




Charlaine Harris


Unos asesinatos muy reales


Aurora Teagarden, 1

 1990, Charlaine Harris Schulz

T&#237;tulo original: Real Murders

 De la traducci&#243;n: 2011, Omar El Kashef


Para mis padres







Cap&#237;tulo 1

Esta noche quiero hablaros de uno de los misterios de asesinato m&#225;s fascinantes: el caso Wallace -le dije a mi espejo con entusiasmo.

Luego prob&#233; con m&#225;s sinceridad; despu&#233;s con un poco de seriedad.

El cepillo tropez&#243; con un nudo.

&#161;Mierda! -exclam&#233;, y lo intent&#233; de nuevo-. Creo que el caso Wallace puede llenar el programa de la velada -declar&#233; con firmeza.

Cont&#225;bamos con doce socios permanentes que resultaban ideales para los doce programas anuales. No todos los casos daban para un programa de dos horas, por supuesto. El socio responsable de presentar el asesinato del mes, como lo llam&#225;bamos en broma, tra&#237;a a un orador invitado; alg&#250;n miembro del departamento de polic&#237;a de la ciudad, un psic&#243;logo especializado en criminolog&#237;a o el director de alg&#250;n centro local de asistencia a mujeres violadas. De vez en cuando pon&#237;amos una pel&#237;cula.

Pero la fortuna me hab&#237;a sonre&#237;do en el sorteo. Hab&#237;a material m&#225;s que de sobra del caso Wallace, aunque no tanto como para sentirme precipitada a examinarlo. Hab&#237;amos programado dos reuniones sobre Jack el Destripador. Jane Engle hab&#237;a dedicado una a las v&#237;ctimas y las circunstancias que rodearon los cr&#237;menes y Arthur Smith hab&#237;a dedicado otra a la investigaci&#243;n policial y los sospechosos. Con Jack no se puede escatimar.

Los elementos del caso Wallace son los siguientes -prosegu&#237;-: un hombre que se hac&#237;a llamar Qualtrough, un torneo de ajedrez, una mujer aparentemente inofensiva, llamada Julia Wallace, y, por supuesto, el acusado, su marido, el propio William Herbert Wallace. -Recog&#237; mi pelo en un mont&#243;n marr&#243;n y me debat&#237; entre hacerme un mo&#241;o, una trenza o simplemente recog&#233;rmelo con una goma para que no me cayese sobre la cara. Opt&#233; por la trenza. Hac&#237;a que me sintiera artista e intelectual. Mientras divid&#237;a el pelo en mechones, mis ojos dieron con el retrato de estudio enmarcado de mi madre que ella misma me hab&#237;a regalado en mi &#250;ltimo cumplea&#241;os con un informal: Dijiste que quer&#237;as uno. Mi madre, que se parece mucho a Lauren Bacall, mide casi uno setenta, es elegante hasta la m&#233;dula y arquitecta de su propio imperio inmobiliario. Yo mido uno cincuenta, llevo unas grandes gafas redondas de pasta y he cumplido mi sue&#241;o de infancia de convertirme en bibliotecaria. Y me puso el nombre de Aurora, aunque para una mujer bautizada a su vez como Aida, Aurora no deber&#237;a resultar demasiado ultrajante.

Por sorprendente que parezca, adoro a mi madre.

Suspir&#233;, como suelo hacer cuando pienso en ella, y termin&#233; de recogerme el pelo con la velocidad que da la pr&#225;ctica. Comprob&#233; mi reflejo en el gran espejo de pared: pelo marr&#243;n, gafas marrones, ojos marrones, mejillas rosas (artificial) y buena piel (real). Como a fin de cuentas era noche de viernes, me deshice de mi ropa de trabajo, una blusa sencilla y una falda, y opt&#233; por una c&#243;moda camiseta de tirantes y unos pantalones holgados negros. Decid&#237; que no era lo bastante festivo para William Herbert Wallace y me puse un lazo amarillo en el nacimiento de la trenza, a juego con el jersey que completaba el conjunto.

Una mirada al reloj me indic&#243; que hab&#237;a llegado el momento de irse. Me pint&#233; un poco los labios, cog&#237; el bolso y trot&#233; escaleras abajo. Pase&#233; la mirada por la zona que hac&#237;a las veces de guarida, comedor y cocina que ocupaba la mitad de la planta inferior de la casa. Estaba impoluta; odio volver a casa y encontr&#225;rmela hecha una leonera. Me hice con mi cuaderno de apuntes y localic&#233; las llaves mientras recitaba los hechos del caso Wallace. Hab&#237;a pensado en fotocopiar las borrosas fotograf&#237;as del cuerpo de Julia Wallace para repartirlas y mostrar el escenario del crimen, pero pens&#233; que quiz&#225; ser&#237;a sensacionalista y, sin duda, irrespetuoso para con la se&#241;ora Wallace.

Un club como el de Real Murders [[1]: #_ftnref1 Asesinatos de verdad (N. del T.).] ya parec&#237;a bastante extra&#241;o para la gente que no compart&#237;a nuestros intereses como para a&#241;adir ese grado de atrocidad. Intent&#225;bamos pasar desapercibidos.

Encend&#237; la luz exterior mientras cerraba la puerta. Acababa de empezar la primavera y ya hab&#237;a oscurecido; a&#250;n no hab&#237;amos cambiado al horario de verano. Bajo la excelente luz de la puerta de atr&#225;s, mi patio, rodeado de altas vallas, presentaba un aspecto impoluto, las rosaledas a punto de florecer.

&#161;Ayho, ayho, de cr&#237;menes voy a hablar! -canturre&#233; desafinadamente, cerrando la verja tras de m&#237;. Cada una de las cuatro casas adosadas cuenta con dos plazas de aparcamiento, y hay m&#225;s al otro lado para visitas. Bankston Waites, mi vecino de dos puertas m&#225;s abajo, tambi&#233;n se dispon&#237;a a meterse en su coche.

Nos vemos all&#237; -dijo-. Primero tengo que recoger a Melanie.

De acuerdo, Bankston. &#161;Hoy toca Wallace!

Lo s&#233;. Ya hab&#237;a ganas.

Arranqu&#233; el motor, dejando que Bankston saliera primero de camino a recoger a su bella dama. Tuve la tentaci&#243;n de sentir l&#225;stima por m&#237; misma por el hecho de que Melanie Clark tuviese una cita y yo me viese en la situaci&#243;n de ir sola a Real Murders, pero no me apetec&#237;a ponerme triste. Ver&#237;a a mis amigos y pasar&#237;a una noche de viernes estupenda, como de costumbre. Puede que hasta mejor.

Al dar marcha atr&#225;s, me di cuenta de que la casa junto a la m&#237;a ten&#237;a las luces encendidas y hab&#237;a un coche desconocido aparcado en una de sus plazas. As&#237; que eso era lo que significaba el mensaje que mi madre me hab&#237;a dejado pegado en la puerta de atr&#225;s.

Me hab&#237;a estado instando a que me comprase un contestador autom&#225;tico, ya que los inquilinos de la casa (sus arrendatarios) pod&#237;an necesitar dejarme a m&#237; (la presidenta de la comunidad) mensajes mientras estuviese trabajando en la biblioteca. En realidad creo que mi madre quer&#237;a saber que pod&#237;a hablar conmigo aunque no estuviese en casa.

Me hab&#237;a encargado de limpiar la casa de al lado cuando se marcharon los &#250;ltimos inquilinos. Estaba en perfectas condiciones para mostrarse, me asegur&#233; a m&#237; misma. Me presentar&#237;a al nuevo vecino al d&#237;a siguiente, ya que el s&#225;bado libraba.

Conduje por Parson Road y pas&#233; junto a la biblioteca en la que trabajo. Gir&#233; a mano izquierda para llegar a la zona de tiendas peque&#241;as y gasolineras donde se encontraba el Centro de Veteranos de las Guerras Extranjeras. No dej&#233; de ensayar durante todo el camino.

Bien podr&#237;a haberme dejado las notas en casa.





Cap&#237;tulo 2

Los miembros de Real Murders nos reun&#237;amos en el Centro de Veteranos a cambio de pagarles una peque&#241;a suma por tal privilegio. El dinero iba a un fondo para la fiesta anual de Navidad del centro, as&#237; que todos est&#225;bamos contentos con el trato. Por supuesto, el edificio era mucho m&#225;s grande de lo que un peque&#241;o grupo como nosotros necesitaba, pero nos gustaba la intimidad.

Un oficial del centro sol&#237;a quedar con uno de los socios media hora antes de la reuni&#243;n para abrir el edificio. Ese socio era el responsable de dejar las estancias como las hab&#237;amos encontrado y de devolver las llaves terminado el evento. Ese a&#241;o, le tocaba a Mamie Wright, ya que tambi&#233;n era la vicepresidenta. Sol&#237;a disponer las sillas en semic&#237;rculo delante del estrado y preparar los refrescos en una mesa. El encargo de llevarlos era rotativo.

Llegu&#233; temprano. Llego temprano a casi todas partes.

Ya hab&#237;a dos coches en el aparcamiento, que se encontraba escondido detr&#225;s del peque&#241;o edificio y estaba bordeado por un espacio ajardinado de mirtos de crep&#233;, a&#250;n grotescamente desnudos a esas alturas de la primavera. Las farolas del aparcamiento se hab&#237;an encendido autom&#225;ticamente al anochecer. Aparqu&#233; mi Chevette bajo la luz de una de ellas, la m&#225;s cercana a la puerta trasera. Los aficionados a los asesinatos somos demasiado conscientes de los peligros de este mundo.

Al entrar en el pasillo, la pesada puerta de metal se cerr&#243; de golpe tras de m&#237;. El edificio solo ten&#237;a cinco habitaciones; la solitaria puerta met&#225;lica de la izquierda conduc&#237;a a la sala principal, donde celebr&#225;bamos nuestras reuniones. Las cuatro puertas de la derecha daban a una peque&#241;a sala de conferencias, los servicios de hombres y mujeres y, al final del pasillo, a una peque&#241;a cocina.

Todas las puertas estaban cerradas, como de costumbre, ya que mantenerlas abiertas requer&#237;a de m&#225;s tenacidad de la que ninguno de nosotros era capaz de desplegar.

El Centro de Veteranos hab&#237;a sido construido para resistir un ataque enemigo, dedujimos, y las pesadas puertas hac&#237;an que el edificio estuviese sumido en un profundo silencio. Incluso ahora, a sabiendas de que, por los coches aparcados fuera, hab&#237;a al menos dos personas m&#225;s en el edificio, no se escuchaba nada.

El efecto de todas esas puertas cerradas en un pasillo tan despejado era inquietante. Era como un peque&#241;o t&#250;nel beis apenas interrumpido en su uniformidad por el tel&#233;fono p&#250;blico adherido a la pared.

Record&#233; que una vez le dije a Bankston Waites que, si alguna vez sonaba, esperar&#237;a encontrarme con Rod Serling [[2]: #_ftnref2 Guionista y productor de televisi&#243;n estadounidense, conocido principalmente por ser el escritor principal y presentador de la serie televisiva de antolog&#237;a de ciencia ficci&#243;n En los l&#237;mites de la realidad (N. del T.)] al otro lado de la l&#237;nea dici&#233;ndome que acababa de entrar En los l&#237;mites de la realidad. Sonre&#237; ante la idea y me volv&#237; para aferrar el tirador de la gran sala de reuniones.

Y el tel&#233;fono son&#243;.

Me volv&#237; de repente y di dos pasos titubeantes hacia el aparato, el coraz&#243;n a punto de salirse de mi pecho. Todo segu&#237;a quieto en el silencioso edificio.

El tel&#233;fono volvi&#243; a sonar. Mi mano se cerr&#243;, reacia, sobre el auricular.

&#191;Diga? -contest&#233; suavemente, carraspe&#233; y volv&#237; a intentarlo-. Diga -repet&#237; con firmeza.

&#191;Podr&#237;a hablar con Julia Wallace, por favor? -dijo una voz susurrada.

Sent&#237; que se me erizaban todos los pelos.

&#191;Qu&#233;? -balbuce&#233;.

Julia -susurr&#243; la voz.

Y colgaron.

A&#250;n sosten&#237;a el auricular cuando la puerta del ba&#241;o de se&#241;oras se abri&#243; y de &#233;l emergi&#243; Sally Allison.

Di un respingo.

Jes&#250;s, Roe, &#191;tan mal aspecto tengo? -dijo Sally, asombrada.

No, no, es la llamada. -Estaba a punto de echarme a llorar, y eso me abochornaba. Sally era reportera del diario de Lawrenceton, y era tan buena reportera como mujer dura e inteligente a sus cuarenta a&#241;os largos. Era la veterana de un precipitado matrimonio adolescente que acab&#243; cuando naci&#243; el beb&#233; esperado. Yo hab&#237;a ido a la escuela con ese beb&#233;, llamado Perry, y ahora trabajaba con &#233;l en la biblioteca. Odiaba a Perry, pero Sally me ca&#237;a muy bien, a pesar de que sus implacables interrogatorios en ocasiones me hac&#237;an retorcerme. Sally era una de las razones por las que estaba tan bien preparada para mi presentaci&#243;n sobre Wallace.

Invoc&#243; todos los hechos relacionados con la llamada en forma de preguntas concisas que condujeron a una sensible conclusi&#243;n; se trataba de una broma pesada de uno de los socios del club, o quiz&#225; del hijo de uno de ellos, ya que la voz parec&#237;a bastante juvenil cuando Sally la puso bajo su escrutinio.

Me sent&#237; estafada, aunque tambi&#233;n bastante aliviada.

Sally sac&#243; una bandeja y un par de cajas de galletas de la sala de conferencias peque&#241;a. Explic&#243; que las hab&#237;a dejado all&#237; al llegar y de repente sinti&#243; la urgencia de las dos tazas de caf&#233; que se hab&#237;a tomado despu&#233;s de la cena.

Cre&#237;a que ni siquiera podr&#237;a atravesar el pasillo hasta el servicio -dijo, poniendo los ojos en blanco.

&#191;C&#243;mo van las cosas en el peri&#243;dico? -pregunt&#233; tan solo para que Sally siguiese hablando mientras me recuperaba del susto.

Me costaba superar esa llamada tan f&#225;cil y l&#243;gicamente como Sally. Mientras la segu&#237;a hacia la sala m&#225;s amplia y ella relataba la pelea que hab&#237;a tenido con su nuevo editor, a&#250;n pod&#237;a sentir el regustillo met&#225;lico de la adrenalina en la boca. Ten&#237;a los brazos con la carne de gallina y me arrebuj&#233; en el jersey.

Mientras ordenaba las galletas sobre la bandeja, Sally empez&#243; a contarme cosas sobre las elecciones que se celebrar&#237;an para encontrar a alguien que acabara el mandato de nuestro alcalde, que hab&#237;a muerto de forma inesperada.

Se qued&#243; tieso en el mismo despacho, seg&#250;n cuenta su secretaria -coment&#243; como si tal cosa mientras ordenaba una nueva fila de Oreos-. &#161;Y eso que solo llevaba un mes en el cargo! Se acababa de comprar un escritorio nuevo. -Mene&#243; la cabeza, no s&#233; si porque lamentaba la muerte del alcalde o el desperdicio del escritorio nuevo.

Sally -dije, sorprendi&#233;ndome a m&#237; misma-, &#191;d&#243;nde est&#225; Mamie?

&#191;A qui&#233;n le importa? -repuso ella con franqueza. Me apunt&#243; con una ceja arqueada.

Sab&#237;a que deber&#237;a re&#237;rme, ya que Sally y yo ya hab&#237;amos hablado del desagrado que compart&#237;amos acerca de Mamie, pero no me molest&#233; en hacerlo. Sally empezaba a irritarme, ah&#237;, con ese aspecto sensible y atractivo, su sinuosa permanente bronc&#237;nea, el traje caro bien llevado y los tambi&#233;n caros zapatos que le sentaban como un guante.

Al aparcar -dije con bastante tranquilidad- vi dos coches; el tuyo y el de Mamie. Reconoc&#237; el suyo porque tiene un Chevette como el m&#237;o, pero blanco en vez de azul. Ambas estamos aqu&#237;, as&#237; que &#191;d&#243;nde est&#225; Mamie?

Ha colocado las sillas y ha preparado el caf&#233; -explic&#243; Sally despu&#233;s de pasear la mirada por los alrededores-. Pero no veo su bolso. Quiz&#225; se haya ido a casa a por algo que haya olvidado.

&#191;Y c&#243;mo no nos hemos topado con ella?

Oh, y yo que s&#233;. -Sally empezaba a compartir mi irritaci&#243;n-. Ya aparecer&#225;. &#161;Siempre lo hace!

Las dos nos re&#237;mos, tratando de disipar nuestro disgusto mutuo en lo divertido que nos parec&#237;a que Mamie Wright se empe&#241;ase en acudir a todos los eventos a los que asist&#237;a su marido, formar parte de todos los clubes a los que se apuntaba y compartir su vida hasta las &#250;ltimas consecuencias.

Bankston Waites y su gran amor, Melanie Clark, entraron justo cuando posaba el cuaderno de notas sobre el estrado y deslizaba el bolso por debajo. Melanie era administrativa en la aseguradora del marido de Mamie y Bankston era responsable de pr&#233;stamos del Associated Second Bank. Llevaban saliendo un a&#241;o, tras descubrir su inter&#233;s mutuo durante las reuniones de Real Murders, si bien hab&#237;an ido juntos al instituto de Lawrenceton unos cuantos cursos por delante de m&#237; sin que saltaran las chispas.

La madre de Bankston me dijo la semana anterior en la tienda de alimentaci&#243;n que cualquier d&#237;a se esperaba un anuncio importante de la pareja. Hizo especial hincapi&#233; en ese punto, ya que yo misma hab&#237;a salido unas cuantas veces con Bankston m&#225;s de un a&#241;o antes y quer&#237;a asegurarse de que &#233;l iba a quedarse fuera de la circulaci&#243;n. Si se mord&#237;a las u&#241;as ante el inminente anuncio, era la &#250;nica. En Lawrenceton no quedaba nadie de la edad de Bankston y Melanie en edad casadera, salvo ellos mismos. Bankston ten&#237;a treinta y dos a&#241;os y Melanie, uno o dos m&#225;s. Bankston ten&#237;a el pelo ralo y rubio, un agradable rostro redondo y unos ojos ligeramente azules; no destacaba en nada especial. O al menos as&#237; hab&#237;a sido siempre. Por primera vez me di cuenta de que los m&#250;sculos de los hombros y los brazos se hac&#237;an notar por debajo de las mangas de la camisa.

&#191;Has estado haciendo pesas, Bankston? -pregunt&#233;, sorprendida. Podr&#237;a haber estado m&#225;s interesada si hubiese hecho gala de la misma iniciativa cuando sal&#237;amos juntos.

&#201;l parec&#237;a algo ruborizado, pero no le desagradaba la observaci&#243;n.

S&#237;, &#191;se nota mucho?

Yo s&#237; lo noto -dije con genuina admiraci&#243;n. Resultaba dif&#237;cil creer que Melanie Clark fuese la motivaci&#243;n de tan revolucionario cambio en la vida sedentaria de Bankston, pero no cab&#237;a duda de ello. Quiz&#225; su absorci&#243;n con &#233;l era tan completa debido al hecho de que no ten&#237;a m&#225;s familia que reclamase su devoci&#243;n. Sus padres, ambos hijos &#250;nicos, hab&#237;an muerto a&#241;os atr&#225;s, su madre, de c&#225;ncer, y su padre, atropellado por un cami&#243;n.

En ese momento, Melanie, la motivadora, parec&#237;a disgustada.

&#191;Qu&#233; opinas de todo esto, Melanie? -le pregunt&#233; apresuradamente.

Ella se relaj&#243; visiblemente cuando di muestras de reconocer su estatus de propietaria. Anot&#233; mentalmente que deb&#237;a cuidar mis palabras cuando ella estuviese delante, ya que Bankston viv&#237;a en una de mis casas. A buen seguro, Melanie sab&#237;a de la relaci&#243;n que Bankston y yo hab&#237;amos mantenido en el pasado, y no le costar&#237;a nada hacerse ideas incorrectas sobre nuestra relaci&#243;n arrendador-arrendatario.

El ejercicio ha hecho maravillas en Bankston -declar&#243; con naturalidad. Pero hab&#237;a un tufillo inconfundible en sus palabras. Melanie quer&#237;a transmitirme un mensaje espec&#237;fico: Bankston y ella estaban manteniendo relaciones sexuales. Me sorprendi&#243; un poco su empe&#241;o por que yo me enterara. Sus ojos brillaron, denotando que hab&#237;a un fuego interior que contrastaba con la serenidad aparente. Bajo su melena lisa y negra de corte conservador, bajo su sencillo vestido, Melanie estaba guerrera. Era de caderas y pechos generosos, pero de repente los vi como deb&#237;a de verlos Bankston: como s&#237;mbolos de fertilidad en vez de impedimentos. Y tuve otra revelaci&#243;n: no solo se estaban acostando, sino que lo hac&#237;an a menudo y de manera ex&#243;tica.

Observ&#233; a Melanie con m&#225;s respeto. Cualquiera capaz de enga&#241;ar al escrutinio colectivo de Lawrenceton delante de sus mismas narices bien se lo hab&#237;a ganado.

Alguien llam&#243; por tel&#233;fono antes de que llegaras -empec&#233; diciendo, y me prestaron una atenci&#243;n deliberada. Pero antes de poder contarles el asunto, o&#237; un estallido de risas desde la puerta que se abr&#237;a. Mi amiga, Lizanne Buckley, entr&#243; acompa&#241;ada por un pelirrojo muy alto. Verla all&#237; fue toda una sorpresa. Era de las que se le&#237;an los libros de un a&#241;o para otro, y sus aficiones, si es que las ten&#237;a, no inclu&#237;an los cr&#237;menes.

&#191;Qu&#233; demonios hace ella aqu&#237;? -inquiri&#243; Melanie. Parec&#237;a desconcertada, y decid&#237; que ten&#237;amos a una nueva Mamie Wright en ciernes.

Lizanne (Elisabeth Anna) Buckley era la mujer m&#225;s guapa de Lawrenceton. No necesitaba esforzarse lo m&#225;s m&#237;nimo para que todos los hombres se le echaran a los pies, y nunca lo hac&#237;a. Ella nunca dudaba en pasarles por encima, tranquila y sonriente, sin bajar nunca la mirada. Era amable, a su manera pasiva y l&#225;nguida, y concienzuda, siempre que no se le exigiera demasiado. Su trabajo como recepcionista y telefonista en la compa&#241;&#237;a el&#233;ctrica le sentaba como un guante (y a la compa&#241;&#237;a tambi&#233;n). Los hombres pagaban sus facturas sin dilaci&#243;n y con una sonrisa dibujada en la cara, y cualquiera que se pusiese quisquilloso al tel&#233;fono era remitido a instancias superiores en el t&#243;tem de mando. En persona, nadie se pon&#237;a quisquilloso. Para el noventa por ciento de la poblaci&#243;n era sencillamente imposible mantener el enfado ante la presencia de Lizanne.

Pero era de las que requieren un entretenimiento constante por parte de sus novios, y el pelirrojo alto de nariz ganchuda y gafas de montura met&#225;lica parec&#237;a muy empe&#241;ado en ello.

&#191;Sabes qui&#233;n es el que viene con Lizanne? -pregunt&#233; a Melanie.

&#191;No lo reconoces? -Su sorpresa era un poco sobreactuada.

As&#237; que se supon&#237;a que deb&#237;a conocerlo. Volv&#237; a examinar al reci&#233;n llegado. Llevaba pantalones holgados y una chaqueta deportiva marr&#243;n claro en combinaci&#243;n con una camisa blanca sencilla. Ten&#237;a unas manos y unos pies enormes y su pelo bastante largo flotaba sobre su cabeza en un halo cobrizo. Tuve que agitar la cabeza.

Es Robin Crusoe, el escritor de novelas de misterio -dijo Melanie, triunfante.

La administrativa de una aseguradora meti&#233;ndole un gol a la bibliotecaria en su propio campo.

Parece distinto sin la pipa en la boca -indic&#243; John Queensland por detr&#225;s de mi hombro derecho. John, nuestro adinerado promotor inmobiliario y presidente, iba inmaculado, como de costumbre: traje caro, camisa blanca, el pelo color crema suave y su personalidad afilada como una flecha. Se hab&#237;a vuelto una persona m&#225;s interesante para m&#237; desde que sal&#237;a con mi madre. Sent&#237;a que deb&#237;a de haber m&#225;s sustancia debajo de esa apariencia tan estereotipada. Despu&#233;s de todo, era un experto en Lizzie Borden [[3]: #_ftnref3 Lizzie Borden fue una solterona de Nueva Inglaterra y la &#250;nica sospechosa de los asesinatos de su padre y su madrastra, que tuvieron lugar en su casa a finales del siglo XIX (N. del T.).]. &#161;Y estaba convencido de que era inocente! Un aut&#233;ntico rom&#225;ntico, si bien lo ocultaba de maravilla.

&#191;Y qu&#233; est&#225; haciendo aqu&#237;? -pregunt&#233; en plan pr&#225;ctico-. Con Lizanne.

Lo averiguar&#233; -respondi&#243; John inmediatamente-. Tengo que darle la bienvenida de todos modos, como presidente del club. Por supuesto que los visitantes son bienvenidos, aunque no recuerdo que hayamos tenido ninguno antes.

Espera, tengo que contarte lo de la llamada -dije apresuradamente. El visitante me hab&#237;a distra&#237;do-. Cuando llegu&#233; hace unos minutos

Pero Lizanne me hab&#237;a divisado y ya se dirig&#237;a hacia nuestro peque&#241;o grupo arrastrando a su c&#233;lebre acompa&#241;ante.

Roe, os he tra&#237;do compa&#241;&#237;a esta noche -anunci&#243; Lizanne con su agradable sonrisa. Nos present&#243; a todos con soltura, ya que Lizanne conoce a todo el mundo en Lawrenceton. Mi mano acab&#243; engullida en la grande y huesuda del escritor, y vaya si me la estrech&#243;. Eso me gustaba; odio que la gente te d&#233; una mano l&#225;nguida y te deje el trabajo a ti. Levant&#233; la mirada hacia su boca rugosa y sus peque&#241;os ojos avellanados. El conjunto me agradaba.

Roe, te presento a Robin Crusoe, que acaba de mudarse a Lawrenceton -dijo Lizanne-. Robin, esta es Roe Teagarden.

Me dedic&#243; una elogiosa sonrisa, pero estaba con Lizanne, as&#237; que no saqu&#233; conclusiones.

Pens&#233; que Robin Crusoe era un seud&#243;nimo -me murmur&#243; Bankston al o&#237;do.

Yo tambi&#233;n -susurr&#233;-, pero se ve que no.

Pobre tipo, sus padres deb&#237;an de estar mal de la cabeza -coment&#243; Bankston con una risa disimulada, hasta que, por mis cejas arqueadas, se dio cuenta de que estaba hablando con alguien que se llamaba Aurora Teagarden [[4]: #_ftnref4Teagarden significa jard&#237;n de t&#233; (N. del T.)].

Conoc&#237; a Robin cuando vino a contratar los servicios de la luz -le estaba comentando Lizanne a John Queensland. John agasajaba como era debido a Robin Crusoe, feliz de tener a un personaje tan conocido en nuestro peque&#241;o pueblo. Le se&#241;alaba que, si deseaba, se quedase mucho tiempo y todas esas cosas. John le present&#243; a Sally Allison, que estaba departiendo con nuestro socio m&#225;s reciente, un oficial de polic&#237;a llamado Arthur Smith. Si Robin era un tipo larguirucho, Arthur era bajo y recio, con una melena basta, rizada y p&#225;lida y la mirada decidida del toro que se sabe el macho m&#225;s poderoso de la manada.

Eres afortunada de haber conocido a un escritor tan famoso -le dije a Lizanne, celosa. A&#250;n sent&#237;a la necesidad de hablar con alguien acerca de la llamada, pero Lizanne no era la persona m&#225;s adecuada. Seguro que ni siquiera sab&#237;a qui&#233;n era Julia Wallace. Y result&#243; que tampoco sab&#237;a qui&#233;n era Robin Crusoe.

&#191;Escritor? -dijo con indiferencia-. Estoy aburrida.

La observ&#233;, incr&#233;dula. &#191;Aburrida con Robin Crusoe?

Una tarde, cuando hab&#237;a ido a la compa&#241;&#237;a el&#233;ctrica a pagar mi recibo, me confes&#243;: No s&#233; por qu&#233;, pero por mucho que me guste un hombre, tras salir con &#233;l una temporada, me cansa un poco. Me cuesta mucho actuar como si me siguiese interesando, y al final tengo que decirle que ya no quiero salir m&#225;s con &#233;l. Siempre se molestan, a&#241;ad&#237;a con una agitaci&#243;n filos&#243;fica de su brillante melena negra. La solitaria de Lizanne nunca se hab&#237;a casado, viv&#237;a en un diminuto apartamento cerca de su trabajo y com&#237;a en casa de sus padres todos los d&#237;as.

Robin Crusoe, escritor deseable, llamaba la atenci&#243;n junto a Lizanne. Ella parec&#237;a adormecida.

Se materializ&#243; de nuevo a su lado.

&#191;En qu&#233; parte de Lawrenceton vives? -pregunt&#233;, ya que el nuevo parec&#237;a muy consciente de que no bailaba al son de la m&#250;sica local.

En Parson Road. En un adosado. Me quedo all&#237; hasta que lleguen mis muebles, espero que ma&#241;ana. El alquiler es muy bajo y el sitio es mucho mejor que cualquier otro cerca de la universidad.

De repente sent&#237; que una oleada de alegr&#237;a me invad&#237;a.

Pues creo que soy tu arrendadora -se&#241;al&#233;, pero despu&#233;s de comentar la coincidencia una mirada al reloj me perturb&#243;. John Queensland me estaba lanzando una mirada de lo m&#225;s elocuente sobre el hombro de Arthur Smith. &#201;l era el encargado de abrir la reuni&#243;n en su calidad de presidente, y ya estaba listo.

Mir&#233; a mi alrededor, contando las cabezas. Jane Engle y LeMaster Cane hab&#237;an llegado por su propio pie y charlaban mientras se preparaban sendas tazas de caf&#233;. Jane era una bibliotecaria escolar jubilada que realizaba sustituciones tanto en la biblioteca del colegio como en la p&#250;blica, una solterona sorprendentemente sofisticada especializada en asesinatos victorianos. Luc&#237;a su pelo gris en un mo&#241;o y jam&#225;s se vest&#237;a con pantalones. Parec&#237;a dulce y fr&#225;gil, como el encaje entrado en a&#241;os, pero despu&#233;s de treinta a&#241;os de experiencia con estudiantes, era tan dura como un sargento de marina. Su &#237;dolo era Madeleine Smith, la sensual joven envenenadora escocesa que algunas veces me suscitaba preguntas acerca de su pasado. LeMaster era nuestro &#250;nico socio afroamericano, un corpulento hombre de mediana edad con barba y enormes ojos marrones que regentaba un negocio de limpieza en seco. LeMaster estaba muy interesado en los asesinatos con motivaciones raciales de la d&#233;cada de los sesenta y principios de los setenta, los asesinatos de Zebra en San Francisco y el tiroteo de Jones-Piagentini en Nueva York, por ejemplo.

Perry Allison, el hijo de Sally, tambi&#233;n hab&#237;a venido y hab&#237;a tomado asiento sin hablar con nadie. Lo cierto es que no formaba parte de Real Murders, pero, para disgusto m&#237;o, hab&#237;a acudido a las dos &#250;ltimas reuniones. Ya lo ve&#237;a bastante en el trabajo. Perry hac&#237;a gala de un molesto conocimiento sobre asesinos en serie, como los estranguladores de Hillside y el asesino de Green River, cuyas motivaciones eran claramente sexuales.

Gifford Doakes se encontraba solo. Era algo habitual a menos que trajese con &#233;l a su amigo Reynaldo. Su inter&#233;s estaba en las masacres (el D&#237;a de San Valent&#237;n, el Holocausto, poco le importaba la diferencia a Gifford Doakes). Le encantaban los cad&#225;veres apilados. La mayor&#237;a de nosotros est&#225;bamos metidos en Real Murders por razones de mucho peso, pero, vaya, &#191;qui&#233;n no le&#237;a los art&#237;culos de asesinatos en los peri&#243;dicos? Pero Gifford era harina de otro costal. Quiz&#225; se hab&#237;a apuntado en la creencia de que intercambi&#225;bamos alg&#250;n tipo de enfermiza pornograf&#237;a sangrienta y segu&#237;a con nosotros con la esperanza de que alg&#250;n d&#237;a confi&#225;semos lo suficientemente en &#233;l como para compartir nuestros secretos. Cuando se tra&#237;a a Reynaldo, no sab&#237;amos c&#243;mo tratar con &#233;l. &#191;Era un invitado o una cita? Hab&#237;a una diferencia, y era de las que nos pon&#237;a un poco nerviosos, sobre todo a John Queensland, que consideraba su deber como presidente hablar con todos los presentes.

Y Mamie Wright sin aparecer por ninguna parte.

Si hab&#237;a tenido tiempo de ordenar las sillas y preparar el caf&#233;, y si su coche estaba aparcado fuera, deb&#237;a de estar en alguna parte. Aunque no me agradaba mucho, su ausencia me result&#243; tan extra&#241;a que me sent&#237; en la obligaci&#243;n de investigar.

Justo cuando estaba llegando a la puerta, el marido de Mamie, Gerald, entr&#243; por ella. Llevaba un malet&#237;n bajo el brazo y parec&#237;a enfadado. Dados sus malos humos, y porque me sent&#237;a est&#250;pida con mi propia incomodidad, hice algo extra&#241;o: a pesar de ir en busca de su mujer, le dej&#233; pasar sin decir nada.

El pasillo estaba muy silencioso cuando se cerr&#243; la puerta detr&#225;s de m&#237;. El lin&#243;leo blanco con motas y la pintura beis casi brillaban con su limpieza bajo el duro destello de las l&#225;mparas fluorescentes. Rezaba por que el tel&#233;fono no sonase otra vez mientras observaba las cuatro puertas del otro lado del pasillo. Con una fugaz y absurda sensaci&#243;n salida directamente de &#191;La dama o el tigre?[[5]: #_ftnref5 Popular relato corto escrito por Frank R. Stockton en 1882 (N. del T.)], fui a la derecha para abrir la puerta de la sala de conferencias peque&#241;a. Sally me dijo que ya hab&#237;a estado all&#237;, solo para dejar la bandeja de galletas, as&#237; que registr&#233; la estancia con cuidado. Dado que apenas hab&#237;a nada que registrar, aparte de una mesa y unas sillas, me llev&#243; unos segundos.

Abr&#237; la siguiente puerta del pasillo, los servicios de mujeres, a pesar de que Sally tambi&#233;n hab&#237;a estado all&#237;. Hab&#237;a solo dos apartados, as&#237; que estaba segura de que Mamie tampoco estaba all&#237;. Aun as&#237;, me inclin&#233; para otear bajo las puertas. Vac&#237;o. Abr&#237; las puertas. Nada.

Me falt&#243; valor para comprobar el servicio de hombres, pero como Arthur Smith entr&#243; mientras yo dudaba, imagin&#233; que no tardar&#237;a en saber si estaba Mamie dentro.

Segu&#237; adelante. En los deslumbrantes tonos del pasillo, repar&#233; en algo distinto que me hizo bajar la mirada hacia la base de la puerta y vi una mancha. Era marr&#243;n rojiza.

Los diferentes motivos de mi inquietud se condensaron de repente en puro horror. Contuve el aliento mientras extend&#237;a la mano para abrir la &#250;ltima puerta, la de la peque&#241;a cocina que se usaba para preparar los refrigerios, y vi un peque&#241;o zapato turquesa tirado junto a la puerta.

Y entonces repar&#233; en la sangre rociada por todas partes sobre el brillante esmalte beis del fog&#243;n y la nevera.

Y la gabardina.

Finalmente me obligu&#233; a mirar a Mamie. Estaba muerta. Ten&#237;a la cabeza con una inclinaci&#243;n imposible. Su pelo te&#241;ido de negro estaba salpicado de co&#225;gulos de sangre. Pens&#233; que se supon&#237;a que el cuerpo est&#225; formado de un noventa por ciento de agua, no de sangre. Entonces me zumbaron los o&#237;dos y empec&#233; a sentirme d&#233;bil, y a pesar de saber que estaba sola en ese pasillo, sent&#237; la presencia de algo horrible en esa cocina, algo temible. Y no era la pobre Mamie Wright.

O&#237; que una puerta se cerraba en el pasillo. O&#237; la voz de Arthur Smith que dec&#237;a:

&#191;Ocurre algo, se&#241;orita Teagarden?

Es Mamie -susurr&#233;, aunque intentaba que mi voz sonase con normalidad-. Es la se&#241;ora Wright. -Arruin&#233; todo ese esfuerzo por mantener las formas derrumb&#225;ndome sobre el suelo. Mis rodillas parec&#237;an haberse convertido en goznes defectuosos.

Se puso detr&#225;s de m&#237; al instante. Medio abri&#243; la puerta para ayudarme, pero se qued&#243; petrificado por lo que vio por encima de mi cabeza.

&#191;Est&#225;s segura de que es Mamie Wright? -pregunt&#243;.

La parte que funcionaba de mi mente me dijo que Arthur Smith ten&#237;a motivos para preguntar. Quiz&#225;, si hubiese estado en su lugar, yo tambi&#233;n habr&#237;a tenido dudas. Su ojo Oh, Dios m&#237;o, su ojo.

No aparec&#237;a en la sala grande, pero su coche est&#225; aparcado fuera y ese es su zapato -consegu&#237; decir con los dedos apretados sobre la boca.

La primera vez que le vi esos zapatos puestos, pens&#233; que eran los m&#225;s horribles que hab&#237;a visto jam&#225;s. Odio el turquesa. Intent&#233; aliviarme con ese pensamiento. Era mucho m&#225;s agradable que pensar en lo que ten&#237;a justo delante.

El polic&#237;a me sorte&#243; con mucho cuidado y se acuclill&#243; con m&#225;s cuidado si cabe junto al cuerpo. Le puso los dedos en el cuello. Sent&#237; que la bilis ascend&#237;a hasta mi garganta. No ten&#237;a pulso, por supuesto. &#161;Qu&#233; ridiculez! Mamie estaba muerta.

&#191;Puedes levantarte? -me pregunt&#243; al cabo de un momento. Se limpi&#243; las manos mientras se incorporaba.

Si me echas una mano.

Sin m&#225;s ceremonias, Arthur Smith me puso en pie y me sac&#243; por la puerta en un solo movimiento. Era muy fuerte. No dej&#243; de rodearme con el brazo mientras cerraba la puerta y me dej&#243; apoyada en ella. Sus ojos azules me miraban pensativamente.

Eres muy ligera -dijo-. Estar&#225;s bien si te dejo un momento. Voy a ese tel&#233;fono de la pared.

Vale. -Mi propia voz me pareci&#243; extra&#241;a, ligera, met&#225;lica. Siempre me hab&#237;a preguntado si ser&#237;a capaz de mantener la compostura si me encontrase con un cad&#225;ver, y all&#237; estaba, manteni&#233;ndola, me dije locamente mientras observaba c&#243;mo se alejaba para hacer una llamada por el tel&#233;fono p&#250;blico. Me aliviaba no perderle de vista. Puede que no estuviese tan entera si me hubiese tenido que quedar sola en ese pasillo, con un cad&#225;ver a mis espaldas.

Mientras Arthur murmuraba unas palabras por el auricular, yo mantuve los ojos pegados a la puerta de la sala m&#225;s grande del otro lado del pasillo, donde John Queensland deb&#237;a de estar deseando dar comienzo a la reuni&#243;n. Pens&#233; en lo que acababa de ver. No pensaba en que Mamie estuviese muerta, sobre la realidad y la finalidad de su muerte. Pensaba en la escena que se hab&#237;a montado, cuyo protagonista era el cad&#225;ver de Mamie Wright. El reparto era deliberado, pero el papel del descubridor del cad&#225;ver hab&#237;a reca&#237;do casualmente en m&#237;. Alguien hab&#237;a preparado deliberadamente esa escena, y de repente supe qu&#233; me hab&#237;a estado picando bajo el manto del horror.

Pens&#233; m&#225;s deprisa que nunca. Ya no me sent&#237;a tan mal.

Arthur cruz&#243; el pasillo hasta la puerta de la sala grande y la abri&#243; apenas lo suficiente para introducir su cabeza por el hueco. O&#237; c&#243;mo se dirig&#237;a a los miembros del club.

Eh, amigos, &#191;amigos? -Las voces callaron-. Ha habido un accidente -dijo enf&#225;ticamente-. Voy a tener que pediros que os qued&#233;is en esta sala un rato, hasta que podamos tener las cosas controladas aqu&#237; fuera.

Hasta donde yo pod&#237;a ver, la situaci&#243;n ya estaba completamente controlada.

&#191;D&#243;nde est&#225; Roe Teagarden? -reclam&#243; la voz de John Queensland.

El bueno de John. Tendr&#237;a que dec&#237;rselo a mi madre; se emocionar&#237;a.

Est&#225; bien. Vuelvo dentro de un momento.

&#191;D&#243;nde est&#225; mi mujer, se&#241;or Smith? -dijo la fina voz de Gerald Wright.

Volver&#233; dentro de unos minutos -repiti&#243; el polic&#237;a firmemente y cerr&#243; la puerta. Se qued&#243; sumido en sus pensamientos. Me pregunt&#233; si no ser&#237;a la primera vez que llegaba el primero a la escena de un crimen. Parec&#237;a estar marcando los pasos mentalmente a tenor de la forma que ten&#237;a de agitar los dedos mientras miraba al vac&#237;o.

Aguard&#233;. Entonces sent&#237; que las piernas me volv&#237;an a temblar y tem&#237; volver a caerme.

Arthur -le llam&#233; secamente-. Detective Smith.

Dio un respingo. Se hab&#237;a olvidado de m&#237;. Me tom&#243; del brazo sol&#237;citamente.

Le di un golpe con la mano libre por puro agravio.

&#161;No quiero que me ayudes, sino ayudarte yo a ti en lo que sea!

Me dej&#243; sobre una silla de la sala de conferencias peque&#241;a y me mir&#243; como si esperase a que terminase mi ofrecimiento.

Esta noche iba a hacer una presentaci&#243;n del caso Wallace, &#191;recuerdas? &#191;William Herbert Wallace y su mujer, Julia, Inglaterra, 1931?

Asinti&#243; con su cabeza de pelo rizado p&#225;lido y supe que estaba a miles de kil&#243;metros de all&#237;. Me dieron ganas de volver a abofetearlo. Sab&#237;a que sonaba como una idiota, pero ya llegaba al fondo del asunto.

No s&#233; lo que recuerdas del caso Wallace; si no recuerdas algo, te puedo poner en antecedentes m&#225;s tarde. -Agit&#233; las manos para indicar que eso era lo de menos, que all&#225; iba lo importante-: Lo que quiero decirte, lo importante, es que Mamie Wright ha sido asesinada exactamente igual que Julia Wallace. La han preparado.

&#161;Bingo! Su mirada azul de repente era casi amedrentadora. Me sent&#237;a como un bicho empalado en un alfiler. La sutileza no era lo suyo.

Ponme algunos ejemplos antes de que lleguen los de la cient&#237;fica para que les hagan unas fotos.

Resopl&#233;, aliviada.

La gabardina que ten&#237;a debajo. Hace d&#237;as que no llueve. Encontraron una gabardina debajo de Julia Wallace. Y han colocado a Mamie junto a un horno peque&#241;o. Encontraron a la se&#241;ora Wallace cerca de un hornillo de gas. Se desangr&#243; hasta morir, al igual que Mamie, creo. Wallace era vendedor de seguros, al igual que Gerald Wright. Estoy segura de que se me escapan m&#225;s cosas. Mamie ten&#237;a la misma edad que Julia Wallace.

Hab&#237;a tantos paralelismos que estaba segura de que no hab&#237;a dado con todos.

Arthur se me qued&#243; mirando pensativo durante unos segundos interminables.

&#191;Hay fotograf&#237;as del escenario del crimen de los Wallace? -pregunt&#243;.

Las fotocopias me habr&#237;an venido muy bien en ese momento, pens&#233;.

S&#237;, yo he visto una, pero puede que haya m&#225;s.

&#191;Arrestaron al marido?

S&#237;, y lo condenaron. Pero m&#225;s tarde conmutaron la sentencia y qued&#243; en libertad.

Vale. Ven conmigo.

Una cosa m&#225;s -dije con urgencia-. Esta noche, cuando he llegado, ha sonado el tel&#233;fono. Alguien preguntaba por la se&#241;ora Julia Wallace.





Cap&#237;tulo 3

El silencioso pasillo ya no lo era tanto. Los polic&#237;as entraban por la puerta de atr&#225;s mientras nosotros abandon&#225;bamos la sala de conferencias. Les representaba un hombre robusto con chaqueta a cuadros, m&#225;s alto y mayor que Arthur, acompa&#241;ado por dos agentes de uniforme. Mientras yo permanec&#237;a apoyada en una pared, olvidada por un momento, Arthur los llev&#243; por el pasillo y abri&#243; la puerta de la cocina. Se asomaron para mirar dentro. Todos permanecieron en silencio durante un momento. El agente de uniforme m&#225;s joven hizo una mueca y luego recuper&#243; la expresi&#243;n. El otro agente mene&#243; la cabeza una vez y se qued&#243; mirando a Mamie con expresi&#243;n de disgusto. Me pregunt&#233; qu&#233; le disgustaba. &#191;El desastre que hab&#237;an acometido con el cuerpo de un ser humano? &#191;La p&#233;rdida de una vida? &#191;El hecho de que un vecino al que supuestamente deb&#237;an proteger cometiera un acto tan terrible?

Deduje que el hombre de la chaqueta de cuadros era un sargento de detectives; vi su foto en los peri&#243;dicos cuando arrestaron a un traficante de drogas. Frunci&#243; los labios un momento.

Dios -dijo con una expresi&#243;n fugaz.

Arthur empez&#243; a contarles los pormenores, r&#225;pidamente y en voz baja. Supe a qu&#233; punto del relato hab&#237;a llegado cuando todas las cabezas se volvieron hacia m&#237; simult&#225;neamente. No sab&#237;a si asentir o qu&#233;. Simplemente me los qued&#233; mirando y sent&#237; el peso de mil a&#241;os sobre los hombros. Sus caras se volvieron hacia Arthur mientras continuaba con el informe.

Los dos agentes de uniforme abandonaron el edificio mientras Arthur y el sargento continuaban con su conversaci&#243;n. Arthur parec&#237;a estar enumerando cosas mientras el sargento asent&#237;a con aprobaci&#243;n y, de vez en cuando, solapaba alg&#250;n comentario. Arthur sac&#243; un peque&#241;o cuaderno de notas y se puso a garabatear algo mientras hablaba.

Otro recuerdo del sargento me vino a la cabeza.

Se llamaba Jack Burns. Le compr&#243; la casa a mi madre. Estaba casado con una maestra de escuela y ten&#237;a dos hijos en la universidad. En ese momento, Jack Burns dirigi&#243; un gesto seco con la cabeza a Arthur, como si desenfundase un arma. Arthur se dirigi&#243; a la puerta de la sala de conferencias y la abri&#243;.

Se&#241;or Wright, &#191;podr&#237;a acompa&#241;arme un momento, por favor? -le pidi&#243; el detective Arthur Smith con una voz tan desnuda de expresi&#243;n que era un aviso en s&#237; misma.

Gerald Wright sali&#243; al pasillo, titubeante. A esas alturas, todos los ocupantes de la sala sab&#237;an que hab&#237;a ocurrido algo terrible, y yo no pod&#237;a evitar preguntarme por d&#243;nde iban sus comentarios. Gerald dio un paso hacia m&#237;, pero Arthur lo asi&#243; del brazo con bastante firmeza y lo guio hasta la sala de conferencias peque&#241;a. Sab&#237;a que estaba a punto de contarle que su mujer hab&#237;a muerto y me pregunt&#233; c&#243;mo se lo tomar&#237;a Gerald. Entonces sent&#237; verg&#252;enza.

A ratos, comprend&#237;a desde la decencia humana lo que le hab&#237;a pasado a una mujer que conoc&#237;a, pero en otros momentos no pod&#237;a evitar pensar en su muerte como en uno de los casos de nuestro club.

Se&#241;orita Teagarden -dijo Jack Burns con un tono arrastrado-. Usted debe de ser la hija de Aida Teagarden.

Bueno, tambi&#233;n ten&#237;a un padre, pero hab&#237;a cometido el pecado capital de inmigrar desde el extranjero (Texas) para trabajar en el peri&#243;dico local de Georgia, casarse con mi madre, concebirme, para luego marcharse y divorciarse de la muy local Aida Brattle Teagarden.

S&#237; -le dije.

Lamento profundamente que haya tenido que presenciar algo como esto -se&#241;al&#243; Jack Burns meneando la cabeza en un gesto de pena.

Era m&#225;s bien una parodia, de pura exageraci&#243;n. &#191;Ser&#237;a sarcasmo? Baj&#233; la mirada y no dije nada. Era lo &#250;ltimo que necesitaba en ese momento. Estaba traumatizada y confusa.

Me parece algo extra&#241;o que una mujer tan dulce como usted acuda a un club como este -continu&#243; Jack Burns lentamente con un tono que expresaba asombro y perplejidad-. &#191;Podr&#237;a aclararme cu&#225;l es el prop&#243;sito de esta organizaci&#243;n?

Ten&#237;a que responder a una pregunta directa. Pero &#191;por qu&#233; me la hac&#237;a a m&#237;? Su propio detective pertenec&#237;a al mismo club. Ojal&#225; ese hombre de mediana edad, con su traje a cuadros y sus botas de vaquero, desapareciese como por arte de magia. Por poco que conociese a Arthur, deseaba que volviese. Ese hombre me asustaba. Empuj&#233; mis gafas sobre la nariz con dedos temblorosos.

Nos reunimos una vez al mes -dije con voz accidentada- para hablar de un caso famoso de asesinato, normalmente uno antiguo.

El sargento parec&#237;a estar medit&#225;ndolo profundamente.

&#191;Hablar? -inquiri&#243; amablemente.

Eh, a veces sencillamente lo rese&#241;amos, qui&#233;n muri&#243; y a manos de qui&#233;n. Nuestros socios tienen intereses muy variados. -A m&#237; me interesaba m&#225;s la v&#237;ctima-. Otras veces -prosegu&#237; con torpeza-, dependiendo del caso, decidimos si la polic&#237;a arrest&#243; a la persona correcta. O, si el asesinato qued&#243; sin resolver, discutimos sobre qui&#233;n podr&#237;a haber sido el culpable. A veces solo ponemos una pel&#237;cula.

&#191;Una pel&#237;cula? -El sargento arque&#243; las cejas, acompa&#241;ando con un leve gesto de la cabeza para que desarrollase ese punto.

Como La delgada l&#237;nea azul, o alguna basada en un caso aut&#233;ntico. A sangre fr&#237;a

Pero nunca -pregunt&#243; con delicadeza- una snuff movie [[6]: #_ftnref6 Se conoce como snuff movie la grabaci&#243;n de un asesinato real (N. del T.)], &#191;verdad?

Por Dios -dije con disgusto-. Por Dios, no. &#191;C&#243;mo puede siquiera pensarlo? -interrogu&#233; desde mi ingenuidad.

Bueno, se&#241;orita Teagarden, estamos ante un asesinato de verdad, y tenemos que hacer preguntas de verdad -sentenci&#243; con una expresi&#243;n para nada agradable. Nuestro club hab&#237;a ofendido en algo la sensibilidad de Jack Burns. &#191;Qu&#233; pensar&#237;a de Arthur, un oficial de polic&#237;a y miembro del mismo? Pero, al parecer, no iba a estar exento de trabajar en la investigaci&#243;n hasta cierta medida-. Bien, se&#241;orita Teagarden -prosigui&#243; Jack Burns, coloc&#225;ndose de nuevo la m&#225;scara y con la voz tan cremosa como un bu&#241;uelo-. Voy a dirigir esta investigaci&#243;n y mis dos detectives de homicidios intervendr&#225;n en ella. Arthur Smith nos ayudar&#225;, ya que les conoce a todos. S&#233; que colaborar&#225; al m&#225;ximo con &#233;l. Me ha dicho que sabe un poco m&#225;s de todo esto que los dem&#225;s, que recibi&#243; una llamada telef&#243;nica y descubri&#243; el cad&#225;ver. Puede que tengamos que volver a hablar de esto en m&#225;s de una ocasi&#243;n, as&#237; que le ruego que tenga paciencia. -Y, por su cara, supe que tendr&#237;a que presentarme cada vez que se me requiriese sin perder un minuto.

Visto lo visto, sent&#237;a que Arthur Smith era como un amigo de toda la vida, aunque solo fuese por lo tranquila que me sent&#237;a a su lado, en comparaci&#243;n con ese g&#233;lido hombre y sus terribles preguntas. Precisamente emergi&#243; por detr&#225;s de su sargento, la expresi&#243;n neutra y la mirada cauta. Hab&#237;a escuchado al menos una parte de nuestra conversaci&#243;n, que habr&#237;a parecido rutinaria de no ser por los modales amenazadores de Burns.

Se&#241;orita Teagarden -dijo Arthur con brusquedad-, &#191;te gustar&#237;a unirte a los dem&#225;s en la sala de conferencias? Te ruego que no hables con ellos acerca de lo que ha pasado aqu&#237;. Y gracias por todo.

Con Gerald probablemente lament&#225;ndose en la sala peque&#241;a y Mamie muerta, no me quedaba m&#225;s remedio que unirme a los dem&#225;s, salvo que quisiera que me quedase en el servicio.

Con un retortij&#243;n de emociones, de entre las que predominaba el alivio, abr&#237; la puerta y sent&#237; una mano en el brazo.

Lo siento -murmur&#243; Arthur. Por encima de su hombro vi la chaqueta a cuadros del sargento d&#225;ndome la espalda mientras manten&#237;a la puerta de acceso abierta para dar paso a agentes uniformados cargados con material-. Si no te importa, pasar&#233; a verte ma&#241;ana por la ma&#241;ana para hablar del asunto Wallace. &#191;Ir&#225;s a trabajar?

Ma&#241;ana libro -respond&#237;-. Estar&#233; en casa.

&#191;A las nueve ser&#237;a muy temprano?

No, estar&#225; bien.

Cuando acced&#237; a la sala m&#225;s amplia, donde mis compa&#241;eros de club estaban encerrados en un mar de ansia, me dio por pensar en la inteligencia a la que se enfrentaba Arthur Smith. Alguien se hab&#237;a esmerado art&#237;sticamente en una especie de arte vil. Alguien hab&#237;a lanzado un desaf&#237;o a cualquiera que estuviese dispuesto a recogerlo. Averiguad qui&#233;n soy si pod&#233;is, estudiantes aficionados del crimen. Yo me he graduado en la vida real. Esta es mi obra.

Sent&#237; la urgencia instintiva de ocultar mis pensamientos. Despej&#233; la mente de mis malos pensamientos y trat&#233; de mirar a los ojos a mis compa&#241;eros, que me aguardaban tensamente en la sala. Pero Sally Allison era una profesional a la hora de captar miradas esquivas, y vi c&#243;mo entreabr&#237;a la boca al encontrarse con la m&#237;a. Sab&#237;a, sin lugar a dudas, que me iba a preguntar si hab&#237;a encontrado a Mamie Wright. No era ninguna tonta. Negu&#233; firmemente con la cabeza y ella no se acerc&#243;.

&#191;Est&#225;s bien, peque&#241;a? -pregunt&#243; John Queensland, avanzando con la dignidad que era la piedra angular de su car&#225;cter-. Tu madre se va a molestar mucho cuando sepa -Pero como John, que era un pomposillo, por as&#237; decirlo, no ten&#237;a ni idea de lo que iba a o&#237;r mi madre, tuvo que callarse. Me interrog&#243; con la mirada.

Lo siento -dije con un leve graznido. Agit&#233; la cabeza con irritaci&#243;n-. Lo siento -repet&#237; con m&#225;s fuerza-. No creo que el detective Smith quiera que diga nada antes de que habl&#233;is con &#233;l. -Lanc&#233; a John una ligera sonrisa y fui a sentarme en una silla junto a la cafetera, procurando ignorar las miradas indignadas y los murmullos de disconformidad que se disparaban en mi direcci&#243;n. Gifford Doakes no paraba de caminar de ac&#225; para all&#225;, como una fiera enjaulada. Los polic&#237;as de fuera parec&#237;an estar poni&#233;ndole muy nervioso. El novelista Robin Crusoe parec&#237;a m&#225;s bien anhelante y curioso; Lizanne sencillamente destilaba aburrimiento. LeMaster Cane, Melanie y Bankston, al igual que Jane Engle, hablaban entre s&#237; en susurros. Por primera vez, me di cuenta de que otro socio del club, Benjamin Greer, no hab&#237;a venido. Su asistencia era err&#225;tica, como su vida en general, as&#237; que no le di especial importancia. Sally estaba sentada junto a su hijo, Perry, cuya fina l&#237;nea de la boca estaba retorcida en una sonrisa muy particular. El ascensor de Perry no paraba en todos los pisos.

Me puse una taza de caf&#233; lamentando que no fuese un trago de bourbon. Pens&#233; en Mamie llegando temprano a la reuni&#243;n, disponi&#233;ndolo todo, preparando cada caf&#233; para no tener que bebernos el horrible brebaje de Sally Estall&#233; en l&#225;grimas y derram&#233; el caf&#233; en mi jersey amarillo.

Esos horribles zapatos turquesa. Segu&#237;a sin poder quitarme de la cabeza ese zapato derecho sobre el suelo.

O&#237; un dulce murmullo que me alivi&#243; y supe que Lizanne Buckley hab&#237;a venido en mi ayuda. Me tap&#243; generosamente de las miradas del resto de la sala con su propio cuerpo. O&#237; el arrastrar de una silla y vi un par de largas y delgadas piernas enfundadas en unos pantalones. Su acompa&#241;ante, el novelista pelirrojo, la estaba ayudando y luego tuvo el tacto de alejarse. Lizanne se pos&#243; sobre la silla y se acerc&#243; a m&#237;. Su mano, con la manicura hecha, deposit&#243; un pa&#241;uelo en el amasijo nervioso que era la m&#237;a.

Pensemos en otra cosa -dijo Lizanne en voz baja, aunque firme. Parec&#237;a muy segura de que yo fuese capaz de algo as&#237;-. Tonta de m&#237; -continu&#243; ella, encantadora-. No consigo interesarme en las cosas que le gustan a Robin Crusoe, como los asesinatos. As&#237; que si a ti te gusta m&#225;s, tienes v&#237;a libre. Creo que os entender&#237;ais muy bien. &#201;l no tiene ning&#250;n problema -a&#241;adi&#243; apresuradamente, por si me daba por pensar que me estaba ofreciendo mercanc&#237;a da&#241;ada-. Pienso que ser&#237;a m&#225;s feliz contigo, &#191;no crees? -pregunt&#243; persuasivamente. Estaba convencida de que lo que me hac&#237;a falta para sentirme mejor era un hombre.

Lizanne -contest&#233; con un par de sollozos ahogados-, eres maravillosa. No s&#233; de nadie que te supere. No quedan muchos solteros de nuestra edad en Lawrenceton con los que salir, &#191;verdad?

Lizanne parec&#237;a desconcertada. Sin duda ella no hab&#237;a notado escasez alguna de hombres con los que salir. Me preguntaba de d&#243;nde ven&#237;an todos los que acababan saliendo con ella. Probablemente conduc&#237;an desde muy, muy lejos.

Gracias, Lizanne -dije, sin poder hacer nada.

El sargento Burns apareci&#243; en el umbral de la puerta y examin&#243; la estancia. Estaba segura de que memorizaba todas y cada una de las caras presentes. Por el fruncimiento de su ce&#241;o al ver a Sally Allison, deb&#237;a de saber que era periodista. Pareci&#243; contrariarse m&#225;s a&#250;n cuando vio a Gifford Doakes, que par&#243; en seco sus paseos a ninguna parte y le devolvi&#243; una mirada llena de hostilidad.

Vale, amigos -dijo tajantemente, mir&#225;ndonos m&#225;s bien como si fu&#233;semos unos extra&#241;os degenerados pillados medio desnudos-, ha habido una muerte.

Eso ya no impresionaba a nadie. A fin de cuentas, todos los que est&#225;bamos all&#237; ten&#237;amos costumbre de recopilar pistas. Aun as&#237;, hubo un zumbido de desconcierto tras el anuncio de Burns. Unas cuantas reacciones quedaron marcadas. Una extra&#241;a sonrisa se dibuj&#243; en la cara de Perry Allison, y fui m&#225;s consciente que nunca de que, en el pasado, Perry pas&#243; por lo que a la gente le dio por llamar problemas nerviosos, si bien desempe&#241;&#243; su trabajo en la biblioteca correctamente. Su madre contemplaba su expresi&#243;n con evidente ansiedad. El rostro del escritor pelirrojo se encendi&#243; de emoci&#243;n, aunque procur&#243; mantenerse en los lindes de la decencia. Nada de todo aquello le tocaba en lo personal, por supuesto. Acababa de llegar a la ciudad, apenas conoc&#237;a a nadie y era su primera visita a Real Murders.

Lo envidiaba.

Me pill&#243; mir&#225;ndolo, observando su emoci&#243;n, y se puso rojo.

Burns dijo claramente:

Les voy a llevar a la sala de al lado de uno en uno, y uno de nuestros agentes de uniforme les tomar&#225; declaraci&#243;n. Luego podr&#225;n irse a casa, aunque tendremos que volver a vernos m&#225;s adelante, supongo. Empezar&#233; con la se&#241;orita Teagarden, ya que es quien ha pasado por el peor trago.

Lizanne me apret&#243; la mano cuando me levant&#233; para irme. Al cruzar el pasillo, vi que el edificio estaba atestado de polic&#237;as. Jam&#225;s imagin&#233; que hab&#237;a tanto agente uniformado en Lawrenceton. Estaba aprendiendo muchas cosas esa noche, de un modo u otro.

Mi toma de declaraci&#243;n habr&#237;a sido interesante de no encontrarme tan alterada y cansada. Despu&#233;s de todo, llevaba a&#241;os leyendo acerca de los procedimientos policiales, sobre los interrogatorios a todos los posibles testigos de un crimen, y all&#237; estaba, siendo interrogada por un polic&#237;a de verdad acerca de un crimen de verdad. Pero la &#250;nica impresi&#243;n que me llev&#233; fue la de la minuciosidad. Me hicieron cada pregunta dos veces, de maneras distintas. La llamada, por supuesto, se llev&#243; una buena parte de la atenci&#243;n. La pena era que ten&#237;a muy poco que decir al respecto. Me preocup&#233; un poco cuando irrumpi&#243; Jack Burns y pregunt&#243; persistentemente por Sally Allison, sus movimientos y su comportamiento, pero no me qued&#243; m&#225;s que asumir que, como Sally y yo hab&#237;amos sido las primeras en pisar el escenario del crimen (aunque en ese momento no ten&#237;amos la menor idea), recibir&#237;amos el tratamiento m&#225;s intenso.

Me tomaron las huellas tambi&#233;n, lo que habr&#237;a sido muy interesante bajo otras circunstancias. Al salir de la sala, ech&#233; una mirada a la cocina sin quererlo. Mamie Wright, ama de casa y amiga de los tacones altos, estaba siendo procesada como la v&#237;ctima del asesinato. No sab&#237;a del paradero de Gerald Wright. Como la sala de conferencias estaba vac&#237;a, lo deb&#237;an de haber llevado a casa, o quiz&#225; a la comisar&#237;a. Claro que ser&#237;a el principal sospechoso, pero no hallaba consuelo en esa idea.

No cre&#237;a que &#233;l fuese el asesino. Cre&#237;a que el culpable, fuese hombre o mujer, fue quien hizo la llamada al Centro de Veteranos, y dudaba mucho de que Gerald Wright hubiese recurrido a m&#233;todos tan sofisticados en el supuesto de querer matar a su mujer. Podr&#237;a haberla enterrado en su s&#243;tano, como Crippen [[7]: #_ftnref7 Hawley Harvey Crippen, conocido como el Doctor Crippen, fue un m&#233;dico estadounidense que pas&#243; a la historia como el primer asesino capturado con la ayuda del tel&#233;grafo (N. del T.)], pero no habr&#237;a acabado con ella en el Centro de Veteranos para luego llamar y alertar al resto de los socios del club sobre sus acciones. En realidad Gerald no parec&#237;a tener mucho sentido de la diversi&#243;n, por llamarlo de alguna manera. Ese asesinato ten&#237;a un extra&#241;o componente de travesura. Hab&#237;an colocado a Mamie como una mu&#241;eca, y la llamada era como una burla infantil y un reto para ver si pod&#237;amos atraparlo.

Mientras me dirig&#237;a hacia el coche muy despacio, no paraba de darle vueltas a la llamada. Sin duda era una se&#241;al para alertar al club de que el asesinato hab&#237;a sido planeado y ejecutado por uno de sus miembros. Mamie Wright, esposa de un agente de seguros de Lawrenceton, Georgia, hab&#237;a sido apaleada hasta morir y dispuesta copiando del asesinato de la esposa del empleado de una aseguradora de Liverpool, Inglaterra. El asesinato hab&#237;a sido perpetrado en el lugar donde se reun&#237;a el club y la misma noche en que lo hac&#237;a para hablar de ese mismo caso. Puede que alguien de fuera tuviese una cuenta pendiente con nosotros, aunque no era capaz de imaginar qu&#233;. No, alguien hab&#237;a decidido divertirse a nuestra costa. Y estaba segura de que era alguien conocido, con toda probabilidad uno de los socios de Real Murders.

Casi no me cre&#237;a que tuviese que caminar hasta mi coche sola, conducirlo hasta casa sola y entrar en ella, las luces apagadas, sola. Pero entonces record&#233; que todos los miembros de Real Murders, vivos o muertos, exceptuando a Benjamin Greer, estaban bajo investigaci&#243;n policial en ese mismo momento.

Yo era la persona m&#225;s segura de Lawrenceton.

Conduje lentamente, tom&#233; precauciones extra en las intersecciones con stop y puse los intermitentes mucho antes de realizar la maniobra. Estaba tan cansada que tem&#237;a parecer ebria si me paraba una patrulla de carreteras, si es que quedaba alguna en las calles. Sent&#237; una inyecci&#243;n de alegr&#237;a al aparcar el coche en el espacio que me era tan familiar, introducir la llave en la cerradura y adentrarme en mi territorio. Sorteando las brumas del cansancio, marqu&#233; el n&#250;mero de mi madre. Cuando descolg&#243; le dije que, oyese lo que oyese, me encontraba bien y no me hab&#237;a pasado nada horrible. Cort&#233; todas sus preguntas, dej&#233; el auricular descolgado y vi que el reloj de la cocina marcaba las nueve y media. Asombroso.

Me arrastr&#233; escaleras arriba quit&#225;ndome el jersey y la camiseta mientras avanzaba. Me las arregl&#233; para quitarme el resto de la ropa, ponerme el camis&#243;n y arrastrarme dentro de la cama antes de que el sue&#241;o me golpeara como un martillo.

A las tres de la madrugada me despert&#233; empapada en sudor. Hab&#237;a so&#241;ado con un primer&#237;simo plano de la cabeza de Mamie Wright.

Alguien se hab&#237;a vuelto loco, o es que era incre&#237;blemente depravado. O ambas cosas.





Cap&#237;tulo 4

Abr&#237; el grifo del todo para que el agua saliese bien caliente y me met&#237; en la ducha. Eran las siete de una fr&#237;a ma&#241;ana de primavera y mi primer pensamiento consciente fue: Hoy no tengo que ir al trabajo. El siguiente fue: Me ha cambiado la vida para siempre.

La verdad es que nunca me hab&#237;a pasado nada del otro mundo; nada rese&#241;able, ni para bien ni para mal. El divorcio de mis padres no fue agradable, pero hasta yo pude acabar viendo que era lo mejor para ellos. Para entonces ya me hab&#237;a sacado el carn&#233; de conducir, as&#237; que ya no ten&#237;an que llevarme de un lado para otro. Puede que el divorcio me hubiese vuelto m&#225;s cauta, pero la cautela no tiene nada de malo. Gozaba de una vida ordenada en un mundo complicado, y si alguna vez sent&#237;a que ejerc&#237;a el t&#243;pico de la bibliotecaria de pueblo, bueno, el caso es que tambi&#233;n albergaba vivir otros papeles. En las pel&#237;culas, algunas veces esas bibliotecarias, con el pelo recogido en un mo&#241;o, despertaban y se soltaban la melena, se desprend&#237;an de las gafas y se bailaban un tango.

Quiz&#225; a m&#237; me ocurriese lo mismo. Pero, mientras tanto, pod&#237;a permitirme estar orgullosa de m&#237; misma. Me hab&#237;a portado bien la noche anterior, nada destacable, pero bien. Hab&#237;a salido airosa.

Pas&#233; por la tediosa ceremonia de secarme la mata de pelo y me enfund&#233; unos viejos vaqueros y un su&#233;ter. Baj&#233; las escaleras con mis mocasines y me prepar&#233; una buena taza de caf&#233;. Hab&#237;a sacado la mesa de cocina y las sillas al patio la semana anterior, cuando decid&#237; que la primavera hab&#237;a llegado del todo, as&#237; que, despu&#233;s de recoger los peri&#243;dicos de la entrada, sal&#237; con mi taza al patio. Pod&#237;a sentirme sola all&#237;, a pesar de que los Crandall, por un lado, y Robin Crusoe, por el otro, pod&#237;an ver mi patio desde la primera planta de sus respectivas casas. El dormitorio trasero era peque&#241;o y sab&#237;a que todo el mundo lo empleaba como cuarto de invitados, as&#237; que hab&#237;a muchas probabilidades de que nadie me estuviese mirando.

Sally no hab&#237;a conseguido colar la historia en el peri&#243;dico local. Seguro que ya hab&#237;a entrado en imprenta antes siquiera de que comenzase la reuni&#243;n. Pero el reportero local contratado por el peri&#243;dico de la ciudad hab&#237;a tenido m&#225;s suerte. Mujer de Lawrenceton, asesinada, rezaba el soso titular de la secci&#243;n local y estatal. El art&#237;culo iba acompa&#241;ado por una fotograf&#237;a de Mamie. Me sorprendi&#243; la diligencia del reportero. Oje&#233; el art&#237;culo r&#225;pidamente. Era necesariamente corto y no relataba nada que yo no supiese, salvo que la polic&#237;a no hab&#237;a encontrado el bolso de Mamie. Eso me hizo fruncir el ce&#241;o. Algo parec&#237;a no encajar. Algo delataba que ese asesinato no se parec&#237;a en nada a otro cualquiera. Me preguntaba si la polic&#237;a hab&#237;a censurado alguna informaci&#243;n. Pero la noticia no tardar&#237;a en invadir todo Lawrenceton, de eso estaba segura. A pesar de haberse convertido en una ciudad dormitorio de Atlanta, Lawrenceton no dejaba de ser un pueblecito. Se mencionaba mi nombre: La se&#241;orita Teagarden, nerviosa por la continuada ausencia de la se&#241;ora Wright, registr&#243; el edificio y encontr&#243; su cad&#225;ver en la cocina. Me estremec&#237;. Sonaba tan sencillo sobre el papel.

El tel&#233;fono se puso a sonar. Ser&#237;a mi madre, por supuesto, pens&#233;, y volv&#237; a la cocina. Cog&#237; el auricular mientras me serv&#237;a otro caf&#233;.

&#191;Te encuentras bien? -me pregunt&#243; inmediatamente-. John Queensland se pas&#243; por aqu&#237; anoche, cuando la polic&#237;a lo dej&#243; marchar, y me lo ha contado todo.

John se estaba esforzando mucho para que mi madre le cogiese cari&#241;o. Bueno, llevaba mucho tiempo sola (aunque no siempre fue as&#237;).

Me encuentro muy bien -dije cautelosamente.

Fue horrible, &#191;verdad?

S&#237; -respond&#237;, y era verdad. Hab&#237;a sido horrible, pero emocionante, y cuantas m&#225;s horas me separaban del acontecimiento, m&#225;s emocionante y soportable se hac&#237;a. No quer&#237;a perder el espanto; eso era lo que me manten&#237;a en las lindes de lo civilizado.

Lo siento -dijo ella, desesperada. Ninguna de las dos supo qu&#233; m&#225;s decir a continuaci&#243;n-. Me ha llamado tu padre -solt&#243; de la nada-. &#191;Has tenido el tel&#233;fono desconectado?

S&#237;.

Tambi&#233;n estaba preocupado. Por ti. Dijo que cuidar&#237;as de Phillip la semana que viene, &#191;no? Se preguntaba si podr&#237;as hacerlo; que si no te sent&#237;as con ganas que le llamases y &#233;l cambiar&#237;a los planes. -Mi madre hac&#237;a todo lo que pod&#237;a para no llamar a su exmarido bastardo ego&#237;sta por sacar un tema como ese en un momento as&#237;.

Ten&#237;a un hermanastro, Phillip, de seis a&#241;os, un muchacho asustadizo y maravilloso que pod&#237;a soportar durante fines de semana enteros sin que me estallaran los nervios. Se me hab&#237;a olvidado por completo que mi padre y su segunda mujer, Betty Jo (todo un cambio con respecto a Aida Teagarden), iban a asistir a una convenci&#243;n en Chattanooga durante unos d&#237;as.

No pasa nada, le llamar&#233; m&#225;s tarde -dije.

Bien. &#191;Me llamar&#225;s si necesitas algo? Puedo llevarte algo de comer, o puedes venir a mi casa.

No, estoy bien. -Un poco exagerado, pero bastante aproximado a la realidad. De repente sent&#237; la necesidad de decirle algo de verdad, algo imborrable, a mi madre. Pero lo &#250;nico que se me ocurr&#237;a era algo que no pod&#237;a soportar verbalizar. Deseaba decirle que me sent&#237;a m&#225;s viva que en a&#241;os; que por fin me hab&#237;a ocurrido algo que me trascend&#237;a. Ahora, en vez de leer acerca de un viejo asesinato, de conocer la pasi&#243;n, la desesperaci&#243;n y la maldad en una p&#225;gina impresa, sab&#237;a que esas cosas anidaban en personas que me rodeaban. Y le repet&#237;-: En serio, estoy bien. Y la polic&#237;a vendr&#225; a casa esta ma&#241;ana, ser&#225; mejor que me prepare.

Est&#225; bien, Aurora. Pero ll&#225;mame si sientes miedo por algo. Y ya sabes que puedes quedarte en casa.

Sent&#237; un repentino aluvi&#243;n de energ&#237;a nerviosa nada m&#225;s colgar. Mir&#233; a mi alrededor y decid&#237; darle buen uso recogiendo. Primero fue la salita-comedor-cocina junto al patio y luego el sal&#243;n formal que apenas utilizaba. Comprob&#233; el peque&#241;o cuarto de ba&#241;o del piso inferior para asegurarme de que estaba surtido de papel higi&#233;nico y corr&#237; escaleras arriba para hacer la cama. El cuarto de invitados estaba impoluto, como siempre. Reun&#237; la ropa sucia y trot&#233; escaleras abajo con el mont&#243;n, arroj&#225;ndolo sin m&#225;s ceremonias por las escaleras del s&#243;tano junto a la lavadora. Lawrenceton est&#225; lo bastante elevada como para poder permitirnos unos s&#243;tanos decentes.

Cuando mir&#233; el reloj y vi que me quedaba un cuarto de hora hasta la supuesta llegada de Arthur Smith, comprob&#233; que quedaba suficiente caf&#233; y volv&#237; arriba para ponerme un poco de maquillaje. Fue sencillo, ya que no suelo ponerme demasiado, y apenas tuve que mirarme al espejo para aplic&#225;rmelo. Lo hice por la inercia de la costumbre, y no parec&#237;a m&#225;s interesante o experimentada que el d&#237;a anterior. Mi cara a&#250;n estaba p&#225;lida y redonda, la nariz corta y recta, adecuada para sostener mis gafas, los ojos ampliados tras las lentes, redondos y marrones. Mi pelo suelto revolote&#243; por toda mi cabeza en una ondulada masa marr&#243;n que me llegaba a media espalda. Y, por una vez, as&#237; la dej&#233;. Se me interpondr&#237;a y se me pegar&#237;a a las comisuras de los labios o se me enredar&#237;a en las patillas de las gafas, pero &#161;qu&#233; demonios! Entonces o&#237; el timbre doble de la entrada delantera y vol&#233; escaleras abajo.

La gente siempre llamaba a la puerta trasera, pero Arthur hab&#237;a aparcado en la calle en vez de en la zona reservada detr&#225;s de los apartamentos. Vestido con un traje nuevo, afeitado y con el pelo claro a&#250;n h&#250;medo de la ducha, presentaba un aspecto cansado.

&#191;Te encuentras bien esta ma&#241;ana? -pregunt&#243;.

Mucho mejor. Adelante.

Mir&#243; a su alrededor, sin disimulo, cuando atraves&#243; el sal&#243;n sin perderse un solo detalle. Se detuvo un momento en la salita donde suelo hacer vida.

Es bonito -dijo, impresionado. La soleada estancia con la gran ventana dominando el patio con sus rosales era muy atractiva. Las paredes de ladrillo visto y los libros suelen dar esa impresi&#243;n de habitaci&#243;n intelectual, pens&#233; mientras le indicaba que tomase asiento en el sof&#225; de dos plazas marr&#243;n y le preguntaba si quer&#237;a un caf&#233;.

S&#237;, solo -acept&#243; fervientemente-. No he dormido en casi toda la noche.

Al inclinarme para posar la taza sobre la mesa baja que ten&#237;a ante s&#237;, me di cuenta, no sin cierto bochorno, de que no estaba mir&#225;ndola.

Me sent&#233; frente a &#233;l, en mi sill&#243;n favorito, lo suficientemente bajo para que los pies toquen el suelo, lo bastante ancho como para hacerme un ovillo dentro, con una mesita al lado lo suficientemente grande como para albergar un libro o una taza de caf&#233;.

Arthur sorbi&#243; de la suya, me ech&#243; otra mirada y me dijo que estaba muy bueno, antes de ir al grano.

Ten&#237;as raz&#243;n. Movieron el cad&#225;ver despu&#233;s de asesinarla para que apareciera en esa postura cuando la encontraste -explic&#243; sin rodeos-. La mataron en la cocina. A Jack Burns le est&#225; costando asimilar la teor&#237;a de que la mataron para imitar el asesinato Wallace, pero voy a intentar convencerlo. Sin embargo, &#233;l est&#225; al mando y yo le estoy asesorando solo porque conozco a todos los implicados, pero la verdad es que mi especialidad son los allanamientos con robo.

Algunas preguntas afloraron en mi mente, pero decid&#237; que no ser&#237;a educado formularlas. Ser&#237;a como preguntarle a un m&#233;dico por tus s&#237;ntomas durante una fiesta.

&#191;Qu&#233; asusta tanto a Jack Burns? -pregunt&#233; abruptamente-. &#191;Por qu&#233; se esfuerza en intimidarte? &#191;Ad&#243;nde quiere llegar?

Al menos Arthur no ten&#237;a que preguntarme qu&#233; quer&#237;a decir. Sab&#237;a perfectamente c&#243;mo era Jack Burns.

A Jack no le importa caer bien a la gente o no -dijo Arthur sencillamente-. Es una gran ventaja, especialmente para un poli. Ni siquiera le importa caer bien a sus compa&#241;eros. Solo quiere que los casos se resuelvan lo antes posible, que los testigos le digan todo lo que saben y que se castigue a los culpables. Quiere que el mundo baile a su ritmo y le da igual lo que tenga que hacer para que eso pase.

Daba miedo.

Al menos lo tienes enfilado -afirm&#233; sin mucha convicci&#243;n. Arthur admiti&#243; d&#225;ndolo por sentado.

Cu&#233;ntame todo lo que sepas sobre el caso Wallace -me pidi&#243;.

Bueno, la verdad es que estoy bastante informada, ya que deb&#237;a tratar el tema anoche -expliqu&#233;-. Me pregunto si, quienquiera que matase a Mamie, lo imit&#243; por eso mismo.

En cierto modo me alegraba de poder, al fin, realizar el discurso que tanto me hab&#237;a preparado. Y no solo a un compa&#241;ero de afici&#243;n, sino a un profesional del medio.

Es el misterio del asesinato definitivo, seg&#250;n varios investigadores criminales eminentes -empec&#233;-. William Herbert Wallace, un vendedor de seguros de Liverpool -levant&#233; un dedo para se&#241;alar la primera similitud-, casado y sin hijos. -Alc&#233; otro dedo. Entonces pens&#233; que Arthur podr&#237;a sobrevivir sin que le dijera c&#243;mo hacer su trabajo-. Wallace y su esposa, Julia, eran de mediana edad y no ten&#237;an mucho dinero, pero s&#237; disfrutaban de un capital intelectual. Interpretaban duetos juntos por las noches. No se distra&#237;an demasiado ni ten&#237;an demasiados amigos. Tampoco eran conocidos por pelearse.

Wallace ten&#237;a un programa regular para cobrar los pagos al seguro de los clientes suscritos a su empresa particular y llevaba el dinero a casa siempre la misma noche, los martes. Tambi&#233;n jugaba al ajedrez y particip&#243; en un torneo de un club local. Hab&#237;a una tabla eliminatoria que indicaba cu&#225;ndo le tocar&#237;a jugar colgada de una de las paredes del club. Todos los que iban pod&#237;an verla. -Arque&#233; las cejas para asegurarme de que Arthur tuviese claro que era un punto importante. Asinti&#243;-. Vale. Wallace no ten&#237;a tel&#233;fono en casa. Un d&#237;a recibi&#243; una llamada en el club de ajedrez antes de llegar. Otro miembro cogi&#243; el mensaje. El que llamaba se identific&#243; como Qualtrough. Dijo que quer&#237;a contratar una p&#243;liza a nombre de su hija y solicit&#243; que pidieran a Wallace que pasara por su casa la noche siguiente, que ca&#237;a en martes.

Lo malo de la llamada, desde el punto de vista de Wallace -expliqu&#233;, imprimiendo un poco de emoci&#243;n al tema-, era que se produjo cuando &#233;l no estaba en el club. Y hab&#237;a una cabina telef&#243;nica cerca de su casa que podr&#237;a haber utilizado en caso de que &#233;l mismo hubiese hecho la llamada a Qualtrough.

Arthur tomaba notas en un cuadernillo de cuero que se hab&#237;a sacado de alguna parte.

Bien. Wallace llega poco despu&#233;s de que Qualtrough llamase al club. Habla del mensaje con otros jugadores de ajedrez. &#191;Ser&#225; que quiere imprimirlo en su memoria? O es el asesino y est&#225; preparando su coartada o el verdadero asesino se est&#225; asegurando de que Wallace no est&#233; en casa la noche del martes. Y es esta doble posibilidad, que casi da con Wallace en la horca, la que nunca ha dejado de sobrevolar el caso. -&#191;Era alg&#250;n escritor capaz de imaginarse algo tan interesante como eso? Sent&#237;a ganas de formular esa pregunta. Pero, en vez de ello, segu&#237; con mi exposici&#243;n-. As&#237; pues, en la noche acordada, Wallace sale a buscar a ese hombre que se hace llamar Qualtrough y desea contratar una p&#243;liza de seguros. Vale, era un hombre que necesitaba cerrar todos los negocios potenciales que se le presentasen, y vale, sabemos c&#243;mo son los vendedores de seguros incluso hoy en d&#237;a, pero aun as&#237; Wallace se desplaz&#243; una enorme distancia para entrevistarse con un cliente potencial. La direcci&#243;n que Qualtrough dej&#243; en el club de ajedrez estaba en Menlove Gardens Este. Hay Menlove Gardens Norte, Sur y Oeste, pero no Este; as&#237; que era una direcci&#243;n falsa plausible. Wallace pregunta a todo el que se cruza con &#233;l, &#161;incluso a un polic&#237;a!, si le pueden ayudar a encontrar la direcci&#243;n. Puede que sea testarudez o determinaci&#243;n para imprimir el recuerdo de su presencia en el mayor n&#250;mero de personas posible. Como esa direcci&#243;n simplemente no existe, volvi&#243; a casa.

Hice una pausa para tomar un sorbo de mi caf&#233; tibio.

&#191;Ella ya estaba muerta? -pregunt&#243; Arthur sagazmente.

Eso es, ese es el quid de la cuesti&#243;n. Si Wallace la mat&#243;, debi&#243; de hacerlo antes de salir a esa b&#250;squeda in&#250;til, y, de ser as&#237;, todo lo que te voy a contar ahora fue puro teatro.

Llega a casa e intenta abrir la puerta delantera, seg&#250;n declara m&#225;s tarde. La llave no funciona. Piensa que Julia ha echado el cerrojo por alguna raz&#243;n y no le oye llamar a la puerta. En cualquier caso, una pareja que vive al lado sale de casa y ve a Wallace en su puerta, aparentemente angustiado. O su actitud es genuina o ha estado esperando en la oscuridad a que alguien pueda ser testigo de su entrada.

La cabellera rubia de Arthur se agitaba de un lado a otro lentamente a medida que asimilaba los giros y los quiebros de ese cl&#225;sico. Me imagin&#233; a los polic&#237;as de Liverpool en 1931 actuando exactamente de la misma manera. O quiz&#225; no; desde el principio estuvieron convencidos de que hab&#237;an arrestado al culpable.

&#191;Se llevaba Wallace bien con los vecinos? -pregunt&#243;.

No especialmente. Ten&#237;an buena relaci&#243;n, aunque impersonal.

As&#237; que pod&#237;a contar con ellos como testigos imparciales -observ&#243; Arthur.

As&#237; lo hizo. Casualmente, la consecuencia del incidente de la puerta, que Wallace se empe&#241;aba en que se resist&#237;a a su llave, result&#243; ser un aspecto capital del juicio, aunque el testimonio result&#243; un tanto turbio. Igual de dudoso result&#243; el testimonio de un muchacho que llam&#243; a la puerta para dejar la leche del d&#237;a, un peri&#243;dico o algo por lo que la se&#241;ora Wallace hab&#237;a abierto la puerta, viva y sana; y si se hubiera podido demostrar que en ese momento su marido ya hab&#237;a salido, el asunto se habr&#237;a acabado. Pero no pudo ser. -Tom&#233; una bocanada de aire. Lleg&#225;bamos a la escena crucial-. Sea como sea, Wallace y la pareja entran en la casa, ven algo de desorden en la cocina y otra habitaci&#243;n, creo, pero ning&#250;n indicio de saqueo concienzudo. Alguien hab&#237;a desvalijado la caja donde Wallace guardaba el dinero de las p&#243;lizas. Por supuesto, todo ocurri&#243; el martes, momento en el que deb&#237;a de estar llena.

Para entonces, los vecinos est&#225;n atemorizados. Wallace los llama desde el sal&#243;n delantero, una estancia raramente utilizada.

All&#237; est&#225; Julia Wallace, tumbada frente a la estufa de gas, sobre una gabardina. La gabardina, parcialmente quemada, no es suya. La han apaleado hasta matarla, con extrema brutalidad y fuerza innecesaria. No la han violado. -Me detuve de repente-. Doy por sentado que Mamie tampoco fue violada -dije d&#233;bilmente, temiendo la respuesta.

Hasta donde sabemos, parece que no -contest&#243; Arthur, ausente, sin dejar de tomar apuntes.

Resopl&#233;.

Bueno, Wallace teoriza que Qualtrough, quien ha de ser el asesino si Wallace es inocente, llam&#243; a la casa cuando &#233;l se march&#243;. Era alguien que evidentemente Julia no conoc&#237;a bien, o puede que fuese un desconocido total, porque lo llev&#243; al sal&#243;n de los invitados. -Lo mismo que har&#237;a yo con un vendedor de seguros, pens&#233;-. La gabardina, una vieja prenda de Wallace, quiz&#225; la utiliz&#243; ella para ech&#225;rsela sobre los hombros, ya que en el impoluto sal&#243;n hac&#237;a fr&#237;o hasta que la estufa, que aparentemente encendi&#243;, pudo paliarlo. El dinero robado no fue demasiado, ya que Wallace hab&#237;a estado enfermo esa semana y no hab&#237;a podido recaudar la cantidad habitual. Pero es de presumir que nadie m&#225;s lo sab&#237;a.

Lo que es seguro es que Julia no estaba teniendo ninguna aventura y jam&#225;s hab&#237;a ofendido personalmente a nadie, que la polic&#237;a pudiera averiguar.

Y ese es el caso Wallace.

Arthur se perdi&#243; en sus pensamientos, sus ojos azules fijados en alguno de sus flecos.

Flojo, en todo caso -dijo finalmente.

As&#237; es -convine-. No hay ninguna prueba s&#243;lida contra Wallace, salvo que era su marido y la &#250;nica persona que parec&#237;a conocerla lo suficiente como para matarla. Todo lo que dijo podr&#237;a ser verdad, en cuyo caso fue juzgado por la muerte de la persona a quien m&#225;s quer&#237;a en el mundo mientras que el asesino de verdad disfrutaba de la libertad.

&#191;Wallace fue arrestado?

Y condenado. Pero tras una temporada en la c&#225;rcel fue liberado por un fallo &#250;nico en la justicia brit&#225;nica. Creo que un tribunal superior determin&#243; que no hab&#237;a pruebas suficientes para que un jurado condenara a Wallace, fuese cual fuese la opini&#243;n del jurado que s&#237; lo conden&#243;. Pero la prisi&#243;n y toda la experiencia hab&#237;an mermado a Wallace notablemente y muri&#243; dos o tres a&#241;os despu&#233;s, aferrado a&#250;n a su inocencia. Dec&#237;a que ten&#237;a sospechas de qui&#233;n era Qualtrough, pero no ten&#237;a prueba alguna.

Yo tambi&#233;n habr&#237;a apostado por Wallace, a tenor de las pruebas -dijo Arthur sin dudarlo-. La probabilidad apunta a Wallace, porque suele ser el marido quien tiene m&#225;s motivos para eliminar a la esposa, pero, como no hay pruebas determinantes en uno u otro sentido, casi me sorprende que el Estado decidiera siquiera procesarlo.

Puede que -a&#241;ad&#237; sin pensar- la polic&#237;a tuviese muchas presiones para arrestar a alguien.

Arthur parec&#237;a tan cansado y sombr&#237;o que intent&#233; cambiar de tema.

&#191;Por qu&#233; te uniste a Real Murders? -pregunt&#233;-. &#191;No es un poco raro para un polic&#237;a?

No para este -dijo tajantemente. Me hund&#237; en mi sill&#243;n-. Mira, Roe, quer&#237;a ir a la facultad de Derecho, pero no hab&#237;a dinero. -La familia de Arthur era bastante humilde, pens&#233;. Cre&#237;a recordar que fui al instituto con una de sus hermanas. Arthur deb&#237;a de tener dos o tres a&#241;os m&#225;s que yo-. Pas&#233; dos a&#241;os en la universidad antes de darme cuenta de que no podr&#237;a acabar de pagar toda la carrera, ya que no era capaz de trabajar y llevar los estudios. Para entonces, estudiar me hab&#237;a aburrido tambi&#233;n, as&#237; que decid&#237; abordar el Derecho desde otra perspectiva. No todos los polic&#237;as son iguales, &#191;sabes? -No era la primera vez que pronunciaba ese discurso-. Algunos polis parecen salidos de un libro de Joseph Wambaugh [[8]: #_ftnref8 Reconocido autor estadounidense especializado en novela policiaca y cuyos relatos son ficticios a la par que basados en hechos y experiencias reales (N. del T.)], ya que &#233;l lo era tambi&#233;n y escribe buenos libros. Ruidosos, bebedores, machos, en su mayor&#237;a sin educaci&#243;n y en ocasiones brutales. Algunos est&#225;n mal de la cabeza, como en cualquier oficio, y a otros les gusta pegar. No hay muchos Liberales, con L may&#250;scula, y muchos menos licenciados universitarios. Pero entre esas l&#237;neas generales puedes encontrar a todo tipo de personas. Algunos de mis amigos, algunos polic&#237;as, se tragan todos los programas sobre la polic&#237;a que pueden ver en la televisi&#243;n, as&#237; que sabr&#225;n c&#243;mo actuar. Algunos de ellos -no muchos- leen a Dostoyevski. -La sonrisa casi resultaba extra&#241;a en su cara-. A m&#237; me gusta estudiar viejos cr&#237;menes, ver c&#243;mo los enfoc&#243; la polic&#237;a y analizar su procedimiento. &#191;Alguna vez has le&#237;do algo sobre el caso de June Anne Devaney, de Balckburn, Inglaterra, eh, a finales de los a&#241;os treinta?

&#191;La asesina de ni&#241;os?

S&#237;. &#191;Sab&#237;as que la polic&#237;a convenci&#243; a cada adulto de Blackburn para que se dejaran tomar las huellas dactilares? -El rostro de Arthur casi se ilumin&#243; por el entusiasmo-. As&#237; es como cogieron a Peter Griffiths. Comparando cientos de huellas con las que &#233;l dej&#243; en el escenario. -Se perdi&#243; en la admiraci&#243;n por un instante-. Por esa raz&#243;n me un&#237; a Real Murders -dijo-. Pero &#191;qu&#233; sacaba una mujer como Mamie Wright estudiando el caso Wallace?

&#161;Oh, vigilar a su marido! -dije con una sonrisa, pero luego sent&#237; una punzada de abatimiento cuando Arthur volvi&#243; a abrir su cuadernillo.

Casi con dulzura, Arthur se&#241;al&#243;:

Bueno, este asesinato es de verdad. Un asesinato nuevo.

Lo s&#233; -dije, y volv&#237; a ver a Mamie.

&#191;Gerald y Mamie se peleaban mucho?

Nunca, que yo sepa -indiqu&#233; rotundamente. Siempre cre&#237; que Wallace era inocente-. Solo parec&#237;a que ella lo vigilaba frente a otras mujeres.

&#191;Crees que sus sospechas eran fundadas?

Nunca se me pas&#243; por la cabeza. Gerald es muy tedioso y Arthur, &#191;crees que Gerald pudo hacerlo? -No me refer&#237;a al aspecto emocional, sino al pr&#225;ctico, y Arthur me entendi&#243;.

&#191;Sabes por qu&#233; dijo Gerald que lleg&#243; tarde a la reuni&#243;n y por qu&#233; Mamie fue sola por su cuenta? Gerald recibi&#243; la llamada de un desconocido, pidiendo informaci&#243;n para un seguro para su hija.

Sab&#237;a que me hab&#237;a quedado con la boca abierta. La cerr&#233; lentamente, pero tem&#237;a que no fuese a parecer m&#225;s inteligente.

Alguien nos est&#225; dando un bofet&#243;n en la cara, Arthur -remarqu&#233; lentamente-. Quiz&#225; te est&#233; desafiando especialmente a ti. Mamie no fue asesinada siquiera por ser quien era. -Aquello era especialmente horrible-. Lo fue simplemente por ser la mujer de un vendedor de seguros.

Pero te percataste de ello anoche. Lo sabes.

Pero &#191;y si hay m&#225;s? &#191;Y si copia el asesinato de June Anne Devaney y mata a un cr&#237;o de tres a&#241;os? &#191;Y si copia los asesinatos del Destripador? &#191;Y si mata a gente para com&#233;rsela, como hizo Ed Gein?

No imagines tantas pesadillas -respondi&#243; Arthur bruscamente. Fue tan directo que seguramente ya lo hab&#237;a pensado por su cuenta anteriormente-. Bien, ahora tengo que anotar todo lo que hiciste ayer, empezando por cuando saliste del trabajo.

Si lo que pretend&#237;a era arrancarme de los horrores, lo consigui&#243;. Aunque solo fuese sobre el papel, era una de las personas que deb&#237;a dar cuenta de sus movimientos; no exactamente una sospechosa, pero s&#237; una posibilidad. Adem&#225;s, mi llegada al club ayudar&#237;a a establecer el momento de la muerte. Si bien le hab&#237;a dado todas las vueltas posibles la noche anterior, volv&#237; a relatar mis quehaceres m&#225;s triviales.

&#191;Tienes informaci&#243;n sobre el caso Wallace que pudieras prestarme? -me pidi&#243;, levant&#225;ndose del sof&#225; a desgana. Parec&#237;a m&#225;s cansado que antes, como si relajarse un momento no hubiese servido de nada m&#225;s que para recordarle lo agotado que estaba-. Tambi&#233;n necesitar&#237;a una lista de los socios del club.

Puedo ayudar con el asunto Wallace -dije-, pero la lista se la tendr&#225;s que pedir a Jane Engle. Ella es la secretaria de club.

Ten&#237;a a mano el libro que hab&#237;a utilizado para preparar la presentaci&#243;n. Hice una comprobaci&#243;n para asegurarme de que ten&#237;a mi nombre escrito y le dije a Arthur que lo har&#237;a arrestar si no me lo devolv&#237;a. Luego sali&#243; por la puerta delantera.

Para mi sorpresa, me puso las manos sobre los hombros sin intenci&#243;n de apretarlos.

No est&#233;s tan deprimida -me consol&#243;. Sus grandes ojos azules engulleron los m&#237;os. Sent&#237; un escalofr&#237;o recorrer mi columna-. Anoche te quedaste con un detalle que a la mayor&#237;a le habr&#237;a pasado desapercibido. Fuiste dura, inteligente y sagaz. -Tom&#243; un mech&#243;n suelto de mi pelo y lo enroll&#243; en uno de sus dedos-. Te llamar&#233; -dijo-. Puede que ma&#241;ana.

Result&#243; que s&#237; que hablamos, pero antes de lo esperado.





Cap&#237;tulo 5

Me percat&#233; de que un cami&#243;n de mudanzas hab&#237;a aparcado frente al apartamento de Robin Crusoe al acompa&#241;ar a Arthur hasta la puerta. Por pura curiosidad, cuando son&#243; el tel&#233;fono, decid&#237; responder a todas las llamadas desde el del dormitorio, que ten&#237;a un cable muy largo y me permit&#237;a espiar el proceso de desembalaje del vecino. Y no dej&#243; de sonar, a medida que la noticia del asesinato de Mamie Wright fue extendi&#233;ndose entre los amigos y los compa&#241;eros de trabajo. Justo cuando iba a marcar su n&#250;mero, llam&#243; mi padre. Parec&#237;a igual de preocupado con mi estado emocional que con la duda de si a&#250;n estaba dispuesta a cuidar de Phillip.

&#191;Est&#225;s bien? -dijo el propio Phillip con voz suave. Normalmente es de los que vociferan, pero es incomprensiblemente tranquilo al tel&#233;fono.

S&#237;, hermanito, estoy bien -repuse.

Es que me apetece mucho ir a verte. &#191;Puedo?

Claro.

&#191;Vas a hacer una tarta de nueces?

Puede, si se me pide como es debido.

&#161;Por favor, por favor, por favor!

Mucho mejor. Cuenta con esa tarta.

&#161;Bien!

&#191;Sientes que te estoy chantajeando? -me pregunt&#243; mi padre cuando Phillip le cedi&#243; el aparato.

Pues s&#237;.

Vale, vale, me siento culpable. Pero es que a Betty Jo le apetece mucho asistir a esa convenci&#243;n. Su mejor amiga de la universidad se cas&#243; tambi&#233;n con un periodista y ellos van a ir.

Dile de todos modos que yo cuidar&#233; de &#233;l. -Adoraba a Phillip, aunque al principio me horrorizaba siquiera sostenerlo en brazos, dada mi nula experiencia con beb&#233;s. Rompiendo una lanza a favor de Betty, ella siempre se esforz&#243; por que Phillip conociese a su hermana mayor.

Tras colgar, el resto del d&#237;a se abri&#243; ante m&#237; como la boca de una cueva. Como era mi d&#237;a libre, intent&#233; hacer las cosas t&#237;picas de un d&#237;a libre: pagu&#233; las facturas e hice la colada.

Mi mejor amiga, Amina Day, se acababa de mudar a Houston por un trabajo tan bueno que no pod&#237;a culparla por haberse ido, pero la echaba de menos y no pod&#237;a evitar sentirme como una pueblerina poco aventurera antes de entrar en la cocina del Centro de Veteranos. Amina no se iba a creer que hab&#237;a tenido una genuina experiencia traum&#225;tica en pleno Lawrenceton. Decid&#237; llamarla esa noche, y la expectativa me subi&#243; el &#225;nimo.

Ahora que el primer impacto de la noche anterior se hab&#237;a disipado, todo me parec&#237;a curiosamente irreal, como un libro. Hab&#237;a le&#237;do tantos, de ficci&#243;n y de historias reales, en los que una joven entraba en una habitaci&#243;n (atravesaba un campo, bajaba unas escaleras o cruzaba una calle) y encontraba un cad&#225;ver Pod&#237;a distanciarme de la realidad de una Mamie muerta pensando en la situaci&#243;n m&#225;s que en la persona.

Anot&#233; mentalmente todas esas distinciones mientras tomaba un nutritivo almuerzo de Cheezits [[9]: #_ftnref9 Galletitas crujientes de la marca Kellogs (N. del T.)] y at&#250;n. Todos esos pensamientos me llevaron de nuevo a la conclusi&#243;n de que me hab&#237;an pasado tan pocas cosas en la vida que, para una vez que pasaba una, no pod&#237;a dejar de darle vueltas. No quedar&#237;a un solo momento sin absorber o analizar.

Estaba claro que hab&#237;a que tomar cartas en el asunto.

Con el sabor del almuerzo a&#250;n en la boca, fue f&#225;cil decidir que esas cartas deb&#237;an materializarse en un viaje a la tienda de comestibles. Confeccion&#233; una de mis met&#243;dicas listas y reun&#237; mis cupones.

Como cab&#237;a esperar, la tienda estaba hasta arriba por ser s&#225;bado, y vi a mucha gente que sab&#237;a lo ocurrido la noche anterior. Yo era reacia a hablar del asunto con personas que no hubieran estado all&#237;. Nadie me hab&#237;a dicho que no hablara de la relaci&#243;n del asesinato con otro m&#225;s antiguo, pero no ten&#237;a sentido que se lo fuese contando a la gente de la cola. Pero incluso las respuestas monosil&#225;bicas que daba me ralentizaron considerablemente, y cuarenta minutos m&#225;s tarde a&#250;n iba por la mitad de mi lista. Cuando estaba en el puesto de la carnicer&#237;a debati&#233;ndome entre la hamburguesa fina y la extrafina, o&#237; unos golpes. Me puse cada vez m&#225;s nerviosa, hasta que alc&#233; la mirada. Benjamin Greer, el &#250;nico socio de Real Murders que no hab&#237;a asistido a la &#250;ltima reuni&#243;n, estaba dando golpecitos en el cristal que separaba a los carniceros del mostrador de la carne. Detr&#225;s de &#233;l unas brillantes m&#225;quinas met&#225;licas cumpl&#237;an con su cometido mientras que otro carnicero con un delantal ensangrentado, como el de Benjamin, empaquetaba carne para asar.

Benjamin era un hombre corpulento con una et&#233;rea cabellera rubia que se repeinaba sobre la incipiente calvicie. Hab&#237;a intentado dejarse bigote para compensar el menguante pelo del cr&#225;neo, pero daba la impresi&#243;n de que ten&#237;a el labio superior sucio y me alegr&#243; ver que se lo hab&#237;a afeitado. No era muy alto, ni tampoco muy avispado, y trataba de contrarrestar esos rasgos con una cordialidad digna de un cachorrillo y una disposici&#243;n a hacer casi cualquier cosa que se le pidiese. Por otro lado, si no necesitabas su ayuda, por mucho tacto y delicadeza que empleases en hac&#233;rselo entender, se volv&#237;a hosco y autocompasivo. Benjamin era una persona dif&#237;cil, uno de esos tipos que hacen que te averg&#252;ences de ti misma si no te cae bien, y al mismo tiempo es casi imposible que te caiga bien.

A m&#237; no me gustaba, por supuesto. Me pidi&#243; salir con &#233;l tres veces y cada una de ellas, con una profunda verg&#252;enza de m&#237; misma, le dije que no. Por muy desesperada que estuviese por tener una cita, mi est&#243;mago no soportaba la idea de tenerla con Benjamin.

Intent&#243; meterse en una iglesia fundamentalista, intent&#243; entrenar a la liga de alevines y ahora lo intentaba con Real Murders.

Le dediqu&#233; una sonrisa hip&#243;crita y maldije a la carne de hamburguesa que me hab&#237;a llevado a tenerlo delante.

Atraves&#243; a toda prisa la puerta abatible a la derecha de la carne. Me esforc&#233; para no perder los modales.

La polic&#237;a vino a mi apartamento anoche -dijo sin resuello-. Quer&#237;an saber por qu&#233; no hab&#237;a asistido a la reuni&#243;n.

&#191;Qu&#233; les contaste? -pregunt&#233; sin rodeos. El delantal ensangrentado me estaba poniendo mal cuerpo. De repente, las hamburguesas me parecieron algo asqueroso.

Oh, lament&#233; no ver tu presentaci&#243;n -me asegur&#243;, como si eso me preocupara-, pero ten&#237;a otros planes. -Ch&#250;pate esa, era lo que dec&#237;a su expresi&#243;n.

Las palabras de Benjamin eran suaves y justificativas, y su voz tan humilde como siempre, pero su expresi&#243;n era algo completamente distinto.

Me he metido en pol&#237;tica -me confes&#243; Benjamin con una voz modesta que desentonaba absolutamente con su expresi&#243;n triunfal.

&#191;La carrera por la alcald&#237;a? -aventur&#233;.

As&#237; es. Estoy ayudando a Morrison Pettigrue. Soy su director de campa&#241;a. -Su voz se estremeci&#243; de orgullo.

Quienquiera que fuese Morrison Pettigrue, iba a perder con toda seguridad. Su nombre me sonaba remotamente, pero no ten&#237;a la menor intenci&#243;n de hurgar para recordar lo que sab&#237;a.

Mucha suerte -le dije con la mejor sonrisa que pude armar.

&#191;Te gustar&#237;a acompa&#241;arme a un mitin la semana que viene?

Dios m&#237;o, ped&#237;a a gritos que le diese una patada en la boca. Esa era la &#250;nica explicaci&#243;n posible. Lo mir&#233; sin dejar de pensar lo pat&#233;tico que era. Entonces, por supuesto, me avergonc&#233; y sent&#237; enfado hacia &#233;l y hacia m&#237;.

No, Benjamin -contest&#233; con un tono que no admit&#237;a debate. No pod&#237;a poner una excusa. No quer&#237;a que se volviese a repetir.

Vale -dijo con un deje de martirio en la voz-. Bueno, pues ya nos veremos. -El dolor vibr&#243; dram&#225;ticamente bajo su valiente sonrisa.

Iba a responderle a esa &#250;ltima observaci&#243;n, pero me mord&#237; la lengua. Sin embargo, mientras me alejaba con mi carro, susurr&#233;:

No si yo te veo a ti antes.

Al pararme a mirar los sacos de pienso para perros, tan solo para que no viese que hu&#237;a de all&#237; como alma que lleva el diablo, me di cuenta de un par de detalles curiosos en nuestra conversaci&#243;n.

No me hab&#237;a preguntado nada sobre la noche anterior. No me hab&#237;a preguntado qui&#233;n hab&#237;a asistido a la reuni&#243;n, ni lo extra&#241;o que era que la &#250;nica noche que no hab&#237;a ido se hubiera producido algo tan extraordinario. Ni siquiera me hab&#237;a preguntado c&#243;mo me sent&#237; al descubrir el cad&#225;ver de Mamie, algo que todos los que me hab&#237;a cruzado ese d&#237;a hab&#237;an intentado plantearme de formas muy indirectas.

Pens&#233; en ello un momento, escog&#237; un bote de champ&#250; y decid&#237; no preocuparme m&#225;s por Benjamin Greer. Si no, acabar&#237;a perdiendo la paciencia con los reponedores. Por supuesto, todos los cereales de alto contenido en az&#250;car basados en una serie de dibujos animados estaban a la altura de mis ojos, mientras que los de los mayores estaban en la parte m&#225;s alta. Pod&#237;a alcanzarlos, pero los reponedores hab&#237;an amontonado m&#225;s cajas horizontalmente sobre las que estaban en vertical. Si tiraba de las que alcanzaba con la mano, acabar&#237;a sepultada en una lluvia de cajas de cereales provocando un estruendo que llamar&#237;a la atenci&#243;n de todo el mundo. Lo s&#233; por experiencia.

Me coloqu&#233; de lado para estirarme al m&#225;ximo y me puse de puntillas. Imposible. Tendr&#237;a que cambiar de marca o empezar a comer cereales con sabor a chicle. Esa horrible perspectiva me dio fuerzas para intentarlo de nuevo.

Espera, muchachita, deja que te alcance uno -dijo una voz insoportablemente condescendiente procedente de alguna parte sobre mi cabeza. Una enorme mano se elev&#243; por encima de m&#237;, cogi&#243; la caja con facilidad y, como si fuese una gr&#250;a, la deposit&#243; en mi carro.

Aferr&#233; el carro como si fuese mi car&#225;cter. Respir&#233; hondo un par de veces. Lentamente, me volv&#237; para ver a mi benefactor. Alc&#233; la mirada, y la segu&#237; alzando hasta dar con un rostro c&#243;micamente desfallecido coronado por un mantillo de pelo largo y rojo.

Oh, Dios, lo siento -se disculp&#243; Robin Crusoe. Sus ojos color avellana parpadearon nerviosamente detr&#225;s de las gafas met&#225;licas-. Pens&#233;, desde atr&#225;s, bueno, parec&#237;as una ni&#241;a de doce a&#241;os. Pero est&#225; claro que por delante no.

Se dio cuenta de lo que acababa de decir y cerr&#243; los ojos, horrorizado.

Yo empezaba a disfrutar con aquello.

Una fugaz imagen de los dos en una situaci&#243;n &#237;ntima cruz&#243; por mi mente y me pregunt&#233; si acaso funcionar&#237;a. No lo pude evitar; sonre&#237;.

&#201;l me devolvi&#243; la sonrisa, aliviado, y enseguida vi sus encantos. Ten&#237;a una sonrisa torcida, un poco t&#237;mida.

No creo que debamos hablar as&#237; -dijo indicando la diferencia de nuestras respectivas alturas-. &#191;Por qu&#233; no me paso despu&#233;s cuando coloque mis compras? Anoche comentaste que viv&#237;as pegada a m&#237;, creo recordar que dijiste. Me dan ganas de cogerte en brazos para verte mejor.

Eso se acercaba tanto a la imagen mental que estaba teniendo que no pude evitar sonrojarme.

No dudes en venir. Estoy segura de que tendr&#225;s un mont&#243;n de preguntas despu&#233;s de lo de anoche -dije.

Ser&#225; genial. Mi casa es tal desastre de orden que voy necesitando un descanso de tanta caja.

Muy bien. &#191;Dentro de una hora?

Vale, nos veremos. &#191;De verdad te llamas Roe?

Es el diminutivo de Aurora -expliqu&#233;-. Aurora Teagarden.

No dio indicios de que mi nombre le pareciera extra&#241;o en absoluto.


&#191;Caf&#233;? &#191;Un refresco? &#191;Zumo de naranja? -le ofrec&#237;.

&#191;Tienes cerveza? -propuso a su vez.

Tengo vino.

Est&#225; bien. No suelo beber a estas horas, pero si algo invita a hacerlo es moverse.

Sinti&#233;ndome algo traviesa por tomar alcohol antes de las cinco, llen&#233; dos copas y me reun&#237; con &#233;l en el sal&#243;n. Me sent&#233; en el mismo sill&#243;n que ocup&#233; durante la visita matutina de Arthur y me sent&#237; terriblemente femenina y poderosa al recibir a dos hombres en casa el mismo d&#237;a.

Al igual que Arthur, Robin qued&#243; impresionado con la estancia.

Espero que mi sal&#243;n est&#233; la mitad de bien cuando termine de desembalar. Soy un desastre con la decoraci&#243;n.

Mi amiga Amina habr&#237;a dicho lo mismo de m&#237;.

&#191;Ya lo tienes todo? -pregunt&#233; cort&#233;smente.

Mont&#233; la cama mientras los de la mudanza descargaban el resto del cami&#243;n y ya he colgado mi ropa en el armario. Al menos ten&#237;a una silla que ofrecer al detective cuando me visit&#243; esta ma&#241;ana. La metieron en casa a la vez que lo recib&#237;a.

&#191;Arthur Smith? -Estaba sorprendida. No me hab&#237;a dicho que fuese a entrevistarse con Robin despu&#233;s de verme a m&#237;. Hab&#237;a cerrado la puerta dando por hecho que se montar&#237;a en su coche y se marchar&#237;a. Debi&#243; de salir de casa de Robin antes de que me pusiese a espiarlo por la ventana.

S&#237;, me pregunt&#243; sobre c&#243;mo acab&#233; asistiendo a la reuni&#243;n del club.

&#191;Y c&#243;mo supiste de ella? -le interrump&#237; por pura curiosidad.

Bueno -dijo, sonroj&#225;ndose-, cuando fui a la empresa de servicios p&#250;blicos, me puse a hablar con Lizanne, y cuando ella supo que me gustan las novelas de misterio, se acord&#243; del club. Es evidente que se lo comentaste alguna vez. -No pens&#233; que Lizanne me estuviese escuchando. Ten&#237;a el mismo aspecto de siempre: aburrida-. As&#237; que Lizanne llam&#243; a John Queensland, que se&#241;al&#243; que Real Murders era una reuni&#243;n abierta a los visitantes, por lo que le ped&#237;

Era solo por curiosidad -dije con naturalidad.

Ese sargento Burns es un tipo un poco sombr&#237;o -indic&#243; Robin, pensativo-. Y el detective Smith no es un tipo ligero.

Ni siquiera conoc&#237;as a Mamie; es imposible que sospechen de ti.

Bueno, supongo que podr&#237;a haberla conocido antes, pero no fue as&#237; y creo que Burns lo cree. Pero apuesto lo que sea a que lo comprobar&#225;. No me gustar&#237;a tenerlo enfrente en un juicio.

Mamie no habr&#237;a llegado antes de las siete -dije despu&#233;s de meditarlo-. Y yo no tengo coartada entre las siete y las siete y media. Ella ten&#237;a que reunirse con el presidente del Centro de Veteranos all&#237; mismo para que le diese la llave. Seg&#250;n tengo entendido, despu&#233;s de cada reuni&#243;n deb&#237;a pasarse por su casa para devolv&#233;rsela.

No. Ayer fue directamente a su casa para coger la llave. Dijo que ten&#237;a que llegar antes, que hab&#237;a quedado en el centro con alguien antes de la reuni&#243;n.

&#191;C&#243;mo sab&#237;as eso? -Me sent&#237;a anhelante a la vez que indignada.

El detective me pidi&#243; utilizar el tel&#233;fono para llamar a la comisar&#237;a y lo he deducido al escuchar su parte de la conversaci&#243;n -explic&#243; con franqueza. Aj&#225;, otro curioso por naturaleza.

Oh, vaya -dije lentamente mientras segu&#237;a d&#225;ndole vueltas-. Quienquiera que la matase tuvo mucho tiempo para prepararlo todo. De alguna manera se las arregl&#243; para que llegase antes y as&#237; tener todo el tiempo del mundo para matarla, prepararla y limpiarlo todo. -Apur&#233; la copa y me estremec&#237;.

H&#225;blame de los dem&#225;s socios del club -se apresur&#243; a decir Robin. Decid&#237; que esa pregunta era la verdadera raz&#243;n de su visita. Me sent&#237; decepcionada, pero filos&#243;fica.

Jane Engle, la se&#241;ora mayor de pelo blanco -empec&#233;-, est&#225; jubilada, pero trabaja de vez en cuando como sustituta en la escuela o en la biblioteca. Es experta en asesinatos de la &#233;poca victoriana. -Segu&#237; enumerando la lista con los dedos: Gifford Doakes, Melanie Clark, Bankston Waites, John Queensland, LeMaster Cane, Arthur Smith, Mamie y Gerald Wright, Perry Allison, Sally Allison y Benjamin Greer-. Pero Perry solo hace acto de presencia -expliqu&#233;-. Supongo que no podemos considerarlo un socio.

Robin asinti&#243; y su pelo rojo cay&#243; sobre sus ojos. Se lo apart&#243;, ausente.

Esa concentraci&#243;n y el gesto desenfadado desencadenaron algo en mi interior.

&#191;Y qu&#233; hay de ti? -me pregunt&#243;-. Hazme una peque&#241;a biograf&#237;a.

No hay mucho que decir. Fui al instituto aqu&#237;, luego a una peque&#241;a universidad privada, hice los estudios de licenciatura que inclu&#237;an trabajo en la biblioteca y, al volver a casa, encontr&#233; trabajo en la biblioteca local.

Robin parec&#237;a desconcertado.

Vale, nunca se me pas&#243; por la cabeza no volver -dije al cabo de un momento-. &#191;Qu&#233; me dices de ti?

Oh, yo voy a impartir un curso en la universidad. El escritor que hab&#237;an contratado ha sufrido un infarto &#191;Sueles hacer cosas impulsivamente? -me pregunt&#243; de repente.

Uno de los mayores impulsos que hab&#237;a sentido en mi vida tiraba de m&#237; para que dejase la copa, fuese hacia Robin Crusoe, un escritor que apenas conoc&#237;a de varias horas, me sentase en su regazo y lo besase hasta el desmayo.

Casi nunca -dije con pesar-. &#191;Por qu&#233;?

&#191;Nunca has experimentado?

El timbre de la puerta son&#243; dos veces.

Disculpa -rogu&#233; con m&#225;s pesar si cabe y me dirig&#237; hacia la puerta delantera.

El se&#241;or Windham, mi cartero, me entreg&#243; un paquete envuelto en papel marr&#243;n.

No cab&#237;a en el buz&#243;n -explic&#243;.

Ech&#233; un vistazo a la etiqueta.

Oh, no es para m&#237;, es para mi madre -dije, desconcertada.

S&#237;, pero tenemos que entregarlo en la direcci&#243;n que pone, por eso lo traigo aqu&#237; -respondi&#243; el se&#241;or Windham con raz&#243;n.

Por supuesto, ten&#237;a raz&#243;n: la direcci&#243;n del paquete era la m&#237;a. La direcci&#243;n del remitente era la de mi padre, en la ciudad. La propia etiqueta estaba escrita a m&#225;quina, algo muy t&#237;pico de mi padre. Se ha comprado una nueva m&#225;quina de escribir, pens&#233; sorprendida. Su vieja Smith-Corona siempre fue la &#250;nica que hab&#237;a usado. A lo mejor la hab&#237;a escrito en el despacho y all&#237; ten&#237;a una m&#225;quina. Entonces ca&#237; en la fecha.

&#191;Seis d&#237;as? -dije, incr&#233;dula-. &#191;Han hecho falta seis d&#237;as para que esto viaje cincuenta kil&#243;metros?

El se&#241;or Windham se encogi&#243; de hombros a la defensiva.

Mi padre no hab&#237;a mencionado nada de un paquete. Tras cerrar la puerta, pens&#233; que mi padre no le hab&#237;a mandado ning&#250;n paquete a mi madre, que yo recordara, especialmente desde el divorcio. Me devoraba la curiosidad. Hice una parada en el tel&#233;fono de la cocina de camino al patio. Mi madre estaba en su despacho y me dijo que se pasar&#237;a de camino a ense&#241;ar una casa. Estaba tan desconcertada como yo, y detest&#233; o&#237;r ese tonillo de emoci&#243;n en su voz.

Robin parec&#237;a adormilarse en su sill&#243;n, as&#237; que retir&#233; en silencio las copas de vino para lavarlas antes de que mi madre llegara. Lo que menos necesitaba era ver c&#243;mo me arqueaba las cejas. En realidad me alegraba tener un descanso. Hab&#237;a estado a punto de hacer algo radical, y casi tan divertido resultaba pensar en lo cerca que hab&#237;a estado como imaginar lo que habr&#237;a sido de (quiz&#225;) hacerlo realmente.

Cuando mi madre atraves&#243; la verja, Robin se despert&#243; (si es que hab&#237;a estado durmiendo de verdad) y los present&#233;.

Robin mantuvo la cordialidad, estrech&#243; la mano como era debido y admir&#243; a mi madre como si ella estuviese acostumbrada a que la admirasen, desde su pelo perfectamente enlacado hasta sus alargadas y delgadas piernas. Mi madre vest&#237;a uno de sus trajes m&#225;s caros, en este caso de color champ&#225;n, y parec&#237;a toda una experta en ventas. Y realmente lo era en m&#225;s de una ocasi&#243;n.

Es agradable volver a verlo, se&#241;or Crusoe -dijo con su voz m&#225;s fornida-. Lamento que su primera noche en nuestra peque&#241;a ciudad haya sido tan desagradable. Lo cierto es que Lawrenceton es un lugar encantador, y estoy segura de que no lamentar&#225; haber cambiado la gran ciudad por esto.

Le entregu&#233; la caja. Ella lanz&#243; una inequ&#237;voca mirada al remite y se puso a arrancar el envoltorio mientras manten&#237;a una conversaci&#243;n desenfadada con Robin.

&#161;Mrs. Sees! -exclamamos mi madre y yo al un&#237;sono al ver la caja blanca y negra.

&#191;Bombones? -aventur&#243; Robin, inseguro. Tom&#243; asiento cuando lo hice yo.

Y muy buenos -ratific&#243; mi madre, feliz-. Los venden en el oeste y el medio oeste, pero aqu&#237; no se encuentran. Ten&#237;a una prima en San Luis que me sol&#237;a mandar una caja por Navidad, pero muri&#243; el a&#241;o pasado. &#161;Roe y yo cre&#237;amos que no volver&#237;amos a ver una caja de Mrs. Sees!

&#161;Yo quiero los de chocolate y almendra! -le record&#233; a mi madre.

Son tuyos -me asegur&#243;-. Ya sabes que solo me gustan los de crema Hmm. Ninguna nota. Qu&#233; raro.

Imagino que pap&#225; record&#243; cu&#225;nto te gustan -supuse, aunque el argumento era muy endeble. De alguna manera, el gesto no era nada t&#237;pico de mi padre; parec&#237;a m&#225;s bien un regalo impulsivo, ya que a&#250;n quedaban varios meses para el cumplea&#241;os de mi madre y de todos modos no le hac&#237;a ning&#250;n regalo por ese motivo desde el divorcio. Un impulso muy agradable. Pero, como mi padre no hac&#237;a nada a impulsos, adopt&#233; una honesta cautela.

Mi madre le ofreci&#243; la caja a Robin, quien mene&#243; la cabeza. Ella se sent&#243; para dedicarse a la deliciosa tarea de escoger su primera pieza de Mrs. Sees. Era uno de nuestros peque&#241;os rituales navide&#241;os favoritos y el clima primaveral enseguida se nos antoj&#243; extra&#241;o.

Ha pasado tanto tiempo -musit&#243;. Finalmente suspir&#243; y se decidi&#243; por uno-. Aurora, &#191;no es este uno de los que van rellenos de caramelo?

Observ&#233; el bomb&#243;n en cuesti&#243;n. Me sent&#233; a la vez que mi madre se levantaba, de modo que pude ver lo que a ella se le hab&#237;a escapado. Hab&#237;a un agujero en la base del bomb&#243;n.

&#191;Ser&#237;a un golpe en el env&#237;o?

De repente, me inclin&#233; hacia delante y saqu&#233; otro bomb&#243;n de su envoltorio de papel. Era de nuez y estaba perfecto. Lanc&#233; un suspiro de alivio. Por si acaso, saqu&#233; otro relleno de crema. Ese tambi&#233;n ten&#237;a un agujero en la base.

Mam&#225;, deja el bomb&#243;n.

&#191;Era el que quer&#237;as? -me pregunt&#243; con las cejas arqueadas.

Que lo dejes.

Me hizo caso, pero no sin adoptar una mirada enfadada.

Algo no encaja, mam&#225;. Robin, mira. -Volqu&#233; el bomb&#243;n que hab&#237;a dejado con el dedo.

Robin levant&#243; el trozo de chocolate delicadamente con sus largos dedos y observ&#243; el fondo. Lo dej&#243; y repiti&#243; el proceso con unos cuantos m&#225;s. Mi madre estaba malhumorada y asustada.

Esto es rid&#237;culo -dijo.

No lo creo, se&#241;ora Teagarden -repuso Robin finalmente-. Creo que alguien ha intentado envenenarla, y a Roe tambi&#233;n.





Cap&#237;tulo 6

Arthur vino a casa por motivos oficiales una segunda vez, y esta vez se trajo a otra detective, o quiz&#225; fue ella quien lo trajo a &#233;l consigo. Lynn Liggett era una detective de homicidios, y tan alta como Arthur, o sea que bastante m&#225;s que la media femenina.

No puedo decir que me entrara el miedo justo entonces. Lo que me confund&#237;a era la etiqueta del remitente haci&#233;ndose pasar por mi padre; estaba indignada porque alguien hubiera intentado enga&#241;arnos para que nos comi&#233;semos algo nocivo, pero estaba convencida de que, con la dificultad que entra&#241;aba hacerse con un veneno, lo que hab&#237;an metido en los bombones nos habr&#237;a hecho pasar un mal rato, lejos de matarnos a mi madre y a m&#237;.

Arthur parec&#237;a bastante fastidiado por todo el asunto y fue Lynn Liggett quien hizo las preguntas. Y m&#225;s preguntas. Pod&#237;a ver el alfiler de la solapa de mi madre moverse al ritmo de su respiraci&#243;n agitada. Cuando la detective Liggett meti&#243; la caja de bombones en una bolsa y se la llev&#243; en el coche de Arthur, mam&#225; se dirigi&#243; a m&#237; en un susurro furioso:

&#161;Act&#250;a como si los dem&#225;s no tuvi&#233;semos una vida decente!

No nos conoce, mam&#225; -dije en tono conciliador, aunque, a decir verdad, yo tambi&#233;n estaba un poco molesta con la detective Liggett. Preguntas como &#191;Ha finalizado recientemente alguna relaci&#243;n con alguien que le podr&#237;a guardar rencor, se&#241;ora Teagarden? o Se&#241;orita Teagarden, &#191;desde cu&#225;ndo conoce al se&#241;or Crusoe? tampoco me hab&#237;an dejado un buen sabor de boca. Jam&#225;s hab&#237;a entendido por qu&#233; los ciudadanos decentes no colaboran con la polic&#237;a; a fin de cuentas es su trabajo, no te conocen personalmente, deben tratar a todos los ciudadanos por igual y todo lo dem&#225;s, &#191;no?

Ahora lo comprend&#237;a. Jack Burns mir&#225;ndome como si fuese un barbo que llevase un d&#237;a muerto era una cosa, un incidente aislado, quiz&#225;. Tuve ganas de decirle: Liggett, las relaciones rom&#225;nticas no tienen nada que ver con esto. &#161;Hay un man&#237;aco que le ha mandado el veneno a mi madre y me ha metido a m&#237; en ello enviando la caja a mi direcci&#243;n!, pero sab&#237;a que estaba obligada a formularnos esas preguntas y yo deb&#237;a responderlas. Pero aun as&#237; no me gustaban un pelo.

Quiz&#225; no me habr&#237;a molestado tanto si Lynn Liggett no hubiese sido una mujer.

No es que crea que las mujeres no pueden desempe&#241;ar las labores de detective, sin duda cre&#237;a todo lo contrario y sab&#237;a que muchas de las que conozco ser&#237;an excelentes profesionales del oficio; deber&#237;ais ver la mirada de algunas de mis compa&#241;eras bibliotecarias cuando siguen el rastro de un libro que no se ha devuelto dentro del plazo, no es broma.

Pero Lynn Liggett parec&#237;a estar evalu&#225;ndome como mujer, como si percibiera en m&#237; un fallo de base. Me mir&#243; desde arriba y me encontr&#243; mucho m&#225;s baja. Supuse que, como la altura le debi&#243; de dar m&#225;s de un quebradero de cabeza a la detective Liggett, asumi&#243; autom&#225;ticamente que yo me sent&#237;a superior como mujer al ser m&#225;s baja y, por lo tanto, femenina. Como no pod&#237;a competir conmigo en ese terreno, la detective decidi&#243; ser m&#225;s dura, m&#225;s suspicaz, una fr&#237;a profesional. Una fuerte mujer fronteriza en contraste conmigo, la excesivamente emotiva, in&#250;til y d&#233;bil mujer florero del este.

S&#233; mucho de interpretaci&#243;n, y no le dej&#233; echarme ese toro encima. Me sent&#237; tentada de sacar un pa&#241;uelo de encaje (si tuviese algo tan in&#250;til) y decir: &#161;Arthur! &#161;Pobre de m&#237;, que estoy muerta de miedo!. Porque sab&#237;a que todo eso ten&#237;a m&#225;s que ver con Arthur que conmigo.

Yendo al grano, la detective de homicidios Liggett beb&#237;a las aguas por el detective de allanamientos Smith y, tal como ella lo ve&#237;a, su compa&#241;ero las beb&#237;a por m&#237;.

Me llev&#243; un buen rato racionalizar lo que sent&#237; en cuesti&#243;n de minutos. Lynn Liggett me decepcion&#243; porque me habr&#237;a gustado entablar amistad con ella y escuchar las historias de su trabajo. Ojal&#225; fuese una detective m&#225;s sutil de lo que lo era como mujer. Y no me quedaba m&#225;s remedio que responder a las condenadas preguntas, a pesar de que sab&#237;a, al igual que mi madre e intuyo que el propio Arthur, que eran una completa p&#233;rdida de tiempo.

Robin estuvo all&#237; todo el tiempo, si bien su presencia no era estrictamente necesaria desde el momento que relat&#243; su sencilla historia a los detectives.

Me encontr&#233; con Roe Teagarden en la tienda de comestibles y le pregunt&#233; si pod&#237;a venir a su casa para relajarme del ajetreo de la m&#237;a. Cuando llegaron los bombones, parec&#237;a bastante sorprendida, s&#237;. Tambi&#233;n vi el agujero en la base del bomb&#243;n cuando la se&#241;ora Teagarden lo sostuvo. No, no conoc&#237;a a Roe Teagarden o a su madre hasta hace un par de d&#237;as. Me entrevist&#233; brevemente con la se&#241;ora Teagarden cuando fui a su agencia inmobiliaria para acordar una cita para visitar la casa de al lado, y no conoc&#237; a Roe hasta la reuni&#243;n de Real Murders, anoche.

&#191;Y desde cu&#225;ndo est&#225; aqu&#237;? -pregunt&#243; Arthur tranquilamente. Estaba en la cocina hablando con Robin mientras que la detective Liggett nos interrogaba a mi madre y a m&#237;. Las dos est&#225;bamos sentadas en el canap&#233; y la detective, encorvada sobre el sof&#225; de dos plazas.

Apenas hora y media -dijo Robin con cierta retranca.

La voz de Arthur no proyectaba ninguna alusi&#243;n (Liggett hizo peor los deberes), pero yo ten&#237;a claro que all&#237; cada cual segu&#237;a su propia agenda, a excepci&#243;n posiblemente de mi madre. No era ninguna tonta cuando el elemento sexual saltaba al aire y, de hecho, en un momento dado me lanz&#243; una de sus miradas deslumbrantes. Y se la podr&#237;a haber ahorrado, ya que, al parecer, Liggett la intercept&#243; y se debi&#243; de ver reflejada en ella.

Mi madre se incorpor&#243;, cogi&#243; su bolso y dio por terminada la entrevista.

Mi hija y yo estamos bien, y en la vida ser&#237;a capaz de concebir que mi exmarido nos haya mandado estos bombones o que siquiera tuviese la remota intenci&#243;n de hacernos da&#241;o -explic&#243; con contundencia-. Adora a Aurora y mantengo con &#233;l una relaci&#243;n civilizada. Nuestras peque&#241;as costumbres familiares no son ning&#250;n secreto. No creo que nuestra t&#237;pica caja navide&#241;a de bombones haya pasado desapercibida. Es probable que haya aburrido a m&#225;s de una persona cont&#225;ndole la misma historia. Por supuesto, nos interesar&#225; saber qu&#233; es lo que contienen los bombones cuando lo averig&#252;en, si es que en realidad hay algo. Los agujeros quiz&#225; solo sean para asustarnos y esto sea una broma de mal gusto. Gracias por venir, pero tengo que volver a la oficina. -Yo tambi&#233;n me levant&#233; y Lynn Liggett se sinti&#243; obligada a acompa&#241;arnos hasta la puerta.

Mi madre fue la primera en meterse en su coche, mientras que Arthur y Lynn conversaban en el patio. Robin se sent&#237;a claramente indeciso sobre qu&#233; hacer. La exhibici&#243;n de desaf&#237;o masculino, por muy impl&#237;cita que fuese, lo hab&#237;a pillado por sorpresa, y permanec&#237;a junto a la estufa, los ojos entrecerrados, proyectando una mirada perdida. Probablemente se estuviera preguntando en qu&#233; se hab&#237;a metido y si la investigaci&#243;n criminal ser&#237;a tan divertida como se hab&#237;a imaginado.

De repente me sent&#237; asqueada por todos ellos. Puede que nunca hubiese sido la sensaci&#243;n de mis citas porque era una persona aburrida, pero era m&#225;s probable que fuera porque ten&#237;a muy poca tolerancia por todas esas maniobras preliminares e interpretaci&#243;n de se&#241;ales. Mi amiga Amina Day disfrutaba con todas esas cosas y era pr&#225;cticamente una profesional. De repente la echaba de menos desesperadamente.

Ven a comer conmigo a la ciudad el lunes -sugiri&#243; Robin tras llegar a una especie de conclusi&#243;n interior.

Medit&#233; por un instante.

Vale -acced&#237;-. Sustitu&#237; a una compa&#241;era cuando tuvo que llevar a su hijo al dentista la semana pasada, as&#237; que el lunes no entro hasta las dos.

&#191;Conoces el campus universitario? Oh, claro, estudiaste all&#237;. Bien, pues podemos vernos en Tarkington Hall, el edificio de Ingl&#233;s. Terminar&#233; un taller de escritores a eso de las doce menos cuarto. Est&#225; en la segunda planta, aula treinta y seis. Saldremos desde all&#237;, si te parece bien.

Me parece bien. Nos veremos entonces.

Si necesitas cualquier cosa, ma&#241;ana pasar&#233; el d&#237;a en casa preparando las clases.

Gracias.

El tel&#233;fono son&#243; dentro y fui a responder mientras Robin atravesaba la puerta a paso lento, saludando con una mano despreocupada a los dos detectives. Una agitada voz masculina preguntaba por Arthur y yo lo llam&#233;. Lynn Liggett hab&#237;a recuperado su fr&#237;a compostura, y cuando grit&#233; &#161;Arthur! &#161;Tel&#233;fono!, su boca apenas se torci&#243; un poco. Huy, tonta de m&#237;. Ten&#237;a que haberme dirigido a &#233;l como detective Smith.

Me puse a regar mis rosales mientras Arthur hablaba dentro de la casa. Lynn me miraba pensativa. El silencio que reinaba entre las dos era bastante fr&#225;gil y pens&#233; que mantener una conversaci&#243;n sin trascendencia no era la mejor idea, si bien lo intent&#233;.

&#191;Cu&#225;nto tiempo llevas de servicio aqu&#237;? -pregunt&#233;.

Unos tres a&#241;os. Me destinaron como oficial de patrulla y luego me ascendieron.

A lo mejor la detective Liggett y yo habr&#237;amos acabado siendo &#237;ntimas al cabo del rato, pero en ese momento Arthur sali&#243; al patio con paso acelerado.

Han encontrado el bolso -dijo a su compa&#241;era.

&#191;En serio? &#191;D&#243;nde?

Metido bajo el asiento delantero de un coche.

&#161;Pero di cu&#225;l!, casi exclam&#233; presa de la indignaci&#243;n.

Pero, como era de esperar, Arthur no lo revel&#243;. Los dos agentes salieron por la puerta sin decirme una palabra. Y he de conceder a Lynn Liggett que estaba demasiado implicada en su trabajo como para volverse y lanzarme una mirada triunfal.


Para mantener las manos ocupadas mientras la mente volaba libre, continu&#233; la remodelaci&#243;n de un viejo cofre de madera de dos cajones que llevaba meses en mi cuarto de invitados a la espera de un momento como ese. Tras pelearme con &#233;l para bajarlo por las escaleras y disponerlo en el patio, la actividad result&#243; ser lo que necesitaba.

Por supuesto que no dej&#233; de pensar en el incidente de los bombones, pregunt&#225;ndome si la polic&#237;a ya se habr&#237;a puesto en contacto con mi padre. Era incapaz de imaginar qu&#233; pensar&#237;a de todo ese asunto. Mientras me frotaba las manos en la pila de la cocina una vez acabado el trabajo, aflor&#243; en mi mente una nueva idea, una que deb&#237;a haber surgido antes. &#191;Ser&#237;a el env&#237;o de los bombones a mi madre la imitaci&#243;n de otro crimen? Fui a la estanter&#237;a y me puse a consultar todos mis libros de asesinatos reales. No encontr&#233; nada, as&#237; que el intento no imitaba ninguno de los asesinatos m&#225;s c&#233;lebres registrados. Jane Engle, mi compa&#241;era de la biblioteca, contaba con una colecci&#243;n literaria m&#225;s importante que la m&#237;a, as&#237; que le llam&#233; para contarle mi ocurrencia.

Me suena de algo, es un asesinato que tuvo lugar en Estados Unidos, seg&#250;n creo recordar -dijo Jane, interesada-. &#191;No es extra&#241;o, Roe? &#191;Imaginabas que algo as&#237; pudiera darse en Lawrenceton? &#191;A nosotros? Porque empiezo a pensar que esto est&#225; pensado para nosotros, los socios de nuestro peque&#241;o club. &#191;Has o&#237;do que encontraron el bolso de Mamie en el coche de Melanie Clark?

&#161;Melanie! &#161;Oh, no me lo puedo creer!

Puede que ahora la polic&#237;a se lo est&#233; tomando en serio, pero, Roe, t&#250; y yo sabemos que es rid&#237;culo. Quiero decir, Melanie Clark. Es una distracci&#243;n.

&#191;Eh?

Matan a uno de los socios del club y usan a otro para distraer con respecto al verdadero culpable.

&#191;Crees que quien matase a Mamie se llev&#243; el bolso y lo dej&#243; deliberadamente bajo el asiento del coche de Melanie? -dije lentamente.

Por supuesto. -Pod&#237;a imaginar a Jane de pie, en su diminuta casa llena de los muebles de su madre, su mo&#241;o plateado brillando en medio de estanter&#237;as de libros repletos de muertes escabrosas.

Pero quiz&#225; Melanie y Gerald Wright ten&#237;an algo entre ellos -protest&#233; d&#233;bilmente-. Puede que Melanie lo haya hecho de verdad.

Aurora, ya sabes que est&#225; como loca por Bankston Waites. La peque&#241;a casa que tiene alquilada est&#225; justo al final de mi calle y no he podido evitar percatarme de que el coche de &#233;l siempre est&#225; aparcado delante. -Jane tuvo el tacto de no mencionar si eso inclu&#237;a pasar la noche.

El coche de ella tambi&#233;n pasa mucho tiempo aqu&#237; -admit&#237;.

Entonces -dijo Jane de modo convincente- estoy segura de que el asunto de los bombones es otra reedici&#243;n de un crimen cl&#225;sico, &#161;y apuesto a que la polic&#237;a encontrar&#225; el veneno en la cocina de otro de los socios del club!

Es posible -argument&#233; lentamente-. Entonces ninguno de nosotros est&#225; a salvo.

No -contest&#243; Jane-. La verdad es que no.

&#191;Qui&#233;n podr&#237;a tenernos tanta man&#237;a?

Querida, no tengo la menor idea. Pero puedes estar segura de que le dar&#233; vueltas, y ahora mismo voy a buscar un caso que se parezca al tuyo.

Gracias, Jane -dije, y colgu&#233; sin poder dejar de pensar en mis circunstancias.

No ten&#237;a nada especial que hacer esa noche, como ven&#237;an siendo mis s&#225;bados por la noche de los &#250;ltimos dos a&#241;os. Justo despu&#233;s de mi habitual banquete semanal de pizza y ensalada, record&#233; que quer&#237;a llamar a Amina a Houston.

Milagrosamente, di con ella. Amina no estaba en casa un s&#225;bado por la noche desde hac&#237;a doce a&#241;os, pero pensaba salir m&#225;s tarde, seg&#250;n me dijo despu&#233;s. Su cita era con un director de departamento de una tienda que trabajaba hasta tarde los s&#225;bados.

&#191;Qu&#233; tal por Houston? -pregunt&#233;, melanc&#243;lica.

&#161;Genial! &#161;Siempre hay algo que hacer! Todos los compa&#241;eros de mi trabajo son muy simp&#225;ticos. -Amina era secretaria judicial de primera.

La gente casi siempre se mostraba amistosa con Amina. Era una chica delgada, con la cara llena de pecas, y muy extrovertida, casi de mi edad. Hab&#237;amos crecido juntas, fuimos a la universidad juntas y a&#250;n nos consider&#225;bamos muy buenas amigas. Amina se hab&#237;a casado y divorciado infantilmente, la &#250;nica interrupci&#243;n en su dilatada carrera de flirteos. No era exactamente guapa, pero s&#237; irresistible; era risue&#241;a, puro nervio en las conversaciones, y nunca se le escapaba la posibilidad de meterse en una. Ten&#237;a un gran talento para disfrutar de la vida y maximizar cada recurso innato o adquirido (no era precisamente rubia natural). De repente pens&#233; que ten&#237;a que haber sido la hija de mi madre.

Cuando Amina termin&#243; de contarme c&#243;mo le iba en el trabajo, le lanc&#233; la bomba.

&#191;Que encontraste un cad&#225;ver? &#161;Qu&#233; asco! &#191;De qui&#233;n? -grit&#243; Amina-. &#191;Est&#225;s bien? &#191;Est&#225;s teniendo pesadillas? &#191;Los bombones estaban realmente envenenados?

Como era mi mejor amiga, le dije la verdad:

No s&#233; si el chocolate estaba envenenado. S&#237;, estoy teniendo pesadillas, pero, al mismo tiempo, todo esto me parece algo muy emocionante.

&#191;Crees que est&#225;s a salvo? -me pregunt&#243; con ansiedad-. &#191;Quieres venir y quedarte conmigo hasta que termine todo? &#161;No puedo creer que te est&#233; pasando a ti! &#161;Pero si eres un cielo!

Bueno, sea un cielo o no -repuse sombr&#237;a-, est&#225; pasando. Gracias por preguntar, Amina. Cuenta con que vaya a verte pronto, pero de momento tengo que quedarme aqu&#237;. No creo que corra un especial peligro. Supongo que era mi turno, y la cosa sali&#243; bien. -Pas&#233; por alto la especulaci&#243;n con Arthur de que el asesino podr&#237;a seguir matando, as&#237; como la conjetura de Jane Engle de que quiz&#225; todos acabar&#237;amos implicados. Fui directamente al terreno que m&#225;s dominaba Amina.

Tengo un problemilla -empec&#233; diciendo en cuanto tuve toda su atenci&#243;n. Los matices y los detalles entre ambos sexos eran pura rutina para Amina. No hab&#237;a tenido nada que contarle en ese sentido desde nuestros d&#237;as en el instituto. Costaba creer que personas adultas a&#250;n jugaran a ese tipo de juegos.

As&#237; que -dijo mi amiga cuando termin&#233; de hablar- Arthur est&#225; un poco resentido porque ese Robin haya pasado la tarde en tu casa, y Robin intenta decidir si le gustas lo suficiente para mantener el comienzo de vuestra relaci&#243;n a la vista del aire ligeramente posesivo de Arthur. Aunque Arthur todav&#237;a no es due&#241;o de nada, &#191;verdad?

Verdad.

Y todav&#237;a no has tenido una cita con ninguno de estos dos mozos, &#191;verdad?

Verdad.

Pero Robin te ha invitado a almorzar en la ciudad el lunes.

Aj&#225;.

Y se supone que os ten&#233;is que ver en su aula.

S&#237;.

Y Lizanne ha descartado oficialmente a Robin. -Amina y Lizanne siempre hab&#237;an tenido una curiosa relaci&#243;n. Amina funcionaba sobre la personalidad y Lizanne sobre las apariencias, pero las dos hab&#237;an sondeado la poblaci&#243;n masculina de Lawrenceton y las localidades colindantes con una cadencia asombrosa.

Lizanne finalmente me lo ha pasado a m&#237; -le dije a Amina.

No es avara -le concedi&#243; ella-. Si se cansa de ellos, se lo hace saber y luego los deja libres. Bien, si vas a verte con &#233;l en la universidad, eres consciente de que estar&#225; sentado en un aula llena de jovencitas haciendo m&#233;ritos para meterse en la cama de un escritor famoso, &#191;no?

Tiene un atractivo convencional -dije-. Tiene encanto.

&#161;Bueno, pues no te pongas ninguna de esas combinaciones de blusa y falda que siempre llevas al trabajo!

&#191;Y qu&#233; me sugieres? -inquir&#237; fr&#237;amente.

Mira, t&#250; me has llamado para pedirme consejo -me record&#243; Amina-. Est&#225; bien, te lo voy a dar. Has pasado por algo horrible. Nada te har&#225; sentir mejor que ropa nueva, y te la puedes permitir. As&#237; que p&#225;sate por la tienda de mi madre ma&#241;ana, cuando abra, y c&#243;mprate algo nuevo. Quiz&#225; un vestido cl&#225;sico, de estilo r&#250;stico. Ponte unos pendientes discretos, ya que no eres muy alta. Y quiz&#225; alguna cadena de oro. -&#191;Alguna? Tendr&#237;a suerte si encontraba la que mi madre me hab&#237;a regalado por Navidad. Los novios de Amina le regalaban cadenas de oro en cualquier ocasi&#243;n, de todas las longitudes y densidades que pudieran permitirse. Deb&#237;a de tener una veintena-. Eso deber&#237;a bastar para un almuerzo informal en la ciudad -concluy&#243;.

&#191;Crees que me ver&#225; como a una mujer y no como a otra aficionada a los asesinatos?

Si quieres que te vea como a una mujer, no disimules tu deseo por &#233;l.

&#191;Eh?

No digo que te relamas los labios o te pongas a jadear. Mant&#233;n una conversaci&#243;n normal. No caigas en obviedades. Debes hacerlo de forma que no pierdas nada si decide que no est&#225; interesado. -Amina se esforzaba tanto en no perder la compostura que parec&#237;a japonesa.

&#191;Y qu&#233; hago?

Hazte desear. Arr&#233;glatelas para que todo parezca normal, pero intenta concentrarte en la zona que hay debajo de la cintura y encima de las rodillas, &#191;vale? Y emite se&#241;ales. Puedes hacerlo. Es como el ejercicio de Kegel. No puedes ense&#241;ar a nadie c&#243;mo se hace, pero si se lo describes a una mujer, seguro que lo capta.

Lo intentar&#233; -dije dubitativa.

No te preocupes, saldr&#225; natural -me asegur&#243; Amina-. Tengo que dejarte. Est&#225;n llamando al timbre. Ll&#225;mame para decirme c&#243;mo ha ido, &#191;de acuerdo? Lo &#250;nico malo de Houston es que no est&#225;s aqu&#237;.

Te echo de menos -dije.

S&#237;, yo tambi&#233;n, pero tengo que dejarte -contest&#243; ella antes de colgar.

Y, tras un momento de descreimiento, supe que ten&#237;a raz&#243;n. Su partida me hab&#237;a liberado del papel de la mejor amiga de la chica m&#225;s popular, papel que requer&#237;a de m&#237; que no sacase todo mi partido porque ni siquiera as&#237; le pod&#237;a hacer sombra a Amina. Siempre me tocaba el opaco papel de la intelectual.

Estaba sentada sopesando lo que Amina me hab&#237;a dicho cuando son&#243; el tel&#233;fono. Mi mano a&#250;n estaba posada encima del auricular. Di un respingo.

Soy yo otra vez -me avis&#243; Amina apresuradamente-. Escucha, Franklin me est&#225; esperando en el sal&#243;n, pero te he venido a llamar desde el otro tel&#233;fono para decirte otra cosa. &#191;Dijiste que Perry Allison estaba en ese club vuestro? Ten cuidado con Perry. Cuando &#233;ramos compa&#241;eros de universidad, coincidimos en muchos de los cursos de primero. Ten&#237;a unos cambios de humor muy bruscos. Cuando estaba sobreexcitado, me segu&#237;a por todas partes parloteando y luego se me quedaba mirando callado y malhumorado. La universidad acab&#243; llamando a su madre.

Pobre Sally -dije involuntariamente.

Vino y lo meti&#243; en una instituci&#243;n especial, no solo por lo m&#237;o, sino porque se saltaba algunas clases y nadie quer&#237;a compartir habitaci&#243;n con &#233;l por culpa de sus extra&#241;as costumbres.

Algo me dice que est&#225; repitiendo la t&#243;nica, Amina. A&#250;n est&#225; en la biblioteca, pero Sally parece preocupada &#250;ltimamente.

T&#250; no lo pierdas de vista. Nunca le ha hecho da&#241;o a nadie, que yo sepa, pero s&#237; ha puesto nervioso a m&#225;s de uno. Si est&#225; relacionado con el asesinato, &#161;ten mucho cuidado!

Gracias, Amina.

De nada. Hasta luego.

Y volvi&#243; a colgar para pasar un buen rato con Franklin.





Cap&#237;tulo 7

El domingo amaneci&#243; c&#225;lido y lluvioso. Una brisa se col&#243; por las vallas y acarici&#243; mis rosales. No hac&#237;a una ma&#241;ana como para tomar el desayuno en el patio. Fre&#237; beicon y me com&#237; un bollo mientras escuchaba la radio local. Los candidatos a la alcald&#237;a respond&#237;an preguntas en la tertulia matutina. Las elecciones se presentaban m&#225;s interesantes que la habitual victoria f&#225;cil de los dem&#243;cratas, ya que no solo hab&#237;a un candidato republicano con alguna probabilidad, &#161;sino que tambi&#233;n hab&#237;a uno del Partido Comunista! Por supuesto, era la candidatura que estaba dirigiendo el bueno de Benjamin Greer. Pobre miserable de Benjamin si esperaba que la pol&#237;tica, y concretamente el Partido Comunista, fuesen a suponerle la salvaci&#243;n. Por descontado, su candidato, Morrison Pettigrue, era un reci&#233;n llegado, uno de los que hab&#237;an huido de la gran ciudad sin querer alejarse demasiado de ella.

Al menos ser&#237;an unas elecciones que unificar&#237;an Lawrenceton. Ninguno de los candidatos era negro, lo que siempre resultaba en una campa&#241;a tensa y dividida. El republicano y el dem&#243;crata atravesaban por uno de los momentos m&#225;s importantes de sus vidas, lanzando respuestas cuerdas y sobrias a preguntas banales, y disfrutando en cierta medida de las feroces respuestas de Pettigrue, que a veces rayaban con la irracionalidad.

Pobrecillo, pens&#233; con tristeza; no solo es comunista, sino tambi&#233;n desagradable. Me molest&#233; en mirar los carteles electorales de Pettigrue de regreso de la tienda de alimentaci&#243;n el d&#237;a anterior. No dec&#237;an nada de ning&#250;n Partido Comunista. Solo ped&#237;an la elecci&#243;n para Morrison Pettigrue, la opci&#243;n popular para la alcald&#237;a, mostr&#225;ndolo como un tipo moreno de gesto hosco que evidentemente hab&#237;a sufrido de un acn&#233; galopante.

Escuch&#233; mientras tomaba mi desayuno, pero acab&#233; cambiando a una emisora de m&#250;sica country para lavar los platos. Las labores dom&#233;sticas siempre van m&#225;s deprisa cuando puedes cantar sobre beber y enga&#241;ar.

Hac&#237;a una ma&#241;ana tan deliciosa que decid&#237; ir a la iglesia. Lo hac&#237;a a menudo. A veces disfrutaba de ello y me sent&#237;a mejor por hacerlo, pero no sent&#237;a ninguna inclinaci&#243;n religiosa. Iba con la esperanza de desarrollarla, como quien se expone voluntariamente a una enfermedad contagiosa. Alguna vez incluso me puse sombrero y guantes, aunque rayaba con la parodia y ya no era tan f&#225;cil encontrar guantes. Ese d&#237;a no hac&#237;a para ponerse sombrero y guantes; demasiado nublado y lluvioso, y tampoco me sent&#237;a con ganas de escenificar un papel que no era el m&#237;o.

Al acceder al aparcamiento de la iglesia presbiteriana, me pregunt&#233; si ver&#237;a por all&#237; a Melanie Clark, que tambi&#233;n acud&#237;a de vez en cuando. &#191;La habr&#237;an arrestado? Me costaba creer que la impasible Melanie corriese un riesgo serio de ser imputada por el asesinato de Mamie Wright. El &#250;nico m&#243;vil que pod&#237;a atribu&#237;rsele era que tuviese una aventura con Gerald Wright. Alguien, un asesino, me record&#233;, le estaba gastando una horrible broma.

Entr&#233; en el edificio pensando en Dios y en Mamie. Me sent&#237; fatal al pensar en lo que otro ser humano hab&#237;a sido capaz de hacerle a Mamie, pero ten&#237;a que afrontarlo. En vida, la emoci&#243;n que hab&#237;a sentido por ella era de desprecio. Ahora, su alma -y creo que todos tenemos una- estaba ante Dios, como lo estar&#237;a la m&#237;a alg&#250;n d&#237;a. No me sent&#237;a con fuerzas para tales consideraciones, as&#237; que las enterr&#233;, no demasiado hondo, para rescatarlas cuando me sintiese menos vulnerable.


Sal&#237; de la iglesia conversando con la mayor&#237;a de la congregaci&#243;n por el camino. Todo lo que se comentaba era sobre Melanie y su apuro. Lo &#250;ltimo que se sab&#237;a era que Melanie hab&#237;a tenido que pasar un buen rato en la comisar&#237;a, pero, gracias a la vehemente cuenta que hab&#237;a dado Bankston Waites de cada uno de sus movimientos en la noche del asesinato, se le hab&#237;a permitido volver a casa, exonerada (o eso se pensaba).

La propia Melanie era hu&#233;rfana, pero la madre de Bankston era presbiteriana. Ese d&#237;a, por supuesto, era el centro de atenci&#243;n de un absorto grupo congregado en las escaleras de la iglesia. La se&#241;ora Waites ten&#237;a el pelo tan rubio y los ojos tan azules como su hijo, y generalmente era igual de flem&#225;tica que &#233;l. Pero ese domingo era una mujer enfadada, y le importaba bien poco qui&#233;n pudiera percatarse de ello. Estaba indignada con la polic&#237;a por sospechar de la dulce Melanie por un solo instante. &#161;Si esa pobre muchacha no era capaz de matar una mosca, mucho menos a una mujer! &#161;Y los que hab&#237;an sugerido que las cosas quiz&#225; no iban tan bien entre Melanie y la se&#241;ora Wright! &#161;Pero si ni siquiera una manada de caballos salvajes ser&#237;a capaz de separar a Melanie de Bankston! Al menos ese hecho horrible hab&#237;a conseguido que Bankston verbalizase sus pensamientos. &#201;l y Melanie se iban a casar en dos meses. No, no hab&#237;an establecido una fecha, pero lo decidir&#237;an tarde o temprano, y Melanie pensaba ir a Millies Gifts esa misma semana para comprar unos juegos de plata y porcelana.

Era un momento triunfal para la se&#241;ora Waites, que durante a&#241;os hab&#237;a intentado casar a su hijo. Sus otros v&#225;stagos ya estaban colocados, y la aparente voluntad de Bankston de esperar a la llegada de la mujer adecuada en vez de salir a buscarla hab&#237;a llevado a la se&#241;ora Waites al l&#237;mite.

Tendr&#237;a que ir a comprar un tenedor o una ensaladera. Hab&#237;a hecho miles de regalos similares con miles de patrones distintos. Suspir&#233; esforz&#225;ndome por no sentir autocompasi&#243;n mientras conduc&#237;a hacia casa de mi madre. Los domingos siempre almorzaba con ella, a menos que estuviese fuera, en una de las miles de convenciones inmobiliarias a las que sol&#237;a asistir o ense&#241;ando casas.

Mi madre, que rara vez hab&#237;a pasado las ma&#241;anas de los domingos en casa, estaba de buen humor porque hab&#237;a vendido una casa de doscientos mil d&#243;lares el d&#237;a anterior, despu&#233;s de salir de mi apartamento. Pocas mujeres reciben bombones envenenados, son interrogadas por la polic&#237;a y venden propiedades caras en el mismo d&#237;a.

Estoy intentando que John me deje encargarme de la venta de su casa -me dijo por encima del asado.

&#191;Qu&#233;? &#191;Por qu&#233; iba a venderla? Es preciosa.

Su mujer muri&#243; hace ya varios a&#241;os y todos los hijos ya se han ido de casa. Lo que menos necesita es una vivienda tan grande donde deambular -explic&#243; mi madre.

Pues t&#250; te divorciaste hace doce a&#241;os, tu hija se ha ido de casa y tampoco necesitas un sitio tan grande por el que merodear -se&#241;al&#233;. Me preguntaba por qu&#233; mi madre se empe&#241;aba en mantener esa casa con cuatro dormitorios, de dos plantas de ladrillo visto, chimenea y tres cuartos de ba&#241;o en la que hab&#237;a crecido.

Bueno, es posible que John encuentre pronto otro sitio donde vivir -contest&#243; mi madre con un aire demasiado casual-. A lo mejor nos casamos.

&#161;Dios, todo el mundo pasaba por el altar!

Me rearm&#233; como pude y adopt&#233; una actitud de felicidad por la suerte de mi madre. Me las arregl&#233; para decir lo que se suele esperar en casos como ese, con sinceridad, y ella parec&#237;a contenta.

&#191;Qu&#233; demonios les iba a regalar?

Como parece que John no quiere hablar de su implicaci&#243;n en Real Murders ahora mismo -me pidi&#243; mi madre de repente-, &#191;por qu&#233; no me cuentas t&#250; algo de ese club?

John es un experto en Lizzie Borden -le expliqu&#233;-. Si quieres saber cu&#225;les son sus mayores intereses, aparte del golf y de ti, es Lizzie. Deber&#237;as leer A Private Disgrace, de Victoria Lincoln. Es uno de los mejores libros sobre el caso Borden que haya le&#237;do nunca.

Eh, Aurora, &#191;qui&#233;n era Lizzie Borden?

Me qued&#233; con la boca abierta.

Eso es como preguntarle a un aficionado al b&#233;isbol qui&#233;n era Mickey Mantle -dije finalmente-. No sab&#237;a que alguien pudiese no saber qui&#233;n era Lizzie Borden. T&#250; preg&#250;ntaselo a John y te dejar&#225; la oreja frita. Pero le har&#225; ilusi&#243;n que hayas le&#237;do los libros antes.

Mi madre apunt&#243; el t&#237;tulo en su cuadernillo. Iba muy en serio con John Queensland, ten&#237;a muy claro lo del matrimonio. Yo no era capaz de decidir qu&#233; sent&#237;a; solo ten&#237;a claro c&#243;mo deb&#237;a hacerlo. Al menos la interpretaci&#243;n hizo feliz a mi madre.

En serio, Aurora, quiero que me hables del club en general, aunque me gustar&#237;a comentar los intereses particulares de John inteligentemente, por supuesto. Ahora que vosotros dos est&#225;is relacionados con ese horrible asesinato y que a las dos nos han enviado los bombones, quiero conocer el trasfondo de esos asesinatos.

Mam&#225;, no recuerdo cu&#225;ndo se estableci&#243; Real Murders. Har&#225; unos tres a&#241;os, supongo. Hubo una firma de libros en Thy Sting, la tienda de libros de misterio de la ciudad. Todos los que ahora estamos en el club fuimos al evento, que se celebraba a prop&#243;sito de un libro basado en un asesinato aut&#233;ntico. Fue una coincidencia de lo m&#225;s curiosa, todos all&#237; presentes, de Lawrenceton e interesados en las mismas cosas. As&#237; que decidimos llamarnos entre nosotros para organizar alguna cosa en com&#250;n en nuestra propia ciudad. Decidimos celebrar una reuni&#243;n mensual, y el formato fue evolucionando con el tiempo: una lectura y debate sobre un asesinato aut&#233;ntico la mayor&#237;a de las veces y asuntos relacionados, otras. -Me encog&#237; de hombros. Empezaba a cansarme de explicar lo que era Real Murders. Esperaba que mi madre cambiase de tema, como siempre hab&#237;a hecho anteriormente cada vez que intentaba hablar de mi inter&#233;s en el club.

Antes me comentaste que cre&#237;as que el asesinato de Mamie Wright era una imitaci&#243;n de otro real -insisti&#243;, sin embargo-. Y dijiste tambi&#233;n que Jane Engle est&#225; convencida de que los bombones que nos mandaron fueron otra imitaci&#243;n. &#191;Lo est&#225; cotejando?

Asent&#237;.

Corres peligro -dijo mi madre con un hilo de voz-. Quiero que abandones Lawrenceton hasta que pase todo esto. No te salpicar&#225; todo esto, como a la pobre Melanie con todo ese embrollo del bolso escondido en su coche, si est&#225;s fuera de la ciudad.

Eso ser&#237;a genial, mam&#225;, pero da la casualidad de que tengo un trabajo. &#191;Se supone que deber&#237;a ir a mi jefe y decirle que mi madre teme que me pueda pasar algo, y que por ello tengo que salir de la ciudad durante un periodo indefinido? &#191;Que el se&#241;or Clerrick me reserve la plaza?

&#191;Es que no tienes miedo? -me pregunt&#243;, furiosa.

&#161;Claro que s&#237;! &#161;Si hubieses visto de lo que es capaz el asesino, si hubieses visto la cabeza de Mamie Wright, o lo que quedaba de ella, t&#250; tambi&#233;n lo tendr&#237;as! Pero &#161;no puedo irme! &#161;Tengo una vida!

Mi madre no dijo nada, pero su respuesta natural, manifestada por sus incre&#237;bles cejas, era: &#191;Desde cu&#225;ndo?.

Volv&#237; a casa con un plato lleno de sobras para cenar, como de costumbre, y decid&#237; pasar un final de domingo lleno de autocompasi&#243;n. Las tardes de domingo son ideales para eso. Me quit&#233; mi bonito vestido (diga lo que diga Amina, tengo ropa muy bonita y favorecedora) y me puse lo m&#225;s c&#243;modo e informal que encontr&#233;. Me quit&#233; el maquillaje y me revolv&#237; el pelo.

Lo que m&#225;s odiaba era limpiar las ventanas, as&#237; que decid&#237; que era el d&#237;a perfecto para hacerlo. El cielo se hab&#237;a despejado un poco y ya no esperaba que lloviese, as&#237; que me arm&#233; con toda la parafernalia de limpieza de ventanas y me puse con las de abajo, rociando con un producto de limpieza y frotando de mala gana para luego repetir todo el proceso. Llevaba conmigo mi escabel, con el que apenas llegaba a lo m&#225;s alto de los cristales. Cuando estuvieron brillantes, sub&#237; a paso lento las escaleras, pa&#241;o y botella de limpiador en mano, y segu&#237; la tarea en el cuarto de invitados. Desde all&#237; se dominaba el aparcamiento. Ten&#237;a una inmejorable vista de la pareja de ancianos de la casa de al lado, los Crandall, que volv&#237;an de su paseo dominical. Quiz&#225; hab&#237;an ido a comer a casa de alguno de sus hijos casados. Ten&#237;an varios hijos en la ciudad, y recordaba a Teentsy Crandall mencionar que tambi&#233;n ten&#237;an al menos ocho nietos. Teentsy y su marido, Jed, re&#237;an juntos y &#233;l le daba palmadas en el hombro mientras abr&#237;a la verja. Tan pronto como entraron en la casa, el coche azul de Bankston penetr&#243; en su parcela y de &#233;l salieron Bankston y Melanie cogidos de la mano. Hasta para m&#237;, que no era ninguna experta en la materia, me resultaba evidente que no ve&#237;an la hora de cerrar la puerta de casa tras de s&#237;.

Algo inigualable como broche final a una tarde de autocompasi&#243;n. &#191;Cu&#225;les eran mis expectativas inmediatas?, me pregunt&#233; ret&#243;ricamente. Sesenta minutos, y puse a calentar las sobras de asado.

Decid&#237; aceptar el consejo de Amina. Ir&#237;a a la tienda de su madre a las diez de la ma&#241;ana, en cuanto abriese. Con un poco de suerte y mi tarjeta de cr&#233;dito, estar&#237;a lista para mi viaje a la gran ciudad para comer con Robin Crusoe.

Al final decid&#237; que, despu&#233;s de todo, s&#237; que pod&#237;a invertir el resto de la tarde en algo &#250;til. Cog&#237; mi agenda de n&#250;meros y empec&#233; a hacer llamadas.





Cap&#237;tulo 8

A las ocho ya estaban todos all&#237;. Mi casa estaba atestada. Jane, Gerald y Sally ocupaban los mejores asientos, mientras que los dem&#225;s estaban en unas sillas del comedor peque&#241;o o sentados en el suelo, como los tortolitos de Melanie y Bankston. Decid&#237; no llamar a Robin, ya que solo hab&#237;a estado en Real Murders una vez; y qu&#233; vez. LeMaster Cane estaba sentado alejado de los dem&#225;s, no hablaba con nadie y su expresi&#243;n era deliberadamente neutra. Gifford se hab&#237;a tra&#237;do a Reynaldo y los dos estaban hechos un ovillo con la espalda apoyada en la pared irradiando un aire hosco. Gerald a&#250;n parec&#237;a afectado, su rostro redondeado algo tenso. Benjamin Greer intentaba entablar amistad con Perry Allison, que sonre&#237;a abiertamente. Sally procuraba no mirar a su hijo al tiempo que manten&#237;a una conversaci&#243;n espor&#225;dica con Arthur, que mostraba un aspecto agotado. La cabeza p&#225;lida de John estaba inclinada hacia Jane, quien hablaba en voz baja.

Incluso en aquellas circunstancias, me sent&#237; tentada de levantarme y decir: Supongo que os preguntar&#233;is por qu&#233; os he pedido que vinierais, pero me falt&#243; el valor. Adem&#225;s, ellos ya lo sab&#237;an.

Di por hecho que John tomar&#237;a la batuta, ya que era nuestro presidente. Pero se limit&#243; a mirarme con expectaci&#243;n, y me di cuenta de que me correspond&#237;a a m&#237; arrancar la reuni&#243;n.

Amigos -dije en voz alta, y los retazos de conversaciones se extinguieron como si los hubiese cercenado un cuchillo. Hice una pausa, tratando de ordenar las ideas y Gifford pidi&#243;:

Lev&#225;ntate para que todos podamos verte.

Vi que varias cabezas asent&#237;an y le hice caso.

En primer lugar -prosegu&#237;-, quiero expresar a Gerald nuestro p&#233;same y aflicci&#243;n por la p&#233;rdida de Mamie. -Gerald mir&#243; a su alrededor con languidez, acusando recibo de los murmullos de simpat&#237;a con un gesto de la cabeza-. Asimismo -continu&#233;-, creo que tenemos que hablar de lo que nos est&#225; pasando. -Ah&#237; consegu&#237; la plena atenci&#243;n de todos-. Supongo que todos est&#225;is al corriente de los bombones manipulados que nos han mandado a mi madre y a m&#237;. No me atrevo a decir que estuvieran envenenados, porque no me consta, por lo que no s&#233; si la intenci&#243;n era la de matarnos. Pero intuyo que podemos suponerlo. -Pase&#233; la mirada para comprobar si alguien no estaba de acuerdo. Nadie-. Por supuesto, todos sab&#233;is tambi&#233;n que el bolso de Mamie se encontr&#243; en el coche de Melanie.

Melanie agach&#243; la cabeza, avergonzada, ocultando su rostro tras su lisa melena negra. Bankston la rode&#243; con el brazo y la atrajo hacia s&#237;.

Como si ella fuese capaz de tal cosa -dijo, encendido.

Eso lo sabemos todos -afirm&#233;.

Por supuesto -se uni&#243; Jane, indignada.

S&#233; -prosegu&#237; con sumo cuidado- que Sally y Arthur se encuentran en una posici&#243;n muy delicada esta noche. Puede que Sally quiera informar al peri&#243;dico de nuestra reuni&#243;n y Arthur tendr&#225; que contarle a la polic&#237;a que estuvo aqu&#237; y lo que pas&#243;. Lo veo. Pero espero que Sally est&#233; de acuerdo en que lo que tratemos esta noche no sea p&#250;blico.

Todos miraron a Sally, que ech&#243; para atr&#225;s su bronc&#237;nea cabeza y nos respondi&#243; con una sonrisa.

La polic&#237;a no quiere que diga que el asesinato fue una imitaci&#243;n -dijo, exasperada-. Pero todos en Real Murders se lo han contado a alguien de todos modos. Estoy perdiendo el mejor reportaje de mi vida. Y ahora quer&#233;is que no mencione esta noche. Es como pedirle a Arthur que deje de ser poli un par de horas.

&#191;Quiere decir eso que te har&#225;s eco de esta reuni&#243;n? -pregunt&#243; Gifford inesperadamente-. Porque si esto sale a la luz, me largo ahora mismo.

Se qued&#243; mirando a Sally, atus&#225;ndose la cabellera.

Oh, est&#225; bien -dijo Sally. Entrecerr&#243; los ojos mientras recorr&#237;a la habitaci&#243;n con la mirada-. &#161;Pero os advierto que es la &#250;ltima vez que no usar&#233; lo que se diga sobre los asesinatos!

Eso nos dej&#243; a todos mudos por un instante.

&#191;Para qu&#233; nos has convocado, querida? -pregunt&#243; Jane.

Buena pregunta. Me tir&#233; a la piscina.

El asesino probablemente sea uno de nosotros, &#191;no? -dije con nerviosismo.

Nadie movi&#243; un m&#250;sculo. Nadie volvi&#243; la mirada a quien tuviera al lado.

Una presencia all&#237; redobl&#243; su poder envuelta en el silencio. Esa presencia era el miedo, por supuesto. Todos est&#225;bamos asustados, o empez&#225;bamos a estarlo.

Quiz&#225; sea enemigo de alguno de nosotros -dijo Arthur finalmente.

Vale, &#191;qui&#233;n tiene enemigos? -inquir&#237;-. S&#233; que suena ingenuo, pero, por el amor de Dios, tenemos que pensar o seguiremos estando con el agua al cuello hasta que muera otra persona.

Creo que exageras -terci&#243; Melanie. Lo cierto es que sus labios luc&#237;an una sonrisa un poco especial.

&#191;C&#243;mo, Melanie? -pregunt&#243; Perry de repente-. &#191;C&#243;mo podr&#237;a Roe estar exagerando esto? Todos sabemos lo que ha pasado. Est&#225; claro que no hace falta ser un genio para saber que el asesinato de Mamie pretend&#237;a emular el de Julia Wallace. Uno de nosotros est&#225; como una cabra. Y, de tanto leer al respecto, todos sabemos que un asesino psic&#243;tico puede ser inofensivo como una golosina por fuera y un lun&#225;tico por dentro. &#191;Qu&#233; me dec&#237;s de Ted Bundy?

Solo quer&#237;a decir-intent&#243; a&#241;adir Melanie, insegura-. Solo digo que es posible, no lo s&#233;, que alguien que no conozcamos est&#233; haciendo esto, alguien con quien no tengamos relaci&#243;n alguna. Quiz&#225; la presencia de un grupo como el nuestro haya desencadenado esto en alguna mente retorcida.

Y a lo mejor los cerdos vuelan -murmur&#243; Reynaldo, y Gifford se rio.

No era una risa normal, y la presencia empez&#243; a rebotar la estancia como una fuerza ciega, dispuesta a medrar en el primero que se prestase. La gente estaba cada vez m&#225;s nerviosa. Hab&#237;a cometido un error, y no est&#225;bamos consiguiendo nada.

Si alguno de vosotros tiene un enemigo, alguien que sepa de vuestra participaci&#243;n en Real Murders, alguien que quiz&#225; haya le&#237;do vuestras anotaciones del club o vuestros libros, que se haya interesado en lo que estudiamos, ahora es el momento de pensar en esa persona -dije-. Si no podemos dar con alguien con ese perfil, esta es la &#250;ltima reuni&#243;n del club.

Aquello volvi&#243; a sumirlos a todos en un manto de silencio de pura asimilaci&#243;n.

Por supuesto -resopl&#243; Jane Engle-. Este es nuestro fin.

Puede que lo sea literalmente, de m&#225;s de uno, si no se nos ocurre algo -dijo Sally a bocajarro-. Quienquiera que est&#233; detr&#225;s, no se va a detener. &#191;Alguno ve que esto vaya a parar? Ni de lejos. Alguien se lo est&#225; pasando en grande, y apuesto lo que sea a que se encuentra en esta sala.

Tengo cosas mejores que hacer que permanecer en un sitio donde llueven las acusaciones -restall&#243; Benjamin-. Ahora estoy metido en pol&#237;tica, y de todos modos habr&#237;a abandonado el club. Que a nadie se le ocurra intentar matarme, porque le estar&#233; esperando.

Se dirigi&#243; hacia la puerta en medio de un mar de susurros inc&#243;modos y, antes de que la cerrase tras de s&#237;, Gifford coment&#243; claramente:

Nadie se molestar&#237;a en matar a Benjamin. Menudo capullo.

Creo que todos sent&#237;amos algunas variaciones en el tema.

Lo siento -les dije a todos-. Pens&#233; que podr&#237;a lograr algo. Pens&#233; que si est&#225;bamos todos juntos, podr&#237;amos recordar algo que ayudar&#237;a a resolver este horrible crimen.

Todo el mundo empez&#243; a removerse, dispuestos a lidiar con cualquier cosa que pudiese surgir.

John Queensland exhibi&#243; un inesperado sentido del drama.

Queda aplazada la &#250;ltima reuni&#243;n de Real Murders -anunci&#243; formalmente.





Cap&#237;tulo 9

Ten&#237;a un aspecto estupendo. La madre de Amina mene&#243; la cabeza pensativamente cuando le dije que necesitaba algo nuevo que ponerme para almorzar en la ciudad, y que deb&#237;a ser algo que me sirviese tambi&#233;n para ir a trabajar. Eso &#250;ltimo se sal&#237;a del guion que Amina me hab&#237;a dado, pero no era ella quien pagaba la factura. La se&#241;ora Day pas&#243; las apretadas perchas con mano profesional. Su mirada saltaba de las blusas a m&#237; con ojos entornados mientras yo intentaba no parecer tan tonta (o quiz&#225; desesperada) como me sent&#237;a.

Sac&#243; una blusa de color marfil con unos motivos de enredadera verde oscuros que se abr&#237;an paso de abajo arriba, a juego con un lazo del mismo color (A tu edad, querida, no necesitas nada m&#225;s claro, es demasiado juvenil) que anidaba en las ind&#243;mitas ondulaciones de mi pelo con rotunda feminidad. Tambi&#233;n me dio unos pantalones marrones con un cintur&#243;n ancho y pliegues extravagantes, aparte de unos zapatos. Deslic&#233; los pies dentro para llev&#225;rmelos puestos de la tienda. La se&#241;ora Day chasque&#243; la lengua al examinar mi pintura de labios (no era lo bastante oscura), pero me mantuve en mis trece. Odiaba pintarme los labios.

No es que fuese un conjunto espectacular, pero sin duda supon&#237;a todo un cambio en m&#237;. Me sent&#237;a genial, y mientras conduc&#237;a fuera de la ciudad en direcci&#243;n a la interestatal que la rodeaba, estaba bastante convencida de que Robin acabar&#237;a impresionado.

Me sent&#237; menos segura cuando ote&#233; por la puerta de panel acristalado del aula. Tal como predijo Amina, hab&#237;a un mont&#243;n de chicas monas de universidad en el taller de escritura creativa de Robin. Estaba dispuesta a apostar que la aplastante mayor&#237;a escrib&#237;a poes&#237;a relacionada con el hambre en el mundo y relaciones sentimentales con finales tristes. Al menos cinco de ellas no llevaban sujetador. Los cuatro hombres del taller eran de la variedad seria y desaseada. Probablemente lo suyo eran las piezas existenciales. O quiz&#225; poes&#237;as sobre relaciones con finales tristes.

Cuando los dem&#225;s se levantaron para marcharse, dos de las chicas monas se rezagaron para lucir sus encantos ante Robin. Sonre&#237;, pensando en Amina, al entrar en el aula.

Robin crey&#243; que la sonrisa iba por &#233;l y me la devolvi&#243;.

Me alegra que hayas encontrado el aula sin problema -dijo, y las jovencitas (record&#233; que no eran ni&#241;as) se volvieron para mirarme-. Lisa, Kimberly, os presento a Aurora Teagarden. -Oh, vaya, esa no me la esperaba. Robin y sus modales. La morena parec&#237;a incr&#233;dula y la rubia rio disimuladamente antes de poder evitarlo-. &#191;Lista para almorzar? -pregunt&#243; Robin, y las caras de las dos jovencitas se pusieron tensas.

Gracias, Robin.

S&#237;, v&#225;monos -dije audiblemente, sin perder la sonrisa.

Claro. Bueno, nos vemos en clase el mi&#233;rcoles -se&#241;al&#243; Robin a Lisa y Kimberly. Salieron del aula con los brazos llenos de libros y Robin guard&#243; un par de antolog&#237;as en su malet&#237;n-. Perm&#237;teme que deje esto en mi despacho -dijo. El despacho estaba justo al otro lado del pasillo, y estaba repleto de libros y papeles, aunque no eran suyos, seg&#250;n me explic&#243;-. Se supon&#237;a que James Artis iba a dar tres talleres de escritura y una clase de Historia de la Novela de Misterio, pero cuando sufri&#243; un infarto, me recomend&#243; a m&#237;.

&#191;Y por qu&#233; lo aceptaste? -pregunt&#233;. Salimos andando del campus en direcci&#243;n a un restaurante de s&#225;ndwiches y ensaladas justo al final de la calle.

Necesitaba un cambio -explic&#243;-. Estaba cansado de permanecer encerrado en un cuarto escribiendo todo el d&#237;a. Llegu&#233; a escribir tres novelas seguidas sin apenas descansar entre ellas y me faltaban ideas para la siguiente, as&#237; que la ense&#241;anza me pareci&#243; de lo m&#225;s interesante. James me recomend&#243; Lawrenceton como un lugar donde no me arruinar&#237;a pagando un alquiler, y dado que pas&#233; un par de semanas en una de las habitaciones libres de la residencia masculina, me alegr&#233; sobremanera de encontrar la casa que ahora ocupo.

&#191;Tienes previsto quedarte mucho tiempo? -pregunt&#233; con delicadeza.

Eso depende del &#233;xito de los talleres y la clase -dijo- y de la salud de James. Podr&#237;a quedarme por la zona aunque dejase la universidad. Esto me gusta tanto como el sitio donde viv&#237; antes. La verdad es que ya no tengo ra&#237;ces en ninguna parte. Mis padres se han jubilado en Florida, as&#237; que no tengo muchos motivos para volver a mi ciudad natal, San Luis -a&#241;adi&#243; en respuesta a la pregunta que no hab&#237;a formulado.

Mantuvo abierta la puerta del restaurante. El sitio estaba lleno de helechos y las camareras y los camareros luc&#237;an delantales id&#233;nticos y vaqueros por debajo. El que nos toc&#243; se llamaba Don, y parec&#237;a contento de servirnos. Hab&#237;an sintonizado una cadena de radio de rock suave para todos los que nos consider&#225;bamos de la vieja guardia, de entre los veintiocho y los cuarenta y dos. Mientras estudi&#225;bamos la carta, decid&#237; empezar a insinuarme, tal como me instruy&#243; Amina. Mientras ped&#237;amos, deb&#237; de apuntar mal, ya que Don se puso rojo y apenas pod&#237;a evitar mirarme el escote. Robin pareci&#243; captar el grueso de las se&#241;ales y, no sin cierto titubeo (era mediod&#237;a, est&#225;bamos en un local p&#250;blico y ten&#237;a que dar clase esa tarde), me cogi&#243; la mano sobre la mesa.

Nunca supe c&#243;mo reaccionar ante una situaci&#243;n as&#237;. Las ideas siempre se me disparaban. Vaya, me ha cogido de la mano; &#191;significa eso que quiere acostarse conmigo, salir otra vez o qu&#233;?. Y es que tampoco sab&#237;a d&#243;nde mirar. &#191;A los ojos? Demasiado directo. &#191;A la mano? Bastante est&#250;pido. &#191;Deb&#237;a mover la mano para agarrar la suya? Inc&#243;modo. Nunca fui demasiado buena con estas cosas.

Por fin llegaron las ensaladas, as&#237; que separamos las manos para hacernos con los cubiertos, un poco aliviados, confesar&#233;.

Me estaba preguntando si deb&#237;a seguir insinu&#225;ndome mientras com&#237;amos, cuando me di cuenta de que James Taylor [[10]: #_ftnref10 Cantautor y guitarrista (N. del T.)] dej&#243; de cantar por los altavoces y empezaron las noticias. El nombre de mi ciudad siempre llamaba mi atenci&#243;n. La voz neutral de una mujer dec&#237;a: En otro orden de cosas, el candidato a la alcald&#237;a de Lawrenceton, Morrison Pettigrue, ha sido hallado muerto hoy. Pettigrue, de treinta y cinco a&#241;os, concurr&#237;a a las elecciones por el Partido Comunista. Su director de campa&#241;a, Benjamin Greer, hall&#243; a Pettigrue muerto por heridas de pu&#241;al en la ba&#241;era de su vivienda en Lawrenceton. Hab&#237;a papeles flotando en el agua, pero la polic&#237;a no ha dicho si alguno de ellos conten&#237;a una nota de suicidio. Las autoridades no tienen sospechosos y han rehusado especular sobre si la muerte se debi&#243;, como sostiene Greer, a un asesinato pol&#237;tico.

Nuestros tenedores se quedaron paralizados a medio camino. Robin y yo nos quedamos mir&#225;ndonos como dos tontos. La sensualidad se hab&#237;a evaporado.

En la ba&#241;era -dijo Robin.

Con un cuchillo. Y el remate de los papeles.

Marat -dijimos al un&#237;sono.

Pobre Benjamin -a&#241;ad&#237; yo. Nos hab&#237;a repudiado para seguir su propio camino, y el camino le hab&#237;a dado una patada en la entrepierna.

Smith reconocer&#225; el crimen, &#191;no? -dijo Robin al cabo de infructuosas especulaciones por nuestra parte.

Eso espero -contest&#233; confiadamente-. Arthur es inteligente y ha le&#237;do mucho.

&#191;Llegaste a descubrir si los bombones encajaban con alg&#250;n patr&#243;n?

Llam&#233; a Jane Engle -le cont&#233;, y le expliqu&#233; qui&#233;n era y por qu&#233; su memoria era tan fiable. &#201;l solo hab&#237;a coincidido una vez con los socios de Real Murders-. Est&#225; buscando.

&#191;Crees que dar&#225; con el caso para la noche de ma&#241;ana? -pregunt&#243;.

Bueno, puede que hoy la vea. A lo mejor ya habr&#225; encontrado algo.

&#191;Hay alg&#250;n buen restaurante en Lawrenceton?

Bueno, est&#225; el Carriage House. -Tal como rezaba su nombre en ingl&#233;s, era una aut&#233;ntica cochera y hac&#237;a falta reservar. Era el &#250;nico establecimiento de Lawrenceton con &#237;nfulas suficientes como para poder hacerlo. Di los nombres de algunas alternativas, pero el Carriage House le gust&#243; m&#225;s que ning&#250;n otro.

Este almuerzo est&#225; siendo un fiasco, apenas hemos tocado las ensaladas -se&#241;al&#243;-. Perm&#237;teme que te lleve a cenar ma&#241;ana y podremos hablar y comer como es debido.

Vaya, gracias. Encantada. El Carriage House es un sitio elegante -a&#241;ad&#237;, y me pregunt&#233; si la indirecta le ofender&#237;a.

Gracias por avisar -respondi&#243; Robin para alivio m&#237;o-. Te acompa&#241;ar&#233; de vuelta a tu coche.

Cuando mir&#233; el reloj, comprob&#233; que ten&#237;a raz&#243;n. Tanto caminar, insinuarme y especular hab&#237;a agotado casi todo mi tiempo y ten&#237;a que llegar a tiempo al trabajo.

Si no te importa hacer la reserva, te recoger&#233; ma&#241;ana a las siete -dijo Robin cuando llegamos a mi coche.

Bueno, al menos ten&#237;amos otra cita, aunque algo me dec&#237;a que no era la t&#237;pica cita social. Robin ten&#237;a un inter&#233;s profesional en los asesinatos, pens&#233;, y yo era la lugare&#241;a que pod&#237;a interpretar el escenario para &#233;l. Pero me dio un beso en la mejilla cuando iba a entrar en el coche y no par&#233; de cantar a James Taylor mientras conduc&#237;a de vuelta a Lawrenceton.

Era mucho mejor que imaginar la horrible escena de Morrison Pettigrue ti&#241;endo de escarlata el agua de la ba&#241;era con su propia sangre.





Cap&#237;tulo 10

Cordelia Botkin, 1898 -susurr&#243; Jane, triunfante.

Se me hab&#237;a acercado por la espalda mientras estaba recolocando una serie de libros que hab&#237;an devuelto. Me encontraba al final de una estanter&#237;a, cerca de la pared, a punto de rodear el extremo con mi carro hacia la siguiente tanda. Resopl&#233; hacia mi pecho, cerr&#233; los ojos y rec&#233; para ser capaz de perdonarla. La ma&#241;ana del martes hab&#237;a ido tan bien hasta ese momento

&#161;Roe, lo siento! Cre&#237; que me hab&#237;as o&#237;do llegar.

Negu&#233; con la cabeza. Procur&#233; no apoyarme en el carro con demasiada obviedad.

&#191;Cordelia qu&#233;? -consegu&#237; articular finalmente.

Botkin. Es lo que m&#225;s se le acerca. En realidad no encaja del todo, pero s&#237; lo suficiente. Fue tan chapucero que creo que result&#243; de la improvisaci&#243;n. O puede incluso que debiera ocurrir antes de la muerte de Mamie Wright.

Puede que tengas raz&#243;n, Jane. La caja de bombones tard&#243; seis d&#237;as en llegar y la enviaron desde la capital, as&#237; que quienquiera que lo hizo pens&#243; que llegar&#237;a al cabo de dos o tres d&#237;as.

Mir&#233; alrededor para comprobar que no hab&#237;a nadie escuchando. Lillian Schmidt, otra bibliotecaria, estaba colocando libros varias estanter&#237;as m&#225;s all&#225;, pero no lo bastante cerca como para poder escucharnos.

&#191;Y c&#243;mo encaja, Jane?

Jane abri&#243; la libreta que siempre parec&#237;a acompa&#241;arla.

Cordelia Botkin viv&#237;a en San Francisco. Fue la amante de John Dunning, jefe de departamento de Associated Press. &#201;l hab&#237;a dejado a su mujer en -Jane repas&#243; sus notas- Dover, Delaware. Botkin escribi&#243; a la mujer varias cartas an&#243;nimas antes. &#191;Recibi&#243; tu madre alguna?

Asent&#237;. Con un labio superior m&#225;s r&#237;gido que el m&#225;rmol, mi madre le hab&#237;a contado a Lynn Liggett algo que jam&#225;s pens&#243; que ser&#237;a lo bastante significativo como para dec&#237;rmelo a m&#237;: hab&#237;a recibido una larga, incomprensible y desagradable nota an&#243;nima en el buz&#243;n pocos d&#237;as antes de que llegasen los bombones. Pens&#243; que el episodio era tan desagradable e irrelevante que no quer&#237;a molestarme con ello. La tir&#243; a la basura, por supuesto, pero la hab&#237;an escrito a m&#225;quina.

Estaba dispuesta a apostar a que la hab&#237;an escrito con la misma m&#225;quina que se utiliz&#243; para escribir la direcci&#243;n de env&#237;o de los bombones.

En fin -dijo Jane despu&#233;s de repasar de nuevo sus notas-, Cordelia decidi&#243; finalmente que Dunning iba a volver con su mujer, as&#237; que envenen&#243; algunos bombones y se los mand&#243; a la se&#241;ora. Ella y una amiga suya murieron.

Murieron -repet&#237; lentamente.

Jane asinti&#243;, manteniendo la mirada discretamente en sus notas.

Tu padre sigue en el sector de la prensa, &#191;no es as&#237;, Roe?

S&#237;, pero no es periodista, sino que est&#225; en el departamento de publicidad.

Y est&#225; viviendo con su nueva esposa, que podr&#237;a representar a la otra mujer.

Bueno, s&#237;.

Entonces es evidente que el asesino vio una similitud remota y aprovech&#243; la oportunidad.

&#191;Le has contado algo de esto a Arthur Smith?

Pens&#233; que deber&#237;a hacerlo -dijo Jane con un amplio gesto de asentimiento.

&#191;Y qu&#233; ha dicho? -pregunt&#233;.

Quiso saber de qu&#233; libro saqu&#233; la informaci&#243;n, lo apunt&#243;, me dio las gracias, dir&#237;a que algo abrumado, y se despidi&#243;. Tengo la impresi&#243;n de que ha tenido dificultades para convencer a sus superiores de la relevancia de estos asesinatos. &#191;Sabes ya lo que hab&#237;a en los bombones?

No, se llevaron la caja al laboratorio estatal para analizarla. Arthur nos advirti&#243; que algunas de las pruebas llevan su tiempo.

Lillian estaba cada vez m&#225;s cerca y parec&#237;a sentir curiosidad, algo cr&#243;nico en ella. Pero lo cierto era que &#250;ltimamente todos mis compa&#241;eros sent&#237;an un inter&#233;s extraordinario hacia m&#237;. Una tranquila bibliotecaria encuentra un cad&#225;ver una noche de viernes cuando se re&#250;ne en un club de lo m&#225;s extra&#241;o, recibe una caja de bombones alterados el s&#225;bado y aparece vestida con ropa completamente nueva e inusual el lunes, para mantener una conversaci&#243;n susurrada con una mujer nerviosa al d&#237;a siguiente.

Ser&#225; mejor que me vaya. Te estoy entreteniendo -murmur&#243; Jane. Conoc&#237;a bastante bien a Lillian-. Pero es que me emocion&#233; tanto al descubrir el patr&#243;n que no pude evitar venir corriendo a cont&#225;rtelo. Por otro lado, es evidente que la muerte de ese comunista fue una imitaci&#243;n del asesinato de Marat. &#161;Pobre Benjamin Greer! Las noticias dicen que &#233;l encontr&#243; el cuerpo.

Jane, te agradezco la labor de investigaci&#243;n -le susurr&#233; de vuelta-. La semana que viene te invito a almorzar en agradecimiento. -Lo &#250;ltimo de lo que me apetec&#237;a hablar era del asesinato de Morrison Pettigrue.

Oh, por Dios, no es necesario. Me has dado algo con lo que entretenerme. Hacer sustituciones en la escuela y aqu&#237; es divertido, pero nada en comparaci&#243;n con identificar el patr&#243;n de un asesinato. Aun as&#237;, sospecho que tendr&#233; que buscarme una afici&#243;n nueva. Todas esas muertes, ese miedo. Empieza a ser demasiado para m&#237;. -Y Jane suspir&#243;, aunque no estaba muy segura de si se deb&#237;a a las muertes de Mamie Wright y Morrison Pettigrue o porque tendr&#237;a que buscarse una afici&#243;n nueva.

Me encontraba en la segunda planta de la biblioteca, que es una amplia galer&#237;a que se extiende por tres paredes y domina la planta baja, donde est&#225;n los libros infantiles, las publicaciones peri&#243;dicas y el mostrador de pr&#233;stamo. Estaba observando a Jane dirigirse hacia la puerta de salida y pensando en Cordelia Botkin cuando me percat&#233; de que otra persona abandonaba el edificio. Era la detective Lynn Liggett. El director de la biblioteca, Sam Clerrick, la acompa&#241;aba hasta la puerta. Fue una desagradable sorpresa para m&#237;. Solo pod&#237;a imaginar que hab&#237;a estado all&#237; para hacer preguntas sobre m&#237;. &#191;Ser&#237;a para conocer mis horarios? &#191;Querr&#237;a saber m&#225;s sobre mi personalidad? &#191;Cu&#225;nto hab&#237;a trabajado el d&#237;a del asesinato?

Llena de inc&#243;modas dudas, dobl&#233; la esquina de la siguiente fila de estanter&#237;as. Reanud&#233; la colocaci&#243;n de libros con el piloto autom&#225;tico puesto, incapaz de dejar de pensar en la visita de la detective Liggett. Sam Clerrick no ten&#237;a nada malo que contarle acerca de m&#237;, razon&#233;. Era una empleada muy meticulosa. Siempre era puntual y casi nunca me pon&#237;a enferma. Nunca me hab&#237;a enfrentado con ning&#250;n cliente, por muy tentada que me hubiese sentido, especialmente a los padres que dejaban a sus hijos en la biblioteca durante el verano con instrucciones de pas&#225;rselo bien durante un par de horas mientras mam&#225; y pap&#225; se iban de compras.

Entonces &#191;de qu&#233; me preocupaba? Me solt&#233; un serm&#243;n. Me afectaba demasiado formar parte de una investigaci&#243;n criminal. Era pr&#225;cticamente mi deber c&#237;vico no molestarme por ser objeto del escrutinio policial.

Me pregunt&#233; si exist&#237;a una posibilidad razonable de considerarme sospechosa del asesinato de Mamie. Pude haberlo hecho, claro que s&#237;. Hab&#237;a estado en casa sin testigos de ello durante m&#225;s de una hora antes de salir hacia la reuni&#243;n. Quiz&#225; alguno de los vecinos podr&#237;a declarar que mi coche estaba en su sitio habitual, aunque eso no constituir&#237;a una prueba concluyente. Es de suponer que si hubiese encontrado un lugar donde se vendiesen los bombones Mrs. Sees, pude hab&#233;rmelos enviado a m&#237; misma. Pude haber escrito la direcci&#243;n con una de las m&#225;quinas de escribir de la biblioteca. &#161;A lo mejor la detective Liggett hab&#237;a tomado muestras de todas las que ten&#237;amos! Aunque, si alguna de ellas encajaba, eso no demostrar&#237;a que yo hubiese escrito nada. Y si no encajaba ninguna, pude haber usado otra Quiz&#225; la del despacho de mi madre.

Pero el asesinato de Morrison Pettigrue era un asunto completamente distinto. Jam&#225;s lo conoc&#237;, y desde luego que nunca podr&#237;a hacerlo. Ni siquiera sab&#237;a d&#243;nde viv&#237;a hasta que me lo dijo otra bibliotecaria, pero, bien pensado, eran estas cosas lo que no pod&#237;a demostrar. La ignorancia es algo muy dif&#237;cil de demostrar. Adem&#225;s, si lo asesinaron a &#250;ltima hora del domingo, tras la infructuosa &#250;ltima reuni&#243;n de Real Murders, no ten&#237;a ninguna coartada. Me hab&#237;a quedado sola, en casa, compadeci&#233;ndome de m&#237; misma.

Aun as&#237;, si por alg&#250;n milagro se demostrase que el asesinato tuvo lugar en las horas que estuvimos reunidos, &#161;todos estar&#237;amos libres de sospecha! Ser&#237;a demasiado bueno para ser verdad.

Estaba tan ocupada tratando de imaginar todos los pros y los contras de arrestarme que me di de bruces con Sally Allison. Estaba mirando los libros de costura, que abundaban en nuestra biblioteca. Lawrenceton era como una capital del bordado.

Susurr&#233; una disculpa. Sally hizo lo propio.

No pasa nada.

Pero Sally se qued&#243; petrificada en el sitio, los ojos clavados en los vol&#250;menes que ten&#237;a delante. Sally hab&#237;a frecuentado bastante la biblioteca durante los dos &#250;ltimos meses, incluso durante lo que yo supon&#237;a que eran sus horas de trabajo. En realidad no cre&#237;a que fuese a ver libros, aunque siempre se llevaba alguno. Estaba convencida de que ven&#237;a a vigilar a Perry. No me sorprend&#237;a, despu&#233;s de lo que me hab&#237;a contado Amina. Me di cuenta de que a veces Sally ni siquiera hablaba con su hijo, sino que lo vigilaba desde la distancia, como si buscase alg&#250;n s&#237;ntoma de problemas.

&#191;Qu&#233; tal est&#225; tu madre, Roe? -me pregunt&#243;.

Muy bien, gracias.

&#191;Os hab&#233;is recuperado del susto de los bombones? No tuve ocasi&#243;n de preguntarte la otra noche.

Sally nos llam&#243; a las dos para entrevistarnos cuando ley&#243; los informes policiales sobre el incidente. Mi madre y yo hab&#237;amos sido tan escuetas como corteses, descubrimos m&#225;s tarde al comparar las versiones. Yo consideraba que mi nombre hab&#237;a aparecido en la prensa hac&#237;a demasiado poco, y mi madre cre&#237;a que todo ese episodio era demasiado s&#243;rdido como para hablar del tema. (Adem&#225;s, como mujer con carrera, ella pensaba que un intento de envenenamiento no ser&#237;a bueno para el negocio).

Sally, no estaba asustada, porque no sab&#237;a, entonces como ahora, que nadie quisiera hacernos da&#241;o a mi madre y a m&#237;. Ser&#233; franca, Sally: eres mi amiga aparte de periodista, y la verdad es que no tengo muy claro con qui&#233;n vengo hablando &#250;ltimamente.

Sally se volvi&#243; para encararme. No estaba enfadada, pero la determinaci&#243;n brillaba en su mirada.

Ser periodista en un peri&#243;dico modesto no quiere decir que no lo sea de verdad, Roe. Eres una Teagarden, as&#237; que todo lo que te pase es noticia por partida doble. Tu madre es una de las mujeres m&#225;s prominentes de la ciudad y tu padre es muy conocido. Mi jefe no mantendr&#225; el acuerdo de silencio con la polic&#237;a durante mucho m&#225;s tiempo. &#191;Responde eso a tu pregunta? Ah&#237; viene Lillian. &#191;Has le&#237;do este libro sobre bordado florentino?

Parpade&#233; y volv&#237; a coger pie.

No, Sally, ni siquiera s&#233; coser un bot&#243;n. Deber&#237;as preguntar a mi madre cualquier cosa sobre costura. O a Lillian -a&#241;ad&#237; &#225;gilmente mientras mi compa&#241;era arrastraba su carro hasta el otro extremo de las estanter&#237;as.

Lillian, cuyo sentido del o&#237;do es tan fino como el de un murci&#233;lago, se volvi&#243; al o&#237;r su nombre y vino hacia nosotras. Las dos no tardaron en enzarzarse en una confusa conversaci&#243;n acerca del punto franc&#233;s y el bordado de pabilo. Algo entristecida, volv&#237; con mis labores. Me pregunt&#233; si Sally decidir&#237;a volver a ser sencillamente mi amiga cuando dejase de ser noticia.

Cuando mir&#233; el reloj y vi que eran las cuatro y deb&#237;a salir a las seis, me di cuenta de que deb&#237;a ponerme a pensar qu&#233; me pondr&#237;a para ir al Carriage House con Robin. Dijo que me recoger&#237;a a las siete, lo que me daba una hora escasa para llegar a casa, ducharme, maquillarme y vestirme. No hubo problemas con las reservas; los martes no eran d&#237;as especialmente complicados en el restaurante, y ten&#237;amos hora para las siete y cuarto. Pero a&#250;n ten&#237;a que decidir qu&#233; ponerme. Acababa de recoger de la lavander&#237;a el vestido de seda azul marino. &#191;Llev&#233; a reparar las sandalias a juego cuando me di cuenta de que ten&#237;an una tira suelta? Desesperada, lament&#233; no haber comprado los zapatos negros que hab&#237;a visto en la tienda de la madre de Amina esa ma&#241;ana. Ten&#237;an unos lazos en la parte trasera del tac&#243;n y me parecieron preciosos. &#191;Ten&#237;a tiempo para ir a comprarlos?

Poco a poco fui consciente de que alguien hablaba con un zumbido de mon&#243;tona voz desde el otro lado de la estanter&#237;a. Solo pod&#237;a ser Lillian. Por supuesto, cuando saqu&#233; un volumen de la perspectiva humor&#237;stica de la vida con animales dentro y fuera de casa de un veterinario que hab&#237;an dejado en la 364, por el hueco pude ver la redonda cara de mi compa&#241;era.

Creo que deber&#237;amos ganar m&#225;s dinero -dijo Lillian con mal humor-. Y creo que deber&#237;an consultarnos antes de asignarnos los turnos de noche, aparte de que nunca debieron contratar a ese jefe bibliotecario.

&#191;Sam Clerrick? &#191;Noches? -interrogu&#233; atolondradamente, sin saber muy bien por d&#243;nde empezar con mis preguntas. Lillian hab&#237;a sido una de las mayores admiradoras de Sam Clerrick hasta ese momento, al menos hasta donde yo sab&#237;a. El se&#241;or Clerrick me parec&#237;a duro e inteligente, pero me reservaba mi juicio sobre su capacidad de gestionar al personal.

Oh, &#191;no lo has o&#237;do? -contest&#243; Lillian con placer-. Claro, con tantas emociones fuertes que tienes &#250;ltimamente, no me extra&#241;a que no te hayas enterado de los asuntos mundanos.

Puse los ojos en blanco.

Al grano, Lillian.

Lillian movi&#243; sus anchos hombros con expectaci&#243;n.

&#191;Sab&#237;as que el consejo de administraci&#243;n se reuni&#243; hace dos noches? Sam Clerrick estuvo all&#237;, por supuesto, y dijo que, en su opini&#243;n, no se hab&#237;a explotado adecuadamente la apertura nocturna de hace cuatro a&#241;os, cuando fue todo un fiasco, &#191;lo recuerdas? Quiere que vuelva a intentarse durante un tiempo, con la plantilla que tenemos ahora. As&#237; que, en vez de abrir una noche a la semana, abriremos tres durante un mes de prueba.

Cuatro a&#241;os atr&#225;s, Lawrenceton era una ciudad m&#225;s peque&#241;a, y abrir m&#225;s de una noche despu&#233;s de las seis de la tarde solo hab&#237;a servido para engrosar la factura de la luz y el aburrimiento de unos cuantos bibliotecarios. Nuestro horario nocturno semanal era ideal para quienes tuvieran turnos laborales fuera de lo normal y no pudieran acudir a la biblioteca en las horas normales. La actividad no hab&#237;a sido tan escasa en esas noches, pens&#233; justamente, y con el reciente aumento de la poblaci&#243;n local, otra intentona me parec&#237;a bastante razonable. Aun as&#237;, me fastidiaba un poco que me cambiasen el horario.

Por otra parte, &#250;ltimamente me costaba considerar mi trabajo como lo m&#225;s importante de mi vida.

&#191;C&#243;mo va a hacerlo sin aumentar la plantilla? -pregunt&#233; sin demasiado inter&#233;s.

En vez de dos bibliotecarios por noche, trabajaremos en equipos de un bibliotecario y un voluntario.

Los voluntarios eran de lo m&#225;s variado. Generalmente sol&#237;an ser hombres y mujeres mayores o mujeres de mediana edad que disfrutaban con los libros y se sent&#237;an como en casa en una biblioteca. Una vez formados, eran toda una bendici&#243;n, salvo el diminuto porcentaje que aceptaba el trabajo para ver a sus amigos y cotillear. Ese porcentaje no tardaba en aburrirse y dejarlo de todos modos.

Yo me apunto -le dije a Lillian.

Hoy sabremos algo m&#225;s oficialmente -prosigui&#243; ella, decepcionada ante mi reacci&#243;n-. Hay una reuni&#243;n de la plantilla a las cinco y media, as&#237; que Perry Allison te relevar&#225; en el mostrador de devoluciones. Vaya -dijo, mirando su reloj con un gesto demasiado obvio-, &#191;no va siendo hora de que vayas para all&#225;?

S&#237;, Lillian, s&#233; la hora que es -respond&#237; con elaborada paciencia-, y ya me voy.

Nos turn&#225;bamos para la reposici&#243;n as&#237; como para casi cualquier otra tarea, ya que la plantilla era demasiado peque&#241;a para permitir cualquier tipo de especializaci&#243;n, si bien rebosante de individuos que no dudaban en dejar claras cu&#225;les eran sus preferencias. Mal har&#237;a si fuese a correr escaleras abajo solo porque Lillian hab&#237;a mirado su reloj, as&#237; que prosegu&#237;:

Estoy dispuesta a dar otra oportunidad al horario nocturno. Tener m&#225;s tiempo libre durante el d&#237;a tambi&#233;n puede ser una ventaja. -Ya que mi calendario social nocturno tampoco es que tenga lista de espera, aunque no sent&#237; la necesidad de compartir eso con Lillian.

Me alivi&#243; el hecho de que la reuni&#243;n no tuviese lugar despu&#233;s del cierre de las seis. Entonces record&#233; con certeza que las sandalias que iban a juego con el vestido de seda azul ten&#237;an la tira suelta.

Demonios -susurr&#233; mientras colocaba un libro en su sitio con tal fuerza que el del otro lado sali&#243; disparado al suelo.

Dios m&#237;o -dijo Lillian de manera triunfal mientras se inclinaba para recogerlo-. &#191;Qu&#233; mosca te ha picado, eh?

Mis labios pronunciaron otra cosa aparte de demonios, pero no lo articul&#233; con la voz.


Sol&#237;a disfrutar de mis turnos de recepci&#243;n. Ten&#237;a que estar en el gran escritorio del lateral de la entrada. Respond&#237;a a las preguntas y recib&#237;a los libros, cobraba la tarifa si los devolv&#237;an pasado el plazo, les volv&#237;a a colocar la respectiva tarjeta y los depositaba en los carros para luego volver a colocarlos en sus respectivas estanter&#237;as. Tambi&#233;n administraba la salida de los vol&#250;menes de la biblioteca. Y si el trabajo se acumulaba, me pon&#237;an un ayudante.

Hoy era un d&#237;a tranquilo, y menos mal, porque mi mente no se centraba en el trabajo y discurr&#237;a por sus propios caminos. Qu&#233; cerca hab&#237;a estado mi madre de comerse ese bomb&#243;n. C&#243;mo me hab&#237;a mirado la cara de Mamie desde esa posici&#243;n imposible, de espaldas. C&#243;mo me alegraba de no haber visto la parte delantera. C&#243;mo la importancia de ser el descubridor de un cad&#225;ver le hab&#237;a dado a Benjamin un nuevo pretexto para la vida tras la muerte de sus ambiciones pol&#237;ticas. C&#243;mo me alegraba de salir con Robin esa noche. C&#243;mo me gustaban los ojos azules de Arthur Smith.

Arranqu&#233; mis pensamientos de ese torrente agridulce y me dispuse a intercambiar una conversaci&#243;n banal con el voluntario que compart&#237;a puesto conmigo en el mostrador: Arnie, el padre de Lizanne Buckley, un jubilado de pelo blanco y sesenta y seis a&#241;os a la espalda y una mente como una correa de acero. Una vez que el se&#241;or Buckley se interesaba en un tema, le&#237;a todo lo que pod&#237;a encontrar sobre el mismo y no olvidaba apenas nada. Cuando daba por concluido su inter&#233;s, lo hac&#237;a del todo, pero se convert&#237;a en una especie de autoridad en ello. En esa tranquila y c&#225;lida tarde, el se&#241;or Buckley confes&#243; que empezaba a tener dificultades para encontrar otro tema en el que interesarse. Le pregunt&#233; c&#243;mo daba con ellos en otras ocasiones y &#233;l me respondi&#243; que surg&#237;an de forma casual.

Por ejemplo, cuando veo una abeja sobre mis rosas. Entonces me digo: &#161;Caramba! &#191;No es esa abeja m&#225;s peque&#241;a que la que sobrevuela la otra rosa? &#191;Ser&#225;n de la misma especie? &#191;Acaso esta especie solo recoge polen de las rosas? &#191;C&#243;mo es que no crecen m&#225;s rosas en estado salvaje si las abejas transportan el polen?. As&#237; que me da por leer sobre abejas, y puede que sobre rosas tambi&#233;n. Pero &#250;ltimamente, no s&#233;, no parece surgir nada.

Simpatic&#233; con su perspectiva y le dije que, ahora que empezaba a mejorar el tiempo y podr&#237;a dar m&#225;s paseos, los temas no tardar&#237;an en aflorar.

A la vista de lo que ha estado pasando en esta ciudad &#250;ltimamente -coment&#243; el se&#241;or Buckley-, he pensado que podr&#237;a ser interesante investigar sobre asesinatos.

Le lanc&#233; una mirada afilada, pero vi que no se refer&#237;a a la relaci&#243;n de los socios de Real Murders en una serie de cr&#237;menes.

No es mala idea -dije al cabo de un rato.

Pero se han llevado todos los libros -coment&#243;.

&#191;Qu&#233;?

Se han llevado casi toda la bibliograf&#237;a sobre asesinos y asesinatos -explic&#243; pacientemente.

Bien pensado, tampoco era muy de extra&#241;ar. Todos los socios de Real Murders -bueno, los antiguos miembros- sin duda se estaban preparando para lo que quiera que pudiese ocurrir.

Pero cab&#237;a la posibilidad de que alguien estuviese preparando el terreno para que eso mismo ocurriese precisamente.

Era enfermizo. Pens&#233; en ello un momento y luego tuve que apartar mis ideas. No alcanzaba a visualizar, no me atrev&#237;a, a alg&#250;n conocido m&#237;o hurgando en esos libros en busca de ese viejo asesinato para realizar su siguiente imitaci&#243;n, su retorcida recreaci&#243;n en el cuerpo de alguno de sus conocidos.

Perry se acerc&#243; al mostrador para relevarme y que pudiera asistir a la reuni&#243;n, que se me antojaba tan irrelevante que casi cog&#237; mi jersey y sal&#237; por la puerta principal. Adem&#225;s, ten&#237;a una cita esa noche. De repente, mis expectativas por esa cita se disolvieron. Al menos parte de mi baj&#243;n pod&#237;a atribuirse a Perry; definitivamente se encontraba en una de sus fases de angustia. Sus labios estaban apretados en una l&#237;nea hosca, y esto redoblada la profundidad de sus arrugas buconasales.

De repente sent&#237; l&#225;stima por Perry, y le dije:

Eh, nos vemos luego. -Lo hice con el tono m&#225;s amable que pude sacar mientras pasaba junto a &#233;l de camino a la sala de conferencias. Lo lament&#233; cuando &#233;l sonri&#243; de vuelta. Ojal&#225; hubiese mantenido la seriedad. Su sonrisa era depravada y enga&#241;osa como la de un tibur&#243;n. Pod&#237;a imaginarlo como el fantoche victoriano de Neal Cream, que daba p&#237;ldoras envenenadas a las prostitutas y se quedaba mirando, deseando ver c&#243;mo se las tragaban.

Ve a la reuni&#243;n -dijo con voz desagradable.

Me fui aliviada al tiempo que Arnie Buckley emprend&#237;a la batalla perdida de mantener una conversaci&#243;n con Perry.

Sin ning&#250;n entusiasmo, me dej&#233; caer sobre una horrible silla met&#225;lica de la sala de conferencias de la biblioteca y escuch&#233; las novedades que ya conoc&#237;a. El se&#241;or Clerrick, con su habitual eficiencia y falta de conocimiento sobre la especie humana, ya hab&#237;a preparado los nuevos cuadrantes de horarios y los estaba distribuyendo, en vez de dar a todos la oportunidad de digerir y debatir el nuevo horario.

Me tocaba el jueves, de seis a nueve, con el se&#241;or Buckley apuntado provisionalmente como voluntario. A los voluntarios a&#250;n no les hab&#237;an preguntado individualmente si estaban dispuestos a trabajar por las noches, si bien su presidente hab&#237;a accedido, al menos en principio. El se&#241;or Clerrick iba a poner un anuncio en el peri&#243;dico para compartir con la clientela las emocionantes noticias (de hecho, esas fueron sus palabras).

&#191;Vas a salir con nuestro nuevo escritor residente esta noche? -pregunt&#243; Perry con tono sedoso cuando regres&#233; al mostrador.

Me pill&#243; por sorpresa; por una vez, ten&#237;a la mente muy centrada en el trabajo.

S&#237; -dije llanamente, sin pensarlo-. &#191;Por qu&#233;?

Hab&#237;a dejado entrever mi desagrado; un error. Ten&#237;a que haber mantenido la superficie amistosa.

Oh, por nada -contest&#243; Perry alegremente, pero empez&#243; a sonre&#237;r, una sonrisa tan falsa y desagradable que, por primera vez, me hizo sentir un poco de miedo.

Ya me encargo yo del mostrador -le dije-. Puedes volver a tu trabajo. -No sonre&#237; y mantuve la voz plana; ya era demasiado tarde para disimulos. Por un terrible instante, pens&#233; que no se ir&#237;a nunca, que la terrible lobreguez que proyectaba la mente de Perry lo volv&#237;a tan imprudente como para mantener juntos los retazos superficiales de su vida.

Hasta luego -se despidi&#243; Perry tras borrar completamente su sonrisa.

Observ&#233; c&#243;mo se marchaba con piel de gallina.

&#191;Te ha dicho algo desagradable, Roe? -me pregunt&#243; el se&#241;or Buckley. Ten&#237;a todo el aspecto belicoso que un anciano de pelo blanco podr&#237;a desplegar.

No, la verdad. Es c&#243;mo lo ha dicho -repuse, deseosa de ser sincera, pero procurando no alterar al padre de Lizanne.

Ese chico tiene una mente venenosa -declar&#243; el se&#241;or Buckley.

Es verdad. Bueno, hablando de los nuevos horarios

No tardamos en volver a ocuparnos y las cosas volvieron a su cauce, al menos en la superficie; pero estaba m&#225;s convencida que nunca de que la mente de Perry Allison era retorcida como una serpiente y que las frecuentes visitas de su madre a la biblioteca eran mecanismos de control. Sally Allison era consciente de las serpientes que poblaban su mente y tem&#237;a que pudieran colarse por los crecientes huecos del estado mental de Perry.

El se&#241;or Buckley y yo estuvimos muy ocupados hasta la hora del cierre, atendiendo a un aluvi&#243;n de clientes de todas las edades, que ven&#237;an a hacer trabajos escolares o a devolver libros despu&#233;s del trabajo. Tanto trabajo me devolvi&#243; a mi ser, como si tener un objetivo a corto plazo me sirviese de b&#225;lsamo.

Arthur Smith me estaba esperando junto a mi coche. Ten&#237;a tanta prisa por llegar a casa y prepararme que no pude evitar lamentar verlo all&#237; delante en un primer momento.

No quer&#237;a interrumpirte en tu trabajo a menos que fuese estrictamente necesario -dijo con su tono serio.

No pasa nada, Arthur. &#191;Tienes noticias nuevas? -Pens&#233; que quiz&#225; el laboratorio ya hab&#237;a analizado lo que quisiera que conten&#237;an los bombones.

No, los an&#225;lisis a&#250;n no han concluido. &#191;Tienes un momento?

Eh, bueno, unos minutos.

Para mi deleite, no parec&#237;a sorprendido por mi falta de tiempo.

Bien, si no te importa podemos entrar en mi coche o dar un paseo alrededor de la manzana.

Escog&#237; el paseo. Por alguna raz&#243;n, no quer&#237;a que Lillian Schmidt me viera en un coche acompa&#241;ada de un hombre en medio de un aparcamiento. As&#237; que anduvimos por la acera en esa fresca noche. No puedo mantener el paso de algunos hombres, ya que mis piernas son tan cortas que les obligan a contenerlo, pero Arthur parec&#237;a adaptarse bien.

&#191;Qu&#233; esperabas de la reuni&#243;n del domingo? -me pregunt&#243; a bocajarro.

No lo s&#233;. Un milagro. Deseaba que alguien tuviese una idea que evaporara toda esta pesadilla. Pero, en vez de ello, alguien mat&#243; a Morrison Pettigrue. Todo un &#233;xito de reuni&#243;n, &#191;eh?

Planearon esa muerte antes de la reuni&#243;n. Lo que me reconcome es que yo estaba sentado en la misma sala que el asesino, horas antes del asesinato, y no tuve ninguna intuici&#243;n. A pesar de saber que hab&#237;a un asesino entre nosotros. -Se par&#243;, mene&#243; la cabeza con violencia y sigui&#243; andando.

&#191;Alguno de tus compa&#241;eros piensa como t&#250;, que una sola persona est&#225; haciendo todo esto?

Me est&#225; costando convencer a los otros detectives acerca de las similitudes de los dos casos con otros m&#225;s antiguos. Y desde lo de Pettigrue est&#225;n menos receptivos, a pesar de que, cuando vi la escena, les dije que era una copia del asesinato de Jean-Paul Marat. Les falt&#243; re&#237;rse en mi cara. Hay mucho loco de derechas que desear&#237;a ver muerto a un comunista confeso. Solo un par de detectives est&#225;n dispuestos a creer que los dos cr&#237;menes est&#225;n relacionados.

Hoy he visto a Lynn Liggett en la biblioteca. Supongo que me estaba investigando.

Estamos investigando a cualquiera remotamente implicado -dijo Arthur llanamente-. Liggett solo hace su trabajo. Se supone que yo he de averiguar d&#243;nde estuviste la noche del domingo.

&#191;Tras la reuni&#243;n?

Asinti&#243;.

En casa. En la cama. Sola. Sabes que no tengo nada que ver con el asesinato de Mamie, los bombones o la muerte de Morrison Pettigrue.

Lo s&#233;. Te vi cuando descubriste el cuerpo de la se&#241;ora Wright.

Sent&#237; una rid&#237;cula oleada de calidez y gratitud porque alguien me creyera.

Ya llegaba tarde y ten&#237;a que prepararme, as&#237; que dije:

&#191;Quer&#237;as contarme algo m&#225;s?

Soy un hombre divorciado sin hijos -dijo Arthur de sopet&#243;n.

Asent&#237;, alucinada. Intent&#233; mantener un aire de curiosidad inteligente.

Una de las razones por las que me divorci&#233; era que mi mujer no soportaba el hecho de que, en el trabajo policial, a veces no pod&#237;a cumplir con los planes que hab&#237;amos hecho. Incluso en Lawrenceton, que no es ni mucho menos Nueva York, o siquiera Atlanta.

Hizo una pausa a la espera de una respuesta, as&#237; que dije, insegura:

Claro.

As&#237; que he pensado que quiero salir contigo. -Sus profundos ojos azules se clavaron en m&#237; con efectos devastadores-. Pero surgir&#225;n cosas, y a veces te sentir&#225;s decepcionada. Deber&#237;as tener eso en cuenta de antemano si tambi&#233;n quieres salir conmigo. No s&#233; si es as&#237;, pero quer&#237;a dejarlo bien claro.

Pens&#233;: a) era de una franqueza admirable, b) &#191;ten&#237;a ese t&#237;o ego, o qu&#233;?, c) como hab&#237;a dicho No s&#233; si es as&#237;, al menos albergaba una esperanza, aunque lo m&#225;s probable era que hubiese sido un tanteo, y d) s&#237; que quer&#237;a salir con &#233;l, pero no desde una posici&#243;n de debilidad. Arthur respetaba la fuerza de los dem&#225;s.

Me llev&#243; unos minutos elaborar todos esos pensamientos. Unos d&#237;as antes, le habr&#237;a dado un s&#237; timorato, pero desde entonces hab&#237;a vadeado alguna que otra tempestad y cre&#237;a que pod&#237;a aspirar a m&#225;s.

Mir&#233; mis pies mientras avanzaban por la acera y dije:

Si me est&#225;s pidiendo salir insinuando que tu trabajo es m&#225;s importante que los planes que podamos hacer juntos, no puedo aceptar una relaci&#243;n tan desequilibrada. -Segu&#237; observando mis pies, que avanzaban con firmeza. Los zapatos de Arthur eran brillantes y oscuros, y durar&#237;an al menos veinte a&#241;os-. Pero si me dices que el departamento de polic&#237;a tiene prioridad durante una crisis, puedo llegar a comprenderlo. Si no est&#225;s poniendo una tirita antes de la herida para cubrirte las espaldas cuando no te apetezca aparecer. -Inspir&#233; profundamente. Hasta aqu&#237;, los zapatos no se hab&#237;an largado en otra direcci&#243;n-. Entonces vale. Adem&#225;s, esto parece un poco excluyente, ya que nunca hemos salido juntos. Me gustar&#237;a ir poco a poco.

Hab&#237;a subestimado a Arthur.

He debido de sonar asquerosamente ego&#237;sta -se excus&#243;-. Lo siento. &#191;Te apetecer&#237;a salir conmigo alguna vez?

S&#237; -contest&#233;. No sab&#237;a qu&#233; hacer a continuaci&#243;n. Lo mir&#233; de reojo y vi que sonre&#237;a-. &#191;A qu&#233; he accedido exactamente? -pregunt&#233;.

A menos que me asignen alguna cosa ineludible, no olvides que el departamento est&#225; en medio de una investigaci&#243;n criminal. -&#161;Como si fuese a olvidarlo!-. &#191;Te parece el s&#225;bado por la noche? Tengo una m&#225;quina de palomitas y un aparato de v&#237;deo.

Nada de primeras citas en el apartamento de un hombre. Por Dios, al menos podr&#237;a llevarme a alguna parte en nuestra primera cita. No me apetec&#237;a hacer un pulso. Mi experiencia era limitada, pero algunas cosas ya las sab&#237;a. Adem&#225;s, quiz&#225; no pudiese echar el pulso con Arthur, y no quer&#237;a empezar una relaci&#243;n as&#237;.

Quiero ir a patinar -dije lo primero que se me pas&#243; por la cabeza.

Arthur no podr&#237;a haberse mostrado m&#225;s aturdido si le hubiese dicho que quer&#237;a saltar desde la azotea de la biblioteca. &#191;Por qu&#233; hab&#237;a dicho eso? Hac&#237;a a&#241;os que no patinaba. Volver&#237;a llena de cardenales despu&#233;s de demostrar mi proverbial torpeza.

Pero puede que &#233;l tambi&#233;n.

Es muy original -dijo Arthur lentamente-. &#191;Est&#225;s segura de que es lo que quieres?

Decidida, asent&#237; con gravedad.

Vale -contest&#243; &#233;l con firmeza-. Te recoger&#233; el s&#225;bado a las seis. Si te parece bien. Luego, cuando nos hayamos dado todos los golpes necesarios, podemos ir a cenar. Eso dando por sentado que me dar&#225;n una noche libre en medio de tres investigaciones. Aunque es posible que, para entonces, ya las hayamos resuelto.

Vale -asent&#237;. Eran unas condiciones aceptables.

Terminamos de rodear la manzana y cada uno se subi&#243; a su coche. Observ&#233; c&#243;mo Arthur sal&#237;a del aparcamiento mientras agitaba la cabeza hacia s&#237;. Re&#237; en voz alta.


Odiaba llegar tarde a mi cita con Robin. Tuve que pedirle que me esperara abajo mientras me daba los &#250;ltimos retoques.

Hab&#237;a comprado los zapatos y estaba encantada conmigo misma. Robin no pareci&#243; sorprendido o desconcertado por tener que esperarme, pero no pude evitar sentirme grosera y en cierta desventaja, como si hubiese podido mostrar algo mejor despu&#233;s de tanta preparaci&#243;n. No obstante, mientras me contemplaba en un espejo de cuerpo entero antes de bajar, comprob&#233; que no me hab&#237;a ido tan mal. No hab&#237;a tenido tiempo para arreglarme el pelo, as&#237; que decid&#237; dej&#225;rmelo suelto con el flequillo hacia atr&#225;s con una horquilla esmaltada. El vestido de seda azul era sobrio, pero al menos consegu&#237;a enfatizar mis encantos m&#225;s visibles.

Me sent&#237;a muy insegura antes de bajar las escaleras, muy t&#237;mida cuando Robin alz&#243; la mirada. Pero parec&#237;a complacido y dijo:

Me encanta tu vestido. -Con su traje gris no parec&#237;a la persona sociable que se hab&#237;a bebido mi vino o el profesor de universidad por quien hab&#237;a sentido deseos p&#233;lvicos despu&#233;s de comer en el restaurante, sino m&#225;s bien el escritor relativamente famoso que era.

Hablamos del asesinato de Pettigrue en nuestra mesa del Carriage House, donde la camarera pareci&#243; reconocer vagamente su nombre. Aunque a lo mejor pensaba en el personaje literario. Lo pronunci&#243; como Cur-so y nos dio una buena mesa.

Le ped&#237; que me hablara de su trabajo en la universidad y de c&#243;mo lo compaginaba con la escritura, preguntas a las que probablemente ya hab&#237;a respondido antes. Me di cuenta de que era una persona acostumbrada a ser entrevistada, a ser reconocida. Me sent&#237; mejor cuando record&#233; que Lizanne me lo hab&#237;a legado, y justo cuando pensaba eso vi que Arnie y Elsa, los padres de Lizanne, estaban sentados en una mesa frente a nosotros. Les acompa&#241;aban los Crandall, propietarios de la vivienda a la derecha de la m&#237;a.

Sent&#237; que ten&#237;a una obligaci&#243;n social, as&#237; que les present&#233; a Robin y nos acercamos a su mesa.

Arnie Buckley se levant&#243; como un resorte y estrech&#243; la mano de Robin con sumo entusiasmo.

&#161;Oh, Lizanne nos ha hablado mucho de usted! -dijo-. Nos enorgullece que un escritor tan famoso como usted haya decidido mudarse aqu&#237;, a Lawrenceton. &#191;Le gusta? -El se&#241;or Buckley siempre hab&#237;a sido miembro de la C&#225;mara de Comercio de Lawrenceton y confeso defensor de su localidad.

Es un lugar emocionante -respondi&#243; Robin honestamente.

Bien, bien, pues tendr&#225; que pasarse por la biblioteca. No es tan sofisticada como las que podr&#225; encontrar en la capital, pero &#161;a nosotros nos gusta! Elsa y yo somos voluntarios. &#161;Hay que ocupar el tiempo con algo ahora que estamos jubilados!

Yo ayudo con la venta de libros -matiz&#243; Elsa modestamente.

Elsa era la madrastra de Lizanne, pero hab&#237;a sido tan hermosa como probablemente fue su madre biol&#243;gica. Arnie Buckley era un tipo afortunado en lo que a mujeres se refer&#237;a. Ahora canosa y con arrugas, Elsa segu&#237;a siendo una mujer de compa&#241;&#237;a y aspecto agradables.

No sab&#237;a que los Buckley fueran amigos de los Crandall, pero pude ver d&#243;nde radicaba la atracci&#243;n. Al igual que el se&#241;or Buckley, Jed Crandall no era de esos jubilados capaces de quedarse sentados, sino todo un nervio, f&#225;cil de encender y de apaciguar. A su mujer siempre la hab&#237;an llamado Teentsy [[11]: #_ftnref11 Modo coloquial de referirse a una persona menuda (N. del T.)], y a&#250;n se ce&#241;&#237;a al apelativo, si bien superaba a su marido en unos veinte kilos.

Teentsy y Jed manten&#237;an con Robin la t&#237;pica conversaci&#243;n de vecinos, pidi&#233;ndole que les hiciera una visita. Teentsy dej&#243; claro que, como era un pobre soltero (y ah&#237; dej&#243; caer una mirada de soslayo hacia m&#237;), podr&#237;a quedarse sin comida en un momento u otro, en cuyo caso no deber&#237;a dudar en llamar a su puerta, que a ellos les sobraba, &#161;y ella era la viva prueba!

&#191;Le interesan las armas? -pregunt&#243; Jed alegremente.

El se&#241;or Jed tiene una buena colecci&#243;n -le dije a Robin apresuradamente, pensando que no le vendr&#237;a mal estar al tanto.

Bueno, a veces, desde un punto de vista profesional. Soy escritor de novelas de misterio -explic&#243; cuando los Crandall no pudieron disimular su estupor, si bien los Buckley asent&#237;an vigorosamente, benditos sean.

Entonces &#161;p&#225;sese por casa, no sea t&#237;mido! -le anim&#243; Jed Crandall.

Muchas gracias, ha sido un placer conocerlos -dijo Robin a la mesa en general, recibiendo a cambio un coro de encantados y un placer igualmente antes de regresar a nuestra mesa.

El encuentro despert&#243; la voraz curiosidad de Robin, y al hablarle de los Crandall y los Buckley empec&#233; a sentirme m&#225;s c&#243;moda. Habl&#225;bamos de su nuevo trabajo cuando lleg&#243; la comida. Cuando empezamos a comer, ya estaba lista para sacar el tema de los asesinatos.

Jane Engle ha venido hoy a la biblioteca con una teor&#237;a bastante s&#243;lida bajo el brazo -comenc&#233;, y le coment&#233; la similitud de nuestro caso con el de Cordelia Botkin. Se qued&#243; intrigado.

Jam&#225;s hab&#237;a o&#237;do hablar de ese caso -dijo cuando nos sirvieron la ensalada-. &#161;Qu&#233; libro podr&#237;a sacar con esto! A lo mejor me animo a escribirlo; mi primer libro basado en hechos reales.

Robin gozaba de una mayor distancia del caso. Era nuevo en la ciudad, no conoc&#237;a a las v&#237;ctimas personalmente (a menos que pudi&#233;ramos incluir a mi madre en el saco) y probablemente tampoco conoc&#237;a al perpetrador. Me sorprend&#237;a que los cr&#237;menes le parecieran tan emocionantes, hasta que, despu&#233;s de tragarse un trozo de tomate, explic&#243;:

&#191;Sabes, Roe?, escribir sobre cr&#237;menes no quiere decir que tengas una experiencia directa. Esto es lo m&#225;s cerca que he estado nunca de un asesinato real.

Yo podr&#237;a haber dicho lo mismo desde el punto de vista de una lectora. Hab&#237;a sido una aficionada a los cr&#237;menes, tanto reales como de ficci&#243;n, durante a&#241;os, pero aquella hab&#237;a sido mi experiencia m&#225;s cercana a la muerte violenta.

Pues yo espero no acercarme m&#225;s -dije abruptamente.

Estir&#243; su mano sobre la mesa y cogi&#243; la m&#237;a.

Es poco probable -se&#241;al&#243; cautelosamente-. S&#233; lo de los bombones envenenados. Bueno, a&#250;n no sabemos si lo estaban, &#191;verdad? Espeluznante. Pero tambi&#233;n impersonal, &#191;no crees? La situaci&#243;n de tu madre encaja a duras penas con el caso Botkin, no tanto como Mamie Wright con el caso de Julia Wallace. Por eso la escogieron.

Pero los mandaron a mi direcci&#243;n -dije, permitiendo de repente que el miedo me abrumara, como si lo hubiese estado conteniendo todo ese tiempo-. Quer&#237;an implicarme a m&#237;. Mi madre encajaba en el patr&#243;n, aunque eso no habr&#237;a sido de ning&#250;n consuelo si hubiera muerto -a&#241;ad&#237; sin pa&#241;os calientes-. Pero el env&#237;o a mi casa fue un intento deliberado de matarme. O, al menos, de que fuese testigo de la muerte de mi madre, o que lo pasase mal, dependiendo de lo que contuvieran los bombones. Eso no encaja en ning&#250;n patr&#243;n. Se trata de algo muy personal.

&#191;Qu&#233; clase de persona har&#237;a tal cosa? -se pregunt&#243; Robin.

Lo mir&#233; a los ojos.

Ese es el quid de la cuesti&#243;n, &#191;no? -dije-. Por eso nos gustan tanto los antiguos asesinatos. Desde una distancia segura, podemos elucubrar sobre las personas capaces de hacer cosas as&#237; sin remordimientos. Pr&#225;cticamente todo el mundo es capaz de matar a otra persona. Supongo que yo tambi&#233;n, si me viese acorralada. Pero estoy segura, he de estarlo, de que no muchos son capaces de sentarse a planear la muerte de otros como parte de un juego que el asesino ha decidido emprender. He de aferrarme a eso.

Estoy de acuerdo -dijo &#233;l.

Esta persona no act&#250;a por ninguno de los famosos motivos que escribi&#243; Tennyson Jessie [[12]: #_ftnref12 Crimin&#243;loga inglesa de principios del siglo XX (N. del T.)] -prosegu&#237;-. Debe de ser alguien que act&#250;a conforme a lo que siempre ha querido hacer. Por alguna raz&#243;n, ahora se ve con la posibilidad de hacerlo.

Un socio del club.

Un exsocio -dije tristemente, y le cont&#233; a Robin lo del encuentro de la noche del domingo.

Necesit&#225;bamos cambiar de tema; &#191;es que no hab&#237;a m&#225;s cosas aparte de asesinatos? Robin, bendito sea, debi&#243; de ver que no pod&#237;a m&#225;s y empez&#243; a hablarme de su agente y el proceso que se sigue para publicar un libro. Me hizo re&#237;r con an&#233;cdotas sobre firmas de libros que hab&#237;a soportado y yo le correspond&#237; con historias de gente que ven&#237;a a la biblioteca para hacer unas preguntas de lo m&#225;s extra&#241;as. Lo cierto es que pasamos una velada muy agradable, y a&#250;n est&#225;bamos en nuestra mesa cuando los Crandall y los Buckley pagaron la cuenta y se fueron.

Como el Carriage House estaba al sur de la ciudad, tuvimos que pasar junto a nuestras casas para meternos en el camino privado. Hab&#237;a un hombre de pie frente a la hilera de casas, en la acera. Cuando pasamos por delante, volvi&#243; su p&#225;lido rostro hacia nosotros. Bajo la luz de una farola cre&#237; reconocer a Perry.

Pero me distrajo el beso que me dio Robin cuando llegamos a mi puerta trasera. Fue tan inesperado como delicioso, y la disparidad de nuestras alturas dej&#243; de tener ninguna importancia. Quiz&#225; su petici&#243;n de salir no hab&#237;a sido tan impersonal como me hab&#237;a figurado en un principio; su beso estaba cargado de entusiasmo.

Sub&#237; mis escaleras tarareando una melod&#237;a y sinti&#233;ndome muy atractiva. Al entrar en mi habitaci&#243;n a oscuras, ech&#233; un vistazo por la ventana. No hab&#237;a nadie en la calle.


Esa noche llovi&#243;. Me despertaron las gotas que no dejaban de repiquetear en la ventana. Ve&#237;a los destellos de los rel&#225;mpagos filtrarse a trav&#233;s de las cortinas.

Baj&#233; las escaleras y comprob&#233; que estaban los cerrojos echados. Escuch&#233; y solo o&#237; la lluvia. Mir&#233; por las ventanas y solo vi lluvia. Frente a la casa, donde estaba la farola, vi c&#243;mo el agua discurr&#237;a r&#225;pidamente por la leve pendiente de la calle hasta el desag&#252;e del otro extremo de la manzana. Nada m&#225;s se mov&#237;a.





Cap&#237;tulo 11

Levantarme para ir al trabajo la ma&#241;ana siguiente no fue tarea f&#225;cil. Me sorprend&#237; tarareando en la ducha y me puse m&#225;s sombra en los ojos de lo habitual, pero la falda vaquera, la blusa a rayas y el pelo recogido me sentaron como un uniforme reconfortante. Lillian y yo nos pasamos toda la ma&#241;ana enmendando libros en un cuarto sin ventanas. Conseguimos que fuese llevadero intercambiando recetas o debatiendo sobre la proeza acad&#233;mica de su criatura de siete a&#241;os. Si bien mi parte de la conversaci&#243;n se limit&#243; a varias exclamaciones de aprobaci&#243;n y admiraci&#243;n en los momentos apropiados, no me vino mal. Puede que un d&#237;a tuviera mis propios hijos, &#191;quiz&#225; unos rubios regordetes? &#191;O gigantes narigudos con el pelo de fuego? Y seguramente le dir&#237;a a todo el que se me cruzase lo maravillosos que eran.

Me agrad&#243; levantarme de la mesa de trabajo y estirarme antes de irme a casa para almorzar. Me hab&#237;a costado tanto levantarme y hab&#237;a tomado un desayuno tan frugal que ten&#237;a mucha hambre e intentaba visualizar el contenido de mi nevera mientras giraba la llave de la cerradura de casa. No me sobresalt&#243; escuchar una voz procedente de mis espaldas, sino que me fastidi&#243; el no poder hincarle el diente a algo inmediatamente.

&#161;Roe! &#161;Teentsy dijo que estar&#237;as a punto de volver! Oye, tenemos un problemilla en casa -dec&#237;a el viejo se&#241;or Crandall.

Me volv&#237;, resignada a posponer mi almuerzo.

&#191;Y qu&#233; problemilla es ese, se&#241;or Crandall?

El hombre no era elocuente para nada, a excepci&#243;n de las armas, as&#237; que acab&#233; por comprender que, si quer&#237;a enterarme del problema que ten&#237;a Teentsy con la lavadora, tendr&#237;a que acompa&#241;arlo.

No era justo que me sintiese utilizada seg&#250;n la conveniencia de los dem&#225;s; al fin y al cabo era mi deber. Pero llevaba la ma&#241;ana deseando irme a comer sin la voz de Lillian martille&#225;ndome los o&#237;dos. Adem&#225;s, al ser mi&#233;rcoles, deb&#237;a de haber un nuevo ejemplar del Times en mi buz&#243;n. Suspir&#233; en silencio y cruc&#233; el peque&#241;o patio a la zaga del se&#241;or Crandall.

La lavadora y la secadora de los Crandall se encontraban en el s&#243;tano, por supuesto, como ocurr&#237;a en las cuatro viviendas adosadas. Se llegaba mediante un empinado tramo de escaleras rectas, abierto al vac&#237;o por un lado de no ser por el discreto pasamano. Baj&#233; las escaleras con Teentsy justo detr&#225;s relat&#225;ndome la cat&#225;strofe de la lavadora con precisi&#243;n milim&#233;trica. Al llegar abajo, vi que se hab&#237;a formado un charco de agua. Me invadi&#243; una profunda desaz&#243;n. Supe en ese momento que tendr&#237;a que pasar mi hora del almuerzo buscando un fontanero.

A pesar de que ten&#237;a todas las probabilidades en contra, di con uno a la primera llamada. Los Crandall contemplaban admirados c&#243;mo arreglaba una cita para que Ace Plumbing les hiciese una visita en la siguiente hora. Como Ace era una de las empresas de fontaner&#237;a que mi madre empleaba para todos los trabajos de sus propiedades, quiz&#225; no fuera tan extra&#241;a su buena disposici&#243;n, pero conseguir que se pasaran inmediatamente, &#161;eso s&#237; que era asombroso! Cuando colgu&#233; el tel&#233;fono y vi c&#243;mo Teentsy pon&#237;a ante m&#237; un filete acompa&#241;ado de patatas y jud&#237;as verdes, vi el lado alegre de ser la administradora de la propiedad.

Oh, no es necesario -dije sin mucha convicci&#243;n, pero ced&#237;. Las calor&#237;as y el colesterol no contaban en la cocina de Teentsy, as&#237; que sus platos eran absolutamente deliciosos, sazonados con ese plus de culpabilidad.

Teentsy y Jed Crandall parec&#237;an encantados por contar con una visita. Menuda pareja, ella con su abundante pecho, voz infantil y rizos canosos, y Jed con su expresi&#243;n dura como una piedra.

Mientras com&#237;a, Teentsy se puso a garrapi&#241;ar un dulce y el se&#241;or Crandall (no era capaz de llamarlo Jed) hablaba de la granja que hab&#237;a vendido el a&#241;o anterior y lo acertado que hab&#237;a sido para ellos vivir en la ciudad, a tiro de piedra de todos sus m&#233;dicos, allegados y nietos. Aunque no parec&#237;a muy convencido, y pude notar que se mor&#237;a por tener algo que hacer.

Vaya muchacho apuesto el que te acompa&#241;aba la otra noche -dijo Teentsy p&#237;caramente-. &#191;Os lo pasasteis bien?

Estaba dispuesta a apostar que Teentsy sab&#237;a exactamente a qu&#233; hora me trajo Robin a casa.

Oh, s&#237;, muy bien -contest&#233; con tono evasivo. Pase&#233; la mirada por su cocina-comedor. El m&#237;o estaba forrado de libros, mientras que el de los Crandall, con pistolas. Yo pr&#225;cticamente no sab&#237;a nada de armas y me alegraba fervientemente de que as&#237; fuera, pero hasta yo sab&#237;a que eran de diferentes tipos y &#233;pocas. Empec&#233; a preguntarme por su valor y enseguida me vi preocup&#225;ndome por la cobertura del seguro de mi madre sobre art&#237;culos de ese tipo. &#191;De qui&#233;n ser&#237;a la responsabilidad en caso de robo, por ejemplo? Aunque el ladr&#243;n que estuviese dispuesto a robarle a Jed Crandall tendr&#237;a que estar hecho de una pasta muy dura.

Y pensando en riesgos y seguridad en general, mis pensamientos fueron derivando en otra direcci&#243;n. Observ&#233; la puerta trasera de los Crandall. Hab&#237;an a&#241;adido dos cerrojos extra.

Pos&#233; el tenedor sobre la mesa.

Se&#241;or Jed, tenemos que hablar de esos cerrojos nuevos -dije amablemente.

Efectivamente, hab&#237;a le&#237;do el contrato de alquiler con mucho cuidado. Su dura expresi&#243;n entrada en a&#241;os adquiri&#243; un tono avergonzado al instante.

Oh, Jed -le ri&#241;&#243; Teentsy-. Te dije que ten&#237;as que hablar con Roe de esos cerrojos.

Bien, Roe -dijo su marido-, ya ves que esta colecci&#243;n de armas necesita m&#225;s protecci&#243;n de la que puede dar un solo cerrojo en la puerta de atr&#225;s.

Entiendo c&#243;mo te sientes e incluso estoy de acuerdo -respond&#237; con tacto-, pero sabes que, si decides poner m&#225;s cerrojos, tienes que darme la llave. Y si decides mudarte, sabes que los cerrojos se quedan con las llaves. Por supuesto, espero que eso nunca ocurra, pero deber&#237;as darme las llaves ahora.

Mientras el se&#241;or Crandall refunfu&#241;aba algo sobre que la casa de un hombre es su castillo y que eso iba en contra de darle las llaves a otra persona -incluida una chica tan maja como yo-, Teentsy se levant&#243; y se puso a hurgar en uno de los armarios de la cocina. Encontr&#243; enseguida un pu&#241;ado de llaves y se puso a repasarlas con preocupaci&#243;n.

Siempre me digo que tengo que repasar estas llaves y tirar las viejas que ya no necesitamos, y como estamos jubilados no deber&#237;a faltarme el tiempo, pero a&#250;n no me he puesto -me explic&#243;-. Bien, seguro que estas dos son las copias de los cerrojos nuevos Toma, Jed, pru&#233;balas para asegurarnos.

Mientras su marido las probaba en los cerrojos, ella recorri&#243; el manojo con dedos impotentes.

Esta parece la llave de esa vieja camioneta. Esta no s&#233; de qu&#233; es Ya sabes, Roe, ahora que lo pienso, una de estas es de ese apartamento de al lado que tiene alquilado ahora el se&#241;or Waites. Seguro que te acuerdas de Edith Warnstein, la anterior inquilina. Nos dio una copia porque dec&#237;a que siempre se le olvidaban las llaves cuando sal&#237;a y t&#250; estabas en el trabajo.

Bueno, tr&#225;emela cuando la encuentres, no hay prisa -dije. El se&#241;or Crandall me entreg&#243; las copias, que resultaron ser buenas, y agradec&#237; a Teentsy el maravilloso almuerzo, sinti&#233;ndome un poco culpable por invadir su castillo despu&#233;s de que me dieran de comer. A veces es muy duro ser tan concienzuda. Me sent&#237; mucho mejor al comprobar que mi partida coincid&#237;a con la llegada del fontanero. A juzgar &#250;nicamente por su aspecto -barba de dos d&#237;as, un pa&#241;uelo de colores vivos cubriendo unos rizos de pelo negro y mono de mec&#225;nico Day-Glo-, yo no le habr&#237;a confiado mi lavadora, pero llevaba su maleta de herramientas con tanta seguridad, y tuvo el gesto de apuntar concienzudamente los gastos a la cuenta de mi madre, que me fui sintiendo que hab&#237;a hecho un buen servicio.

Casi choco literalmente con Bankston cuando sal&#237;a del patio de los Crandall. Llevaba su bolsa de golf y parec&#237;a reci&#233;n duchado. Saltaba a la vista que hab&#237;a estado haciendo unos hoyos en el club de campo. Pareci&#243; sorprenderse al verme.

&#191;Problemas de fontaner&#237;a con los Crandall? -pregunt&#243;, indicando con la cabeza la furgoneta del fontanero.

S&#237; -dije distra&#237;damente tras echar un vistazo al reloj-. &#191;Tu lavadora secadora funciona bien?

Oh, claro. Oye, &#191;c&#243;mo llevas los problemas de los &#250;ltimos d&#237;as?

Bankston intentaba ser amable, pero yo no ten&#237;a ni el tiempo ni las ganas de charlar.

Bastante bien, gracias. Me he alegrado cuando supe que Melanie y t&#250; os cas&#225;is -a&#241;ad&#237;, recordando que le deb&#237;a un poco de cortes&#237;a-. No tuve la oportunidad de decirte nada la otra noche, cuando nos reunimos en mi casa. Enhorabuena.

Gracias, Roe -dijo con su t&#237;pica actitud intencionada-. Tuvimos la suerte de llegar a conocernos de verdad. -Sus ojos azules lanzaban destellos, y ten&#237;a claro que eran el reflejo de los fuertes sentimientos de Melanie. Estaba un poco celosa, a decir verdad, y la peor parte de m&#237; misma se preguntaba qu&#233; era lo que ten&#237;an que llegar a conocer de verdad mutuamente dos personas tan ap&#225;ticas. Se hac&#237;a tarde.

Enhorabuena -repet&#237; alegremente, y el sentimiento era sincero en su mayor parte-. Tengo un poco de prisa.

Corr&#237; a mi casa para dejar las llaves de los Crandall en mi llavero oficial y, a pesar de que me quedaba poco tiempo para llegar a la biblioteca, me tom&#233; un instante para etiquetarlas.

Llegar&#237;a tarde de todos modos.


Conduje hacia el norte por Parson Road, de regreso a la biblioteca. La casa de los Buckley me pillaba de camino, a la izquierda.

Por pura coincidencia, Lizanne sal&#237;a por la puerta justo cuando pasaba yo por delante con mi coche. Yo miraba a la izquierda para admirar las flores que decoraban el jard&#237;n delantero de la familia. En ese momento se abri&#243; la puerta y una figura sali&#243; trastabillando. Supe que era Lizanne por el color de su pelo y la silueta, adem&#225;s de que era la casa de sus padres. Pero nada en su postura o actitud delataba a la Lizanne que yo conoc&#237;a. Se desplom&#243; en el umbral de la puerta, aferr&#225;ndose como pod&#237;a a la barandilla de hierro forjado negro que descend&#237;a junto a los pelda&#241;os de ladrillo rojo.

Que Dios me perdone, pero una mitad de mi ser deseaba seguir conduciendo para llegar al trabajo, v&#237;ctima de la ignorancia del momento, pero la otra mitad que pensaba que una amiga pod&#237;a necesitar ayuda era la que controlaba el coche. Aparqu&#233; el coche enfrente y cruc&#233; la calle y el c&#233;sped temiendo llegar hasta ella y descubrir por qu&#233; ten&#237;a el rostro contorsionado y ten&#237;a las medias manchadas, especialmente a la altura de las rodillas.

Ni se dio cuenta de mi presencia. Sus largos dedos, con las u&#241;as delicadamente arregladas, se aferraban a su falda y el aire entraba y sal&#237;a de sus pulmones produciendo un terrible sonido. Ten&#237;a la cara manchada de l&#225;grimas, aunque ya no lloraba. A tenor del olor, hab&#237;a vomitado recientemente. Su l&#225;nguida, dulce y casual belleza se hab&#237;a evaporado.

La rode&#233; con el brazo y trat&#233; de olvidar el amargo olor, pero mi est&#243;mago tambi&#233;n empez&#243; a revolverse. El delicioso almuerzo de los Crandall amenazaba con deshacer camino. Cerr&#233; los ojos un instante. Cuando los abr&#237;, ella me estaba mirando, los dedos tensos como garras.

Los han matado, Roe -dijo con una terrible claridad-. Pap&#225; y mam&#225; est&#225;n muertos. Me arrodill&#233; para asegurarme y tengo la ropa manchada de la sangre de pap&#225;.

Guard&#243; silencio y perdi&#243; la mirada en su falda. A sabiendas de mi impotencia en esa espantosa situaci&#243;n, dej&#233; que mis pensamientos derivasen hacia lo que de verdad se me daba bien: hallar el patr&#243;n, el terrible e impersonal patr&#243;n en el que alguien estaba intentando encajar a las v&#237;ctimas por la fuerza. En esta ocasi&#243;n ten&#237;amos a Lizanne, un padre y una madrastra muertos de forma sangrienta y a plena luz del d&#237;a.

Me preguntaba d&#243;nde estar&#237;a el hacha.

Acababa de entrar por la puerta de atr&#225;s para almorzar con ellos, como todos los d&#237;as -dijo de repente-. Cuando cerr&#233; la puerta y no respond&#237;an, abr&#237; la delantera. Toma, esta es la &#250;nica llave que tengo. Ellos, hab&#237;a sangre por todas las paredes.

&#191;Las paredes? -murmur&#233; est&#250;pidamente, inconsciente de lo que iba a decir hasta que hubo salido por mi boca.

S&#237; -dijo seriamente, defendiendo una horrible verdad-. Las paredes. Pap&#225; est&#225; en el sof&#225;, Roe, el que usa para ver la televisi&#243;n, y est&#225;, est&#225; Y mam&#225; est&#225; arriba, en el cuarto de invitados, en el suelo, junto a la cama.

La estrech&#233; con todas mis fuerzas y ella se arrebuj&#243; en m&#237;.

No deb&#237; verlos as&#237; -susurr&#243;.

No.

Y luego se sumergi&#243; en otro silencio.

Ten&#237;a que llamar a la polic&#237;a.

Me incorpor&#233; como una anciana (me sent&#237;a como una anciana). Me volv&#237; para mirar la puerta que Lizanne acababa de cerrar y extend&#237; la mano, como presa de un trance, para abrirla.

Hab&#237;a sangre por todas partes, rociada a salpicones por la pared. Lizanne ten&#237;a raz&#243;n: sangre en las paredes. Y en el techo, y en el televisor.

Pod&#237;a ver a Arnie Buckley desde mi posici&#243;n, que quedaba justo frente al comedor. Supon&#237;a que era Arnie. Era de un tama&#241;o similar y yac&#237;a en su casa, bueno, en su sill&#243;n. Le hab&#237;an desintegrado la cara.


Quise gritar hasta que alguien me noqueara. Nada en el mundo har&#237;a que pusiera otro pie en esa casa. Lo que m&#225;s deseaba en el mundo era retroceder hacia la calle, meterme en mi coche y salir corriendo sin mirar atr&#225;s. Al parecer ten&#237;a una horrible facilidad para abrir puertas y encontrarme muertos, mutilados y apaleados al otro lado. Consegu&#237; cerrar la puerta, esa puerta tan blanca y residencial con aldaba de bronce. Mientras trataba de avanzar por el c&#233;sped de los Buckley en busca de ayuda, no pude dejar de mirar mi Chevette con anhelo.

No s&#233; si llam&#233; yo, ni lo que le dije a la se&#241;ora de la puerta de al lado. Solo s&#233; que volv&#237; tambale&#225;ndome para sentarme en un pelda&#241;o, junto a Lizanne.

Habl&#243; una vez, pregunt&#225;ndome, para mi desconcierto, por qu&#233; hab&#237;an asesinado a sus padres. Le dije honestamente que los hab&#237;a matado la misma persona que asesin&#243; a Mamie Wright. Deseaba que no me preguntase por qu&#233; ten&#237;a que tocarles a sus padres. Los hab&#237;an escogido porque ella se llamaba Elizabeth, porque no estaba casada y porque su madre no lo era realmente. Eran los rasgos de la vida de Lizanne que encajaban remotamente con los asesinatos de Fall River, Massachussetts, cometidos en 1893, en un s&#243;rdido y tenso hogar de un barrio de clase media, seguramente a manos de la hija menor del se&#241;or Andrew Borden, llamada Lizzie.

Pero no cre&#237;a que Lizanne hubiese o&#237;do hablar jam&#225;s de ese caso, y me alegraba. Mantuve mi brazo sobre su hombro para que no dejara de notar un poco de calor humano, pero el olor segu&#237;a provoc&#225;ndome n&#225;useas. Segu&#237; as&#237; porque era todo lo que pod&#237;a hacer.

Jack Burns sali&#243; del coche patrulla que apareci&#243; en el jard&#237;n privado. Le acompa&#241;aba un m&#233;dico, un cirujano local, y m&#225;s tarde descubr&#237; que estaban almorzando juntos cuando recibi&#243; la llamada. El m&#233;dico mir&#243; a Lizanne, luego a m&#237; y titube&#243;, pero Jack Burns nos rode&#243; e hizo un gesto a su amigo hacia la casa. El sargento de detectives ech&#243; un vistazo al interior y luego me mir&#243; con ojos encendidos. Yo no era el objeto de su mirada, sino un mero obst&#225;culo. Sin embargo, fue a m&#237; a quien calcin&#243; la furia de su mirada.

&#161;No toques nada! &#161;Cuidado por donde caminas! -le indic&#243; al m&#233;dico.

Bueno, est&#225; claro que est&#225; muerto, pero si quieres que lo certifique, no tengo inconveniente -dijo la voz del m&#233;dico.

&#191;Alguien m&#225;s? -me espet&#243; Burns. Supongo que vio que Lizanne era incapaz de responder.

Me ha dicho que su madrastra est&#225; muerta en la planta de arriba -le dije con mucha tranquilidad, aunque no creo que Lizanne me hubiese o&#237;do aunque hubiese gritado.

&#161;Sube a ver! -orden&#243;.

Es probable que el m&#233;dico subiese corriendo, pero yo no los habr&#237;a acompa&#241;ado aunque me hubiesen apuntado en la sien con un arma.

Aqu&#237; hay otro cad&#225;ver -indic&#243; el m&#233;dico desde arriba.

Entonces baja echando leches, hay que recoger muestras -dijo Burns bruscamente.

El m&#233;dico sali&#243; a paso ligero por la puerta y, tras meditar un instante, simplemente enfil&#243; calle abajo. No estaba por la labor de pedirle a Jack Burns que le acercara de regreso al restaurante. Burns entr&#243;, pero no lo o&#237; caminar por el suelo de madera. Debi&#243; de quedarse quieto, observando. Al menos dej&#243; la puerta entrecerrada tras de s&#237; para que hubiese algo entre nosotras y el horror.

Los coches de polic&#237;a empezaron a amontonarse detr&#225;s del de Burns y la rutina estaba a punto de empezar. Lynn Liggett sali&#243; del primero. Enseguida se puso a repartir &#243;rdenes entre los agentes uniformados que salieron del siguiente coche.

&#191;Qu&#233; hac&#237;as aqu&#237;? -inquiri&#243; Lynn salt&#225;ndose los preliminares.

&#191;Alguien ha llamado una ambulancia para Lizanne? -pregunt&#233;. Empezaba a sacudirme el letargo, la extra&#241;a enso&#241;aci&#243;n en la que me hab&#237;a sumido.

S&#237;, hay una de camino.

Vale. Yo iba de camino al trabajo. Ella sali&#243; por la puerta as&#237;. Me dijo algo y luego abr&#237; la puerta para mirar dentro. Entonces llam&#233; a la polic&#237;a desde la casa de la vecina.

Lynn Liggett abri&#243; la puerta y ech&#243; un vistazo. Yo me obligu&#233; a mantener los ojos hacia el frente. Su piel adquiri&#243; un tono verdoso y ten&#237;a los labios tan apretados que se transformaron en dos l&#237;neas blanquecinas.

La ambulancia lleg&#243; enseguida, y me alegr&#233; de verla, ya que el rostro de Lizanne palidec&#237;a por momentos y sus manos estaban perdiendo la coordinaci&#243;n. Su respiraci&#243;n parec&#237;a irregular y superficial. Cuando el auxiliar subi&#243; las escaleras para ponerse junto a nosotras, ella hab&#237;a dejado caer todo su peso sobre m&#237;. Ni siquiera se dio cuenta de la presencia del personal de la ambulancia. La cargaron en la camilla con r&#225;pida eficacia. Camin&#233; junto a ella por la calle, cogi&#233;ndole de la mano, pero ella no sab&#237;a que estaba all&#237;. Cuando el camillero la meti&#243; en la ambulancia, parec&#237;a haber perdido el conocimiento.

Contempl&#233; c&#243;mo se alejaba la ambulancia blanca y naranja desde el bordillo. No cre&#237;a que pudiese irme. Me apoy&#233; en el cap&#243; del coche de Lynn durante lo que me pareci&#243; una eternidad, a la deriva, procurando pensar lo menos posible. Al cabo de un momento, me di cuenta de que Lynn Liggett estaba junto a m&#237;.

Lizanne no es sospechosa, &#191;verdad? -pregunt&#233; finalmente. Esperaba sinceramente que la detective me soltara una impertinencia en relaci&#243;n a que no era asunto m&#237;o, pero algo hab&#237;a ablandado a esa mujer desde la &#250;ltima vez que la vi. Hab&#237;a compartido conmigo algo terrible.

No -dijo-. La vecina afirma que oy&#243; a Lizanne llamar a la puerta de atr&#225;s y que luego la vio rodear la casa para entrar por delante, algo tan poco habitual que ya sopes&#243; llamarnos ella misma. Habr&#237;an hecho falta m&#225;s de siete minutos para hacer eso y limpiarlo todo. Y salta a la vista que sus padres ya llevaban muertos una hora cuando lleg&#243;.

El se&#241;or Buckley ten&#237;a que entrar a trabajar en la biblioteca a las dos, y ma&#241;ana &#237;bamos a compartir el turno de noche -dije.

S&#237;, est&#225; apuntado en el calendario colgado de la nevera.

Por alguna raz&#243;n, eso me provoc&#243; un escalofr&#237;o. El trabajo de esa mujer inclu&#237;a registrar los calendarios de los muertos mientras a&#250;n yac&#237;an en el suelo sobre un charco de sangre. Citas a las que nunca acudir&#237;an. En ese momento, reconsider&#233; mi actitud hacia Lynn Liggett.

Ya sabes a qu&#233; se parece.

Al caso Borden.

Mov&#237; la cabeza bruscamente para mirarla, sorprendida.

Arthur est&#225; dentro -explic&#243;-. Me lo ha dicho &#233;l.

Arthur sali&#243; de la casa en ese momento, con el mismo tono p&#225;lido verdoso que hab&#237;a aquejado a Lynn con anterioridad. Me salud&#243; con un gesto de la cabeza, dando mi presencia por sentado.

&#191;John Queensland, de Real Murders? -dije. Arthur asinti&#243;-. Bueno, es un experto sobre el caso Borden.

Ya me acordaba. Me pondr&#233; en contacto con &#233;l esta tarde.

Pens&#233; en la dulce pareja de ancianos que vi pas&#225;rselo bien en el restaurante justo la noche anterior. Pens&#233; en tener que decirle a los Crandall que sus mejores amigos hab&#237;an sido apaleados hasta morir. Entonces me di cuenta de que ten&#237;a que contarles a los detectives d&#243;nde hab&#237;a visto a los Buckley por &#250;ltima vez, por si era un dato importante. Tras relat&#225;rselo, y que Lynn apuntara los nombres de los Crandall y la hora a la que los hab&#237;a visto, sent&#237; ganas de acercarme a Arthur, de darle una palmada o un abrazo, de establecer un contacto c&#225;lido y humano. Pero no pod&#237;a.

Es lo peor que espero ver en la vida. Lo cierto es que ya no parecen personas -dijo Arthur de repente, hundiendo las manos en los bolsillos. Me di cuenta de que sus compa&#241;eros detectives tendr&#237;an que echarle una mano con el caso. Me hab&#237;a librado de ese mal rato y, a decir verdad, lo agradec&#237;a.

Se me pasaron muchas cosas que decir, pero eran todas f&#250;tiles. Hab&#237;a llegado el momento de marcharme. Me met&#237; en mi coche y, sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, puse rumbo al trabajo. Fui a decirle al se&#241;or Clerrick que nuestro voluntario ya no vendr&#237;a esa tarde.

El resto de la jornada pas&#243; sin pena ni gloria. M&#225;s tarde no recordar&#237;a una sola de las cosas que hice al volver a mi puesto. S&#237; recordaba haberme sentido bien al levantarme esa ma&#241;ana, y no pod&#237;a cre&#233;rmelo. Solo deseaba que transcurriese un d&#237;a sin incidentes, ni buenos ni malos. Sin emociones fuertes. Simplemente un d&#237;a mon&#243;tono y normal, como los que hab&#237;a vivido hasta hac&#237;a muy poco.

Casi a la hora del cierre, vi que entraba uno de los detectives que no conoc&#237;a personalmente. Se dirigi&#243; hacia el despacho de Sam Clerrick, en la planta baja, y sali&#243; en cuesti&#243;n de segundos para enfilar directamente a Lillian, que estaba detr&#225;s del mostrador de pr&#233;stamo. El detective le formul&#243; un par de preguntas, a las que ella dio entusiasmada respuesta. &#201;l apunt&#243; algunas cosas en su libreta y se march&#243; tras despedirse de ella con un gesto de la cabeza.

Lillian alz&#243; la vista hacia la segunda planta, donde me encontraba yo recolocando libros una vez m&#225;s, y nuestras miradas se encontraron. Parec&#237;a excitada, y m&#225;s que eso. Apart&#243; la mirada. Al poco, cuando otra compa&#241;era estuvo a tiro de conversaci&#243;n, Lillian la llam&#243;. Juntaron las cabezas, tras lo cual la compa&#241;era corri&#243; hacia la secci&#243;n de publicaciones peri&#243;dicas, donde hab&#237;a otra compa&#241;era m&#225;s. Si la polic&#237;a segu&#237;a present&#225;ndose haciendo preguntas sobre m&#237;, pens&#233; con un repentino retortij&#243;n, el se&#241;or Clerrick podr&#237;a dejarme marchar. Por mucho que me dijera que no hab&#237;a hecho nada, supe de repente que no supondr&#237;a diferencia alguna. Aquello no me estaba pasando, hube de recordarme. Seguramente otros socios de Real Murders estaban sufriendo los mismos inconvenientes por todo Lawrenceton, por no hablar de todos aquellos cuyas vidas hab&#237;an sido trastocadas por el asesino, por muy tangencialmente que fuese.

Era el t&#237;pico efecto de ondas cuando tiras un guijarro en un estanque. Pero, en vez de guijarros, estaban arrojando cad&#225;veres al estanque comunitario, y las consiguientes ondas de sufrimiento, temor y suspicacia alcanzar&#237;an a m&#225;s y m&#225;s personas hasta que los cr&#237;menes tocasen a su fin.





Cap&#237;tulo 12

Aunque no lo supe hasta que sal&#237; del trabajo, hab&#237;a sido una tarde ajetreada para los medios informativos y la polic&#237;a.

La muerte de Mamie no hab&#237;a suscitado demasiado inter&#233;s en la capital, a pesar de ocupar las portadas de Lawrenceton. La caja de bombones hab&#237;a dado para un par de p&#225;rrafos del interior de una publicaci&#243;n local y hab&#237;a pasado completamente desapercibida en los medios de la capital. Pero el asesinato de Morrison Pettigrue s&#237; era noticia, el asesinato extra&#241;o de un tipo extra&#241;o y exc&#233;ntrico, salpimentado con la carga de asesinato pol&#237;tico de Benjamin. Cab&#237;a la posibilidad de que Benjamin fuese el carnicero local en obvia busca de atenci&#243;n, por cualquier medio y de la peor manera, pero merec&#237;a el t&#237;tulo de director de campa&#241;a como se le tildaba. Los dos corresponsales locales de los peri&#243;dicos de la capital disfrutaron de un par de d&#237;as de importancia sin precedentes.

Tal como nos hab&#237;a dicho Sally de forma tan indignada en la &#250;ltima reuni&#243;n celebrada en casa, la polic&#237;a le hab&#237;a pedido que mantuviese las especulaciones relativas a Julia Wallace fuera de su publicaci&#243;n. El relato del asesinato de Julia Wallace ser&#237;a poco atractivo para los lectores de peri&#243;dico estadounidenses del siglo XX, les hab&#237;a dicho la polic&#237;a a Julia y a su jefe. Y, aparte, interferir&#237;a en su investigaci&#243;n. Sally estaba siguiendo la pista del asesinato Wright, no cab&#237;a duda, al formar parte del club y adem&#225;s estaba presente cuando encontr&#233; el cuerpo, as&#237; que le sent&#243; muy mal que se excluyera su exclusivo conocimiento de los hechos. Pero su jefe, Macon Turner, se pleg&#243; a las demandas del jefe de la polic&#237;a local y guard&#243; el caso en el caj&#243;n durante unos d&#237;as. Ser&#237;a de manos de Macon Turner como juntar&#237;a todos estos retazos de informaci&#243;n m&#225;s tarde; hab&#237;a estado rondando a mi madre durante unos meses antes de que John Queensland le ganara la mano y nos hab&#237;amos hecho amigos.

Sally se puso fren&#233;tica tras el asesinato de Pettigrue; en cuanto supo de sus fuentes policiales que hab&#237;a un peri&#243;dico diseminado por la superficie del agua de la ba&#241;era y que lo hab&#237;an colocado all&#237; despu&#233;s de matarlo, repas&#243; mentalmente los asesinatos de radicales y no tard&#243; en caer en el apu&#241;alamiento de Charlotte Corday a Paul Marat en la Francia revolucionaria. Charlotte hab&#237;a conseguido entrar en la casa de Marat afirmando que llevaba una lista de los traidores de su provincia. Entonces lo mat&#243; mientras tomaba un ba&#241;o para aliviar su enfermedad de la piel.

En cuanto lo tuvo claro, Sally irrumpi&#243; en el despacho de Macon Turner y exigi&#243; contar toda la historia. Sab&#237;a que ser&#237;a el reportaje m&#225;s importante de su carrera. Turner, que era amigo del jefe de polic&#237;a, dud&#243; durante un par de fatales d&#237;as, durante los cuales los Buckley fueron asesinados. Tras llegar a una inmediata y obvia conclusi&#243;n, Sally prepar&#243; su reportaje con una completa exposici&#243;n de la teor&#237;a paralela, como acab&#243; llam&#225;ndose.

Turner ya no pod&#237;a resistirse al mayor y m&#225;s importante reportaje que le hab&#237;a estallado entre las manos desde que compr&#243; el Sentinel de Lawrenceton. Por fortuna, ninguno de los dos reporteros a tiempo parcial conoc&#237;a a ninguno de los socios de Real Murders, quienes no hablaban mucho del asesinato de Mamie Wright, especialmente desde la &#250;ltima reuni&#243;n dominical en mi casa. Por ejemplo, LeMaster Cane me dijo m&#225;s tarde que, antes de la propia reuni&#243;n, hab&#237;a llegado a la conclusi&#243;n de que los asesinatos se parec&#237;an demasiado a casos antiguos como para considerarlos una coincidencia. Pero, como afroamericano, ten&#237;a miedo a que lo implicaran si daba un paso al frente para compartir su teor&#237;a. Para entonces tambi&#233;n hab&#237;a descubierto que su martillo -con sus iniciales impresas en el mango- hab&#237;a desaparecido. Imagin&#243; que lo hab&#237;an usado para matar a Mamie.

La misma tarde que se hall&#243; muertos a los Buckley, el laboratorio forense estatal llam&#243; a la polic&#237;a local para decir que, a pesar de que el informe estaba enviado, quer&#237;an que Arthur y Lynn supieran que los bombones que recibimos mi madre y yo conten&#237;an matarratas. Si mi madre hubiese tomado uno de ellos con la suerte de notar el sabor y escupirlo, lo habr&#237;a pasado muy mal. Si por alguna raz&#243;n sus papilas gustativas hubiesen estado atrofiadas como para comerse tres bombones, podr&#237;a haber muerto. Pero los matarratas suelen tener un olor y un sabor muy fuertes, precisamente para impedir su ingesta accidental, as&#237; que cab&#237;a concluir que el intento de envenenamiento hab&#237;a sido poco entusiasta y de corte aficionado.

Entonces Lynn Liggett encontr&#243; una caja de matarratas abierta en el coche de Arthur.

El agente que hab&#237;a tomado nota del mensaje del laboratorio estatal se llamaba Paul Allison, hermano del hombre con el que Sally hab&#237;a estado casada a&#241;os atr&#225;s. Era amigo de Sally y Arthur le importaba poco. Paul Allison estaba en el aparcamiento de la comisar&#237;a cuando Lynn, que se hab&#237;a metido en el coche de Arthur para recoger su libreta olvidada, encontr&#243; la caja de matarratas debajo. Lynn dio por sentado que Arthur se hab&#237;a hecho con una muestra por alguna raz&#243;n y la levant&#243; donde Paul Allison pudiera verla, justo antes de darse cuenta de que algo no encajaba e intentar esconderla de nuevo.

Cuando Paul Allison vio el matarratas, no hubo forma posible de ocultar el episodio y Arthur tuvo que dar muchas explicaciones, al igual que Lynn, que siempre hab&#237;a acompa&#241;ado al otro de ac&#225; para all&#225;.

Paul Allison decidi&#243; dar sus propias explicaciones a Sally. La llam&#243; una hora m&#225;s tarde y el reportaje se imprimi&#243; a la ma&#241;ana siguiente.

Su relato no dej&#243; indiferente a nadie, como era de esperar. Sally Allison, periodista de mediana edad, por fin hab&#237;a dado con la historia que llevaba toda la vida anhelando, y fue a por todas, sin cortapisa alguna.

Los reporteros no sab&#237;an nada de la teor&#237;a paralela, pero s&#237; que algo extra&#241;o estaba pasando en Lawrenceton, que sol&#237;a contar con una de las menores tasas de asesinatos. Cuando mataron a los Buckley, una reportera estaba escuchando la emisora de la polic&#237;a. Mientras los coches patrulla converg&#237;an en la casa, ella cargaba su c&#225;mara. Detuvo el coche en una gasolinera para repostar y luego condujo lentamente por Parson hasta encontrar la casa. Delante, una mujer alta y atractiva se hab&#237;a dejado caer con las piernas manchadas de sangre. Junto a esa bella mujer, rode&#225;ndola con el brazo, hab&#237;a una bibliotecaria bajita con gafas redondas y expresi&#243;n sombr&#237;a. Trataba de pasar por alto las arcadas que me provocaba el olor a v&#243;mito de Lizanne.

Su foto de nosotras apareci&#243; en la secci&#243;n metropolitana-estatal del diario de la tarde. Sus fuentes en el departamento de polic&#237;a no hab&#237;an estado calladas mientras tanto, y el pie rezaba: Elizabeth Buckley yace conmocionada en la escalera de la casa de sus padres tras descubrir sus cad&#225;veres. La consuela Aurora Teagarden, que hall&#243; el cad&#225;ver de la se&#241;ora de Gerald Wright la noche del viernes.

As&#237; que esa tarde, mientras trabajaba en la biblioteca sumida en el aturdimiento, los periodistas estaban vigilando mi casa y la oficina de mi madre. A nadie se le ocurri&#243; que pod&#237;a ir simplemente al trabajo despu&#233;s de consolar a Lizanne. Claro que el peri&#243;dico a&#250;n no hab&#237;a salido y todav&#237;a no hab&#237;a visto la foto, pero cuando llegu&#233; a casa despu&#233;s de mi turno, hab&#237;a un equipo de informativos de la televisi&#243;n aparcado en mi plaza de aparcamiento. Hab&#237;an recibido un soplo temprano de la historia, y como Lizanne estaba incomunicada en el hospital y Arthur y Lynn estaban enredados en la comisar&#237;a con el descubrimiento del matarratas, mi madre y yo &#233;ramos de los pocos objetivos abordables que quedaban.

As&#237; era hasta que el equipo de informativos divis&#243; a Robin, que llegaba a casa desde la universidad. El reportero era un &#225;vido aficionado al g&#233;nero del misterio y lo reconoci&#243; enseguida, despu&#233;s de haber le&#237;do sobre su llegada tras el afligido escritor que hab&#237;a sufrido un infarto. El c&#225;mara lo sigui&#243; como una exhalaci&#243;n y el reportero se plant&#243; ante &#233;l con unas preguntas apresuradas. Robin, acostumbrado a ser entrevistado, lo llev&#243; muy bien. Fue agradable, sin llegar a revelar demasiada informaci&#243;n. Aquella noche lo vi en el noticiario.

Desgraciadamente, no estaban tan centrados como para que uno de ellos no se diera cuenta de mi presencia cuando llegaba a casa. Puede que tuviese el deber de hablar con la polic&#237;a, pero no ten&#237;a por qu&#233; perder el tiempo con esa gente. Uno de ellos sosten&#237;a un ejemplar del peri&#243;dico, y me lo puso ante las narices mientras sal&#237;a titubeante de mi coche, dispuesta a darme el ba&#241;o m&#225;s largo y caliente que recordase. Dijo algo, no s&#233; el qu&#233;, ya que me sent&#237; tan espantada al ver la foto de la pobre Lizanne que no fui capaz de escuchar nada. Me encontraba rodeada, y as&#237; estaba, a pesar de que mi mente sent&#237;a que los tres hombres que formaban el equipo eran como treinta.

Estaba sencillamente agotada y no pod&#237;a m&#225;s.

No quiero decir nada -inform&#233;, nerviosa. El c&#225;mara corri&#243; en pos de m&#237;. El reportero era un tipo atractivo con una bonita sonrisa, pero quer&#237;a que se apartase de mi camino m&#225;s de lo que hab&#237;a deseado nunca. Sent&#237;a que estaba rayando peligrosamente con el linde de la histeria.

Robin decidi&#243; venir en mi rescate. Se asom&#243; entre ellos y tir&#243; de m&#237; para que atravesase la barricada humana. Por un instante me pregunt&#233; si no me retendr&#237;an, pero se apartaron y corr&#237; junto a Robin. &#201;l me rode&#243; con un brazo, dimos la espalda al equipo de informativos y nos dirigimos hacia la puerta del patio.

Yo sab&#237;a que el c&#225;mara segu&#237;a al trote (el novelista de misterio y su casera bibliotecaria viviendo en casas adyacentes) y sent&#237; un respingo en las entra&#241;as. Me volv&#237; para encarar al c&#225;mara.

Esto es una propiedad privada. Pertenece a mi madre, a quien represento yo en este momento -dije ominosamente-. No ten&#233;is mi permiso para entrar. Esto va contra la ley -a&#241;ad&#237;, como quien pronuncia un encantamiento. Y, por los efectos, bien lo parec&#237;a, ya que volvieron a su furgoneta, &#161;y se fueron! Me sent&#237; incre&#237;blemente satisfecha conmigo misma, pero tambi&#233;n sorprendida al encontrarme a un Robin sonriente cual padre orgulloso.

Puedes con ellos, Aurora -dijo, admirado.

Agradezco que me echases una mano en el aparcamiento, Robin -apunt&#233;-, pero, maldita sea, &#161;no seas paternalista conmigo! -Segu&#237; un poco con el discurso de independentismo personal y consegu&#237; entrar por mi puerta trasera sin estallar en l&#225;grimas.

Esa noche, Arthur me llam&#243; para contarme la s&#243;rdida historia del matarratas.

Quienquiera que sea ese malnacido, est&#225; jugando con nosotros y ha ido muy lejos -dijo Arthur, airado.

Yo consideraba que asesinar a los Buckley ya era ir demasiado lejos.

Tras compadecerme tanto como me permit&#237;a la decencia, le coment&#233; el problema que estaba teniendo con los medios de comunicaci&#243;n. Hab&#237;a recibido un par de llamadas durante mi maravilloso ba&#241;o que hab&#237;an conseguido arruinarlo. Solo la esperanza de escuchar la voz de alguien con quien me apeteciese charlar me animaba a seguir cogiendo el aparato. Por primera vez en mi vida me vi deseando tener un contestador.

Yo tambi&#233;n estoy recibiendo llamadas -indic&#243; Arthur, sombr&#237;o-. No estoy acostumbrado a ser el objeto directo de tanta atenci&#243;n medi&#225;tica.

Ni yo -dije-. Lo odio. Menos mal que dar ruedas de prensa no forma parte del oficio de bibliotecaria. &#191;Crees que hemos dejado de ser sospechosos?

S&#237;. No me han suspendido, ni nada por el estilo. Al menos he conseguido labrarme un respeto suficiente para eso.

Me alegro. -Y as&#237; era. Mientras Arthur siguiese en su sitio, sent&#237;a que contaba con alguien de mi parte en la polic&#237;a. Si lo hubieran suspendido, no solo lo habr&#237;a lamentado por &#233;l, sino que tambi&#233;n me habr&#237;a sentido impotente del todo.

Deja el tel&#233;fono descolgado -me recomend&#243; Arthur-. Pero antes llama a tu madre y dile que ponga un cartel con letras bien grandes en tu aparcamiento que deje claro que es una propiedad privada y que los intrusos ser&#225;n demandados.

Buena idea. Gracias.

Nos despedimos con cierta incomodidad. Ambos nos pregunt&#225;bamos que ser&#237;a lo siguiente, y a qui&#233;n le pasar&#237;a.


Mi madre llam&#243; a su manitas particular esa noche y le dijo que le pagar&#237;a el triple de lo habitual si colocaba el cartel en el aparcamiento antes de las siete de la ma&#241;ana. Me implor&#243; que abandonase la ciudad o que me fuese a vivir con ella, al menos hasta que la situaci&#243;n volviese a la normalidad. Hab&#237;a conocido a los Buckley y le horrorizaba pensar lo que debieron de experimentar antes de su muerte. Los Buckley ten&#237;an su edad, eran sus conocidos.

John ha tenido que ir a declarar a la polic&#237;a -me dijo-. Me parece bien que pueda ayudar, pero odio que haya tenido que ir. Ojal&#225; nunca te hubieses unido a ese grupo del demonio, Aurora. Pero de nada sirve hablar de ello ahora. &#191;No quieres quedarte conmigo?

&#191;Me vas a defender, madre? -le pregunt&#233; con sonrisa pesarosa.

Hasta el &#250;ltimo aliento -contest&#243; llanamente.

De repente pens&#233; que mi madre estar&#237;a m&#225;s a salvo si permanec&#237;a lejos de ella.

Me las arreglar&#233; -le dije-. Gracias por ocuparte del cartel.





Cap&#237;tulo 13

Pas&#233; una mala noche.

So&#241;&#233; que unos hombres con c&#225;maras entraban en mi cuarto de ba&#241;o mientras me vest&#237;a y que uno de ellos era el asesino. Emerg&#237; de un profundo sue&#241;o para descubrir que la lluvia repiqueteaba levemente contra la ventana de mi dormitorio. Me volv&#237; a dormir.

Cuando al final me levant&#233;, aturdida, mir&#233; por las ventanas del piso de arriba desde detr&#225;s de las cortinas para asegurarme de que nadie me esperaba fuera. Todos los coches apostados en el aparcamiento eran conocidos. Ninguno estaba aparcado en la parte delantera. En la entrada del aparcamiento hab&#237;a un amplio e inconfundible cartel. Baj&#233; las escaleras para tomarme un caf&#233;, pero al final me lo sub&#237; de vuelta a mi habitaci&#243;n. Taza en mano vi c&#243;mo Robin sal&#237;a hacia su trabajo en la capital. Vi que Bankston recog&#237;a los peri&#243;dicos a la vez que Teentsy sal&#237;a con su coche. Deb&#237;a de necesitar algo para el desayuno, ya que regres&#243; al cabo de los minutos. El chaparr&#243;n de la noche anterior no hab&#237;a dejado demasiadas consecuencias, a diferencia del de hac&#237;a dos noches. Los peque&#241;os charcos ya se hab&#237;an secado.

Para cuando regres&#243; Teentsy, yo hab&#237;a reunido el valor suficiente para salir a por mis peri&#243;dicos. El d&#237;a empezaba bien. Hab&#237;a fotos de Arthur, de la boda de Mamie y Gerald, de los Buckley con Lizanne cuando aquellos celebraron el treinta y cinco aniversario de su boda y de Morrison Pettigrue, tomada cuando anunci&#243; su concurrencia como candidato a la alcald&#237;a, con Benjamin a su espalda como un padre orgulloso.

Al menos nadie parec&#237;a creer que Melanie y Arthur eran culpables de nada, aparte de ser el objeto de terribles chistes. Me preguntaba por d&#243;nde aparecer&#237;a el hacha que acab&#243; con los Buckley, o el cuchillo que mat&#243; a Morrison Pettigrue. &#191;C&#243;mo pod&#237;a copiar el asesino con una actividad tan fren&#233;tica? Estaba claro que ah&#237; hab&#237;a un mont&#243;n de energ&#237;a f&#237;sica y emocional contenida. Ten&#237;a que parar, eso seguro.

Consegu&#237; maquillarme un poco para no parecer una muerta y me recog&#237; el pelo en una coleta. Me puse un jersey de cuello vuelto rojo, una falda azul marino y una rebeca. Ten&#237;a un aspecto horrible.

Mi &#250;nico objetivo era llegar a la biblioteca sin que nadie reparase en m&#237; y ver si era capaz de ponerme a trabajar como cualquier otro d&#237;a. Para mi profundo alivio, no hab&#237;a coches extra&#241;os aparcados frente a la biblioteca. Parec&#237;a que el inter&#233;s en mi persona se hab&#237;a difuminado. El d&#237;a empezaba a parecer un poco asequible.

En el trabajo me dijeron que Benjamin Greer hab&#237;a convocado una rueda de prensa esa misma ma&#241;ana para anunciar que otro candidato concurrir&#237;a a las elecciones a la alcald&#237;a por el Partido Comunista. El candidato result&#243; ser el propio Benjamin, que al parecer era el &#250;nico vecino comunista de Lawrenceton. Me sorprender&#237;a mucho que Benjamin tuviese una filosof&#237;a pol&#237;tica coherente. Tendr&#237;a toda la atenci&#243;n posible mientras los medios estuvieran centrados en nuestra peque&#241;a ciudad. Me preguntaba qu&#233; pasar&#237;a con Benjamin tras las elecciones. &#191;Ser&#237;a capaz de volver a la rutina de la carnicer&#237;a?

Lillian Schmidt me cont&#243; lo de Benjamin y se cubri&#243; de gloria esa ma&#241;ana. Trabaj&#243; conmigo codo con codo como si no hubiese ocurrido nada, a excepci&#243;n de la descripci&#243;n de la rueda de prensa. Tuve ganas de preguntarle por qu&#233; se estaba comportando tan decentemente, pero no se me ocurr&#237;a ninguna manera de verbalizar esa pregunta sin resultar ofensiva. &#191;Por qu&#233; eres tan agradable conmigo cuando ambas sabemos que no nos tragamos? &#191;C&#243;mo es que una persona tan insensible como t&#250; demuestra de repente tanto tacto?.

Me estaba poniendo el jersey para salir a almorzar cuando Lillian dijo:

S&#233; que no tienes nada que ver con este l&#237;o y creo que es injusto lo que te ha pasado. Ese polic&#237;a que vino a preguntarme si de verdad hab&#237;as estado trabajando conmigo toda la ma&#241;ana, anoche acab&#233; de decidir que era rid&#237;culo. Ya es suficiente.

Por una vez est&#225;bamos de acuerdo en algo.

Gracias, Lillian -le dije.

Me sent&#237; un poco mejor mientras conduc&#237;a hacia casa. Tom&#233; una ruta alternativa para no tener que pasar otra vez frente a la casa de los Buckley. Tras almorzar, vi las noticias y contempl&#233; c&#243;mo Benjamin disfrutaba de su minuto de fama.

Ten&#237;a la tarde del jueves libre, ya que ten&#237;a programado trabajar esa misma noche. Hice bien en esforzarme por ir a trabajar por la ma&#241;ana, conclu&#237; una vez a solas en casa. Si bien me gustaba mi trabajo, disfrutaba mucho m&#225;s de mi tiempo libre. Pero hoy era una excepci&#243;n. Tras cambiarme y ponerme unos vaqueros y unas deportivas, no fui capaz de centrarme en ninguna actividad. Adelant&#233; algo de la colada y le&#237; un poco. Intent&#233; hacerme algo con el pelo, pero se me vino abajo el invento a medio camino de la meta. Se me hab&#237;a enredado el pelo, as&#237; que tuve que cepillarlo con tanta energ&#237;a que casi se puso a chisporrotear en una nube de ondas el&#233;ctricas. Era como si acabase de entrar en contacto con los marcianos.

Llam&#233; al hospital para consultar si pod&#237;a visitar a Lizanne, pero la enfermera me dijo que solo pod&#237;a recibir visitas de los familiares. Entonces se me ocurri&#243; encargar unas flores para el funeral y llam&#233; a Sally Allison al peri&#243;dico para que me dijera d&#243;nde se iba a celebrar. Era la primera vez que la recepcionista del Sentinel me preguntaba el nombre antes de pasarle la llamada a Sally. Estaba en su momento de m&#225;s notoriedad, eso estaba claro.

&#191;En qu&#233; puedo ayudarte, Roe? -pregunt&#243; con vehemencia. Tuve la sensaci&#243;n de que todav&#237;a aceptaba hablar conmigo porque a&#250;n conservaba parte de mi notoriedad medi&#225;tica. El d&#237;a anterior me hab&#237;a calentado, pero ya me iba enfriando. La falta de emoci&#243;n en la voz de Sally me sent&#243; como un tiro de adrenalina.

Solo quer&#237;a saber d&#243;nde va a celebrarse el funeral de los Buckley, Sally.

Bueno, se los han llevado para hacerles la autopsia y no s&#233; cu&#225;ndo les dar&#225;n salida. As&#237; que, seg&#250;n la t&#237;a de Lizanne, todav&#237;a no han podido hacer planes firmes para el funeral.

Oh, vaya

Oye, ya que estamos hablando, uno de los polis dijo que ayer estuviste en la escena del crimen. -Sab&#237;a que Sally hab&#237;a visto mi foto con Lizanne en el peri&#243;dico. Ya empezaba a pasarse-. &#191;Quieres contarme lo que pas&#243; mientras estuviste all&#237;? -pregunt&#243;, aduladora-. &#191;Es verdad que descuartizaron a Arnie?

Me pregunto si eres la persona adecuada para encargarse de esta historia, Sally -dije despu&#233;s de una larga pausa en la que medit&#233; furiosamente.

Sally se qued&#243; sin aliento, como si su corderito se hubiese vuelto para darle un mordisco.

A fin de cuentas, formas parte del club y supongo que todos estamos implicados, de un modo u otro, &#191;no? -Y Sally ten&#237;a un hijo que tambi&#233;n era socio y que no pod&#237;a considerarse del todo normal.

Creo que puedo mantener la objetividad -declar&#243; fr&#237;amente-. Y no creo que formar parte de Real Murders te convierta autom&#225;ticamente en sospechosa.

Al menos hab&#237;a dejado de hacerme preguntas.

Alguien llam&#243; al timbre de la puerta.

Tengo que dejarte, Sally -dije amablemente, y colgu&#233;.

Sent&#237; un poco de verg&#252;enza propia mientras me dirig&#237;a hacia la puerta. Sally estaba haciendo su trabajo, pero lo cierto es que me estaba costando encajar su repentino cambio de amiga a periodista y el m&#237;o de amiga a fuente de informaci&#243;n. Al parecer, el que otros hicieran su trabajo implicaba que mi vida ten&#237;a que dar un vuelco.

Pero no olvid&#233; mirar por la mirilla. Era Arthur. Su aspecto era tan mortecino como el m&#237;o momentos antes. Sus arrugas parec&#237;an m&#225;s profundas. Parec&#237;a diez a&#241;os mayor.

&#191;Has comido algo? -le pregunt&#233;.

No -admiti&#243; tras pens&#225;rselo-. Nada desde las cinco de esta ma&#241;ana. Es a la hora que me levant&#233; para ir a la comisar&#237;a. -Deslic&#233; una silla de debajo de la mesa de la cocina y &#233;l se sent&#243; lentamente.

Es complicado hacer de buena ama de casa cuando la visita llega sin previo aviso, pero met&#237; en el microondas un s&#225;ndwich congelado de jam&#243;n y queso, vert&#237; unas patatas de bolsa y consegu&#237; armar una ensalada un poco deprimente. Aun as&#237;, Arthur pareci&#243; alegrarse de ver el plato y se lo comi&#243; todo despu&#233;s de una silenciosa plegaria.

Come tranquilo -dije y me busqu&#233; una ocupaci&#243;n haciendo caf&#233; y despejando la encimera. Resultaba un extra&#241;o intervalo dom&#233;stico. Me sent&#237; m&#225;s yo misma, menos atormentada, desde que me par&#233; a ayudar a Lizanne. Quiz&#225; el turno de noche en el trabajo acabase siendo normal. Y volver&#237;a a casa para dormir, horas y horas, en un camis&#243;n limpio.

Apurado el plato, Arthur ten&#237;a mejor aspecto. Cuando fui a quitarlo de la mesa, &#233;l me agarr&#243; de la mu&#241;eca y tir&#243; de m&#237; para sentarme en su regazo y besarme. Fue largo, exhaustivo e intenso. La verdad es que lo disfrut&#233; mucho. Pero quiz&#225; estaba yendo demasiado r&#225;pido para mi gusto. Cuando nos separamos en un mutuo y silencioso acuerdo, me levant&#233; y trat&#233; de pausar un poco la acci&#243;n respirando hondo.

Solo quer&#237;a notar algo agradable -dijo &#233;l.

Me parece muy bien -respond&#237;, un poco insegura, y le serv&#237; una taza de caf&#233;, se&#241;al&#225;ndole el sof&#225;. Me sent&#233; junto a &#233;l, a una distancia prudente, aunque no excesiva.

&#191;Algo va mal? -lo tante&#233;.

Bueno, va, ahora que tengo un matarratas a la espalda. Por supuesto, nuestro experto en huellas ha tenido que repasar todo mi coche y ahora tengo que deshacerme de todos los polvos. Estoy seguro de que no sacar&#225; nada. El coche de Melanie Clark estaba limpio como una patena. He completado el registro de la casa de los Buckley y he preguntado en el vecindario por si alguien vio algo. Lo &#250;nico que encontr&#233; en la casa es un cabello largo que seguramente sea de Lizanne. Tenemos que tomar una muestra suya para cotejarlo. Y que esto no salga de aqu&#237;. El arma a&#250;n no ha aparecido, pero est&#225; claro que fue un hacha o algo parecido.

&#191;No eres sospechoso?

Bueno, si alguna vez lo fui, ya no es el caso. Yo estaba llamando de puerta en puerta con otro detective, haciendo preguntas sobre el caso Wright, mientras asesinaban a los Buckley. Bien pensado, justo antes de la &#250;ltima reuni&#243;n, cuando mataron a Mamie Wright, yo estaba fichando a un conductor ebrio en la comisar&#237;a. Conduje a la reuni&#243;n directamente desde all&#237;. Y Lynn jur&#243; que el matarratas no estaba en el coche la ma&#241;ana que pasamos visitando casas.

Bien -dije-. Alguien tiene que salir de sospechas.

Y doy gracias a Dios por ser yo, ya que el departamento necesita a todos los hombres para resolver esto. Tengo que irme. -Se levant&#243;, recuperando el aire de cansancio.

Arthur, &#191;qu&#233; hay de m&#237;? &#191;Alguien cree que sea yo?

No, cielo. Al menos no desde lo de Pettigrue. Su ba&#241;era era una de esas de patas de animal, de las que no tocan el suelo, y &#233;l era un hombre alto, de uno noventa. T&#250; no podr&#237;as haberle metido en la ba&#241;era sola, ni hablar. Y en Lawrenceton mucha gente sabr&#237;a si hab&#237;as estado vi&#233;ndote con alguien que pudiera ayudarte con el cuerpo. No, creo que Pettigrue te ha despejado de las dudas que pueda tener casi todo el mundo.

Me exasperaba que mi nombre hubiese surgido en boca de gente que ni siquiera conoc&#237;a, gente que hubiese llegado a pensar seriamente que ser&#237;a capaz de matar a alguien de una forma tan brutal. Aun as&#237;, con todo, me sent&#237; mucho mejor despu&#233;s de hablar con Arthur.

Nos despedimos con un leve apret&#243;n de manos y me sent&#233; para perderme un poco en mis pensamientos. Hab&#237;a llegado el momento de sentir menos y pensar m&#225;s. Hab&#237;a coleccionado m&#225;s sentimientos en la &#250;ltima semana que en todo el a&#241;o.

El cabello que encontr&#243; la polic&#237;a era probablemente marr&#243;n, ya que, si como cab&#237;a esperar era de Lizanne, su pelo era de un rico casta&#241;o. &#191;Qui&#233;n m&#225;s podr&#237;a haber dejado un cabello as&#237;?

Bueno, era una de las socias de Real Murders con un tono de pelo similar. Afortunadamente para m&#237;, hab&#237;a pasado toda la ma&#241;ana arreglando libros con Lillian Schmidt. Melanie Clark ten&#237;a una melena corta y rala marr&#243;n, y Sally, a pesar de que el suyo era m&#225;s corto y liviano, tambi&#233;n pod&#237;a ser una candidata. &#191;No ser&#237;a curioso que Sally hubiese cometido todos esos asesinatos para poder hacerse eco de ellos como periodista? Una idea descabellada. Me obligu&#233; a no perderme m&#225;s en el hilo de mis elucubraciones. El pelo de Jane Engle era gris. Entonces pens&#233; en Gifford Doakes, que ten&#237;a el pelo largo y suelto, aunque a veces se lo recog&#237;a en una coleta, para disgusto de John Queensland. Gifford daba miedo y le interesaban mucho las masacres, y su amigo, Rey- naldo, har&#237;a seguramente todo lo que Gifford le pidiera.

Pero alguien deber&#237;a haber visto entrar en la casa de los Buckley a alguien tan extravagante como Gifford.

Bueno, descartando la posible pista del cabello por el momento, &#191;c&#243;mo se las hab&#237;a arreglado el asesino para entrar y salir? Una vecina hab&#237;a visto entrar a Lizanne, muy poco antes de mi llegada como para hacerles a los Buckley lo que les hicieron. As&#237; que alguien hab&#237;a estado en posici&#243;n de ver la fachada de la casa familiar al menos durante una parte de la ma&#241;ana. Sopes&#233; otros enfoques e intent&#233; imaginar una vista a&#233;rea de la parcela, pero la geograf&#237;a no se me da nada bien, y mucho menos la a&#233;rea.

Segu&#237; sentada un rato, d&#225;ndole m&#225;s vueltas al asunto, y me sorprend&#237; varias veces yendo con paso autom&#225;tico hasta la puerta del patio para comprobar si Robin hab&#237;a vuelto de la universidad. El cielo amenazaba con lluvia y la temperatura refrescaba por momentos. Las nubes hab&#237;an formado una barrera gris uniforme.

Me puse la chaqueta y sal&#237; justo en el momento en el que llegaba su coche. Robin emergi&#243; de &#233;l con un mont&#243;n de papeles. &#191;Por qu&#233; no llevaba un malet&#237;n?, me pregunt&#233;.

Oye, c&#225;mbiate de calzado y ven conmigo -suger&#237;.

Apunt&#243; hacia los m&#237;os con su ganchuda nariz.

Vale -consinti&#243; agradablemente-. Permite que deje estos papeles dentro. Alguien me ha robado el malet&#237;n -me dijo por encima del hombro.

Lo segu&#237;, d&#225;ndole unas palmadas.

&#191;Aqu&#237;? -pregunt&#233;, at&#243;nita.

Bueno, desde que me mud&#233; a Lawrenceton, y estoy bastante seguro de que fue aqu&#237;, en el aparcamiento -dijo mientras abr&#237;a la puerta trasera de su casa.

Lo segu&#237; adentro. Hab&#237;a cajas por todas partes, y lo &#250;nico que hab&#237;a ordenado era la mesa del ordenador, con un equipo encima, con unas unidades de disco y una impresora al lado. Robin dej&#243; de golpe los papeles y se perdi&#243; por las escaleras, para volver segundos m&#225;s tarde con unas zapatillas deportivas.

&#191;Qu&#233; tienes en mente? -pregunt&#243; mientras se las ataba.

He estado pensando. &#191;C&#243;mo pudo entrar el asesino en la casa de los Buckley? Las cerraduras no estaban forzadas, &#191;verdad? Al menos los peri&#243;dicos de esta ma&#241;ana no mencionaban nada. As&#237; que puede que los Buckley dejaran la puerta abierta y el asesino los sorprendi&#243; dentro, o quiz&#225; llam&#243; al timbre y lo dejaron entrar, o a ella. Pero, en fin, &#191;c&#243;mo abord&#243; la casa el asesino? Lo que pretendo es volver all&#237; y echar un vistazo. Apuesto a que entr&#243; por detr&#225;s.

Entonces &#191;vamos a ver si podemos hacerlo nosotros?

Eso hab&#237;a pensado. -Pero mientras abandon&#225;bamos la casa de Robin, empec&#233; a sentir mis dudas-. Oh, quiz&#225; no deber&#237;amos. &#191;Y si alguien nos ve y llama a la polic&#237;a?

Entonces les diremos sencillamente lo que est&#225;bamos haciendo -dijo Robin razonablemente, consiguiendo que sonara muy f&#225;cil. Claro que su madre no era la promotora inmobiliaria m&#225;s renombrada de la ciudad y, por si fuera poco, una l&#237;der social, reflexion&#233;.

Pero ten&#237;a que hacerlo. Hab&#237;a sido idea m&#237;a.

As&#237; que salimos del aparcamiento, Robin por delante y yo sigui&#233;ndolo, hasta que mir&#243; hacia atr&#225;s y redujo el paso. El aparcamiento daba a una calle que discurr&#237;a junto al apartamento de Robin. Gir&#243; a la derecha y yo lo segu&#237;, y en la esquina doblamos hacia el norte para recorrer las dos manzanas por Parson, hasta la casa de los Buckley. Quiz&#225;, mientras pasaba por all&#237; conduciendo, de camino al almuerzo el d&#237;a anterior, los estuvieran asesinando. Me puse a la altura de Robin en la siguiente esquina, estremeci&#233;ndome en el interior de mi liviana chaqueta. La casa estaba en la siguiente manzana.

Robin mir&#243; la calle, pensativo. Yo observ&#233; la bocacalle cercana. Ninguna casa daba a la carretera.

Por supuesto, el callej&#243;n de la basura -dije, disgustada conmigo misma.

&#191;Qu&#233;?

Esta es una de las zonas viejas, y hace a&#241;os que no se reforma esta manzana -expliqu&#233;-. Hay un callej&#243;n entre las casas que dan a Parson Road y las que dan a Chestnut que discurre en paralelo a Parson. Lo mismo pasa con este bloque de al lado. Pero si vas al sur, hacia nuestra manzana, ver&#225;s que lo han reformado, con nuestros apartamentos por un lado y la recogida de la basura en la misma calle.

Bajo el cielo gris cruzamos la bocacalle y llegamos a la entrada del callej&#243;n. El d&#237;a anterior me hab&#237;a sentido tan visible y perseguida que resultaba espectral lo invisible que me sent&#237;a en ese momento. Ninguna casa daba a ese callej&#243;n, poco tr&#225;fico. Al avanzar por el callej&#243;n de grava, result&#243; evidente c&#243;mo el asesino hab&#237;a entrado en la casa sin ser visto.

Y casi todo el recorrido est&#225; vallado, lo que bloquea la visi&#243;n del callej&#243;n -constat&#243; Robin- y del patio trasero de los Buckley.

El patio de los Buckley era uno de los pocos que no estaban vallados. Las casas adyacentes contaban con vallas de metro y medio. Nos detuvimos justo detr&#225;s del patio, junto a los cubos de basura, con una vista clara sobre la puerta trasera. Hab&#237;a camelias y rosas por todas partes. Eran las favoritas de la se&#241;ora Buckley y ella misma las hab&#237;a plantado. En su cubo de basura -qu&#233; pensamiento m&#225;s escalofriante- probablemente estaba el algod&#243;n con el que se quitaba la pintura de labios, restos del caf&#233; que bebieron esa ma&#241;ana, desechos de vidas que ya no exist&#237;an.

S&#237;, su basura segu&#237;a all&#237;. La basura de todo Parson se recog&#237;a el lunes. Los mataron el mi&#233;rcoles. Me estremec&#237;.

V&#225;monos -dije. Mi humor hab&#237;a cambiado. Se me hab&#237;an pasado las ganas de jugar a los detectives.

Robin se gir&#243; lentamente.

&#191;Y qu&#233; har&#237;as? -pregunt&#243;-. Si no quisieras ser observada, &#191;d&#243;nde aparcar&#237;as el coche? &#191;D&#243;nde? &#191;Por d&#243;nde entramos al callej&#243;n?

No. Es una calle estrecha, y alguien podr&#237;a recordar haber tenido que maniobrar para sortear el coche aparcado.

&#191;Y qu&#233; hay del extremo norte del callej&#243;n?

No, hay una gasolinera justo enfrente, muy concurrida.

Entonces -dijo Robin, avanzando con paso resuelto- habr&#237;a que ir por aqu&#237;. Si tuvieses un hacha, &#191;d&#243;nde la pondr&#237;as?

Oh, Robin -exclam&#233;, nerviosa-. V&#225;monos ya, por favor.

Salimos del callej&#243;n tan inadvertidos como hab&#237;amos entrado, al menos que yo supiera, y me felicit&#233; por ello.

Yo -prosigui&#243; Robin- la habr&#237;a dejado en uno de esos cubos de basura a la espera de ser vaciados.

Por eso Robin era tan buen escritor de misterio.

Estoy segura de que la polic&#237;a los ha registrado -dije con firmeza-. No pienso quedarme aqu&#237; a hurgar en todos los cubos de basura. Entonces s&#237; que alguien llamar&#237;a a la polic&#237;a. -&#191;Lo har&#237;an? Hasta el momento, nadie se hab&#237;a percatado de nuestra presencia.

Alcanzamos el extremo del callej&#243;n, el lugar por el que hab&#237;amos entrado.

Si no aparcases aqu&#237;, podr&#237;as cruzar la calle y entrar por el siguiente callej&#243;n -especul&#243;, pensativo-. Incluso podr&#237;as aparcar m&#225;s lejos, reduciendo las probabilidades de ser visto y que te relacionen.

As&#237; que nos deslizamos por la estrecha calle hasta el siguiente callej&#243;n. Este hab&#237;a sido ensanchado cuando construyeron unos apartamentos nuevos. Ten&#237;an los aparcamientos en la parte de atr&#225;s, y hab&#237;an construido una zanja de drenaje a lo largo del callej&#243;n para evitar su inundaci&#243;n. Hab&#237;a bocas de alcantarillado en las cunetas que daban acceso a los espacios privados. Pensando, me dije que, si tuviese que ocultar un hacha, lo har&#237;a en una de esas bocas. Me pregunt&#233; si la polic&#237;a hab&#237;a registrado esa manzana.

Era un callej&#243;n demasiado silencioso y solitario, y empec&#233; a tener la desconcertante sensaci&#243;n de que Robin y yo &#233;ramos las dos &#250;nicas personas que quedaban en Lawrenceton. El sol asom&#243; brevemente entre las nubes y Robin me cogi&#243; de la mano, as&#237; que me esforc&#233; para sentirme mejor. Pero cuando se agach&#243; para atarse los cordones de una zapatilla, empec&#233; a mirar por las bocas de alcantarilla.

Nadie hab&#237;a tocado la boca que ten&#237;amos justo al lado. Las hojas de roble melojo que hab&#237;an bloqueado parcialmente el conducto estaban casi alineadas, apuntando en la misma direcci&#243;n, por la torrencial lluvia que hab&#237;a ca&#237;do la noche anterior. Pero la siguiente, alguien hab&#237;a trasteado esa boca, no cab&#237;a duda. Alguien hab&#237;a apartado las hojas con tanta fuerza que tambi&#233;n se hab&#237;a llevado el barro que hab&#237;a debajo. Puede que la polic&#237;a la hubiese registrado, pero seguro que ninguno de los agentes era tan bajo como yo y no pudo ver el leve destello del interior, un destello arrancado por un ef&#237;mero e inesperado rayo de sol. Y seguro que sus brazos no eran tan largos como los de Robin, de modo que no habr&#237;an podido estirarlos para sacar

&#191;Mi malet&#237;n? -dijo Robin profundamente asombrado-. &#191;Qu&#233; hace aqu&#237;? -Sus dedos presionaron los cierres dorados.

&#161;No lo abras! -grit&#233; justo cuando Robin lo hac&#237;a, y del malet&#237;n cay&#243; un hacha ensangrentada, para aterrizar con un golpe seco sobre las hojas amontonadas junto a la boca de alcantarilla.





Cap&#237;tulo 14

Mientras Robin montaba guardia sobre esa cosa horrible que yac&#237;a en el callej&#243;n, yo llam&#233; a la puerta de uno de los apartamentos. Se o&#237;a un beb&#233; llorando en el interior, as&#237; que sab&#237;a que deb&#237;a de haber alguien despierto.

La exhausta mujer que abri&#243; a&#250;n iba en camis&#243;n. Fue lo bastante confiada como para abrirle a una extra&#241;a y aceptar su urgente necesidad de usar el tel&#233;fono sin dar rienda suelta a la propia curiosidad. El beb&#233; chillaba mientras buscaba el n&#250;mero de la comisar&#237;a, y no dio muestras de amainar mientras marcaba y hablaba con el agente de guardia, que tuvo algunos problemas para comprenderme. Cuando colgu&#233; y le di las gracias a la joven mujer, el beb&#233; segu&#237;a llorando, aunque se hab&#237;a reducido a un sollozo.

Pobre criatura -solt&#233;, por decir algo.

Es un c&#243;lico -me explic&#243;-. El m&#233;dico ha dicho que lo peor deber&#237;a de pasarse pronto.

Aparte de cuidar, como quien dice, de mi hermanastro Phillip cuando era peque&#241;o, yo no sab&#237;a nada en cuanto a beb&#233;s. As&#237; que me alegr&#243; saber que ese ten&#237;a una raz&#243;n espec&#237;fica por la que quejarse. Tras mostrar mi agradecimiento de nuevo y cerrar la puerta, o&#237; que la intensidad del llanto se redoblaba.

Avanc&#233; de nuevo hacia el callej&#243;n donde Robin estaba sentado como una estatua sombr&#237;a, la espalda apoyada contra una valla en el lado opuesto de los apartamentos.

Yo y mis geniales ideas -dije con amargura, dej&#225;ndome caer a su lado.

Obvi&#243; el comentario haciendo gala de sus buenos modales.

T&#225;pala -dije-. No soporto verla.

&#191;C&#243;mo, sin dejarla llena de huellas? M&#225;s huellas, quiero decir.

Resolvimos el problema mientras una neblina empezaba a pegarme el pelo contra las mejillas. Encontr&#233; un palo y Robin lo desliz&#243; bajo el borde del malet&#237;n. Lo levant&#243; un poco y lo arrastr&#243; sobre el hacha manchada de sangre. Volvimos a nuestra posici&#243;n contra la valla. Ya se o&#237;an sirenas aproxim&#225;ndose. Me sent&#237;a extra&#241;amente tranquila.

Me pregunto si alguna vez recuperar&#233; el malet&#237;n -dijo Robin-. Alguien se meti&#243; en nuestro aparcamiento, abri&#243; mi coche y me lo rob&#243; para esconder en &#233;l un arma homicida. Lo he estado pensando, Roe. Cuando se resuelva este caso, si es que se llega a resolver, creo que probar&#233; suerte con la novela basada en hechos reales. Estoy aqu&#237; y conozco a algunos de los implicados. Incluso conoc&#237; a los Buckley la noche anterior a que los asesinaran. Estaba presente cuando t&#250; y tu madre abristeis la caja de bombones. Y aqu&#237; estoy descubriendo un arma homicida en mi malet&#237;n. Te dir&#233; una cosa: esto ya no me gusta tanto. Pens&#225;ndolo bien, creo que ni siquiera quiero el malet&#237;n como recuerdo. -Pero, tras permanecer un instante en silencio, murmur&#243;-: Ya ver&#225;s cuando se lo cuente a mi agente.

Las lentes de sus gafas empezaron a impregnarse de peque&#241;as gotas de humedad. Me quit&#233; las m&#237;as y las limpi&#233; con un pa&#241;uelo de papel.

Admiro tu entereza, Robin -dije.

&#191;Entereza?

&#191;Crees que no querr&#225;n hacerte algunas preguntas? -se&#241;al&#233;.

Apenas cont&#243; con unos segundos para asimilarlo y empezar a preocuparse antes de que apareciese por el callej&#243;n un coche de polic&#237;a camuflado seguido por uno de patrulla. Por alguna raz&#243;n, nos levantamos.

Y, que Dios me bendiga, &#191;qui&#233;n sino mi amiga Lynn Liggett podr&#237;a haber salido del coche camuflado? Y estaba m&#225;s enfadada que una mona.

&#161;Es que tengo que encontrarte en todas partes! -me dijo-. &#161;S&#233; que no has cometido estos asesinatos, pero es que cada vez que me vuelvo te encuentro ah&#237;! -Agit&#243; la cabeza, como si as&#237; pretendiese deshacerse de mi presencia. Entonces, las palabras empezaron a fallarle. Su mirada cay&#243; sobre el malet&#237;n abierto y tirado del rev&#233;s, del que asomaba parte del mango del hacha.

&#191;Qui&#233;n la ha tapado? -exigi&#243; saber. Cuando se lo dijimos y destap&#243; el hacha ensangrentada con el mismo palo que us&#233; yo para taparla, toda su atenci&#243;n se centr&#243; en el arma homicida.

En ese momento apareci&#243; un tercer coche detr&#225;s del coche patrulla. Mi coraz&#243;n dio un vuelco cuando vi que sal&#237;a Jack Burns y avanzaba hacia nosotros. Su lenguaje corporal dec&#237;a que daba un paseo casual por un agradable vecindario, pero sus ojos rezumaban enfado y amenaza.

Se detuvo para hablar un momento con los agentes de uniforme, al parecer los mismos que hab&#237;an llevado a cabo el registro del callej&#243;n el d&#237;a anterior, y los despach&#243; con un lenguaje que hasta el momento solo hab&#237;a visto por escrito. Robin y yo observamos con inter&#233;s c&#243;mo se pon&#237;an a registrar el callej&#243;n una vez m&#225;s en busca de cualquier otra cosa que hubiera podido dejarse el asesino. Estaba dispuesta a apostar que, de haber dejado alg&#250;n rastro m&#225;s, esta vez lo descubrir&#237;an.

La gente empez&#243; a asomarse por las ventanas de sus apartamentos, y el callej&#243;n que momentos antes parec&#237;a tan silencioso y desierto empez&#243; a llenarse de curiosos. Vi que una cortina se descorr&#237;a en el apartamento de la joven madre. Ojal&#225; el beb&#233; se hubiese calmado ya. Pens&#233; que esa mujer era la que m&#225;s probabilidades ten&#237;a de haber presenciado algo el d&#237;a de antes, ya que probablemente se pasara despierta casi todo el d&#237;a. Me dispuse a sugerirle la idea a la detective Liggett, pero me lo pens&#233; dos veces antes de que me arrancase la cabeza de un mordisco.

Tras meter el malet&#237;n y el hacha en una bolsa, la polic&#237;a se volvi&#243; hacia nosotros.

&#191;Ha tocado el malet&#237;n, se&#241;orita Teagarden? -me pregunt&#243; sin rodeos.

Asent&#237;.

Y usted tambi&#233;n -le dijo a Robin, que asinti&#243; t&#237;midamente-. Usted es otro que siempre est&#225; metido en todas partes.

Robin empez&#243; a preocuparse.

Tendr&#225; que venir a la comisar&#237;a para que le tomen las huellas -dijo Lynn bruscamente.

Ya me las tomaron la otra noche -le record&#243; el escritor-. Se las tomaron a todos los socios de Real Murders.

Ese recordatorio no le hizo ganar puntos a ojos de la detective.

&#191;De qui&#233;n fue la idea de dar un paseo por este callej&#243;n? -contraatac&#243; Lynn.

Robin y yo nos miramos.

Bueno -empec&#233;-. Me preguntaba c&#243;mo habr&#237;a entrado el asesino en casa de los Buckley sin ser visto.

Pero fui yo quien insisti&#243; en venir hasta aqu&#237; y pasar por detr&#225;s de la casa de los Buckley -interrumpi&#243; Robin noblemente.

Escuchadme los dos -dijo la detective con calma forzada-; no parece que entend&#225;is c&#243;mo funciona el mundo de verdad.

Esa acusaci&#243;n tuvo poco efecto en Robin y en m&#237;. Sent&#237; que se pon&#237;a r&#237;gido y levant&#233; la mirada con ojos entrecerrados.

Nosotros somos la polic&#237;a y nos pagan una miseria para investigar asesinatos, pero es nuestro trabajo. No nos sentamos a leer sobre ellos, sino que los resolvemos. Encontramos pistas, investigamos indicios y llamamos a las puertas. -Hizo una pausa para respirar hondo. Hasta el momento hab&#237;a encontrado varios fallos en su discurso, pero no estaba por la labor de se&#241;alarle que Arthur le&#237;a mucho sobre asesinatos y que, hasta el momento, la polic&#237;a no hab&#237;a resuelto mucho y que el hacha seguir&#237;a en una boca de alcantarilla si Robin y yo no la hubi&#233;ramos recuperado.

Mi sentido de autoconservaci&#243;n estaba lo bastante alerta como para impedir que dijera todo eso. Cuando Robin carraspe&#243; para disponerse a hablar, lo interrump&#237;.

Lament&#233; haberlo detenido un instante despu&#233;s, cuando Lynn lo someti&#243; a un verdadero tercer grado. Yo no habr&#237;a aguantado tan bien como &#233;l el interrogatorio, y tuve que admirar su compostura. Tambi&#233;n deb&#237;a admitir que todo aquello resultaba de lo m&#225;s peculiar: nada m&#225;s llegar Robin a la ciudad, empiezan los asesinatos. Pero yo sab&#237;a que el asesinato de Mamie Wright hab&#237;a sido planeado antes de que Robin se mudase a Lawrenceton, y los bombones hab&#237;an sido enviados incluso antes. La detective se&#241;al&#243;, no obstante, que Robin hab&#237;a estado presente en el descubrimiento del cuerpo de Mamie Wright, habiendo sido invitado a una reuni&#243;n de Real Murders en su primera noche en la ciudad. Y hab&#237;a estado en mi casa cuando recib&#237; la caja de bombones.

Ciertamente Lynn no era la &#250;nica detective que hallaba sospechosa la presencia de Robin en tantos escenarios criminales. Y puede que yo no estuviera tan libre de sospechas como Arthur me hab&#237;a asegurado, porque cuando Jack Burns asumi&#243; el interrogatorio no dej&#243; de dedicarnos significativas miradas a Robin y a m&#237;. Parec&#237;a pensar que estaba ante alguien lo bastante corpulento como para ayudar a una mujer tan menuda como yo a lidiar con el cad&#225;ver de Pettigrue en el cuarto de ba&#241;o.

He de estar en el trabajo dentro de hora y media -le dije en voz baja, alcanzado mi tope de tolerancia.

Se interrumpi&#243; a media frase.

Claro -contest&#243;, de repente exhausto-. No pasa nada. -Al parecer, su combustible hab&#237;a sido la exasperaci&#243;n con sus propios hombres al pas&#225;rseles el hacha, y se hab&#237;a quedado seco. De repente me ca&#237;a mucho mejor.

Cuando Burns la relev&#243; en el papel de azote de sospechosos, Lynn inici&#243; una ronda de interrogatorios puerta a puerta. Al final lleg&#243; al apartamento de la mujer que me hab&#237;a dejado usar el tel&#233;fono. La joven, ahora ataviada con una camiseta y unos vaqueros (seguramente hab&#237;a visto que la polic&#237;a llamaba a todas las puertas), abri&#243; enseguida. Lynn sigui&#243; la rutina de su lista de preguntas, pero me di cuenta de que, all&#225; por la tercera, se qued&#243; tiesa como un sabueso. La joven deb&#237;a de haber dicho algo que capt&#243; todo su inter&#233;s.

Jack -grit&#243; la detective-, ven aqu&#237;.

V&#225;yanse a casa -nos dijo Jack sin m&#225;s ceremonia-. Sabemos d&#243;nde encontrarlos si los necesitamos. -Y se fue corriendo hacia Lynn.

Robin y yo resoplamos de alivio a la vez y casi salimos del callej&#243;n a hurtadillas, procurando con todas nuestras fuerzas atraer la menor atenci&#243;n policial posible. Al salir a la calle, Robin vol&#243; hacia casa agarr&#225;ndome de la mano.

Solo nos detuvimos a respirar cuando llegamos a nuestro aparcamiento. Robin me abraz&#243; y me dio un fugaz beso en la frente, al parecer la ubicaci&#243;n m&#225;s conveniente en su opini&#243;n.

Ha sido una experiencia muy interesante -coment&#243;, y me ech&#233; a re&#237;r hasta que me dolieron las entra&#241;as. Robin arque&#243; sus cejas rojizas y las gafas se le deslizaron nariz abajo antes de dejarse contagiar por mis carcajadas. Mir&#233; el reloj mientras pensaba cu&#225;ndo fue la &#250;ltima vez que re&#237; con tanta intensidad. Al ver la hora que era, dije a Robin que ten&#237;a que ir a cambiarme. Al menos durante unas horas, hab&#237;a olvidado el temor que me inspiraba trabajar sola en la biblioteca aquella noche.

Nadie se dio cuenta hasta el &#250;ltimo momento de que no se hab&#237;a buscado sustituto para el se&#241;or Buckley esa noche. Ninguno de los bibliotecarios titulares aceptar&#237;a prescindir de una noche libre, y los dem&#225;s voluntarios estaban asignados a otras noches.

Le cont&#233; todo eso a Robin apresuradamente y &#233;l dijo:

Estoy seguro de que la polic&#237;a ha intensificado sus patrullas, pero a lo mejor me paso por all&#237; esta noche. Ll&#225;mame si me necesitas. Ir&#233; enseguida. -&#201;l se fue hacia su puerta y yo hacia la m&#237;a.

Mientras me pon&#237;a la misma ropa que esa ma&#241;ana, intent&#233; no pensar en el hacha. Hab&#237;a sido horrible. Mientras conduc&#237;a hacia el trabajo, albergu&#233; la esperanza de que la biblioteca estuviera llena de clientes que me impidiesen encerrarme en mis pensamientos.

Relevar&#237;a en el mostrador de pr&#233;stamos a Jane Engle, que hab&#237;a sustituido a una compa&#241;era cuyo hijo se hab&#237;a puesto enfermo. Jane parec&#237;a la misma de siempre, con su impecable pelo gris, sus impolutas gafas de alambre y su discreto traje gris. Pero sab&#237;a que por dentro ya no era la testigo curiosa y sofisticada de los asesinatos de Lawrenceton, sino una mujer aterrada. Y se alegraba de poder salir finalmente de la biblioteca.

Los dem&#225;s se han ido a las cinco. Ni un cliente desde entonces -me dijo con voz temblorosa-. Y sinceramente, Aurora, ha sido ideal. Ya no me gusta estar a solas con otra persona, por muy bien que piense de ella.

Le di unas torpes palmadas en el brazo. Si bien a veces almorz&#225;bamos juntas, sobre todo despu&#233;s de una reuni&#243;n del club para hablar sobre el programa, nuestra relaci&#243;n hab&#237;a sido amistosa, pero no &#237;ntima.

Es la primera vez que otras personas se interesan por nuestro club -prosigui&#243; Jane-, y he tenido que responder a un mont&#243;n de preguntas que nadie se hab&#237;a molestado en formular hasta hora. Muchos piensan que soy un poco rara por haber pertenecido a Real Murders. -Sin duda, Jane era una de esas mujeres que odiaban que se las considerase bichos raros.

Bueno -dije algo insegura-, solo por tener una afici&#243;n un poco diferente. -Bien pensado, s&#237; que &#233;ramos un poco raros, todos nosotros, los Asesinos Reales, como nos llam&#225;bamos entre bromas.

Jo, jo.

Uno de nosotros es un asesino, ya lo sabes -continu&#243; Jane con tono misterioso. Sent&#237; que mis pensamientos se hac&#237;an visibles en un bocadillo sobre mi cabeza-. Ha ido m&#225;s all&#225; del inter&#233;s acad&#233;mico en la muerte, la truculencia y la psicolog&#237;a. Pude sentirlo la &#250;ltima noche que nos reunimos en tu apartamento.

&#191;Qui&#233;n crees que sea, Jane? -le pregunt&#233; impulsivamente, mientras se ataba el pa&#241;uelo y se sacaba las llaves del bolso.

Estoy segura de que es alguien del club, por supuesto, o puede que en &#237;ntima relaci&#243;n con uno de los socios. No s&#233; si siempre ha sido un perturbado, o si acaba de decidir gastarles una serie de bromas intolerables a sus compa&#241;eros. O quiz&#225; haya m&#225;s de un asesino y est&#233;n trabajando juntos.

No tiene por qu&#233; ser nadie de Real Murders, Jane. Bastar&#237;a con que nuestro club no le gustase o quisiera causarnos problemas. -Jane ya estaba delante de la puerta principal, y yo deseaba que se quedase tanto como ella marcharse.

Se encogi&#243; de hombros, d&#225;ndose por vencida.

A m&#237; me pone los pelos de punta -me dijo en un susurro- imaginar en qu&#233; caso encajar&#237;a. No paro de repasar libros, de comprobar casos, en busca de alguna mujer mayor que viva sola y a la que me pueda parecer.

Me la qued&#233; mirando boquiabierta. Me sobrecog&#237;a darme cuenta de todo por lo que deb&#237;a de haber pasado por culpa de su mente, tan activa y precisa.

En ese momento, una madre que arrastraba a dos criaturas reacias a seguirle el paso atraves&#243; la puerta y Jane aprovech&#243; para irse a casa a seguir hojeando libros en busca de un patr&#243;n en el que encajar.


Gracias a Dios que hab&#237;a gente en la biblioteca cuando Gifford Doakes lleg&#243;, o habr&#237;a salido corriendo. Gifford, el entusiasta de las masacres, siempre hab&#237;a hecho saltar las alarmas mentales que me induc&#237;an a escoger muy cuidadosamente mis palabras. Aunque no lo conoc&#237;a muy bien, siempre hab&#237;a mantenido la distancia y limitado mi relaci&#243;n con &#233;l a la cortes&#237;a m&#225;s b&#225;sica.

Conven&#237;a ser cordial con Gifford. No serlo daba un poco de miedo.

No ten&#237;a la menor idea de lo que hac&#237;a para ganarse la vida, pero vest&#237;a como un capo de la droga de Corrupci&#243;n en Miami, con su ropa llamativa y su melena marr&#243;n cuidadosamente peinada. No me habr&#237;a sorprendido encontrarle una pistolera bajo la chaqueta.

A lo mejor s&#237; que era un capo de la droga.

Y aqu&#237; ven&#237;a, desliz&#225;ndose hasta el mostrador de pr&#233;stamos. Mir&#233; alrededor. La din&#225;mica pareja compuesta por Melanie Clark y Bankston Waites hab&#237;a llegado minutos antes, muy abrazados y sonrientes. Bankston estaba en el piso de arriba, en la secci&#243;n de biograf&#237;as, mientras Melanie hojeaba un ejemplar de La buena ama de casa, en la zona de revistas de la planta baja. Seguramente estaba buscando una nueva receta de pastel de carne. Bendita sea; estaba a tiro de llamada.

Gifford estaba justo al otro lado del mostrador, frente a m&#237;, y aferr&#233; lo primero que ten&#237;a a mano, que result&#243; ser la grapadora. Un elemento disuasorio de lo m&#225;s eficaz, me dije con amargura. Le acompa&#241;aba su sombra, Reynaldo, que se hab&#237;a quedado al otro lado de las puertas dobles de cristal, paseando envuelto en la semioscuridad del aparcamiento. Atraves&#243; una bolsa de luz de una de las l&#225;mparas de arco que, en teor&#237;a, aportaban cierta seguridad al aparcamiento y se desvaneci&#243; en la penumbra para reaparecer al cabo de los segundos.

&#191;C&#243;mo te va, Roe? -me pregunt&#243; Gifford con desgana.

Eh, bien.

Escucha, he o&#237;do que t&#250; y el escritor hab&#233;is encontrado hoy el arma homicida de los Buckley.

&#191;El caso Buckley? Tuve una repentina visi&#243;n de una antolog&#237;a de relatos de los asesinatos m&#225;s famosos de la d&#233;cada en la que vi incluida la matanza de los padres de Lizanne. La gente leer&#237;a sobre sus muertes y especular&#237;a, del mismo modo que yo lo hab&#237;a hecho con otros casos. &#191;Podr&#237;a haber sido su hija? &#191;O el polic&#237;a que tambi&#233;n formaba parte de su club? Me di cuenta de que esos asesinatos acabar&#237;an en un libro, quiz&#225; escrito por Joe McGuinniss, Joan Barthel o el propio Robin si recuperaba el gusto por el relato. Y yo figurar&#237;a en &#233;l por el tema de los bombones. Puede que justo cuando los bombones llegaron a la casa de Aurora, la hija de la se&#241;ora Teagarden.

Por un momento me sent&#237; muy confusa. &#191;Acaso me encontraba en un libro sobre viejos asesinatos o me estaba pasando realmente? Ser&#237;a maravilloso contar con la distancia que aportan los libros con respecto a los hechos. Pero el solitario pendiente de Gifford era demasiado real, y el deambular felino de Reynaldo (&#161;en el prosaico aparcamiento de una biblioteca!) tambi&#233;n rezumaba toneladas de aqu&#237; y ahora.

H&#225;blame del hacha -me dec&#237;a Gifford.

Era m&#225;s bien una hachuela, Gifford. Un hacha normal no habr&#237;a cabido en el malet&#237;n. -De repente me enfad&#233; conmigo misma por contradecir a un tipo tan aterrador como Gifford, pero entonces repar&#233; en lo que mi subconsciente no hab&#237;a notado. Gifford Doakes era un hombre con una misi&#243;n, y le importaban un bledo los detalles secundarios.

&#191;As&#237; de larga? -indic&#243; con las manos.

S&#237;, m&#225;s o menos. -Era de un tama&#241;o est&#225;ndar.

&#191;Con el mango de madera y envuelto en cinta aislante negra?

S&#237; -convine. Hab&#237;a olvidado la cinta aislante hasta que la mencion&#243;.

Joder -sise&#243; antes de murmurar algo m&#225;s entre dientes. Sus ojos parpadearon a toda velocidad. Gifford Doakes era un hombre asustado a la par que furioso. Yo tambi&#233;n estaba asustada, no solo por el asesino, sino por la reacci&#243;n de Gifford. Puede que &#233;l fuese el asesino.

Apret&#233; a&#250;n m&#225;s la grapadora y me sent&#237; como una est&#250;pida, planeando enfrentarme a un loco con una herramienta de oficina que, seg&#250;n record&#233; s&#250;bitamente, ni siquiera estaba cargada de grapas. Bueno, una l&#237;nea de defensa menos.

Tengo que ir a la comisar&#237;a -dijo Gifford inesperadamente-. La hachuela es m&#237;a, estoy seguro. Reynaldo descubri&#243; que hab&#237;a desaparecido ayer.

Dej&#233; la grapadora sobre el escritorio con mucha suavidad, alc&#233; la vista y vi que Bankston observaba desde la planta superior, asomado por el pretil. Arque&#243; una ceja en muda interrogaci&#243;n. Mene&#233; la cabeza. No cre&#237;a que fuese a necesitar su ayuda. Pens&#233; que Gifford estaba simplemente tan nervioso como todos los dem&#225;s, y por una buena raz&#243;n. En ese momento, el tipo cuyo peinado y ropa no pegaban ni con cola se mord&#237;a la u&#241;a del pulgar como un cr&#237;o de cinco a&#241;os que afrontaba las dificultades del mundo.

Ser&#225; mejor que vayas a la polic&#237;a ya -le dije con delicadeza. Sali&#243; por la puerta antes de que pudiera recuperar el aliento.

El hacha de Gifford y el malet&#237;n de Robin. Los que no encajaban en el papel de v&#237;ctimas entraban en el de asesinos, para mayor diversi&#243;n del verdadero asesino.

Me pregunt&#233; en qu&#233; categor&#237;a entraba yo. Me sobraba con ser la que encontraba los cad&#225;veres.

A&#250;n le daba vueltas a ese y otros pensamientos de- sagradables media hora m&#225;s tarde, cuando entr&#243; Perry Allison. Apenas pod&#237;a creer mi suerte de ver a Gifford y a Perry en la misma noche. Dos tipos grandes. Al menos, mientras Gifford estuvo, hubo otras personas alrededor, pero en la siguiente media hora Bankston y Melanie, junto a otros dos clientes, ya se hab&#237;an ido.

En esta ocasi&#243;n abr&#237; discretamente el caj&#243;n y cog&#237; unas tijeras. Comprob&#233; el reloj; solo quedaba un cuarto de hora para el cierre.

&#161;Roe! -balbuce&#243;- &#191;Qu&#233; pasa? [[13]: #_ftnref13 En castellano en el original (N. del T.)] -Puso sobre el mostrador una mano con un tatuaje digno de un man&#237;aco.

Sent&#237; un punzante temor. Este ni siquiera era el habitual y desagradable Perry, que quiz&#225; se hab&#237;a saltado alguna de las medicaciones prescritas. Perry estaba colocado con alguna droga que ning&#250;n m&#233;dico le hab&#237;a dado. El concepto de drogas recreativas me hab&#237;a eludido por completo, pero es que yo era muy ingenua para esas cosas.

Poca cosa, Perry -respond&#237; cautelosamente.

&#191;C&#243;mo puedes decir eso? Aqu&#237; las cosas flipan -me dijo, arqueando las cejas hasta acaparar casi todo su estrecho rostro-. Casi un asesinato al d&#237;a. Tu novio, el poli, vino a casa esta tarde. Me hizo preguntas. Insinuaciones. &#161;Sobre m&#237;! &#161;Si no ser&#237;a capaz de matar una mosca!

Se ech&#243; a re&#237;r y rode&#243; el mostrador en unos pocos pasos.

&#191;Tijeras? -salt&#243;-. &#191;Tijeeeeraaaas? -expres&#243; con un siseo. Estaba tan aturdida con la rapidez de sus movimientos y agitaciones de cabeza, tan impropios del Perry con el que sol&#237;a trabajar, que me pill&#243; desprevenida cuando me agarr&#243; de la mu&#241;eca del brazo que sosten&#237;a las tijeras. La aferr&#243; con fuerza man&#237;aca.

Me haces da&#241;o, Perry -le espet&#233;-. Su&#233;ltame.

Pero Perry no paraba de re&#237;r, sin relajar la presa un solo momento. Sab&#237;a que acabar&#237;a soltando las tijeras, y no pod&#237;a imaginar lo que ocurrir&#237;a despu&#233;s.

De repente mont&#243; en ira.

Ibas a apu&#241;alarme -restall&#243; con furia-. &#161;Ninguno de vosotros quiere que me recupere! &#161;Ninguno de vosotros sabe c&#243;mo era el hospital!

Ten&#237;a raz&#243;n, y en otras circunstancias le habr&#237;a escuchado con cierta simpat&#237;a, pero me estaba haciendo da&#241;o y estaba aterrorizada.

Lo &#250;nico que sent&#237;a era el fr&#225;gil tacto de las tijeras en mis dedos, cada vez m&#225;s entumecidos.

En un d&#237;a repleto de extra&#241;os incidentes, un loco no dejaba de vociferarme, proyectando sobre m&#237; su intensidad emocional en medio de un edificio sin&#243;nimo de tranquilidad y civismo, donde la gente iba a llevarse libros igualmente tranquilos y c&#237;vicos.

Entonces empez&#243; a zarandearme para que lo escuchara, agarr&#225;ndome del hombro con la otra mano con la fuerza de un torno. No paraba de hablar, enfadado, triste, lleno de dolor y autocompasi&#243;n.

Sent&#237; que empezaba a enfadarme yo misma, y de repente algo chasque&#243; en mi interior. Levant&#233; un pie y le di un pisot&#243;n en el empeine con cada gramo de fuerza que pude aunar. Con un aullido de dolor, me solt&#243; y, en ese instante, me gir&#233; para correr hacia la entrada.

Tropec&#233; con Sally Allison.

Oh, Dios m&#237;o -dijo con voz ronca-. &#191;Est&#225;s bien? &#191;Te ha hecho da&#241;o? -Sin aguardar una respuesta, grit&#243; a su hijo por encima de mi cabeza-. Perry, &#191;qu&#233; diablos te ha dado, por el amor de Dios?

Oh, mam&#225; -contest&#243;, desesperado, y se ech&#243; a llorar.

Est&#225; drogado, Sally -se&#241;al&#233; con un jir&#243;n de voz. Me apart&#243; un poco y me escrut&#243; en busca de heridas, dejando ver su alivio al comprobar que no hab&#237;a sangre. Vio que a&#250;n llevaba las tijeras y se horroriz&#243;-. No ibas a hacerle da&#241;o, &#191;verdad? -pregunt&#243;, incr&#233;dula.

Sally, solo una madre podr&#237;a decir eso -respond&#237;-. Ll&#233;vatelo ahora mismo a casa.

Esc&#250;chame, por favor, Roe -rog&#243; Sally. A&#250;n estaba asustada, pero tambi&#233;n me sent&#237;a sumamente inc&#243;moda. Jam&#225;s nadie me hab&#237;a rogado nada, y ah&#237; ten&#237;a a Sally, quien indudablemente lo estaba haciendo-. Escucha, no se ha tomado la medicaci&#243;n de hoy. Est&#225; muy bien cuando se la toma, en serio. Sabes que puede venir y hacer su trabajo, nadie se ha quejado nunca, &#191;verdad? As&#237; que, por favor, no se lo cuentes a nadie.

&#191;Contar el qu&#233;? -pregunt&#243; una tranquila voz de hombre sobre mi cabeza, y supe que Robin hab&#237;a llegado con mucho sigilo. Levant&#233; la mirada hacia su escarpado rostro, su ahora seria boca arrugada y me alegr&#233; tanto de verlo que hubiera podido llorar-. He venido a ver c&#243;mo estabas -me dijo-. Se&#241;ora Allison, creo que nos conocimos en la reuni&#243;n del club.

S&#237; -dijo Sally, esforz&#225;ndose por recomponerse-. &#161;Perry! &#161;V&#225;monos!

Perry camin&#243; hacia ella, su p&#225;lido rostro inexpresivo y cansado, los hombros ca&#237;dos.

V&#225;monos a casa -le sugiri&#243; su madre-. Tenemos que hablar de nuestro acuerdo, sobre la promesa que me hiciste.

Sin mirarme o decir una palabra, Perry sigui&#243; a su madre por la puerta. Me derrumb&#233; en los brazos de Robin y solloc&#233; con las tijeras a&#250;n en mi poder. Su enorme mano acarici&#243; mi pelo. Cuando lo peor hab&#237;a pasado, dije:

Tengo que cerrar, es la hora. Me importa un bledo que Santa Claus vaya a venir para llevarse un libro. Esta biblioteca est&#225; cerrada.

&#191;Me vas a contar lo que ha pasado?

Puedes apostar por ello, pero primero quiero salir de este sitio. -Detest&#233; tener que separarme de su reconfortante torso y acogedores brazos; fue agradable sentirse protegida por un hombre grande y fuerte como &#233;l durante unos segundos. Pero deseaba salir de ese edificio e ir a casa m&#225;s que cualquier otra cosa y, con suerte, podr&#237;amos repetir la escena en mi casa con m&#225;s comodidades a mano.





Cap&#237;tulo 15

Puede ser -especul&#243; Robin entre bocados de galleta salada- que haya m&#225;s de un asesino.

Si &#237;bamos a pasar una noche juntos, no ser&#237;a esa. El momento hab&#237;a pasado.

&#161;Oh, Robin! Eso no me lo puedo creer. &#161;Es imposible que haya dos personas tan horribles a la vez en Lawrenceton haciendo lo mismo! -Con una bastaba. Dos nos incluir&#237;an en los libros de historia, eso seguro.

Me se&#241;al&#243; con la galleta salada enf&#225;ticamente.

&#191;Por qu&#233; no, Roe? Un asesino imitador. Por ejemplo, quiz&#225; alguien quer&#237;a a los Buckley fuera de la circulaci&#243;n por alg&#250;n motivo, y cuando ocurri&#243; lo de Mamie, vio su oportunidad. O a lo mejor alguien quer&#237;a deshacerse de Pettigrue, y mat&#243; a Mamie y a los Buckley para ocultarlo.

Hab&#237;a bastantes precedentes de eso, pero m&#225;s en las novelas de misterio que en la vida real, pens&#233;.

Supongo que es posible -conced&#237;-. Pero, Robin, es que me niego a creerlo.

Entonces quiz&#225; haya m&#225;s de un asesino. Quiero decir, un equipo de asesinos.

Jane Engle dijo lo mismo -record&#233; tard&#237;amente-. &#191;Dos personas? &#191;C&#243;mo podr&#237;as mirar a nadie que supiera que has hecho algo as&#237;, Robin? -Me costaba imaginarme dici&#233;ndole a nadie: Eh, colega, &#191;has visto c&#243;mo me he cepillado a Mamie?. Casi sent&#237; n&#225;useas. Me espantaba que dos personas fuesen capaces de idear un plan as&#237; y llevarlo a cabo

Los estranguladores de Hillside -me record&#243; Robin-. Burke y Hare.

Pero los estranguladores de Hillside eran asesinos sexuales -objet&#233;-. Y Burke y Hare quer&#237;an vender los cuerpos a facultades de Medicina.

Bueno, es verdad. Estos asesinatos probablemente no sean m&#225;s que una diversi&#243;n. Una broma pesada.

Pens&#233; en Gifford y su hachuela. El asesino se re&#237;a de nosotros de m&#225;s de una manera.

&#161;Espera a o&#237;r esto! -exclam&#233;.

Robin se sinti&#243; mejor cuando le dije que &#233;l, Melanie y Arthur pod&#237;an incluir a alguien m&#225;s en la categor&#237;a de inocente implicado.

Aunque ser&#237;a inteligente por parte de ese Gifford -alert&#243; Robin- usar su propia hachuela y luego declarar que se la hab&#237;an robado para reivindicar su inocencia.

Me pregunto si Gifford tiene tantas luces -dud&#233;-. Es un tipo artero, pero creo que tiene una imaginaci&#243;n bastante limitada.

&#191;Hasta qu&#233; punto lo conoces? -me pregunt&#243; Robin con un leve retint&#237;n en la voz.

No demasiado -admit&#237;-. Solo de verlo en Real Murders. Hace un a&#241;o que viene, creo. Y siempre se trae a su amigo Reynaldo, quien, al parecer, no tiene apellido.

Son&#243; el tel&#233;fono y fui a cogerlo, sorprendida por recibir una llamada tan tarde. La gente de Lawrenceton no suele hacer llamadas pasadas las diez de la noche. Al menos no la gente que yo conozco. Robin tuvo el tacto de aprovechar la ocasi&#243;n para ir al cuarto de ba&#241;o.

Oh, Dios, acabo de mirar el reloj. &#191;Estabas acostada? -pregunt&#243; Arthur.

No -respond&#237;, sinti&#233;ndome extra&#241;amente rara al tener a Robin en casa mientras hablaba con &#233;l. &#191;Por qu&#233; deber&#237;a estarlo?, me pregunt&#233;. Pod&#237;a verme con dos hombres alternamente si era mi deseo.

Termino de trabajar y me voy para casa. &#191;Te apetecer&#237;a pasarte?

La idea me provoc&#243; un leve calambre en la columna, pero todas las condiciones que hab&#237;a aplicado con Robin segu&#237;an siendo v&#225;lidas. Adem&#225;s, Robin no daba ninguna se&#241;al de querer irse. De hecho, hab&#237;a ido a la nevera para servirse otra bebida.

Ma&#241;ana tengo que trabajar -dije con neutralidad.

Oh, vale. Pillo la indirecta. Solo patinar.

Dios. Casi se me hab&#237;a olvidado. Bueno, ten&#237;a bastante buenas razones para no pensar en una cita para el s&#225;bado por la noche.

&#191;Est&#225;s bien? -pregunt&#233; cautelosamente.

Sobrevivir&#233;. Tengo noticias incre&#237;bles que contarte. &#191;Est&#225;s sentada?

Arthur sonaba extra&#241;o. Era como si intentase estar emocionado y contento pero no acabase de conseguirlo. Y no hab&#237;a mencionado el descubrimiento del malet&#237;n y el hacha.

S&#237;, estoy sentada. &#191;De qu&#233; se trata?

Benjamin Greer ha confesado ser el autor de todos los asesinatos.

&#191;Qu&#233;? &#191;Que ha hecho qu&#233;?

Ha confesado haber matado a Mamie Wright, a Morrison Pettigrue y a los Buckley.

Pero &#191;qu&#233; hay de la caja de bombones? &#191;Por qu&#233; hizo eso? Mi madre no lo conoce en absoluto.

Dice que eso lo hizo Morrison porque pensaba que tu madre era un exponente de lo peor del capitalismo.

Mi madre, &#191;Morrison Pettigrue? No me lo creo -farfull&#233; de forma inconexa.

&#191;Es que no quieres que esto acabe?

&#161;Claro que s&#237;! Pero no me creo que lo haya hecho &#233;l. Ojal&#225; fuese cierto, pero no lo creo.

Pues ha convencido a mucha gente de por aqu&#237;.

&#191;Sab&#237;a d&#243;nde estaba escondida la hachuela?

Eso ya lo sabe toda la ciudad.

&#191;Sab&#237;a que estaba en un malet&#237;n?

Eso tambi&#233;n lo sabe todo el mundo a estas alturas.

Vale, &#191;a qui&#233;n le rob&#243; el hacha para matar a los Buckley?

Eso no lo ha dicho todav&#237;a.

Gifford Doakes me ha dicho esta noche que se la robaron a &#233;l.

&#191;Eso ha hecho? -Por primera vez, la voz de Arthur mostraba algo de entusiasmo-. Gifford no ha llegado todav&#237;a a la comisar&#237;a. Al menos por lo que yo s&#233;.

Bueno, esta noche, en la biblioteca, me dijo que le hab&#237;an robado el hacha y me pregunt&#243; si la que encontramos ten&#237;a el mango envuelto en cinta aislante. Yo no saqu&#233; el tema. De hecho, lo hab&#237;a olvidado.

Pasar&#233; la informaci&#243;n a los compa&#241;eros que est&#225;n interrogando a Greer -prometi&#243; Arthur-. Puede ser una de las preguntas de control. Pero por alguna raz&#243;n, Roe, el tipo es convincente. Pienso que se cree su propia historia. Y tenemos un testigo.

Robin hab&#237;a dejado de lado la cortes&#237;a y estaba a mi lado escuchando lo que dec&#237;a. Sus cejas se extend&#237;an sobre la frente en gesto interrogador. Agit&#233; la mano para que guardara silencio.

&#191;Un testigo del asesinato?

No, un testigo que le vio dejar el hacha en el callej&#243;n.

Record&#233; la excitaci&#243;n de Lynn cuando interrog&#243; a la joven madre en los apartamentos. Apostaba a que ella era el testigo.

&#191;Y qu&#233; vio la mujer? -pregunt&#233; sin ambages.

Escucha, esto es un asunto policial del que no puedo darte detalles -cort&#243; Arthur.

Lamento si me estoy entrometiendo, pero estoy metida en esto hasta el cuello, seg&#250;n la propia Lynn Liggett y tu jefe, Jack Burns.

Pues ya est&#225;s libre de sospecha.

Me parece demasiado f&#225;cil. No creo que haya acabado.

Me voy a casa a dormir -dijo Arthur, y el cansancio hizo que se le escapase un gallo-. Dormir&#233; hasta que las ranas cr&#237;en pelo. Y cuando me levante, hablaremos de ir a patinar.

Est&#225; bien -contest&#233; lentamente-. Escucha, acabo de recordar que mi hermano peque&#241;o, Phillip, vendr&#225; ma&#241;ana a pasar el fin de semana.

Pues que se venga con nosotros -respondi&#243; Arthur suavemente apenas sin perder el ritmo de la conversaci&#243;n.

Vale. Hasta luego entonces. -Colgu&#233; con una sonrisa; no lo pod&#237;a evitar-. Puede que todo haya terminado, Robin -dije, casi llorando.

Se qued&#243; boquiabierto.

&#191;Est&#225;s diciendo que ya no debemos seguir preocup&#225;ndonos? -pregunt&#243;.

Eso parece. Un testigo sit&#250;a a Benjamin Greer, uno de los socios de Real Muders que no estuvo en la reuni&#243;n la noche que mataron a Mamie, dejando el malet&#237;n en la boca de alcantarilla. Lo ha confesado todo, salvo el env&#237;o de los bombones, atribuy&#233;ndoselo a Morrison Pettigrue, quien lo habr&#237;a hecho antes de que lo matara. Tendr&#233; que llamar a mi madre. Pettigrue la consideraba una capitalista terrible.

Discutimos ese desconcertante giro de los acontecimientos desde todas las perspectivas posibles, hasta que empec&#233; a bostezar y a sentirme adormilada.

&#191;Has dicho que tu hermano va a venir? -pregunt&#243; Robin discretamente.

S&#237;, se llama Phillip y tiene seis a&#241;os. Es hijo de la segunda esposa de mi padre. Mi padre y su mujer van a una convenci&#243;n en Chattanooga este fin de semana, y me toca pasar unos cuantos d&#237;as cuidando de mi hermanastro. Las cosas se estaban poniendo tan feas por aqu&#237; que pens&#233; en llamar a mi padre y cancelar el plan o ir yo a su casa para cuidar de Phillip, pero supongo que ahora no pasa nada con que se quede aqu&#237;.

&#191;Os llev&#225;is bien? &#191;Qu&#233; sol&#233;is hacer cuando viene a visitarte?

Oh, jugamos a alguna cosa. Vamos al cine. Ve la tele. Le leo cuentos que a&#250;n no puede leer por s&#237; mismo. Una vez fuimos a los bolos. Fue todo un desastre, pero divertido tambi&#233;n. A veces se trae su guante y jugamos a coger la pelota en el aparcamiento. Admito que no se me da muy bien. Phillip es un loco del b&#233;isbol. Siempre se trae sus cromos y los ojeamos mientras me esfuerzo por no bostezar.

Me gustan los cr&#237;os -dijo Robin, y supe que era sincero-. Quiz&#225; podamos ir todos el s&#225;bado al parque estatal para hacer un picnic y dar un paseo.

Eso ser&#237;a una hora de ida y otra de vuelta, m&#225;s otras tres para el picnic y el paseo, pens&#233; r&#225;pidamente. Podr&#237;a estar de vuelta a tiempo para la cita del patinaje, pero lo m&#225;s probable es que Phillip estuviese agotado del viaje y yo tambi&#233;n.

Quiz&#225; ser&#237;a mejor jugar al minigolf. El lunes vi que han abierto uno nuevo cerca de la autopista que lleva a la capital. -Era como si hubiesen pasado a&#241;os desde entonces.

Yo tambi&#233;n lo he visto -se&#241;al&#243; Robin-. &#191;El s&#225;bado por la tarde?

Vale. Le va a encantar. Ven a conocerlo ma&#241;ana por la noche -le ofrec&#237;-. Le he prometido que le har&#237;a una tarta de nueces. Es su favorita. &#191;Qu&#233; tal a las siete?

Genial -dijo Robin alegremente. Se acerc&#243; para darme un beso casual-. Nos veremos entonces, pues. -Parec&#237;a preocupado al marcharse.

Ech&#233; el pestillo cuando sali&#243; y comprob&#233; la puerta delantera, a pesar de que no la usaba casi nunca. Si todo este embrollo hab&#237;a tenido un efecto, era que me hab&#237;a vuelto consciente de la seguridad para siempre.

Hab&#237;a sido una jornada muy ocupada, a pesar incluso de la constante sombra de vivir cerca de un asesino. Hoy hab&#237;amos encontrado la hachuela en el malet&#237;n de Robin, hab&#237;a tenido una extra&#241;a confrontaci&#243;n con Gifford Doakes y sufrido una escalofriante escena con Perry. Me preguntaba si Sally tendr&#237;a raz&#243;n en su optimista creencia de que nadie en el trabajo, aparte de m&#237;, se hab&#237;a dado cuenta de lo desatado que estaba Perry. No estaba precisamente en la onda de los cotilleos del trabajo, siendo precisamente objeto de los mismos, estaba segura.

Luego llam&#243; Arthur para soltar el bombazo de Benjamin.

Benjamin, el fracasado. &#191;Benjamin, el asesino?

Mientras hac&#237;a la cama en el cuarto de invitados para Phillip (a pesar de que se le hac&#237;a muy dif&#237;cil pasar la noche en un lugar extra&#241;o y siempre acababa en la m&#237;a), me di plena cuenta de lo anormal que hab&#237;a sido la semana. Normalmente, cuando sab&#237;a que Phillip iba a hacer una de sus cuatro o cinco visitas anuales de fin de semana, me preparaba durante varios d&#237;as. Compraba todo lo que le gustaba comer, planeaba un mont&#243;n de actividades, sacaba muchos libros infantiles y consultaba la cartelera de cine local. Me pasaba.

Estos eran probablemente los preparativos m&#225;s adecuados para la visita de un cr&#237;o de seis a&#241;os: le hice la cama, comprob&#233; que ten&#237;a los ingredientes para hacerle su postre favorito y decid&#237; llevarlo a su establecimiento de comida r&#225;pida favorito para comer el s&#225;bado. Y la verdad es que ten&#237;a ganas de ver a ese inesperado hermano que me hab&#237;a surgido en mi vida adulta. En medio de los horrores que hab&#237;a vivido &#250;ltimamente y la ansiedad sufrida en tantas situaciones sin precedentes, la visita de Phillip se antojaba como un agradable regreso a la normalidad.

Benjamin Greer.

Intent&#233; cre&#233;rmelo.





Cap&#237;tulo 16

Me despert&#233; con una sonrisa. Me llev&#243; un momento recordar por qu&#233;, pero al recordarlo la sonrisa se ampli&#243;. Se hab&#237;an terminado los asesinatos. Durante el sue&#241;o me hab&#237;a convencido de que Benjamin hab&#237;a confesado porque lo hab&#237;a hecho y deseaba la atenci&#243;n y la infamia al precio que fuese, por mucho que tambi&#233;n las hubiese deseado aunque no lo hubiese hecho. Despu&#233;s de todo, hab&#237;a anunciado su candidatura a la alcald&#237;a y eso debi&#243; de haberle dado cuerda para rato. Era viernes, no ten&#237;a que ir al trabajo esa tarde, Phillip iba a venir y estaba interesada en dos hombres, aunque lo mejor es que ellos tambi&#233;n lo estaban en m&#237;. &#191;Qu&#233; m&#225;s pod&#237;a pedir una bibliotecaria de veintiocho a&#241;os?

Me acical&#233; con mucho cuidado, me divert&#237; con la sombra de ojos y me puse la blusa y la falda m&#225;s alegres que pude encontrar. Era un conjunto indudablemente primaveral, blanco con flores amarillas, y me dej&#233; el pelo suelto con una cinta amarilla que lo manten&#237;a hacia atr&#225;s.

Tom&#233; un copioso desayuno, con cereales, tostadas e incluso un pl&#225;tano, y recorr&#237; el camino hacia el coche canturreando.

Est&#225;s cantarina esta ma&#241;ana -dijo Bankston, que estaba vestido con un traje muy sobrio, muy adecuado para un banquero. &#201;l tambi&#233;n sonre&#237;a y record&#233; que hab&#237;a visto el coche de Melanie salir de su aparcamiento esa ma&#241;ana muy temprano.

&#161;Y tengo buenas razones! Puede que no lo hayas o&#237;do todav&#237;a, pero alguien ha confesado ser el asesino.

&#191;Qui&#233;n? -pregunt&#243; Bankston despu&#233;s de quedarse mir&#225;ndome un instante.

Benjamin Greer. -En ese momento me pregunt&#233; tard&#237;amente si no estar&#237;a traicionando una confidencia. Pero recuper&#233; la seguridad al recordar que Arthur no me hab&#237;a dicho que guardara ning&#250;n secreto, y yo tampoco le hab&#237;a dicho que har&#237;a tal cosa. Adem&#225;s, ya se lo hab&#237;a dicho a Robin, quien me lo habr&#237;a sacado de todos modos si, despu&#233;s de colgar a Arthur, me hubiese negado a contarle nada. Un momento; ten&#237;a que dejar de decirme cosas tan exageradas.

Bankston estaba pasmado.

Pero &#161;si la semana pasada se pas&#243; por el banco para pedir un pr&#233;stamo para la campa&#241;a de su candidato! Lo siento, no deb&#237; mencionarlo. Era una transacci&#243;n privada, cosas del banco. Pero es que estoy alucinado.

A m&#237; me pas&#243; lo mismo -le asegur&#233;.

Bueno, bueno, tendr&#233; que hacer una parada y cont&#225;rselo a Melanie -dijo tras un instante de meditaci&#243;n-. Ser&#225; todo un alivio para ella. Lo ha pasado muy mal desde que encontraron el bolso de la se&#241;ora Wright en su coche.

Claro. Ser declarada m&#225;rtir en la iglesia y que te hagan una propuesta de matrimonio es muy duro. Pero estaba demasiado contenta como para envidiar a Melanie; hab&#237;a salido un par de veces con Bankston y no lo ten&#237;a precisamente en una bandeja de plata, como sol&#237;a decir mi madre.

Mi madre. Ella tambi&#233;n deb&#237;a ser part&#237;cipe de las buenas noticias. La llamar&#237;a hoy mismo. Le encantar&#237;a que se refiriesen a ella como lo peor del capitalismo. Un golpe duro que encajar despu&#233;s del trabajo duro y la lucha que hab&#237;a tenido que mantener durante los primeros a&#241;os del negocio, aunque, por aquel entonces, contaba con la presencia de mi padre para recargar las pilas. &#201;l no se fue hasta que mi madre estuvo bien encarrilada en la senda del &#233;xito. Me sorprend&#237; derivando hacia pensamientos negativos y me forc&#233; a rectificar r&#225;pidamente. La alegr&#237;a era la nota del d&#237;a.

En el trabajo, todos los bibliotecarios y los voluntarios parec&#237;an conocer ya las buenas noticias y yo hab&#237;a vuelto al redil. Lillian hab&#237;a vuelto a ser la maliciosa de siempre, lo que resultaba casi reconfortante. Sam Clerrick emergi&#243; de sus tablas, gr&#225;ficos y presupuestos para darme una palmada en el hombro al pasar junto a m&#237;. Me dediqu&#233; a estampar tarjetas vigorosamente, recib&#237;a el dinero de los pr&#233;stamos prolongados con una sonrisa en vez de la t&#237;pica desaprobaci&#243;n inexpresiva y colocaba los vol&#250;menes con precisi&#243;n. La ma&#241;ana no pas&#243; r&#225;pidamente, sino que brinc&#243; como nunca lo hab&#237;a hecho.

El tel&#233;fono son&#243; un par de veces mientras com&#237;a mi almuerzo recalentado en el microondas y hojeaba una enciclopedia de los asesinatos del siglo XX. Ten&#237;a la irritante sensaci&#243;n de que alguien, en alg&#250;n momento, hab&#237;a mencionado algo interesante en lo que me apetec&#237;a ahondar, nombres a los que me apetec&#237;a dar vueltas, y pens&#233; que zambullirme en un libro me servir&#237;a. Pero el tel&#233;fono acab&#243; con esa chispa incipiente.

El primero en llamar fue mi padre, que siempre empezaba con un &#191;Qu&#233; tal est&#225; mi mu&#241;equita?.

Detestaba llamarme Roe y yo odiaba que me llamase mu&#241;equita. No hab&#237;amos encontrado un punto de encuentro.

Estoy bien, pap&#225; -dije.

&#191;Sigues queriendo que vaya Phillip? -pregunt&#243;, ansioso-. Ya sabes, si est&#225;s alterada con todo lo que ha pasado en Lawrenceton &#250;ltimamente, puede quedarse en casa.

De fondo pod&#237;a o&#237;r a Phillip interrumpiendo sin parar:

&#191;Puedo ir, pap&#225;? &#191;Puedo ir?

Parece que todo ha terminado -le cont&#233;, contenta.

&#191;Han arrestado a alguien?

Alguien ha confesado, m&#225;s bien. Estoy segura de que todo volver&#225; a la normalidad -dije. Quiz&#225; no estuviera tan segura. Pero de lo que no albergaba dudas era de que yo s&#237; que iba a volver a la normalidad. Y me apetec&#237;a ver a mi hermano peque&#241;o.

Vale, pues entonces lo llevar&#233; sobre las cinco -indic&#243; mi padre-. Betty Jo te manda un beso. Te estamos muy agradecidos.

No estaba muy segura del beso de Betty Jo, pero s&#237; de que apreciaban poder pasar libres todo un fin de semana con una ni&#241;era fiable como yo cuidando de su hijo.

La siguiente llamada fue de mi madre, por supuesto. A&#250;n deb&#237;a de tener alg&#250;n tipo de v&#237;nculo ps&#237;quico con mi padre, porque siempre que &#233;l me llamaba, ella no tardaba ni una hora en hacer lo propio. Ella era como Lauren Bacall y &#233;l como Humphrey Bogart: un tipo feo con un carisma que le sal&#237;a por las orejas. Y, bendito sea, no parec&#237;a en absoluto consciente de ello. Pero ese carisma segu&#237;a emitiendo ondas alfa o algo hacia mi madre.

Sab&#237;a que deb&#237;a de estar ya al tanto de la confesi&#243;n de Benjamin, y as&#237; era. Tambi&#233;n sab&#237;a que Benjamin hab&#237;a dicho que Morrison Pettigrue estaba detr&#225;s de los bombones. Ten&#237;a sus dudas.

&#191;C&#243;mo iba a saber Morrison Pettigrue nada de los bombones Mrs. Sees? -pregunt&#243;-. &#191;C&#243;mo iba a saber que siempre me como los de crema?

No ten&#237;a por qu&#233; saber que solo te comes esos -se&#241;al&#233;-. Es imposible meter matarratas en los rellenos de nuez.

Es verdad -admiti&#243;-. Pero me sigue costando creerlo. Apenas nos conoc&#237;amos. Coincid&#237; con &#233;l en alguna reuni&#243;n de la C&#225;mara de Comercio, si mal no recuerdo, y hablamos de la necesidad de m&#225;s aceras en el centro. Fue una conversaci&#243;n cordial y en ese momento no dio la sensaci&#243;n de pensar que yo era una especie de sanguijuela que vive a costa de los dem&#225;s, o lo que sea.

Pero si Benjamin ment&#237;a sobre lo de los bombones, pod&#237;a estar mintiendo sobre otras cosas tambi&#233;n. Solo deseaba que dijera la verdad y nada m&#225;s que la verdad.

Ser&#225; mejor que lo archivemos hasta que conozcamos m&#225;s detalles -suger&#237;-. Quiz&#225; acabe diciendo algo que d&#233; sentido a todo esto.

Tu hermano &#191;a&#250;n pasar&#225; el fin de semana contigo? -me pregunt&#243; en uno de sus inesperados giros.

Suspir&#233; en silencio.

S&#237;, madre. Pap&#225; lo traer&#225; sobre las cinco y se quedar&#225; conmigo hasta la noche del domingo. -Evitar a Phillip habr&#237;a estado por debajo de la dignidad de mi madre, pero despu&#233;s de coincidir un par de veces con &#233;l, sol&#237;a mantenerse apartada el tiempo que pasaba en mi casa.

Bueno, pues ya hablaremos -dijo. Estaba segura de ello. Le pregunt&#233; por el negocio y se puso a hablar de &#233;l unos minutos.

&#191;Segu&#237;s pensando en casaros John y t&#250;? -pregunt&#233;.

Lo estamos hablando. -Hab&#237;a una sonrisa en su voz-. Prometo que ser&#225;s la primera en saberlo cuando decidamos algo definitivo.

As&#237; me gusta -dije-. Me alegro mucho por vosotros.

He o&#237;do que tienes un nuevo novio -se&#241;al&#243; mi madre, lo cual, bien pensado, me parec&#237;a una progresi&#243;n l&#243;gica en la conversaci&#243;n.

&#191;De cu&#225;l has o&#237;do hablar? -pregunt&#233;. Era incapaz de resistirme.

En alguien m&#225;s joven que mi madre, habr&#237;a considerado el ruido que hizo como una risita de deleite. Colgamos con una recarga de cari&#241;o mutuo y volv&#237; al trabajo con la indudable sensaci&#243;n de que la vida me volv&#237;a a sonre&#237;r.


El novio de mi madre, John Queensland, vino a la biblioteca esa tarde mientras me encontraba en el mostrador de pr&#233;stamos. Me di cuenta entonces de que era todo lo contrario que mi padre: un maduro atractivo que rezumaba la misma reserva y dignidad que mi madre. Hac&#237;a tiempo que hab&#237;a enviudado, pero segu&#237;a viviendo en la gran casa de dos pisos que hab&#237;a compartido con su esposa y dos hijos, los cuales ya ten&#237;an su propia descendencia. Eran de mi quinta, me record&#233; amargamente.

Mientras &#233;l hojeaba dos biograf&#237;as serias de gente famosa, coment&#243; que alguien hab&#237;a irrumpido en su garaje en las &#250;ltimas tres semanas.

Ya no lo uso. Aparco detr&#225;s de la casa. El garaje est&#225; lleno de los cacharros de los chicos. No consigo que decidan qu&#233; hacer con todos esos trastos. -Sonaba m&#225;s a padre feliz que a queja-. Pero, bueno, fui a buscar mis viejos palos de golf porque hab&#237;a pensado echar unos hoyos con Bankston, ahora que empieza a mejorar el tiempo, pero alguien se ha colado y me los ha robado.

Dado que John formaba parte de Real Murders, estaba segura de que hab&#237;a hallado un significado a ese robo. Le coment&#233; lo de Gifford Doakes y su hachuela (por sorprendente que parezca, no ten&#237;a noticia del asunto) y dej&#233; que sacase sus propias conclusiones.

S&#233; que Benjamin Greer ha confesado -le dije-, pero es una prueba que la polic&#237;a podr&#237;a necesitar. Creo que con una confesi&#243;n no basta.

Creo que me pasar&#233; por la comisar&#237;a cuando vuelva a la oficina -asegur&#243; John, pensativo-. Ser&#225; mejor que informe sobre los palos. Se llevaron toda la bolsa, y es un conjunto de los que no pasan desapercibidos. Siempre que mis hijos viajaban a alguna parte le pegaban una pegatina de donde hubiesen estado. Una broma familiar. -Y, sumido en su abstracci&#243;n, John sali&#243; de la biblioteca. Pens&#233; en Arthur y lanc&#233; un suspiro. Me preguntaba c&#243;mo se tomar&#237;a este otro imprevisto.

Palos de golf. Quiz&#225; ya los hab&#237;an utilizado. Quiz&#225; los hab&#237;an usado con Mamie. Jam&#225;s se hall&#243; el arma de ese crimen, al menos que yo supiera. Puede que Benjamin pudiera contarle a la polic&#237;a d&#243;nde estaban.

Me dej&#233; rondar por la idea hasta llegar a casa y ver el coche de mi padre aguardando frente al apartamento. Mientras saludaba a mi padre y daba un abrazo a mi hermanastro, me conjur&#233; para no pensar en los asesinatos durante un par de d&#237;as. Me apetec&#237;a disfrutar de la compa&#241;&#237;a de Phillip.

Phillip est&#225; en primero y puede ser tan divertido como exasperante. Es capaz de comerse cinco cosas con entusiasmo, cinco cosas nutritivas, quiero decir. (Cualquier alimento sin valor nutritivo es perfectamente v&#225;lido para &#233;l). Afortunadamente para m&#237;, unas de esas cosas son la salsa de espaguetis y la tarta de nueces, aunque tampoco se puede decir que ninguno de los dos sean alimentos precisamente saludables.

&#161;Roe! &#191;Vamos a cenar espaguetis esta noche? -pregunt&#243;, entusiasta.

Claro -dije con una sonrisa. Me inclin&#233; y le di un beso antes de que pudiera a&#241;adir: &#161;Puaj! &#161;No me beses!.

Me devolvi&#243; un besito fugaz y se fue corriendo a por su maleta y, lo m&#225;s importante, una bolsa de basura llena de sus juguetes esenciales.

Los pondr&#233; en mi habitaci&#243;n -le dijo a mi padre, que sonre&#237;a con indisimulado orgullo paterno.

Hijo, me tengo que ir -contest&#243; mi padre-. Mam&#225; est&#225; como loca por llegar donde tenemos que ir. P&#243;rtate bien con tu hermana mayor y haz lo que te mande sin causar problemas.

Phillip, que escuchaba a medias, farfull&#243; un Vale, pap&#225; y fue a colocar sus cosas.

Bueno, mu&#241;equita, eres un cielo por hacer esto -me dijo mi padre cuando desapareci&#243; Phillip.

&#201;l me gusta -confes&#233; honestamente-. Me encanta pasar unos d&#237;as con &#233;l.

Aqu&#237; tienes los n&#250;meros donde podr&#225;s localizarnos -advirti&#243; sac&#225;ndose una hoja de bloc de notas del bolsillo-. Si surge un problema, cualquier cosa, ll&#225;manos inmediatamente.

Vale, vale -lo tranquilic&#233;-. No te preocupes. Pasadlo bien. Nos vemos el domingo por la noche.

Eso es. Deber&#237;amos llegar alrededor de las cinco o las seis. Si vemos que vamos a tardar, te llamo. No te olvides recordarle sus oraciones. Oh Si le da fiebre o algo, aqu&#237; tienes una caja de aspirina infantil masticable. Deber&#237;a tomarse tres. Y hay que ponerle un vaso de agua en la mesilla por la noche.

Me acordar&#233;. -Nos abrazamos y se meti&#243; en su coche con una sonrisa asim&#233;trica y un saludo descuidado que dif&#237;cilmente podr&#237;a olvidar cualquier mujer. Observ&#233; c&#243;mo sal&#237;a del aparcamiento y o&#237; a Phillip que gritaba desde el interior:

&#161;Roe! &#191;Tienes galletas?

Le hice un par de s&#225;ndwiches de galleta horribles que dec&#237;a que eran sus favoritos. Satisfecho, sali&#243; con su bolsa de juguetes, dejando los de interior en mi cocina comedor.

Seguro que quieres ponerte a cocinar, as&#237; que me salgo a jugar fuera -dijo seriamente.

Pill&#233; la indirecta y me puse manos a la obra con la salsa de espaguetis.

La siguiente vez que mir&#233; por la ventana para vigilar, vi a trav&#233;s de mi patio abierto que Phillip ya se hab&#237;a incautado de Bankston para que jugase con &#233;l al b&#233;isbol en el aparcamiento. Phillip despreciaba abiertamente mi habilidad con ese deporte, pero Bankston gozaba de su aprobaci&#243;n. Este se hab&#237;a desprendido de la chaqueta del traje y la corbata a la primera de cambio, y no parec&#237;a en absoluto tan estirado mientras lanzaba la pelota hacia el bate de Phillip. Ya hab&#237;an jugado durante otras visitas de mi hermanastro, y Bankston nunca lo consider&#243; una imposici&#243;n.

Cuando Robin lleg&#243; a casa, tambi&#233;n fue reclutado para el juego, e hizo de c&#225;cher para Phillip hasta que llam&#233; desde la ventana de la cocina que daba al patio para anunciar que la cena estaba lista.

&#161;Yuju! -grit&#243; Phillip, dejando su bate apoyado contra la pared del patio. Me encog&#237; de hombros hacia sus abandonados compa&#241;eros de juego y le susurr&#233; a Phillip:

Da las gracias a Bankston y a Robin por la partida.

Gracias -dijo Phillip, obediente, antes de sentarse corriendo en mi peque&#241;a mesa de cocina. Atisb&#233; la coronilla de Melanie cuando Bankston entr&#243; en casa.

Luego nos vemos para probar esa tarta de nueces. Me encanta tu hermano peque&#241;o -indic&#243; Robin mientras entraba por la puerta de su patio. Me sent&#237; feliz y orgullosa por tener un hermano tan encantador, aunque tambi&#233;n tuvo que ver la sonrisa de Robin, que sin duda iba por un lado m&#225;s personal.

Durante los siguientes veinte minutos estuve ocupada asegur&#225;ndome de que Phillip usara la servilleta, pronunciara sus oraciones y comiera al menos un poco de verdura. Contempl&#233; con cari&#241;o un cabello marr&#243;n claro en eterna rebeli&#243;n y sus observadores ojos azules, tan diferentes de los m&#237;os. Entre bocados de espaguetis y pan de ajo, Phillip me cont&#243; una larga e intrincada historia sobre una pelea en el patio del colegio entre un chico que sab&#237;a karate y otro que ten&#237;a toda la colecci&#243;n de veh&#237;culos de los G. I. Joe. Le escuch&#233; con una oreja, permitiendo que el resto de mi mente se centrara cada vez m&#225;s en la molesta sensaci&#243;n de que algo se me escapaba. Me estaba olvidando de algo. &#191;O es que hab&#237;a visto algo? Fuese lo que fuese ese algo, necesitaba recordarlo.

&#161;Mi pelota de b&#233;isbol! -grit&#243; Phillip de repente.

Hab&#237;a captado toda mi atenci&#243;n. El grito, emanado de su garganta sin previo aviso mientras me contaba las medidas que hab&#237;a tomado el director con los dos contrincantes del patio escolar, me hab&#237;a puesto el coraz&#243;n en la garganta.

Pero, Phillip, ya ha oscurecido -protest&#233; cuando sali&#243; disparado de su silla hacia la puerta. Trat&#233; de recordar si alguna vez lo hab&#237;a visto caminar sin m&#225;s, y decid&#237; que ocurri&#243; una vez, cuando apenas ten&#237;a doce meses-. Toma, al menos ll&#233;vate la linterna.

Logr&#233; encajarla en su mano &#250;nicamente porque le encantaban las linternas e hizo la pausa indispensable para que la cogiera de uno de los armarios de la cocina.

&#161;Y trata de recordar d&#243;nde la viste la &#250;ltima vez! -grit&#233; tras &#233;l.

Hab&#237;a terminado de cenar mientras Phillip me relataba su interminable historia, as&#237; que limpi&#233; el plato y lo dej&#233; en el lavavajillas (Robin llegar&#237;a en poco tiempo y quer&#237;a adecentar el lugar). Los platos de postre ya estaban fuera, todo estaba listo, as&#237; que, mientras aguardaba el triunfal regreso de Phillip con su pelota, me qued&#233; mirando distra&#237;damente las estanter&#237;as, recolocando algunos libros que estaban desordenados. Contempl&#233; los t&#237;tulos de todos esos vol&#250;menes que trataban sobre personas malas, locas o enloquecidas, hombres y mujeres cuyas vidas hab&#237;an sobrepasado la delgada l&#237;nea que separa a los que pueden pero no lo hacen de los que pueden y lo hacen.

Phillip llevaba mucho tiempo fuera; pod&#237;a o&#237;rlo en el aparcamiento.

Son&#243; el tel&#233;fono.

&#191;S&#237;? -dije abruptamente por el auricular.

Roe, soy Sally Allison.

Qu&#233;

&#191;Has visto a Perry?

&#191;C&#243;mo? &#161;No!

&#191;Te ha estado siguiendo m&#225;s?

No, al menos no me he dado cuenta si as&#237; ha sido.

&#201;l -Sally no pudo seguir.

&#161;Venga, Sally! &#191;Qu&#233; ha pasado? -pregunt&#233; sin pa&#241;os calientes. Observ&#233; por la ventana de la cocina, deseando ver el destello de la linterna parpadeante a trav&#233;s de las rejillas de la valla del patio. Record&#233; la noche que hab&#237;a visto a Perry al otro lado de la calle, aguardando en la oscuridad a que Robin me trajera a casa. Estaba aterrada.

Hoy no se ha tomado la medicaci&#243;n. No ha ido al trabajo. No s&#233; d&#243;nde est&#225;. Creo que ha tomado m&#225;s de esas pastillas.

Entonces llama a la polic&#237;a. &#161;Consigue que se pongan a buscarlo, Sally! &#191;Qu&#233; pasa si est&#225; aqu&#237;? &#161;Mi hermano peque&#241;o acaba de salir solo en la oscuridad! -Colgu&#233; el tel&#233;fono con un golpe hist&#233;rico. Aferr&#233; mi enorme llavero con la idea de coger el coche y registrar los alrededores de la manzana y saqu&#233; otra linterna que tambi&#233;n guardaba.

Era culpa m&#237;a. Alguien en la oscuridad se hab&#237;a llevado a mi hermano peque&#241;o, un ni&#241;o de seis a&#241;os, y era culpa m&#237;a. Oh, Dios bendito, Se&#241;or de los cielos, prot&#233;gelo.

Dej&#233; la puerta de atr&#225;s abierta de par en par, la luz del interior atravesando la honda penumbra de fuera. La puerta del patio estaba abierta; Phillip nunca se acordaba de cerrarla. Su bate estaba apoyado a un lado, tal como lo hab&#237;a dejado para venir a cenar.

&#161;Phillip! -aull&#233;. Entonces pens&#233; que quiz&#225; ser&#237;a mejor guardar silencio y optar por el sigilo. Presa del frenes&#237;, apunt&#233; con la linterna de un lado a otro. A pocos metros, un coche encendi&#243; el motor y abandon&#243; su lugar de aparcamiento. A medida que avanzaba, vi que se trataba de Melanie en el coche de Bankston. Ella sonri&#243; y me salud&#243; con la mano. Abr&#237; la boca para decir algo, pero no me salieron las palabras. &#191;C&#243;mo era posible que no me oyera gritar?

Pero no pod&#237;a razonar en ese momento. Segu&#237; avanzando y barriendo el suelo con el haz de luz sin ver nada, nada en absoluto.

&#191;Qu&#233; te pasa, Roe? &#161;Iba de camino a tu casa! -me abord&#243; Robin desde la oscuridad.

&#161;Phillip ha desaparecido, alguien se lo ha llevado! &#161;Sali&#243; a buscar su pelota de b&#233;isbol en la oscuridad y no ha vuelto!

Voy a por una linterna -dijo Robin inmediatamente. Se volvi&#243; para dirigirse hacia su tel&#233;fono. Sin dejar de moverse, me habl&#243; por encima del hombro-: Oye, no ser&#225; de los que se divierten escondi&#233;ndose, &#191;no?

No lo creo -contest&#233;. Me hubiera encantado pensar que Phillip estaba ri&#233;ndose de nosotros detr&#225;s de un arbusto, pero estaba segura de que no era as&#237;. No ser&#237;a capaz de estar escondido durante tanto tiempo en la oscuridad. Habr&#237;a saltado de su escondite mucho antes para darnos el susto, iluminando su cara con una sonrisa de triunfo-. Escucha, Robin, pregunta a los Crandall si han visto al ni&#241;o y llama a la polic&#237;a. La madre de Perry Allison acaba de llamar para decirme que su hijo anda suelto por alguna parte. No creo que ella llame a la polic&#237;a. Voy a buscar en el jard&#237;n delantero.

Vale -asinti&#243; Robin brevemente antes de desaparecer en su casa.

Avanc&#233; r&#225;pidamente por la oscuridad (que ya era absoluta), &#250;nicamente precedida por el haz de luz de la linterna. De vez en cuando me deten&#237;a, hac&#237;a un barrido con la linterna y segu&#237;a avanzando. Pas&#233; por la verja de los Crandall y no encontr&#233; nada. Abr&#237; la puerta exterior de Bankston. La luz delat&#243; algo en el patio.

La pelota de Phillip.

Oh, Dios, hab&#237;a estado all&#237; todo el tiempo, no era de extra&#241;ar que Phillip no la encontrase. Probablemente Bankston la hab&#237;a cogido en el aparcamiento para devolv&#233;rsela a Phillip a la ma&#241;ana siguiente.

Levant&#233; la mano para llamar a la puerta trasera de Bankston y la detuve a medio camino. Pens&#233; en Melanie saliendo del aparcamiento de forma tan extra&#241;a. No cab&#237;a duda: ten&#237;a que haber escuchado el grito.

Y le hab&#237;a dicho a Phillip que pensase d&#243;nde hab&#237;a visto la pelota por &#250;ltima vez. Claro, la hab&#237;a visto en la mano de Bankston.

&#191;Estaba Bankston tumbado y escondido en su coche? &#191;Estaba encima de Phillip para no delatar su presencia?

Se hab&#237;a encontrado un largo cabello marr&#243;n en casa de los Buckley. Benjamin no ten&#237;a el pelo largo y marr&#243;n. El suyo era ralo y rubio. Como el de Bankston. Era de mediana altura, como Bankston, y su cara era redonda. Como la de Bankston. Era a Bankston a quien hab&#237;a visto la joven madre del callej&#243;n, no a Benjamin Greer.

Melanie ten&#237;a el pelo largo y marr&#243;n. Juntos. Hab&#237;an cometido los asesinatos juntos.

Y en ese momento record&#233; el pensamiento que me hab&#237;a estado importunando todo ese tiempo. Cuando John Queensland hab&#237;a descrito su bolsa de golf, dijo que ten&#237;a pegatinas por todas partes. La misma bolsa de palos de golf que llevaba Bankston a su casa el mi&#233;rcoles, tan tarde despu&#233;s de la hora del almuerzo que no esperaba encontrarse conmigo, y mucho menos saliendo por la puerta de los Crandall. Bankston se la hab&#237;a robado a John Queensland.

&#191;Hab&#237;a estado Phillip en la casa de Bankston? Apunt&#233; la linterna hacia la cerradura. Esto no puede considerarse allanamiento, me dije, hist&#233;rica. Ten&#237;a una llave. Era la casera. La met&#237; en la cerradura, abr&#237; la puerta con mucho sigilo y entr&#233;.

No llam&#233;. Dej&#233; la puerta trasera abierta.

La luz de la cocina estaba encendida y el conjunto que formaba con el sal&#243;n estaba hecho un desastre. En la encimera hab&#237;a un libro de la biblioteca abierto, uno que yo misma ten&#237;a en mi colecci&#243;n personal: Beyond Belief, de Emlyn Williams. Me mare&#233; y tuve que inclinarme para leerlo.

En esta ocasi&#243;n hab&#237;an decidido seguir el patr&#243;n de Myra Hindley y Ian Brady, los Asesinos del p&#225;ramo. Iban a matar a un ni&#241;o. Iban a matar a mi hermano. El monstruo no estaba metido en una celda de la c&#225;rcel de Lawrenceton. Los monstruos viv&#237;an aqu&#237; mismo.

Hindley y Brady torturaban a los ni&#241;os durante varias horas, as&#237; que cab&#237;a la posibilidad de que Phillip siguiera con vida. Si estaba en el coche, si lo estaban llevando a casa de Melanie, estuviese donde estuviese (vale, la misma calle donde viv&#237;a Jane Engle), quiz&#225; hubiera dejado alg&#250;n rastro.

Dejando de lado el sigilo, sub&#237; corriendo las escaleras. No hab&#237;a nadie. En el dormitorio m&#225;s grande hab&#237;a una cama de matrimonio y un rollo de cuerda al lado. Sobre el tocador hab&#237;an dejado una c&#225;mara.

Hindley y Brady, dos oficinistas de bajo nivel que se conocieron en el trabajo, hab&#237;an grabado en cinta y fotografiado a sus v&#237;ctimas.

El otro dormitorio estaba lleno de material para hacer ejercicio, el origen de la mejora muscular de Bankston. Hab&#237;a una caja archivadora con la tapa deslizada hacia atr&#225;s y la llave a&#250;n puesta en la cerradura. Deseaba ver cualquier cosa que guardase bajo llave. La abr&#237; del todo y las revistas de su interior se derramaron como un chorro de lodo. Mir&#233; horrorizada la que estaba abierta. No sab&#237;a que se pudieran comprar fotos de mujeres tratadas de ese modo. Cuando supe del movimiento antipornogr&#225;fico, pens&#233; en mujeres que, al menos aparentemente, estaban dispuestas, cobraban y segu&#237;an sanas despu&#233;s de la sesi&#243;n fotogr&#225;fica.

Baj&#233; corriendo por las escaleras, ech&#233; un vistazo al sal&#243;n y abr&#237; los armarios. Nada. Abr&#237; la puerta del s&#243;tano. La luz estaba apagada, as&#237; que la escalera se sum&#237;a en la oscuridad en su medio tramo final. Pero hab&#237;a algo blanco en uno de los pelda&#241;os inferiores, apenas visible gracias a la poca luz que se colaba desde la cocina.

Baj&#233; los pelda&#241;os y me agach&#233; para recogerlo. Era un cromo de b&#233;isbol.

O&#237; un ruido ahogado y tuve tiempo para pensar: &#161;Phillip!, pero entonces sent&#237; un punzante dolor por el hombro y el cuello. Ca&#237; de frente, los brazos y las piernas enmara&#241;ados, dando con la cara en el borde de las escaleras. Lo siguiente que supe era que estaba tumbada en el suelo del s&#243;tano, contemplando el rostro de Bankston que se cern&#237;a sobre m&#237;, m&#225;s impasible que nunca bajo la tenue luz, aunque sonriente como una g&#225;rgola. Ten&#237;a un palo de golf en la mano.

Hab&#237;a otro interruptor al fondo de las escaleras y lo puls&#243;. Volv&#237; a escuchar el sonido ahogado y, con gran dolor, volv&#237; la cabeza para ver a Phillip, amordazado y con las manos atadas, sentado en una silla recta junto a la secadora. Su cara estaba empapada de l&#225;grimas y su cuerpecito se hab&#237;a hecho todo el ovillo que le permit&#237;a la silla. Sus pies no tocaban el suelo.

Se me parti&#243; el coraz&#243;n.

Toda mi vida hab&#237;a o&#237;do decir eso a la gente; que se les hab&#237;a roto el coraz&#243;n porque su amor les hab&#237;a dejado, porque se les hab&#237;a muerto el gato o porque hab&#237;an roto el jarr&#243;n de la abuela.

Iba a morir y mi hermano tambi&#233;n iba a pagarlo con su vida, y se me parti&#243; el coraz&#243;n ante la perspectiva de lo que podr&#237;a durar hasta que se cansasen de &#233;l y lo matasen.

Te o&#237;mos entrar -dijo Bankston, sonriente-. Est&#225;bamos aqu&#237; esper&#225;ndote, &#191;no es as&#237;, Phillip?

Incre&#237;ble; Bankston, el banquero. Bankston, el de la lavadora y secadora tono almendra a juego. Bankston, el que concede un pr&#233;stamo para un empresario por la tarde y se dedica a machacar la cabeza de Mamie Wright por la noche. Melanie, la secretaria; la que ocupa su tiempo libre matando a los Buckley con un hacha mientras su jefe est&#225; fuera. La pareja perfecta.

Phillip lloraba desconsoladamente.

C&#225;llate, Phillip -le dijo el mismo hombre que hab&#237;a estado jugando al b&#233;isbol con &#233;l esa tarde-. Cada vez que llores, pegar&#233; a tu hermana. &#191;Verdad que s&#237;, hermanita? -Y Bankston descarg&#243; un golpe con el palo de golf que me rompi&#243; la clav&#237;cula. Mi aullido debi&#243; de ahogar los pasos de Melanie, porque de repente vi que estaba all&#237;, mir&#225;ndome con placer.

Cuando llegu&#233;, el espantap&#225;jaros estaba registrando el aparcamiento -le cont&#243; a Bankston-. Aqu&#237; est&#225; la grabadora. &#161;No puedo creer que nos la hubi&#233;semos olvidado!

Caramba, vaya pareja de chiflados. Hab&#237;a sonado como la t&#237;pica ama de casa que se olvida de la ensalada de patatas en la nevera justo cuando la familia est&#225; saliendo para un picnic.

Cuando el dolor amain&#243; lo suficiente como para pensar, decid&#237; que el espantap&#225;jaros al que se refer&#237;a era Robin. Me esforc&#233; para volver a mirar a Phillip. Intent&#233; desterrar el dolor para infundirle seguridad, pero apenas pude mantener la vista en &#233;l sin gritar. Si lo hac&#237;a, Bankston me moler&#237;a a palos.

O puede que pegase a Phillip.

&#191;Qu&#233; opinas? -le pregunt&#243; Bankston a Melanie.

Ser&#225; imposible sacarlos de aqu&#237; ahora -dijo ella con suma naturalidad-. El otro me ha dicho que ha llamado a la polic&#237;a. Ser&#225; mejor que uno de nosotros suba pronto para unirse a la b&#250;squeda. Si no lo hacemos, supongo que la poli querr&#225; registrar la casa y sospechar&#225;. No nos podemos permitir eso, &#191;verdad? -Y sonri&#243; p&#237;caramente, d&#225;ndome un golpecito en la pierna con su pie, como si yo fuese una travesura que tuviesen que ocultar por conveniencia. Me pill&#243; mir&#225;ndola-. Lev&#225;ntate y ponte junto al ni&#241;o -orden&#243; antes de darme una patada. Solloc&#233;-. Siempre quise hacer eso -le dijo a Bankston con una sonrisa.

No eran solo los golpes los que me dificultaban el movimiento, sino la conmoci&#243;n. Me encontraba en ese s&#243;tano prosaico a m&#225;s no poder con esas dos personas, prosaicas a m&#225;s no poder, monstruos que iban a matarme junto a mi hermano. Durante a&#241;os hab&#237;a le&#237;do y me hab&#237;a maravillado acerca de gente que viv&#237;a puerta con puerta con psic&#243;patas sin sospechar nunca nada. Y all&#237; me encontraba yo, intentando arrastrarme desesperadamente sobre el suelo de cemento de un edificio propiedad de mi madre mientras mis amigos buscaban fuera a mi hermano, sencillamente porque pens&#233; que algo as&#237; jam&#225;s iba a pasarme. Tard&#233; un poco en ponerme junto a Phillip, a pesar de las patadas que me propin&#243; la joven que conoc&#237;a de toda la vida y con la que hab&#237;a ido a la iglesia m&#225;s de una vez. Agarr&#233; el borde de la silla y me arrastr&#233; como pude hasta arrodillarme, rodeando torpemente a mi hermano con el brazo sano. Rec&#233; por que Phillip se desmayara. Su expresi&#243;n era mucho m&#225;s de lo que pod&#237;a soportar y no encontraba consuelo para &#233;l. Est&#225;bamos ante dos demonios, y todas las normas de educaci&#243;n y cortes&#237;a con las que nos hab&#237;amos criado con tanto esmero Phillip y yo ya no ten&#237;an validez alguna. No hab&#237;a recompensa para el buen comportamiento.

Tengo la grabadora, pero ahora no podemos usarla -se quejaba Melanie-. Creo que empez&#243; a sospechar cuando me vio salir del aparcamiento. No quer&#237;a ayudarla a buscar, as&#237; que tuve que fingir que no la hab&#237;a o&#237;do. Creo que esta noche no vamos a tener diversi&#243;n.

No lo he planeado lo suficiente -convino Bankston-. Ahora se pasar&#225;n toda la noche busc&#225;ndolos, y encima tendremos que sumarnos a la b&#250;squeda. Al menos, ahora que tenemos sus llaves, no podr&#225;n usar el juego maestro para entrar aqu&#237;. -Las sostuvo visiblemente. Deb&#237; de perderlas mientras ca&#237;a por las escaleras.

&#191;Crees que insistir&#225;n en registrar todos los apartamentos? -pregunt&#243; Melanie, ansiosa-. No podemos negarnos si lo piden.

Bankston medit&#243;. A&#250;n estaban al pie de las escaleras. No podr&#237;a alcanzarlas. No pod&#237;a ver ning&#250;n arma, aparte del palo de golf, pero aunque los atacara con el brazo bueno y la poca energ&#237;a que me quedaba, los dos me reducir&#237;an con facilidad y nadie oir&#237;a el ruido, a menos que los Crandall hubieran decidido pasar la noche en su s&#243;tano.

Tendremos que improvisar -resolvi&#243; finalmente Bankston.

&#161;La pelota de b&#233;isbol! Quiz&#225; Robin la viera, como la vi yo.

&#191;Hablaste con alguien antes de entrar? -pregunt&#243; Bankston.

Solo lo que te he dicho antes. Robin me pregunt&#243; si hab&#237;a visto al cr&#237;o y le dije que no, pero que me encantar&#237;a ayudar en la b&#250;squeda -respondi&#243; Melanie sin rastro de iron&#237;a-. Roe se dej&#243; la puerta trasera abierta, pero la he cerrado con llave. Y he recogido el bate del ni&#241;o, que segu&#237;a en el patio.

Aquella era nuestra sentencia de muerte, pens&#233;.

Bankston maldijo.

&#191;C&#243;mo acab&#243; ah&#237; fuera? Estaba seguro de haberlo metido en casa.

No te preocupes -dijo Melanie-. Aunque lo hubieran encontrado, podr&#237;as haber dicho que se lo estabas guardando, pero que nunca se present&#243; para reclamarlo.

Tienes raz&#243;n -admiti&#243; Bankston, convencido-. &#191;Y qu&#233; hacemos con estos dos? Si los dejamos amordazados aqu&#237; mientras subimos a buscar con los dem&#225;s, podr&#237;an soltarse. Si los matamos ya, perdemos la diversi&#243;n con el chico. -Avanz&#243; hacia nosotros, seguido por Melanie.

Actuaste impulsivamente cuando lo secuestraste -observ&#243; Melanie-. Creo que deber&#237;amos encargarnos de ellos ahora y esconderlos bien. Luego, cuando se calmen los &#225;nimos y dejen de buscar, veremos si podemos meterlos en el coche y tirarlos por ah&#237;. La pr&#243;xima vez intenta contenerte, haremos lo que hemos planeado sin extras.

&#191;Me est&#225;s criticando? -se revolvi&#243; Bankston. Su tono era bajo y amenazante.

La expresi&#243;n de Melanie cambi&#243; por completo. Jam&#225;s hab&#237;a visto nada parecido. Se acobard&#243;, se dobleg&#243; y se convirti&#243; en otra persona.

No, jam&#225;s -llorique&#243; y se inclin&#243; para lamerle la mano. Vi sus ojos. Estaba interpretando, y eso la excitaba inmensamente.

Se me revolvi&#243; el est&#243;mago. Ojal&#225; estuviese interponi&#233;ndome lo suficiente en la l&#237;nea visual de Phillip. Me arrim&#233; m&#225;s a &#233;l, a pesar de que el dolor de la clav&#237;cula se hac&#237;a cada vez m&#225;s intenso. Phillip estaba temblando y se hab&#237;a orinado encima. Su respiraci&#243;n era cada vez m&#225;s entrecortada y de vez en cuando afloraban sollozos apagados.

Melanie y Bankston se estaban besando y este se desvi&#243; un poco para morderle el hombro. Ella lo abraz&#243; como si ambos estuviesen dispuestos a hacerlo all&#237; mismo, pero en ese momento se separaron y ella dijo:

Ser&#225; mejor que acabemos ahora. &#191;Por qu&#233; correr m&#225;s riesgos?

Tienes raz&#243;n -convino Bankston. Pas&#243; el palo de golf a su compa&#241;era y ella lo agit&#243; en el aire ensayando el golpe mientras &#233;l rebuscaba en sus bolsillos. Con sus pantalones negros, jersey verde y el pa&#241;uelo anudado al cuello, Melanie parec&#237;a a punto de ir a pasar unas horas en el club de campo. El palo silb&#243; a pocos cent&#237;metros de m&#237; en ese diminuto espacio e iba a protestar cuando me di cuenta de que a Melanie no pod&#237;a importarle menos. Las viejas asunciones son dif&#237;ciles de reprimir.

Vi un pie asomando por las escaleras, tras ellos.

Dame tu pa&#241;uelo, Mel -dijo Bankston de repente. Melanie se lo desat&#243; al instante-. As&#237; ser&#225; menos aparatoso, y es la primera vez que lo intento -observ&#243; &#233;l, feliz. En ning&#250;n momento nos miraron a m&#237; o a Phillip, salvo de pasada, y ten&#237;a la certeza de que, para ellos, no &#233;ramos personas en absoluto.

Al pie se le uni&#243; otro igual, y el primero avanz&#243; silenciosamente sobre el siguiente pelda&#241;o.

Quiz&#225; deber&#237;a grabar esto -dijo Melanie alegremente-. No es lo que ten&#237;amos planeado, pero seguro que ser&#225; interesante.

El siguiente paso hizo ruido y yo empec&#233; a chillar:

&#161;Ojal&#225; os pudr&#225;is en el infierno! &#191;C&#243;mo pod&#233;is hacerme esto? &#191;C&#243;mo pod&#233;is hacerle esto a un ni&#241;o?

Estaban tan asombrados como si la silla se hubiese puesto a hablar. Melanie alz&#243; el palo de repente con ambas manos. Cubr&#237; a Phillip en la silla con mi propio cuerpo, pero el golpe fue tan fuerte que la silla se tambale&#243;. No me cost&#243; aullar tan fuerte como un tren de mercanc&#237;as. Vi que los pies apuraban las escaleras a toda prisa.

&#161;C&#225;llate, zorra! -restall&#243; Melanie, furiosa.

C&#225;llate t&#250; -le recomend&#243; una voz mon&#243;tona.

Era el viejo se&#241;or Crandall, y llevaba una pistola grande.

El &#250;nico sonido que se o&#237;a en el s&#243;tano era el que proven&#237;a de mis sollozos, mientras pugnaba por controlarme. Phillip levant&#243; sus mu&#241;ecas atadas para rodearme la cabeza con los brazos. Dese&#233; m&#225;s que nunca que se desmayara.

No vas a disparar -dijo Bankston-, viejo idiota. Rebotar&#225; en el suelo de hormig&#243;n y les dar&#225; a ellos.

Antes les pegar&#237;a un tiro que dej&#225;rtelos a ti -dijo el se&#241;or Crandall llanamente.

&#191;A qui&#233;n de los dos disparar&#225;s primero? -inquiri&#243; Melanie, presa de la furia. Se estaba alejando poco a poco de Bankston-. No podr&#225;s con los dos, viejo.

Pero yo s&#237; -dijo Robin desde lo alto de las escaleras, y no estaba tan tranquilo como el se&#241;or Crandall. Consegu&#237; alzar la mirada. Vi a Robin descendiendo con una escopeta recortada-. No s&#233; tanto de armas como el se&#241;or Crandall, pero me ha cargado esta y, si apunto y la disparo, estoy seguro de que a algo le dar&#233;.

Si iban a intentar algo a la desesperada, ser&#237;a ahora. Pod&#237;a sentir la agitaci&#243;n que rezumaban sus poros. Se miraron mutuamente. Solo pod&#237;a observar a trav&#233;s de la neblina del dolor y el pa&#241;uelo verde que sosten&#237;a Bankston en la mano. Deb&#237;an de ser cada vez m&#225;s conscientes de que todo hab&#237;a terminado.

De repente la voluntad de lucha se les evapor&#243;. Recuperaron la imagen de lo que sol&#237;an ser, al menos por un instante: un administrativo de pr&#233;stamos bancarios y una secretaria que parec&#237;an incapaces de recordar d&#243;nde estaban y c&#243;mo hab&#237;an llegado all&#237;. Bankston dej&#243; caer el pa&#241;uelo. Melanie baj&#243; el palo de golf. Ya no se miraban mutuamente.

Empez&#243; a o&#237;rse un tumulto arriba, y Arthur y Lynn Liggett aparecieron bajando por las escaleras para detenerse en seco ante la escena que ten&#237;an delante.

El aliento de Phillip surgi&#243; de detr&#225;s de la mordaza en un profundo suspiro y se desmay&#243;. Me pareci&#243; una buen&#237;sima idea y segu&#237; su ejemplo.





Cap&#237;tulo 17

Si hubiese tenido mi desintegrador de part&#237;culas humanas, no nos habr&#237;an hecho da&#241;o -susurr&#243; Phillip. No se despeg&#243; de m&#237; mientras me trataban las heridas. Siempre estaba agarrado a mi mano, a mi pierna o a mi torso, a pesar de que muchas personas amables se ofrecieron para consolarlo, comprarle un helado o colorear con &#233;l, pero no se separ&#243; de m&#237;. Evidentemente, eso me puso las cosas m&#225;s dif&#237;ciles, pero intent&#233; volcar toda mi simpat&#237;a hacia &#233;l de modo que el dolor dejara de tener importancia. Pero me temo que descubr&#237; que, para m&#237;, el dolor es muy importante, por mucho que tambi&#233;n se lo hubieran hecho a otra persona.

Se encontraba junto a mi cama del hospital, acurrucado tan cerca de m&#237; como pod&#237;a. Ten&#237;a las pupilas dilatadas y la mirada perdida. Pens&#233; que le habr&#237;an suministrado alg&#250;n tipo de calmante leve; record&#233; haberlo autorizado. Mi padre y mi madrastra estaban regresando de Chattanooga; Robin, bendito sea, hab&#237;a encontrado su n&#250;mero de tel&#233;fono y los hab&#237;a llamado, pill&#225;ndolos milagrosamente en su habitaci&#243;n de motel.

Phillip, de no haber podido apoyarme en ti, me habr&#237;a vuelto loca -le asegur&#233;-. Has sido muy valiente. S&#233; que ten&#237;as miedo, como yo, pero has sido tan valiente como un le&#243;n y no has perdido el control en ning&#250;n momento.

Pensaba en escaparme todo el rato. Esperaba una oportunidad -me inform&#243;. Ya empezaba a sonar como el Phillip que yo conoc&#237;a. Luego a&#241;adi&#243;, menos seguro-: Roe, &#191;nos habr&#237;an matado de verdad?

&#191;Qu&#233; pod&#237;a decirle? Mir&#233; a Robin, que se encogi&#243; de hombros, dej&#225;ndome la papeleta. &#191;Por qu&#233; consultaba con Robin lo que deb&#237;a contarle a mi hermano peque&#241;o?

S&#237; -dije, y cog&#237; aire-. S&#237;, eran personas muy malas. Eran como manzanas podridas. Ten&#237;an buen aspecto por fuera, pero estaban llenas de gusanos por dentro.

Pero &#191;est&#225;n en la c&#225;rcel?

Y tanto. -Pens&#233; en abogados y en fianzas, y me entraron escalofr&#237;os-. No volver&#225;n acercarse a ti nunca m&#225;s. Ya no podr&#225;n hacerle da&#241;o a nadie. Est&#225;n lejos y encerrados, y tu mam&#225; y tu pap&#225; te llevar&#225;n a casa, que est&#225; a&#250;n m&#225;s lejos de ellos.

&#191;Cu&#225;ndo llegar&#225;n? -pregunt&#243; desoladamente.

Pronto, pronto, tan pronto como les permita el coche -le dije con todo el &#225;nimo tranquilizador que pude, puede que por quincuag&#233;sima vez, y di gracias a Dios por que en ese momento entrase en la habitaci&#243;n mi padre, seguido de cerca por Betty Jo bajo un r&#237;gido control.

&#161;Mam&#225;! -dijo Phillip, y la entereza que hab&#237;a mantenido a duras penas lo abandon&#243; repentinamente. De repente se convirti&#243; en un ni&#241;ito desamparado. Betty Jo lo cogi&#243; en brazos de la cama y lo abraz&#243; con todas sus fuerzas.

&#191;Ad&#243;nde puedo llevarlo? -pregunt&#243; a una enfermera que los acompa&#241;aba. Esta le indic&#243; una sala de espera vac&#237;a a dos puertas de all&#237; y Betty Jo desapareci&#243; con su preciosa carga en brazos. Me alegr&#233; tanto de ver c&#243;mo su madre se lo llevaba que podr&#237;a haber llorado. Nada sustituye a una madre. Al menos yo no. Las &#250;ltimas horas me hab&#237;an ense&#241;ado, sin duda, esa lecci&#243;n, caso de que alguna vez lo hubiera dudado.

Mi padre se inclin&#243; para besarme.

Me han dicho que le salvaste la vida -dijo con los ojos llenos de l&#225;grimas. Jam&#225;s hab&#237;a visto llorar a mi padre-. Doy las gracias porque est&#233;is los dos a salvo; no he dejado de rezar durante todo el viaje en coche. Podr&#237;a haberos perdido a los dos en una noche. -Sobrecogido, se hundi&#243; en la silla que Robin hab&#237;a dejado libre en silencio. Robin retrocedi&#243; a las sombras, la p&#225;lida luz arrancando destellos a su pelo rojo. Jam&#225;s olvidar&#237;a su aspecto esgrimiendo la escopeta.

Estaba demasiado cansada para apreciar la emoci&#243;n de mi padre. Era tarde, muy tarde. Casi me hab&#237;a estrangulado un administrativo de pr&#233;stamos con un pa&#241;uelo de seda verde. Una secretaria me hab&#237;a golpeado con un palo de golf. Hab&#237;a vivido aterrada como jam&#225;s lo hab&#237;a estado por mi destino y el de mi hermano. Hab&#237;a mirado al demonio a la cara. Palabras fuertes, me dije, cansada, pero ciertas. La cara del diablo.

Finalmente, mi querido padre se sec&#243; los ojos, me dijo que nos ver&#237;amos muy pronto y que se llevar&#237;an a Phillip a casa esa misma noche.

Tendremos que ver qu&#233; tratamiento le ponemos -coment&#243; con aprehensi&#243;n-. No se me ocurre c&#243;mo ayudarlo.

Ya nos veremos -farfull&#233;.

Gracias, Aurora -dijo-. Si necesitas cualquier cosa, ya sabes d&#243;nde encontrarnos. -Pero se mor&#237;an por llevarse a Phillip de all&#237;, y su ofrecimiento son&#243; un poco superficial. Ya era mayorcita, &#191;no? Pod&#237;a cuidar de m&#237; misma. O ya se encargar&#237;a mi madre de ello. Me permit&#237; un fugaz momento de amargura y me obligu&#233; a trag&#225;rmela. Mi padre no estaba siendo muy delicado conmigo, pero ten&#237;a raz&#243;n.

En un segundo, me qued&#233; dormida. Robin me sosten&#237;a de la mano cuando despert&#233;. Creo que me bes&#243;.

Eso me ha gustado -dije, as&#237; que &#233;l lo repiti&#243;. Me sent&#237; incluso mejor-. Han sido unos idiotas -a&#241;ad&#237; m&#225;s tarde.

Si te pones a pensarlo, tienes raz&#243;n -convino Robin-. Creo que ni siquiera se dieron cuenta de que no era un juego cuando empezaron a imitar viejos asesinatos. Bankston rapt&#243; a Phillip en un impulso, cuando lo suyo hubiera sido que esperasen a coger una v&#237;ctima del otro lado de la ciudad. Si hubiese sido m&#225;s inteligente, habr&#237;a sabido que raptar a Phillip en el mismo barrio donde &#233;l mismo viv&#237;a y mantenerlo en su casa, en vez de en la de Melanie, bueno, quiz&#225; hubiesen acabado haci&#233;ndolo, pero empezaste a buscarlo muy pronto, y ni siquiera pensaron que pudieras tener un juego de llaves maestras.

&#191;C&#243;mo supiste que est&#225;bamos all&#237;? -pregunt&#233;. Era la primera vez que se me ocurr&#237;a preguntar por nuestro rescate de &#250;ltima hora.

Cuando vi que Melanie volv&#237;a, not&#233; que actuaba de forma extra&#241;a -comenz&#243;-. Empec&#233; a preguntarme d&#243;nde te habr&#237;as metido, y el hecho de que volviese apenas unos minutos despu&#233;s de irse me llam&#243; la atenci&#243;n. Hab&#237;a vuelto a por la grabadora, ya lo sabes -dijo, apartando la mirada hacia las sombras de la habitaci&#243;n-. Corr&#237; hacia la parte delantera y vi que no estabas all&#237; buscando, as&#237; que decid&#237; que solo pod&#237;as estar en un sitio. La verdad es que solo era una corazonada -admiti&#243;-. Desapareciste tan repentinamente como Phillip, no hab&#237;a coches extra&#241;os por la zona, Melanie intent&#243; aparentar preocupaci&#243;n por la desaparici&#243;n de tu hermano, pero se ve&#237;a que no lo estaba, y ten&#237;a esa maldita grabadora. Perry Allison es muy extra&#241;o, y puede que peligroso, pero tambi&#233;n es transparente. -Me cogi&#243; de la mano-. Tuve que convencer al se&#241;or Crandall a toda prisa para registrar la casa de Bankston, pero el hombre es muy arrojado. Aunque me equivocase, me dijo, si Bankston era un hombre que se vistiera por los pies, sabr&#237;a cuando faltan una mujer y un cr&#237;o; todo vale. Jed es como los viejos vaqueros.

&#191;C&#243;mo entrasteis? &#191;No cerr&#243; Melanie la puerta con llave?

S&#237;, pero la se&#241;ora Crandall ten&#237;a una llave, la que supuestamente deb&#237;a haberte devuelto. Creo que la conservaba porque la anterior inquilina sol&#237;a olvidarse las llaves en casa muy a menudo.

Me hubiera re&#237;do si no me doliese tanto el costado. El m&#233;dico de urgencias hab&#237;a dicho que podr&#237;a volver a casa en uno o dos d&#237;as, pero ten&#237;a rotas dos costillas y la clav&#237;cula y estaba llena de moratones por la ca&#237;da por las escaleras. Mi mejilla estaba cubierta por una fea combinaci&#243;n de cardenales y abrasiones.

Mi madre quer&#237;a que me fuese a casa con ella, pero le dir&#237;a que prefer&#237;a quedarme en la m&#237;a, decid&#237;, dependiendo de c&#243;mo me sintiera por la ma&#241;ana. Mi madre hab&#237;a llegado volando al hospital, con un aspecto impoluto pero mirada descolocada. Nos abrazamos y hablamos un rato, incluso verti&#243; algunas l&#225;grimas (ciertamente at&#237;pico), pero cuando supo que mi apartamento se hab&#237;a quedado abierto, como el de Bankston, dado que la polic&#237;a segu&#237;a registr&#225;ndolo, decidi&#243; que me encontraba lo bastante bien como para ir a cuidar de mi propiedad y de la disposici&#243;n de la de Bankston.

Mi madre era amiga de la de Bankston, y le horroriz&#243; volver a ver a la se&#241;ora Waites.

Esa pobre mujer -dijo mi madre-. &#191;C&#243;mo podr&#225; vivir despu&#233;s de haber criado un monstruo como ese? Sus otros hijos son gente decente. &#191;Qu&#233; ha pasado? &#161;Os conoc&#237;ais de toda la vida, Aurora! &#191;C&#243;mo pudo hacerte da&#241;o? &#191;C&#243;mo se le ocurri&#243; da&#241;ar a un ni&#241;o?

&#191;Qui&#233;n sabe? -contesto con esfuerzo-. Se lo estaba pasando muy bien. -En ese momento, no me quedaba simpat&#237;a para la madre de Bankston. No me quedaban emociones de ning&#250;n tipo que repartir en la reserva. Estaba agotada, exhausta y dolorida. Ten&#237;a magulladuras y vendajes por todas partes. Ni siquiera el beso de Robin consigui&#243; ponerme sensual, sino m&#225;s bien apuntar a tal posibilidad en el futuro. Estaba recogiendo su chaqueta, disponi&#233;ndose a marcharse-. Robin -murmur&#233;. El sue&#241;o me arrastraba por momentos. Se volvi&#243;, y en ese momento me di cuenta de que tambi&#233;n estaba agotado. Sus anchos hombros estaban ca&#237;dos, las comisuras de los labios, rendidas a la gravedad. Hasta su vivo pelo parec&#237;a debilitado-. Me has salvado -dije.

Qu&#233; va. Lo hizo Jed Crandall -dijo en un intento de modestia-. Yo le cubr&#237;a la espalda.

Me has salvado. Gracias. -Y entonces me rend&#237; a la espiral del sue&#241;o.

Cuando me volv&#237; a despertar, el reloj marcaba las tres y media de la madrugada. Hab&#237;a alguien sentado en la silla, alguien entrado en carnes, rubio y profundamente dormido. La cabeza de Arthur estaba ca&#237;da sobre su pecho y roncaba un poco. Tendr&#237;a que tomar nota de ello.

Ten&#237;a la boca seca y la garganta dolorida, as&#237; que estir&#233; el brazo para coger el vaso de agua que reposaba sobre la mesilla. Como era de esperar, no alcanzaba. Me remov&#237; entre dolores, estir&#225;ndome m&#225;s a&#250;n, pero en ese momento Arthur me sorprendi&#243; acerc&#225;ndomelo.

No quer&#237;a despertarte -le dije.

Solo echaba una cabezadita -respondi&#243; en voz baja.

&#191;Qu&#233; ha pasado?

Bueno, encontramos una caja de recuerdos en la peque&#241;a casa alquilada de Melanie Clark.

&#191;Recuerdos? -pregunt&#233;, espantada.

S&#237;, fotos.

Agit&#233; la cabeza. No quer&#237;a saber m&#225;s.

Arthur asinti&#243;.

Bastante horribles. Fotografiaron a Mamie y a los Buckley despu&#233;s de matarlos. Y a Morrison Pettigrue tambi&#233;n. Al parecer, Melanie se fue acercando a &#233;l y consigui&#243; ganarse su confianza hasta el punto de conseguir que se desnudara ante ella. Entonces lo mat&#243;, dej&#243; pasar a Bankston y lo colocaron tal como lo encontramos.

&#191;Han confesado?

Bueno, Bankston s&#237;. Estaba orgulloso de sus haza&#241;as.

As&#237; que, despu&#233;s de todo, no eran como Hindley y Brady.

No. Melanie intent&#243; suicidarse.

Oh -dije al cabo de un instante-. Oh, no.

Los ten&#237;amos vigilados, as&#237; que pillamos a Melanie a tiempo. Se quit&#243; el sujetador e intent&#243; ahorcarse con &#233;l.

Era grotesco, pero al menos mostraba que ten&#237;a sentimientos humanos.

&#191;Se arrepinti&#243;? -pregunt&#233; con un hilo de voz.

No -dijo Arthur inequ&#237;vocamente, sin lugar a dudas-. No quer&#237;a que la separasen de Bankston.

No parec&#237;a que hubiera nada que decir. Devolv&#237; el vaso a Arthur, que lo dej&#243; sobre la mesilla antes de rellenarlo.

Estaban enfurecidos porque no hab&#237;amos encontrado el arma con la que hab&#237;an matado a Mamie Wright. Estaban seguros de que la hab&#237;an dejado donde no nos costar&#237;a encontrarla. Se trataba de un martillo que robaron del garaje de LeMaster Cane, con sus iniciales. Pero, al parecer, unos ni&#241;os lo encontraron y se lo llevaron la misma noche del asesinato. Los cr&#237;os solo se dieron cuenta de lo que ten&#237;an entre manos esta noche y lo han devuelto. Evidentemente, Melanie y Bankston pensaban usar los palos de golf en un futuro pr&#243;ximo. Despu&#233;s de que lo vieras meterlos en su casa (acababa de ducharse en casa de Melanie despu&#233;s de asesinar a los Buckley y los hab&#237;a sacado de su coche cuando pensaba que nadie saldr&#237;a de los apartamentos), se asust&#243; y tir&#243; la bolsa, el &#250;nico elemento que pod&#237;a delatar su procedencia, la noche siguiente. Pero se qued&#243; un par de ellos por si pudiera necesitarlos. Despu&#233;s, Robin Crusoe y t&#250; encontrasteis el malet&#237;n. Ah&#237; la cagamos bien. Ahora no me importa decirte que, durante un tiempo, sospechamos de &#233;l. Anoche estaba dispuesto a dispararle cuando lo vimos corriendo hacia la casa de Waites con una recortada en la mano, pero en ese momento sali&#243; la mujer de Jed Crandall por la puerta de su patio exclamando que su marido y Robin se dirig&#237;an al s&#243;tano de Bankston Waites para atrapar al asesino. En cierto modo, esperaba encontrarme a Perry Allison all&#237;, de pie junto a los cad&#225;veres de Waites, de Phillip y el tuyo.

&#191;D&#243;nde est&#225; Perry? &#191;Lo sabe alguien? Fue la llamada de Sally lo que me impuls&#243; a salir en la oscuridad tan pronto como para impedir que Bankston y Melanie se llevasen a Phillip.

Se ha presentado en una instituci&#243;n mental de la ciudad -dijo Arthur.

All&#237; era donde deb&#237;a estar, pero ser&#237;a un trago duro para Sally.

&#191;Y Benjamin?

Lo enviaremos al psiqui&#225;trico estatal para que lo eval&#250;en. Tambi&#233;n ha confesado ser el autor de varios asesinatos ya resueltos. Por alguna raz&#243;n, el hallazgo del cuerpo de Pettigrue acab&#243; de desquiciarlo.

Oh, Arthur -dije fatigosamente y romp&#237; a llorar por tantas razones que no era capaz de recordarlas. Arthur me puso unos pa&#241;uelos en la mano y, tras un momento, trajo un pa&#241;o h&#250;medo con el que me frot&#243; la cara con mucho cuidado.

Supongo que anulamos la cita para patinar ma&#241;ana -coment&#243; Arthur seriamente.

Me qued&#233; boquiabierta, anonadada, hasta que me di cuenta de que Arthur (&#161;s&#237;, Arthur!) estaba bromeando. No pude evitar sonre&#237;r. Parec&#237;a una mueca de dolor, pero una sonrisa al fin y al cabo.

Tengo que volver a la comisar&#237;a, Roe. A&#250;n est&#225;n analizando los objetos que encontramos en el registro y quedan muchas inc&#243;gnitas abiertas. C&#243;mo consigui&#243; Bankston que Mamie Wright fuese antes de la hora de la reuni&#243;n; por qu&#233; hizo que Melanie te enviase los bombones. Los compr&#243; para ella y se los trajo de alguna convenci&#243;n de San Luis. Pero iba a por ti; pensaba que era a ti a quien le gustaban los bombones rellenos de crema. Ha sido el crimen m&#225;s est&#250;pido, dado el hecho de que la m&#225;quina de escribir est&#225; en la aseguradora de Gerald Wright. Hay que hacer m&#225;s preguntas para apoyar las confesiones con pruebas s&#243;lidas. Bankston ha invocado su derecho a contar con un abogado presente, pero tarde o temprano se arrepentir&#225; y ese ser&#225; el final de su confesi&#243;n. He de volver al trabajo.

Vale, Arthur. Me ha alegrado verte bajar por las escaleras hoy.

Yo me he alegrado de encontrarte con vida.

Falt&#243; poco.

Lo s&#233;. -Se inclin&#243; para darme un beso. Pens&#233; que me estaba aficionando a esas cosas.

Volver&#233; ma&#241;ana -prometi&#243; antes de marcharse, y me qued&#233; sola por primera vez en mucho tiempo. El cansancio me hab&#237;a calado hasta los huesos, pero fui incapaz de conciliar el sue&#241;o. Tem&#237;a cerrar los ojos.

Sintonic&#233; la CNN en el televisor para descubrir que hablaban de m&#237;. Usaban la foto que me hab&#237;a hecho para la ficha de empleada de la biblioteca. Ten&#237;a un aspecto imposiblemente dulce y joven.

Estaba en las noticias. Tambi&#233;n saldr&#237;a en los libros cuando mi caso se sumase a las antolog&#237;as de asesinatos. Hab&#237;a presenciado asesinatos de verdad y casi acabo yo formando parte de ellos. Era algo digno de sopesar. Puls&#233; el mando para apagar el televisor.

Me imagin&#233; a Bankston y a Melanie yendo al Centro de Veteranos esa noche, puede que defraudados por encontrarme all&#237;, ya que esperaban que hubiese consumido los bombones a esas alturas. Y me los imagin&#233; aguardando, esperando a que alguien descubriera el cad&#225;ver de Mamie Wright. Record&#233; lo reci&#233;n duchado que estaba Bankston cuando transportaba la bolsa de palos de golf robada despu&#233;s de matar a los Buckley. Estaba como una patena Jam&#225;s habr&#237;a sospechado de &#233;l. O&#237; la voz de Melanie diciendo: Siempre he querido hacer esto, antes de darme una patada.

Estaba demasiado cerca, era demasiado reciente y el miedo se me hab&#237;a enroscado en lo m&#225;s hondo.

Por supuesto, aquello no hab&#237;a sido un misterio comparable a los envenenamientos familiares de 1928, en Croyden, Inglaterra, irresueltos hasta nuestros d&#237;as. &#191;Era la se&#241;ora Duff culpable? &#191;O quiz&#225; podr&#237;a haber sido? Me qued&#233; dormida.






Charlaine Harris

Naci&#243; en un peque&#241;o pueblo de Mississippi (1953). Estudi&#243; en el Rhodes College y se gradu&#243; en Ingl&#233;s y Artes de la Comunicaci&#243;n en la Southern University en Memphis. Durante los 70 trabaj&#243; en varias imprentas y peri&#243;dicos y, tras casarse, se dedic&#243; a tiempo completo a escribir, iniciando as&#237; una carrera de m&#225;s de dos d&#233;cadas y una veintena de novelas claramente influidas por el estilo de vida sure&#241;o de su tierra natal.

Actualmente vive en Magnolia, en el estado de Arkansas. Es la autora de las series de misterio de Aurora Teagarden y de Lily Bard y de las novelas de vampiros de Sookie Stackhouse, en las que se basa la serie televisiva True Blood,. Con su estilo claro y ameno se ha ganado el reconocimiento de los premios Anthony, Lord Ruthven y Agatha Christie, entre otros. Los derechos de sus libros se han vendido a m&#225;s de 20 pa&#237;ses.



***








notes

[1]: #_ftnref1 Asesinatos de verdad (N. del T.).


[2]: #_ftnref2 Guionista y productor de televisi&#243;n estadounidense, conocido principalmente por ser el escritor principal y presentador de la serie televisiva de antolog&#237;a de ciencia ficci&#243;n En los l&#237;mites de la realidad (N. del T.)


[3]: #_ftnref3 Lizzie Borden fue una solterona de Nueva Inglaterra y la &#250;nica sospechosa de los asesinatos de su padre y su madrastra, que tuvieron lugar en su casa a finales del siglo XIX (N. del T.).


[4]: #_ftnref4Teagarden significa jard&#237;n de t&#233; (N. del T.)


[5]: #_ftnref5 Popular relato corto escrito por Frank R. Stockton en 1882 (N. del T.)


[6]: #_ftnref6 Se conoce como snuff movie la grabaci&#243;n de un asesinato real (N. del T.)


[7]: #_ftnref7 Hawley Harvey Crippen, conocido como el Doctor Crippen, fue un m&#233;dico estadounidense que pas&#243; a la historia como el primer asesino capturado con la ayuda del tel&#233;grafo (N. del T.)


[8]: #_ftnref8 Reconocido autor estadounidense especializado en novela policiaca y cuyos relatos son ficticios a la par que basados en hechos y experiencias reales (N. del T.)


[9]: #_ftnref9 Galletitas crujientes de la marca Kellogs (N. del T.)


[10]: #_ftnref10 Cantautor y guitarrista (N. del T.)


[11]: #_ftnref11 Modo coloquial de referirse a una persona menuda (N. del T.)


[12]: #_ftnref12 Crimin&#243;loga inglesa de principios del siglo XX (N. del T.)


[13]: #_ftnref13 En castellano en el original (N. del T.)

