191;no?

Hubo un silencio.

Hay una barca all&#237;. Podemos cogerla.

&#191;Ese cacharro de fondo plano? Tiene pinta de estar completamente podrido.

Ya veremos -contest&#243; Sejer,

Mientras el fot&#243;grafo trabajaba, los dem&#225;s esperaban quietos, pero uno de los t&#233;cnicos se manten&#237;a a cierta distancia examinando el terreno, que result&#243; estar totalmente limpio de basura. Era un lugar muy id&#237;lico, y esos sitios sol&#237;an estar rebosantes de corchos, colillas y papel de tabletas de chocolate. No encontraron absolutamente nada.

Incre&#237;ble -dijo-. Ni una cerilla quemada.

El t&#237;o habr&#225; limpiado antes de marcharse -dijo Sejer.

Tiene m&#225;s bien pinta de un suicidio, &#191;no te parece?

Est&#225; completamente desnuda -replic&#243;.

S&#237;, pero de eso se ha ocupado ella, creo yo. Esa ropa no le ha sido arrancada violentamente, eso es seguro.

Est&#225; llena de barro.

Tal vez por eso se la quit&#243; -sonri&#243; el otro-. Adem&#225;s, ha vomitado. Comer&#237;a algo que no le sentar&#237;a bien.

Sejer se trag&#243; una incipiente respuesta y mir&#243; a la mujer. Comprendi&#243; la l&#243;gica del otro, a pesar de todo. Realmente parec&#237;a que se hubiera tumbado por voluntad propia, y la ropa estaba colocada ordenadamente, no tirada de cualquier manera. Las prendas ten&#237;an barro, pero parec&#237;an enteras. S&#243;lo el anorak que le cubr&#237;a la parte superior del cuerpo estaba limpio y seco. Clav&#243; la mirada en el fango y descubri&#243; algo que parec&#237;a las huellas de un zapato.

Mira esto -dijo al t&#233;cnico.

El hombre con el mono se puso en cuclillas y midi&#243; varias veces las huellas.

Es imposible. Est&#225;n llenas de agua.

&#191;No te sirven para nada?

Seguramente no.

Miraron con los ojos entornados las formas ovaladas llenas de agua.

Hazles fotos de todos modos. Parecen peque&#241;as. Tal vez se trate de una persona con el pie peque&#241;o.

Unos treinta y siete cent&#237;metros. No exactamente un pie de gigante. Podr&#237;a ser el de ella.

El fot&#243;grafo hizo varias fotos de las huellas. Luego se qued&#243; meci&#233;ndose en la vieja barca. No hab&#237;an encontrado los remos, y por eso ten&#237;a que remar constantemente con la mano para mantenerse en buena posici&#243;n. Cada vez que la barca se mov&#237;a se inclinaba peligrosamente.

&#161;Est&#225; entrando agua! -grit&#243; preocupado.

&#161;Tranquilo! &#161;Aqu&#237; tienes un cuerpo entero de salvamento! -contest&#243; Sejer.

Cuando por fin el fot&#243;grafo hubo terminado, hab&#237;a hecho m&#225;s de cincuenta fotos. Sejer baj&#243; de la barca, dej&#243; los zapatos y los calcetines sobre una piedra, se remang&#243; los pantalones y se meti&#243; en el agua. Se encontraba a un metro de la cabeza de la mujer y vio que llevaba un colgante alrededor del cuello. Lo levant&#243; cuidadosamente con una pluma que llevaba en el bolsillo.

Un medall&#243;n -dijo en voz baja-. Seguramente es de plata. Pone algo. Una H y una M. Prep&#225;rame una bolsa.

Se inclin&#243; y desengach&#243; la cadena, luego quit&#243; el anorak.

Tiene la nuca roja -dijo-. Una piel inusualmente blanca, pero con la nuca muy roja. Una mancha fea, del tama&#241;o de una mano.

El m&#233;dico forense, Snorrason, llevaba botas de goma. Se meti&#243; en el agua y examin&#243; uno por uno los globos oculares, los dientes, las u&#241;as. Tom&#243; nota de la piel perfecta y las manchas ligeramente rojas; hab&#237;a varias, como casualmente dispersas por el cuello y por el pecho. Capt&#243; cada detalle, las piernas largas, la ausencia de lunares, algo m&#225;s bien raro, y no encontr&#243; m&#225;s que una peque&#241;a petequia en el hombro derecho. Toc&#243; cuidadosamente con una esp&#225;tula de madera la espuma que hab&#237;a junto a la boca de la mujer. Era compacta y firme.

&#191;Qu&#233; es eso? -pregunt&#243; Sejer se&#241;alando la boca de la joven.

En principio dir&#237;a que se trata de un l&#237;quido de los pulmones, un l&#237;quido que contiene prote&#237;nas.

&#191;Lo cual significa?

Ahogamiento. Pero tambi&#233;n puede significar otras cosas.

Tom&#243; una muestra de esa espuma raspando. Al cabo de un rato volvi&#243; a salirle m&#225;s.

Le fallaron los pulmones -explic&#243; el forense.

Sejer apret&#243; la boca mientras contemplaba el fen&#243;meno.

El fot&#243;grafo sac&#243; m&#225;s fotos de la mujer, esta vez sin el anorak.

Ya podemos moverla -dijo Snorrason tumb&#225;ndola cuidadosamente boca abajo-. Un incipiente y ligero rigor, sobre todo en la nuca. Una mujer grande, bien hecha y en buen estado. Hombros anchos. Buena musculatura en brazos, muslos y pantorrillas. Tal vez deportista.

&#191;Ves alguna se&#241;al de violencia?

El m&#233;dico examin&#243; de cerca la espalda y la parte posterior de las piernas.

Excepto el rubor de la nuca, no. Alguien puede haberla agarrado fuertemente por la nuca y empujado de bruces al agua. Obviamente cuando a&#250;n estaba vestida. Y luego la han sacado del agua, la han desnudado escrupulosamente, la han tumbado y la han tapado con el anorak.

&#191;Alguna se&#241;al de abusos sexuales?

A&#250;n no lo s&#233;.

Se puso a tomarle la temperatura, imperturbable en medio de todo el mundo, y luego contempl&#243; pensativo el resultado.

Treinta grados. Teniendo en cuenta las escasas livideces cadav&#233;ricas, y s&#243;lo un ligero rigor de nuca, fijar&#237;a el momento de la muerte dentro de un l&#237;mite de unas diez o doce horas.

No -replic&#243; Sejer-. No si &#233;ste es el lugar donde muri&#243;.

&#191;Vas a ocuparte de mi trabajo?

Sejer neg&#243; con la cabeza.

Se ha llevado a cabo una operaci&#243;n de b&#250;squeda por aqu&#237; esta ma&#241;ana. Un grupo de hombres con perro ha estado buscando junto a esta laguna a una ni&#241;a que hab&#237;a desaparecido. Tuvieron que pasar por aqu&#237; entre las doce y las dos. No estaba entonces. La habr&#237;an visto. Por cierto -a&#241;adi&#243;-, la ni&#241;a ha aparecido.

Mir&#243; a su alrededor, contemplando con los ojos entornados el fango. Un peque&#241;o puntito luminoso capt&#243; su atenci&#243;n. Lo cogi&#243; cuidadosamente.

&#191;Qu&#233; es esto? -dijo.

Snorrason mir&#243; lo que Sejer ten&#237;a en la mano.

Una pastilla o pildora de alguna clase.

Tal vez encuentres el resto en su est&#243;mago.

Es muy posible. Pero por aqu&#237; no veo ning&#250;n frasco.

Quiz&#225; la llevara suelta en el bolsillo.

En ese caso encontraremos polvo en sus vaqueros. M&#233;tela en la bolsa.

&#191;Puedes reconocerla as&#237; sin m&#225;s?

Podr&#237;a ser cualquier cosa. Pero las pastillas m&#225;s peque&#241;as son a menudo las m&#225;s fuertes. Lo averiguar&#225;n en el laboratorio.

Sejer hizo una se&#241;a a los hombres de la camilla y se qued&#243; mir&#225;ndolos con los brazos cruzados. Por primera vez en mucho rato levant&#243; la vista y mir&#243; hacia arriba. El cielo estaba p&#225;lido y los puntiagudos abetos rodeaban la laguna como espadas levantadas. Claro que lo averiguar&#237;an. Se lo prometi&#243; a s&#237; mismo. Averiguar&#237;an todo lo sucedido.


Jacob Skarre, nacido y criado en Sogne, esa risue&#241;a regi&#243;n del sur, acababa de cumplir los veinticinco a&#241;os. Hab&#237;a visto a muchas mujeres desnudas, pero nunca a ninguna tan desnuda como a esa chica junto a la laguna. Se le ocurri&#243; en ese momento, sentado en el coche al lado de Sejer, que esa muerte le hab&#237;a impresionado m&#225;s que ninguna de las que hab&#237;a visto hasta entonces. Tal vez porque yac&#237;a como si quisiera ocultar su propia desnudez, de espaldas al sendero, con la cabeza agachada y las rodillas encogidas. Pero la hab&#237;an encontrado a pesar de todo, y vieron su desnudez. Le dieron la vuelta una y otra vez, le levantaron los labios y le examinaron los dientes, miraron sus p&#225;rpados por dentro. Le tomaron la temperatura mientras se encontraba boca abajo con las piernas separadas. Como a una yegua en una subasta.

Seguramente era bastante guapa, &#191;verdad? -exclam&#243; Skarre estremecido.

Sejer no contest&#243;. Pero se alegr&#243; de la observaci&#243;n. Hab&#237;a encontrado a otras j&#243;venes y hab&#237;a o&#237;do otros comentarios. Siguieron un rato en silencio con las miradas clavadas en la carretera, pero en un punto m&#225;s all&#225; ve&#237;an siempre ese cuerpo desnudo. La columna vertebral pronunciada, las plantas de los pies con la piel ligeramente enrojecida, las piernas con pelos rubios, la ve&#237;an flotando por encima del asfalto como un espejismo. Sejer tuvo una extra&#241;a sensaci&#243;n. Eso no se parec&#237;a a nada de lo que hab&#237;a visto antes.

&#191;Est&#225;s de guardia esta noche?

Skarre carraspe&#243;.

S&#243;lo hasta las doce. Le hago un par de horas a Ringstad. Por cierto, me dijeron que estabas pensando en tomarte una semana de vacaciones. Ahora te las fastidiar&#225;n, &#191;no?

As&#237; parece.

En realidad, se hab&#237;a olvidado de ello.


En la mesa, delante de &#233;l, ten&#237;a la lista de personas desaparecidas.

Conten&#237;a s&#243;lo cuatro nombres, dos de los cuales eran de hombres, y las dos mujeres hab&#237;an nacido antes de 1960, por lo que no pod&#237;a tratarse de la mujer hallada junto a la laguna de la Serpiente. Una hab&#237;a desaparecido del Hospital Central, secci&#243;n de psiquiatr&#237;a; la otra de una residencia de ancianos del municipio vecino. Altura: 1,55 cent&#237;metros, peso: 45 kilos. Pelo blanco.

Eran las seis de la tarde, y a&#250;n podr&#237;an pasar un par de horas antes de que alguna alma preocupada diera el paso de notificar la desaparici&#243;n a la polic&#237;a. Habr&#237;a que esperar a las fotos y al informe de la autopsia, de manera que &#233;l no pod&#237;a hacer gran cosa. Al menos hasta que conocieran la identidad de la mujer. Cogi&#243; la chaqueta de cuero del respaldo de la silla y baj&#243; en el ascensor a la planta baja. Hizo una elegante inclinaci&#243;n ante la se&#241;ora Brenningen en la recepci&#243;n, y record&#243; en ese instante que ella, de hecho, era viuda, y que tal vez llevara una vida parecida a la suya. Era guapa, rubia como Elise, pero m&#225;s rellenita. Se dirigi&#243; al aparcamiento en busca de su coche particular, un viejo Peugeot 604, color azul hielo. En su interior ve&#237;a la cara de la muerta, sana y redonda, sin maquillaje. La ropa era buena y s&#243;lida. El pelo rubio y liso, bien cuidado, las zapatillas de deporte caras. En la mu&#241;eca llevaba un valioso reloj Seiko. Se trataba de una mujer de vida decente, que proced&#237;a de un hogar ordenado y estructurado. Hab&#237;a encontrado a otras mujeres cuyos rostros revelaban claramente otro estilo de vida. Y sin embargo, se hab&#237;a llevado alguna que otra sorpresa. A&#250;n no se sab&#237;a si esa joven estaba llena de alcohol o droga, o de alguna otra miseria. Todo era posible, las cosas no eran siempre lo que aparentaban ser. Cruz&#243; lentamente la ciudad, pasando por la plaza y por el parque de bomberos. Skarre hab&#237;a prometido llamarle en cuanto alguien notificara la desaparici&#243;n de la joven. En el medall&#243;n llevaba grabadas las letras H.M. Helene, pens&#243;, o tal vez Hilde. No pasar&#237;a mucho tiempo antes de que alguien llamara. Esa chica hab&#237;a sido de las que acud&#237;an puntualmente, de las que llevaban una vida ordenada.

Al meter la llave en la cerradura oy&#243; el golpe seco del perro que baj&#243; de un salto del sill&#243;n prohibido. Sejer viv&#237;a en un bloque, el &#250;nico de la ciudad que ten&#237;a trece plantas, raz&#243;n por la cual resultaba bastante rid&#237;culo en el paisaje. Como un monolito conmemorativo que hab&#237;a crecido demasiado, se ergu&#237;a hac&#237;a el cielo entre las dem&#225;s edificaciones. Si a pesar de ello se hab&#237;a mudado all&#237; veinte a&#241;os antes con su mujer, Elise, era porque el piso ten&#237;a una distribuci&#243;n excelente y unas vistas vertiginosas. Se ve&#237;a toda, absolutamente toda la ciudad desde all&#237;, y cuando pensaba en las alternativas, todo lo dem&#225;s le parec&#237;a claustrof&#243;bico. Una vez dentro, uno se olvidaba del aspecto externo del bloque; el interior del piso era acogedor y c&#225;lido, con las paredes revestidas de madera. Los muebles hab&#237;an sido de sus padres, viejos y s&#243;lidos, de roble pulido con arena. Las paredes estaban en su mayor parte cubiertas de libros, y en el poco espacio que quedaba colgaban algunas fotograf&#237;as escogidas. Una de Elise, varias de su nieto y de su hija Ingrid, un dibujo a carb&#243;n de K&#228;the Kollwitz, recortado de un cat&#225;logo de arte y puesto en un marco de charol negro: La Muerte con muchacha entre los brazos, una foto de &#233;l mismo lanz&#225;ndose al vac&#237;o sobre el aer&#243;dromo, y otra de sus padres, posando solemnemente con traje de domingo. Cada vez que miraba a su padre, su propia vejez se le hac&#237;a inc&#243;modamente pr&#243;xima. As&#237; se le hundir&#237;an las mejillas, y las orejas y las cejas le seguir&#237;an creciendo, proporcion&#225;ndole su mismo aspecto.

Las reglas de esa comunidad, en la que las familias viv&#237;an apiladas una encima de otra, como en el monolito del escultor Vigeland, eran muy severas. Estaba prohibido sacudir las alfombras desde el balc&#243;n, raz&#243;n por la que &#233;l las llevaba al tinte cada primavera. En realidad, ya tocaba. Kollberg, que as&#237; se llamaba su perro, dejaba montones de pelos por todas partes. La junta de la comunidad de propietarios le hab&#237;a dedicado una reuni&#243;n exclusivamente a &#233;l, pero lo hab&#237;an aprobado, tal vez porque su due&#241;o era polic&#237;a y representaba cierta seguridad tenerlo en la casa. No se sent&#237;a encerrado, viv&#237;a en la &#250;ltima planta. La vivienda estaba limpia y ordenada, como un reflejo de lo que hab&#237;a en su interior: Orden y visi&#243;n de conjunto. S&#243;lo el perro ten&#237;a un rinc&#243;n de la cocina donde siempre flotaba el pienso en charquitos de agua; ese rinc&#243;n era el punto d&#233;bil de Sejer. Su relaci&#243;n con el perro se caracterizaba mucho m&#225;s por los sentimientos que por la autoridad. El ba&#241;o era el &#250;nico lugar del piso con el que no estaba satisfecho, ya se ocupar&#237;a de &#233;l. Ahora ten&#237;a que centrarse en esa mujer y tal vez en alg&#250;n loco que andaba suelto. No le gustaba. Era como encontrarse ante una curva oscura sin poder ver lo que hay a la vuelta.

Separ&#243; las piernas para recibir el arrollador abrazo del perro. Le dio un r&#225;pido paseo por detr&#225;s del bloque y agua fresca, y hab&#237;a le&#237;do ya medio peri&#243;dico cuando son&#243; el tel&#233;fono. Baj&#243; el volumen de la minicadena, y sinti&#243; una min&#250;scula expectaci&#243;n al descolgar. Alguien podr&#237;a haber avisado ya a la polic&#237;a, tal vez tuvieran un nombre.

&#161;Hola, abuelo! -oy&#243;.

&#191;Matteus?

Voy a acostarme. Es de noche.

&#191;Te has cepillado los dientes? -pregunt&#243;, y se sent&#243; en el banco que hab&#237;a junto al tel&#233;fono.

Pod&#237;a ver la carita color moka y los blanqu&#237;simos dientes del peque&#241;o.

Me lo ha hecho mam&#225;.

&#191;Y te has tomado la pastilla de fl&#250;or?

Mm.

&#191;Y has rezado tus oraciones? -brome&#243;.

Mam&#225; dice que no tengo que hacerlo.

Charl&#243; un largo rato con su nieto, con el auricular muy pegado a la oreja para no perderse ni uno de los peque&#241;os suspiros y susurros en la voz clara. Era dulce y suave, como la flauta de un sauce en primavera. Al final intercambi&#243; unas palabras con su hija, oy&#243; el ligero suspiro resignado cuando le cont&#243; lo que hab&#237;an encontrado junto a la laguna, como si le gustara muy poco lo que su padre hab&#237;a elegido para llenar su vida. Suspiraba como lo hac&#237;a Elise. No mencion&#243; a su hija su propio trabajo en la Somalia arrasada por la guerra civil. Mir&#243; el reloj, y pens&#243; de repente que en alg&#250;n lugar hab&#237;a otra persona haciendo lo mismo. En alg&#250;n sitio hab&#237;a alguien esperando, alguien que miraba por la ventana y el tel&#233;fono, y que esperaba en vano.


La comisar&#237;a era una instituci&#243;n abierta d&#237;a y noche, y daba servicio a un distrito de cinco municipios, habitados por ciento quince mil ciudadanos buenos y malos. En todo el edificio del Juzgado trabajaban m&#225;s de doscientas personas, de las cuales ciento cincuenta pertenec&#237;an a la comisar&#237;a. De ellas, treinta y dos eran detectives, pero como siempre hab&#237;a permisos, cursillos o seminarios impuestos por el ministro de Justicia, en la pr&#225;ctica nunca hab&#237;a m&#225;s de veinte personas dedicadas al quehacer diario. Era demasiado poco. Seg&#250;n Holthemann, el jefe, el p&#250;blico ya no constitu&#237;a el centro, sino que se encontraba m&#225;s bien al margen.

Los casos menores eran solucionados por detectives en solitario, y los m&#225;s complicados por equipos. En total entraban a chorros entre catorce y quince mil casos al a&#241;o. Durante el d&#237;a, el trabajo consist&#237;a normalmente en la tramitaci&#243;n de solicitudes de gente que deseaba colocar puestos en la plaza para vender flores de seda o figuras de masa de pan, o que deseaba manifestarse en contra de algo, por ejemplo, del nuevo t&#250;nel. Tambi&#233;n hab&#237;a que revisar el control autom&#225;tico del tr&#225;fico: gente encolerizada entraba constantemente para estudiar fotos reveladoras de ellos mismos en el momento de pasarse la l&#237;nea continua o cruzar con el sem&#225;foro en rojo. Unos treinta o cuarenta al d&#237;a aguardaban en la sala de espera resoplando y con la cartera temblando en la chaqueta. Otra tarea habitual consist&#237;a en tripular el coche policial, llamado Pelle, y para ser sincero, los polic&#237;as no se disputaban esa importante labor. Tambi&#233;n hab&#237;a que llevar y traer a detenidos ante el Juzgado de Primera Instancia, los hombres de la comisar&#237;a presentaban solicitudes de d&#237;as libres y permisos que deb&#237;an tramitarse, y, adem&#225;s, el d&#237;a estaba repleto de reuniones. En la quinta planta se encontraba la secci&#243;n judicial, donde cinco abogados colaboraban eficazmente con la polic&#237;a. En la sexta planta se hallaba la c&#225;rcel comarcal. En el tejado estaba el patio, desde donde los internos pod&#237;an ver un trozo de cielo.

La guardia era la cara de la comisar&#237;a hacia el exterior y requer&#237;a mucha flexibilidad y paciencia al polic&#237;a que estuviera de turno. Los habitantes de la ciudad llamaban d&#237;a y noche en una cadena casi ininterrumpida de casos de bicicletas desaparecidas, perros perdidos, robos y vandalismos. Padres iracundos de los mejores barrios de chal&#233;s llamaban para quejarse de los conductores imprudentes del vecindario. De vez en cuando no se o&#237;a m&#225;s que una voz jadeante, pobres intentos de denunciar abusos o violaciones ahogados en la desesperaci&#243;n, que dejaban tras ellos la se&#241;al para marcar y nada m&#225;s. Raramente las llamadas trataban de asesinatos o desapariciones.

Entre ese continuo goteo de llamadas estaba esperando Skarre. Sejer sab&#237;a que llegar&#237;a tarde o temprano y not&#243; c&#243;mo se iba poniendo m&#225;s tenso conforme pasaba el tiempo y la tarde se convert&#237;a en noche.

Cuando el tel&#233;fono son&#243; de nuevo era casi medianoche. Estaba dormitando en el sill&#243;n con el peri&#243;dico sobre las rodillas. En sus venas la sangre flu&#237;a ligera, diluida con unas gotas de whisky. Pidi&#243; un taxi y veinte minutos m&#225;s tarde estaba en el despacho.

Llegaron en un viejo Toyota -dijo Skarre agitado-. Los padres Los esper&#233; fuera.

&#191;Qu&#233; les dijiste?

Seguro que todo lo que no deb&#237;a decir. Me sent&#237;a abrumado. Primero llamaron por tel&#233;fono, y media hora m&#225;s tarde llegaron en su coche. Ya se han ido.

&#191;Al Anat&#243;mico Forense?

S&#237;.

&#191;Tan seguros estabais?

Tra&#237;an una foto. La madre sab&#237;a exactamente c&#243;mo iba vestida la chica. Todo coincid&#237;a, desde la hebilla del cintur&#243;n hasta la ropa interior. Llevaba un sujetador especial, para hacer deporte. Hac&#237;a mucho deporte. Pero el anorak no era suyo.

&#191;C&#243;mo?

Bastante incre&#237;ble, &#191;verdad?

Skarre no pod&#237;a remediarlo; aunque estaba estremecido, sinti&#243; que le brillaban los ojos.

El asesino nos ha regalado una huella. En el bolsillo hab&#237;a una bolsa de caramelos y una placa fosforescente en forma de buho para ponerse en la oscuridad. Nada m&#225;s.

Dejar su propio anorak, no lo entiendo. Por cierto, &#191;qui&#233;n es ella?

Ley&#243; en los papeles:

Annie Sofie Holland.

&#191;Annie Holland? &#191;Y el medall&#243;n?

Es de su novio. Se llama Halvor.

&#191;De d&#243;nde era la chica?

De Lundeby. Viven en Krystallen, n&#250;mero veinte. De hecho, se trata de la misma calle en la que durmi&#243; anoche Ragnhild Album. Curiosa coincidencia.

Y los padres, &#191;c&#243;mo estaban?

Aterrorizados -contest&#243; en voz baja-. Muy buena gente, gente bien. Ella hablaba sin parar, &#233;l estaba casi mudo. Se marcharon con Siven. Podr&#237;as sentarte -a&#241;adi&#243;-. Yo a&#250;n estoy temblando.

Sejer se meti&#243; una pastilla de regaliz en la boca.

Ten&#237;a s&#243;lo quince a&#241;os -prosigui&#243; Skarre-. Estudiante.

&#191;Quince? Cre&#237;a que era mayor. &#191;Est&#225;n ya las fotos?

Sejer se alis&#243; el pelo cortado al cero y se sent&#243;.

Skarre le dio una carpeta del archivo. Las fotos estaban ampliadas a veinte por veinticinco, excepto dos, que eran a&#250;n m&#225;s grandes.

&#191;Has visto alguna vez un asesinato sexual?

Skarre neg&#243; con la cabeza.

Esto no parece un asesinato sexual. Esto es distinto.

Hoje&#243; el mont&#243;n.

Est&#225; colocada de una manera demasiado bonita, tiene un aspecto demasiado bonito, como si la hubieran acomodado y tapado. No hay se&#241;ales ni ara&#241;azos, ning&#250;n indicio de resistencia. Incluso el pelo parece arreglado. Los delincuentes sexuales no se comportan as&#237;, muestran su poder. Dejan tiradas a las mujeres.

Pero est&#225; desnuda.

Pues s&#237;, s&#237;.

&#191;A ti qu&#233; te dicen estas fotos as&#237; sin m&#225;s?

No s&#233; muy bien. Ese anorak tan decorosamente colocado sobre su hombro

&#191;Como si alguien la hubiera cuidado?

Mira las fotos. &#191;No te lo parece?

S&#237;, estoy de acuerdo. Pero entonces, &#191;de qu&#233; estamos hablando? &#191;De una especie de asesinato por eutanasia?

Al menos ha habido sentimientos. Quiero decir, en medio de todo lo dem&#225;s, habr&#225; sentido algo por ella. Buenos sentimientos. De modo que tal vez la conociera, que es lo que suele ocurrir.

&#191;Cu&#225;nto tiempo crees que tardar&#225;n en darnos el informe?

Voy a dar un toque a Snorrason. Es una pena que hubiese tan pocas ramas en aquel sitio. Unas huellas in&#250;tiles y una pildora. Por lo dem&#225;s, ni una colilla, ni un simple palo de polo.

Mordi&#243; ruidosamente la pastilla y se acerc&#243; al lavabo a llenar de agua un vaso de cart&#243;n.

Ma&#241;ana nos acercaremos a Granittveien. Tenemos que hablar con los que salieron a buscar a Ragnhild. Con Thorbj&#248;rn, por ejemplo. Tenemos que enterarnos de a qu&#233; hora pasaron por la laguna de la Serpiente.

&#191;Y Raymond L&#229;ke?

Con &#233;l tambi&#233;n. Y con Ragnhild. Los ni&#241;os se fijan en cosas muy curiosas, cr&#233;eme. Hablo por experiencia -a&#241;adi&#243;-. Y los Holland, &#191;tienen m&#225;s hijos?

Una hija mayor.

Gracias a Dios.

&#191;Es eso un consuelo? -pregunt&#243; Skarre dubitativo.

Para nosotros -contest&#243; con aire sombr&#237;o.

El joven se palp&#243; el bolsillo.

&#191;Te importa si me fumo un cigarrillo?

Est&#225; bien.

Oye -dijo Skarre, echando el humo-. Hay dos maneras de llegar a la laguna de la Serpiente. Por el sendero se&#241;alado, que es por el que subimos nosotros, y por un camino para coches por la parte de atr&#225;s, el que cogieron Ragnhild y Raymond. Si a lo largo de ese camino vive gente tendremos que llamar ma&#241;ana a sus puertas, &#191;no?

Ese camino se llama camino de la colina. Me parece que hay pocas casas por all&#237;, lo comprobar&#233; en un plano que tengo en casa. S&#243;lo alguna que otra granja. Pero claro, si la llevaron en coche a la laguna, tuvieron que ir a la fuerza por ese camino.

Lo siento por su pobre novio, cuando venga aqu&#237;.

Ya veremos qu&#233; clase de chico es.

Si un t&#237;o se carga a una chica -dijo Skarre-, meti&#233;ndole la cabeza bajo el agua hasta que muere, y luego la saca del agua y se dedica a colocarla bien, me imagino algo as&#237; como: En realidad no quise matarte, pero tuve que hacerlo. Casi parece una manera de pedir perd&#243;n, &#191;verdad?

Sejer vaci&#243; el vaso de cart&#243;n y lo estruj&#243; hasta dejarlo plano.

Ma&#241;ana hablar&#233; con Holthemann. Quiero que trabajes en este caso.

Skarre pesta&#241;e&#243; sorprendido.

Me ha puesto en la Caja de Ahorros -tartamude&#243;-. Con G&#248;ran.

&#191;Te apetece?

&#191;Si me apetece un caso de asesinato? Ser&#237;a como un regalo de Navidad, un gran reto, quiero decir. Claro que me apetece.

Se sonroj&#243; al instante y cogi&#243; el tel&#233;fono, que estaba sonando col&#233;ricamente. Escuch&#243; y volvi&#243; a colgar.

Era Siven. La han identificado. Annie Sofie Holland, nacida el tres de marzo de mil novecientos ochenta. Pero dice que no podr&#225;n ser interrogados hasta ma&#241;ana.

&#191;Ringstad est&#225; en su sitio?

Acaba de llegar.

Entonces debes irte a casa. Ma&#241;ana ser&#225; un d&#237;a duro. Me llevo las fotos -a&#241;adi&#243;.

&#191;Vas a estudiarlas en la cama?

As&#237; es.

Sonri&#243; con tristeza.

Prefiero las fotos de papel. Las que se pueden meter despu&#233;s en un caj&#243;n.


Krystallen era, como Granittveien, un callej&#243;n sin salida. Acababa en un matorral tupido e impenetrable, donde algunos insensatos hab&#237;an tirado su basura en la oscuridad de la noche. Las casas estaban muy juntas, veintiuna en total. Desde lejos parec&#237;an casas adosadas, pero al observarlas m&#225;s de cerca se divisaba un estrecho pasaje entre cada una de ellas, lo justo para que pudiera pasar un hombre. Las casas eran de tres plantas, altas, puntiagudas, e id&#233;nticas; le recordaban a las casas del muelle de Bergen, pens&#243; Sejer. Los colores variaban, pero estaban conjuntados, rojo oscuro, verde oscuro, marrones y grises. Una sobresal&#237;a entre todas las dem&#225;s; estaba pintada de color naranja.

Probablemente algunos vecinos hab&#237;an visto el coche de polic&#237;a que hab&#237;a aparcado junto a los garajes y a Skarre, que iba de uniforme. Pronto estallar&#237;a la noticia. El silencio estaba cargado.

Ada y Eddie Holland viv&#237;an en el n&#250;mero veinte. Sejer tuvo la sensaci&#243;n de que los vecinos le estaban mirando la nuca cuando se detuvo delante de la puerta. Algo ha sucedido en el n&#250;mero veinte, pensar&#237;an, en casa de los Holland y sus dos hijas. Intent&#243; tranquilizar su respiraci&#243;n, que iba m&#225;s deprisa que de costumbre debido a ese umbral que pronto tendr&#237;a que atravesar. Eso le resultaba tan dif&#237;cil que ya hac&#237;a tiempo que hab&#237;a preparado una serie de frases hechas, que ahora, tras a&#241;os de entrenamiento, sab&#237;a recitar con firmeza.

Era obvio que los padres de Annie no hab&#237;an hecho absolutamente nada desde que hab&#237;an vuelto a casa la noche anterior. Tampoco hab&#237;an dormido. El impacto recibido en el Instituto Anat&#243;mico Forense hab&#237;a sido como un estridente timbal que todav&#237;a segu&#237;a vibrando en sus cabezas. La madre estaba sentada en un rinc&#243;n del sof&#225;, el padre sobre el brazo. Parec&#237;a entumecido. Ella no hab&#237;a asumido a&#250;n la cat&#225;strofe; mir&#243; a Sejer sin comprender del todo, como si no pudiera imaginarse qu&#233; estaban haciendo de repente dos polic&#237;as en su cuarto de estar. Era una pesadilla, pronto se despertar&#237;a. Sejer tuvo que cogerle la mano.

No puedo devolverles a Annie -dijo en voz baja-. Pero espero averiguar por qu&#233; muri&#243;.

&#161;Nosotros no pensamos en el por qu&#233;! -chill&#243; la madre-. &#161;Pensamos en qui&#233;n! &#161;Tendr&#225;n que averiguar qui&#233;n fue y encerrarlo! Est&#225; enfermo.

El marido le acarici&#243; torpemente el brazo.

No sabemos a&#250;n -replic&#243; Sejer-, si esa persona est&#225; enferma o no. No todos los que matan est&#225;n enfermos.

&#161;Las personas normales no van por ah&#237; matando a muchachas! &#161;No lo dir&#225; usted en serio!

La mujer respiraba deprisa, jadeando. El marido se encerr&#243; en s&#237; mismo.

Sea como sea -contest&#243; Sejer prudentemente-, siempre hay una raz&#243;n. No siempre una raz&#243;n que podamos entender, pero s&#237; una raz&#243;n. Pero antes que nada tendr&#225;n que confirmarnos que realmente alguien le quit&#243; la vida.

Si usted cree que ella se suicid&#243;, se equivoca -replic&#243; la madre tenazmente-. Ni hablar, Annie no.

Eso dicen todos, pens&#243; Sejer.

Necesito hacerles una serie de preguntas. Cont&#233;stenme como puedan. Si luego piensan que se han equivocado en alguna cosa u olvidado algo, ll&#225;menme. Tambi&#233;n si van recordando cosas conforme pasa el tiempo.

Ada Holland desvi&#243; la mirada, olvid&#225;ndose de Skarre y Sejer, como si estuviera escuchando el timbal vibrante y quisiera saber de d&#243;nde ven&#237;a el sonido.

Necesito saber qu&#233; clase de chica era. Cu&#233;ntenmelo como mejor puedan.

&#191;Qu&#233; pregunta es &#233;sa?, pens&#243; en el mismo instante, &#191;qu&#233; pod&#237;an contestar? La mejor de todas, claro, la m&#225;s guapa, lo m&#225;s querido para nosotros. Annie era Annie.

Empezaron a llorar. La madre con un doloroso gemido desde la profundidad de la garganta, el padre sin sonido, sin l&#225;grimas. Sejer reconoci&#243; en &#233;l los rasgos de la hija. Una cara ancha, con la frente alta. No era muy alto, pero s&#237; fuerte y robusto. Skarre escondi&#243; el bol&#237;grafo en la mano; ten&#237;a la mirada clavada en el bloc.

Empecemos desde el principio. Me duele tener que molestarles, pero el tiempo es muy valioso para nosotros. &#191;A qu&#233; hora sali&#243; de casa?

La madre contest&#243; sin levantar la vista:

A las doce y media.

&#191;A d&#243;nde iba?

A casa de Anette. Una amiga del colegio. Estaban haciendo un trabajo en com&#250;n, eran tres. Ten&#237;an el d&#237;a libre para trabajar juntas.

&#191;No lleg&#243; a casa de su amiga?

Llamamos para preguntar por ella anoche a las once. Anette ya se hab&#237;a acostado. S&#243;lo hab&#237;a acudido la otra chica. No pod&#237;a cre&#233;rmelo

Escondi&#243; la cara entre las manos. El d&#237;a entero hab&#237;a pasado sin que ellos supieran nada.

&#191;Y por qu&#233; no llamaron sus amigas aqu&#237; para preguntar por ella?

Pensaron que no le apetec&#237;a ir -dijo llorosa-. Que hab&#237;a cambiado de idea. Si piensan as&#237;, no conoc&#237;an bien a Annie. Se tomaba muy en serio todo lo del colegio. Todo se lo tomaba en serio.

&#191;Iba a ir a pie?

S&#237;, son cuatro kil&#243;metros andando; su bicicleta estaba averiada, pues suele usarla mucho. No hay autob&#250;s.

&#191;D&#243;nde vive Anette?

En Horgen. Sus padres tienen una granja y una tienda de ultramarinos.

Sejer asinti&#243; con la cabeza, mientras o&#237;a el bol&#237;grafo de Skarre raspar el papel del bloc.

&#191;Ten&#237;a novio?

Halvor Muntz.

&#191;Desde hace mucho tiempo?

Aproximadamente dos a&#241;os. &#201;l es mayor que ella. Han roto algunas veces, pero ahora todo iba bien, seg&#250;n ten&#237;a entendido.

Era como si a Ada Holland le sobraran las manos: se buscaban, abri&#233;ndose y cerr&#225;ndose. Era casi tan alta como su marido, grande y angulosa, con un rubicundo tono de piel.

&#191;Saben ustedes si manten&#237;an relaciones sexuales? -pregunt&#243;.

La madre le mir&#243; escandalizada.

S&#243;lo tiene quince a&#241;os.

Recuerde que yo no la conoc&#237;a -dijo Sejer con aire de pedir perd&#243;n.

Nada de eso -replic&#243; la madre con firmeza.

Supongo que no sabemos mucho sobre ese tema -intent&#243; por fin decir el padre-. Halvor tiene dieciocho a&#241;os. No es una chiquilla.

Yo lo s&#233; -interrumpi&#243; ella.

No creo que te lo contara todo.

&#161;Lo habr&#237;a sabido!

&#161;Pero no se te da muy bien hablar de esas cosas!

El ambiente estaba tenso. Sejer sac&#243; sus propias conclusiones y vio en el bloc de Skarre que &#233;l estaba haciendo lo mismo.

Si iba a hacer un trabajo del colegio, puede que llevara mochila.

Una mochila marr&#243;n de cuero. &#191;D&#243;nde est&#225;?

No la hemos encontrado.

Lo que significa que tenemos que bucear para buscarla, pens&#243; Sejer.

&#191;Tomaba alguna medicina?

En absoluto. No padec&#237;a de nada.

&#191;Qu&#233; clase de chica era? &#191;Abierta? &#191;Habladora?

Antes -contest&#243; el marido con aire sombr&#237;o.

&#191;Y &#250;ltimamente? -pregunt&#243; Sejer mir&#225;ndolo.

Cosas de la edad -intervino la madre-. Estaba en una edad dif&#237;cil.

&#191;Quiere usted decir que hab&#237;a cambiado? -Sejer volvi&#243; a dirigirse al padre para excluir a la madre. No lo logr&#243;.

Todas las chicas cambian a esa edad. Est&#225;n a punto de hacerse adultas. Con S&#248;lvi ocurri&#243; lo mismo. S&#248;lvi es su hermana -a&#241;adi&#243;.

El marido no contest&#243;. Segu&#237;a entumecido.

&#191;De manera que no era una chica abierta y alegre?

Era silenciosa y modesta -dijo la madre con orgullo-. Escrupulosa y justa. Llevaba una vida ordenada.

&#191;Pero antes era m&#225;s alegre?

Se hacen notar m&#225;s cuando son ni&#241;os.

Quiero decir -prosigui&#243; Sejer-, &#191;cu&#225;ndo cambi&#243; m&#225;s o menos?

En la &#233;poca normal. A los catorce a&#241;os m&#225;s o menos. La pubertad -explic&#243;.

Sejer asinti&#243;, y mir&#243; de nuevo al padre.

&#191;Ese cambio no tendr&#237;a otras causas?

&#191;De qu&#233; clase? -pregunt&#243; la madre.

Sejer suspir&#243; ligeramente y se reclin&#243; hacia atr&#225;s.

S&#243;lo intento averiguar por qu&#233; muri&#243;.

La madre empez&#243; a temblar con tanta vehemencia que apenas entendieron lo que dec&#237;a.

&#191;Por qu&#233; muri&#243;? Tuvo que ser un

No fue capaz de pronunciar la palabra.

No lo sabemos.

&#191;Pero la hab&#237;an? -de nuevo hubo una pausa.

No sabemos, se&#241;ora Holland. A&#250;n no. Esas cosas tardan. Pero los que se est&#225;n ocupando de Annie saben lo que tienen que hacer.

Mir&#243; la habitaci&#243;n, ordenada y limpia. Era azul y blanca, como la ropa de Annie. Ramos de flores secas por encima de las puertas, cortinas de encaje, figuritas decorativas en la pared, fotograf&#237;as, tapetes de encaje. Todo conjuntado, ordenado y decente. Sejer se levant&#243;. Se acerc&#243; a una gran fotograf&#237;a en la pared.

Se la hicieron este invierno.

La madre lo sigui&#243;. Descolg&#243; la fotograf&#237;a con cuidado y la mir&#243;. Se sorprend&#237;a cada vez que volv&#237;a a ver una cara que s&#243;lo hab&#237;a visto sin vida y sin brillo. La misma persona y sin embargo distinta. Annie ten&#237;a una cara ancha, con boca grande y grandes ojos grises. Cejas pobladas y oscuras. Sonre&#237;a reservadamente. En la parte de abajo de la foto se ve&#237;a el cuello de la camisa y un trocito del medall&#243;n. Bonita, pens&#243;.

&#191;Hac&#237;a deporte?

Antes -dijo el padre en voz baja.

Jugaba a balonmano -a&#241;adi&#243; la madre con tristeza-, pero luego lo dej&#243;. Ahora corr&#237;a mucho. Decenas de kil&#243;metros a la semana.

&#191;Decenas de kil&#243;metros? &#191;Por qu&#233; dej&#243; el balonmano?

Cada vez le pon&#237;an m&#225;s deberes en el colegio. As&#237; son los chicos, prueban las cosas y luego las dejan. Tambi&#233;n estuvo un tiempo en la banda de m&#250;sica del colegio, tocaba el cornet&#237;n. Luego tambi&#233;n lo dej&#243;.

&#191;Era buena en balonmano?

Sejer volvi&#243; a colgar la fotograf&#237;a en su sitio.

Muy buena -dijo el padre en voz baja-. Era portera. No deber&#237;a haberlo dejado.

Creo que le resultaba aburrido ser portera -dijo la madre-. Creo que lo dej&#243; por eso.

No lo sabemos con seguridad -contest&#243; el marido-. Nunca nos lo explic&#243;.

Sejer volvi&#243; a sentarse.

De manera que ustedes reaccionaron a su decisi&#243;n. &#191;Les pareci&#243; incomprensible?

S&#237;.

&#191;Iba bien en el colegio?

Mejor que la mayor&#237;a. No es mi intenci&#243;n presumir -a&#241;adi&#243; el padre-, es la verdad.

Ese trabajo escolar que las chicas estaban haciendo, &#191;de qu&#233; trataba?

De la escritora Sigrid Undset. Ten&#237;an que entregarlo para San Juan.

&#191;Puedo ver su habitaci&#243;n?

La madre se levant&#243; y sali&#243; con pasos cortos y titubeantes. El marido se qued&#243; sentado en el brazo, inm&#243;vil.

La habitaci&#243;n era min&#250;scula, pero hab&#237;a sido su nido para ella sola. Apenas hab&#237;a sitio para una cama, una mesa y una silla. Sejer mir&#243; por la ventana y vio justo enfrente, al otro lado del camino, la terraza del vecino. La casa pintada de naranja. Debajo de la ventana se ve&#237;an restos de una vieja gavilla que hab&#237;a proporcionado comida a los p&#225;jaros. Busc&#243; &#237;dolos por las paredes, pero no encontr&#243; ninguno. Sin embargo, la habitaci&#243;n estaba llena de copas, diplomas, medallas, y un par de fotos de la propia Annie: una foto vestida de portera, junto con el resto del equipo, y otra haciendo surfing con muy buen estilo. En la pared que hab&#237;a sobre la cama hab&#237;a varias fotos de ni&#241;os peque&#241;os; una de ella con un coche de ni&#241;o, y otra de un chico. Sejer se&#241;al&#243; con el dedo.

&#191;Su novio?

La madre asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Trabaj&#243; Annie con ni&#241;os? -pregunt&#243; se&#241;alando una foto de Annie con un ni&#241;o rubio sobre las rodillas. Parec&#237;a orgullosa y contenta. Era como si levantara al ni&#241;o hacia la c&#225;mara, casi como un trofeo.

Cuidaba de los ni&#241;os que iban naciendo en esta calle.

&#191;De manera que le gustaban los ni&#241;os?

La madre volvi&#243; a asentir.

&#191;Llevaba diario, se&#241;ora Holland?

Creo que no. Lo he estado buscando -admiti&#243;-. Lo he estado buscando toda la noche.

&#191;No ha encontrado nada?

Neg&#243; con la cabeza. Llegaba un murmullo desde el cuarto de estar.

Necesitamos algunos nombres -dijo Sejer por fin-. De gente con la que tendremos que hablar.

Volvi&#243; a mirar las fotos de la pared y estudi&#243; el traje de portera de Annie; era negro, con un emblema verde sobre el pecho.

Parece un drag&#243;n o algo por el estilo.

Es un monstruo marino -explic&#243; la madre con serenidad.

&#191;Por qu&#233; un monstruo marino?

Porque se supone que hay uno en este fiordo. No es m&#225;s que una leyenda, una historia de otros tiempos. Si est&#225;s remando y oyes un rumor detr&#225;s de la barca, es el monstruo que emerge de las profundidades. Nunca debes volverte, sino seguir remando con cuidado. Si haces como si no pasara nada y le dejas en paz, todo ir&#225; bien, pero si te vuelves y lo miras a los ojos, te llevar&#225; consigo a las profundidades, a la gran oscuridad. La leyenda dice que tiene los ojos rojos.

Volvamos al cuarto de estar.

Skarre segu&#237;a escribiendo. El marido segu&#237;a sentado en el brazo del sof&#225;. Daba la impresi&#243;n de estar a punto de caerse.

&#191;Y su hermana?

Vuelve en avi&#243;n este mediod&#237;a. Est&#225; en Trondheim, tengo una hermana all&#237;.

La se&#241;ora Holland se dej&#243; caer de nuevo en el sof&#225; y se inclin&#243; hacia su marido. Sejer se acerc&#243; a la ventana y al asomarse se encontr&#243; con una cara en la ventana de la cocina de la casa de al lado.

Aqu&#237; viven ustedes muy cerca los unos de los otros -dijo-. &#191;Se conocen bien todos los vecinos?

Bastante bien. Todo el mundo habla con todo el mundo.

&#191;Y todo el mundo conoc&#237;a a Annie?

Asinti&#243;.

Iremos de casa en casa. No quiero que ustedes se sientan molestos por ello.

No tenemos nada de qu&#233; avergonzarnos.

&#191;Podr&#237;an proporcionarnos algunas fotos?

El padre se levant&#243; y se acerc&#243; al estante que hab&#237;a debajo del televisor.

Tenemos un v&#237;deo del verano pasado -dijo-. Est&#225;bamos en la caba&#241;a, en Krager&#248;d.

No necesitan un v&#237;deo -dijo la madre reposadamente-. S&#243;lo una foto.

Me gustar&#237;a verlo.

Sejer cogi&#243; el v&#237;deo y dio las gracias.

&#191;Varias decenas de kil&#243;metros a la semana? -pregunt&#243;-. &#191;Corr&#237;a sola?

Nadie pod&#237;a ir a su paso -contest&#243; el padre llanamente.

De modo que dedicaba mucho tiempo a correr a pesar de los deberes. Decenas de kil&#243;metros a la semana. Entonces no fueron realmente los deberes la causa de que dejara el balonmano

Pod&#237;a correr cuando quer&#237;a -replic&#243; la madre-. A veces corr&#237;a antes de desayunar. Pero cuando ten&#237;an partido ten&#237;a que estar a una hora determinada, no pod&#237;a decidir por su cuenta. Creo que no le gustaba sentirse atada. Annie era muy independiente.

&#191;Por d&#243;nde corr&#237;a?

Por todas partes y a cualquier hora. Por la carretera principal, por el bosque

&#191;Incluso hasta la laguna de la Serpiente?

S&#237;.

&#191;Era inquieta?

Era muy tranquila y sosegada -contest&#243; la madre en voz baja.

Sejer volvi&#243; a acercarse a la ventana y vio a una mujer que cruzaba la carretera a toda prisa. Llevaba un ni&#241;o con chupete en los brazos.

&#191;Le interesaban otras cosas aparte de correr?

Cine, m&#250;sica, libros y cosas as&#237;. Y los ni&#241;os peque&#241;os -a&#241;adi&#243; el padre.

Sobre todo cuando era m&#225;s joven.

Sejer pidi&#243; a los padres que hicieran una lista de todas las personas cercanas a Annie: Amigos, vecinos, profesores, familia, novios, si es que hab&#237;a tenido m&#225;s. Cuando la lista estuvo por fin terminada conten&#237;a cuarenta y dos nombres, acompa&#241;ados de sus respectivas direcciones m&#225;s o menos completas.

&#191;Van a hablar con toda la gente de la lista? -pregunt&#243; la madre.

S&#237;, lo haremos. Y esto es s&#243;lo el principio. Pensaremos en ustedes -concluy&#243;.


Tenemos que pasar por casa de ese Thorbj&#248;rn Haugen. El que sali&#243; a buscar a Ragnhild ayer. Tiene que acordarse de alguna hora en concreto.

El coche pas&#243; lentamente por los garajes. Skarre repas&#243; sus notas.

Pregunt&#233; al padre de Annie por lo del balonmano mientras la madre y t&#250; estabais en la habitaci&#243;n de la chica -explic&#243;.

&#191;Y?

Dijo que Annie promet&#237;a mucho. El equipo hab&#237;a tenido una temporada llena de &#233;xitos, incluso estuvieron de gira por Finlandia. El padre nunca entendi&#243; por qu&#233; la chica lo dej&#243;. Incluso lleg&#243; a preguntarse si hab&#237;a sucedido algo.

Tal vez deber&#237;amos tratar de encontrar al entrenador o entrenadora. Podr&#237;a haber algo por ese lado.

Es entrenador -contest&#243; Skarre-. Estuvo llamando durante semanas para hacerla recapacitar. El equipo atraves&#243; grandes dificultades cuando ella lo dej&#243;. Nadie era capaz de sustituirla.

Llamaremos desde la comisar&#237;a para pedirles el nombre.

Se llama Knut Jensvoll y vive en Gneidveien, 8. Muy cerca de aqu&#237;.

Muchas gracias -dijo Sejer, frunciendo el entrecejo-. Estoy pensando -a&#241;adi&#243;- que tal vez Annie fuera asesinada mientras nosotros est&#225;bamos en Granittveien, a un par de minutos de distancia, ocup&#225;ndonos de Ragnhild. Llama al Anat&#243;mico Forense, pregunta por Snorrason y m&#233;tele un poco de prisa para que nos entregue el informe lo antes posible.

Skarre cogi&#243; el tel&#233;fono m&#243;vil.

El n&#250;mero est&#225; grabado en el cuatro.

Tecle&#243; el cuatro, esper&#243; y pregunt&#243; por Snorrason, esper&#243; de nuevo y comenz&#243; a murmurar.

&#191;Qu&#233; ha dicho?

Que tienen las c&#225;maras llenas. Que todas las muertes son tr&#225;gicas sea cual sea la causa, y que hay unas cuantas personas a la espera de poder enterrar a sus seres queridos, pero que comprende la gravedad del asunto, y que si quieres puedes ir dentro de tres d&#237;as y obtener un informe oral preliminar. Para el escrito tendr&#225;s que esperar m&#225;s tiempo.

Bueno -murmur&#243; Sejer-. No est&#225; mal, trat&#225;ndose de Snorrason.


Raymond untaba mantequilla en pan tostado. Con la lengua fuera, estaba profundamente concentrado en no romperlo. Ten&#237;a ya cuatro rebanadas de pan, una encima de otra, con mantequilla y az&#250;car entre cada una; su r&#233;cord eran seis.

La cocina era peque&#241;a y bastante acogedora, pero estaba muy desordenada despu&#233;s de todo ese trabajo con la comida. Hab&#237;a una rebanada preparada para el padre, pan blanco sin corteza untado de grasa de tocino de la sart&#233;n. Luego, al acabar de comer, fregar&#237;a los platos, y al final, como siempre, barrer&#237;a el suelo de la cocina. Ya hab&#237;a vaciado el orinal del padre y hab&#237;a llenado de agua el jarr&#243;n de la habitaci&#243;n. No se ve&#237;a el sol, todo estaba gris y el paisaje de fuera era triste y llano. El caf&#233; ya hab&#237;a hervido tres veces, tal y como deb&#237;a ser. A&#241;adi&#243; una quinta rebanada, se sent&#237;a contento. Estaba a punto de echar el caf&#233; en la taza de su padre cuando oy&#243; pararse un coche delante de la puerta. Para su gran asombro vio que se trataba de un coche de polic&#237;a. Se puso tenso, se alej&#243; de la ventana y se meti&#243; corriendo en un rinc&#243;n de la sala. Tal vez ven&#237;an a buscarlo para meterlo en la c&#225;rcel. Y entonces, &#191;qui&#233;n se ocupar&#237;a de su padre?

Fuera se o&#237;an puertas de coche y un gran murmullo de voces. No estaba seguro de haber hecho algo malo, pero no siempre resultaba f&#225;cil saberlo, pens&#243;. Por si acaso, permaneci&#243; inm&#243;vil mientras llamaban a la puerta. No dejaban de llamar, llamaban una y otra vez mientras dec&#237;an su nombre. Tal vez su padre los oyera. Empez&#243; a toser muy fuerte, con el fin de ahogar el ruido. Al cabo de un rato el timbre dej&#243; de sonar. Segu&#237;a inm&#243;vil en el rinc&#243;n de la sala, junto a la chimenea, cuando descubri&#243; una cara en la ventana. Un hombre alto, de pelo canoso, saludando con los brazos levantados. Quiere hacerme salir, pens&#243; Raymond, diciendo en&#233;rgicamente que no con la cabeza. Se agarr&#243; a la chimenea y se meti&#243; a&#250;n m&#225;s adentro en el rinc&#243;n. El hombre de fuera parec&#237;a buena persona, pero no era seguro que lo fuera. Esas cosas las hab&#237;a descubierto Raymond hac&#237;a mucho tiempo, no era tonto. Al cabo de mucho rato no aguant&#243; m&#225;s y sali&#243; corriendo hacia la cocina, pero tambi&#233;n all&#237; hab&#237;a una cara. Ten&#237;a el pelo rizado y llevaba uniforme. Raymond se sent&#237;a como un gato encerrado en un saco. No hab&#237;a salido con el coche en todo el d&#237;a, segu&#237;a sin arrancar, as&#237; que no pod&#237;a tener nada que ver con el coche. Ser&#225; por lo de la laguna, pens&#243; desesperado mientras se balanceaba. Al cabo de un rato fue hasta la entrada y se puso a mirar preocupado la llave que sal&#237;a de la cerradura.

&#161;Raymond! -grit&#243; uno de ellos-. S&#243;lo queremos charlar un rato. No pasa nada.

&#161;No me port&#233; mal con Ragnhild! -grit&#243;.

Lo sabemos. No venimos por eso. S&#243;lo necesitamos que nos ayudes un poco.

Vacil&#243; a&#250;n un buen rato y por fin abri&#243;.

&#191;Podemos entrar? -pregunt&#243; el m&#225;s alto-. Tenemos que preguntarte algo.

S&#237;, s&#237;, es que no estaba seguro de lo que quer&#237;ais. No voy a abrir a cualquiera.

Tienes raz&#243;n -dijo Sejer mir&#225;ndolo con curiosidad-. Pero cuando es la polic&#237;a puedes abrir. No hay peligro.

Vamos a sentarnos en la sala.

Fue delante y se&#241;al&#243; el sof&#225;, que ten&#237;a una curiosa pinta de haber sido hecho en casa. Sobre el asiento hab&#237;a una vieja manta. Se sentaron y estudiaron la habitaci&#243;n, una sala bastante peque&#241;a, cuadrada, con sof&#225;, mesa y dos sillones. En las paredes colgaban fotos de animales, y una de una mujer algo mayor con un ni&#241;o sobre las rodillas. Seguramente era su madre. El ni&#241;o ten&#237;a rasgos claramente mong&#243;licos y la edad de la mujer debi&#243; de ser determinante para el destino de Raymond. Desde donde estaban sentados no se ve&#237;a ning&#250;n televisor por ninguna parte, y tampoco tel&#233;fono. Sejer no recordaba haber visto ninguna sala de estar sin televisor desde hac&#237;a muchos a&#241;os.

&#191;Est&#225; tu padre? -pregunt&#243;, mirando la camiseta de Raymond. Era blanca y llevaba el siguiente texto: yo soy el que decido.

Est&#225; en la cama. Ya no se levanta, no puede andar.

&#191;Y t&#250; eres el que lo cuidas?

Bueno, hago la comida y arreglo las cosas, ya sabes.

Tiene mucha suerte tu padre contigo.

Una amplia sonrisa, de esas tan extraordinariamente encantadoras que caracterizan a las personas con s&#237;ndrome de Down, se dibuj&#243; en el rostro de Raymond. Un ni&#241;o inocente en un cuerpo enorme. Ten&#237;a las manos fuertes y anchas, los dedos excepcionalmente cortos, y los hombros grandes y cuadrados.

Fuiste bueno con Ragnhild ayer y la acompa&#241;aste a casa -dijo Sejer prudentemente-. As&#237; no tuvo que ir sola. Muy bien hecho por tu parte.

No es muy mayor, &#191;sabes? -dijo Raymond d&#225;ndoselas de adulto.

No lo es, por eso estuvo bien que la acompa&#241;aras. Y tambi&#233;n la ayudaste con el cochecito. Pero cuando lleg&#243; a casa cont&#243; algo, y eso es sobre lo que te queremos preguntar, Raymond. Quiero decir, sobre lo que visteis en la orilla de la laguna de la Serpiente.

Raymond lo mir&#243; preocupado, levantando el labio inferior.

Visteis a una chica, &#191;verdad?

Yo no lo hice -dijo de repente.

No creemos que t&#250; lo hicieras. No venimos por eso. A ver, te preguntar&#233; otra cosa. Veo que llevas reloj.

S&#237;, tengo un reloj -contest&#243;, ense&#241;&#225;ndoles el reloj de pulsera-. Es el viejo de pap&#225;.

&#191;Lo miras con frecuencia?

No, casi nunca.

&#191;Por qu&#233; no?

Cuando estoy en el trabajo, el jefe se ocupa del tiempo. Y aqu&#237; en casa lo hace pap&#225;.

&#191;Por qu&#233; no est&#225;s hoy en el trabajo?

Libro una semana y trabajo otra.

&#191;Puedes decirme exactamente qu&#233; hora es ahora?

Raymond mir&#243; el reloj.

Son las un poco m&#225;s de las once y diez.

Correcto. &#191;Pero no lo miras a menudo?

S&#243;lo cuando tengo que hacerlo.

Sejer hizo un gesto afirmativo y lanz&#243; una mirada a Skarre, que estaba anotando aplicadamente.

&#191;Lo miraste cuando acompa&#241;aste a Ragnhild a casa? O, por ejemplo, &#191;cuando estuvisteis junto a la laguna de la Serpiente?

No.

&#191;Tienes idea de qu&#233; hora ser&#237;a?

Creo que est&#225;s haciendo preguntas muy dif&#237;ciles -dijo Raymond, cansado ya de tanto pensar.

No es f&#225;cil acordarse de todo, tienes raz&#243;n -objet&#243; Sejer-. Enseguida acabo con las preguntas. &#191;Viste alguna otra cosa all&#237; arriba aparte de la chica?

No. &#191;Est&#225; enferma? -pregunt&#243; suspicazmente.

Est&#225; muerta, Raymond.

&#161;Qu&#233; pronto!

S&#237;, a nosotros tambi&#233;n nos lo parece. &#191;Viste alg&#250;n coche o algo as&#237; pasar por aqu&#237; a lo largo del d&#237;a? Subiendo o bajando. &#191;O a gente andando? Mientras estaba Ragnhild aqu&#237;, por ejemplo.

Por aqu&#237; vienen muchos de excursi&#243;n. Pero ayer no. S&#243;lo los que viven aqu&#237;. El camino acaba en la colina.

&#191;No viste a nadie?

Reflexion&#243; durante mucho tiempo.

S&#237;, s&#237;. A uno. Justo cuando nos marchamos. Pas&#243; por aqu&#237; pitando. Como un coche de carreras.

&#191;Justo cuando os marchasteis?

S&#237;.

&#191;Subiendo o bajando?

Bajando.

Pas&#243; pitando, pens&#243; Sejer. &#191;Qu&#233; puede significar eso para alguien que no pasa de segunda?

&#191;Conoc&#237;as el coche? &#191;Era de alguien de por aqu&#237;?

No van tan deprisa.

Sejer hizo un c&#225;lculo en la cabeza.

Ragnhild lleg&#243; a casa un poco antes de las dos; entonces puede haber sido un poco antes de la una y media. &#191;Tanto tiempo tardasteis en ir de aqu&#237; a la laguna?

No.

&#191;Iba muy deprisa, dices?

Levantando polvo. Bueno, es que todo est&#225; muy seco, claro.

&#191;Qu&#233; coche era?

En ese momento contuvo la respiraci&#243;n. Un dato del coche habr&#237;a sido un buen punto de partida. Un coche cerca del lugar del crimen, a gran velocidad, a una hora significativa.

Un coche completamente normal -dijo Raymond contento.

&#191;Un coche normal? -pregunt&#243; Sejer pacientemente-. &#191;Qu&#233; quieres decir con eso?

No un cami&#243;n ni una furgoneta ni nada as&#237;. Un coche normal.

&#191;Qu&#233; coche tiene tu padre?

Un Hiace -contest&#243; orgulloso.

&#191;Ves el coche de polic&#237;a all&#237; fuera? &#191;Puedes ver qu&#233; coche es?

&#191;&#201;se? Lo acabas de decir. Es un coche de polic&#237;a.

Daba vueltas en el sill&#243;n y de repente se puso triste.

Y el color, Raymond. &#191;Viste el color?

Se esforz&#243; de nuevo, pero movi&#243; resignadamente la cabeza.

Hab&#237;a mucho polvo. Imposible ver el color -murmur&#243;.

Pero tal vez puedas decirnos si era oscuro o claro.

Sejer segu&#237;a insistiendo y Skarre no paraba de escribir. Ese tono c&#225;lido de su jefe le sorprend&#237;a; normalmente era m&#225;s escueto.

Quiz&#225; algo entre medias. Marr&#243;n, gris o verde. Un color sucio. Hab&#237;a mucho polvo. Pod&#233;is pregunt&#225;rselo a Ragnhild, ella tambi&#233;n lo vio.

Ya se lo hemos preguntado. Ella tambi&#233;n dice que el coche tal vez fuera gris o verde. Pero ha sido incapaz de decir si era un coche nuevo y bonito, o feo y viejo.

Viejo y feo no -dijo Raymond con decisi&#243;n-. Mejor algo entre medias.

Exactamente, entiendo.

Llevaba algo en el techo -dijo de repente.

&#191;Ah s&#237;? &#191;Qu&#233; era?

Una caja larga. Plana y negra.

Tal vez un cofre portaesqu&#237;s -sugiri&#243; Skarre.

Raymond vacil&#243;.

S&#237;, a lo mejor un cofre portaesqu&#237;s.

Skarre sonri&#243; mientras anotaba, encantado con los esfuerzos de Raymond.

Muy bien observado, Raymond. &#191;Has tomado nota, Skarre? &#191;De modo que tu padre est&#225; en la cama?

Estar&#225; esperando ya su comida.

No hemos querido molestarte. &#191;Podemos entrar y saludarle?

Vale, yo os ense&#241;ar&#233; d&#243;nde est&#225;.

Raymond atraves&#243; la sala seguido por los dos hombres. Se detuvo al otro extremo del pasillo y abri&#243; con suavidad la puerta, casi religiosamente. En la cama yac&#237;a un anciano roncando. Sus dientes estaban dentro de un vaso en la mesilla.

D&#233;jale -susurr&#243; Sejer y se retir&#243;.

Dieron las gracias a Raymond y salieron de la casa. El chico los sigui&#243;.

Tal vez volvamos. Tienes unos conejos estupendos -dijo Skarre.

Eso me dijo tambi&#233;n Ragnhild. Puedes coger uno si quieres.

Tal vez en otra ocasi&#243;n.

Le dijeron adi&#243;s con la mano y bajaron dando tumbos por el camino lleno de baches. Sejer dio golpecitos en el volante, irritado.

Lo del coche es importante. Lo &#250;nico que tenemos es algo entre medias. &#161;Pero mira, un cofre portaesqu&#237;s ya es algo! Ragnhild no mencion&#243; nada de eso.

Todo el mundo lleva un cofre portaesqu&#237;s en el techo.

Yo no. Para all&#237; abajo, junto a esa granja.

Pararon delante de la casa y aparcaron junto a un Mazda rojo. Una mujer con una visera en la cabeza, bombachos y botas de agua los vio desde el granero y cruz&#243; el patio.

Sejer se&#241;al&#243; el coche rojo con la cabeza.

Somos de la polic&#237;a -dijo educadamente-. &#191;Tienen ustedes otros coches aqu&#237; en la granja adem&#225;s de &#233;ste?

Tenemos otros dos -dijo la mujer extra&#241;ada-. Mi marido tiene un coche familiar, y el chico un Golf. El Mercedes es blanco y el Golf es rojo -a&#241;adi&#243;.

&#191;Y en esa granja de all&#237; abajo? &#191;Qu&#233; clase de veh&#237;culos tienen all&#237;?

Un Blazer -contest&#243; la mujer cautelosamente-. Un Blazer azul oscuro. &#191;Ha pasado algo?

Pues, s&#237;, ha pasado algo. Volveremos sobre ello. &#191;Estaba usted en casa ayer a mediod&#237;a? &#191;Sobre la una o las dos?

Estuve labrando el campo.

&#191;No vio una coche bajar a gran velocidad? &#191;Un coche verde o gris con un cofre portaesqu&#237;s en el techo?

La mujer se encogi&#243; de hombros.

No, que yo recuerde. Pero no oigo gran cosa cuando estoy en el tractor.

&#191;Vio usted gente por aqu&#237; sobre esa hora?

Gente de paseo o de excursi&#243;n. Una pandilla de chicos con un perro -record&#243;-. Y nadie m&#225;s -a&#241;adi&#243;.

Thorbj&#248;rn y su pandilla, pens&#243; Sejer.

Gracias por su ayuda. &#191;Sus vecinos est&#225;n en casa?

Se&#241;al&#243; la granja de m&#225;s abajo mientras miraba la cara de la mujer. Era obvio que pasaba mucho tiempo trabajando al aire libre. Ten&#237;a un rostro hermoso y lleno de frescura.

El due&#241;o est&#225; de viaje. S&#243;lo queda un hombre que se ocupa de las vacas, y se march&#243; esta ma&#241;ana. No he visto si ha vuelto.

La mujer se tap&#243; el sol con una mano y mir&#243; hacia abajo.

Desde luego, el coche no est&#225;.

&#191;Le conoce usted?

No. No es muy hablador.

Sejer le dio las gracias y se volvi&#243; a meter en el coche.

El coche primero tendr&#237;a que subir -dijo Skarre.

Entonces a&#250;n no era un asesino. Tal vez pas&#243; tranquilamente, por eso nadie se fij&#243; en &#233;l.

Bajaron en segunda hasta la carretera principal. Al poco tiempo vieron una peque&#241;a tienda de ultramarinos a mano izquierda. Aparcaron y entraron. Una campanilla son&#243; d&#233;bilmente sobre sus cabezas. Un hombre vestido con una bata de nailon verdosa sali&#243; de la trastienda. Durante un par de segundos se los qued&#243; mirando aterrorizado.

&#191;Se trata de Annie?

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

Anette est&#225; muy triste -dijo asustado-. Llam&#243; esta ma&#241;ana a casa de Annie. S&#243;lo oy&#243; un grito en el auricular.

Una joven apareci&#243; en el marco de la puerta. El padre le rode&#243; los hombros con un brazo.

Hoy le hemos permitido quedarse en casa.

&#191;Viven ustedes aqu&#237; al lado?

Sejer se acerc&#243; y le tendi&#243; la mano.

Quinientos metros m&#225;s abajo, en la playa. No podemos entenderlo.

&#191;Vio usted ayer algo digno de menci&#243;n?

Despu&#233;s de pensarlo dijo:

Pas&#243; por aqu&#237; una pandilla de chicos que compraron cada uno una lata de Coca Cola. Por lo dem&#225;s, s&#243;lo Raymond. Vino hacia mediod&#237;a para comprar leche y pan. Raymond L&#229;ke. Vive con su padre junto a la colina. No vendemos demasiado. Vamos a dejar esto pronto.

Acariciaba una y otra vez la espalda de su hija mientras hablaba.

&#191;Cu&#225;nto tiempo estuvo L&#229;ke comprando?

No s&#233;. Diez minutos tal vez. Por cierto, tambi&#233;n par&#243; una moto. Ser&#237;a entre las doce y media y la una. Estuvo ah&#237; fuera un rato y luego se march&#243;. Una moto grande con enormes bolsas colgando. Un turista, quiz&#225;. Nadie m&#225;s.

&#191;Una moto? &#191;Puede usted describirla?

Bueno, no s&#233; qu&#233; decir. Oscura, creo. Resplandeciente. Estaba sentado sobre la moto de espaldas, y llevaba casco. Estaba leyendo algo que ten&#237;a delante de &#233;l en la moto.

&#191;Vio la matr&#237;cula?

Ah no, lo siento.

&#191;No recuerda usted un coche gris o verde con cofre portaesqu&#237;s sobre el techo?

No.

&#191;Y t&#250;, Anette? -dijo Sejer dirigi&#233;ndose a la hija-. &#191;Te acuerdas de algo que tal vez pueda ser importante?

Deber&#237;a haber llamado -murmur&#243; la joven.

No debes culparte; de todos modos no habr&#237;as podido hacer nada. Alguien debi&#243; de cogerla por el camino.

A Annie no le gustaba que nadie se metiera donde no le llamaban. Ten&#237;a miedo de que se enfadara si le d&#225;bamos la lata.

&#191;Conoc&#237;as bien a Annie?

Bastante.

&#191;Y no se te ocurre nada que pudiera surgirle en el camino? &#191;Dijo algo de nuevas amistades?

No, no. Ten&#237;a a Halvor.

Claro. Ll&#225;mame, por favor, si surge algo. Volveremos, si no les importa.

Dieron las gracias y salieron. El tendero Horgen se meti&#243; de nuevo en la trastienda. Sejer divis&#243; su figura encorvada en la ventana junto a la puerta.

Sentado en la trastienda puede ver lo que pasa en la carretera.

Una moto que se para y se vuelve a marchar. Entre las doce y media y la una. Tenemos que tomar buena nota de eso.

Cerr&#243; la puerta del coche.

Thorbj&#248;rn dijo que pasaron por la laguna de la Serpiente sobre la una menos cuarto buscando a Ragnhild. Entonces la chica no estaba all&#237;. Raymond y Ragnhild pasaron presuntamente por el lugar a la una y media y entonces s&#237; estaba. Eso nos deja un margen de tres cuartos de hora, algo bastante raro. Un coche pas&#243; a gran velocidad justo antes de marcharse Ragnhild y Raymond. Un coche normal, algo entre medias. Un color sucio, no claro, no oscuro, ni viejo, ni nuevo.

Dio un golpecito en el salpicadero del coche.

No todo el mundo es especialista en coches -sonri&#243; Skarre.

Hagamos un comunicado para que el conductor se presente. Sea quien sea el que pas&#243; por casa de Raymond sobre la una y media ayer, a gran velocidad, probablemente con un cofre portaesqu&#237;s en el techo. Tambi&#233;n haremos un comunicado sobre la moto. Si no se presenta nadie, tendr&#233; que presionar a esos ni&#241;os para que nos describan el coche.

&#191;C&#243;mo vas a hacerlo?

A&#250;n no lo s&#233;. Tal vez puedan hacer un dibujo. Los ni&#241;os suelen dibujar siempre.


Raymond llev&#243; la comida a su padre. Andaba de puntillas, pero las tablas de la tarima cruj&#237;an y el plato tintine&#243; al dejarlo sobre el m&#225;rmol de la mesilla. El padre abri&#243; un ojo.

&#191;Qu&#233; quer&#237;an? -pregunt&#243;.


Luego comieron en la cantina de los Juzgados.

La tortilla est&#225; seca -se lament&#243; Skarre-. Ha estado demasiado tiempo en la sart&#233;n.

&#191;Ah, s&#237;?

Lo que ocurre, &#191;sabes?, es que los huevos siguen cuaj&#225;ndose durante bastante tiempo despu&#233;s de estar en el plato. Hay que sacarlos de la sart&#233;n mientras a&#250;n est&#225;n l&#237;quidos.

Sejer no tuvo nada que oponer; no ten&#237;a ni idea de cocinar.

Adem&#225;s, tienen leche. La leche estropea el color.

&#191;Has estudiado para cocinero?

S&#243;lo hice un cursillo.

Vaya, vaya, de las cosas que uno se entera

Limpi&#243; el plato con el trozo de pan y atrap&#243; las &#250;ltimas migas. Luego se limpi&#243; meticulosamente la boca con la servilleta.

Empezaremos por Krystallen, cada uno por un lado. Tocamos a diez casas. Esperaremos hasta despu&#233;s de las cinco, cuando la gente haya vuelto del trabajo.

&#191;Qu&#233; tengo que buscar? -pregunt&#243; Skarre mirando el reloj. Despu&#233;s de las dos estaba permitido fumar.

Irregularidades. Cualquier cosa. Pregunta tambi&#233;n por la Annie de antes, si opinan que cambi&#243;. Usa todo tu encanto y haz que se sinceren. Es decir, encuentra algo.

Deber&#237;amos hablar con Eddie Holland a solas.

Lo mismo he pensado yo. Lo llamar&#233; para que venga cuando haya pasado alg&#250;n tiempo. Pero tienes que recordar que la madre est&#225; en estado de shock. Ya se ir&#225; tranquilizando.

Los dos han hecho observaciones muy distintas de Annie, &#191;no te parece?

Supongo que siempre es as&#237;. T&#250; no tienes hijos, &#191;no, Skarre?

No.

Encendi&#243; el cigarrillo y sopl&#243; el humo hacia la derecha del jefe.

La hermana habr&#225; vuelto ya de Trondheim. Tambi&#233;n tenemos que hablar con ella.

Despu&#233;s de comer pasaron un momento por la Secci&#243;n T&#233;cnica, pero nadie sab&#237;a nada nuevo sobre el anorak azul que cubr&#237;a el cad&#225;ver.

Importado de China. Se vende en todas las cadenas de precios bajos. El importador cree que han tra&#237;do unos dos mil. Una bolsita de caramelos en el bolsillo derecho, una placa fosforescente y unos pelos rubios, posiblemente pelos de perro. Y no me preguntes por la raza. Por lo dem&#225;s nada.

&#191;Talla?

XL. Pero las mangas eran demasiado largas, estaban remangadas.

Antes la gente llevaba etiquetas con su nombre en las chaquetas -record&#243; Sejer.

Pues s&#237;, en la Edad Media o por ah&#237;.

&#191;Y la pastilla?

Nada interesante, me temo. Simplemente una pastilla de menta, de &#233;sas que est&#225;n ahora de moda. Min&#250;scula y tremendamente fuerte.

En realidad Sejer se sent&#237;a decepcionado. Una pastilla de mentol no dec&#237;a absolutamente nada. Todo el mundo llevaba algo semejante en el bolsillo; &#233;l mismo llevaba siempre una bolsita de Fisherman's Friend.

Se metieron de nuevo en el coche. Ya hab&#237;a m&#225;s tr&#225;fico en Krystallen, sobre todo ni&#241;os con distintas clases de veh&#237;culos como triciclos, tractores, cochecitos de mu&#241;ecas y un coche de madera hecho en casa por su propietario. Cuando aparcaron el coche de polic&#237;a junto a los garajes, la policromada imagen del tr&#225;fico se congel&#243;. Skarre no pudo resistirse a la tentaci&#243;n de comprobar los frenos de algunos de los veh&#237;culos y estaba convencido de que el due&#241;o de un Massey Ferguson azul y rosa moj&#243; el pa&#241;al de puro susto al o&#237;r comentar al polic&#237;a que uno de los faros traseros estaba roto.

La mayor&#237;a hab&#237;a intuido que algo hab&#237;a pasado, pero no sab&#237;an exactamente qu&#233;. Nadie se hab&#237;a atrevido a llamar a la puerta de los Holland a preguntar.


Realizaron su cometido casa tras casa, cada uno por su lado de la calle. Una y otra vez tuvieron que contemplar la incredulidad y el susto en los rostros paralizados. Algunas mujeres empezaban a llorar, los hombres palidec&#237;an y guardaban silencio. Sejer y Skarre esperaban cort&#233;smente un rato antes de empezar con sus preguntas. Todos conoc&#237;an bien a Annie. Varias mujeres la hab&#237;an visto en el momento de marcharse. Los Holland viv&#237;an en la casa m&#225;s al fondo, as&#237; que tuvo que pasar por todas las viviendas para llegar a la calle. Durante a&#241;os, excepto el &#250;ltimo en que se estaba haciendo adulta, Annie hab&#237;a cuidado de sus hijos. Casi todos mencionaron su carrera en el balonmano y el asombro general cuando dej&#243; el equipo, porque Annie era tan buena que el peri&#243;dico local escrib&#237;a sobre ella muy a menudo. Un matrimonio mayor recordaba que antes hab&#237;a sido mucho m&#225;s vivaracha y extrovertida, pero atribuyeron el cambio al hecho de que se estuviera haciendo mayor. Hab&#237;a crecido much&#237;simo, dijeron. Antes era bastante baja y menuda, y de pronto empez&#243; a crecer.

Skarre no visit&#243; las casas por orden, sino que se encontraba en la casa color naranja. Result&#243; pertenecer a un soltero pr&#243;ximo a los cincuenta. En medio del sal&#243;n ten&#237;a una barca de verdad con velas y todo. Al fondo pod&#237;a verse un colch&#243;n y un mont&#243;n de cojines, y en la borda hab&#237;a fijado un soporte para botellas. Skarre mir&#243; fascinado la barca, que era de un color rojo vivo, con las velas blancas, y por un instante record&#243; su propio piso y la ausencia de cualquier decorado fuera de la ortodoxia.

Fritzner no conoc&#237;a bien a Annie, ya que no ten&#237;a hijos a los que ella pudiera haber cuidado, pero a veces la hab&#237;a bajado al centro en su coche. La muchacha sol&#237;a aceptar la oferta cuando hac&#237;a mal tiempo, pero cuando hac&#237;a bueno le hac&#237;a se&#241;as para que continuara sin ella. Annie le gustaba. Muy buena portera, dijo gravemente.

Sejer se dirigi&#243; a continuaci&#243;n a la fila de casas de m&#225;s adentro y lleg&#243; al n&#250;mero seis, donde viv&#237;a una familia turca. La familia Irmak estaba a punto de cenar cuando llam&#243; a la puerta. Estaban sentados a la mesa, en medio de la cual se ve&#237;a una nube de vapor que sal&#237;a de una gran cacerola. El hombre de la casa, una figura majestuosa con camisa bordada, le tendi&#243; la mano. Sejer les cont&#243; que Annie Holland hab&#237;a muerto, que al parecer alguien la hab&#237;a matado.

&#161;Oh no! -dijeron asustados-, no puede ser verdad. Esa chica tan guapa del n&#250;mero uno, &#161;la hija de Eddie! La &#250;nica familia que los hab&#237;a recibido bien cuando se mudaron all&#237;. Hab&#237;an vivido en m&#225;s sitios, y no hab&#237;an sido bien acogidos en todas partes. &#161;No puede ser verdad!

El hombre lo cogi&#243; del brazo y lo llev&#243; hasta el sof&#225;.

Sejer se sent&#243;. Irmak no mostraba esa manera de ser d&#243;cil y sumisa que hab&#237;a observado en otros emigrantes, sino que rebosaba dignidad y fe en s&#237; mismo. Resultaba liberador.

La mujer hab&#237;a visto a Annie al marcharse. Alrededor de las doce y media, pensaba. Iba andando tranquilamente a lo largo de las casas con una mochila en la espalda. No hab&#237;an conocido a Annie de m&#225;s joven, pues s&#243;lo llevaban cuatro meses viviendo all&#237;.

Chica como un chico -dijo, ajust&#225;ndose el pa&#241;uelo que le cubr&#237;a la cabeza-. &#161;Grande! &#161;Mucho m&#250;sculo! -a&#241;adi&#243; bajando la vista.

&#191;Cuid&#243; alguna vez de sus hijos?

Sejer dirigi&#243; la mirada a la mesa donde una ni&#241;a esperaba pacientemente. Una ni&#241;a callada, inusualmente guapa, conpesta&#241;as muy tupidas. Su mirada era profunda y negra, como el pozo de una mina.

Quer&#237;amos ped&#237;rselo -se apresur&#243; a contestar el hombre-, pero los vecinos dijeron que ya no le apetec&#237;a. As&#237; que no quisimos ser pesados. Adem&#225;s, mi mujer est&#225; en casa todo el d&#237;a y nos apa&#241;amos bien. S&#243;lo yo tengo que marcharme todas las ma&#241;anas. Tenemos un Lada. El vecino dice que no es un coche de verdad, pero a nosotros nos sirve. Va y viene todos los d&#237;as a la calle Poppels, donde tengo una tienda de especias. Por cierto, ese eccema que tiene usted en la frente desaparecer&#237;a con especias. No especias del supermercado. Especias de verdad, de Irmak.

&#191;Ah s&#237;? &#191;Es posible?

Limpia el sistema. Elimina el sudor m&#225;s deprisa.

Sejer asinti&#243;, serio.

&#191;De manera que ustedes nunca tuvieron relaci&#243;n con Annie?

No realmente. Algunas veces, cuando pasaba corriendo, yo la paraba y le amenazaba con la mano. Le dec&#237;a: Corres tanto que dejas atr&#225;s tu alma, chica. Ella se re&#237;a. Yo segu&#237;a dici&#233;ndole: Yo te ense&#241;ar&#233; a meditar. Correr por las calles es una dif&#237;cil manera de encontrar la paz. Entonces se re&#237;a a&#250;n m&#225;s y desaparec&#237;a en la curva.

&#191;Estuvo alguna vez dentro de esta casa?

S&#237;. Eddie la envi&#243; el d&#237;a que llegamos con una maceta para darnos la bienvenida. Nihmet llor&#243; -dijo mirando a su mujer. En ese momento tambi&#233;n lloraba. Se tap&#243; la cara con el pa&#241;uelo y les dio la espalda.

Cuando Sejer se march&#243;, le dieron las gracias por la visita y le dijeron que ser&#237;a bienvenido de nuevo en su casa. Se quedaron mir&#225;ndole desde la entrada. La ni&#241;a, que estaba colgada del vestido de la madre, le recordaba a su nieto Matteus, con sus ojos oscuros y los rizos negros. Fuera, en la calle, se detuvo un instante y mir&#243; a Skarre, que en ese momento sal&#237;a del n&#250;mero uno. Se dijeron hola con la cabeza y volvieron a separarse.

&#191;Muchas puertas cerradas? -pregunt&#243; Skarre.

S&#243;lo dos, Johnas en el n&#250;mero cuatro y Rud en el ocho.

He tomado nota de todo.

&#191;Alguna reflexi&#243;n inmediata?

S&#243;lo que todo el mundo la conoc&#237;a y que entr&#243; y sali&#243; de las casas durante a&#241;os. Y. obviamente ten&#237;a buen cartel por todas partes.

Llamaron a la puerta de Holland y sali&#243; a abrir una chica joven. Sin duda, se trataba de la hermana de Annie. Eran parecidas y, sin embargo, distintas. Ten&#237;a el pelo tan rubio como Annie, pero la ra&#237;z m&#225;s oscura. Sus ojos, muy claros e inseguros, estaban apresados en un marco de rimmel negro. No era grande ni alta como Annie, ni atl&#233;tica o bien formada. Llevaba mallas de color lila con rayas pespunteadas y una blusa blanca con varios botones abiertos.

&#191;S&#248;lvi? -pregunt&#243; Sejer.

La joven asinti&#243; con la cabeza y le tendi&#243; una mano flaccida. Los precedi&#243; hasta el interior de la casa y busc&#243; inmediatamente refugio en su madre. La se&#241;ora Holland estaba sentada en el mismo rinc&#243;n del sof&#225; que la vez anterior. La expresi&#243;n de su rostro hab&#237;a cambiado en las pocas horas que hab&#237;an transcurrido desde entonces; ya no mostraba esa crispante desesperaci&#243;n, m&#225;s bien parec&#237;a afligida y agotada, adem&#225;s de envejecida. No se ve&#237;a al padre por ninguna parte. Sejer intent&#243; estudiar a S&#248;lvi sin mirarla fijamente. Ten&#237;a una cara y un cuerpo muy diferentes a los de su hermana, no ten&#237;a los anchos p&#243;mulos de Ahnie, ni su barbilla prominente o sus grandes ojos grises. M&#225;s d&#233;bil y algo llenita, pens&#243;. Bast&#243; una conversaci&#243;n de media hora para averiguar que las dos hermanas nunca hab&#237;an mantenido una relaci&#243;n estrecha. Hab&#237;an vivido cada una su vida, S&#248;lvi trabajaba de aprendiz en una peluquer&#237;a y nunca hab&#237;a mostrado inter&#233;s por los ni&#241;os de los dem&#225;s, nunca hab&#237;a hecho deporte. Sejer pens&#243; que seguramente s&#243;lo se interesaba por ella misma, por su aspecto. Incluso entonces, sentada en el sof&#225; junto a su madre, estaba colocada convenientemente, como si fuera una vieja costumbre: una rodilla encogida, la cabeza ligeramente ladeada, las manos cruzadas alrededor de la pierna. Varios anillos de bisuter&#237;a brillaban en sus dedos. Ten&#237;a las u&#241;as largas y pintadas de rojo. Un cuerpo redondo, sin &#225;ngulos, sin car&#225;cter, como si le faltaran esqueleto y m&#250;sculos, como si fuera s&#243;lo piel estirada sobre un trozo de barro para modelar de color rosa. S&#248;lvi era bastante mayor que su hermana, pero ten&#237;a una expresi&#243;n ingenua. Su madre hab&#237;a adoptado una postura protectora y no paraba de acariciarle el brazo, como si fuera necesario consolarla constantemente por algo, o tal vez advertirle de algo. Sejer no sab&#237;a muy bien qu&#233;. Las dos hermanas hab&#237;an sido muy distintas, a decir verdad. La cara de Annie en las fotos era m&#225;s madura. Miraba a la c&#225;mara con una expresi&#243;n prudente, como si no le gustara que le hicieran fotos pero se hubiera resignado a la autoridad, tal vez porque era una chica bien educada. S&#248;lvi posaba todo el tiempo. De aspecto se parec&#237;a a la madre, pens&#243; Sejer, y Annie al padre.

&#191;Sabes si Annie hab&#237;a hecho alguna nueva amistad &#250;ltimamente? &#191;Si hab&#237;a conocido a alguien? &#191;Habl&#243; de ello?

No le interesaba conocer a gente -contest&#243; S&#248;lvi alis&#225;ndose la camisa.

&#191;Sabes si llevaba un diario?

&#161;Oh no! A Annie no le iban esas cosas. Era distinta a las dem&#225;s chicas, era un poco chicazo por as&#237; decirlo. No le gustaba nada arreglarse. Llevaba el medall&#243;n de Halvor, pero s&#243;lo porque &#233;l le daba la lata. En realidad le estorbaba cuando corr&#237;a.

Su voz era clara y dulce, como de ni&#241;a peque&#241;a, a pesar de tener seis a&#241;os m&#225;s que Annie. Tr&#225;tame bien -ped&#237;a la voz-, ya ves que soy peque&#241;a y fr&#225;gil.

&#191;Conoces a sus amigos?

Eran m&#225;s j&#243;venes que yo, claro, pero s&#233; qui&#233;nes son.

Se tocaba los anillos vacilando un poco, como si intentara comprender esa nueva situaci&#243;n en la que de repente se encontraba.

&#191;Qui&#233;n de ellos crees que la conoc&#237;a mejor?

Sal&#237;a con Anette, pero s&#243;lo si iban a hacer algo en concreto. Quiero decir, no quedaban s&#243;lo para charlar.

Viv&#237;s algo aislados aqu&#237; en el campo -dijo Sejer con prudencia-. &#191;Hac&#237;a alguna vez autoestop?

Jam&#225;s. Yo tampoco -se apresur&#243; a a&#241;adir-. Pero nos llevan a menudo. Conocemos a casi todo el mundo.

Casi, pens&#243; Sejer.

&#191;Piensas que se sent&#237;a infeliz por algo?

Infeliz no. Pero tampoco era la alegr&#237;a de la casa, que digamos. No se interesaba por casi nada. Por cosas de chicas, me refiero. S&#243;lo por el colegio y por correr.

&#191;Y por Halvor, tal vez?

No lo s&#233; seguro. Tambi&#233;n con &#233;l se mostraba indiferente. Como si nunca fuera capaz de decidirse del todo.

Sejer vio en su mente la imagen de una chica con una mirada esc&#233;ptica, una chica que hac&#237;a lo que le daba la gana, que escog&#237;a sus propios caminos y que hab&#237;a mantenido a todos a distancia. &#191;Por qu&#233;?

Tu madre dice que antes Annie era m&#225;s alegre -dijo Sejer en voz alta-. &#191;Opinas t&#250; lo mismo?

Ah s&#237;, hablaba m&#225;s antes.

Skarre carraspe&#243; de pronto.

Ese cambio -dijo-, &#191;creen que lleg&#243; repentinamente? &#191;O fue sucediendo a lo largo del tiempo?

No -las dos se miraron-. No s&#233; exactamente. Cambi&#243; y ya est&#225;.

&#191;Puedes decirnos algo de cu&#225;ndo sucedi&#243; ese cambio, S&#248;lvi?

Se encogi&#243; de hombros.

El a&#241;o pasado. Halvor y ella rompieron, y justo despu&#233;s dej&#243; el balonmano. Y creci&#243; much&#237;simo. Toda la ropa se le qued&#243; peque&#241;a y se volvi&#243; muy callada.

&#191;Quieres decir malhumorada, o arisca?

No. Simplemente callada. Desilusionada, de alguna manera.

&#191;Desilusionada?

Sejer mir&#243; de reojo a S&#248;lvi. Sus mallas eran abrumadoras, del color de las lilas de la infancia de Sejer.

&#191;Sabes si Annie y Halvor manten&#237;an relaciones sexuales?

La chica se puso roja.

No lo s&#233; exactamente. Mejor preg&#250;nteselo a Halvor.

As&#237; lo har&#233;.


Esa hermana -dijo Sejer, cuando estaban de nuevo sentados en el coche-, es de esa clase de chicas que a menudo acaban siendo v&#237;ctimas. Quiero decir, de un hombre con malas intenciones. Est&#225; tan absorta en s&#237; misma y en su aspecto que no ser&#237;a capaz de captar las se&#241;ales de peligro. Me refiero a S&#248;lvi. No a Annie. Annie era reservada y deportista. No pensaba en impresionar a la gente. No hac&#237;a autoestop, y no ten&#237;a inter&#233;s por conocer a gente nueva. Si hubiera subido en alg&#250;n coche, sin duda habr&#237;a sido en el de alguien conocido.

Eso es lo que decimos siempre.

Skarre mir&#243; a Sejer.

Ya lo s&#233;.

T&#250; tienes una hija que pas&#243; por la adolescencia -dijo Skarre con curiosidad-. &#191;C&#243;mo fue en realidad?

Bueno -murmur&#243; Sejer, mirando por la ventana-. Fue m&#225;s bien Elise la que se ocup&#243; de eso. Pero s&#237; recuerdo aquella &#233;poca. La pubertad es un terreno dif&#237;cil de pisar. Mi hija era la alegr&#237;a de la casa hasta cumplir los trece a&#241;os, entonces empez&#243; a gru&#241;ir. Gru&#241;&#243; hasta cumplir los catorce, entonces empez&#243; a morder. Y luego se le pas&#243; todo.

Luego todo pas&#243; record&#243; cuando cumpli&#243; los quince y empezaba a convertirse en una peque&#241;a mujer, y &#233;l no sab&#237;a c&#243;mo dirigirse a ella. Lo mismo tendr&#237;a que haberle pasado a Holland Cuando la ni&#241;a deja de ser ni&#241;a y tienes que buscar un nuevo lenguaje. Dif&#237;cil.

&#191;Pasaron uno o dos a&#241;os hasta que se acabaran los problemas?

Pues s&#237; -contest&#243; pensativo-, supongo que s&#237;.

&#191;Te interesa ese cambio en la chica?

Algo puede haber sucedido. Tengo que averiguar qu&#233;. Qui&#233;n era, qui&#233;n la mat&#243; y por qu&#233;. Ya es hora de hacer una visita a Halvor Munz. Seguramente estar&#225; esper&#225;ndonos. &#191;C&#243;mo crees que se siente &#233;l?

Ni idea. &#191;Puedo fumar en el coche?

No. Por cierto, llevas el pelo un poco largo, &#191;no?

Pues s&#237;, ahora que lo dices.

Miraron cada uno por su ventanilla. Skarre se sac&#243; un rizo de la nuca y lo estir&#243; en toda su longitud. Al soltarlo, volvi&#243; a encogerse r&#225;pidamente, como un gusano sobre una placa de calor.


La mujer pens&#243; que ese rostro le era familiar. Acerc&#243; m&#225;s la silla y peg&#243; su arrugada cara a la pantalla. La luz le alcanz&#243; de tal manera que su nieto pudo ver los pelos que le crec&#237;an en la barbilla. Deber&#237;a hab&#233;rselos afeitado hace mucho tiempo, pens&#243;, pero no sab&#237;a muy bien c&#243;mo dec&#237;rselo.

&#161;Es Johann Olav! -grit&#243; la mujer-. Est&#225; bebiendo leche.

Mm.

Qu&#233; guapo es ese chico. Me pregunto si &#233;l lo sabe, es como una escultura de verdad. &#161;Una escultura viva!

Koss, el gran patinador de velocidad, se limpi&#243; la leche de los labios y sonri&#243; a la c&#225;mara con dientes blancos.

&#161;Pero qu&#233; dentadura tiene! &#191;Has visto? Unos dientes blanqu&#237;simos. Es porque bebe leche. T&#250; deber&#237;as beber m&#225;s. Y luego ha tenido acceso al dentista escolar, nosotros no tuvimos esa posibilidad.

La mujer recogi&#243; la manta sobre las rodillas.

No hab&#237;a dinero para cuidar de los dientes, simplemente nos los sacaban conforme iban pudri&#233;ndose, pero vosotros teneis dentista gratis en el colegio y leche y vitaminas y comida sana y pasta de dientes con fl&#250;or y no s&#233; cu&#225;ntas cosas m&#225;s -suspir&#243; profundamente-. &#191;Sabes? Yo lloraba en el colegio no porque no me supiera la lecci&#243;n, sino porque ten&#237;a hambre. &#161;Claro que sois guapos los j&#243;venes de hoy! &#161;Os envidio! &#191;Me oyes, Halvor? &#161;De verdad que os envidio!

S&#237;, abuela.

Le temblaban los dedos al sacar unas fotos de un sobre amarillo de Kodak. Era un joven delgado de hombros estrechos, no se parec&#237;a mucho al patinador del anuncio de la televisi&#243;n. Ten&#237;a la boca peque&#241;a, como la de una ni&#241;a, y la comisura de un lado ligeramente tensa. La comisura se negaba a seguirle el movimiento las escasas veces que el chico sonre&#237;a. Mir&#225;ndole muy de cerca pod&#237;a apreciarse una cicatriz que sub&#237;a desde la comisura derecha hasta la sien. Ten&#237;a el pelo casta&#241;o, suave y corto, y una barba rala. De lejos pasaba f&#225;cilmente por un quincea&#241;ero, y durante mucho tiempo hab&#237;a tenido que ense&#241;ar el carn&#233; de identidad en los cines, en las pel&#237;culas aptas para mayores de dieciocho a&#241;os. Nunca protestaba, no era nada pendenciero.

Pasaba lentamente las fotos que hab&#237;a visto un sinf&#237;n de veces, pero que en ese momento hab&#237;an cobrado una nueva dimensi&#243;n. Buscaba en ellas avisos, premoniciones de lo que suceder&#237;a m&#225;s adelante, cosas que &#233;l desconoc&#237;a en el momento de hacer las fotos. Annie con el mazo golpeando con todas sus fuerzas un piquete. Annie en el borde del trampol&#237;n, recta como una columna con el ba&#241;ador negro. Annie dormida dentro del saco de dormir verde. Annie en bicicleta, con la cara tapada por el pelo rubio. Una de &#233;l haciendo esfuerzos con el infiernillo. Una de los dos, hecha por los de la tienda de al lado. &#201;l tuvo que convencerla, ya que ella odiaba ponerse delante de una c&#225;mara.

&#161;Halvor! -grit&#243; su abuela desde la ventana-, &#161;Viene un coche de polic&#237;a!

S&#237; -contest&#243; Halvor en voz baja.

&#191;Por qu&#233; viene aqu&#237;? -la abuela lo mir&#243; preocupada-. &#191;Qu&#233; quieren?

Es por Annie.

&#191;Qu&#233; pasa con Annie?

Ha muerto.

&#191;Qu&#233; dices?

La mujer volvi&#243; al sill&#243;n dando tumbos y se agarr&#243; al brazo.

Ha muerto. Vienen a interrogarme. Sab&#237;a que vendr&#237;an. Los estaba esperando.

&#191;Por qu&#233; dices que Annie ha muerto?

&#161;Porque ha muerto! -grit&#243;-. &#161;Muri&#243; ayer! Su padre me llam&#243;.

Pero, &#191;por qu&#233;?

&#191;C&#243;mo voy a saberlo? &#161;No s&#233; el motivo! &#161;S&#243;lo s&#233; que ha muerto!

Halvor escondi&#243; la cara entre las manos. Su abuela cay&#243; como un saco sobre el sill&#243;n, a&#250;n m&#225;s p&#225;lida que de costumbre. Todo hab&#237;a estado muy tranquilo &#250;ltimamente. Pero no pod&#237;a durar, claro que no.

Llamaron con insistencia a la puerta. Halvor se sobresalt&#243;, escondi&#243; las fotos debajo del tapete y fue a abrir. Eran dos. Se quedaron un instante en la entrada mir&#225;ndole. No resultaba dif&#237;cil adivinar lo que estaban pensando.

&#191;Te llamas Halvor Muntz?

S&#237;.

Hemos venido a hacerte unas preguntas. &#191;Sabes el motivo?

Su padre me llam&#243; anoche.

Halvor asinti&#243; una y otra vez con la cabeza. Sejer descubri&#243; a la anciana en el sill&#243;n y la salud&#243;.

&#191;Es familia tuya?

S&#237;.

&#191;Podemos hablar a solas en alg&#250;n sitio?

S&#243;lo en mi habitaci&#243;n.

Bueno. Si no te importa

Halvor sali&#243; delante de ellos, atravesaron una estrecha cocina y entraron en un peque&#241;o cuarto. Esta casa tiene que ser muy antigua, pens&#243; Sejer, ya no se distribuyen as&#237; las habitaciones. Los polic&#237;as se sentaron en un viejo sof&#225;-cama, y Muntz en la cama. Era una habitaci&#243;n antigua, con las paredes de madera pintadas de verde, y un ancho alf&#233;izar delante de la ventana.

&#191;La se&#241;ora del cuarto de estar es tu abuela?

Mi abuela paterna.

&#191;Y tus padres?

Est&#225;n divorciados.

&#191;Por eso vives aqu&#237;?

Me dejaron elegir.

Las palabras sonaban secas, como piedrecitas al caer al suelo.

Sejer mir&#243; a su alrededor en busca de fotos de Annie, y encontr&#243; una en un marco dorado sobre la mesilla. Al lado hab&#237;a un despertador y una figura de la Virgen con el Ni&#241;o Jes&#250;s, tal vez un recuerdo tur&#237;stico del sur de Europa. Un &#250;nico p&#243;ster en la pared, probablemente de alg&#250;n cantante de rock, con la palabra Meat Loaf escrita a lo ancho de la foto. Minicadena y discos compactos, un armario, un par de zapatillas de deportes no tan buenas como las de Annie. Un casco de moto colgaba del tirador del armario. La cama estaba sin hacer. En la pared de enfrente de la ventana hab&#237;a una estrecha mesa de estudio y sobre ella un ordenador con pantalla peque&#241;a. Al lado, en una caja, guardaba los disquetes. Sejer pudo ver uno: Ajedrez para principiantes, pon&#237;a en ingl&#233;s. A trav&#233;s de la ventana mir&#243; el patio, vio el Volvo que hab&#237;an aparcado delante del granero, una perrera vac&#237;a y una moto cubierta con un pl&#225;stico.

&#191;Tienes moto? -pregunt&#243; a modo de introducci&#243;n.

Cuando quiere ir. No siempre arranca. Voy a arreglarla, pero ahora no tengo dinero -contest&#243; manoseando el cuello de la camisa.

&#191;Trabajas?

En la f&#225;brica de helados. Llevo dos a&#241;os.

La f&#225;brica de helados, pens&#243; Sejer. Dos a&#241;os. Eso significaba que hab&#237;a dejado de estudiar al terminar la ense&#241;anza obligatoria, y se hab&#237;a puesto a trabajar. Tal vez no hab&#237;a sido una mala idea. As&#237; pod&#237;a adquirir una experiencia laboral. No parec&#237;a muy deportista, demasiado delgaducho, demasiado p&#225;lido. Annie casi hab&#237;a sido atl&#233;tica en comparaci&#243;n con ese muchacho. Ella hac&#237;a mucho deporte, trabajaba duramente en el colegio, y ese jovencito empaquetaba helados y viv&#237;a con su abuela. No le parec&#237;a que encajara muy bien, pero era una idea arrogante y la reprimi&#243;.

Tengo que hacerte algunas preguntas. Entiendes que no me queda m&#225;s remedio, &#191;no?

S&#237;.

&#191;Cu&#225;ndo viste a Annie por &#250;ltima vez?

El viernes. Fuimos al cine, a la sesi&#243;n de las siete.

&#191;Qu&#233; pel&#237;cula visteis?

Philadelphia. Annie llor&#243; -a&#241;adi&#243; pensativo.

&#191;Por qu&#233;?

La pel&#237;cula era muy triste.

De acuerdo, vale. &#191;Y luego?

Luego cenamos en el caf&#233; del cine, y fuimos en autob&#250;s hasta su casa. Estuvimos en su habitaci&#243;n escuchando m&#250;sica. Cog&#237; el autob&#250;s de las once y ella me acompa&#241;&#243; hasta la parada de la central lechera.

&#191;Y desde entonces no la has visto?

El joven neg&#243; con la cabeza. La boca tensa le confer&#237;a un aire malhumorado. Una pena, pens&#243; Sejer, porque en realidad era guapo, con ojos verdes y rasgos regulares. La boca peque&#241;a daba la impresi&#243;n de querer esconder unos dientes feos o algo parecido. Luego ver&#237;a que los dientes del chico eran m&#225;s que perfectos. Cuatro de arriba y dos de abajo eran de porcelana.

&#191;Y tampoco hablaste con ella por tel&#233;fono?

S&#237; -se apresur&#243; a contestar-. Me llam&#243; al d&#237;a siguiente por la noche.

&#191;Qu&#233; quer&#237;a?

Nada.

Pero era una chica muy callada, &#191;no?

S&#237;, pero le gustaba hablar por tel&#233;fono.

De manera que llam&#243; aunque no quer&#237;a nada en particular. &#191;De qu&#233; hablasteis?

Si necesita saberlo, de todo y de nada.

Sejer sonri&#243;. Halvor miraba constantemente por la ventana, como si quisiera evitar mirarle a los ojos. Tal vez se sintiera culpable o fuera simplemente t&#237;mido. Sinti&#243; por &#233;l una nost&#225;lgica compasi&#243;n. Su novia hab&#237;a muerto y quiz&#225; &#233;l no tuviera a nadie con quien hablar aparte de su abuela, que le estaba esperando en el cuarto de estar. Y tal vez, pens&#243; Sejer, es un homicida.

Y ayer, &#191;fuiste a trabajar como de costumbre a la f&#225;brica de helados?

Vacil&#243; un instante.

No, me qued&#233; en casa.

As&#237; que te quedaste en casa. &#191;Por qu&#233;?

No me encontraba muy bien.

&#191;Faltas mucho al trabajo?

&#161;No, no falto mucho! -protest&#243;, elevando el tono de voz. Por primera vez detectaron un atisbo de enfado.

Tu abuela podr&#225; corroborarlo, &#191;no?

S&#237;.

&#191;Y no saliste de casa en todo el d&#237;a?

S&#243;lo un rato.

&#191;A pesar de estar enfermo?

&#161;Tenemos que comer! A la abuela le cuesta mucho ir a la tienda. S&#243;lo es capaz de andar cuando tiene d&#237;as buenos, y no son muchos. Tiene artritis -explic&#243;.

De acuerdo. &#191;Puedes decirnos lo que te pasaba?

S&#243;lo si tengo que hacerlo.

No est&#225;s obligado a hacerlo ahora mismo, pero tal vez tengas que explicarlo m&#225;s adelante.

Est&#225; bien. Hay noches que no puedo dormir.

&#191;Ah s&#237;? &#191;Y entonces te quedas en casa al d&#237;a siguiente?

No puedo vigilar las m&#225;quinas si no tengo la cabeza despejada.

Parece l&#243;gico. &#191;Por qu&#233; no consigues dormir?

Bueno, alguna reminiscencia de la infancia. &#191;No es as&#237; como se dice?

Sonri&#243; de repente, una sonrisa amarga, inesperadamente adulta en ese rostro joven.

&#191;A qu&#233; hora saliste de casa aproximadamente?

Sobre las once, tal vez.

&#191;A pie?

En la moto.

&#191;Y a qu&#233; tienda fuiste?

A la tienda Kiwi, en el centro.

&#191;De modo que la moto arranc&#243; ayer?

En realidad arranca siempre, si no me canso antes de intentarlo.

&#191;Cu&#225;nto tiempo estuviste fuera?

No lo s&#233;. No pod&#237;a saber que me lo iban a preguntar.

Sejer asinti&#243;. Skarre trabajaba como un loco con el bol&#237;grafo para no perderse nada.

&#191;Pero m&#225;s o menos?

Una hora, tal vez.

Podr&#225; confirmarlo tu abuela, &#191;no?

Seguramente no. No se da mucha cuenta de lo que pasa.

&#191;Tienes carn&#233; de conducir coches?

No.

&#191;Cu&#225;nto tiempo hab&#233;is sido novios Annie y t&#250;?

Bastante tiempo. Un par de a&#241;os.

Se limpi&#243; la nariz y sigui&#243; mirando hacia el patio.

&#191;Era una buena relaci&#243;n, en tu opini&#243;n?

Lo dejamos un par de veces.

&#191;Lo dej&#243; ella?

S&#237;.

&#191;Dijo por qu&#233;?

No exactamente, aunque nunca estuvo muy interesada. Quer&#237;a mantenter la relaci&#243;n en un plan de amistad.

&#191;Y t&#250; no quer&#237;as?

El joven se sonroj&#243; y se mir&#243; las manos.

&#191;Manten&#237;ais relaciones sexuales?

Se sonroj&#243; a&#250;n m&#225;s y volvi&#243; a mirar al patio.

Realmente no.

&#191;Realmente no?

Ya lo he dicho. No estaba muy interesada.

Pero lo hab&#237;ais intentado, &#191;es eso lo que quieres decir?

Pues s&#237;, en cierta manera. Un par de veces.

&#191;Y tal vez no fue un &#233;xito?

La voz de Sejer son&#243; excepcionalmente amable en ese punto.

No s&#233; lo que se considera un &#233;xito.

Su cara estaba ya tan tensa que no le quedaba ni un gesto.

&#191;Sabes si ella hab&#237;a mantenido relaciones sexuales con alguna otra persona?

No s&#233; nada de eso, pero me cuesta creerlo.

Estuviste con Annie durante dos a&#241;os, desde que ella ten&#237;a trece. Ella rompi&#243; varias veces la relaci&#243;n, no estaba muy interesada en mantener relaciones sexuales contigo, y sin embargo t&#250; continuaste la relaci&#243;n. No eres un ni&#241;o, Halvor. &#191;Tanta paciencia tienes?

Supongo que s&#237;.

Hablaba en voz baja, no hac&#237;a sino confirmar los hechos, como cuid&#225;ndose bien de no mostrar ning&#250;n sentimiento.

&#191;Crees que la conoc&#237;as bien?

Mejor que muchos.

&#191;Ten&#237;as la impresi&#243;n de que se sent&#237;a infeliz por alguna raz&#243;n?

No exactamente infeliz. Pero no no s&#233;. Triste, tal vez.

&#191;Es diferente estar triste?

S&#237; -contest&#243; el joven levantando la vista-. Cuando uno se siente infeliz sigue esperando alguna mejor&#237;a. Y cuando uno se ha dado por vencido, la tristeza se apodera de ti.

Sejer escuch&#243; extra&#241;ado esa explicaci&#243;n.

Cuando conoc&#237; a Annie hace dos a&#241;os era distinta -dijo de repente-. Se re&#237;a y bromeaba con todo el mundo. Lo contrario de como soy yo -a&#241;adi&#243;.

&#191;Y luego cambi&#243;?

Se hizo mayor de pronto. Y m&#225;s callada. Dej&#243; de ser tan bromista. Yo esperaba que se le pasara, que volviera a ser como antes. Ahora ya no se puede esperar nada m&#225;s.

Entrelaz&#243; las manos y mir&#243; al suelo. Por fin hizo un esfuerzo enorme y se encontr&#243; con la mirada de Sejer. Sus ojos brillaban como piedras mojadas.

No s&#233; lo que est&#225;n pensando ustedes, pero yo no le he hecho nada a Annie.

Nosotros no estamos pensando nada. Tenemos que hablar con todo el mundo. &#191;Comprendes?

S&#237;.

&#191;Annie consum&#237;a droga o alcohol?

Skarre sacudi&#243; el bol&#237;grafo para que la tinta llegara a la punta.

&#191;Bromea? No sabe lo que dice.

Seguramente -contest&#243; con sencillez-. Yo no la conoc&#237;a.

Perdone, pero es que suena muy rid&#237;culo.

&#191;Y t&#250;?

Ni so&#241;arlo.

Vaya, vaya, pens&#243; Sejer. Un joven sobrio y trabajador con trabajo fijo. Muy prometedor.

&#191;Conoces a algunos de los amigos de Annie? &#191;A Anette Horgen, por ejemplo?

Un poco. Pero sol&#237;amos salir los dos solos. Annie no quer&#237;a mezclarnos.

&#191;Por qu&#233; no?

No lo s&#233;. Ella era la que decid&#237;a.

&#191;Y t&#250; hac&#237;as lo que ella quer&#237;a?

No resultaba muy dif&#237;cil. A m&#237; tampoco me gustan las aglomeraciones.

Sejer asinti&#243; comprensivo. Tal vez, y a pesar de todo, fueran una pareja bien avenida.

&#191;Sabes si Annie llevaba un diario?

Halvor vacil&#243; un instante, detuvo un impulso en el &#250;ltimo momento y neg&#243; con la cabeza.

&#191;Quiere decir uno de esos diarios de color rosa en forma de coraz&#243;n y con candado?

No necesariamente. Podr&#237;a haber tenido otro aspecto.

No lo creo -murmur&#243; el joven.

&#191;Pero no est&#225;s seguro?

Casi seguro. Ella jam&#225;s lo mencion&#243;.

Su voz ya era apenas audible.

&#191;Tienes a alguien con quien hablar?

Tengo a mi abuela.

&#191;Mantienes una relaci&#243;n estrecha con ella?

Ella est&#225; bien. Hay paz y tranquilidad aqu&#237;.

&#191;Tienes un anorak azul, Halvor?

No.

&#191;Qu&#233; te pones para salir?

Una cazadora vaquera. O un plumas cuando hace fr&#237;o.

&#191;Prometes llamarme si tienes algo que decirme?

&#191;Por qu&#233; iba a hacerlo? -pregunt&#243; Halvor, levantando la vista extra&#241;ado.

D&#233;jame decirlo de otra manera: &#191;llamar&#225;s a la comisar&#237;a si se te ocurre algo, cualquier cosa, que en tu opini&#243;n pudiera explicar por qu&#233; ha muerto Annie?

S&#237;.

Sejer mir&#243; el cuarto donde se encontraba, con el fin de recordarlo. Su mirada se detuvo en la Virgen. Vista de cerca, la figura parec&#237;a m&#225;s valiosa.

Es una figura bonita. &#191;La has comprado en el sur de Europa tal vez?

Me la han regalado. Me la regal&#243; el padre Mart&#237;n. Soy cat&#243;lico -a&#241;adi&#243;.

Esa informaci&#243;n hizo que Sejer lo mirara m&#225;s de cerca. Era un muchacho reservado y severo, daba la impresi&#243;n de estar ocultando algo que no deb&#237;an descubrir. Tal vez tendr&#237;an que obligarlo a abrirse, abrirse como una almeja en agua hirviendo. La idea le fascinaba.

&#191;De manera que eres cat&#243;lico?

S&#237;.

Perdona mi curiosidad, pero, &#191;qu&#233; es lo que te atrajo de la fe cat&#243;lica?

Es evidente, &#191;no? La absoluci&#243;n. El perd&#243;n.

Sejer asinti&#243;.

Pero eres muy joven -se levant&#243; y sonri&#243; al muchacho-. No creo que hayas tenido tiempo de pecar mucho todav&#237;a.

La frase qued&#243; un instante flotando en el aire.

De vez en cuando he tenido alg&#250;n mal pensamiento.

Sejer dio un salto en sus propios pensamientos.

Lo que nos has contado ser&#225; comprobado, claro est&#225; -dijo-. Lo hacemos con todo el mundo. Volver&#225;s a tener noticias nuestras.

Le dio un fuerte apret&#243;n de mano, intentando transmitirle un buen pensamiento. Luego atravesaron la cocina, que ol&#237;a ligeramente a verduras hervidas, y volvieron al cuarto de estar, donde estaba la anciana sentada en una mecedora, envuelta en una manta. Los mir&#243; asustada cuando salieron. Fuera segu&#237;a la moto, una Suzuki negra, cubierta con un pl&#225;stico.

&#191;Est&#225;s pensando lo mismo que yo? -le pregunt&#243; Skarre ya en el coche.

Probablemente. No ha hecho ninguna pregunta. Ni una sola. Alguien ha matado a su novia, y &#233;l no parece hacerse muchas preguntas. Pero eso no tiene por qu&#233; significar nada.

De todos modos es bastante curioso.

Tal vez ahora que acabamos de marcharnos, tambi&#233;n &#233;l lo est&#225; pensando.

O tal vez sabe lo que le ocurri&#243; a su novia, y por eso no se le ocurri&#243; hacer preguntas.

Ese anorak que encontramos le estar&#237;a muy grande a Halvor, &#191;no?

Ten&#237;a las mangas remangadas.

Era ya tarde y necesitaban una pausa. Abandonaron la peque&#241;a poblaci&#243;n, dej&#225;ndolos a solas con su susto y sus pensamientos. En Krystallen la gente cruzaba la calle una y otra vez,las puertas se abr&#237;an y cerraban, los tel&#233;fonos sonaban. La gente remov&#237;a sus cajones en busca de viejas fotograf&#237;as. Annie estaba en boca de todo el mundo. Los primeros y leves rumores nac&#237;an a la luz de velas, y luego se extend&#237;an como la maleza entre las casas. Se tomaba alguna que otra copa. Hab&#237;a estado de guardia en ese peque&#241;o callej&#243;n, y se infring&#237;a una regla tras otra.

Raymond, sin embargo, estaba absorto en otros quehaceres. Sentado a la mesa de la cocina, pegaba cromos en un cuaderno, cromos de figuras conocidas de los c&#243;mics. La l&#225;mpara del techo estaba encendida, su padre dorm&#237;a la siesta, la radio emit&#237;a peticiones musicales de los oyentes. Glenn K&#229;re es felicitado por su abuela con este disco. Raymond escuchaba e inhalaba el pegamento, que ol&#237;a a esencia de almendra. No se percat&#243; del hombre que le estaba mirando fijamente a trav&#233;s d&#233; la ventana.


Halvor cerr&#243; la puerta de la cocina y encendi&#243; el ordenador. Abri&#243; el disco duro y mir&#243; pensativo la fila de archivos. Conten&#237;an juegos, declaraci&#243;n de la renta, presupuestos, listas de direcciones, una relaci&#243;n de su colecci&#243;n de compactos y otros asuntos triviales. Pero tambi&#233;n hab&#237;a otra cosa, una carpeta cuyo contenido le era desconocido. Pon&#237;a Annie. Se qued&#243; mir&#225;ndola pensativo. Apretando dos veces el bot&#243;n del rat&#243;n, los archivos se abrir&#237;an, revelando en unos segundos su contenido. Pero hab&#237;a excepciones. &#201;l mismo ten&#237;a un archivo llamado Privado. Para abrirlo ten&#237;a que teclear una clave que s&#243;lo &#233;l conoc&#237;a. Lo mismo pasaba con el archivo de Annie. &#201;l le hab&#237;a ense&#241;ado a cerrarlo para que nadie pudiera entrar, un procedimiento bastante sencillo. No ten&#237;a ni idea de la clave que ella hab&#237;a elegido, y tampoco de lo que conten&#237;a el archivo. Ella hab&#237;a insistido en mantenerlo en secreto, con una risita al ver su decepci&#243;n. De modo que &#233;l le explic&#243; c&#243;mo hacerlo, y luego tuvo que salir de la habitaci&#243;n y quedarse en el cuarto de estar mientras ella escrib&#237;a la clave. Puls&#243; dos veces el bot&#243;n del rat&#243;n, sin ning&#250;n motivo, y recibi&#243; inmediatamente el mensaje: Access denied. Password required.

Quer&#237;a abrirlo. Era lo &#250;nico que le quedaba de ella. &#191;Y si conten&#237;a algo que pudiera ser peligroso para &#233;l? Tal vez fuera una especie de diario. Ser&#225; una tarea imposible, pens&#243;, mirando desconcertado el teclado en el que nueve n&#250;meros, veintinueve letras y una serie de signos formaban un n&#250;mero de posibilidades de combinaci&#243;n que &#233;l no pod&#237;a ni imaginarse. Intent&#243; relajarse y record&#243; de repente que tambi&#233;n &#233;l hab&#237;a elegido un nombre. Era el nombre de una famosa mujer que hab&#237;a perecido en la hoguera y que luego hab&#237;a sido proclamada santa. Pegaba estupendamente, y ni siquiera a Annie se le habr&#237;a ocurrido. Pero tal vez ella hubiera elegido una fecha. Era bastante corriente elegir la fecha de nacimiento de alg&#250;n allegado, por ejemplo. Se qued&#243; mirando fijamente el archivo durante un rato: s&#243;lo ve&#237;a un cuadrado insignificante y gris con el nombre de Annie. Tampoco deber&#237;a abrirlo, pues precisamente por eso ella lo hab&#237;a cerrado, para mantenerlo en secreto. Pero ella ya no estaba y ya no val&#237;an las reglas de antes. Tal vez all&#237; pusiera algo que pudiera explicar por qu&#233; era como era, tan condenadamente inconquistable.

Sus escr&#250;pulos se pulverizaron, pos&#225;ndose como polvo en los rincones. Se hab&#237;a quedado solo, con una eternidad de tiempo y nada con qu&#233; llenarlo. Sentado en aquella habitaci&#243;n medio en penumbra, mirando la pantalla luminosa, se sent&#237;a muy cerca de Annie. Decidi&#243; comenzar por cifras, como fechas de nacimiento y n&#250;meros de carn&#233;s de identidad. Ten&#237;a unos cuantos en la cabeza, el de Annie, el suyo propio, el de su abuela. Podr&#237;a buscar algunos m&#225;s. Al fin y al cabo, ya ten&#237;a algo con qu&#233; empezar. Aunque ella tambi&#233;n podr&#237;a haber elegido una palabra, o varias palabras, o tal vez un refr&#225;n, o una cita, o tal vez un nombre. Ser&#237;a muy laborioso. No sab&#237;a si llegar&#237;a a encontrarla, pero ten&#237;a mucho tiempo y mucha paciencia. Adem&#225;s, hab&#237;a otras maneras.

Comenz&#243; por la fecha de nacimiento de Annie, la cual no hab&#237;a elegido, evidentemente, tres de marzo de mil novecientos ochenta: cero, tres, cero, tres, uno, nueve, ocho, cero. Luego las mismas cifras empezando por el final.

Access denied, parpadeaba la pantalla. De repente, su abuela apareci&#243; en la puerta.

&#191;Qu&#233; han dicho? -pregunt&#243;, apoy&#225;ndose en el marco.

Halvor se sobresalt&#243; y se enderez&#243;.

No mucho. S&#243;lo hicieron algunas preguntas.

&#161;Pero esto es horrible, Halvor! &#191;Por qu&#233; ha muerto?

El joven la mir&#243; enmudecido.

Eddie dijo que la encontraron en el bosque, junto a la laguna de la Serpiente.

&#191;Pero por qu&#233; muri&#243;?

No me lo han dicho -susurr&#243;-. Me olvid&#233; de pregunt&#225;rselo.


Sejer y Skarre se hab&#237;an apoderado de la sala de formaci&#243;n del barrac&#243;n que hab&#237;a detr&#225;s de los Juzgados. Echaron las cortinas y apagaron casi todas las luces. Hab&#237;an rebobinado la cinta hasta el principio. Skarre estaba preparado, con el mando a distancia en la mano.

El aislamiento sonoro de ese anexo construido tan deprisa, como una soluci&#243;n de emergencia, no era muy bueno. O&#237;an sonar los tel&#233;fonos y cerrarse las puertas, voces, risas y coches que pasaban bramando. Un borracho aullaba en el patio. Y sin embargo, los sonidos llegaban atenuados, como un reflejo de que el d&#237;a estaba acabando.

&#191;Qu&#233; diablos es eso?

Skarre se inclin&#243; hacia delante.

Alguien corriendo. Parece la atleta Grethe Waitz. Podr&#237;a ser la marat&#243;n de Nueva York.

Tal vez se haya equivocado de v&#237;deo.

Seguro que no. &#161;Para!, creo haber visto islotes y escollos.

La imagen salt&#243; de un lado para otro durante alg&#250;n tiempo hasta que se qued&#243; quieta y aparecieron dos mujeres en biquini, tumbadas sobre un monte pelado.

La madre y S&#248;lvi -dijo Sejer:

S&#248;lvi estaba tumbada de espaldas con una rodilla doblada. Llevaba las gafas de sol en el pelo, tal vez para evitar c&#237;rculos blancos alrededor de los ojos. La madre estaba parcialmente tapada por un peri&#243;dico. Junto a ellas hab&#237;a revistas, cremas de sol, termos, varias toallas grandes de ba&#241;o y un radiocasete.

La c&#225;mara ya hab&#237;a enfocado bastante tiempo a las dos adoradoras del sol. La lente busc&#243; una playa m&#225;s abajo, donde una chica entraba andando por la derecha. Llevaba una tabla de surf sobre la cabeza y se dirig&#237;a hacia el agua, parcialmente oculta a la c&#225;mara. No andaba de manera provocativa, andaba exclusivamente con el fin de llegar, y no redujo la velocidad al llegarle el agua hasta las rodillas. Se o&#237;a el rumor de las olas, que eran bastante fuertes, y de repente la voz del padre:

&#161;Venga Annie, sonr&#237;e!

Ella prosigui&#243; sin inmutarse, cada vez m&#225;s adentro, ignorando la petici&#243;n. Pero luego acab&#243; gir&#225;ndose, no sin alg&#250;n esfuerzo bajo el peso de la tabla. Durante unos instantes mir&#243; a Sejer y a Skarre. El viento hac&#237;a bailar sus rubios cabellos alrededor de las orejas, una sonrisa le ilumin&#243; velozmente la cara. Skarre mir&#243; esos ojos grises y not&#243; c&#243;mo se le pon&#237;a la piel de gallina, mientras segu&#237;a con la vista a esa muchacha de piernas largas vagando entre las olas. Llevaba un ba&#241;ador negro de los que utilizan las nadadoras, con una cruz arriba en la espalda, y un chaleco salvavidas azul.

Esa tabla no es de principiantes -murmur&#243; Skarre.

Sejer no le contest&#243;. Annie se adentraba cada vez m&#225;s en el mar. Por fin se detuvo y consigui&#243; subirse a la tabla. Agarrando la vela con manos firmes encontr&#243; por fin el equilibrio. Luego la tabla dio un giro de ciento noventa grados y cogi&#243; velocidad. Los hombres estaban callados mientras Annie se alejaba cada vez m&#225;s barriendo las olas como un gran velero. El padre la segu&#237;a con la c&#225;mara. Ellos eran los ojos del padre. La ve&#237;an como &#233;l ve&#237;a a su propia hija a trav&#233;s de la lente. Se esforzaba por mantener la c&#225;mara quieta, ten&#237;a que evitar temblar con el fin de hacer los honores a la tabla de surf. A trav&#233;s de las im&#225;genes, los dos polic&#237;as sintieron su orgullo, ese orgullo que el padre tendr&#237;a que haber sentido por ella. Ella estaba en su elemento. No parec&#237;a tener miedo de caerse y acabar en el agua.

De repente desapareci&#243; y pudieron ver una mesa puesta con mantel de flores, platos, vasos, cubiertos pulidos, y flores silvestres en un jarr&#243;n. Chuletas, salchichas y bac&#243;n en una tabla. La barbacoa al rojo vivo. El sol brillaba en las botellas de Coca Cola y agua mineral. S&#248;lvi de nuevo, con m&#237;nifalda y la parte de arriba del biquini, reci&#233;n maquillada; la se&#241;ora Holland con un decoroso vestido de verano. Y finalmente Annie, de espaldas, con bermudas azul marino. De repente se volvi&#243; hacia la c&#225;mara, una vez m&#225;s a petici&#243;n de su padre. La misma sonrisa, un poco m&#225;s amplia esta vez, mostrando sus hoyuelos e indicios de finas venas azules en el cuello. S&#248;lvi y la madre charlaban al fondo, se o&#237;a el sonido de cubitos de hielo, Annie estaba echando Coca Cola. Se volvi&#243; lentamente otra vez, con una botella en la mano y pregunt&#243; a la c&#225;mara:

&#191;Coca Cola, pap&#225;?

La voz era sorprendentemente profunda. La siguiente imagen mostraba la caba&#241;a por dentro. La se&#241;ora Holland estaba junto al banco de cocina partiendo una tarta.

Coca Cola, pap&#225;. La voz era cortante, y sin embargo suave. Annie hab&#237;a querido a su padre, se notaba en aquellas tres cortas palabras, revelaban calor y respeto, eran transparentes, igual que un vaso a trav&#233;s del cual se aprecia la diferencia entre limonada y vino tinto. La voz ten&#237;a profundidad y calor. Para su padre, Annie era la ni&#241;a de sus ojos.

El resto de la pel&#237;cula pas&#243; titilando. Annie y su madre jugando al badminton, sin aliento, con un viento demasiado fuerte, estupendo para hacer surfing, terrible para la pelota de pluma. La familia reunida en torno a la mesa dentro de la caba&#241;a, jugando al Trivial Pursuit. Un imagen de cerca del tablero mostraba claramente qui&#233;n iba ganando, pero Annie no presum&#237;a de ello. Generalmente no dec&#237;a gran cosa, eran S&#248;lvi y la madre las que hablaban sin parar, S&#248;lvi con una voz dulce y fr&#225;gil, la de la madre, m&#225;s grave y m&#225;s ronca. Skarre sopl&#243; el humo casi hasta las rodillas y se sinti&#243; m&#225;s viejo que en mucho tiempo. La pel&#237;cula titilaba de nuevo y de repente emergi&#243; una cara rubicunda con la boca abierta de par en par. Un tenor impresionante llen&#243; la habitaci&#243;n.

Nessuno dorme -dijo Konrad Sejer, y se levant&#243; pesadamente.

&#191;C&#243;mo dices?

Luciano Pavarotti. Canta a Puccini. Deja el v&#237;deo en el archivo -prosigui&#243;.

Era buena haciendo surfing -dijo Skarre solemnemente.

A Sejer no le dio tiempo a contestar. El tel&#233;fono los interrumpi&#243;. Skarre lo descolg&#243;, a la vez que cog&#237;a un bloc y un bol&#237;grafo. Lo hizo autom&#225;ticamente. Ten&#237;a una fe firme en tres cosas: meticulosidad, entusiasmo y buen humor. Sejer iba leyendo conforme Skarre anotaba: Henning Johnas, Krystallen, n&#250;mero cuatro. A las doce cuarenta y cinco. La tienda de Horgen. Moto.

&#191;Puede acercarse a la comisar&#237;a? -pregunt&#243; Skarre con voz febril-. &#191;No? Entonces iremos a su casa. Es un dato muy importante. Gracias, y hasta ahora.

Colg&#243;.

Uno de los vecinos, un tal Henning Johnas, que vive en el n&#250;mero cuatro. Acaba de llegar a casa y enterarse de lo de Annie. La cogi&#243; en la rotonda ayer y la dej&#243; en la tienda de Horgen. Dice que all&#237; hab&#237;a una moto esper&#225;ndola.

Sejer se volvi&#243; a sentar.

La misma moto que vio Horgen. Halvor tiene una moto -dijo pensativo-. &#191;Por qu&#233; no pod&#237;a venir ese hombre?

Su perra est&#225; pariendo.

Skarre se meti&#243; la nota en el bolsillo.

A Halvor le resultar&#225; dif&#237;cil documentar el tiempo que estuvo fuera con la moto. Espero que no sea &#233;l el que lo haya hecho. Me pareci&#243; majo.

Un asesino es un asesino -replic&#243; Sejer lac&#243;nico-. A veces son majos.

S&#237; -contest&#243; Skarre-. Pero resulta m&#225;s f&#225;cil encerrar a alguien que nos parece horrible.


Johnas puso una mano bajo la tripa de la perra y la palp&#243; cuidadosamente. El animal respiraba deprisa, y la lengua, rosa y h&#250;meda, le colgaba de la boca. Yac&#237;a muy quieta dej&#225;ndose tocar. Ya no faltaba mucho. Johnas mir&#243; por la ventana esperando que todo acabara r&#225;pidamente.

Buena chica, Hera -dijo acarici&#225;ndola.

El animal miraba un punto m&#225;s all&#225; de &#233;l, indiferente a los elogios. Johnas se dej&#243; caer al suelo a cierta distancia y se qued&#243; mir&#225;ndola. Ese animal tan callado y tan paciente le conmov&#237;a. Nunca hab&#237;a problemas con Hera, siempre era obediente y d&#243;cil como un &#225;ngel. Jam&#225;s se alejaba de su lado cuando daban paseos, siempre com&#237;a lo que le daba. Cuando &#233;l sub&#237;a al piso de arriba a acostarse por las noches, ella se met&#237;a silenciosamente en su rinc&#243;n. En realidad quer&#237;a estar as&#237;, sentado hasta que todo hubiese acabado, muy cerca de ella, escuchando su respiraci&#243;n. Tal vez no pasara nada hasta la ma&#241;ana siguiente. No se sent&#237;a cansado. Entonces son&#243; el timbre de la puerta, un breve y agudo timbrazo. Se levant&#243; y abri&#243;.

Sejer le dio un apret&#243;n de mano fuerte y seco. El hombre irradiaba autoridad. El m&#225;s joven era diferente, una mano delgada de chico joven, con los dedos finos. Una expresi&#243;n c&#225;lida, no fr&#237;a y observadora como la del hombre mayor. Los invit&#243; a entrar.

&#191;Qu&#233; tal la perra? -pregunt&#243; Sejer. Una hermosa dobermann yac&#237;a muy quieta sobre una alfombra oriental rosa y negra. No ser&#225; aut&#233;ntica, pens&#243;, nadie coloca a una perra parturienta sobre una aut&#233;ntica alfombra persa. La perra respiraba deprisa, pero por lo dem&#225;s estaba muy quieta, haciendo caso omiso de los dos extra&#241;os que acababan de entrar en la habitaci&#243;n.

Es la primera vez. Vienen tres, creo, he intentado contarlos. Todo ir&#225; bien. Hera nunca plantea problemas -los mir&#243; y sacudi&#243; la cabeza-.Estoy tan estremecido por lo ocurrido que no logro concentrarme en nada.

Johnas miraba a la perra mientras hablaba, a la vez que se tocaba la calva con una mano en&#233;rgica. Un mech&#243;n de pelo oscuro y rizado le coronaba la calva y sus ojos eran inusualmente negros. Era un hombre de tama&#241;o mediano, f&#237;sicamente hablando, pero ten&#237;a un torso fuerte y algunos kilos de m&#225;s alrededor de la cintura. Estar&#237;a cerca de los cuarenta. De joven podr&#237;a tal vez haberse parecido a Skarre en una versi&#243;n m&#225;s morena. Ten&#237;a rasgos finos y buen color de cara, como si hubiera tomado el sol en el sur.

&#191;No querr&#225;n comprar un cachorro?

Les dirigi&#243; una mirada r&#225;pida, suplicante.

Tengo un Leonberg -contest&#243; Sejer-, y no creo que me perdonara que llegara a casa con un cachorro. Est&#225; muy mimado.

Johnas se&#241;al&#243; el sof&#225; y movi&#243; la mesa para que los dos hombres pudieran acomodarse detr&#225;s.

Me he encontrado a Fritzner en el garaje, acabo de llegar de Oslo de una feria. Me lo ha contado. A&#250;n no puedo cre&#233;rmelo. No deber&#237;a haberla dejado bajar del coche -se frot&#243; los ojos y mir&#243; a la perra de nuevo-. Annie estuvo aqu&#237; muchas veces. Sol&#237;a cuidar de los ni&#241;os. Tambi&#233;n conozco a S&#248;lvi. Si se hubiera tratado de ella -dijo en voz baja-, no me habr&#237;a extra&#241;ado tanto. S&#248;lvi s&#237; es de las que entrar&#237;a en un coche si alguien se lo pidiera, aunque no lo conociera de nada. S&#243;lo piensa en los chicos. Pero Annie -los mir&#243;-. A Annie no le interesaban esas cosas. Era muy prudente. Y ten&#237;a novio, creo.

As&#237; es, lo ten&#237;a. &#191;Lo conoc&#237;a usted?

No, no, en absoluto. Pero los he visto por aqu&#237;, en la calle, de lejos. Eran muy t&#237;midos, ni siquiera iban cogidos de la mano -sonri&#243; nost&#225;lgicamente al pensar en ello.

&#191;A d&#243;nde se dirig&#237;a usted cuando cogi&#243; a Annie?

Iba al trabajo. Durante alg&#250;n tiempo pens&#233; que Hera iba a parir, pero no fue as&#237;.

&#191;A qu&#233; hora abre usted?

A las once.

Pero es muy tarde, &#191;no?

S&#237;, aunque ya sabe, la gente necesita el pan y la leche temprano, pero las alfombras persas se dejan para m&#225;s tarde, cuando se han cubierto las necesidades m&#225;s primitivas -sonri&#243; con iron&#237;a de su propio comentario-. Tengo una tienda de alfombras -explic&#243;-. En el centro, en la calle Cappelen.

Sejer asinti&#243;.

Annie iba a casa de Anette Horgen a hacer un trabajo del colegio. &#191;Se lo mencion&#243; a usted?

&#191;Un trabajo del colegio? -pregunt&#243; extra&#241;ado-. No, no lo mencion&#243;.

Pero llevaba una mochila.

S&#237;, s&#237;. Tal vez fuera un pretexto, qu&#233; s&#233; yo. Iba a la tienda de Horgen, es todo lo que s&#233;.

Cu&#233;ntenos lo que vio.

Annie bajaba corriendo la pendiente empinada que hay junto a la rotonda. Yo cruc&#233; y me detuve en la parada del autob&#250;s. Le pregunt&#233; si quer&#237;a que la llevara. Iba, como he dicho, a Horgen; es un buen trecho. No es que ella fuera vaga, Annie era muy deportista. Siempre iba corriendo. Seguro que estaba en muy buena forma. Pero subi&#243; al coche y me pidi&#243; que la dejara junto a la tienda. Pens&#233; que iba a comprar algo o tal vez a encontrarse con alguien. La dej&#233; all&#237; y segu&#237; mi camino. Pero s&#237; que vi la moto. Estaba aparcada junto a la tienda, y lo &#250;ltimo que vi es que la chica se dirig&#237;a hacia ella. Quiero decir, no estoy seguro de si el tipo la estaba esperando y no vi qui&#233;n era. S&#243;lo vi que se acercaba con pasos firmes a la moto, y no se volvi&#243;.

&#191;Qu&#233; moto era?

Johnas extendi&#243; los brazos.

Entiendo que ustedes tienen que preguntar, pero no s&#233; nada de motos. Mi oficio es otro, por as&#237; decirlo. Para m&#237; no era m&#225;s que acero y cromo.

&#191;Y el color?

&#191;No suelen ser negras las motos?

En absoluto -respondi&#243; Sejer secamente.

Por lo menos no era de color rojo chill&#243;n, de eso me acordar&#237;a.

&#191;Era una moto grande y potente, o peque&#241;a? -quiso saber Skarre.

Creo que era grande.

&#191;Y el conductor?

No pude verlo. Llevaba un casco con algo rojo, eso si lo recuerdo. No parec&#237;a mayor. Creo que era un chico joven.

Sejer se inclin&#243; hacia delante.

Usted ha visto al novio. &#201;l tiene moto. &#191;Podr&#237;a haber sido &#233;l?

Johnas frunci&#243; las cejas como poni&#233;ndose en guardia.

Lo he visto por la calle, de lejos. El hombre de la moto tambi&#233;n se encontraba a cierta distancia y llevaba casco. No puedo saber si era &#233;l o no. Ni siquiera me atrevo a insinuarlo

No que fuera &#233;l -dijo Sejer apretando los ojos-. S&#243;lo que pudo haber sido &#233;l. Dice usted que era joven. &#191;Era de complexi&#243;n fr&#225;gil?

Con los trajes de piel no se puede saber -contest&#243; con aire desamparado.

&#191;Pero por qu&#233; supone que era joven?

Pues no s&#233; -contest&#243; confuso-, &#191;Qu&#233; puedo decirles? Seguramente lo supuse porque Annie era joven. O tal vez fuera algo en su porte -parec&#237;a algo perplejo-. En ese momento no sabes que cosas as&#237; podr&#225;n ser importantes -volvi&#243; a levantarse y se arrodill&#243; junto a la perra-. Tiene usted que hacerse cargo de lo que supone vivir en este sitio -dijo inc&#243;modo-. Los rumores se extienden muy deprisa. Y adem&#225;s, no me cabe en la cabeza que su novio haya sido capaz de hacer una cosa as&#237;. No era m&#225;s que un muchacho, y llevaban mucho tiempo juntos.

Ser&#225; mejor que nos deje a nosotros decidir si fue &#233;l o no -replic&#243; Sejer con firmeza-. Esa moto es importante, y tambi&#233;n ha sido vista por otro testigo. Si es inocente no ser&#225; condenado.

&#191;No? -dijo como dud&#225;ndolo-. Bueno, pero tambi&#233;n puede ser terrible que sospechen de ti, se lo aseguro. Si digo que se parec&#237;a al novio, ustedes le har&#225;n mucho da&#241;o. Y la verdad es que no tengo ni idea de qui&#233;n era -mov&#237;a en&#233;rgicamente la cabeza-. No vi m&#225;s que una figura con traje y casco. Puede haber sido cualquiera. Tengo un hijo de diecisiete a&#241;os, podr&#237;a haber sido &#233;l. No le hubiera reconocido con esa ropa. &#191;Lo entienden?

S&#237;, lo entiendo -contest&#243; Sejer secamente-. Por fin ha contestado a mi pregunta. Podr&#237;a haber sido &#233;l. Y en cuanto al da&#241;o que se le puede hacer, supongo que ya est&#225; hecho.

Johnas trag&#243; saliva haciendo ruido.

&#191;De qu&#233; hablaron usted y Annie mientras iban en el coche?

No era muy habladora. Yo llen&#233; el tiempo hablando de Hera y los cachorros.

&#191;Daba la impresi&#243;n de estar preocupada o angustiada por algo?

En absoluto. Estaba como siempre.

Sejer ech&#243; un vistazo a su alrededor y se fij&#243; en que la habitaci&#243;n ten&#237;a pocos muebles, como si el hombre a&#250;n no hubiera terminado de decorarla y amueblarla. Pero hab&#237;a muchas alfombras, en los suelos, en las paredes, grandes alfombras orientales con aspecto de ser muy caras. De la pared colgaban dos fotograf&#237;as, una de un ni&#241;o rubio de unos dos a&#241;os, y otra de un adolescente.

&#191;Son sus hijos? -pregunt&#243; Sejer se&#241;alando las fotograf&#237;as.

S&#237; -contest&#243; Johnas-. Pero esas fotos no son recientes.

Volvi&#243; a acariciar las orejas negras y suaves como el terciopelo, y el hocico h&#250;medo de la perra.

Ahora vivo solo -a&#241;adi&#243;-. Por fin he encontrado un piso en la ciudad, en Oscarsgate. Esta casa es demasiado grande para m&#237;. &#218;ltimamente no ve&#237;a mucho a Annie. Supongo que le resultaba un poco inc&#243;modo cuando mi mujer se march&#243;. Y tampoco hab&#237;a ya ni&#241;os que cuidar.

&#191;Trabaja usted con alfombras orientales?

Comercio m&#225;s que nada con Turqu&#237;a y Pakist&#225;n. A veces tambi&#233;n con Ir&#225;n, pero en ese pa&#237;s tienden a subir mucho los precios. Viajo all&#225; un par de veces al a&#241;o y me quedo unas semanas. Me tomo mi tiempo. Empiezo a conocer a gente -a&#241;adi&#243; satisfecho-. He conseguido muy buenos contactos. Eso es lo m&#225;s importante, tener una relaci&#243;n de confianza. Sus experiencias con Occidente no son todas buenas.

Skarre se desliz&#243; junto a la mesa y se acerc&#243; a la pared transversal de la casa, cubierta casi en su totalidad por una gran alfombra.

Esa es turca, de Esmirna -dijo Johnas-. Es una de las m&#225;s valiosas que poseo. En realidad no puedo permitirme el lujo de tenerla. Dos millones y medio de nudos. &#191;Bastante incre&#237;ble, verdad?

Skarre mir&#243; la alfombra.

&#191;Es verdad que est&#225;n hechas por ni&#241;os? -pregunt&#243;.

A menudo s&#237;, pero no las m&#237;as. Eso da&#241;a la reputaci&#243;n del negocio. Puede que no guste, pero es un hecho que las mejores alfombras son las hechas por ni&#241;os. Los adultos tienen los dedos demasiado gordos.

Se quedaron un rato admirando la alfombra, con todas sus formas geom&#233;tricas siempre hacia dentro, siempre m&#225;s peque&#241;as, en un n&#250;mero casi infinito de diferentes matices de color.

&#191;Es verdad que encadenan a los ni&#241;os a los telares? -pregunt&#243; Sejer esc&#233;ptico.

Johnas neg&#243; exasperado con la cabeza.

Dicho as&#237; suena terrible. Los que consiguen un trabajo en un telar pueden considerarse afortunados. Un buen tejedor tiene comida, ropa y calor. Tiene una vida. Si es verdad que se les encadena al telar es a petici&#243;n de sus padres. Es muy corriente que un peque&#241;o tejedor de esos sostenga a una familia de cinco o seis personas. De esa manera puede salvar a su madre y a sus hermanas de la prostituci&#243;n, y a su padre o sus hermanos de la mendicidad o de convertirse en ladrones.

He o&#237;do decir que no es m&#225;s que una forma de demorarlo -dijo Sejer-. Cuando se hacen adultos y tienen los dedos gordos est&#225;n a menudo ciegos o con la vista muy disminuida debido a los esfuerzos delante del telar. Entonces no pueden trabajar en nada. Y acaban, de todos modos, mendigando.

Ha visto usted demasiado TV2 -sonri&#243; Johnas-. Haga un viaje a esos lugares y podr&#225; comprobarlo usted mismo. Los tejedores son personitas contentas que gozan de gran respeto entre la gente. As&#237; de f&#225;cil. Pero tenemos que contribuir a que los pa&#237;ses ricos mantengan alta su moralidad, son m&#225;s delicados que nadie en esas cuestiones. Por eso me mantengo alejado del trabajo infantil. Si quiere usted alguna vez una alfombra, venga a la calle Cappelen -dijo con insistencia-. Me ocupar&#233; de que haga una buena compra.

No creo que est&#233; dentro de mi poder adquisitivo.

&#191;Por qu&#233; est&#225; manchada? -quiso saber Skarre.

Johnas no pudo reprimir una peque&#241;a sonrisa ante tanta ignorancia, al mismo tiempo que se reanimaba, como si hablar de su gran pasi&#243;n fuera un soplo a unas brasas a punto de apagarse. Se inflam&#243;.

Es una alfombra hecha por n&#243;madas.

Ese dato no dec&#237;a absolutamente nada a Sejer.

Los n&#243;madas se trasladan constantemente, &#191;no? Pueden tardar un a&#241;o en hacer una alfombra de este tama&#241;o. Colorean la lana con plantas que tienen que recoger en distintas estaciones del a&#241;o, en terrenos diferentes, con distintas condiciones de vida para cada planta. Este azul -a&#241;adi&#243; se&#241;alando la alfombra-, es de &#237;ndigo. El rojo viene de la ra&#237;z de rubia. Pero m&#225;s dentro del hex&#225;gono hay otro tono de rojo que procede de insectos molidos, es m&#225;s naranja que la henna, y el amarillo es del azafr&#225;n -puso una mano en la alfombra y la alis&#243; hacia abajo-. &#201;sta es una alfombra turca, hecha con nudos de G&#246;rdes. En cada cent&#237;metro cuadrado hay aproximadamente cien nudos.

&#191;Y los dibujos? &#191;Qui&#233;n los hace?

Se emplean dibujos de hace cientos de a&#241;os; muchos de ellos ni siquiera est&#225;n pintados en papel. Los viejos tejedores van por el taller cont&#225;ndolos.

Los viejos tejedores ciegos, pens&#243; Sejer.

Los que vivimos en Occidente hemos tardado mucho tiempo en descubrir esta artesan&#237;a -prosigui&#243; Johnas-. Tradicionalmente preferimos los dibujos figurativos, es decir algo que cuenta una historia. Por esa raz&#243;n fueron las alfombras de caza y de jardines las que primero llamaron la atenci&#243;n en nuestra parte del mundo, porque contienen motivos de flores y animales. Yo prefiero estas otras. Primero ese ancho borde que mantiene todo en su lugar. Luego la mirada va desplaz&#225;ndose hacia dentro, y al final llegamos al tesoro, por as&#237; decirlo. Como aqu&#237; -a&#241;adi&#243; se&#241;alando la alfombra-, hasta el medall&#243;n del centro. Perd&#243;nenme -dijo de repente-. He acaparado la conversaci&#243;n.

Parec&#237;a un poco perplejo.

Ese casco -dijo Skarre, cambiando de tema-. &#191;Era medio o integral?

&#191;Hay cascos medios? -pregunt&#243; Johnas extra&#241;ado.

Un casco integral lleva tambi&#233;n protecci&#243;n de mand&#237;bula y barbilla. Un casco medio s&#243;lo cubre el cr&#225;neo.

En eso no me fij&#233;.

&#191;Y el traje? &#191;Era negro?

Por lo menos oscuro. No se me ocurri&#243; estudiarlo. Es algo muy normal mirar a una chica guapa cruzar la calle para dirigirse hacia un chico en una moto. Es como debe ser, &#191;no?

Le dieron las gracias y se detuvieron un instante junto a la puerta.

Tendremos que volver, espero que lo entienda.

Naturalmente. Si los cachorros llegan esta noche me quedar&#233; en casa unos d&#237;as.

&#191;Puede cerrar la tienda?

Los clientes me llaman a casa si desean algo.

Hera lanz&#243; de repente un profundo suspiro y gimi&#243; dolorida en su alfombra aut&#233;ntica. Skarre la mir&#243; con compasi&#243;n y sigui&#243; de mala gana a su jefe.

Tal vez podamos verlos cuando volvamos -dijo esperanzado-. A los cachorros, quiero decir.

Seguro que s&#237; -contest&#243; Johnas.

No lo hagas, sonri&#243; Sejer, pensando en Kollberg.


&#191;Recuerdas el casco de Halvor? &#191;El que ten&#237;a colgado en la habitaci&#243;n?

Se encontraban de nuevo en el coche.

Casco negro integral con una raya roja -dijo Sejer pensativo-. Bueno, dej&#233;moslo por hoy. Tengo que sacar al perro.

Dime, Konrad, &#191;t&#250; tienes una relaci&#243;n tan apasionada con tu trabajo como Johnas?

Sejer lo mir&#243;.

Claro. &#191;Acaso no se nota? -se puso el cintur&#243;n de seguridad y arranc&#243; el coche-. Por cierto, me irrita cuando la gente se impone silencio por una especie de compasi&#243;n malentendida hacia alguien que ni siquiera conoce, s&#243;lo porque est&#225;n seguros de que se trata de un tipo honrado -pens&#243; en Halvor y sinti&#243; cierta tristeza-. Hasta el d&#237;a en que alguien asesina por primera vez, no es un asesino. Es gente normal. Entonces, cuando los vecinos descubren que ha matado, de repente esa persona es un asesino para el resto de su vida. Desde entonces puede matar a montones, como una especie de m&#225;quina asesina descontrolada. Entonces los vecinos protegen a sus hijos y ya nada parece seguro.

Skarre lo mir&#243; fijamente.

&#191;Entonces Halvor ya es objeto de nuestro inter&#233;s?

Naturalmente. Era su novio. Pero me pregunto por qu&#233; Johnas pone tanto empe&#241;o en proteger a un tipo a quien s&#243;lo ha visto de lejos.


Ragnhild Album se inclin&#243; sobre la hoja y se puso a dibujar. El bloc era nuevo, y la ni&#241;a descubri&#243; la primera hoja en blanco con algo parecido a la veneraci&#243;n. Tal vez un simple coche en una nube de polvo no fuera digno de arrebatar a ese bloc su blanqu&#237;sima virginidad. La caja conten&#237;a seis l&#225;pices de colores. Sejer hab&#237;a comprado un juego para Ragnhild y otro para Raymond. Ese d&#237;a la ni&#241;a iba peinada con dos coletas en lo alto de la cabeza, apuntando hacia arriba como si fueran antenas.

Hoy llevas el pelo muy bien -le dijo Sejer.

Con &#233;sta -dijo la madre tirando de una de las coletas-, recibe la Operaci&#243;n Lobo Blanco de Narvik, y con la otra a su abuela, que est&#225; en Svalbard.

Sejer sonri&#243; mirando al suelo.

Dice que s&#243;lo vio una nube de polvo -prosigui&#243; la madre preocupada.

Dice que vio un coche -replic&#243; Sejer-. Merece la pena intentarlo -a&#241;adi&#243;, poniendo una mano sobre el hombro de la ni&#241;a-. Cierra los ojos -dijo-, intenta verlo en tu imaginaci&#243;n y luego lo dibujas lo mejor que puedas. Es decir, no vas a dibujar un coche cualquiera, vas a dibujarme exactamente el coche que visteis Raymond y t&#250;.

&#161;Que s&#237;! -replic&#243; la ni&#241;a, impaciente.

Sejer sac&#243; a la se&#241;ora Album de la cocina y la llev&#243; al cuarto de estar para dejar sola a Ragnhild. La mujer se qued&#243; junto a la ventana contemplando las azuladas monta&#241;as en la lejan&#237;a.

Annie cuid&#243; de Ragnhild en varias ocasiones -dijo en voz baja-. Se le daban muy bien los ni&#241;os Hace ya un par de a&#241;os. Cogieron el autob&#250;s hasta el centro y estuvieron fuera todo el d&#237;a. Montaron en el trenecito de la plaza, y subieron por las escaleras mec&#225;nicas de los grandes almacenes y en el ascensor, cosas que a Ragnhild le encantaban. Annie ten&#237;a un don especial para tratar a los ni&#241;os. Era diferente. Se preocupaba por ellos.

Sejer oy&#243; a la ni&#241;a coger l&#225;pices de colores de la caja.

&#191;Conoce usted tambi&#233;n a la hermana? &#191;AS&#248;lvi?

S&#233; qui&#233;n es. Era s&#243;lo su hermanastra.

&#191;Ah s&#237;?

&#191;No lo sab&#237;a?

No -contest&#243; Sejer.

Todo el mundo lo sabe -dijo ella con sencillez-. No es un secreto. Eran muy distintas. Durante alg&#250;n tiempo tuvieron problemas con el padre, el padre de S&#248;lvi, quiero decir. Perdi&#243; el derecho a las visitas y por lo visto no puede superarlo.

&#191;Por qu&#233;?

Lo de siempre. Borracheras, violencia. Pero claro, &#233;sa es la versi&#243;n de la madre. Ada Holland es bastante severa, as&#237; que no s&#233; qu&#233; pensar.

Vaya, pens&#243; Sejer a su vez.

Pero S&#248;lvi ya es mayor de edad, &#191;no? Puede hacer lo que quiera.

Supongo que ya es demasiado tarde. La relaci&#243;n se habr&#225; roto. Pienso mucho en Ada -a&#241;adi&#243;-. A ella no le han devuelto a su hija como a m&#237;.

&#161;Ya est&#225;! -son&#243; una voz desde la cocina.

Se levantaron y fueron a ver. Ragnhild segu&#237;a sentada con la cabeza ladeada y una expresi&#243;n que denotaba no estar del todo satisfecha. Una nube gris llenaba la mayor parte de la hoja, y del polvo sal&#237;a el morro de un coche, con faros y parachoques. El chasis era ancho, como los de esos grandes coches americanos y el parachoques estaba pintado de negro. Parec&#237;a una gran sonrisa desdentada. Los faros estaban torcidos. Como los ojos de los chinos, pens&#243; Sejer.

&#191;Hizo mucho ruido al pasar? -pregunt&#243; Sejer, inclin&#225;ndose sobre la mesa de la cocina y notando el olor dulz&#243;n al chicle de la ni&#241;a.

S&#237;, mucho ruido.

Sejer mir&#243; fijamente el dibujo.

&#191;Puedes hacerme otro dibujo? Uno donde s&#243;lo se vean los faros.

&#191;S&#243;lo los faros? &#161;Pero si puedes verlos aqu&#237;! -exclam&#243; la ni&#241;a se&#241;alando el dibujo-. Estaban torcidos.

&#191;Y el color del coche, Ragnhild?

Bueno, en realidad no era gris. Pero no hay mucho donde elegir -a&#241;adi&#243; sacudiendo la caja de l&#225;pices-. Aqu&#237; no est&#225; ese color.

&#191;Qu&#233; quieres decir con eso?

Quiero decir que era de uno de esos colores que no tienen nombre.

Un mont&#243;n de colores dieron vueltas en la cabeza de Sejer: siena, sepia, antracita

Ragnhild -dijo-, &#191;recuerdas si el coche llevaba algo en el techo?

&#191;Antenas?

No, algo m&#225;s grande. Raymond cree que hab&#237;a algo grande sobre el techo del coche.

La ni&#241;a clav&#243; su mirada en &#233;l y reflexion&#243;:

&#161;S&#237;! -dijo de repente-. &#161;Una barca!

&#191;Una barca?

Una barca peque&#241;a y negra.

No s&#233; lo que har&#237;a yo sin ti -sonri&#243; Sejer, haciendo casta&#241;etear los dedos cerca de las antenas de la ni&#241;a-. Elise -a&#241;adi&#243;-, tienes un hermoso nombre.

Nadie quiere llamarme as&#237;. Todo el mundo me llama Ragnhild.

Yo te llamar&#233; Elise si quieres.

La ni&#241;a se sonroj&#243; t&#237;midamente, cerr&#243; la caja de pinturas y el bloc y se lo devolvi&#243; todo a Sejer.

Es para ti. No faltaba m&#225;s.

La ni&#241;a volvi&#243; a abrir la caja inmediatamente y continu&#243; dibujando.


&#161;Uno de los conejos se ha tumbado de lado!

Raymond estaba en la puerta del dormitorio de su padre, movi&#233;ndose intranquilo de un lado para otro.

&#191;Cu&#225;l?

Cesar, el gigante belga.

Entonces tendr&#225;s que matarlo.

Raymond se asust&#243; tanto que se le escap&#243; un pedo. Esa peque&#241;a fuga no cambi&#243; nada el estado del aire en la habitaci&#243;n cerrada.

&#161;Pero si todav&#237;a respira!

No podemos estar dando de comer a los que van a morir, Raymond. Ponlo en el taco de madera. El hacha est&#225; detr&#225;s de la puerta del garaje. &#161;Y ten cuidado con las manos! -a&#241;adi&#243;.

Raymond se retir&#243; y se dirigi&#243; abatido hasta las jaulas. Permaneci&#243; un rato mirando a Cesar a trav&#233;s de la tela met&#225;lica. Est&#225; acostado exactamente como un beb&#233;, pens&#243;, encogido como un pelota blandita, con los ojos cerrados. No se movi&#243; cuando Raymond abri&#243; la jaula, meti&#243; una mano y le acarici&#243; ligeramente el lomo. Estaba tan calentito como siempre. Lo cogi&#243; por la piel de la nuca y lo sac&#243;. Patale&#243; sin ganas, parec&#237;a no tener fuerzas.

Raymond se sent&#243; luego cabizbajo junto a la mesa de cocina. Ten&#237;a delante un &#225;lbum con fotos de la selecci&#243;n nacional, as&#237; como aves y otros animales. Cuando apareci&#243; Sejer estaba muy abatido. El chico llevaba s&#243;lo un pantal&#243;n de deportes y unas zapatillas. Ten&#237;a el pelo de punta y su tripa era blanca y blanda. En sus redondos ojos se dibujaba una expresi&#243;n malhumorada, y su boca era un hocico, como si estuviera chupando en&#233;rgicamente algo, tal vez un caramelo.

Buenos d&#237;as, Raymond.

Sejer hizo una profunda inclinaci&#243;n con el fin de calmarlo.

&#191;Te resulto muy pesado?

S&#237;, porque estoy con mi colecci&#243;n y me interrumpes.

Ya lo s&#233;. Resulta muy irritante. A m&#237; tampoco me gusta nada que me interrumpan, pero no habr&#237;a venido si no me viera obligado a ello. Espero que lo entiendas.

S&#237;, vale.

Raymond se tranquiliz&#243; un poco y se fue hacia dentro. Sejer dej&#243; los utensilios de dibujar sobre la mesa y lo sigui&#243;.

Me gustar&#237;a que me hicieras un dibujo -dijo con prudencia.

&#161;Ah, no! &#161;Eso nunca!

Raymond pareci&#243; tan preocupado que Sejer le puso una mano sobre el hombro.

No s&#233; dibujar -grit&#243; el muchacho.

Todo el mundo sabe dibujar -contest&#243; Sejer tranquilamente.

Por lo menos no s&#233; dibujar personas.

No vas a dibujar personas. S&#243;lo un coche.

&#191;Un coche?

La expresi&#243;n de Raymond fue en ese momento de escepticismo. Sus ojos se estrecharon y parec&#237;an normales.

El coche que visteis Ragnhild y t&#250;. Ese que iba tan deprisa.

&#161;Madre m&#237;a! &#161;Qu&#233; pesados est&#225;is con ese coche!

Es que es importante. Lo estamos buscando pero no conseguimos encontrarlo. Tal vez el hombre del coche sea un canalla, Raymond, y entonces tendremos que atraparlo.

Ya he dicho que iba demasiado deprisa.

Algo m&#225;s tuviste que ver -dijo Sejer, en un tono m&#225;s grave-. Viste que era un coche, &#191;no? No un barco ni una bicicleta. Ni, por ejemplo, una caravana de camellos.

&#191;Camellos?

Raymond se ri&#243; de tan buena gana que la tripa le temblaba ligeramente.

Habr&#237;a tenido gracia ver un mont&#243;n de camellos por ese camino. Pero no eran camellos. Era un coche con un cofre portaesqu&#237;s en el techo.

Dib&#250;jalo-le orden&#243; Sejer.

Raymond se resign&#243;, se desplom&#243; sobre la silla que hab&#237;a junto a la mesa y sac&#243; la lengua, como si de un tim&#243;n se tratara. Sejer tard&#243; un par de minutos en comprobar que el chico hab&#237;a sido extremadamente sincero al hablar de sus dotes para el dibujo. El resultado parec&#237;a un pan integral sobre ruedas.

&#191;Podr&#237;as colorearlo?

Raymond abri&#243; la caja de colores, mir&#243; minuciosamente todos los l&#225;pices y se decidi&#243; finalmente por el color rojo. Luego se concentr&#243; para no colorear fuera de lo dibujado.

&#191;Era rojo, Raymond?

S&#237; -contest&#243;, y sigui&#243; coloreando.

&#191;De manera que el coche era rojo? &#191;Est&#225;s seguro? Creo recordar que dijiste que era gris.

Dije que era rojo.

Sejer sopes&#243; las palabras cuidadosamente mientras sacaba una banqueta de debajo de la mesa.

Dijiste que no recordabas el color, pero que tal vez fuera gris, como dijo Ragnhild.

Raymond se rasc&#243; ofendido la tripa.

Recuerdo mejor poco a poco, &#191;sabes? Ayer dije a ese hombre que vino que era rojo.

&#191;A qui&#233;n?

A un hombre que iba de paseo y que se par&#243; ah&#237; fuera. Quer&#237;a ver los conejos y estuve hablando con &#233;l.

Sejer not&#243; un ligero pinchazo en la nuca.

&#191;Lo conoc&#237;as?

No.

&#191;Podr&#237;as decirme c&#243;mo era?

Raymond dej&#243; el l&#225;piz rojo y sac&#243; el labio inferior.

No -contest&#243;.

&#191;No quieres?

S&#243;lo era un hombre. No te quedar&#225;s contento diga lo que diga.

Por favor Yo te ayudar&#233;. &#191;Era gordo o delgado?

Regular.

&#191;Moreno o rubio?

No s&#233;. Llevaba una gorra.

&#191;Ah s&#237;? &#191;Era joven?

No s&#233;.

&#191;Mayor que yo?

Raymond levant&#243; un momento la vista.

&#161;Ah, no!, no tan viejo como t&#250;. T&#250; tienes el pelo completamente gris.

Gracias por el cumplido, se dijo Sejer.

No quiero dibujarlo.

No voy a ped&#237;rtelo. &#191;Vino en coche?

No, vino andando.

Al marcharse, &#191;baj&#243; por el camino o subi&#243; hacia la colina?

No s&#233;. Entr&#233; a ver a pap&#225;. Era muy majo -dijo de repente.

Me lo imagino. &#191;Qu&#233; dijo, Raymond?

Que los conejos eran muy bonitos. Y que si le vender&#237;a uno si alguna vez ten&#237;an hijos.

Sigue, sigue.

Luego hablamos del tiempo. De lo seco que estaba todo. Me pregunt&#243; si me hab&#237;a enterado de lo de la chica de la laguna y si yo la conoc&#237;a.

&#191;Qu&#233; le contestaste?

Que fui yo quien la encontr&#243;. Le daba pena que la chica estuviera muerta. Y le habl&#233; de vosotros, y de que hab&#237;ais estado aqu&#237; pregunt&#225;ndome por el coche. El coche, dijo, &#191;ese coche tan ruidoso que siempre va tan deprisa por esta carretera? S&#237;, dije. &#201;se fue el coche que vi. &#201;l sab&#237;a qu&#233; coche era. Dijo que era un Mercedes rojo. Me equivoqu&#233; cuando me preguntasteis, pero ahora me acuerdo. Era rojo.

&#191;Te amenaz&#243;?

No, no. Yo no me dejo amenazar f&#225;cilmente. Un hombre adulto no se deja amenazar. Se lo dije.

&#191;Y su ropa, Raymond? &#191;Qu&#233; llevaba?

Ropa normal.

&#191;Ropa marr&#243;n? &#191;Azul? &#191;Lo recuerdas?

Raymond lo mir&#243; perturbado y escondi&#243; la cabeza entre las manos.

&#161;A ver si dejas ya de dar la lata!

Sejer se tom&#243; un descanso y lo mir&#243; de reojo, dejando que se tranquilizara un rato. Luego dijo en voz muy baja:

Pero el coche era gris o verde, &#191;no es cierto?

No, era rojo. Le dije: No tiene que amenazarme, porque el coche era rojo, y &#233;l se puso contento.

Se agach&#243; de nuevo sobre el dibujo y traz&#243; algunos garabatos. Su boca era una raya obstinada.

No lo destroces. Me gustar&#237;a quedarme con &#233;l.

Sejer cogi&#243; el dibujo.

&#191;C&#243;mo est&#225; tu padre? -pregunt&#243; pensativo.

No puede andar.

Ya lo s&#233;. Vamos a verlo.

Se levant&#243; y sigui&#243; a Raymond por el pasillo. &#201;ste abri&#243; la puerta sin llamar antes. La habitaci&#243;n estaba en penumbra, pero hab&#237;a luz suficiente para que Sejer divisara enseguida al viejo, de pie junto a la mesilla de noche, con una vieja camiseta y unos calzoncillos demasiado grandes. Las rodillas le temblaban alarmantemente. Todo lo que el hijo ten&#237;a de gordo, &#233;l lo ten&#237;a de delgado.

&#161;Pap&#225;! -grit&#243; Raymond-. &#191;Qu&#233; est&#225;s haciendo?

Nada, nada. Buscaba la dentadura.

Si&#233;ntate. Vas a romperte las piernas.

El viejo llevaba medias el&#225;sticas, y por encima de ellas se ve&#237;an las rodillas, hinchadas como dos p&#225;lidos bollos con manchas hep&#225;ticas que parec&#237;an pasas.

Raymond lo ayud&#243; a meterse en la cama y le alcanz&#243; la dentadura. El viejo evit&#243; la mirada de Sejer y dirigi&#243; la vista al techo. Sus ojos eran descoloridos, con pupilas min&#250;sculas, enmarcadas por cejas anchas y espesas. Se coloc&#243; la dentadura. Sejer se acerc&#243; y se coloc&#243; delante de &#233;l mientras miraba por la ventana, que daba al patio delantero y a la carretera. Las cortinas estaban echadas y s&#243;lo permit&#237;an que entrara un poco de luz.

&#191;Puede ver lo que pasa en la carretera? -pregunt&#243; Sejer.

&#191;Es de la polic&#237;a?

S&#237;. Tiene usted buena vista desde aqu&#237; si abre las cortinas.

Nunca lo hago. Excepto cuando hace mal tiempo.

&#191;Ha visto por aqu&#237; alg&#250;n coche desconocido, o alguna rnoto?

Alguna vez. Coches de la polic&#237;a, por ejemplo. Y ese trineo de Papa Noel que lleva usted.

&#191;Y gente andando?

Excursionistas. Se empe&#241;an en subir a la colina a recoger piedrecitas. O a ver esa podrida laguna. Por cierto, est&#225; llena de cad&#225;veres de ovejas. Bueno, cada loco con su tema.

&#191;Conoc&#237;a usted a Annie Holland?

Conozco a su padre de cuando ten&#237;a el taller. Sol&#237;a dejar el coche cuando algo no le funcionaba.

&#191;Usted regent&#243; el taller?

El viejo se tap&#243; con el edred&#243;n y asinti&#243; con la cabeza.

Ten&#237;a dos hijas. Rubias, guapas.

Annie Holland ha muerto.

Lo s&#233;. Leo los peri&#243;dicos, como la mayor&#237;a de la gente.

Se&#241;al&#243; un mont&#243;n de peri&#243;dicos que hab&#237;a en el suelo debajo de la mesilla, junto con otra cosa de un papel m&#225;s chill&#243;n y m&#225;s brillante.

Anoche vino un se&#241;or a hablar con Raymond. &#191;Lo vio usted?

S&#243;lo o&#237; murmullos ah&#237; fuera. Puede que Raymond no sea muy r&#225;pido -dijo en tono cortante-, pero no tiene ni pizca de maldad. &#191;Lo entiende usted? Es tan d&#243;cil que se le puede llevar atado con una hebra de lana. Siempre hace lo que se le manda.

Raymond asent&#237;a una y otra vez con la cabeza, mientras se rascaba la tripa.

Sejer capt&#243; la mirada clara del viejo.

Lo s&#233; -dijo en voz baja-. &#191;As&#237; que los oy&#243; usted murmurar? &#191;No se dej&#243; tentar y corri&#243; la cortina un poco?

No.

No es usted muy curioso, &#191;verdad?

Cierto, no lo soy. Nosotros nos ocupamos de nosotros, no de los dem&#225;s.

Y si le digo que existe una m&#237;nima posibilidad de que ese hombre est&#233; implicado en el asesinato de la hija de Holland, &#191;comprender&#237;a usted la gravedad del asunto?

Pues s&#237;, pero no mir&#233; por la ventana, estaba leyendo el peri&#243;dico.

Sejer mir&#243; la peque&#241;a habitaci&#243;n y sinti&#243; un escalofr&#237;o. No ol&#237;a muy bien, al viejo seguramente le funcionaba mal el ri&#241;on. El cuarto necesitaba ventilaci&#243;n y una buena limpieza, y al viejo habr&#237;a que darle un ba&#241;o caliente. Dijo adi&#243;s y sali&#243; al aire fresco, inspir&#225;ndolo profundamente. Raymond lo sigui&#243; y se qued&#243; de pie con los brazos cruzados, mientras Sejer se acomodaba tras el volante.

&#191;Has arreglado el coche, Raymond?

Pap&#225; dice que necesita una bater&#237;a nueva. Y ahora no tengo dinero. Cuesta m&#225;s de cuatrocientas coronas. No conduzco por las carreteras casi nunca -se apresur&#243; a a&#241;adir.

Muy bien. M&#233;tete en casa, tienes fr&#237;o.

S&#237; -dijo tiritando-. Y he regalado mi anorak.

Pues eso no est&#225; muy bien hecho, &#191;no? -exclam&#243; Sejer.

Me sent&#237; obligado -dijo tristemente-, estaba all&#237; tumbada, sin nada encima

&#191;C&#243;mo?

Sejer lo mir&#243; asombrado. &#161;El anorak que cubr&#237;a el cad&#225;ver era el anorak de Raymond!

&#191;La tapaste? -dijo.

No llevaba nada de ropa -contest&#243; el joven, dando patadas a la tierra con la zapatilla.

Hab&#237;a pensado instant&#225;neamente que la chica estaba pasando fr&#237;o y que alguien deb&#237;a taparla. Esos pelos rubios tal vez fueran pelos de conejo. Raymond masticaba caramelos. Sejer lo mir&#243; a los ojos, eran ojos de ni&#241;o, claros como el agua de un manantial, pero ten&#237;a enormes m&#250;sculos. Sin quererlo, mov&#237;a la cabeza.

Fue muy amable por tu parte -dijo, mir&#225;ndolo muy de cerca-. &#191;Hablaste con ella?

Raymond lo mir&#243; asombrado, y su mirada angelical se repleg&#243; un poco, como si intuyera la proximidad de una trampa.

&#161;Pero si dijiste que estaba muerta!

M&#225;s tarde, cuando Sejer se hubo marchado, Raymond sali&#243; sigilosamente de la casa y ech&#243; un vistazo dentro del garaje. Cesar estaba en un rinc&#243;n, debajo de un viejo jersey de lana, y a&#250;n respiraba.


Skarre acab&#243; sus rutinas e informes con una pluma Microball n&#250;mero 05. Sonri&#243; contento y tarare&#243; unas estrofas de Jesus on the line. La vida no estaba mal, y un caso de homicidio era en realidad mucho m&#225;s emocionante que un atraco a mano armada. Pronto llegar&#237;a el verano. Y all&#237; estaba el jefe, salud&#225;ndolo con un gran helado de cucurucho. Apart&#243; los papeles y cogi&#243; el helado.

El anorak que cubr&#237;a parte del cad&#225;ver pertenece a Raymond -dijo Sejer.

Skarre se sorprendi&#243; tanto que se le cay&#243; el helado.

Pero dice que se lo puso al volver a casa, despu&#233;s de haber acompa&#241;ado a Ragnhild, y le creo. La tap&#243; porque estaba desnuda. Llam&#233; a Irene Album, y Ragnhild insisti&#243; en que el anorak no estaba cuando ellos llegaron a la laguna. Pero s&#237; es su anorak, as&#237; que tendremos que vigilarlo. Le expliqu&#233; que no podr&#237;amos devolv&#233;rselo enseguida y se qued&#243; tan perplejo que le promet&#237; una chaqueta vieja que tengo en casa y que nunca me pongo. &#191;Has encontrado t&#250; algo interesante? -pregunt&#243; por fin.

Skarre quit&#243; el papel al helado.

He visitado a todos los vecinos de Annie. En general son buena gente, pero hay muchas multas por exceso de velocidad en esa calle.

Sejer se lami&#243; las fresas del labio superior.

De veintiuna casas, ocho tienen una o m&#225;s multas por exceso de velocidad. Revientan todas las estad&#237;sticas.

Es que tienen mucho camino hasta el trabajo -explic&#243; Sejer-. Trabajan en la ciudad o en el aeropuerto. No hay trabajo en Lundeby, &#191;sabes?

Ya, pero a&#250;n as&#237; son unos brutos en la carretera. Tambi&#233;n he encontrado otra cosa. Mira esto -hoje&#243; unos papeles y se&#241;al&#243;-: Knut Jensvoll, Gneisveien, 8. El entrenador de balonmano de Annie. Cumpli&#243; una condena por violaci&#243;n. Dieciocho meses en la prisi&#243;n de Ullersmo.

Sejer se agach&#243; y mir&#243;.

Habr&#225; logrado mantenerlo en secreto. As&#237; que cu&#237;date la lengua cuando estemos por all&#237;.

Skarre asinti&#243; y chup&#243; el helado.

Tal vez tengamos que interrogar a todo el equipo de balonmano. Puede que ese t&#237;o haya intentado algo con alguna de las chicas. &#191;Qu&#233; tal te ha ido? &#191;Traes detallados dibujos del coche sospechoso?

Sejer gimi&#243; y sac&#243; los dibujos del bolsillo interior.

Ragnhild dice que el cofre portaesqu&#237;s era una barca. Y el de Raymond tiene mucha gracia -a&#241;adi&#243; en voz baja-. Pero lo m&#225;s interesante es un excursionista que se detuvo delante de la casa del muchacho anoche, y que al parecer logr&#243; convencerle de que el coche era rojo.

Puso el dibujo sobre la mesa y se lo acerc&#243; a Skarre.

Skarre abri&#243; unos ojos como platos.

&#191;C&#243;mo? &#191;Fue capaz de explicar?

Algo intermedio -dijo Sejer lac&#243;nicamente-, con gorra. No me atrev&#237; a agobiarle mucho, se pone enseguida fuera de s&#237;.

A esto lo llamo yo rapidez.

Yo lo llamo m&#225;s bien atrevimiento -replic&#243; Sejer-. De hecho, estamos hablando de una persona que sabe qui&#233;n es Raymond. Sabe que ellos lo vieron, y ten&#237;a que asegurarse de qu&#233; fue exactamente lo que vieron. De manera que debemos centrarnos en el coche. &#161;Ese tipo tiene que estar muy cerca, demonios!

Pero eso de plantarse delante de la casa de Raymond es bastante arriesgado. &#191;Alguien m&#225;s lo vio?

He preguntado por las casas. Nadie lo vio. Si lleg&#243; por la colina, la casa de Raymond es la primera, y se ve poco desde la granja de abajo.

&#191;Y el viejo?

Oy&#243; murmullos fuera y no sinti&#243; la tentaci&#243;n de abrir la cortina.

Comieron el helado en silencio.

&#191;Debemos olvidarnos de Halvor y de la moto?

En absoluto.

&#191;Cu&#225;ndo vamos a traerlo aqu&#237;?

Esta noche.

&#191;Por qu&#233; esperar hasta entonces?

Esto est&#225; m&#225;s tranquilo por la noche. Por cierto, habl&#233; con la madre de Ragnhild mientras la ni&#241;a iba dejando pruebas cristalinas en el bloc de dibujo. S&#248;lvi no es hija de Holland. Y al padre biol&#243;gico se le ha negado el derecho a las visitas debido seguramente a borracheras y violencia.

Pero S&#248;lvi tiene veinti&#250;n a&#241;os, &#191;no?

Ahora s&#237;. Pero ha habido a&#241;os de dolorosos conflictos.

&#191;Qu&#233; quieres decir con eso?

Pues que ese tipo ha vivido, en cierta manera, la experiencia de perder a una hija. Ahora su ex mujer, con la que mantiene una tensa relaci&#243;n, tendr&#225; esa misma experiencia. Tal vez quisiera vengarse. Bueno, es s&#243;lo una idea.

Skarre silb&#243; por lo bajo.

&#191;Qui&#233;n es &#233;l?

Eso vas a averiguarlo t&#250; en cuanto acabes el helado. Y luego te pasas por mi despacho. Si lo encuentras, nos pondremos en marcha inmediatamente.

Sejer se march&#243;. Skarre marc&#243; el n&#250;mero de tel&#233;fono de Holland, y chup&#243; el helado mientras esperaba.

No quiero hablar de Axel -dijo la se&#241;ora Holland-. Estuvo a punto de destrozarnos, y despu&#233;s de muchos a&#241;os hemos logrado por fin quit&#225;rnoslo de encima. Si yo no hubiera ido a los tribunales, &#233;l habr&#237;a conseguido destrozar a S&#248;lvi.

S&#243;lo quiero su nombre y direcci&#243;n. Es mera rutina, se&#241;ora Holland. Hay mil cosas de este tipo que tenemos que comprobar.

Jam&#225;s ha tenido nada que ver con Annie. &#161;Gracias a Dios!

El nombre, se&#241;ora Holland.

La mujer cedi&#243; por fin:

Axel Bj&#248;rk.

&#191;Tiene usted m&#225;s datos?

Lo tengo todo. Su n&#250;mero de carn&#233; de identidad y tambi&#233;n sus se&#241;as, si es que no se ha mudado. Ojal&#225; lo haya hecho. Vive demasiado cerca. A s&#243;lo una hora en coche.

Se iba encolerizando conforme hablaba.

Skarre tom&#243; nota y le dio las gracias. Luego volvi&#243; a encender el ordenador para buscar a Bj&#248;rk, Axel, mientras pensaba lo poco eficaz que era la protecci&#243;n de la intimidad de las personas, nada m&#225;s que una lona transparente tras la que resultaba imposible esconderse. Encontr&#243; al hombre sin muchos esfuerzos y comenz&#243; a leer.

&#161;Hostia! -exclam&#243; dirigiendo una mirada de disculpa hacia el cielo.

Luego puls&#243; Imprimir y se reclin&#243; en la silla. Cogi&#243; la hoja, la ley&#243; una vez m&#225;s y cruz&#243; el pasillo en direcci&#243;n al despacho de Sejer. El inspector jefe estaba delante del espejo con una manga de la camisa remangada, rasc&#225;ndose el codo.

Me he dejado la pomada en casa -murmur&#243;.

Aqu&#237; est&#225;. Tiene antecedentes, claro -dijo Skarre, que se sent&#243; poniendo la hoja sobre la mesa.

Bueno, vamos a ver. Bj&#248;rk, Axel, nacido en mil novecientos cuarenta y ocho.

Polic&#237;a -dijo Skarre en voz baja.

Sejer no reaccion&#243;. Segu&#237;a leyendo y asinti&#243; lentamente con la cabeza.

Ex polic&#237;a. Bueno, tal vez no te apetezca venir.

Pues claro que s&#237;. Pero resulta un poco fuerte, &#191;verdad?

No somos mejores que los dem&#225;s, &#191;no, Skarre? Tendremos que escuchar tambi&#233;n la versi&#243;n del hombre. Puedes contar con que ser&#225; diferente a la de la se&#241;ora Holland. De modo que tendremos que darnos una vuelta por Oslo. Al parecer trabaja a turnos, lo que significa que tenemos cierta posibilidad de encontrarlo en casa.

Sognsveien 4 est&#225; en Adamstuen. Es ese bloque rojo que hay junto a la parada del tranv&#237;a.

&#191;Tan bien conoces aquello? -pregunt&#243; Sejer asombrado.

Trabaj&#233; de taxista en Oslo durante dos a&#241;os.

&#191;Hay algo que no hayas hecho?

Nunca me he tirado en paraca&#237;das -contest&#243; Skarre estremeci&#233;ndose.


Skarre demostr&#243; los conocimientos adquiridos en su &#233;poca de taxista dirigiendo a Sejer por el camino m&#225;s corto: Entraron por Sk&#248;yen, giraron a la izquierda por la calle Halvdan Svartes, pasaron por el parque Vigeland, subieron por Kirkeveien y bajaron por Ullev&#229;l. Aparcaron en lugar prohibido delante de una peluquer&#237;a y encontraron el nombre de Bj&#248;rk en la tercera planta. Llamaron a la puerta y esperaron. Nadie contest&#243;. Una mujer sali&#243; de una puerta de al lado haciendo ruido con un cubo y una fregona.

Ha ido a la tienda -dijo-, por lo menos sali&#243; con botellas vac&#237;as en una bolsa de pl&#225;stico. Suele comprar en Rundingen, justo aqu&#237; al lado.

Le dieron las gracias y salieron. Se sentaron en el coche a esperar. Rundingen era una peque&#241;a tienda de ultramarinos con tantos carteles rosas y amarillos en el escaparate que resultaba dif&#237;cil ver el interior. La gente entraba y sal&#237;a, la mayor&#237;a mujeres. Cuando Skarre hubo fumado un cigarrillo con la ventanilla abierta y el brazo sacado, apareci&#243; un hombre solitario vestido con una gruesa camisa canadiense y zapatillas de deporte. A trav&#233;s de la ventana abierta oyeron el tintineo de las botellas que llevaba en la bolsa. Era de complexi&#243;n fuerte y muy alto, aunque no lo parec&#237;a tanto porque andaba cabizbajo y con una hosca mirada clavada en la acera. No se fij&#243; en el coche.

Sin duda podr&#237;a tratarse de un antiguo colega. Espera a que doble la esquina, luego sal y comprueba si entra en el edificio.

Skarre esper&#243;, abri&#243; la puerta y dobl&#243; r&#225;pidamente la esquina. Luego esperaron dos o tres minutos antes de volver a subir.

El rostro de Bj&#248;rk en la puerta entornada era un manojo de m&#250;sculos, nervios e impulsos que cambi&#243; de expresi&#243;n var&#237;as veces en el transcurso de unos segundos. Primero esa cara relajada y neutral que no espera nada, con una mezcla de curiosidad. Luego, al descubrir el uniforme de Skarre, un r&#225;pido salto en la memoria con el fin de explicarse ese ser uniformado delante de su puerta, lo que hab&#237;a le&#237;do en el peri&#243;dico sobre el cad&#225;ver en la laguna, y finalmente su propia historia, los nexos, y lo que habr&#237;an pensado. La &#250;ltima expresi&#243;n, la que qued&#243; fijada en su rostro, era una mordaz sonrisa.

Bueno -dijo, abriendo la puerta del todo-. Si no lleg&#225;is a aparecer, habr&#237;a perdido todo el respeto por la moderna investigaci&#243;n. Adelante. &#191;Se trata del maestro y su aprendiz?

Ignoraron el comentario y entraron tras &#233;l en un peque&#241;o vest&#237;bulo donde el olor a alcohol era notorio.

El piso de Bj&#248;rk era muy moderno, con un sal&#243;n espacioso y una habitaci&#243;n, adem&#225;s de una peque&#241;a cocina que daba a la calle. Los muebles no hac&#237;an juego unos con otros, como si hubieran sido rescatados de distintas salas de estar. En la pared, sobre un antiguo escritorio, colgaba la foto de una ni&#241;a. Tendr&#237;a unos ocho a&#241;os. El pelo era m&#225;s oscuro, pero los rasgos no hab&#237;an cambiado gran cosa con el paso de los a&#241;os. Era S&#248;lvi. En una esquina hab&#237;a un lazo rojo fijado al marco.

De pronto descubrieron un pastor alem&#225;n que yac&#237;a muy quieto en un rinc&#243;n, observ&#225;ndolos con la mirada alerta. No se hab&#237;a movido ni hab&#237;a ladrado cuando entraron en la habitaci&#243;n.

&#191;Qu&#233; has hecho con ese perro -pregunt&#243; Sejer-, que yo no he podido lograr del m&#237;o? El m&#237;o se tira a la gente en cuanto ponen los pies en la entrada y arma tanto alboroto que se le oye en el bajo. Y eso que vivo en la planta trece -a&#241;adi&#243;.

Eso es porque est&#225; demasiado unido a ti -contest&#243; Bj&#248;rk secamente-. Nunca debes tratar a un perro como si fuera lo &#250;nico que tienes en el mundo, &#191;o acaso es as&#237;?

Sonri&#243; ir&#243;nicamente, estudi&#243; a Sejer con los ojos entornados y supuso que el resto de la conversaci&#243;n tendr&#237;a lugar en un tono menos distendido que hasta ese momento. Llevaba el pelo corto, pero sucio y grasiento, y la barba muy poblada. Una sombra oscura le cubr&#237;a la parte inferior de la cara.

Bien -dijo tras una pausa-. Y ahora quieres saber si conoc&#237;a a Annie.

Se sac&#243; la frase con mucho cuidado de entre los labios, como si de una espina se tratara.

Estuvo en este piso varias veces con S&#248;lvi. No veo por qu&#233; no decirlo. Luego Ada se enter&#243; y puso fin a esas visitas. De hecho, S&#248;lvi quer&#237;a venir. No s&#233; lo que le ha hecho Ada, pero creo que es algo parecido a un lavado de cerebro. Ahora ya no le intereso. Holland se ha quedado con la tutela -se rasc&#243; la barbilla, y como los otros segu&#237;an callados, continu&#243;-: &#191;Has pensado tal vez que yo mat&#233; a Annie con el fin de vengarme? Dios m&#237;o, no, no lo hice. No tengo nada en contra de Eddie Holland, y no le deseo a nadie, ni siquiera a mi rival, el mal trago de perder a una hija. Porque eso es lo que me ha pasado a m&#237;, ya no tengo hijos. No tengo fuerzas para seguir luchando. Pero, desde luego, admito que he pensado que ahora esa vieja mojigata ya sabe lo que es perder a una hija. Lo sabe, ya lo creo. Y mis posibilidades de volver a ver a S&#248;lvi son m&#225;s remotas que nunca. A partir de ahora, Ada no apartar&#225; la vista de ella ni un momento. Es una situaci&#243;n en la que nunca hubiera deseado verme metido.

Sejer escuchaba sin moverse. La voz de Bj&#248;rk sonaba &#225;spera y acida.

&#191;Que d&#243;nde me encontraba yo en el momento de los hechos? La encontraron el lunes, &#191;no? Sobre el mediod&#237;a, si recuerdo bien lo que le&#237; en la prensa. Entonces la respuesta es aqu&#237;, en el piso, sin coartada. Probablemente estaba borracho, suelo estarlo cuando no trabajo. &#191;Si soy violento? En absoluto. Es verdad que pegu&#233; a Ada, pero fue ella la que lo prepar&#243; todo, era lo que estaba buscando. Sab&#237;a que si consegu&#237;a que traspasara los l&#237;mites tendr&#237;a algo para llevarme a los tribunales. Le di un pu&#241;etazo. Fue un impulso. De hecho, ha sido la &#250;nica vez en mi vida que he pegado a alguien. Tuve muy mala suerte, di fuerte y en el clavo, le romp&#237; la mand&#237;bula y perdi&#243; varios dientes; S&#248;lvi estaba sentada en el suelo mirando. Ada lo hab&#237;a organizado todo. Hab&#237;a dispersado los juguetes de S&#248;lvi por el suelo para que la ni&#241;a se quedara mir&#225;ndonos, y hab&#237;a llenado la nevera de cerveza. Y se puso a discutir, eso se le daba muy bien. No lo dej&#243; hasta que yo explot&#233;. Fui derecho a la trampa que me hab&#237;a preparado.

La amargura del hombre dejaba traslucir una especie de alivio, tal vez porque por fin alguien lo escuchaba.

&#191;Qu&#233; edad ten&#237;a S&#248;lvi cuando os divorciasteis?

Cinco a&#241;os. Ada ya estaba liada con Holland, y quer&#237;a quedarse con S&#248;lvi.

Ya hace mucho tiempo de eso. &#191;No has conseguido olvidarlo?

Uno no olvida nunca a sus hijos.

Sejer se mordi&#243; el labio.

&#191;Te suspendieron?

Empec&#233; a beber sin control. Perd&#237; a la mujer, a la cr&#237;a, el trabajo, la casa y el respeto de la mayor parte de la gente. As&#237; pues -a&#241;adi&#243;-, no importar&#237;a mucho si tambi&#233;n me convirtiera en homicida, de verdad que no -sonri&#243; de repente diab&#243;licamente-. Pero entonces habr&#237;a actuado enseguida, no habr&#237;a esperado tantos a&#241;os. Y para ser sincero -prosigui&#243;-, en todo caso me hubiera cargado a Ada.

&#191;Sobre qu&#233; discut&#237;ais? -pregunt&#243; Skarre con curiosidad.

Discut&#237;amos sobre S&#248;lvi -Bj&#248;rk se cruz&#243; de brazos y mir&#243; por la ventana, como si los recuerdos desfilaran por la calle-. S&#248;lvi es algo especial, lo ha sido siempre. Supongo que la habr&#233;is conocido, y habr&#233;is visto en lo que se ha convertido. Ada siempre quiso protegerla. No es muy independiente, si acaso simplemente algo corta, siente un morboso inter&#233;s por los chicos y por aparentar ante los dem&#225;s. Eso es lo que quiere Ada, que se busque un marido cuanto antes que pueda cuidar de ella. En mi vida he visto a alguien llevar a una chica tan directa a la ruina. He intentado explicarle que lo que necesita es justamente lo contrario. Necesita fe en s&#237; misma. Yo quer&#237;a llevarla a pescar y cosas as&#237;, ense&#241;arle a cortar le&#241;a, jugar al f&#250;tbol y dormir en tienda de campa&#241;a. Necesita esforzarse un poco f&#237;sicamente, soportar que el peinado se le desarregle sin que le entre el p&#225;nico. Ahora anda por un estudio del cabello mir&#225;ndose en el espejo todo el d&#237;a. Ada me acusaba de tener alg&#250;n complejo. Me dec&#237;a que en realidad me hubiera gustado tener un hijo var&#243;n y que no hab&#237;a aceptado nunca el hecho de haber tenido una hija. Discut&#237;amos siempre -suspir&#243;-, durante todo nuestro matrimonio. Y hemos seguido discutiendo.

&#191;De qu&#233; vives ahora?

Bj&#248;rk clav&#243; su oscura mirada en Sejer.

Seguro que ya lo sabes. Trabajo en una compa&#241;&#237;a privada de seguridad. Voy por ah&#237; por las noches con linterna y perro. Est&#225; bien. Poca acci&#243;n, claro, pero supongo que ya tuve mi raci&#243;n.

&#191;Cu&#225;ndo estuvieron las chicas aqu&#237; por &#250;ltima vez?

Se frot&#243; la frente como queriendo extraer la fecha del fondo de sus pensamientos.

El oto&#241;o pasado. Tambi&#233;n vino el novio de Annie.

&#191;Y desde entonces no las has visto?

No.

&#191;Has llamado a su puerta a preguntar por ella?

Varias veces. Y Ada ha llamado siempre a la polic&#237;a. Dec&#237;a que yo era un intruso, que me comportaba de un modo amenazador. Voy a tener problemas en el trabajo si sigo as&#237;, de modo que me he visto obligado a dejar de hacerlo.

&#191;Y Holland?

Holland est&#225; bien. En realidad creo que todo esto le parece bastante horrible. Pero es un mandado. Ada le tiene completamente dominado. &#201;l hace lo que se le dice, por eso no discuten nunca. T&#250; mismo has hablado con ellos, y te habr&#225;s dado cuenta de la situaci&#243;n.

Se levant&#243; de repente y se coloc&#243; junto a la ventana, de espalda a ellos, enderez&#225;ndose completamente.

No s&#233; lo que le pas&#243; a Annie -dijo en voz baja-. Pero lo habr&#237;a entendido mejor si le hubiera sucedido a S&#248;lvi. Ella es tan f&#225;cil de enga&#241;ar

Sejer lo mir&#243; con curiosidad y se pregunt&#243; por qu&#233; todo el mundo dec&#237;a lo mismo. Si hubiera sido S&#248;lvi Como si todo fuera un grave error, y Annie hubiera sido asesinada por equivocaci&#243;n.

&#191;Tienes moto, Bj&#248;rk?

No -contest&#243; extra&#241;ado-. Tuve una cuando era m&#225;s joven. La ten&#237;a aparcada en el garaje de un conocido, y al final la vend&#237;. Una Honda 750. S&#243;lo me queda el casco.

&#191;C&#243;mo es?

Est&#225; colgado en la entrada.

Skarre ech&#243; un vistazo y descubri&#243; el casco, un casco integral negro, con la visera tiznada.

&#191;Coche particular?

S&#243;lo llevo el Peugeot de la compa&#241;&#237;a de seguridad. He podido comprobar algo -dijo de repente, mir&#225;ndolos-. He visto el fen&#243;meno madre-hijo muy de cerca. Es una especie de pacto sagrado que nadie puede romper. Ser&#237;a m&#225;s dif&#237;cil separar a Ada y S&#248;lvi que a una pareja de gemelos siameses con las manos.

La imagen hizo parpadear a Sejer.

Ser&#233; sincero con vosotros -prosigui&#243;-. Odio a Ada, y no me da la gana ocultarlo. Y s&#233; qu&#233; ser&#237;a lo peor que pudiera ocurr&#237;rle: que S&#248;lvi llegara a ser alg&#250;n d&#237;a tan madura que entendiera lo que ha sucedido realmente. Que antes o despu&#233;s se atreviera a desafiar a su madre y venir aqu&#237; a iniciar esa relaci&#243;n padre-hija que deber&#237;amos tener y a la que los dos tenemos derecho, una relaci&#243;n de verdad. Eso matar&#237;a a Ada.

De repente parec&#237;a agotado. El tranv&#237;a pas&#243; ruidosamente por la calle, y Sejer volvi&#243; a mirar la foto de S&#248;lvi. Intent&#243; imaginarse su propia vida con otro rumbo. Que Elise hubiera empezado a odiarle, que se hubiera marchado llev&#225;ndose consigo a Ingrid, y que encima hubiera conseguido que un tribunal dictaminara que jam&#225;s volviera a verla. Se sinti&#243; mareado. Ten&#237;a mucha imaginaci&#243;n.

En otras palabras -dijo en voz baja-. &#191;Annie Holland era la chica que hubieras querido que fuera S&#248;lvi?

S&#237;, en cierto modo. Es independiente y fuerte. Era -dijo de pronto, volvi&#233;ndose-. Es horrible. Espero por Eddie que encontr&#233;is al tipo que lo hizo, de verdad que lo espero.

&#191;Por Eddie? &#191;No por Ada?

No -dijo con firmeza-. Por Ada no.


Un hombre muy elocuente, &#191;no te parece?

Sejer puso el coche en marcha.

&#191;Lo has cre&#237;do? -pregunt&#243; Skarre, se&#241;alando a la izquierda.

No lo s&#233;. Pero hay una gran desesperaci&#243;n detr&#225;s de esa m&#225;scara hosca, y parece aut&#233;ntica. Seguro que hay mujeres malas y calculadoras por ah&#237;. Y las mujeres tienen una especie de prioridad sobre los hijos. Tiene que ser doloroso estar atrapado en una situaci&#243;n as&#237;, por ideas y convenciones contra las que de nada sirve luchar. Tal vez tiene que ser as&#237; -a&#241;adi&#243; pensativo, intentando esquivar los ra&#237;les del tranv&#237;a-. Tal vez se trate de un fen&#243;meno biol&#243;gico que da seguridad a los ni&#241;os. Una verdadera atadura a la madre, imposible de romper.

&#161;Ostras!

Skarre escuchaba y mov&#237;a la cabeza como diciendo que no.

T&#250; tienes hijos, &#191;de verdad crees lo que acabas de decir?

No, s&#243;lo pienso en voz alta. &#191;Y t&#250;, qu&#233;?

&#161;Pero si yo no tengo hijos!

Pero tienes padres, &#191;no?

S&#237;, tengo padres. Y me temo que soy un enmadrado incurable.

Yo tambi&#233;n -dijo Sejer pensativo.


Eddie Holland sali&#243; de la agencia de contabilidad, dio un breve recado a la secretaria y se march&#243; en su coche. Tras un paseo de veinte minutos, el Toyota verde se meti&#243; en un gran aparcamiento. El hombre apag&#243; el motor y se hundi&#243; en el asiento. Cerr&#243; un instante los ojos y permaneci&#243; muy quieto, esperando que algo le hiciera dar la vuelta y regresar sin haber realizado su cometido, pero nada ocurri&#243;.

Por fin abri&#243; los ojos y mir&#243; a su alrededor. Era un lugar muy hermoso. El gran edificio reposaba en el paisaje como una gran piedra plana, enmarcada por resplandecientes praderas verdes. Mir&#243; los estrechos senderos, donde las tumbas se alineaban en filas sim&#233;tricas. Arboles frondosos con enormes copas. Consuelo. Silencio. Ni una persona, ni un sonido. Sali&#243; vacilante del coche y cerr&#243; la puerta ruidosamente con el d&#233;bil deseo de que alguien lo oyera y saliera por la puerta del crematorio para preguntarle qu&#233; quer&#237;a, para hac&#233;rselo f&#225;cil, pero nadie sali&#243;.

Empez&#243; a caminar por los senderos. Ley&#243; alg&#250;n nombre, pero sobre todo se iba fijando en los a&#241;os, como si buscara a alguien que no hubiera muerto de viejo, que tal vez tuviera s&#243;lo quince a&#241;os, como Annie, y s&#237;, encontr&#243; varios. Comprendi&#243; por fin que muchos hab&#237;an pasado ya por eso, s&#243;lo que ya hab&#237;an llegado un poco m&#225;s lejos. Hab&#237;an tomado ya una serie de decisiones; por ejemplo, que su hijo o hija fuera incinerado, qu&#233; clase de piedra pondr&#237;an sobre la urna, qu&#233; plantar&#237;an. Hab&#237;an elegido flores y m&#250;sica para el funeral y hab&#237;an informado al sacerdote de c&#243;mo hab&#237;a sido su hijo o hija para que la homil&#237;a tuviera un car&#225;cter lo m&#225;s personal posible. Le temblaban las manos y se las meti&#243; en los bolsillos. Llevaba una vieja gabardina con el forro roto. En el bolsillo derecho palp&#243; un bot&#243;n, y se le ocurri&#243; en ese instante que llevaba a&#241;os all&#237;. El cementerio era bastante grande, y en un extremo, cerca ya de la carretera, divis&#243; a un hombre con una gabardina de nailon azul andando lentamente entre las tumbas. Podr&#237;a ser un empleado del lugar. Holland se gir&#243; imperceptiblemente en direcci&#243;n al hombre, esperando que fuera un tipo hablador. &#201;l no ten&#237;a mucha iniciativa, pero tal vez el hombre se detuviera e hiciera alg&#250;n comentario sobre el tiempo. Siempre quedaba el tema del tiempo, pens&#243; Eddie. Mir&#243; el cielo y vio que hab&#237;a pocas nubes, la temperatura era agradable y soplaba una suave brisa.

&#161;Muy buenas!

La gabardina azul marino se detuvo.

Holland carraspe&#243;.

&#191;Trabaja usted aqu&#237;?

S&#237; -contest&#243; se&#241;alando hacia el crematorio-. Soy lo que llaman el encargado.

El hombre ten&#237;a una sonrisa simp&#225;tica, como si no temiera a nada en este mundo y hubiera visto todo lo que hab&#237;a que ver de las debilidades humanas.

Llevo veinte a&#241;os trabajando aqu&#237;. Es un sitio bonito para pasar los d&#237;as. &#191;No te parece?

Le tuteaba. Resultaba informal y agradable. Holland asinti&#243;.

Pues s&#237;, yo ando por aqu&#237; meditando -balbuce&#243; Eddie-, sobre el futuro y todo eso -solt&#243; una risa nerviosa-. Antes o despu&#233;s acabaremos todos bajo tierra. Es algo que no puede evitarse.

Cerr&#243; las manos dentro de los bolsillos y palp&#243; el bot&#243;n.

As&#237; es. &#191;Tienes familia aqu&#237;?

No, aqu&#237; no. Est&#225;n enterrados en el cementerio de mi pueblo. All&#237; no tenemos ninguna tradici&#243;n con la incineraci&#243;n. En realidad no s&#233; muy bien en qu&#233; consiste -a&#241;adi&#243;-, ser incinerado, quiero decir. Tal vez al fin y al cabo no haya tanta diferencia entre ser enterrado o incinerado. Pero hay que tomar una decisi&#243;n. No soy tan mayor, pero se me ha ocurrido que debo decidir pronto, si deseo ser enterrado o incinerado, quiero decir.

El otro ya no sonre&#237;a. Mir&#243; atentamente al hombre grueso de la gabardina gris y entendi&#243; lo que hab&#237;a supuesto para su orgullo hacer esa pregunta. La gente ten&#237;a muchos motivos para andar entre las tumbas, y &#233;l nunca se arriesgaba a equivocarse.

Es una decisi&#243;n importante, pienso yo, a la que hay que dedicar algo de tiempo. La gente deber&#237;a pensar m&#225;s en su propia muerte.

&#191;Verdad que s&#237;? -Holland pareci&#243; alentado. Sac&#243; las manos de los bolsillos para airearlas un poco-. Pero siempre se tiene miedo a hacer preguntas -le extra&#241;aron sus propias palabras-. Tambi&#233;n teme uno que le tomen por chiflado. O no del todo normal tal vez, cuando quiere enterarse del proceso de la incineraci&#243;n y de c&#243;mo se lleva a cabo.

La gente tiene derecho a saberlo -contest&#243; el encargado con sencillez, dando unos pasos liberadores-. Lo que pasa es que nadie se atreve a preguntar. O no quieren saberlo. Pero entiendo muy bien que algunos quieran informarse. &#191;Entramos y te explico un poco?

Holland asinti&#243; agradecido. Se sent&#237;a muy bien en compa&#241;&#237;a de ese hombre tan amable. Un hombre de la misma edad que &#233;l, delgado y con poco pelo. Anduvieron lentamente por los senderos; la gravilla cruj&#237;a suavemente bajo sus pies y la brisa le rozaba la calva como una mano consoladora.

En realidad es bastante sencillo -dijo el encargado-. Primero te dir&#233; que el muerto es colocado en el horno dentro del ata&#250;d. Tenemos ata&#250;des especiales para la incineraci&#243;n. Todo es de madera, hasta los asideros. Te la digo para que no creas que sacamos al muerto y lo metemos en el horno sin ata&#250;d. Aunque supongo que ya lo sab&#237;as, casi todos hemos visto pel&#237;culas americanas -sonri&#243;.

Holland asinti&#243; y volvi&#243; a cerrar las manos.

El horno es bastante grande. Aqu&#237; tenemos dos. Funcionan con electricidad y producen una poderosa llama. La temperatura sube a unos dos mil grados.

Sonri&#243; al aire, como queriendo absorber un par de d&#233;biles rayos de sol.

Todo lo que el muerto lleva dentro del ata&#250;d acaba en el horno. Incluso objetos o joyas que en un principio no arden, y luego se mete todo en la urna. Los marcapasos, clavos y similares se quitan antes. En cuanto a los metales nobles habr&#225;s o&#237;do decir que acaban en otros lugares. Pero no debes pensar en ello -dijo con determinaci&#243;n-. No debes -se estaban acercando a la puerta del crematorio-. Los huesos y los dientes se muelen en un molino hasta convertirlos en un polvo fino, casi arenoso, gris&#225;ceo.

Cuando el hombre mencion&#243; lo del molino, Eddie pens&#243; en los dedos de Annie. Esos dedos finos y delgados con la peque&#241;a sortija de plata Dobl&#243; asustado sus propios dedos dentro de los bolsillos.

Vamos siguiendo el proceso para ver en qu&#233; fase se encuentra. El horno tiene puertas de cristal. Al cabo de dos horas aproximadamente, todo queda convertido en un peque&#241;o mont&#243;n de ceniza menuda, mucho m&#225;s peque&#241;o de lo que la gente se imagina.

&#191;Seguir el proceso para ver en qu&#233; fase se encuentra? &#191;A trav&#233;s de la puerta de cristal? &#191;Pod&#237;an ver lo que hab&#237;a dentro? &#191;Ver a Annie quem&#225;ndose?

Si quieres puedo ense&#241;arte los hornos.

&#161;No, no!

Apret&#243; los brazos contra el cuerpo e intent&#243; desesperadamente mantenerlos quietos.

Esta ceniza es muy limpia, casi lo m&#225;s limpio que existe. Es como una arena fina. Antiguamente se utilizaba en medicina, &#191;lo sab&#237;as? Se untaban con ella los eccemas, por ejemplo, con buenos resultados, y tambi&#233;n se pod&#237;a comer. Contiene sales y minerales. La colamos dentro de la urna. Te voy a ense&#241;ar una para que veas el aspecto que tiene. Puedes elegir la urna porque existen varios modelos, pero tenemos un modelo est&#225;ndar que es el que elige la mayor&#237;a. Se cierra, se sella y luego se baja a la sepultura a trav&#233;s de un estrecho conducto. A esta ceremonia la llamamos la colocaci&#243;n de la urna.

Abri&#243; la puerta a Holland, que entr&#243; primero en el oscuro edificio.

No es m&#225;s que una aceleraci&#243;n del proceso. M&#225;s limpio, de alguna manera. Todos volveremos a ser polvo, pero en los entierros normales es un proceso muy largo. Tarda unos veinte a&#241;os. A veces treinta o cuarenta, seg&#250;n el tipo de suelo. Esta regi&#243;n es muy arenosa y arcillosa.

Me gusta -dijo Holland en voz baja-. Eso de volver a ser polvo.

&#191;Verdad que s&#237;? Algunos prefieren ser lanzados al viento. Desgraciadamente, en nuestro pa&#237;s est&#225; prohibido, tenemos reglas muy severas sobre eso. Seg&#250;n la ley, todo el mundo debe reposar en tierra bendecida.

Tampoco eso es malo -dijo Holland, aclarando la garganta-, pero esas im&#225;genes que surgen cuando uno intenta imaginarse c&#243;mo es Si est&#225;s en la tierra es que vas a pudrirte. Y eso no suena muy bien. Pero luego est&#225; lo de quemarse.

Pudrirse o quemarse, pens&#243;. &#191;Qu&#233; puedo elegir para Annie?

Se detuvo un instante, sintiendo que las rodillas estaban a punto de traicionarle, pero sigui&#243; andando, animado por la paciencia del otro.

Hay algo en eso de ser quemado que me hace pensar en bueno, ya sabes, en el infierno. Y cuando me imagino a la ni&#241;a

Se detuvo en seco y se fue sonrojando poco a poco. El otro permaneci&#243; quieto durante un rato, por fin le dio una palmadita en el hombro y dijo en voz baja:

&#191;Acaso vas a decidir por tu hija?

Holland agach&#243; la cabeza.

Es algo que debes tomar muy en serio. De alguna manera es una responsabilidad doble. No es f&#225;cil, en absoluto -a&#241;adi&#243; moviendo lentamente la cabeza-. Y hay que tomarse el tiempo necesario. Si eliges la incineraci&#243;n, tendr&#225;s que afirmar por escrito que ella jam&#225;s dijo ni una palabra en contra, pero si tiene menos de dieciocho a&#241;os t&#250; puedes decidir por ella.

Tiene quince -contest&#243; Holland.

El encargado cerr&#243; los ojos unos segundos. Luego sigui&#243; andando.

Ven conmigo hasta la capilla -susurr&#243;-, te ense&#241;ar&#233; una urna.

Iba guiando a Holland mientras bajaban por la escalera. Una mano invisible se hab&#237;a posado sobre ellos excluyendo al resto del mundo. Uno se inclinaba ligeramente sobre el otro, el encargado con el fin de transmitir su presencia, Holland para recibir el calor del hombre. Las rugosas paredes de la capilla estaban encaladas. Al pie de la escalera hab&#237;a una gran maceta de flores, y un Cristo afligido los miraba desde una cruz en la pared. Eddie recapacit&#243;. Not&#243; que las mejillas iban recobrando su color normal y se sent&#237;a seguro.

Las urnas estaban colocadas junto a la pared. El encargado baj&#243; una y se la alcanz&#243; a Holland.

Toma, puedes tocarla. &#191;Est&#225; bien, verdad?

Holland toc&#243; la urna e intent&#243; imaginarse que Annie reposaba en sus brazos en ese momento. Parec&#237;a metal, pero sab&#237;a que estaba hecha de un material degradable, y adem&#225;s la notaba caliente entre las manos.

Ahora ya sabes c&#243;mo es, no te he ocultado nada.

Eddie Holland pas&#243; los dedos por la urna dorada. Reposaba c&#243;modamente en su mano, como si tuviera el peso adecuado.

La urna es permeable, de modo que el aire de la tierra pueda entrar y acelerar el proceso, porque tambi&#233;n esta urna desaparecer&#225;. Hay algo misterioso y grandioso en lo de que todo desaparezca, &#191;verdad? -el hombre sonri&#243; solemnemente-. Y nosotros tambi&#233;n, y esta casa, y la carretera asfaltada de fuera. Y sin embargo -prosigui&#243;, apretando con firmeza el brazo de Eddie-, me gusta pensar que nos espera algo m&#225;s. Algo diferente y emocionante. &#191;Por qu&#233; no?

Holland lo mir&#243; asombrado.

Y por fuera ponemos una etiqueta con su nombre -concluy&#243;.

Holland asinti&#243;. Not&#243; que segu&#237;a de pie. El tiempo seguir&#237;a transcurriendo, minuto a minuto. Sinti&#243; que hab&#237;a saboreado algo del dolor, que hab&#237;a caminado un min&#250;sculo trecho del camino junto a Annie. Se hab&#237;a imaginado las llamas y el rugido del horno.

Pondr&#225; Annie -dijo emocionado-. Annie Sofie Holland.


Cuando Eddie Holland lleg&#243; a casa, encontr&#243; a su mujer inclinada sobre el fregadero de la cocina limpiando patatas. Seis patatas. Dos para cada uno. No ocho, como era habitual. Parec&#237;a tan poco Su rostro segu&#237;a r&#237;gido, tal como se le hab&#237;a puesto en el momento en el que se inclin&#243; sobre la camilla del Hospital Central y el m&#233;dico levant&#243; la s&#225;bana. Esa expresi&#243;n permanec&#237;a en su cara, como una m&#225;scara que no pod&#237;a mover.

&#191;D&#243;nde has estado? -pregunt&#243; con voz inexpresiva.

He estado pensando -dijo Holland con prudencia-. Creo que debemos incinerar a Annie.

Ada solt&#243; la patata y lo mir&#243;.

&#191;Incinerar?

He pensado -dijo Eddie tranquilamente- en que alguien la ha tocado. Es como si le hubieran dejado una marca. &#161;Y quiero borrarla!

Se inclin&#243; pesadamente sobre la encimera de la cocina con una mirada suplicante. Eddie Holland no sol&#237;a suplicar.

&#191;Qu&#233; clase de marca? -pregunt&#243; Ada indolentemente volviendo a coger la patata-. No podemos incinerar a Annie.

Simplemente necesitas tiempo para acostumbrarte a la idea -dijo Eddie, esta vez en un tono un poco m&#225;s alto-. Es una hermosa costumbre.

No podemos incinerar a Annie -repiti&#243; Ada, mientras segu&#237;a limpiando la patata-. Han llamado de la oficina del fiscal y han dicho que no podemos incinerarla.

&#191;Pero por qu&#233;? -grit&#243; Eddie, retorciendo las manos.

Por si la tienen que volver a sacar cuando encuentren al que lo hizo.


Bardy Snorrason puso una mano bajo la manivela de acero y sac&#243; a Annie de la pared. El caj&#243;n se desliz&#243; casi sin ruido sobre unos rieles convenientemente engrasados. No vincul&#243; el cad&#225;ver de esa joven a su propia vida o a su propia muerte o a la muerte de sus hijas. Ya no lo hac&#237;a. Ten&#237;a buen apetito y dorm&#237;a bien por las noches. Y como &#233;l trataba la muerte y la desgracia ajena con el m&#225;ximo respeto, contaba con que sus sucesores hicieran lo mismo con su cuerpo cuando le llegara la hora. Durante los treinta a&#241;os que llevaba ejerciendo de forense nada le hab&#237;a dado motivos para dudarlo.

Tard&#243; dos horas en repasar todos los puntos. Reconoc&#237;a el cuadro conforme iba trabajando. Los pulmones estaban abigarrados como huevos de p&#225;jaro, y al apretarlos sal&#237;a una espuma entre rojiza y amarillenta de las superficies seccionales. Hab&#237;a abundante sangre en el cerebro y hemorragias en forma de rayas en los m&#250;sculos de la garganta y del pecho, que mostraban que la joven hab&#237;a hecho enormes esfuerzos por respirar. Grab&#243; sus notas, expresiones escuetas y breves, incomprensibles para los no entendidos, en un dict&#225;fono. Posteriormente su ayudante las traducir&#237;a a una terminolog&#237;a m&#225;s apropiada para un informe escrito. Cuando lo hubo repasado todo, volvi&#243; a colocar la parte de arriba del cr&#225;neo, estir&#243; por encima la piel, enjuag&#243; bien todo el cuerpo y rellen&#243; el t&#243;rax vac&#237;o con papel de peri&#243;dico arrugado. Luego cerr&#243;, cosiendo. Ten&#237;a mucha hambre. Sinti&#243; que necesitaba comer antes de empezar con el siguiente. En la sala de descanso le esperaban cuatro rebanadas de pan con salami y un termo de caf&#233;. A trav&#233;s del cristal rugoso de la puerta vio de repente una figura que se detuvo y permaneci&#243; inm&#243;vil un instante, como si quisiera dar la vuelta y marcharse. Snorrason se quit&#243; los guantes y sonri&#243;. No conoc&#237;a a muchos que abultaran tanto a lo alto.

Sejer tuvo que agacharse ligeramente para entrar. Ech&#243; una mirada sin inter&#233;s hacia la camilla donde yac&#237;a Annie, envuelta en una s&#225;bana. Por encima de los zapatos se hab&#237;a puesto los forros obligatorios de pl&#225;stico, que sol&#237;an ser de colores pastel y parec&#237;an bolsas de un aspecto muy gracioso.

Acabo de terminar -dijo Snorrason-. Ah&#237; est&#225;.

Esta vez Sejer mir&#243; el cad&#225;ver colocado sobre la camilla con m&#225;s inter&#233;s.

Qu&#233; suerte para m&#237;.

Depende.

El m&#233;dico se lav&#243; las manos desde los codos hacia abajo, se restreg&#243; la piel y las u&#241;as durante varios minutos con un cepillo r&#237;gido, y termin&#243; enjuag&#225;ndolos durante el mismo tiempo. Luego se sec&#243; con el papel que sal&#237;a de un soporte en la pared, cogi&#243; una silla y la empuj&#243; hacia el inspector.

No hab&#237;a mucho que encontrar.

No me desanimes tan pronto. Algo tiene que haber.

Snorrason reprimi&#243; la sensaci&#243;n de hambre y se sent&#243;.

No me corresponde a m&#237; decidir el valor de los hallazgos. Pero por lo general solemos encontrar algo. Sin embargo, ella parece intacta.

Probablemente el t&#237;o actu&#243; deprisa y con fuerza. Y despu&#233;s le quit&#243; la ropa.

Probablemente. Pero no han abusado de ella. No es virgen, pero no han abusado sexualmente de ella, y tampoco ha recibido otra clase de malos tratos. Simple y llanamente se ahog&#243;. Y luego le quitaron la ropa, delicada y decentemente, no falta ni un bot&#243;n de la camisa, todas las costuras est&#225;n enteras. Tal vez &#233;l hubiese querido, pero se asust&#243; por algo, o tal vez le falt&#243; valor, o fuerza, o lo que fuera.

O tal vez s&#243;lo quiere hacernos creer que es un violador.

&#191;Por qu&#233; iba a pretender algo as&#237;?

Para ocultar sus verdaderos motivos. Puede significar que hay algo detr&#225;s que pudiera ser detectado, que no se trata de un acto impulsivo cometido por un perturbado. Adem&#225;s, la chica tiene que haber ido con &#233;l voluntariamente. Lo que significa que lo conoc&#237;a, o que le caus&#243; buena impresi&#243;n. Y si no he entendido mal, no era f&#225;cil impresionar a Annie Holland.

Se desabroch&#243; un bot&#243;n de la chaqueta y se inclin&#243; sobre la mesa.

Vamos. Cu&#233;ntame lo que has encontrado.

Joven de quince a&#241;os -empez&#243; Snorrason, predicando como un cura-. Un metro setenta y cuatro de estatura, sesenta y cinco kilos de peso, un m&#237;nimo de grasa, pues la mayor parte de la grasa ha sido transformada en m&#250;sculo por un duro entrenamiento, tal vez demasiado duro para una chica de quince a&#241;os. Deber&#237;an tranquilizarse un poco a esa edad, pero supongo que no es f&#225;cil si ya est&#225;s en ello. De modo que ten&#237;a los m&#250;sculos muy desarrollados, m&#225;s que muchos chicos de su misma edad. Su capacidad pulmonar era muy buena, lo que indica que tard&#243; mucho en perder el conocimiento.

Sejer mir&#243; el desgastado suelo de lin&#243;leo y descubri&#243; que el dibujo se parec&#237;a mucho al de su cuarto de ba&#241;o.

&#191;Cu&#225;nto dura en realidad? -pregunt&#243; en voz baja-. &#191;Cu&#225;nto tiempo tarda una persona adulta en ahogarse?

De dos a diez minutos, depende de su condici&#243;n f&#237;sica. Si era tan buena como creo, lo m&#225;s probable es que tardara cerca de diez.

Cerca de diez minutos, pens&#243; Sejer. Multiplicado por sesenta son seiscientos segundos. &#161;Lo que se pod&#237;a hacer en diez minutos! Darse una ducha, comer

Tiene los pulmones agrandados. Si reaccion&#243; como suele reaccionar la gente, tomar&#237;a dos respiraciones profundas al sumergirse, lo que en franc&#233;s se llama respiration de surprise, y luego cerrar&#237;a la boca hasta perder el conocimiento. Por eso penetraron en sus pulmones cantidades limitadas de agua. En el cerebro y en la m&#233;dula he encontrado diatomeas, un tipo de algas de silicio, de valores bajos, es verdad, pero la laguna no estaba muy contaminada. La causa de la muerte es, pues, ahogamiento.

No ten&#237;a ninguna cicatriz causada por intervenciones quir&#250;rgicas, ninguna malformaci&#243;n, lunares o tatuajes, ninguna alteraci&#243;n de la piel. El color de pelo era el suyo, llevaba las u&#241;as cortas y sin pintar, ninguna part&#237;cula de inter&#233;s excepto fango. Dientes muy bonitos. Un solo empaste de pl&#225;stico en una muela inferior.

Ni rastro de alcohol u otras sustancias qu&#237;micas en la sangre. Ninguna marca de inyecciones. Hab&#237;a comido bien ese d&#237;a, pan y leche. Ninguna irregularidad en el cerebro. Jam&#225;s ha estado embarazada. Y adem&#225;s -de repente suspir&#243;, clavando su mirada en Sejer-, jam&#225;s lo habr&#237;a estado.

&#191;C&#243;mo? &#191;Por qu&#233; no?

Ten&#237;a un enorme tumor en el ovario izquierdo con met&#225;stasis en el h&#237;gado. Maligno.

Sejer se qued&#243; mir&#225;ndolo fijamente.

&#191;Est&#225;s dici&#233;ndome que estaba gravemente enferma?

S&#237;. &#191;Y t&#250; me est&#225;s diciendo que no lo sab&#237;as?

Tampoco lo sab&#237;an sus padres -movi&#243; la cabeza incr&#233;dulo-. Si lo hubieran sabido, lo habr&#237;an dicho. &#191;No? &#191;Es posible que ella no se hubiera dado cuenta?

Naturalmente, tendr&#225;s que averiguar si hab&#237;a visitado a alg&#250;n m&#233;dico y si lo sab&#237;a. Pero debe de haber tenido dolores en el abdomen, al menos durante la regla. Se entrenaba muy duramente. Tal vez tuviera tantas endorfinas circulando por el cerebro que ni los notara. Pero lo cierto es que estaba acabada. Dudo que hubieran podido salvarla. El c&#225;ncer de h&#237;gado es muy complicado-se&#241;al&#243; hacia la camilla, donde la cabeza y los pies de Annie se perfilaban claramente bajo la s&#225;bana-. En todo caso habr&#237;a muerto dentro de unos cuantos meses.

Esta informaci&#243;n hizo perder a Sejer por completo el hilo del motivo de su visita. Tard&#243; un minuto en ordenar sus ideas.

&#191;Debo cont&#225;rselo a sus padres?

Eso tendr&#225;s que decidirlo t&#250;. Te preguntar&#225;n que qu&#233; he encontrado.

Ser&#225; como perderla por segunda vez.

As&#237; es.

Se reprochar&#225;n por no haberlo descubierto.

Probablemente.

&#191;Y qu&#233; pasa con su ropa?

Impregnada de barro, excepto ese anorak que os mand&#233;. Pero llevaba un cintur&#243;n con hebilla de lat&#243;n.

&#191;S&#237;?

Una gran hebilla en forma de media luna con ojo y boca. El laboratorio encontr&#243; huellas dactilares en ella. Dos distintas. Unas eran de Annie.

Sejer cerr&#243; los ojos con fuerza.

&#191;Y las otras?

Desgraciadamente no est&#225;n completas, poca cosa.

&#161;Maldita sea! -murmur&#243; Sejer.

Seguro que &#233;l ha tenido algo que ver en esto. Pero la huella al menos servir&#225; para excluir. Ya es algo, &#191;no?

&#191;Y la marca que ten&#237;a en la nuca? &#191;Puedes saber si era diestro?

No, no puedo. Pero con lo en forma que estaba Annie, no pudo tratarse de un enclenque. Tuvo que haber una pelea. Me extra&#241;a que ella siga tan entera.

Sejer suspir&#243; y se levant&#243;.

Supongo que ya no est&#225; tan entera.

S&#237; que lo est&#225;. Puedes verlo si quieres. Soy un artesano y no hago chapuzas.

&#191;Cu&#225;ndo me vas a dar el informe por escrito?

Te llamar&#225;n. Puedes enviar a ese joven de pelo rizado. &#191;Y t&#250;? &#191;Has encontrado algo?

No -contest&#243; Sejer con aire sombr&#237;o-. Nada. No veo ninguna raz&#243;n por la que alguien quisiera matar a Annie Holland.


Tal vez Annie eligiera el t&#237;tulo de una canci&#243;n como clave. Por ejemplo, esa melod&#237;a de flauta que tanto le gustaba y que se llamaba La canci&#243;n de Annie.

Halvor meditaba y jugueteaba delante de la pantalla. Hab&#237;a dejado la puerta de la habitaci&#243;n entornada por si su abuela lo llamaba. A la mujer no le quedaba ya mucha voz, y levantarse del sill&#243;n era una laboriosa tarea cuando le atormentaba el reuma. Halvor apoy&#243; la barbilla en las manos y mir&#243; fijamente la pantalla: Access denied. Password requiered. En realidad ten&#237;a hambre. Pero, como tantas otras cosas, en ese momento el hambre era algo secundario.

Sentado en la comisar&#237;a, Sejer le&#237;a un grueso mont&#243;n de hojas densamente escritas y grapadas en una esquina. Aparec&#237;an las letras OdB, que significaban Orfanato de Bjerkeli. La infancia de Halvor era una lamentable historia. Su madre, una mujer fr&#225;gil, pasaba la mayor parte del tiempo quej&#225;ndose en la cama, con los nervios a flor de piel y una bater&#237;a de tranquilizantes cada vez mayor a su alcance. No aguantaba la luz ni los sonidos agudos. Los ni&#241;os no deb&#237;an llorar ni hacer ruido.

Ciertamente Halvor hab&#237;a pasado lo suyo, pens&#243; Sejer. No estaba mal conservar un trabajo fijo y encima cuidar de la abuela.

Halvor iba tecleando los t&#237;tulos de distintas canciones conforme los iba recordando. Las palabras Access denied aparec&#237;an constantemente, m&#225;s o menos como una mosca que uno cree ya muerta, pero que vuelve a zumbar una y otra vez. Hab&#237;a repasado todas las posibles claves num&#233;ricas que se le iban ocurriendo, todos los cumplea&#241;os posibles, incluso el n&#250;mero de chasis de la bicicleta de Annie, que hab&#237;a encontrado en la llave de repuesto que le guardaba en un frasco. Ten&#237;a una DBS Intruder, y hab&#237;a insistido en que la llave de repuesto la guardara &#233;l. Por cierto, tendr&#237;a que devolv&#233;rsela a Eddie. Tecle&#243; la palabra Intruder en la pantalla.

Los problemas de alcohol del padre y los fr&#225;giles nervios de la madre hab&#237;an marcado a la familia durante muchos a&#241;os. Halvor y su hermano vagaban por la casa, procur&#225;ndose ellos mismos comida y bebida cuando hab&#237;a. El padre sol&#237;a salir a beber, gastando al principio su sueldo y luego el dinero del subsidio. Algunos buenos vecinos ayudaban en lo que pod&#237;an en secreto, a espaldas del padre, que con los a&#241;os se iba volviendo m&#225;s violento. De vez en cuando repart&#237;a alguna bofetada que otra, bofetadas que luego se convirtieron en pu&#241;etazos. Los chicos se acurrucaban el uno junto al otro y se encerraban en s&#237; mismos, cada vez m&#225;s delgados y m&#225;s callados.

Annie no elegir&#237;a una clave de n&#250;meros, pens&#243; Halvor. Era chica, y seguro que hab&#237;a inventado algo m&#225;s rom&#225;ntico. Era m&#225;s probable que se tratara de una combinaci&#243;n de palabras. Se imagin&#243; dos o tres palabras, posiblemente palabras con un significado profundo y simb&#243;lico. O un nombre, claro, pero ya los hab&#237;a probado casi todos, incluso el nombre de la madre de Annie, aunque sab&#237;a que ella jam&#225;s hubiera elegido precisamente ese nombre. Y tambi&#233;n tecle&#243; el nombre del padre de S&#248;lvi, Axel Bj&#248;rk, y el de su perro, Aquilles. Access denied.

Halvor ten&#237;a las manos estrechas y los dedos finos. No eran gran cosa para oponer resistencia a un furibundo borracho incontrolado al borde del precipicio. Haber tenido que luchar contra ese padre tuvo que haber sido terrible. Los dos hermanos aparec&#237;an regularmente en Urgencias con moratones y lesiones causadas por golpes, y la famosa mirada suplicante que dec&#237;a: soy bueno. No me pegues. Sol&#237;an pelearse con los chicos de su calle, se hab&#237;an ca&#237;do por la escalera y de la bicicleta, pero proteg&#237;an a su padre. El hogar les agotaba, pero era seguro. La alternativa era el orfanato o un hogar provisional, y la posibilidad de que los separaran. Halvor se desmayaba constantemente en el colegio debido a la desnutrici&#243;n y a la falta de sue&#241;o. &#201;l era el mayor, y el peque&#241;o recib&#237;a la mayor parte de la comida.

Halvor pas&#243; a los libros que sab&#237;a que Annie hab&#237;a le&#237;do, y de los que hablaba a menudo. T&#237;tulos, personajes, cosas que &#233;stos hab&#237;an visto. Ten&#237;a tiempo de sobra. Se sent&#237;a muy cerca de Annie mientras hac&#237;a eso. Encontrar la clave ser&#237;a como volver con Annie. Ten&#237;a la sensaci&#243;n de que ella lo acompa&#241;aba en la b&#250;squeda y de que tal vez le diera una pista cuando llevara ya bastante tiempo en ello. Pens&#243; que su mensaje llegar&#237;a en forma de recuerdo, de algo que ella hab&#237;a dicho alguna vez, algo que &#233;l hab&#237;a almacenado en su cerebro, y que aparecer&#237;a cuando profundizara lo suficiente. Cada vez se acordaba de m&#225;s cosas. Era como quitar capa tras capa de telara&#241;a, y encontrar algo detr&#225;s de cada una de ellas: una acampada, un paseo en bicicleta, o alguna pel&#237;cula. Hab&#237;an ido al cine muy a menudo. Y la risa de Annie. Una risa grave, casi masculina. Su mano fuerte cuando le daba en la espalda diciendo: &#161;D&#233;jalo, Halvor!, de una forma muy especial, cari&#241;osa y amonestadora a la vez. Otras formas de caricias no eran frecuentes.

Cada vez que Protecci&#243;n de Menores anunciaba su visita, el padre tomaba alg&#250;n tranquilizante, ordenaba y sentaba al peque&#241;o sobre sus rodillas. Era muy fuerte y capaz de ofrecer un aspecto completamente fiable, lo que hac&#237;a que las asustadizas tontuelas de Protecci&#243;n de Menores retrocedieran inmediatamente. La madre sonre&#237;a d&#233;bilmente debajo de la manta. El pobre Torkel ten&#237;a que cargar con toda la responsabilidad cuando ella estaba enferma, y los ni&#241;os estaban en una edad dif&#237;cil, de manera que las se&#241;oras se retiraban, se marchaban con el asunto sin resolver. Todos se merec&#237;an una nueva oportunidad. Halvor pasaba la mayor parte del tiempo cuidando de su madre y de su hermano peque&#241;o. Nunca pod&#237;a hacer los deberes, pero sacaba buena notas a pesar de todo, de modo que no era tonto. Con el tiempo, el padre perdi&#243; la noci&#243;n de la realidad. Una noche irrumpi&#243; en la habitaci&#243;n en la que dorm&#237;an los dos hermanos. Aquella noche, como tantas veces, el peque&#241;o dorm&#237;a en la cama de Halvor. El padre llevaba un cuchillo. Halvor lo vio brillar en su mano. Oyeron a la madre lloriquear asustada en la planta de abajo. De repente not&#243; en la sien el agudo dolor del cuchillo, se ech&#243; hacia un lado y el cuchillo le parti&#243; la mejilla en dos, hasta la comisura de los labios, donde choc&#243; contra sus muelas. Los ojos de su padre de repente pudieron ver de nuevo, ver la realidad, la sangre sobre la almohada y al peque&#241;o gritando. Baj&#243; corriendo por la escalera, sali&#243; de casa y se escondi&#243; en la le&#241;era. La puerta se cerr&#243; de golpe.

Halvor se rasc&#243; la comisura de la boca con una u&#241;a afilada, y de repente se acord&#243; del entusiasmo de Annie por el libro El mundo de Sof&#237;a. Y como se llamaba Annie Sofie, tecle&#243; el t&#237;tulo del libro. Le pareci&#243; una clave muy inteligente. Pero tampoco era la que ella hab&#237;a pensado, porque nada ocurri&#243;. Todo continuaba igual. La tripa segu&#237;a haci&#233;ndole ruidos, y un incipiente dolor de cabeza le lat&#237;a en la sien.

Sejer y Skarre cerraron el despacho y bajaron por el pasillo.

Los chicos estuvieron a gusto en el orfanato Bjerkeli. Halvor entabl&#243; buenas relaciones con un sacerdote cat&#243;lico que de vez en cuando visitaba la instituci&#243;n. Al mismo tiempo acab&#243; noveno. El m&#225;s peque&#241;o fue trasladado a un hogar provisional, y Halvor se qued&#243; solo. Por fin opt&#243; por irse a vivir con su abuela paterna. Estaba acostumbrado a cuidar de alguien. Sin esa tarea se sent&#237;a de m&#225;s.

No me explico c&#243;mo esa gente consigue ser normal a pesar de todo -dijo Skarre.

No sabemos exactamente c&#243;mo es Halvor -dijo Sejer sobriamente-. A&#250;n est&#225; por ver, &#191;no?

Skarre asinti&#243; avergonzado mientras jugueteaba con las llaves del coche.

Halvor not&#243; que el dolor de cabeza iba en aumento. Por fin se hab&#237;a hecho de noche. Su abuela llevaba mucho tiempo sola y a &#233;l le escoc&#237;an los ojos de tanto mirar la pantalla oscilante. Continu&#243; un rato m&#225;s, pero ya no ten&#237;a ni idea de cu&#225;les eran sus posibilidades de llegar a solucionar la clave de Annie, ni qu&#233; encontrar&#237;a si el archivo se abriera de repente. Tal vez Annie tuviera un secreto. Ten&#237;a que averiguarlo, ten&#237;a tiempo de sobra. Por fin se levant&#243; un poco reacio en busca de algo qu&#233; comer. Dej&#243; la pantalla encendida y se fue a la cocina. La abuela estaba viendo la Guerra Civil norteamericana en la tele y hab&#237;a tomado partido por los hombres de uniforme azul, porque le gustaban m&#225;s. Adem&#225;s, opinaba que los hombres de uniforme gris hablaban un dialecto muy feo.

Skarre conduc&#237;a lenta y suavemente, por fin hab&#237;a entendido la aversi&#243;n del jefe por la velocidad, y la carretera era muy mala. Destrozada por las heladas, estrecha y con muchas curvas. Todav&#237;a hac&#237;a fr&#237;o, como si alguien hubiera secuestrado el verano en alg&#250;n otro lugar, reteni&#233;ndolo con pretextos. Los p&#225;jaros reci&#233;n vueltos estaban sentados bajo los arbustos arrepentidos. La gente hab&#237;a dejado ya de echarles semillas. Al fin y al cabo ya no hab&#237;a nieve. Pero s&#237; una costra dura y seca en la que nadie dejaba huellas.

Halvor ech&#243; cereales en un cuenco y a&#241;adi&#243; abundante az&#250;car. Se lo llev&#243; a la sala de estar y quit&#243; el tapete de ganchillo de la mesa de comedor para no mancharlo. La cuchara le temblaba en la mano. El nivel de az&#250;car estaba en el m&#237;nimo y le zumbaban los o&#237;dos.

Un negro ha empezado a trabajar en la Cooperativa -dijo su abuela de repente-. &#191;Lo has visto, Halvor?

Ahora se llama Kiwi. La Cooperativa desapareci&#243;. S&#237;, se llama Philip.

Habla con dialecto de Bergen -dijo la abuela dubitativa-. No me gusta que un chico con esa pinta hable con el dialecto de Bergen.

Pero es de Bergen -dijo Halvor, chupando la cuchara-. Naci&#243; y se cri&#243; all&#237;. Sus padres son de Tanzania.

Ser&#237;a mejor que hablara su propio idioma.

El dialecto de Bergen es su idioma. Adem&#225;s, no entender&#237;as ni palabra si hablara en suahili.

Pero me asusto cada vez que abre l&#225; boca.

Ya te acostumbrar&#225;s.

&#201;sas eran sus conversaciones. Por regla general estaban de acuerdo. La abuela lanzaba su &#250;ltima preocupaci&#243;n y Halvor la captaba sencillamente, sin problemas, como si se tratara de un avi&#243;n de papel mal hecho que hab&#237;a que doblar de nuevo.

El coche se acercaba. Desde lejos, la casa parec&#237;a poco hospitalaria. Una foto a&#233;rea habr&#237;a revelado su solitaria situaci&#243;n, como si quisiera esconderse del resto del pueblo, a cierta distancia de la carretera, medio oculta por matorrales y &#225;rboles. Ventanas peque&#241;as en lo alto de la pared. Paredes de madera gris descolorida. El patio delantero parcialmente tapado por malas hierbas.

A trav&#233;s de la ventana del cuarto de estar, Halvor vio una d&#233;bil luz. Oy&#243; un coche y se manch&#243; la barbilla de leche. Los faros iluminaron la penumbra de la sala. Al poco rato estaban en la puerta observ&#225;ndolo.


Necesitamos hablar contigo -le dijo Sejer amablemente-. Tendr&#225;s que venir con nosotros, pero acaba primero tu cena.

Halvor no quer&#237;a m&#225;s. La verdad era que hab&#237;a pensado que no lo dejar&#237;an as&#237; como as&#237;. Fue despacio a la cocina y lav&#243; cuidadosamente el cuenco debajo del grifo. Luego pas&#243; un momento por su habitaci&#243;n a apagar la pantalla, murmur&#243; algo al o&#237;do de su abuela y sigui&#243; a los polic&#237;as. Tuvo que sentarse solo en el asiento de atr&#225;s y eso no le gust&#243;, le tra&#237;a recuerdos.


Intento formarme una imagen de Annie -empez&#243; Sejer-, de qui&#233;n era y de c&#243;mo viv&#237;a. Quiero que me cuentes qu&#233; clase de persona era, qu&#233; hac&#237;a y qu&#233; dec&#237;a cuando estabais juntos. Necesito saber qu&#233; pensaste o imaginaste cuando se apart&#243; de su entorno y sobre lo sucedido en la laguna de la Serpiente. Todo, Halvor.

No tengo ni idea.

Alguna idea te habr&#225;s formado.

He pensado un mont&#243;n, pero no logro averiguar nada.

Silencio. Halvor estudi&#243; el protector del escritorio de Sejer, que era un mapamundi, y busc&#243; el punto aproximado donde &#233;l viv&#237;a.

Formabas una parte importante del paisaje de Annie -prosigui&#243; Sejer-, y estoy intentando dibujar un mapa de las regiones por las que ella se mov&#237;a.

&#191;Ah s&#237;? &#191;A eso se dedica usted? -dijo Halvor secamente-. &#191;A dibujar mapas?

&#191;Se te ocurre algo mejor?

No -se apresur&#243; a contestar.

Tu padre est&#225; muerto -dijo Sejer de repente, escrutinando ese joven rostro que ten&#237;a ante &#233;l. Halvor notaba la abrumadora presencia del hombre como una tensi&#243;n en la habitaci&#243;n que le absorb&#237;a todas las fuerzas, sobre todo cuando se miraban a los ojos. Por eso permanec&#237;a cabizbajo.

Se suicid&#243;, y t&#250; me dijiste que tus padres estaban divorciados. &#191;Te resulta dif&#237;cil decirlo?

No pasa nada.

&#191;Por eso me ocultaste la verdad?

No hay mucho que decir al respecto.

Entiendo. &#191;Puedes decirme qu&#233; quer&#237;as de Annie cuando la esperabas junto a la tienda de Horgen el d&#237;a en que la asesinaron?

La sorpresa pareci&#243; aut&#233;ntica.

Perdone, pero est&#225; usted sobre una pista equivocada.

Una moto fue vista en las cercan&#237;as a una hora muy pertinente al caso y t&#250; estuviste dando una vuelta, as&#237; que bien podr&#237;a haberse tratado de ti.

Ese tipo deber&#237;a graduarse la vista.

&#191;Es eso todo lo que tienes que decir?

S&#237;.

Procurar&#233; que lo averig&#252;en. &#191;Quieres beber algo?

No.

Silencio de nuevo. Halvor escuchaba. Alguien se re&#237;a a lo lejos, parec&#237;a irreal. Annie estaba muerta y la gente segu&#237;a armando jaleo como si tal cosa.

&#191;Ten&#237;as la impresi&#243;n de que Annie no anduviera bien de salud?

&#191;Qu&#233;?

&#191;La o&#237;as quejarse alguna vez de dolores, por ejemplo?

Nadie estaba tan sano como Annie. &#191;Acaso estaba enferma?

Lo siento, pero hay cierta informaci&#243;n a la que no puedes tener acceso aunque fuerais muy &#237;ntimos. &#191;Nunca te mencion&#243; nada?

No.

La voz de Sejer no era hostil, pero el hombre hablaba despacio y claro a prop&#243;sito, lo que confer&#237;a una considerable autoridad a su figura gris.

H&#225;blame de tu trabajo. &#191;Qu&#233; haces en la f&#225;brica?

Vamos rotando: una semana empaquetamos, otra vigilamos las m&#225;quinas y otra hacemos el reparto con los camiones.

&#191;Est&#225;s a gusto?

No tienes que pensar -dijo en voz baja.

&#191;No tienes que pensar?

En el trabajo en s&#237;. Es autom&#225;tico, as&#237; que puedes dedicarte a pensar en otras cosas.

&#191;Como en qu&#233;?

En todo lo dem&#225;s -contest&#243; con aire arisco.

Hablaba en un tono claramente hostil. Tal vez no reparara en ello, pero era un h&#225;bito que arrastraba desde la infancia, en que a&#241;os de broncas y rega&#241;inas le hab&#237;an forzado a medir sus palabras.

&#191;Con qu&#233; llenas tu tiempo? &#191;Ese tiempo que sol&#237;as pasar con Annie?

Intento averiguar lo que sucedi&#243; -se le escap&#243;.

&#191;Tienes alguna idea?

Estoy buscando en la memoria.

No estoy seguro de que me est&#233;s contando todo lo que sabes.

No le he hecho nada a Annie. Usted cree que fui yo, &#191;verdad?

Para serte sincero, no lo s&#233;. Tendr&#225;s que ayudarme, Halvor. Ahora bien, podr&#237;a decirse que todo indica que Annie estaba atravesando un momento de cambio de personalidad. &#191;Est&#225;s de acuerdo en eso?

S&#237;.

El mecanismo que est&#225; detr&#225;s de esos fen&#243;menos se conoce en parte. Algunos factores se repiten a menudo. Por ejemplo, la gente puede cambiar dr&#225;sticamente al perder a alg&#250;n ser querido, sufrir un grave accidente, o caer enfermo. Personas j&#243;venes consideradas como ordenadas, trabajadoras y aplicadas pueden volverse completamente indiferentes, aunque se hayan recuperado f&#237;sicamente. Otra cosa que puede provocar un cambio es el consumo de drogas. O una grave agresi&#243;n, como una violaci&#243;n, por ejemplo.

&#191;Hab&#237;an violado a Annie?

Sejer no contest&#243; a la pregunta.

&#191;Reconoces alguno de esos factores?

Creo que ten&#237;a un secreto -reconoci&#243; por fin el chico.

&#191;Crees que ten&#237;a un secreto? Contin&#250;a.

Algo que dirig&#237;a toda su vida, algo que no lograba olvidar.

&#191;Y quieres hacerme creer que no tienes ni idea de lo que era?

As&#237; es. No tengo ni idea.

&#191;Qui&#233;n, aparte de ti, conoc&#237;a bien a Annie?

Su padre.

Pero no hablaban mucho, creo.

Eso no quiere decir que no la conociera.

Est&#225; bien. &#191;As&#237; que si hay alguien capaz de entender algo de ese silencio de Annie, ese alguien tendr&#237;a que ser Eddie?

No s&#233; si podr&#225; sacarle algo. H&#225;gale venir aqu&#237; solo, sin Ada. As&#237; hablar&#225; m&#225;s.

Sejer asinti&#243;.

&#191;Conociste a Axel Bj&#248;rk?

&#191;Al padre de S&#248;lvi? Lo vi una vez. Estuve con las chicas en su casa.

&#191;Qu&#233; opinas de &#233;l?

Era majo. Nos suplic&#243; que volvi&#233;ramos. Cuando nos marchamos parec&#237;a muy desgraciado, pero Ada se puso imposible, y S&#248;lvi ten&#237;a que visitarle a escondidas. Supongo que por fin se hart&#243;; Ada ya estar&#225; satisfecha.

&#191;Qu&#233; clase de chica es S&#248;lvi?

No hay mucho que decir. Ya ha visto todo lo que hay que ver, no hay m&#225;s.

Sejer ocult&#243; la cara entre las manos.

&#191;Por qu&#233; no tomamos una Coca Cola? Aqu&#237; dentro el ambiente est&#225; muy reseco. Todo es material sint&#233;tico, fibra de vidrio y cosas terribles.

Halvor asinti&#243; y se relaj&#243; un poco, pero enseguida volvi&#243; a ponerse tenso. Tal vez ese primer y modesto intento de mostrarse simp&#225;tico fuera una t&#225;ctica del canoso inspector. Seguro que si era amable era porque le conven&#237;a. Habr&#237;a hecho cursillos, estudiado la t&#233;cnica del interrogatorio y psicolog&#237;a. Sab&#237;a c&#243;mo encontrar una grieta y meter a la fuerza una cu&#241;a. La puerta se cerr&#243; tras el hombre y Halvor aprovech&#243; la ocasi&#243;n para estirar las piernas. Se acerc&#243; a la ventana y mir&#243; hacia fuera, pero no vio m&#225;s que una pared gris de hormig&#243;n que pertenec&#237;a al edificio de los Juzgados, y algunos coches de polic&#237;a aparcados. Encima del escritorio hab&#237;a un ordenador, un Compaq americano. Tal vez hab&#237;an encontrado la informaci&#243;n sobre su infancia en ese ordenador. Seguro que ten&#237;an claves, como Annie, pues esa clase de informaci&#243;n era delicada. Se pregunt&#243; qu&#233; claves ser&#237;an y qui&#233;n las habr&#237;a puesto.

Sejer entr&#243; y se&#241;al&#243; la pantalla.

No es m&#225;s que un juguete. No me gusta demasiado.

&#191;Por qu&#233; no?

Es como si no estuviera de mi parte.

Claro que no. No puede tomar partido, por eso uno puede fiarse de &#233;l.

T&#250; tienes uno, &#191;verdad?

No, yo tengo un Mac. para jugar. Annie y yo sol&#237;amos jugar juntos.

Se distendi&#243; un poco y una media sonrisa se dibuj&#243; en su rostro.

Lo que m&#225;s le gustaba era el esqu&#237; de descenso. &#191;Sabe? Se puede elegir la nieve en polvo o gruesa, seca o h&#250;meda, la temperatura, la longitud y el peso de los esqu&#237;s, las condiciones del viento y todo eso. Annie siempre me ganaba, y eso que eleg&#237;a la pista m&#225;s dif&#237;cil: Deadquins Peak o Stonies. Se deslizaba por la pista en medio de la noche en plena tormenta, con nieve mojada y los esqu&#237;s m&#225;s largos, y a&#250;n as&#237; yo no ten&#237;a la m&#225;s m&#237;nima posibilidad de ganar.

Sejer lo mir&#243; sin entender nada, y movi&#243; la cabeza de un lado para otro. Ech&#243; Coca Cola en dos vasos de pl&#225;stico y volvi&#243; a sentarse.

&#191;Conoces a Knut Jensvoll?

&#191;El entrenador? S&#233; qui&#233;n es. A veces iba con Annie a ver los partidos.

&#191;Te parec&#237;a simp&#225;tico?

Halvor se encogi&#243; de hombros.

Tal vez no era precisamente un gran tipo, &#191;no?

A m&#237; me parece que persegu&#237;a demasiado a las chicas.

&#191;A Annie tambi&#233;n?

&#191;Bromea?

Pocas veces, s&#243;lo pregunto.

El t&#237;o no se atrev&#237;a. Ella no se dejaba.

&#191;De modo que era dura?

S&#237;.

Pero no entiendo eso, Halvor.

Sejer apart&#243; el vaso de pl&#225;stico y se inclin&#243; sobre la mesa.

Todo el mundo habla maravillosamente bien de Annie, de lo fuerte, independiente y maja que era, de la poca importancia que daba a su aspecto, y adem&#225;s, era casi inabordable, no se dejaba sobar. Y sin embargo se fue con un tipo al bosque, hasta la misma orilla de la laguna. Probablemente por propia voluntad. Y luego -a&#241;adi&#243; bajando la voz-, luego se dej&#243; matar.

Halvor le mir&#243; aterrado, como si por fin se hubiera dado cuenta de lo terriblemente absurdo de la situaci&#243;n.

Alguien tuvo que haber tenido poder sobre ella.

&#191;Pero hab&#237;a alguien que tuviera poder sobre Annie?

No que yo sepa. Yo por lo menos no.

Sejer bebi&#243; Coca Cola.

Qu&#233; faena que no dejara nada, por ejemplo un diario.

Halvor meti&#243; la nariz en el vaso y dio un largo sorbo.

&#191;Pero puede ser que alguien ejerciera realmente alg&#250;n poder sobre ella? &#191;Alguien a quien no se atreviera a oponer resistencia? &#191;Pod&#237;a Annie estar involucrada en algo peligroso, algo que no deb&#237;a saberse? &#191;Alguien pudo haber estado, de alguna manera, chantaje&#225;ndola?

Annie era una buena chica. No creo que hiciera nada malo.

Se pueden hacer cosas malas y ser una buena chica de todos modos -replic&#243; Sejer pensativo-. Un solo acto no dice gran cosa sobre una persona.

Halvor repar&#243; en esas justas palabras y las guard&#243; en su interior.

&#191;Hay droga en vuestro pueblo?

Ya lo creo. Desde hace a&#241;os. Ustedes aparecen de vez en cuando para hacer una redada en el caf&#233; del centro. Pero es igual, Annie nunca pis&#243; ese sitio. Apenas compraba en el quiosco de al lado.

Halvor -insisti&#243; Sejer-. Annie era una chica tranquila y reservada a la que le gustaba dirigir su propia vida. Pero piensa antes de responder: &#191;te parece que ten&#237;a miedo a algo?

No exactamente miedo. M&#225;s bien estaba como encerrada en s&#237; misma. Algunas veces parec&#237;a enfadada, otras desanimada. Pero he visto a Annie muerta de miedo. No es que tenga nada que ver con esto, pero acabo de acordarme -se olvid&#243; de sus reparos y empez&#243; a hablar-. Sus padres y su hermana fueron a Trondheim, donde vive una t&#237;a de las chicas. Annie y yo est&#225;bamos solos en su casa. Yo iba a quedarme a dormir all&#237;. Era en la primavera del a&#241;o pasado. Primero fuimos a dar un paseo en bici, y luego nos quedamos despiertos casi toda la noche escuchando discos. Hac&#237;a bueno y decidimos dormir en el jard&#237;n, en una tienda de campa&#241;a. Preparamos todo, y luego entramos en casa a cepillarnos los dientes. Yo me acost&#233; primero. Annie lleg&#243; despu&#233;s, se agach&#243; y abri&#243; su saco de dormir. Dentro hab&#237;a una v&#237;bora, una v&#237;bora enorme y negra enroll&#225;ndose. Salimos corriendo de la tienda, y fui a buscar al vecino de enfrente. &#201;l pens&#243; que se hab&#237;a metido dentro del saco para calentarse, y por fin logr&#243; matarla. Annie estaba tan aterrorizada que vomit&#243;. Y desde entonces, yo siempre ten&#237;a que sacudir su saco de dormir cuando &#237;bamos de acampada.

&#191;Una v&#237;bora en el saco de dormir? -Sejer se estremeci&#243; y record&#243; sus propias acampadas en su lejana juventud.

Hay montones de v&#237;boras en la colina de Fagerlund, es todo piedra. Pusimos mantequilla y as&#237; nos libramos de bastantes.

&#191;Mantequilla? &#191;Para qu&#233;?

Se la comen y se quedan medio atontadas. Entonces es muy f&#225;cil acabar con ellas.

Y adem&#225;s ten&#233;is un monstruo marino en el fondo del fiordo -exclam&#243; Sejer sonriendo.

Exactamente -afirm&#243; Halvor-. Yo lo he visto. Aparece s&#243;lo en raras ocasiones, bajo unas condiciones de tiempo muy especiales. En realidad es un escollo muy profundo que hay en el fiordo, que cuando el viento cambia, ruge con fuerza unas tres o cuatro veces. Luego vuelve a quedarse tranquilo. En realidad es curioso. Todo el mundo sabe de qu&#233; se trata, pero si lo miras, no dudas un momento de que algo est&#225; emergiendo del fondo. La primera vez me puse a remar como un loco y no me volv&#237; ni en una sola ocasi&#243;n.

&#191;No se te ocurre nadie pr&#243;ximo a Annie que pudiera desear hacerle da&#241;o?

Absolutamente nadie -contest&#243; Halvor con determinaci&#243;n-. No paro de pensar en lo sucedido, y no puedo entenderlo. Tiene que haber sido un loco.


Pues s&#237;, pens&#243; Sejer, puede haber sido un loco, y se dispuso a llevar a Halvor a casa.

Supongo que tienes que madrugar -dijo amablemente-. Se ha hecho tarde.

No suelo tener problemas.

A Halvor ese hombre le gustaba y no le gustaba. Todo resultaba muy complicado.

Sali&#243; del coche de un salto, y cerr&#243; la puerta con cuidado, deseando que su abuela estuviese dormida. Para asegurarse, abri&#243; un poco la puerta y la oy&#243; roncar. Luego se sent&#243; delante de la pantalla y continu&#243; donde lo hab&#237;a dejado. Cada vez se iba acordando de m&#225;s cosas; de pronto record&#243; que hac&#237;a alg&#250;n tiempo Annie hab&#237;a tenido un gato, uno que encontraron en un mont&#243;n de nieve, aplastado como una pizza. Tecle&#243; el nombre Baghera pero no ocurri&#243; nada. Tampoco lo hab&#237;a esperado. Consideraba el proyecto como algo a muy largo plazo, y adem&#225;s, hab&#237;a otros m&#233;todos. En alguna parte de su cabeza iba madurando la idea de solucionar el problema de un modo m&#225;s sencillo, pero a&#250;n no se hab&#237;a dado por vencido. Adem&#225;s, ser&#237;a como hacer trampa. Ten&#237;a la sensaci&#243;n de que si lograba descubrir la clave por su cuenta, el delito ser&#237;a menor. Se rasc&#243; la nuca y escribi&#243; Top Secret en el espacio negro por si acaso. Luego escribi&#243; Annie Holland hacia delante y hacia atr&#225;s, porque de repente se le ocurri&#243; que no hab&#237;a probado la posibilidad m&#225;s sencilla, la m&#225;s cercana, que por supuesto ella no hab&#237;a elegido, pero que podr&#237;a haberlo hecho. Access denied. 

Se alej&#243; un poco de la mesa, se estir&#243; y volvi&#243; a rascarse la nuca. Le picaba como si hubiera algo all&#237; que lo irritara. No hab&#237;a nada, pero la sensaci&#243;n no desaparec&#237;a. Extra&#241;ado, se volvi&#243; y mir&#243; por la ventana. Un impulso le hizo levantarse y echar la cortina. Tuvo la sensaci&#243;n de que alguien lo estaba mirando fijamente, y se le pusieron los pelos de punta. Se apresur&#243; a apagar la luz. Oy&#243; pasos que se alejaban fuera, como si alguien corriera en el silencio. Mir&#243; por una rendija de la cortina, pero no vio nada, y sin embargo sab&#237;a que alguien hab&#237;a estado all&#237;, lo percib&#237;a a trav&#233;s de todos los sentidos con una certidumbre incuestionable, casi f&#237;sica. Apag&#243; el ordenador, se quit&#243; la ropa y se meti&#243; debajo del edred&#243;n. All&#237; permaneci&#243; inm&#243;vil escuchando. Todo estaba muy silencioso, ni siquiera se o&#237;a el susurro de los &#225;rboles. Pero al cabo de unos minutos oy&#243; arrancar un coche.


Knut Jensvoll no oy&#243; el coche porque estaba utilizando un taladro el&#233;ctrico para colocar un estante donde poner a secar las zapatillas de deporte mojadas al volver del entrenamiento. Al hacer una pausa oy&#243; el timbre de la puerta. Ech&#243; un r&#225;pido vistazo por la ventana y vio a Sejer en el escal&#243;n de arriba. Hab&#237;a pensado en la posibilidad de que se presentaran. Estuvo un rato recapacitando, mientras se ordenaba el pelo y la ropa. Hab&#237;a estado repasando mentalmente una serie de preguntas. Se sent&#237;a preparado.

Una &#250;nica cosa daba vueltas en su cabeza: &#191;habr&#237;an descubierto lo de la violaci&#243;n? Seguramente estar&#237;an all&#237; por eso. Si has sido un canalla una vez, lo ser&#225;s para siempre. Ya lo sab&#237;a. Compuso una m&#225;scara r&#237;gida, pero pens&#243; que podr&#237;a despertar sospechas, as&#237; que se esforz&#243; e intent&#243; sonre&#237;r. Pero entonces record&#243; que Annie hab&#237;a muerto y volvi&#243; a ponerse la m&#225;scara.

Somos de la polic&#237;a. &#191;Podemos entrar?

Jensvoll asinti&#243; con la cabeza.

Voy a cerrar la puerta del cuarto de la lavadora -explic&#243;, haci&#233;ndoles una se&#241;a para que entraran, luego desapareci&#243; un momento y volvi&#243; enseguida. Mir&#243; preocupado a Skarre, que sac&#243; su bloc de notas del bolsillo. Jensvoll era mayor de lo que hab&#237;an pensado, estar&#237;a cerca de los cincuenta. Un tipo corpulento, pero con los kilos bien repartidos; su cuerpo era duro y firme. Parec&#237;a sano y bien nutrido, luc&#237;a un buen color de cara, un abundante pelo rojo, y un elegante y bien cuidado bigote.

Supongo que se trata de Annie -dijo.

Sejer asinti&#243;.

&#161;Qu&#233; horror, he recibido el golpe m&#225;s duro de mi vida! Porque la conoc&#237;a bien, creo que tengo razones para afirmar que la conoc&#237;a muy bien, aunque dejara el club hace ya alg&#250;n tiempo. Por cierto, aquello fue una tragedia, nadie pudo sustituirla. Ahora tenemos en la porter&#237;a a una gorda que se agacha cada vez que le llega el bal&#243;n. Pero bueno, al menos llena la mitad de la porter&#237;a.

Detuvo la verborrea y se sonroj&#243; ligeramente.

Pues s&#237;, aquello debi&#243; de ser una gran tragedia -replic&#243; Sejer con un poco m&#225;s de acritud de la que hab&#237;a pensado mostrar-. &#191;Hac&#237;a mucho que no la ve&#237;a?

Como le acabo de decir, dej&#243; el club. Fue en el oto&#241;o pasado, en el mes de noviembre, creo -contest&#243;, mirando fijamente a Sejer.

Perdone, pero me resulta un poco extra&#241;o -replic&#243; Sejer-. Viv&#237;a en esta misma cuesta, a unos doscientos metros de aqu&#237;.

Bueno, s&#237;, supongo que de vez en cuando me habr&#233; cruzado con ella en el coche. Cre&#237;a que me preguntaba cu&#225;ndo estuve con ella la &#250;ltima vez de verdad, en el entrenamiento, quiero decir. Claro que la he visto, claro que s&#237;, en el centro, en la tienda

Entonces le har&#233; la pregunta de otra manera: &#191;cu&#225;ndo vio a Annie por &#250;ltima vez?

Jensvoll tuvo que pens&#225;rselo.

No me acuerdo. Hace alg&#250;n tiempo.

No tenemos prisa.

Un par de semanas, quiz&#225;. En la oficina de Correos, creo.

&#191;Hablaron?

S&#243;lo nos saludamos. Ella no hablaba mucho.

&#191;Por qu&#233; dej&#243; Annie la porter&#237;a?

Ojal&#225; alguien pudiera explic&#225;rmelo -contest&#243; encogi&#233;ndose de hombros-. Me temo que le di mucho la lata para hacerle cambiar de idea, pero de nada sirvi&#243;. Estaba harta. Bueno, eso fue lo que dijo, pero yo nunca la cre&#237;. Quer&#237;a correr en lugar de jugar al balonmano. Y creo que eso hizo, corr&#237;a a todas horas. A toda mecha, piernas largas, zapatillas caras. Holland no escatimaba nada trat&#225;ndose de la chica.

Jensvoll segu&#237;a esperando que le lanzaran el fantasma, no ten&#237;a ninguna esperanza de librarse de &#233;l.

&#191;Vive usted solo?

Me divorci&#233; hace alg&#250;n tiempo. Mi mujer se march&#243; y se llev&#243; a los ni&#241;os, as&#237; que ahora estoy solo, y me siento a gusto. No me sobra mucho tiempo, con el trabajo y el entrenamiento. Tambi&#233;n tengo un equipo de alevines, y adem&#225;s juego en el de los veteranos. Me paso el d&#237;a entrando y saliendo de la ducha.

&#191;Usted no la crey&#243; cuando le dijo que estaba harta? &#191;Cu&#225;l piensa que pudo ser la verdadera raz&#243;n?

No lo s&#233;. Pero ten&#237;a un novio, y esas cosas requieren su tiempo. &#201;l no era un tipo muy atl&#233;tico, por cierto, m&#225;s bien un enclenque de piernas delgaduchas. P&#225;lido y d&#233;bil como un fideo. Alguna vez ven&#237;a a los partidos, se sentaba en la primera fila y no dec&#237;a ni p&#237;o. Se limitaba a seguir la pelota con la vista, de un lado para otro. Al marcharse, la chica ni siquiera le dejaba que le llevara la bolsa. Ese muchacho no le pegaba nada, ella ten&#237;a muchas m&#225;s agallas que &#233;l.

Pues segu&#237;an juntos.

&#191;De verdad? Bueno, bueno, hay gustos para todo.

Sejer mir&#243; al suelo y se guard&#243; para s&#237; sus pensamientos.

La rutina me obliga a preguntarle: &#191;d&#243;nde estuvo usted el pasado lunes entre las once y las dos?

&#191;El lunes? &#191;Quiere decir ese d&#237;a? Trabajando, naturalmente.

En el almac&#233;n de materiales de construcci&#243;n podr&#225;n confirmarlo, &#191;no?

Espero, aunque paso mucho tiempo en el coche. Entregamos pedidos en las casas.

As&#237; que iba usted en el coche &#191;Solo?

En parte pas&#233; la ma&#241;ana en el coche. Llev&#233; dos armarios a una casa en Rodtangen, all&#237; podr&#225;n corroborarlo.

&#191;A qu&#233; hora estuvo usted all&#237;?

Tal vez entre la una y las dos.

Sea un poco m&#225;s preciso, Jensvoll.

Mmm, m&#225;s cerca de las dos, creo.

Sejer hizo c&#225;lculos mentalmente.

&#191;Y antes de esa hora?

Bueno, fui de un lado para otro. Me levant&#233; un poco m&#225;s tarde que de costumbre, y rob&#233; media hora para el solarium. Hasta cierto punto, podemos organizamos nuestro tiempo. Otras veces tenemos que hacer horas extra, y no me las pagan, as&#237; que no tengo mala conciencia. El mismo jefe tiene cierta tendencia a

&#191;D&#243;nde estuvo usted, Jensvoll?

Llegu&#233; un poco tarde ese d&#237;a -carraspe&#243;-. Hab&#237;a salido con un amigo el domingo. Ya s&#233; que es est&#250;pido salir un domingo por la noche, sabiendo que hay que levantarse temprano a la ma&#241;ana siguiente, pero as&#237; fue. Creo que llegu&#233; sobre la una y media.

&#191;Con qui&#233;n estuvo?

Con un compa&#241;ero, Erik Fritzner.

&#191;Fritzner? &#191;El vecino de Annie?

S&#237;.

Sejer sacudi&#243; la cabeza y mir&#243; fijamente al entrenador, su pelo ondulado y su rostro bronceado.

&#191;A usted Annie le parec&#237;a una chica atractiva?

Jensvoll capt&#243; la indirecta.

&#191;Qu&#233; clase de pregunta es &#233;sa?

Cont&#233;stela, por favor.

Claro que s&#237;. Supongo que habr&#225; visto fotos.

As&#237; es -contest&#243; Sejer-. No s&#243;lo estaba de buen ver, sino que tambi&#233;n era bastante mayor para la edad que ten&#237;a. Madura, por as&#237; decirlo, m&#225;s de lo que suelen serlo las adolescentes. &#191;Est&#225; usted de acuerdo?

Bueno, s&#237;. Pero a m&#237; me interesaban m&#225;s sus habilidades en la porter&#237;a.

Claro, es l&#243;gico. &#191;Y por lo dem&#225;s? &#191;Tuvo usted alguna vez, problemas con las chicas?

&#191;Qu&#233; clase de problemas?

De cualquier tipo -contest&#243; Sejer secamente.

Claro que los tuve. Las adolescentes son bastante conflictivas. Pero era lo de siempre. Nadie quiso sustituir a Annie en la porter&#237;a, nadie quer&#237;a estar en el banquillo. Eran &#233;pocas de risas irrefrenables y novios en la tribuna.

&#191;Y Annie?

&#191;Qu&#233; pasa con Annie?

&#191;Tuvo usted alguna vez problemas con Annie?

Jensvoll cruz&#243; los brazos y asinti&#243; con la cabeza.

Pues s&#237;, los tuve. El d&#237;a que me llam&#243; para decirme que lo dejaba. Creo que solt&#233; algunos disparates que deber&#237;a haberme ahorrado. Tal vez ella los tomara como un cumplido, qui&#233;n sabe. Dio por terminada la conversaci&#243;n, colg&#243; y entreg&#243; el traje al d&#237;a siguiente. Eso fue todo.

&#191;&#201;sa fue la &#250;nica vez que ustedes dos tuvieron un altercado?

As&#237; es. La &#250;nica vez.

Sejer mir&#243; a Skarre y le hizo una se&#241;a. La conversaci&#243;n hab&#237;a concluido. Se encaminaron hacia la puerta, Jensvoll los sigui&#243;. Una considerable cantidad de frustraci&#243;n acumulada estaba a punto de salir a la superficie.

Francamente -dijo irritado, en el instante en que Sejer abri&#243; la puerta para salir-. &#191;Por qu&#233; hace como si no supiera nada de mis antecedentes? &#191;No comprende que no soy tonto y que s&#233; que eso es lo primero que hacen ustedes? Por eso est&#225;n ustedes aqu&#237;, s&#233; c&#243;mo piensan.

Sejer se volvi&#243; y lo mir&#243; fijamente.

&#191;Tiene usted idea de lo que ser&#225; de mi equipo si esa historia llega a o&#237;dos del pueblo? A las chicas las encerrar&#237;an en sus cuartos. &#161;El club deportivo se derrumbar&#237;a como un castillo de naipes y el trabajo de todos estos a&#241;os se ir&#237;a a pique! -iba levantando la voz conforme hablaba-. Y si hay algo que este pueblo necesita es su club deportivo. La otra mitad se pasa el d&#237;a en la taberna comprando droga. Es la &#250;nica alternativa, que conste. Lo digo para que lo sepa antes de divulgar sus descubrimientos. &#161;Adem&#225;s, hace once a&#241;os de aquello!

No he mencionado ni una palabra sobre ese tema -dijo Sejer tranquilamente-. Y si baja un poco la voz, tal vez podamos impedir que se entere todo el vecindario.

Jensvoll cerr&#243; la boca, se puso rojo como la grana y retrocedi&#243; inmediatamente hacia el interior de la casa. Sejer cerr&#243; la puerta.

Vaya -dijo- un explosivo con pelo y bigote. Si hubi&#233;ramos tenido gente suficiente -continu&#243;-, habr&#237;a puesto a alguien a seguirle.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; Skarre asombrado.

S&#243;lo para fastidiar, supongo.


Fritzner estaba tumbado boca arriba en la barca, sorbiendo una cerveza. Tras cada trago, inhalaba el cigarrillo, a la vez que su cerebro se ocupaba del libro que ten&#237;a sobre las rodillas. Un constante flujo de cerveza y nicotina iba entrando lentamente en sus venas. Al cabo de un rato dej&#243; la cerveza, se levant&#243; y fue hasta la ventana, desde donde pod&#237;a ver la del dormitorio de Annie. A&#250;n no era tarde, pero las cortinas estaban echadas, como si su cuarto no fuera ya un simple cuarto, sino un lugar sagrado que nadie pod&#237;a ver. Una luz tenue sal&#237;a de una l&#225;mpara solitaria, tal vez la que estaba sobre el escritorio, pens&#243;. Ech&#243; un vistazo a la carretera y descubri&#243; de repente el coche de la polic&#237;a junto a los buzones. All&#237; estaba aquel joven agente de pelo rizado. Tal vez se dirigieran a casa de los Holland para informarles sobre la marcha del caso. Ese joven no parec&#237;a muy abrumado por la gravedad del asunto, caminaba ligero y con la cabeza erguida, una figura delgada con unos rizos negros tan largos que estar&#237;an al l&#237;mite de lo permitido por las autoridades policiales. De repente gir&#243; a la izquierda y entr&#243; en el patio del propio Fritzner. &#201;ste frunci&#243; el entrecejo. Mir&#243; autom&#225;ticamente hacia la calle para ver si desde alguna de las casas estaban registrando la visita. As&#237; era. Isaksen estaba quitando hojas de su jard&#237;n.

Skarre salud&#243; y se acerc&#243; a la ventana, como hab&#237;a hecho Fritzner hac&#237;a un momento.

Desde aqu&#237; puede ver el dormitorio de Annie -constat&#243;.

Pues s&#237;, as&#237; es -Fritzner lo sigui&#243; hasta la ventana-. En realidad soy un viejo verde, as&#237; que sol&#237;a ponerme aqu&#237; a mirar, babeando, con la esperanza de poder verla un instante. Pero no era de las que les gustaba exhibirse. Primero echaba la cortina y luego se quitaba el jersey. S&#243;lo pod&#237;a ver su silueta cuando encend&#237;a la luz del techo y no hab&#237;a demasiadas dobleces en la cortina. Y eso no estaba tan mal.

Sonri&#243; al ver la expresi&#243;n de Skarre.

Para ser sincero -continu&#243; Fritzner-, como se debe ser, nunca he tenido ganas de casarme. Y sin embargo me hubiera gustado tener un par de crios, para dejar algo detr&#225;s de m&#237;. Y preferiblemente con Annie. Era esa clase de mujer a la que desear&#237;as fecundar, si me entiende.

Skarre segu&#237;a sin contestar. Reflexionaba mientras masticaba una semilla de s&#233;samo que hab&#237;a tenido durante mucho tiempo entre dos muelas y que por fin se hab&#237;a soltado.

Alta y delgada, hombros anchos, piernas largas. Buena cabeza. Hermosa como una ninfa del bosque de Finnskogen. En otras palabras, un mont&#243;n de genes de primera.

&#161;Pero si s&#243;lo era una adolescente!

Se van haciendo mayores. Bueno, Annie no -se apresur&#243; a a&#241;adir-. En serio -prosigui&#243;-. Me estoy acercando a los cincuenta, y mi imaginaci&#243;n funciona como la de los dem&#225;s hombres. Y adem&#225;s estoy solo. Pero algunos privilegios tenemos que tener los solteros, &#191;no le parece? No hay nadie rabiando en la cocina mientras yo miro de reojo a las mujeres. Si usted viviera aqu&#237;, enfrente de Annie, tambi&#233;n habr&#237;a echado de vez en cuando un vistazo a su casa. Eso no es un crimen, &#191;no?

Supongo que no.

Skarre estudi&#243; la barca y la cerveza en la borda. Le dio por preguntarse si era lo suficientemente grande como para

&#191;Han encontrado algo? -pregunt&#243; Fritzner con curiosidad.

Claro. Tenemos a los testigos mudos. Esas miles de cosas en el entorno, &#191;sabe? Todo deja algo.

Skarre miraba a Fritzner mientras hablaba. El hombre ten&#237;a la mano en el bolsillo, y a trav&#233;s de la tela pod&#237;a ver c&#243;mo la cerraba.

Entiendo. Por cierto, &#191;saben ustedes que tenemos un idiota aqu&#237; en el pueblo?

&#191;C&#243;mo dice?

Uno de esos con lesiones cerebrales, que vive con su padre arriba, en el camino de la colina. Dicen que le gustan mucho las chicas.

Raymond L&#229;ke. Si, lo conocemos. Pero no tiene lesiones cerebrales.

&#191;Ah no?

Tiene un cromosoma de m&#225;s.

A m&#237; me parece que m&#225;s bien le falta algo.

Skarre sacudi&#243; la cabeza y volvi&#243; a mirar la casa de Holland, y la ventana tapada.

&#191;Por qu&#233; cree usted que se mete una v&#237;bora en un saco de dormir?

Fritzner abri&#243; unos ojos como platos.

Joder, todo lo que saben ustedes. Me hice esa misma pregunta. Pero ya me hab&#237;a olvidado de ello, fue verdaderamente dram&#225;tico, se lo prometo. Pero claro, es una guarida estupenda, &#191;verdad? Un magn&#237;fico saco, de esos que tienen plumas y todo. Yo estaba sentado aqu&#237; en la barca tom&#225;ndome un whisky cuando ese noviete suyo llam&#243; a la puerta. Supongo que ver&#237;an luz. Annie estaba en un rinc&#243;n del cuarto de estar, p&#225;lida de miedo. Sol&#237;a ser bastante dura y valiente, pero en ese momento no. Estaba muy asustada.

&#191;C&#243;mo pudo atrapar a la v&#237;bora? -pregunt&#243; Skarre con curiosidad.

Por Dios, no fue nada. Cog&#237; el cubo de la fregona, con un punz&#243;n le hice en el fondo un agujero del tama&#241;o de una moneda peque&#241;a. Luego me met&#237; en la tienda. La v&#237;bora hab&#237;a salido del saco de dormir y estaba enrollada en un rinc&#243;n. Era grande, la cabrona. La tap&#233; con el cubo y puse el pie encima. Luego ech&#233; Bayon por el agujero.

&#191;Qu&#233; es eso?

Un insecticida muy venenoso. No se vende en las tiendas. La v&#237;bora se atont&#243; enseguida.

&#191;Y c&#243;mo es que tiene usted acceso a esos productos?

Trabajo en Anticimex. Lucha contra las alima&#241;as: moscas, cucarachas y todo lo que se arrastra.

Comprendo. &#191;Y luego?

Ese enclenque se fue a por un cuchillo de cocina y part&#237; a la bestia en dos, la met&#237; en una bolsa de pl&#225;stico y la tir&#233; a mi cubo de basura. Annie me daba mucha pena, de verdad. Luego apenas se atrev&#237;a a meterse en la cama.

Sacud&#237;a la cabeza al recordarlo.

Pero supongo que no ha venido usted aqu&#237; a hablar de mis haza&#241;as de Superm&#225;n, &#191;no? &#191;A qu&#233; ha venido en realidad?

Bueno -contest&#243; Skarre apart&#225;ndose un rizo de la frente-. Mi jefe dice que siempre hay que medir dos veces la presi&#243;n.

&#191;Ah s&#237;? Bueno, la m&#237;a es bastante estable. Pero en realidad sigo sin entender que alguien haya podido asesinar a Annie. Una chica tan normal Aqu&#237;, en este pueblo, en esta calle. Tampoco puede entenderlo su familia. Ahora no tocar&#225;n su habitaci&#243;n en muchos a&#241;os, la mantendr&#225;n tal y como ella la dej&#243;. He o&#237;do hablar de esas cosas. &#191;Cree usted que es un deseo inconsciente de que vuelva a aparecer?-Tal vez. &#191;Ir&#225; usted al entierro?

Todo el pueblo ir&#225;. As&#237; es siempre en un sitio peque&#241;o. No se puede hacer nada a escondidas. La gente piensa que tiene derecho a participar. Resulta dif&#237;cil mantener un secreto.

Tal vez sea una ventaja para nosotros -dijo Skarre-, si el asesino es de aqu&#237;.

Fritzner se acerc&#243; a la barca, cogi&#243; la botella y la vaci&#243;.

&#191;Creen que es de aqu&#237;?

Digamos que lo esperamos.

Yo no. Pero si es as&#237;, espero que lo cojan enseguida. Seguramente en las veinte casas de esta calle ya saben que me ha visitado por segunda vez.

&#191;Le molesta?

Claro. Quiero seguir viviendo aqu&#237;.

No hay raz&#243;n para creer que no vaya a poder seguir aqu&#237;, &#191;no?

Ya veremos. Los solteros siempre estamos algo m&#225;s expuestos que los dem&#225;s.

&#191;Por qu&#233;?

No es natural que un hombre no tenga mujer. La gente espera que te busques alguna, al menos cuando ya has pasado los cuarenta. Y cuando eso no sucede, tiene que haber una raz&#243;n.

Ahora me est&#225; pareciendo un poco paranoico.

Usted no sabe c&#243;mo es vivir tan cerca de los dem&#225;s. Ser&#225;n tiempos duros de ahora en adelante para muchos.

&#191;Piensa usted en alguien en especial?

En cierto modo s&#237;.

&#191;En Jensvoll, por ejemplo?

Fritzner no contest&#243;. Se qued&#243; pensativo un instante. Mir&#243; de reojo a Skarre y tom&#243; una repentina decisi&#243;n. Sac&#243; la mano del bolsillo y le mostr&#243; algo.

Quer&#237;a ense&#241;arle esto.

Skarre mir&#243;. Parec&#237;a una goma de pelo, forrada de tela azul, y adornada con perlas.

Es de Annie -aclar&#243; Fritzner, mirando fijamente al polic&#237;a-. La encontr&#233; en mi coche. Estaba en el suelo, entre el asiento y la puerta. La llev&#233; al centro no hace m&#225;s de una semana. La goma se le caer&#237;a.

&#191;Por qu&#233; me la da?

Respir&#243; profundamente.

No ten&#237;a que haberlo hecho, &#191;verdad? Podr&#237;a haberla quemado en la chimenea sin decir ni p&#237;o. Lo hago para mostrarle que juego con las cartas sobre la mesa.

Nunca he cre&#237;do lo contrario -replic&#243; Skarre.

Fritzner sonri&#243;.

&#191;Piensa usted que soy tonto?

Posiblemente -contest&#243; Skarre, devolvi&#233;ndole la sonrisa-. Tal vez intente enga&#241;arme. Tal vez sea una persona tan calculadora que ha puesto en escena esta dulce confesi&#243;n. Me llevo la goma. Y le tengo en cuenta, en mayor grado que antes.

Fritzner se puso p&#225;lido. Skarre no pudo reprimir una risita.

&#191;De d&#243;nde ha sacado el nombre de la barca? -pregunt&#243; curioso mirando el bote-. Es un nombre extra&#241;o para una barca, &#191;no? Narco Traficante.

Fue simplemente una ocurrencia -intent&#243; recuperarse tras el incidente-. Pero suena bien, &#191;no le parece? -a&#241;adi&#243; mirando con preocupaci&#243;n al joven polic&#237;a.

&#191;Nunca ha navegado en ella?

Jam&#225;s -confes&#243;-. Me mareo much&#237;simo.


El fiscal hab&#237;a emitido su veredicto. Annie Holland ten&#237;a que ser enterrada. Eddie Holland mir&#243; el reloj y descubri&#243; que hab&#237;an transcurrido m&#225;s de veinticuatro horas desde que la primera palada de tierra seca alcanz&#243; el ata&#250;d. Annie cubierta de tierra. Llena de ramitas, piedras y gusanos. En el bolsillo llevaba un papel arrugado con unas breves palabras que quer&#237;a leer junto al ata&#250;d, despu&#233;s del serm&#243;n. Pero prorrumpi&#243; en sollozos y fue incapaz de decir una palabra, y ese hecho le torturar&#237;a el resto de su vida.

Me pregunto si S&#248;lvi padece un peque&#241;o trastorno -dijo-. No aparece en los esc&#225;ners, pero hay algo. Ha aprendido lo que tiene que aprender, s&#243;lo es un poco lenta. Un poco estrecha de mente, tal vez. No diga nada de esto a Ada -a&#241;adi&#243;.

&#191;Ella lo niega? -pregunt&#243; Sejer.

Dice que si los m&#233;dicos no lo encuentran no tiene por qu&#233; ser nada. Las personas son diferentes, nada m&#225;s, dice.

Sejer le hab&#237;a citado en la comisar&#237;a. Holland se encontraba todav&#237;a sumido en una gran oscuridad.

Tengo que preguntarle algo -dijo Sejer con prudencia-. Si Annie se hubiera encontrado con Axel Bj&#248;rk en la carretera, &#191;se habr&#237;a montado en su coche?

La pregunta lo dej&#243; boquiabierto.

Es lo m&#225;s monstruoso que he o&#237;do jam&#225;s -exclam&#243; por fin.

Tambi&#233;n se ha cometido un crimen monstruoso. Conteste a mi pregunta. Yo no conozco a la gente implicada tan bien como usted, lo que considero una ventaja.

El padre de S&#248;lvi -dijo Holland pensativo-. S&#237;, tal vez. Estuvieron en su casa, en Oslo, un par de veces, de manera que ella lo conoc&#237;a. Supongo que se habr&#237;a montado en su coche si &#233;l la hubiera invitado. &#191;Por qu&#233; no iba a hacerlo?

&#191;Qu&#233; clase de relaci&#243;n tiene usted con &#233;l?

Ninguna en absoluto.

Pero han hablado alguna vez, &#191;no?

Apenas. Ada siempre lo paraba en la puerta. Dec&#237;a que era un intruso.

&#191;Y qu&#233; le parec&#237;a a usted?

Holland se retorc&#237;a en la silla como si su propia debilidad se hiciera inc&#243;modamente visible.

Me parec&#237;a mal. &#201;l no quer&#237;a perjudicarnos, s&#243;lo pretend&#237;a ver a S&#248;lvi de vez en cuando. Ahora ya no tiene nada. Creo que tambi&#233;n perdi&#243; su trabajo.

&#191;Y S&#248;lvi? &#191;Ella quer&#237;a verlo?

Me temo que Ada le quit&#243; las ganas. Puede ser bastante dura si se lo propone. Supongo que Bj&#248;rk ya se ha resignado. Pero estuvo en el entierro, as&#237; que la ver&#237;a un momento.&#191;Sabe?, no resulta f&#225;cil llevar la contraria a Ada. No es que le tenga miedo -a&#241;adi&#243; dejando escapar una risa corta e ir&#243;nica-, pero se pone completamente fuera de s&#237;. No es f&#225;cil de explicar. Se pone tan fuera de s&#237; que no lo soporto.

Volvi&#243; a callarse, y Sejer esperaba sin decir nada, mientras intentaba imaginarse ese complejo juego que existe entre las' personas, c&#243;mo miles de hilos se van entrelazando a trav&#233;s de los a&#241;os, formando resistentes redes de mallas finas, en las que uno se sent&#237;a atrapado. Los mecanismos que se escond&#237;an detr&#225;s le fascinaban. Y tambi&#233;n la intensa aversi&#243;n de los seres humanos a coger el cuchillo, cortar la red y salir de ella, aunque a&#241;oraran tanto la libertad que hasta llegaran a enfermar. Seguramente Holland deseaba salir de la red de Ada, pero un sinf&#237;n de peque&#241;as cosas le reten&#237;a. Hab&#237;a hecho su elecci&#243;n, se quedar&#237;a para el resto de su vida entre esos hilos viscosos, y esa determinaci&#243;n le pesaba tanto que toda su figura se hab&#237;a encorvado.

&#191;No tienen nada todav&#237;a? -pregunt&#243; por fin.

Desgraciadamente no -contest&#243; Sejer de mala gana-. Lo &#250;nico que tenemos es una larga lista de personas que hablan muy bien y con mucho afecto de Annie. Los hallazgos t&#233;cnicos son muy pocos y no nos han conducido a nada, y no existen motivos visibles. No abusaron sexualmente de Annie ni recibi&#243; otra clase de malos tratos. No se ha observado ese d&#237;a nada en las cercan&#237;as de la colina que pueda facilitarnos alguna pista, y todos los que pasaron por all&#237; en coche ese d&#237;a se han presentado ante nosotros y han sido excluidos del caso. Bien es verdad que hay una excepci&#243;n, pero ese coche ha sido descrito tan vagamente que no nos lleva a ninguna parte. El motorista visto junto a la tienda de Horgen ha desaparecido de la faz de la tierra. Tal vez fuera un turista de paso. Nadie vio la matr&#237;cula, quiz&#225; fuera extranjero. Hemos buceado en la laguna en busca de la mochila de Annie, pero sin ning&#250;n &#233;xito, raz&#243;n por la cual suponemos que est&#225; en poder del homicida. Pero no tenemos cargos por sospecha contra nadie,as&#237; que tampoco podemos proceder al registro de ninguna casa. Ni siquiera tenemos una teor&#237;a concreta. Tenemos tan poco que s&#243;lo podemos imaginarnos cosas. Existe la posibilidad, por ejemplo, de que Annie se hubiera enterado de alguna informaci&#243;n delicada, tal vez por pura casualidad, y alguien la matara para asegurarse su silencio. En ese caso tendr&#237;a que haberse tratado de informaci&#243;n altamente comprometedora, ya que dio lugar a un asesinato. Estaba desnuda, pero nadie la hab&#237;a tocado, lo que podr&#237;a significar que el homicida quisiera guiarnos hacia el m&#243;vil sexual, posiblemente con el fin de desviar la atenci&#243;n del verdadero motivo. Por todo esto -concluy&#243;-, estamos tan interesados en el pasado de Annie.

Se detuvo y se rasc&#243; el dorso de la mano, donde ten&#237;a una mancha roja y agrietada del tama&#241;o de una moneda de veinte coronas.

Usted es una de las personas que mejor la conoc&#237;a. Y tendr&#225; miles de pensamientos en la cabeza. Tengo que preguntarle de nuevo si hay algo, cualquier cosa, en el pasado de Annie, sucesos, amistades, declaraciones, impresiones, que le hayan extra&#241;ado. No piense en cosas muy especiales, s&#243;lo en algo que le extra&#241;ara. Desentierre las cosas m&#225;s min&#250;sculas, aunque le parezcan tonter&#237;as, lo &#250;nico importante es si le han sorprendido. Una reacci&#243;n inesperada, comentarios, alusiones, gestos que se le hayan quedado grabados. Annie sufri&#243; una alteraci&#243;n de conducta. Tengo la impresi&#243;n de que se trataba de algo m&#225;s que de los cambios normales de la pubertad. &#191;Puede usted corroborarlo?

Ada dice

Pero &#191;y qu&#233; dice usted? -Sejer segu&#237;a mir&#225;ndole a los ojos-. Dej&#243; a Halvor, abandon&#243; el equipo y se encerr&#243; en s&#237; misma. &#191;Ocurri&#243; algo en esa &#233;poca que se saliera de lo corriente?

&#191;Han hablado ustedes con Jensvoll?

S&#237;.

Bueno, es que se oyeron algunos rumores, pero no creo, que sean ciertos. Los rumores corren muy deprisa en nuestro pueblo -a&#241;adi&#243;, perplejo y ruborizado.

&#191;Qu&#233; quiere decir con eso?

Algo que Annie mencion&#243;, que hab&#237;a estado en la c&#225;rcel hace mucho tiempo. No s&#233; por qu&#233;.

&#191;Annie lo sab&#237;a?

Entonces, &#191;es verdad que estuvo en la c&#225;rcel?

S&#237;, es verdad. Pero yo ignoraba que alguien lo supiera. Estamos investigando a toda la gente del entorno de Annie para ver si tienen coartada. Hemos hablado con m&#225;s de trescientas personas. Pero desgraciadamente nadie ha destacado como sospechoso en este caso.

Arriba, en el camino de la colina vive un hombre -murmur&#243; Holland- que no es del todo normal. Dicen que ha intentado acercarse a las chicas.

Tambi&#233;n hemos hablado con &#233;l -replic&#243; Sejer pacientemente-. &#201;l fue quien encontr&#243; a Annie.

S&#237;, ya lo hab&#237;a o&#237;do.

Tiene coartada.

Espero que la coartada sea fiable.

Sejer pens&#243; en Ragnhild y no dijo a Holland que la coartada era una ni&#241;a de seis a&#241;os.

&#191;Por qu&#233; cree usted que Annie dej&#243; de cuidar ni&#241;os?

Supongo que se hizo mayor y ya no le apetec&#237;a.

Pero tengo la impresi&#243;n de que le gustaba especialmente. Por eso me resulta un poco extra&#241;o.

Durante varios a&#241;os no hac&#237;a otra cosa. Primero los deberes, y luego sal&#237;a a la calle para ver si alg&#250;n cr&#237;o necesitaba una vuelta en el cochecito. Y cuando hab&#237;a peleas y problemas en la calle, ella aparec&#237;a y siempre consegu&#237;a que las aguas volvieran a su cauce. El pobre que hubiera tirado la primera piedra ten&#237;a que confesar. Luego recib&#237;a el perd&#243;n y todo acababa siempre felizmente. Annie era una buena mediadora. Ten&#237;a autoridad y todos la obedec&#237;an. Los chicos tambi&#233;n.

&#191;Una naturaleza diplom&#225;tica, en otras palabras?

Exactamente. Le gustaba poner orden. Odiaba los conflictos no resueltos. Cuando ocurr&#237;a algo con S&#248;lvi, por ejemplo, siempre nos buscaba alguna soluci&#243;n acertada. Era una especie de intermediaria. Pero en cierta manera -a&#241;adi&#243; despacio-, tambi&#233;n en ese aspecto perdi&#243; el inter&#233;s, dej&#243; de implicarse en las cosas.

&#191;Cu&#225;ndo? -pregunt&#243; Sejer.

En el oto&#241;o pasado.

&#191;Qu&#233; ocurri&#243; el oto&#241;o pasado?

Ya se lo he contado. No quiso seguir en el club deportivo, ni quer&#237;a estar con la gente como antes.

&#191;Pero por qu&#233;?

No lo s&#233; -contest&#243; Holland afligido-. Le estoy diciendo que nunca lo entend&#237;.

Intente mirar m&#225;s all&#225; de usted mismo y de su familia, m&#225;s all&#225; de Halvor, del club y de los problemas con Axel Bj&#248;rk. &#191;Sucedi&#243; algo en el pueblo en esa &#233;poca, algo que no necesariamente tuviera que ver con ustedes?

Holland extendi&#243; los brazos.

S&#237;, algo pas&#243;, pero no tiene nada que ver con esto. Uno de los ni&#241;os a los que Annie sol&#237;a cuidar muri&#243; en un tr&#225;gico accidente. Desde luego, no mejor&#243; el estado de las cosas. Annie ya no participaba en nada. Lo &#250;nico que le interesaba era ponerse las zapatillas de deporte y correr, alejarse de la casa y de la calle.

Sejer not&#243; que su coraz&#243;n empez&#243; a latir m&#225;s deprisa.

&#191;Qu&#233; ha dicho? -le pregunt&#243;, apoyando los codos en la mesa.

Un ni&#241;o al que Annie cuidaba a menudo muri&#243; en un accidente. Se llamaba Eskil.

&#191;Ocurri&#243; mientras Annie lo estaba cuidando?

&#161;No, no! -Holland lo mir&#243; espantado-. &#161;Est&#225; usted loco! Annie era extremadamente prudente cuando se hac&#237;a cargo de los hijos de otras personas. No apartaba la vista de ellos ni un momento.

&#191;Y c&#243;mo ocurri&#243; el accidente?

En casa del ni&#241;o. S&#243;lo ten&#237;a algo m&#225;s de dos a&#241;os cuando sucedi&#243;. Annie lo sinti&#243; much&#237;simo. Bueno, todos nosotros, que tambi&#233;n los conoc&#237;amos.

&#191;Y cu&#225;ndo fue eso?

Ya se lo he dicho, en el oto&#241;o pasado. Cuando ella lo dej&#243; todo. En realidad sucedieron muchas cosas, no fue una buena &#233;poca para ninguno de nosotros. Halvor llamaba, Jensvoll llamaba. Bj&#248;rk se puso muy pesado con lo de S&#248;lvi y Ada estaba inaguantable -se call&#243;; de repente pareci&#243; avergonzado.

&#191;Exactamente cu&#225;ndo sucedi&#243; esa muerte, Eddie?

Creo que fue en noviembre, pero no recuerdo la fecha.

&#191;Ocurri&#243; antes o despu&#233;s de que Annie abandonara el club?

No me acuerdo.

Entonces intentaremos averiguarlo. &#191;Qu&#233; clase de accidente fue?

El ni&#241;o se atragant&#243; con algo y no pudieron sac&#225;rselo. Creo que estaba comiendo solo en la cocina.

&#191;Por qu&#233; no me ha contado esto antes?

Holland lo mir&#243; infeliz.

Porque usted est&#225; investigando la muerte de Annie -susurr&#243;.

Eso es lo que estoy haciendo. Descartar posibilidades es igual de importante.

Hubo una larga pausa. La alta frente de Holland sudaba y &#233;l se frotaba los dedos constantemente, como si hubiera perdido la sensibilidad en ellos. Una serie de im&#225;genes est&#250;pidas aparec&#237;an constantemente en su mente, im&#225;genes de Annie en traje rojo y gorro de graduaci&#243;n, y de Annie vestida de novia. De Annie con un beb&#233; en los brazos. Im&#225;genes, fotos, que jam&#225;s podr&#237;a hacer.

H&#225;bleme de c&#243;mo reaccion&#243; Annie.

Holland se enderez&#243; en la silla y pens&#243;.

No recuerdo la fecha, pero me acuerdo de aquel d&#237;a, porque nos dormimos por la ma&#241;ana. Yo ten&#237;a el d&#237;a libre. Annie lleg&#243; tarde al autob&#250;s, y adem&#225;s volvi&#243; pronto del colegio porque no se encontraba bien. No se lo cont&#233; inmediatamente. Se acost&#243;, dijo que quer&#237;a dormir un poco.

&#191;Estaba enferma?

Bueno, nunca estaba enferma. Supongo que fue algo pasajero. Se despert&#243; un rato despu&#233;s y yo estaba en el cuarto de estar temiendo el momento. Por fin entr&#233; en su habitaci&#243;n y me sent&#233; en el borde de la cama.

Contin&#250;e.

Se qued&#243; como paralizada -prosigui&#243;-. Paralizada y asustada. Se dio la vuelta y se tap&#243; la cabeza con el edred&#243;n. Bueno, &#191;que vas a decir al enterarte de algo as&#237;? En los d&#237;as siguientes no mostr&#243; mucho sus sentimientos, fue m&#225;s bien como si sufriera en silencio. Ada quiso que llevara flores a la casa, pero se neg&#243;. Tampoco quiso asistir al entierro.

&#191;Asistieron usted y su mujer?

S&#237;, estuvimos. Ada estaba molesta porque Annie no quiso ir, pero yo intent&#233; explicarle que es muy duro para una ni&#241;a asistir a un entierro. Annie s&#243;lo ten&#237;a catorce a&#241;os. No saben qu&#233; decir, &#191;verdad?

Mm -murmur&#243; Sejer-. Tal vez visitara la tumba m&#225;s adelante.

S&#237;, s&#237;. Varias veces. Pero jam&#225;s volvi&#243; a ir a su casa.

Pero tuvo que haber hablado con ellos, trat&#225;ndose de un ni&#241;o a quien hab&#237;a cuidado con tanta frecuencia

Supongo que s&#237;. Hab&#237;a tenido mucho que ver con la familia, sobre todo con la madre. Por cierto, se march&#243; del pueblo. Se separaron al cabo de un tiempo. Debe de ser muy dif&#237;cil volver a encontrarse despu&#233;s de una tragedia as&#237;. De alguna manera hay que empezar la relaci&#243;n de nuevo. Y ninguno de los dos est&#225; como antes -se olvid&#243; de la conversaci&#243;n y era como si hablara consigo mismo, como si el otro ya no estuviera-. S&#243;lo S&#248;lvi es la misma. Me asombra que pueda seguir siendo la misma despu&#233;s de todo lo sucedido. Pero claro, ella es especial. Habr&#225; que aceptar a los chicos como son, &#191;no?

&#191;Y Annie? -intervino nuevamente Sejer.

Bueno, Annie -murmur&#243;-, Annie nunca volvi&#243; a ser la misma. Creo que se dio cuenta de que todos vamos a morir. Recuerdo cuando era peque&#241;o y muri&#243; mi madre, lo peor fue eso. No que ella hubiera muerto y desaparecido, sino que yo tambi&#233;n me morir&#237;a. Y mi padre, y todos a los que conoc&#237;a.

Su mirada era distante y Sejer lo escuchaba con las manos apoyadas en la mesa.

Tenemos m&#225;s cosas de qu&#233; hablar, Eddie -dijo por fin-. Pero primero he de contarle algo.

No s&#233; si tengo fuerzas para enterarme de m&#225;s cosas.

No puedo ocult&#225;rselo, de verdad que no puedo.

&#191;De qu&#233; se trata?

&#191;Recuerda si Annie alguna vez se quejaba de dolores?

No, no lo recuerdo. Excepto antes de usar zapatillas que amortiguaran los golpes. Entonces s&#237; que le dol&#237;an los pies.

Me refiero en concreto a si ten&#237;a dolores en el bajo vientre.

Holland lo mir&#243;, inseguro.

Nunca o&#237; nada de eso. Tendr&#237;a que pregunt&#225;rselo a a Ada.

Se lo pregunto a usted porque estaba m&#225;s unido a ella.

S&#237;. Pero esas cosas de mujeres nunca o&#237; nada de eso.

Ten&#237;a un tumor -confes&#243; Sejer en voz baja.

&#191;Un tumor? &#191;Quiere decir un bulto?

Un bulto del tama&#241;o de un huevo. Maligno. Con met&#225;stasis en el h&#237;gado.

Holland se puso completamente r&#237;gido.

Deben de estar equivocados -replic&#243; con firmeza-. Annie ten&#237;a una salud de hierro.

Ten&#237;a un tumor maligno en el bajo vientre -repiti&#243; Sejer-. Y habr&#237;a ca&#237;do gravemente enferma en poco tiempo. Las posibilidades de que la enfermedad fuera mortal eran considerables.

&#191;Quiere decir que habr&#237;a muerto de todos modos? -pregunt&#243; Holland en tono agresivo.

Eso es lo que dicen en el Anat&#243;mico Forense.

&#191;Debo alegrarme entonces de que se librara de los sufrimientos? -grit&#243; fuera de s&#237; de rabia. Una gota de saliva alcanz&#243; a Sejer en la frente. Holland se tap&#243; la cara con las manos-. No, no, no quise decir eso -a&#241;adi&#243; con voz entrecortada-, pero no entiendo nada de lo que est&#225; pasando. No entiendo que haya tantas cosas que no supiera.

O ella tampoco lo sab&#237;a, o se aguant&#243; los dolores neg&#225;ndose a visitar al m&#233;dico. No hay nada registrado en su historial.

Supongo que no -dijo Holland despacio-. Nunca tuvo nada. Le pusieron un par de vacunas en el transcurso de los a&#241;os, y pare usted de contar.

Hay un par de cosas que quiero que haga -prosigui&#243; Sejer-. Quiero que hable con Ada y le diga que venga aqu&#237;, a la comisar&#237;a. Necesitamos sus huellas dactilares.

Holland sonri&#243; cansado y se reclin&#243; en la silla. No hab&#237;a dormido en mucho tiempo, y las cosas se mov&#237;an suavemente en la habitaci&#243;n. La cara del inspector jefe oscilaba, lo mismo que las cortinas de la ventana, o tal vez fuera la corriente, no estaba seguro.

En la hebilla de Annie encontramos dos huellas dactilares. Una era de la propia Annie. Otra puede ser de su mujer. Nos dijo que preparaba a menudo la ropa de la chica por las ma&#241;anas, as&#237; que pudo haber dejado sus huellas en la hebilla. Si no es de ella, puede que pertenezca al homicida. &#201;l la desnud&#243;. Tuvo que tocar por fuerza la hebilla.

Por fin Holland comprendi&#243;.

D&#237;gale a su mujer que venga cuanto antes. Puede preguntar por Skarre.

Para ese eccema que padece -dijo Holland de repente, se&#241;alando la mano de Sejer-, he o&#237;do decir que va muy bien la ceniza.

&#191;Ceniza?

Hay que untar con ella las manchas. No hay nada m&#225;s limpio que la ceniza. Contiene sales y minerales.

Sejer no contest&#243;. Era como si los pensamientos de Holland dieran una vuelta y desaparecieran en su interior. Sejer lo dej&#243; en paz con ellos. La habitaci&#243;n estaba tan silenciosa que pod&#237;an o&#237;r a Annie.


Halvor comi&#243; salchichas y col hervida en la encimera de la cocina. Luego lo recogi&#243; todo y tap&#243; con una manta a su abuela, que dormitaba en el sof&#225;. Despu&#233;s se meti&#243; en su habitaci&#243;n, ech&#243; la cortina y se sent&#243; delante de la pantalla. As&#237; pasaba entonces la mayor parte de su tiempo libre. Hab&#237;a probado con gran parte de la m&#250;sica que le gustaba a Annie, tecleando t&#237;tulos y cantantes que ella ten&#237;a en su colecci&#243;n. Luego intent&#243; con t&#237;tulos de pel&#237;culas, no muy convencido, porque no era el estilo de Annie. La dificultad parec&#237;a insalvable. Tambi&#233;n cab&#237;a la posibilidad de que Annie hubiera ido cambiando de clave, como hac&#237;an en Defensa para los secretos militares. Utilizaban claves que cambiaban autom&#225;ticamente varias veces por segundo. Halvor hab&#237;a le&#237;do algo sobre eso en una revista de inform&#225;tica. Una clave que se cambiaba constantemente resultar&#237;a casi imposible de encontrar. Intent&#243; recordar en qu&#233; fecha aproximadamente Annie y &#233;l hab&#237;an abierto cada uno su archivo, archivos que luego hab&#237;an cerrado el uno al otro. Hac&#237;a varios meses, hab&#237;a sido en el oto&#241;o. La desesperaci&#243;n amenazaba con apoderarse de &#233;l cuando pensaba en todas las combinaciones que pod&#237;an hacerse empleando todos los signos, n&#250;meros y letras del teclado. Pero estaba seguro de que Annie no hab&#237;a escrito algo sin sentido. Habr&#237;a empleado algo que le hubiera causado impresi&#243;n, o algo querido y conocido. &#201;l sab&#237;a bastante de lo que Annie quer&#237;a y conoc&#237;a, por eso continu&#243; buscando, hasta que oy&#243; gritar a su abuela que ya hab&#237;a dormido la siesta. Entonces Halvor se tom&#243; un descanso para hacerle un caf&#233;, y servirle un par de gofres, si es que quedaban. Luego se sinti&#243; moralmente obligado a ver la televisi&#243;n un rato para hacerle compa&#241;&#237;a. Pero en cuanto pudo, volvi&#243; disparado a su cuarto. Ella no dijo nada. Halvor se qued&#243; hasta medianoche. Entonces se arrastr&#243; hasta la cama y apag&#243; la luz. Se qued&#243; escuchando un poco mientras le llegaba el sue&#241;o. A veces no llegaba, y entonces se deslizaba hasta la habitaci&#243;n de su abuela y sacaba sigilosamente una pastilla para dormir de su frasco. No volvi&#243; a o&#237;r pasos fuera. Mientras le llegaba el sue&#241;o pensaba en Annie. El azul hab&#237;a sido su color favorito. El chocolate que m&#225;s le gustaba era Dove con pasas. Tomaba nota de algunas palabras en el subconsciente y las almacenaba all&#237; para usarlas posteriormente. No hab&#237;a que desistir. Cuando por fin encontrara la clave, pensar&#237;a en lo evidente que era y se dir&#237;a a s&#237; mismo: &#161;c&#243;mo no se me hab&#237;a ocurrido!

Fuera, el patio estaba oscuro y silencioso. La casa del perro vac&#237;a estaba abierta, como una boca desdentada, pero no se ve&#237;a as&#237; desde la carretera, y un ladr&#243;n podr&#237;a pensar que hab&#237;a un perro dentro. Detr&#225;s de la casa del perro estaba la le&#241;era, donde guardaban un modesto mont&#243;n de madera, su bicicleta, un viejo televisor en blanco y negro y un mont&#243;n de peri&#243;dicos viejos. Nunca se acordaba de ellos cuando hab&#237;a recogida de papel, y tampoco le&#237;a el peri&#243;dico local. Al fondo, detr&#225;s de un colch&#243;n de gomaespuma, estaba la mochila de Annie.


Hab&#237;a corrido hasta el lago de Bru y hab&#237;a vuelto. Un paseo de trece kil&#243;metros. Intent&#243; llegar al umbral del dolor, al menos en la carrera de vuelta. Elise sol&#237;a tenerle preparado un vaso de agua mineral helada cuando &#233;l sal&#237;a de la ducha. A veces lo tomaba s&#243;lo con una toalla atada a la cintura. Ahora no lo esperaba nadie. Excepto el perro, que levant&#243; la cabeza expectante cuando Sejer abri&#243; la puerta y dej&#243; salir el vapor. Se visti&#243; en el cuarto de ba&#241;o y fue a buscar una botella de agua, le quit&#243; la chapa contra el canto de la encimera de la cocina y se la llev&#243; a la boca. El timbre de la puerta son&#243; cuando hab&#237;a bebido la mitad de la botella. El timbre de Sejer no sonaba muy a menudo, por eso se extra&#241;&#243; un poco. Levant&#243; un dedo amonestador al perro y fue a abrir. All&#237; estaba Skarre, junto a la barandilla, con un pie en la escalera, como indicando una r&#225;pida retirada si la visita no era oportuna.

Pasaba por aqu&#237; -se excus&#243;.

Su aspecto era diferente. Los rizos hab&#237;an desaparecido, cortados hasta el cuero cabelludo y llevaba el pelo m&#225;s oscuro, lo que le hac&#237;a parecer mayor. Adem&#225;s, ten&#237;a las orejas algo salientes.

Bonito peinado -exclam&#243; Sejer-. Entra.

Kollberg lleg&#243; saltando, como de costumbre.

Es algo exhibicionista -dijo Sejer resignado-. Pero es un bonach&#243;n.

M&#225;s vale que lo sea con ese tama&#241;o. Parece un lobo, t&#237;o.

La intenci&#243;n era que pareciera un le&#243;n. Es lo que pretendi&#243; el hombre que cre&#243; el primer Leonberg mezclando razas -Sejer entr&#243; en el cuarto de estar-. Ven&#237;a de la ciudad alemana de Leonberger, y ten&#237;a la intenci&#243;n de hacer una mascota de la ciudad.

&#191;Le&#243;n?

Skarre estudi&#243; el enorme animal y sonri&#243;.

No, no tengo tanta imaginaci&#243;n.

Se quit&#243; la chaqueta y la dej&#243; sobre el banco del tel&#233;fono.

&#191;Lograste hablar a solas con Holland?

S&#237;, lo consegu&#237;. &#191;Qu&#233; has hecho t&#250;?

Visit&#233; a la abuela de Halvor.

&#191;Ah s&#237;?

Me sirvi&#243; caf&#233; y crep&#233;s, y toda la miseria de la vejez. &#191;Sabes? -prosigui&#243; en voz baja-, ya s&#233; qu&#233; es hacerse mayor.

&#191;Y qu&#233; es?

Una decadencia gradual. Un proceso insidioso, casi imperceptible, que s&#243;lo descubres en repentinos y estremecedores momentos.

Skarre suspir&#243; como un anciano y sacudi&#243; la cabeza muy preocupado.

Disminuye el proceso de divisi&#243;n de las c&#233;lulas, de eso se trata. Todo va cada vez m&#225;s lento, hasta que empieza a encogerse. De hecho, es la primera fase del proceso de putrefacci&#243;n, comienza alrededor de los veinticinco.

Vaya, entonces t&#250; ya est&#225;s en ello. Por cierto, pareces un poco pachucho.

La sangre se queda estancada en las arterias. Nada sabe ni huele como debe. Tambi&#233;n es corriente la desnutrici&#243;n. No es de extra&#241;ar que nos muramos al hacernos viejos.

Ese comentario hizo sonre&#237;r a Sejer. Luego pens&#243; en su madre en la residencia y se puso serio.

&#191;Qu&#233; edad tiene?

Ochenta y tres. Y no est&#225; del todo bien del coco, creo -dijo, se&#241;alando su propia cabeza, casi rapada-. Ser&#237;a mejor que nos muri&#233;ramos un poco antes, me parece a m&#237;. Justo antes de cumplir los setenta.

No creo que los setenta&#241;eros est&#233;n de acuerdo contigo -replic&#243; Sejer-. &#191;Quieres beber algo?

Gracias.

Skarre se alis&#243; el pelo, como queriendo comprobar que el nuevo peinado s&#243;lo era un sue&#241;o.

Tienes un mont&#243;n de discos, Konrad -dijo mirando la estanter&#237;a que hab&#237;a junto a la cadena de m&#250;sica-. &#191;Los has contado?

Unos quinientos -grit&#243; Sejer desde la cocina.

Skarre se levant&#243; de un salto del sill&#243;n para mirar los t&#237;tulos. Como todo el mundo, ten&#237;a una idea de que la selecci&#243;n de m&#250;sica de una persona dec&#237;a muchas cosas importantes sobre esa persona, sobre c&#243;mo era en realidad.

Laila Dalseth, Etta James, Billie Holiday, Edith Piaf Dios m&#237;o -exclam&#243; mirando los discos sorprendido-, &#161;Pero si son todas mujeres!

No creo, &#191;s&#237;?

Sejer ech&#243; agua mineral en los vasos.

&#161;S&#243;lo mujeres Konrad! Eartha Kitt, Lili Lindfors, Monica Zetterlund, &#191;qui&#233;n es &#233;sa?

Una de las mejores. Pero eres demasiado joven para saberlo.

Skarre volvi&#243; a sentarse, bebi&#243; y sec&#243; el culo del vaso en el pantal&#243;n.

&#191;Qu&#233; dijo Holland?

Sejer cogi&#243; el tabaco de debajo del peri&#243;dico y abri&#243; la bolsa. Sac&#243; un papel y se puso a liar un cigarrillo.

Annie sab&#237;a que Jensvoll hab&#237;a estado en la c&#225;rcel. Tal vezsupiera tambi&#233;n el motivo.

&#161;Sigue!

Y uno de los ni&#241;os a los que ella sol&#237;a cuidar muri&#243; en un accidente.

Skarre buscaba sus cigarrillos.

Ocurri&#243; en noviembre, m&#225;s o menos en la &#233;poca en la que empezaron las dificultades. Annie no quiso volver a aquella casa. No quiso llevarles flores, no quiso ir al entierro y no volvi&#243; a cuidar ni&#241;os despu&#233;s de aquello. Holland opina que no era de extra&#241;ar, la chica s&#243;lo ten&#237;a catorce a&#241;os, y a esa edad uno no sabe enfrentarse a la muerte -Sejer observaba a Skarre mientras hablaba y vio c&#243;mo cambiaba su expresi&#243;n, cada vez m&#225;s alerta-. Despu&#233;s de eso dej&#243; el balonmano, rompi&#243; provisionalmente con Halvor y se encerr&#243; en s&#237; misma. Sucedi&#243; en este orden: muri&#243; el ni&#241;o y Annie se apart&#243; de su entorno.

Skarre encendi&#243; el cigarrillo y mir&#243; a Sejer, que chupaba su cigarrillo liado.

La muerte del ni&#241;o se debi&#243; aparentemente a un tr&#225;gico accidente, y entiendo que a una adolescente un suceso semejante le causara una fuerte impresi&#243;n. Conoc&#237;a bien al ni&#241;o y a los padres. Pero

Se detuvo para encender el cigarrillo.

&#191;Y &#233;sa es la explicaci&#243;n de su cambio?

Posiblemente. Adem&#225;s, ten&#237;a c&#225;ncer. Aunque ella no lo supiera, pudo haberle hecho cambiar. Pero en realidad esperaba encontrar otra cosa, algo que pudi&#233;ramos utilizar.

&#191;Y Jensvoll?

Me cuesta creer que alguien cometa un asesinato con el fin de ocultar una violaci&#243;n consumada once a&#241;os antes, por la que, adem&#225;s, ya ha cumplido condena. Por otra parte, podr&#237;a pensarse que quiso intentarlo otra vez y le sali&#243; mal.

&#161;Ostras! -exclam&#243; Skarre asombrado-. &#161;Si est&#225;s fumando!

Uno s&#243;lo, &#233;ste, por las noches. &#191;Tienes tiempo de dar una vuelta en el coche luego?

Claro que s&#237;. &#191;A d&#243;nde vamos?

A la iglesia de Lundeby.

Sejer inhal&#243; largamente el humo y lo mantuvo mucho tiempo en la boca.

&#191;Por qu&#233;?

Pues no s&#233;. Me gusta husmear por ah&#237;.

&#191;Es que piensas mejor al aire libre? -pregunt&#243; quitando con la u&#241;a una mancha de cera de la mesa.

Siempre he pensado que el entorno influye en el pensamiento, que uno percibe m&#225;s cosas cuando se encuentra en el lugar si se tiene dentro una especie de sensibilidad, una sensibilidad para las cosas, por lo que dicen las cosas.

Fascinante -dijo Skarre-. &#191;Te atrever&#237;as a hablar en voz alta sobre eso en la comisar&#237;a?

Existe una especie de acuerdo t&#225;cito para no hacerlo. Al fiscal del Estado no le interesan mis sentimientos pero sabe bien que est&#225;n ah&#237;. Los tiene en consideraci&#243;n, pero no lo reconoce jam&#225;s. Tambi&#233;n eso es un acuerdo t&#225;cito.

Sopl&#243; solemnemente el humo y levant&#243; la vista.

&#191;Qu&#233; m&#225;s te dio la abuela de Halvor aparte de los gofres y el discurso sobre la decadencia?

Me habl&#243; mucho sobre el padre de Halvor. De lo buen&#237;simo que hab&#237;a sido de peque&#241;o. Y de que en realidad s&#243;lo hab&#237;a sido un desgraciado.

No me extra&#241;a, siendo capaz de pegar a sus propios hijos.

Tambi&#233;n me dijo que Halvor se encierra en su cuarto. Por lo visto se pasa las tardes delante del ordenador y a veces se queda hasta muy entrada la noche.

&#191;Y qu&#233; crees que hace con el ordenador?

Ni idea. Tal vez escriba un diario.-

Si fuera as&#237; me gustar&#237;a leerlo.

&#191;Lo vas a volver a traer?

Por supuesto que s&#237;.

Vaciaron los vasos y se levantaron. Al salir de la habitaci&#243;n, Skarre descubri&#243; una foto de Elise, en la que exhib&#237;a una maravillosa sonrisa.

&#191;Tu mujer? -pregunt&#243; prudentemente.

Su &#250;ltima foto.

Pero si se parece a Grace Kelly -dijo Skarre entusiasmado-. &#191;C&#243;mo pudo un viejo cascarrabias como t&#250; conquistar a una belleza as&#237;?

Sejer se qued&#243; tan at&#243;nito ante esa tremenda impertinencia que empez&#243; a tartamudear.

Entonces no era un cascarrabias.


El coche avanzaba despacio por la gravilla del camino de la iglesia de Lundeby. Iluminada con focos, reposaba tranquilamente en la luz rosa, por su propio derecho, como si hubiera estado all&#237; siempre. En realidad s&#243;lo ten&#237;a ciento cincuenta a&#241;os, un min&#250;sculo suspiro en la copa del &#225;rbol de la eternidad. Cerraron las puertas sigilosamente y permanecieron un instante junto al coche, escuchando. Skarre ech&#243; un vistazo a su alrededor, dio unos pasos en direcci&#243;n a la capilla y se dirigi&#243; hacia las tumbas. Diez piedras blancas, dispuestas en una perfecta fila.

&#191;Qu&#233; es esto?

Se pararon y leyeron las inscripciones.

Tumbas de guerra -le contest&#243; Sejer en voz baja-. Soldados ingleses y canadienses. Los alemanes los mataron a tiros arriba en el bosque, el nueve de abril del cuarenta. Los chicos ponen flores silvestres aqu&#237; el diecisiete de mayo. Me lo ha contado mi hija Ingrid.

Pilot Officer, Royal Air Force, A.F. Le Maistre of Canada. Age 26. God gave and God has taken. Un largo viaje para una acci&#243;n heroica tan breve.

Mm -Skarre sigui&#243; mirando-. Aqu&#237; estoy, vengo desde Canad&#225; nada menos, con mi nuevo uniforme, para luchar por vosotros en el lado bueno. Y luego nada m&#225;s. Nada m&#225;s que fuego y muerte.

Sejer lo mir&#243; sorprendido y empez&#243; a bajar hacia la iglesia. Hab&#237;an enterrado a Annie en las afueras del cementerio, cerca de un gran campo sembrado de cebada. Las flores hab&#237;an perdido su lozan&#237;a, camino de convertirse en basura. Miraron pensativos la tumba. Luego vagaron por el lugar leyendo las inscripciones de otras piedras. Dos filas m&#225;s arriba Sejer encontr&#243; lo que buscaba: una peque&#241;a piedra arqueada, con una inscripci&#243;n elaborada y hermosa. Skarre se agach&#243; y ley&#243;:

Nuestro amado Eskil.

Sejer asinti&#243; y mir&#243; a su compa&#241;ero:

Eskil Johnas. Nacido el cuatro de agosto de mil novecientos noventa y dos, muerto el siete de noviembre de mil novecientos noventa y cuatro.

&#191;Johnas? &#191;El comerciante de alfombras?

El hijo del comerciante de alfombras. Se atragant&#243; con el desayuno y se asfixi&#243;. Despu&#233;s de su muerte, el matrimonio se deshizo. No es de extra&#241;ar, dicen que ocurre a menudo. Pero Johnas tiene un hijo mayor que vive con la madre.

Ten&#237;a fotos de sus hijos en la pared -indic&#243; Skarre meti&#233;ndose las manos en los bolsillos-, &#191;Para qu&#233; es ese peque&#241;o agujero en la parte de arriba de la piedra?

Al parecer alguien ha mangado algo que hab&#237;a ah&#237;. Ser&#237;a un pajarito, un angelito o algo as&#237;, suelen ponerlos en las tumbas de ni&#241;os.

Es raro que no lo hayan sustituido. Una tumba un poco pobre, me parece a m&#237;. Da la impresi&#243;n de que nadie la cuida. Cre&#237;a que s&#243;lo los viejos ca&#237;an en el olvido.

Se volvieron y contemplaron los campos que rodeaban el cementerio por todas partes. Las luces de la casa del p&#225;rroco, que estaba al lado, centelleaban piadosamente en el crep&#250;sculo.

Tal vez no les resulte f&#225;cil venir aqu&#237;. La madre se ha ido a vivir a Oslo, y esto le queda lejos.

Johnas s&#243;lo est&#225; a dos minutos.

Skarre mir&#243; en la otra direcci&#243;n, hacia la colina de Fagerlund, donde las casas brillaban bajo el monte.

Puede ver la iglesia desde la ventana de su cuarto de estar -indic&#243; Sejer-. Recuerdo que me fij&#233; cuando estuvimos en su casa. Tal vez le baste con eso.

Ya habr&#225; tenido sus cachorros.

Sejer no contest&#243;.

&#191;A d&#243;nde vamos ahora?

No lo s&#233; muy bien. Despu&#233;s de la muerte de ese ni&#241;o -a&#241;adi&#243; mirando la tumba con el entrecejo fruncido- Annie cambi&#243; por completo. &#191;Por qu&#233; esa reacci&#243;n? Era una chica fuerte. &#191;No es lo corriente que la gente sana y normal supere esas cosas? &#191;No estamos hechos de tal manera que aceptamos la muerte y seguimos viviendo, al menos cuando ha transcurrido un tiempo? -de repente se detuvo y cerr&#243; la boca. Se arrodill&#243; algo aturdido y volvi&#243; a estudiar una vez m&#225;s esa tumba casi desnuda, mientras jugueteaba con las hojas del suelo-. &#191;Qu&#233; significa, pues, que Annie reaccionara as&#237; a pesar de su robusta naturaleza?

No lo s&#233;, no s&#233; a d&#243;nde quieres llegar.

&#191;C&#243;mo puede la gente rebajarse a robar las tumbas? -dijo Skarre.

El que t&#250; no consigas entenderlo es una buena se&#241;al, supongo.

Volvieron al coche.

&#191;Crees en Dios? -pregunt&#243; Skarre de repente.

Sejer tens&#243; la boca en un curioso gesto.

Bueno, no, supongo que no. M&#225;s bien creo en una especie de fuerza -dijo con dificultad.

Skarre sonri&#243;.

Esa frase me suena familiar. Es como si esa fuerza fuera m&#225;s aceptable. Es curioso lo que nos cuesta ponerle un nombre. Pero claro, la palabra Dios est&#225; muy contaminada. &#191;Y a d&#243;nde crees t&#250; que nos lleva esa fuerza?

Dije fuerza -replic&#243; Sejer-, no voluntad.

&#191;De manera que crees en una fuerza ab&#250;lica?

Tampoco he dicho eso. S&#243;lo lo llamo fuerza, y si est&#225; dirigida por una voluntad o no, sigue siendo una pregunta sin respuesta.

Pero una fuerza ab&#250;lica es algo bastante deprimente, &#191;no?

No te das por vencido, &#191;eh? &#191;Est&#225;s intentando torpemente confesar tu fe?

S&#237; -dijo Skarre con sencillez.

Vaya. Hay muchas cosas que uno ignora.

Sejer medit&#243; un instante sobre esa inesperada informaci&#243;n y murmur&#243; por fin:

Nunca he entendido eso de la fe.

&#191;Qu&#233; quieres decir?

No entiendo del todo en qu&#233; consiste.

Consiste simplemente en tomar una postura. Uno elige una postura ante la vida, que con el tiempo se convierte en algo positivo. Te proporciona un origen y un sentido de la vida y de la muerte que resulta muy satisfactorio.

&#191;Tomar una postura? &#191;No crees en la salvaci&#243;n?

Skarre abri&#243; la boca y solt&#243; una risa que recordaba al sur, con sus escollos y su agua salada.

La gente siempre complica demasiado las cosas. En realidad, es mucho m&#225;s sencillo. No hace falta entenderlo todo. Lo importante es sentir. La comprensi&#243;n llega poco a poco.

Pues entonces me rindo -dijo Sejer.

Ya s&#233; por lo que apuestas t&#250; -sonri&#243; Skarre-. No crees en Dios, pero ves el p&#243;rtico del cielo claramente. Y como casi todo el mundo, tienes la esperanza de que san Pedro est&#233; dormitando sobre el libro para que puedas colarte sin que te vea.

Sejer se ri&#243; cordialmente desde el fondo de su alma e hizo algo que no se hubiera cre&#237;do capaz de hacer: puso un brazo sobre el hombro de Skarre y le dio una palmadita.

Hab&#237;an llegado al coche. Sejer quit&#243; una hoja de arce que se hab&#237;a pegado en el parabrisas.

Yo habr&#237;a comprado un nuevo pajarito -dijo Skarre-. Y lo habr&#237;a soldado bien a la piedra si hubiera sido mi hijo.

Sejer arranc&#243; el viejo Peugeot y lo dej&#243; bramar un instante en el silencio.

Yo tambi&#233;n lo habr&#237;a hecho.


Halvor segu&#237;a delante de la pantalla. No hab&#237;a pensado que ser&#237;a f&#225;cil, porque su vida nunca hab&#237;a sido f&#225;cil. Podr&#237;a tardar meses, y eso no le espantaba. Repas&#243; en su interior todo lo que recordaba sobre lo que Annie hab&#237;a le&#237;do o escuchado, y eleg&#237;a un t&#237;tulo de vez en cuando, un nombre de un libro o expresiones que hab&#237;an formado parte de su vocabulario. Otras veces no hac&#237;a m&#225;s que mirar fijamente la pantalla. Ya no le importaban las dem&#225;s cosas, ni la televisi&#243;n, ni la minicadena. Estaba sentado solo en el silencio y viv&#237;a la mayor parte del tiempo en el pasado. Buscar la palabra secreta se hab&#237;a convertido en un pretexto para vivir en el pasado, y no tener que pensar en el futuro. Adem&#225;s, ya no hab&#237;a nada que le ilusionara del futuro. Nada m&#225;s que soledad.

Lo que hab&#237;a tenido con Annie era demasiado bueno para que durara, deber&#237;a haberse dado cuenta de eso. Muchas veces se hab&#237;a preguntado a d&#243;nde iban y c&#243;mo terminar&#237;an.

La abuela no dec&#237;a nada, pero no dejaba de pensar en que el chico deber&#237;a hacer algo &#250;til, como cortar el peque&#241;o c&#233;sped de detr&#225;s de la casa, pasar el rastrillo por el patio y tal vez ordenar un poco la le&#241;era. Esas cosas sol&#237;an hacerse en primavera. Tirar la basura despu&#233;s del invierno. Tambi&#233;n habr&#237;a que limpiar el parterre de delante de la casa, ella misma hab&#237;a comprobado que los tulipanes andaban mal de salud, que estaban completamente invadidos por diente de le&#243;n y malas hierbas. Halvor asent&#237;a distra&#237;do cada vez que ella lo mencionaba, y continuaba con lo suyo. Al final su abuela desisti&#243;, y pens&#243; que tendr&#237;a que ser muy importante, al fin y al cabo, lo que el chico estaba haciendo. Con mucho esfuerzo logr&#243; ponerse unas zapatillas de deportes y sali&#243; cojeando con una muleta debajo del brazo. No se la ve&#237;a muy a menudo fuera. S&#243;lo algunos d&#237;as se aventuraba a ir hasta la tienda. Se apoyaba con dificultad en la muleta mientras observaba con cierta tristeza la decadencia. Aparentemente no s&#243;lo ten&#237;a lugar dentro de ella, todo le parec&#237;a gris y descolorido, las casas, el patio, el peque&#241;o jard&#237;n, o tal vez s&#243;lo era la vista que le fallaba. Cruz&#243; a duras penas el patio y abri&#243; la puerta de la le&#241;era. Se le ocurri&#243; mirar dentro. Tal vez los viejos muebles de jard&#237;n sirvieran todav&#237;a, al menos podr&#237;an colocarlos delante de la mesa, aunque s&#243;lo fuera para aparentar. Daba un aspecto acogedor. Los dem&#225;s hab&#237;an sacado sus muebles de jard&#237;n hac&#237;a ya tiempo. Busc&#243; a tientas el interruptor en la pared y encendi&#243; la luz.


Astrid Johnas ten&#237;a una tienda de lanas en la parte oeste de Oslo.

Estaba sentada junto a la m&#225;quina de tricotar, trabajando con una lana suave, parecida a la angora, algo para un reci&#233;n nacido tal vez. Sejer entr&#243; y carraspe&#243; d&#233;bilmente, se par&#243; a sus espaldas y admir&#243;, con un gesto algo torpe, el trabajo que la mujer estaba haciendo.

Estoy tejiendo una mantita -sonri&#243;-, para un coche de ni&#241;o. Hago estas cosas por encargo.

Sejer la mir&#243; fijamente, algo asombrado. Era bastante mayor que el hombre con el que hab&#237;a estado casada. Pero sobre todo, era excepcionalmente hermosa, y su belleza le dej&#243; un instante sin aliento. No se trataba de esa belleza fr&#225;gil y delicada que hab&#237;a tenido Elise, sino de una belleza espectacular, morena. En contra de su voluntad se qued&#243; admirando su boca. Y en ese momento not&#243; su olor, tal vez porque ella hizo un gesto. Ol&#237;a como una tienda de golosinas, un dulce olor a vainilla.

Konrad Sejer -dijo-. De la polic&#237;a.

Ya me lo figuraba -le sonri&#243;-. A veces me he preguntado por qu&#233; lo llevan pintado encima, aunque vayan de paisano.

Sejer no se sonroj&#243;, pero se pregunt&#243; si quiz&#225; hab&#237;a comenzado a andar o a vestir de un modo especial despu&#233;s de tantos a&#241;os en la polic&#237;a, o si simplemente ella era m&#225;s observadora que la mayor&#237;a de la gente.

La mujer se levant&#243; y apag&#243; la l&#225;mpara de trabajo.

Venga conmigo a la trastienda. Tengo un peque&#241;o despacho donde como y cosas as&#237;.

Caminaba de un modo muy femenino.

Es terrible lo de Annie, no soporto pensarlo. Y tengo muy mala conciencia porque no fui al entierro, pero la verdad es que no me sent&#237;a con fuerzas. Envi&#233; flores.

Se&#241;al&#243; una silla vac&#237;a.

Sejer la mir&#243; fijamente y se llen&#243; poco a poco de una sensaci&#243;n casi olvidada. Estaba a solas con una mujer hermosa y no hab&#237;a nadie m&#225;s en la habitaci&#243;n detr&#225;s de quien poder esconderse. Ella le sonri&#243;, como si de repente hubiera tenido la misma sensaci&#243;n. Pero no perdi&#243; la compostura. Siempre hab&#237;a sido hermosa.

Conoc&#237;a bien a Annie -explic&#243;-. Ven&#237;a mucho a casa a cuidar de Eskil. Ten&#237;amos un hijo -prosigui&#243;-, que se nos muri&#243; el oto&#241;o pasado. Se llamaba Eskil.

Lo s&#233;.

Ha hablado con Henning, claro. Desgraciadamente perdimos el contacto con ella despu&#233;s de aquello, dej&#243; de visitarnos. Pobrecita, me daba mucha pena. S&#243;lo ten&#237;a catorce a&#241;os y no es f&#225;cil saber qu&#233; decir a esa edad.

Sejer asinti&#243; mientras manoseaba los botones de su chaqueta. De repente hac&#237;a mucho calor en el cuartito.

&#191;No tienen ustedes la m&#225;s m&#237;nima idea de qui&#233;n lo hizo? -pregunt&#243; la se&#241;ora Johnas.

No -contest&#243; Sejer con sinceridad-. Por ahora estamos recabando informaci&#243;n. Luego veremos si podemos aproximarnos a lo que llamamos la fase t&#225;ctica.

Me temo que no pueda servirle de mucha ayuda -la se&#241;ora Johnas se mir&#243; las manos-. La conoc&#237;a bien, era una chica maravillosa, m&#225;s capaz y mejor de lo que suelen ser las chicas a su edad. No le gustaban las tonter&#237;as. Se entrenaba duramente y se manten&#237;a en buena forma. Trabajaba muy bien en el colegio. Y adem&#225;s era guapa. Ten&#237;a un novio, un chico llamado Halvor. &#191;Pero tal vez hab&#237;an roto?

No -contest&#243; Sejer en voz baja.

Hubo una pausa. &#201;l esper&#243; a ver si ella la llenaba.

&#191;Qu&#233; quiere usted saber? -pregunt&#243; por fin.

Sejer segu&#237;a mir&#225;ndola en silencio. Era delicada y delgada, con ojos oscuros. Todo lo que llevaba encima era de punto, una gran publicidad de su sector. Un precioso traje de chaqueta, de falda estrecha y chaqueta entallada, de un rojo intenso, con bordes verdes y mostaza. Zapatos bajos negros. Una melena lisa y sencilla. L&#225;piz de labios del mismo color que la ropa. Puntas de flechas de bronce en las orejas, parcialmente escondidas entre el pelo oscuro. Un poco m&#225;s joven que &#233;l, con las primeras se&#241;ales de l&#237;neas finas junto a los ojos y la boca, y claramente bastante mayor que el hombre con quien hab&#237;a estado casada. Su hijo Eskil tendr&#237;a que haber nacido casi al final de su juventud.

S&#243;lo quer&#237;a charlar con usted -dijo-. No estoy buscando nada en especial. &#191;De modo que iba a su casa a cuidar de Eskil?

Varias veces a la semana. Nadie m&#225;s quer&#237;a hacerse cargo de Eskil, no era f&#225;cil de tratar. Las dem&#225;s chicas prefer&#237;an a otros ni&#241;os. Pero supongo que ya ha o&#237;do todo esto antes.

Bueno, algo he o&#237;do -minti&#243; Sejer.

Era muy activo, casi en el l&#237;mite de lo anormal. Hiperactivo creo que se llama, &#191;sabe? No paraba de moverse, nunca estaba quieto -la mujer sonri&#243; con desesperaci&#243;n-. No resulta f&#225;cil admitirlo, espero que lo entienda. Pero era sencillamente un ni&#241;o dif&#237;cil. Annie lo manejaba mejor que nadie -se detuvo y reflexion&#243; un poco-. Y ven&#237;a bastante a menudo. Henning y yo est&#225;bamos agotados; era como una bendici&#243;n cuando Annie aparec&#237;a en la puerta sonriente, dispuesta a cuidarle. Met&#237;amos al ni&#241;o en el cochecito, y sol&#237;amos darles dinero para que bajaran al centro a comprarse algo. Golosinas, helados y eso Sol&#237;a estar fuera una o dos horas. Creo que se retrasaba a prop&#243;sito. A veces cog&#237;an el autob&#250;s hasta Oslo y pasaban todo el d&#237;a fuera. Sub&#237;an en el trenecito de la plaza. Yo en esa &#233;poca hac&#237;a guardias de noche en la Residencia de Ancianos Enfermos, y a menudo ten&#237;a que dormir de d&#237;a. De manera que la ayuda de Annie me ven&#237;a muy bien. La verdad es que tenemos otro hijo, Magne, pero &#233;l era demasiado mayor para andar por ah&#237; empujando un cochecito de ni&#241;o. No le apetec&#237;a mucho. Y se libr&#243;, como ocurre a menudo con los chicos.

Ella volvi&#243; a sonre&#237;r y cambi&#243; de postura en la silla. Cada vez que se mov&#237;a, Sejer notaba el peque&#241;o soplo de vainilla en la habitaci&#243;n. Ella vigilaba la puerta todo el tiempo, pero nadie entr&#243;. Era como si hablar de su hijo pusiera en marcha una especie de intranquilidad en ella. Su mirada se posaba en todo menos en la cara de Sejer, volaba como un p&#225;jaro encerrado en una jaula demasiado peque&#241;a, por los estantes de lana, por la mesa, la tienda

&#191;A qu&#233; edad muri&#243; Eskil?

A los veintisiete meses -susurr&#243; sacudiendo la cabeza.

&#191;Sucedi&#243; mientras estaba con Annie?

Ella levant&#243; la vista.

No, por Dios. He estado a punto de decir afortunadamente, habr&#237;a sido terrible. La muerte del ni&#241;o ya fue bastante dolorosa para la pobre Annie, como para encima haberse sentido responsable de ella.

Nueva pausa. Sejer respir&#243;, y volvi&#243; a tomar impulso.

Pero &#191;qu&#233; ocurri&#243; en realidad?

Cre&#237;a que usted hab&#237;a hablado con Henning -dijo sorprendida.

S&#237;, he hablado con &#233;l -minti&#243;-. Pero no muy en detalle.

Se atragant&#243; con la comida -dijo en voz baja-. Yo estaba acostada en la planta de arriba. Henning estaba en el cuarto de ba&#241;o afeit&#225;ndose con la maquinilla y no oy&#243; nada. Aunque supongo que no pod&#237;a gritar al haberse atragantado. Estaba atado con una correa en su silla -susurr&#243;-. Una silla de &#233;sas que usan los ni&#241;os a esa edad, y que suelen ser una protecci&#243;n. Estaba sentado desayunando.

Conozco esas sillas, tengo hijos y nietos -dijo Sejer.

Ella trag&#243; saliva y continu&#243;.

Henning lo encontr&#243; colgando de la correa, con la cara azul. La ambulancia tard&#243; veinte minutos en llegar, y cuando por fin apareci&#243; ya no hab&#237;a ninguna esperanza de salvarlo.

&#191;Llegaron desde el Hospital Central?

S&#237;.

Sejer mir&#243; hacia la tienda y descubri&#243; a una se&#241;ora que estaba mirando un jersey en el escaparate.

&#191;De manera que sucedi&#243; por la ma&#241;ana?

Por la ma&#241;ana temprano -susurr&#243;-. El siete de noviembre.

&#191;Y usted estuvo dormida todo el tiempo?

De pronto, la mujer le mir&#243; fijamente.

Cre&#237;a que iba a hablarme de Annie.

Estar&#237;a bien que me dijera algo de Annie -dijo Sejer, que en ese mismo instante sinti&#243; un pinchazo debajo de la camisa.

Pero la mujer ya no dijo nada m&#225;s. Se enderez&#243; en la silla y se cruz&#243; de brazos.

Supongo que ya ha hablado con todos los vecinos de Krystallen.

As&#237; es.

Entonces ya sabe todo esto.

Pues, s&#237;, en cierto modo. Pero lo que no entiendo es la reacci&#243;n de Annie ante el accidente -contest&#243; Sejer con sinceridad-, que fuera tan tremenda.

No me parece tan extra&#241;a -dijo ella en tono cortante-, cuando un ni&#241;o de dos a&#241;os muere de esa manera. Un ni&#241;o al que conoc&#237;a mucho. Estaban muy unidos, y precisamente Annie se sent&#237;a muy orgullosa de ser la &#250;nica que pod&#237;a con &#233;l.

Tal vez no sea de extra&#241;ar. Lo que pasa es que yo intento averiguar qui&#233;n era, c&#243;mo era.

Ya se lo he dicho. No quiero ser negativa, pero no resulta f&#225;cil hablar de esto -a&#241;adi&#243; mir&#225;ndolo fijamente-. Pero est&#225;n ustedes buscando a un violador, &#191;no?

No lo s&#233;.

&#191;No? Fue lo que se me ocurri&#243; autom&#225;ticamente al leeer en el peri&#243;dico que la encontraron sin ropa. Ya sabe, en la prensa casi todo trata de sexo -se sonroj&#243; y no paraba de mover los dedos-. &#191;Qu&#233; otra cosa pod&#237;a ser?

&#201;sa es la cuesti&#243;n. No lo sabemos. Nos consta que no ten&#237;a enemigos. Y si el m&#243;vil no fue sexual, &#191;cu&#225;l pudo ser?

Esa gente no act&#250;a con mucha l&#243;gica, supongo. Los locos, quiero decir. No piensan como los dem&#225;s.

Tampoco sabemos si est&#225; loco o no. En este momento somos incapaces de ver el motivo. &#191;Cu&#225;nto tiempo estuvo usted casada con Henning Johnas?

Ella volvi&#243; a extra&#241;arse.

Quince a&#241;os. Estaba embarazada de Magne cuando nos casamos, es algo m&#225;s joven que yo -se apresuro a a&#241;adir, como para confirmar algo que pensaba que hab&#237;a despertado su curiosidad-. En realidad Eskil era el resultado de largos debates, pero estuvimos de acuerdo, s&#237; que lo estuvimos.

&#191;Un tard&#237;o?

S&#237;.

La se&#241;ora Johnas clav&#243; su mirada en el techo, como si de &#233;l colgara algo de inter&#233;s.

&#191;De manera que el mayor tiene ya cerca de los diecisiete?

Ella asinti&#243;.

&#191;Tiene contacto con su padre?

Lo mir&#243; escandalizada.

&#161;Pues claro! Va a menudo a Lundeby a visitar a los viejos amigos, pero es complicado, despu&#233;s de todo lo que paso.

Sejer dijo que lo entend&#237;a.

&#191;Visita usted a menudo la tumba de Eskil?

No -confes&#243;-. Pero Henning se ocupa de ella. A m&#237; me resulta un poco dif&#237;cil, pero sabiendo que est&#225; bien cuidada, es m&#225;s soportable.

Sejer pens&#243; en la tumba descuidada y no contest&#243;. La puerta de la calle se abri&#243; de repente y un joven entr&#243; en la tienda. La se&#241;ora Johnas ech&#243; un vistazo.

&#161;Magne! &#161;Estoy aqu&#237; dentro!

Sejer se volvi&#243; y mir&#243; al chico. Se parec&#237;a mucho a su padre, pero conservaba todo el pelo y ten&#237;a muchos m&#225;s m&#250;sculos que &#233;l. Salud&#243; con la cabeza y se detuvo en la puerta, al parecer no ten&#237;a ninguna gana de hablar. La expresi&#243;n de su cara era hura&#241;a y sus rasgos duros, haciendo juego con el pelo negro y los enormes m&#250;sculos de sus brazos.

Me marcho ya, se&#241;ora Johnas -dijo Sejer levant&#225;ndose-. Tendr&#225; que perdonarme si vuelvo, pero a veces no nos queda m&#225;s remedio.

Salud&#243; a los dos con la cabeza, y pas&#243; al lado del muchacho, que segu&#237;a en la puerta. La se&#241;ora Johnas dirigi&#243; a su hijo una atormentada mirada.

Est&#225; investigando el asesinato de Annie -le susurr&#243; la madre-. Pero s&#243;lo quer&#237;a hablar de Eskil.

Sejer permaneci&#243; un instante fuera de la tienda. Hab&#237;a una moto aparcada junto a la puerta, tal vez perteneciera a Magne Johnas. Una gran Kawasaki. Apoyada en la moto, con el culo sobre el asiento, hab&#237;a una joven. Ella no lo vio, estaba ocupada con sus u&#241;as. Tal vez se hubiera hecho un peque&#241;o corte en una de ellas y estuviera intentando salvarla lim&#225;ndola con otra u&#241;a. Llevaba una chaqueta corta roja llena de tachuelas, y una nube de pelo rubio que le recordaba al algod&#243;n dorado que sol&#237;an poner en el &#225;rbol de navidad cuando era peque&#241;o. De repente levant&#243; la vista. &#201;l sonri&#243; y se abroch&#243; la chaqueta.

Buenas tardes, S&#248;lvi -dijo-, y cruz&#243; la calle.


Iba conduciendo lentamente por la autov&#237;a, organizando sus pensamientos en ordenadas filas. Eskil Johnas. Un ni&#241;o dif&#237;cil del que s&#243;lo Annie quer&#237;a hacerse cargo. Un ni&#241;o que muri&#243; de repente, completamente solo, atado a una silla, sin que nadie pudiera ayudarlo. Pens&#243; en su propio nieto y se estremeci&#243;, mientras se dirig&#237;a a la curva de Lundeby, a casa de Halvor.

Halvor Muntz estaba en la cocina lavando espaguetis reci&#233;n hervidos con agua fr&#237;a. Constantemente se olvidaba de comer y se sent&#237;a mareado y aturdido, adem&#225;s de pesado y torpe por la pastilla para dormir que se hab&#237;a tomado la noche anterior. No oy&#243; el coche que estaba par&#225;ndose delante de la casa. Pero al instante, oy&#243; a su abuela abrir y cerrar la puerta. Murmuraba algo para sus adentros, y entr&#243; calzada con unas zapatillas Nike con rayas negras. Ten&#237;a un curioso aspecto. Sobre la encimera hab&#237;a un bol con queso rallado y una botella de ketchup. De repente record&#243; que se hab&#237;a olvidado de echar sal a los espaguetis. La abuela gimi&#243; desde el cuarto de estar.

&#161;Mira lo que he encontrado en la le&#241;era, Halvor!

Se oy&#243; un golpe de algo que ca&#237;a al suelo y fue a mirar.

Una vieja mochila -exclam&#243; la abuela-. Con libros. Es divertido mirar viejos libros de texto, no sab&#237;a que los hubiera guardado.

Halvor dio dos pasos antes de pararse en seco. De la hebilla de la mochila colgaba un abridor con publicidad de Coca Cola.

Es de Annie -susurr&#243;.

Se hab&#237;a salido la tinta de una pluma y hab&#237;a traspasado la piel, dejando peque&#241;as manchas azules en el bolsillo de la cremallera.

&#191;Se la dej&#243; aqu&#237;?

S&#237; -contest&#243;-. Voy a guardarla en mi cuarto mientras tanto y luego se la llevar&#233; a Eddie.

La abuela lo mir&#243;, y una expresi&#243;n de preocupaci&#243;n se dibuj&#243; en su arrugado rostro. De repente, una figura conocida emergi&#243; de la entrada semioscura. Halvor not&#243; los latidos de su coraz&#243;n, se puso tenso y se qued&#243; como petrificado, con la mochila colgando de una correa.

Halvor -dijo Sejer-, tendr&#225;s que venir conmigo.

Halvor se tambale&#243; y tuvo que dar un paso hacia un lado para no caerse.

Fue como si el techo se le cayera encima, y pronto fuera a ser aplastado contra el suelo.

Entonces pod&#233;is entregar la mochila de Annie de camino -dijo la abuela nerviosa, dando vueltas sin parar a la alianza que le quedaba demasiado grande. Halvor no contest&#243;. La habitaci&#243;n empez&#243; a dar vueltas a su alrededor, sudaba a chorros y temblaba con la mochila en la mano. No pesaba mucho, porque Annie la hab&#237;a vaciado. Dentro estaba la biograf&#237;a de Sigrid Undset El coraz&#243;n de los seres, el libro La corona y un cuaderno, adem&#225;s de su cartera, con una foto de &#233;l, del verano anterior, cuando estaba muy moreno y bien, con el pelo casi blanco. No como en ese momento. Con sudor en la frente y p&#225;lido de miedo.


El ambiente era tenso. Por regla general no sol&#237;a tener problemas para llegar hasta el final improvisando sobre la marcha, pero en ese momento se sent&#237;a sobrecogido.

&#191;Entiendes que esto es necesario? -pregunt&#243; Sejer.

S&#237;.

Halvor levant&#243; un pie y estudi&#243; la zapatilla de goma, los cordones deshilachados, y las suelas, que estaban a punto de despegarse.

La mochila de Annie ha sido encontrada en tu le&#241;era, lo que te relaciona directamente con el asesinato. &#191;Entiendes lo que te estoy diciendo?

S&#237;, pero se equivoca.

Como novio de Annie, est&#225;s siendo vigilado, naturalmente. El problema era que no pod&#237;amos acusarte. Ahora tu abuela ha hecho el trabajo por nosotros. Con esto no hab&#237;as contado, &#191;verdad, Halvor? Est&#225; tan mal de las piernas y de repente se le ocurre ordenar la le&#241;era. &#161;Qui&#233;n se lo hubiera imaginado!

No tengo ni idea de d&#243;nde ha venido. Ella la encontr&#243; en la le&#241;era, eso es todo lo que s&#233;.

&#191;Escondida detr&#225;s de un colch&#243;n de gomaespuma?

Halvor ten&#237;a la cara desencajada y m&#225;s p&#225;lida que nunca. De vez en cuando se le estremec&#237;a la comisura de la boca, como si quisiera librarse despu&#233;s de mucho tiempo.

Alguien intenta culparme.

&#191;Qu&#233; quieres decir con eso?

Que alguien la puso ah&#237;. O&#237; pasos cerca de la ventana una noche.

Sejer sonri&#243; tristemente.

Puede re&#237;rse todo lo que quiera -prosigui&#243; Halvor-. Pero as&#237; es. Alguien la puso ah&#237;, alguien que quiere echarme la culpa, que sabe que est&#225;bamos juntos. Entonces fue alguien que la conoc&#237;a, &#191;verdad?

Mir&#243; desafiante al inspector.

Yo siempre he pensado que &#233;l la conoc&#237;a -dijo Sejer-. Creo que la conoc&#237;a bien. &#191;Tal vez tan bien como t&#250;?

&#161;No fui yo! &#161;Cr&#233;ame! &#161;No fui yo!

Se sec&#243; la frente e intent&#243; tranquilizarse.

&#191;Crees que deber&#237;amos hablar con alguien al que hemos olvidado?

No lo s&#233;.

&#191;Un nuevo novio, por ejemplo?

No hab&#237;a nada de eso.

&#191;C&#243;mo puedes estar tan seguro?

Me lo habr&#237;a dicho.

&#191;Crees que las chicas van corriendo a confesarse cuando sus sentimientos se van por nuevos caminos? &#191;A cu&#225;ntas has conocido, Halvor?

Me lo habr&#237;a dicho. Usted no conoc&#237;a a Annie.

No la conoc&#237;, es cierto. Y entiendo que era diferente. Pero algunas cosas tendr&#237;a en com&#250;n con las dem&#225;s chicas, &#191;no, Halvor?

No conozco a otras chicas.

Se encogi&#243; en la silla. Meti&#243; un dedo entre la goma y la lona de la zapatilla y empez&#243; a moverlo hacia los lados.

&#161;Que investiguen las huellas de la mochila!

Claro que lo haremos. Pero no es dif&#237;cil borrar esas huellas. Tengo una fuerte sospecha de que no vamos a encontrar m&#225;s que las tuyas y las de tu abuela.

Yo no la hab&#237;a tocado hasta ahora.

Ya veremos. El hallazgo de la mochila nos proporciona la oportunidad de registrar tu moto, el traje y el casco. Y la casa en la que vives. &#191;Quieres algo antes de que sigamos?

No.

El agujero de la zapatilla se hab&#237;a hecho muy grande. Retir&#243; la mano.

&#191;Tengo que quedarme aqu&#237; esta noche?

Me temo que s&#237;. Si eres capaz de analizar esto desde fuera, comprender&#225;s que me veo obligado a retenerte.

&#191;Por cu&#225;nto tiempo?

A&#250;n no lo s&#233;.

Vio la cara del chico al otro lado de la mesa y cambi&#243; de tema.


&#191;Qu&#233; est&#225;s escribiendo en el ordenador, Halvor? Todos los d&#237;as te pasas horas y horas delante de la pantalla, desde que llegas del trabajo hasta cerca de medianoche. &#191;Quieres cont&#225;rmelo?

Halvor levant&#243; la vista.

&#191;Me est&#225;n espiando?

En cierto modo, s&#237;. Espiamos a mucha gente estos d&#237;as. &#191;Est&#225;s escribiendo un diario?

S&#243;lo juego, por ejemplo al ajedrez.

&#191;Contigo mismo?

Con la Virgen Mar&#237;a -contest&#243; secamente.

Sejer parpade&#243;.

Te aconsejo que digas lo que sabes. Est&#225;s ocultando algo, Halvor, estoy seguro. &#191;Lo hicisteis entre dos? &#191;Est&#225;s encubriendo a alguien?

Estoy sentado en una silla de madera y me suda el culo -contest&#243; el muchacho en tono arisco.

Si hay una acusaci&#243;n, tal vez tengamos que confiscar tu ordenador.

Lo que ustedes quieran -sonri&#243; de repente-. &#161;Pero no podr&#225;n entrar!

&#191;Que no podremos entrar? &#191;Por qu&#233; no?

Halvor cerr&#243; la boca a cal y canto y sigui&#243; trabajando con su zapatilla de goma.

&#191;Porque lo has cerrado? &#191;Es por eso?

Halvor ten&#237;a la boca seca, pero no quiso pedir una Coca Cola. Pens&#243; en la cerveza sin alcohol que ten&#237;a en la nevera de su casa.

Si te has tomado esa molestia para que nadie pueda entrar deduzco, pues, que contiene algo importante.

Lo hago s&#243;lo por divertirme.

&#191;Podr&#237;as contestar con frases un poco m&#225;s largas, Halvor?

No se trata de nada importante, s&#243;lo de algo que hago cuando me aburro.

Sejer se levant&#243; y su silla se cay&#243; hacia atr&#225;s, sobre el suelo de lin&#243;leo, sin hacer ruido.

Parece que tienes sed. Voy a por un par de Coca Colas.

Sejer desapareci&#243; y Halvor se sinti&#243; envuelto por la habitaci&#243;n. Ya hab&#237;a un enorme agujero en la zapatilla, y a trav&#233;s de &#233;l pudo ver el calcet&#237;n sucio. O&#237;a sirenas en la lejan&#237;a, pero no pudo determinar de qu&#233; se trataba. Por lo dem&#225;s, en el edificio hab&#237;a un zumbido constante, m&#225;s o menos como en el cine antes de empezar la pel&#237;cula. Sejer volvi&#243; con dos botellas y un abridor.

Voy a abrir un poco la ventana, &#191;vale?

Halvor asinti&#243;

Yo no lo hice.

Sejer encontr&#243; unos vasos de pl&#225;stico que se desbordaron al echar la bebida en ellos.

No ten&#237;a ning&#250;n motivo.

Yo tampoco veo ninguno, por lo menos a primera vista -Sejer suspir&#243; y bebi&#243;-. Pero eso no significa que no tuvieras un motivo. A veces los sentimientos pueden con nosotros, as&#237; de simple. &#191;Nunca te ha pasado?

Halvor callaba.

&#191;Conoces a Raymond, el que vive en el camino de la colina?

&#191;El mong&#243;lico? Lo veo de vez en cuando.

&#191;Has estado alguna vez en su casa?

He pasado en moto. Tiene conejos.

&#191;Has hablado con &#233;l?

Nunca.

&#191;Sabes que Knut Jensvoll, el entrenador de Annie, estuvo en la c&#225;rcel por violaci&#243;n?

Annie me lo dijo.

&#191;Lo sabe m&#225;s gente?

Ni idea.

&#191;Conoc&#237;as a Eskil Johnas, el ni&#241;o al que sol&#237;a cuidar Annie?

Halvor levant&#243; una mirada curiosa.

&#161;S&#237;! Muri&#243;.

H&#225;blame de &#233;l.

&#191;Por qu&#233;? -pregunt&#243; el chico sorprendido.

Haz lo que te digo.

Bueno, supongo que era majo y divertido.

&#191;Majo y divertido?

Lleno de energ&#237;a.

&#191;Dif&#237;cil?

A lo mejor un poco agotador. Era incapaz de estarse quieto. Creo que le daban medicinas. Siempre hab&#237;a que atarle, a la silla y en el coche. Acompa&#241;&#233; a Annie algunas veces mientras lo cuidaba. Ella era la &#250;nica que quer&#237;a hacerse cargo de &#233;l. Pero ya sabe, Annie

Vaci&#243; el vaso de pl&#225;stico y se limpi&#243; la boca.

&#191;Conoc&#237;as a sus padres?

S&#233; quienes son.

&#191;Y al hijo mayor?

&#191;A Magne? S&#243;lo de vista.

&#191;Se mostr&#243; alguna vez interesado por Annie?

Lo de siempre. Se quedaba mir&#225;ndola cuando pasaba.

&#191;A ti qu&#233; te parec&#237;a, Halvor, que otros chicos se quedaran mirando a tu chica?

En primer lugar, estaba acostumbrado a ello. Y en segundo lugar, Annie era bastante arisca.

Y sin embargo se fue con alguien. Como ves, hay excepciones, Halvor.

Lo comprendo -Halvor estaba cansado. Cerr&#243; los ojos. La cicatriz de la comisura de la boca brillaba a la luz de la l&#225;mpara como un hilo de plata-. Hab&#237;a muchas cosas de Annie que nunca llegu&#233; a entender. A veces se enfadaba sin raz&#243;n, y si le preguntaba qu&#233; le pasaba, se enfadaba a&#250;n m&#225;s, y me ladraba que no todo en este mundo se puede contar as&#237; como as&#237;.

&#191;De modo que ten&#237;as la sensaci&#243;n de que Annie sab&#237;a algo? &#191;Algo que le preocupaba?

No lo s&#233;. S&#237;. Yo le cont&#233; a ella muchas cosas de m&#237;. Casi todo. Para que se diera cuenta de que se pod&#237;a confiar en alguien.

&#191;Pero tus confesiones aparentemente no eran tan importantes? &#191;Era peor lo suyo?

No puede haber sido peor. Nunca.

&#191;Halvor?

Algo -dijo en voz baja, volviendo a abrir los ojos-, reposaba sobre Annie como una tapadera.


Algo reposaba sobre Annie como una tapadera.

La frase estaba tan sutilmente formulada que se dio cuenta de que &#233;l mismo cre&#237;a en ella. &#191;O era que quer&#237;a creerla? No obstante, esa mochila en la le&#241;era, esa intensa sensaci&#243;n de que Halvor estaba ocultando algo Sejer iba repasando algunas frases: le gustaba cuidar a los hijos de los dem&#225;s. Su preferido era especialmente dif&#237;cil y adem&#225;s hab&#237;a muerto. No iba a poder tener hijos propios, y no le quedaba mucho tiempo de vida. Ya no quer&#237;a competir con nadie, &#250;nicamente correr sola por los caminos. Ten&#237;a un novio con el que de vez en cuando se enfadaba, lo dejaba y luego volv&#237;a con &#233;l. Como si no pudiera decidirse por lo que quer&#237;a hacer. Sejer no encontr&#243; ning&#250;n sentido a estos hechos.

Se meti&#243; las manos en los bolsillos y atraves&#243; el parking. Se meti&#243; en el coche y lo condujo prudentemente hasta la carretera, en direcci&#243;n al municipio vecino, el lugar donde Halvor hab&#237;a pasado su infancia, o, mejor dicho, la falta de tal. La oficina de la polic&#237;a rural siempre hab&#237;a estado en un viejo chalet, pero luego la trasladaron a un nuevo centro comercial, donde la encontr&#243; comprimida entre un supermercado y la Oficina Tributaria. Aguard&#243; un rato en la sala de espera y se hallaba absorto en sus pensamientos cuando el jefe de la polic&#237;a rural entr&#243; en la habitaci&#243;n. Una p&#225;lida mano con pecas estrech&#243; la suya. El hombre tendr&#237;a algo m&#225;s de cuarenta a&#241;os, era delgado y con mala pigmentaci&#243;n de la piel y del pelo, adem&#225;s de una curiosidad que le costaba mucho ocultar, pero era muy amable. No recib&#237;a todos los d&#237;as la visita de un inspector jefe de la ciudad. La mayor parte del tiempo ten&#237;a la sensaci&#243;n de estar olvidado por el resto del mundo.

Te agradezco que me dediques un rato de tu tiempo -dijo Sejer mientras lo segu&#237;a por el pasillo.

Mencionaste que se trataba de un asunto de homicidio. &#191;Annie Holland?

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

Lo he seguido por la prensa. Tu visita se debe a que sospech&#225;is de alguien que supones que yo conozco. &#191;No es as&#237;? -pregunt&#243; se&#241;alando una silla libre.

Bueno, en cierta manera. De hecho, lo tenemos en prisi&#243;n preventiva. No es m&#225;s que un chiquillo, pero un hallazgo en su casa nos dej&#243; sin elecci&#243;n.

&#191;Y os hubiera gustado tenerla?

No creo que &#233;l lo haya hecho -contest&#243;, sonriendo ante sus propias palabras.

Ya, comprendo. Esas cosas ocurren a veces.

La voz del hombre carec&#237;a de iron&#237;a; entrelaz&#243; sus manos sonrosadas y esper&#243;.

En el mes de diciembre del noventa y dos hubo un suicidio en este distrito. Dos hermanos fueron enviados al Orfanato de Bjerkeli despu&#233;s de aquello, y la madre acab&#243; en la Secci&#243;n de Psiquiatr&#237;a del Hospital Central. Estoy buscando informaci&#243;n sobre Halvor Muntz, nacido en 1976, hijo de Torkel y Lilly Muntz.

El jefe reconoci&#243; inmediatamente los nombres. De repente pareci&#243; preocupado.

T&#250; tuviste que ver con aquel caso, &#191;verdad?

S&#237;, desgraciadamente. Yo, y un sargento m&#225;s joven. Halvor, el hijo mayor, me llam&#243; a casa a mi n&#250;mero privado. Sucedi&#243; por la noche. Recuerdo la fecha, el trece de diciembre, porque mi hija hizo de santa Luc&#237;a en el colegio. No quise ir solo, de modo que me llev&#233; a un joven polic&#237;a que estaba reci&#233;n llegado; trat&#225;ndose de aquella familia nunca sab&#237;as lo que te esperaba. Al llegar, encontramos a la madre tumbada en el sof&#225;, escondida bajo el edred&#243;n, y a los dos chicos en el piso de arriba. Halvor no dijo ni una palabra. Su hermano peque&#241;o estaba en la cama junto a &#233;l, que ten&#237;a un aspecto horrible. Sangre por todas partes. Los examinamos y vimos que estaban vivos. Respiramos aliviados. Luego empezamos a buscar. El padre estaba en la le&#241;era, dentro de un viejo y podrido saco de dormir. Le faltaba la mitad de la cabeza.

Se detuvo. Sejer casi pod&#237;a ver las im&#225;genes como sombras en el iris del otro, conforme iban pasando.

No fue f&#225;cil sonsacarles nada. Se abrazaron el uno al otro sin decir palabra, pero tras muchos tentativas, Halvor nos cont&#243; que su padre hab&#237;a estado bebiendo desde por la ma&#241;ana y que hab&#237;a ido acumulando una rabia enloquecida. Hablaba incoherentemente, y devast&#243; parte de la planta baja. Los chicos hab&#237;an pasado la mayor parte del d&#237;a fuera, pero al llegar la noche tuvieron que entrar porque hac&#237;a mucho fr&#237;o. De repente se despert&#243; y vio a su padre inclinado sobre la cama con un gran cuchillo de pan en la mano. Apu&#241;al&#243; a Halvor una vez, y entonces fue como si recapacitara. Sali&#243; apresuradamente, y Halvor oy&#243; cerrarse la puerta. Luego oyeron la puerta de la le&#241;era. Ten&#237;an una de esas le&#241;eras antiguas en el jard&#237;n. Transcurri&#243; algo de tiempo, y luego son&#243; un tiro. Halvor no se atrevi&#243; a bajar a mirar, sino que se desliz&#243; sigilosamente a la sala de estar para llamarme. Intu&#237;a de qu&#233; se trataba. Dijo que ten&#237;a miedo de que a su padre le hubiera sucedido algo. Protecci&#243;n de Menores estuvo durante a&#241;os intentando llevarse a esos chicos de su casa, y Halvor siempre se resist&#237;a. Pero aquella noche no protest&#243;.

&#191;C&#243;mo reaccion&#243;?

El jefe de polic&#237;a se levant&#243; y dio unos pasos por la habitaci&#243;n. Vacilaba un poco y parec&#237;a intranquilo. Sejer no ten&#237;a intenci&#243;n de llenar la pausa.

No resultaba f&#225;cil saber lo que sent&#237;a. Halvor era muy reservado. Pero para decir la verdad, no creo que fuera aflicci&#243;n. M&#225;s bien daba la impresi&#243;n de sentirse aliviado, tal vez porque podr&#237;a por fin empezar una nueva vida. La muerte del padre fue un punto crucial. Tuvo que ser realmente un alivio. Esos chicos estaban siempre aterrados, y nunca tuvieron lo que necesitaban.

Volvi&#243; a callar. Segu&#237;a de espaldas, esperando alg&#250;n comentario. Al fin y al cabo, el inspector jefe hab&#237;a acudido all&#237; en busca de ayuda. Pero nada ocurri&#243;. Se qued&#243; quieto, como si estuviera meditando sobre algo, por fin se volvi&#243;:

Y mucho m&#225;s tarde empezamos a pensar -dijo volviendo a su sitio-. El padre estaba en el saco de dormir. Se hab&#237;a quitado la chaqueta y las botas, e incluso se hab&#237;a puesto el jersey debajo de la cabeza. Quiero decir que se hab&#237;a preparado para pasar la noche, no -a&#241;adi&#243; tomando aire-, para morir. De modo que m&#225;s tarde se nos ocurri&#243; que tal vez alguien le hubiera ayudado a pasar a la eternidad.

Sejer cerr&#243; los ojos. Se frot&#243; en&#233;rgicamente un punto de la ceja y not&#243; escamas de piel esparcirse delante de su ojo.

&#191;Quieres decir Halvor?

S&#237; -dijo el hombre apenado-, me refiero a Halvor. Pudo haber seguido a su padre fuera, ver que estaba dormido y luego pudo haberle puesto el rifle en la mano dentro del saco y disparar.

Esta informaci&#243;n produjo escalofr&#237;os a Sejer.

&#191;Qu&#233; hicisteis entonces?

Nada -el jefe de la polic&#237;a rural hizo un gesto de impotencia con las manos-. No hicimos absolutamente nada. Adem&#225;s, tampoco encontramos nada que pudiera relacionarle con el caso, nada en concreto. Excepto el hecho de que su padre se hallara m&#225;s o menos en coma debido a la borrachera, y de que se hubiera acomodado para pasar la noche, quit&#225;ndose las botas y haci&#233;ndose una almohada con el jersey. La herida era la t&#237;pica herida del suicida. Disparo a bocajarro con orificio de entrada por debajo de la barbilla y salida por la parte alta del cr&#225;neo. Calibre diecis&#233;is. Ninguna otra huella en el rifle. Ninguna huella sospechosa de pies fuera de la le&#241;era. Nosotros tuvimos, al contrario que vosotros, una elecci&#243;n. Pero puede que t&#250; lo llames de otra manera: &#191;negligencia en el servicio? &#191;Falta grave?

Yo podr&#237;a inventar cosas peores que &#233;sa -dijo Sejer de repente sonriendo-, si quisiera. &#191;Pero hablasteis con &#233;l?

Lo trajimos para interrogatorios rutinarios, al fin y al cabo se trataba de un incidente con disparos. Pero no llegamos a ninguna conclusi&#243;n. Su hermano ten&#237;a s&#243;lo seis a&#241;os, no entend&#237;a a&#250;n el reloj y no pod&#237;a ni afirmar ni desmentir la hora de los hechos. La madre estaba atiborrada de Valium y ning&#250;n vecino hab&#237;a o&#237;do el disparo. La familia viv&#237;a bastante apartada del mundo, en una casa horrible que originalmente hab&#237;a sido una tienda de ultramarinos, una casa gris con una alta escalera de piedra, y una sola ventana junto a la puerta.

Se limpi&#243; debajo de la nariz aunque no hab&#237;a nada que limpiar.

Pero muchas cosas hablaban en contra, afortunadamente.

&#191;C&#243;mo qu&#233;?

Si realmente fue Halvor el que peg&#243; el tiro, tendr&#237;a que haberse puesto boca abajo junto a su padre, con el rifle a lo largo del pecho y la culata justo debajo de la barbilla, a juzgar por el &#225;ngulo del tiro. &#191;Ser&#237;a capaz de pensar con tanta claridad un muchacho de quince a&#241;os, con una mejilla partida en dos por un cuchillo?

No es del todo impensable. Despu&#233;s de convivir a&#241;o tras a&#241;o con un psic&#243;pata, se aprender&#225;n, estoy seguro, algunos trucos. Halvor es espabilado.

&#191;Eran novios &#233;l y la chica de Holland?

M&#225;s o menos -contest&#243; Sejer-. Tu hip&#243;tesis no me agrada, pero tendr&#233; que considerarla.

&#191;Y tendr&#225;s que hacerla p&#250;blica?

Estar&#237;a bien que me dieras copia de las actas del caso, aunque ser&#237;a imposible probar algo despu&#233;s de tanto tiempo. Creo que no tienes nada que temer. Yo tambi&#233;n he prestado servicios en zonas rurales y s&#233; lo que es. Uno establece enseguida ataduras con la gente.

El polic&#237;a rural mir&#243; con gesto triste por la ventana.

Y ahora seguro que he perjudicado a Halvor cont&#225;ndote esto. &#201;l se merece algo mejor. Es el chico m&#225;s atento y considerado que he conocido jam&#225;s. Cuid&#243; de su madre y de su hermano durante toda su vida, y he o&#237;do que ahora vive con la vieja se&#241;ora Muntz y se ocupa de ella.

As&#237; es.

Y cuando por fin consigue una novia, tiene que acabar as&#237;. &#191;C&#243;mo est&#225;? &#191;Consigue salir a flote?

S&#237;. Tal vez no espere m&#225;s de la vida que constantes cat&#225;strofes.

Si mat&#243; a su padre -dijo el polic&#237;a rural mirando a Sejer a los ojos-, fue en defensa propia. Salv&#243; al resto de la familia. Era &#233;l o ellos. Me cuesta mucho creer que fuera capaz de matar por otras razones. Por lo tanto, no es del todo justo usar esto en su contra. Adem&#225;s, este episodio nunca se ha aclarado del todo. Yo he solucionado el problema a posteriori declar&#225;ndolo inocente. Dejemos que la duda hable en su favor -se llev&#243; una mano a la boca-. La pobre Lilly no sab&#237;a lo que hac&#237;a al darle el s&#237; a Torkel Muntz. Mi padre fue jefe de polic&#237;a de este lugar antes que yo. Siempre hab&#237;a problemas con Torkel. Era un pendenciero, pero un hombre guap&#237;simo. Y Lilly era hermosa. Tal vez hubieran llegado a ser algo en la vida por separado. Pero, &#191;sabes?, hay ciertas combinaciones que no funcionan. &#191;Verdad?

Sejer asinti&#243;.

Hoy tenemos una reuni&#243;n en la secci&#243;n, y tendremos que evaluar la posibilidad de acusarle. Me temo

&#191;Qu&#233;?

Me temo que no consiga que el equipo est&#233; de acuerdo en dejarle en libertad. No despu&#233;s de esto.


Holthemann hoje&#243; el informe y los mir&#243; severamente, como si quisiera provocar los resultados mediante la fuerza de su mirada. El jefe de la secci&#243;n era un hombre al que uno no atribuir&#237;a ninguna perspicacia o posici&#243;n si uno, por ejemplo, coincid&#237;a con &#233;l en la cola de la caja en el hipermercado. Era seco y gris como hierba marchita, con una calva brillante y sudorosa y una mirada velada cortada en dos, detr&#225;s de dos lentes bifocales.

&#191;Y qu&#233; pasa con ese tipo raro del camino de la colina? -pregunt&#243;-. &#191;Lo hab&#233;is investigado a fondo?

&#191;A Raymond L&#229;ke?

El anorak que cubr&#237;a el cad&#225;ver le pertenec&#237;a. Y Karlsen dice que est&#225;n corriendo ciertos rumores.

Hay muchos rumores -contest&#243; Sejer secamente-. &#191;En cu&#225;les est&#225;s pensando?

Como por ejemplo que se le cae la baba cuando mira a las chicas. Tambi&#233;n hay rumores sobre su padre, que no padece ninguna enfermedad, y que sin embargo se pasa la vida en la cama leyendo revistas pornogr&#225;ficas, dejando al pobre chico con todo el trabajo. Tal vez Raymond haya hojeado alguna a escondidas y se haya inspirado.

Yo estoy convencido de que se trata de alguien de por all&#237; -apunt&#243; Sejer-. Y creo que intenta enga&#241;arnos.

&#191;Crees a Halvor?

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

Adem&#225;s hay una persona misteriosa que apareci&#243; delante de la casa de Raymond. Y de repente el chico jura que el coche era rojo.

Una historia curiosa. Tal vez fuera un inocente excursionista. Pero si Raymond es medio tonto, &#191;vas a creerlo?

Sejer se mordi&#243; el labio.

Precisamente por eso. No creo que tenga astucia suficiente como para inventarse algo as&#237;. Creo de verdad que alguien se present&#243; all&#237; para hablar con &#233;l.

&#191;El mismo hombre que se supone se desliz&#243; furtivamente por la ventana de Halvor y coloc&#243; la mochila en la le&#241;era?

S&#237;, por ejemplo.

No sueles ser tan ingenuo, Konrad. &#191;Te has dejado llevar por un idiota y por un adolescente?

Sejer sinti&#243; un enorme malestar. No le gust&#243; la reprimenda, y tal vez estuviera a punto dejar que el olfato y la intuici&#243;n vencieran a los hechos. Halvor era el m&#225;s cercano. Hab&#237;a sido el novio de la v&#237;ctima.

&#191;Halvor cont&#243; alg&#250;n detalle? -prosigui&#243; Holthemann, levant&#225;ndose de la silla y sent&#225;ndose sobre el escritorio, desde donde pod&#237;a literalmente mirar a Sejer desde arriba.

Oy&#243; arrancar un coche. Posiblemente un coche viejo, tal vez con un cilindro estropeado. El sonido proced&#237;a de la carretera principal.

Hay un sitio all&#237; donde los coches pueden dar la vuelta. Muchos se paran.

Ya lo s&#233;. Dej&#233;mosle en libertad. No ir&#225; a ninguna parte.

Despu&#233;s de lo que has contado y en cualquier caso, posiblemente es un homicida. Pudo haber matado a sangre fr&#237;a a su propio padre. Me parece algo bastante gordo, Konrad.

Pero quer&#237;a mucho a Annie, a su manera, a su especial manera. Y eso que ella apenas se lo permit&#237;a.

Se impacientar&#237;a y perder&#237;a los estribos. Y si vol&#243; la cabeza a su padre, resulta que hay muchos explosivos en ese joven.

Si realmente mat&#243; a su padre, cosa que ignoramos, ser&#237;a porque no le quedaba otra opci&#243;n. Toda la familia estaba a punto de sucumbir, tras muchos a&#241;os de malos tratos y abandono. Adem&#225;s recibi&#243; una pu&#241;alada en la sien. De hecho, creo que hubiera sido absuelto.

Es muy posible. Pero el hecho es que posiblemente sea capaz de matar. No todo el mundo lo es. &#191;T&#250; qu&#233; opinas, Skarre?

Skarre, que estaba mordiendo un bol&#237;grafo, movi&#243; la cabeza negativamente.

Me imagino m&#225;s bien a un homicida algo mayor -contest&#243;.

&#191;Por qu&#233;?

Ella estaba en una forma f&#237;sica extraordinaria. Annie pesaba sesenta y cinco kilos, la mayor parte de ellos en m&#250;sculos. Halvor s&#243;lo pesa sesenta y tres, lo que quiere decir que eran m&#225;s o menos iguales. Si hubiera sido Halvor el que la empuj&#243; al agua, habr&#237;a encontrado tanta resistencia que se habr&#237;a manifestado en ella en forma de lesiones externas, como ara&#241;azos y rasgu&#241;os. Pero todo indica que el homicida fue claramente superior en fuerzas, probablemente mucho m&#225;s pesado que ella. Dir&#237;a que Annie ten&#237;a m&#225;s fuerza f&#237;sica que Halvor. No quiero decir que no hubiera podido, pero creo que le habr&#237;a costado bastante.

Sejer asinti&#243; silenciosamente.

Bien. Suena probable. Pero entonces partimos otra vez de cero. No hemos encontrado a nadie en el entorno de Annie con un motivo aparente.

Halvor tampoco tiene un motivo aparente.

S&#243;lo ten&#237;a la mochila, y adem&#225;s una fuerte relaci&#243;n emocional con la v&#237;ctima. Yo soy el responsable aqu&#237;, y esto no me gusta, Konrad. &#191;Y Axel Bj&#248;rk? Un borracho amargado, con un genio peligroso. &#191;No podr&#237;a haber algo por ah&#237;?

No tenemos ning&#250;n fundamento para creer que Bj&#248;rk estuviera en Lundeby el d&#237;a en cuesti&#243;n.

Bueno, seg&#250;n lo que se desprende del informe, &#191;os interesa m&#225;s un ni&#241;o de dos a&#241;os?

Holthemann sonri&#243;, esta vez sin condescendencia.

El ni&#241;o no, lo que nos interesa es la reacci&#243;n de Annie ante su muerte. Hemos intentado averiguar la raz&#243;n del cambio de personalidad que experiment&#243;; tal vez tenga algo que ver con el ni&#241;o. O con el hecho de que estuviera enferma, claro. En realidad, esperaba encontrar otra cosa.

&#191;Como por ejemplo qu&#233;?

No lo s&#233; muy bien. Eso es lo dif&#237;cil de este caso. No tenemos ni idea de qu&#233; clase de hombre estamos buscando.

Un verdugo, tal vez. Mantuvo la cabeza de Annie bajo el agua hasta que muri&#243; -dijo Holthemann brutalmente-. Aparte de eso, ni un rasgu&#241;o.

Por eso pienso que estuvieron sentados junto a la orilla charlando en confianza. Tal vez ese hombre la tuviera pillada de alguna manera. De repente le pone una mano en la nuca y la tira de cabeza a la laguna. Todo en un segundo. Pero la ocurrencia pudo haberle llegado antes, tal vez mientras estaban en el coche o en la moto.

&#201;l tuvo que mojarse y llenarse de barro -indic&#243; Skarre.

&#191;Pero no fue vista ninguna moto en el camino de la colina?

S&#243;lo un coche a gran velocidad. Pero Horgen, el due&#241;o de la tienda, recuerda la moto. Por otra parte no recuerda haber visto a Annie. Tampoco Johnas la vio sentarse en la moto. &#201;l la dej&#243; all&#237;, pudo ver la moto y que la chica se dirig&#237;a hacia ella.

&#191;Tienes alguna otra novedad?

Magne Johnas.

&#191;Qu&#233; pasa con &#233;l?

No mucho, la verdad sea dicha. Tiene pinta de estar lleno de esteroides anab&#243;licos, y miraba de reojo a Annie de vez en cuando. Ella lo rechazaba. Tal vez sea un t&#237;o que no aguante el rechazo. Adem&#225;s, de vez en cuando va a Lundeby a visitar a los viejos amigos. Y tiene una moto. Ahora se interesa por S&#248;lvi. Al menos no podemos dejarlo de lado.

Holthemann asinti&#243;.

&#191;Y Raymond y su padre? Se ha podido comprobar que Raymond se ausent&#243; de la casa durante bastante tiempo, &#191;no?

Fue a la tienda, y al volver estuvo mirando c&#243;mo dorm&#237;a Ragnhild.

Maravillosa coartada, Konrad -sonri&#243; Holthemann-. Tengo entendido que ese muchacho es un inmaduro e impulsivo mont&#243;n de m&#250;sculos con la capacidad cerebral de un ni&#241;o de cinco a&#241;os.

Exactamente. Y no hay muchos asesinos de cinco a&#241;os.

Holthemann protest&#243;:

&#191;Pero le gustan las chicas?

S&#237;, pero no creo que sepa qu&#233; hacer con ellas.

De modo que insistes, &#191;eh? Por otro lado, s&#233; que no te falta olfato, pero tienes que saber una cosa -a&#241;adi&#243;, levantando un dedo socarr&#243;n y se&#241;al&#225;ndole-, no eres el protagonista de una novela polic&#237;aca. Procura conservar la sangre fr&#237;a.

Sejer ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s, ri&#233;ndose de tan buena gana que Holthemann se sobresalt&#243;.

&#191;Hay algo que no he entendido?

Meti&#243; un dedo por debajo del cristal de las gafas y se dio un masaje en el globo ocular. Luego parpade&#243; varias veces y continu&#243;.

Bueno, si no ocurre algo pronto, quiero que se acuse a Halvor. &#191;Por qu&#233;, por ejemplo, el homicida se tendr&#237;a que llevar la mochila?

Si llegaron al lugar en coche, lo dejar&#237;an donde se puede dar la vuelta, y la mochila se quedar&#237;a dentro -opin&#243; Sejer-. Luego puede que le resultara demasiado duro volver a subir a tirarla al agua.

Suena razonable.

Una pregunta -continu&#243; Sejer, captando la mirada de Holthemann-. Si las huellas de la hebilla de Annie excluyen a Halvor, &#191;lo dejar&#225;s en libertad?

D&#233;jame pensarlo.

Sejer se levant&#243; y se acerc&#243; a un mapa en la pared. El camino desde Krystallen, pasando por la rotonda, la tienda de Horgen y subiendo por el camino de la colina hasta la laguna, estaba se&#241;alado en rojo. Annie estaba representada por unas figuritas verdes con im&#225;n en aquellos puntos del camino en los que hab&#237;a sido vista. Se parec&#237;a al hombre verde de los discos de los pasos de cebra. Hab&#237;a una figurita delante de su casa en Krystallen, otra en el cruce de Gneisveien, donde hab&#237;a cogido el atajo, otra en la rotonda donde hab&#237;a sido vista por una mujer en el momento de entrar en el coche de Johnas, y otra en la tienda de Horgen. Tambi&#233;n estaban representados junto a la tienda el coche de Johnas y una moto. Sejer cogi&#243; la figura de Annie que estaba en la tienda y se la meti&#243; en el bolsillo.

&#191;Qui&#233;n se encuentra m&#225;s cerca? -murmur&#243;-. &#191;Halvor es el m&#225;s cercano? &#191;Qu&#233; posibilidad hay de que alguien tuviera tiempo de recogerla en ese corto per&#237;odo desde que se march&#243; de la tienda hasta que fue encontrada? Del hombre de la moto no se sabe nada. Nadie vio a Annie sentarse en la moto.

Pero iba a encontrarse con alguien, &#191;no?

Iba a casa de Anette.

Eso fue lo que dijo a Ada Holland. Tal vez tuviera una cita -replic&#243; Holthemannn.

En ese caso tendr&#237;a que haberse arriesgado a que Anette llamara a sus padres para preguntar por ella al no haber ido a su casa.

Se conoc&#237;an. No llam&#243;.

Es verdad, lo s&#233;. Pero, &#191;y si nunca sali&#243; del coche de Johnas? Imag&#237;nate que fuera as&#237; de sencillo.

Sejer se levant&#243; y dio unos pasos con la cabeza llena de preguntas.

Estamos todo el tiempo contando &#250;nicamente con el testimonio de Johnas.

Por lo que s&#233;, es un respetable hombre de negocios que tiene su propio negocio y un historial limp&#237;simo. Adem&#225;s, deber&#237;a tener una deuda con Annie, porque ella le libr&#243; de vez en cuando de un ni&#241;o muy complicado.

Exactamente. Ella lo conoc&#237;a. Y &#233;l ten&#237;a buenos sentimientos hacia ella -cerr&#243; los ojos-. Tal vez Annie cometiera un error.

&#191;Qu&#233; acabas de decir?

Holthemann escuch&#243; con m&#225;s atenci&#243;n.

Me pregunto si cometi&#243; un error -repiti&#243; Sejer.

Desde luego. Se fue con un asesino hasta un lugar completamente solitario.

Eso tambi&#233;n. Pero antes de eso. Le subestim&#243;, pensando que estar&#237;a segura con &#233;l.

No creo que el t&#237;o llevara un cartel colgado del cuello -objet&#243; secamente Holthemann.

&#191;Y si adem&#225;s lo conoc&#237;a? Si ella era tan prudente como dices, ten&#237;a que conocerlo bien.

Tal vez tuvieran un secreto entre ellos.

&#191;Por ejemplo una cama? -sonri&#243; Holthemann.

Sejer volvi&#243; a colocar la figura de Annie junto a la tienda y se volvi&#243; dubitativo.

No ser&#237;a la primera vez que ocurriera -continu&#243; el jefe de la secci&#243;n-. Algunas chicas tienen fijaci&#243;n por hombres mayores. &#191;T&#250; has notado algo de eso, Konrad? -le pregunt&#243; sonriendo alegremente.

Halvor dice que no -contest&#243; Sejer en tono cortante.

Claro que lo dice. No soporta ni pensar en esa posibilidad.

Algo que ella pensaba revelar. &#191;Es eso lo que quieres decir? &#191;Alguien con mujer, hijos y un buen sueldo?

S&#243;lo estoy pensando en voz alta. El forense dice que no era virgen.

Sejer asinti&#243;.

A Halvor le dej&#243; probar, al fin y al cabo, aunque apenas. En mi opini&#243;n, todos los hombres de Krystallen podr&#237;an ser posibles candidatos. La ve&#237;an todos los d&#237;as, en verano y en invierno. Ve&#237;an lo guapa que se estaba poniendo. La recog&#237;an cuando necesitaba transporte, ella cuidaba de sus hijos, entraba y sal&#237;a de sus casas, confiaba en ellos. Son hombres adultos a quienes ella conoc&#237;a bien, hombres a los que no hubiera dado la espalda si hubieran aparecido ante ella. Veintiuna casas, menos la suya, nos proporcionan veinte hombres. Fritzner, Irmak, Solberg, Johnas, toda una panda. Tal vez uno de ellos tuviera ganas de ella

&#191;Ganas de ella? Pero si ni la toc&#243;.

Tal vez alguien le interrumpiera en su prop&#243;sito.

Sejer mir&#243; fijamente el mapa de la pared. Las posibilidades se amontonaban. No entend&#237;a que alguien pudiera matar a una persona sin tocarla. No usar el cuerpo sin vida, no buscar joyas o dinero, ni dejar junto al cad&#225;ver se&#241;as aparentes de desesperaci&#243;n, rabia, o alguna otra perversa inclinaci&#243;n, sino simplemente colocarla bien, acomodarla con consideraci&#243;n, dejando la ropa ordenada y doblada a su lado. Levant&#243; la &#250;tima figura que representaba a Annie. La apret&#243; fuertemente entre los dedos un instante, y volvi&#243; a colocarla en su sitio con desgana.


Luego ech&#243; a andar lentamente en direcci&#243;n a la laguna.

Escuch&#243;, intent&#243; imagin&#225;rselos andando por el sendero.

Annie en vaqueros y jersey azul, y el hombre a su lado. En su mente ve&#237;a una vaga silueta de un hombre seguramente m&#225;s grande y mayor que ella. Tal vez conversaran en voz baja mientras atravesaban el bosque, quiz&#225; sobre algo importante. Sejer se imaginaba c&#243;mo pudo haber sido. El hombre gesticulando, explicando. Annie negando con la cabeza, el hombre empe&#241;ado en lo suyo, intentando convencerla, el ambiente cada vez m&#225;s caldeado. Se estaban acercando al agua, que brillaba entre los &#225;rboles. &#201;l se sent&#243; en una piedra, a&#250;n no la hab&#237;a tocado, y ella se puso a su lado. El hombre hablaba con soltura, en tono imperioso, amable, o tal vez suplicante, Sejer no estaba seguro. Luego el hombre se levant&#243; de repente y se lanz&#243; sobre ella, un fuerte chapoteo en el instante de dar contra el agua, Annie con el hombre encima. Ahora usaba las dos manos y todo el peso del cuerpo, unos p&#225;jaros salieron volando, asustados, gritando, y Annie cerr&#243; la boca para que no le entrara agua en los pulmones. Se resist&#237;a, ara&#241;aba el fango con las manos mientras transcurr&#237;an esos vertiginosos segundos rojos, en que su vida se desvanec&#237;a lentamente en el agua centelleante.

Sejer mir&#243; fijamente el trozo de playa.

Transcurri&#243; una eternidad. Annie hab&#237;a dejado de dar patadas y de moverse. El hombre se levant&#243;, se volvi&#243; y mir&#243; hacia el sendero. Nadie los hab&#237;a visto. Annie flotaba boca abajo en el agua turbia. Tal vez le pareciera mal dejarla all&#237; y la sac&#243;. Los pensamientos se fueron desenrollando en su cerebro. La polic&#237;a la encontrar&#237;a, estudiar&#237;an el escenario, sacar&#237;an un mont&#243;n de conclusiones. Una joven muerta en el bosque. Un violador, claro, que hab&#237;a ido demasiado lejos, de manera que la desnud&#243;, pero con mucho cuidado, tuvo alg&#250;n problema con los botones, la cremallera y el cintur&#243;n, y coloc&#243; la ropa ordenadamente junto a la muerta. No le gust&#243; esa postura tan indecente en la que yac&#237;a, boca arriba con las piernas separadas, pero no habr&#237;a podido sacarle los pantalones de otra manera. As&#237; que la tumb&#243; de lado, le dobl&#243; las piernas y le coloc&#243; los brazos. Porque esa imagen, la &#250;ltima, le perseguir&#237;a el resto de sus d&#237;as, y si ten&#237;a que soportarla, tendr&#237;a que ser lo m&#225;s pac&#237;fica posible.

&#191;C&#243;mo se hab&#237;a atrevido a tomarse tanto tiempo?

Sejer se acerc&#243; hasta el mismo borde de la laguna, se qued&#243; con las puntas de los zapatos a unos cent&#237;metros del agua y permaneci&#243; as&#237; un buen rato. La imagen de c&#243;mo la encontraron emergi&#243; ante su mirada interior. No ten&#237;a que ver con la maldad, m&#225;s bien pens&#243; en ello como un acto desesperado, desgarrador. Le lleg&#243; de repente la imagen de un pobre hombre enloquecido debati&#233;ndose en una gran oscuridad. Tal vez all&#237; dentro hac&#237;a fr&#237;o y hab&#237;a poco aire, no paraba de darse cabezazos contra la pared, apenas pod&#237;a respirar, y era incapaz de salir. Por fin atraves&#243; la pared. La pared era Annie.

Sejer se volvi&#243; y regres&#243; lentamente. El coche, o tal vez moto, del homicida estaba probablemente aparcada donde &#233;l hab&#237;a dejado su Peugeot. Luego el homicida abri&#243; la puerta y descubri&#243; la mochila. Vacil&#243; un instante, pero la dej&#243; donde estaba y se meti&#243; en el coche con esa carga tan poco discreta que llevaba en el techo. Enseguida pas&#243; por delante de la casa de Raymond, y vio al idiota y a una ni&#241;a con un cochecito de mu&#241;ecas. Ellos tambi&#233;n vieron el coche. Algunos ni&#241;os recuerdan bien los detalles. Not&#243; el primer pinchazo de miedo en el pecho. Sigui&#243; conduciendo, pas&#243; por delante de tres granjas y lleg&#243; por fin a la carretera principal. Sejer lo perdi&#243; de vista.

Se meti&#243; en el coche y arranc&#243;. Por el espejo retrovisor vio una nube de polvo tras el coche. La casa de Raymond estaba tranquila, parec&#237;a abandonada. Conejos blancos y marrones se mov&#237;an asustados de un lado a otro en sus jaulas al pasar Sejer en su coche. La furgoneta estaba aparcada delante de la casa. Un coche viejo, &#191;con un cilindro estropeado tal vez? La tela met&#225;lica y el movimiento de los conejos le recordaron de repente su propia infancia, antes de mudarse de Dinamarca. Ten&#237;an gallinas enanas marrones en una jaula en un extremo de la huerta. El recog&#237;a los huevos todas las ma&#241;anas, huevos min&#250;sculos, extra&#241;amente redondos, no m&#225;s grandes que las canicas m&#225;s grandes de todas, a las que llamaban doces. A trav&#233;s del espejo le pareci&#243; ver que la cortina de una ventana se mov&#237;a ligeramente. Era la ventana del dormitorio del padre de Raymond, pero no estaba seguro. Gir&#243; a la derecha y pas&#243; por delante de la tienda de Horgen, donde hab&#237;a sido vista la moto. Ahora hab&#237;a all&#237; un blazer azul y el esquimal amarillo anunciando helados, como una segura se&#241;al de primavera. Baj&#243; la ventanilla y not&#243; una suave brisa en la cara.

El m&#243;vil pod&#237;a haber sido sexual, aunque no se notara desde fuera, claro. Tal vez al asesino le hubiera bastado desnudarla, verla en el suelo, desnuda, indefensa y completamente inm&#243;vil, mientras &#233;l se ayudaba a conseguir aquella satisfacci&#243;n tan a&#241;orada pensando en lo que realmente podr&#237;a haber hecho con ella si hubiera querido. Annie podr&#237;a haber sufrido muchas vejaciones en la imaginaci&#243;n de su asesino. Claro, as&#237; pod&#237;a haber sido. De nuevo Sejer se sinti&#243; mal ante todas aquellas posibilidades. Continu&#243; lentamente por la carretera principal y se detuvo al llegar a la altura del camino de la iglesia y el cementerio. Dej&#243; pasar a un tractor y enfil&#243; el camino. Hab&#237;an desaparecido ya las flores marchitas de la tumba de Annie, y la cruz de madera. En su lugar hab&#237;an colocado una piedra, una piedra corriente de granito, redonda y lisa, como lavada y pulida por el mar. Tal vez proced&#237;a de esas playas en las que Annie sol&#237;a hacer surfing en verano. Sejer ley&#243; la inscripci&#243;n:

Annie Sofie Holland. Dios tenga misericordia de ti.

Sejer reflexion&#243; un instante, extra&#241;ado, intentando decidir si el texto le gustaba o no. Cre&#237;a que no. Sonaba como si ella hubiera hecho algo malo, algo por lo que necesitaba el perd&#243;n. Al marcharse pas&#243; por la tumba de Eskil Johnas. Alguien, tal vez unos ni&#241;os, hab&#237;an dejado en ella un ramo de diente de le&#243;n.


Kollberg necesitaba orinar. Sejer llev&#243; al perro detr&#225;s del bloque, donde se zanj&#243; el asunto en unos matorrales y volvieron a subir en el ascensor. Luego se meti&#243; en la cocina y abri&#243; el congelador para ver lo que conten&#237;a: un paquete de salchichas duras como una piedra, una pizza congelada y un peque&#241;o paquete de beicon. Lo apret&#243; y sonri&#243; porque le recordaba a algo. Se hizo unos huevos, cuatro huevos, pinchados y fritos por ambos lados, con sal y pimienta, y una salchicha cortada en trozos para el perro. Kollberg se la trag&#243; de un bocado y se derrumb&#243; bajo la mesa. Sejer se comi&#243; los huevos y bebi&#243; leche con los pies debajo del perro. Todo en diez minutos. El peri&#243;dico estaba abierto sobre la mesa. El novio, en prisi&#243;n preventiva. Suspir&#243;, se sent&#237;a mal. No sent&#237;a ninguna simpat&#237;a por la prensa y por c&#243;mo cubr&#237;a las miserias de la vida. Finalmente recogi&#243; la mesa y encendi&#243; la cafetera. Tal vez Halvor hubiera matado a su padre con un rifle. Tal vez se hubiera puesto guantes, colocado el arma dentro del saco de dormir, en las manos de su padre y disparado, luego habr&#237;a barrido el suelo de delante de la puerta de la le&#241;era y habr&#237;a vuelto corriendo a la habitaci&#243;n, donde le esperaba su hermano, ese hermano que sent&#237;a una inquebrantable lealtad hacia &#233;l y que jam&#225;s les habr&#237;a delatado si Halvor realmente hubiera estado ausente de la cama en el momento de o&#237;rse el disparo.

Se tom&#243; el caf&#233; en el cuarto de estar. Luego se dar&#237;a una ducha y echar&#237;a un vistazo al cat&#225;logo de cuartos de ba&#241;o que hab&#237;a encontrado en el buz&#243;n, y en el que hab&#237;a una oferta de unos azulejos blancos, sencillos, con delfines azules. Despu&#233;s de la ducha se tumb&#243; en el sof&#225;. Era un poco corto, ten&#237;a que poner los pies sobre el brazo, lo que resultaba bastante inc&#243;modo, pero al menos le imped&#237;a dormirse. No quer&#237;a alterar el sue&#241;o de la noche, que ya de por s&#237; le resultaba dif&#237;cil de conciliar debido al eccema. Mir&#243; hacia la ventana y vio que necesitaba una limpieza. Como viv&#237;a en el piso trece, no ve&#237;a nada por las ventanas excepto el cielo azul, que ya empezaba a adquirir la profundidad de la noche. De repente vio una mosca en el cristal, un moscard&#243;n negro y grande. Tambi&#233;n una especie de se&#241;al de primavera, pens&#243; cuando vio a otro acercarse zumbando al primero. No ten&#237;a mucho en contra de las moscas, pero no le gustaba la manera en la que entrelazaban las piernas, lo ve&#237;a como algo muy privado, algo parecido a lo de rascarse por abajo en presencia de otras personas. Parec&#237;an estar buscando algo. Lleg&#243; otra m&#225;s. Sejer las mir&#243; fijamente, y le invadi&#243; una sensaci&#243;n desagradable. Tres moscas a la vez en el cristal. Resultaba curioso que no se movieran y se alejaran volando. Llegaron m&#225;s cada vez, pronto el cristal estaba lleno de grandes moscardones negros. Por fin despegaron y desaparecieron detr&#225;s del sill&#243;n debajo de la ventana. Eran ya tantos que se pod&#237;a o&#237;r el zumbido. Se incorpor&#243; vacilante en el sof&#225; con una sensaci&#243;n repugnante. Ten&#237;a que haber algo detr&#225;s del sill&#243;n, algo que les resultara apetecible. Por fin logr&#243; levantarse, atraves&#243; la habitaci&#243;n y se acerc&#243; sigilosamente al sill&#243;n, se arm&#243; de valor, y lo empuj&#243; hacia un lado. Las moscas volaron en todas direcciones, una nube entera. El resto estaba en el suelo comiendo algo, toc&#243; ese algo con el pie y por fin las moscas desaparecieron. Era el resto de una manzana, podrido y blando.

Se incorpor&#243; lentamente en el sof&#225;. Ten&#237;a la camisa empapada de sudor. Se frot&#243; confuso los ojos y mir&#243; el cristal de la ventana. No hab&#237;a nada. Hab&#237;a so&#241;ado. Sent&#237;a la cabeza pesada y densa, y ten&#237;a r&#237;gidos la nuca y los pies de haber dormido en el sof&#225; tan corto. Se levant&#243;, no pudo resistir la tentaci&#243;n de mover el sill&#243;n y mirar detr&#225;s. Nada. Fue a la cocina, donde guardaba una botella de whisky y un paquete de tabaco de liar. Suspir&#243; levemente, no del todo contento consigo mismo, y se llev&#243; todo al sal&#243;n. Kollberg lo observaba expectante. Mir&#243; al perro y cambi&#243; de idea.

Paseo -dijo en voz baja.

Tardaron exactamente una hora en ir desde la casa hasta la iglesia del centro y volver. Pens&#243; en su madre, a quien ten&#237;a que haber visitado; hab&#237;a pasado demasiado tiempo desde la &#250;ltima vez. Alg&#250;n d&#237;a, pens&#243; con tristeza, su hija Ingrid mirar&#237;a el calendario pensando lo mismo. Ya es hora de hacerle una visita, hace mucho que no voy. Sin alegr&#237;a, s&#243;lo como una especie de obligaci&#243;n. Al fin y al cabo, tal vez Skarre ten&#237;a raz&#243;n, tal vez no ten&#237;a sentido hacerse tan viejo que uno s&#243;lo creara molestias. Se sinti&#243; ligeramente abrumado por sus pensamientos y apresur&#243; el paso. Kollberg saltaba a su lado. Tampoco pod&#237;a renunciar uno a todo. Iba a cambiar el cuarto de ba&#241;o. A Elise le habr&#237;an gustado esos azulejos, de eso estaba seguro. Si supiera que a&#250;n no lo hab&#237;a hecho no quer&#237;a ni pensarlo. Ocho a&#241;os con imitaci&#243;n de m&#225;rmol, era una verg&#252;enza.

Por fin pudo tomarse su merecida copa de whisky, y era tan tarde que tal vez volver&#237;a a dormirse de todos modos. El timbre son&#243; en el momento de volver a tapar la botella. Skarre salud&#243;, no tan modestamente esta vez. Hab&#237;a ido andando, pero arrug&#243; la nariz cuando Sejer le ofreci&#243; un whisky.

&#191;No tendr&#225;s una cerveza?

No, yo no, pero puedo pregunt&#225;rselo a Kollberg. Suele tener un peque&#241;o almac&#233;n en la parte de abajo de la nevera -dijo muy serio. Desapareci&#243; de la habitaci&#243;n y volvi&#243; con una cerveza.

&#191;Est&#225;s pensando en poner azulejos?

Ya lo creo. Hice un cursillo una vez. Lo importante es prepararlo todo muy bien.

&#191;Necesitas ayuda?

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

&#191;Qu&#233; te parecen &#233;stos? -dijo se&#241;alando en el folleto los de los delfines azules.

Muy bonitos. &#191;Qu&#233; tienes ahora?

Imitaci&#243;n de m&#225;rmol.

Skarre hizo un gesto de comprensi&#243;n y bebi&#243; un sorbo de cerveza.

Las huellas de Halvor no coinciden con las de la hebilla del cintur&#243;n de Annie -indic&#243; de repente-. Holthemann ha accedido a soltarle hasta nuevo aviso.

Sejer no contest&#243;. Sinti&#243; una especie de alivio, mezclado con irritaci&#243;n. Contento de saber que no era Halvor, frustrado porque no ten&#237;a a nadie m&#225;s.

He so&#241;ado algo muy asqueroso -dijo de repente, un poco sorprendido por su sinceridad-. So&#241;&#233; que hab&#237;a una manzana podrida detr&#225;s de ese sill&#243;n, y que el sal&#243;n estaba invadido por moscas grandes y negras.

&#191;Lo has comprobado? -sonri&#243; Skarre.

Sejer bebi&#243; un trago de whisky y movi&#243; afirmativamente la cabeza.

No hay m&#225;s que unas pelusas. &#191;Crees que ese sue&#241;o tiene alg&#250;n significado?

Habr&#225; alg&#250;n mueble que nos hemos olvidado de mover, algo que habr&#225; estado ah&#237; todo el tiempo, algo en lo que no se nos ha ocurrido pensar. Ese sue&#241;o es una advertencia, no cabe duda. Ahora se trata de encontrar el sill&#243;n.

&#191;De manera que nos vamos a meter en el sector mobiliario? -Sejer se ri&#243; de su propio chiste, algo poco corriente en &#233;l.

Ten&#237;a la esperanza de que guardaras algunas cartas en la manga -confes&#243; Skarre-. No puedo aceptar que no avancemos nada. Las semanas pasan. La carpeta de Annie se hincha. Y t&#250; eres el que aporta los consejos.

&#191;Qu&#233; quieres decir con eso?

Tu nombre -sonri&#243; Skarre-. Konrad significa el que aporta consejos.

&#191;C&#243;mo lo sabes? -pregunt&#243; Sejer levantando una ceja.

Tengo un libro en casa. Suelo consultarlo cuando alguien nuevo aparece en mi camino. Es muy entretenido.

&#191;Qu&#233; significa Annie? -pregunt&#243; Sejer.

Bonita.

Vaya. Bueno, en este momento no hago mucho honor a mi nombre. De todas formas no pierdas la esperanza, Jacob. Por cierto, &#191;qu&#233; significa Halvor? -pregunt&#243; con curiosidad.

Halvor significa el Vigilante.

Ha dicho Jacob, pens&#243; Skarre extra&#241;ado. Es la primera vez que me llama Jacob.


El sol, que estaba bajo, se meti&#243; en la terraza, formando un abrigado rinc&#243;n en el que pod&#237;an quitarse las chaquetas. Estaban esperando a que se calentara la barbacoa. Ol&#237;a a carb&#243;n, a alcohol de quemar, y a hierbas que crec&#237;an en la macetas de la terraza de Ingrid, porque acababa de regarlas.

Sejer ten&#237;a a su nieto sobre las rodillas y lo columpi&#243; hasta que le dol&#237;an los m&#250;sculos de los muslos. Con ese ni&#241;o, algo desaparecer&#237;a en su interior. Dentro de unos a&#241;os le superar&#237;a en altura y su voz se volver&#237;a grave. Por eso sent&#237;a siempre una especie de nostalgia cuando ten&#237;a a Matteus sobre las rodillas, a la vez que sent&#237;a cosquillas en la espalda como una sensaci&#243;n, de gran bienestar.

Ingrid se levant&#243;, cogi&#243; los zuecos del suelo de la terraza y los sacudi&#243;. Luego meti&#243; los pies en ellos.

&#191;Por qu&#233; haces eso? -pregunt&#243; su padre.

Un viejo h&#225;bito nada m&#225;s -sonri&#243; Ingrid-, de Somalia.

Aqu&#237; no tenemos serpientes ni escorpiones.

Es algo espont&#225;neo -se ri&#243; Ingrid-. No consigo dejar de hacerlo. Y adem&#225;s tenemos v&#237;boras y avispas.

&#191;Crees que una v&#237;bora ser&#237;a capaz de meterse en un zapato?

Ni idea.

Sejer abraz&#243; a su nieto y le husme&#243; la nuca.

Col&#250;mpiame m&#225;s -dijo el ni&#241;o.

Me duelen las piernas. &#191;Por qu&#233; no vas a buscar un libro y te leo algo?

El ni&#241;o se baj&#243; de sus rodillas de un salto y se meti&#243; corriendo en la casa.

&#191;Y por lo dem&#225;s, c&#243;mo est&#225;s, pap&#225;? -le pregunt&#243; su hija de repente. Por lo dem&#225;s, pens&#243;. Significaba realmente, que c&#243;mo le iba realmente, c&#243;mo le iba por dentro, en el fondo de su alma. O tambi&#233;n pod&#237;a tratarse de una pregunta camuflada, sobre algo que hubiera sucedido. Por ejemplo si se hab&#237;a buscado una amiga, o s&#237; tal vez se hab&#237;a enamorado a distancia de alguien, lo cual no era el caso. Estar&#237;a bien.

Pues, bien, gracias -contest&#243; Sejer en un tono convenientemente inocente.

&#191;Ya no se te hacen tan largos los d&#237;as?

&#191;Por qu&#233; preguntaba con tanta delicadeza? Se le ocurri&#243; pensar que su hija estaba buscando algo.

Tengo mucho que hacer en el trabajo -dijo-. Y adem&#225;s os tengo a vosotros.

Esas &#250;ltimas palabras hicieron que Ingrid se pusiera a mover los cubiertos de la ensalada en&#233;rgicamente. No paraba de dar vueltas a los tomates y a los pepinos.

S&#237;. Pero, &#191;sabes? Estamos pensando en volver a bajar. Por un per&#237;odo m&#225;s. El &#250;ltimo -se apresur&#243; a a&#241;adir mir&#225;ndole, como con sentimiento de culpabilidad.

&#191;Bajar? -Sejer sabore&#243; la palabra-. &#191;A Somalia?

Se lo han pedido a Erik. No hemos contestado todav&#237;a, pero lo estamos considerando seriamente. Un poco por Matteus tambi&#233;n. Nos gustar&#237;a que viera algo del pa&#237;s y que aprendiera el idioma. Si nos fu&#233;ramos en agosto estar&#237;amos de vuelta cuando le tocara empezar primero de b&#225;sica.

Tres a&#241;os, pens&#243; Sejer. Tres a&#241;os sin Ingrid y Matteus. S&#243;lo las visitas en Navidad. Cartas y postales, y el nieto, cada a&#241;o un nuevo estir&#243;n.

No dudo de que hag&#225;is falta all&#237; -dijo, tomando impulso para que la voz sonara normal-. &#191;No querr&#225;s decir que la consideraci&#243;n por mi persona es un impedimento para vosotros? No tengo noventa a&#241;os, Ingrid.

La hija se sonroj&#243; ligeramente.

Tambi&#233;n pienso en la abuela.

Yo me ocupar&#233; de la abuela. Pronto habr&#225;s hecho pur&#233; de esa ensalada -se&#241;al&#243;.

No me gusta que te quedes solo -dijo Ingrid en voz baja.

Tengo a Kollberg.

&#161;Pero no es m&#225;s que un perro!

Al&#233;grate de que no te entienda.

Sejer ech&#243; un vistazo al perro, que dorm&#237;a pl&#225;cidamente bajo la mesa.

Nos arreglamos bien. Quiero que os vay&#225;is si de verdad os apetece. &#191;Erik se ha cansado ya de anginas y apendicitis?

Es todo tan distinto all&#237; abajo -explic&#243; Ingrid-. Te sientes mucho m&#225;s &#250;til.

&#191;Y Matteus?, &#191;qu&#233; vais a hacer con &#233;l?

Ir&#225; a una guarder&#237;a americana con un mont&#243;n de ni&#241;os. Y adem&#225;s -a&#241;adi&#243; pensativa-, resulta que Matteus tiene parientes all&#237; a los que nunca ha visto. Eso me preocupa. Quiero que lo sepa todo.

&#191;Americana? -dijo esc&#233;ptico-. &#191;Y a qu&#233; te refieres con que lo sepa todo?

Sejer pens&#243; en los verdaderos padres de Matteus y en el destino que la suerte les hab&#237;a deparado.

Lo de su madre tendr&#225; que esperar hasta que el ni&#241;o sea mayor.

&#161;Marchaos! -dijo Sejer con determinaci&#243;n.

Ingrid lo mir&#243; sonriente.

&#191;Qu&#233; crees que hubiera dicho mam&#225;?

Lo mismo que yo. Y luego habr&#237;a lloriqueado un poco en la cama.

&#191;Y t&#250; no?

Matteus lleg&#243; corriendo con un libro infantil en una mano y una manzana en la otra. Erase una noche oscura y tormentosa.

&#191;No da mucho miedo? -pregunt&#243; Sejer.

&#161;Qu&#233; va! -exclam&#243; el peque&#241;o trepando hasta sus rodillas.

El carb&#243;n ya est&#225; blanco -anunci&#243; Ingrid mientras se quitaba los zapatos-. Voy a poner los solomillos.

Ingrid coloc&#243; la carne sobre la parrilla, cuatro trozos en total, y entr&#243; en casa a buscar las bebidas.

Tengo una pit&#243;n verde en mi cuarto -susurr&#243; Matteus-. &#191;Se la metemos en un zapato?

Sejer vacil&#243;.

No estoy muy seguro. &#191;Crees que vale la pena?

&#191;No te parece bien?

En realidad no.

Los viejos siempre tienen mucho miedo -dijo el ni&#241;o con consideraci&#243;n-. No te preocupes, me echar&#225;n la culpa a m&#237;.

Bueno -dijo Sejer en voz baja-. Mirar&#233; hacia otro lado.

Matteus volvi&#243; a bajarse de un salto de las rodillas del abuelo y se fue corriendo a buscar su serpiente de goma. Al volver la meti&#243; con mucho cuidado en el zueco de su madre.

Ahora ya me puedes empezar a leer.

Sejer pens&#243; con horror en esa repugnante serpiente de goma y en la sensaci&#243;n del pie desnudo al encontrarse con ella. Luego empez&#243; a leer con voz grave y dram&#225;tica:

Erase una noche oscura y tormentosa. Hab&#237;a ladrones en las monta&#241;as y lobos &#191;Est&#225;s seguro de que este libro no da demasiado miedo? -pregunt&#243;.

Mam&#225; me lo ha le&#237;do muchas veces -Matteus dio un mordisco a la manzana y mastic&#243; contento.

No te metas trozos tan grandes en la boca -le advirti&#243; Sejer-. Te puedes atragantar.

&#161;Lee, abuelo!

Creo que me estoy haciendo viejo, pens&#243; Sejer con tristeza viejo y preocupado.

Erase una noche oscura y tormentosa -volvi&#243; a leer, y en ese momento apareci&#243; Ingrid con tres cervezas y una Coca Cola. Sejer se call&#243; en el acto y la mir&#243; fijamente. Lo mismo hizo Matteus.

&#191;Por qu&#233; me mir&#225;is as&#237;? &#191;Qu&#233; os pasa?

Nada -dijeron al un&#237;sono, y volvieron a inclinarse sobre el libro.

Ingrid puso las botellas sobre la mesa, las abri&#243; y busc&#243; sus zuecos. Los cogi&#243; del suelo y los sacudi&#243; tres veces, pero no pas&#243; nada. Se ha enganchado en la punta, pensaron los dos alborozados. Luego sucedieron muchas cosas a la vez. De repente apareci&#243; Erik, el yerno, en la puerta. Matteus se baj&#243; de un salto de las rodillas de su abuelo y se abalanz&#243; sobre su padre. Kollberg se despert&#243;, dio un salto debajo de la mesa y se puso a mover el rabo con tanta energ&#237;a que tir&#243; las botellas, e Ingrid meti&#243; los pies en los zuecos.


S&#248;lvi estaba en su cuarto sacando cosas de una caja de cart&#243;n. Se enderez&#243; un instante y ech&#243; un vistazo por la ventana. Fritzner, que viv&#237;a justo enfrente, estaba junto a la ventana mir&#225;ndola. Ten&#237;a un vaso en la mano y lo levant&#243; haciendo un gesto con la cabeza, como queriendo hacer un brindis.

S&#248;lvi le dio la espalda inmediatamente. No le importaba nada que un hombre la contemplara, pero Fritzner era calvo. Pensar en una vida junto a un calvo resultaba tan inaudito como imaginarse una vida junto a un hombre gordo. No entraba en sus sue&#241;os. Nunca se le ocurri&#243; pensar que Eddie tambi&#233;n estaba calvo. No le importaba que los hombres fueran calvos, tan s&#243;lo que no lo fueran aquellos con los que sal&#237;a. Frunci&#243; la nariz con desprecio y volvi&#243; a mirar. El hombre ya no estaba. Ese loco se habr&#237;a vuelto a meter en su barca.

Oy&#243; sonar el timbre y fue a abrir a paso ligero, vestida con un traje de pantal&#243;n azul claro, un cintur&#243;n plateado en la cintura y zapatillas planas de piel.

&#161;Ah! -dijo amablemente-, &#161;es usted! Estoy ordenando la habitaci&#243;n de Annie. Pase, mis padres est&#225;n a punto de llegar.

Sejer la sigui&#243; a trav&#233;s del sal&#243;n hasta su cuarto, que estaba al lado del de Annie. Era bastante m&#225;s grande y pintado en tonos pastel. En la mesilla de noche hab&#237;a una foto de la hermana muerta.

He heredado algunas cosas -sonri&#243;, como disculp&#225;ndose-. Algo de ropa y cosas as&#237;. Y si logro convencer a pap&#225; para que me dejen tirar la pared de la habitaci&#243;n de Annie, tendr&#233; una gran habitaci&#243;n.

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

Quedar&#225; estupendo -murmur&#243; avergonz&#225;ndose de los sentimientos arrogantes que amenazaban con emerger. No ten&#237;a derecho a juzgar a nadie. Ellos se esforzaban por seguir viviendo y ten&#237;an derecho a hacerlo a su manera. Nadie debe decir a otros c&#243;mo superar el duelo por un ser querido. Mientras se echaba esta peque&#241;a reprimenda miraba a su alrededor. Jam&#225;s hab&#237;a visto una habitaci&#243;n con tantos cachivaches, figuras y trastos.

Y voy a tener una televisi&#243;n para m&#237; sola -sonri&#243; S&#248;lvi-. Y con una nueva antena podr&#233; recibir la TV-Noruega -se agach&#243; sobre una caja de cart&#243;n en el suelo, no paraba de sacar cosas-. Casi todo son libros -dijo-, Annie no ten&#237;a cosm&#233;ticos ni joyas ni esas cosas. Luego ten&#237;a un mont&#243;n de compactos y cintas de casete.

&#191;Te gusta leer?

En realidad no. Pero la estanter&#237;a quedar&#225; bonita llena de libros.

Sejer hizo un gesto de comprensi&#243;n.

&#191;Ha ocurrido algo? -pregunt&#243; la muchacha.

Pues s&#237;, en cierto modo. Pero a&#250;n no entendemos del todo el significado.

S&#248;lvi segu&#237;a sacando cosas de la caja de cart&#243;n envueltas en papel de peri&#243;dico.

&#191;De modo que conoces a Magne Johnas, S&#248;lvi?

S&#237; -contest&#243; la joven. A Sejer le pareci&#243; que se sonrojaba pero no estaba seguro, porque ya estaba roja antes-. Ahora vive en Oslo. Trabaja en Gym & Greier.

&#191;Sabes si alguna vez hubo algo entre Annie y &#233;l?

&#191;Si hubo algo? -repiti&#243; mirando a Sejer sin comprender nada.

Si salieron juntos, o si Magne alguna vez estuvo enamorado de ella, o si hab&#237;a intentado ligar con ella antes que contigo.

Annie siempre se re&#237;a de &#233;l -contest&#243; S&#248;lvi como lament&#225;ndolo-. Ni que Halvor fuera gran cosa. Magne al menos tiene pinta de chico. Quero decir, tiene m&#250;sculos y eso.

La joven luchaba con el papel de peri&#243;dico y evitaba mirar a Sejer.

&#191;Annie pudo ofender a Magne de alguna manera? -pregunt&#243; Sejer mirando un objeto brillante que apareci&#243; entre los envoltorios.

No me extra&#241;ar&#237;a. A Annie no le bastaba con decir que no. Pod&#237;a llegar a ser bastante sarc&#225;stica, y no admiraba nada los m&#250;sculos. Todo el mundo habla de lo buena y lo maravillosa que era, y yo no es que pretenda decir nada malo de mi hermanastra, pero muchas veces era sarc&#225;stica. S&#243;lo que nadie se atreve a decirlo porque ha muerto. No entiendo c&#243;mo pod&#237;a soportarlo Halvor. Siempre era Annie la que lo decid&#237;a todo.

&#191;Ah s&#237;?

Pero conmigo siempre era buena.

Por un instante pareci&#243; asustada al recordar a su hermana y todo lo que hab&#237;a sucedido.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevas con Magne? -pregunt&#243; Sejer cortesmente.

S&#243;lo unas semanas. Vamos al cine y cosas as&#237;.

&#201;l es m&#225;s joven que t&#250;, &#191;no?

Cuatro a&#241;os -contest&#243; de mala gana-. Pero es muy maduro para su edad.

Exactamente.

S&#248;lvi levant&#243; algo hacia la luz y lo mir&#243;. Era un p&#225;jaro de bronce sobre un palo. Una criatura peque&#241;a y redonda vestida de plumas y con la cabeza ladeada.

Creo que est&#225; roto -dijo S&#248;lvi insegura.

Sejer mir&#243; sorprendido. Lo que vio se le clav&#243; en la sien como una flecha. Parec&#237;a un pajarito de los que se pon&#237;an en las tumbas de ni&#241;os.

Puedo hacer un poco de masa de miga de pan y hacerle un pie nuevo -dijo la joven pensativa-. Le dir&#233; a pap&#225; que me ayude. El p&#225;jaro es muy bonito.

Sejer no contest&#243;. Le estaba emergiendo lentamente la imagen de otra Annie, una imagen m&#225;s matizada que la que Halvor y sus padres le hab&#237;an dibujado.

&#191;Qu&#233; crees que es? -murmur&#243;.

Ella se encogi&#243; de los hombros.

Ni idea. Una figura de &#233;sas de adorno rota, &#191;no?

&#191;Nunca la hab&#237;as visto hasta ahora?

No. Annie no me dejaba entrar en su habitaci&#243;n cuando ella no estaba en casa.

Dej&#243; el p&#225;jaro sobre el escritorio, donde qued&#243; balance&#225;ndose. S&#248;lvi volvi&#243; a meter la cabeza en la caja de cart&#243;n.

&#191;Hace mucho que no ves a tu padre? -pregunt&#243; Sejer mirando el p&#225;jaro que segu&#237;a balance&#225;ndose cada vez m&#225;s despacio. Su cerebro trabajaba a marchas forzadas.

&#191;Mi padre? -se enderez&#243; y lo mir&#243; algo confusa-. &#191;Quiere decir mi padre de Adamstuen?

Sejer asinti&#243; con un movimiento de cabeza.

Vino al entierro de Annie.

Seguramente lo echas de menos, &#191;no?

S&#248;lvi no contest&#243; a esa pregunta. Fue como si Sejer tocara algo en lo que ella rara vez se parara a pensar, algo inc&#243;modo que intentaba olvidar, un atisbo de mala conciencia tal vez, algo causado por otros, leyes no escritas que ella siempre hab&#237;a seguido y aceptado sin protestar, porque nunca hab&#237;a entendido lo que realmente hab&#237;a detr&#225;s. Sejer se sinti&#243; un poco insistente en ese momento. Ten&#237;a que mostrarse considerado, no deb&#237;a olvidar que ten&#237;a que acercarse a la gente bajo sus propias premisas, no entrar dando patadas en su mundo.

&#191;C&#243;mo llamas a Eddie? -pregunt&#243; con cautela.

Lo llamo pap&#225; -contest&#243; en voz baja.

&#191;Y a tu verdadero padre?

A &#233;l lo llamo padre -dijo con sencillez-. Siempre lo he llamado as&#237;. Era &#233;l quien lo quer&#237;a, era muy anticuado.

Era Como si ya no existiera.

Estoy oyendo el coche de mis padres -dijo S&#248;lvi aliviada.

El Toyota verde de los Holland se pos&#243; delante de la casa. Sejer vio a Ada Holland poner un pie en la gravilla y echar un vistazo hacia la ventana.

&#191;Me dejas ese p&#225;jaro, S&#248;lvi?

Ella lo mir&#243; boquiabierta.

&#191;El p&#225;jaro roto? Claro que s&#237; -le dio el p&#225;jaro con una mirada interrogante.

Gracias. No voy a molestarte m&#225;s -dijo Sejer sonriendo, y sali&#243; de la habitaci&#243;n. Se meti&#243; el p&#225;jaro en un bolsillo y se dirigi&#243; al cuarto de estar, donde se qued&#243; esperando junto a la pared.

El p&#225;jaro. Arrancado de la tumba de Eskil. En la habitaci&#243;n de Annie. &#191;Por qu&#233;?

Holland entr&#243; primero. Lo salud&#243; con un movimiento de la cabeza y luego le dio la mano, con la mirada parcialmente dirigida a otra parte. Hab&#237;a en &#233;l un sentimiento de rechazo que antes no hab&#237;a mostrado. La se&#241;ora Holland fue a hacer caf&#233;.

S&#248;lvi se va a quedar con la habitaci&#243;n de Annie -dijo Holland-. As&#237; no estar&#225; vac&#237;a y tendremos algo de qu&#233; ocuparnos. Vamos a tirar la pared y a empapelar de nuevo. Habr&#225; bastante trabajo. Quiero decirle algo -continu&#243;-. He visto en los peri&#243;dicos que un chico de dieciocho a&#241;os est&#225; en prisi&#243;n preventiva. &#161;Pero si es imposible que haya sido Halvor! Lo conocemos desde hace dos a&#241;os. Es verdad que no resulta f&#225;cil intimar con &#233;l, pero uno aprende a conocer a las personas. No quiero insinuar que ustedes no sepan lo que hacen, pero nosotros somos incapaces de imaginarnos que Halvor sea un homicida, ninguno de nosotros.

Sejer s&#237; era capaz de imagin&#225;rselo. Los homicidas eran como la mayor&#237;a de la gente. Tal vez hubiera volado la cabeza de su padre; fr&#237;a y deliberadamente podr&#237;a haber matado a un hombre dormido.

&#191;Es Halvor el que est&#225; en prisi&#243;n preventiva? -pregunt&#243; Holland.

Ya lo hemos soltado -contest&#243; Sejer en voz alta.

Pero, &#191;por qu&#233; estuvo detenido?

Nos vimos obligados a hacerlo. No puedo decir nada m&#225;s sobre ese asunto.

&#191;Debido a la investigaci&#243;n?

Correcto.

La se&#241;ora Holland entr&#243; con cuatro tazas y un plato de galletas.

&#191;Hay algo m&#225;s?

S&#237;.

Sejer mir&#243; por la ventana, buscando algo que pudiera distraerles.

Por ahora no puedo decir mucho m&#225;s.

Holland sonri&#243; con amargura.

Claro que no. Supongo que nosotros seremos los &#250;ltimos en enterarnos. Cuando por fin lo cojan, los peri&#243;dicos lo sabr&#225;n mucho antes que nosotros.

En absoluto.

Sejer lo mir&#243; a los ojos, que eran grandes y grises como hab&#237;an sido los de Annie. En ese momento estaban rebosantes de dolor.

La prensa est&#225; en todas partes y tiene sus contactos. El que usted lea cosas en el peri&#243;dico no significa que nosotros les hayamos dado la informaci&#243;n. Los avisaremos cuando procedamos a la detenci&#243;n de alguien, se lo prometo.

Nadie nos dijo lo de Halvor -dijo Holland en voz baja.

Eso se debe simplemente a que nunca cre&#237;mos que se tratara del homicida.

Cuando lo pienso -murmur&#243; Holland-, no s&#233; si quiero saberlo, saber qui&#233;n lo ha hecho.

&#191;Qu&#233; est&#225;s diciendo?

Ada Holland entr&#243; con la cafetera y lo mir&#243; escandalizada.

Ya nada importa. Todo es como si hubiera sido un accidente, un accidente inevitable.

&#191;Por qu&#233; dices eso? -pregunt&#243; su mujer afligida.

Puesto que de todos modos iba a morir, todo da igual ya.

Holland mir&#243; el interior de la taza vac&#237;a, la cogi&#243; y la puso en movimiento, como si quisiera mancharse con un caf&#233; caliente que no hab&#237;a.

No da igual -objet&#243; Sejer tenazmente-. Tienen ustedes derecho a saber el motivo. Podr&#233; tardar, pero lo averiguar&#233;, aunque tal vez sea un proceso muy largo.

&#191;Un proceso muy largo? -Holland sonri&#243; con amargura-, Annie se est&#225; desintegrando lentamente -susurr&#243;.

&#161;Pero Eddie, por favor! -exclam&#243; la se&#241;ora Holland apenada-. Tenemos a S&#248;lvi.

T&#250; tienes a S&#248;lvi.

Holland se levant&#243; y desapareci&#243; en alguna parte de la casa. Nadie lo sigui&#243;. La se&#241;ora Holland se encogi&#243; de hombros, desesperada.

Annie era la ni&#241;a de sus ojos -susurr&#243; en voz baja.

Ya lo s&#233;.

Me temo que nunca volver&#225; a ser el mismo.

No lo ser&#225;, es cierto. Ahora est&#225; intentando adaptarse a otro Eddie. Necesita tiempo. Tal vez sea m&#225;s f&#225;cil cuando sepamos lo que realmente ocurri&#243;.

No s&#233; si me atrever&#233; a saberlo.

&#191;Tiene miedo a algo?

Tengo miedo a todo. Me imagino toda clase de cosas all&#237; arriba en la laguna.

&#191;Puede explicarme lo que se imagina?

Ella neg&#243; con la cabeza y agarr&#243; la taza.

No, no puedo. No son m&#225;s que imaginaciones. Si las digo en voz alta pueden convertirse en realidad.

Parece que S&#248;lvi se maneja bien -coment&#243; Sejer para distraerla.

S&#248;lvi es fuerte -dijo Ada Holland de repente con gran decisi&#243;n.

Fuerte, pens&#243; Sejer. Pues s&#237;, tal vez fuera una caracter&#237;stica correcta. Tal vez Annie fuera la d&#233;bil. Las cosas empezaban a dar vueltas en su cerebro de forma inquietante. La se&#241;ora Holland fue a la cocina a por az&#250;car y leche. S&#248;lvi entr&#243;.

&#191;D&#243;nde est&#225; pap&#225;?

Viene enseguida -grit&#243; la se&#241;ora Holland desde la cocina en tono imperativo, tal vez con la esperanza de que Eddie la oyera y volviera a entrar. No s&#243;lo ha muerto Annie, pens&#243; Sejer, sino que la familia entera se derrumba, se abren las juntas soldadas, hay grandes agujeros en el casco y el agua entra a chorros. Ella intenta meter viejas frases y &#243;rdenes en las grietas para mantener el barco a flote.

Ech&#243; el caf&#233;. Sejer no encontr&#243; sitio para los dedos en el asa y tuvo que coger la taza con las dos manos.

Habla usted constantemente del motivo -dijo Ada Holland cansada-, como si el asesino hubiera tenido una buena raz&#243;n.

No buena, pero evidentemente una raz&#243;n. Una raz&#243;n que en ese momento y en ese lugar ser&#237;a su &#250;nica salida.

&#191;As&#237; que entiende usted a esa gente a la que encarcela por homicidios y miserias?

Si no, no podr&#237;a desempe&#241;ar mi profesi&#243;n.

Sejer bebi&#243; m&#225;s caf&#233; y pens&#243; en Halvor.

&#191;Pero tiene que haber excepciones?

Rara vez las hay.

Ada Holland suspir&#243; y mir&#243; a su hija, que estaba sentada frente a ella.

&#191;T&#250; qu&#233; crees, S&#248;lvi? -pregunt&#243; muy seria en voz baja y en un tono distinto al que hab&#237;a empleado antes, como si por una vez quisiera penetrar en la rubia y ligera cabeza de su hija y encontrar una respuesta, tal vez una respuesta inesperada y aclaratoria. Como si esa &#250;nica hija que le quedaba fuera tal vez diferente de lo que hab&#237;a pensado y m&#225;s parecida a Annie de lo que imaginaba.

&#191;Yo? -exclam&#243; la joven mirando sorprendida a su madre-. La verdad es que a m&#237; nunca me ha gustado ese Fritzner de la casa de enfrente. He o&#237;do decir que se pasa toda la noche leyendo sentado en una barca de vela en medio del cuarto de estar, con una cerveza en un soporte para botellas.


Skarre hab&#237;a apagado casi todas las luces del despacho. S&#243;lo estaba encedida la l&#225;mpara del escritorio, sesenta watios en un c&#237;rculo blanco iluminando los papeles. La impresora sonaba d&#233;bil y regularmente mientras escup&#237;a p&#225;gina tras p&#225;gina, cubiertas de una escritura perfecta, la que m&#225;s le gustaba y que se llamaba Palatino. Al fondo, como a lo lejos, se abri&#243; una puerta y alguien entr&#243;. Quiso levantar la vista y mirar, pero en ese momento sali&#243; la hoja de la impresora. Se agach&#243;, la cogi&#243; y volvi&#243; a levantarse. Descubri&#243; en el papel blanco algo que se estaba metiendo en su campo de visi&#243;n: un p&#225;jaro de bronce sobre un palo.

&#191;D&#243;nde? -dijo presuroso.

Sejer se sent&#243;.

En casa de Annie. S&#248;lvi est&#225; heredando las cosas de su hermana, y el p&#225;jaro estaba entre ellas, envuelto en papel de peri&#243;dico. Me pas&#233; por la tumba. Encajaba como un guante en una mano. Pero alguien pudo hab&#233;rselo dado -a&#241;adi&#243; mirando a Skarre.

&#191;Qui&#233;n, por ejemplo?

No lo s&#233;. Pero si fue ella misma la que lo cogi&#243;, si fue hasta all&#237; en medio de la noche con alguna herramienta para arrancarlo de la tumba del ni&#241;o, entonces se trata de un acto bastante desconsiderado. &#191;No te parece?

Pero Annie no era desconsiderada, &#191;no?

No lo s&#233;. Ya no estoy seguro de nada.

Skarre gir&#243; la l&#225;mpara para alejar la luz del escritorio. Form&#243; una media luna perfecta en la pared. Se quedaron mir&#225;ndola fijamente. Skarre tuvo la ocurrencia de levantar el p&#225;jaro agarr&#225;ndolo por el palo y hacer que se contoneara delante de la l&#225;mpara. La sombra que formaba sobre la luna blanca parec&#237;a un gigantesco pato borracho camino de casa despu&#233;s de una juerga.

Jensvoll ha dimitido como entrenador del equipo femenino -dijo Skarre.

&#191;Qu&#233; dices?

Empezaron a propagarse los rumores. Ese asunto de la violaci&#243;n vuela bajo sobre los lagos. Las chicas dejaron de acudir a los entrenamientos.

Ya me lo figuraba. Lo uno trae consigo lo otro.

Y Fritzner ten&#237;a raz&#243;n. Se avecinan d&#237;as duros para muchos. Hasta que el culpable se venga abajo. Y ser&#225; pronto, porque ahora entiendes todo el contexto, &#191;verdad?

Sejer hizo un gesto negativo.

Hubo algo entre Annie y Johnas. Algo sucedi&#243; entre ellos.

Tal vez la chica quer&#237;a simplemente tener un recuerdo de Eskil.

En ese caso podr&#237;a haber ido a su casa a pedir un osito de peluche o algo por el estilo.

&#191;Crees que &#233;l pudo haber abusado de ella?

De ella, o tal vez de alguien con quien ella ten&#237;a relaci&#243;n. Alguien a quien ella quer&#237;a.

No te entiendo &#191;Quieres decir Halvor?

Me refiero a su hijo, a Eskil, que muri&#243; mientras Johnas estaba afeit&#225;ndose en el cuarto de ba&#241;o.

Pero ella no pod&#237;a reprocharle eso, &#191;no?

S&#243;lo si hay algo sin aclarar sobre las circunstancias de la muerte del peque&#241;o.

Skarre silb&#243;.

All&#237; no hab&#237;a nadie para verlo. S&#243;lo tenemos las declaraciones de Johnas.

Sejer cogi&#243; el p&#225;jaro una vez m&#225;s y hurg&#243; cuidadosamente el agudo pico.

&#191;T&#250; que piensas, Jacob? &#191;Qu&#233; pas&#243; realmente aquella ma&#241;ana del siete de noviembre?


Los recuerdos se le cayeron encima como una avalancha cuando abri&#243; la puerta doble de cristal y dio un par de pasos por el interior: el olor a hospital, esa mezcla de formol y jab&#243;n, junto al olor a chocolate del kiosco y el aroma perfumado de los claveles de la florister&#237;a

En lugar de pensar en la muerte de su mujer intent&#243; pensar en su hija Ingrid, en el d&#237;a en que naci&#243;, porque ese enorme edificio alojaba tanto su mayor dolor como su mayor alegr&#237;a en esta vida. En esas dos ocasiones hab&#237;a entrado por esa misma puerta y percibido esos mismos olores. Sin querer, hab&#237;a comparado a su hija reci&#233;n nacida con los dem&#225;s beb&#233;s. Los otros le parecieron m&#225;s rojos y m&#225;s gordos, m&#225;s arrugados y adem&#225;s despeinados. O eran prematuros, o estaban amarillos como la cera o hab&#237;an tardado demasiado en salir y parec&#237;an desnutridos ancianos en miniatura. S&#243;lo Ingrid era perfecta. Los recuerdos le hicieron relajarse por fin.

No lleg&#243; sin avisar. Tard&#243; exactamente ocho minutos en localizar por tel&#233;fono al pat&#243;logo que hab&#237;a realizado la autopsia de Eskil Johnas. Le explic&#243; de antemano de qu&#233; se trataba para que pudieran buscar carpetas y diarios y tenerlo todo preparado sobre la mesa cuando &#233;l llegara. Una de las cosas que de hecho le gustaba de la burocracia, ese pesado y lento y minucioso sistema que gobernaba todos los organismos p&#250;blicos, era la norma que exig&#237;a que todo se anotara y archivara. Fechas, horas, nombres, diagn&#243;sticos, rutinas, irregularidades, todo ten&#237;a que registrarse. Todo pod&#237;a volver a ser sacado y analizado de nuevo, por otras personas, con otros motivos y con ojos frescos.

En eso iba pensando al salir del ascensor. Not&#243; c&#243;mo se acentuaba el olor a hospital mientras andaba por el pasillo de la octava planta. El pat&#243;logo, que por tel&#233;fono hab&#237;a sonado como un hombre algo mayor, result&#243; ser un hombre joven. En la mesa ten&#237;a un archivador peque&#241;o, un tel&#233;fono, una pila de papeles, y un gran libro rojo con caracteres chinos.

He de admitir que revis&#233; el informe a toda prisa -dijo el m&#233;dico, que llevaba unas gafas que le confer&#237;an una expresi&#243;n de susto constante-. Me entr&#243; la curiosidad. Es usted inspector de polic&#237;a, &#191;no es as&#237;?

Sejer asinti&#243; con la cabeza.

Y de eso deduzco que esta muerte puede tener algo de extra&#241;o. &#191;Eh?

Sobre eso no tengo ninguna opini&#243;n.

&#191;Pero usted est&#225; aqu&#237; por eso?

Sejer lo mir&#243; y parpade&#243; dos veces. Esa fue toda la respuesta que recibi&#243; el pat&#243;logo. Como Sejer no dijo nada, el otro sigui&#243; hablando, un fen&#243;meno que nunca dejaba de sorprender a Sejer, y que le hab&#237;a proporcionado muchas confesiones a lo largo de los a&#241;os.

Una historia muy tr&#225;gica -murmur&#243; el pat&#243;logo mientras miraba los papeles-. Ni&#241;o de dos a&#241;os. Accidente dom&#233;stico. Sin vigilancia durante unos minutos. Muerto al llegar. Lo abrimos y encontramos una obstrucci&#243;n total en el es&#243;fago, en forma de comida.

&#191;Qu&#233; clase de comida?

Gofres en forma de coraz&#243;n. De hecho, pudimos desdoblarlos tal cual, estaban casi enteros. Dos corazones de gofres hechos una bola. Eso es mucha comida en una boca tan peque&#241;a, aunque el ni&#241;o era grande y fuerte. Luego me enter&#233; de que era un cr&#237;o muy glot&#243;n y adem&#225;s hiperactivo.

Sejer intent&#243; imaginarse una plancha de gofres de los que sol&#237;a hacer Elise, de cinco corazones. El hierro de Ingrid era m&#225;s moderno y s&#243;lo ten&#237;a cuatro corazones, y adem&#225;s no era completamente redondo.

Recuerdo muy bien esa historia. Uno se acuerda siempre de los casos tr&#225;gicos, se quedan fijados en la memoria. La inmensa mayor&#237;a de las personas que nos llegan a la mesa tiene entre ochenta y noventa a&#241;os. Recuerdo aquellos corazones de gofres puestos en el plato. Los ni&#241;os y los gofres se pertenecen de alguna manera. Por eso result&#243; m&#225;s triste a&#250;n el que precisamente lo mataran los gofres. Se hab&#237;a sentado a la mesa para disfrutar.

Dice usted nosotros. &#191;Eran m&#225;s?

Estuvo conmigo el pat&#243;logo jefe, Arnesen. Entonces yo era nuevo aqu&#237; y a &#233;l le gustaba controlar a los nuevos. Ya se ha jubilado. Ahora tenemos una jefa -explic&#243;, mir&#225;ndose fijamente las manos.

&#191;Dos corazones completos de gofres? &#191;Los hab&#237;a masticado?

Aparentemente no. Estaban bastante enteros.

&#191;Tiene usted hijos? -pregunt&#243; Sejer con curiosidad.

Tengo cuatro -contest&#243; el m&#233;dico contento.

&#191;Pensaba usted en ellos cuando realiz&#243; aquella autopsia?

El m&#233;dico lo mir&#243; inseguro, como si no entendiera la pregunta.

Bueno, s&#237;, en cierta manera. Aunque creo que pens&#233; m&#225;s bien en los ni&#241;os en general, y en c&#243;mo se comportan.

&#191;Ah s&#237;?

Uno de mis hijos acababa de cumplir tres a&#241;os entonces -prosigui&#243;-. Y le encantan los gofres. Yo siempre le doy la lata, como solemos hacer los padres, para que no se meta tanta comida en la boca a la vez.

Pero en este caso all&#237; no hab&#237;a nadie -indic&#243; Sejer- para darle tales consejos.

No. Si lo hubiera habido, el accidente no se habr&#237;a producido.

Sejer no contest&#243; nada a eso.

Imag&#237;nese a su propio hijo a la misma edad aproximadamente, con un plato de gofres delante. &#191;A su hijo se le habr&#237;a ocurrido coger dos, doblarlos y met&#233;rselo todo en la boca de una vez?

Hubo una larga pausa.

Eh se trataba de un ni&#241;o algo especial.

&#191;Exactamente de d&#243;nde proced&#237;a esa informaci&#243;n, de que era tan especial?

Del padre. Estuvo aqu&#237;, en el hospital, todo el d&#237;a. La madre vino m&#225;s tarde, acompa&#241;ada por un hijo adolescente. Todo est&#225; anotado en los papeles. Le he hecho una copia, tal y como me pidi&#243;.

Puso un dedo sobre el mont&#243;n de papeles que ten&#237;a delante y empuj&#243; hacia un lado el libro chino. Sejer reconoci&#243; el primer signo de la portada como el que significaba hombre.

Seg&#250;n tengo entendido, el padre estaba en el cuarto de ba&#241;o cuando ocurri&#243; el accidente.

As&#237; es. Estaba afeit&#225;ndose. Adem&#225;s, hab&#237;a atado al ni&#241;o a la silla y por eso no pudo bajar a pedir ayuda. Cuando el padre entr&#243; en la cocina el ni&#241;o yac&#237;a desplomado sobre la mesa. Hab&#237;a tirado el plato al suelo y se hab&#237;a hecho a&#241;icos. Lo peor es que el padre oy&#243; eso.

&#191;Y no corri&#243; hasta la cocina?

Al parecer era un ni&#241;o que siempre estaba rompiendo cosas.

&#191;Qui&#233;n m&#225;s hab&#237;a en casa cuando ocurri&#243;?

Seg&#250;n tengo entendido, s&#243;lo la madre. El hijo mayor acababa de marcharse en el autocar escolar o algo as&#237;, y la madre estaba durmiendo en el piso de arriba.

&#191;Y no oy&#243; nada?

No habr&#237;a nada que o&#237;r, ya que el ni&#241;o no pod&#237;a gritar.

No claro, con dos corazones de gofres en la garganta. Pero luego se despert&#243;. &#191;La despert&#243; el marido?

Puede que &#233;l la llamara a gritos. Las personas reaccionamos de manera muy distinta ante ese tipo de situaciones. Algunos gritan sin parar, otros se quedan completamente paralizados.

&#191;Pero ella no acompa&#241;&#243; al ni&#241;o en la ambulancia?

Lleg&#243; m&#225;s tarde. Fue primero a buscar al hijo mayor al colegio.

&#191;Cu&#225;nto tardaron en llegar?

Vamos a ver alrededor de hora y media, seg&#250;n pone aqu&#237;.

&#191;Podr&#237;a usted decir algo de c&#243;mo se comport&#243; ella? &#191;Y el padre?

El m&#233;dico call&#243; y cerr&#243; los ojos, como si de verdad quisiera reproducir en su mente aquella ma&#241;ana, tal y como hab&#237;a sido.

&#201;l estaba en estado de shock y no dec&#237;a gran cosa.

Es comprensible. Pero, &#191;se acuerda usted de lo poco que pudo haber dicho? &#191;Recuerda algunas de sus palabras?

El m&#233;dico lo mir&#243; interrogante, y movi&#243; la cabeza negativamente.

Hace bastante tiempo. Casi ocho meses.

Int&#233;ntelo de todos modos.

Creo que dijo algo as&#237; como: &#161;Oh Dios, no! &#161;Oh Dios, no!

&#191;Fue el padre el que avis&#243; a la ambulancia?

Eso es lo que pone aqu&#237;.

&#191;Se tarda realmente veinte minutos en ir de aqu&#237; a Lundeby?

S&#237;, lamentablemente. Y otros veinte de vuelta. No llevaban personal preparado para realizar una traqueotom&#237;a. En ese caso a lo mejor podr&#237;an haberlo salvado.

&#191;Qu&#233; quiere decir?

Una traqueotom&#237;a es un agujero que se hace en la traquea desde fuera.

&#191;Quiere decir que se abre la garganta?

S&#237;, de hecho es una intervenci&#243;n bastante sencilla. Tal vez pudiera haber salvado al ni&#241;o. Pero tampoco sabemos con exactitud cu&#225;nto tiempo estuvo sentado en la silla antes de que el padre lo encontrara.

M&#225;s o menos lo que se tarda en afeitarse, &#191;no?

Pues s&#237;, tal vez.

El m&#233;dico hoje&#243; los papeles mientras empujaba sus gafas.

&#191;Existe la sospecha de algo delictivo?

Se hab&#237;a guardado esa pregunta durante mucho tiempo. En ese momento se sinti&#243; con cierto derecho a hacerla.

No creo. &#191;Usted qu&#233; opina?

&#161;Yo no puedo opinar sobre eso!

Pero usted abri&#243; al ni&#241;o y lo examin&#243;. &#191;Encontr&#243; algo anormal en esa muerte?

&#191;Anormal? Los ni&#241;os son as&#237;. Se hinchan a comer.

Pero si ten&#237;a un plato delante con varios gofres, estaba solo y no ten&#237;a miedo a que nadie se lo quitara, &#191;por qu&#233; iba a meterse dos corazones en la boca a la vez?

D&#237;game una cosa: &#191;a d&#243;nde quiere ir a parar con todo esto?

No tengo ni idea.

El m&#233;dico se qued&#243; absorto en sus propios pensamientos. Volvi&#243; a pensar en aquella ma&#241;ana en que el peque&#241;o Eskil yac&#237;a desnudo sobre la mesa de porcelana, abierto en canal, desde la garganta hasta abajo. Record&#243; el momento en que descubri&#243; esa bola en la traquea y vio que se trataba de gofres. Dos corazones enteros. Una &#250;nica bola empalagosa de huevos, harina, mantequilla y leche.

Recuerdo la autopsia -dijo en voz baja-. De hecho, la recuerdo muy bien. Tal vez eso en s&#237; muestra que en realidad estaba intrigado. No, no lo s&#233;, no puedo decir nada. Nunca suelo pensar as&#237;. Pero -dijo de repente-, &#191;c&#243;mo se le ha ocurrido a usted que pudo haber alguna irregularidad?

Irregularidad, esa palabra capciosa en la que cab&#237;an tantas posibilidades.

Bueno -dijo Sejer sin apartar la vista del otro-, el ni&#241;o ten&#237;a una ni&#241;era. Digamos que esa chica emiti&#243; ciertas se&#241;ales en relaci&#243;n con la muerte del ni&#241;o que me han hecho dudar.

&#191;Se&#241;ales? Puede pregunt&#225;rselo a ella, &#191;no?

No, no puedo. Es demasiado tarde.

Gofres para desayunar, pens&#243;. Ten&#237;an que haber sido del d&#237;a anterior. Estaba seguro de que Johnas no se hab&#237;a levantado tan temprano por la ma&#241;ana para hacer la masa. Gofres del d&#237;a anterior, fr&#237;os y viscosos. Sejer se abroch&#243; la chaqueta y se meti&#243; en el coche. Nadie sospechar&#237;a nada. Los ni&#241;os siempre se atragantan. El pat&#243;logo lo hab&#237;a expresado as&#237;: se hinchan a comer. Arranc&#243; el coche, cruz&#243; la calle de Rosenkrantz y baj&#243; hasta el r&#237;o, donde se desvi&#243; a la izquierda. No ten&#237;a hambre, pero se fue a los Juzgados, aparc&#243;, y cogi&#243; el ascensor hasta la cantina, donde serv&#237;an gofres. Pidi&#243; una plancha, un platito de mermelada y caf&#233;, y se sent&#243; junto a la ventana. Esos gofres estaban crujientes y reci&#233;n hechos. Los dobl&#243; una vez y luego otra. Despu&#233;s se qued&#243; mir&#225;ndolos. Pudo, con algo de esfuerzo, met&#233;rselos en la boca y todav&#237;a le quedaba espacio para masticar. Una vez masticados, not&#243; c&#243;mo iban bajando por la traquea sin ning&#250;n problema. Los gofres reci&#233;n hechos eran lisos y grasientos. Bebi&#243; caf&#233; y sacudi&#243; la cabeza. Analiz&#243; desganado esas im&#225;genes que ven&#237;an empujando en su mente, del ni&#241;o con la garganta llena. De c&#243;mo habr&#237;a gesticulado y agitado las manos, roto el plato y luchado por su vida sin que nadie lo oyera. S&#243;lo el padre hab&#237;a o&#237;do romperse el plato. &#191;Por qu&#233; no fue corriendo a la cocina a ver qu&#233; hab&#237;a pasado? Porque el ni&#241;o siempre estaba rompiendo cosas, hab&#237;a dicho el m&#233;dico. Pero de todos modos un ni&#241;o tan peque&#241;o y un plato hecho a&#241;icos. Yo habr&#237;a acudido instant&#225;neamente, pens&#243; Sejer. Habr&#237;a pensado que la silla podr&#237;a haberse volcado y que el ni&#241;o podr&#237;a haberse hecho da&#241;o. Pero el padre se tom&#243; el tiempo de acabar de afeitarse. &#191;Y si la madre hubiera estado despierta a pesar de todo? &#191;Habr&#237;a o&#237;do romperse el plato? Sejer acab&#243; el caf&#233; y unt&#243; el resto de los gofres de mermelada. Luego ley&#243; el informe detenidamente. Por fin se levant&#243; y se fue al coche. Pens&#243; en Astrid Johnas, acostada en el piso de arriba sin saber lo que estaba pasando abajo.


Halvor cogi&#243; una rebanada de pan del plato y conect&#243; el ordenador. Le gustaba ese peque&#241;o toque de trompeta y el flujo de luz azul en la habitaci&#243;n cuando el ordenador se pon&#237;a en marcha. Cada toque de trompeta era un momento solemne. Para &#233;l era como si la m&#225;quina diera la bienvenida a una persona importante, como si le hubieran estado esperando. Ese d&#237;a ten&#237;a ideas diferentes. Estaba de un humor endiablado, como Annie hab&#237;a estado muchas veces. Por eso empez&#243; fuerte con Fuera de aqu&#237;, Prohibido entrar, Desaparece de mi vista. Esas eran las cosas que Annie sol&#237;a decirle cuando &#233;l le rodeaba los hombros con un brazo cuidadosa y siempre amistosamente. Pero Annie siempre lo dec&#237;a en un tono cari&#241;oso. Y cuando &#233;l se atrev&#237;a a pedirle un beso, ella le amenazaba con morderle el gesto malhumorado de la boca. La voz siempre expresaba algo distinto a lo que dec&#237;an las palabras. Ciertamente las palabras estaban ah&#237;, pero al menos resultaba m&#225;s llevadero. En realidad, nunca le hab&#237;a permitido llegar hasta ella del todo. Y sin embargo, Annie quer&#237;a tenerlo consigo. Sol&#237;an estar acostados muy juntos el uno al otro, robarse calor el uno al otro. Tampoco estaba mal, estar en la oscuridad, debajo del edred&#243;n, muy cerca de Annie, escuchando el silencio fuera, libre del terror y de las pesadillas relacionados con su padre, que ya no pod&#237;a irrumpir en la habitaci&#243;n y arrancarle el edred&#243;n, que ya no pod&#237;a alcanzarle. La seguridad. La costumbre de tener a alguien acostado al lado, como hab&#237;a tenido siempre a su hermano. O&#237;r la respiraci&#243;n del otro, notar su calor en la cara.

&#191;Por qu&#233; hab&#237;a escrito eso Annie? &#191;Qu&#233; era? &#191;Lo entender&#237;a cuando por fin lo encontrara? Masticaba pan con pat&#233; de h&#237;gado y oy&#243; el sonido de la televisi&#243;n del cuarto de estar. Ten&#237;a mala conciencia porque su abuela estaba sola todas las tardes, e iba a seguir sola hasta que &#233;l consiguiera encontrar la clave y penetrar en su secreto. Debe tratarse de algo oscuro, pens&#243;, por lo inaccesible que es. Algo oscuro y peligroso, algo que no se puede decir en voz alta, s&#243;lo escribirse y encerrarse, como un asunto de vida o muerte. Lo tecle&#243;: Vida o muerte. Nada.


La se&#241;ora Johnas estaba almorzando en la trastienda. Mir&#243; a Sejer desde dentro con una rebanada de pan crujiente en la mano, vestida con el mismo traje rojo que la vez anterior. Parec&#237;a algo preocupada. Dej&#243; el pan sobre el papel, como si fuera poco decoroso masticar cuando iban a hablar de Annie. En lugar de ello, se centr&#243; en el caf&#233;.

&#191;Ha sucedido algo? -pregunt&#243;, bebiendo de la taza del termo.

Hoy no quiero hablar de Annie.

Astrid Johnas levant&#243; la taza y lo mir&#243; boquiabierta.

Hoy quiero hablar de Eskil.

&#191;C&#243;mo?

La boca llena se volvi&#243; m&#225;s peque&#241;a y m&#225;s estrecha.

Para m&#237; aquello ya es algo acabado, lo he dejado atr&#225;s. Y si me permite decirlo, me ha costado mucho.

Lamento no ser m&#225;s considerado. Hay algunos detalles relacionados con la muerte del ni&#241;o que me interesan.

&#191;Por qu&#233;?

No tengo que contestar a esa pregunta, se&#241;ora Johnas -dijo con delicadeza-. Usted lim&#237;tese a contestar a las m&#237;as.

&#191;Y si me niego? &#191;Y si no tengo fuerzas para volver a enfrentarme con todo eso una vez m&#225;s?

En ese caso me marcho -contest&#243; Sejer tranquilamente-. La dejo que lo piense. Ya volver&#233; otro d&#237;a con las mismas preguntas.

La mujer empuj&#243; la taza hacia un lado, coloc&#243; las manos en su regazo y se enderez&#243;, como si en realidad hubiera estado esperando exactamente eso y quisiera armarse de valor.

Esto no me gusta -dijo con voz tensa-. Vino usted aqu&#237; el otro d&#237;a a hablar sobre Annie, y no se me hubiera ocurrido no querer colaborar. Pero trat&#225;ndose de Eskil acabe enseguida y m&#225;rchese cuanto antes.

Sus manos se buscaron y se entrelazaron, como si tuviera miedo de algo.

Justo antes de morir -dijo Sejer mir&#225;ndola-, el ni&#241;o dio un golpe al plato y &#233;ste cay&#243; al suelo y se hizo a&#241;icos. &#191;Lo oy&#243; usted?

La pregunta le sorprendi&#243;. Lo mir&#243; extra&#241;ada, como si hubiera esperado otra cosa, tal vez algo peor.

S&#237; -se apresur&#243; a contestar.

&#191;Lo oy&#243;? &#191;De manera que estaba usted despierta?

Sejer estudi&#243; el rostro de la mujer, tomando nota de esa peque&#241;a sombra que se dibujaba en &#233;l, y prosigui&#243;:

&#191;As&#237; que no estaba dormida? &#191;Oy&#243; la m&#225;quina de afeitar?

Ella agach&#243; la cabeza.

Le o&#237; entrar en el ba&#241;o y la puerta cerrarse de golpe.

&#191;C&#243;mo sabe usted que entr&#243; en el ba&#241;o?

Lo sab&#237;a, sin m&#225;s. Llev&#225;bamos mucho tiempo viviendo en esa casa, las puertas ten&#237;an cada una su propio sonido.

&#191;Y antes de eso? &#191;Antes de que se metiera en el ba&#241;o?

Astrid Johnas volvi&#243; a vacilar, buscaba en la memoria.

Sus voces en la cocina. Estaban desayunando.

Eskil comi&#243; gofres -dijo &#233;l con cautela-. &#191;Era costumbre en su casa? &#191;Gofres para el desayuno? -sonri&#243;.

Supongo que los pedir&#237;a a gritos hasta que su padre acab&#243; d&#225;ndoselos -dijo ella cansada-. Siempre se sal&#237;a con la suya. No era f&#225;cil negarle nada a Eskil. Las negativas desataban enormes rabietas en &#233;l. No soportaba que se le opusiera resistencia. Era como soplar las brasas. Y Henning no era muy paciente. No aguantaba los gritos del ni&#241;o.

&#191;De modo que usted le oy&#243; gritar?

Astrid Johnas separ&#243; una mano de la otra y agarr&#243; de nuevo la taza.

Se pasaba el d&#237;a gritando -dijo, dirigi&#233;ndose al vapor que sub&#237;a del caf&#233;.

&#191;Hubo entre ellos alg&#250;n conflicto, se&#241;ora Johnas?

Sonri&#243; levemente.

Siempre los ten&#237;an. El ni&#241;o se puso pesado para que le diera gofres. Henning le hab&#237;a preparado una rebanada de pan que no quiso comer. Y ya sabe usted lo que pasa, hacemos cualquier cosa para que nuestros hijos coman, as&#237; que le buscaria esos dichosos gofres, o tal vez Eskil los viera. Estaban en la encimera cubiertos con un pl&#225;stico, desde la noche anterior,

&#191;Oy&#243; usted alguna palabra?

&#191;A d&#243;nde quiere ir a parar? -quiso saber de repente la se&#241;ora Johnas. Sus ojos cambiaron de color-. Eso tendr&#225; que hablarlo con Henning, yo no estuve presente. Estaba en el piso de arriba.

&#191;Cree que &#233;l tiene algo que contarme?

Silencio. Ella cruz&#243; los brazos, como para excluirle. El miedo iba en aumento.

No quiero hablar por Henning. Ya no es mi esposo.

&#191;Fue la p&#233;rdida del ni&#241;o lo que cre&#243; los problemas en el matrimonio?

En realidad no. Se habr&#237;a roto de todos modos. Nos costaba demasiados esfuerzos.

&#191;Fue usted la que quiso romper?

&#191;Qu&#233; tiene que ver eso? -pregunt&#243; ella suspicaz.

Seguramente nada. S&#243;lo pregunto.

Sejer puso las dos manos sobre la mesa, con las palmas hacia arriba.

&#191;Qu&#233; hizo su marido al encontrar a Eskil sobre la mesa? &#191;La llam&#243;?

S&#243;lo abri&#243; la puerta del dormitorio y se qued&#243; mir&#225;ndome. De repente me di cuenta de lo silencioso que estaba todo, no se o&#237;a ni un ruido en la cocina. Me sent&#233; en la cama y grit&#233;.

&#191;Hay algo en la muerte de su hijo que le parezca poco claro?

&#191;C&#243;mo?

&#191;Su marido y usted han repasado juntos todo lo que sucedi&#243;? &#191;Usted se lo pregunt&#243;?

De nuevo Sejer volvi&#243; a ver miedo en los ojos de la mujer.

Me lo cont&#243; todo -contest&#243;-. Estaba tremendamente afligido. Ten&#237;a remordimientos de conciencia, dec&#237;a que &#233;l tuvo la culpa de lo que hab&#237;a sucedido, que no hab&#237;a cuidado lo suficiente al ni&#241;o Eso es algo duro con lo que tener que convivir. &#201;l no lo logr&#243;, yo no lo logr&#233;. Tuvimos que tirar cada uno por nuestro lado.

&#191;Pero hay algo en la muerte de su hijo que no haya entendido o que no le hayan aclarado?

Los grandes ojos de color pizarra de Sejer eran en ese momento indulgentes, porque ella estaba al borde de algo, y tal vez, con un poco de suerte, la mujer rebosar&#237;a.

Le empezaron a temblar los hombros. Sejer permanec&#237;a sentado, esperando pacientemente, pensando que no deb&#237;a moverse, no romper el silencio ni distraerla. Ella estaba a punto de confesar algo. Sejer lo sab&#237;a por otras conversaciones, flotaba en el aire que los rodeaba. Hab&#237;a algo que la atormentaba, algo en lo que no se atrev&#237;a a pensar.

Los o&#237; gritar -susurr&#243;-. Henning estaba furioso, ten&#237;a un genio muy fuerte. Yo me tap&#233; la cabeza con la almohada porque no soportaba o&#237;rlos.

Contin&#250;e.

O&#237; a Eskil hacer ruido, tal vez estuviera dando golpes en la mesa con la taza, y a Henning rega&#241;arle y hacer ruido a su vez con armarios y puertas.

&#191;Pudo usted distinguir alguna de sus palabras?

El labio inferior de la mujer comenz&#243; a temblar de nuevo.

S&#243;lo una frase. La &#250;ltima antes de que se metiera en el ba&#241;o. Gritaba tan alto que yo ten&#237;a miedo de que le oyeran los vecinos. Miedo de lo que pensar&#237;an de nosotros. No nos resultaba nada f&#225;cil. Tuvimos un ni&#241;o que no se comportaba como hab&#237;amos esperado, pues ten&#237;amos ya uno de antes, y Magne siempre fue muy tranquilo, todav&#237;a lo es. Nunca hac&#237;a ruido, siempre hac&#237;a lo que le dec&#237;amos, &#233;l

&#191;Qu&#233; es lo que oy&#243;? &#191;Qu&#233; dijo su marido?

De pronto son&#243; la campanilla de la tienda, y la puerta se abri&#243;. Entraron dos se&#241;oras que se pusieron a mirar las lanas con ojos brillantes. La se&#241;ora Johnas se sobresalt&#243; y quiso salir a la tienda. Sejer la detuvo poni&#233;ndole una mano sobre el hombro.

&#161;Cu&#233;ntemelo!

Ella agach&#243; la cabeza como si se avergonzara.

Henning estuvo a punto de hundirse. Jam&#225;s pudo perdon&#225;rselo. Y yo ya no pod&#237;a seguir viviendo con &#233;l.

&#161;Cu&#233;nteme lo que dijo!

No quiero que lo sepa nadie. Ya no importa. Eskil est&#225; muerto.

Pero si ya no es su marido

Es el padre de Magne. Me cont&#243; que estaba en el ba&#241;o temblando de pena porque no consegu&#237;a comportarse como deb&#237;a. Decidi&#243; quedarse all&#237; hasta haberse tranquilizado, luego entrar&#237;a a pedir perd&#243;n por haberse enfadado tanto. No soportaba la idea de irse al trabajo sin haber hecho las paces. Por fin volvi&#243; a entrar en la cocina. Ya conoce usted el resto de la historia.

Cu&#233;nteme lo que dijo.

Jam&#225;s. Jam&#225;s se lo contar&#233; a nadie.


Ese pensamiento horrible que hab&#237;a anidado en su cerebro comenz&#243; a crecer. Hab&#237;a visto tantas cosas que s&#243;lo se dejaba sorprender en contadas ocasiones. &#191;Habr&#237;a sido Eskil Johnas un ni&#241;o del que era conveniente librarse?

Fue a buscar a Skarre a la sala de guardia y se lo llev&#243; por el pasillo.

Vayamos a mirar alfombras persas -dijo.

&#191;Para qu&#233;?

Acabo de visitar a Astrid Johnas. Creo que le atormenta una terrible sospecha, la misma que ha echado ra&#237;ces en m&#237;, que Johnas es culpable en parte de la muerte del ni&#241;o. Creo que ella lo dej&#243; por eso.

&#191;Pero c&#243;mo?

No lo s&#233;. Pero a ella le horroriza s&#243;lo pensar en ello. Otra cosa que me ha extra&#241;ado es que Johnas no mencionara nada de esa muerte cuando fuimos a verle.

&#191;Y eso es tan raro? Fuimos all&#237; a hablar de Annie.

A m&#237; me parece extra&#241;o que no lo mencionara. Dijo que ya no hab&#237;a ning&#250;n ni&#241;o que cuidar porque su mujer se hab&#237;a marchado. No dijo que el ni&#241;o a quien Annie cuidaba hab&#237;a muerto. Ni siquiera cuando t&#250; hiciste un comentario de la foto de &#233;l que hab&#237;a colgada en la pared.

No tendr&#237;a fuerzas para hablar de ello. Perdona que mencione esto -dijo Skarre de repente bajando la voz-, pero tambi&#233;n t&#250; has perdido a alguien muy querido. &#191;Te resulta f&#225;cil hablar de ello?

Sejer se sorprendi&#243; tanto que se detuvo en seco. Not&#243; que se pon&#237;a p&#225;lido.

Claro que puedo hablar de ello -objet&#243;-. En una situaci&#243;n de absoluta necesidad. Si hubiera que considerar otras cosas antes que mis propios sentimientos.

El olor a ella, el olor a su pelo y a su piel, una mezcla de productos qu&#237;micos y sudor, su frente ten&#237;a casi siempre un brillo met&#225;lico. Las pastillas le hab&#237;an estropeado el esmalte de los dientes, dej&#225;ndolo azulado como la leche desnatada. Y el blanco de los ojos se volvi&#243; lentamente amarillo.

Skarre segu&#237;a delante de &#233;l con la cabeza bien alta. No se mostraba avergonzado en absoluto, como Sejer esperaba. Esta vez se hab&#237;a pasado, &#191;no? &#191;No le pedir&#237;a perd&#243;n?

&#191;Pero nunca te ha parecido necesario?

Extra&#241;ado, Sejer clav&#243; la mirada en ese jovenzuelo que ten&#237;a delante. Se estaba pasando de la raya, el muy payaso.

No -contest&#243; con firmeza-. Por ahora no.

Y sigui&#243; andando.

Bueno -prosigui&#243; Skarre imperturbable-. &#191;Qu&#233; dijo la se&#241;ora Johnas?

Tuvieron una discusi&#243;n &#233;l y el ni&#241;o. Ella los oy&#243; gritar. La puerta del cuarto de ba&#241;o se cerr&#243; de un golpe y el plato se rompi&#243; al caer al suelo. Johnas tiene un genio muy fuerte. Ella dice que el marido se culpa a s&#237; mismo.

Yo tambi&#233;n me habr&#237;a culpado en su lugar -admiti&#243; Skarre.

&#191;Y t&#250;? &#191;Tienes algo positivo que decir?

En cierto modo. Sobre la mochila de Annie.

&#191;Qu&#233; pasa con ella?

&#191;Recuerdas que estaba untada de grasa, seguramente con el fin de eliminar las huellas dactilares?

&#191;S&#237;?

Por fin ha sido identificada. Una especie de pomada que entre otras cosas contiene brea.

Yo tengo una as&#237; para mi eccema -dijo Sejer sorprendido.

No, era grasa para patas. Para patas de perro doloridas.

Sejer afirm&#243; con la cabeza.

Johnas tiene perro.

Y Axel Bj&#248;rk tiene un pastor alem&#225;n. Y t&#250; tienes un le&#243;n, por decir algo -exclam&#243; abri&#233;ndole la puerta. El inspector jefe sali&#243; delante. En realidad estaba algo confuso.


Axel Bj&#248;rk le puso la correa al perro y lo dej&#243; salir del coche.

Ech&#243; una r&#225;pida mirada a ambos lados, y al no ver a nadie cruz&#243; la plaza y sac&#243; una llave maestra del uniforme. Se volvi&#243; una vez m&#225;s para mirar el coche, que estaba aparcado bien visible delante de la entrada principal, un Peugeot de color gris plomo, con un cofre portaesqu&#237;s en el techo y el logo de la compa&#241;&#237;a de seguridad sobre la puerta y sobre el cap&#243;. El perro aguardaba mientras su amo luchaba con la llave. Por el momento no olfate&#243; nada, pues eso lo hab&#237;an hecho un sinf&#237;n de veces: salir y entrar del coche, salir y entrar por puertas y ascensores, miles de olores distintos. El perro segu&#237;a fiel a su amo. Llevaba una buena vida de perro, con mucho entrenamiento, montones de impresiones y correcta alimentaci&#243;n.

El edificio de la f&#225;brica estaba en silencio. No hab&#237;a nadie, ya s&#243;lo se usaba como almac&#233;n. Por todas partes hab&#237;a cajas, cartones y sacos apilados, ol&#237;a a cart&#243;n, polvo y madera mohosa. Bj&#248;rk no dio la luz. Llevaba una linterna colgando del cintur&#243;n, la encendi&#243; y se adentr&#243; en la gran nave. Sus botas sonaban huecas contra el suelo de piedra. Cada paso resonaba en su cabeza como algo muy especial. Sus propios pasos, uno detr&#225;s de otro, solos en medio del silencio. No cre&#237;a en Dios, de modo que s&#243;lo los o&#237;a el perro. Aquilles lo segu&#237;a con pasos comedidos atado a la correa larga y poco tensa, perfectamente amaestrado. No sospechaba nada y amaba a su amo.

Se estaban acercando a la m&#225;quina, una laminadora. Bj&#248;rk se meti&#243; detr&#225;s del hierro, llevando consigo al perro. Meti&#243; la correa en una palanca de acero y le orden&#243; que se sentara. El perro obedeci&#243;, pero estaba alerta. Un olor se iba extendiendo por la nave, un olor que ya no resultaba extra&#241;o, un olor que cada vez formaba una parte mayor de su vida cotidiana. Pero hab&#237;a algo m&#225;s, el rancio olor a miedo. Bj&#248;rk se desliz&#243; hasta el suelo. El sonido deslizante del traje de nailon y el jadear del perro eran los &#250;nicos sonidos audibles. Bj&#248;rk sac&#243; una petaca del bolsillo del muslo, desenrosc&#243; el tap&#243;n y empez&#243; a beber.

El perro esperaba, con los ojos brillantes y las orejas tiesas. Nadie iba a darle galletas, pero all&#237; segu&#237;a de todos modos, esperando y escuchando. Bj&#248;rk lo mir&#243; fijamente a los ojos, ninguna palabra sal&#237;a de su boca. La tensi&#243;n en esa oscura nave iba en aumento. Not&#243; c&#243;mo el perro lo vigilaba, y c&#243;mo &#233;l vigilaba al perro. En el bolsillo llevaba el rev&#243;lver.


Halvor gru&#241;&#243; descontento. Nadie puede entrar aqu&#237;, pens&#243; abatido. El zumbido de la pantalla hab&#237;a empezado a irritarle. Ya no era un zumbido acogedor, sino m&#225;s bien un ruido eterno, como de una gran maquinaria muy lejana que le persegu&#237;a d&#237;a y noche. Se sent&#237;a como desnudo cada vez que apagaba el ordenador y el silencio se apoderaba de todo durante unos segundos antes de que el zumbido volviera a aparecer dentro de su cabeza. Dilo, Annie, pens&#243;. &#161;H&#225;blame!

En el cine proyectaban un ciclo de pel&#237;culas. Annie estaba comprando chocolatinas y caramelos en el quiosco mientras Halvor esperaba en la puerta de la sala con las entradas en la mano. &#191;Quieres algo de beber?, pregunt&#243; Annie. &#201;l movi&#243; negativamente la cabeza, demasiado ocupado en mirarla, en compararla con todas las dem&#225;s que se amontonaban ante la entrada del cine. En la puerta apareci&#243; el portero, vestido de uniforme negro y con los alicates en la mano, dispuesto a picar las entradas. Mientras lo hac&#237;a, estudiaba detalladamente cada cara que se presentaba ante &#233;l. La mayor&#237;a miraba al suelo porque casi todos ten&#237;an menos de dieciocho a&#241;os, que era el l&#237;mite permitido para esa pel&#237;cula. Una de James Bond, la primera que hab&#237;an visto juntos, la primera vez que hab&#237;an salido casi como una pareja normal de novios. Estaba henchido de orgullo. Y la pel&#237;cula era buena, al menos seg&#250;n Annie. &#201;l no se enter&#243; de mucho, hab&#237;a estado demasiado ocupado en mirarla de reojo, en escuchar sus sonidos en la oscuridad. Pero se acordaba del t&#237;tulo: S&#243;lo para sus ojos.

Tecle&#243; el t&#237;tulo en el espacio oscuro, y esper&#243; un poco, pero no ocurri&#243; nada. Se levant&#243; contrariado, dio un par de pasos y levant&#243; la tapa de una jarra llena de caramelos que ten&#237;a en la ventana. Todo eso era in&#250;til. De repente empuj&#243; la mala conciencia hasta el fondo de su cabeza. All&#237; ten&#237;a un cuarto secreto, donde guardaba episodios del pasado. Ya nadie pod&#237;a detenerlo, atraves&#243; la cocina y fue hasta la librer&#237;a del cuarto de estar, donde estaba el tel&#233;fono. Busc&#243; en el apartado de Ordenadores de la gu&#237;a telef&#243;nica, encontr&#243; el n&#250;mero y lo marc&#243;.

Ra Data. Al habla Solveig.

Bueno se trata de un archivo cerrado -tartamude&#243;. Le falt&#243; el valor, se sinti&#243; peque&#241;o, como un ladr&#243;n y un mir&#243;n. Pero ya era demasiado tarde para echarse atr&#225;s.

&#191;No puedes entrar?

Eh no, he perdido la clave.

Me temo que el t&#233;cnico se ha ido ya a casa. Pero espera un momento, voy a comprobarlo.

Halvor apret&#243; tan fuerte el auricular contra la mejilla que le dol&#237;a la oreja. Al fondo se o&#237;an ruidos de voces y tel&#233;fonos. Ech&#243; un vistazo a su abuela, que estaba leyendo el peri&#243;dico con la ayuda de una lupa, y pens&#243; que si Annie lo supiera

&#191;Est&#225;s ah&#237;?

S&#237;.

&#191;Vives lejos?

En la curva de Lundeby.

&#161;Qu&#233; suerte! El t&#233;cnico puede pasar de camino a casa. &#191;Me das las se&#241;as exactas?

Se puso a esperar en su cuarto, con el coraz&#243;n latiendo a tope y las cortinas abiertas para poder ver el coche cuando llegara. Transcurrieron exactamente treinta minutos hasta que apareci&#243; un Opel Combi blanco, con el logo de Ra Data en la puerta. Un hombre sorprendentemente joven sali&#243; del coche y mir&#243; inseguro hacia la casa.

Halvor se apresur&#243; a abrir. El joven t&#233;cnico result&#243; ser un hombre muy simp&#225;tico, redondo como un bollo de manteca y con profundos hoyuelos. Halvor le agradeci&#243; el haber acudido tan r&#225;pidamente. Entraron juntos en la habitaci&#243;n del chico. El t&#233;cnico abri&#243; su malet&#237;n y sac&#243; un mont&#243;n de tablas.

&#191;Clave num&#233;rica o de letras? -pregunt&#243;.

Halvor se puso rojo.

&#191;Ni siquiera te acuerdas de eso? -pregunt&#243; el otro sorprendido.

Es que he tenido tantas distintas -murmur&#243;-. Las he cambiado muchas veces.

&#191;Qu&#233; archivo es?

Ese.

&#191;Annie?

No pregunt&#243; nada m&#225;s. Un poco de discreci&#243;n formaba parte del trabajo, y adem&#225;s ten&#237;a ambiciones. Halvor se acerc&#243; a la ventana con las mejillas ardiendo, una mezcla de verg&#252;enza y nervios, y el coraz&#243;n lati&#233;ndole con tanta fuerza que podr&#237;a haber servido de redoble de tambor. Detr&#225;s o&#237;a el teclado, manipulado tan deprisa que parec&#237;an lejanas casta&#241;uelas. Por lo dem&#225;s ni un ruido, s&#243;lo el redoble y las casta&#241;uelas. Al cabo de un tiempo, que le pareci&#243; una eternidad, el hombre se levant&#243; por fin de la silla.

&#161;Ya est&#225;, chico!

Halvor se volvi&#243; lentamente a mirar la pantalla y cogi&#243; el bloc para firmar la factura.

&#191;Setecientas cincuenta coronas? -exclam&#243;.

Por cada hora o fracci&#243;n -dijo el t&#233;cnico sonriendo.

Con manos temblorosas, estamp&#243; su firma en la l&#237;nea punteada de la parte inferior de la hoja, y pidi&#243; que le enviara la factura en forma de giro postal.

Era una clave num&#233;rica -sonri&#243; el experto-. Cero-siete-uno-uno-nueve-cuatro. &#191;Fecha y a&#241;o, verdad? -los hoyuelos se hicieron a&#250;n m&#225;s profundos-. Pero evidentemente no tu fecha de nacimiento. En ese caso s&#243;lo tendr&#237;as ocho meses.

Halvor lo acompa&#241;&#243; hasta la puerta y le dio las gracias. Luego volvi&#243; a entrar corriendo y se sent&#243; delante del ordenador. Un nuevo texto pod&#237;a leerse en la pantalla luminosa.

Please proceed.

Estaba a punto de ca&#233;rsele la baba y el coraz&#243;n le lat&#237;a con tanta fuerza que tuvo que sujet&#225;rselo. Empez&#243; a leer y tuvo que apoyarse en el escritorio y parpadear varias veces. Algo hab&#237;a pasado, Annie lo hab&#237;a anotado, y &#233;l por fin lo hab&#237;a encontrado. Le&#237;a con los ojos enormemente abiertos mientras crec&#237;a en &#233;l una terrible sospecha.


Bj&#248;rk se estaba emborrachando a base de bien.

El perro segu&#237;a sentado con la lengua fuera, jadeante, impaciente y con la mirada errante. Bj&#248;rk se levant&#243; por fin con gran esfuerzo, dej&#243; la botella en el suelo helado, hip&#243; un par de veces y consigui&#243; ponerse de pie. Se cay&#243; inmediatamente contra la pared con las piernas separadas. El perro tambi&#233;n se levant&#243; y lo mir&#243; con sus ojos amarillos. El rabo realiz&#243; un par de barridos. Bj&#248;rk buscaba el rev&#243;lver en la oscuridad. Estaba bien encajado en el bolsillo estrecho; por fin consigui&#243; sacarlo y tens&#243; el gatillo, mientras miraba fijamente al perro y escuchaba el sonido de sus propias muelas roz&#225;ndose. De repente se tambale&#243;, la mano le temblaba, pero se domin&#243;, levant&#243; el brazo y dispar&#243;. La tremenda explosi&#243;n reson&#243; en la nave. El cr&#225;neo se le revent&#243;, su contenido manch&#243; las paredes y alcanz&#243; el hocico del perro. El tiro segu&#237;a resonando. Lentamente iba convirti&#233;ndose en algo parecido a truenos lejanos. El perro se lanz&#243; hacia delante para soltarse, pero la correa resist&#237;a. Tras unos cuantos intentos estaba agotado. Renunci&#243; y se qued&#243; ga&#241;endo.


La galer&#237;a estaba situada en una calle tranquila, no muy lejos de la iglesia cat&#243;lica. Fuera hab&#237;a aparcado un Citroen, un viejo modelo con los faros oblicuos. M&#225;s o menos como los ojos de los chinos, pens&#243; Sejer. El coche estaba cubierto de polvo. Skarre se acerc&#243; a mirarlo. El techo estaba m&#225;s limpio que el resto del coche, como si durante mucho tiempo hubiera habido all&#237; algo protegiendo la pintura. El coche era gris verdoso.

No lleva cofre portaesqu&#237;s -coment&#243; Sejer.

No, lo han quitado. Se ven las marcas de los soportes.

Abrieron la puerta y entraron. Ol&#237;a muy parecido a la tienda de lanas de la se&#241;ora Johnas, con un toque de brea de las vigas del techo. Los estaba enfocando una c&#225;mara colocada en un rinc&#243;n. Sejer se detuvo y mir&#243; hacia la lente. Por todas partes hab&#237;a alfombras apiladas y una ancha escalera conduc&#237;a a las plantas superiores. Tambi&#233;n se ve&#237;an alfombras esparcidas por el suelo, o colgando de las redondas vigas del techo. Johnas bajaba por la escalera, vestido de franela y terciopelo, rojo, verde, rosa y negro. Con sus rizos negros encajaba perfectamente en su mansi&#243;n. Hab&#237;a en &#233;l algo suave y delicado. Ese fuerte genio, si realmente lo ten&#237;a, estaba bien escondido. Pero ten&#237;a los ojos oscuros, casi negros, y su manera de ser era inconfundiblemente la de un vendedor: amable, escurridizo y servicial.

&#161;Bueno! -dijo cordialmente-. Entren, por favor. Habr&#225;n venido a comprar una alfombra, &#191;no?

Les tendi&#243; una mano como si fueran viejos amigos a los que no hab&#237;a visto en mucho tiempo, o tal vez clientes de dinero, con una debilidad precisamente por esa artesan&#237;a. Los nudos. Los colores. Los dibujos con claves religiosas. Nacimiento, vida, muerte, dolor, victoria y orgullo, una alfombra para poner debajo de la mesa del comedor o delante de la televisi&#243;n. A prueba de todo, &#250;nica.

Tiene mucho espacio -coment&#243; Sejer, mirando a su alrededor.

Dos plantas enteras, adem&#225;s de un &#225;tico. Cr&#233;anme, esto ha sido una gran inversi&#243;n. Me he dejado la piel en esta tienda; ten&#237;a una pinta horrible cuando me la traspasaron. Llena de humedades y todo gris. La limpi&#233; bien y encal&#233; las paredes, no hizo falta m&#225;s. Anta&#241;o fue una vieja mansi&#243;n. Por favor, s&#237;ganme -a&#241;adi&#243; se&#241;alando la escalera, que coduc&#237;a a lo que &#233;l llamaba el despacho, pero que en realidad era una espaciosa cocina, con fregadero de acero inoxidable, cocina el&#233;ctrica, cafetera y una peque&#241;a nevera. La pared de la encimera ten&#237;a bonitos azulejos holandeses que representaban lindas muchachas con tocas, molinos de viento, y rollizos gansos. De una viga del techo colgaban antiguos cazos de cobre, convenientemente abollados. La mesa de cocina ten&#237;a el canto hacia arriba y guarniciones de lat&#243;n en las esquinas, como si hubiera formado parte del mobiliario de un viejo barco.

Se sentaron alrededor de la mesa, y sin preguntar, Johnas sac&#243; de la nevera un mosto de color azul que les sirvi&#243;.

&#191;Qu&#233; tal los cachorros? -pregunt&#243; Skarre.

Dejar&#233; a Hera que se quede con uno, y dos ya est&#225;n comprometidos. As&#237; que ya pueden arrepentirse. &#191;En qu&#233; puedo ayudarles? -pregunt&#243; y tom&#243; un sorbo de zumo.

Sejer sab&#237;a que esa amabilidad enseguida despegar&#237;a y desaparecer&#237;a volando.

S&#243;lo unas preguntas sobre Annie. Me temo que tenemos que hacer la misma ronda otra vez.

Sejer se limpi&#243; discretamente la boca.

Usted la recogi&#243; en la rotonda, &#191;no fue as&#237;?

Las palabras, el tono, y la liger&#237;sima indicaci&#243;n de que dudara de sus declaraciones anteriores, agudizaron la atenci&#243;n de Johnas.

Eso fue lo que dije y me ratifico en ello.

Pero lo cierto es que ella quer&#237;a ir andando, &#191;verdad?

&#191;C&#243;mo dice?

Seg&#250;n tengo entendido, usted tuvo que insistirle para que subiera al coche.

Los ojos de Johnas se estrecharon a&#250;n m&#225;s, pero conserv&#243; la compostura.

En realidad quer&#237;a ir andando -prosigui&#243; Sejer-, y rechaz&#243; su oferta de transporte. &#191;Me equivoco?

Johnas hizo de repente un gesto afirmativo con la cabeza y sonri&#243;.

Lo hac&#237;a siempre, era muy educada. Pero me sab&#237;a mal que tuviera que ir andando hasta Horgen. Es un buen trecho.

&#191;De manera que la convenci&#243;?

No, no -esta vez neg&#243; con la cabeza vehementemente, y cambi&#243; de postura en la silla-. Supongo que insist&#237; un poco. Algunas personas tienen esa mala costumbre y siempre hay que estarles insistiendo.

&#191;De modo que no se deb&#237;a a que no tuviera ganas de subir a su coche?

Johnas oy&#243; claramente el &#233;nfasis que puso al decir su coche.

Annie era as&#237;. Se hac&#237;a de rogar, por as&#237; decirlo. &#191;Con qui&#233;n ha hablado usted? -pregunt&#243; de repente.

Con centenares de personas -contest&#243; Sejer-. Y una de ellas la vio entrar en el coche tras una larga discusi&#243;n. De hecho, es usted la &#250;ltima persona que la vio con vida, y por eso tenemos que aferramos a usted, &#191;sabe?

Johnas le devolvi&#243; la sonrisa, una sonrisa de complicidad, como si estuvieran jugando a alg&#250;n juego en el que &#233;l participaba con sumo gusto.

Yo no fui el &#250;ltimo -se apresur&#243; a decir-. El &#250;ltimo fue el homicida.

Est&#225; resultando un poco dif&#237;cil encontrarle -apunt&#243; Sejer con falsa iron&#237;a-. Y no tenemos ning&#250;n fundamento para suponer que el hombre de la moto realmente la estuviera esperando. S&#243;lo le tenemos a usted.

Disculpe, pero, &#191;a d&#243;nde quiere ir a parar?

Bueno -contest&#243; Sejer, extendiendo los brazos-, hasta el fondo del caso. En virtud de mi puesto, es mi obligaci&#243;n dudar de la gente.

&#191;Se me acusa de haber mentido?

Necesariamente tengo que pensar as&#237; -contest&#243; Sejer, dando un repentino giro-. Espero que me perdone. &#191;Por qu&#233; no quer&#237;a subir Annie?

Johnas se mostr&#243; inseguro.

&#161;Claro que quer&#237;a! -ense&#241;&#243; la primera p&#250;a y se puso r&#237;gido-. Ella subi&#243; y yo la llev&#233; hasta Horgen.

&#191;No m&#225;s lejos?

No, como ya le dije, Annie se baj&#243; donde la tienda. Pens&#233; que iba a comprar algo. Ni siquiera la llev&#233; hasta la puerta, sino que me detuve en la carretera y all&#237; la dej&#233;. Y despu&#233;s de eso -se levant&#243; y cogi&#243; un paquete de cigarrillos de la encimera-, jam&#225;s volv&#237; a verla.

Sejer condujo la locomotora ruidosamente por una nueva v&#237;a.

Usted ha perdido un hijo, Johnas. Sabe lo que se siente. &#191;Ha hablado de ello con Eddie Holland?

Por un instante, Johnas se mostr&#243; sorprendido.

No, no, &#233;l es muy introvertido, y yo no quiero meterme. Adem&#225;s, a m&#237; tampoco me resulta f&#225;cil hablar de ello.

&#191;Cu&#225;nto tiempo hace?

&#191;Ha hablado con Astrid, verdad? Pronto har&#225; ocho meses. No es algo que uno pueda olvidar o superar f&#225;cilmente.

Sac&#243; un cigarrillo del paquete y lo encendi&#243; con gestos casi femeninos.

A menudo la gente intenta imaginarse c&#243;mo es -explic&#243; mirando a Sejer-. Lo hacen con la mejor intenci&#243;n. Se imaginan la cama del ni&#241;o vac&#237;a, creyendo que uno se queda mir&#225;ndola as&#237; a lo tonto. Yo lo hac&#237;a a menudo. Pero la cama vac&#237;a no es m&#225;s que una parte. Me levantaba por las ma&#241;anas y entraba en el ba&#241;o. All&#237; estaba su cepillo de dientes, debajo del espejo, uno de esos que cambian de color cuando se calientan, el patito de goma en el borde de la ba&#241;era, sus zapatillas debajo de la cama. Descubr&#237; que pon&#237;a un cubierto de m&#225;s en la mesa cuando &#237;bamos a comer, lo estuve haciendo durante un mont&#243;n de tiempo. En el coche estaba su animalito de peluche, que hab&#237;a dejado olvidado. Varios meses m&#225;s tarde encontr&#233; un chupete debajo del sof&#225; -Johnas hablaba con los dientes apretados, como si estuviera dici&#233;ndoles algo en contra de su voluntad, algo que ellos no ten&#237;an derecho a saber-. Lo fui ordenando y retirando todo poco a poco, siempre con la sensaci&#243;n de estar cometiendo un delito. Era una tortura verse rodeado de sus cosas d&#237;a tras d&#237;a, y era horrible quitarlas. Me persegu&#237;a cada instante del d&#237;a y me persigue todav&#237;a. &#191;Sabe usted cu&#225;nto tiempo permanece el olor de una persona en un pijama de algod&#243;n?

Se call&#243;, su rostro bronceado hab&#237;a adquirido un tono gris&#225;ceo. Sejer no dijo nada. Record&#243; de repente los zuecos de Elise, que siempre dejaba en la puerta para poder pon&#233;rselos r&#225;pidamente cuando iba a tirar la basura o bajar a por el correo. &#201;l haber tenido que abrir la puerta, coger los zapatos blancos y meterlos dentro era algo que recordaba con un agudo dolor.

Dimos una vuelta por el cementerio -dijo Sejer en voz baja-. &#191;Hace tiempo que no va por all&#237;?

&#191;A qu&#233; viene esa pregunta? -dijo Johnas con voz ronca.

S&#243;lo quiero saber si se ha dado cuenta de que han sustra&#237;do algo de la tumba.

&#191;Se refiere al pajarito? S&#237;, desapareci&#243; justo despu&#233;s del entierro.

&#191;Pens&#243; en adquirir uno nuevo?

Su curiosidad no tiene l&#237;mites, por lo que veo. S&#237;, claro que lo pens&#233;. Pero no soportaba la idea de volver a vivirlo de nuevo, por eso opt&#233; por dejarlo tal cual.

&#191;Sabe usted qui&#233;n lo cogi&#243;?

&#161;Pues claro que no! -contest&#243; de repente con dureza-. Si lo hubiera sabido lo habr&#237;a denunciado inmediatamente, y si hubiera tenido ocasi&#243;n, habr&#237;a dado un escarmiento para toda su vida al culpable.

&#191;Una rega&#241;ina quiere decir?

Johnas sonri&#243; agriamente.

No, no me refiero a una rega&#241;ina.

Fue Annie -dijo Sejer.

Johnas abri&#243; los ojos de par en par.

Lo encontramos entre sus cosas. &#191;Es &#233;ste?

Se meti&#243; la mano en el bolsillo y sac&#243; el p&#225;jaro. A Johnas le temblaban las manos cuando lo cogi&#243;.

Creo que s&#237;. Se parece al que yo compr&#233;. Pero, &#191;por qu&#233;?

No lo sabemos. Pensamos que a lo mejor usted nos pod&#237;a sacar de dudas.

&#191;Yo? Dios m&#237;o, no tengo ni idea. No lo entiendo. &#191;Por qu&#233; demonios iba a robarlo Annie? No era precisamente una ladrona. No la Annie que yo conoc&#237;.

Por eso tuvo que haber un motivo. Algo que no tiene que ver con robos. &#191;Ella estaba enfadada con usted por alguna raz&#243;n?

Johnas segu&#237;a mirando el p&#225;jaro, pasmado.

Esto no lo sab&#237;a, se dijo Sejer mirando de reojo a Skarre, que con su mirada azul segu&#237;a cada gesto del otro.

&#191;Sus padres saben que ella lo ten&#237;a? -quiso saber por fin Johnas.

Pensamos que no.

&#191;Y no ser&#237;a S&#248;lvi? S&#248;lvi, al fin y al cabo, es algo especial. Exactamente como una urraca, picoteando todo lo que brilla.

No fue S&#248;lvi.

Sejer cogi&#243; la copa por el pie y bebi&#243; un trago de mosto. Sab&#237;a a vino ins&#237;pido.-Bueno, supongo que tendr&#237;a sus secretos, todos los tenemos -dijo Johnas con una sonrisa-. Era bastante misteriosa, sobre todo cuando se hizo mayor.

&#191;Le afect&#243; much&#237;simo lo de Eskil?

No pudo volver a visitarnos despu&#233;s de aquello. Yo lo entiendo, a m&#237; me result&#243; imposible relacionarme con la gente durante mucho tiempo. Luego se marcharon Astrid y Magne, y ocurrieron tantas cosas a la vez Un cap&#237;tulo indescriptible -murmur&#243;, palideciendo con s&#243;lo recordarlo.

Pero de algo hablar&#237;an, &#191;no?

S&#243;lo nos salud&#225;bamos cuando nos encontr&#225;bamos por la calle. Eramos casi vecinos.

&#191;Ella se mostraba esquiva en esas ocasiones?

Estaba de alguna manera inc&#243;moda. Era dif&#237;cil para todos.

Y adem&#225;s -a&#241;adi&#243; Sejer, como si se acordara por casualidad-, tuvo usted una bronca con Eskil justo antes de que muriera. Eso le doler&#237;a a&#250;n m&#225;s.

&#161;Mantenga a Eskil fuera de esto! -grit&#243; Johnas con amargura.

&#191;Conoce usted a Raymond L&#229;ke?

&#191;Ese idiota que vive cerca de la colina?

He preguntado si le conoce.

Todo el mundo sabe qui&#233;n es Raymond.

Se pretende que conteste s&#237; o no a esta pregunta.

No lo conozco.

&#191;Pero sabe d&#243;nde vive?

S&#237;, lo s&#233;. En una especie de choza. Al parecer le basta, porque va por ah&#237; con pinta de ser feliz como un idiota.

&#191;Feliz como un idiota? -Sejer se levant&#243; y empuj&#243; la copa hacia un lado-. Creo que los idiotas dependen tanto de la buena voluntad de la gente como los dem&#225;s para sentirse felices. Y no olvide nunca lo que voy a decirle: aunque &#233;l no sea capaz de interpretar el mundo que le rodea de la misma manera que usted, no le falla en absoluto la vista.

Johnas se puso r&#237;gido. No los acompa&#241;&#243; hasta la puerta. Al bajar la escalera, Sejer not&#243; la lente de la c&#225;mara como un rayo en la nuca.

Luego fueron a buscar a Kollberg al piso y lo dejaron acomodarse en el asiento de atr&#225;s. El perro pasaba demasiado tiempo solo, por eso se pon&#237;a tan imposible, pens&#243; Sejer. Le dio un trozo de pescado seco.

Aqu&#237; huele fatal, &#191;no?

Skarre hizo un gesto afirmativo.

Luego tendr&#225;s que darle una pastilla de regaliz fuerte.

Se dirigieron a Lundeby, salieron en la rotonda y aparcaron junto a los buzones. Sejer se meti&#243; por la calle entre las dos filas de casa, plenamente consciente de que desde las veintiuna casas pod&#237;an verlo. Todo el mundo pensar&#237;a que se dirig&#237;a a casa de los Holland, pero se detuvo al final de la calle y ech&#243; una mirada hacia atr&#225;s, hacia la casa de Johnas. Ten&#237;a aspecto de estar medio abandonada, con las cortinas echadas en varias ventanas. Volvi&#243; lentamente al principio de la calle.

El autob&#250;s escolar sale todas las ma&#241;anas de la rotonda a las siete y diez -dijo por fin-. Todos los chicos de Krystallen que van al colegio o al instituto lo cogen. Eso significa que salen de casa alrededor de las siete.

Soplaba un suave viento, pero no se levantaba ni un pelo de la cabeza de Sejer.

Magne Johnas acababa de marcharse cuando Eskil se atragant&#243; con la comida.

Skarre esperaba. Una cita b&#237;blica sobre la paciencia le pas&#243; velozmente por la cabeza.

Y Annie sali&#243; de casa un poco m&#225;s tarde que los dem&#225;s. Holland se acordaba de que se hab&#237;an dormido ese d&#237;a. Annie pasar&#237;a por delante de la casa de Johnas tal vez mientras Eskil estaba desayunando.

S&#237;. &#191;Y qu&#233;?

Skarre estudi&#243; la casa de Johnas.

Las ventanas del sal&#243;n y de los dormitorios son las &#250;nicas que dan a la calle. Ellos estaban en la cocina.

S&#237;, lo s&#233;, lo s&#233; -contest&#243; Sejer irritado. Continuaron andando, se acercaron a la casa intentando imaginarse ese d&#237;a, el siete de noviembre, a las siete de la ma&#241;ana. A esa hora, en noviembre es de noche, pens&#243; Sejer.

&#191;Pudo Annie haber pasado por casa de Johnas?

No lo s&#233;.

Se detuvieron y miraron un instante la casa, esta vez de cerca. La ventana de la cocina se encontraba en la pared lateral, que daba al vecino.

&#191;Qui&#233;n vive en la casa roja? -pregunt&#243; Skarre.

Irmak, con su mujer y sus hijos. &#191;No hay por all&#237; un sendero entre las casas?

Skarre ech&#243; un vistazo.

S&#237;. Y por ah&#237; viene alguien.

Un chico apareci&#243; de repente entre las dos casas. Andaba cabizbajo y a&#250;n no se hab&#237;a percatado de la presencia de los dos hombres en el camino.

Thorbj&#248;rn Haugen. El que particip&#243; en la b&#250;squeda de Ragnhild.

Sejer se qued&#243; esperando al chico, que sub&#237;a la cuesta deprisa. Llevaba una mochila negra colgada del hombro, y en la frente el mismo pa&#241;uelo estampado que la &#250;ltima vez. Lo observaron detenidamente en el momento en que pas&#243; por delante de la casa de Johnas. Thorbj&#248;rn era alto, y llegaba hasta la mitad de la ventana de la cocina.

&#191;Siempre coges el atajo? -pregunt&#243; Sejer.

S&#237; -contest&#243; Thorbj&#248;rn deteni&#233;ndose-. Este sendero lleva directamente al camino de Gneis.

&#191;Suelen coger todos este camino?

Pues s&#237;, nos ahorramos casi cinco minutos.

Sejer dio unos pasos por el sendero y se detuvo delante de la ventana. Era m&#225;s alto que Thorbj&#248;rn y pod&#237;a mirar por ella sin ning&#250;n problema. Ya no se ve&#237;a ninguna silla infantil, s&#243;lo dos sillas normales, y sobre la mesa hab&#237;a una taza de caf&#233; y un cenicero. Por lo dem&#225;s, la casa daba la impresi&#243;n de estar deshabitada. El siete de noviembre, pens&#243;, mucha oscuridad fuera y luz en el interior. Los que pasaban por delante pod&#237;an mirar hacia dentro, pero los de dentro no ve&#237;an hacia fuera.

A Johnas no le gusta mucho que pasemos por aqu&#237; -dijo Thorbj&#248;rn de repente-. Dice que est&#225; harto de todo ese ir y venir por delante de su casa. Pero ahora se est&#225; mudando.

&#191;De modo que todos los chicos cogen este atajo cuando van al autocar escolar?

Todos los que van al instituto.

Sejer hizo un gesto a Thorbj&#248;rn para que prosiguiera su camino y se volvi&#243; hacia Skarre.

Acabo de acordarme de algo que dijo Holland cuando hablamos con &#233;l en la comisar&#237;a: el d&#237;a en que muri&#243; Eskil, Annie volvi&#243; antes del colegio porque se encontraba mal. Se fue derecha a la cama. Holland tuvo que ir a su habitaci&#243;n a decirle lo del accidente.

&#191;C&#243;mo de mal -interrog&#243; Skarre-, si ella nunca estaba enferma?

Indispuesta.

Crees que ella pudo ver algo, &#191;verdad? &#191;A trav&#233;s de la ventana?

No lo s&#233;. Tal vez.

&#191;Pero por qu&#233; no dijo nada?

Quiz&#225; no se atrevi&#243;. O tal vez no entend&#237;a muy bien lo que hab&#237;a visto. Tal vez se lo confesara a Halvor. Siempre tengo la sensaci&#243;n de que &#233;l sabe m&#225;s de lo que dice.

Konrad -dijo Skarre en voz baja-. &#201;l lo habr&#237;a dicho, &#191;no?

No estoy tan seguro. Es un tipo raro. Vamos a hablar con &#233;l.

En ese momento son&#243; su busca, se acerc&#243; al coche y marc&#243; el n&#250;mero por la ventanilla. Holthemann contest&#243;.

Axel Bj&#248;rk se ha pegado un tiro en la sien con un viejo rev&#243;lver Enfield.

Sejer tuvo que apoyarse en el coche. Esa informaci&#243;n le supo a medicina amarga, dejando tras de s&#237; una desagradable sequedad en la boca.

&#191;Hab&#233;is encontrado alguna carta?

No sobre el cuerpo. Est&#225;n buscando en su casa. Pero es evidente que el t&#237;o ten&#237;a mala conciencia por algo; &#191;t&#250; qu&#233; crees?

No lo s&#233;. Pueden haber sido muchas cosas. Ten&#237;a problemas.

Era imprevisible y estaba alcoholizado. Y guardaba mucho rencor a Ada Holland, un rencor tan afilado como el diente de un tibur&#243;n -dijo Holthemann.

Ante todo era infeliz.

El odio y la desesperaci&#243;n pueden parecerse un poco. La gente exhibe lo que m&#225;s le conviene.

Creo que te equivocas. Se hab&#237;a dado por vencido. Por eso habr&#225; puesto fin a todo.

Tal vez hubiera querido llevarse consigo a Ada.

Sejer hizo un gesto negativo y mir&#243; la casa de los Holland.

No lo habr&#237;a hecho por S&#248;lvi y Eddie.

&#191;Quieres un homicida o no?

S&#243;lo quiero al verdadero -Sejer acab&#243; la conversaci&#243;n y mir&#243; a Skarre-. Axel Bj&#248;rk ha muerto. Me pregunto qu&#233; pensar&#225; ahora Ada Holland. Tal vez lo mismo que Halvor cuando muri&#243; su padre: que est&#225; bien.


Halvor se levant&#243; de un salto. La silla cay&#243; al suelo, y &#233;l se gir&#243; hacia la ventana. Mir&#243; el patio vac&#237;o y permaneci&#243; as&#237; un buen rato. Por el rabillo del ojo vio la silla tirada y la foto de Annie sobre la mesilla de noche. As&#237; que era eso, Annie hab&#237;a visto todo eso. Volvi&#243; a sentarse delante de la pantalla y ley&#243; el texto de nuevo, del principio al fin. All&#237; estaba tambi&#233;n su propia historia, la que le hab&#237;a confesado en el m&#225;s absoluto de los secretos. El padre rabioso, el tiro en la le&#241;era, el trece de diciembre. No ten&#237;a nada que ver con ese asunto, respir&#243; hondo, marc&#243; el p&#225;rrafo y lo borr&#243; del documento para siempre. Luego meti&#243; un d&#237;squete y copi&#243; en &#233;l el texto. A continuaci&#243;n sali&#243; silenciosamente de la habitaci&#243;n y atraves&#243; la cocina.

&#191;Qu&#233; pasa, Halvor? -grit&#243; su abuela al verlo pasar y ponerse una chaqueta vaquera-. &#191;Vas a salir?

Halvor no contest&#243;. Oy&#243; la voz de su abuela, pero las palabras no penetraron en &#233;l.

&#191;A d&#243;nde vas? &#191;Vas al cine?

El muchacho comenz&#243; a abrocharse la chaqueta mientras se preguntaba si la moto arrancar&#237;a. Si no, tendr&#237;a que coger el autob&#250;s, y entonces tardar&#237;a una hora en llegar a su destino. No dispon&#237;a de una hora, ten&#237;a que llegar r&#225;pidamente.

&#191;Cu&#225;ndo volver&#225;s Halvor? &#191;Vendr&#225;s a cenar?

Se detuvo y la mir&#243;, como si de repente descubriera que su abuela estaba all&#237;, delante de &#233;l.

&#191;Cena?

&#191;A d&#243;nde vas, Halvor? &#161;Ya casi es de noche!

Voy a ver a un t&#237;o.

&#191;Pero a qui&#233;n? Est&#225;s muy p&#225;lido. Puede que tengas anemia. &#191;Cu&#225;ndo fuiste al m&#233;dico por &#250;ltima vez? &#191;A que ni te acuerdas? &#191;C&#243;mo has dicho que se llama?

No lo he dicho. Se llama Johnas.

Su voz sonaba extra&#241;amente resuelta. La puerta se cerr&#243; de golpe, y cuando la abuela mir&#243; por la ventana lo vio agachado sobre la moto, ajustando tuercas con furiosos movimientos.


La c&#225;mara de la planta baja estaba mal colocada. Se dio cuenta en ese momento, al mirar la parte izquierda de la pantalla. La lente recib&#237;a la imagen a contraluz, lo que reduc&#237;a a los visitantes a una vaga silueta, casi como fantasmas. Le gustaba ver qui&#233;nes eran los clientes antes de bajar a recibirlos. Desde la planta de arriba, donde hab&#237;a mejor luz, pod&#237;a distinguir caras y ropa, y s&#237; se trataba de clientes fijos pod&#237;a prepararse antes de abandonar el despacho, adoptar aquella postura a la que cada uno ten&#237;a derecho. Volvi&#243; a mirar la pantalla que cubr&#237;a la planta baja. Hab&#237;a s&#243;lo una persona. Parec&#237;a un hombre, o tal vez un joven, con cazadora. Seguramente era alguien sin importancia, pero &#233;l lo recibir&#237;a, correctamente, dispuesto a prestar su mejor servicio, como siempre, para conservar la buena reputaci&#243;n de la galer&#237;a, que ya era inmejorable. Adem&#225;s, no se pod&#237;a saber a simple vista si la gente ten&#237;a dinero o no, ya no. El t&#237;o podr&#237;a estar forrado. Baj&#243; lentamente la escalera. Sus pasos apenas eran audibles, andaba con un paso ligero y deslizante, lo suyo no era dar saltitos como si trabajara en una tienda de juguetes. Eso era una galer&#237;a y all&#237; se hablaba en voz baja. No hab&#237;a ni etiquetas con precios ni caja registradora. Por regla general enviaba la factura, rara vez la gente pagaba con VISA o con otra tarjeta. Ya estaba casi abajo, le quedaban dos escalones cuando se detuvo en seco.

Buenas tardes -murmur&#243;.

El joven estaba de espaldas, pero en ese momento se volvi&#243; y lo mir&#243; con curiosidad. En su mirada hab&#237;a una mezcla de desconfianza y extra&#241;eza. No dec&#237;a nada, s&#243;lo miraba, como si quisiera descubrir algo en sus rasgos, un secreto tal vez, o la soluci&#243;n de un enigma. Johnas lo reconoci&#243;. Por un instante pens&#243; en confes&#225;rselo.

&#191;Puedo ayudarte?

Halvor no contest&#243;. Segu&#237;a escrutando la cara del otro. Sab&#237;a que Johnas lo hab&#237;a reconocido, lo hab&#237;a visto muchas veces, hab&#237;a estado en su casa con Annie, se hab&#237;an encontrado en el sendero. En ese momento se hab&#237;a puesto una armadura y todo lo suave y oscuro del hombre hab&#237;a desaparecido, la franela, el terciopelo y los rizos morenos se hab&#237;an endurecido formando una dura coraza.

Sin duda -contest&#243; Halvor y dio dos pasos hacia el otro, que segu&#237;a en la escalera con una mano sobre la barandilla-. &#191;Vendes alfombras?

Johnas mir&#243; a su alrededor.

As&#237; es, s&#237;.

Deseo comprar una.

&#161;Ah s&#237;! -dijo sonriente-, eso supuse. &#191;Buscas algo en especial?

No ha venido a por alfombras, pens&#243; Johnas. Adem&#225;s no tiene dinero. Tal vez haya venido por mera curiosidad, por capricho. Seguro que no tiene idea de lo que cuestan las alfombras. Ya lo ir&#225; averiguando, ya lo creo que s&#237;.

&#191;Grande o peque&#241;a? -pregunt&#243; al bajar el &#250;ltimo escal&#243;n. Le sacaba m&#225;s de una cabeza al chico, que era delgaducho como las astillas para encender el fuego.

Quiero una alfombra que cubra tanto que ninguna pata de silla quede fuera. Resulta muy pesado a la hora de fregar el suelo.

Johnas asinti&#243;.

Sube conmigo. Las alfombras m&#225;s grandes est&#225;n arriba.

Empez&#243; a subir la escalera, seguido por Halvor. No se le ocurri&#243; hacerse preguntas sobre la situaci&#243;n, se sent&#237;a impulsado como por fuerzas insospechadas, era como deslizarse sobre ra&#237;les dentro de una oscura monta&#241;a.

Johnas encendi&#243; las seis ara&#241;as, adquiridas en una f&#225;brica de vidrio en Venecia. Colgaban de las vigas cubiertas de brea y lanzaban una c&#225;lida, aunque intensa luz a la espaciosa habitaci&#243;n.

&#191;Has pensado en alg&#250;n color en especial?

Halvor se detuvo en la parte de arriba de la escalera y mir&#243; hacia el interior.

Pero si son todas rojas -dijo en voz baja.

Johnas sonri&#243; con indulgencia.

No pretendo ser arrogante -dijo amablemente-. Pero, &#191;tienes idea de lo que cuestan?

Halvor lo mir&#243; con los ojos entornados. Algo de anta&#241;o le vino a la mente, algo que no hab&#237;a sentido en mucho tiempo.

Bueno, supongo que no tengo pinta de ser extraordinariamente rico -replic&#243;-. &#191;Quieres un extracto de mi cuenta?

Johnas vacil&#243;.

Tienes que perdonarme, pero aqu&#237; entra mucha gente que luego se ve en una situaci&#243;n muy comprometida. S&#243;lo quise ahorrarte el mal trago.

Muy considerado por tu parte -dijo Halvor tranquilamente.Continu&#243; hacia el interior, pasando por delante del comerciante, rumbo a una gran alfombra extendida en la pared. Se puso a juguetear con los flecos. Reconoci&#243; en las figuras a hombres, caballos y armas.

Dos metros y medio por tres -le indic&#243; Johnas en voz baja-. Una buena elecci&#243;n, en cierto modo. El dibujo describe una guerra entre dos pueblos n&#243;madas. Pesa much&#237;simo.

Supongo que la llevas a casa, &#191;no? -se interes&#243; Halvor.

Desde luego. Tengo una furgoneta. Pero estaba pensando m&#225;s bien en el mantenimiento y esas cosas. Hacen falta varios hombres s&#243;lo para sacudirla.

Quiero &#233;sta.

&#191;C&#243;mo?

Johnas dio un paso m&#225;s mir&#225;ndolo inseguro. Ese chico era muy extra&#241;o.

Es de lo m&#225;s caro que tengo. Setenta mil coronas -dijo espetando a Halvor con la mirada.

El muchacho ni se inmut&#243;.

Seguro que las vale.

Johnas se sent&#237;a inc&#243;modo. Una insidiosa sospecha le sub&#237;a por la espalda como una v&#237;bora fr&#237;a. No entend&#237;a lo que quer&#237;a el chico ni por qu&#233; se comportaba as&#237;. No ten&#237;a tanto dinero, y si lo hubiera tenido, no lo habr&#237;a gastado en una alfombra.

Envu&#233;lvamela, por favor -le pidi&#243; Halvor cruz&#225;ndose de brazos y apoy&#225;ndose en una mesa de alas de caoba, que chirri&#243; asustada bajo su peso.

&#191;Envolverla? -en los labios de Johnas se dibuj&#243; una leve sonrisa-. Las enrollo y luego las cubro con pl&#225;stico fijado con celo.

&#161;Qu&#233; bien!

Halvor esper&#243;.

Cuesta un poco bajarla. Sugiero llev&#225;rtela esta noche. As&#237; tambi&#233;n podr&#233; ayudarte a colocarla.

No, no -insisti&#243; Halvor-, la quiero ahora.

Johnas vacil&#243;.

&#191;La quieres ahora? Y perdona mi falta de cortes&#237;a, &#191;c&#243;mo vas a pagarla?

Al contado, si te parece bien.

Se palp&#243; el bolsillo trasero del pantal&#243;n. Llevaba unos vaqueros descoloridos y deshilacliados. Johnas segu&#237;a delante de &#233;l, dudando.

&#191;Pasa algo? -pregunt&#243; Halvor.

No s&#233;. Quiz&#225;.

&#191;Y qu&#233; podr&#237;a ser?

S&#233; qui&#233;n eres -dijo de repente Johnas. Era un alivio romper el hielo.

&#191;Nos conocemos?

Johnas asinti&#243; con la cabeza mientras se balanceaba con los brazos apoyados en la cadera.

S&#237;, s&#237;, Halvor, claro que nos conocemos. Me pregunto si no deber&#237;as irte ya.

&#191;Por qu&#233;? &#191;Pasa algo?

&#161;Dejemos ya esta farsa! -espet&#243; Johnas.

Totalmente de acuerdo -contest&#243; Halvor en el mismo tono-. &#161;Baja ya de una vez esa alfombra, y que sea r&#225;pido!

Pens&#225;ndolo bien creo que no quiero venderla. Me estoy mudando y la quiero para mi propia casa. Adem&#225;s, es demasiado cara para ti. S&#233; sincero, los dos sabemos que no puedes pagarla.

&#191;De modo que la quieres para tu propia casa? -grit&#243; Halvor volvi&#233;ndose de pronto-. Eso puedo entenderlo. En ese caso tendr&#233; que elegir otra -mir&#243; la pared de nuevo y se&#241;al&#243; inmediatamente otra alfombra, en tonos rosas y verdes-. Entonces me llevar&#233; &#233;sa -dijo-. Por favor, b&#225;jamela. Y hazme una factura.

Cuesta cuarenta y cuatro mil.

Vale.

&#191;Vale?

Segu&#237;a esperando con los brazos cruzados y las pupilas duras como perdigones.

&#191;Me paso de la raya si te pido que me ense&#241;es el dinero?

Halvor hizo un gesto con la cabeza.

Claro que no. Hoy en d&#237;a no se puede saber a simple vista s&#237; la gente tiene dinero o no.

Se meti&#243; la mano en el bolsillo trasero y sac&#243; una vieja cartera de cuadros de nailon con cerradura de velcro, plana como una tortita. Meti&#243; los dedos dentro e hizo ruido con las monedas. Sac&#243; algunas y las dej&#243; sobre la mesa de alas. Johnas lo miraba boquiabierto conforme iba formando un montoncito de monedas de cinco, diez y una corona.

Ya est&#225; bien -exclam&#243; enfadado-. Ya has estado aqu&#237; el tiempo suficiente. &#161;Sal inmediatamente!

Halvor se detuvo y lo mir&#243; ofendido.

No he acabado. Tengo m&#225;s -dijo, y continu&#243; hurgando en la cartera.

&#161;No tienes m&#225;s! &#161;Vives en una chabola con tu abuela y te dedicas a transportar helados! Son cuarenta y cuatro mil. &#161;S&#225;calas ya de una vez!

&#191;De modo que sabes d&#243;nde vivo? -pregunt&#243; Halvor mir&#225;ndole de reojo. El ambiente se estaba caldeando, pero no ten&#237;a miedo, por alguna raz&#243;n no ten&#237;a nada de miedo.

Tengo esto -dijo de repente sacando algo del billetero.

Johnas mir&#243; desconfiado al chico y a lo que ten&#237;a entre dos dedos.

Es un disquete -explic&#243; Halvor.

No quiero ning&#250;n disquete, quiero cuarenta y cuatro mil -ladr&#243; Johnas, a la vez que notaba el miedo como un pinchazo en el pecho.

El diario de Annie -dijo Halvor tranquilamente, agitando el disquete-. Empez&#243; a escribirlo hace alg&#250;n tiempo. En el mes de noviembre, para ser m&#225;s exacto. Lo hemos estado buscando varias personas. Ya sabes c&#243;mo son las chicas. Siempre tienen que confesarse.

Johnas respir&#243; con dificultad. Su mirada alcanz&#243; a Halvor como una pistola de grapar.

Lo he le&#237;do -continu&#243; Halvor-. Trata de ti.

&#161;D&#225;melo!

&#161;No hasta que se congele el infierno!

Johnas se sobresalt&#243;. La voz de Halvor cambi&#243; de tono, volvi&#233;ndose mucho m&#225;s grave. Era como si un esp&#237;ritu malo hablara por boca de un ni&#241;o.

Tambi&#233;n he hecho copias -continu&#243;-, de modo que podr&#233; comprar tantas alfombras como quiera. Cada vez que desee una nueva alfombra har&#233; una nueva copia. &#191;Comprendes?

&#161;Eres un ni&#241;ato hist&#233;rico de mierda! &#191;De qu&#233; instituci&#243;n te has fugado en realidad?

Johnas tom&#243; impulso, y Halvor vio c&#243;mo se hinch&#243; el torso del hombre en una fracci&#243;n de segundo, mientras se concentraba para saltar. Pesar&#237;a veinte kilos m&#225;s que &#233;l y estaba furioso. Halvor se ech&#243; hacia un lado y vio c&#243;mo el otro fallaba el golpe y se estrellaba contra el suelo, golpe&#225;ndose estrepitosamente la cabeza contra la mesa de alas. Las monedas se dispersaron por todas partes y cayeron al suelo. Al caer solt&#243; la peor maldici&#243;n que Halvor jam&#225;s hab&#237;a o&#237;do, incluido el vocabulario ilimitado de su padre. En dos segundos el hombre se hab&#237;a levantado de nuevo. Con una sola mirada a esa cara oscura, Halvor entendi&#243; que la batalla estaba perdida. El hombre era mucho m&#225;s grande que &#233;l. Se apresur&#243; hacia la escalera, pero Johnas volvi&#243; a tomar impulso, dio tres o cuatros pasos largos y se lanz&#243; hacia delante. Alcanz&#243; a Halvor en la parte de los hombros. Instintivamente, mantuvo la cabeza levantada pero su cuerpo dio con enorme fuerza contra el suelo de piedra.

&#161;No me toques, cabr&#243;n!

Johnas le dio media vuelta. Halvor not&#243; la respiraci&#243;n del otro en la cara, y los pu&#241;os alrededor del cuello.

&#161;Est&#225;s loco! -grit&#243; con dificultad-. &#161;Est&#225;s acabado! &#161;Me importa un bledo lo que hagas conmigo, pero est&#225;s acabado!

Johnas estaba ciego y sordo. Levant&#243; el pu&#241;o y apunt&#243; hacia la cara estrecha del chico. No era la primera paliza que recib&#237;a, y sab&#237;a lo que le esperaba. Los nudillos le alcanzaron bajo la barbilla, y su fr&#225;gil mand&#237;bula se rompi&#243; como un palo seco. Los dientes de abajo chocaron con una enorme fuerza contra los de arriba, y min&#250;sculos trozos de porcelana se mezclaron con la sangre que sal&#237;a a chorros de su boca. Johnas continu&#243; golpeando, ya no apuntaba, sino que pegaba al azar seg&#250;n por donde se mov&#237;a Halvor. Por fin dio con los nudillos en el suelo de piedra y grit&#243;. Se levant&#243; a duras penas y se mir&#243; la mano, jadeando ligeramente por el esfuerzo. Hab&#237;a bastante sangre. Mir&#243; el bulto que yac&#237;a en el suelo, y respir&#243; profundamente. Al cabo de un par de minutos su coraz&#243;n casi hab&#237;a recuperado su ritmo normal y los pensamientos se le iban aclarando.


No est&#225; aqu&#237; -dijo perpleja la abuela a Sejer y a Skarre cuando llegaron a preguntar por Halvor-. Creo que ha ido a ver a alguien, a un tal Johnas. Estaba muy alterado, y no hab&#237;a comido nada. Ya no s&#233; qu&#233; hacer con &#233;l, y adem&#225;s soy demasiado vieja para ocuparme de todo.

Sejer dio dos golpes en el marco de la puerta al o&#237;r eso.

&#191;Alguien lo llam&#243;?

Aqu&#237; no llama nadie. S&#243;lo Annie llamaba de vez en cuando. Halvor ha estado toda la tarde en su cuarto jugando con esa m&#225;quina. De repente sali&#243; corriendo y desapareci&#243;.

Lo encontraremos. Disc&#250;lpenos, pero tenemos mucha prisa.

De todas las cosas posibles, &#233;sta es la peor que se le pod&#237;a haber ocurrido -dijo Sejer a Skarre al cerrar la puerta del coche.

Ya veremos -contest&#243; el otro y arranc&#243;.


No veo la moto de Halvor.

Skarre sali&#243; del coche de un salto. Sejer se volvi&#243; hacia Kollberg, que segu&#237;a tumbado en el asiento de atr&#225;s, y sac&#243; una galleta para perros del bolsillo.

Abrieron la puerta de la galer&#237;a mientras miraban desafiantes a la c&#225;mara del techo. Johnas los vio desde la cocina. Permaneci&#243; un rato sentado junto a la mesa de barco respirando tranquilamente, mientras soplaba sus nudillos doloridos. No corr&#237;a prisa. Una cosa despu&#233;s de otra. Ciertamente estaban ocurriendo muchas cosas en su vida a la vez, pero sol&#237;a conseguir que todo se solucionara al final. Era un hombre pr&#225;ctico. Iba enfrent&#225;ndose con los problemas uno a uno, conforme iban surgiendo. Ten&#237;a esa peculiar capacidad. Se levant&#243; muy tranquilamente y baj&#243; por la escalera.

&#161;Cu&#225;nto ajetreo! -dijo con iron&#237;a-. Esto empieza a parecerse a lo que se llama acoso.

&#191;Ah s&#237;? &#191;Eso le parece?

Sejer estaba erguido como un poste delante de &#233;l. Todo parec&#237;a estar en orden, no se ve&#237;a ning&#250;n cliente.

Estamos buscando a alguien. Pensamos que a lo mejor lo encontrar&#237;amos aqu&#237;.

Johnas los mir&#243; con aire interrogante, dio una vuelta por la habitaci&#243;n e hizo un gesto con la mano.

Aqu&#237; s&#243;lo estoy yo. Y estaba a punto de cerrar. Es tarde.

Nos gustar&#237;a echar un vistazo. R&#225;pidamente, claro.

Francamente

Tal vez se meti&#243; a escondidas y est&#225; oculto en alg&#250;n sitio. Nunca se sabe.

Sejer temblaba, y Skarre pens&#243; que ten&#237;a aspecto de tener siete inviernos escondidos debajo de la camisa.

&#161;Voy a cerrar ya! -exclam&#243; Johnas resueltamente. Pasaron por delante de &#233;l y subieron por la escalera. Miraron por todas partes. Entraron en el despacho, abrieron la puerta del pequero aseo y continuaron hasta el &#225;tico. No vieron nada.

&#191;A qui&#233;n pensaba usted encontrar aqu&#237;?

Johnas se inclin&#243; sobre la barandilla de la escalera mir&#225;ndolos con la frente fruncida. Su pecho sub&#237;a y bajaba debajo de la camisa.

A Halvor Muntz.

&#191;Y qui&#233;n es &#233;se?

El novio de Annie.

Pero &#233;l no tiene nada que hacer aqu&#237;, &#191;no?

No estoy muy seguro.

Sejer comenz&#243; a vagar imperturbable a lo largo de las paredes.

Pero insinu&#243; que ven&#237;a aqu&#237;. Est&#225; jugando a los detectives por su cuenta, y creo que debemos poner fin a esa actividad.

En eso estoy totalmente de acuerdo -afirm&#243; Johnas con una sonrisa indulgente-. Pero por aqu&#237; no ha venido ning&#250;n aprendiz de detective de &#233;sos.

Sejer daba patadas a las alfombras enrolladas con las puntas de los pies.

&#191;Hay s&#243;tano aqu&#237;?

No.

&#191;Qu&#233; hace usted con las alfombras por la noche? &#191;Las deja a la vista?

La mayor&#237;a s&#237;. Pero las m&#225;s caras las meto en la c&#225;mara de seguridad.

Ya.

De repente descubri&#243; la peque&#241;a mesa de caoba. En el suelo hab&#237;a un pu&#241;ado de monedas dispersas.

Es usted un poco manirroto con la calderilla, &#191;no? -pregunt&#243; con curiosidad.

Johnas se encogi&#243; de hombros. A Sejer no le gustaba nada ese gran silencio que los envolv&#237;a. No le gustaba la expresi&#243;n de la cara de Johnas. En un rinc&#243;n de la habitaci&#243;n descubri&#243; de repente un cubo de fregar y una fregona. El suelo estaba h&#250;medo.

&#191;Est&#225; fregando? -pregunt&#243;.

Es lo &#250;ltimo que hago antes de cerrar. Ahorro bastante dinero haci&#233;ndolo yo mismo. Como puede comprobar, no hay nadie aqu&#237;.

Sejer lo mir&#243;.

Ens&#233;&#241;enos la c&#225;mara de seguridad.

Por un instante tuvieron la sensaci&#243;n de que Johnas iba a negarse, luego cambi&#243; de idea y comenz&#243; a bajar la escalera.

Est&#225; en la planta de abajo. Por supuesto que puede verla. Pero est&#225; cerrada, claro, as&#237; que no puede haberse escondido dentro.

Bajaron tras &#233;l hasta un rinc&#243;n debajo de la escalera en la planta de calle, donde hab&#237;a una puerta de acero bastante baja pero mucho m&#225;s ancha que una puerta normal. Johnas se acerc&#243; y comenz&#243; a girar la rueda de la clave. Por cada vuelta que daba se o&#237;a un peque&#241;o clic. Trabajaba s&#243;lo con la mano izquierda, un poco torpemente porque era diestro.

&#191;De manera que ese chiquillo es tan valioso que piensan que est&#225; escondido aqu&#237;?

Posiblemente -contest&#243; Sejer mientras miraba fijamente esa torpe mano izquierda. Johnas agarr&#243; la pesada puerta y tir&#243; de ella con todas sus fuerzas.

Le ser&#237;a mucho m&#225;s f&#225;cil si usara las dos manos -dijo con voz seca.

Johnas levant&#243; una ceja, como si no entendiera. Sejer ech&#243; un vistazo a la peque&#241;a c&#225;mara, que conten&#237;a una caja fuerte m&#225;s peque&#241;a, tres o cuatro cuadros apoyados en la pared, y una serie de alfombras enrolladas y colocadas en el suelo, como si fueran maderos.

Esto es todo.

Los mir&#243; desafiante. No se ve&#237;a nada all&#237; dentro. Las paredes estaban desnudas, y la luz de dos largos tubos del techo era intensa.

Pero estuvo aqu&#237;, &#191;verdad? &#191;Qu&#233; quer&#237;a?

Nadie ha estado aqu&#237; excepto ustedes.

Sejer hizo un gesto afirmativo y sali&#243; de la c&#225;mara. Skarre lo mir&#243; inseguro, pero lo sigui&#243;.

&#191;Nos promete ponerse en contacto con nosotros si aparece? -pregunt&#243; por fin-. Lo est&#225; pasando muy mal despu&#233;s de todo lo sucedido. Necesita ayuda.

Claro.

La puerta de la c&#225;mara de seguridad se cerr&#243; con gran estr&#233;pito.


Fuera, en el aparcamiento, Sejer hizo una se&#241;a a Skarre para que se pusiera al volante.

Sube esa cuesta y m&#233;tete en esa entrada de coches dando marcha atr&#225;s. &#191;La ves?

Skarre dijo que s&#237;.

Qu&#233;date ah&#237;. Esperaremos hasta que se marche y luego lo seguimos. Quiero ver a d&#243;nde va.

No tuvieron que esperar mucho. Al cabo de apenas cinco minutos, Johnas apareci&#243; de pronto en la puerta. Cerr&#243;, activ&#243; la alarma, pas&#243; por delante del Citroen gris y desapareci&#243; por la entrada de coches dentro de un patio trasero. Estuvo fuera de su vista un par de minutos, pero volvi&#243; a aparecer dentro de un viejo Transit. El coche se detuvo junto a la carretera, puso el intermitente y gir&#243; a la izquierda. Sejer oy&#243; claramente el traqueteo del motor.

Claro, tambi&#233;n tiene una furgoneta -dijo Skarre.

Con un cilindro estropeado. Suena como un viejo barco. Ahora arranca, pero ten cuidado. Se dirige a ese cruce. No te acerques demasiado.

&#191;Puedes ver si est&#225; mirando por el retrovisor?

No lo hace. Deja pasar a ese Volvo, Skarre, a aquel verde.

El Volvo fren&#243; ante el ceda el paso, pero Skarre hizo una profunda inclinaci&#243;n con un gesto para que el otro pasara. El conductor se lo agradeci&#243; agitando una mano blanca.

Est&#225; poniendo el intermitente de la derecha. &#161;P&#225;sate al carril derecho! &#161;Demonios, hay muy poco tr&#225;fico, nos va a ver!

No nos ve, va conduciendo como si fuera sobre ra&#237;les. &#191;A d&#243;nde crees que se dirige?

Posiblemente a Oscarsgate. Se est&#225; mudando, &#191;no es as&#237;? Cuidado, est&#225; frenando. Y cuidado con ese cami&#243;n de cerveza, si te adelanta podemos perderlo.

&#161;Qu&#233; f&#225;cil es decirlo! &#191;Cu&#225;ndo te vas a comprar un coche m&#225;s potente?

Vuelve a frenar. Supongo que va a bajar por B&#248;rresensgate. Esperemos que el Volvo vaya en la misma direcci&#243;n.

Johnas conduc&#237;a la gran furgoneta suavemente por la ciudad, como si no quisiera llamar la atenci&#243;n. Puso el intermitente y cambi&#243; de carril, se estaba acercando a Oscarsgate. En ese momento pudieron ver claramente que miraba varias veces por el espejo retrovisor.

Se detiene junto a esa casa amarilla. Es el n&#250;mero quince. &#161;Para, Skarre!

&#191;Justo aqu&#237;?

Apaga el motor. Est&#225; saliendo del coche.

Johnas sali&#243; del coche, mir&#243; en todas las direcciones y cruz&#243; la calle a grandes pasos. Sejer y Skarre miraban fijamente la puerta donde se puso a manipular una llave. En la mano llevaba una caja de herramientas.

Va a pasar por su piso. Esperemos a ver. En cuanto &#233;l est&#233; dentro, t&#250; te acercas al coche. Quiero que eches un vistazo por la ventanilla de atr&#225;s.

&#191;Qu&#233; crees que lleva?

No quiero ni pensarlo. Corre. &#161;Venga Skarre!

Skarre sali&#243; sigilosamente del coche y corri&#243; encorvado como un viejo por la acera, oculto en parte por la fila de coches aparcados. Se agach&#243; detr&#225;s del coche e hizo sombra poniendo una mano a cada lado de la cara para ver mejor. Al cabo de tres segundos volvi&#243; a toda prisa. Se dej&#243; caer en el asiento y cerr&#243; la puerta.

Un mont&#243;n de alfombras. Y la Suzuki de Halvor. Est&#225; en la parte de atr&#225;s con el casco encima. &#191;Subimos?

Nada de eso. Qu&#233;date aqu&#237; tranquilo. Si no me equivoco, el t&#237;o no estar&#225; ah&#237; dentro mucho tiempo.

&#191;Y luego lo volvemos a seguir?

Depende.

&#191;Se ve alguna luz encendida?

No veo nada. &#161;Ah&#237; viene!

Se agacharon y vieron a Johnas, que se hab&#237;a detenido en la acera. Mir&#243; hacia ambos lados de la calle y vio que no hab&#237;a nadie en la larga fila de coches aparcados en el lado izquierdo. Fue hasta la furgoneta, se meti&#243;, arranc&#243; y empez&#243; a dar marcha atr&#225;s. Skarre asom&#243; con cautela la cabeza por encima del salpicadero.

&#191;Qu&#233; est&#225; haciendo? -pregunt&#243; Sejer.

Est&#225; dando marcha atr&#225;s. Ahora otra vez hacia delante. Cruza la calle marcha atr&#225;s y aparca delante del portal. Sale del coche. Corre hasta la puerta de atr&#225;s. La abre. Saca una alfombra enrollada. Se pone en cuclillas y se la carga sobre el hombro. Se tambalea un poco. &#161;Esa alfombra parece pesar una barbaridad!

&#161;Dios m&#237;o, est&#225; a punto de caerse!

Johnas se tambaleaba bajo el peso de la alfombra. Las rodillas estaban a punto de fallarle. Sejer puso la mano sobre el tirador de la puerta.

Ha vuelto a entrar. Intentar&#225; meter la alfombra en el ascensor. &#161;No podr&#225; subirla por la escalera! Mira la fachada, Skarre, a ver si enciende alguna luz.

Kollberg empez&#243; a ladrar de repente.

&#161;C&#225;llate hombre! -Sejer se gir&#243; y le dio una palmadita. Esperaron y miraron la fachada y todas las ventanas oscuras.

Se ha encendido una luz en el cuarto, justo encima del mirador, &#191;la ves?

Sejer mir&#243; hacia arriba. La ventana no ten&#237;a cortinas.

&#191;Subimos?

No hay que apresurarse, Johnas es listo. Tenemos que esperar un poco.

&#191;Esperar a qu&#233;?

Ha apagado la luz. Tal vez vuelva a salir. &#161;Ag&#225;chate de nuevo, Skarre!

Volvieron a agacharse. Kollberg segu&#237;a ladrando.

&#161;Si no te callas estar&#225;s una semana sin comer! -le susurr&#243; Sejer.

Johnas volvi&#243; a salir. Ten&#237;a aspecto de estar agotado. Esta vez no mir&#243; ni a la izquierda ni a la derecha al meterse en el coche. Cerr&#243; la puerta y arranc&#243;.

Sejer entreabri&#243; la puerta.

T&#250; sig&#250;elo, yo subir&#233; al piso a echar un vistazo.

&#191;C&#243;mo vas a entrar?

He hecho un cursillo de c&#243;mo abrir las puertas con ganz&#250;a. &#191;T&#250; no?

Claro que s&#237;.

&#161;No lo pierdas! Qu&#233;date aqu&#237; hasta que veas que llega a la curva, y luego lo sigues. Estar&#225; esperando la oscuridad. Cuando veas que de verdad se dirige a casa ve a la comisar&#237;a a por m&#225;s gente. Arr&#233;stalo en su domicilio. &#161;No le des la oportunidad de cambiarse de ropa, ni de dejar nada, y no se te ocurra mencionar este piso! Si se para en el camino para deshacerse de la moto no lo arrestes. &#191;Me oyes?

&#191;Por qu&#233; no? -pregunt&#243; Skarre confuso.

&#161;Porque es el doble de grande que t&#250;!

Sejer baj&#243; del coche, agarr&#243; la cadena de Kollberg y se lo llev&#243;. Se agach&#243; detr&#225;s del coche en el momento en que el veh&#237;culo de Johnas empez&#243; a moverse. Skarre esper&#243; unos segundos, luego fue tras &#233;l. En ese momento no ten&#237;a mucha fe.

Al instante, Sejer vio desaparecer los dos coches por la derecha. Cruz&#243; la calle, llam&#243; a un timbre cualquiera y gru&#241;&#243; Polic&#237;a en el altavoz. La puerta se abri&#243; y &#233;l entr&#243;, dej&#243; estar el ascensor y subi&#243; corriendo hasta el cuarto piso. S&#243;lo hab&#237;a dos puertas, pero como hab&#237;an visto encenderse y apagarse una luz, opt&#243; por la puerta que presumiblemente daba a la calle. No ten&#237;a ning&#250;n letrero. Ech&#243; un vistazo a la cerradura, era una muy simple de resorte. Abri&#243; la cartera y busc&#243; una tarjeta plastificada. No ten&#237;a muchas ganas de usar la de cr&#233;dito, pero encontr&#243; una de la biblioteca municipal con su nombre y n&#250;mero y el texto El libro abre todas las puertas al dorso. Meti&#243; la tarjeta en la ranura y la puerta se abri&#243;. La cerradura qued&#243; inservible, pero tal vez alguien la cambiar&#237;a en alg&#250;n momento. El piso estaba casi vac&#237;o y no conten&#237;a nada de valor. Encendi&#243; la luz. Descubri&#243; la caja de herramientas en medio del suelo y dos banquetas junto a la ventana. Debajo del fregadero de la cocina hab&#237;a una peque&#241;a pir&#225;mide de botes de pintura y una botella de cinco litros de aguarr&#225;s. Johnas estaba pintando la casa. Era un piso luminoso y espacioso con grandes ventanas en forma de arco, y bastante buena vista a la calle, un poco retirado del peor tr&#225;fico. El inmueble era un viejo edificio de principios de siglo, con una hermosa fachada y rosetas de escayola en el techo. Vislumbr&#243; la f&#225;brica de cervezas, que se reflejaba en el r&#237;o algo m&#225;s abajo. Fue de habitaci&#243;n en habitaci&#243;n mirando. A&#250;n no hab&#237;a tel&#233;fono instalado, y tampoco muebles, pero pudo ver alguna que otra caja de cart&#243;n marcada con rotulador. Dormitorio. Cocina. Sal&#243;n. Entrada. Un par de cuadros. Una botella medio llena de Cardenal sobre la encimera de la cocina. Varias alfombras enrolladas debajo de la ventana del sal&#243;n. Kollberg husme&#243; el aire. Ol&#237;a a pintura, cola de empapelar y aguarr&#225;s. Sejer dio una vuelta m&#225;s, se detuvo junto a la ventana y mir&#243; hacia fuera. Kollberg, inquieto, estaba dando una vueltecita por su cuenta. Sejer lo sigui&#243; y abri&#243; alguno de los armarios. No ve&#237;a esa enorme alfombra por ninguna parte. El perro comenz&#243; a gru&#241;ir y desapareci&#243; hacia el interior. Sejer lo sigui&#243;.

Finalmente Kollberg se detuvo delante de una puerta. El pelo se le eriz&#243;.

&#191;Qu&#233; hay ah&#237;?

Kollberg husme&#243; en&#233;rgicamente la rendija de la puerta y ara&#241;&#243; la puerta con las u&#241;as. Sejer mir&#243; hacia atr&#225;s por encima del hombro. No sab&#237;a por qu&#233;, pero de repente una extra&#241;a sensaci&#243;n le sobrecogi&#243;. Hab&#237;a alguien muy cerca. Puso la mano en el tirador de la puerta y tir&#243; de &#233;l. La puerta se abri&#243;. Algo negro le alcanz&#243; en el pecho con una fuerza tremenda. Al instante siguiente todo se convirti&#243; en un shock de sonido y dolor, gru&#241;idos y ladridos en el momento en que el enorme animal le puso las garras encima. Kollberg tom&#243; impulso y mordi&#243; en el instante en que Sejer reconoci&#243; al dobermann de Johnas. Cay&#243; al suelo con los dos perros encima. Instintivamente se alej&#243; rodando y acab&#243; boca abajo y con las manos protegi&#233;ndose la cabeza. Los animales luchaban y Sejer busc&#243; con la vista algo con qu&#233; golpearles, pero no encontr&#243; nada. Fue hasta el cuarto de ba&#241;o, vio una escoba, la cogi&#243; y sali&#243; en busca de los perros. Estaban quietos, a unos dos metros de distancia el uno del otro, gru&#241;endo en voz baja y ense&#241;ando los dientes.

&#161;Kollberg! -grit&#243;-. &#161;Pero si es una perra, co&#241;o!

Los ojos de Hera luc&#237;an como dos farolas amarillas en la cabeza negra. Kollberg agudiz&#243; las orejas, la perra vigilaba como una pantera negra, lista para el ataque. Sejer levant&#243; la escoba y dio unos pasos notando el sudor y la sangre que le chorreaban bajo la camisa. Kollberg lo vio, se detuvo y se olvid&#243; durante un segundo de vigilar al enemigo, que sali&#243; disparado como un proyectil con la boca abierta. Sejer cerr&#243; los ojos y peg&#243;. La alcanz&#243; en la nuca, y cerr&#243; los ojos de tristeza al ver a la perra desplomarse y quedarse en el suelo chillando. Al instante se lanz&#243; sobre ella, la agarr&#243; de la correa y la arrastr&#243; hasta el dormitorio. Le dio un tremendo empuj&#243;n y cerr&#243; la puerta de un un estallido. Entonces se cay&#243; hacia la pared, desliz&#225;ndose hasta el suelo. Mir&#243; fijamente a Kollberg, que continuaba a la defensiva.

Joder, Kollberg. &#161;Si es una perra! -se sec&#243; la frente.

Kollberg se acerc&#243; a &#233;l y le lami&#243; la cara. Oyeron a Hera gemir detr&#225;s de la puerta. Sejer permaneci&#243; sentado con la cara escondida entre las manos, intentando recuperarse despu&#233;s del susto. Al mirarse, vio que ten&#237;a la ropa llena de pelos de perro y de sangre, y Kollberg sangraba de una oreja.

Por fin se levant&#243; y se meti&#243; en el cuarto de ba&#241;o. Sobre una manta dentro de la ducha descubri&#243; de repente algo negro y suave como el terciopelo, que lloriqueaba.

No me extra&#241;a que atacara -susurr&#243;-. Quer&#237;a proteger a sus cachorros.

La alfombra enrollada estaba junto a una pared. Sejer se sent&#243; en cuclillas y se qued&#243; mir&#225;ndola. Era un rollo muy apretado, cubierto con pl&#225;stico y pegado con ese celo especial que resulta casi imposible de quitar. Comenz&#243; a tirar del pl&#225;stico y del celo, mientras le chorreaba el sudor debajo de la camisa. Kollberg ara&#241;aba para ayudar, pero Sejer lo empuj&#243; hacia un lado. Por fin hab&#237;a logrado quitar el celo, y procedi&#243; a quitar el pl&#225;stico. Se levant&#243; y arrastr&#243; el rollo hasta el suelo del sal&#243;n. De nuevo oyeron los gemidos de Hera en el dormitorio. Se agach&#243; de nuevo y dio un fuerte empuj&#243;n al rollo. La alfombra se desenroll&#243; lenta y pesadamente. Dentro hab&#237;a un cuerpo comprimido. La cara estaba destrozada. La boca estaba sellada con celo y tambi&#233;n parte de la nariz, o mejor dicho, lo que quedaba de ella. Sejer se tambale&#243; ligeramente mientras miraba a Halvor. Tuvo que darse la vuelta y apoyarse un instante contra la pared. Luego cogi&#243; el tel&#233;fono m&#243;vil del cintur&#243;n, mir&#243; fijamente por la ventana y tecle&#243; un n&#250;mero. Sigui&#243; con la vista un barco carguero que se deslizaba por el r&#237;o. Hexagon, Bremen. Son&#243; la sirena del barco, un sonido dilatado y nost&#225;lgico. Aqu&#237; vengo yo, parec&#237;a decir. Aqu&#237; vengo yo, pero no tengo prisa.

Konrad Sejer, Oscarsgate quince -dijo al auricular-. Necesito gente.


&#191;Henning Johnas?

Sejer daba vueltas a un bol&#237;grafo entre los dedos y miraba fijamente al hombre.

&#191;Sabe usted por qu&#233; est&#225; aqu&#237;?

&#191;Qu&#233; clase de pregunta es &#233;sa? -dijo el otro con voz ronca-. Perm&#237;tame decirle una cosa: lo crea o no, hay un l&#237;mite para lo que voy a tolerar. Si se trata de Annie, no tengo nada m&#225;s que decir.

No vamos a hablar de Annie -dijo Sejer.

Bueno.

Se balance&#243; ligeramente en la silla, y Sejer crey&#243; ver una luz de alivio posarse en su cara.

Halvor Muntz parece haber desaparecido de la faz de la tierra. &#191;Sigue usted estando seguro de no haberlo visto?

Johnas apret&#243; los labios.

Completamente seguro. No lo conozco.

&#191;Est&#225; usted seguro de eso?

Puede que no lo crea, pero lo cierto es que sigo teniendo la cabezabastante despejada, a pesar del constante acoso de la polic&#237;a.

Es que nos preguntamos qu&#233; hace la moto de Halvor en su garaje, dentro de su furgoneta.

Se oy&#243; un sonido de asombro, como un ronquido.

Perdone, &#191;qu&#233; ha dicho?

La moto de Halvor.

Es la moto de Magne -murmur&#243;-. Voy a ayudarle a arreglarla.

Hablaba velozmente, sin mirar a Sejer.

Magne tiene una Kawasaki. Adem&#225;s, usted no sabe nada de motos, pues su oficio es otro, por as&#237; decirlo. Int&#233;ntelo de nuevo, Johnas.

Bueno, bueno.

Se encoleriz&#243;, perdi&#243; el control y tuvo que agarrarse con las dos manos a la mesa.

Entr&#243; haci&#233;ndose el chulo en la galer&#237;a y empez&#243; a molestarme. &#161;Dios m&#237;o c&#243;mo se pas&#243;! Se comport&#243; como uno de esos locos drogadictos, insistiendo en comprar una alfombra. No ten&#237;a dinero, claro. Entra tanta gente chiflada en la galer&#237;a que perd&#237; el control. Le di una bofetada. Entonces se pir&#243; como un ni&#241;ato, dejando la moto y todo. La met&#237; en el coche y me la traje a casa. Como castigo tendr&#225; que venir a recogerla &#233;l mismo, tendr&#225; que rogarme que se la devuelva.

Para ser una simple bofetada veo que su mano ha sufrido bastante -indic&#243; Sejer contemplando los nudillos despellejados del hombre-. Lo que pasa es que nadie sabe donde est&#225;.

Pues se habr&#225; fugado con el rabo entre las piernas. Lo m&#225;s probable es que tenga mala conciencia por algo.

&#191;Tiene usted alguna sugerencia?

Est&#225; usted investigando el asesinato de su novia. Tal vez deber&#237;a empezar por ah&#237;.

No olvide Johnas que vive usted en un lugar peque&#241;o. Los rumores se propagan muy deprisa.

Johnas sudaba tanto que la camisa se le pegaba al pecho.

De todas formas voy a mudarme -murmur&#243;.

Creo que ya lo mencion&#243;. Al centro, &#191;no era as&#237;? De modo que le dio a Halvor un escarmiento. Tal vez debamos dejarle en paz por ahora.

Sejer no se sent&#237;a en absoluto a gusto, aunque &#233;sa era la impresi&#243;n que daba.

&#191;Pierde usted a menudo el control, Johnas? Vamos a hablar un poco de eso.

Volvi&#243; a dar vueltas a su pluma.

Empecemos por Eskil.

Para Johnas fue una suerte tener en ese momento la cabeza agachada para sacar los cigarrillos del bolsillo de la chaqueta. Tard&#243; lo suyo en enderezarse.

&#161;No! -jade&#243;-. No tengo fuerzas para hablar de Eskil.

Usaremos el tiempo que haga falta -dijo Sejer-. Empiece por ese d&#237;a, el siete de noviembre, desde que se levantaron, usted y su hijo.

Johnas movi&#243; d&#233;bilmente la cabeza, lami&#233;ndose nerviosamente los labios. No pod&#237;a dejar de pensar en ese disquete que nunca lleg&#243; a leer. Sejer lo habr&#237;a cogido y habr&#237;a le&#237;do todo lo que Annie hab&#237;a escrito. La idea le hizo tambalearse.

Resulta dif&#237;cil hablar de ello. He intentado olvidarlo. &#191;Por qu&#233; demonios quieren ustedes hurgar en una vieja tragedia? &#191;No tienen algo m&#225;s reciente en que ocupar su tiempo?

Entiendo que le resulte dif&#237;cil, pero int&#233;ntelo de todos modos. S&#233; que lo pasaron mal y que deber&#237;an haber recibido ayuda. H&#225;bleme de &#233;l.

&#191;Pero por qu&#233; quiere hablar de Eskil?

Ese ni&#241;o formaba una parte importante de la vida de Annie. Y hay que sacar a la luz todo lo que rodeaba a la chica.

Entiendo, entiendo. Lo que pasa es que me siento muy confuso. Por un instante pens&#233; que usted sospechaba que yo bueno ya sabe. Que ten&#237;a algo que ver con la muerte de Annie.

Sejer sonri&#243;, una sonrisa rara y abierta. Luego mir&#243; extra&#241;ado a Johnas moviendo la cabeza.

&#191;Y qu&#233; motivo iba a tener usted para matar a Annie?

Ninguno, claro -dijo el otro con voz alterada-, pero para ser sincero me cost&#243; bastante llamar y decir que yo la hab&#237;a llevado en el coche. Me parec&#237;a que era como sacar la cabeza.

Lo habr&#237;amos averiguado de todos modos. Alguien los vio.

Eso es lo que pens&#233;. Y por eso llam&#233;.

H&#225;bleme de Eskil -dijo Sejer imperturbable.

Johnas se hundi&#243; en la silla e inhal&#243; el cigarrillo; parec&#237;a desconcertado. Sus labios se mov&#237;an, pero no sal&#237;a de ellos sonido alguno.

Lo ten&#237;a todo preparado en la cabeza, pero en ese momento la habitaci&#243;n se encog&#237;a y lo &#250;nico que o&#237;a era la respiraci&#243;n de ese hombre al otro lado de la mesa. Ech&#243; un vistazo al reloj de la pared con el fin de ordenar sus pensamientos. Eran las seis de la tarde.


Eran las seis de la ma&#241;ana. Eskil se despert&#243; con gritos entusiastas. Empez&#243; a dar saltos entre Astrid y yo en la cama, yendo de un lado para otro. Quiso levantarse inmediatamente. Astrid necesitaba dormir un poco m&#225;s, hab&#237;a dormido muy mal, as&#237; que me toc&#243; a m&#237; levantarme. El ni&#241;o me sigui&#243; hasta el cuarto de ba&#241;o, colgado de mis pantalones. Sus brazos y piernas estaban por todas partes y su boca no paraba de emitir un constante chorro de ruidos y gritos. Luego serpenteaba como una anguila mientras me esforzaba en vestirle. No quiso pa&#241;al. No quiso la ropa que le hab&#237;a sacado, tir&#243; todo lo que estaba suelto, y finalmente se subi&#243; a la taza del v&#225;ter, desde donde tir&#243; todo lo que hab&#237;a en la repisa debajo del espejo. Los frascos y botellitas de Astrid se rompieron al estrellarse contra el suelo. Lo cog&#237; en brazos y lo baj&#233; al suelo. Como tantas otras veces fui atrapado en la misma red de siempre: le reprend&#237;, primero amablemente mientras le met&#237;a la pastilla de Ritalin en la boca, pero &#233;l la escupi&#243;, se agarr&#243; de la cortina de la ducha y la tir&#243;. Intent&#233; vestirme, intent&#233; que no se hiciera da&#241;o, que no rompiera nada. Por fin est&#225;bamos los dos vestidos. Lo cog&#237; en brazos de nuevo, lo llev&#233; hasta la cocina y lo sent&#233; en su silla. De repente ech&#243; la cabeza hacia atr&#225;s y me dio en la boca. El labio se me revent&#243; y empez&#243; a sangrar. Lo at&#233; en su silla y le prepar&#233; una rebanada de pan con fiambre, pero no quiso comerla, dec&#237;a que no con la cabeza y empuj&#243; el plato, gritando que quer&#237;a salchich&#243;n.


Johnas -dijo Sejer-. H&#225;bleme de Eskil.

Johnas se despert&#243; y lo mir&#243;. Por fin tom&#243; una decisi&#243;n.

De acuerdo, como usted quiera. El siete de noviembre. Un d&#237;a como todos los dem&#225;s, lo que quiere decir un d&#237;a indescriptible. Era un torpedo y devast&#243; la familia. Magne sacaba cada vez peores notas, no soportaba estar en casa y se refugiaba por las tardes en casa de amigos. Astrid estaba siempre falta de sue&#241;o, yo no pod&#237;a cumplir con el horario de la tienda. Cada comida era un sufrimiento. Annie -dijo de repente, con una sonrisa triste-, Annie era la &#250;nica luz en la oscuridad. Ven&#237;a a recoger a Eskil cuando ten&#237;a tiempo. Entonces el silencio se posaba sobre la casa como despu&#233;s de un hurac&#225;n. Nos ca&#237;amos redondos all&#237; donde nos encontr&#225;ramos, despojados de toda energ&#237;a. Est&#225;bamos agotados y desesperados, y nadie nos prestaba ayuda. Los m&#233;dicos nos dijeron claramente que el ni&#241;o no mejorar&#237;a con el tiempo. Siempre tendr&#237;a problemas de concentraci&#243;n y ser&#237;a hiperactivo para el resto de su vida. Y toda la familia tendr&#237;a que ajustarse a &#233;l durante a&#241;os, durante muchos a&#241;os. &#191;Se lo imagina?

&#191;Y ese d&#237;a tuvo una bronca con &#233;l?

Johnas solt&#243; una risa lun&#225;tica.

Siempre ten&#237;amos broncas. Se convirti&#243; en la neurosis de la familia. Seguramente contribuimos a estropearlo, no ten&#237;amos la formaci&#243;n necesaria para poder manejarlo. Grit&#225;bamos y rega&#241;&#225;bamos, y toda la vida de Eskil consist&#237;a en maldiciones y horror.

Cu&#233;nteme lo que pas&#243;.

Magne entr&#243; un momento en la cocina para decir adi&#243;s. Se fue al autocar con la mochila en la espalda. Fuera era de noche. Unt&#233; otra rebanada de pan con mantequilla y le puse salchich&#243;n encima. La cort&#233; incluso en peque&#241;os dados, aunque el ni&#241;o pod&#237;a comer la corteza sin ning&#250;n problema. &#201;l no paraba de dar golpes en el hule con su jarrita, gritaba y chillaba, ni de pena ni de alegr&#237;a, no era m&#225;s que un chorro constante de ruido. De repente descubri&#243; los gofres que estaban sobre la encimera desde el d&#237;a anterior. Enseguida empez&#243; a pedirlos, y aunque yo sab&#237;a que &#233;l ganar&#237;a, le dije que no. Esa palabra era como agitar un pa&#241;o rojo delante de sus ojos. No se dio por vencido, sigui&#243; dando golpes con la taza y se tambaleaba en la silla, a punto de volcarla. Yo estaba de espaldas y comenc&#233; a temblar. Me fui hacia un lado, cog&#237; el plato, quit&#233; el pl&#225;stico que cubr&#237;a los gofres, y saqu&#233; una placa de cinco corazones. Tir&#233; los trozos de salchich&#243;n al cubo de basura y le puse delante el plato de los gofres. Arranqu&#233; un par de corazones. Sab&#237;a que no los iba a comer en paz, que ah&#237; no acabar&#237;a la cosa, lo conoc&#237;a bien. Eskil quer&#237;a mermelada. Unt&#233; a toda velocidad y con manos temblorosas dos corazones con mermelada de frambuesa. En ese momento el ni&#241;o sonri&#243;. Me acuerdo mucho de su &#250;ltima sonrisa. Estaba contento consigo mismo. Yo no soportaba que &#233;l estuviera tan contento cuando yo estaba al borde de un ataque de nervios. Levant&#243; el plato y empez&#243; a dar golpes con &#233;l en la mesa. No quiso los gofres, no le importaban los gofres, lo &#250;nico que quer&#237;a en este mundo era salirse con la suya. Se deslizaron del plato al suelo, y tuve que ir a buscar un trapo para limpiarlo. No encontr&#233; ninguno, de modo que dobl&#233; los gofres. Me mir&#243; con curiosidad mientras hac&#237;a con ellos una bola. Su cara no mostraba ning&#250;n temor por lo que se avecinaba. Yo herv&#237;a por dentro. Ten&#237;a que dejar escapar algo de vapor, no sab&#237;a c&#243;mo, pero de repente me inclin&#233; sobre la mesa y le met&#237; los gofres dentro de la boca, empuj&#225;ndolos lo m&#225;s adentro posible. Recuerdo todav&#237;a sus ojos asombrados y las l&#225;grimas que los ba&#241;aron.

&#161;Y ahora! -grit&#233; loco de ira-. &#161;Ahora vas a comerte estos malditos gofres!

Johnas se desdobl&#243; como un palo.

&#161;No quer&#237;a hacerlo!

El cigarrillo se estaba consumiendo en el cenicero. Sejer trag&#243; saliva y dej&#243; vagar su mirada en direcci&#243;n a la ventana, pero no encontr&#243; nada capaz de eliminar de su retina la imagen del ni&#241;o con la boca llena de gofres y ojos grandes y aterrados. Mir&#243; a Johnas.

Debemos aceptar a los hijos que tenemos, &#191;no?

Eso nos dec&#237;a todo el mundo. Los que no sab&#237;an. Nadie sab&#237;a. Ahora me acusar&#225;n de malos tratos y muerte accidental. En ese caso llega usted demasiado tarde. Me he acusado y condenado a m&#237; mismo hace ya mucho tiempo. Usted no puede hacer nada para cambiarlo.

Sejer lo mir&#243;.

&#191;En qu&#233; consiste exactamente esa acusaci&#243;n?

Fui culpable de la muerte de Eskil. Yo era el responsable de &#233;l. Para eso no hay ni disculpas ni explicaciones. S&#243;lo que no quise hacerlo. Fue un accidente.

Tiene usted que haber sufrido mucho -dijo Sejer en voz baja-. No ten&#237;a a nadie con quien hablar de su dolor. Y al mismo tiempo siente que ya ha recibido el castigo por lo que hizo, &#191;verdad?

Johnas callaba. Su mirada vagaba por la habitaci&#243;n.

Primero perdi&#243; a su hijo peque&#241;o, luego su mujer lo abandona, llev&#225;ndose a su hijo mayor. Usted se qued&#243; solo, sin nadie.

Johnas rompi&#243; a llorar. Sonaba como si tuviera una papilla en la garganta que quisiera salir.

Y sin embargo luch&#243; por continuar viviendo. Tiene la compa&#241;&#237;a de su perro. Ha ampliado la tienda, que marcha cada vez mejor. Hace falta mucho esfuerzo para volver a empezar de la manera en que lo ha hecho usted.

Johnas asinti&#243; con la cabeza. Las palabras le llegaban como agua tibia.

Sejer hab&#237;a apuntado; en ese momento dispar&#243; de nuevo.

Y entonces, cuando por fin todo empieza a funcionar de nuevo, aparece Annie.

Johnas se sobresalt&#243;.

&#191;Le lanzaba miradas acusatorias cada vez que se encontraban en la calle? Usted tendr&#225; que haberse preguntado por qu&#233; Annie era tan poco amable con usted, de manera que cuando la vio bajar la cuesta corriendo con la mochila en la espalda pens&#243; que tendr&#237;a que averiguarlo de una vez por todas. &#191;No fue as&#237;?


Una chica bajaba corriendo la cuesta. Me reconoci&#243; enseguida y se detuvo en seco. Su cara se contrajo y me mir&#243; como dudando. Todo su ser me rechazaba, era una postura arisca, casi agresiva, que resultaba inquietante.

Empez&#243; a andar de nuevo a paso r&#225;pido, sin mirar hacia atr&#225;s. La llam&#233;. &#161;No quise darme por vencido, ten&#237;a que averiguar de qu&#233; se trataba! Por fin desisti&#243; y subi&#243; al coche, abrazando con fuerza la mochila que ten&#237;a sobre las rodillas. Yo iba despacio, quise formular una frase, pero no sab&#237;a muy bien c&#243;mo empezar, ten&#237;a miedo de hacer algo que pudiera ser peligroso para los dos. Segu&#237; conduciendo mientras la miraba de reojo, con la sensaci&#243;n de que toda ella era una acusaci&#243;n enorme y vibrante.

Necesito hablar con alguien, empec&#233; vacilante, apretando el volante. Lo estoy pasando mal.

Ya lo s&#233;, contest&#243;, mirando por la ventanilla, pero de repente se volvi&#243; y me mir&#243; un instante. Lo tom&#233; como una peque&#241;a concesi&#243;n e intent&#233; relajarme. A&#250;n ten&#237;a la posibilidad de retirarme, de dejarlo estar, pero ella estaba sentada all&#237;, a mi lado, escuch&#225;ndome. Tal vez fuera lo suficientemente adulta como para comprenderlo todo, y tal vez eso fuera todo lo que quer&#237;a: una especie de confesi&#243;n, una s&#250;plica de perd&#243;n. Annie y toda su palabrer&#237;a sobre la justicia.

&#191;Podemos ir a alg&#250;n sitio y hablar un poco, Annie? Aqu&#237; dentro, en el coche resulta muy dif&#237;cil. S&#243;lo unos minutos y luego te llevo a donde t&#250; quieras.

Mi voz era como un hilo fino, suplicante, y pude ver que la hab&#237;a conmovido. Asinti&#243; lentamente con la cabeza y se relaj&#243; un poco, reclin&#225;ndose en el asiento y mirando por la ventanilla. Al cabo de un rato pasamos por delante de la tienda de Horgen y all&#237; vi una moto aparcada. El motorista estaba inclinado sobre algo que ten&#237;a sobre el manillar, tal vez un mapa. Sub&#237; lenta y cuidadosamente por la mala carretera que llevaba hasta la Colina y aparqu&#233; donde se puede dar la vuelta. De repente Annie parec&#237;a preocupada, la mochila se qued&#243; en el suelo del coche, intento recordar qu&#233; pens&#233; en ese momento, pero no soy capaz, s&#243;lo s&#233; que fuimos andando lentamente por el sendero blando. Annie caminaba erguida a mi lado, joven y terca, pero no inamovible. Me acompa&#241;&#243; hasta el agua y se sent&#243; vacilante sobre una piedra. Se tocaba los dedos. Recuerdo sus u&#241;as cortas y la peque&#241;a sortija en la mano izquierda.

Te vi, dijo en voz baja. Te vi por la ventana en el momento de inclinarte sobre la mesa y me fui corriendo. Luego pap&#225; me cont&#243; que Eskil hab&#237;a muerto.

Sab&#237;a, contest&#233;, sab&#237;a por tu forma de comportarte que me acusabas. Cada vez que nos.encontr&#225;bamos en el camino, en los buzones o en el garaje me acusabas.

Romp&#237;a llorar. Me inclin&#233; hacia delante sollozando, mientras Annie segu&#237;a sentada muy quieta a mi lado. No dec&#237;a nada, pero cuando por fin me hube desahogado, levant&#233; la vista y descubr&#237; que ella tambi&#233;n estaba llorando. Me sent&#237; mejor que en mucho tiempo, de verdad que s&#237;. El viento era suave y me acariciaba la espalda; a&#250;n hab&#237;a esperanzas.

&#191;Qu&#233; tengo que hacer? susurr&#233;, &#191;qu&#233; tengo que hacer para dejar esto atr&#225;s?

Me mir&#243; con sus grandes ojos grises, como sorprendida. Entregarte a la polic&#237;a, claro. Decir lo que pas&#243;. &#161;Si no, jam&#225;s volver&#225;s a tener paz!

En ese instante me mir&#243;. El coraz&#243;n me pesaba en el pecho. Met&#237; las manos en los bolsillos e intent&#233; mantenerlas all&#237;.

&#191;Se lo has contado a alguien?, pregunt&#233;.

No, dijo en voz baja. Todav&#237;a no.

&#161;Debes tener cuidado, Annie! grit&#233; desesperado.

De repente sent&#237; como si emergiera desde el fondo, desde la oscuridad, para entrar en la claridad. Un s&#243;lo pensamiento paralizador me vino de pronto a la mente. Que s&#243;lo Annie y nadie m&#225;s en el mundo lo sab&#237;a. Fue como si el viento cambiara de rumbo, sent&#237; un gran zumbido en los o&#237;dos. Todo estaba perdido. En su rostro se dibuj&#243; la misma expresi&#243;n de asombro que en el de Eskil. Luego atraves&#233; el bosque r&#225;pidamente. No me volv&#237; ni una vez para mirarla.


Johnas estudiaba las cortinas, y el tubo fluorescente del techo mientras sus labios formulaban sin parar palabras que nunca sal&#237;an. Sejer lo mir&#243;.

Hemos registrado su casa y tenemos pruebas t&#233;cnicas. Ser&#225; usted acusado de homicidio por imprudencia en la persona de su hijo, Eskil Johnas, y de homicidio intencionado en la persona de Annie Sofie Holland. &#191;Entiende lo que le digo?

&#161;Se equivoca!

La voz era un d&#233;bil chirrido. Varios vasos sangu&#237;neos rotos confer&#237;an un color rojizo a sus ojos.

No soy yo el que va a juzgar su culpabilidad.

Johnas se meti&#243; una mano en el bolsillo de la camisa. Temblaba con tanta vehemencia que parec&#237;a un anciano. Por fin volvi&#243; a sacar la mano con una peque&#241;a caja plana de metal.

Tengo la boca muy seca -murmur&#243;.

Sejer mir&#243; la cajita.

Pero no habr&#237;a hecho falta que la matara, &#191;sabe?

&#191;De qu&#233; est&#225; hablando? -dijo con un hilo de voz.

Dio la vuelta a la caja y dej&#243; caer en su mano una peque&#241;a pastilla blanca para la garganta.

No necesitaba matar a Annie. Habr&#237;a muerto de todos modos, si hubiera esperado un poco.

&#191;Est&#225; bromeando?

No -contest&#243; Sejer-. Nunca bromear&#233; con el c&#225;ncer de h&#237;gado.

Ah&#237; se equivoca. Annie ten&#237;a una salud de hierro. Estaba de pie junto a la laguna cuando me march&#233;, y lo &#250;ltimo que o&#237; fue el ruido de una piedra que tir&#243; al agua. No me atrev&#237; a dec&#237;rselo la primera vez, que vino conmigo hasta la laguna, quiero decir. &#161;Pero as&#237; fue! No quiso bajar conmigo en el coche. Prefer&#237;a andar. &#191;No comprende que alguien lleg&#243; mientras ella estaba junto al agua? Una chica joven, sola en el bosque. Hay montones de turistas en la colina. &#191;Se le ha ocurrido pensar alguna vez que se est&#225; equivocando?

Se me ocurre muy rara vez. Pero la batalla est&#225; perdida, &#191;sabe? Hemos encontrado a Halvor.

Johnas hizo de repente una mueca, como si alguien le pinchara con una aguja en el o&#237;do.

&#191;Resulta amargo, verdad?


Sejer estaba sentado muy quieto, con las manos sobre las rodillas. Se sorprendi&#243; a s&#237; mismo dando vueltas a su alianza. No hab&#237;a mucho m&#225;s que hacer. Adem&#225;s, la peque&#241;a habitaci&#243;n estaba silenciosa y casi en penumbra. De vez en cuando miraba la cara destrozada de Halvor, una cara lavada y aseada, pero totalmente irreconocible, con la boca medio abierta y varios dientes hechos a&#241;icos. La vieja cicatriz de la comisura de los labios ya no era visible. Su rostro hab&#237;a reventado como una fruta madura. Pero la frente estaba entera, y alguien le hab&#237;a peinado el pelo hacia atr&#225;s dejando visible la piel lisa, como una peque&#241;a indicaci&#243;n de lo guapo que hab&#237;a sido. Sejer agach&#243; la cabeza y puso las manos sobre la s&#225;bana. Se ve&#237;an con m&#225;s nitidez en el c&#237;rculo de luz que emit&#237;a la l&#225;mpara de la mesilla. No o&#237;a nada m&#225;s que su propia respiraci&#243;n y un ascensor que sonaba d&#233;bilmente muy a lo lejos. Un repentino movimiento bajo sus manos le hizo sobresaltarse. Halvor abri&#243; un ojo y le mir&#243;. El otro estaba cubierto de una bola gelatinosa de esparadrapo flotante, parecido a una medusa. Quiso decir algo, pero Sejer se puso un dedo sobre los labios e hizo un gesto negativo con la cabeza.

Me encanta ver esa mueca malhumorada, pero no debes hablar. Pueden saltar los puntos.

Gacias -mascull&#243; Halvor.

Permanecieron un instante mir&#225;ndose el uno al otro. Sejer movi&#243; la cabeza un par de veces, Halvor pesta&#241;e&#243; una y otra vez con el ojo verde.

Ese disquete -dijo Sejer-, que encontramos en el piso de Johnas. &#191;Es una copia exacta del de Annie?

Mm.

&#191;No se ha borrado nada?

Halvor neg&#243; con la cabeza.

&#191;Nada ha sido cambiado o corregido?

M&#225;s movimientos negativos.

Entonces lo dejamos as&#237; -dijo Sejer lentamente.

Gacias.

Los ojos de Halvor se llenaron de agua y empez&#243; a moquear.

&#161;No llores! -exclam&#243; Sejer-. Los puntos se te pueden saltar. Tienes mocos, ir&#233; a buscar papel.

Se levant&#243;, cogi&#243; papel del lavabo, e intent&#243; limpiar a Halvor los mocos y la sangre que le sal&#237;an de la nariz.

Annie te parecer&#237;a algo dif&#237;cil de vez en cuando. Pero ahora ya entiendes que ten&#237;a sus motivos. Todos solemos tenerlos -a&#241;adi&#243;-. Para Annie era demasiado cargar con todo ella sola. S&#233; que lo que voy a decir es una tonter&#237;a -prosigui&#243;, tal vez en un intento de consolar a ese muchacho que yac&#237;a con la cara destrozada y que le inspiraba tanta compasi&#243;n-, pero t&#250; a&#250;n eres joven. Acabas de perder mucho. En este momento sientes que Annie era la &#250;nica persona con la que quer&#237;as estar. Pero el tiempo pasa, y las cosas cambian. Alg&#250;n d&#237;a pensar&#225;s de otra manera.

Demonios, qu&#233; afirmaci&#243;n, pens&#243; de repente.

Halvor no contest&#243;. Mir&#243; las manos de Sejer sobre el edred&#243;n, la ancha alianza de oro en su mano derecha. Su mirada era acusadora.

S&#233; lo que est&#225;s pensando -dijo Sejer en voz baja-, que me es f&#225;cil hablar, con esta grande y ostentosa alianza de diez mil&#237;metros. Pero, &#191;sabes? -dijo con una triste sonrisa-, en realidad se trata de dos de cinco fundidas.

Volvi&#243; a dar vueltas al anillo.

Ella ha muerto -dijo en voz baja-. &#191;Lo entiendes?

Halvor baj&#243; la vista de su &#250;nico ojo, y otro tanto de sangre y mocos le chorre&#243; por la cara. Abri&#243; la boca, y Sejer pudo ver los raigones destrozados.

Ped&#243;neme -dijo.


Por fin el sol los inund&#243;, y Sejer y Skarre se paseaban por las calles con el perro entre ellos. Kollberg andaba a sus anchas, con el rabo muy erguido, como una bandera.

Sejer llevaba un ramo de flores, que le colgaba de un cordel enrollado en la mu&#241;eca, an&#233;monas blancas y rojas en papel de seda. Llevaba la chaqueta por encima de los hombros y su eccema estaba mejor de lo que hab&#237;a estado en mucho tiempo. Andaba a su habitual paso ligero, mientras que Skarre iba dando saltitos a su lado. El perro caminaba sorprendentemente bien, a un paso digno. No iban demasiado deprisa, porque llevaban las camisas reci&#233;n planchadas y no quer&#237;an sudar demasiado antes de llegar.

Matteus saltaba de un lado para otro con gran expectaci&#243;n, con una orca de terciopelo negro y blanco en los brazos. Se llamaba Willy Fri, y era casi tan grande como &#233;l. El primer impulso de Sejer fue lanzarse sobre el ni&#241;o y levantarlo por los aires dando rienda suelta a su entusiasmo con voz jubilosa. Pero no era su estilo. Lo sent&#243; con cuidado sobre sus rodillas y mir&#243; a Ingrid, que llevaba un vestido nuevo, un vestido de verano amarillo con frambuesas rojas. La felicit&#243; por su cumplea&#241;os y le apret&#243; la mano. Dentro de poco se ir&#237;an al otro lado del mundo, al calor y a la guerra, y all&#237; se quedar&#237;an durante una eternidad. Dio la mano a su yerno mientras cog&#237;a la de Matteus con la otra. Luego se quedaron muy quietos esperando la comida.

Matteus jam&#225;s se pon&#237;a pesado. Era un ni&#241;o educado que casi nunca chillaba y no era terco ni obstinado. Lo &#250;nico que Sejer no reconoc&#237;a de su propia familia era una leve tendencia a cometer encantadoras diabluras. Su vida era todo sonrisas y amor, y sus or&#237;genes, de los que no sab&#237;an gran cosa, no le hab&#237;an proporcionado genes que provocaran un comportamiento anormal, que los volviera locos o que los llevara a sobrepasar l&#237;mites catastr&#243;ficos. Sus pensamientos vagaron hacia atr&#225;s, hasta la calle Gamle M&#248;llevej en las afueras de Roskilde, cuando era ni&#241;o. Por fin oy&#243;.

&#191;Qu&#233; has dicho, Ingrid?

Mir&#243; asombrado a su hija, que se apartaba un rubio rizo de pelo de la frente mientras sonre&#237;a de esa manera tan especial que reservaba para &#233;l.

&#191;Coca Cola, pap&#225;? &#191;Quieres Coca Cola?


En ese mismo instante, en otro lugar, una vieja y fea furgoneta bajaba por la carretera llena de baches en primera, y al volante iba un hombre robusto con el pelo de punta. Al acabar la cuesta se par&#243; para dejar pasar a una ni&#241;a que hab&#237;a puesto el pie en la carretera. Ella se detuvo en seco.

&#161;Hola, Ragnhild! -grit&#243; con entusiasmo.

La ni&#241;a llevaba una cuerda de saltar colgando de una mano, y lo salud&#243; con la otra.

&#191;Vas de paseo?

Voy a casa -dijo Ragnhild resuelta.

&#161;Escucha! -grit&#243; Raymond, muy alto, con el fin de ahogar el ruido del motor-. &#161;Cesar ha muerto, pero P&#229;san ha tenido cr&#237;as!

Pero s&#237; P&#229;san es un chico -contest&#243; Ragnhild dudando.

No siempre es f&#225;cil ver si un conejo es ni&#241;a o ni&#241;o. Tienen mucho pelo. Pero s&#237; que ha tenido cr&#237;as. Cinco. Puedes verlas si quieres.

No me dejan -dijo la ni&#241;a decepcionada, mirando la carretera con la d&#233;bil esperanza de que alguien apareciera para salvarla de esa vertiginosa tentaci&#243;n: conejos beb&#233;s-. &#191;Tienen ya pelo?

Tienen pelo y ya han abierto los ojos. Luego te llevar&#233; a tu casa, Ragnhild. &#161;Ven, crecen muy deprisa!

Ragnhild mir&#243; una vez m&#225;s la carretera, cerr&#243; con fuerza los ojos y volvi&#243; a abrirlos. Luego cruz&#243; r&#225;pidamente y se meti&#243; en el coche. Llevaba una camisa blanca con cuello de encaje y un min&#250;sculo pantal&#243;n corto rojo. Nadie la vio subirse a la furgoneta. La gente estaba en sus jardines, plantando, limpiando y atando rosales y clematis. Raymond se sent&#237;a muy elegante con la vieja chaqueta de Sejer. Puso el coche en marcha. La ni&#241;a esperaba emocionada en el asiento, a su lado. Raymond silb&#243; contento y mir&#243; a su alrededor. Nadie los hab&#237;a visto.



Karim Fossum

Karin Fossum, nacida en 1954 en Sandefjord, Noruega, es una de las autoras m&#225;s consolidadas de la nueva narrativa polic&#237;aca escandinava. Despu&#233;s de dos vol&#250;menes de poes&#237;a y dos tomos de cuentos, su novela El ojo de Eva se convirti&#243; en un fen&#243;meno editorial en el &#225;mbito escandinavo, aclamada por la cr&#237;tica y el p&#250;blico ha sido traducida a varios idiomas.

Karin Fossum ha merecido lo m&#225;s granado de los premios literarios escandinavos: los premios Riverton y la Llave de Cristal a la mejor novela polic&#237;aca por No mir&#233;s atr&#225;s y el premio de los libreros noruegos por &#191;Qui&#233;n teme al lobo?

Su estilo se centra en la introspecci&#243;n y las motivaciones psicol&#243;gicas de los personajes que protagonizan las historias criminales



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